Bullying: una perspectiva teórica con enfoque en la psicología jurídica
Chacón, T., Molano, V., Pinzón, L y Plazas K
Resumen
El acoso escolar o como es comúnmente conocido “bullying”, es una problemática y
fenómeno social que afecta las áreas de ajuste o esferas de funcionamiento de un individuo,
teniendo en cuenta esto se deben abordar los diferentes conceptos y aspectos que se ven
involucrados en la intimidación escolar para poder comprenderlo en su totalidad y verificar las
áreas profesionales desde las cuales se puede actuar como medio de prevención e intervención
social con intención de mejorar el bienestar y la calidad de vida de las personas.
Palabras clave: Bullying, acoso escolar, fenómeno social, actores, rol, psicología jurídica
El acoso escolar o como es comúnmente conocido “bullying”, es una problemática y
fenómeno social que afecta las áreas de ajuste o esferas de funcionamiento de un individuo, ya
que tiene repercusiones en su desarrollo y en su interacción con la sociedad (Lara, Rodríguez,
Martínez y Piqueras, 2017); teniendo en cuenta esto, ésta revisión pretende abordar los diferentes
conceptos y aspectos que se ven involucrados en la intimidación escolar para poder
comprenderlo en su totalidad.
Por lo tanto se abordará al acoso escolar como una forma de maltrato o intimidación
intencional mediante una serie de conductas que generan perjuicios, ya que son acciones que se
producen de forma persistente y sistemática a un estudiante o a un grupo de estudiantes (Lara,
Rodríguez, Martínez y Piqueras, 2017).
Adicionalmente se incluirán los diversos actores (víctimas, victimarios y observadores)
que permiten que este fenómeno suceda y se mantenga a lo largo del tiempo, ya que esto permite
realizar un abordaje desde lo general a lo particular de las consecuencias que se generan tanto en
el individuo víctima de la problemática, como en la comunidad o sociedad donde suceden estos
actos.
Además pondrá en evidencia la importancia de la psicología jurídica en el manejo del
Bullying desde un enfoque de promoción, prevención e intervención, ya que estos
comportamientos tienen repercusiones en los contextos legales de una sociedad; por lo tanto se
evaluará si el psicólogo que ejerce su profesión desde este campo de acción, es el personal
idóneo para ejecutar acciones que permitan dar un manejo adecuado y propicio de la
problemática, dando respuesta a las cuestiones que se generan a partir de las consecuencias del
bullying o acoso escolar en un individuo y en la sociedad.
Aproximación al concepto de bullying
Puede ser considerado como una tipología de violencia escolar persistente en el tiempo y
con conductas abusivas (Puértolas y Montiel, 2016), como el rechazo, comentarios negativos,
ofensas, maltrato, amenazas, bromas, golpes, burlas, exclusión o conductas con connotación
sexual dirigidas hacia un individuo que generalmente es más débil en aspectos físicos y en sus
características personales o simplemente que ha sido elegida como víctima por razones raciales,
físicas, económicas o sociales, además que es considerado como una persona incapaz de afrontar
y salir de situaciones de conflicto, aumentando las conductas de aislamiento e indefensión
(Cerezo, Sánchez, Ruíz y Arense, 2015).
Asimismo para ser evaluado como una problemática con efectos en la sociedad, debe ser
definido desde tres puntos de vista diferentes debido a los múltiples factores sociales, culturales
y personales que se encuentran inmersos en este fenómeno; Schott y Sandergaard (2014) indican
que estos puntos corresponden a :
Forma de agresión individual: tipo de violencia e intimidación que consiste en exponer
repetidamente a un estudiante a diferentes acciones negativas a causa de relaciones
asimétricas de poder, debido a diferencias en capacidades físicas y mentales, que generan una
distorsión en la percepción de poder, dominio y superioridad
Forma social de violencia: conductas violentas que se presentan gracias a diferentes
problemas sociales y características de un grupo; es decir, se atribuye específicamente a los
conflictos que se presentan en el espacio escolar entre barras de equipos de fútbol, grupos
políticos, ideologías, creencias, grupos religiosos, entre otros.
