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Articulo Bullying

El documento trata sobre el bullying desde una perspectiva teórica con enfoque en la psicología jurídica. 1) Define el bullying como una problemática social que afecta el desarrollo e interacción de un individuo. 2) Describe los diversos actores involucrados (victimarios, víctimas, observadores) y sus roles. 3) Resalta la importancia de la psicología jurídica para la prevención e intervención del bullying, debido a sus repercusiones legales.

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El documento trata sobre el bullying desde una perspectiva teórica con enfoque en la psicología jurídica. 1) Define el bullying como una problemática social que afecta el desarrollo e interacción de un individuo. 2) Describe los diversos actores involucrados (victimarios, víctimas, observadores) y sus roles. 3) Resalta la importancia de la psicología jurídica para la prevención e intervención del bullying, debido a sus repercusiones legales.

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Bullying: una perspectiva teórica con enfoque en la psicología jurídica

Chacón, T., Molano, V., Pinzón, L y Plazas K

Resumen

El acoso escolar o como es comúnmente conocido “bullying”, es una problemática y

fenómeno social que afecta las áreas de ajuste o esferas de funcionamiento de un individuo,

teniendo en cuenta esto se deben abordar los diferentes conceptos y aspectos que se ven

involucrados en la intimidación escolar para poder comprenderlo en su totalidad y verificar las

áreas profesionales desde las cuales se puede actuar como medio de prevención e intervención

social con intención de mejorar el bienestar y la calidad de vida de las personas.

Palabras clave: Bullying, acoso escolar, fenómeno social, actores, rol, psicología jurídica

El acoso escolar o como es comúnmente conocido “bullying”, es una problemática y

fenómeno social que afecta las áreas de ajuste o esferas de funcionamiento de un individuo, ya

que tiene repercusiones en su desarrollo y en su interacción con la sociedad (Lara, Rodríguez,

Martínez y Piqueras, 2017); teniendo en cuenta esto, ésta revisión pretende abordar los diferentes

conceptos y aspectos que se ven involucrados en la intimidación escolar para poder

comprenderlo en su totalidad.

Por lo tanto se abordará al acoso escolar como una forma de maltrato o intimidación

intencional mediante una serie de conductas que generan perjuicios, ya que son acciones que se

producen de forma persistente y sistemática a un estudiante o a un grupo de estudiantes (Lara,

Rodríguez, Martínez y Piqueras, 2017).

Adicionalmente se incluirán los diversos actores (víctimas, victimarios y observadores)

que permiten que este fenómeno suceda y se mantenga a lo largo del tiempo, ya que esto permite

realizar un abordaje desde lo general a lo particular de las consecuencias que se generan tanto en
el individuo víctima de la problemática, como en la comunidad o sociedad donde suceden estos

actos.

Además pondrá en evidencia la importancia de la psicología jurídica en el manejo del

Bullying desde un enfoque de promoción, prevención e intervención, ya que estos

comportamientos tienen repercusiones en los contextos legales de una sociedad; por lo tanto se

evaluará si el psicólogo que ejerce su profesión desde este campo de acción, es el personal

idóneo para ejecutar acciones que permitan dar un manejo adecuado y propicio de la

problemática, dando respuesta a las cuestiones que se generan a partir de las consecuencias del

bullying o acoso escolar en un individuo y en la sociedad.

Aproximación al concepto de bullying

Puede ser considerado como una tipología de violencia escolar persistente en el tiempo y

con conductas abusivas (Puértolas y Montiel, 2016), como el rechazo, comentarios negativos,

ofensas, maltrato, amenazas, bromas, golpes, burlas, exclusión o conductas con connotación

sexual dirigidas hacia un individuo que generalmente es más débil en aspectos físicos y en sus

características personales o simplemente que ha sido elegida como víctima por razones raciales,

físicas, económicas o sociales, además que es considerado como una persona incapaz de afrontar

y salir de situaciones de conflicto, aumentando las conductas de aislamiento e indefensión

(Cerezo, Sánchez, Ruíz y Arense, 2015).

