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MARTINEZ HEREDIA Visión de La Historia de Martí

Este documento resume la visión de la historia de José Martí. Martí creía que era necesario escribir una historia propia de Cuba que reflejara la identidad cubana y no estuviera subordinada a la historia de España. Para Martí, la historia debía usarse para comprender el progreso de los pueblos a través del tiempo y prever el futuro. Martí se opuso a quienes querían que Cuba siguiera el modelo de naciones europeas o Estados Unidos y en su lugar propuso una revolución que liberara a Cuba del colonialismo y construyera

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MARTINEZ HEREDIA Visión de La Historia de Martí

Este documento resume la visión de la historia de José Martí. Martí creía que era necesario escribir una historia propia de Cuba que reflejara la identidad cubana y no estuviera subordinada a la historia de España. Para Martí, la historia debía usarse para comprender el progreso de los pueblos a través del tiempo y prever el futuro. Martí se opuso a quienes querían que Cuba siguiera el modelo de naciones europeas o Estados Unidos y en su lugar propuso una revolución que liberara a Cuba del colonialismo y construyera

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Note/Nota

Vol. 5, No. 3, Spring 2008, 185-196

www.ncsu.edu/project/acontracorriente

Visión de la historia de José Martí:

fundamentos y proyectos1

Fernando Martínez Heredia


Instituto Cubano de Investigaciones Culturales “Juan Marinello”

Tercer Libro: Esencia de la Historia: el Alma de la Historia.


Cuanto enseña la vida de los pueblos. Estudio paralelo; y luego que
todo esté visible y corpóreo como un mapa, ante los ojos, deducir la
real significación del progreso, prever y entrever el mundo futuro en
la organización terrenal, y el destino final de nuestro espíritu.
—José Martí2

I.
Dado el tiempo disponible, no abordaré cuestiones generales del
tema. Me limitaré a comentar algunos problemas que me parecen más

1 Conferencia en el Coloquio El Caribe que nos une, convocado por la Casa

del Caribe, Santiago de Cuba, 3 al 7 de julio de 2003.


2 Notas. De un proyecto de obra que se titularía El concepto de la vida, en

tres libros; el de la historia sería el tercero.


Martínez Heredia 186

relevantes en este caso, tanto en la concepción de Martí como en el proceso


histórico cubano, y a añadir mis opiniones.3
La condición colonizada de Cuba implicaba la no existencia de una
historia propia, porque se formaba parte de la historia del colonizador. Pero
en el siglo XIX confluyeron en la isla tres procesos: la cristalización de la
lenta acumulación de especificidades que suele estar en la base de una
nacionalidad; el despliegue de una nueva formación económica sumamente
dinámica e integrada al mercado mundial capitalista, que multiplicó la
población y la riqueza del país; y una gama de sentimientos e intereses
diversos que propendían a configurar identidades y reclamar autonomía
frente a la metrópoli. Sin embargo, la esclavitud masiva como base
principal del sistema de explotación del trabajo y producción para la
exportación envileció la vida social de Cuba y castró la política de la clase
criolla que era dominante en la economía. A lo largo del siglo, esa clase
mantuvo su complicidad con el colonialismo y prohijó el racismo antinegro;
asumió ambas posiciones en aras de su lucro y de su dominio. Por fin una
corriente política diferente, el independentismo, logró pasar a la acción y
produjo un evento trascendental que, aunque no abarcó toda la isla, fue
decisivo para el logro de una identidad cubana y el nacimiento del
nacionalismo: la Revolución de 1868-1878.
Martí recibió sus primeras experiencias políticas bajo el impacto de
aquella revolución, desde su condición de adolescente pobre, blanco,
habanero y estudiante. A los dieciséis años comenzó su experiencia tan
traumática de estar preso durante once meses, la mitad de ellos sometido a
trabajos forzados que le dejaron secuelas permanentes. La vida de obligado
alejamiento de Cuba y la formación intelectual que tuvo aumentaron la
autonomía de su pensamiento respecto a las condiciones existentes en su
país natal; sus profundos estudios y la comprensión que alcanzó de la
cultura occidental “moderna” acentuaban esa posibilidad. ¿Por qué Martí
no se convirtió en un intelectual del tipo de los que tienen perspectiva y
significación cosmopolitas desde una de las lenguas desarrolladas de

