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Educación Ciudadana en el Siglo XXI

El documento define la educación ciudadana como la educación dada a los niños desde temprana edad para que se conviertan en ciudadanos informados que participen en las decisiones de la sociedad. Explica que la educación ciudadana tiene tres objetivos principales: educar sobre ciudadanía y derechos humanos, enseñar a ejercer el juicio crítico, y proporcionar un sentido de responsabilidad individual y comunitaria. Además, argumenta que para ser efectiva, la educación ciudadana debe cultivar una cultura democrática dentro de las escuelas a trav

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Educación Ciudadana en el Siglo XXI

El documento define la educación ciudadana como la educación dada a los niños desde temprana edad para que se conviertan en ciudadanos informados que participen en las decisiones de la sociedad. Explica que la educación ciudadana tiene tres objetivos principales: educar sobre ciudadanía y derechos humanos, enseñar a ejercer el juicio crítico, y proporcionar un sentido de responsabilidad individual y comunitaria. Además, argumenta que para ser efectiva, la educación ciudadana debe cultivar una cultura democrática dentro de las escuelas a trav

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Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

Educación ciudadana para el siglo XXI

¿Qué significa educación ciudadana?

La educación ciudadana puede definirse como la educación dada a los niños desde la
infancia temprana para que se conviertan en ciudadanos críticos e informados que
participen en las decisiones que conciernen a la sociedad. De manera específica, se
entiende aquí que 'sociedad' es una nación circunscrita dentro de un territorio
reconocido como Estado.

Es obvio que dar a conocer las instituciones que forman parte de una nación y crear
conciencia sobre la serie de leyes aplicadas a las relaciones humanas y sociales, forma
parte de cualquier curso de educación ciudadana. Bajo esta idea, la educación ciudadana
se basa en la diferencia entre: El individuo como sujeto ético y legal, beneficiario de
todos los derechos inherentes a su condición humana (derechos humanos), y El
ciudadano como beneficiario de los derechos políticos y civiles reconocidos por la
constitución nacional de cada país. Todos los seres humanos son individuos y
ciudadanos de la sociedad de la cual forman parte. Por lo tanto, los derechos humanos y
civiles son interdependientes.

Todos los hombres, mujeres y niños llegan al mundo como seres humanos. Gracias a la
inmensa conquista histórica de los derechos humanos, todos somos iguales en derechos
y dignidad al resto de los seres humanos. Cuando la educación ciudadana tiene el
propósito de 'educar a futuros ciudadanos', necesariamente debe dirigirse a niños,
jóvenes y adultos, que son seres vivos con el estatus de seres humanos dotados de
conciencia y razón. No es posible, por tanto, dejar de considerar a los individuos como
sujetos con características individuales propias.

También se incluyen en los derechos humanos a los derechos políticos y civiles, donde
obviamente los políticos hacen referencia a los derechos y obligaciones de los
ciudadanos. Una educación integral sobre derechos humanos, por lo tanto, toma en
cuenta la idea de ciudadanía y considera que un correcto civismo está relacionado con el
total de los derechos humanos.

De manera similar, una educación ciudadana que forma 'buenos' ciudadanos (por
ejemplo, ciudadanos conscientes de los asuntos políticos y humanos que están en juego
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

en su sociedad o nación) requiere que cada ciudadano posea cualidades éticas y morales.
Todos los tipos de educación ciudadana inculcan (o pretenden inculcar) el respeto hacia
los demás y el reconocimiento de que todos los seres humanos son iguales. Combaten
además cualquier forma de discriminación (racial, de género, religiosa, etc.) al fomentar
un espíritu de tolerancia y armonía entre las personas.

Así, cuando hablamos de los propósitos que deben considerarse, ya sea en la educación
ciudadana (la cual produce ciudadanos con cualidades morales) o en la educación sobre
derechos humanos (que reconoce e incluye los derechos políticos y sociales de todos los
individuos), invariablemente debemos discutir la relación entre una buena actitud cívica
y los derechos humanos.

En algunos casos, según las tradiciones culturales de cada sistema educativo, tendremos
una educación ciudadana enfocada en el conocimiento y ejercicio de los derechos
humanos o una educación ciudadana que enfatice los derechos políticos y civiles como
base de la ciudadanía y, en consecuencia, de los rasgos nacionales representados por
estos derechos y garantizados por los Estados.

Si se toma en cuenta esta relación, la educación ciudadana no sólo implica 'educar


ciudadanos', sino también 'capacitar a los niños para la vida adulta y para desarrollar su
papel como ciudadanos'.

