Lección 1 -- Introducción a la apologética
Primera lección del Diplomado de Apologética - Módulo 1
Autor: Anwar Tapias Lakatt | Fuente: Curso de Apologética
INTRODUCCIÓN A LA APOLOGÉTICA
La mentira se descubre si se examina detenidamente y eso lo sabe el mentiroso,
por eso evitará a toda costa dedicar más de un minuto a la explicación de los
hechos, cambiará de tema, se ofenderá y tratará de retirarse. No lo dejes ir.[1]
Esta frase que encontré en Internet refleja muy bien hoy día, una realidad dada en
todos campos no sólo el religioso. Y es que estamos expuestos a la calumnia, a la
desinformación y la negación; muchas veces sin más argumento que el
subjetivo: no me gusta, no creo, no me parece, prefiero pensar que…siendo que
estos no son realmente argumentos que puedan corresponder a un análisis serio o
por lo menos teniendo en cuenta los criterios del método científico[2]
Refiriéndonos al ámbito religioso, hoy día hay una oferta abundante de credos,
doctrinas y creencias; para todos se podría decir, que para poder sobrevivir en
audiencia se han tenido que valer de argucias, ofrecimientos mágicos y
denigración de los rivales. Por ejemplo, José Luis de Jesús Miranda se hacía
llamar Jesús Hombre y decía que era Cristo que vino por segunda vez, haciendo
que sus fieles se tatuaran con el 666. Murió como un mortal más.
Otro caso es el de Moon, fundador de la Iglesia de la Unificación, quien en 2004
se proclamó como el Mesías en un congreso en Estados Unidos
Incluso la misma ciencia tiene sus exponentes en este sentido, y vemos hoy día
como un personaje como Richard Dawkins ataca la existencia de Dios mismo con
frases como esta:
Nosotros explicamos nuestra existencia combinando el principio antrópico y el
principio de selección natural de Darwin. Esta combinación proporciona una
explicación completa y profundamente satisfactoria de todo lo que vemos y
sabemos. La hipótesis divina no sólo es innecesaria. No es en absoluto
parsimoniosa. No solamente no necesitamos a Dios para explicar el universo y la
vida. Dios aparece en el universo como algo flagrantemente superfluo. Por
supuesto, no podemos demostrar la inexistencia de Dios, como tampoco podemos
demostrar la inexistencia de Thor, las hadas, los duendes y el Monstruo Espagueti
Volador[3]
Todo este tipo de situaciones con las que se enfrenta el católico hace necesario
que esté preparado para dar respuestas convincentes de su fe, sabiéndola
defender, de manera que no parezca un fanático irracional sino una persona
consciente que sigue la Verdad, y que esta verdad es un regalo para todo aquel
que la busque con sinceridad.
La labor de defender la fe es una obligación de todos pero requiere un arduo
trabajo, donde siempre estaremos conscientes que la gracia de Dios es el principal
elemento cuando se ejecuta esta tarea, pues sin la gracia de Dios nada podremos
hacer, y esa gracia viene de Cristo:
"Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da
mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”. (Jn 15, 5)
Pero así mismo, para poder corresponder a la gracia de Dios, es necesario que el
católico se forme y se prepare, estudie su doctrina y sobre todo la haga vida y no
letra muerta. Puede que nos digamos a nosotros mismos: yo no nací para esto o
no soy capaz, no tengo el talento, la paciencia o el tiempo; pero si nos mueve el
deseo ardiente de defender el Evangelio de Cristo, lo haremos.
En la antigüedad existió un personaje llamado Demóstenes, quien es reconocido
como el mejor orador de la época. Demóstenes fue una persona que desde
pequeña tuvo problemas con el habla y enfrentó la burla, pero con dedicación y
esfuerzo logró vencer esa dificultad y convertirse en el mejor orador[4]
En la misma Escritura podemos citar el ejemplo de Gedeón quien al ser llamado
por Dios, le colocó trabas al llamado:
El Señor se volvió hacia él y le dijo: "Ve, y con tu fuerza salvarás a Israel del poder
de los madianitas. Soy yo el que te envío". Gedeón le respondió: "Perdón, Señor,
pero ¿cómo voy a salvar yo a Israel, si mi clan es el más humilde de Manasés y
yo soy el más joven en la casa de mi padre?".
"Yo estaré contigo, le dijo el Señor, y tú derrotarás a Madián como si fuera un solo
hombre". (Jue 6, 14-16)
Por esa misma respuesta al llamado de Dios para defender la fe surge la
Apologética, como la forma en que de manera racional podemos exponer las
razones de nuestra fe ante los no creyentes y dar respuestas concretas a los
católicos que la requieran para afianzar su fe.
¿QUÉ ES LA APOLOGÉTICA?
Lo primero será responder a esta pregunta para poder saber hacia donde nos
dirigimos en ese curso. Vamos a cita una definición dada por la Enciclopedia
Católica:
Apologética significa ampliamente hablando, una forma de apología[5]. El término
se deriva del adjetivo latino Apologeticus, el cual proviene del adjetivo griego:
Apologetikos.
Definiendo Apologética como una forma de apología, nosotros entendemos
recientemente la palabra en su significado primario como una defensa verbal
contra un ataque verbal, una falsa acusación o una justificación de una acción o
línea de conducta errada hecha objeto de censura. Tal, por ejemplo, es la
Apología de Sócrates, la Apología de Jhon Henry Newman. Este es el único
sentido dado al término como fue usado por los antiguos Griegos y Romanos, o
por los franceses o alemanes de hoy día.[6]
Hoy día el término Apologética, como dice el Dr Riaño Gil, se aplica a la defensa y
justificación racional de toda la religión católica; realiza una legitimación
científica y perennemente válida de toda la fe[7]. Quiere decir que cuando la
Teología define algo que debemos aceptar, la Apologética explica el por qué lo
debemos aceptar, de ahí la necesidad de ella en estos tiempos donde
constantemente la fe está siendo bombardeada e incluso dentro de fieles que se
dicen llamar católicos pero van en contra del Magisterio de la Iglesia.
Es en esta parte donde hoy día más encuentra acogida la Apologética, dentro del
mismo seno de la Iglesia, pues puede enfrentar los retos que tienen los católicos
para ayudarlos a vivir mejor su fe.
Otra definición bastante amplia es la siguiente de un artículo en EWTN:
Bien podemos decir que la Apologética es la Ciencia de los por qué en cuestión
de Religión, pues ella contesta todos los por qué que se han hecho, que se
hacen o que se harán al Catolicismo. Ella da razón de todo cuanto ésta enseña.[7]
Así, la apologética es una apología pero en temas de fe, y por tanto está
relacionada con la Teología como expresamos líneas arriba. La Teología define y
se basa en unos supuestos aceptados y creídos por la autoridad divina y
eclesiástica de donde provienen[8], siendo la fe el don con el cual son recibidos,
mientras la Apologética busca de manera racional y sistemática explicar el
por qué debemos aceptar los enunciados de la Teología Dogmática. Por
ejemplo, la Teología define que fuera de la Iglesia no hay salvación, pero es la
Apologética la que busca explicar este dogma ante quienes se levanten en contra
sin entenderlo realmente, dando las razones de en qué forma se aplica y cual es el
contexto de entenderlo. Algunos llaman Apologética a la Teología Dogmática, pero
realmente la Apologética es una herramienta de la Teología Dogmática, ya que es
diferente la actitud del católico que la acepta por fe, que el no católica que la
cuestiona para no aceptarla.