3 Los estudios martianos tienen una larga historia, y en su fase

contemporánea registran avances extraordinarios. Los he tenido muy en cuenta y


me son muy valiosos, aunque tuve que decidir no dialogar con ellos en esta
presentación.
Visión de la historia de José Martí 187

Occidente, intelectuales cuya significación y aportes son más bien de


contenido y consumo general? Desde muy joven era portador de ideales de
libertad y justicia que eran propios de órdenes sociales más avanzados que
el de la colonia cubana, mientras que en ella naufragaban—en la segunda
mitad de los años setenta—los esfuerzos revolucionarios, y en la década
siguiente se producían reformulaciones políticas y económicas, tendientes a
conservar la dominación social y la condición colonial.
Lo decisivo fue la vocación de Martí de dedicarse a la política
práctica cubana, y su tenacidad y perseverancia en ese empeño. Sin
embargo, sus ideales tan avanzados podían llevarlo, dada la coyuntura de
su tierra natal, a tensiones y contradicciones con las fórmulas políticas que
se elaboraban para ella, desde la asimilación a la metrópoli como “provincia
de ultramar” con derechos muy restringidos o el liberalismo autonomista,
hasta el plan revolucionario de Máximo Gómez y Antonio Maceo de 1884.
Pero la posición de Martí—la que le aportó su brújula y decidió su camino y
su vida—fue la de predicar y organizar los instrumentos para una
insurrección popular muy amplia que fuera capaz de liberar a Cuba del
colonialismo español a la vez que transformaba al pueblo y a la política, y
que lograra la soberanía nacional completa frente a Estados Unidos, en una
república democrática que emprendiera cambios muy profundos de justicia
social.
Martí no intentó llevar a Cuba a “alcanzar los niveles más altos de
civilización”, tomando como modelo a naciones de Europa o a Estados
Unidos: su proyecto y las vías asumidas para alcanzarlo eran muy
diferentes a las ideas y las prácticas de tantos movimientos y
personalidades de Cuba y América de aquella época. La cuestión es a la vez
muy rica y muy compleja, por ser Martí un caso excepcional de
combinación de vocación y dedicación a la política práctica, a las letras y a
la producción de pensamiento; en esos tres terrenos es ostensible la
extraordinaria calidad y hondura de su desempeño.
En tiempos de Martí, la historia cubana que se manejaba era poca y
reciente. Para la clase dominante en la fase final del siglo XIX, Cuba debía
evolucionar hacia un capitalismo pleno con control autoritario de la fuerza
laboral, un régimen de orden con ciudadanía restringida y nexos
Martínez Heredia 188