La educación ciudadana tiene, por lo tanto, tres objetivos principales:

-Educar a las personas en temas sobre ciudadanía y derechos humanos a través de la


comprensión de los principios e instituciones [que rigen a cada Estado o nación],

-Enseñarles a ejercer sus juicios y su facultad crítica, y

-Proporcionarles un sentido de responsabilidad individual y comunitaria.

Estos tres objetivos corresponden tanto a la educación del ciudadano, como a la


educación del individuo como sujeto ético y legal.

Cultura democrática y educación ciudadana

Una idea inherente a la educación cívica, en tanto que concierne a la política y a las
instituciones, es la idea de democracia.
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

Una educación ciudadana integral no puede ignorar este concepto o el conocimiento de


que las instituciones permiten que un país funcione de manera democrática.

En lugar de limitarnos a mencionar y describir instituciones (un requerimiento necesario


aunque insuficiente dentro de la educación cívica), deberíamos explicar cómo la
maquinaria del Estado respeta un gobierno del pueblo y para el pueblo, y cómo toma en
cuenta a sus ciudadanos.

Sin embargo, esta forma de aproximarse a la idea de democracia puede parecer ajena al
mundo escolar e infantil. Es por tanto deseable inculcar en toda la vida escolar una
cultura de la democracia.

La práctica educativa tiene el mismo valor que los conocimientos cuando se trata de
enseñar educación cívica. Una de las grandes fallas de la instrucción cívica es que no
consigue traer la democracia al entorno escolar y no va más allá de la sola enunciación
de principios y la descripción de instituciones. Cuando la organización de una escuela
no lleva a que ésta opere de manera democrática y permita que los alumnos expresen
sus opiniones, los niños y adolescentes pierden el interés en el civismo y ven sólo la
incongruencia entre lo que los adultos dicen y lo que hacen, entre el conocimiento y la
acción, y a esta incongruencia le llaman 'hipocresía'.

Las escuelas deben establecer 'juntas de gobierno' integradas por representantes


estudiantiles y docentes, además de crear otros organismos que permitan a los alumnos
expresar sus opiniones y en donde las decisiones se tomen por medio de una consulta
general que incluya a jóvenes y adultos. El nombramiento de los representantes
estudiantiles puede y debe realizarse por medio de elecciones abiertas que posean las
mismas cualidades de transparencia que deben existir en una democracia que se precie
de serlo.

Si vamos a desarrollar una educación cívica creíble, debe imperar en las escuelas el
respeto a los demás (estudiantes, maestros, administradores y empleados), así como las
actitudes y comportamiento no violentos.

El respeto a los demás y a su dignidad, así como el respeto a uno mismo como
individuo libre y autónomo, surge de la ética de cada persona, del deseo de 'vivir juntos,
con los demás y para los demás, en instituciones justas'.
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

Estas cualidades, ya sea que se les califique como 'morales' o 'éticas', deben exigirse a
todos los seres humanos y a todos los ciudadanos. Forman parte tanto de 'virtudes'
cívicas como de 'virtudes' individuales y permiten a cada individuo vivir como un 'buen'
ciudadano.

Dicho de otra forma, en la educación ciudadana el respeto al 'Otro' como un igual con
sus propias diferencias individuales, físicas, intelectuales y culturales, debe ser
explicado y, más aún, experimentado en la vida diaria de cualquier escuela. La
educación ciudadana, basada en los principios de un trato digno igualitario y respetuoso
hacia los demás, tiene la tarea de combatir todas las formas de discriminación negativa,
como el racismo, el sexismo y el fanatismo religioso.

Sólo entonces, la educación ciudadana puede considerarse como una educación ética (o
moral) además de una educación sobre la ciudadanía.

Una nueva forma de enseñar educación ciudadana

La introducción y seguimiento de una cultura democrática dentro de las escuelas


prohíbe el dogmatismo en cualquier tipo de educación cívica. Los métodos y enfoques
elegidos deben basarse en la discusión entre los alumnos y entre los maestros y
alumnos, además de fomentar que los niños y jóvenes hablen y se expresen por si
mismos. Los modos de expresión pueden variar. Además de discusiones, dibujos,
canciones y poemas, existen diferentes tipos de material escrito que son herramientas
excelentes para reflexionar acerca de la ciudadanía, la democracia, la justicia, la libertad
y la paz.

