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La Sal de la Tierra
La sal como producto ocupa un lugar importante en la historia. Muchas
civilizaciones la utilizaron, y llegó a ser un producto de un alto valor
económico. De hecho, la palabra “salario” que aún se usa en las empresas,
se originó del pago que algunos soldados romanos recibían por sus servicios
(Ellos recibían sal como pago). La sal llegó a ser tan valiosa, que en Grecia
se podían comprar esclavos a cambio de sal.
En nuestra cultura, la frase “estar salado” significa “tener mala suerte”. Por
ejemplo, cuando secularmente una persona dice: “Hoy estoy salado”, quiere
decir que nada le está saliendo bien ese día. Pero la frase “estar salado”,
más allá de ser una frase idiomática del español, hace referencia al concepto
negativo que las personas tienen sobre la sal.
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Al igual que muchos de ustedes, antes de venir a los pies de Cristo Jesús, el
Hijo del Dios Altísimo (Lucas 8:28), yo asistía a la iglesia católica, la Gran
Ramera (Apocalipsis 17:5), que es un lugar donde se enseña una doctrina de
error y llena de supersticiones. Recuerdo que, en esta iglesia falsa, se
enseñaba que la sal era mala, y que, si una persona dejaba caer sal en el
piso de su casa, ésta quedaría “salada”, es decir, la gente de esa casa iba a
tener mala suerte. Posiblemente los jóvenes no tengan mucho conocimiento
sobre esta superstición, pero los más adultos, sé que antes de venir al
conocimiento de la Palabra de Dios, quizás creyeron en ese invento. Pero,
¿será que la sal realmente da mala suerte? ¿La sal en realidad es mala para
los jóvenes cristianos?
En el Antiguo Testamento, la Biblia dice: Y sazonarás con sal toda ofrenda
que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de
tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal. (Levítico 2:13)
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El libro de Levítico contiene una serie de instrucciones y especificaciones
sobre el culto que el pueblo israelita le ofrecía a Jehová Dios. Es una especie
de manual dirigido a los Levitas, quienes eran los encargados de celebrar
los oficios sagrados para Jehová. En este libro, como leímos anteriormente,
Jehová ordenó que toda ofrenda debía ser sazonada con sal y que la sal
jamás debía faltar en una ofrenda (Levítico 2:13). La sal en el Antiguo
Testamento era utilizada como un elemento de preservación, que hacía que
las ofrendas estuviesen limpias de contaminación. La sal también simbolizaba
“duración sin fin” o “perpetuidad”, por eso, por ejemplo, en Números 18:19
se menciona el pacto de sal perpetuo, lo cual quería decir que lo que Jehová
estaba diciéndole a su siervo Aarón no iba a pasar, sino que era un estatuto
de duración ilimitada. Si Dios mismo ordenó que se usara la sal en las
ofrendas que se le daban, entonces concluimos que la sal ni es mala ni
produce mala suerte como muchos supersticiosos (aun cristianos) podrían
suponer.
Ya hemos visto en forma breve la importancia de la sal en el Antiguo
Testamento. Sin embargo, por la Biblia sabemos que todos nosotros ahora
estamos bajo un Nuevo Pacto, el cual fue sellado con la sangre de Cristo
Jesús (Lucas 22:20), también sabemos que nosotros ya no necesitamos
sacrificar animales ni darle a Dios ofrendas de cereales como los descritos
en el Antiguo Testamento, porque el sacrificio perfecto que Jesús ofreció
una vez para siempre en la cruz del Calvario fue suficiente para limpiarnos
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de pecado y darnos salvación (hebreos 7:27). Entonces, ¿por qué es necesario
hacer este estudio sobre la sal? ¿En particular qué tiene esto de importante
para los jóvenes cristianos? Nuestro Señor Jesucristo dijo:
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será
salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por
los hombres. (Mateo 5:13)
Jesús declaró que nosotros somos la sal de la tierra. Jesús nos atribuyó las
características y usos de la sal en un sentido espiritual. El joven cristiano
debe entender que él es sal, y que es importante que ese sabor salado
prevalezca espiritualmente en él. El sabor salado en la vida del joven
cristiano lo da la Palabra de Dios. A nadie le gusta comer alimentos insípidos
(Job 6:6) porque no se pueden disfrutar. De igual forma, cuando un joven
se aleja de la Palabra de Dios, su vida se vuelve insípida, sin sabor, imposible
de disfrutar.
