0% encontró este documento útil (0 votos)
261 vistas10 páginas

Capuchinas PDF

Este documento describe la fundación del Convento de San Felipe de Jesús o las Capuchinas en la Ciudad de México durante el periodo colonial. Explica que el convento fue fundado por doña Isabel de Barrera, quien donó su casa y una cuantiosa fortuna para establecer el primer convento de la orden de las Capuchinas en Nueva España. El convento se construyó en la calle de la Celada y albergó a seis monjas capuchinas llegadas de Toledo, España. El documento también menciona el salvamento arqueológico del sit
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
261 vistas10 páginas

Capuchinas PDF

Este documento describe la fundación del Convento de San Felipe de Jesús o las Capuchinas en la Ciudad de México durante el periodo colonial. Explica que el convento fue fundado por doña Isabel de Barrera, quien donó su casa y una cuantiosa fortuna para establecer el primer convento de la orden de las Capuchinas en Nueva España. El convento se construyó en la calle de la Celada y albergó a seis monjas capuchinas llegadas de Toledo, España. El documento también menciona el salvamento arqueológico del sit
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Ciencia Ergo Sum

ISSN: 1405-0269
[Link]@[Link]
Universidad Autónoma del Estado de México
México

Romero Contreras, Alejandro Tonatiuh


San Felipe de Jesús o las Capuchinas: un convento olvidado
Ciencia Ergo Sum, vol. 6, núm. 2, julio, 1999
Universidad Autónoma del Estado de México
Toluca, México

Disponible en: [Link]

Cómo citar el artículo


Número completo
Sistema de Información Científica
Más información del artículo Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal
Página de la revista en [Link] Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto
San Felipe de Jesús o las Capuchinas: un
convento olvidado
ALEJANDRO TONATIUH ROMERO CONTRERAS*

Recepción: 30 de abril de 1999


Aceptación: 08 de mayo de 1999

San Felipe de Jesús or the Capuchins. A Forgotten cuela Nacional de Antropología (ENAH), se me
Convent encargó hacer la historia del uso del suelo de ese
Abstract. In the ancient Mexico city existed a little poor nun lugar afectado (Romero, 1992); aún recuerdo que
convent between La Celada and Acequia Real streets (now no sólo participé en el trabajo de archivo junto
called Venustiano Carranza and 16 de Septiembre, con la historiadora Blanca Posadas, sino que tam-
respectively). Due to its total disappearance and the few bién estuve en la lucha constante contra las má-
documents about it, this convent is perhaps the less studied of quinas de la constructura que hacía el nuevo edifi-
all those that existed in the colony’s capital. This paper shows cio, las cuales ávida y rápidamente avanzaban so-
a part of the social history of the Capuchin order, as well as bre los restos arqueológicos que aparecían con-
the architectonic and artistic evolution of this colonial jewel. forme se levantaban los cimientos de la nueva es-
Data was obtained from the colony’s archives and some other tructura. Siempre atrás o junto a ellas, estaba un
written sources (from the XVII c. until its disappearance in the equipo de salvamento arqueológico recolectando
second part of the XIX c.). The high price of the land is y registrando cada hallazgo. Sin embargo, en oca-
considered the cause of the convent’s demolition. siones, este trabajo sobrepasaba las fuerzas y el nú-
mero de personal con que se contaba, por lo que,
Introducción sobre todo en las noches, la maquinaria pesada se
daba vuelo en arrasar lo que apareciera de mate-
El presente ensayo es parte de una aventura intelectual rial arqueológico, con tal de no perder tiempo en la cons-
posterior al terremoto luctuoso que sacudió a la ciudad trucción. Cuando ocurría un descubrimiento más o menos
de México el 19 de septiembre de 1985, el cual provocó importante de restos de material antiguo, se obligaba al ma-
múltiples derrumbes y daños. Paradójicamente, esta enor- quinista a parar para hacer el registro adecuado, con lo que
me destrucción dio paso para descubrir parte de esa “otra” la constructora perdía tiempo y dinero a causa del hallazgo.
ciudad que yace en el interior, en el subsuelo, la cual se De hecho, algunos de los peones de la constructora, ya “ver-
encuentra cubierta por los enormes edificios de hierro, cristal sados” en el asunto de la demolición y preparados contra la
y concreto, pero sobre todo, arropada de hechos velados o eventualidad que representa un encuentro con el material
encubiertos. arqueológico, por poco se llevan a punta de pico la estruc-
Este es el caso de nuestro tema, un edificio que se de- tura prehispánica más completa que se halló en el lugar, de
rrumbó por el temblor y que dejó al descubierto una parte no haber sido por la presencia de uno de los arqueólogos,
de su rostro oculto. De esta manera, al brotar los hallazgos quien la descubrió a tiempo.
de material antiguo, se decidió realizar un salvamento ar- La investigación etnohistórica de este sitio, correspondien-
queológico y etnohistórico de ese sitio, que se denominó te al periodo prehispánico, se publicó en 1997 (Romero,
“Proyecto Capuchinas”, llevado a cabo a fines de la década
de los ochenta. *Facultad de Geografía, Universidad Autonóma del Estado de México.
Al comienzo del proyecto, y aún como pasante de la Es- Tel.: (72) 14 31 82. Correo electrónico: geo@[Link]