En una democracia, la educación ciudadana busca educar ciudadanos que sean libres de
elaborar sus propios juicios y mantener sus propias convicciones. Estar de acuerdo con
las leyes ya existentes no debe impedir que los ciudadanos busquen y planeen leyes
mejores y más justas. El respeto a la ley, que es uno de los objetivos de la educación
cívica, no significa una sumisión ciega a las reglas y leyes preexistentes, sino la
capacidad de participar en su creación.

Por esta razón, una de las tareas prácticas de la educación ciudadana es prestar atención
a las reglas que rigen en una escuela, con el fin de mejorarlas y reformularlas.
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

Los valores que transmite la educación ciudadana no son principios dogmáticos escritos
en piedra. Una cultura viva demanda la creación de valores nuevos, aunque todos deben
estar regidos por un criterio de respeto a los otros y a la dignidad humana.

Por consiguiente, en lo que respecta a las leyes y valores aceptados por un grupo social
en su conjunto, la educación ciudadana no puede ser de ninguna forma un catálogo fijo
de preguntas y respuestas. Debe ser, en cambio, el escenario que produzca y alimente
una genuina cultura de la discusión. Cualquiera que sea el problema, como el desarrollo
continuo de la humanidad o la estabilidad del estado de derecho, es necesario un
intercambio de ideas, nociones, juicios y opiniones personales. Este tipo de diálogo es
posible incluso entre los niños pequeños.

La educación ciudadana también necesita ser enseñada de manera que siempre fomente
el constante vínculo entre teoría o conocimientos y práctica. La interacción entre
conceptos y acciones crea de manera gradual la capacidad de pensar en función de
valores y de referirse a ellos. Los valores son universales cuando se trata de derechos
humanos, por ejemplo, cuando se trata de libertad, dignidad, solidaridad y tolerancia.
Como están arraigados en diferentes culturas, que los promueven, también se refieren a
una región del mundo, país, nación o religión específica. Todos estos valores deben ser
tema de discusión y reflexión y estudiarse en cada curso de educación ciudadana.

En otras palabras, la educación ciudadana se basa en conocimientos, prácticas y valores


que interactúan constantemente. Para ser más precisos, digamos que una conciencia
sobre la necesidad de referirnos a uno o varios valores, poco a poco genera acciones y
prácticas relacionadas con el conocimiento y la experiencia en torno a los derechos
humanos y a las instituciones que regulan la vida en sociedad. Los alumnos, que de esta
manera se benefician de la educación ciudadana, aprenden paso a paso que el civismo se
despliega y desarrolla tanto en una sociedad imbuida de valores como en el total de la
comunidad humana.

Dimensiones globales dentro de la educación ciudadana

La enorme movilidad de la población en el ámbito mundial, una característica del


mundo moderno, significa que las escuelas se hacen cargo de niños provenientes de
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

distintos grupos culturales y esta heterogeneidad cultural debe verse como una
oportunidad para la educación ciudadana.

En una situación como la anterior, los niños necesitan relacionarse con culturas distintas
a la suya, aprender sobre ellas y comprenderlas. En lugar de ocultar las diferencias
culturales entre los alumnos, la educación ciudadana puede acentuar el valor de la
diversidad, mientras respeta y reafirma la universalidad de los principios contenidos en
los derechos humanos. El respeto a los demás, que es un principio universal, significa
en la vida escolar diaria que debe dialogarse con otros y mostrar interés en los estilos de
vida, hábitos sociales y prácticas culturales de otras familias. La educación ciudadana es
el foro ideal para organizar discusiones sobre temas sociales en donde puedan
expresarse opiniones sobre diversas formas de ver el mundo y sus culturas. Esto es una
nueva manera de combatir el racismo, el cual se debe en gran parte a la ignorancia con
la que son educados los niños en lo que respecta a las culturas distintas a la que
prevalece en su país. Por medio del conocimiento de estas otras culturas y de la
experiencia de una vida multicultural dentro del aula, los niños cuentan con
herramientas contra las actitudes despectivas hacia los "Otros" y contra la indiferencia
hostil, ambas, fuentes de un comportamiento racista.

