MES DE MAYO, MES DEDICADO A LA VIRGEN MARÍA
Nos Contactamos, con este famoso saludo Mariano:
“Ave María Purísima, Sin ……………. Concebida S… tí… ma”.
Jóvenes estudiantes, como se habrán dado
cuenta, durante este mes, hemos dedicado
cuatro sesiones a la Virgen María, con el único
fin de conocerla mejor y reconocerla como
Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre
Nuestra. Estoy por seguro que estas sesiones
les ha ayudado mucho para mejorar en el amor
hacia Ella. Me alegra mucho el trabajo
desarrollado de cada uno de ustedes que lo
han hecho con mucho esmero y sobretodo han
demostrado su inmenso amor a Nuestra Madre
del cielo. Por eso, estoy contento de ustedes.
Terminamos el tema de la Virgen María, con esta sesión y oración del Ave María,
que es, la más conocida y más rezada. A veces sólo repetimos por repetir, pero
algún día te has preguntado: ¿Por qué rezamos el Ave María?, ¿qué significa
cada una de estas frases?....Pues, en esta sesión, meditaremos y aprenderemos
el significado de estas excelentes frases. Y, así seguiremos rezando con mayor
dulzura y amor a nuestra Madre.
El amor hacia María enriquece nuestra fe, la hace más profundamente humana,
nos acerca a Dios por un camino de dulzura.
Es un amor filial que, como el niño, sabe confiar en su Madre y complacerla con lo
que a Ella le gusta.
Observamos el video y/o rezamos el Ave María:
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Actividad inicial a desarrollar (01):
Ahora, completamos en los espacios en blanco esta maravillosa oración.
Dios te salve …………, llena eres de ………….., el Señor es contigo y …………tu
eres ……………….todas las ………………y bendito es el fruto de tu vientre
…………….
S……………..María, …………….de Dios, ruega por nosotros, ……………….,
ahora y en la ………………..de nuestra ……………..Amén.
Actividad inicial a desarrollar (02):
Como verás, esta oración tiene dos partes, una de ella es de alabanza y la otra de
súplicas. ¿Cuáles son las frases que corresponden a las alabanzas y cuáles a
las de súplicas?.
Frases de alabanza:
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Frases de Súplicas:
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EL AVE MARÍA
¿Por qué rezar el Ave María?
Autor: Norberto Rivera Carrera, Cardenal
El Avemaría es seguramente una de las primeras oraciones que aprendimos
cuando éramos niños. Es una oración sencilla, un diálogo muy sincero nacido del
corazón, un saludo cariñoso a nuestra Madre del Cielo.
Recoge las mismas palabras del saludo del ángel en la Anunciación (Lucas 1, 28)
y
del saludo de Isabel (Lucas 1, 42), y después añade nuestra petición de
intercesión confiada a su corazón amantísimo. En el sigo XVI se añadió la frase
final: “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Todo ello forma una riquísima
oración llena de significado.
El Avemaría es una oración vocal, es decir, que se hace repitiendo palabras,
recitando fórmulas, pero no por esto es menos intensa, menos personal.
Podemos decir que el Avemaría y el Rosario son las dos grandes expresiones de
la devoción cristiana a la Santísima Virgen. Pero la devoción no se queda sólo ahí.
En el Avemaría, descubrimos dos actitudes de la oración de la Iglesia centradas
en la persona de Cristo y apoyadas en la singular cooperación de María a la
acción del Espíritu Santo (Cf Catecismo de la Iglesia Católica 2675).
La primera actitud es la de unirse al agradecimiento de la Santísima Virgen por los
beneficios recibidos de Dios (“llena eres de gracia”, “el Señor es contigo”, “bendita
tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”) y la
segunda es el confiar a María Santísima nuestra oración uniéndola a la
suya (“ruega por nosotros, pecadores”).
Para explicar esta oración es muy útil seguir los números 2676 y 2677 del
Catecismo de la Iglesia Católica.
1. En la primera parte de la oración se recoge el saludo del ángel, del enviado del
Señor. Es una alabanza en la que usamos las mismas palabras del embajador de
Dios. Es Dios mismo quien, por mediación de su ángel, saluda a María. Nuestra
oración se atreve a recoger el saludo a María con la mirada que Dios ha puesto
sobre su humilde esclava y a alegrarnos con el gozo que Dios encuentra en ella.
"Llena eres de gracia, el Señor es contigo":
Las dos palabras del saludo del ángel se aclaran mutuamente. María es la llena de
gracia porque el Señor está con ella. La gracia de la que está colmada es la
presencia de Aquél que es la fuente de toda gracia.