Asimismo para ser evaluado como una problemática con efectos en la sociedad, debe ser

definido desde tres puntos de vista diferentes debido a los múltiples factores sociales, culturales

y personales que se encuentran inmersos en este fenómeno; Schott y Sandergaard (2014) indican

que estos puntos corresponden a :


 Forma de agresión individual: tipo de violencia e intimidación que consiste en exponer

repetidamente a un estudiante a diferentes acciones negativas a causa de relaciones

asimétricas de poder, debido a diferencias en capacidades físicas y mentales, que generan una

distorsión en la percepción de poder, dominio y superioridad

 Forma social de violencia: conductas violentas que se presentan gracias a diferentes

problemas sociales y características de un grupo; es decir, se atribuye específicamente a los

conflictos que se presentan en el espacio escolar entre barras de equipos de fútbol, grupos

políticos, ideologías, creencias, grupos religiosos, entre otros.

 Dinámica disfuncional de grupo: conductas agresivas que se han normalizado debido a la

constante exposición a formas de agresión o intimidación en una sociedad, a causa de las

características de un contexto, tales como guerra, conflicto armado, pobreza, marginalidad,

desempleo, malnutrición y diferencias étnicas.

Adicionalmente el bullying puede presentarse en diversas formas; de acuerdo a Tinitana

(2015) existen 6 tipos, los cuales son: a) físico, el cual corresponde a toda acción que afecte la

integridad física de una persona; b) verbal, entendido como el uso del lenguaje que lesiona a otra

persona; c) psicológico, mediante amenazas o actos de manipulación y control; d) relacional

directo, correspondiente al control de la capacidad de un adolescente para mantener relaciones

sociales con sus pares, mediante actos de manipulación; e)cibernético por medio del uso

inadecuado de redes sociales para generar daño a un tercero y f) sexual, por medio de la emisión

de comentarios, amenazas o exhibición de actos abusivos entre pares.

Finalmente cuando se presenta en las relaciones entre adolescentes o pares, generan un

efecto negativo en el desarrollo de habilidades y competencias sociales, además de alteraciones

en la autopercepción y el autoconcepto (Cerezo, 2014); por lo cual se ve directamente


relacionado con un reducido círculo social, menor participación en encuentros sociales o debates

al interior de los espacios académicos, bajas o nulas competencias sociales y emocionales y

dificultades para manejar y solucionar conflictos, representándose en predictores de

insatisfacción social y soledad (Cerezo, 2014).

Actores presentes en el bullying

Este fenómeno es posible gracias a la participación de diversos actores, que asumen

ciertos roles en determinados momentos, por lo tanto son conceptos que deben tenerse en cuenta

para poder comprender en su totalidad el funcionamiento y desarrollo de la problemática del

bullying en una sociedad, específicamente en el contexto escolar.

Inicialmente se encuentra a los observadores que a pesar de no estar vinculados de

manera directa con el acoso escolar, atestiguan los hechos y de alguna manera están implicados

con los actos; pueden clasificarse en tres: observador pasivo, entendido como el que refuerza al

agresor de manera indirecta; el observador prosocial, entendido como el individuo que ayuda a la

víctima y espectador entendido como el que solo observa el acoso (Santoyo y Frías, 2014).

En segundo lugar se encuentra el agresor, que es aquel individuo que victimiza al

compañero, generalmente presentan mayor fortaleza física y posición de liderazgo, lo cual

genera que reciban respeto de las víctimas y compañeros. Suelen carecer de fuertes lazos

familiares, poco interés en las actividades escolares y académicas, rasgos de impulsividad y

agresividad, dificultades en habilidades sociales para comunicar y negociar sus deseos y puede

presentar falta de empatía y sentimientos de culpabilidad (Olweus, 2006) citado por (Hernández

y Saravia, 2016).
Es posible encontrar tres tipos de agresores: el activo, correspondiente al que maltrata

personalmente, estableciendo relaciones directas con la víctima; el social – indirecto,

correspondiente al individuo que a veces dirige el comportamiento de su grupo o seguidores,

induciéndolos a actos de violencia y persecución y el agresor pasivo, correspondiente a los que

participan a modo de seguidores del agresor activo (Hernández y Saravia, 2016).

