Concurso Paragsha
Concurso Paragsha
© DÉVELOPPEMENT ET PAIX
Desarrollo y Paz
Fotografías:
Sheyla y Daira Silva Espinoza y archivo fotográfico Labor.
Impresión:
Sonimágenes del Perú
Av. 6 de Agosto 968, Jesús María.
Telf.:652 3344 / 652 3445
Los trabajos que forman parte de este texto, son de entera o exclusiva responsabilidad de sus autores.
Presentación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
Por su lado, Jorge Callupe Ramírez en la narración “Los Caminos entre el Mineral y el
Cielo”, presenta el relato de doña Francisca, sus temores por la contaminación ambiental,
describe los relaves mineros que pasaban al aire libre desprendiendo olores fétidos por medio
de la población de Miraflores -poblado anexo de Paragsha desaparecido por la minería-, lo
que se pudo evidenciar hasta fines de la década de los 90; “…la empresa había cambiado de
nombre muchas veces pero no de corazón, seguía siendo la misma desde el comienzo…” expresa en
uno de sus recuerdos. Relata las comparsas de los carnavales en Cerro de Pasco, que también
salía con importante participación desde Paragsha, la herranza y por su puesto los milagros
que se atribuyen al Señor de Exaltación.
Y “El Señor de la Exaltación” (historia cuento) de Luis Ángel O´connor O´connor,
refiere sobre la presencia de los principales santos(as) de la región central del país, entre
ellos Taita Icsha o Señor de Exaltación; como se ha ido consolidando desde la participación
de sus pobladores para la ampliación de la capilla y por supuesto el crecimiento de la fe
católica en el Centro Poblado. Asimismo, nos alcanza un cuento paragshino “Los Fantasmas
de San Expedito”, con la tragedia de dos niños en el paraje de una mina antigua, cerca al
barrio minero de Miraflores, los hechos posteriores ocurridos en el contexto de una de las
festividades en honor al Señor de Exaltación.
Agradecemos la participación de los Jurados Calificadores, integrados por el Profesor Luis
Pajuelo Frías, literato reconocido del departamento de Pasco; el Rvdo. Jaime Chua Cáceres,
representante de la Iglesia Católica del Perú; el Licenciado Víctor Raúl Osorio Alania, docente
de la especialidad de educación e impulsor de actividades culturales; quienes han evaluado
los trabajos presentados, alcanzando el orden de los puestos, además de brindarnos sus
recomendaciones.
En este sentido, la Asociación Civil Centro de Cultura Popular Labor, se digna en presentar
este importante trabajo correspondiente al concurso de narración, Paragsha: Historia, Cultura,
Minería y Medio Ambiente, esperando con ello contribuir en la lectura, la educación, la
identidad del poblador paragshino y cerreño, así como en la búsqueda e identificación de
planteamientos y propuestas para el desarrollo local y sostenible de Paragsha y la ciudad del
Cerro de Pasco.
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PARAGSHA: PUEBLO QUE SE
RESISTE A LA CONTAMINACIÓN QUE
MITIGA SU HISTORIA, CULTURA Y
TRADICIONES
FORMACIÓN DE PARAGSHA
Los pobladores antiguos no dejaron escritos sobre el origen o la formación de Paragsha,
salvo relatos orales que pasaban de generación en generación y que llegaron a una conclusión
aceptable.
En los cerros de la parte suroeste de la ciudad, crecían flores de color amarillo que emitían
un aroma muy agradable. Los pobladores lo denominaban para–para, y había en abundancia,
así como los manantiales y pantanos. Empero en las faldas de un cerro en particular, había
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Paragsha: Pueblo que se Resiste a la Contaminación
que Mitiga su Historia, Cultura y Tradiciones
un vacío o desnivel y se unía con la de menor altitud. Justamente por allí, tenían que pasar
los transeúntes para viajar a la quebrada de Chaupihuaranga. Estos mismos pobladores
llamaban al lugar como gasha.
Al fusionarse las dos frases quedó como PARAGASHA, pero por la simplicidad y
castellanización queda como PARAGSHA, actual nombre del Centro Poblado.
Según fuentes orales, Paragsha –desde sus inicios– fue un caserío perteneciente al distrito
de Yanacancha, habitado por un pequeño grupo de familias. Al pasar los años llegaron los
extranjeros de la Cerro de Pasco Cooper Corporation, para explotar los minerales a gran
escala. En poco tiempo, a través de la Compañía Pacífico, compran la hacienda Paria y los
pobladores de este lugar son reubicados a Paragsha, como trabajadores de la minera.
Mucha gente, acompañada de sus familias, llegaba a trabajar a las minas, por lo que los
explotadores ya no tenían espacio para alojar a tanta población, pero sí querían tenerlos cerca
a sus minas. Ante tal necesidad, sin considerar en absoluto el maravilloso ambiente que los
rodeaba, los directivos de la empresa extranjera mandan a rellenar con sus desmontes de
mineral casi todos los manantiales, pantanos y flores amarillas. Todo lo que había en las
faldas del cerro desapareció para dar paso a un lugar tétrico, todo con la finalidad de construir
cuartuchos y casas prefabricadas para sus trabajadores. Este cerro tuvo la mala suerte de estar
cerca a la concentradora, de lo paisajístico que era lo convirtieron en un páramo estéril, como
ya lo habían hecho en todo el sector de Miraflores, barrio que se formó antes que Paragsha.
En la revista “Títulos y recuperaciones de tierras en el distrito de Simón Bolívar - Rancas”,
se menciona que en el año 1938 la Cerro de Pasco Cooper Corporation realiza la primera
lotización de tierras para la urbanización de las chozas existentes, que en su mayoría
pertenecían a los trabajadores que laboraban para la minera.
Posteriormente, la minera habilitó terrenos para la construcción de campamentos para sus
trabajadores en la zona llamada San Andrés. Es por ello que Paragsha se fue formando con
viviendas exclusivamente para los trabajadores de la empresa, sin la intención de formarlo
como barrio.
Algunos que no laboraban en las minas, que más bien eran comerciantes, intermediarios
y negociantes, se alojaban en algunas chozas que emergían en los alrededores. Por la misma
necesidad de vivir cerca a la casa de los trabajadores, quienes eran los principales clientes
y les compraban sus productos, se da inicio con la construcción de las primeras casas para
las personas particulares a la minera, éstas de paredes de adobe y techo de paja, pero bien
abrigadoras. Todas estas construcciones bordeaban “la casa mercantil” que los explotadores
habían construido en esta parte de la ciudad.
LOCAL MUNICIPAL
Antes del imponente edificio que hoy se puede ver, en este lugar funcionaba una “casa-
mercantil” obrero, que fue construida por la Cerro de Pasco Cooper Corporation. Todo el
trámite documentario se realizaba en Rancas, solamente se tenía una oficina de apoyo y
enlace que estaba ubicada en la casa de la familia Cornelio, la misma que funcionó hasta el
año de 1982.
Paragsha como Centro Poblado fue creado el 03 de diciembre de 1982, mediante Decreto
Municipal 028-82-ACPP. Ese año quien recibe dicho decreto fue el alcalde Víctor Arias Vicuña.
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
SUS CALLES
Las calles de Paragsha, en su mayoría, llevan por denominación los nombres de los
departamentos del Perú, con excepción de dos principales avenidas y tres pasajes, éstos
secuencialmente son:
a. Avenida 28 de Julio
Es la más antigua y la primera en poblarse. Desde antaño es la vía principal para el
transporte interprovincial entre Pasco y Daniel Carrión, andando el tiempo esta carretera
dio impulso a la actividad comercial de estas provincias y hasta la actualidad promueve la
comercialización de productos agropecuarios a esta zona minera. Con la pavimentación de
la misma, el tránsito se hizo más animado. Hoy las viviendas están siendo remodeladas,
también, acorde con la modernidad.
b. Calle Tacna
Adjunta a la Av. 28 de Julio, también comercial. En esta calle se logró edificar el templo
de la iglesia evangélica pentecostal de Jesucristo “Getsemaní”. La historia refiere que en
esta calle existió antiguamente un cementerio, además un manantial de aguas cristalinas,
pero todo ello son recuerdos. Hoy luce pavimentada y bien remodelada.
c. Calle Ayacucho
Ésta sigue en su ímpetu de modernización al igual que las otras. Es la calle preferida para
la celebración de los carnavales. Luce pavimentada y los vehículos de transporte urbano, en
la actualidad, lo utilizan como paradero hacia la nueva ciudad de San Juan.
d. Calle Tarma
Está ubicada en la parte céntrica de Paragsha, y prácticamente se ha convertido en el
corazón de Paragsha. Resplandece hermosa por las áreas verdes que posee, encontrándose
un poco más custodiada a comparación de las otras calles.
e. Calle Grau
La historia registra en esta calle, la existencia de tres puquiales de los cuales emanaba agua
cristalina y que hasta la actualidad se resisten a desaparecer pese a los embates de los rellenos
de desmontes productos de la actividad minera. Estos puquiales se encuentran en la propiedad
de la familia Chacón Huamán, quienes lo conservan y lo adecuan a sus necesidades. Además,
podemos ubicar en esta calle a una de las primeras panaderías que funcionan desde la creación
de este Centro Poblado. De acuerdo a la modernidad urbana, hoy luce remodelada totalmente.
f. Calle Arica
Esta calle no se queda atrás y sigue también en remodelación buscando su modernización.
El liderazgo y empuje de su gente –al igual que las otras calles– hacen que la vecindad o
población viva en armonía y confraternidad.
g. Calle Huancavelica
Tan igual que en la calle Grau, en ésta también había hasta tres puquiales por los que
céntricamente pasaba un riachuelo. Lo sorprendente era la que en este suelo existía una laguna
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Paragsha: Pueblo que se Resiste a la Contaminación
que Mitiga su Historia, Cultura y Tradiciones
llamada Witococha, hoy desaparecida. De la parte superior se podía observar las lagunas de
Quiulacocha y Shucupunta, a través del campo verde que como un manto cubría los suelos
de esta parte. ¡Qué diferencia a lo de ahora!, que sólo se pueden observar desmontes de
mineral desde cualquier ángulo que se miran; de consuelo se ve el CETPRO donde se forman
los paragshinos para un futuro mejor. El campo de fulbito es muy atractivo y adecuado para
la niñez que practica el deporte, lamentablemente este espacio se encuentra cercado por
desmontes de mineral, dando lugar a que sus habitantes respiren aire contaminado.
h. Calle Carrión
Es otra de las principales calles de Paragsha. En ésta se encuentra ubicado el palacio
municipal y entre esta edificación y la calle Tarma está ubicada la iglesia católica que
es el lugar santo donde se venera al Señor de Exaltación. Esta calle se caracteriza por ser
preferentemente comercial.
i. Avenida El Minero
Esta es una de las avenidas de reciente creación y es prácticamente la divisoria entre
Paragsha y el Asentamiento Humano ([Link].) José Carlos Mariátegui. Es muy transitada
por peatones y vehículos que van y vienen entre Paragsha y San Juan, siendo además la vía
principal hacia la quebrada de Chaupihuaranga.
j. Óvalo de Paragsha
El óvalo, cuya arquitectura es muy atrayente por las manos rompiendo cadenas, es
un proyecto que simboliza –desde su concepción arquitectónica– LIBERTAD. Libertad
de la esclavitud y explotación minera. Asimismo subyace en su significación el trabajo
y laboriosidad de los paragshinos. Por mezquindad política la construcción inicial fue
cambiada; en el primer diseño, las manos obreras rompían cadenas y sostenían una lámpara
de carburo, como queriendo poner límite al avance del tajo abierto hacia Paragsha, mientras
que el segundo diseño tiene encadenada las manos. Entonces… ¿quién habrá diseñado esta
segunda construcción?, ¿quién se habrá llevado la lámpara de carburo?, ¿no serán los de
la empresa minera o sí?, ¿qué dirá a esto Eduardo Carhuaricra Meza? Particularmente el
primero tenía un buen significado.
INSTITUCIONES EDUCATIVAS
Institución Educativa N° 34033
En 1960 los directivos de la Cerro de Pasco Cooper Corporation, separan de la Escuela
Fiscalizada “San Andrés” de Paragsha, a todos los niños cuyos padres no trabajaban para
la empresa norteamericana. En una rápida acción y desprendimiento de los paragshinos,
acondicionan un ambiente en la casa del señor Alejandro Mendoza, para que los niños
marginados y privados de este derecho elemental puedan seguir estudiando. De esta manera
se funda la Escuela Particular Mixta “Señor de Exaltación”.
En 1960 se instituyen la Escuela Fiscal de Mujeres N° 5018 y la Escuela Fiscal de
Varones N° 5017, ambas funcionarán en la planta A y planta B, respectivamente. En 1971
mediante Resolución Directoral Zonal N° 0271 de fecha 15 de junio, se funda la Escuela
Primaria de Menores N° 34033 de Paragsha, institución que alberga en sus aulas a niños
de ambos sexos.
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
PARAGSHA EN LA HISTORIA
Paragsha, en la actualidad es un centro de intensa actividad. Fue creciendo gracias al
empuje y laboriosidad de su gente. Sus remodeladas calles y viviendas están acorde con la
modernidad. Funcionan en su seno: cinco instituciones educativas, un CETPRO, un puesto
de salud, un mercado de abastecimiento, un coliseo cerrado, un puesto de auxilio de la PNP,
un estadio deportivo, y una cochera municipal. Además cuenta con un serenazgo que brinda
seguridad a la ciudadanía.
Paragsha se ubica en la parte suroeste de Cerro de Pasco, jurisdiccionalmente pertenece
al distrito de Simón Bolívar, provincia y departamento de Pasco. Se encuentra a una altitud
de 4338 m.s.n.m.
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Paragsha: Pueblo que se Resiste a la Contaminación
que Mitiga su Historia, Cultura y Tradiciones
Limita por el Este con el tajo Raúl Rojas y el distrito de Chaupimarca; por el Oeste con el
AA. HH. José Carlos Mariátegui; por el Norte con el [Link]. José Carlos Mariátegui y AA.
HH. 27 de noviembre; y, por el Sur con Stock Piles de la minera y comunidad de Rancas.
Su jurisdicción consta de dos avenidas, siete calles, tres pasajes y un campamento cuya
propiedad corresponde a la empresa minera; es decir goza de una planificación urbanística
desde su creación.
Los agentes y sectores productivos como comerciantes, profesionales, empleados públicos,
empresarios, intelectuales y obreros, conviven en armonía, haciendo de estas relaciones muy
fructíferas para la prosperidad de este decidido pueblo.
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
Norma Callupe Ramírez “El milagro de Tayta Icsha”, Cilo Rojas Peña “Silencioso coloquio
con el Señor de Exaltación”, e indudablemente el maestro César Pérez Arauco con su leyenda
“Tayta Icsha, el milagroso”.
Mencionar además a personalidades que gobernaron e hicieron que su pueblo se encamine
por la senda del desarrollo, a don Severo Aguilar Hurtado fundador de la I.E. N° 5017 en
el año de 1959. También hacer reminiscencia de don Pascual Aguilar, Celso Curi Santiago,
Eduardo Carhuaricra Meza, Justiniano Prado Vásquez, Víctor Carbajal Marcelo.
También hacer memoria del liderazgo de los alcaldes que tutelaron los destinos de
Paragsha: Ing. Julián Ramírez Rivera en el periodo 1982–1984, Sr. Gabriel Janampa Carbajal
en el periodo 1985–1987, Sr. Clemente de la Cruz Santiago, en el periodo 1988–1989, Lic.
Venancio Cornelio Mauricio en el periodo 1990–1992, Sr. Luis Aguilar Espinoza en el periodo
1993–1995, Sr. Gerardo Castañeda Carhuas en el periodo 1996–1998, Lic. Celestino Ureta
Atachagua en los periodos 1999–2002 y 2003–2006, Ing. Jaime Atencio Curi en el periodo
2007–2010, y el Sr. Klinton Zúñiga Cristóbal en el periodo 2011–2014.
SEÑOR DE EXALTACIÓN
Según las investigaciones que he realizado, en el ámbito de Paragsha y Cerro de Pasco,
buscando y auscultando, la historia no registra quién trajo la imagen del Señor de Exaltación
al Perú, pero sí se asegura que llegó conjuntamente con las demás imágenes que trajeron
los españoles, desembarcándolo en el puerto del Callao y de allí a los lugares designados
previamente por éstos.
Lo que se sabe es que la imagen del Señor de Exaltación llegó a la primera y única iglesia
que existía en Cerro de Pasco, la iglesia Santa Rosa, ubicada en el corazón de la ciudad. Allí
fue venerada por los primeros devotos cerreños, hasta que nuevamente la expansión de las
minas, forzó la destrucción y abandono de las casas cercanas a esta iglesia, pero la iglesia
seguía en pie resistiendo el descomunal avance de la minería. Todos los dueños de las minas
tenían miedo de enfrentarse con la iglesia y con Dios, que protegía a la población cerreña,
hasta que lo abandonaron a su suerte. Andando el tiempo, los feligreses y devotos no podían
llegar al lugar, porque se topaban con los nuevos boquerones que se habría y el temor a los
dueños de estos terrenos.
Solamente el tiempo, esta vez aliado de los explotadores, pudo deteriorar la iglesia Santa
Rosa, pero nadie movía las pocas pertenencias que allí habían quedado.
En el artículo “Reencuentro con la historia” escrito por don Atilio Córdova Reyes, se da
cuenta de cómo la imagen del Señor de Exaltación fue rescatada de la iglesia Santa Rosa y
llevada hasta la iglesia de Yanacancha:
“Era el año de 1911, un invierno de ese entonces. Las tormentas eléctricas erizaban los
cabellos, la caída de nieve tupida cubría de blanco la ciudad andina, vistiéndola de novia
inmaculada en sus virginales encantos, arrullado por el silbido del ichu permitía reflejar en
sus lagunas azules la prodigiosa creación divina, pues en sus entrañas guardaba un gran
potencial de riqueza minera que luego sería su desgracia. Sin piedad y a mansalva tomaron
lo nuestro, desgarraron las entrañas de la madre tierra, nuestra riqueza satisfizo ambiciones.
Era el invierno de ese año, aquella mañana don Máximo Córdova Dextre estaba distraído,
de momento a momento tomaba un sorbo de café, a ratos se ponía de pie, se frotaba las
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Paragsha: Pueblo que se Resiste a la Contaminación
que Mitiga su Historia, Cultura y Tradiciones
manos, su mirada era enigmática. Ruperta Espinoza, su esposa, lo veía muy preocupado, a
diferencia de otras mañanas lo notaba algo raro.
–Ruperta, he tenido un sueño –dice Máximo–, pero un sueño muy extraño, claro que las
otras noches también la tuve, pero la de esta noche ha sido muy fuerte para mí, y eso me
preocupa mucho. Soñaba que caminaba con mi finado padre por las inmediaciones del túnel
Rumiallana, nos encontrábamos con mis abuelos que llegaban de Ancash y me llamaban
la atención de un descuido de mi parte, pero que yo desconocía. De pronto me hallaba con
mi compadre Serafín Paitán con quien caminaba por Huascacocha, Cayac, Siete Estufas y
Tambo Colorado. En ese lugar una voz desconocida me decía: ¡Cómo! ¿Hasta aquí nomás es
tu visita, acaso has olvidado que tu padre siempre me tuvo presente durante toda su vida?,
y si tus hermanos me están olvidando, tu responsabilidad es hacerte cargo de mí. ¿Hasta
cuándo me has de tener abandonado en la intemperie, sumido en el olvido, remojado en una
batea de agua, sin la consideración de este pueblo y también de tu indiferencia? Así desperté
sobresaltado del profundo sueño.
Con esa misma incertidumbre pasó algunas semanas, pero siempre en sus sueños,
el llamado estaba presente. Con esa preocupación relató este sueño a su amigo y vecino
Hermógenes Mandujano. El próximo en enterarse fue Hermenegildo Ticlavilca, también
vecino y amigo. Cuando los tres conversaban y trataban de descifrar el sueño, apareció el
comerciante español Santiago Gallo, quien al enterarse mostró su inquietud, porque no se
trataba de un sueño cualquiera, sino de un sueño extraño y con necesidad de interpretación.