La formación ciudadana en la escuela: educandos críticos y


activos

La sociedad del siglo XXI, enmarcada en la sociedad de la información y del


conocimiento y vista como una “aldea global”, según McLuhan y Powers (2002), pone de
manifiesto que el elemento esencial de transformación actual o de construcción social debe
estar centrado en el conocimiento y en la educación, siendo esta última reconocida como un
factor posibilitador de la convivencia, promotor de la tolerancia y facilitador de la participación
[Link] este sentido, se vislumbra una estrecha relación entre la educación (el sistema
educativo) y la formación ciudadana4, la cual debe permitir y garantizar la inclusión del sujeto
educado en el ámbito social y ciudadano, de tal forma que este asuma sus deberes, goce de
sus derechos, cumpla con las leyes y participe activamente en los asuntos públicos de la
comunidad a la cual [Link] ello es necesario que dicho sujeto, a través de la
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

educación, desarrolle un conjunto de habilidades y competencias sociales que le permitan


desenvolverse de la mejor forma posible en la vida misma, de manera voluntaria, racional y
con principios éticos y axiológicos, asumiendo con responsabilidad los constantes cambios
planteados en el medio en que habita. Ser competente implica saber interpretar el medio en el
que el alumno interactúa, proponer alternativas y ser capaz de argumentar, operaciones que
requieren de unos conocimientos sobre cómo es y cómo funciona la sociedad, y qué
consecuencias han tenido y tienen las acciones que realizan las personas y los colectivos
(Gómez, Miralles y Molina, 2015).Lastimosamente, muchos de estos individuos (estudiantes),
hoy por hoy, muestran algún tipo de resistencia o apatía frente a la puesta en práctica de las
reglas formales (normas legales establecidas en los manuales de convivencia de las
instituciones educativas, reglamentaciones y leyes vigentes, etc.) y miran con indiferencia el
papel de las reglas informales (morales y sociales), situación que trae como consecuencia un
comportamiento cada vez más díscolo, intolerante, agresivo, irrespetuoso y discriminativo. Es
por esto que se hace absolutamente necesario, desde la escuela como protagonista del
proceso básico ormativo del individuo, instaurar procedimientos pedagógicos de formación
ciudadana, en los que exista una total relación entre lo eminentemente pedagógico y el
componente curricular, planteando y asumiendo un reordenamiento, una reestructuración
epistemológica, de los principios sobre los cuales se organizan los actuales planes de
[Link] igual manera, se propone asumir un modelo pedagógico, un proyecto formativo y
hasta una directriz misional, a través de los cuales el ac to de educar implique un compendio
de elementos posibilitadores de la formación de ciudadanos críticos, activos y conscientes, en
el marco de un proceso de escolarización qu e permita conocer, comprender y construir el
conocimiento suficiente para actuar, no solo responsablemente en sus labores educativas, sino
también en la vida cotidiana de forma [Link] base en lo anterior, el presente artículo
hace un llamado para que en las instituciones educativas, especialmente las que tienen a su
cargo la formación inicial del individuo, se tome conciencia acerca de la importancia de la
conjunción entre la educación tradicional y la formación ciudadana, ya que es imperativa una
articulación entre los diferentes ciclos que atraviesa el educando, para brindarle las
herramientas suficientes y necesarias en su desenvolvimiento social, ya que, si bien la familia y
la comunidad son actores importantes, es la escuela la llamada a ser el escenario perfecto para
que el proceso de socialización del sujeto ocurra y se pueda desarrollar su madurez moral
(entendida esta como un factor determinante para superar el subjetivismo y ponerse en el
lugar del otro, en función de una posible transformación social).

