Capuchinas PDF
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ISSN: 1405-0269
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Universidad Autónoma del Estado de México
México
San Felipe de Jesús or the Capuchins. A Forgotten cuela Nacional de Antropología (ENAH), se me
Convent encargó hacer la historia del uso del suelo de ese
Abstract. In the ancient Mexico city existed a little poor nun lugar afectado (Romero, 1992); aún recuerdo que
convent between La Celada and Acequia Real streets (now no sólo participé en el trabajo de archivo junto
called Venustiano Carranza and 16 de Septiembre, con la historiadora Blanca Posadas, sino que tam-
respectively). Due to its total disappearance and the few bién estuve en la lucha constante contra las má-
documents about it, this convent is perhaps the less studied of quinas de la constructura que hacía el nuevo edifi-
all those that existed in the colony’s capital. This paper shows cio, las cuales ávida y rápidamente avanzaban so-
a part of the social history of the Capuchin order, as well as bre los restos arqueológicos que aparecían con-
the architectonic and artistic evolution of this colonial jewel. forme se levantaban los cimientos de la nueva es-
Data was obtained from the colony’s archives and some other tructura. Siempre atrás o junto a ellas, estaba un
written sources (from the XVII c. until its disappearance in the equipo de salvamento arqueológico recolectando
second part of the XIX c.). The high price of the land is y registrando cada hallazgo. Sin embargo, en oca-
considered the cause of the convent’s demolition. siones, este trabajo sobrepasaba las fuerzas y el nú-
mero de personal con que se contaba, por lo que,
Introducción sobre todo en las noches, la maquinaria pesada se
daba vuelo en arrasar lo que apareciera de mate-
El presente ensayo es parte de una aventura intelectual rial arqueológico, con tal de no perder tiempo en la cons-
posterior al terremoto luctuoso que sacudió a la ciudad trucción. Cuando ocurría un descubrimiento más o menos
de México el 19 de septiembre de 1985, el cual provocó importante de restos de material antiguo, se obligaba al ma-
múltiples derrumbes y daños. Paradójicamente, esta enor- quinista a parar para hacer el registro adecuado, con lo que
me destrucción dio paso para descubrir parte de esa “otra” la constructora perdía tiempo y dinero a causa del hallazgo.
ciudad que yace en el interior, en el subsuelo, la cual se De hecho, algunos de los peones de la constructora, ya “ver-
encuentra cubierta por los enormes edificios de hierro, cristal sados” en el asunto de la demolición y preparados contra la
y concreto, pero sobre todo, arropada de hechos velados o eventualidad que representa un encuentro con el material
encubiertos. arqueológico, por poco se llevan a punta de pico la estruc-
Este es el caso de nuestro tema, un edificio que se de- tura prehispánica más completa que se halló en el lugar, de
rrumbó por el temblor y que dejó al descubierto una parte no haber sido por la presencia de uno de los arqueólogos,
de su rostro oculto. De esta manera, al brotar los hallazgos quien la descubrió a tiempo.
de material antiguo, se decidió realizar un salvamento ar- La investigación etnohistórica de este sitio, correspondien-
queológico y etnohistórico de ese sitio, que se denominó te al periodo prehispánico, se publicó en 1997 (Romero,
“Proyecto Capuchinas”, llevado a cabo a fines de la década
de los ochenta. *Facultad de Geografía, Universidad Autonóma del Estado de México.
Al comienzo del proyecto, y aún como pasante de la Es- Tel.: (72) 14 31 82. Correo electrónico: geo@[Link]
Diversos asuntos demoraron dos años más en Toledo a sur ciento ochenta, en cuyo sitio la planta de la iglesia divi-
las monjas, pero al fin salieron de su convento el 10 de mayo de su longitud en tres porciones iguales; las dos que forman
de 1665, hacia el puerto de Cádiz. Durante el trayecto les su cuerpo y la una el presbiterio.
