Realice una infografía en la que explique y desarrolle lo siguientes conceptos:
memoria colectiva, individual, histórica, subterránea y oficial, en articulación con el
olvido, el silencio, el recuerdo y la paz. Además, también deben exponer la articulación
entre memoria colectiva, individual, histórica, subterránea y oficial.
La memoria está, pues, íntimamente ligada al tiempo, pero concebido éste no como el medio
homogéneo y uniforme donde se desarrollan todos los fenómenos humanos, sino que incluye los
espacios de la experiencia. La memoria individual existe, pero ella se enraíza dentro de los marcos
de la simultaneidad y la contingencia. La rememoración personal se sitúa en un cruce de
relaciones de solidaridades múltiples en las que estamos conectados. Nada se escapa a la trama
sincrónica de la existencia social actual, y es de la combinación de estos diversos elementos que
puede emerger lo que llamaremos recuerdos, que uno traduce en lenguaje.
El recuerdo se sitúa así como la frontera, como el límite, en la intersección de varias corrientes del
pensamiento colectivo, hasta el punto que nos resistimos a remover (traer) los recuerdos, los
eventos que nos conciernen sólo a nosotros.
• Memoria histórica: supone la reconstrucción de los datos proporcionados por el presente de la
vida social y proyectada sobre el pasado reinventado.
• Memoria colectiva: es la que recompone mágicamente el pasado, y cuyos recuerdos se remiten
a la experiencia que una comunidad o un grupo pueden legar a un individuo o grupos de
individuos.
Dentro de estas dos direcciones de la conciencia colectiva e individual se desarrolla otra forma de
memoria:
• Memoria individual: en tanto que ésta se opone (enfrenta) a la memoria colectiva, es una
condición necesaria y suficiente para llamar al reconocimiento de los recuerdos. Nuestra memoria
se ayuda de otras, pero no es suficiente que ellas nos aporten testimonios.
RELACIÓN:
Creemos que la memoria individual, la memoria colectiva y la memoria histórica se construyen
desde la experiencia. En este sentido nos apoyamos en la noción de experiencia, a partir de la
tradición y la costumbre desarrollada por E. P. Thompson32. En efecto, para él en los procesos de
construcción de la conciencia representa un papel muy significativo la noción de experiencia, en
sus dos momentos fundamentales: la experiencia vivida y la experiencia percibida. La primera
involucra aquellos conocimientos históricos sociales y culturales que los individuos, los grupos
sociales o las clases ganan, aprehenden al vivir su vida, elementos que se constituyen en los
nutrientes de sus reacciones mentales y emociones frente al acontecimiento. De otra parte, la
experiencia percibida comprende los elementos históricos, sociales y culturales que los hombres,
los grupos, las clases, toman del discurso religioso, político, filosófico de los medios, de los textos,
de los distintos mensajes culturales, en una palabra, del conocimiento formalizado e
históricamente producido y acumulado
En su análisis de la memoria colectiva, Maurice Halbwachs enfatiza la fuerza de los diferentes
puntos de referencia que estructuran nuestra memoria y la insertan en la memoria de la
colectividad a la que pertenecemos.1 Entre ellos se incluyen, evidentemente, los monumentos,
esos lugares de la memoria analizados por Pierre Nora;2 el patrimonio arquitectónico y su estilo,
que nos acompañan durante toda nuestra vida; los paisajes; las fechas y personajes históricos,
cuya importancia nos hace recordar incesantemente; las tradiciones y costumbres; ciertas reglas
de interacción; el folclore y la música; y por qué no, las tradiciones culinarias. En la tradición
metodológica durkheimiana, que consiste en tratar hechos sociales como cosas, se hace posible
tomar estos diferentes puntos de referencia como indicadores empíricos de la memoria colectiva
de un determinado grupo, una memoria estructurada con sus jerarquías y clasificaciones, una
memoria que al definir aquello que es común a un grupo y lo que lo diferencia de los demás,
fundamenta y refuerza los sentimientos de pertenencia y las fronteras socioculturales.
El largo silencio sobre el pasado, lejos de conducir al olvido, es la resistencia que una sociedad civil
impotente opone al exceso de discursos oficiales. Al mismo tiempo, esta sociedad transmite
cuidadosamente los recuerdos disidentes en las redes familiares y de amistad, esperando la hora
de la verdad y de la redistribución de las cartas políticas e ideológicas.
Un último ejemplo muestra hasta qué punto una situación ambigua y pasible de generar
malentendidos puede también llevar al silencio, antes de producir el resentimiento que está en el
origen de las reivindicaciones y contestaciones inesperadas.