VOL. 6 NÚMERO DOS, JULIO-OCTUBRE 1999 CIENCIA ERGO SUM 109


1997), como un ensayo en homenaje a Pedro Carrasco, des- de traer a tierras novohispanas algunas monjas de esa Or-
tacándose los hallazgos y conclusiones más importantes so- den, de la cual había estado tan cerca y a la que le guardaba
bre ese antiguo periodo. un enorme cariño; así que, de acuerdo con las guardianas
Hoy presento alguna información y discusión sobre la del Convento de Capuchinas de Toledo, se seleccionaron
época colonial de ese mismo lugar, sitio donde se levantó seis religiosas para cruzar el Atlántico y fundar la orden en
alguna vez un pequeñísimo convento de monjas capuchi- tierras novohispanas. Sin embargo, a pesar de esta decisión,
nas, hoy totalmente destruido y olvidado. En estas líneas les faltaba el “detalle” de dónde llegar a echar raíces, es de-
pretendo recordar tal salvamento y, sobre todo, discutir cir, el lugar preciso donde hacer un convento para la Orden.
acerca de los motivos artísticos y sociales que tenía ese con- A esta tarea se dedicó en México el Cardenal Baltazar de
vento y tratar de entender, aunque sea someramente, por Moscoso por mandato del Arzobispo Zaja, quien no tardó
qué lo mandaron derribar, cuando esa orden religiosa era la en encontrar una piadosa fundadora en la ciudad, ésta era
más pobre del México colonial. doña Isabel de Barrera, viuda rica del fallecido capitán Simón
de Haro, quien a su vez era patrona del gran Convento de
I. Breve noticia de la fundación de la Orden de las la Concepción.
Capuchinas El cardenal, astuto y de amplia labia, después de algunas
visitas, logró hacerse amigo de la rica viuda y le comentó
Se debe al insigne Seráfico San Francisco de Asís y a Clara sobre las magníficas virtudes de las monjas Capuchinas; doña
Sciffo, la fundación de la Orden de las Clarisas de la cual Isabel, conmovida por la palabra del versado Baltazar de
saldría después la de las Capuchinas. En tiempos más anti- Moscoso, más temprano que tarde dispuso en su testamen-
guos, las primeras monjas fieles seguidoras de Santa Clara to que la espléndida casa de su morada, en la entonces calle
recibieron el nombre de Clarisas, pero como surgiera entre de la Celada, la mejor de las avenidas de la Nueva España,
ellas una división debido a que unas no querían guardar la no sólo por sus construcciones, sino por el lustre que le
perfecta pobreza, la orden se vio dividida en dos: unas, las daban sus moradores, fuera usada para el Convento de las
que sí querían tener bienes materiales se les llamó “Clarisas” Capuchinas, además, les dejaría una parte de su cuantiosa
urbanistas; las otras, que no aceptaron las posesiones terre- fortuna, cifra que llegaba a los 10,000 pesos de oro común.
nales y quisieron conservar su antigua regla de pobreza, Esto aumentaría el lustre del recuerdo de tan bondadosa
adoptaron el nombre de Capuchinas (García Cubas, 1904: persona, además de contar con todas las bendiciones piado-
35; Muriel, 1946: 14). Esta división tuvo lugar en 1538, cuan- sas del clero.
do sor María Laurencia Longa, monja clarisa, fundó en Sin embargo, ella dejaba también dos condiciones: la pri-
Nápoles la Orden llamada de las Capuchinas, que adoptó mera, que el convento debería quedar bajo la advocación
la Regla de Santa Clara en su forma primitiva austera, tal de San Felipe de Jesús, el primer santo mexicano; y la se-
cual pasó a las tierras mexicanas. gunda, que si al término de diez años contados a partir del
día de su fallecimiento, no se hubiere hecho la fundación
II. La fundación capuchina en la Nueva España del citado Convento de Capuchinas, los 10,000 pesos y la
casa de su morada pasarían al Convento de la Concepción,
Al igual que muchas historias de las fundaciones de conven- del cual era patrona (De la Peña, 1728).
tos y órdenes religiosas en el Nuevo Mundo, el de las Capu- El tiempo hizo lo suyo y murió la viuda doña Isabel el
chinas se encuentra también rodeada de fantasía y proeza, primero de octubre de 1659, y el Arzobispo Matheo Zaja,
así como de sueños y milagros, todo lo cual fue diligente- después de algunos años de servicio en la Nueva España,
mente recogido y escrito por el insigne fray Ignacio de la fue llamado de nuevo por el Rey de España para restituir-
Peña hacia 1728, en una magna obra en la cual se relata, con lo a la Península, llevándose consigo los testimonios de la
lenguaje coloquial, el establecimiento de esa Orden en Méxi- nueva y grata noticia de la fundación de la Orden en Méxi-
co; tiempo que va desde la salida de las monjas de España, co; no obstante, al llegar a Galicia, dejó olvidados los pa-
hasta su llegada y la construcción del pequeño convento en peles donde traía las noticias del testamento y los porme-
la Ciudad de los Palacios, México. nores, además de este olvido, en el intermedio de los años
Todo comenzó en 1654, cuando el señor doctor Matheo de su estancia en América, habían muerto las seis religio-
Zaja de Bugueiro, en ese tiempo confesor y capellán de las sas antiguamente seleccionadas en Toledo para fundar la
religiosas Capuchinas de Toledo en España, fue nombrado Orden en América, por lo que se tuvieron que nombrar
Arzobispo de México. Él de alguna manera cultivó la idea otras seis de repuesto.