cayó un torrencial aguacero que enfermó con fiebre a dos En el costado que mira al mediodía, y hace fachada a la
de las monjas; al continuar el viaje, uno de los carros se Calle Real (se refiere a la hoy calle de Venustiano Carranza)
perdió por un par de días con algunas de ellas dentro, pero se forman dos portadas; la principal con cerramiento circu-
más tarde volvieron a juntarse con el grueso de la caravana lar de dos cuerpos obrados de cantería con pilastras
y llegaron a puerto para, por fin, felizmente embarcarse. recalzadas, jambas, traspilares, y embarazamientos, todo de
Se hicieron a la mar el 2 de julio, sin embargo, días des- orden dórico que componen el primer cuerpo. El segundo
pués una grave tormenta sorprendió al barco, que estuvo a cuerpo es jónico, que sigue con sus ornamentos sobre los
punto de naufragar y se salvó, según se relata en el libro de vivos y plomos del primero, recibiendo en su centro un
fray Ignacio de la Peña, por obra de milagro (1728). Se cuenta tablero guarnecido de molduras y recuadros con el glorio-
que estando a punto de zozobrar la embarcación, descen- so proto-mártir San Felipe de Jesús, Patrón y natural de
dieron del cielo varios ángeles y juntos salvaron al navío del esta nobilísima ciudad de México, esta portada se corona
inminente hundimiento. Por fin el 8 de septiembre, dos con frontis cerrado y sus remates.
meses después, llegaron al puerto de Veracruz, y el 27 del La segunda portada es de cuadro de obra architravada de
mismo mes partieron rumbo a la ciudad de México, a la molduras con recuadros en su cerramiento, sobre ella se
cual arribaron el 7 de octubre de 1655. asienta una sotabanca que recibe un tablero guarnecido de
Salió a recibirlas el Marqués de Mancera, Virrey de la molduras con la efigie de la Inmaculada Concepción de
Nueva España, también el Deán y el Cabildo de la ciudad, Nuestra Señora, la cual dibuja el buril en relieve con sus
quienes dispusieron que por no estar concluida la construc- atributos y gloria de serafines. Las puertas son de incorrup-
ción de su convento, se aposentaran en el de la Concep- tible cedro, formada de crucería y media moldura, con ta-
ción, lugar donde vivieron hasta el 29 de mayo del año si- bleros de nogal, a los que guarnecen escuadras de hierro
guiente (Marroquí, 1969: 74-78). pavonado.
Sin embargo, por amplia que fuese la casa de la viuda de En la distancia que cogen las dos portadas se forma una
Simón de Haro, no bastaba para fundar en ella un conven- lonja o mesa de tres varas de ancho, de la cual salen tres
to; persuadidos de esto, los albaceas de doña Isabel compra- gradas hacia el medio de la calle que facilitan el ingreso a
ron, para remediarlo, con los 10,000 pesos del legado, las dicha iglesia. Las paredes maestras y arcos suben en propor-
dos casas contiguas y ampliaron así lo que iba a ser la cons- ción según su ancho al techo de artesón hundido, obrado
trucción original. de moldura y talla; su forma es ochavada y por la parte
Así, con el terreno de las tres casas dispusieron provisio- cóncava bajan las molduras guardando sus ochavos y reci-
nalmente un convento estrecho y construyeron una capilla biendo en el centro unas bandejas ondeadas con la misma
provisional, dejando espacio para edificar la iglesia (ibid.: 79). igualdad en sus cortes y ochavos. Se forman entre los
Recién instaladas las Capuchinas en su nuevo hogar, su- artesones unos signos cuadrángulos, en cuyos espacios asien-
frieron la repentina muerte de su querida abadesa, sor Ma- tan floroncillos colgantes a todo relieve, todo orlado con la
ría Felipa, quien fue sustituida de inmediato por sor Lorena cuerda de nuestro Seráfico Padre San Francisco. En los cua-
Bernarda, quien permaneció en el cargo por más de 30 años. dros que dividen las partes de que se compone el templo se
Pasado este amargo suceso para la Orden, comenzó la cons- forma el arocave, el cual sobre sí recibe el techo de vara y
trucción de la iglesia. cuarta de tablas con sus molduras, alto y bajo dorados y
El bachiller don Diego de Rivera dispuso el diseño arqui- cortezas. La luz que llega al templo se comunica por cinco
tectónico del convento, quien describe su aspecto con detalle bien rasgadas ventanas que se adornan una bien forjada
(De la Peña, op. cit.). Por la importancia que reviste esta pri- rejería a que se arriman tersos y cristalinos vidrios.