económicos íntimos con Estados Unidos. Entonces la conciencia histórica


no debería predominar en la isla, sino la atención hacia los hechos
inmediatos, los problemas de la economía, ciertas modernizaciones
necesarias y un campo cultural español y criollo, en busca del consenso
hacia una unificación bajo su hegemonía, en la época posterior a la
Revolución del 68 y al final de la esclavitud. Digo “español”, por lo que toca
al idioma, la continuidad del ejercicio de la autoridad política y represiva, y
la necesidad de mantener una visión colonizada del mundo y de la vida. Y
digo “criollo”, porque después de la revolución era necesario darle lugar a
una instancia nativa, para una renovación de la construcción social de las
razas y el racismo en la nueva situación, para que actuara dentro de un
sistema político de alcance muy limitado y para garantizar el ejercicio eficaz
de mantener el control del activismo y la protesta sociales. En suma, un
campo cultural reformulado de la dominación, en el cual lo español y lo
criollo, aunque ya muy diferentes, estarían unidos en la defensa de sus
intereses comunes, en la pertenencia al partido del orden y en la atención al
peso creciente de los Estados Unidos en los asuntos de Cuba.
Ese tipo de evolución era una posibilidad real en nuestra historia, ya
fuera sin autogobierno o con una organización estatal y social poscolonial:
ni Cuba, ni ningún país, tienen marcado su destino. Era en el terreno de la
batalla por lograr o impedir que cristalizara la nueva hegemonía, y en el de
la conducción política, que se decidiría cuánta autodeterminación del país y
cuánta redistribución de la riqueza y el poder entre las clases sociales
habría en Cuba.
El trabajo ciclópeo emprendido por Martí fue cerrarle el paso a la
posibilidad evolutiva que tenía la dominación y organizar una revolución de
liberación nacional, capaz de obtener el triunfo frente al colonialismo y
frenar el naciente neocolonialismo. Para él, ese evento sólo sería viable, y a
la vez deseable y eficaz, si conseguía desatar las fuerzas de las mayorías
para que, mediante el fuego destructor y creador de una revolución, se
construyeran como pueblo independiente y distinto de todo otro pueblo,
amaran el ideal nacional de crear una república democrática y lucharan por
él, desarrollaran sus capacidades individuales y colectivas desde sus
diversidades sociales, y aprendieran a ejercer la ciudadanía y exigir la
Visión de la historia de José Martí 189

justicia social. El equilibrio de “los elementos reales del país” que ese
objetivo implicaba sólo podía venir de una nueva identidad nacional y de
un real aumento de la fuerza efectiva de las mayorías, de cerrarle a la
burguesía de Cuba la posibilidad de usufructuar para sí la construcción
nacional y a Estados Unidos la posibilidad de controlar a Cuba. La
república sólo podría ser con todos y para el bien de todos si la mayoría
adquiriese peso y grados apreciables de control en ella.
Esta concepción de Martí es lo que condiciona su intensa actividad
práctica y los logros de su formidable trabajo intelectual, y es un dato
ineludible y central para toda investigación martiana. Me asomaré apenas
aquí a un aspecto de ella que, como otros, ofrece conocimientos en sí
mismo y claves para entender mejor el conjunto: su visión de la historia.

II.
Entre 1880 y 1895 se ventiló en Cuba una polémica ideológica
intensa alrededor de las cuestiones nacional, racial y social. Ellas estuvieron
tan íntimamente ligadas que su posterior y persistente segregación durante
el siglo XX nos brinda una lección ejemplar acerca de las elecciones que
están implicadas en toda asunción histórica, y de la necesidad de investigar
los sentidos profundos de cada selección. Estas forman parte de la historia
de la Historia, y ofrecen pistas acerca de los enfrentamientos, consensos,
negociaciones, victorias y subordinaciones en el seno de una sociedad. Pero
vuelvo a mi tema. Martí participó a lo largo de todo aquel debate, y su peso
en él fue creciente en los últimos años del período, al convertirse en el líder
de un nacionalismo popular que daba continuidad a la tendencia
insurreccional y consideraba esencial heredar el ideal del 68, pero desde
nuevas posiciones que superaran las insuficiencias y los desaciertos de
aquella revolución.
Primero la cuestión del fin de la esclavitud, y enseguida la de las
relaciones entre las razas, el racismo y la liberación nacional, son
destacadas por Martí en la elaboración de su comprensión de la lucha por la
nación como un empeño forzosamente multirracial, tanto en sus vías de
acción como en sus metas ulteriores. En textos tempranos como aquel de
enero de 1880, en que negros y mulatos todavía son “ellos”, y maneja las
Martínez Heredia 190