110 CIENCIA ERGO SUM VOL. 6 NÚMERO DOS, JULIO-OCTUBRE 1999


S A N F E L I P E D E J E S Ú S O L A S C A P U C H I N A S : U N C O N V E N T O O L V I D A D O

Diversos asuntos demoraron dos años más en Toledo a sur ciento ochenta, en cuyo sitio la planta de la iglesia divi-
las monjas, pero al fin salieron de su convento el 10 de mayo de su longitud en tres porciones iguales; las dos que forman
de 1665, hacia el puerto de Cádiz. Durante el trayecto les su cuerpo y la una el presbiterio.
cayó un torrencial aguacero que enfermó con fiebre a dos En el costado que mira al mediodía, y hace fachada a la
de las monjas; al continuar el viaje, uno de los carros se Calle Real (se refiere a la hoy calle de Venustiano Carranza)
perdió por un par de días con algunas de ellas dentro, pero se forman dos portadas; la principal con cerramiento circu-
más tarde volvieron a juntarse con el grueso de la caravana lar de dos cuerpos obrados de cantería con pilastras
y llegaron a puerto para, por fin, felizmente embarcarse. recalzadas, jambas, traspilares, y embarazamientos, todo de
Se hicieron a la mar el 2 de julio, sin embargo, días des- orden dórico que componen el primer cuerpo. El segundo
pués una grave tormenta sorprendió al barco, que estuvo a cuerpo es jónico, que sigue con sus ornamentos sobre los
punto de naufragar y se salvó, según se relata en el libro de vivos y plomos del primero, recibiendo en su centro un
fray Ignacio de la Peña, por obra de milagro (1728). Se cuenta tablero guarnecido de molduras y recuadros con el glorio-
que estando a punto de zozobrar la embarcación, descen- so proto-mártir San Felipe de Jesús, Patrón y natural de
dieron del cielo varios ángeles y juntos salvaron al navío del esta nobilísima ciudad de México, esta portada se corona
inminente hundimiento. Por fin el 8 de septiembre, dos con frontis cerrado y sus remates.
meses después, llegaron al puerto de Veracruz, y el 27 del La segunda portada es de cuadro de obra architravada de
mismo mes partieron rumbo a la ciudad de México, a la molduras con recuadros en su cerramiento, sobre ella se
cual arribaron el 7 de octubre de 1655. asienta una sotabanca que recibe un tablero guarnecido de
Salió a recibirlas el Marqués de Mancera, Virrey de la molduras con la efigie de la Inmaculada Concepción de
Nueva España, también el Deán y el Cabildo de la ciudad, Nuestra Señora, la cual dibuja el buril en relieve con sus
quienes dispusieron que por no estar concluida la construc- atributos y gloria de serafines. Las puertas son de incorrup-
ción de su convento, se aposentaran en el de la Concep- tible cedro, formada de crucería y media moldura, con ta-
ción, lugar donde vivieron hasta el 29 de mayo del año si- bleros de nogal, a los que guarnecen escuadras de hierro
guiente (Marroquí, 1969: 74-78). pavonado.
Sin embargo, por amplia que fuese la casa de la viuda de En la distancia que cogen las dos portadas se forma una
Simón de Haro, no bastaba para fundar en ella un conven- lonja o mesa de tres varas de ancho, de la cual salen tres
to; persuadidos de esto, los albaceas de doña Isabel compra- gradas hacia el medio de la calle que facilitan el ingreso a
ron, para remediarlo, con los 10,000 pesos del legado, las dicha iglesia. Las paredes maestras y arcos suben en propor-
dos casas contiguas y ampliaron así lo que iba a ser la cons- ción según su ancho al techo de artesón hundido, obrado
trucción original. de moldura y talla; su forma es ochavada y por la parte
Así, con el terreno de las tres casas dispusieron provisio- cóncava bajan las molduras guardando sus ochavos y reci-
nalmente un convento estrecho y construyeron una capilla biendo en el centro unas bandejas ondeadas con la misma
provisional, dejando espacio para edificar la iglesia (ibid.: 79). igualdad en sus cortes y ochavos. Se forman entre los
Recién instaladas las Capuchinas en su nuevo hogar, su- artesones unos signos cuadrángulos, en cuyos espacios asien-
frieron la repentina muerte de su querida abadesa, sor Ma- tan floroncillos colgantes a todo relieve, todo orlado con la
ría Felipa, quien fue sustituida de inmediato por sor Lorena cuerda de nuestro Seráfico Padre San Francisco. En los cua-
Bernarda, quien permaneció en el cargo por más de 30 años. dros que dividen las partes de que se compone el templo se
Pasado este amargo suceso para la Orden, comenzó la cons- forma el arocave, el cual sobre sí recibe el techo de vara y
trucción de la iglesia. cuarta de tablas con sus molduras, alto y bajo dorados y
El bachiller don Diego de Rivera dispuso el diseño arqui- cortezas. La luz que llega al templo se comunica por cinco
tectónico del convento, quien describe su aspecto con detalle bien rasgadas ventanas que se adornan una bien forjada
(De la Peña, op. cit.). Por la importancia que reviste esta pri- rejería a que se arriman tersos y cristalinos vidrios.
mera descripción del convento de las Capuchinas, la expone- El presbiterio tiene conmesurada la capacidad con la dis-
mos casi textualmente, tal como la dibujó Rivera, sólo se han tancia del templo y se sube a él por cuatro gradas. La mesa
suprimido algunos pasajes alegóricos y se ha modernizado la de los acólitos y blandones tiene vara y cuarta de ancho. En
ortografía para una mejor comprensión de la obra. El ar- la testera que divide el interior del convento hacia la parte
quitecto se expresa orgullosamente así de la construcción: del norte, esta el coro bajo y la cratícula, por donde reciben
“Tiene toda la fábrica por la parte del oriente a poniente las religiosas la Sagrada Comunión; inmediato al retablo
noventa y nueve pies geométricos de latitud, y de norte a del altar mayor y a las espaldas de éste, se formó la sacristía