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En el tiempo del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo, la sal se
usaba como conservante de los alimentos, ya que no existían la refrigeración
ni otros medios de preservación con los que contamos ahora. Cuando una
persona pescaba, por ejemplo, ésta aplicaba sal a los pescados para que no
se descompusiesen rápidamente. Nosotros hemos sido llamados para
preservar y guardar la Palabra de Dios hasta el fin (Juan 14:21, Apocalipsis
3:8). La Biblia nos dice: Pero nosotros no somos de los que retroceden para
perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. (hebreos
10:39) Cuando somos sal, y preservamos y guardamos la Palabra de Dios,
obedeciéndola y viviéndola, estamos preservando nuestra alma, y
contribuimos a la preservación de la vida de nuestros seres amados. En
Génesis vemos cómo el joven José fue sal. Aunque él estaba en Egipto, una
tierra de pecado, idolatría y corrupción; José preservó la Palabra de Dios,
honró a Jehová su Dios en todo tiempo, y con esto José preservó su vida, y
la vida de todo el pueblo de Israel (Génesis 45:5). Conozco a algunos jóvenes
cristianos, cuyas familias son idólatras y hacen cosas terribles, pero Jehová
Dios tiene misericordia de esas familias, a causa de esos jóvenes que son sal
y guardan la Palabra de Dios. Jehová preserva la vida de los incrédulos por
amor a los jóvenes cristianos, que son sal para los que viven en su casa
(Hechos 16:31, Génesis 18:16-33).
Me impacta cómo en 2 Reyes 2:21, el profeta Eliseo echó sal en las aguas
malas, y éstas fueron sanadas; y ya no hubo en ellas muerte ni enfermedad.
En el Nuevo Testamento, “las aguas” representan pueblos, muchedumbres,
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naciones y lenguas (Apocalipsis 17:15). Cuando el joven cristiano es sal, él
puede ser usado por Dios para llevar esa Palabra de sanidad física y
espiritual a tantos jóvenes que viven insípidamente, cuyas almas están
enfermas de dolor, rencor, amargura, decepción, incredulidad, odio,
desánimo, etc. El Espíritu Santo a través de su Palabra puede sanar física y
espiritualmente a estos jóvenes, usando como instrumento a otro joven que
sea sal. Cuando vivimos la Palabra de Dios, entonces somos sal. Somos libres
para tomarle sabor a la vida en Dios, viviéndola según nos manda nuestro
Señor Jesucristo en su Palabra. Si en verdad somos sal, debemos tener paz
los unos con los otros (Marcos 9:50).
La sal como producto puede perder su sabor por diversas razones, tales como
los elementos ambientales, las impurezas, mal almacenamiento, etc. Si el
joven cristiano se descuida en su búsqueda de Dios, se deja influenciar por
el mundo, peca deliberadamente, y deja de congregarse, ciertamente
perderá su sabor, se volverá insípido. Según los expertos, la sal tiene
aproximadamente 14,000 usos, el joven cristiano puede ser igualmente usado
por Dios en múltiples formas para la gloria de Jesucristo. Sólo hay un lugar
en donde la sal no sirve para nada: En el suelo al perder su sabor (Mateo
5:13, Inutilización del suelo: Jueces 9:45). Joven: Esfuérzate por ser sal de tu
casa, tu escuela, tu trabajo, porque si te vuelves insípido, no volarás cuando
Cristo venga por su Iglesia en el arrebatamiento. ¡Cristo viene ya!