Los agresores de acuerdo a Garaigordobil (2017), poseen una alta probabilidad de

desarrollar trastornos externalizantes de la conducta, y trastornos de la conducta antisocial, lo

cual es directamente proporcional a la presencia de bajas estrategias cognitivas y asertivas de

resolución de conflictos, siendo así común que un individuo justifique la emisión de un

comportamiento violento como método de regulación fisiológica y emocional.

Asimismo, los agresores pueden ser diagnosticados con trastorno de la conducta, en la

medida en que presentan comportamientos de agresión hacía personas o animales; acoso,

intimidación, amenazas, peleas y crueldad física; además de la destrucción deliberada de las

propiedades o bienes de otros; engaño y mentiras para obtener favores o evadir obligaciones y

transgresión de las normas (Garaigordobil 2017).

Por último, es posible encontrar a las víctimas, correspondientes a las personas que

reciben la agresión. Se caracterizan por culparse a sí mismas de los actos recibidos, quitándole la

responsabilidad a los otros por la situación; lo anterior genera la creación de una autoimagen

negativa y sentimientos de culpa. Físicamente tienden a ser más débiles, además de poseer rasgos

de ansiedad y depresión (Beaty y Alexenyev, 2008) citado por (Arango, 2014).

Al igual que en el caso del agresor, se pueden encontrar tres tipos de víctimas,

inicialmente la víctima clásica, caracterizada por tener comportamientos asociados a los


trastornos ansiosos, además de tener aspecto físico débil y manifestaciones de inseguridad; el

segundo tipo de víctimas corresponde al individuo que es provocativo, presentando un patrón de

conducta similar al del agresor activo, caracterizado por falta de control emocional y de

impulsos; por último, el tercer tipo corresponde al individuo que es visto como diferente en un

grupo social, lo cual causa que sea objeto de burlas (Hernández y Saravia, 2016).

Teniendo en cuenta esta caracterización de víctimas, autores como Highland (2016), han

mencionado que cuando un niño o adolescente vivencia situaciones estresantes propias del acoso

escolar, puede presentar un correlato de patología de tipo ansioso o depresivo; García y

Ascencio, también han indicado que se genera la aparición de comportamientos internalizantes

relacionados con el trastorno de ansiedad generalizada, siendo manifestados en temor por

regresar al colegio, ya que probablemente se expondrán a valoraciones negativas y el rechazo

social, además del temor de ser avergonzado u ofendido por sus pares.

Por otro lado, las personas víctimas de Bullying también presentan correlación positiva,

con los trastornos de depresión, ya que generalmente desarrollan síntomas como irritabilidad,

aislamiento social, llanto excesivo, labilidad emocional, cambios en los patrones de sueño y de

alimentación y sentimientos de rechazo, culpabilidad e inutilidad (Highland, 2016).

Adicionalmente, de acuerdo a Novo, Fariña, Seijo y Arce (2013) esta sintomatología de

tipo internalizante genera sensación de poco control sobre la vida propia, además de deterioro y

malestar significativo y relevante en las áreas de ajuste, tal y como se evidencia en el caso de

Alex; además en el DSM V corresponde a un criterio para el diagnóstico de dichos trastornos

(American Psychiatric Association, 2013).


Finalmente es posible considerar que ser víctima de Bullying es un predictor de

consecuencias y efectos a largo plazo como victimización en contextos sociales y familiares,

problemas de conducta antisocial, trastornos internalizantes como los ya mencionados

(depresión, ansiedad generalizada), además de problemas sociales e interpersonales, estos

últimos son un factor de riesgo, ya que deterioran significativamente el estado mental de las

personas (Kljakovic & Hunt, 2016).

Teorías explicativas

El acoso o intimidación escolar al ser un fenómeno social, ha sido objeto de diversos

estudios con el fin de poder comprender su forma de funcionamiento y la razón por la cual se

genera; a partir de estos estudios, se ha llegado a una serie de explicaciones, mediante el abordaje

de algunas teorías del comportamiento.