Dinámica disfuncional de grupo: conductas agresivas que se han normalizado debido a la
constante exposición a formas de agresión o intimidación en una sociedad, a causa de las
características de un contexto, tales como guerra, conflicto armado, pobreza, marginalidad,
desempleo, malnutrición y diferencias étnicas.
Adicionalmente el bullying puede presentarse en diversas formas; de acuerdo a Tinitana
(2015) existen 6 tipos, los cuales son: a) físico, el cual corresponde a toda acción que afecte la
integridad física de una persona; b) verbal, entendido como el uso del lenguaje que lesiona a otra
persona; c) psicológico, mediante amenazas o actos de manipulación y control; d) relacional
directo, correspondiente al control de la capacidad de un adolescente para mantener relaciones
sociales con sus pares, mediante actos de manipulación; e)cibernético por medio del uso
inadecuado de redes sociales para generar daño a un tercero y f) sexual, por medio de la emisión
de comentarios, amenazas o exhibición de actos abusivos entre pares.
Finalmente cuando se presenta en las relaciones entre adolescentes o pares, generan un
efecto negativo en el desarrollo de habilidades y competencias sociales, además de alteraciones
en la autopercepción y el autoconcepto (Cerezo, 2014); por lo cual se ve directamente
relacionado con un reducido círculo social, menor participación en encuentros sociales o debates
al interior de los espacios académicos, bajas o nulas competencias sociales y emocionales y
dificultades para manejar y solucionar conflictos, representándose en predictores de
insatisfacción social y soledad (Cerezo, 2014).
Actores presentes en el bullying
Este fenómeno es posible gracias a la participación de diversos actores, que asumen
ciertos roles en determinados momentos, por lo tanto son conceptos que deben tenerse en cuenta
para poder comprender en su totalidad el funcionamiento y desarrollo de la problemática del
bullying en una sociedad, específicamente en el contexto escolar.
Inicialmente se encuentra a los observadores que a pesar de no estar vinculados de
manera directa con el acoso escolar, atestiguan los hechos y de alguna manera están implicados
con los actos; pueden clasificarse en tres: observador pasivo, entendido como el que refuerza al
agresor de manera indirecta; el observador prosocial, entendido como el individuo que ayuda a la
víctima y espectador entendido como el que solo observa el acoso (Santoyo y Frías, 2014).
En segundo lugar se encuentra el agresor, que es aquel individuo que victimiza al
compañero, generalmente presentan mayor fortaleza física y posición de liderazgo, lo cual
genera que reciban respeto de las víctimas y compañeros. Suelen carecer de fuertes lazos
familiares, poco interés en las actividades escolares y académicas, rasgos de impulsividad y
agresividad, dificultades en habilidades sociales para comunicar y negociar sus deseos y puede
presentar falta de empatía y sentimientos de culpabilidad (Olweus, 2006) citado por (Hernández
y Saravia, 2016).
Es posible encontrar tres tipos de agresores: el activo, correspondiente al que maltrata
personalmente, estableciendo relaciones directas con la víctima; el social – indirecto,
correspondiente al individuo que a veces dirige el comportamiento de su grupo o seguidores,
induciéndolos a actos de violencia y persecución y el agresor pasivo, correspondiente a los que
participan a modo de seguidores del agresor activo (Hernández y Saravia, 2016).
Los agresores de acuerdo a Garaigordobil (2017), poseen una alta probabilidad de
desarrollar trastornos externalizantes de la conducta, y trastornos de la conducta antisocial, lo
cual es directamente proporcional a la presencia de bajas estrategias cognitivas y asertivas de
resolución de conflictos, siendo así común que un individuo justifique la emisión de un
comportamiento violento como método de regulación fisiológica y emocional.