Por eso la misma Enciclopedia Católica en inglés expresa:
La Apologética por otro lado, al menos en teoría sigue a la fe. La primera empieza
donde la última termina.
Inicios de la Apologética Católica
Justino Martir, 160 D.C. Apologista griego
La Apologética podría ser mostrada en muchos pasajes del Nuevo Testamento, en
donde vemos a San Pablo por ejemplo, defendiendo la fe católica y explicándola a
los judíos.
La historia de la Apologética en el Cristianismo empezó muy temprano, ya en el
siglo II surgieron los Padres apologistas, quienes empiezan a defender de manera
sistemática la doctrina cristiana ante las persecuciones romanas y el rechazo de
los judíos.
Entre los principales exponentes de esta época están Justino Martir, Arístides,
Teófilo de Antioquia, Ireneo de Leyon, Cuadrato, entre otros. Sus obras son de un
manejo ejemplar de las razones sistemáticas para justificar sus creencias ante los
ataques y difamaciones que sufrían de los enemigos. Incluso los apologistas del
siglo II debieron enfrentar también las herejías que empezaron a surgir al seno de
la Iglesia como lo fue el gnosticismo y el montanismo[9]. Nos expresa así [Link]
en el Tesoro de los Padres[10]:
Otro peligro—más insidioso, y mucho más grave—fue la aparición de herejías en
el seno de la Iglesia. Se trata fundamentalmente de dos errores: el gnosticismo y
el montanismo. Mientras el primero es partidario de un cristianismo adaptado al
ambiente cultural-religioso del momento—y, por tanto, vaciado de su contenido
estrictamente sobrenatural—, los montanistas predicaban la renuncia total al
mundo.
Para mayor ilustración mostraremos un extracto de una apología de estos padres
para que el lector pueda familiarizarse con la forma de defensa que usaban,
corresponde a una obra llamada Carta a Doiogneto, escrita hacia el año 180 D.C
II. Refutación del judaísmo.
¿Por qué los cristianos no practican la misma religión que los judíos? Los judíos,
en cuanto se abstienen de la idolatría y adoran a un solo Dios de todas las cosas
al que tienen por Dueño soberano, piensan rectamente. Pero se equivocan al
querer tributarle un culto semejante al culto idolátrico del qué hemos hablado.
Porque los griegos muestran ser insensatos al presentar sus ofrendas a objetos
insensibles y sordos; pero éstos hacen lo mismo, como si Dios tuviera necesidad
de ellas, lo cual más parece propio de locura que de verdadero culto religioso.
Porque el que hizo «el cielo y la tierra y todo lo que en ellos se contiene» (Sal 145,
6) y que nos dispensa todo lo que nosotros necesitamos, no tiene necesidad
absolutamente de nada, y es él quien proporciona las cosas a los que se imaginan
dárselas... No es necesario que yo te haya de informar acerca de sus escrúpulos
con respecto a los alimentos, su superstición en lo referente al sábado, su
gloriarse en la circuncisión y su simulación en materia de ayunos y novilunios:
todo eso son cosas ridículas e indignas de consideración. ¿Cómo no hemos de
tener por impío el que de las cosas que Dios ha creado para los hombres se
tomen algunas como bien creadas, mientras que se rechazan otras como inútiles
y superfluas? ¿Cómo no es cosa irreligiosa calumniar a Dios, atribuyéndole que él
nos prohíbe que hagamos cosa buena alguna en sábado? ¿No es digno de irrisión
el gloriarse en la mutilación de la carne como signo de elección, como si con esto
ya hubieran de ser particularmente amados de Dios?... Con esto pienso que
habrás visto suficientemente cuánta razón tienen los cristianos para apartarse de
la general inanidad y error y de las muchas observaciones y el orgullo de los
judíos(11).
La Apologética católica enfrentó varios períodos más en su desarrollo. Ya vimos el
primero contra los judíos y paganos. Un segundo período se vivió contra el
Islamismo y la Filosofía, un tercer período contra el Protestantismo en el siglo XVI,
y un último período contra el Racionalismo en el siglo XIX[12]
¿PARA QUE LA APOLOGETICA HOY?
Hoy día la Apologética no es un privilegio de cuantos sino un llamado
evangelizador de todos. La fe está siendo atacada desde todos los frentes: grupos
cristianos fundamentalistas, religiones, ateísmo, nueva era; y es algo que no
podemos negar ni quedarnos únicamente evangelizando dentro de la Parroquia.
Debemos lanzar las redes como pide Cristo.
¿Cuál es la realidad que enfrentamos?
Las estadísticas del crecimiento de las sectas y movimientos alternos muestran
como su crecimiento viene aumentando a medida que pasan los años. Comparto
unas estadísticas tomadas de un libro de Martin Zavala[13], gran apologista
católico:
Grupos fundamentalistas
§ En América Latina cada hora 400 personas abandonan la Iglesia
Católica.
§ En 1900 eran 250,000 para el año 1990 ya son 46 millones en
América latina.
§ En Guatemala aproximadamente el 25% de la población ya es
evangélica. (hoy día se estima que es el 50%)
§ En el Salvador cerca del 30% ya no son católicos y han pasado
a diversas sectas.
§ En Brasil de seguir el mismo ritmo de crecimiento para el 2050
la mitad de la población sería evangélica.
§ En México, a pesar de no ser de los mas dañados en este
aspecto, en 1970 el total de protestantes era 880,000 actualmente ya
son cerca de cinco millones.
§ En Estados Unidos todas las sectas tienen un altísimo ritmo de
crecimiento. Algunas llegan a más del 1000%.
Grandes Religiones
Así mismo con otras religiones sucede algo similar. Por ejemplo con los judíos han
pasado algunos inconvenientes como el surgido en el 2009 cuando un programa
israelí pasó unos videos de burla y blasfemia contra la Virgen y Jesús[14].
También pueden mencionar las torturas y matanzas infringidas por los
musulmanes contra los católicos[15]. Todo esto surgido de la intolerancia e
incomprensión de la doctrina católica como Revelación de Dios.
Errores al interior de la Iglesia
Y ni qué decir de aquellos que estando dentro de la Iglesia se levantan contra ella
cuestionando la autoridad del Magisterio actual como los lefevbristas o
sedevacantistas.
La Apologética entonces busca responder preguntas cruciales que se plantean
ante la fe católica como por ejemplo: ¿por qué soy católico?, ¿Dios fundó una
Iglesia? ¿Qué garantía hay de que la Iglesia Católica es la fundada por Cristo?
¿Es Cristo Dios o el anunciado por los profetas? ¿Es la Biblia inspirada?
Estas preguntas las responde la Apologética teniendo en cuenta las circunstancias
del mundo en que vivimos, siempre buscando llegar a dar respuesta a los nuevos
dilemas que se presentan en cada época.
Así que la Apologética se enfoca para responder a:
Los creyentes que necesitan confirmar su fe. Muchos católicos aman al
Señor de corazón, viven felices en la Iglesia pero muchas veces no tienen
las herramientas para evangelizar, no tanto por ellos sino por los que se les
acercan. La Apologética se presenta a ellos como la oportunidad de vivir un
catolicismo por convicción, como dirá el folleto referido de EWTN lineas
arriba:
La excelencia de la Apologética consiste, pues, en llevarnos a ser católicos
por convicción, a profesar TRIUNFALMENTE nuestra religión, por estar
plenamente convencidos de que el Catolicismo es la Religión Verdadera,
de que es la RELIGION DE DIOS.