ideas de la culpa blanca y de redención de ella al abrir paso a la libertad de


los negros, se le ve ajustar su pensamiento a la práctica política—en la
difícil coyuntura de la Guerra Chiquita—, a la vez que inicia un largo
camino4. Las transformaciones sociales experimentadas por el país en los
quince años siguientes, el desarrollo intelectual de su proyecto en los años
en que era inviable la insurrección y los enormes éxitos políticos y de
prestigio de Martí en los años 90, lo harán más profundo y más libre al
tratar esas cuestiones.
Advierto dos líneas de trabajo, muy vinculadas entre sí, en la
posición de Martí en cuanto a las construcciones de razas y de nación. Una
es la recuperación de la memoria revolucionaria del 68 de tal manera que
resalten los sacrificios y heroísmos compartidos en pie de igualdad, y se
exalte a la guerra como el vehículo idóneo para acercar a las razas
profundamente divididas. Es decir, para darle al no blanco5 una dignidad y
una conciencia de sí que por otros medios no podría obtener o le llevaría un
tiempo muy dilatado y azaroso, y para inducir al que se considera blanco a
abandonar o aminorar el racismo que forma una parte importante de su
concepción vital. En el plano fundamental que es lo individual, exalta la
conducta de los bravos guerreros y los fieles acompañantes no blancos
durante la guerra, pero ellos no forman la comparsa habitual de los
próceres blancos que adorna otras narraciones patrióticas o progresistas.
Alaba la elevación de sí mismos que esas personas humildes han obtenido
mediante las prácticas revolucionarias, y saluda la aparición de héroes y
personalidades cubanas “de color”.
Martí comprendió que la afirmación de que la abolición de la
esclavitud fue una hazaña revolucionaria era un punto principal para la

4 “Lectura en Steck Hall”. En José Martí: Obras Completas, Editorial


Nacional de Cuba, La Habana, 1963-65, t. IV, 183-211 (en adelante O. C.)
5 “Es decir, los esclavos, patrocinados, ex-esclavos, negros y mulatos libres,

y los chinos. Esta es sólo una expresión que emplea el autor para denotar un
conjunto significativo, en un tiempo histórico determinado.”(F. Martínez H.:
“Nacionalismo, razas y clases en la Revolución del 95 y la Primera República
cubana”, en Ciudadanos en la nación, Coords. Olga Portuondo Zúñiga y Michael
M. P. Zeuske L., Fritz Thyssen Stiftung/Oficina del Conservador de la Ciudad,
Santiago de Cuba, 2002, 122, n. 7). Ver un tratamiento conceptual de razas y
racismo en F. Martínez H.: “La cuestión racial en Cuba y este número de Caminos”,
en Caminos. Revista Cubana de Pensamiento Socioteológico núm. 24-25, La
Habana, 2002, 1-5.
Visión de la historia de José Martí 191

aparición del cubano, más allá de la complejidad de causas que advierte el


que analice el proceso de la emancipación6. En un país en que los
movimientos abolicionistas no tuvieron expresiones sociales importantes,
la radicalización de la guerra revolucionaria de 1868-1878 movilizó los
esfuerzos y las voluntades en un ejército plurirracial que firmó con sangre
la unión entre libertad personal e independencia nacional, popularizó el
ideal de la igualdad de los ciudadanos y se apropió del significado político
de la abolición de la esclavitud. En el período de 1880-1895, estos temas y
otros buscaron en la Historia un campo más para la pugna a través de la
cual se dilucidaba cómo sería la asunción nacional de Cuba, cuál sería el
contenido de la nación, y por tanto su proyecto, y qué organización política
sería su vehículo. Martí fue actor con plena conciencia en esa pugna.
La otra línea que advierto es su concepción antirracista, muy
consistente y bien fundamentada. La originalidad y el inmenso alcance de
su pensamiento—siempre aceptado, pero no siempre comprendido y
utilizado—se hacen obvios en este campo. Martí se opuso abiertamente a
las tesis racistas imperantes en esa época en las teorías generales que
guiaban las ideas y los estudios europeos sobre la naturaleza humana, los
comportamientos y las capacidades individuales, los rasgos principales de
los pueblos y naciones, y las virtudes, derechos, deberes y tareas que se les
solían asignar. También elaboró una crítica muy profunda y original sobre
el significado que se atribuía a las nociones de cultura, progreso y
civilización. En esta segunda mitad del siglo XIX, en la que varias ciencias
sociales se estaban constituyendo como profesiones, gozaba de una
influencia decisiva el racismo “científico”, asistido por el poder inmenso
que tenían la idea de ciencia, el evolucionismo y el positivismo. La noción
de progreso era profundamente racista en esta etapa del capitalismo. Por
otra parte, estaban en curso procesos de unificación de ideas entre las élites
intelectuales latinoamericanas y las de Europa y los Estados Unidos, en los
que las primeras solían ser subalternas. En el terreno de la difusión de
ideas y creencias el colonialismo mental era aún más amplio y descarnado.
Para entender la capacidad de reaccionar contra la corriente