La Escuela: Escenario por Excelencia para la formación ciudadana


Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

Como queda en evidencia, la escuela debería ser el lugar designado para promover,
promocionar y fortalecer las competencias ciudadanas. Es por ello que un centro escolar
necesita propender por la democracia, la participación y la justicia, elementos que constituyen
los ejes del desenvolvimiento social; por lo tanto, la institución educativa tiene que fungir
como un escenario en el que se inculquen los valores a través de la orientación activa y
responsable de sus docentes y funcionarios. Lastimosamente, no siempre las instituciones de
educación son conscientes de tamaña responsabilidad y muchas veces dejan en manos de
otros esta misión formativa, sucumbiendo, en muchos casos, a intereses difusos (ideológicos,
monetarios o de otro tipo), que impiden el desarrollo correcto del que debería ser uno de sus
principales pilares: la formación integral del sujeto. Por lo anterior, es fundamental que la
escuela se concientice de su papel protagónico y asuma un compromiso real para consigo
misma y para con sus educandos, de modo que sus actividades se enfoquen en una mejor
comprensión e implementación de las competencias ciudadanas, pues el modelo educativo
actual ya no se supedita solo a lo que el maestro le pueda entregar al alumno, sino que se
caracteriza por proponer una multiplicidad de caminos para llegar al conocimiento,
permitiendo que dichas competencias se conviertan en un elemento crucial para la resolución
de problemas concretos y para suplir las necesidades de un nuevo orden social, cambiante,
diverso y heterogéneo (Mora et al., 2009).Es por ello que, al hablar de la formación de
competencias ciudadanas, se está haciendo referencia (directa o indirectamente) a un cúmulo
de sectores y factores recíprocamente influyentes en el individuo y en su entorno, cuya
relación necesita de bases sólidas para poder armonizar la cantidad de variables circundantes,
encaminadas a hacer frente a los diversos actores sociales, a sus subjetividades, a sus múltiples
entornos (institucionales, comunitarios, grupales, organizacionales, etc.), a sus necesidades y
problemas, y a todos aquellos elementos que hacen del contexto humano una maraña de
estratagemas. Es que cuando se habla de este tema, es necesario comprender que el sentido
moral de la práctica ciudadana no debería limitarse solo al sujeto, sino que se debería
considerar también a la sociedad de la cual forma parte –cómo este sujeto la impacta y cómo
esta impacta al sujeto– y las normatividades individuales y colectivas vigentes, pues solo así se
podrán formar individuos y edificar sociedades acordes con las verdaderas necesidades
humanas actuales (Restrepo y Echavarría, 2013).Y es aquí cuando todos los estamentos que
intervienen en la formación del sujeto deben entrar a participar, en una acción mancomunada,
siendo guiados por la misma escuela; por lo que esta debe cumplir inteligentemente con su
labor, promoviendo, a través de la educación, las competencias ciudadanas, convertidas en un
aspecto transversal a todas las acciones del individuo. Para Mora et al., (2009), la formación
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

académica de hoy debe promover el desarrollo de competencias, lo cual es mucho más


complejo que la simple transmisión de conocimientos, pues debe consistir en enseñar el saber
hacer (de manera consciente), lo que implica no solo la aprobación, validación e
implementación de un currículo, sino la aplicación de los conocimientos que este contiene en
circunstancias prácticas y cotidianas de la vida.

La ética y la moral dentro de una nueva Educación para los nuevos ciudadanos

Es importante que, en el marco de esta nueva educación ciudadana propuesta, no se deje de


lado la dimensión ética, vista como una característica propia del obrar moral del sujeto; es
decir, que la moral sea un elemento siempre presente en cada una de las acciones que se
realicen. En este sentido, un ciudadano, como el que aquí se propone, formado por una nueva
escuela, sin desconocer la familia y la comunidad a la cual pertenece, necesita ser un individuo
ético, característica que lo hace humano, legal, íntegro, virtuoso y justo. Se hace énfasis en
esto porque, como bien puntualiza Cortina (2002), el sujeto de hoy es una persona con una
gran desmotivación y desinterés moral, y displicente a la hora de promover y practicar las
normas establecidas. Entonces, ¿cómo lograr que el estudiante actual se interese y se motive
por asumir una correcta conducta moral, en el marco de la formación en competencias
ciudadanas? La respuesta, basada en Hobbes (1999), consiste en cimentar y construir dicha
moral, y la conciencia de ella, desde la escuela, convenciendo al sujeto de que su
implementación, aplicación y seguimiento es en beneficio de sí mismo y de todo su entorno.
Por ello, la educación que se imparta desde la escuela deberá promover el componente ético,
entendido este como la esencia del espíritu ciudadano, cimentado en los preceptos de los
derechos humanos y en la aplicación de los principios y valores que regulan todo actuar,
incluyendo los preceptos morales, pues, según Westbrook (1999), constituye la única base
verdadera de una conducta moral como práctica democrática y social. En el mismo sentido, en
este artículo se plantea una formación ética aplicada a las actividades diarias, con
7341elementos prácticos y ejemplos concretos, convertida en un componente inherente e
indeclinable del nuevo ciudadano, del nuevo estudiante, del nuevo sujeto y del nuevo modelo
de formación.

En esta dirección, De La Rosa (1977) plantea que los objetivos perseguidos con la educación
cívica deben estar encaminados hacia la formación del estudiante como individuo ético y como
ser social; por ello, propone que en un estudiante que se forme en la competencia ciudadana
se debe:• Permitir el desarrollo de su espíritu crítico, al posibilitarle elegir, discernir y opinar
sobre cuestiones concretas.• Estimular la sociabilidad y el esfuerzo conjunto a través del
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

trabajo en equipo.• Fomentar el sentido de responsabilidad compartida.• Incitar a la vida