Los no católicos, que sea por ignorancia, resentimiento u odio, se enfilan
contra la Iglesia para desvirtuarla e imponer su credo como el verdadero. A
estos debemos tener siempre la valentía y la humildad para mostrar la
verdad de la Iglesia. La Apologética se presenta ante ellos como una
oportunidad de diálogo para esclarecer sus errores y mostrar la verdad de
la doctrina católicaEl Concilio Vaticano II, en el documento Unitatis
Redintegratio expresa frente a los hermanos separados[16] :
La fe católica hay que exponerla al mismo tiempo con más profundidad y
con más rectitud, para que tanto por la forma como por las palabras pueda
ser cabalmente comprendida también por los hermanos separados.
Finalmente, en el diálogo ecumenista los teólogos católicos, bien imbuidos
de la doctrina de la Iglesia, al tratar con los hermanos separados de
investigar los divinos misterios, deben proceder con amor a la verdad, con
caridad y con humildad. Al confrontar las doctrinas no olviden que hay
un orden o "jerarquía" de las verdades en la doctrina católica, por ser
diversa su conexión con el fundamente de la fe cristiana. De esta
forma se preparará el camino por donde todos se estimulen a
proseguir con esta fraterna emulación hacia un conocimiento más
profundo y una exposición más clara de las incalculables riquezas de
Cristo (Cf. Ef., 3,8).
Los no creyentes, los ateos y agnósticos que consideran innecesario a Dios
y falsa toda creencia en una divinidad. A estos hay que mostrarles con el
uso de la ciencia como esta no contradice a Dios. Dice el Concilio Vaticano
Segundo al respecto: El remedio del ateísmo hay que buscarlo en la
exposición adecuada de la doctrina y en la integridad de vida de la Iglesia y
de sus miembros
Como vemos, la labor de la Apologética es muy amplia y muy rica en contenido,
pues es poder explicar la doctrina católica a todo el que la necesite. Esto fue
entendido por Juan Pablo II, quien en un discurso a los Obispos de Canadá dio las
pautas de la Apologética correcta. Coloco el extracto completo pues creo es muy
necesario para que vayamos entendiendo el por qué de este curso y la finalidad
para ponerlo al servicio de la Iglesia[17]:
6. Enseñar la fe y evangelizar significa proclamar al mundo una verdad absoluta y
universal; pero debemos hablar de un modo apropiado y coherente, que
permita a la gente acoger dicha verdad. Reflexionando sobre lo que eso
implica, Pablo VI especificó estas cuatro cualidades: perspicuitas, lenitas, fiducia y
prudentia, es decir, claridad, mansedumbre, confianza y prudencia (cf. Ecclesiam
suam, 75).
Hablar con claridad quiere decir que debemos explicar de manera comprensible la
verdad de la Revelación y las enseñanzas de la Iglesia. No sólo debemos
repetir, sino también explicar. En otras palabras, hace falta una nueva
apologética, que responda a las exigencias actuales y tenga presente que
nuestra tarea no consiste en imponer nuestras razones, sino en conquistar
almas, y que no debemos entrar en discusiones ideológicas, sino defender y
promover el Evangelio. Este tipo de apologética necesita una "gramática" común
con quienes ven las cosas de forma diversa y no comparten nuestras
afirmaciones, para no hablar lenguajes diferentes, aunque utilicemos el mismo
idioma.
Esta nueva apologética también tendrá que estar animada por un espíritu de
mansedumbre, la humildad compasiva que comprende las preocupaciones y
los interrogantes de los demás, y no se apresura a ver en ellos mala
voluntad o mala fe. Al mismo tiempo, no ha de ceder a una interpretación
sentimental del amor y de la compasión de Cristo separada de la verdad, sino que
insistirá en que el amor y la compasión verdaderos plantean exigencias radicales,
precisamente porque son inseparables de la verdad, que es lo único que nos hace
libres (cf. Jn 8, 32).
Hablar con confianza significa que, a pesar de que otros puedan negar nuestra
competencia específica o reprocharnos las faltas de los miembros de la
Iglesia, nunca debemos perder de vista que el evangelio de Jesucristo es la
verdad a la que aspiran todas las personas, aunque nos parezcan alejadas,
reticentes u hostiles.
Por último, la prudencia, que el Papa Pablo VI define sabiduría práctica y buen
sentido, y que san Gregorio Magno considera la virtud de los valientes (cf. Moralia,
22, 1), significa que debemos dar una respuesta concreta a la gente que pregunta:
"¿Qué hemos de hacer?" (Lc 3, 10. 12. 14). El Papa Pablo VI concluyó afirmando
que hablar con perspicuitas, lenitas, fiducia y prudentia, "nos hará discretos. Nos
hará maestros" (Ecclesiam suam, 77). Queridos hermanos en el episcopado,
estamos llamados a ser ante todo maestros de la verdad, que no dejan de
implorar "la gracia de ver la vida en su totalidad, y la fuerza de hablar eficazmente
de ella" (Gregorio Magno, In Ezechielem, I, 11, 6).
La Apologética requiere claridad para no imponer sino conquistar almas,
humildad para preocuparse por los interrogantes de los demás, confianza para
saber sortear los reproches y reconocer que la Verdad está en Cristo, y prudencia
para saber responder lo que se nos pregunta.
Resumen
La Apologética es la defensa sistemática de la fe católica, busca llegar a los
creyentes, a los no católicos y a los no creyentes, para cada uno se exige un
compromiso de responder los retos presentados. Busca explicar lo que la Teología
define por fe en la autoridad divina y eclesiástica.
Se inició desde el siglo II como respuesta a los ataques judíos y romanos que
enfrentó el Cristianismo. Entre sus exponentes están Justino Martir, Teófilo de
Antioquía y Aristides.
Su importancia hoy día es fundamental ante el crecimiento de las sectas y
enemigos de la fe.
Debe basarse en la confianza, humildad, claridad y mansedumbre, y sobre todo
estar siempre sujeta a la gracia de Dios, sin la cual nada podemos hacer.
Preguntas para reflexionar
LAS RESPUESTAS A ESTAS PREGUNTAS DEBEN PUBLICARLAS
EN EL FORO, EN LA SECCIÓN CORRESPONDIENTE A ÉSTA
LECCIÓN.
NOTA: Los participantes (alumnos) del curso, NO DEBEN ABRIR TEMAS
NUEVOS, tan sólo publicar en los temas (secciones) ya abiertas por el
responsable del curso.
- ¿Cuál es la diferencia entre apología y apologética?
- ¿Qué relación hay entre Teología y Apologética?
- ¿A quienes se dirige la Apologética?
- ¿Qué valores debe tener la Apologética hoy día?
- ¿Siento real interés en continuar y aprender con el curso?
_________________________________________________________________
Para profundizar más puedes consultar la bibliografía utilizada en este tema.
BIBLIOGRAFIA DE CONSULTA
[1] [Link]
[2] "Método científico es el modo ordenado de proceder para el conocimiento de la
verdad, en él ámbito de determinada disciplina científica."
[Link]
[3] [Link]
[Link]
[4] Cuando era niño, Demóstenes tenía un defecto de elocución en el habla. Esquines
se burlaba de ello, y se refería a él en sus discursos por el apodo que le ponían,
Bátalo, que al parecer podrían haber inventado o bien sus pedagogos o bien sus
propios compañeros de juegos. Según Plutarco, durante el primer discurso público del
joven Demóstenes, la audiencia se burlaba de su problema de elocución (dificultad en
pronunciar la /R/) y su extraño y correoso estilo, que estaba plagado de largas frases
con argumentos formalistas hasta un extremo duro y desagradable. Afirmaba el de
Queronea que tenía una debilidad en la voz, un habla extraña y difícil de entender y
una falta de aire que, al romper y desenlazar las frases, oscurecía mucho el sentido y
el significado de lo que decía. Demóstenes llevó a cabo un estricto programa para
superar esas deficiencias y mejorar su locución. Trabajó la dicción, su voz y sus
gestos hasta el punto que su ahínco y su devoción se volvieron proverbiales. (Tomado
de Wikipedia)
[5] Según la RAE: Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de
alguien o algo.