VOL. 6 NÚMERO DOS, JULIO-OCTUBRE 1999 CIENCIA ERGO SUM 111


CONVENTO DE CAPUCHINAS El contrato del retablo fue firmado ante Juan Díaz de
Rivera por Don Pedro Velarde, en ese momento Rasionero
de la Santa Iglesia Católica y Capellán del Convento de Ca-
puchinas; por la otra parte signó Andrés de Roa, maestro
del arte de ensamblador y vecino de la ciudad de México.
El retablo tenía que ser:
“(…) de siete varas de alto y cinco y tercia de ancho, en
que se ha de colocar la imagen de la Limpia Concepción
de Nuestra Señora, con un nicho y medio para ello guar-
necido todo, el que ha de tener cinco varas de alto de tallo
y a los lados seis niños, y el cuerpo de arriba ha de tener
otro nicho en medio, con cuatro vichas y cuatro colum-
nas en correspondencia del cuerpo primero, con su guar-
nición de talla y dos vichas arbotantes y tarja de remate,
todo de obra corintia, composita de madera de ayacahuite
seca y todo dorado con oro subido y perfilado de azúl, y
con todo el largo que ocupa el testero de veinte y cuatro por precio un mil pesos de oro común.” (Archivo Histó-
pies, con dos puertas para el uso de ella a los dos lados del rico de Notarias, 1675).
altar mayor. Por lo que respecta a la filiación del claustro, vuelve a ser
Siguiendo la obra en el retablo, tiene en su elevación ca- el insigne arquitecto Diego de Ribera en la obra de fray
torce varas de ancho nueve y media distribuidas las doce y Ignacio de la Peña, quien lo describe como sigue:
tres cuartas en su arquitectura, son en su ornato de orden “En la capacidad que coge de longitud la iglesia y la sacristía
corintio en cuyo medio hace el primer cuerpo un tablero hacia la parte del norte está el coro bajo con dos puertas y
de pintura; al lado siniestro acompaña otro tablero del na- una ventana; en la cabecera está el altar, con un lienzo de
cimiento de Cristo, Nuestro Señor. Cristo Nuestro Señor. A el lado izquierdo de dicho coro
En el medio se forma el sagrario, este tiene diez pelícanos está el comulgatorio en forma de nicho donde sólo puede
que reciben diez columnas corintias y cierra su extremidad entrar el sacerdote. Al lado derecho se formó la sala de en-
con obra crespa, su cornisa y una sotabanca que recibe una tierro con dos ventanas y una puerta que caen al claustro.
cúpula y linternilla rematando con una hechura de Cristo El coro alto con la reja que mira al poniente con púas de
crucificado de marfil. parte de fuera y puertas de madera. La puerta de dicho coro
El segundo cuerpo del retablo tiene en medio un tablero cae a una sala que sirve de capítulo, tiene al lado derecho un
titular del ínclito mártir San Felipe de Jesús; a su mano de- balcón de hierro que cae al patio del torno. A esta sala se
recha tiene otro tablero de Santa Clara; a la siniestra otro sigue la de labor de diez y nueve varas de longitud, con dos
tablero con el mismo orden del gloriosísimo Padre San Fran- ventanas que caen a un jardín y dos puertas que salen a
cisco. Se forma otro sotabanco con los mismos movimien- unos corredores y al remate una puerta grande que da paso
tos recibiendo en el medio un tablero de la Inmaculada Con- al dormitorio. De dicho dormitorio da paso una puerta al
cepción. En medio de la cornisa sale un follaje, que se parte jovenado, el cual se compone de dos salas; en la última se
en dos medios de que hace una repisa donde se asienta una entra a un pequeño tránsito, donde está una escalera que
imagen de Dios Padre de relieve. Tiene el tablero de la Con- sube a la azotea; de la primera sala se baja a los laboratorios,
cepción en correspondencia otros dos más pequeños redon- donde está un estanque de agua.
dos al lado derecho de Santa Coleta y al siniestro a San Félix En los corredores inmediatos al dormitorio está la puerta
Capuchino, todo dorado con primor y a mucha costa” (De del refectorio; inmediato al refectorio está una oficina a la
la Peña, 1728). que se sigue un cuarto que da paso a un corredor, el cual
Para completar este cuadro arquitectónico del desapare- tiene un tránsito para la cocina con dos ventanas que caen a
cido Convento de Capuchinas, tenemos el contrato de cons- un patio donde está una pila.
trucción de éste último e importante retablo colateral dedi- De la cocina un corredor techado da tránsito a la enfer-
cado a la Inmaculada Concepción, el cual reporta no sólo mería. De la enfermería se pasa al noviciado que se com-
detalles artísticos, sino sobre todo, de las condiciones de pone de dos salas grandes y un cuarto pequeño.
trabajo entre las partes contratantes. El claustro se forma de arquitectura sobre pilastras cua-