Dicho esto, es posible encontrar la teoría contextual – ecológica propuesta por

Bronfenbrenner (1995), la cual indica que se debe tener en cuenta la influencia que ejerce el

entorno en la conducta y en el desarrollo de un individuo, con el fin de valorar los procesos

interactivos entre una persona, su ambiente físico, su ambiente social y cultural (Delgado, 2012).

Para comprender esto, se evalúan los siguientes niveles y contextos: microsistema,

correspondiente al escenario donde se producen las interacciones cara a cara (familia y escuela);

mesosistema, correspondiente a las interrelaciones activas entres dos o más entornos (escuela y

familia); el exosistema, correspondiente a los contextos más amplios que no incluyen al

individuo como sujeto activo ( trabajo, televisión); y el macrosistema correspondiente a la forma

en que un individuo se desenvuelve con los grupos en la sociedad (cultura y subculturas)

(Delgado, 2012).
Por lo tanto, para explicar la violencia injustificada, se debe tener en cuenta que surge

inicialmente entre compañeros que realizan un gran número de actividades juntos, ya que debido

al convivir diariamente por ciertas horas puede generar que se creen diferencias y problemas de

convivencia (Delgado, 2012).

Asimismo, se encuentra la teoría de las habilidades sociales, desde esta perspectiva se

evalúan las habilidades sociales como factores de riesgo para la emisión de conductas

relacionadas con el rol de agresor y de víctima, ya que cuando existe déficit de habilidades

sociales, relacionadas con la comunicación y el establecimiento de relaciones interpersonales

adecuadas, aumenta la probabilidad de emisión de conductas agresivas o introversión (Arroyave,

2012).

Finalmente se encuentran la teoría conductista, la cual explica que la conducta agresiva es

voluntaria, ya que se adquiere mediante el proceso de aprendizaje, por lo tanto, se evalúa la

reacción de las personas ante determinada situación que surge en el contexto, lo anterior

incluyendo los conceptos de refuerzo, castigo y extinción, por lo tanto, se indica que mediante

los conceptos anteriores se establecen dichos comportamientos de agresividad como repertorio

conductual de un individuo (Trávez y Vaca, 2014).

Dentro de este tipo de teorías destaca la teoría del aprendizaje social de Bandura, donde

refiere que el ser humano aprende a comportarse de forma antisocial, por lo tanto, se debe prestar

atención a la interacción entre sujetos en un contexto específico y los procesos de modelamiento

y aprendizaje por observación (Barbosa, 2012).

Por otro lado, se encuentra la teoría clásica del dolor, que indica que una reacción

dolorosa por parte de la víctima, representa un estímulo apetitivo de alta intensidad para el
agresor, por lo cual aumentará la probabilidad de que se siga presentando en el tiempo (Ledesma,

2014).

Psicología jurídica en el bullying

Teniendo clara la conceptualización del bullying, incluyendo la forma de presentación,

los escenarios en los que es posible encontrarlo, los actores y las razones por las cuales es posible

que se genere; se evidencia que es una problemática que afecta el desarrollo adecuado de un

individuo, por lo tanto podría ser abordado desde la psicología jurídica en la medida que se

pueden asumir diferentes roles de actuación, ya que es un fenómeno social negativo que influye

específicamente el ámbito escolar y tiene consecuencias jurídicas.

Por lo tanto, la psicología jurídica al ser un área aplicada que se encarga de describir,

explicar, predecir e intervenir el comportamiento humano que tiene consecuencias en el contexto

jurídico como delincuentes, víctimas, agresores o victimarios, demandantes, demandados,

testigos, guardias, policías y entidades judiciales (Chan, Estrada y Rodríguez, 2014) debe

facilitar y apoyar la construcción y práctica se sistemas jurídicos objetivos y justos mediante la

proposición de soluciones viables, integrales y eficaces a los problemas conductuales que

presentan las personas y generan consecuencias en el ámbito jurídico fomentando la justicia

social y la humanización de lo jurídico (Tapias y Hernández, 2011).