mera descripción del convento de las Capuchinas, la expone- El presbiterio tiene conmesurada la capacidad con la dis-
mos casi textualmente, tal como la dibujó Rivera, sólo se han tancia del templo y se sube a él por cuatro gradas. La mesa
suprimido algunos pasajes alegóricos y se ha modernizado la de los acólitos y blandones tiene vara y cuarta de ancho. En
ortografía para una mejor comprensión de la obra. El ar- la testera que divide el interior del convento hacia la parte
quitecto se expresa orgullosamente así de la construcción: del norte, esta el coro bajo y la cratícula, por donde reciben
“Tiene toda la fábrica por la parte del oriente a poniente las religiosas la Sagrada Comunión; inmediato al retablo
noventa y nueve pies geométricos de latitud, y de norte a del altar mayor y a las espaldas de éste, se formó la sacristía
dradas, embazamientos e impostas toscanas. En el cuarto iglesia, lo que indicaba a los vecinos lo penoso de su situa-
lienzo está una sala muy capaz donde reciben a los señores ción, con lo cual los capitalinos se dirigían rápidamente a
virreyes, cuando, como Patronos, entran en la clausura. Así ofrecer viandas a las afligidas madres (García Cubas, 1904:
está el presente Convento de San Felipe de Jesús de Méxi- 37). En vano se pretenderá entender, como menciona
co.” (De la Peña, 1728). Josefina Muriel (1946), porqué las plazas de este convento
De tal forma, su fábrica fue terminada y se dedicó el 11 eran las más disputadas de la Colonia.
de junio de 1673, por el Señor Arzobispo Fray Payo
Enriquez de Rivera, quien una tarde antes llevó al III. El siglo XVIII y la expansión capuchina
Divinísimo de la Catedral en una solemne procesión acom-
pañado de la Real Audiencia y los Tribunales. El primer A mediados del siglo XVIII, la sobrepoblación comenzó a
día hizo fiesta a su costa cantando él mismo la misa pontificial sentirse en este pequeño convento, donde las comodidades
(González, 1900: 306). brillaban por su ausencia. A pesar de esto, las jóvenes aspi-
Algunos años después del establecimiento del convento, rantes querían entrar a éste y no a otro; los lugares estaban
decenas de mujeres de toda la Nueva España tomaron el reservados ya para que cuando una hermana muriera en-
hábito capuchino, mientras que otras esperaron mucho trara la que seguía en la lista de espera.
tiempo para poder hacerlo. Para entrar, las doncellas reci- A principios del siglo XVIII, se pensó que la solución al
bían un cuadernillo, con el cual eran examinadas y después problema de sobrepoblación y demanda de entrada a la Or-
admitidas. Entre las condiciones y requisitos que debían den, se resolvería con la fundación de más conventos en el
reunir estaban los siguientes: “Ser españolas e hijas legíti- interior de Nueva España. Así, se iniciaron gestiones para
mas, tener excelente salud. Tener verdadera vocación y con- la expansión de las capuchinas bajo la protección de genti-
tar con la aprobación de los padres y director espiritual; les hombres que aportaran bienes para su establecimiento.
poseer una buena educación, finos modales y buen genio. De esta manera fue que del convento original de la capital
Saber leer y escribir en español y latín; además de saber novohispana, salieron continuamente monjas a fundar nue-
hacer algunas labores de mano y todos los oficios de criadas vos claustros para la orden en el interior del virreinato.