112 CIENCIA ERGO SUM VOL. 6 NÚMERO DOS, JULIO-OCTUBRE 1999


S A N F E L I P E D E J E S Ú S O L A S C A P U C H I N A S : U N C O N V E N T O O L V I D A D O

dradas, embazamientos e impostas toscanas. En el cuarto iglesia, lo que indicaba a los vecinos lo penoso de su situa-
lienzo está una sala muy capaz donde reciben a los señores ción, con lo cual los capitalinos se dirigían rápidamente a
virreyes, cuando, como Patronos, entran en la clausura. Así ofrecer viandas a las afligidas madres (García Cubas, 1904:
está el presente Convento de San Felipe de Jesús de Méxi- 37). En vano se pretenderá entender, como menciona
co.” (De la Peña, 1728). Josefina Muriel (1946), porqué las plazas de este convento
De tal forma, su fábrica fue terminada y se dedicó el 11 eran las más disputadas de la Colonia.
de junio de 1673, por el Señor Arzobispo Fray Payo
Enriquez de Rivera, quien una tarde antes llevó al III. El siglo XVIII y la expansión capuchina
Divinísimo de la Catedral en una solemne procesión acom-
pañado de la Real Audiencia y los Tribunales. El primer A mediados del siglo XVIII, la sobrepoblación comenzó a
día hizo fiesta a su costa cantando él mismo la misa pontificial sentirse en este pequeño convento, donde las comodidades
(González, 1900: 306). brillaban por su ausencia. A pesar de esto, las jóvenes aspi-
Algunos años después del establecimiento del convento, rantes querían entrar a éste y no a otro; los lugares estaban
decenas de mujeres de toda la Nueva España tomaron el reservados ya para que cuando una hermana muriera en-
hábito capuchino, mientras que otras esperaron mucho trara la que seguía en la lista de espera.
tiempo para poder hacerlo. Para entrar, las doncellas reci- A principios del siglo XVIII, se pensó que la solución al
bían un cuadernillo, con el cual eran examinadas y después problema de sobrepoblación y demanda de entrada a la Or-
admitidas. Entre las condiciones y requisitos que debían den, se resolvería con la fundación de más conventos en el
reunir estaban los siguientes: “Ser españolas e hijas legíti- interior de Nueva España. Así, se iniciaron gestiones para
mas, tener excelente salud. Tener verdadera vocación y con- la expansión de las capuchinas bajo la protección de genti-
tar con la aprobación de los padres y director espiritual; les hombres que aportaran bienes para su establecimiento.
poseer una buena educación, finos modales y buen genio. De esta manera fue que del convento original de la capital
Saber leer y escribir en español y latín; además de saber novohispana, salieron continuamente monjas a fundar nue-
hacer algunas labores de mano y todos los oficios de criadas vos claustros para la orden en el interior del virreinato.
tales como cocinar, barrer, fregar, lavar y sobre todo, saber El primer vástago conventual desprendido fue el de la
algo de enfermería casera” (Muriel, 1946). ciudad de Puebla de los Angeles, construido hacia 1703, con
Se les explicaba después, durante una entrevista, la durísi- autorización y Real Cédula de Felipe V. El segundo se fun-
ma vida que llevarían, el alimento frugal, el corto sueño, los dó hacia 1717, en la ciudad de Querétaro, bajo la mirada de
vestidos burdos que usarían, el calzado duro, además que Juan Caballero y Osio y Don José de Vergara. El tercer
renunciarían a todo bien material en esta vida desde ese convento se construyó en el lejano San José de Lagos, Jalis-
momento y para siempre. co, que a su vez aportó el material humano para fundar el
Una vez cubiertos estos requisitos se preparaban para pro- Convento de Madres Capuchinas de Guadalajara en 1761.
fesar; se presentaban con velo blanco y corona de rosas. La última fundación capuchina fue la de Villa de Guadalupe
Estos elementos se sustituían, después de haber pronuncia- hacia 1787, conocida después como el Convento de la Co-
do los votos, por un velo negro y una corona de espinas. El legiata (Reynoso, 1960).
canastillo de boda que se les entregaba contenía, entre otras Sin embargo, el convento ya gastado y primitivo de las
cosas, profusión de flores, el cuadernillo de las disciplinas, capuchinas de México continuaba siendo muy solicitado
cilicios y otros instrumentos de penitencia (García Cubas, todavía hacia mediados del siglo XVIII, no obstante que es-
1904: 19). taba ya deteriorado y hundido porque las monjas no tenían
Finalmente, quedaban ellas con el hábito capuchino que suficiente dinero para las reparaciones. Así lo encontró en
era de color gris y se ceñía a la cintura con una cuerda; su visita el Arzobispo Don Manuel Rubio y Salinas (Ma-
además, se usaba una sencilla toga blanca y sobre todo esto, rroquí, 1969: 83).
una capa gris. Colgado al cuello, se ponían un medallón de Ante esta situación, el Obispo estaba susceptible, por lo
metal, a la vez que usaban zapatos suecos de madera de que sor María Nicolasa, Prelada del Convento, promovió
recio encino (Muriel, 1946: 206). Las capuchinas no podían ante él el aumento y mejora del edificio. Sin embargo, como
guardar nada de alimento para el día siguiente, se tenía que la Orden era mendicante, había que buscar limosnas de hom-
vivir al día. En ocasiones, cuando se llegaba la hora de las bres piadosos para llevarlo a cabo. Sor Agustina y el Obis-
comidas y las monjas no habían recibido lo suficiente para po concertaron una manera ingeniosa para hacerse de fon-
ese día, hacían sonar las campanas de la torre de su pequeña dos aprovechando la simpatía de que gozaba el convento