Asimismo, los agresores pueden ser diagnosticados con trastorno de la conducta, en la
medida en que presentan comportamientos de agresión hacía personas o animales; acoso,
intimidación, amenazas, peleas y crueldad física; además de la destrucción deliberada de las
propiedades o bienes de otros; engaño y mentiras para obtener favores o evadir obligaciones y
transgresión de las normas (Garaigordobil 2017).
Por último, es posible encontrar a las víctimas, correspondientes a las personas que
reciben la agresión. Se caracterizan por culparse a sí mismas de los actos recibidos, quitándole la
responsabilidad a los otros por la situación; lo anterior genera la creación de una autoimagen
negativa y sentimientos de culpa. Físicamente tienden a ser más débiles, además de poseer rasgos
de ansiedad y depresión (Beaty y Alexenyev, 2008) citado por (Arango, 2014).
Al igual que en el caso del agresor, se pueden encontrar tres tipos de víctimas,
inicialmente la víctima clásica, caracterizada por tener comportamientos asociados a los
trastornos ansiosos, además de tener aspecto físico débil y manifestaciones de inseguridad; el
segundo tipo de víctimas corresponde al individuo que es provocativo, presentando un patrón de
conducta similar al del agresor activo, caracterizado por falta de control emocional y de
impulsos; por último, el tercer tipo corresponde al individuo que es visto como diferente en un
grupo social, lo cual causa que sea objeto de burlas (Hernández y Saravia, 2016).
Teniendo en cuenta esta caracterización de víctimas, autores como Highland (2016), han
mencionado que cuando un niño o adolescente vivencia situaciones estresantes propias del acoso
escolar, puede presentar un correlato de patología de tipo ansioso o depresivo; García y
Ascencio, también han indicado que se genera la aparición de comportamientos internalizantes
relacionados con el trastorno de ansiedad generalizada, siendo manifestados en temor por
regresar al colegio, ya que probablemente se expondrán a valoraciones negativas y el rechazo
social, además del temor de ser avergonzado u ofendido por sus pares.
Por otro lado, las personas víctimas de Bullying también presentan correlación positiva,
con los trastornos de depresión, ya que generalmente desarrollan síntomas como irritabilidad,
aislamiento social, llanto excesivo, labilidad emocional, cambios en los patrones de sueño y de
alimentación y sentimientos de rechazo, culpabilidad e inutilidad (Highland, 2016).
Adicionalmente, de acuerdo a Novo, Fariña, Seijo y Arce (2013) esta sintomatología de
tipo internalizante genera sensación de poco control sobre la vida propia, además de deterioro y
malestar significativo y relevante en las áreas de ajuste, tal y como se evidencia en el caso de
Alex; además en el DSM V corresponde a un criterio para el diagnóstico de dichos trastornos
(American Psychiatric Association, 2013).
Finalmente es posible considerar que ser víctima de Bullying es un predictor de
consecuencias y efectos a largo plazo como victimización en contextos sociales y familiares,
problemas de conducta antisocial, trastornos internalizantes como los ya mencionados
(depresión, ansiedad generalizada), además de problemas sociales e interpersonales, estos
últimos son un factor de riesgo, ya que deterioran significativamente el estado mental de las
personas (Kljakovic & Hunt, 2016).
Teorías explicativas
El acoso o intimidación escolar al ser un fenómeno social, ha sido objeto de diversos
estudios con el fin de poder comprender su forma de funcionamiento y la razón por la cual se
genera; a partir de estos estudios, se ha llegado a una serie de explicaciones, mediante el abordaje
de algunas teorías del comportamiento.
Dicho esto, es posible encontrar la teoría contextual – ecológica propuesta por
Bronfenbrenner (1995), la cual indica que se debe tener en cuenta la influencia que ejerce el
entorno en la conducta y en el desarrollo de un individuo, con el fin de valorar los procesos
interactivos entre una persona, su ambiente físico, su ambiente social y cultural (Delgado, 2012).