[6] [Link]
[7] [Link]
[8] [Link]
[9] [Link]
[10] [Link]
[11] [Link]
[12] [Link]
[13] [Link]
[14] [Link]
[Link]
[15] [Link]
[16] [Link]
ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html
[17] [Link]
apologetica/
[6]
Apologética
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Una ciencia teológica que tiene por finalidad la explicación y la defensa de la
religión cristiana.
Apologética significa, a grandes rasgos, una forma de disculpa. El término se
deriva del adjetivo latino, apologeticus, que a su vez tiene su origen en el adjetivo
griego, apologetikos, el sustantivo es apología, "disculpa", "defensa". Como un
equivalente de la forma plural, la variante, "Apologética", se encuentra de vez en
cuando en los escritos recientes, sugirió probablemente por las palabras francesas
y alemanas correspondientes, que son siempre en singular. Pero la forma plural,
"Apologética", es mucho más común y, sin duda, prevalecerá, estar en armonía
con otras palabras formaron de manera similar, como la ética, la estadística, la
homilética. En la definición de la apologética como una forma de disculpa,
entendemos la última palabra en su sentido primario, como una defensa verbal
contra un ataque verbal, una refutación de una acusación falsa, o una justificación
de una acción o una línea de conducta erróneamente hizo el objeto de censura.
Tales son, por ejemplo, es la Apología de Sócrates, como la Apología de John
Henry Newman. Este es el único sentido unir al término usadas por los antiguos
griegos y romanos, o por los franceses y alemanes de la actualidad.
Muy diferente es el significado ahora que transmite nuestra palabra Inglés,
"disculpa", es decir, una explicación de una acción reconoció que estar abierto a la
culpa. La misma idea se expresa casi exclusivamente por el verbo, "disculpe", y en
general por el adjetivo, "disculpa". Por esta razón, la adopción de la palabra,
"Apologética", en el sentido de una reivindicación científica de la religión cristiana
no es del todo feliz. Algunos estudiosos prefieren términos como "Evidencias
Cristianas", la "defensa de la religión cristiana". "Apologética" y "Apología" no son
términos intercambiables por completo. Este último es el término genérico, el
primero, el específico. Cualquier tipo de acusación, ya sea personal, social,
política o religiosa, puede suscitar una disculpa correspondiente. Es sólo disculpas
de la religión cristiana que caen dentro del alcance de la apologética. Tampoco se
trata de todo tipo. Apenas hay un dogma, apenas una institución ritual o disciplinar
de la Iglesia que no ha sido sometido a la crítica hostil, y por lo tanto, cuando la
ocasión lo requiere, dado la razón a la apologética adecuados. Pero además de
estas formas de disculpa, no son las respuestas que se han provocado por
ataques de diversa índole sobre las credenciales de la religión cristiana, disculpas
por escrito para reivindicar ahora esto, ahora que suelo del cristiano, la fe católica,
que ha sido llamado de que se trate o sostenida en alto a la incredulidad y el
ridículo.
Ahora que está fuera de tales disculpas por las bases de la creencia cristiana de
que la ciencia de la apologética ha tomado forma. La apologética es la excelencia
cristiana Apología, combinando en un sistema bien redondeado los argumentos y
consideraciones de valor permanente que han encontrado su expresión en las
diversas disculpas individuales. Este último, al ser respuestas a ataques
específicos, se acondicionaron necesariamente por las ocasiones que llamó
sucesivamente. Eran reivindicaciones personales, controvertidos, parciales de la
posición cristiana. En ellos la refutación de los cargos específicos fue el elemento
destacado. Apologética, por el contrario, es la reivindicación integral, científica de
los motivos de Christian, la creencia católica, en la que la calma, la presentación
impersonal de los principios subyacentes es de suma importancia, la refutación de
las objeciones que se añade a modo de corolario. No se dirige al oponente hostil
para el propósito de la refutación, sino más bien a la mente de investigación a
modo de información. Su objetivo es dar una presentación científica de las
reivindicaciones que Cristo reveló la religión tiene en el consentimiento de cada
mente racional; que pretende llevar al investigador de la verdad para reconocer,
en primer lugar, la razonabilidad y confiabilidad de la revelación cristiana como se
dio cuenta en la Iglesia Católica, y en segundo lugar, la correspondiente obligación
de aceptarla. Mientras que la fe no es convincente - para la certeza que ofrece no
es absoluta, sino moral - que muestra que las credenciales de la religión cristiana
ampliamente suficientes para reivindicar el acto de fe como un acto racional, y
para desacreditar el alejamiento del escéptico y descreído como injustificado y
culpable. Su última palabra es la respuesta a la pregunta: ¿Por qué debería ser
católico? por tanto, la apologética lleva a la fe católica, a la aceptación de la Iglesia
Católica como el órgano autorizado por Dios para la preservación y la prestación
eficaz de ahorro de las verdades reveladas por Cristo. Este es el gran dogma
fundamental sobre el que descansan todas las demás dogmas. De ahí que la
apologética también se conoce con el nombre de "teología fundamental". La
apologética es generalmente visto como una rama de la ciencia dogmática, siendo
la dogmática adecuada y la otra rama principal. Es bueno señalar, sin embargo,
que en el punto de vista y el método también son bastante diferentes. dogmática,
al igual que la teología moral, se dirige principalmente a aquellos que ya son
católicos. Se presupone la fe. Apologética, por el contrario, al menos en teoría,
sólo lleva a la fe. El primero comienza cuando estos últimos extremos. La
apologética es preeminentemente una disciplina positiva, histórico, mientras que la
teología dogmática es más bien filosófica y deductivo, utilizando como sus locales
de datos de la autoridad divina y eclesiástica - el contenido de la revelación y su
interpretación por parte de la Iglesia. Es sólo en la exploración y en el tratamiento
de los elementos dogmática de la religión natural, las fuentes de sus datos
autorizados, que la teología dogmática entra en contacto con la apologética.
Como se ha señalado, el objeto de la apologética es dar una respuesta científica a
la pregunta: ¿Por qué debería ser católico? Ahora esta pregunta involucra a otros
dos que también son fundamentales. El uno es: ¿Por qué debería ser un cristiano
en lugar de un adherente de la religión judía, o los mahometanos, o la de
Zoroastro, o de algún otro sistema religioso creación de una reclamación rival a
ser revelado? El otro, aún más fundamental, es la pregunta: ¿Por qué debería
profesar ninguna religión en absoluto? Así, la ciencia de la apologética cae
fácilmente en tres grandes divisiones:
En primer lugar, el estudio de la religión en general y los motivos de la creencia
teísta;
En segundo lugar, el estudio de la religión revelada y las razones de la fe cristiana;
En tercer lugar, el estudio de la verdadera Iglesia de Cristo y por motivos de
creencia católica.
