PREPARACIÓN PARA LA CONSAGRACIÓN AL TRIUNFO DEL
INMACULADO CORAZON DE MARIA1.
SEXTO DÍA
«Hijos míos; junten sus corazones como uno solo, recuerden la intención de
sus respuestas a mi llamado para honrar, amar y servir a la Trinidad, tres
personas en una. Los amo y deseo para ustedes solo bondad y regocijo.
¡Mucho se alcanzará para este día!; Prepárense para la batalla: la batalla
final para la armonía y la paz; manténganse fuertes y unidos, sosténganse
bajo la promesa de la paz global; el Padre Todopoderoso lo ha asegurado.
El acto de consagración ha sido presentado y aceptado; la conversión espera,
Él ansia poseer cada corazón para llenar cada alma con su reino. Tomen mi
mano no teman, corran conmigo no vacilen, empujen todo su ser al corazón
de esta misión, deseo sus respuestas al llamado de conversión. Queridos
hijos, esto significa, no solo que ustedes se consuman, sino repartir esta
chispa de amor; la unidad no puede ser creada por uno mismo, sino
alcanzando los corazones de los que te rodean y asiéndote al corazón que
alcanza el tuyo. La conversión se encuentra en ti por medio del reflejo de Él».
Diciembre 31 de 1992
Guía: El alma reconoce que, al hacer la consagración, ciertas peticiones de
gracia, intercesión, guía y dirección son concedidas por Nuestra Señora;
pero también es importante comprender lo que Ella nos pide a cambio.
Debemos recordar que no puede haber una relación de un solo lado, se trata
de la participación de ambos lados; nosotros no podemos seguir adelante
sin saber cuál es el resultado que nos espera al final. Nuestra Señora nos
pide que avancemos en santidad, pero es solo por su mano como se nos da
el modo para cumplirlo.
1Textosy oraciones tomadas de Preparación para la Consagración al Triunfo del Corazón
Inmaculado de María, FATCIM, 2014, siguiendo el método propuesto por San Luis María
Grignon de Montford.
Dirección: Es verdad que cualquier bien que nosotros hagamos viene de
Dios y que, sin su gracia, nosotros no podemos ni pronunciar su nombre;
comprendiendo que nosotros dependemos enteramente de la gracia. Dios
nos ordena tomar nuestra parte y cooperar con Él en la obra de salvación;
muchos desean llegar a ser santos pero quieren que Dios haga todo el
trabajo y que Él los lleve a la gloria eterna sin esfuerzo o inconveniencia para
ellos; pero esto es imposible, la ley divina de Dios declara que la carga debe
ser llevada por los dos, para mostrar que su mano divina y nuestra
cooperación son indispensablemente necesarias para crear la santidad del
alma. Al llevar esta carga, se gana el mérito de la felicidad eterna; por esto,
nosotros tenemos que someter nuestras voluntades a la vivencia evangélica
para así aplastar el obstáculo a la santidad.
Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, confiado en la Misericordia
infinita de Dios, ruego con firme confianza amarte con todo mi corazón; veo
que las gracias que yo recibo, la luz, los buenos deseos y la buena voluntad
que Dios me da, son el fruto de tu intercesión. Madre querida, continúa
intercediendo por este hijo, y ruega conmigo por mi santificación hasta que
todo mi ser llegue a ser como Dios lo desea. Ruego para que mi consagración
a Jesús, por medio tuyo, sea sin ninguna reserva y ruego que mi firme
esperanza pueda ser realizada pronto.
«Así pues, debe brillar su luz
ante los hombres para que vean
sus buenas obras y glorifiquen
a vuestro Padre que está en los Cielos»
(Mateo 5, 16)
Virtud de la Perseverancia2.
Siembro en vuestro jardín la rosa de la perseverancia, de vivo color que os
anima, os impulsa, os alienta y os motiva a permanecer en el jardín que Dios
os ha plantado.
2Texto tomado de Consagración al Corazón Inmaculado de María, Litografía La Bastilla, 5ª
edición, 2010.
Cultivad esta rosa celestial con alegría aún en momentos de tristeza mirando
siempre adelante y nunca hacia atrás.
Sed perseverantes, hijos míos en la oración.
Sed perseverantes, hijos míos en los sacramentos.
Sed perseverantes, hijos míos en la lectura y meditación del libro santo.
Sed perseverantes, hijos míos en el rezo del Santo Rosario.
Sed perseverantes, hijos míos en la práctica de las virtudes cristianas.
Sed perseverantes, hijos míos en el amor al silencio y la soledad.
Sed perseverantes, hijos míos en el vivir el evangelio en su radicalidad.
Sed perseverantes, hijos míos en caminar en pos de Cristo.
Sed perseverantes, hijos míos en mi escuela paternal, escuela que os enseña
a amar a Dios sobre todas las cosas.
Escuela que nos enseña a morir a vuestros propios intereses para pensar
en favor de los demás.
Escuela que os enseña a amar y a desear ardientemente el alimento
espiritual.
Escuela que os enseña a caminar como peregrinos en la tierra cuya meta es
alcanzar el cielo.
ORACIONES DIARIAS
Las siguientes oraciones «deben realizarse antes o después de la meditación
de cada día, según el texto diario»
1. EL CREDO
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en
Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y
gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder
de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está
sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a
juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la
carne y la vida eterna. Amén.
2. CONSAGRACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
¡Oh Señora mía, Oh Madre mía! Yo me entrego enteramente a ti y en prueba
de mi filial afecto, te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua,
mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo Oh Madre de
bondad, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén.
3. EL ÁNGELUS
V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
Ave María……
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Ave María……
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Ave María……
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro
Señor Jesucristo. Amén
Oremos: “Infunde Señor tu gracia en nuestros corazones, para que
habiendo conocido por la voz del ángel el misterio de la Encarnación de tu
hijo, podamos llegar por los méritos de su Pasión y su Cruz a la Gloria de la
Resurrección. Por el mismo Cristo Nuestro Señor”. Amén
4. CORONILLA DE VIRTUDES
Para pedir la virtud de…
“Mamá María sé tú en mí y conmigo pidiendo al Padre la Virtud de…”
1. Fe
2. Esperanza
3. Caridad
4. Humildad
5. Paciencia
6. Perseverancia
7. Obediencia
8. Silencio
Con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a
nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos
hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como nosotros
perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejen caer en tentación y líbranos
del mal.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora
y siempre por los siglos de los siglos.
Oración al Espíritu Santo: Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para
ver las cosas que son de Dios; Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para
conocer las cosas que son de Dios; Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma,
que yo le pertenezco solamente a Dios; Santifica todo lo que yo piense, diga
y haga para que todo sea para la gloria de Dios.
5. ¡OH MARÍA!
«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo; colócale alrededor una
corona de pureza adornada con virtud; toma mi corazón querida Madre
consagrado como tuyo propio; preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda
mía para ti. Ayúdame, Oh María, a hacer tu corazón más conocido cada día».
6. ORACIÓN DE PENTECOSTÉS
“Mamá María sé Tú misma en mí y conmigo invitando a tu divino
Esposo”
Espíritu de Cristo: despiértame; Espíritu de Cristo: muéveme; Espíritu de
Cristo: lléname; Espíritu de Cristo: séllame. Oh Padre Celestial, conságrame
a tu Corazón y Voluntad; se en mí una fuente de virtudes sella mi alma como
la tuya para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean». Amén