Las cuatro personas, acordaron recorrer el camino del sueño: Huascacocha, Cayac, Siete
Estufas. Ya ubicados en Tambo Colorado, contemplaban las últimas casas que aún quedaban
en pie, buscando algún indicio que pudiera descifrar el sueño, mas todo era en vano.
Pasado aquellos momentos de incertidumbre deciden retirarse, pero alguien propone
seguir el periplo, y visitar la capilla de Santa Catalina, que también se encontraba por
esas inmediaciones, y como buenos católicos cerreños, elevaron sus plegarias pidiendo
iluminación al divino.
A paso lento, pero firme, llegaron a Peña Blanca. De pronto don Máximo se conmocionó,
le brillaban los ojos, expresaba el sentir de su espíritu, sus labios balbuceantes alcanzaron a
decir:
– “Allá es, si allá”.
Sus amigos no comprendían de momento lo que pasaba, pero resulta que ni él mismo lo
comprendía. Momentos después, ya más tranquilo los incitó visitar la vieja iglesia de Santa
Rosa. Con paso apresurado trataron de llegar lo más pronto posible, aunque la distancia era
realmente corta. Cruzando la casa de la familia Coz llegaron al atrio, la puerta principal se
hallaba cerrada, los aldabones corroídos por el óxido, el ichu había crecido desmesuradamente
cubriendo parte de la entrada principal. Todos murmuraban silenciosamente el abandono.
Sigilosamente caminaron por el derredor del templo, mayor fue la sorpresa cuando cerca del
altar mayor vieron que la pared estaba derrumbada y había un boquete; en esa parte, el techo
de paja se había debilitado. Ante tal eventualidad, don Máximo trepó la pared para divisar
la parte interior, su sorpresa fue enorme, los altares estaban destruidos por la intemperie,
y al girar la cabeza al lado derecho su visión le causó asombro, caído en el piso en medio
de un charco de agua yacía la imagen de un Cristo Crucificado, de inmediato alertó a sus
amigos, quienes de prisa también treparon la pared para contemplar el cuadro. Dolido en su
fe, Máximo se puso a llorar diciendo:
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
–¡Señor! ¿Por qué no me revelaste antes?, ¿por qué?, desde mis padres siempre te hemos
venerado.
Contagiados por ese sentimiento, los acompañantes también doblaron las rodillas y
musitaron sus oraciones. Ya puestos de pie y bastante reflexivos dijeron:
–¡Máximo! En tus sueños el Señor te estaba hablando y hoy se ha cumplido, gracias por
confiar en nosotros –, a lo que él replicó diciendo:
–Señor no te quedarás aquí, si me designaste por medio de mis sueños, nosotros te
pondremos a buen recaudo.
Era un viernes de la segunda semana de octubre. Ahora planificaban qué hacer. Primero
adecuaron al crucificado en un lugar donde la intemperie no lo siga dañando, y como la
iglesia estaba abandonada pensaban dónde reubicarlo a futuro. Se fueron contentos con el
compromiso de buscar a la brevedad, un lugar que garantizara la permanencia de la imagen.
Pasado los días comunicaron lo sucedido a don Serafín Paitán, quien mostró su asombro,
porque la imagen que habían encontrado era del Señor de Exaltación. Ahora el compromiso
era rescatar la imagen, previa coordinación con el guardaculto de la iglesia Nuestra Señora
del Rosario ante cualquier eventualidad.
Un día sábado, reunidos Máximo, Hermógenes, Hermenegildo y Santiago deciden
rescatar la imagen. Tomaron sus precauciones y cuando se dirigían al templo, los sorprendió
una nevada persistente, por lo que desistieron, acordando volver el día siguiente. El domingo,
muy de mañana, los cuatro tomaron la ruta, el medio estaba en silencio, no había ninguna
persona en las calles. A la voz de hoy o nunca treparon las paredes del templo y tomaron la
imagen cubriéndola y lo sustrajeron; nerviosos pero seguros de la protección divina, no en
vano habían tenido la revelación. Se encaminaron luego a la Iglesia de Yanacancha, y con el
permiso de don Serafín Paitán, la imagen del Señor de Exaltación quedó alojada.
La ciudadanía, enterada del traslado de la imagen, no se mostró disconforme, antes bien
alabaron el hecho de tal noble actitud. Las felicitaciones de todos los paragshinos, que por
entonces vivían, fueron inmediatas. El lugar donde permanecería por siempre, la imagen del
Señor de Exaltación, sería Paragsha”.
Posteriormente, los mismos amigos que rescataron la imagen del Señor de Exaltación y lo
llevaron a la iglesia de Yanacancha, lo trajeron a su querido Paragsha.
Se deduce que en señal de gratitud, y por devoción, el comerciante español Santiago
Gallo, uno de los cuatro que rescató la imagen del Señor de Exaltación, donó el altar mayor
en el año de 1912, es por ello que en dicho altar aparecen las siglas “S.G.”
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Paragsha: Pueblo que se Resiste a la Contaminación
que Mitiga su Historia, Cultura y Tradiciones
encendían velas. Muchos viajeros recurrían al lugar antes de llegar a su destino, y rezaban
para que les vaya bien en el trayecto.
En pocos años la capilla, construida en la calle 28 de julio, quedaba muy pequeña, entonces
los pobladores deciden construir una nueva, entre las calles Carrión y Tarma.
La devoción creciente de los paragshinos hacía que se solicitara que las misas se realizaran
con mayor frecuencia y no en forma ocasional, entonces la diócesis de Tarma gestiona
para que el terreno donde se ubica la iglesia se reconozca mediante un título, logrando tal
propósito en el año de 1945. Este mismo año, se hace la remodelación y ampliación de la
iglesia; el Párroco Eduardo Falk y la hermana Carmela, guían los trabajos a través de faenas
comunales y casi todos los pobladores (hombres, mujeres y niños), se prestan con pico, lampa
y carretillas, para lograr este cometido.
Los devotos más fieles deciden darle mayor realce a esta religiosidad, la procesión del
Señor de Exaltación por las principales calles del barrio se hace frecuente; esta devoción
comienza a crecer y se hace más festivo, incluyendo danzantes y mayordomos. Así, la fe y la
tradición de este pueblo animoso fue creciendo.
GUARDIANES DE LA IGLESIA
Desde que se construyó la iglesia, entre la calle Carrión y Tarma, se designó a un fiel
devoto del Señor de Exaltación, para el cuidado de la iglesia y de las pertenencias que había
dentro de la misma.
Posterior a la remodelación y ampliación de la iglesia en el año de 1945, los devotos y
pobladores seguían contribuyendo y asistiendo a la iglesia y así resalte en sus días festivos.
Paralelo a esta devoción, las pertenencias de la iglesia aumentaban, y la vestimenta del Tayta
Icsha –confeccionada con gran devoción – se multiplicaba.
En el año 1964 el señor Juan Cristóbal Porras, Agente Municipal, entrega al señor Alberto
Sierra Crispín los enseres de la iglesia que le habían encomendado inicialmente, como
ornamentos, arcos, candelabros, campanillas, coronas, escapularios, delantales, sudarios,
pendones, la llave y otros bártulos; a partir de entonces, don Alberto asumía el cargo de
Quimichi. Su experiencia como miembro de la Tercera Orden Franciscana con sede en Lima
y con el apoyo de su esposa Maximiliana y toda su familia, facilita su nueva labor y lo hace
con mucha fe y devoción.
Este hombre ejemplar sirvió al Tayta Icsha hasta con la salud resquebrajada. Después de
muchos años, solicita su renuncia a las autoridades y al pueblo paragshino, quienes en una
asamblea no aceptan dicha dimisión.
En 1973 fallece el Sr. Alberto Sierra, dejando fortuitamente toda la responsabilidad a su
esposa Maximiliana Santiago Vargas, beata que asume la responsabilidad de Quimicha,
gracias a su experiencia desplegada al lado de su esposo.
En 1987 fallece la señora Maximiliana Santiago, y tras este lamentable deceso, las llaves
y ornamentos de la iglesia pasan al cuidado de sus hijas Felisa y Florentina Sierra Santiago,
fieles creyentes del Señor de Exaltación.
En 1988, ambas hermanas, entregan el cargo al Sr. Fortunato Espinoza Oscátegui, quien
también asume este reto. Él llega al centenario del Señor de Exaltación, cumpliendo tan noble
labor, y tan grande responsabilidad.
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
A estos fieles devotos, a estos héroes anónimos que se dignaron en ser los quimiches
desde la llegada del Tayta Icsha a Paragsha, la historia los tiene reservado un lugar, porque
ellos escribieron con su dedicación y fervor el más noble de los sentimientos, llevando la fe
del hombre a su grado más alto.
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Paragsha: Pueblo que se Resiste a la Contaminación
que Mitiga su Historia, Cultura y Tradiciones
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
BARRIO OBRERO
Paragsha, poco a poco se fue haciendo un pueblo cosmopolita, como ya lo era Cerro de
Pasco. La muchedumbre llegaba en número cada vez mayor provenientes de la quebrada de
Chaupihuaranga y de otros pueblos y ciudades del país atraídos por la riqueza y el trabajo
minero. En pocos años, Paragsha se había convertido en un barrio obrero, porque en esta
parte vivían y viven casi la mayoría de trabajadores que laboraban y laboran en las minas.
Era y es típico ver todas las mañanas a hombres con botas de jebe y protector en la cabeza
dirigiéndose a trabajar. Es como un desfile de hombres valerosos marchando a la guerra, a
enfrentarse a la naturaleza, a sacarle a la roca su más grande tesoro, riqueza que sólo alcanza
a los dueños y no verdaderamente a los que lo trabajan o producen, realidad que se mantiene
hasta ahora.
Estos mineros valen un Perú, sólo que hoy, como dijo Carlos Marx: “El obrero tiene más
hambre de derechos que de pan”.
Las mujeres también “desfilan” a diario, pero con sus viandas en la mano llevando el
almuerzo para sus esposos y/o familiares. A las diez y treinta minutos exactamente “todas”
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Paragsha: Pueblo que se Resiste a la Contaminación
que Mitiga su Historia, Cultura y Tradiciones
se dirigen al portón de la minera, con los alimentos para reponer la energía de los hombres
forjadores de la patria.
Desde las dos y treinta de la tarde, nuevamente el desfile de los mineros se hace notorio,
es la segunda guardia que ingresa al trabajo. Pasado las tres de la tarde los mineros de la
guardia saliente, con portaviandas en mano, salen triunfantes –como volviendo a la vida–
con dirección a sus hogares, pero muchos se quedan en las cantinas y bares a adormecer
sus realidades, sabiendo que poco a poco el humo que inhalan en el subsuelo, los músculos
desgastados, y la sangre que se amarilla por la explotación, ya son notorios al paso de los
años.
MEDIO AMBIENTE
Hablar resumidamente de la historia de Paragsha, es hablar de un pueblo que se resiste
al avance del tajo abierto, que paulatinamente se agranda modificándola cada día. Sólo me
limito a pensar cómo se habría iniciado el progreso o destrucción de Cerro de Pasco y sus
barrios. Pero en todo este proceso histórico oscuro, estaban nuestras autoridades, nuestros
padres que se confabularon con la minera. ¿Dónde están actualmente aquellas autoridades
que gobernaron Pasco, acaso en la ciudad luchando por sobrevivir, con este aire contaminado,
con el agua industrial que llega a sus hogares y con los suelos de desmontes que no dejan
siquiera jugar a los niños en una tarde familiar?
Hagamos estadística simple. Todos los que nos gobernaron, sólo algunos por no decir
nadie, no viven en Cerro de Pasco. Ahora, residen en otras ciudades muy cómodamente,
pero en su conciencia quedará la traición a un pueblo que les confió su destino.
Los yanquis explotadores, desde que se alojaron en esta ciudad, “fundaron” entre otros,
dos barrios con el relleno de sus desmontes. Como no hubo reclamo alguno, siguieron a
lo largo de los años convirtiendo nuestro suelo de lo verde que era, a lo rojizo, plomo o
negro. El aire fresco que se respiraba se trocó a un aire más pesado. Los pantanos y lagunas
que existían, fueron transformados en canchas de relave y desmonte de mineral. En cada
amanecer paragshino, ya no cantaban los pajaritos en los techos de paja de las casas, y el
aroma de las flores amarillas, había desaparecido para siempre.
Así se comenzaron a levantar los cerros artificiales, mientras un cráter cada vez más
grande y profunda se formaba en el mismo corazón de la ciudad. En el año 1965, la Planta
Concentradora de Paragsha, vaya nombre, fue ampliada debido a la proyección del tajo
abierto, a tal extremo que el sesenta por ciento del mineral provenía de este espacio de
explotación, y sólo el cuarenta por ciento procedía de la mina Lourdes. La ampliación de esta
concentradora, cercana a la población de Paragsha, se hizo por dos razones fundamentales;
primero, por encontrarse a una corta distancia de la torre principal de Lourdes, y segundo
para disminuir al mínimo los problemas de administración y transporte, ya que la antigua
planta de Quiulacocha era completamente inadecuada.
Si tan sólo la minera, a través de la historia, no hubiera botado el desmonte de sus
minerales en los alrededores de Paragsha, otro sería el panorama; nosotros seguiríamos
tomando agua de los manantiales cristalinos, y los espacios de recreación o simplemente
los campos verdes serían el lugar perfecto para ir de paseo por lo menos en semana santa.
Pero no, no lo quisieron así, nos contaminaron hasta el último rincón. Los pobladores de este
lugar –al asomarse a sus ventanas– sólo ven destrucción y contaminación; los hijos, sobrinos
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
y nietos ya tienen plomo en la sangre; y aunque la ciencia haya avanzado, haría poco en esta
parte del planeta.
Nunca se tuvo en cuenta las consecuencias de construir y botar los desperdicios de lo
que producían cerca a poblaciones que se formaban a su alrededor; no tuvieron el mínimo
reparo de ver más allá de sus narices, que sus trabajadores, aquellos humildes pobladores
que a pesar de ser los más afectados, los hacían enriquecer. La explotación del hombre por el
hombre había llegado a su máxima expresión en esta parte del país, y nadie –salvo honrosas
excepciones– se levantó con el pueblo a reclamar sus derechos. Cómo extraño a Valentín
López Espíritu con su orden y firmeza, ninguno como él quien surgió del seno del pueblo,
de entre los jóvenes que se hacían hombres, de entre los estudiantes y campesinos surgió
nuestro Valentín, vale Valentín, que es el símbolo de aquellos hombres extraordinarios. De
seguro que él nos hubiera hecho respetar; Dios ¿por qué te lo llevaste?, con esta pérdida quizá
la minera ríe, pero todo un pueblo llora.
El único paisaje que se puede apreciar en Paragsha, desde todos los ángulos, es el desmonte
de mineral, así se tenga que cavar por algún motivo, en cualquiera espacio del territorio
paragshino, encontrará restos de mineral; cuando se está respirando “aire fresco”, es porque
se tiene un balón de oxígeno al lado, porque si no, usted está respirando aire contaminado.
El agua que llega a las casas –sin excepción– es industrial, o quién va a decir que es potable,
salvo aquellos confabulados con la minera. Y dónde están nuestros alcaldes, principalmente
de Simón Bolívar y de Paragsha. Hace años que una de las tuberías, la más grande en
diámetro, que pasa por el [Link]. José Carlos Mariátegui y Paragsha, y llega hasta la minera,
ya no transporta agua. ¿Quedó en el recuerdo o quedó como trofeo afectando el desarrollo
de todo un pueblo?
Las evidencias de la contaminación ambiental en todo Cerro de Pasco, Paragsha y demás
poblados que circunda la minera, saltan a la luz sin que se hiciera algún estudio preliminar o
toma de muestra alguna.
Si bien es cierto, la minería desde años atrás –así como trajo “desarrollo” en sus buenas
épocas–, también trajo destrucción y contaminación.
Hasta antes de 1996 sólo la minera tuvo en sus estadísticas la cruda realidad que ya se
vivía, pero nadie se daba cuenta. ¿Nadie?
El principal inconveniente en Paragsha es la contaminación generado por el desarrollo
de la actividad minera, además de los pasivos ambientales que circundan los límites de este
Centro Poblado.
La Resolución Ministerial N° 117-2012 que declaraba en emergencia ambiental roja a las
localidades de Champamarca, Quiulacocha, Paragsha y AA. HH. José Carlos Mariátegui,
situadas en el distrito de Simón Bolívar, después de 90 días de su emisión, sólo quedó como
una mera estadística. Ante algunos reclamos se amplió dicha emergencia ambiental, pero
solo se amplió para seguir engañando a la gente, quizá confabulado por las autoridades.
A todo ello ¿qué se logró?, ¿hay menos suelos contaminados?, ¿se disminuyó el plomo en
sangre de los niños que son los principales afectados?, ¿se bebe agua potable?, ¿se respira
aire sin contaminación?, ¿acaso con el pavimentado de algunas calles se resarcirá todo lo
afectado? NO, y otra vez nuestras autoridades callan, como siempre lo hicieron.
En el año 1996 el Centro de Información y Control Toxicológico (CICOTOX) de la Facultad
de Farmacia y Bioquímica de la UNMSM, realizó el “Estudio sobre niveles de plomo en la
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Paragsha: Pueblo que se Resiste a la Contaminación
que Mitiga su Historia, Cultura y Tradiciones
sangre”, y en 1999 la DIGESA Pasco hizo lo mismo con el “Estudio de plomo en sangre en
todo el ámbito de Cerro de Pasco”, ambos estudios duermen el sueño de los justos.
El 2002, el Centro de Cultura Popular Labor, el Instituto Nacional de Salud Ocupacional
y el Instituto Nacional de Protección del Medio Ambiente para la Salud, realizaron el estudio
“Determinación de efectos adversos sobre órganos blancos en poblaciones expuestas a
emisiones de plomo”. El 2007 el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades CDC–
NCEH, OPS-MINSA, DIGESA, DIRESA Pasco, realizaron el estudio “Exposición a metales
pesados en niños y mujeres en edad fértil” en el ámbito de Pasco. El 2009 los profesionales
de la Escuela Médica de la Universidad de Pisa Italia y el Centro de Cultura Popular Labor
investigaron la “Contaminación de minerales en las personas cercanas a la actividad minera”.
¿Qué estudios más vendrán?
Pasarán 09 años más y la estadística seguirá creciendo como siempre. Muchos cumplirán
90 años y lo único que lograron es ser parte de la estadística, mientras la destrucción y
contaminación seguirá creciendo, al Plan “L” le seguirán otros planes, y nuestros niños se
seguirán contaminando, al igual que sus padres y abuelos.
Y la minera sigue depredando parte del territorio paragshino –por no decir todo–,
viene acrecentando más su cerco como antaño. Los paragshinos, hoy, ven la destrucción y
contaminación desde sus ventanas y en pocos años dicha hecatombe seguirá avanzando
descomunalmente sin que nada ni nadie lo detenga, inclusive llegará hasta la puerta de sus
viviendas. Es hora de actuar frente a estos atropellos, es hora de decir basta, cambiemos la
realidad para que el futuro sea diferente. Nuestras autoridades tienen la palabra.
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
Día 13
Es víspera de la festividad. El día se irrumpe con la llegada triunfal de las bandas y
orquestas contratadas por los mayordomos, quienes hacen su presentación acompañados
por los chunguinos, tunanteros y demás bailantes.
Ya entrada la noche, el 2012 año del centenario, la verbena popular llegó a su XXIII
celebración. Dicho evento culmina con la quema de varios castillos pirotécnicos y fuegos
artificiales, amenizada por las agrupaciones musicales de Paragsha y artistas que llegan de
otros lugares.
Día 14
La salva de 21 camaretazos da inicio al día central, los mayordomos ofrecen ponchada y
desayuno en sus domicilios a la población asistente.
La misa es el acto principal de dicha celebración, todos los devotos lugareños, de los barrios
de Cerro de Pasco y los que llegan de diferentes lugares del país, asisten al acto litúrgico,
para posteriormente salir en procesión por las principales calles de Paragsha. Al término del
mismo, se convoca a los devotos a seguir asumiendo la mayordomía para el año siguiente.