María, en quien va a habitar el Señor, es en persona la hija de Sión, el Arca de la
Alianza, el lugar donde reside la Gloria del Señor: ella es "la morada de Dios entre
los hombres" (Apocalipsis 21, 3). "Llena de gracia", se ha dado toda al que viene a
habitar en ella y al que ella entregará al mundo.
2. A continuación, en el Avemaría se añade el saludo de Santa Isabel: "Bendita tú
eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús". Isabel dice
estas palabras llena del Espíritu Santo (Cf Lucas 1, 41), y así se convierte en la
primera persona dentro de la larga serie de las generaciones que llaman y
llamarán bienaventurada a María (Cf Lucas 1, 48): "Bienaventurada la que ha
creído..." (Lucas 1, 45); María es "bendita entre todas las mujeres" porque ha
creído en el cumplimiento de la palabra del Señor.
Abraham, por su fe, se convirtió en bendición para todas las "naciones de la tierra"
(Génesis 12, 3). Por su fe, María vino a ser la madre de los creyentes, gracias a la
cual todas las naciones de la tierra reciben a Aquél que es la bendición misma de
Dios: "Jesús el fruto bendito de tu vientre".
El Papa Juan Pablo II nos explica muy bien el contenido de este saludo de Isabel
a su prima en el número 12 de la Carta Encíclica Redemptoris Mater:
3. Después, el Avemaría continúa con nuestra petición: "Santa María, Madre de
Dios, ruega por nosotros..." Con Isabel, nos maravillamos y decimos: “¿De dónde
a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lucas 1 ,43).
María nos entrega a Jesús, su Hijo, que muere por nosotros y por nuestra
salvación en la cruz y, desde esa misma cruz, Jesucristo nos da a María como
Madre nuestra (Cf Juan 19, 26-28); María es madre de Dios y madre nuestra, y
por eso podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones, porque
sabemos que Dios no le va a negar nada (Cf Juan 2, 3-5) y al mismo tiempo
confiamos en que tampoco nos lo va a negar a nosotros si es para nuestro bien.
María Santísima reza por nosotros como ella oró por sí misma: "Hágase en mí
según tu palabra" (Lucas 1,38). Confiándonos a su oración, nos abandonamos con
ella en la voluntad de Dios: "Haced lo que Él os diga" (Cf Juan 2, 5).
"Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". Pidiendo
a María que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos dirigimos a la
"Madre de la Misericordia", a la Toda Santa.
Nos ponemos en sus manos "ahora", en el hoy de nuestras vidas. Y nuestra
confianza se ensancha para entregarle desde ahora, "la hora de nuestra muerte".
Que esté presente en esa hora, como estuvo en la muerte de su Hijo al pie de la
cruz y que en la hora de nuestro tránsito nos acoja como madre nuestra para
conducirnos a su Hijo Jesús, al Paraíso, a nuestra felicidad eterna en el pleno y
eterno amor de Dios.
Ahora rezamos esta maravillosa oración del Ave María, que tanto le gusta a la
Virgen. Por eso, Ella nos pide que recemos mucho el Santo Rosario que allí
pronunciamos repetidamente esta oración.
Primera parte: Le Alabamos
Dios te salve, María.
Llena eres de gracia.
El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres.
Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Segunda parte. Le suplicamos
Santa María, Madre de Dios.
Ruega por nosotros pecadores.
Ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Actividad a desarrollar (03): Responde brevemente
¿Por qué se ha de rezar el Ave María?
¿Para qué debemos rezar el Ave María?
¿Cómo debes poner en practica el tema del Ave María?
¿Te comprometes a rezar siempre la oración del Ave María?.
Reforzamos el tema escuchando la explicación de un sacerdote por medio del
siguiente video:
[Link]
Una vez más acudimos a Ella, para decirle que “Ruegue por Nosotros,
pecadores”, ante esta pandemia
ORACION A LA VIRGEN DE GUADALUPE POR LAS PERSONAS AFECTADAS
POR LA PANDEMIA DE COVID-19
Virgen de Guadalupe,
Emperatriz de América:
Tú eres nuestra intercesora ante el Padre de Misericordia,
por eso, tus hijos de América, imploramos confiadamente tu protección
ante esta pandemia que nos causa tanto dolor e incertidumbre.
que Dios, no nos desampare en este tiempo de sufrimiento.
Dulce Virgen de Guadalupe, Emperatriz de América,
queremos volver a vivir con alegría y solidaridad.
Madre de Nuestra América querida,