Contaminación desde el hogar: suelo
El suelo es contaminado desde el hogar a partir de la basura que se produce diariamente. La basura de todos los
hogares se lleva a un relleno sanitario, que si el relleno no es controlado genera grandes efectos al suelo, como la
perdida de conductividad eléctrica. Si bien los productos de limpieza o los pesticidas son fuente de contaminación
es una cuestión más o menos conocida. Que muchos de los materiales que nos rodean en el hogar también resultan
tóxicos. El caso es que cada vez estamos más expuestos a compuestos químicos, hasta el punto de que el aire
interior está incluso más contaminado que el exterior. De hecho, según la EPA (Enviromental Protección Agency) el
72% de la exposición a químicos de las personas se produce dentro de los hogares. Y si tenemos en cuenta que
pasamos el 90% de nuestro tiempo entre cuatro paredes según estimaciones de la OMS. Porque las negativas
consecuencias que todo ello tiene para nuestra salud cuenta cada vez con más evidencias. La última se presentó en
la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia celebrado la semana pasada en
Washington, Estados Unidos.
Un estudio, de tres años de duración y dirigido por la Universidad de Duke, en Durham (EE UU), ha visto que los
niños que viven en casas con determinados materiales tienen concentraciones significativamente más altas de
compuestos orgánicos semivolátiles (SVOC, por sus siglas en inglés) potencialmente dañinos en su sangre u orina en
comparación con chavales de hogares donde no se encuentran estos materiales. En concreto, estos expertos
descubrieron que los niños (un total de 203 de 190 familias) cuyo sofá contenía materiales ignífugos con éter
difenílico polibromado (PBDE) en su espuma presentaban una concentración seis veces mayor de este material en su
sangre. Además, aquellos que vivían en casas con suelos de vinilo en todas las áreas tenían concentraciones del
metabolito bencil butil ftalato en su orina que eran 15 veces más altas que las de los niños que no convivían con este
tipo de suelo. Esta sustancia se ha relacionado con trastornos respiratorios, irritaciones de la piel, mieloma múltiple
y trastornos reproductivos.
En las casas de hoy en día se han abandonado los materiales tradicionales: las paredes ya no son de ladrillo y yeso
sino de materiales poliméricos –es decir, de plástico–. Igual sucede con las «tripas» de las viviendas: los cables van
recubiertos de materiales ignífugos que pueden integrarse en el polvo que inhalamos, las tuberías tampoco son ya
de cobre «y como el PVC está prohibido ahora se instalan de un material que es todo plástico y sobre el que me
gustaría ver los estudios de seguridad que se han hecho», apunta Olea, porque otra cuestión es que no se saben muy
bien los posibles efectos que sobre la salud puedan tener.
Aunque son muchos los contaminantes que se pueden encontrar en las casas, uno de los que más preocupa son los
retardantes de llama, compuestos químicos que se añaden a una gran variedad de productos (ordenadores, textiles
o muebles como los sofás) para mejorar su resistencia al fuego. Conocidos como polibromados, su problema es que
debido al calor que desprenden los aparatos que los llevan, como los electrónicos, se evaporan y, después, caen al
suelo pasando a formar parte del polvo de casa. Por eso se dice que son semivolátiles (SVOC). Además, se pueden
bioacumular en la sangre, en la leche materna y en tejidos grasos de los animales y del hombre, y se sabe que
pueden afectar al desarrollo del sistema nervioso y causar desajustes hormonales.
Algunos cálculos llegan a establecer que el precio sanitario de la exposición humana a sustancias tóxicas
contaminantes podría representar nada menos que un coste económico del 10% del producto interior bruto global,
según un estudio de Philippe Grandjean y Martine Bellanger publicado en «Environ Health» en 2017.
«Efecto cóctel»
«En los hogares puede haber muchas sustancias contaminantes procedentes de las más diversas fuentes (pesticidas
domésticos, productos de limpieza, ambientadores, pinturas, plásticos, productos de aseo personal y cosmética….).
Pueden ser como los llamados compuestos orgánicos volátiles (benceno, formaldehído, tolueno…), ftalatos,
retardantes de llama, compuestos perfluorados, éteres de glicol, alquilfenoles, fragancias sintéticas… Muy
frecuentemente pueden estar a concentraciones bajas, pero a la comunidad científica le preocupa la suma de tantas
posibles sustancias conflictivas», explica De Prada.
Porque todos los límites de exposición en el medio ambiente son normales. Sin embargo, el problema radica en el
efecto combinado de todas estas sustancias en la salud, lo que se ha llamado «efecto cóctel» y que la regulación no
tiene en cuenta. «Considerados uno a uno las dosis de cada uno de los elementos son bajas, pero si los sumamos esa
concentración ya no es tan baja. Converge la exposición a diferentes fuentes», señala Olea. Y, por supuesto, a más
polímeros más posibilidades de que estos compuestos acaben en nuestro organismo.