El televisor
Monologo
Edwar Stiwar Angel Vargas
Yo les juro que no creo en fantasmas. Me volví Ateo, porque preferí no creer en dios para no creer
en el demonio. Ni en los espíritus. Y siempre viví toda mi vida negando la existencia de fantasmas,
de duendes o de cualquier fenómeno paranormal que no sea explicado primero por la ciencia. Me
hice científico para poder creer y confiar en solo lo que se puede ver. Nunca vi un fantasma. Lo
juro. Pero siempre viví escuchando testimonios a mi alrededor sobre eso. Historias de terror, y
juegos de miedo. Pero yo me volví duro, rancio a cualquier evento de miedo. Era fanático de las
películas de terror, me las veía todas cuando salía en cartelera. Y siempre que podía buscar en
cable películas de terror también las veía. Ahora ya no tengo miedo es cierto, pero nunca entendí
porque siendo niño me gustaban tanto las historias de terror, y de ahí no podía dormir, y no sé
porque leía historias de terror… si corría el riesgo de nunca poder dormir.
Esta historia es real. y yo les juro que nunca pensé contarla. Pero ya no puedo más. Pero no te
preocupes no eres el primero, ni serás el ultimo que la lee. O quizás si…
Yo era de las personas que dormía con el televisor prendido. Y más que todo era porque me
gustaba “sentirme acompañado”, o cuando estaba solo también escuchaba música. Siempre venia
televisión. Y cuando amanecía la apagaba. Todo estuvo bien hasta el día aquel… ese día que…. En
serio preferiría no contarla.
ese día abrí mis ojos en la madrugada, creo que no había dormido bien, seguro comí muy tarde. el
asunto es que desperté. Cosa que nunca pasa, siempre escuche el dicho que decía, nunca te
despiertes en la madrugada porque las almas están tras de ti. Me senté en mi cama, y me sobé los
ojos. Sentía una pequeña sensación de frío. Pero no era una sensación de baja temperatura, sino
como si me estuvieran respirando al lado, un viento helado, algo desolado.
Mire entre la oscuridad y ahí estaba el televisor. No era muy grande, pero para mi cuarto pequeño
estaba bien, ese televisor que yo había dejado prendido estaba ahora apagado. Dije que extraño.
Mire bien el televisor y vi como una lucecita blanca salía del medio, de pronto se encendió y salió
la cara de una vieja, con pelo lacio y largo, peinándose… nunca olvidare ese rostro. Y cuando la
mire me sonrió. De pronto sonó un sonido, así como cuando se prende el televisor y desapareció y
el televisor volvió a quedar negro. Salí corriendo de mi cuarto y me fui para el baño. Me moje la
cara varias veces, simplemente no podía creer lo que estaba viendo. Pensé quedarme en el baño
hasta que amanezca, pero resolví al final que sería absurdo, así que decidí regresar a mi cuarto.
Entre con mucho cuidado, repitiendo en mi cabeza, una y otra vez… porque diablos vi eso, no
puede ser verdad, que era eso… nunca hubiera dormido con la televisión prendida.
Mi cuarto estaba vacío, y la televisión apagada. Entonces decidí acostarme y continuar durmiendo,
cuando de pronto se volvió a prender el televisor. ¡Apareció otra vez esa anciana diciendo hola…!
Desde la pantalla… con una sonrisa y unos ojos negros, no tenía dientes. Yo no atine hacer otra
cosa que taparme rápidamente, de pronto siento que me comienzo atorar, sentía como unas cosas
raras en mi boca. Y cuando veo, mi almohada estaba llena de pelos, de pelos blancos de cabellera,
eran canas… como el de la señora de la televisión. Comencé atorarme con los pelos y no podía
pararme de mi cama. Comencé a revolcarme en mi propia cama, desesperado porque me estaba
atorando con los pelos de la vieja. de pronto se volvió a encender la televisión otra vez… esa
imagen en blanco y negro con la vieja sonriendo, mirándome con esos ojos de muerto… pero esta
vez estaba sin pelo, estaba completamente calva. Y levanto la mano y me señalaba a mí, y me
decía: tú, tú y me señalaba su cabeza…sin pelos. Comencé a temblar y a decir… lárgate. Déjame en
paz. De pronto se prendió la luz. Mire estrepitosamente al techo, el foco estaba prendido. Cuando
regrese mi vista hacia la televisión ya no había nada, todo estaba apagado.
Corrí desesperado hacia el cuarto de mis papas. Cuando entre ellos dormían, se escuchaban
ronquidos, levante la mirada en la punta de la cama, la vieja sentada, otra vez saludándome
sonriendo sin dientes, y señalándome su cabeza sin pelos. y diciéndome: ¡tu ...! se me escapo un
suspiro, sentía que me ahogaba. Grite papa, mama, pero cuando los mire, ellos estaban también
con sus ojos abiertos, sin pelo y me miraban como muertos y señalaban con sus manos, mientras
la anciana se acercaba a mí. diciendo tu…!
Cerré los ojos, los apreté fuerte y no me acuerdo más. Hasta ahora, que estoy aquí, solo triste, y
con mucho miedo. Atrapado, detrás del televisor. Y solo cuando tu duermes yo aparezco, ya sea
como una vieja o duende para decirte: ¡tu ...! tu…! … señalándote. Porque luego de leer esta
historia, ya sabes que tú tienes que entrar para yo salir.
Nos vemos cuando tengas miedo, y prendas tu televisor.