VOL. 6 NÚMERO DOS, JULIO-OCTUBRE 1999 CIENCIA ERGO SUM 113


en el rico vecindario de la capital. Las capuchinas, con apro- Lazcano, y al darse cuenta de ese aspecto, se propuso corre-
bación de Don Manuel Rubio, considerarían hermanas es- gir de raíz el mal; así que, con el concurso de algunas perso-
pirituales a todas aquellas que contribuyeran periódicamente nas y con el permiso del Ayuntamiento, hizo limpiar el
con limosna para la ampliación del convento, dándoles en lugar y poner sobre dicha tapia la imagen de Nuestra Seño-
recompensa participación en todas las santas obras de la ra del Refugio de Pecadores, pintada en lienzo por el insig-
comunidad; y como penitencia, oraciones, haciendo éstas ne Miguel Cabrera, cubierta con cristales y resguardada con
muy especiales cuando fallecieran, es decir, se venderían un cobertizo de madera (Cfr. García Cubas, 1904).
plegarias por adelantado para que las almas descansaran Mientras que del otro lado del convento, sobre la puerta
(Marroquí, 1969: 84). principal, se encontraba representado en obra de mampos-
A través de este medio, se lograron pensiones mensuales, tería, el martirio del glorioso San Felipe de Jesús. La arqui-
con lo que dio inicio la ampliación conventual en 1754. tectura del templo no era elegante ni notable, pero sí sólida
Para que pudiera crecer el convento, fue preciso comprar, (Revista La Cruz, 1858. T. 7: 736). Según Francisco de la
como en tiempos pasados, dos casas vecinas, una en la mis- Maza (1984), esta iglesia fue la primera en tener en la facha-
ma calle de la fachada del convento, la cual había tomado da estípites exentos de la Nueva España. El interior del claus-
ya el nombre de Capuchinas y era propiedad de la Orden tro había quedado de dos niveles y en el centro había un
de San Agustín. La otra casa estaba a sus espaldas, en la calle patio rodeado de arcos que sostenían los pasillos. También
de la Acequia (hoy 16 de septiembre). Sin dificultad se ad- había lavaderos y hasta una huerta. Alrededor las oficinas
quirió la casa propiedad de los agustinos; pero la última se se situaban las celdas de las monjas y la cocina.
oponía a venderla Juan Mantilla, quien conservaba gratos En el interior de la iglesia, el antiguo retablo barroco ha-
recuerdos de su familia a través de ella, hasta que las autori- bía sido cambiado por otro de estilo neoclásico, obra del
dades lo conminaron a venderla. El total de la superficie magnífico Manuel Tolsá, el cual constaba de dos cuerpos.
que ocuparía el nuevo convento sería de 4,500 varas cua- En el primero y en medio de cuatro hermosas columnas se
dradas. El convento crecía, pero seguía siendo el más pe- encontraban San Francisco y Santo Domingo; en el segun-
queño de la ciudad, aunque era uno de los mejores situados, do, Santa Clara y Santa Coleta; en el centro, el Tabernácu-
ya que se encontraba a sólo media cuadra de la Plaza Ma- lo y arriba, coronando el todo, la apoteosis de San Felipe de
yor. Las obras de expansión tardaron tres años en concluir- Jesús. A los lados de este altar había quedado el coro bajo de
se. Así la nueva iglesia fue bendecida el 11 de septiembre de las monjas, y al fondo de la nave, el coro alto (González,
1756. De esta manera, el convento llegó hasta el lado opues- 1900: 303).
to de la calle de Capuchinas, donde se encontraba la antigua Del coro de monjas capuchinas, una de las partes con mas
calle de la Acequia, allí se levantaba una tapia elevada del vida dentro del convento, tenemos la descripción hecha por
monasterio con una ventanita para la luz. Ese alto paredón, el Bachiller Diego de Ribera hacia mediados del siglo XVIII,
coronado por una citarilla de ladrillo, se había convertido en la que se refería, sin lugar a dudas, todavía a los antiguos
en un basurero y en un lugar donde se cometían no pocas coros de la primitiva fundación del siglo XVII.
indecencias. Un día pasó por ahí el jesuita Francisco Javier Destaca dentro de su texto que:
“En la testera, …hacia la parte del norte, está el coro
IGLESIA Y CONVENTO DE CAPUCHINAS ANTES DE SU DESTRUCCIÓN EN 1861
(ARCHIVO CASASOLA) bajo y la cratícula…el cual tiene un largo de diez y siete
varas y ocho de ancho, con dos puertas y una ventana;
en la cabecera está un altar, con un lienzo de Cristo
Nuestro Señor cuando caminando al Calvario se encon-
tró con su afligidísima madre; a un lado tiene por ador-
no un lienzo de Cristo en el Nacimiento y al otro (lado),
otro del viaje que hizo María Santísima con su Santo
Esposo y su Hijo Santísimo a Egipto.
Al lado izquierdo de dicho coro bajo, está el comulgato-
rio, en forma de nicho… Al lado derecho se formó la sala de
entierro, en la longitud de dieciséis varas y cuatro de lati-
tud, con dos ventanas y una puerta, que caen al claustro
El coro alto tiene de longitud quince varas y doce de
latitud, con la reja que mira al poniente, con púas en la

