SEMINARIO MAYOR DE GIRARDOT
DERECHO CANÓNICO III
MUNUS SANTIFICANDI
SACRAMENTO PENITENCIA
DANIEL MAURICIO FIGUEROA JAIMES
III CONFIGURADORA
SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
El sacramento de la penitencia pertenece al grupo de “sacramentos de curació n” al
igual que la Unció n de los enfermos. Sin embargo, infortunadamente, el sincretismo
religioso de la actualidad y la nula conciencia de pecado en la sociedad han relegado y
echado a un lado este sacramento, vital para la vida cristiana.
El CIC, enriquece este sacramento dá ndole el cará cter que merece, superando la
concepció n psicoló gica y moral solamente, sino dá ndole el tinte judicial que trae
consigo.
Este sacramento se compone esencialmente de tres partes a saber:
Materia: actos del penitente
Examen de conciencia: contrició n o dolor de los pecados
Confesió n de los pecados y satisfacció n.
Cabe resaltar la forma del sacramento: la absolució n, que lleva consigo la fó rmula
trinitaria, señ al de la Cruz e imposició n de manos.
A continuació n, unos pará metros y características de este sacramento.
I. La celebración del sacramento
- Norma ordinaria: Acusació n o confesió n individual e íntegra de todos los
pecados mortales. Se recomienda confesar los pecados veniales.
- En casos excepcionales como grave enfermedad o peligro de muerte, es vá lido
la absolució n general o contrició n perfecta.
- La absolució n sacramental puede administrarse en peligro de muerte o si el
ministro no tiene el tiempo suficiente para oír cada confesió n individual. No
obstante, cada penitente deberá recurrir en la brevedad del tiempo al
sacramento de manera individual, a hacer un acto de contrició n y confesar los
pecados graves.
II. Lugar y sede de las confesiones
- El lugar por excelencia es el templo u oratorio
- Confesionario con rejilla
- Lugares que pueda admitir la Conferencia Episcopal
- En cada uno, velar por la privacidad entre el penitente y el confesor
III. El ministro del sacramento
- Obispo y sacerdote (ú nicamente), quienes actú an in persona Christi, aunque
no en las mismas condiciones
- Para ejercer el sacramento, el ministro debe contar con las debidas licencias y
la autorizació n de su obispo y aplica esta licencia de manera universal a menos
que haya una causa grave de no hacerlo
- Licencia ipso iure: Para confesar en toda la Iglesia, el Papa, cardenales, obispos
- En las iglesias particulares: obispos diocesanos, vicarios territoriales, pá rrocos
y vicarios
- En institutos de vida consagrada: Supriores generales y superiores locales
(provinciales) o maestros de casas de formació n. En peligro de muerte,
cualquier sacerdote con la debida licencia.
- Licencias por concesió n: El obispo las concede a toda clase de sacerdotes para
todos los fieles, el superior de una comunidad puede conceder la licencia a
cualquier sacerdote de confesar a sus sú bditos a menos que otro superior del
mismo rango se oponga.
- Requisitos: Verificar de manera escrita la idoneidad del ministro
- Condiciones: prudencia, discreció n, discernimiento, firmeza desde la bondad,
conocimiento de la doctrina y moral de la Iglesia, una vida espiritual auténtica.
- Limitació n de licencias: por razó n de censura
- Si las revoca o cesa el obispo del lugar, la pierde hasta el á mbito universal, pero
si es un obispo ordinario diverso, las pierde en su terreno y debe comunicarlo a
su obispo
- También se pierde por pérdida del oficio, excardinació n y cambio de domicilio
IV. Ejercicio pastoral de este ministerio
- El confesor, al ser ministro de Dios, médico, guía, pastor, debe acudir siempre a
la dogmá tica y moral de la Iglesia
- Actú a en nombre de Cristo y su Iglesia
- Objetividad y prudencia, no criterios propios
- Si hay buena disposició n del penitente, no negar ni retrasar la absolució n
- Pena y culpa son perdonadas, pero la pena temporal queda y es disminuida con
la satisfacció n, es decir, con las obras que el penitente pueda realizar. En culto
caridad y misericordia
- El sacerdote debe oír la confesió n.