En horas de la tarde se siguen presentando artistas de renombre y que están en su
popularidad, quienes hacen bailar a “todos” hasta entrada la madrugada.
Día 15
En esta fecha, la salva de 21 camaretazos sigue irrumpiendo la ciudad que está festiva,
también se sigue llevando a cabo la misa, procesión al Santo Patrón, presentación de artistas
y mucho más.
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Paragsha: Pueblo que se Resiste a la Contaminación
que Mitiga su Historia, Cultura y Tradiciones
Los últimos días de la semana (22, 23 y 24), la festividad continúa con una misa en honor
a la Virgen Dolorosa y la procesión por las principales calles de la ciudad. La festividad llega
a su culminación con un cortamonte, torneo de cintas y jalapato.
En estos cien años de la llegada del Señor de Exaltación, un saludo a todos los que habitan
en Paragsha, que desde sus primeros habitantes fue, es y seguirá siendo un pueblo con una fe
inquebrantable, su tradición y cultura se hace cada vez más fuerte. Este centenario llega en el
momento de mayor auge de la conciencia y del espíritu de trabajo del pueblo.
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
Semana Santa porque Cristo dio su vida por todos nosotros y sería injusto que todo ello se
olvide poco a poco.
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BOSQUEJO HISTÓRICO
DE PARAGSHA
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
como en el interior, y se divide en capas o tablones, como les llaman los operarios. El grano de
este esquito es fino, de un color negruzco, muy duro, tiene partículas de mica y le atraviesan
indistintamente vetillas de pirita de hierro y cuarzo blanco”.(3)
“Hojosos de Pargas. Una información interesante de granito bien caracterizado, pero de
poca extensión, se encuentran en el alto de Pargas. Forma en ambas partes capas distintamente
estratificadas, reposando sobre un esquito negro hojoso en Pargas. El cuarzo es transparente
con fractura concoidea, el feldespato es blanco, ya en cristales grandes y bien determinados, ya
en pequeños constituyendo el fondo de la roca; la mica muy negra está en prismas hexaedros.
El granito no es muy fino, esta formación por todos aspectos es moderna y siempre se halla
en todas las cúspides de la cordillera. En Pargas le acompaña esta formación, por el norte, un
calcáreo compacto blanquizco, por el sur un esquito negro, y el gres por el este y el oeste; más
siguiendo su inclinación, viene hasta las Pampas de San Andrés, en las que se encuentran el
esquito negro sobre el cual yace probablemente. Este granito se descompone y pasa a una
roca granosa y blanca en la que abunda el cuarzo; en otros pedazos está el feldespato sin
indicios de mica ni tampoco de cuarzo. Los mineros emplean esta roca para las moledoras de
los ingenios, y entonces lleva el nombre de ala de mosca (alaymosca)”.(4)
En otra de las fuentes escritas. El nombre de Paragsha deviene de Paraccha, es en la
tercera cláusula de la minuta y testimonio de la escritura pública de compra y venta, de la
hacienda San Juan de Paria o simplemente Paria que dice: “Minuta:- Señor Notario. Sírvase
usted extender en su registro de escrituras públicas, una de compra-venta del fundo “San Juan
de Paria”, que otorgamos de una parte, la Reverenda Madre Sor María Luisa de la Asunción,
Priora del Monasterio de Nazarenas Descalzas de esta ciudad, con el consentimiento de la
Comunidad que preside según consta del acta que se servirá usted insertar en dicha escritura,
habiendo dado la respectiva licencia el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo, la que
también insertará usted y con la intervención del Síndico del Monasterio, señor don Octavio
Ayúlo, que en señal de su aprobación firma esta minuta y firmará la escritura que va usted
a extender; y de la otra parte, “The Cerro de Pasco Mining Company”, representada por el
señor Alfredo W. Mc Cune, según el poder que se le tiene conferido y que insertará usted;
constando el referido contrato de las clausulas siguientes: (…). Cláusula Tercera.- El fundo
consta de una casa con seis habitaciones y una cocina, formadas todas de piedra con barro
y techadas de paja; una capilla destruida y sin techo; y las siguientes canchas de pastos, de
que ha estado en posesión hasta ahora por medio del último arrendatario: “The Peruvian
Corporation Limited” (…). Pichgacancha, Paraccha, Pucagaga, Pampacancha, Pariacancha,
Pucacocha, Pichoc, Pachaniay, Pitig o Pumacocha, Patacancha, (…)”.(5)
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
g. Don Valeriano Janampa Carbajal expresa: “Hace muchos años el barrio de Paragsha
era un campo verde lleno de pajonales y arbustos de quinuales, cristalinos puquiales
en donde los paragshinos lo utilizaban para el consumo humano y con ello lavaban
su vestimenta, su nombre del pueblo nace a consecuencia de Para-Para=flor amarilla;
Gasha=ranura”. (12)
h. Don Julio Salazar Campos comenta: “De Paraqsa, arbusto andino no identificado,
campo extenso con plantas de Paraqsa, hasta antes del siglo XVII”.(13)
Dentro de la admisión y discusión de los conceptos toponímicos de Paragsha, me adhiero
y me inclino por los fundamentos sustentados, como: Pargash de los anónimos pobladores
pasqueños y Pargas de Mariano Eduardo de Rivero y Ustaríz, respectivamente. Paragsha es
el nombre topónimo que ha provenido y a la vez ha devenido del hablar ágrafa wawashimi
(dialecto regional yarush), una de las variantes del hablar runashimi (kishwa general de los
andes sudamericanos).
Paragsha como nombre originario topónimo wawashimi, permanece hasta nuestros días y
difícilmente podría ser cambiado o sustituido por otra denominación; si alguna vez intentaran
cambiarla será para perder toda su identidad: cultural, social y académica, esta última basada
y sustentada en su vocación de costumbres, tradiciones y sus acervos innovadores.
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LOCALIDAD DE PARAGSHA
Una localidad es un lugar o pueblo, se dice lugar en cuanto este espacio está ocupado
por un conjunto de personas que forman un grupo humano y su colectividad; pueblo es el
conjunto de una población que su hábitat viene ocupando el espacio de una lugaridad o una
localidad.
Un lugar o pueblo es una localidad, viene a ser una parte integrante del Perú profundo, y a
cada una de ellas se les conoce como una Patria Chica, éstas tienen sus propias características
naturales como orografía o relieve terrestre, suelo y tierra, hidrografía, clima, recursos
naturales y en todas ellas está presente la contaminación ambiental.
Consecuente con nuestra deducción expresada, a continuación pasaremos a describir
cada una de las características naturales paragshinas, será de la manera más breve y a grosso
modo.
Orografía o relieve terrestre paragshino. Es una pequeña planicie o llanura de poca
extensión que ocupa un espacio natural de forma horizontal. Abarca una pequeña llanura
de noroeste a sur; por el lado noreste, comenzando en los botaderos de desmontes mineros
y de los residuos sólidos de municipales en la zona denominada Rumillana; por el lado sur,
atravesando por las pequeñas planicies de extensión territorial de San Andrés, Progreso,
Miraflores, La Cureña, La Docena, Buenos Aires y termina en la ex planta metalúrgica de
precipitado cobre-agua de mina en Champamarca.
Suelo y tierra paragshina. Se dice suelo y tierra a la parte superior y externa de la superficie
territorial, el suelo y la tierra paragshina se han formado de manera natural y en miles de años;
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Bosquejo Histórico de Paragsha 1826 - 2012
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
la actualidad hacen dos mil quinientos años de antigüedad, del que resultan las evidencias
más patéticas, como el tumi de oro, ídolos de oro, máscaras de oro, mantos cubiertos de oro.
En generalidad representan a las coronas de oro como collares, guantes, narigueras, cántaros,
vasos, etc., todos cubiertos de oro; asimismo las figuras humanas y las figuras zoomorfas
(felinos, zorros, aves, frutas, etc.) son de oro.
El tumi de Illimo, por ejemplo, es de oro puro macizo, adornado con turquesas y su peso
es de un kilogramo. Las máscaras de Illimo son de una sola pieza de oro puro laminado, su
peso de cada máscara alcanza a mil doscientos gramos. Todos los objetos de orfebrería de
Illimo son de oro puro macizo y laminado, arte de gran expresividad. La ciudad de Illimo
en la actualidad es un distrito, ubicado en la provincia y departamento de Lambayeque,
Perú.
Los metales nativos como el oro, la plata, el cobre y el estaño, fueron inicialmente
trabajados por procedimientos mecánicos, utilizando para tales efectos herramientas hechas
de piedra. Existe la explotación de oro en los departamentos de Cajamarca y Puno, lugares
donde se han encontrado herramientas primitivas para el laboreo minero, consistentes en los
cuernos durísimos de venado andino, huesos y maderas duras formadas a manera de cuñas,
palas y lampas hecho de hueso iliaco de venado y llama.
En Waiwaka (Andahuaylas/Apurímac), se ha descubierto material de oro laminado,
con sus correspondientes asociados a restos y cerámicas de las fases tempranas, se calcula
que estas piezas datan de unos mil seiscientos años a.C. En Malpaso (Lurín/Lima), se ha
encontrado piezas platinadas, se calcula que éstas datan de unos mil años a.C., es posible
que la aleación se produjo naturalmente; existen minerales de plata asociados con el cobre, el
plateado pudo haber sido otra casualidad, pues este material al laminarse, dejaba el cobre en
la superficie listo para oxidarse.
Los ejemplos de artefactos más antiguos de aleación de cobre con oro, se remonta a unos
ochocientos años a.C. y provienen de Chavín. La tecnología fue llevada a la perfección por
los Mochicas, entre los años cien a.C. y ochocientos años d.C. Es posible que el oro puro fuera
el primer metal que se fundía en el Periodo de Moche. En la zona de Tiwanaku, se obtienen
bronces estañosos a partir de mezclas de minerales oxidados de cobre y estaño; este adelanto
tecnológico los llevó a la obtención de los dos tipos de bronces: el estaño en el Altiplano y el
arsénico en la costa norte peruana. Los indicios arqueológicos en las dos zonas nos confirman
la presencia de un desarrollo de la actividad metalúrgica singular en el mundo, los antiguos
peruanos conocieron la tecnología más variada para obtener metales y aleaciones.
Hornos de fundición, como el crisol el cual está revestido de material refractario, muestran
un revestimiento completo o parcial con barro refractario. A partir del año mil a.C., la mayoría
de utensilios como los cinceles, herramientas agrícolas, agujas para coser o tejer se hacían de
bronce arsenical. No cabe duda que la metalurgia fue la actividad predominante en la cultura
Sipán (Lambayeque). (14)
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vigencia de más de nueve décadas, o sea formó parte del ordenamiento jurídico minero
republicano.
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llegaron a explotar las minas no metálicas de salinas, calinas, arcillas, sílices y arenas; llegaron
a extraer las minas metálicas como el oro, la plata y el cobre. La primera de las minas fue
explotada aplicando la tecnología propia de altura; la segunda de las minas escasamente fue
extraída en beneficio necesario de la sociedad comunitaria, de acuerdo a los requerimientos
del reino y señorío Yarush y de su Estado Teocrático.
El laboreo minero del antiguo Pasco, en ese trajín, fue de progresión en progresión y
arribó hacia la metalurgia y éste habría sido iniciado su operación por los mismos naturales
del lugar, entre los años de mil a mil dos de nuestra era. Las entrañas del territorio pasqueño,
por antonomasia son de asiento y de yacimiento metalífero y salífero desde la formación del
globo terrestre. El laboreo minero en el Pasco antiguo deviene desde la proto y prehistoria
humana en esta parte central y occidental de Sudamérica. Se habría iniciado su exploración
y extracción por los mismos oriundos de Pariahirka en el año mil dos de nuestra era, sin
interrupción alguna continuó por los expansionistas de las culturas Chavín, Wari, Yaruwilka
y luego por el mismo reino y señorío de los Yarush.
El reino y señorío Yarush, agrupaba a un conjunto de comunidades ayllus dedicados
a actividades distintas y diversas que cubrían sus propias necesidades; desde tiempos
muy remotos practicaron la actividad agrícola y ganadera, como ocupaciones esenciales
para la supervivencia en conjunto de ayllus; como complemento de dichas actividades,
incursionaron en la minería y metálica que posiblemente esta última actividad requería una
singular atención y dedicación exclusiva.
En este actuar, más con el impulso del reino o señorío y de su Estado Teocrático, el laboreo
minero antiguo habría iniciado a partir del año mil dos de nuestra era, su extracción fue tan
solo en escala reducida y racionada. Las etnias anteriores a los Yarush y propiamente los
mismos Yarush, exploraron y explotaron yacimientos metalíferos y salíferos, lo cual es de
tiempos inmemoriales y prehistóricos. Sin embargo, aprovechaban el oro, la plata y el cobre
para usos mágicos rituales y ornamentales. De la producción salífera se beneficiaban como
medio de cambio o trueque con otros reinos y señoríos, sus vecinos y circunvecinos.
No existe un inventario de todas las minas prehistóricas de los Yarush en la zona actual
de Pasco; sin embargo, teniendo en consideración nuestra aproximación sobre el caso, damos
la relación de algunas minas metálicas y salineras que se explotó en aquella época remota:
• “Huraq Pariahirka (Reino de Cerro Bajo-Cerro de Colquijirca = Villa de Pasco) más
conocido como Qulqihirka (Colquijirca), Tinyahirka (Cerro Tinyay), Tinyawarkuy
(Tinyahuarcu), Warawqaqa (Huaraucaca), Shakrahirka (Cerro de Cultivo) y
Rakuhirka (Cerro Racco).
• Hanaq Pariahirka (Reino de Cerro Alto-Cerro de Lauricocha = Cerro de Pasco)
lugares más conocidos como Yaurihirka (Cerro Puntiagudo), Yauripata (Planicie
Puntiaguda), Yauriqaqa (Montaña Puntiaguda), Yauriqucha (Laguna Puntiaguda)
y Ayaputu (Ayapoto).
• Shuquitampu (Chuquitambo-La Quinua, Yanacancha/Pasco).
• Yanakashi (Yanacachi, Ticlacayán/Pasco).
• Kashipukiu (Cachipuquio-Cachipozo, Cajas/Tarma).
• Kakash Kashi o Quchayuq (Cacash Cachi o Gochayuc, Óndores/Junín)”.(15)
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líquido que irriga la tierra y reverdecen los campos. Algunos son tragados por las grietas del
hielo que se abren sin aviso, otros solo desaparecen en el trayecto, lo cual significa que esta
travesía es un sacrificio de vida”.(16)
En las faldas del nevado Qulqipunku (Puerta de la plata), un grupo de numerosos de
Capac Qulla y Capac Chuchu practican sus rituales, todos estos grupos son de la nación
Paucartambo y son parte de la tradición ancestral de este peregrinaje.
Si bien la cruz es el símbolo del cristianismo y catolicismo, en tanto que es más venerada
por la iglesia católica romana, ésta es clavada en la superficie del apu Sinakara, con la cual
supuestamente la religión católica y la mitología andina disque están fusionando, con lo cual
la ceremonia se inicia de rodillas frente a la punta de Sinakara. Y a nuestras espaldas nos
contemplan las relucientes cumbres del Ausangate.
Tayta Ausanqati (Señor Engendra Seguido). El apu más venerado por los incas fue el
Ausanqati (Ausangate), padre de los espíritus de las montañas y tutelar de toda la región
del Cusco, allí a la sombra de los dioses convertidos en montañas; hoy se encuentra con el
solitario vuelo del cóndor en su mundo frágil y amenazado.
En las ceremonias se recorre los campos de ichu; se paga a la tierra con hojas de coca
masticado; en el trayecto se choca y se topa con un horizonte adornado por danzas de mil
colores, cientos de llamas, alpacas, vizcachas y vertiginosos picos y picachos de nevados.
Tayta Aqunkaqua (Señor Seguir Viviendo). El apu de Aqunkaqua (Aconcagua), es la
montaña más alta de Sudamérica, fue venerado por los incas venidos desde el Cusco para
otorgar ofrendas y sacrificios a los espíritus (apus) que moraban en sus montañas.
Tayta Wachayru (Señor Engendrante). En el distrito de Ulcumayo de la provincia de
Junín, se encuentra un centro poblado menor de nombre Wachayru (Huachayro), está a unos
veinticinco kilómetros de la capital de este distrito.
En el paraje de nombre cerro Piltay (hay que trenzar), se aprecia un impresionante perfil
del rostro de Cristo crucificado, cuando uno se fija detenidamente pareciera como si fuera
una obra tallada por la mano del hombre en la roca; pero a ciencia cierta no es la mano de
ningún escultor humano, sino ha sido formado por obra de la naturaleza, más conocido como
capricho de la naturaleza. No obstante, es la obra y el arte de la madre naturaleza, al cual el
rito y la fantasía natural rompen con toda la regla religiosa cristiana católica.
Tayta Chakana (Señor de las Cruces). El señor de las cruces se celebra todo el mes de
mayo; es decir, este mes se venera culto a las cruces de mayo. Durante este mes los párrocos
y los sacerdotes exhortan a los feligreses que estas fiestas no deben constituir en un desvió
de la fe católica, sino debe ser una manifestación de amor al madero donde murió Jesús el
crucificado.
Los datos históricos de los pueblos precolombinos y prehispánicos andinos, sobre su culto
ritual de religiosidad poco o casi nada se conoce, ejemplos de la preincaica e incaica son
bastante incompletos; no obstante este culto estaba ligado íntimamente al tipo de economía
que practicaban y desarrollaban en la actividad ocupacional cotidiana.
Para el conocimiento del caso, me remito a suponer y deducir con más afectividad
y vehemencia, las versiones legendarias de los dioses tutelares andinos ubicados en el
centro oriental del norte peruano/ sudamericano, describimos tres dioses tutelares que
representaban a las riquezas naturales del mundo andino sudamericano.
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del hombre como el maíz, papa, oca, ulluco, mashwa, maka, kinua, kiwicha, tarwi/chocho,
habas, alverjas, calabaza, zapallo, yuca, (…)”.(17)
La diosa Mama Raywana que representaba ser la reina de la riqueza vegetal, en honor
a su hijo que ha sido matado, descuartizado en pedacitos y enterrado en distintos lares y
confines por la variedad de aves, fue a saber que todas las plantas comestibles son sus hijos;
por eso a ella le pedimos las semillas de las plantas comestibles para la sobrevivencia del
hombre y pedirle lluvias que caigan para que sigan produciendo las sementeras.
A ella debemos rendirle pleitesía con toda reverencia y entrega, dando las gracias
en agradecimiento por las riquezas agrícolas del que el hombre recibe diariamente su
manutención; hoy por ella se hace la veneración con ceremonias de prácticas rituales
ancestrales, con la participación festiva de cantos y danzas en los días cercanos de la siembra
y de la cosecha de las plantas comestibles.
El Dios Raku. “La población originaria de la región centro andino alto, se dedicaban y se
dedican a la actividad ganadera, tenían y tienen nombres despectivos, como de laquakuna
(llacuases) y wariquna (huarizos), la economía de ellos giraba y gira primordialmente
entorno a la caza y la ganadería; razón por el cual estaban ocupados en el pastoreo, cuidado
y recría de los animales oriundos sudamericanos, como la llama, la alpaca, la vicuña, la
taruka, el huanaku, el luishu, el cuy, (…) y de los que recibían y reciben consiguientemente
los beneficios para su alimentación cotidiana.
Su deidad divina del dios Raku estaba constituido por el dios Libiac hijo del Rayu (rayo),
se ubicada y se ubica en la parte más alta del Rakuhirka (Cerro Racco); en el citado cerro
había y hay un lugar y espacio mágico y mítico para adorar y venerar a dicho dios, se hacía
el acto propiciatorio hasta recibir y percibir las impresiones y emociones internas y externas,
o sea hasta que se manifiesten los fenómenos meteorológicos provenientes del sideral celeste,
como es el rayo, trueno, relámpago y las tempestades.