114 CIENCIA ERGO SUM VOL. 6 NÚMERO DOS, JULIO-OCTUBRE 1999


S A N F E L I P E D E J E S Ú S O L A S C A P U C H I N A S : U N C O N V E N T O O L V I D A D O

parte de afuera y un rayo de hoja de lata, y puertas de Si se considera que seguía siendo el convento más peque-
madera... A la parte del norte tiene dos ventanas, que caen ño de la capital del virreinato, su población era muy alta
al patio del torno, con sus encerados, y al mediodía otras en comparación con conventos como el de la Concep-
dos, que caen a la calle, con rejas de hierro y mallas de ción o el de Regina, cuyas dimensiones eran casi diez ve-
alambre, y de parte de adentro vidrieras y puertas de ma- ces más grandes y con poblaciones menores de 150 mon-
dera.” (De la Peña, 1728). jas (A. G. N. Padrones. 1811).
Francisco de la Maza (1983: 45), señala al respecto que es La Guerra de Independencia no afectó tanto a la Orden
interesante observar que “las Capuchinas, tanto en España como lo hizo después las leyes de desamortización de bie-
como en América, siguieron un uso diferente en la coloca- nes eclesiásticos. Así, el 2 de febrero de 1861, el gobierno
ción de los coros. El coro alto se conservó a los pies de la decretó que quedaban secularizados todos los hospitales y
nave, frente al altar mayor, pero el coro bajo se colocó siem- establecimientos de beneficencia que estuvieran adminis-
pre en el presbiterio, dando la reja y la cratícula al altar, de trados por corporaciones eclesiásticas. Pero la disposición
manera que ocupaba, con la tribuna, todo el paño.” que más le afectó fue la dictada para la reducción de con-
ventos. Ésta, no fue comunicada sino a las personas encar-
IV. Las capuchinas contra el Conde de Xala gadas de hacerla cumplir. Las monjas, lo mismo que el pú-
blico, ignoraban que se hubiese promulgado (Zamacois,
Precisamente, por la ventana del coro alto, las capuchinas 1880: 590).
se percataron tiempo después de su última ampliación, El gobierno aplicó la orden de exclaustración a las doce
que la casa frontera de la calle, propiedad del acaudalado de la noche del trece de febrero de 1861. Sacadas con sollo-
don Antonio Rodríguez de Pedroso, Señor Conde de Xala, zos fueron llevadas las 35 religiosas al Convento de Capu-
estaba construyendo un piso de más a su morada. Las chinas de la Villa de Guadalupe. Se reunieron el cinco de
monjas asustadas con esta acción, ya que veían en esto un junio en el Santuario de los Angeles, y el 25 del mismo mes
peligro hacia su clausura, porque según ellas se podía mi- pasaron a la Enseñanza Antigua.
rar desde la azotea hacia dentro del convento, pusieron Después de la exclaustración, la demolición de algunas
guerra de por medio en contra de tal personaje a través de construcciones religiosas no se hizo esperar, tomando como
Manuel de Aldaco, Síndico del Convento. pretexto la ampliación o abertura de calles de utilidad pú-
De tal forma se movió este pleito, que las autoridades blica. Para el convento de religiosas Capuchinas esta medi-
realizaron repetidas visitas de ojos, tanto a la casa del Con- da resultó fatal, ya que por lo reducido de éste, al prolon-
de de Xala como al Convento de capuchinas, para averi- garse la calle de La Palma, simplemente desapareció.
guar si se podía observar el interior de éste desde la parte La demolición del convento comenzó el 20 de febrero
alta de la casa. El resultado fue que “desde la nueva (casa) de 1861. A cargo de la obra quedó el ingeniero Albino
de Don Antonio Rodríguez de Pedroso y sus balcones, Herrera, bajo la supervisión de Francisco Schafino. La
no se ve, ni se percibe cosa alguna dentro del coro. Ni demolición ocupó todo el pequeño convento, pero tuvo
(tampoco) por la azoteas se registran los interiores de la dificultades al momento de llegar al panteón de las mon-
clausura, ni con la elevación de la casa y su muro superior, jas. En ese momento, al comenzar a relucir los antiguos
se quitan las luces al dicho coro; ni se le embaraza el bene- ataudes y esqueletos de un lado y de otro, la obra debió
ficio del sol (A. G. N. Ramo: Vínculos; Aramburu, Mar- suspenderse por temor a provocar una infección o epide-
tín, 1764. Foja 9). mia en el vecindario capitalino (A. H. A. Ramo: Apertura
De esta forma, terminó aquel simpático pleito entre las de calles. V. 451 f. 1-14v). De inmediato se mandaron peri-
monjas y el Conde, siguiendo cada cual en su vida y en sus tos para la evaluación del caso, quienes determinaron un
oraciones. costo aproximado de $700 para la exhumación y traslado
de los cadáveres.
V. Ocaso del Convento de las Capuchinas en el Hecho lo cual se llevó a cabo la ampliación de la calle,
siglo XIX que quedó abierta al público a partir del 4 de octubre de
1861 y recibió el nombre de Lerdo.
Hacia fines de la época colonial (en la segunda década del Del restante espacio del Ex-convento de Capuchinas, se
siglo decimonono), el Convento de las Capuchinas poseía hicieron ocho lotes, que se destinaron a lo siguiente: uno
una población notable (42 monjas y una novicia) para tan para indemnizar al Sr. José Yves Limantour, ya que en las
reducidas dimensiones (A. G. N. Padrones. f. 73 vuelta). demoliciones se afectó una casa de su propiedad. Los otros