En la primera de estas divisiones, los investigadores apologista de la naturaleza
de la religión, su universalidad, y la capacidad natural del hombre para adquirir
ideas religiosas. En relación con esto, el estudio moderno de la filosofía religiosa
de los pueblos sin cultura tiene que ser tenido en cuenta, y las diversas teorías
sobre el origen de la religión se presentan para la discusión crítica. Esto nos lleva
al examen de los motivos de creencias teístas, incluyendo las cuestiones
importantes de
la existencia de una personalidad divina, el Creador y Conservador del mundo, el
ejercicio de una providencia especial sobre el hombre;
la libertad del hombre de voluntad y su correspondiente responsabilidad religiosa y
moral en virtud de su dependencia de Dios;
la inmortalidad del alma humana, y la vida futura con sus recompensas y castigos.
Junto con estas preguntas es la refutación del monismo, el determinismo, y otras
teorías anti-teístas. La filosofía religiosa y la apologética aquí marchan de la mano.
La segunda división, en la religión revelada, es aún más amplia. Después de tratar
la noción, posibilidad y necesidad moral de una revelación divina, y su
discernibilidad a través de diversos criterios internos y externos, el apologista
procede a establecer el hecho de la revelación. Tres etapas progresivas, distintas
de la revelación se exponen: revelación primitiva, Mosaico Revelación, y la
Revelación cristiana. Las principales fuentes de las que tiene que basarse en el
establecimiento de esta triple hecho de la revelación son las Sagradas Escrituras.
Pero si él es lógico, tiene que prescindir de su inspiración y las tratan
provisionalmente como documentos históricos humanos. Aquí tiene que depender
del estudio crítico del Antiguo y del Nuevo Testamento por los eruditos de las
escrituras imparciales, y se basará en los resultados de sus investigaciones
acreditados que tocan la autenticidad y fiabilidad de los libros sagrados que
pretenden ser histórica. Es sólo mediante la previsión de que un argumento para
el hecho de la revelación primitiva se puede basar en el suelo que se enseña en el
libro inspirado del Génesis, y que se da a entender en el estado sobrenatural de
nuestros primeros padres. En ausencia de cualquier cosa como documentos de la
época, el apologista tiene que sentar jefe hincapié en la alta probabilidad
antecedente de la revelación primitiva, y mostrar cómo una revelación de limitado,
pero suficiente margen para el hombre primitivo es compatible con una etapa muy
cruda de material y estético la cultura, y por lo tanto no está desacreditada por los
buenos resultados de la arqueología prehistórica. Estrechamente relacionado con
esta cuestión es el estudio científico del origen y antigüedad del hombre, y la
unidad de la especie humana; y, como sujetos aún más grandes que influyen en el
valor histórico del libro sagrado de los orígenes, la compatibilidad con la Escritura
de las ciencias modernas de la biología, la astronomía y la geología. De la misma
manera el apologista tiene que contentarse con mostrar el hecho de la revelación
mosaica para ser altamente probable. La dificultad, en el estado actual de la crítica
del Antiguo Testamento, de reconocer más que una pequeña parte del Pentateuco
como prueba documental contemporánea con Moisés, establece que el legislador
el apologista proceder con cautela a fin de, en su intento de demostrar demasiado,
puede poner en descrédito lo que es decididamente insostenible aparte de las
consideraciones dogmáticas. Sin embargo, existen pruebas suficientes de lo
permitido por todos, pero los críticos más radicales para establecer el hecho de
que Moisés fue el instrumento providencial para entregar al pueblo hebreo de la
esclavitud de Egipto, y por enseñarles un sistema de legislación religiosa que en el
monoteísmo de los nobles y el valor ético es muy superior a las creencias y
costumbres de las naciones circundantes, proporcionando así una fuerte
presunción a favor de su pretensión de ser revelado. Esta presunción ganancias
de fuerza y claridad a la luz de la profecía mesiánica, que brilla cada vez con
mayor volumen y el brillo a través de la historia de la religión judía hasta que
ilumina la personalidad de nuestro Divino Señor. En el estudio de la revelación
mosaica, la arqueología bíblica es de no poca servicio a la apologista.
Cuando el apologista trata el tema de la revelación cristiana, se encuentra en un
terreno mucho más firme. A partir de los resultados generalmente reconocidos de
la crítica del Nuevo Testamento, que está habilitada para demostrar que los
Evangelios sinópticos, por una parte, y las Epístolas indiscutibles de St. Paul, por
el otro, ofrecen dos masas independientes, sin embargo, estaban
interrelacionados, de pruebas relativo a la persona y la obra de Jesús. Como esta
evidencia encarna el testimonio irrefutable de testigos oculares totalmente
confiable y sus asociados, presenta un retrato de Jesús que es verdaderamente
histórico. Después de mostrar a partir de los registros que Jesús enseñó, ahora
implícita, ahora de manera explícita, que él era el Mesías tan esperado, el Hijo de
Dios enviado por su Padre Celestial para iluminar y salvar a la humanidad, y
fundar el nuevo reino de justicia, Apologética procede a exponer los motivos por
creer en estas afirmaciones:
superando la belleza de su carácter moral, lo estampación como el hombre único,
perfecto;
la excelencia elevada de su enseñanza moral y religiosa, que no tiene paralelo en
otros lugares, y que responde a las más altas aspiraciones del alma humana;
Sus milagros realizados durante su misión pública;
el milagro trascendente de su resurrección, que predijo también;
la maravillosa regeneración de la sociedad a través de Su eterna influencia
personal.
A continuación, a modo de prueba complementaria, los institutos apologista una
comparación imparcial de la cristiandad con los diversos sistemas religiosos
rivales del mundo - el brahmanismo, el budismo, el zoroastrismo, el
confucianismo, el taoísmo, el mahometanismo - y muestra cómo en la persona de
su fundador, en su ideal y la influencia moral y religiosa, la religión cristiana es
inmensamente superior a todos los demás, y el único que tiene una reclamación a
nuestro asentimiento como absoluto la religión, revelada por Dios. Aquí, también,
en la encuesta del budismo, la objeción especiosa, no es raro hoy en día, que las
ideas budistas y leyendas han contribuido a la formación de los Evangelios, exige
una refutación de resumen.
Más allá del hecho de la revelación cristiana el apologista protestante no procede.
Pero la católica insiste con razón, que el alcance de la apologética no debe
terminar aquí. Tanto los registros del Nuevo Testamento y los del testigo oso edad
Subapostólica que el cristianismo estaba destinado a ser algo más que una
filosofía religiosa de la vida, más que un mero sistema de creencias y prácticas
individuales, y que no se puede separar la historia de una forma concreta de
organización social. De ahí que la apologética católica añade, como una secuela
necesaria al hecho establecido de la revelación cristiana, la demostración de la
verdadera Iglesia de Cristo y su identidad con la Iglesia Católica Romana. A partir
de los registros de los Apóstoles y sus sucesores inmediatos se expone la
institución de la Iglesia como una verdadera sociedad, desigual, dotados de la
autoridad suprema de su Fundador, y puesto en marcha en su nombre para
enseñar y santificar a la humanidad; que posee las características esenciales de la
visibilidad, la indefectibilidad, y la infalibilidad; caracterizado por las marcas
distintivas de la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad. Estas notas de la
verdadera Iglesia de Cristo se aplican luego como criterio a las diversas
denominaciones cristianas rivales de la actualidad, con el resultado de que se
encuentran totalmente ejemplifican en la Iglesia Católica Romana solo. Con la
exposición complementaria de la primacía y la infalibilidad del Papa y de la regla
de la fe, el trabajo de la apologética se lleva a su ajuste estrecho. Es cierto que
algunos apologistas consideren conveniente para tratar también de inspiración y el
análisis del acto de fe. Pero, en rigor, no son sujetos de disculpa. Mientras que
lógicamente pueden ser incluidos en los prolegómenos de la dogmática, que
pertenecen más bien, el de la provincia de la Escritura-estudio, la otra a la zona de
la teología moral frente a las virtudes teológicas.