social a través de las relaciones que se establecen con unidades sociales básicas distintas a la
escuela y a la familia.• Propiciar la hermandad entre los hombres y la búsqueda de la paz
mediante las relaciones con personas diferentes a los compañeros de clase, procedentes de
otras localidades e incluso de países diferentes.• Contribuir a la búsqueda de la verdad con el
contraste de criterios y los debates necesarios para el planteamiento y la solución de
cuestiones de interés comunitario. A partir de lo anterior, se puede apreciar que la ética
ciudadana pretende, ante todo, formar hombres y mujeres desde su actuar e intelecto, con
valores y conocimientos en ciudadanía; y es aquí cuando los lineamientos de la educación
necesitan sentar las bases y brindar las herramientas para que esto suceda, ya que su objetivo
debe ser formar personas de indeclinable espíritu social y de virtudes y valores cívicos, en el
marco de una excelente preparación académica. Un aporte al respecto, desde la investigación
en educación, lo constituye un estudio realizado por Torney Purta et al. (1991), quienes
examinaron en veintiocho países la calidad de la educación cívica impartida; sin embargo,
identificaron solo dos elementos comunes: la obediencia a la ley y el compromiso con la
discusión política, lo que pone en evidencia la inexistencia de acuerdos generales concretos
sobre el tema y de un interés definido, por parte de la pedagogía, en lo ético y lo moral. Esta
situación se debe asumir como una invitación para empezar a trabajar desde lo local sobre
esta temática, asumiendo un compromiso de transformación social basado en la formación de
ciudadanos comprometidos con su accionar ético y moral, y con su participación
[Link] esta realidad se puede decir, entonces, que la educación en ciudadanía
necesita fundamentarse en la esencia misma del sujeto, cuyos valores y principios sean los que
conduzcan su accionar. Al respecto, Cortina (2009) afirma que solo de esta forma, desde el
actuar individual, es que se puede llegar a impactar y transformar el conjunto llamado
sociedad, y es desde dicha ética específica que se construye el ciudadano que tanto reclama la
sociedad, aquel que debe ser el producto edificado de un proceso formativo de [Link]
anterior tiene una relación directa con la “ética del desarrollo”, expuesta por Villarroel (2013),
la cual consiste en una reflexión crítica sobre los fines y medios que definen a los cambios
sociales, económicos y culturales en los países y regiones en vía de desarrollo, lo que permite
enfatizar en el rol activo que cumple el concepto ético-moral en el desarrollo mismo de los
sujetos y del conjunto social que conforman (Crocker, 2008).Es por esto que la formación
ciudadana tiene que ser un proceso innegociable desde el punto de vista pedagógico, pues es
la herramienta que le permitirá al individuo formado solucionar sus problemas, presentes y
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

futuros, mediante el diálogo, la capacidad de ponerse en el lugar del otro y el entendimiento y


la comprensión de manera consciente de su realidad.

La realidad social que circunda al Estudiante de hoy

Actualmente la educación atraviesa tiempos difíciles, teniendo que enfrentarse a una sociedad
cambiante y acelerada que la desafía constantemente. Uno de estos desafíos lo constituyen los
educandos, quienes son un reto para las prácticas educativas vigentes (Bauman, 2009), pues el
ritmo frenético en el que viven contrasta con la velocidad, a veces aletargada, con que los
docentes imparten sus clases; además se evidencia un divorcio entre el modelo pedagógico y
la labor en el aula. Por ello, los docentes y las instituciones de educación no pueden quedar
rezagados en el marco de este nuevo escenario formativo, máxime si se está hablando de
competencias ciudadanas, pues de ellos depende la calidad de la educación que se imparta y
su impacto en la sociedad. Al respecto, Flórez (2000) afirma que el docente de hoy,
específicamente el que viene aplicando y trabajando modelos educativos “antiguos” –y que en
muchos casos se niega a cambiar–, maneja tiempos muy distintos a los de su estudiante,
situación que propicia que ambos asuman posturas dubitativas, de indeterminación, de
incertidumbre y de azar, que finalmente atentan contra el proceso formativo mismo y
repercuten negativamente en el actuar social del sujeto formado; de allí que sea fundamental
que la escuela y el docente se preocupen por formarse en las nuevas y cambiantes funciones
tutoriales, ya que es la única forma de garantizar la adquisición de las nuevas competencias
requeridas por parte del estudiante (Aguilar et al., 2015).Es por esto que, para poder formar
ciudadanos hoy, la escuela y educando necesitan estar abiertos a la posibilidad de existencia
de diferentes frentes socioculturales y de distintos ritmos y caminos de enseñanza-
aprendizaje, los cuales, en menor o mayor medida, afectan el proceso formativo y de
socialización (Ripoll y Méndez, 2011).