Es cuando los llacuases y los huarizos decían que ellos eran descendientes y procedían
del Raju (nevada) y del Rayu (rayo). Los fenómenos atmosféricos habían aparecido en
una hoyada junto al Rakuhirka, cuyo lugar de aparición/pacarina lo tenían por sagrado y
lo denominaban, como si fuese sus recintos de origen y límites a Rakuqaqa (Raccogaga),
Warauqaqa (Huaraugaga), Wachuwaqaqa (Huachhuagaga), Ninaqaqa (Ninagaga),
Yauriqaqa (Yaurigaga), Pariaqaqa (Pariagaga), Titiqaqa (Titigaga), (…)”.(18)
El Dios Tumay Rurimpa. Las partes más altas de los cerros andinos, eran consideradas
como moradas y santuarios naturales; sus parajes y páramos eran los espacios del dios Tumay
Rurimpa y éste representaba a hirkakuna (cerros), como fueron: Patar, Alquwanushqa,
Wankapukru, Mesapata, Areñilpata, Ayaputu, Parqash, Kankaymayu, Shuku, Uliachín,
Yanamati, Liunqasha, Cruz Blanca, Peña Blanca, Piedras Gordas, (…).
Desde los cerros mencionados el dios Tumay Rurimpa hacía sentir, presentir e impartía su
poder y su señorío natural a toda la zona minera de Cerro de Pasco, la población natural del
lugar hacía pleitesía y la veneración pertinente que consistía en saludar a los cerros andinos
sin prendas en las cabeza, enseguida hacían entrega de ofrendas que llevaban, en señal de
sumisión y alzando las manos, antes que éstas eran tocadas por algún sujeto u objeto.
Luego los sumisos venerantes, recién pedían su intención deseada que consistía en que
el dios Tumay Rurimpa les dejaría excavar la tierra y urdir los cerros hasta alcanzar la veta
metálica donde se hallaba y halla las preciosas rocas contenido de composiciones, como: oro,
plata, cobre, (…).
50
Bosquejo Histórico de Paragsha 1826 - 2012
“El dios Tumay Rurimpa a los venerantes fieles y sinceros, quienes admiraban su poder y
señorío natural, les manifestaba directamente revelando en sus sueños y les decía en su habla
originaria dialectal de la zona: Shapay kimsa hunan apamunqi mamakukata taytaaswata i
churiiskuta (cada tres días vas traer a madrecoca, a padrechicha e hijocal)”.(19)
Nuestros ancestros pre incas e incas se comunicaban con el dios Tumay Rurimpa mediante
revelaciones, resultados de los ritos mágicos y míticos de veneración y pleitesía, es que los
antiguos mineros que obrajeaban en el interior de la mina subsuelo nunca conocieron los
destinos malignos, como los accidentes fatales, graves, ni siquiera accidentes leves.
Empero con el arribo de los invasores españoles, se dio nuevamente por reiniciado el
laboreo minero en la zona de Pasco, en esta labor de obrajero colonial se llegó a emplear
hombres nativos hasta ser convertidos en el estado inhumano e infrahumano, privándoles de
adorar, rendir pleitesía y comentar sobre el dios Tumay Rurimpa, es por lo que se produjo y
producía frecuentemente derrumbes, inundaciones, suscitándose innumerables accidentes
fatales y totales, en las que perecían los miles y miles de vidas humanas nativas en el interior
de la mina subsuelo.
Las minas trabajadas al mando y dirección técnica de los invasores españoles, fueron
laboradas y hechas en una inmensa zona subterránea, presentándose con cientos de huecos
y recovecos sin seguridad, higiene y sin protección alguna, espacios entrecruzados en las que
trabajaban los humildes y modestos tupus, hapiris (topos, japires); éstos transitaban en el
interior de la mina a toda prisa de un lugar a otro, mediante rampas y galerías. En las partes
más profundas de estas minas se comunicaban abismalmente con el mundo de aguas negras,
donde habitaban y moraban los seres desconocidos, los llamados fenómenos fantasmales.
“Posteriormente en el año de 1758, en la zona de Cerro de Pasco en la parte alta del lado
este de la ciudad, los trabajos mineros se profundizaron con mayor intensidad, para el cual
solo se contaba con incipientes técnicas mecanizadas. Sin embargo, así quedó el socavón
minero en el año de 1780, el propietario de la mina durante los veintidós años obtuvo
ingentes beneficios económicos, pero esto fue con el apoyo y colaboración de los seres
fantasmales y con el dios Tumay Rurimpa.
Empero hubo incredulidad y descuido ante el dios Tumay Rurimpa, a consecuencia
del cual fue grande la sorpresa lo que sucedió en el interior de la mina subsuelo, por la
incredulidad en los momentos desprevenidos; se cerraron las galerías, los frontones y las
rectas de la mina subterránea, se produjo en el interior de la mina el desplome total y fatal.
Hundiéndose todo el cono superficial de la mina y quedando para siempre sepultados,
cerca de medio millar de topos y japiris; a raíz de este total y fatal accidente la mina adoptó
el nombre de Mina Matagente, ésta en aquellas épocas fue el punto más rico y solvente de
los recursos mineros en Cerro de Pasco, así lo han confirmado en las últimas excavaciones y
redescubrimientos; en la actualidad los escombros que se han hundido y el casco superficial
de la mina están a la vista.
Como consecuencia del total y fatal derrumbe de 1780, ésta quedó en estado de
inexplotación, lugar donde quedaron sepultados cerca de medio millar de obrajeros mineros
sin haber sido rescatados”.(20)
Ahora y por siempre el espíritu de los sepultados han quedado impregnados, incrustados
y están presos por los fenómenos fantasmales; es por el cual al año una vez y en voz unísono,
claman su libertad desde las profundidades del mundo subterráneo, desde el mundo interior,
desde el mundo de la oscuridad y desde el mundo de los seres fantasmales.
51
Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
CITAS REFERENCIALES:
(1) 2010. Mariano Eduardo de Rivero y Ustaríz: “Memoria del Rico Mineral de Pasco”, Pp.
11-21. Segunda edición.
(2) Ob. Cit.
(3) Ob. Cit.
(4) Ob. Cit.
(5) 1903. Archivo General de la Nación: “Minuta y testimonio de compra-venta del fundo
San Juan de Paria”. Pp. 01-28.
(6) 1870-1970. Testimonios de anónimos pobladores pasqueños.
(7) 2010. Mariano Eduardo de Rivero y Ustaríz: “Memoria del Rico Mineral de Pasco”. Pp.
11-18. Segunda edición.
(8) 1903. Archivo General de la Nación: “Minuta y testimonio de compra-venta del fundo
San Juan de Paria”. Pp. 13-15.
(9) 2004. Gerardo Patiño López: “Cerro de Pasco Antiguo-nomenclatura de sus calles”. Pp.
146.
(10) 1984. César Pérez Arauco: “Pueblo Mártir y apuntes para la historia del Cerro de Pasco”.
Pp. 38.
(11) 1992. Héctor De la Torre Silvestre: “Huellas de mi tierra-Florilegio de cuentos andinos”.
Pp. 61-62.
(12) 2009. Valeriano Janampa Carbajal: “Brillo de identidad-Revista de acción social N° 2”.
Pp. 09.
(13) 2009. Julio Salazar Campos: “Toponímia de la cultura Yaro”. Pp. 95.
(14) 1995. Mario Samamé Boggio: “El Perú minero”. Tomo VI. Pp. 199-252.
(15) 2009. Juan Santiago Atencio: “Tayta Hirka, deidad de Pariahirka y orígenes del hombre
pasqueño”. Pp. 76-78.
(16) 2012. “Testimonios de los Ukukus – Pobladores de la nacionalidad Paucartambo-Cusco”.
(17) (…). Benjamín Gutiérrez Verástegui: “Lecturas huancas – Antología”. Pp. 11-12.
(18) 2007. Víctor Domínguez Condezo: “Yarush-Yachas/Visión Etno Cultural de Pasco y
Altipampa de Chinchaycocha”. Pp. 57-60.
(19) 1916-1988. Alejandro Lázaro Rojas: Testimonio del trabajador minero de la Cerro de Pasco
Cooper Corporation.
(20) 1956. Teodoro Del Valle Fernández: “Pasco: órgano de extensión cultural independiente”.
Pp. 06-07.
52
LOS CAMINOS ENTRE EL
MINERAL Y EL CIELO
Hace muchos años las plantas conocidas como “paragsha” emprendieron su huida, se
iban alejando cada día un poco más de los hombres; no sería porque ellos las utilizaran en
sus estufas como combustible para cocer sus alimentos o como sahumerios por su agradable
aroma, sería porque presentían que todo comenzaba a cambiar; pues la tierra crepitaba
debajo de sus raíces y el viento había aprendido a arrancarles su matiz, ellas tan inocentes,
incapaces de sospechar siquiera de alguien, nunca supieron por qué tuvieron que alejarse,
quizás la causa era el advenimiento de pobladores de los pueblos y departamentos que iban
llegando a esta parte del Perú en busca de trabajo en la Empresa Minera de Cerro de Pasco,
pero es más que seguro que no huyeron sino que fueron exterminadas por la contaminación
ambiental producida por la minería. De aquellas extintas antiguas pobladoras de los cerros
del actual centro poblado, sólo quedó su nombre con el cual fue bautizado este lugar ubicado
entre el cielo y el mineral, que antes de recibir como única herencia este nombre era conocido
como el Barrio Progreso.
Doña Francisca habría nacido en esta hermosa tierra gélida, coincidentemente con la
construcción del “pique Lourdes” (conocido también como el castillo de Lourdes) que
reemplazaría al “pique esperanza” por aquellos días del año 1927, en el lugar conocido por
los antiguos pobladores como “Yanaseniga”, llamado después “Champamarca Chica”, se
dice que se le llamaba así porque las viviendas estaban construidas de champa y piedra,
con techos de paja; años después sería conocido como “El barrio de Miraflores”. ¿Por qué
Miraflores? Porque se cuenta que hace mucho tiempo en el cerro donde “sobrevivió” este
barrio minero, era una pradera llena de forerillas amarillas, el tiempo pudo observar alguna
vez vestido al cerro de un traje floreado amarillo.
El barrio de Miraflores no era un lugar seguro, la abuela doña Francisca casi nunca
dejó salir a jugar a sus dos pequeños nietos solos a las calles; aun así estos reclamaran e
hicieran pataletas; cuando doña Francisca no tenía tiempo, había que esperar, era un lugar
donde los relaves de la Empresa Minera se deslizaban libremente por medio del barrio
desprendiendo olores fétidos, por grandes canales que apenas si estaban cubiertas por unas
mallas casi transparentes, que en lugares estaban a la intemperie, el peligro amenazaba; ella
pensaba, ¿qué pasaría si uno de los pequeños cae a algunos de los canales? Su desconfianza se
acrecentó, el atardecer en que “perla” un pequeño perro negro que resguardaba su vivienda
y que dormía en una casita de maderas y calaminas junto a la puerta, no retornó a la hora
de la cena; estuvieron llamándola un largo rato, le dejaron comida con la esperanza de que
retorne por la noche, pero a la mañana siguiente tampoco la hallaron; se pasaron aquel día
buscándola, muy cerca al comienzo de la noche divisaron su pequeño cuerpo casi sumergido
por completo en una zanja por donde se arrastraban los relaves. Doña Francisca habría de
haber contenido las lágrimas para que los pequeños no se contagien de su pena. “No llores
Marquito, cuando nos visite el tío Armando le vamos a decir que nos regale un cachorrito, vas
a ver que va a ser más bonito, la perlita ya estaba viejita”. Pero más tarde habría llorado sola
mientras trataba de sacar el cuerpo de su querida “perla” con el mango de una escoba vieja,
tardó mucho rato y cuando la miraban ocultaba sus lágrimas fingiendo que eran salpicaduras
de las aguas contaminadas que fluían por esos canales; en un momento con el cuerpo ya fuera
y mientras esperaba que se secara un poco, su mirada se habría impregnado en las mallas
del vecino culpable, levantando un puño que apretujaba cada vez más, habría enmudecido
por no lanzar injurias, sintió ganas de ingresar a “la Empresa” e ir a quejarse a alguna de
sus oficinas, ¿pero qué les iba a importar a ellos la vida de un perro?, si sabían bien que
todos los pobladores corrían peligro pero nunca hicieron nada. Aquella noche escondió el
cuerpecito inerte, en la casita desde la cual “vigilaba” su hogar, y muy de mañana para que
54
Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
sus pequeños nietecitos no tuvieran la mala experiencia de volver a verla sin vida, la colocó
dentro de un “costal de arroz” y caminó buscando un lugar donde sepultarla, pero ¿dónde
podría hacerlo?, si por donde miraba estaba cubierto de mineral verdoso, todo el camino que
llevaba a Chaupimarca y más aún el camino hacia Paragsha y San juan; tendría que caminar
mucho por los cerros que observan a Paragsha camino arriba, pero como toda mujer cerreña
no había nada que la detuviera, quizás impulsada por el dolor no le importó el peso de su
costal ni la pala que llevaba; caminó casi hasta la cumbre de un cerro donde tropezó con una
cueva que ella miró con respeto, porque había aprendido bien que esos lugares eran habitados
por “el abuelo”, no se podía ingresar allí; cualquiera que se atreviera sin su permiso, caería
enfermo y no existiría hospital que pudiera curarlo, a cierta distancia continuó su camino;
encontrándose aún más arriba, se acomodó el sombrero blanco que llevaba, giró un poco la
cabeza y notó que desde donde encontraba se podía apreciar al centro poblado de Paragsha
casi en su plenitud, más allá a San Juan y por el otro lado un poco más distante una pequeña
parte de Chaupimarca, pero lo que más resaltaba eran las instalaciones de la Empresa Minera
y el “tajo” un enorme agujero que lograba distanciar a todos los demás pueblos cercanos.
Pensó que aquel lugar era el indicado para dejar el cuerpecito de su pequeña “guardiana”
que traía en un costal apoyado en la espalda sobre su “pañolón” azul. Luego de un rato logró
hacer un agujero lo suficientemente grande el cual le sirvió de sepulcro a su muy querida
“perla”; luego de haberla colocado dentro y sepultado con la tierra procedente del agujero, se
sentó a contemplar los alrededores.
–Aquí estará bien –pensó– a ella le gustaba jugar mucho los días cuando el sol abrigaba.
Y entristeció un poco más, el “animalito” que acababa de sepultar era un regalo que sus
hijos le habían hecho la última vez que la visitaron, hacía ya muchos años de eso.
–Para que no nos extrañes, aquí te vamos a dejar a tu “hijito” negro –le habrían dicho la
tarde que retornaban a la capital de la República después de una breve visita.
–¿Qué sería de ellos? ¿Armandito seguiría estudiando y trabajando en aquel taller? Y
José… ¿estaría viviendo bien con su esposa?, seguramente les estaría yendo bien porque ya
no se acordaban de visitar, su padre casi no hablaba de ellos, pero ella nunca había dejado de
pensar en sus hijos, cada mañana al comenzar a limpiar la casa oraba frente a su estampita
del Señor de Exaltación, a quien le encargaba que los cuide y los lleve por el buen camino; le
encendía velas los días en que sus “dos traviesos” se le aparecían en sus sueños.
–Seguramente estarán pensando en mí, tendrán problemas o quizás están enfermos –
decía.
Pero las velas eran infaltables los días en que ellos cumplían años.
–¡Tayta Icsha, padrecito lindo, protégemelos! Que nada les pase, si algo ha de pasarles que
me pase a mí –clamaba.
Y se quedaba largo rato en silencio con la mirada en aquella imagen colocada en una
repisa, muy cerca de un reloj muy antiguo que parecía una casita con muchas avecillas por
todas partes, del cual se descolgaban dos cadena delgadas las cuales terminaban en una
especie de “mazorcas de metal”, de aquel reloj a cada hora se abría una pequeñísima puerta
para permitirle la salida a un pajarito muy pequeño que los niños miraban emocionados
escuchando su canto exacto.
El viento se puso más frio, pero la abuela doña Francisca no se alarmó, sólo juntó las
manos y ahora observaba a las instalaciones de la Empresa Minera que por aquel tiempo ya
55
Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
era conocida como “Centromin Perú S.A.”, “La Empresa” había cambiado de nombre muchas
veces pero no de corazón, seguía siendo la misma desde el comienzo que se remontaba muchos
años atrás, recordó las muchas historias que sus padres le habían relatado, de cómo siempre
“los dueños” de “la Empresa” habían hecho lo que querían y nadie los había escuchado; por
que las autoridades que supuestamente se encargarían de impartir justicia no eran de Cerro
de Pasco, los policías, los jueces, los gobernadores y demás, todos eran de lugares distantes,
expertos en tratar con indiferencia y altanería a los pobladores de la sierra, casi con un odio
natural y por si esto fuera poco estaban “los gringos” quienes no se juntaban con el pueblo
ni siquiera en los días de fiesta, porque estaban demasiado ocupados enriqueciéndose con el
trabajo de los obreros. Siempre las minas estuvieron ahí, todos los pobladores de Paragsha
trabajaban en ella, pero nadie se podía enriquecer como ellos, era tan ilógico, minas ricas en
minerales y el pueblo que trabajaba en ella siempre pobre como hasta el día de hoy, no se debe
olvidar que en la época de la invasión española al Imperio Incaico, traicionado y capturado
Atahualpa Inca ofreció tres cuartos llenos de riquezas a cambio de su libertad y que gran
parte de las dádivas de plata salieron desde las minas de este lugar. Existe también la leyenda
de un pastorcito que amenazado por el clima cerreño inconstante, en plena nevada y siendo
ya tarde, sin la posibilidad de retornar con su rebaño de ovejas a la hacienda de su patrón
se refugió en una cueva, donde para abrigarse hizo un cúmulo de piedras para hacer una
fogata, seguramente utilizó unas paragshas (arbustos) para formar y darle vida; al amanecer
descubrió que las piedras habían llorado lágrimas de plata y aquel pastorcito conocido sólo
como Huaricapcha, entregó su descubrimiento a su patrón un español encomendero, éste
al poco tiempo se hizo más rico y su nombre y sus posesiones quedaron enmarcados en la
historia, pero de aquel pastorcito no se sabe nada, seguramente siguió pobre hasta el final de
sus días. Todos eran de lugares muy distantes sería por eso que a este lugar lo verían sólo
como una opción de negocio o una forma de enriquecerse, no tendrían amor por estas tierras
ni mucho menos por sus habitantes porque les eran ajenos. Llenarse los bolsillos y retornar a
sus pueblos lo era todo para ellos.
Doña Francisca recordaba que su madre le comentó que por los días en que la Empresa
minera todavía conservaba el nombre de Cerro de Pasco Cooper Corporation, más o
menos por 1930, ante las exigencias de los pobladores del Barrio Progreso por contar con
el servicio de agua potable, en la calle “Cantolao” (hoy Huancavelica) “la Empresa” como
muestra de buena voluntad, puso una pileta entre casas de paredes de tapial con techos de
paja, en medio de la calle, para que todos pudieran utilizarla, pero los pocos que bebieron
de aquellas aguas enfermaron, porque el agua provenía de las minas y estaba contaminada,
jamás volvieron a hacer uso de ella. ¡Vaya buena voluntad! Los pobladores no necesitaban
de esos favores a medias, ellos siempre habían hecho el uso de los puquiales para tener
agua limpia. La naturaleza les daba de beber sin pedirles nada a cambio. Recordó también
que cierta tarde del año 1943, siendo ella aún muy joven, un presidente se había atrevido
a trepar hasta Cerro de Pasco, y más aún iba a llegar muy cerca de su barrio, pero él no
vendría a escuchar los pedidos de la población ni mucho menos para darles solución a sus
problemas. El excelentísimo Presidente de la República Manuel Prado, se hacía presente para
inaugurar “la planta concentradora de mineral de Paragsha” para aquellos tiempos una de
las más modernas de esta parte del continente. Sus padres no la dejaron siquiera acercarse a
las muchas muestras de cariño que le prepararon los vecinos con alegría como bienvenida.
Cuánto le hubiera gustado observar al hombre que gobernaba al país.