V. Sigilo y secreto sacramental
- Sigilo: la obligació n estricta de guardar todo lo dicho en la confesió n
sacramental.
- El penitente, no está obligado al sigilo y secreto pero sí a la discreció n
- Violació n del sigilo: de dos maneras, directa e indirecta
- Directa: cuando el confesor revela pecado y pecador, causando excomunió n
latae sententiae
- Indirecta: cuando el confesor revela uno solo de los elementos exponiendo el
otro, causando una sanció n perceptiva
- Los intérpretes deben mantener discreció n y el secreto de lo oído en confesió n
- Causa excomunió n el grabar o divulgar por medios de comunicació n lo dicho
en confesió n
VI. Abusos contra el sacramento
- Complicidad entre el sacerdote y penitente de una acció n contra la castidad, lo
cual impide que el ministro absuelva al penitente
- El pecado de solicitació n, en términos de la castidad que el ministro realiza al
penitente aprovechá ndose del sacramento
- Falsa denuncia del pecado de solicitació n, es decir, difamació n, es un pecado
grave que para su absolució n se requiere el verdadero arrepentimiento y el
compromiso de restituir el nombre del ministro
VII. Disposiciones del penitente
- Sincera conversió n, propó sito de cambio
- Acusació n íntegra, sin ocultar pecados, en nú mero y especie
- Al menos una vez al añ o
- Si el que está obligado a comulgar está en pecado grave
- Tiene derecho el penitente a un intérprete
- Puede elegir libremente a su confesor
VIII. Las indulgencias
- Son complemento del sacramento
- Libran de la pena temporal parcial o totalmente, dependiendo la indulgencia
- Puede ganarse para un difunto o en beneficio propio
- Para que sea plenaria se requiere: confesió n sacramental, comunió n eucarística
y orar por las intenciones del Papa
- Obras que conceden indulgencia plenaria: adoració n al santísimo todos los días
mínimo media hora, viacrucis, bendició n urbi et orbi, adoració n de la Cruz del
viernes santo.
SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
El sacramento de la Unció n también llamado de la “extremaunció n” u ó leo de los
enfermos era aplicado de manera in extremis .
El Concilio denominó Unció n de los enfermos. San Pablo VI, introdujo una serie de
cambios como por ejemplo el nú mero de unciones, y miembros que deben ser
ungidos.
I. Celebración del sacramento
La celebració n del sacramento, debe realizarse ungiendo al enfermo con las palabras
prescritas en el ritual de enfermos.
En cuanto a la materia remota, se utiliza el ó leo, puede ser de oliva o extraído de otro
vegetal, que debe ser bendecido por el obispo, pero en caso de necesidad y sin contar
con el aceite, el sacerdote puede bendecir ó leo normal (el necesario) para el
sacramento y después con algodó n quemar lo que quede.
La materia pró xima es la unció n sobre la cabeza y las manos del enfermo,
dependiendo de su salud puede solamente ungirse sobre la cabeza u otra parte del
cuerpo. La forma, por su parte, es la contenida en el ritual: Por esta santa unción y por
su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que,
libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad.
II. Ministro de la celebración
Solamente los sacerdotes, aú n excomulgados, en caso de necesidad. Otro ministro,
diá cono o laico no puede administrarlo, lo que llevaría a una sanció n. Todo sacerdote
puede administrar la Unció n por su estrecho vínculo con el perdó n de los pecados,
uno de sus efectos y la eucaristía.
III. Sujeto del sacramento
Son tres las condiciones para recibir el sacramento: ser bautizado, cató lico, o
acató lico, tener uso de razó n aunque al momento de ungirlo no lo esté, es decir, para
niñ os no aplica y tener la disposició n o voluntad de recibir el sacramento.
Es un sacramento para enfermedades graves nada má s, la ancianidad pero grave, que
implique enfermedad que deteriora rá pidamente la salud de la persona.
En caso de duda por el uso de razó n, la enfermedad o incluso la muerte prevalece el
axioma fundamental de la salvació n de las almas.