VOL. 6 NÚMERO DOS, JULIO-OCTUBRE 1999 CIENCIA ERGO SUM 115


predios fueron puestos a la venta y adquiridos por acauda- No podemos olvidar que la vida conventual se presenta-
lados franceses. El Gobierno Federal obtuvo del total de su ba en aquellos años como un proyecto de vida o “profe-
venta la jugosa cantidad de $ 66,030 pesos, ya que se encon- sión” para las mujeres, las cuales no tenían mucho de donde
traba en el más lujoso barrio de la ciudad. Esta cantidad se escoger, a la par que era de prestigio social el que una fami-
destinó y se aplicó a los fondos de instrucción pública. lia tuviera algún familiar dentro del oficio religioso.
Cuenta el insigne historiador José Marroquí, que aún des- En cuanto al convento, como parte arquitectónica de la
pués de abierta la calle, duró sin ser transitada por varias antigua ciudad de los palacios, tanto iglesia y menaje en ge-
semanas, pues la gente no se atrevía a circular por ella como neral, las Capuchinas por su regla de pobreza, pero no por
era una forma singular de continuar con la clausura de aquel las obras de buena manufactura las cuales eran escasas, tales
santo lugar, y como una manera de respetar a las monjas como el tablero (obra de Tolsá) y algunos cuadros religio-
capuchinas que se habían ido y que no volverían jamás (Ma- sos de pintores renombrados. Aunque durante las
rroquí, 1969). excavaciones dentro del perímetro del convento, el mate-
rial de rescate no reflejó ni en abundancia ni en calidad,
VI. De suelo habitación a suelo para bancos objetos de gran valor.
Entonces, ¿cuál fue el objeto de demoler en el siglo XIX
No lejos de allí, a dos casas hacia el poniente, precisamente todo el convento, cuando esa calle topaba otra vez con
en el regio palacio de los antiguos Condes de San Mateo de casas? Parte de la respuesta la encontramos en que a pesar
Valparaíso y Marqueses de Jaral de Berrio, se había instala- de ser un convento pobre y pequeño, donde no se podía
do años antes de la demolición del convento, uno de los obtener mucho dinero por el incautamiento de sus bienes
primeros bancos británicos del país (Sánchez, 1984). Esto muebles o de la misma construcción, no pasaba lo mismo
fue el principio de la conversión de esta parte de la ciudad, con la propiedad del suelo, dada la ubicación estratégica
de origen residencial, en otra de uso de suelo eminentemen- de dicho inmueble: en el centro de la ciudad, a media cua-
te comercial. dra del Zócalo capitalino.
Años después, en nuestro siglo, ese banco sirvió de base Dicho convento se encontraba en el área de mayor pre-
para fundar lo que hoy es el Banco Nacional de México. cio del suelo de toda la ciudad, que era altamente cotizada
A partir de los años cincuenta y sesenta, con la expansión por los comerciantes y acaudalados hombres de negocios.
de las actividades financieras de este banco, comenzó una El gobierno vio en ello la oportunidad de obtener el dinero
política de compra de bienes inmuebles adjuntos a la sede que de otro modo el convento no dejaría. Así lo deja ver la
principal, lo que afectó a casi toda la manzana donde se adquisición de las propiedades del exconvento por unos de
encontraba el antiguo convento de capuchinas (A. R. P. los hombres ricos de la ciudad, en gran parte franceses y
P. Tomo 176, Vol. IV, f. 185-213). De esta manera, los españoles.
banqueros compraron a los antiguos dueños las propieda- Si bien el apoderamiento del convento de capuchinas se
des vecinas. enmarcó en general dentro de la política juarista de la Ley
Con los descubrimientos históricos hechos en las propie- Lerdo y la confiscación de los bienes eclesiásticos, su des-
dades de BANAMEX, se han establecido pequeños museos de aparición total no responde a la del ordenamiento vial de la
sitio para que la ciudadanía admire estos hallazgos. Las pie- ciudad de México, tal y como sucedió con otros conventos,
zas bien dispuestas se hallan en las entradas de los edificios y ya que la apertura de la calle Lerdo sobre el convento no
oficinas que ocupan los nuevos inmuebles. resolvía ningún problema de vialidad, la nueva calle abierta
volvía a desembocar en pared.
Conclusión Desde que el banco británico se estableció en esa zona
en el siglo pasado, el uso del suelo ha sido afectado por la
Socialmente hablando, el convento de monjas Capuchi- expansión de la banca. En cuanto al rescate de las piezas
nas presentaba características muy atractivas. Se destaca arqueológicas en el predio, el Banco Nacional ha usado
que las aspirantes, pobres o ricas, no podían entrar con parte de estos hallazgos para exponerlos al público en pe-
ningún bien material al convento, lo que abrió las puertas queñas vitrinas acompañadas de escasa información; lo que
para las clases bajas y medianas con verdadera vocación ha servido más bien como parte de una política cultural
religiosa. De esta manera, podemos explicar que siempre donde además de vestir de “ciencia” a las oficinas banca-
había quienes querían entrar a esa Orden a pesar de po- rias, sirven de telón de fondo para exhibir “la parte huma-
seer reglas tan rígidas. na” que tienen los bancos hoy en día.

116 CIENCIA ERGO SUM VOL. 6 NÚMERO DOS, JULIO-OCTUBRE 1999


S A N F E L I P E D E J E S Ú S O L A S C A P U C H I N A S : U N C O N V E N T O O L V I D A D O

BIBLIOGRAFÍA

Aramburu, M. (1764). Alegación en derecho por don Antonio Rodríguez Ribera, D. (1757). Protector y confesor de las madres monjas Capuchinas,
Pedroso, alcalde ordinario de México, contra el síndico de las religiosas Ca- México.
puchinas sobre la casa que levanta frente al convento. Romero-Contreras, A. T.
De la Maza, F. (1983). Arquitectura de los coros de monjas en México. UNAM, _____ (1992). Oligarquía y propiedad en la ciudad de México: el caso del proyec-
México. to Capuchinas. Tesis de Licenciatura en Etnohistoria. ENAH, México.
De la Peña, I. (1728). Trono mexicano en el convento de religiosas pobres Ca- _____ (1997). “Origen y desarrollo de un calpulli noble de la antigua ciu-
puchinas, su construcción y adorno en la insigne Ciudad de México. Impre- dad de Tenochtitlán”, Ciencia ergo sum. Vol. 4, Núm. 3: 287-295, no-
so en la casa de Francisco del Hierro. Madrid, España. viembre. UAEM, Toluca, México.
García Cubas, A. (1904). El libro de mis recuerdos. Impresora Azteca, México. Sánchez Navarro y Peón (1984). Memorias de un viejo palacio. BANAMEX,
González Obregón, L. (1900). México viejo. Editorial El Aguila, México. México.
Reimpresión, 1988, editorial Patria. Zamacois, A. de (1880). Historia de México, Tomo 5. México.
La Cruz (1857). Revista de Asuntos Eclesiásticos. México.
Marroquí, J. M. (1969). Historia de la Ciudad de México. Editorial Galatea, ARCHIVOS CONSULTADOS
México.
Muriel, J. (1946). Conventos de monjas en la Nueva España. Editorial Patria, Archivo General de la Nación: Ramo Vínculos; Ramo Padrones, México.
México. Archivo Histórico de Notarías de la Ciudad de México.
Reynoso, S. (1960). Original 1756. Autos formados sobre la fundación del Archivo Histórico del Ayuntamiento de la Ciudad de México. Ramo:
Convento de Religiosas capuchinas de la Villa de Lagos. Editorial Jus, Apertura de Calles.
México. Archivo del Registro Público de la Propiedad. México.

VOL. 6 NÚMERO DOS, JULIO-OCTUBRE 1999 CIENCIA ERGO SUM 117

También podría gustarte