La historia de la literatura apologética implica el estudio de los diversos ataques
que se han hecho en contra de los motivos de Cristiano, la creencia católica.
Puede que estarán divididos en cuatro grandes divisiones.
La primera división es el período comprendido entre el comienzo del cristianismo a
la caída del Imperio Romano (476 dC). Se caracteriza principalmente por la doble
lucha del cristianismo con el judaísmo y con el paganismo.
La segunda división es la misma extensión que la Edad Media, a partir de 476 dC
a la Reforma. En este período nos encontramos con el cristianismo en conflicto
con la religión mahometana y la filosofía.
La tercera división abarca el período comprendido entre el comienzo de la
Reforma a la subida del racionalismo en Inglaterra a mediados del siglo XVII. Es el
período de la lucha entre el catolicismo y el protestantismo.
La cuarta división abarca el período del racionalismo, a partir de mediados del
siglo XVII hasta nuestros días. Aquí nos encontramos con el cristianismo en
conflicto con el deísmo, panteísmo, materialismo, agnosticismo, y el Naturalismo.
Primer periodo
Las disculpas en respuesta a la oposición del judaísmo
Se encontraba en la naturaleza de las cosas que el cristianismo debe cumplir con
una fuerte oposición de los judíos. En prescindir de la circuncisión y otras obras de
la ley, el cristianismo se había incurrido en la imputación de que sean contrarias a
la inmutable voluntad de Dios. Una vez más, la vida humilde y oscura de Cristo,
que termina en la muerte ignominiosa en la cruz, era todo lo contrario de lo que los
Judios espera de su Mesías. Su juicio parece confirmarse por el hecho de que el
cristianismo atrajo, pero una porción insignificante del pueblo judío, y extender con
mayor vigor entre las naciones despreciadas. Para justificar las afirmaciones del
cristianismo antes de los Judios, los primeros apologistas tenían que dar una
respuesta a estas dificultades. De estos disculpas el más importante es el "Diálogo
con Trifón los Judio", compuestas por Justin Martyr sobre 155-160. Se reivindica la
nueva religión en contra de las objeciones de los eruditos Judio, discutiendo con
gran fuerza lógica que es la perfección de la ley antigua, y que muestra por un
imponente conjunto de pasajes del Antiguo Testamento que los profetas hebreos
apuntan a Jesús como el Mesías y el encarnado Hijo de Dios. Se insiste también
que es en el cristianismo que el destino de la religión hebrea para convertirse en la
religión del mundo es encontrar su realización, y por lo tanto son los seguidores de
Cristo, y no los Judios incrédulos, que son los verdaderos hijos de Israel . Por su
elaborado argumento de la profecía mesiánica, Justin ganó el reconocimiento
agradecido de apologistas posteriores. disculpas similares fueron compuestas por
Tertuliano, "Contra los Judios" (Adversus os Jud, alrededor de 200), y por San
Cipriano, "Tres Libros de Evidencias contra los Judios" (alrededor de 250).
Las disculpas en respuesta a la oposición pagana
De momento mucho más grave para la Iglesia cristiana primitiva fue la amarga
oposición que se reunió del paganismo. La religión politeísta del imperio romano,
venerado por su antigüedad, se entrelaza con cada fibra del cuerpo político. Su
influencia providencial era una cuestión de creencia firme. Se asocia con la más
alta cultura, y tenía la sanción de los más grandes poetas y sabios de Grecia y
Roma. Sus espléndidos templos y rituales señorial le dieron una gracia y dignidad
que cautivó la imaginación popular. Por otro lado, el monoteísmo Cristiano era una
innovación. No tenía ningún imponente despliegue de la liturgia. Sus discípulos
fueron, en su mayor parte, las personas de origen humilde y de la estación. Su
literatura sagrada tenía poco atractivo para el lector exigente acostumbrado a la
dicción elegante de los autores clásicos. Y por lo que la mente popular fue vista
con recelo, o despreciado como una superstición ignorante. Pero la oposición no
termina aquí. La actitud intransigente de la nueva religión a ritos paganos se
censuró como la mayor impiedad. Los cristianos eran marcados como ateos, y que
se mantuvo al margen de las funciones públicas también, que se asocia
invariablemente con estos falsos ritos, que fueron acusados de ser enemigos del
Estado. La costumbre cristiana de que se reúnen en asamblea secreta parece
añadir fuerza a este cargo, por las sociedades secretas fueron prohibidas por la
ley romana. Tampoco eran calumnias que desean. La imaginación popular
fácilmente distorsionada del Sacrificio Eucarístico Agape y vagamente conocida en
ritos abominables marcados por alimentándose de carne infantil y por la lujuria
indiscriminada. El resultado fue que el pueblo y las autoridades tomaron alarma en
la Iglesia de rápida propagación y trataron de reprimir por la fuerza. Para
reivindicar la causa cristiana contra estos ataques del paganismo, muchas
disculpas fueron escritos. Algunos, sobre todo la "Apología" de Justino Mártir
(150), el "Alegato de los cristianos", por Atenágoras (177), y el "Apologética" de
Tertuliano (197), estaban dirigidas a los emperadores con el expreso propósito de
asegurar a la inmunidad a los cristianos de la persecución. Otros fueron
compuestos para convencer a los paganos de la locura del politeísmo y de la
verdad salvadora del cristianismo. Tales fueron: Taciano, "Discurso a los griegos"
(160), Teófilo, "Tres libros para Autolychus" (180), la "Epístola a Diogneto"
(alrededor de 190), el "Octavio" de Minucio Félix (192), Orígenes "Discurso
verdadero contra Celso" (248), Lactancio, Institutos (312), y San Agustín, "Ciudad
de Dios" (414-426). En estas disculpas el argumento de la profecía del Antiguo
Testamento tiene un lugar más prominente que la de los milagros. Pero aquella en
la que se pone más estrés es el de la excelencia trascendente del cristianismo.
Aunque no está claramente delimitado, una doble línea de pensamiento corre a
través de este argumento: el cristianismo es la luz, mientras que el paganismo es
la oscuridad; El cristianismo es la energía, mientras que el paganismo es
debilidad. Ampliando estas ideas, los apologistas contrastar la coherencia lógica
de los principios religiosos del cristianismo, y su enseñanza ética elevada, con las
locuras e inconsistencias del politeísmo, los principios éticos bajos de sus filósofos
y las indecencias de su mitología y de algunos de sus ritos. Ellos también
muestran que la religión cristiana el único que tiene el poder de transformar al
hombre de un esclavo del pecado en un hombre libre espiritual. Comparan lo que
eran como paganos con lo que son ahora como cristianos. Dibujan un contraste
revelador entre la moralidad floja de la sociedad pagana y las vidas ejemplares de
los cristianos, cuya devoción por sus principios religiosos es más fuerte que la
misma muerte.
Segundo período. Cristianismo en conflicto con mahometana religión y la filosofía
El rival peligroso con el que el cristianismo tuvo que lidiar en la Edad Media fue la
religión mahometana. Dentro de un siglo de su nacimiento, que había arrancado
de la cristiandad algunos de sus tierras más bellas, y se extendió como una gran
media luna de España más de África del Norte, Egipto, Palestina, Arabia, Persia y
Siria, a la parte oriental de Asia Menor. El peligro que esta religión fanática ofreció
a la fe cristiana, en los países donde llegaron las dos religiones en contacto, no
debía ser tratado a la ligera. Y así nos encontramos con una serie de disculpas por
escrito a defender la verdad del cristianismo en la cara de errores musulmanes.