Para comprender esto, se evalúan los siguientes niveles y contextos: microsistema,
correspondiente al escenario donde se producen las interacciones cara a cara (familia y escuela);
mesosistema, correspondiente a las interrelaciones activas entres dos o más entornos (escuela y
familia); el exosistema, correspondiente a los contextos más amplios que no incluyen al
individuo como sujeto activo ( trabajo, televisión); y el macrosistema correspondiente a la forma
en que un individuo se desenvuelve con los grupos en la sociedad (cultura y subculturas)
(Delgado, 2012).
Por lo tanto, para explicar la violencia injustificada, se debe tener en cuenta que surge
inicialmente entre compañeros que realizan un gran número de actividades juntos, ya que debido
al convivir diariamente por ciertas horas puede generar que se creen diferencias y problemas de
convivencia (Delgado, 2012).
Asimismo, se encuentra la teoría de las habilidades sociales, desde esta perspectiva se
evalúan las habilidades sociales como factores de riesgo para la emisión de conductas
relacionadas con el rol de agresor y de víctima, ya que cuando existe déficit de habilidades
sociales, relacionadas con la comunicación y el establecimiento de relaciones interpersonales
adecuadas, aumenta la probabilidad de emisión de conductas agresivas o introversión (Arroyave,
2012).
Finalmente se encuentran la teoría conductista, la cual explica que la conducta agresiva es
voluntaria, ya que se adquiere mediante el proceso de aprendizaje, por lo tanto, se evalúa la
reacción de las personas ante determinada situación que surge en el contexto, lo anterior
incluyendo los conceptos de refuerzo, castigo y extinción, por lo tanto, se indica que mediante
los conceptos anteriores se establecen dichos comportamientos de agresividad como repertorio
conductual de un individuo (Trávez y Vaca, 2014).
Dentro de este tipo de teorías destaca la teoría del aprendizaje social de Bandura, donde
refiere que el ser humano aprende a comportarse de forma antisocial, por lo tanto, se debe prestar
atención a la interacción entre sujetos en un contexto específico y los procesos de modelamiento
y aprendizaje por observación (Barbosa, 2012).
Por otro lado, se encuentra la teoría clásica del dolor, que indica que una reacción
dolorosa por parte de la víctima, representa un estímulo apetitivo de alta intensidad para el
agresor, por lo cual aumentará la probabilidad de que se siga presentando en el tiempo (Ledesma,
2014).
Psicología jurídica en el bullying
Teniendo clara la conceptualización del bullying, incluyendo la forma de presentación,
los escenarios en los que es posible encontrarlo, los actores y las razones por las cuales es posible
que se genere; se evidencia que es una problemática que afecta el desarrollo adecuado de un
individuo, por lo tanto podría ser abordado desde la psicología jurídica en la medida que se
pueden asumir diferentes roles de actuación, ya que es un fenómeno social negativo que influye
específicamente el ámbito escolar y tiene consecuencias jurídicas.
Por lo tanto, la psicología jurídica al ser un área aplicada que se encarga de describir,
explicar, predecir e intervenir el comportamiento humano que tiene consecuencias en el contexto
jurídico como delincuentes, víctimas, agresores o victimarios, demandantes, demandados,
testigos, guardias, policías y entidades judiciales (Chan, Estrada y Rodríguez, 2014) debe
facilitar y apoyar la construcción y práctica se sistemas jurídicos objetivos y justos mediante la
proposición de soluciones viables, integrales y eficaces a los problemas conductuales que
presentan las personas y generan consecuencias en el ámbito jurídico fomentando la justicia
social y la humanización de lo jurídico (Tapias y Hernández, 2011).