Pero estos ejemplos tienen en común el hecho de atestiguar la vivacidad de los recuerdos
individuales y grupales durante decenas de años, e incluso siglos.16 Oponiéndose a la más legítima
de las memorias colectivas, la memoria nacional, esos recuerdos son transmitidos en el marco
familiar, en asociaciones, en redes de sociabilidad afectiva y/o política. Estos recuerdos prohibidos
(el caso de los crímenes estalinistas), indecibles (el caso de los deportados) o vergonzosos (el de
los reclutados a la fuerza), son celosamente guardados en estructuras de comunicación informales
y pasan desapercibidos por la sociedad en general. Por consiguiente, hay en los recuerdos de unos
y otros zonas de sombra, silencios, “no-dichos”. Evidentemente, las fronteras entre esos silencios y
“no-dichos” y el olvido definitivo y lo reprimido inconsciente no son estancas; están en perpetuo
dislocamiento.17 Esa tipología de discursos, silencios, y también alusiones y metáforas, es
moldeada por la angustia de no encontrar una escucha, de ser castigado por aquello que se dice,
o, al menos, de exponerse a malentendidos
En este contexto surge el concepto de memorias subterráneas, elemento clave en el discurso de
Pollak, que entra en oposición con el de memorias colectivas y la memoria oficial. Esta
reivindicación de los grupos dominados, las periferias y la marginalidad constituye en sí una
apuesta por el reconocimiento de otras institucionalidades más allá de la oficial que son
conformadas entre largos periodos silencio e inclusive culpabilidad en la dimensión de lo público
pero que se difunden a través de la tradición oral, cobrando legitimidad con el paso del tiempo y
desarrollando un discurso propio fortalecido entre sombras por años y años de reafirmación como
aquellas verdades implícitas que nadie se atreve a nombrar pero que todos tienen consciencia de
estas.
Las memorias subterráneas emergen como oposición abanderada ante las memorias colectivas,
nacionales y oficiales4 , proclamando un lugar de dignidad y sobreviviendo a la opresión, el
maltrato, la censura y la discriminación que frecuentemente se ejerce sobre sus actores. Esta
memoria, como es posible apreciar en los tres casos, se reviste de una vitalidad asombrosa siendo
transmitida en el campo de lo micro, a nivel local o familiar, entre las sombras durante años sin
asomarse a la esfera de lo público, expectante. Vuelven aquellas comunidades afectivas de
Halbwachs, transformadas en redes de sociabilidad afectiva y/o política veladas por el silencio y lo
no-dicho, que en ocasiones no encuentra la necesidad -por decisión personal o política- de ser
expresado o por el contrario se descubre una carencia de receptores dispuestos a escuchar el
mensaje y destinatarios prestos a comprender. Advierte Pollak que “(...) Estos recuerdos
prohibidos (el caso de los crímenes estalinistas), indecibles (el caso de los deportados) o
vergonzosos (el de los reclutados a la fuerza), son celosamente guardados en estructuras de
comunicación informales y pasan desapercibidos por la sociedad en general (Institucionalidades
otras). Por consiguiente, hay en los recuerdos de unos y otros zonas de sombra, silencios, no-
dichos” (Pollak, 2006).
Estas zonas de sombra, silencios, no-dichos, cuál memorias clandestinas, yacen subterráneas, a la
expectativa, pero se distancian del olvido. Traumas tan severos como la guerra, los genocidios, el
desplazamiento, el trabajo forzado o el olvido forzado dejan una profunda cicatriz en la piel y en
las mentes que, si bien pareciera sanar con el tiempo, no se __________ 4 Aquellas memorias
elaboradas e impuestas desde el Estado o los organismos públicos para glorificar, mitificar y
ocultar acontecimientos y mantener la identidad nacional. 10 borra ni se olvida
Y es precisamente esta frontera invisible entre lo decible y lo indecible, lo confesable y lo
inconfesable, la que marca una profunda división y contradicción entre dos memorias colectivas
diferentes que entran en tensión, ávidas por cobrar legitimidad ante el escenario social, pero que
se encuentran evidentemente en condiciones desiguales. Por un lado se encuentra la memoria
colectiva social, la de la sociedad mayoritaria -en cantidad o calidad-, aquella que tiene a su
respaldo toda la institucionalidad oficial y unos intereses políticos claros del control -y en
ocasiones amaño- del discurso en busca de recrear e imponer una versión particular de la historia,
en la cual generalmente no hay presencia de una polifonía de voces considerable, pero sí de
muchos escuchas dispuestos a ignorar o renegar de un pasado invisibilizado y en ocasiones
demasiado traumático para ser remembrado. Y por el otro lado se encuentra una memoria
colectiva subterránea, clandestina, taciturna y silenciosa transmitida informalmente, limitada de
vías y recursos para su comunicación, muchas veces avergonzada, disimulada y oculta, no sin
cierto repudio. Allí, en la tensión entre el silencio y el recuerdo, la palabra y el olvido, se plantea el
principal desafío a largo plazo para las memorias subterráneas: “el de su transmisión intacta hasta
el día en que puedan aprovechar una ocasión para invadir el espacio público y pasar de lo “no-
dicho” a la contestación y la reivindicación” (Pollak, 2006).