tales como cocinar, barrer, fregar, lavar y sobre todo, saber El primer vástago conventual desprendido fue el de la
algo de enfermería casera” (Muriel, 1946). ciudad de Puebla de los Angeles, construido hacia 1703, con
Se les explicaba después, durante una entrevista, la durísi- autorización y Real Cédula de Felipe V. El segundo se fun-
ma vida que llevarían, el alimento frugal, el corto sueño, los dó hacia 1717, en la ciudad de Querétaro, bajo la mirada de
vestidos burdos que usarían, el calzado duro, además que Juan Caballero y Osio y Don José de Vergara. El tercer
renunciarían a todo bien material en esta vida desde ese convento se construyó en el lejano San José de Lagos, Jalis-
momento y para siempre. co, que a su vez aportó el material humano para fundar el
Una vez cubiertos estos requisitos se preparaban para pro- Convento de Madres Capuchinas de Guadalajara en 1761.
fesar; se presentaban con velo blanco y corona de rosas. La última fundación capuchina fue la de Villa de Guadalupe
Estos elementos se sustituían, después de haber pronuncia- hacia 1787, conocida después como el Convento de la Co-
do los votos, por un velo negro y una corona de espinas. El legiata (Reynoso, 1960).
canastillo de boda que se les entregaba contenía, entre otras Sin embargo, el convento ya gastado y primitivo de las
cosas, profusión de flores, el cuadernillo de las disciplinas, capuchinas de México continuaba siendo muy solicitado
cilicios y otros instrumentos de penitencia (García Cubas, todavía hacia mediados del siglo XVIII, no obstante que es-
1904: 19). taba ya deteriorado y hundido porque las monjas no tenían
Finalmente, quedaban ellas con el hábito capuchino que suficiente dinero para las reparaciones. Así lo encontró en
era de color gris y se ceñía a la cintura con una cuerda; su visita el Arzobispo Don Manuel Rubio y Salinas (Ma-
además, se usaba una sencilla toga blanca y sobre todo esto, rroquí, 1969: 83).
una capa gris. Colgado al cuello, se ponían un medallón de Ante esta situación, el Obispo estaba susceptible, por lo
metal, a la vez que usaban zapatos suecos de madera de que sor María Nicolasa, Prelada del Convento, promovió
recio encino (Muriel, 1946: 206). Las capuchinas no podían ante él el aumento y mejora del edificio. Sin embargo, como
guardar nada de alimento para el día siguiente, se tenía que la Orden era mendicante, había que buscar limosnas de hom-
vivir al día. En ocasiones, cuando se llegaba la hora de las bres piadosos para llevarlo a cabo. Sor Agustina y el Obis-
comidas y las monjas no habían recibido lo suficiente para po concertaron una manera ingeniosa para hacerse de fon-
ese día, hacían sonar las campanas de la torre de su pequeña dos aprovechando la simpatía de que gozaba el convento
parte de afuera y un rayo de hoja de lata, y puertas de Si se considera que seguía siendo el convento más peque-
madera... A la parte del norte tiene dos ventanas, que caen ño de la capital del virreinato, su población era muy alta
al patio del torno, con sus encerados, y al mediodía otras en comparación con conventos como el de la Concep-
dos, que caen a la calle, con rejas de hierro y mallas de ción o el de Regina, cuyas dimensiones eran casi diez ve-
alambre, y de parte de adentro vidrieras y puertas de ma- ces más grandes y con poblaciones menores de 150 mon-
dera.” (De la Peña, 1728). jas (A. G. N. Padrones. 1811).
Francisco de la Maza (1983: 45), señala al respecto que es La Guerra de Independencia no afectó tanto a la Orden
interesante observar que “las Capuchinas, tanto en España como lo hizo después las leyes de desamortización de bie-
como en América, siguieron un uso diferente en la coloca- nes eclesiásticos. Así, el 2 de febrero de 1861, el gobierno
ción de los coros. El coro alto se conservó a los pies de la decretó que quedaban secularizados todos los hospitales y
nave, frente al altar mayor, pero el coro bajo se colocó siem- establecimientos de beneficencia que estuvieran adminis-
pre en el presbiterio, dando la reja y la cratícula al altar, de trados por corporaciones eclesiásticas. Pero la disposición
manera que ocupaba, con la tribuna, todo el paño.” que más le afectó fue la dictada para la reducción de con-
ventos. Ésta, no fue comunicada sino a las personas encar-
IV. Las capuchinas contra el Conde de Xala gadas de hacerla cumplir. Las monjas, lo mismo que el pú-
blico, ignoraban que se hubiese promulgado (Zamacois,
Precisamente, por la ventana del coro alto, las capuchinas 1880: 590).