6 Ver, por ejemplo, su discurso del 10 de Octubre de 1889, pieza ejemplar

de la ofensiva política que le llevara a la fundación del Partido Revolucionario


Cubano (O. C. t. IV, 233-244)
Martínez Heredia 192

dominante de este intelectual que poseyó una descomunal formación


occidental moderna, es imprescindible tener en cuenta sus veinte años de
estudios de Cuba y América desde su tipo de pensamiento de liberación
nacional. Sus vivencias y aprendizajes de juventud en Mesoamérica—un
área cultural con 2.500 años de historia autóctona y logros extraordinarios
de pueblos no europeos—seguramente lo impactaron mucho en su
formación, pero sin sus ideas rectoras esa impresión no lo hubiera llevado
más lejos que a otros intelectuales que también admiraron las civilizaciones
autóctonas americanas. Sin duda fueron muy importantes también los
aportes que recibió del México de aquella época, cuyo nivel de luchas y de
ideas políticas y sociales era descollante en la América Latina; Martí supo
asimilar esos aportes a un grado muy profundo7. Por otra parte, él no
enunció su posición en libros de científico social, sino en cientos de
artículos y discursos de combate ideológico y político. Pero a sus frases
famosas—y a otras que lo son menos—sobre las cuestiones raciales y otros
asuntos importantes las subtiende toda una rica concepción, que deberá
formar parte de la historia de la ciencia social, cuando al fin se logre
enfrentar con decisión y efectividad el carácter conservador de influencia
avasalladora y el colonialismo mental que hoy la dominan.
La grandeza de Martí, a mi juicio, estuvo en su doble actividad
articulada. Por un lado, mantener siempre una posición afincada en su
concepción superior, frente a la mezquindad predominante en ese terreno
en la política cubana de entreguerras, y superar totalmente el canon
biológico para la historia y las ciencias humanas en el momento álgido en
que este triunfaba, mediante un criterio cultural que no era meramente
inclusivo sino realmente antirracista, inspirado por la idea de liberación
nacional con justicia social. Y por otro, sostener una constante campaña de
concientización que partía de las realidades materiales y espirituales de su
país de esclavitud, castas, racismo, colonialismo y expoliación de pobres y
trabajadores, no para comprenderlas y rendirse a ellas, sino para trabajar
con ellas, criticarlas, combatirlas siempre que fuera necesario y convocar a

7 En sus trabajos de México de 1875-1876 puede advertirse claramente esa

benéfica influencia. No me es posible aquí incluir comentarios sobre su posición


intelectual en comparación con las de destacados pensadores mexicanos, como
serían por ejemplo sus coetáneos Justo Sierra y Emilio Rabasa.
Visión de la historia de José Martí 193

los cubanos a cambiarlas.