os cuales han desarrollado diversos paradigmas y esquemas mentales, muy distantes de los
ideales, que han ocasionado que la labor de la academia sea mucho más titánica e, incluso,
[Link] como la corrupción, la violencia, la delincuencia, el tráfico de drogas, el
debilitamiento del Estado –incluso en la ética de la responsabilidad social, cuyos vacíos deben
ser cubiertos por el propio ciudadano (Ortiz, 2014)–, la ineficacia del aparato judicial y la
exclusión, entre muchos otros, han llevado a que los jóvenes piensen y sientan que lo ético y lo
moral no tienen sentido. Esta situación se evidencia en las redes sociales, en las que aparecen
fuertes indicios de descomposición con respecto a la moral y la ética: matoneo escolar,
comentarios vulgares, fotos obscenas, ridiculización de personas, plagio, etc., producto de la
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

suplantación del rol formador de la escuela, el cual se ha visto contaminado y sustituido por
factores externos, no pedagógicos, a los cuales el estudiante tiene acceso en todo lugar y
momento (televisión, Internet, etc.), situación que ha generado el surgimiento de una especie
de cultura amoral o antié[Link] Oliveira (2014) se refiere a esta situación afirmando que han
cambiado tanto los valores morales en los jóvenes que dicha transformación ha incidido
negativamente en sus comportamientos –físicos y sicológicos–, muchos de ellos tornándose
violentos, obligando a la escuela a repensarse desde la ética para contestar ciertas preguntas:
¿cómo pensar la ética en la escuela desde un punto de vista argumentativo y no dogmático?,
¿qué desafíos se deben enfrentar en la educación ética de los estudiantes en el contexto de la
escuela actual? Por ello, es menester de la escuela retomar su rol formativo protagónico,
asumirlo con responsabilidad y brindarle herramientas e insumos al educando para que
retome el camino ético y constructivo en su vida y para que la institución educativa vuelva a
ser el adalid social que siempre tuvo que haber sido. Esta tesis es respaldada desde hace
muchos años por Freire (1971) cuando planteaba la necesidad de una nueva pedagogía en la
que el educando se forme a sí mismo, desarrollando un pensamiento transformador de la
realidad, partiendo del análisis y la crítica de situaciones de la vida cotidiana, para lograr
liberarse, de esta manera, de la opresión de la pedagogía tradicional, la cual es implementada
actualmente en muchas instituciones .

La pedagogía crítica: una opción transformadora

La educación siempre tiene consecuencias sobre la vida de quien la recibe; por esto su rol
nunca es neutral, pues modifica en cierta medida nuestras habilidades y nuestra forma de
pensar y de expresarnos; sin embargo, a pesar de su importancia, algunas instituciones
educativas no tienen claro su proyecto ético y de formación ciudadana, lo que las hace
proclives a ir en contravía de las necesidades reales en la actualidad. Es que al hablar de
formación ciudadana no hay que limitarse a lo que sucede o puede suceder en el aula; implica
ir más allá, comprometiendo otros contextos sociales y culturales en los que pululan las
relaciones interpersonales, donde los cohabitantes de una determinada sociedad intercambian
experiencias de vida con base en sus valores, creencias y tradiciones; y es justamente allí,
cuando el poder formativo entra a ser protagonista, pues es importante que permee dicha
matriz social (valores, creencias, religiones, etc.). Es por eso que formar en la ciudadanía
constituye todo un reto pedagógico que se debe fomentar y ser fomentado desde la
construcción social, desde la cultura, desde sus mismos actores; es decir, debe ser todo un
proyecto cultural, un proyecto social, un proyecto de nación, fundamentado en un imaginario
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

social que se mueva alrededor de lo formativo, de lo individual y de lo colectivo (Mora et al.,


