La vocación de Abraham (Gn 12,1-9)
Estamos ante un nuevo comienzo. Este nuevo comienzo implica una
ruptura con respecto a todo lo que ha sido el camino precedente.
Abraham debe despojarse de aquello que le ata, que le cierra en su
vieja existencia. Tres son los valores que Abraham ha de dejar: tierra,
parentela o nación, la casa de su padre.
La vida verdadera empieza ahora; si no hubiera recibido esta
llamada, si no hubiera respondido poniéndose en camino, en el
sentido más profundo, Abraham hubiera muerto sin nacer, no
hubiera sido. Su respuesta completa su verdadero nacimiento.
ABRAHA
Desde el encuentro con Dios, la vida de Abraham y la de todos
M nosotros, comienza a ser una aventura siempre abierta. Por eso, el
caminar de Abraham es un caminar continuo hacia la madurez,
hacia la plenitud, en una continua sucesión de etapas que conducen
hacia metas más altas o profundas, pero en cuyo fondo, siempre
presente, aunque lo sintamos a veces oculto, aparece un Dios que
acompaña constantemente al ser humano y que es la fuerza
fundamental de su esperanza y de su caminar.
Todos los creyentes hemos recibido una llamada de Dios en
Abraham: en él estamos incluidos todos; hemos recibido la palabra
que nos pide dejar la tierra-casa-nación para buscar la nueva tierra
de la humanidad prometida y buscada.
Abraham ha dejado todo para seguir la palabra de Dios. Pero, al
mismo tiempo, va buscando a Dios, como lo indica el hecho de que
viene hasta el santuario de Siquem. Podemos decir que la misma
palabra de Dios le ha llevado a buscar la presencia divina en los
lugares del camino donde hay hombres y mujeres que también
buscan a Dios.
Y Abraham camina, va de un lugar a otro, de otro al anterior. La
misma dinámica de la vocación hace que Abraham nunca descanse:
camine, mora en tiendas (sin suelo firme, sin tierra propia); pero en
su propio camino, fundado en la palabra de Dios, va ofreciendo
signos y principios de vida para sus descendientes. Esta es la
vocación: vivir de la Palabra y abrir campo de esperanza para otros.