No hay razas, concluye el pensador, pero en sus textos los cubanos
negros y mulatos existen, son una parte específica de la sociedad, que tiene
rasgos particulares además de los decisivos de su condición humana, una
parte que ha sido estrujada y negada en la historia de Cuba, que ahora se
supera, que confía en su futuro y luchará por la justicia y la libertad. Para
ambas tareas le resultan fundamentales la ideología mambisa y la praxis
revolucionaria: se trata de lograr una creación por la acción de lo que se
está afirmando por las ideas, de que entre iguales por naturaleza y
copartícipes disímiles de una cultura sean construidas tanto la nación como
nuevas relaciones entre las razas. En estos terrenos, como en otros, la
guerra revolucionaria debe ser la preparatoria de la república. La historia
concurre al patriotismo plural, y lo fundamenta, pero este no busca en ella
el pasado remoto de las culturas concurrentes, sino la fuente de la igualdad
en el pasado reciente y en las narraciones heroicas y edificantes8.

III
En un plano más general, Martí reivindica una historia propia para
Cuba, no española, pero que tampoco sea la narración de un camino que
debe llevar hacia la realización de la idea de civilización europea o
norteamericana. Hay que construir una historia de orientación anticolonial,
que en vez de celebrar a un progreso centrado en la europeización de la
población y de la vida política y social, busque sus esencias en lo específico
americano y cubano. La clave de la visión de la historia de Martí es su tipo
de pensamiento anticolonial, que le ha permitido ser crítico de la conquista
y de tres siglos de “vieja” colonización europea, y a la vez—y esto es lo que le
confiere una trascendencia decisiva—ser crítico de la modernidad, la
ideología de peso y brillo formidables que en nombre del progreso está
consumando en lo ideal y espiritual la mundialización del capitalismo,
mediante un colonialismo más integral, abarcador y homogeneizador a
escala mundial. Apta para servir al colonialismo del Congreso de Berlín, la

8 No olvidemos que la obra de Martí fue truncada por la aceleración

vertiginosa de su actividad política práctica y por su temprana muerte. Sin duda


pretendía analizar los componentes de la nación que trataba de fundar. Su
proyecto de libro La raza negra. Su constitución, corriente y tendencias. Modo de
hacerla contribuir al bien común, por el suyo propio, es un buen ejemplo de ello.
Martínez Heredia 194

modernidad encontrará un suelo más propicio aún para su desarrollo en el


neocolonialismo que vendrá, dándole continuidad a la dominación
capitalista al mismo tiempo que renueva la promesa abstracta y general del
sistema.
El pensamiento anticolonial de José Martí no sólo logra salvarse de
la antinomia “civilización o barbarie”9—que alcanzaba entonces su
apogeo—sino que sabe situarla dentro de una historia de las ideologías y los
intereses humanos. Pero no confunde la exposición y defensa que hace de
la especificidad de nuestra América con el aferramiento a una autoctonía
abstracta o ilusoria. Martí trata de profundizar en los rasgos reales que
tienen los pueblos, ya sean valorados como positivos o negativos, y trata de
integrar en el trabajo de creación de los pueblos nuevos que se deben
liberar todos los logros que sean convenientes del mismo mundo que está
criticando por ser colonizador.
Los temas escogidos, las pautas del análisis y las valoraciones de
Martí sobre la historia de América constituyen un aspecto principal de su
tesis de la especificidad latinoamericana, y el fundamento más general de
que países como Cuba poseen una historia propia. También ilustran
claramente su visión de la historia. Forman un amplísimo abanico sus
textos sobre temas históricos de la América Latina y el Caribe, de muy
diversas factura, propósitos y circunstancias, desde profundos trabajos para
niños como los de La edad de oro hasta los trabajos que se ocupan
expresamente de la la dimensión histórica, pero también la utiliza y maneja
en sus análisis políticos, económicos, ideológicos, o de relaciones entre
naciones. En gracia al tiempo no intentaré situar lo que creo esencial en el
estudio de esa parte de su obra10. En la historia y en las realidades
contemporáneas de la América que él bautizó como nuestra, busca Martí
los elementos y la legitimidad de su proyecto de liberación cubano y
continental, un proyecto tan original como los pueblos que se formaron en
el Occidente colonizado, y que resulta demasiado difícil de comprender
cuando se intenta medirlo—y al autor, y a su entera concepción—con