Sumergida ya en sus recuerdos, retornaron a su memoria aquellos lugares que visitaba,
“aprovechando el tiempo” y escapando de la soledad, “en la población antigua” donde su
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Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
hermana Marcela luego de haberse casado y haber vendido sus tierras y sus rebaños allá por
Yanahuanca, se había hecho de una propiedad muy grande donde residía junto a sus hijos
y nietos como una gran familia; se encontraba ubicada cerca al Jirón Diputación en la cual
existió la “Casa Carrión”, se le llamaba así al domicilio signado con el Nº 115 lugar donde
radicó el Mártir de la Medicina Peruana el Doctor Daniel Alcides Carrión García, sus paredes
blancas y sus techos rojizos se mostraban orgullosos. Muchas tardes de visita doña Francisca
y doña Marcela se perdían en interminables conversaciones, hasta que la radio se hizo
presente un día y con ella las “radionovelas”, los niños eran apartados de la sala mientras se
transmitían “ustedes tienen sus programas para niños los sábados” les habría dicho su madre
muy seria, pero los curiosos habrían de mirar a escondidas a las atentas oyentes, y cuando
eran sorprendidos eran amonestados. ¡Cuánta inocencia la de aquellos tiempos!
Habría también de recordar un marzo de carnavales, cuando se dirigía presurosa al
encuentro de su hermana mayor, un sábado por la tarde, pudo observar grupos que con
mucha alegría cantaban mulizas y huaynos en todos los barrios, parecía que el pueblo
entero estaba de fiesta, tenían mucho que celebrar porque a pesar de que eran parte de una
pequeña ciudad, la mayoría provenía de los pueblos y estancias cercanas y tenían un pasado
donde se celebraba “la herranza o tinya”, las celebraciones se daban en todas las estancias
cuando el patrón contaba sus ovejas, se reunía con sus pastores y les ofrecía mucha comida y
“aguardiente”, pintaban a los animales con anilina y les ponían cintas de colores en las orejas,
la música provenía de un tamborcito que se entremezclaba con las voces, creando una melodía
casi ceremonial y mística, interpretaban canciones carnavalescas sobrevivientes al tiempo, la
fiesta no estaba completa sin el licor que era ofrecido por los “padrinos” de los animales, la
alegría llegaba al desborde total cuando comenzaban a jugar con anilinas, con harina y hasta
el lodo era utilizado para cubrir el rostro o la indumentaria de los alegres celebrantes, esto
se realizaba entre los días domingos y los días miércoles. Doña Francisca contagiada de la
alegría de las calles, y ante la invitación de su hermana e impulsada por su curiosidad habría
de retornar al siguiente día, aquel domingo después de la hora del almuerzo se dirigió otra
vez al hogar de doña Marcela, esta vez venía acompañada de su esposo.
–¡Qué milagro don Manuel, seguramente esta tarde va a solear!
Saludó doña Marcela de manera picaresca.
–¡Claro, adonde yo voy siempre va la alegría! –contestó el visitante.
Después de una conversación amena se dirigieron hacia la plaza, exactamente al Jirón
Grau, era la calle principal donde se encontraba el monumento a Daniel Carrión lugar
donde se reunían las comparsas y todo el pueblo en general; ya se habían instalado muchas
carpas donde se podía saborear los diversos platos preparados por manos de las cerreñas
que ofrecían el charquicán, también los picarones que preferían los jóvenes, y los panes de
maíz salpicados de pequeñísimos caramelos de colores que atraían a los niños. No tardaron
mucho el encontrarse con la gente del pueblo que estaban vestidos de la forma más graciosa
posible, todos disfrazados e irreconocibles; por aquel día los trajes habituales eran guardados
para que los pobladores se vistieran de mineros con máscaras burlonas, diablos de todos los
colores corrían entre payasos, no faltaban los que vestían como alguno de sus personajes
preferidos del cine o de las revistas, don Manuel se entretuvo largo rato observando a un
hombre pequeño que parecía un minero rubio mal vestido pero él juraba que era “el muqui”,
éste danzaba y se reía y molestaba a todo el que se cruzaba en su camino, las damas se vestían
también con trajes muy vistosos, pero llevaban caretas, entre el bullicio habían quienes
iban cantando acompañados de sus guitarras, montados en hermosos caballos “vestidos”
57
Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
también para la ocasión. Bailarines, músicos, mujeres, hombres y niños desfilaban por las
calles envueltos en un descontrol, había que festejar al “Rey Momo”, casi a las cuatro de la
tarde se veía a la “calixtrada” partir desde la Calle Huánuco, y luego desplazarse por todos
los barrios, atravesaban lugares históricos como la Calle Parra, Ijurra…, hasta llegar a la
plaza, allí comenzaba la verdadera celebración, se bebía, se comía, se bailaba al compás de la
música cerreña, los huaynos y las mulizas, era un día para olvidarse de la Empresa Minera
que siempre estaba de espaldas a las celebraciones del pueblo. Muy entrada la tarde doña
Francisca y don Manuel retornaron a su barrio salpicados de harina, de camino a su hogar
notaron que la fiesta no le prestaba la menor atención al tiempo. Tantas veces doña Francisca
había recorrido aquellas calles, pero sería este recuerdo de carnavales el que guardaría en su
memoria, porque poco tiempo después, allá por el año 1953 nacería el tajo Mc Cune Pit y se
alimentaría de las tierras de aquel lugar, en su voraz hambre insaciable no se conformaría
con las tierras de Paragsha, sino también con las de los alrededores; todos sufrieron por esto,
incluso los muertos en Yanacancha tuvieron que irse, una iglesia muy antigua también fue
engullida. “La Empresa” ya no se limitaba solo a la explotación del cobre, ahora también
al zinc y al plomo lo transformaban en ganancias. Construirían una ciudad nueva en un
lugar llamado San Juan pampa para todos los habitantes, un lugar moderno con calles bien
diseñadas, con pistas.
–¡Ahora sí van a vivir “como gente”! –dijeron los de “la Empresa” por la radio.
Eso de las calles de tierra y paredes de tapial y techos de paja serían cosa del pasado,
“la Empresa” se ofreció a trasladarlos; allá habitarían en casas de “material noble” y techos
de calamina, es así que todo comienza en el año 1956. Doña Francisca sufría por este hecho
en silencio, pues su hermana Marcela, con quien había compartido casi toda su vida y
sus amados sobrinos, habitaban justamente sobre el lugar destinado a desaparecer. Una
tarde doña Marcela visitó el barrio de Miraflores para comunicar que se iba, pero no con
los pobladores a la nueva ciudad de San Juan pampa, era hora de buscar nuevos rumbos y
comenzar una vida nueva lejos del frio y de los problemas con “la Empresa”, había decidido
en “consejo familiar” comprar una casa en la capital, el clima les haría bien porque ellos
pronto serían viejos y sus hijos tendrían las oportunidades que ellos no tuvieron. ¿Quién no
querría estudiar en Lima aquellos días?, doña Francisca odió un poco más a “la Empresa”
pero callaba, cuánto hubiera querido decirle a su hermana que no se fuera, que se quedara
cerca, que ella la necesitaba, pero simplemente le dijo:
–Si quieres ir, ve –su hermana la consoló.
–Voy a volver varias veces al año, seguramente pronto también van a llegar hasta tu
barrio, te estaré buscando un terreno.
Pero ella amaba su tierra, nunca hubiera pensado siquiera en la posibilidad de irse lejos,
le respondió diciendo:
–Sí, sólo me avisas –jugando quizás a escapar de la pena y no entristecer a los demás.
Días después, doña Marcela después de haber hecho un trato por una vivienda a más de
9 horas de la ciudad llegaba a despedirse; las lágrimas no tardaron en aparecer, las palabras
quedaban a medio decir cortadas por el dolor en la garganta, los pequeños se contagiaron
de la pena y abrazaron a su tía, y mojaron su pañolón azul con lagrimitas de adiós; tranquila
pero no con menos pena, doña Marcela le entregó una estampita del Señor de Exaltación, que
fue colocada en una repisa alta:
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Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
Días después de haberse instalado en la casa ubicada en la nueva ciudad, en una reunión su
amada sobrina Dolores le dijo:
–Nosotros queremos que usted y don Manuel bauticen a nuestro hijo.
Este compromiso fue aceptado con algarabía (por aquellos tiempos se acostumbraba
que las personas a quienes reclamaban por padrinos para su hijos eran las mayores y más
respetadas de las familias).
Doña Francisca y don Manuel, una tarde cargaron al único hijo varón de doña Dolores
y don Alfredo para darle la bienvenida a la vida cristiana, en la Iglesia San Miguel de
Chaupimarca; prueba de ello quedan unas fotografías que muestran a don Manuel cargando
un niño regordete acicalado con un traje diminuto similar al suyo, con la mirada al techo y
llorando, un clérigo muy serio con una jarra en la mano vertiéndole agua sobre su cabeza,
doña Francisca mostrando sus cabellos oscuros aun y los padres con miradas orgullosas.
Los compadres y el apadrinado salieron felices y organizaron una gran fiesta con toda la
familia, en la casa de San Juan, casi vacía de muebles pero no de amistad y cariño como
cada hogar cerreño de familias jóvenes. Ahora tenían a su ahijado que los esperaba en los
cumpleaños, en la navidad, en actividades de la escuela y lo acompañaron hasta cuando
se hizo la primera comunión en la iglesia “Virgen del Rosario” en la nueva ciudad de San
Juan pampa. Por aquellos días doña Francisca ya comenzaba a sentir el paso de los años,
pero aun así hacía el esfuerzo por ir a visitarlo, y como quien le rinde un tributo a aquellos
días en los que caminaba hasta la casa de su hermana, gustaba mucho de “ir a pie” hasta
donde se encontraba su ahijado; en compañía de su esposo cruzaba todo Miraflores por
el camino que reptaba casi hasta San Juan, entre la muralla de postes blancos sosteniendo
paredes de alambres delgados que separan a la ciudad de las instalaciones de la Empresa
Minera, el camino era una combinación de minerales de color verdusco y tierra húmeda los
días de lluvia, y un polvo amarillento que ocasionaba lagrimones a los ojos de las personas
que transitaban por allí, los pocos días de sol. La travesía de los ancianos comenzaba casi
exactamente frente a las oficinas de “la Empresa”, que continuaba frente al “comedor de
empleados” así hasta ingresar a la calle principal de Paragsha, luego doblar en una esquina
para continuar subiendo por unas escaleras oxidadas y pasar frente a los campamentos de
propiedad de “la Empresa”, siempre debían de estar atentos por que por allí no existían
veredas, los camiones, maquinarias y camionetas que laboraban en la Minera pasaban a
gran velocidad sin importarles nada, salpicaban el lodo o hacían correr a las personas, aquel
camino llegaba hasta la “nueva ciudad”.
Los recuerdos retornaban a ella casi obsesivamente, recordó que después de haber
recibido escazas cartas de su hermana preguntando por su salud y de la familia, encargándole
el cuidado de su ahora comadre doña Dolores, le pasaba a “contar” las muchas cosas que
había conocido en Lima, que allá la vida era muy diferente, se podía estudiar, trabajar y hasta
parecía que cada día su salud se fortalecía; en una de aquellas misivas le dijo que sus hijos
estaban estudiando en la universidad, que si los hijos de doña Francisca quisieran estudiar
allá, ella con mucho gusto los recibiría en su casa, esto despertó la curiosidad en ellos, la idea
de estudiar en Lima les habría estado dando la vuelta en la cabeza, ambos estaban enterados
de lo que decían aquellas cartas porque su madre se las leía en voz alta y hasta se las prestaba.
Una tarde sus dos hijos honrando la invitación se fueron para la capital…
Casi sin percatarse de ello, ya se encontraba en el camino de tierra que atravesaba las
puertas de su hogar.
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Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
personajes, hechos, de todo sucede en el planeta pero de la historia de nuestro Cerro de Pasco
no se hablaba, no aparecía en los libros:
–¡Cerro de Pasco es una ciudad que no existe en los libros! ¿Cómo era posible que los
niños aprendieran a conocer y a querer a su tierra si nadie les enseñaba nada?
Eran las quejas de don Manuel, quejas que llegaron a la cima de su cólera cuando encontró
una publicación donde en letras grandes decía que en Bolivia se encontraba la “ciudad más
alta del mundo”, ¡qué tal mentira!, ahí presentaban una ciudad que apenas está elevada más
allá de los 3000 metros, en cambio aquí nos encontramos a 4380 sobre el nivel del mar, pero
eso parece que a nadie le importa, porque hasta el día de hoy esa mentira sigue corriendo por
todos los medios de comunicación extranjeros.
Estudiar a los presidentes también era un asunto que ponía de mal humor al abuelo don
Manuel, ¿acaso le importaba esta ciudad a algún presidente?, ¿habría algún político que se
atreviera a mirar un poco más abajo de la cordillera del Huaguruncho?, ¿quién de ellos siquiera
ensució sus zapatos de camino de Paragsha a Chaupimarca?, ¿quién de ellos ha respirado el
plomo y se ha convertido en “hermano de sangre de los pobladores”? o ¿acaso hacen un
brindis con el agua contaminada, que de modo irónico, “está lleno de minerales”?, ¿Cerro de
Pasco? ¡No! ¡Ni pensarlo!, mañana mismo a primera hora presento mi certificado médico que
dice que no puedo trabajar a más altura... ¡Qué se habrán creído! Si quieren algo, que vengan
a Lima con unos papeles y que los presenten por mesa de partes. Se habrían horrorizado los
mandatarios, después de todo ¿quién les dijo a los pobladores de aquel frígido lugar que
nosotros les solucionaríamos los problemas? Además Pasco es pequeño, ¿para qué ir allá?,
hay ciudades más grandes, con mejor clima, allá solamente se va en época de elecciones,
“se hace un mitin de una hora de paso a Huánuco” esto comentarían los políticos en sus
oficinas con las puertas cerradas, decía el abuelo don Manuel muy serio, ¡aquel quien obtiene
poder, adquiere también un “Alzheimer selectivo” que hace que se olvide de su tierra y sus
vecinos…
Llegan los días de celebración en su barrio; momentos en que uno se olvida de toda la
contaminación que cada día “va llenando de plomo” la sangre de los habitantes y hasta a
la tierra. Una tarde la gente caminaba un poco más alegre, porque diciembre había llegado,
algunas ventanas mostraban lucecitas de colores, la navidad llegaba pronto, el 24 por la tarde
era el momento para dirigirse a Chaupimarca, los abuelos doña Francisca y don Manuel
siempre fueron juntos a comprar solos, era el momento de comprarle obsequios a los niños
y también a “sus niños grandes”, la feria sería muy grande, ya para la una de la tarde, habría
que apurarse por que los trabajadores de “la Empresa” saldrían de trabajar a las tres y se
dirigirían hacia allá, sería muy difícil el hacer compras. Así que salieron un poco apurados,
al llegar al centro de la ciudad los esperaba “el quinto” (kinto), llamaban así a los trozos
de árboles, ramas, arbustos, frutas verdes y todo lo necesario para “armar el nacimiento”
sobre una mesa, se formaba un arco verde de aquellas ramas verdes, eran sujetadas sólo con
cordones, con las cuales también se colgaban las frutas, luego eran adornadas con figuras
echas de papeles brillantes y para darle vida algunas luces, sobre el tablero de la mesa se
acomodaba unos musgos que aparentaban el suelo de un lugar rústico, luego de todo este
preparativo, se colocaba a los padres de nuestro Señor Jesucristo, acompañados de los
pastorcitos, y sus rebaños, siempre teniendo el cuidado de colocar a cada uno en su posición
correcta, los niños al ver que todas las figuras estaban ya bien ubicadas, se “peleaban” por
quién iba a poner al “niño Jesús”, pero habría que esperar a que sea medianoche. Los abuelos
trataban de comprar el mejor grupo de ramas posible porque tenían que “armar el niño de
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Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
fue a la calle y con una escoba hizo un montoncito de los restos que todavía desprendían
humo. En la casa tendrían que brindar por el nuevo año, a doña Francisca le habría dolido
de corazón y llorado sin lágrimas durante el brindis extrañando a su hermana y a sus hijos.
Los niños se encerraban en sus habitaciones para jugar con los pequeños visitantes, a
ratos corrían por toda la casa, los mayores hasta bailaban sus huaynos. Al amanecer los
niños salieron a la puerta de la casa aprovechando que los mayores recién llevaban pocas
horas descansando, para “ayudar” a doña Francisca se dispusieron a recoger los restos de
la quemazón y se quedaron sorprendidos cuando dos “medialunas” de metal, oscurecidas
por el fuego y las cenizas se presentaron, uno recordó y dijo: “los aceros de los zapatos del
abuelo”, todos corrían, jugaban, estaban felices, el abuelo no les había mentido.
Casi al finalizar el mes de enero y coincidentemente con el cumpleaños de su hija,
realizaban el “desate del niño”, ofrecían un almuerzo, luego entre huaynos y un “quemadito”
especial preparado con remedios, “aguardiente” y cariños de la casa, bailaban una adoración
mientras iban entregando unas monedas y billetes como ofrenda en una pequeña bandejita;
luego cada uno de los “personajes” que conformaron “el nacimiento” eran repartidos a todos:
María, José, los pastorcitos, los animalitos y todo lo demás; grandes y chicos tenían derecho
a tener uno, hasta que hacían aparecer el libro de los compromisos, que sólo se dejaba ver
dos veces al año, en ese momento uno por uno iba hasta donde se encontraba el encargado
de anotar todo lo que se prometía para el próximo “armado del nacimiento”, se ofrecían
de todo desde misas, hasta animalitos y los que no sabían qué iban a traer sólo decían que
iban a sorprender, todas las figuras eran guardadas muy delicadamente en una caja por la
abuela doña Francisca, ella los iba envolviendo uno por uno en papeles blancos como lo
había hecho casi toda la vida, ya que aquel “nacimiento”, era el mismo que perteneció a sus
padres; luego de terminar las anotaciones, el compadre comenzaba a desmontar las ramas
y las iba entregando a todos, la música subía de volumen y envolvía hasta la casa de los
vecinos, todos los participantes cogían una rama y bailaban graciosamente mientras seguían
bebiendo “el quemadito” muy caliente, que esperaba en pequeñas teteras; se bebe esto en
Cerro de Pasco porque además de alegrar a los invitados, también calienta el cuerpo, pero no
tardan mucho en aparecer las cervezas. Un año antes la fiesta estaba tan alegre que cuando
sin previo aviso, la ciudad quedó por un largo rato sin servicio eléctrico, todos continuaron
bailando en la oscuridad, sólo acompañados por la risa y el canto de las ramas que se rozaban
con la ausencia de luz, esta vez celebraron hasta muy tarde y tanta fue la alegría que ellos
quizás demasiado alegres por las bebidas o resintiendo la ausencia, salieron a las calles y
fueron dejando una rama grande de puerta en puerta de todos los ausentes a la celebración
del “desate”, luego en casa estuvieron bailando, zapateando.
Cuando los carnavales asomaban sus celebraciones en el mes de febrero y el barrio de
Miraflores se mostraba otra vez alegre, hombres y mujeres se juntaron en una fiesta vecinal,
pero aquel año doña Francisca, no tendría muchas ganas de participar, se quedó en su
hogar extrañando a su hermana y a la antigua casa que compartían “allá donde ahora es
tajo” dijo tristemente; el abuelo don Manuel que estaba acompañado de sus pequeños nietos,
aprovechó para recordar los carnavales de Paragsha.
–Hace muchos años, allá por 1960 en la calle Ayacucho –comenzó a narrar– se celebraba a
lo grande, cuando todos salían disfrazados para la “calixtrada”, caminaban hasta Yanacancha
donde se reunían todos los grupos y desde allí iban por toda la ciudad, hombres abrigados
debajo de sus ponchos color canela y debajo de sombreros de vicuña en preciosos caballos
muy grandes y fuertes de raza Alazán, se desplazaban orgullosos en medio de toda la
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Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
caravana hasta Chaupimarca, durante el camino y al llegar allá se jugaba, pero no como ahora
que apenas uno se descuida le manchan la ropa con agua quién sabe de dónde salió; aquellas
fechas se jugaba con talco, serpentina y hasta perfumes en chisguetes, después el jalapato y
el cortamente…
–¿Perfume en chisguetes? –interrumpió el pequeño Marco.
Y miró sorprendido a su hermano.
–Sí, así era, no como ahora –respondió don Manuel.
–¡Que gracioso el abuelo! ya estaba tan linda la historia pero salía con una broma como
esa –pensó.
Él nunca les había mentido, pero chisguetes perfumados era algo que no podían creer.