Teniendo en cuenta esto, el profesional especializado en psicología jurídica, puede
trabajar desde diferentes subespecialidades. Inicialmente, podría trabajar desde el área de la
psicología victimológica, ya que está en la capacidad y cuenta con las competencias necesarias
para evaluar, asesorar, orientar, mediar y reconciliar, este último involucrando tanto a la víctima
como al victimario (Gutiérrez de Piñeres, 2008) citado por (Tapias, 2011).
Adicionalmente al considerar a la víctima como un sujeto activo y de derechos,
promueve la postura de dar explicación a las consecuencias psicológicas como una reacción
normal y proporcional ante los hechos sucedidos y no como una perspectiva psicodiagnóstica, lo
cual facilita los procesos de recuperación y aceptación de lo sucedido (Tapias, 2011).
El psicólogo jurídico desde esta subespecialización, podrá evaluar las secuelas, el daño y
la huella psíquica y emocional de las agresiones a las que fue expuesta el menor, por lo cual
tendrá la capacidad para responder a las necesidades de la víctima de acuerdo al proceso de
evaluación ejecutado, interviniendo de manera adecuada y oportuna en el restablecimiento de
derechos y estrategias de adaptación al contexto, preservando su bienestar, previniendo factores
de riesgo y evitando la victimización secundaria (Ome, Sánchez y Flórez, 2017).
En segundo lugar, el psicólogo podrá actuar desde la subespecialidad que tiene como
objeto de estudio el testimonio y los factores que median en su exactitud, fiabilidad y
credibilidad, un ejemplo de esto es evaluar la forma en la que los procesos superiores (memoria,
percepción y atención) influyen en un relato (Morales, 2016).
Es importante en la medida que permitirá evaluar el testimonio tanto de la víctima como
del victimario, de manera estructurada mediante protocolos, técnicas y herramientas propios de
la disciplina, para disminuir el riesgo de emisión de algún concepto sesgado o erróneo, con el fin
de identificar cualquier tipo de denuncia falsa que se pueda presentar y así mismo recoger la
información necesaria que permita generar el concepto psicológico adecuado que sirva como
medio de conocimiento probatorio en un proceso judicial (Arce y Fariña, 2013).
Finalmente el psicólogo podrá actuar desde la psicología forense, ya que deberá aplicar
los conceptos, técnicas y conocimientos de la disciplina a las cuestiones que se establezcan desde
el sistema legal, además de asesorar, evaluar y emitir conceptos teóricos y científicos que
faciliten el proceso de toma de decisiones de las autoridades judiciales (Lobo, Espinosa,
Guerrero y Ospina, 2016).
Conclusiones
Para terminar, es necesario considerar que de acuerdo a la revisión conceptual y teórica
que se realizó de la problemática de bullying, es un fenómeno que debe ser intervenido en todos
los contextos en los que se presenta, sin discriminación de raza, edad, sexo o posición
económico, ya que a pesar de que en ocasiones es silencioso, tiene grandes repercusiones en la
vida de una persona y su desarrollo como individuo y como ser social.
Por lo tanto, el psicólogo específicamente desde el área jurídica tiene un rol de gran
importancia, ya que es el profesional con conocimiento específico en las implicaciones a nivel
psicológico y legal que tienen este tipo de comportamientos, por lo cual puede brindar una visión
global y general de esta problemática, para poder intervenirla y prevenirla, facilitando la
aparición de conductas prosociales encaminadas a mejorar el bienestar y la calidad de vida de las
personas tanto a corto como a largo plazo.
Adicionalmente, es importante evaluar la importancia que tiene el intervenir este tipo de
comportamientos desde un enfoque interdisciplinar, por lo cual sería adecuado realizar
investigaciones o propuestas que den muestra del trabajo en este tipo de comportamientos desde
diferentes disciplinas, lo que a su vez contribuye a la construcción de una sociedad que vele por
el desarrollo óptimo de cada uno de sus individuos.
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