se percataron tiempo después de su última ampliación, El gobierno aplicó la orden de exclaustración a las doce
que la casa frontera de la calle, propiedad del acaudalado de la noche del trece de febrero de 1861. Sacadas con sollo-
don Antonio Rodríguez de Pedroso, Señor Conde de Xala, zos fueron llevadas las 35 religiosas al Convento de Capu-
estaba construyendo un piso de más a su morada. Las chinas de la Villa de Guadalupe. Se reunieron el cinco de
monjas asustadas con esta acción, ya que veían en esto un junio en el Santuario de los Angeles, y el 25 del mismo mes
peligro hacia su clausura, porque según ellas se podía mi- pasaron a la Enseñanza Antigua.
rar desde la azotea hacia dentro del convento, pusieron Después de la exclaustración, la demolición de algunas
guerra de por medio en contra de tal personaje a través de construcciones religiosas no se hizo esperar, tomando como
Manuel de Aldaco, Síndico del Convento. pretexto la ampliación o abertura de calles de utilidad pú-
De tal forma se movió este pleito, que las autoridades blica. Para el convento de religiosas Capuchinas esta medi-
realizaron repetidas visitas de ojos, tanto a la casa del Con- da resultó fatal, ya que por lo reducido de éste, al prolon-
de de Xala como al Convento de capuchinas, para averi- garse la calle de La Palma, simplemente desapareció.
guar si se podía observar el interior de éste desde la parte La demolición del convento comenzó el 20 de febrero
alta de la casa. El resultado fue que “desde la nueva (casa) de 1861. A cargo de la obra quedó el ingeniero Albino
de Don Antonio Rodríguez de Pedroso y sus balcones, Herrera, bajo la supervisión de Francisco Schafino. La
no se ve, ni se percibe cosa alguna dentro del coro. Ni demolición ocupó todo el pequeño convento, pero tuvo
(tampoco) por la azoteas se registran los interiores de la dificultades al momento de llegar al panteón de las mon-
clausura, ni con la elevación de la casa y su muro superior, jas. En ese momento, al comenzar a relucir los antiguos
se quitan las luces al dicho coro; ni se le embaraza el bene- ataudes y esqueletos de un lado y de otro, la obra debió
ficio del sol (A. G. N. Ramo: Vínculos; Aramburu, Mar- suspenderse por temor a provocar una infección o epide-
tín, 1764. Foja 9). mia en el vecindario capitalino (A. H. A. Ramo: Apertura
De esta forma, terminó aquel simpático pleito entre las de calles. V. 451 f. 1-14v). De inmediato se mandaron peri-
monjas y el Conde, siguiendo cada cual en su vida y en sus tos para la evaluación del caso, quienes determinaron un
oraciones. costo aproximado de $700 para la exhumación y traslado
de los cadáveres.
V. Ocaso del Convento de las Capuchinas en el Hecho lo cual se llevó a cabo la ampliación de la calle,
siglo XIX que quedó abierta al público a partir del 4 de octubre de
1861 y recibió el nombre de Lerdo.
Hacia fines de la época colonial (en la segunda década del Del restante espacio del Ex-convento de Capuchinas, se
siglo decimonono), el Convento de las Capuchinas poseía hicieron ocho lotes, que se destinaron a lo siguiente: uno
una población notable (42 monjas y una novicia) para tan para indemnizar al Sr. José Yves Limantour, ya que en las
reducidas dimensiones (A. G. N. Padrones. f. 73 vuelta). demoliciones se afectó una casa de su propiedad. Los otros
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