Durante los días de la Semana Santa, fue en jueves santo que doña Francisca entristeció
porque su familia ya no era la misma, extrañaba a su hermana y no se atrevía a viajar, “no
quiero molestar a nadie”, habría pensado, pero el viernes había que cumplir con la costumbre
de “salir de paseo al campo” a ver si en una de esas casualidades encontraban flores para
la procesión de la noche, cuando Nuestro Señor Jesucristo recorre las calles en una urna
iluminada. Muy temprano en la mañana se dedicó a comprar duraznos, higos y pescados
para el almuerzo que iban a llevar al campo, el esposo de su hija los llevaría con su vehículo
hasta donde hubiera un “buen lugar”; para ese entonces ni en Miraflores, ni en los alrededores
de Paragsha, ni más allá de Ayapoto se podían encontrar flores; don Manuel reuniendo a
todos les decía que hubo una época cuando él era niño que las personas, los viernes santos se
sentían tristes y que hasta algunos lloraban recordando los padecimientos de nuestro Señor y
su muerte a las tres de la tarde; los niños estaban atentos a aquella historia que les narraban,
pero sólo por unos momentos, ya que en todas las salidas al campo se sumaban más familiares
que traían a otros pequeños y ellos mientras escuchaban las historias del abuelo, observaban
a la pelota en una esquina llamándolos, invitándolos para que jueguen con ella, a lo que
ellos respondían sin dudar. La tarde corría entre jugar y recoger flores, caminar un poco y
al retornar a casa cambiarse para ir a la misa, y “acompañar” a la procesión. Las flores que
eran traídas no sólo las utilizaban para la procesión, también para “jubiar” a los niños que
sufrían de susto, era un baño de flores realizada según los conocimientos y creencias de los
antepasados, luego del “jubeo” las florecillas eran tiradas a las calles. A la mañana siguiente
de la procesión del “viernes santo” habían flores tiradas en las calles; a las que estaban muy
alejadas del paso de la procesión no se atrevían casi ni siquiera a mirarlas, podrían ser flores
de un “jubeo” y el mal que habían sacado podía caer sobre aquel que se atreviera a recogerlos
o siquiera a pisarlos.
El Domingo de Resurrección era esperado por todos en casa, los niños decían que estarían
listos a las seis de la mañana para asistir con sus padres y en especial con el abuelo don
Manuel que lo sabía todo, pero ellos se quedaban dormidos hasta muy entrada la mañana;
ya en casa el abuelo les decía “¿qué pasó”, ellos con las caras rojas aguantando las ganas de
llorar no le contestaban, pero él les contaba todo “lo que se habían perdido” y como cada año
les recordaba:
–Cuando yo era niño la misa comenzaba a las cinco de la mañana, y no como hoy que a
las seis solo unos cuantos se hacen presentes.
Había motivos para estar felices, por que aquella procesión donde mujeres y varones
caminan separados en procesión, unas acompañando a la Virgen María y otros a Nuestro
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
Señor Resucitado, llegaba el momento del encuentro como el de nuestro Señor con su madre
y luego se escenificaba la Ascensión, comenzaba la Pascua de Resurrección; durante esta
escenificación se escuchaba música alegre, había que estar felices, Nuestro Señor Jesucristo
había vencido a la muerte conforme a su promesa y ahora estaba vivo al lado de Nuestro
Creador, el abuelo don Manuel se emocionaba al momento del encuentro de las imágenes,
su corazón le dolía de un modo dulce, y cuando el sacerdote decía: “¡Cristo Vive!”, siempre
acudían las lágrimas a la cita con sus mejillas, desde que era muy joven hasta ahora que
tenían carreteras de piel por donde dirigirse al suelo, y algunas hasta tocaban la garganta
ahogada del anciano, aquellas mañanas él era feliz. Nuestro Señor Jesucristo hacía renacer la
esperanza y le abrigaba el corazón.
Días después Cerro de Pasco se vistió de Mayo, en su primer día los trabajadores celebraron
su día y este mes también trajo las festividades de la cruces, chunguinada para celebrar,
mayordomos vestidos de traje con cintas cruzándole el torso, chunguinos con sus parejas y
descarados “chutos” bailan por las calles de Paragsha y de todo Pasco, en las casas adornadas
con banderas peruanas se muestran las cabezas de los toros, los cuales son utilizados en la
alimentación de todos los participantes, todos bailan, beben durante días; todo comienza con
una misa y una víspera.
Una tarde los niños al escuchar los violines, al arpa y los cohetones salieron a la calle y
retornaron gritando:
–¡Viene la chonguinada, viene la chonguinada!”.
Don Manuel que cabeceaba ante un periódico apoyado en sus manos, los acompañó a la
puerta, miró hacia donde apuntaban y les dijo:
–¿Dónde?
Ellos algo intrigados le dijeron:
–¡Allí, allí! –mientras apuntaban a los danzantes acercándose.
–Yo no veo la chonguinada– dijo de manera muy natural.
–¡Vaya con el abuelo!
–¿Cómo era posible que no pudiera verla si estaban cada vez más cerca? –pensaban sus
nietos–. ¿Necesitaría anteojos el pobre?, ¡cómo podría ser que no lo viera!
–¡Mira como bailan! –decían emocionados, tratando de llamar la atención de doña
Francisca que se encontraba en su habitación.
–Querrán decir la “chunguinada”–dijo el abuelo don Manuel y se puso algo serio–, todo
hay que llamarlo por su nombre.
¿Pero no era acaso eso lo que ellos decían? ¡claro que no! de chonguinada a chunguinada
hay una gran diferencia.
Este fue el comienzo de una nueva historia que los niños escucharon mientras miraban a
los danzantes que se habían detenido frente a una casa vecina y estaban muy atareados con
cintas de colores sujetas a un gran soporte.
–La chunguinada con “u” –dijo–, es una danza que nació en Cerro de Pasco, es la danza
que identifica a estas tierras, viene desde hace mucho tiempo de la época colonial, cuando
aquí vivían muchos españoles; ellos tenían sus costumbres que trajeron desde sus tierras, los
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Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
cerreños miraban cómo bailaban y cómo los españoles eran abusivos, los pobladores muy
astutos copiaron sus bailes pero no para bailar como ellos, sino lo hicieron para burlarse,
parece que le pusieron el nombre de chunguinada por que proviene de la palabra “chumga”
que quiere decir burla, antes sólo lo bailaban puro varones, hasta se vestían de mujeres para
ser parejas de los chunguinos, porque por aquellos años a la mujer se la discriminaba y la
trataban como si no tuviera derecho a participar casi en nada, ellas no tenían derecho a opinar,
tampoco a tomar una decisión; pero esto también era aprovechado por los pobladores que
participaban en estas danzas, porque a los españoles y menos a las damas les agradaría ver
que eran representadas por varones. Fíjense bien y verán como están vestidos los chunguinos
¿acaso no le encuentran un parecido con la forma de vestir de los españoles? Más aun, en
sus “rostros”, esas máscaras que tiene ojos azules como los europeos y su bigote, también
las máscaras de las mujeres que ahora casi nunca utilizan, también mostraban ojos verdes,
azules y “cara de muñeca”, de apariencia de mujeres finas de piel blanca, muy distinta a los
pobladores del Perú; pero no faltaba el peruano que es representado por el chuto, él es el
sirviente, con su ropa simple, su poncho, su chullo, su hualqui… este sirviente no es tonto, lo
pueden ver en su cara que siempre tiene una mirada graciosa y va por las calles molestando
y bromeando con las personas, son más vivos que los chunguinos; mientras ellos danzan
finísimamente, forman figuras, bailan con sus parejas, éstos bailan delante, detrás entre
medio cuando les da la gana, no respetan a nadie, aunque también son ellos los encargados
de abrirles el paso a los danzantes. Para la historia, una mañana del año 1966 en Paragsha se
presenta el primer cuadro mixto, donde los varones chunguinos, vestían elegantemente sus
mejores trajes en oro y plata, y las damas paragshinas con sus preciosos trajes multicolores; no
faltaron los chutos, tampoco los mayordomos. Las mujeres por primera vez tenían derecho
también a mostrarse, no como damas europeas sino más bien con la belleza que Dios les
regaló a las pobladoras de nuestras tierras.
Don Manuel los miró mientras ellos escuchaban atentamente, luego continuó diciendo:
–Hay muchas ciudades vecinas que reclaman ser el lugar del nacimiento de esta danza
natural de Cerro de Pasco, por eso al cambiarle el nombre, aunque así sólo fuera una letra, le
estaríamos dando la razón a ellos. ¿Cómo se sentirían si el vecino viene a casa y les cambia de
nombre y los reclama como suyos? Por eso hay que sentirnos orgullosos de lo que es nuestro;
en Cerro de Pasco nació y sobrevive la Chunguinada.
Terminada la narración se quedaron un largo rato en las puertas de la casa observando,
ni siquiera notaron cuando doña Francisca se acercó para curiosear. Mientras los niños
observaban en silencio, pensaban en que el abuelo tenía razón en ponerse serio, porque
por una vocal ellos estaban renunciando a uno de los más grandes orgullos de Pasco y de
Paragsha, aquellos no lo enseñaban en la escuela sería por eso que ellos igual que casi todos
los niños siguen nombrando a esa danza de manera incorrecta. En un par de días, la fiesta de
la chunguinada era más animada y con paso apurado llegó al encuentro de doña Francisca
mientras observaba el atardecer. El fin de fiesta conocido como el ayhualá (aywalá) venía
recorriendo las calles, dos chutos cargaban una cabeza de toro, con el cual asustaban a todos
los transeúntes, dos más fingían estar toreando a la cabeza lo que causaba gracia, mucha
gente venía detrás de ellos bailando presurosos, los cohetones explotaban a gran altura, los
niños de la casa salieron corriendo a ver lo que pasaba, pero al ver a los chutos con la cabeza
abrazaron fuertemente a su abuela, a ratos apegaban sus cabezas contra el pañolón azul que
vestía y luego le daban “una miradita” a lo que estaba ocurriendo, “no van a hacer nada, no
tengan miedo” decía la abuela sonriente, los danzantes siguieron su camino alborotando a
los demás vecinos.
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amigos y familiares habían llegado de todas partes. Don Manuel hacía su mejor esfuerzo para
obtener algunas flores, mientras muchos se entrelazaban en abrazos, cuando la coincidencia
acercaba a los conocidos, en estos días se acostumbra a abrir las dos puertas del cementerio,
porque es tanta la cantidad de visitantes que sería imposible el ingresar y salir por una sola;
luego de obtener unos ramos de las muy codiciadas flores que son traídas desde Tarma y
luego de ingresar entre apretones, empujones y mucha incomodidad, al interior se puede
ver toda clase de personas y de actividades; todo el año olvidado el cementerio, por aquellos
días se viste de colores, muchos pequeños se acercan diciendo: “cultivo tía, cultivo”. Ellos se
ganan la vida repintando cruces y nichos, no faltan “los cantores” que ofrecen “el responso”
y cantan frente a las tumbas, con voces y rezos que parecen tristes e incomprensibles, algunos
incluso llevan consigo violines o acordeones, los visitantes se “toman” fotografías sobre
réplicas de caballitos y llamas muy cerca al obelisco de los obreros, muchos niños esperan
su oportunidad. Don Manuel se molestaba diciendo “esto parece una feria”; las coronas no
faltan, algunos debieron de extrañar las coronas que elaboraba la tía Vicky en Paragsha para
la ocasión, el cementerio hierve de gente, se camina casi sin poder ver los pies. Sus nietecitos
alguna vez le preguntaron a doña Francisca el porqué de la mesa y de todo lo demás, ella les
dijo: –que las almas “llegarían” a casa aquel día; ellos sentían algo de miedo y trataban de
no acercarse a aquella mesa, días después la abuela guardaba todo, sin previo aviso la mesa
estaba vacía otra vez, ella todo lo guardaba con cuidado, los vasos y platos tenían que esperar
hasta el próximo año la visita de aquellos que había amado, por ahora las “tantawawas”, las
llamitas y los “urpay” eran repartidos entre los niños con los cuales intentaban jugar.
Una mañana trajo a su hogar una carta, allí adentro venían noticias de sus hijos, uno
de ellos había terminado una carrera en una universidad capitalina y pronto tendría que
graduarse, él les enviaba invitaciones para toda la familia, no se había olvidado de nadie,
don Manuel y doña Francisca vistieron con excusas de su edad el no querer incomodar a la
familia y con mucha pena decidieron no ir, pero recorrieron toda Chaupimarca buscando un
regalo para su hijo; con mucho esmero fueron ellos mismos quienes compraron un cuadro
de fondo negro y figuras echas con cobre de las venas de Paragsha, allí estaba presente el
“capachero”, el antiguo minero con su lámpara y su vestimenta, debajo de él, en una pequeña
placa que simulaba un pergamino, hicieron grabar sus nombres también el de su hijo y una
fecha que marcaba un grato recuerdo, lo envolvieron en “papel metálico” y se lo alcanzaron
el día en que su querida hija con su esposo y sus amados nietos partieron en representación
de la familia. Luego de cargar a los viajeros con muchos saludos, los vieron partir en su
vehículo por las calles de su barrio, se quedaron tristes los dos ancianos, hacía muchos años
que no estaban solos. Doña Francisca como siempre no había dejado de encargarle al Señor
de Exaltación por todos.
La mañana siguiente don Manuel luego de haber “visitado” San Juan pampa, retornó
casi a la hora en que el “pito” anunciaba las once de la mañana. Se sentó a la mesa esperando
recibir el almuerzo que siempre estuvo listo más o menos a esa hora, era la única tradición
que le quedaba de los cortos años en los que él laboró para “la Empresa” y su esposa siempre
lo esperaba lista para servirle, porque era conocedora de que estaba pronto a retornar a su
trabajo, él comenzó a hablar con dificultad, estaba muy agitado, trató de narrar lo que le había
ocurrido durante su visita a San Juan, doña Francisca al verlo se apresuró en preguntarle
sobre lo que le ocurría, a lo que él decía “sólo estoy cansado”, pero ella lo conocía bien, él
jamás se quejaba aun cuando estaba mal, aun recordaba la vez del accidente en su trabajo que
se la pasó con mucho dolor en cama y el bromeaba al respecto diciendo que él también tenía
derecho a descansar y a “dormir hasta cansarse”. Doña Francisca se apresuró en ir en busca
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
del hijo de una de sus comadres que trabajaba en el “Hospital Carrión”, salió muy presurosa
a la calle, ya que lo dejaba absolutamente sólo, atravesó las calles del barrio de Miraflores y se
internó entre las de Paragsha con la rapidez que su ancianidad le permitía; don Manuel con la
cabeza apoyada en la mesa, sentía su cuerpo más frágil a cada segundo, luego ya sin fuerzas
más que para hablar comenzó a narrar una historia al silencio de su hogar, hablaba como
si todos sus familiares estuvieran con él. Doña Francisca al llegar a la casa de su comadre y
preguntar por su hijo le dijeron que pronto habría de llegar, que era cuestión de esperar: “le
dices que vine y que venga rápido a mi casa porque Manuel está muy enfermo”, diciendo esto,
habría emprendido el regreso a su hogar, en el camino recordó que uno de sus vecinos tenía
su “taxi”, llamó a su puerta y le rogó que fuera a su casa para llevar a su esposo al hospital de
emergencia, el amable vecino le dijo que lo esperará en la puerta hasta que “sacara” su auto,
ella contestó: “mejor vienes a mi casa, tú conoces, voy a ver cómo está”, y siguió con paso
presuroso el camino a su hogar. Al ingresar escuchó hablando a media voz a don Manuel,
ingresó despacio a donde se encontraba tratando de recuperar el aliento y de que no note su
cansancio, para no alterarlo más, al llegar hasta él le dijo: “¿estás bien?”, pero como respuesta
sólo escuchó muchas incoherencias y quiso que entrara en razón, pero él hablaba y hablaba,
ella estaba más ansiosa; en momentos como aquel un segundo se hace eterno. Doña Francisca
tratando de llevarlo a otro lugar donde pudiera estar más cómodo intentó ayudarlo a ponerse
de pie, pero no pudo sino levantarlo unos centímetros, y como no tenía nada cerca, sacó su
pañuelo y lo puso sobre la mesa donde él apoyaba su rostro, le ayudó a ubicar mejor sus
brazos, luego se dirigió a su habitación para buscar dinero, para poder pagar “la carrera”
y los gastos del hospital, luego de coger gran parte de sus ahorros estaba ocupada con las
llaves de su pequeño velador, cuando oyó un gran ruido en el comedor, la anciana alarmada
salió muy presurosa, dejando caer todo lo que tenía entre sus manos, al abrir la puerta vio a
don Manuel tirado en el suelo, doña Francisca trató de levantarlo pero no pudo, ella lloraba
porque sus brazos no eran lo suficientemente fuertes para levantarlo, ella le hablaba de todo,
le reclamaba de que él siempre había sido el más fuerte:
–No hay nadie para que nos ayude, parece que nos están olvidando porque somos viejos.
Y muchas otras cosas más, don Manuel estuvo tirado en el piso largo rato mientras
la anciana le sostenía la cabeza, él dijo débilmente los nombres de todos sin olvidarse de
ninguno de sus familiares, luego miró a doña Francisca y le dijo:
–Ya no llores–, quedó en silencio y falleció.
Tanto amor y no poder nada, como decía el poeta; doña Francisca sólo se dedicó a lavar
el rostro del anciano con sus lágrimas hasta que llamaron a la puerta, ella casi tropezando se
apresuró a abrir, era el hermano menor del vecino taxista, un muchachito de unos 8 años de
edad, venía a informarle que el auto ya estaba listo, pero no podía acercarse a su casa porque
había una maquinaria de la empresa en las calles, haciendo quien sabe qué y no había pase,
ella miraba al pequeño incapaz de ayudarle y ella sin las fuerzas suficientes le dijo:
–Ve y dile a tu hermano que venga a ayudarme –secándose las lágrimas–, yo le voy a
pagar por todo.
El pequeño salió corriendo al ver tan dolida a la anciana; ella ingresó tan desesperada,
trataría de cargar con su esposo ella misma, fue cuando de algún lugar de su habitación se
hizo presente un hombre de mediana edad que la miró dulcemente a los ojos, y ella a pesar
que no lo conocía le parecía tan familiar, tanto que ni siquiera se atrevió a pensar que era
un ladrón o algo así, éste pasó en frente de ella y levantó al anciano como si se tratara de un
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Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
niño pequeño y salió cargándolo rumbo a la calle tan rápido que ella no tuvo opción sino de
seguirlo, en medio camino el taxista que venía presuroso vio al hombre cargando al anciano
y lo condujo hasta su vehículo donde aquel hombre lo acomodó lo mejor posible, luego le
encargó que cuidara de la anciana porque su esposo ya había fallecido y hasta le pagó con un
billete de cien soles, la anciana que venía detrás le dio las gracias al desconocido y éste sólo
le respondió:
–Ya no llores –y se quedó parado allí.
La anciana muy agradecida observó al extraño a través del parabrisas del automóvil
perderse en la distancia. Al llegar al Hospital sólo le confirmaron la muerte de don Manuel;
doña Francisca fue en busca de los padres de su ahijado, para comunicarles lo ocurrido, la
tristeza vistió a toda la familia de negro y ausencia, la noticia rápidamente fue comunicada
a la familia en Lima; doña Francisca acompañada de sus compadres retornó a su hogar para
hacer los preparativos para el velorio, todos fueron llevados por el mismo automóvil que
había transportado horas antes a los ancianos.
Al llegar a su barrio notó que la puerta de su casa estaba abierta, así que se apresuró
en ingresar, sin más tiempo que para llorar de rato en rato, comenzaron a mover todos los
muebles; la anciana se preocupó por los gastos que habría de hacer y recordó también que al
oír caer a don Manuel salió corriendo y había dejado tirado su dinero por todos lados y que
no había pagado ni siquiera del taxi, pero al buscarlos le resultó extraño porque los billetes y
monedas no se encontraban en ningún lugar, ella entonces pensó:
–Seguro alguien entró cuando nos fuimos y se llevó el dinero –y se puso más triste todavía.