9 Lo dice, tajante, en Nuestra América: “No hay batalla entre la civilización

y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza” (O. C., t. VI, 17)
10 He hecho un análisis parcial del tema americano y su lugar en la

concepción martiana, en “Nuestra América. Presente y proyecto de la América


Latina”, en El corrimiento hacia el rojo, Letras Cubanas, La Habana, 2002, 138-57.
Visión de la historia de José Martí 195

metros y clasificaciones propios de ideologías y teorías europeas que no


hayan sido sometidas a una comprensión y utilización anticoloniales. El
objetivo de la segunda independencia de nuestra América, proclamado por
Martí, no es una frase feliz, es la concreción en consigna de un complejo
programa de acción que todavía hoy no se ha llevado a cabo.
La dimensión política, hilo conductor del presente para Martí, está
totalmente articulada con la historia y el proyecto. Le llamo a este de
“liberación nacional”, para denotar un tipo específico de independentismo
que será imprescindible para el anticolonialismo en el siglo XX11, y del cual
Martí fue pionero conciente a fines del XIX. La guerra revolucionaria es un
componente fundamental de esa liberación nacional, no sólo por acumular
fuerzas suficientes fuera de los estrechos marcos coloniales, sino porque su
propósito no es simplemente la independencia de un país, sino una
verdadera fundación, para la cual son imprescindibles una gran creatividad
y profundos cambios individuales y colectivos. Martí lo explica muy
expresamente, en textos que deberían formar parte de la ciencia política12.
El grado de conciencia alcanzado y la organización que pretende desplegar
son muy superiores a los de la primera revolución cubana; por tanto, existe
siempre una tensión entre la continuidad con ella y el nuevo contenido,
entre la narración de la gesta que se reivindica como cuna de la nación y se
glorifica, y la crítica que se hace de sus hechos y sus limitaciones13. La
nueva revolución será la praxis creadora de la república nueva, el objetivo
superior al que alude Martí, que deberá partir de la especificidad originaria
y ser capaz de interesar y movilizar a los elementos reales del país, para que
ellos cambien sus vidas y su sociedad.
La materia acumulada—la historia—tiene por consiguiente un lugar
en la creación del cubano, pero la nueva nación dependerá sobre todo de la
realización del proyecto. El nacionalismo militante martiano revisa y

11 Ver Fernando Martínez: “Colonialismo y cultura nacional”, Congreso

Cultural de La Habana, enero de 1968, en Revolución y Cultura núm. 6, La


Habana, 1968.
12 Ver, por ej., los importantes artículos “Nuestras ideas” y “La guerra”, de

1892 (O. C., t. I, ps. 315-321 y t. II, 61-63). Ha habido que esperar por Mao, Frantz
Fanon, el Ché Guevara, para que este tema principal entrara a formar parte del
conocimiento.
13 Ver, entre tantos ejemplos, la carta de Martí a Enrique Collazo de 12 de

enero de 1892. En O. C., t.I, 288-293.


Martínez Heredia 196

muestra los testimonios de la formación de la identidad nacional, tanto en


sus retratos de próceres como en los de individuos humildes14, y en las
acciones y las representaciones colectivas. Establece la singularidad de lo
cubano, canta como nadie la gesta nacional y da un paso decisivo en la
identificación de los enemigos de la nación cubana. Martí confía en la
densidad de la historia que ya existe, y en la construcción de la historia que
la patria necesita. Para él, la historia no es solamente un arma política, es
una dimensión de la realidad y, aunque pueda parecer paradójico, una
dimensión del proyecto.

14 Ver un juicio muy profundo de Martí respecto a las relaciones entre las

personalidades históricas y los pueblos a los que pertenecen, en “Henry Ward


Beecher”, O. C., t. XIII, 32.

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