Teniendo en cuenta esto, el profesional especializado en psicología jurídica, puede

trabajar desde diferentes subespecialidades. Inicialmente, podría trabajar desde el área de la

psicología victimológica, ya que está en la capacidad y cuenta con las competencias necesarias

para evaluar, asesorar, orientar, mediar y reconciliar, este último involucrando tanto a la víctima

como al victimario (Gutiérrez de Piñeres, 2008) citado por (Tapias, 2011).


Adicionalmente al considerar a la víctima como un sujeto activo y de derechos,

promueve la postura de dar explicación a las consecuencias psicológicas como una reacción

normal y proporcional ante los hechos sucedidos y no como una perspectiva psicodiagnóstica, lo

cual facilita los procesos de recuperación y aceptación de lo sucedido (Tapias, 2011).

El psicólogo jurídico desde esta subespecialización, podrá evaluar las secuelas, el daño y

la huella psíquica y emocional de las agresiones a las que fue expuesta el menor, por lo cual

tendrá la capacidad para responder a las necesidades de la víctima de acuerdo al proceso de

evaluación ejecutado, interviniendo de manera adecuada y oportuna en el restablecimiento de

derechos y estrategias de adaptación al contexto, preservando su bienestar, previniendo factores

de riesgo y evitando la victimización secundaria (Ome, Sánchez y Flórez, 2017).

En segundo lugar, el psicólogo podrá actuar desde la subespecialidad que tiene como

objeto de estudio el testimonio y los factores que median en su exactitud, fiabilidad y

credibilidad, un ejemplo de esto es evaluar la forma en la que los procesos superiores (memoria,

percepción y atención) influyen en un relato (Morales, 2016).

Es importante en la medida que permitirá evaluar el testimonio tanto de la víctima como

del victimario, de manera estructurada mediante protocolos, técnicas y herramientas propios de

la disciplina, para disminuir el riesgo de emisión de algún concepto sesgado o erróneo, con el fin

de identificar cualquier tipo de denuncia falsa que se pueda presentar y así mismo recoger la

información necesaria que permita generar el concepto psicológico adecuado que sirva como

medio de conocimiento probatorio en un proceso judicial (Arce y Fariña, 2013).

Finalmente el psicólogo podrá actuar desde la psicología forense, ya que deberá aplicar

los conceptos, técnicas y conocimientos de la disciplina a las cuestiones que se establezcan desde
el sistema legal, además de asesorar, evaluar y emitir conceptos teóricos y científicos que

faciliten el proceso de toma de decisiones de las autoridades judiciales (Lobo, Espinosa,

Guerrero y Ospina, 2016).

Conclusiones

Para terminar, es necesario considerar que de acuerdo a la revisión conceptual y teórica

que se realizó de la problemática de bullying, es un fenómeno que debe ser intervenido en todos

los contextos en los que se presenta, sin discriminación de raza, edad, sexo o posición

económico, ya que a pesar de que en ocasiones es silencioso, tiene grandes repercusiones en la

vida de una persona y su desarrollo como individuo y como ser social.

Por lo tanto, el psicólogo específicamente desde el área jurídica tiene un rol de gran

importancia, ya que es el profesional con conocimiento específico en las implicaciones a nivel

psicológico y legal que tienen este tipo de comportamientos, por lo cual puede brindar una visión

global y general de esta problemática, para poder intervenirla y prevenirla, facilitando la

aparición de conductas prosociales encaminadas a mejorar el bienestar y la calidad de vida de las

personas tanto a corto como a largo plazo.

Adicionalmente, es importante evaluar la importancia que tiene el intervenir este tipo de

comportamientos desde un enfoque interdisciplinar, por lo cual sería adecuado realizar

investigaciones o propuestas que den muestra del trabajo en este tipo de comportamientos desde

diferentes disciplinas, lo que a su vez contribuye a la construcción de una sociedad que vele por

el desarrollo óptimo de cada uno de sus individuos.

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