–Salió rápidamente y comenzó a ayudar a sus familiares con las labores de acomodar todo,
cuando ella se sintió muy débil y triste mientras barría a pesar de que no la dejaban hacer
nada, cogió un plumero y se acercó a su estampita del Señor de Exaltación, se sorprendió al
encontrar allí muy bien acomodado todo su dinero, torrecitas de monedas brillaban y ella no
comprendía cómo había pasado eso, se quedó en silencio allí un rato, hasta que su comadre
le dijo:
–Abuelita, guarda tu dinero, ¿cómo lo vas dejar ahí?, ¿qué tal si alguien ingresa y se lo
lleva?
Doña Francisca estaba muy confundida sobre lo que había pasado, ella sabía que un
desconocido que había aparecido en el comedor le había ayudado a llevar a don Manuel al
hospital y que su dinero lo había dejado tirado por el piso de su habitación y por todos lados,
ella pensó: “en los momentos más difíciles he recibido ayuda, un milagro y una caricia”,
reconoció el rostro de aquel que lo había ayudado en aquella estampita, seguramente había
sido Tayta Icsha que se había compadecido de sus lágrimas, así como de todos los habitantes
de Paragsha hacía mucho tiempo él había venido a ayudarla y a decirle: “ya no llores”, quién
sino él para cuidar de sus hijos que siempre lo han venerado…
Al día siguiente el cuerpo de don Manuel era velado en la casa que lo cobijó, doña Francisca
había cambiado sus pañolones azules, sus faldas y sus mandiles de colores por ropas negras,
su sombrero blanco con una cinta negra en medio, ya no frecuentaba su cabeza; ella había
envejecido mucho en una noche, no había dejado de llorar sino para quedarse dormida a
ratos, acompañada de sus vecinos y familiares atravesaron la frontera de la primera noche, al
día siguiente al atardecer su nunca olvidada hermana doña Marcela y sus hijos que no veía
hace muchos años, su querida Jesenia y su esposo, llegaron; sus amados nietecitos se habían
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
quedado en Lima, porque no querían que se pusieran tristes porque ellos más que nadie
querían a don Manuel, ya habría tiempo para decirles que ya no lo iban a encontrar, pero por
ahora había una hermana, una madre a quien consolar. La reunión fue muy triste, todos se
abrazaron a un costado del ataúd y lloraron un largo rato, vestidos de negro se pasaron allí
casi todas las horas, luchando con el clima frio y el mal de altura que ahora les afectaba por
haber permanecido años a nivel del mar, doña Francisca les contó todo lo que había pasado
aquel día en que el abuelo se fue, parecía algo que no se podía creer sino hasta que el vecino
taxista esa noche le dijo:
–Abuelita, no le he entregado su vuelto del otro día.
–Yo no te pagué –ella respondió.
–No, pero su familiar que trajo al abuelito a mi “carro”, él me pagó.
–Yo no te di nada, dáselo a su dueño –ella respondió.
No comprendía lo que había pasado. El dinero que iba a servir de “vuelto” era la cantidad
exacta que el taxista necesitaba urgentemente para las medicinas de su pequeño hijo. Al
retornar a su casa más tarde, su pequeño estaba sano, quizás un milagro a cambio de su
honradez.
El día del sepelio luego de una misa, don Manuel, aquel narrador de historias fue llevado
a su lugar de descanso, donde hicieron un agujero en el suelo y allí en medio de lágrimas
y mucha pena, entre flores y coronas, fue sepultado; doña Francisca trataba de no llorar
porque notaba que la familia se preocupaba por ella, pero durante el sepelio lloró en silencio
cubriendo su rostro a ratos con su pañolón negro.
Pasados los cinco días, los familiares fueron alejándose de a pocos, los “visitantes” que
habían llegado de la capital tenían que retornar a sus labores; su hija debía de ir a explicarles
a sus nietos que es lo que había pasado con su abuelito y a traerlos de vuelta a casa; una
tarde sus hijos entre promesas de volver más seguido y de que nunca la iban a dejar, se
fueron despidiendo uno a uno, pero el momento más triste fue cuando ambas hermanas
doña Francisca y doña Marcela se abrazaron como cuando eran niñas; ambas ya mujeres de
avanzada edad, se miraron a través de los cristales gruesos de sus anteojos, se acariciaron la
cara como se acaricia a un niño pequeñito y doña Francisca le dijo:
–Seguramente ya no nos volveremos a ver, ni tú ni yo ya no podemos caminar bien, mucho
menos viajar y no hay nadie quién nos pueda llevar ni traer, si existe un cielo seguramente
allí nos encontraremos.
Se abrazaron y lloraron, las ancianas tuvieron que despedirse en una calle de San Juan,
todos se iban para Lima y doña Francisca se quedaría un tiempo en la casa de los padres de
su ahijado al cuidado y compañía de sus compadres.
Pasados unos días y con sus nietecitos ya en casa:
–A la abuelita no hay que hacerle poner triste –les habría dicho su madre–, el abuelito ya
está en el cielo, desde ahora todos los domingos vamos a ir al cementerio a llevarle flores y a
visitarlo, no hay que estar tristes.
Pero mientras ella les decía esto, muchas lágrimas habrían caído de sus ojos y luego los
tres habrían llorado.
72
Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
¿Quién no habría de extrañarlo? Sus historias, sus manos arrugaditas pero tibias, su
cariño, su forma de reírse, sus ojos de niño a punto de hacer una travesura, ¿desde ahora
quién les diría que todo es posible y les haría reír?, pero habría que ser fuertes ¿acaso ellos no
eran hombrecitos?
El primer domingo que fueron a visitar la tumba de don Manuel, su madre los dejó llorar;
colocaron de manera errada las flores blancas y se excedieron de agua; entre ellos pensaba
que no era justo que no hubieran podido despedirse…
–¿Por qué se había ido tan rápido? –se preguntaban.
Alguien les dijo:
–Seguramente aquella tarde habría angelitos tristes en el cielo.
Por febrero la noticia llegó desde Lima, la hermana de doña Francisca, doña Marcela,
había fallecido y al día siguiente la iban a sepultar (como es la costumbre costeña), Este suceso
trajo más pena a la casa, la anciana siempre habría guardado una pequeña esperanza de
volverla a ver, pero ya no iba a ser posible. ¡Qué corta es la vida, y qué grande las esperanzas!
Ella, lejos de poder viajar, sólo encendió una vela en frente de su estampita en nombre de su
hermana, frente a la misma que muchos años antes de irse se la obsequió una tarde cuando
“la Empresa” hizo de la “ciudad antigua” de Paragsha, parte del olvido; doña Francisca
habría gastado más lágrimas.
La vida en el barrio de Miraflores había cambiado mucho desde la expansión del “tajo”
que fue rebautizado muchas veces, hacía machismos años que se llamaba “Mc Cune Pit”, por
aquellos días quizás en un esfuerzo de hacerlo parecer más amigable lo habían rebautizado
con el nombre de “tajo Raúl Rojas”, podrían haberlo llamado “el paraíso”, pero siempre
seguiría siendo la causa del sufrimiento de los pobladores de Paragsha, de los del anexo
Miraflores y de todas las poblaciones cercanas; una mañana la contaminación arrastró los
rumores de que ahora sí iban a destruir aquel lugar, “Centromin Perú”, la Empresa, tenía
planes de expansión y reclamaba aquellas tierras.
Llegó muy rápido la hora de irse, su hija había adquirido una casa entre la frontera de San
Juan pampa y Pucayacu, vivirán allí desde ahora; quizás sería lo mejor, aquella casa, aquel
barrio, siempre lo habían amado, contaminado y como siempre los habían cobijado. Poco
tiempo después por el año 1998 la extinción de su querido barrio Miraflores fue muy rápida,
se transformó en un botadero de desmontes de mineral inservible, sepultaron el barrio con
todas sus historias, hoy se le conoce como el botadero de Miraflores donde diariamente sigue
creciendo las montañas de aquello que llama stock piles (material de desecho), sus vecinos
se fueron uno a uno, algunos a otras ciudades y otros a los alrededores de Yanacancha,
Chaupimarca y demás zonas cercanas.
En aquella nueva casa la abuela doña Francisca había instalado no con poco esfuerzo, en
la nueva sala, la pequeña repisa donde colocaba su estampita del Señor de Exaltación, muy
cerca al viejo reloj; tratando de retratar quizás una de las paredes de su antiguo hogar, si bien
ella no pudo cargar con todo lo que le hubiera gustado de su antiguo hogar, se llevó lo más
importante, su fe y su devoción, además de sus recuerdos, no le faltaron velas para encender.
Aunque jamás dejó de extrañar su antiguo barrio, se consolaba con la idea de que ahora estaba
más cerca de sus familiares, pues sus compadres vivan calles abajo, además en aquel nuevo
lugar se podía caminar tranquilo, no era necesario el encerrarse un largo rato antes del “tiro”
de las tres de la tarde, el miedo a que la casa se cayera ya no era algo de qué preocuparse, las
explosiones de la minera seguirían ahuecando las entrañas de Paragsha, pero en aquel nuevo
73
Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
barrio ni siquiera se las oía, de a pocos llegó el consuelo pero no el olvido, existía algo que
había atado sus sentimientos a su antiguo hogar.
Una noche un trapo negro y una cruz plateada en la puerta anunciaba que la pena se
había mudado otra vez a ese hogar, y una ventana de aquellas, llenas de cuadraditos, estaba
iluminada con una luz amarilla extraña, adentro se encontraba toda la familia, todos hablaban,
algunos lloraban en silencio, otros dormitaban; muchas luces flanqueaban en derredor de
un ataúd marrón donde descansaba la abuela doña Francisca, detrás un ángel sosteniendo
también una luz, muchas telas de color oscuro que hacía del lugar más triste; dos cirios muy
grandes lloraban día y noche hasta quedar evaporadas. A ratos llegaba algún familiar que se
acercaba al ataúd y lloraba, las lágrimas eran algo que parecían inevitables, muchos fumaban
cigarrillos “nacional” y masticaban coca, no faltaban los que reclamaban la blanca cal, otros
bebían el “caliente de aguardiente”, que eran presentados en teteras envueltas en mantas de
muchos colores, para que no se congelaran con el frio de la madrugada, y servidas en vasos
pequeños; el humo y la pena se difuminaba por todas partes arrastradas por las palabras, de
improviso se abrió la puerta de golpe e ingresaron dos hombres muy abrigados, sin decir
nada se acercaron al ataúd y observaron a la viejecita que descansaba, uno de ellos comenzó
a llorar a grandes voces y el otro cayó sentado al piso y lloraba en silencio, fue cuando la hija
de la abuelita doña Francisca se acercó a ellos, eran los hijos de la viejecita; la hermana se
acercó a recoger al hermano caído y a consolar al otro, se abrazaron, fusionando sus penas y
mezclaron sus lágrimas, aquel momento habían recibido un trago amargo de realidad, quizás
los brazos de los hermanos son el mejor refugio cuando los padres se van. Los siguientes días
de velorio los hermanos estuvieron juntos, había ratos en que alguien se animaba a jugarles
unas bromas, pero ellos no sonreían; vestían ropas negras, a veces se quedaban dormidos, a
veces lloraban.
Los nietos de doña Francisca se quedaron en su habitación sin protestar, ellos sabían
lo que era perder a alguien a quien amaban; pasaron largas horas conversando, estaban
tristes y evitaban el paso por el lugar del velatorio, porque eso les causaba llanto; Marco el
nieto mayor trataba de hablar de cualquier cosa para distraerse y escapar de los recuerdos,
le parecía increíble lo que estaba ocurriendo, no aceptaba que la abuela se había ido, les
era imposible conciliar el sueño, pasaban las noches acostados con las luces apagadas y el
televisor encendido, a ratos hablaban breves palabras.
Una madrugada una idea recorrió los pensamientos de Alberto, el menor de sus nietos,
la abuela iba a ser sepultada al día siguiente y ella se iría al cielo donde estaría el abuelo don
Manuel, ellos no tuvieron la oportunidad de despedirse de él, no habían estado ni siquiera el
día de su sepelio, pero ahora que la abuela iniciaba su viaje, ellos podrían hacer algo.
–¿Y si le escribimos una carta? –dijo el pequeño.
–Claro, una carta –dijo Marco.
La abuela siempre le escribía cartas a su hermana que estaba muy lejos y en éstas le
decía de todo, además el abuelo don Manuel les narró una historia de cómo las personas
se encuentran en el cielo con sus seres queridos, claro que para eso debían de ser buenas
personas. Los abuelos habían sido las mejores personas que habían conocido, seguramente se
encontrarían y don Manuel se sentiría feliz al recibir noticias de ellos, así que se apresuraron
en buscar entre sus útiles de la escuela una hoja muy blanca; con mucho cuidado y muy
lentamente tratando de que las letras sean lo mejor posible, escribieron por más de una hora
una pequeña nota que ambos firmaron. Luego haciendo un gran esfuerzo por no llorar
74
Los Caminos entre el Mineral y el Cielo
cruzaron la sala y se acercaron al grupo donde se encontraban sus padres, de manera tímida
Marco le dijo a su mamá:
–Alberto y yo le escribimos una carta para el abuelo y queremos que la abuela la entregue
por nosotros.
Su madre se quedó en silencio un largo rato, luego observó a sus hijos que estaban frente
a ella, con los ojos brillosos, tan pequeños, tan inocentes y con un cariño tan grande por aquel
que no habían dejado de llorar los domingos por la tarde, entonces le dijo:
–Dámela, yo la pondré por ustedes.
¿Por qué no? Además era quizás la última muestra de cariño con el abuelo, ellos también
tenían derecho a despedirse.
De aquellos niños había salido una idea nacida del cariño, la ilusión y la esperanza que a
todos los que la escucharon los emocionó; muchos de ellos quizás se quedaron con las ganas
de enviar sus misivas también. Doña Francisca se iba al cielo, de eso no había duda. Al día
siguiente casi a las tres de la tarde cuando se disponían a llevarla a la abuela en su último
recorrido, ante la mirada de los pequeños, su carta fue puesta dentro del ataúd de su abuela
y no fue solo la suya, dos papeles la acompañaban. ¡Alguien más le escribía a don Manuel!
El día del sepelio, toda la familia acompañó el último recorrido de doña Francisca, primero
en la iglesia donde el Sacerdote dio un gran mensaje que hablaba de vida eterna y esperanza,
¿por qué pues habría de estar triste?, si ella se iba al lado de nuestro Señor Jesucristo,
¿acaso existe algún lugar mejor donde alguien puede estar? Transportaron el ataúd hasta la
pequeñísima capilla, luego hacia el lugar escogido donde habría de comenzar su viaje hacia el
recuerdo borroso de las memorias, sus nietos se habrían sorprendido al ver que habían hecho
un agujero sobre el mismo lugar en el que estaba sepultado el muy querido abuelo, era una
promesa que había que cumplir; don Manuel y doña Francisca siempre estuvieron juntos,
caminaban desde su barrio, atravesaban toda Paragsha y luego sobre la carretera de desecho
mineral; visitaban a todos en San Juan y en Chaupimarca, aun siendo muy ancianitos se
les veía juntos; aquella tarde volverían a reunirse, hijos, familiares, vecinos y conocidos que
acompañaron el último recorrido de la anciana, se ubicaron en el contorno de la fosa que
había sido cavada, el ataúd estuvo apoyado sobre unos “parantes” de metal brillante, algunas
personas se turnaron para hablar sobre su vida y qué era aquello que iban a recordar de ella.
Como una lluvia que sabe apagar las voces, se escuchó el llanto del hijo mayor de doña
Francisca, el discurso se le hizo demasiado corto, él hubiera deseado hablar con palabras
infinitas, se dejaron oír muchos llantos, el sonido de unas palas que cumplían con su trabajo
de formar un cúmulo de tierra marcando el lugar a donde desde aquel momento todos
aquellos quienes la amaron tendrían que ir los días que la extrañaran para golpearse con la
nostalgia, dejar algunas flores y una oración.
Para aquella hora, doña Francisca ya habría de estar caminando rumbo al cielo
aprovechando los últimos rayos del sol, y según la creencia de este lugar, habría de haberse
encontrado con su pequeña “perla” quien le habría de haber traído agua para su sed, pronto
quizás, y así lo quiero creer se habría de encontrar con un sonriente don Manuel, el abrazo
prometido entre las hermanas las fusionaría con la fuerza de una promesa, el abuelo habría
de estar muy contento con las cartas que le escribieron sus amados nietecitos.
Seguramente al amanecer, doña Francisca y doña Marcela estarán sentadas en una nube
observando a los pobladores de Cerro de Pasco, mirarán a su querido Paragsha cómo va
75
Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
siendo destruido y contaminado cada día, recordarán el barrio de Miraflores, tendrán una
vista clara los días en que la contaminación de la Empresa Minera lo permita, le pedirán
al viento que acaricie los rostros de las personas que aman; en días de lluvia observarán
mojarse el monumento de las manos laboriosas, blancas, oprimidas y explotadas de su
pueblo, recordarán lo felices que fueron en la “ciudad antigua” o quizás reirán escuchando
una historia de don Manuel, seguramente un primero de noviembre retornarían de visita a
una mesa, en la casa de sus hijos.
76
tayta icsha: EL SEÑOR
DE LA EXALTACIÓN
(historia y cuento)
Las historias religiosas se remontan más allá de los años 700. Los españoles son los que
trajeron como ejemplo de devoción, la religión. Sus frailes y dominicos, curas, sacerdotes, etc.,
formaron –de acuerdo a sus creencias religiosas– diferentes cofradías que con nombres más
resaltantes les daban un fervor religioso más apropiado a todas las gentes, especialmente a
la gente campesina, que como todos sabemos, fueron y son los que más se arraigaron en los
poblados, caseríos, villorrios de nuestra patria, el Perú.
Es así que dominados por este fervor religioso –como no va a ser– los feligreses crecieron
de acuerdo a las creencias impartidas que muy sabiamente endilgaron en forma religiosa.
Justamente de allí es que vienen los nombres clásicos hasta hoy. Reverentes a las creencias
y con una fe supina de llamarlas así de acuerdo al lugar en el que los “hallaba”. Por ejemplo
tenemos:
El Señor de Puncuy, hallado en el caserío de Puncuy en donde se encuentra una figura
religiosa parecida al Señor de los Milagros hallada en una gruta natural entre los cerros de
la carretera a la salida del Cerro de Pasco. Algún galifardo curioso aprovechó y no por mala
intención sino todo lo contrario pintó esta figura dándole un fervor casi milagroso de que
aparecido de repente el lugar era propicio para hacerlo y así fue. Ésta es pues una gruta muy
hermosa rodeada de plantas silvestres con una caída de agua y otras por goteo que cada día
de su festividad los feligreses le hacen su misa y llevan sus botellas para recibir las aguas que
caen en gotas atribuyéndole como una pócima milagrosa. Esta imagen dio lugar a muchos
comentarios. Se formó una cofradía que bajo la presidencia de una señora muy pudiente
mejoró su aspecto haciéndole construir una gradería, reclinatorio, vereda empedrada para
llegar a la imagen sin ninguna dificultad. Se le rinde culto con una ferocidad muy notoria, con
misas, bailantes, chonguinadas, en donde corre la cerveza, la caña, la cohetería, se consume la
gran pachamanca y platos típicos del Cerro de Pasco.
Tan igual sucede con el Señor de Muruhuay de la ciudad de Tarma incrustada en una
pared de una gruta natural, mejor dicho “entronizada”, la misma que es visitada y venerada
por cientos de personas que llegan de todas partes del Perú y del extranjero, es increíble esta
devoción al Señor de Muruhuay, felices los que visitan esta gruta ya que tendrán que verse
obligado a visitar en su fecha por el espacio de seis años seguidos, sino quiere que le pase
algún percance o maldición.
Lo mismo sucede con la imagen pintada en una gruta, hoy convertida en capilla del
Señor de Chacos, ésta que ha sido modernizada por sus feligreses con graderías, altar de
misas, guardianía y tantas cosas más para su veneración y protección, se le recuerda siempre
como una imagen muy milagrosa que te concede el deseo que tú le pidas, siempre y cuando
llegues a cumplir tu promesa de ir por siete años consecutivos, siempre llevando tu ramo
de flores y yerbas aromáticas para que el encargado, sacerdote o laico del lugar, la pase por
su rostro y con eso te haces una pasada o “shogshipada”, en el lugar que te duele o tienes
alguna dolencia, amén que puedes pedirle un milagro como casarte por ejemplo con él o la
prometida, sacarte la lotería, ingresar a la universidad, etc., etc.