2009).Es por esta razón que las instituciones educativas necesitan edificarse desde la
producción de saberes y la promoción de transformaciones, considerando al estudiante como
un ser sobre el cual se tiene que dejar huella, impregnándolo de elementos éticos y
conocimientos específicos, fundamentados en reglas comunes, socialmente aceptadas, con la
intención de permitirle desenvolverse en su contexto. Aquí el docente también tiene un rol
determinante, pues es necesario que cumpla la función de transmisor de saberes a través de
sus clases. Todo esto convierte al proceso formativo en un procedimiento de enseñanza-
aprendizaje heteroestructurante, concepto usado por De Zubiría (2006), al referirse al proceso
formativo como una actividad en la que el estudiante tiene la posibilidad de generar
conocimiento y transformar algunos aspectos culturales, incluso en escenarios diferentes al
salón de clases xpuesto lo anterior, resulta lógico considerar a la educación como un proceso
llamado a reconocer tanto el todo como sus partes, pues solo de esta manera logrará percibir
los intereses y las emociones de cada uno de los individuos, de sus interacciones y de su
conjunto, y la sociedad y sus sujetos podrán hacer frente a los problemas que actualmente los
[Link] clara, entonces, la relación entre educación, ética, moral, cultura y sociedad; por
ello, es un imperativo para las instituciones educativas reflexionar acerca de su
reconceptualización, asumiendo sus mea culpa y proponiendo nuevos caminos de
transformación. Es así que se puede decir que la educación contemporánea se encuentra ante
la exigencia conceptual, social, institucional e histórica de analizar sus perspectivas, con la
intención de buscar un nuevo desarrollo, tal como lo exige la actual sociedad global, de tal
forma que responda prontamente a los cambios acelerados, constantes y trascendentales que
se están viviendo (De Alba, 1998).En esta misma dirección, es relevante afirmar que
actualmente asistimos a una crisis en la que la escuela aún se encuentra en mora de contribuir
sustantivamente al cambio, pues las últimas generaciones de estudiantes no han sido
formadas integralmente para desempeñarse como sujetos tolerantes, ni mucho menos como
individuos capaces de resolver sus conflictos de manera pacífica y, ni siquiera, como
ciudadanos fortalecedores de la ética y la democracia. Es por eso que el nuevo valor de la
educación necesita verse desde su capacidad de brindar herramientas que permitan llegar a la
tan anhelada reestructuración individual y social, promoviendo en los estudiantes el desarrollo
de las competencias básicas y del pensamiento crítico, así como todo lo relacionado con la
ética, la moral, la ciudadanía y la cultura. Por todo lo anterior es que se requiere, desde la
escuela, fomentar la ética y la moral, proceso que debe ir de la mano con el crecimiento de las
habilidades de pensamiento, permitiéndole al individuo que estudia ser una persona
Fuente: adaptado de Citizenship Education for the 21st Century, UNESCO (1998).

autorregulada, capaz de indagar, pensar, percibir, conocer, juzgar, comparar, abstraer,


razonar, opinar, reflexionar, analizar, discutir, examinar, evaluar y comprender por sí mismo,
en busca permanente de su crecimiento personal y del desarrollo de su sociedad. Es por esto
que el filósofo francés Michel Foucault consideró al pensamiento crítico como el precursor de
la libertad, pues es el que posibilita liberar al individuo de los estereotipos que lo subyugan,
permitiéndole asumir posturas diferentes; y es, justamente, este tipo de posturas las que,
desde esta reflexión, se promueven, propendiendo porque el estudiante rompa los moldes
preestablecidos y asuma una posición activa en su proceso [Link] así como surge la
“pedagogía crítica” centrada en el propósito de capacitar a quien aprende para que sea
consciente de los condicionamientos que adquiere y de su aplicación en la vida, tanto para él
mismo como para la sociedad que lo acoge. De esta forma, la pedagogía crítica puede llegar a
producir un cambio importante en la educación tradicional (incluida en ella el componente
ético y moral), proponiendo una posición proclive a la experimentación y a la creatividad, y no
renuente a los cambios. Desde esta perspectiva, autores como Villalobos (2014) sugieren que
debe existir, necesariamente, una relación dialógica entre los actores que participan en un
proceso formativo, pues esto posibilita que se reconozcan entre sí y que juntos exploren otras
epistemes, otras alternativas, distintas a las de la pedagogía tradicional. En esta misma
dirección, Gonçalves (2015) plantea que el principal aporte de la pedagogía crítica consiste en
que el individuo asuma para sí mismo y para la sociedad un compromiso con la autonomía,
convirtiéndose en un sujeto analítico, pensante y capaz de tomar decisiones por sí mismo, con
base en los elementos dados en su formación, tanto en el aula como fuera de ella. Como se
puede apreciar, la toma de conciencia acerca de la importancia de la pedagogía crítica a través
de los años (Cascante y Martínez, 2013) y en la formación de hoy (Ortega, 2014), reside en que
dicha pedagogía brinda la posibilidad de potenciar en el individuo que se forma su capacidad
discursiva, mostrándole cómo llevar conscientemente a la práctica lo teóricamente aprendido,
replanteando sus propias acciones, reflexionando permanentemente, movilizándolo política y
socialmente y dinamizando sus capacidades, para permitir, de esta forma, la resignificación de
su proceso educativo y la transformación de su contexto.

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