Tal vez los primeros fue la "Discusión entre un sarraceno y un cristiano",
compuesto por San Juan Damasceno (alrededor de 750). En esta disculpa que
reivindica el dogma de la Encarnación contra la concepción rígida y fatalista de
Dios enseñada por Mahoma. También demuestra la superioridad de la religión de
Cristo, señalando los graves defectos de la vida y las enseñanzas de Mahoma, y
mostrando el Corán para estar en sus mejores partes, pero una débil imitación de
las Sagradas Escrituras. Otros disculpas del mismo tipo fueron compuestas por
Pedro el Venerable en el duodécimo, y por Raymond de Martini en el siglo XIII.
Apenas menos peligroso para la fe cristiana fue la filosofía racionalista del
islamismo. Los conquistadores árabes habían aprendido de los sirios las artes y
las ciencias del mundo griego. Ellos se hicieron especialmente competentes en la
medicina, las matemáticas y la filosofía, para el estudio de los cuales se erigieron
en cada parte de sus escuelas y bibliotecas de dominio. En el siglo XII la España
árabe tenía diecinueve colegios, y su fama atrajo a cientos de estudiosos
cristianos de todas las partes de Europa. Esto se veía una grave amenaza para la
ortodoxia cristiana, para la filosofía de Aristóteles, como se enseña en estas
escuelas se había vuelto completamente teñida con el panteísmo Arábigo y el
racionalismo. El principio peculiar del filósofo Averroes celebrado moro estaba
muy en boga, a saber: que la filosofía y la religión son dos esferas independientes
de pensamiento, de modo que lo que es cierto en la que puede ser falsa en el otro.
Una vez más, se enseña comúnmente que la fe es para las masas que no pueden
pensar por sí mismos, pero la filosofía es una forma superior de conocimiento que
las mentes nobles deben tratar de adquirir. Entre los dogmas fundamentales
negados por los filósofos árabes eran la creación, la providencia, y la inmortalidad.
Para reivindicar el cristianismo contra el racionalismo mahometanos, St. Thomas
compuesto (1261-64) sus filosóficas "Suma contra los Gentiles", en cuatro libros.
En este gran disculpa las reivindicaciones respectivas de la razón y la fe son
cuidadosamente distinguido y armonizado, y una demostración sistemática de los
fundamentos de la fe se construye con argumentos de la razón y la autoridad
como apelado directamente a la mente de ese día. En el tratamiento de Dios, la
providencia, la creación y la vida futura, Santo Tomás refuta los principales errores
de la Arábiga, judía y filósofos griegos, y muestra que la verdadera enseñanza de
Aristóteles confirma las grandes verdades de la religión. Tres disculpas
compuestas en gran parte el mismo espíritu, sino que pertenece a una edad más
avanzada, se pueden mencionar aquí. El uno es el buen trabajo de Luis Vives, "De
Veritate Fidei Christianæ Libri V" (1530). Después de tratar a los principios de la
teología natural, la encarnación y la redención, que da dos diálogos, uno entre un
cristiano y un Judio, y el otro entre un cristiano y un Mohammaden, en el que
demuestra la superioridad de la religión cristiana. Similar a esto es la disculpa del
célebre teólogo holandés Grocio, "De Veritate Religionis Christianæ" (1627). Es en
seis libros. Un tratado capaces de teología natural es seguido por una
demostración de la verdad del cristianismo basado en la vida y milagros de Jesús,
la santidad de su enseñanza, y la maravillosa propagación de su religión. En la
prueba de la autenticidad y veracidad de las Sagradas Escrituras, Grocio apela en
gran parte a la evidencia interna. La última parte de la obra está dedicada a una
refutación del paganismo, el judaísmo y el islamismo. Una disculpa en líneas algo
similares es el de la hugonote, Philip de Mornay, "De la vérité de la religión
chrétienne" (1579). Es la primera apología de la nota que fue escrito en una
lengua moderna.
Tercer periodo. Catolicismo en conflicto con el protestantismo
El brote de protestantismo en el comienzo del siglo XVI, y su rechazo de muchas
de las características fundamentales del catolicismo, provocó una masa de
polémica literatura apologética. No era, por supuesto, la primera vez que los
principios de la fe católica habían sido interrogados con referencia a la ortodoxia
cristiana. En los primeros tiempos de las sectas heréticas de la Iglesia, asumiendo
el derecho a profesar lealtad y fidelidad al espíritu de Cristo, había dado ocasión a
San Ireneo "En Herejías", Tertuliano "Por prescripción contra los herejes," San
Vicente de Lerins, en su "Commonitory", para insistir en la unidad con la Iglesia
Católica, y, con el fin de refutar los errores heréticos de interpretación privada, de
apelar a una regla autoritaria de fe. De la misma manera, el aumento de las sectas
heréticas en los tres siglos anteriores a la Reforma condujo a una acentuación de
los principios fundamentales del catolicismo, sobre todo en "Suma contra Catharos
et valdenses" de Moneta (alrededor de 1225), y de Torquemada "Summa de
Ecclesia" ( 1450). Así que en mucho mayor medida, en el derramamiento de
muchas fuentes de las ideas protestantes, se convirtió en el deber de la hora de
defender la verdadera naturaleza de la Iglesia de Cristo, para reivindicar su
autoridad, su jerarquía divinamente autorizada bajo el primado del Papa , su
visibilidad, la unidad, perpetuidad, y la infalibilidad, junto con otras doctrinas y
prácticas de marca tan supersticioso.
En la primera manga de esta gigantesca controversia los escritos de ambos lados
eran marcadamente polémico, abundando en recriminaciones personales. Pero
hacia el final del siglo se desarrolló una tendencia a tratar las cuestiones más
controvertidas en la forma de una calma, disculpa sistemática. Dos obras que
pertenecen a este tiempo son especialmente notables. Uno de ellos es el
"Disputaciones de Controversiis Christianæ Fidei" (1581-1592), de Robert
Bellarmin, una obra monumental de vasta erudición, ricos en materia de disculpa.
El otro es el "principiorum Fidei Doctrinalium Demonstratio" (1579), de Robert
Stapleton, quien Döllinger pronunciado a ser el príncipe de los polemistas. Aunque
no tan erudita, es más profundo que el trabajo de Bellarmin. Otro excelente trabajo
de este período es el de Martin Becan, "De Ecclesia Christi" (1633).
Cuarto periodo. Cristianismo en conflicto con el Racionalismo
A partir de mediados del siglo XVII al XIX
El racionalismo - el establecimiento de la razón humana como el origen y medida
de toda verdad cognoscible - es, por supuesto, no se limita a un solo período de la
historia humana. Ha existido desde los primeros días de la filosofía. Pero en la
sociedad cristiana no se convirtió en un factor notable hasta mediados del siglo
XVII, cuando se impuso principalmente en la forma de deísmo. Fue asociado, e
incluso en gran medida, identificado con el rápido crecimiento del movimiento
hacia una mayor libertad intelectual que, estimulado por la investigación científica
fructífera, se vio seriamente obstaculizado por los estrechos puntos de vista de la
inspiración y de la histórica Biblia-interpretación que prevalecía entonces. La Biblia
se ha establecido como una fuente infalible de conocimiento no sólo en materia de
religión, sino de la historia, la cronología y la ciencia física. El resultado fue una
reacción contra las mismas esenciales del cristianismo. El deísmo se convirtió en
la moda intelectual del día, lo que lleva en muchos casos a francamente ateísmo.