Chacos es un pueblito muy bonito de la ceja de selva, ubicado en un caserío del mismo
nombre, para llegar a este lugar, tienes que pasar por un camino tortuoso en pendiente y
bajo un sol abrazador, solo los que desean que sus deseos sean cumplidos los hacen a pie,
hoy lo hacen en vehículos por una carretera bien trazada. Se encuentra distante de unos tres
kilómetros aproximadamente del pueblo de San Rafael en plena carretera central que nos
conduce a la ciudad de Huánuco.
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Tayta Icsha: El Señor de la Exaltación
Es tal la devoción que también en su fecha de aniversario los feligreses ofertorios, o quienes
le han hecho la promesa de cumplir los años de visita, vienen de todas partes del Perú y del
extranjero. La gracia que ofrecen sus devotos es llegar a él a pie y así poder pagar sus pecados
y conseguir la gracia que pedían estando frente al Señor.
Los lugareños, sanrafaelinos, ambinos y huanuqueños cumplen su promesa cada año. Le
tienen una fe muy grande y saben por qué lo hacen. Allí también en el día de su festividad
son varios los días de fiesta, novenas, vigilias, rezos. Quema de castillos de fuegos artificiales,
bailanta de la negrería del lugar, de Huánuco, se hacen presentes con bandas de músicos,
orquestas típicas, grupos “chicha”, antes tenían que dormir a la intemperie para conseguir su
cometido, es que son cientos de personas que desfilan para poder conseguir que le pasen sus
ramos de flores o yerbas, más los rezos y reverencias se demoran horas en lograrlo, entonces
que les queda dormir allí hasta el día siguiente. Pero como las cosas han cambiado de un
tiempo a esta parte ahora hay hoteles, hostales y los lugareños son tan buenos que te brindan
hospedaje por módicas sumas de dinero. Todos los feligreses que visitan al Señor de Chacos,
tienen que ver algo con sus pedidos, buena suerte, salud, dinero, amorío, casamiento, cura de
enfermedades, etc. Así es y así será siempre por los siglos de los siglos. Cuentan que también
apareció allá por los años del setecientos, quien lo duda si sus seguidores son miles y algunos
ya han fallecido.
A raíz de la aparición de estas imágenes por culpa de quienes no sabemos más que solo
por las pequeñas historias que nos cuentan, diremos que nuestra sierra central está llena de
enigmas religiosos y folklóricos en los mismos que se encuentran entronizadas imágenes del
Cristo en sus diferentes formas ya en pinturas como en obras muy lindas en yeso, cartón
prensado, madera, mármol, etc., etc. Y cada una tiene sus fechas de veneración, otras tienen
su capilla, con presbiterio, sacerdote, pastor, etc., sus festividades duran hasta una semana.
Así como el Taita Icsha o Señor de la Exaltación tiene su capilla, también está la capilla
de Huancapucro, la capilla de Uliachín, la capilla de San Atanasio, esto es en el ámbito de la
ciudad de Cerro de Pasco. Cada pueblo, cada caserío, cada poblado andino tiene su capillita y
en él se encuentra el Santo o Santa de su devoción, como la Señora de las Nieves del Perpetuo
Socorro, la Señora de la Concordia, la capillita con dos campanas de La Virgen del Tránsito
que fue destruida por los angurrientos de la compañía minera Centromin y que nadie se
ocupó en pedir por lo menos una réplica en la nueva ciudad de San Juan pampa. Se tiraron
todo no dejaron ni las campanas ni los cuadros al óleo que tenía dentro de ella, bancas,
púlpito, adornos de oro y plata regalados por sus devotos se los llevó un angurriento que hoy
debe estar pagando su infeligresia en los mismos infiernos… Así son las cosas…
La religión católica impuesta e importada de la sede principal de la Roma antigua hasta
nuestros días, ha hecho pues que ningún feligrés se olvide que Dios existe y que hay que
rendirle culto lo mejor que podamos ya sea en una u otra forma de devoción, pues para eso
se cuenta con los auxilios hegemónicos de la fe con los sacerdotes, curas, prelados, etc., etc. Y
podamos así acrecentar nuestra fe con mayor devoción.
Dentro de nuestra creencia religiosa y con la anuencia de los creyentes católicos, porque
los evangélicos no creen en estas cosas ni menos dan culto a las imágenes por creencia divina
o pastoril, en Cerro de Pasco se ubica una imagen muy venerada, esto es en el barrio de
Paragsha.
Según fuentes históricas, hasta la fecha se venera una imagen del Señor Crucificado, el
cual lleva el nombre de Señor de la Exaltación, se dice que tiene más de trescientos años
79
Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
desde su llegada de Europa y más de cien años de su entronización en una capilla del barrio
de Paragsha en Cerro de Pasco, se cuenta que ha salvado más de cien vidas, cientos de vidas
dicen, según historias antiguas es él un patrono del pueblo de Moho en la ciudad de Puno-
Perú. Según su existencia data entre los años de 1327 y 1730 y que anteriormente fue venerado
en una capilla de la ciudad de Mendoza en Buenos Aires.
Estas crónicas dan cuenta que existía un paraje en Quilcamachay que fue un caserío del
Distrito de Yanacancha en Cerro de Pasco, aquí se encontraban los primeros moradores de
la hacienda Paria, otrora hacienda de un gran auge en la crianza de ovinos y que con sus
productos muy reconocidos como la leche pura, quesos, mantequilla y otros derivados de
la ganadería mantenían a sus pobladores en forma muy arraigada. Allí justamente en aquel
pedazo de hacienda, antes de su crecimiento, nace el barrio de Paragsha con unas cuantas
viviendas casuchas hechas de adobón con sus techos de paja y soga trenzada, estas paredes
eran de barro prensado con paja que para entonces crecía en cantidades muy considerables
que para aquellas épocas posiblemente su verdadero nombre de Cerro de Pasco era “cerro
del pasto” o “cerro de los pastos”. Pues bien, estas viviendas fueron circundadas luego por
un pequeño cementerio en donde por la misma fe de sus pobladores acuerda construir una
capilla entre el barrio –para entonces– de Carhuan y Horna que ya tomaba forma y se hacía
famoso para entonces, así nace el barrio de Miraflores que según cuentan los antiguos de
flores no tenía nada era desértico y solo allí crecían pastizales en abundancia exclusive éstos
para la crianza de ovejas y animales menores como el cuy, conejo, etc.
Se cuenta también que por la existencia ya de la capillita en la misma que ya había sido
entronizado el Señor de la Exaltación, cada ramo que llevaban los feligreses y que ya estaban
marchitas las arrojaban a un montón –lugar para el arrojo de desechos– llamado echadero de
flores y como era muy feo y sugestivo este montón le llamaron Miraflores. Más cunde la idea
que fue a raíz de las florecitas de botones que crecen en los alrededores, florecitas pequeñas
de colores que aguantan las granizadas y heladas como ninguna otra planta.
Al crecimiento más fuerte de la Empresa de la Cerro de Pasco Cooper Corporation in
Delaware y el avance de la minería en forma cada día más fuerte y esto es, solo en la mina,
se trataba de ganar más terrenos de explotación. Cambiando de rubro a solo Cerro de Pasco
Corporation, tenían que hacer crecer el emporio minero, compraron las casuchas existentes,
formalizando para entonces un depósito de “graves” para su lixiviación, qué mejor que
Paragsha, especialmente el barrio de Miraflores, en donde hasta hoy se rellena los vacíos
dejados de las casas y seguir echando los desperdicios de los disparos del tajo abierto pero
que son guardados para la lixiviación recuperando así un cobre nativo puro, con tan solo el
uso de fierros viejos, latas, calaminas, todo metal ferroso, que como una fuente de ingreso
compraban a los lugareños por kilos. El barrio de Miraflores desaparece, si no es en forma
total por lo menos algo queda de éste, y como dicen los huaynos cerreños solo recuerdos
quedan.
Haciendo un recordaris diremos que nace el famoso campamento de San Andrés, no
sabemos a ciencia cierta por qué toma ese nombre. Los habitantes del lugar como vivían
cerca de la Empresa Minera pasan a ser gente de la Empresa, es decir trabajadores de la
Empresa Corporation. Pero acá viene la parte principal de esta pequeña historia: “La capillita
construida, como quiera que servía tan solo para los rezos y parada de los ataúdes de los
difuntos que iban a ser enterrados en el pequeño cementerio, para darle el último adiós
al difunto que en el argot cerreño se le conoce como el “caypincruz”, en el mismo que los
familiares de los difuntos o difunto, le hacían el rezo respectivo como un último adiós, previa
80
Tayta Icsha: El Señor de la Exaltación
chacchapada y su trago de vermuth o capitán, quizás mejor un calichi “caña hervida con
especies”.
Esta costumbre existe hasta ahora, cada entierro hace su caypincruz, en diferentes
paraderos se reza al difunto y se toma licor. La feligresía crecía gracias a la Empresa, había
mucho trabajo, la mano de obra era muy requerida sin ningún obstáculo. Cerro de Pasco
también crecía sin planificación alguna en forma desordenada, tan solo para el trajinar de
carretas haladas por burros o mulas. Los paragshinos y algunos miraflorinos, con la ayuda
de la Cerro de Pasco, construyeron una capilla más grande con una fachada más acorde a la
religión, sus dos campanarios y un portón de madera más grande, bancas para los asistentes,
techo de calamina, como la dotación de luz eléctrica entre otros.
También debemos recordar que no se sabe cuándo ni cómo llega la imagen del Señor de
la Exaltación, para aquellos años existen muchos comentarios, pero ha pasado tanto tiempo
que no existen personas que corroboren con exactitud este acontecimiento. Tal es así que
existe un pequeño dato el cual fue versión de un antiguo morador de Paragsha don Timoteo
Advíncula, un personaje de historia afincado en Yanahuanca que con sus ochentitantos años
recuerda a una familia apellidada Córdova. “Fue –dice éste– el año de 1912 quien trajo desde
las Españas dicha imagen”, quizás sea la más acertada. Como quiera que el auge minero era
cada vez mayor en Cerro de Pasco, habían muchos puestos de trabajo en la Empresa, la gente
se pasaba la voz y llegaban de todas partes especialmente campesinos ansiosos de trabajo,
ya de Huancayo, Jauja o Concepción, gentes que veneraban una imagen milagrosa y que
les cumplía sus oraciones y ruegos que ellos muy celosamente veneraban con mucho cariño
y respeto, era pues la imagen del Señor de la Exaltación. Ante esto creció más la feligresía y
tenía más devotos, en esto que aparece un clérigo llamado el padre Daniel y que entre sus
bártulos trajo la imagen que la tenía bien protegida y la entronizó sin más ni más de la noche a
la mañana y que por eso –sin que él diga nada– la consideraron una imagen milagrosa venida
de la nada.
Algún paisano de la época que había llegado a la capital Lima, le comentó que en el barrio de
Miraflores –Paragsha– había una capilla muy bonita pero que adolecía de imágenes. La colocó
en un altar causando gran impresión entre los lugareños y cada vez con más recogimiento
espiritual se volcaban a venerarla. Desde entonces pusieron al Señor de la Exaltación como su
protector y patrón oficial. Quedando así grabado el nombre hasta siempre.
Dicen también que como en aquellas épocas la capilla no contaba con un título de propiedad
y que en cualquier momento podría ser destruida por los angurrientos de la Empresa Minera
acordaron que la capilla sea considerada y declarada en el patrimonio de los paragshinos
en el Cerro de Pasco. El año de 1945, la capilla constituía un santuario muy venerado por
los paragshinos, cerreños y otras personas llegadas de otros lugares, éstos hicieron muchos
trámites ante el Prelado y la Diócesis de Tarma donde estaba la máxima autoridad eclesiástica
y religiosa de la Iglesia Católica. Este nuncio apostólico de la Prelatura de Tarma tomó las
súplicas como un pedido unánime, en donde se le pedía que la capilla y el Santo entronizado
sean considerados como íconos perennes en dicho lugar así como también se les otorgue
el título de propiedad correspondiente, logrando este cometido la algarabía cundió en toda
Paragsha. Desde entonces se le reconoció como Capilla de Paragsha, estando ya reconocida
nombran también a un hermano Diácono para que atienda los requerimientos litúrgicos
en forma permanente, todo esto en honor al Señor de la Exaltación. Allí se hacían misas,
rezos, novenas, matrimonios, bautizos, etc. Por ella han desfilado miles de feligreses entre
campesinos, obreros y gente de alta sociedad existente para entonces, además de llegar de los
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
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Tayta Icsha: El Señor de la Exaltación
el túnel, el mismo que remataba en un campo bien parejo que fue utilizado como campo
deportivo –cancha de fútbol– terreno baldío pero bien parejo.
La familia Giles, propietaria para entonces, hizo clausurar la entrada con tablones, pero
como la viveza y la necesidad caminan juntos a la pobreza, estos maderos se los robaron,
quedando al descubierto la entrada al boquerón, que en si no presentaba peligro alguno
como el pique.
Cada tarde se daban cita en aquel lugar, muy placentero por cierto, muchachos futbolistas
que, chimpún en mano, le daban a la redonda con apuestas, era simpático verlos jugar –
inclusive los domingos– donde una que otra vivandera servía de oasis a los concurrentes ya
con sus sodas y tragos como la cerveza, amén de frutas como las naranjas y limones.
San Expedito fue una mina de explotación de buena ley, tal es así que contaba con su
ingeniero de minas, geólogo, capataces, etc. Como quiera que la Cerro de Pasco crecía y crecía
y no se detenía su avance, pues el tajo abierto ya le pisaba los talones, era imposible tallar con
ella, ya las cartas estaban echadas tenía que desaparecer a como dé lugar. Pasaron los días,
pasaron los años –como dice la canción–.
Dos chiuches –muchachitos zarrapastrosos–, niños ellos criados a la deriva por padres
pobres y sin porvenir de ninguna clase, hermanos ellos, se fueron a jugar por ese campo
y uno de ellos dijo que ayer se había caído una pelota en el boquerón y que por miedo a
la oscuridad no entraron a rescatarla. Premunidos de una cajita de fósforos y un periódico
pasado, se aventuraron a entrar a buscar la pelota, habiendo agotado el papel periódico,
se quedaron en una oscuridad absoluto pero habían encontrado la pelota, no podían guiar
sus pasos y tomados de la mano posiblemente, cayeron a una chimenea la misma por su
profundidad. Sin resguardo de ninguna clase, rebotando sus cuerpecitos, fueron a dar al
final, muriendo casi instantáneamente. Sus padres de una condición muy humilde y de bajos
recursos económicos, vivían de recolectar latas y fierros para vender a la Empresa, no hacían
otra cosa que solo les alcanzaba para alimentarse una sola vez al día –y eso–. Al no tener
dos bocas más para hacerlo, qué mejor para ellos, a más de que el padre era un borracho
consuetudinario, bueno pues… qué mejor.
Pasaron los días y nadie se percataba de la ausencia de los menores, hasta que por esas
cosas del destino, la mamá en una de sus salidas a buscar latas, se encontró con su comadre
del alma la Vitucha y le preguntó:
–Cómo le va comadrita Shole (por Soledad), después de cuánto tiempo la veo, ¿cómo
están por la casa?...
–Ahí comadre, dándole a la vida, siempre juntando mis fierros y latitas para vender a la
Compañía pues.
–Ah mi comadre, usted siempre rajándose los lomos para mantener al vago de tu marido
y pagarle sus vicios, ¿no te cansa eso comadre?... Y tus chiuches ¿cómo están? No los veo hace
días.
–Ay comadrita, qué será la vida de esos mataperros, hace más de una semana que no los
vemos, dicen que les han visto por el Centro (Plaza Chaupimarca), hemos estado preguntando
y nadie nos da razón... Mejor comadrita, eran una carga para mí y su padre siempre paraba
botándolos y puro pleito nomás era en mi casita mamá… Para mejor que se hayan ido, de
repente pasarán mejor vida.
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
–Oh comadrita que cosas dices, son tu hijos ¿nooo?, hijo es hijo comadre, ta bien que
su papá sea un desgraciado con ellos, pero ellos no tienen la culpa de estar en este mundo
comadre. ¿Qué te pasa?...
–Así es la vida comadre, mejor estoy sin ellos y para mejor, no podía alimentarlos bien y
ni para cuadernos de la escuela tengo plata…
La comadre se fue torciendo su cabeza de un lado para otro dando por terminada la
conversación y la pérdida de tiempo con aquella mujer ignorante.
12 DE SETIEMBRE
La Lushme y el Dume, padres de los menores, se olvidaron de ellos totalmente, además
de alcohólico que era el Shimo (Simón Callipa), que así se llamaba, sin trazas y de ninguna
educación, arrinconado a la mujercita que tenía por esas cosas del destino, en las que siempre
se encuentran la miseria, la ignorancia y la pobreza juntas, éstos vivían en una chocita de las
pocas que quedaban ya en Miraflores. Vivían arrinconados casi al final de Paragsha, en una
choza de paja de propiedad del puneño (cuando no) Bernabé Cutillopa, cholo morado más
pendejazo que Pillo Muntis y que un ratón de depósito.
Pues bien, éstos se fueron a una novena de la capilla, entre remilgos fue el borrachín, pero
en su mente estaba que se encontraría con algún patita del alma para meterle unos cañaplines,
así fue… Estuvieron chupisticando varios cañaplines, entre ellos estaba el Jonás Millado, quien
viéndose ya “avanzadito”, se retiró de la banda con el cuento de orinar, partiendo rumbo a
su vergel… Antes se dio una vueltecita por el contorno de la capilla que por las festividades
del Taita Icsha (Señor de la Exaltación) se sentían las notas musicales de la banda de músicos
“Los hijos de Jauja”, en compañía de otro “moraveco” (borrachín de color morado por el frío
y el trago) se acompañaron abrazados. Al llegar a “shucuy punta” se acercaron a una pared,
mirando bien se pusieron a orinar, cuando de repente de la nada aparecieron dos sábanas
blancas flotando en el aire y contorsionándose decían en tono lastimero:
–¡Ayúdennos por favorrrrr! Sáquennos de aquíííííí!.... ¡Taitassssss…
taitassss, por favor sáquennos de aquí, sufrimos muchooooo!...
Pucha que los dos tirifilos se asustaron de tal manera que se pusieron blancos y empezaron
a vomitar espuma, los dos con los pelos de punta, pensaron que posiblemente sea una
broma o efectos del trago ingerido… Empezaron a correr como locos, cada uno para su lado.
Contaron el suceso en su casa y nadie les creyó porque siempre paraban borrachos y que eso
será efecto de su borrachera, decían.
–Bien hecho… eso te pasa por cañaplín y sinvergüenza –le increpó su mujer y su hija al
Jonás, igualito le dijeron a su patarrota del amigote el Flavio Urtecho.
13 DE SETIEMBRE
Higinio Salgado (otro cañaplín chupístico) en una de sus acostumbradas sesiones con los
amigotes (que empinan el codo), iba trastabillando borracho como siempre y se le ocurrió
cortar camino por el frente de la mina clausurada, a pesar que le habían advertido que no
pase por allí porque le van agarrar los fantasmas, el muy fanfarrón dijo:
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Tayta Icsha: El Señor de la Exaltación
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Paragsha: Historia, Cultura, Minería y Medio Ambiente
–Concurso de Narración–
COROLARIO
Dejo pues estampado en este trabajo monográfico, los acontecimientos más resaltantes e
históricos sobre El Señor de la Exaltación, esperando que llegue a lo profundo del sentimiento
cerreño. Paragshino y miraflorino, el aporte que hago para deleite de los miles de lectores
y fervientes adoradores de Tayta Icsha, además del cuento “chascarrero”, es sobre el caso
sobrenatural de los “Fantasmas de San Expedito”.
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PARAGSHA: HISTORIA, CULTURA, MINERÍA Y MEDIO AMBIENTE
–CONCURSO DE NARRACIÓN–