Partiendo del principio de que ninguna doctrina religiosa es de un valor que no
puede ser probada por la experiencia o por la reflexión filosófica, los deístas
admitió la existencia de un Dios externo para el mundo, pero negó toda forma de
intervención divina, y en consecuencia rechazó la revelación, la inspiración,
milagros y profecías. Junto con los incrédulos de un tipo aún más pronunciada,
que asaltaron el valor histórico de la Biblia, censurando sus relatos milagrosos
como el fraude y la superstición. El movimiento comenzó en Inglaterra, y en el
siglo XVIII se extendió a Francia y Alemania. Su influencia nefasta era profunda y
de largo alcance, ya que se encontró celosos exponentes en algunos de los
principales filósofos y hombres de letras - Hobbes, Locke, Hume, Voltaire,
Rousseau, D'Alembert, Diderot, Lessing, Herder, entre otros. Pero los apologistas
capaces no faltaron para defender la causa cristiana. Inglaterra produjo varios que
ganó el honor duradero para su defensa académica de las verdades cristianas
fundamentales - Lardner, autor de la "credibilidad de la historia del Evangelio", en
doce volúmenes (1741-55); Butler, asimismo famoso por su "Analogía de la
religión natural y revelada a la constitución de la naturaleza" (1736); Campbell,
quien en su "Disertación sobre los milagros" (1766) dio una respuesta magistral a
los argumentos de Hume contra los milagros; y Paley, cuyo "Evidencias del
Cristianismo" (1794) y "Teología Natural" (1802) son algunos de los clásicos de la
literatura teológica Inglés. En el continente, el trabajo de la defensa fue llevada a
cabo por hombres como el obispo Huet, que publicó su "Démonstration
Evangélique" en 1679; Leibnitz, cuyo "Teodicea" (1684), con su valiosa
introducción sobre la conformidad de la fe con la razón, tuvo una gran influencia
para el bien; el abad benedictino Gerberto, que dio una disculpa cristiana integral
en su "Demonstratio verae Religionis Ver Que Ecclesiæ Contra Quasvis Falsas"
(1760); y el abate Bergier, cuyo "Traité historique et dogmatique de la vraie la
religión", en doce volúmenes (1780), demostró la capacidad y la erudición.
El siglo diecinueve
En el siglo pasado el conflicto del cristianismo con el racionalismo era, en parte,
aligerado y en parte complicada por el maravilloso desarrollo de la investigación
científica e histórica. lenguas perdidas, como la egipcia y theBabylonian, fueron
recuperados, y los registros de ese modo ricos y valiosos del pasado - se hicieron
para contar su historia - muchos de ellos descubiertos por la excavación laborioso
y costoso. Gran parte de este agujero en las relaciones de las personas
ancientHebrew con las naciones vecinas y, si bien en algunos casos la creación
de nuevas dificultades, en su mayor parte ayudado a corroborar la verdad de la
historia de la Biblia. Fuera de estas investigaciones han crecido una serie de
estudios apologéticos valiosos e interesantes sobre la historia del Antiguo
Testamento: Schrader, "Las inscripciones cuneiformes y el Antiguo Testamento"
(Londres, 1872); Hengstenberg de "Egipto y los Libros de Moisés" (Londres,
1845); Harper, "TheBible y descubrimientos modernos" (Londres, 1891); McCurdy,
"Historia, Profecía, y los monumentos" (Londres-Nueva York, 1894-1900);
Pinches, "El Antiguo Testamento a la luz de los registros históricos de Asiria y
Babilonia" (Londres-Nueva York, 1902); Abbé Gainet, "sans La biblia La biblia, ou
l'histoire de l'ancien testamento par les seuls témoignages profanos" (Bar-le-Duc,
1871); Vigouroux, "La biblia et les modernes découvertes" (París, 1889). Por otro
lado, la cronología bíblica, como entonces comprendió, y la interpretación histórica
literal de la ofGenesis libro se cayó en la confusión por las ciencias avanzan -
astronomía, con su gran hipótesis nebular, la biología, con su aún más fructífera
teoría de la evolución; la geología y la arqueología prehistórica. Racionalistas
ansiosamente echaron mano de estos datos científicos, y buscaron para
convertirlas en el descrédito de la Biblia y también de la religión cristiana. Pero
disculpas capaces eran próximas a un ensayo de conciliación de la ciencia y la
religión. Entre ellos se encontraban: el doctor (después cardenal) Wiseman, "Doce
Conferencias sobre la conexión entre la ciencia y la religión revelada" (Londres,
1847), que, aunque anticuado en algunas partes, sigue siendo valiosa lectura;
Reusch, "La naturaleza y la Biblia" (Londres, 1876). Otros más modernos y hasta
la fecha son: Duilhé de Saint-Projet, "Apologie scientifique de la foi chrétienne"
(París, 1885); Abbé Guibert, "En el principio" (Nueva York, 1904), uno de los
mejores tratados católicos sobre el tema; y más reciente aún, A. de Lapparent,
"Science et apologétique" (París, 1905). Una más delicateform de la investigación
científica para la creencia cristiana fue la aplicación de los principios de la crítica
histórica de los libros de la Sagrada Escritura. No pocos estudiosos cristianos
miraban con recelos sobre los progresos realizados en thislegitimate
departamento de investigación en seres humanos, los resultados de los cuales
llamaron para una reconstrucción de muchos traditionalviews de la Escritura.
Racionalistas encontrar aquí un campo congénita del estudio, que parecía
prometer el socavamiento de la Escritura-autoridad. Por lo tanto, era natural que
las intrusiones de la crítica bíblica en conservativetheology deben ser disputadas
pulgada a pulgada. En general, el resultado de la contienda larga y enérgica ha
sido la de la ventaja del cristianismo. Es cierto que el Pentateuco, siempre y
atribuido a Moisés, está ahora en manos de la gran mayoría de los no católicos, y
por un número creciente de católicos, los estudiosos como una compilación de
cuatro fuentes independientes puso juntos en forma final poco después de la
Cautiverio. Pero la antigüedad de gran parte de los contenidos de estas fuentes se
ha establecido firmemente, así como la fuerte presunción de que el núcleo de la
legislación es thePentateuchal de la institución mosaica. Esto ha sido demostrado
por Kirkpatrick en su "Biblioteca divina del Antiguo Testamento" (Londres-Nueva
York, 1901), por el piloto en su "Introducción a la literatura del Antiguo
Testamento" (Nueva York, 1897), y por el Abate Lagrange , en su "Méthode
historique de l'Ancien Testament" (París, 1903; tr. Londres, 1905). En el Nuevo
Testamento los resultados de la crítica bíblica son aún más tranquilizadora. El
intento de la escuela theTübingen a tirar los Evangelios lejos en el siglo II, y ver en
la mayoría de las Epístolas de San Paulthe trabajo de una gran mano posterior, ha
sido totalmente desacreditada. Los sinópticos son ahora generalmente
reconocidos, incluso por los críticos avanzados, que pertenecen a los años 65-85,
que descansa sobre las fuentes aún más antigua escrita y oral, y el Evangelio de
San Juan es llevado con certeza hasta al menos el año 110, que es decir, dentro
de muy pocos años de la muerte de San Juan. Las tres Epístolas de San Juan, se
reconocen como las cartas pastorales genuinas siendo ahora el principal objeto de
controversia. Estrechamente relacionado con la teoría de la Escuela de Tubinga,
fue el intento de therationalist Strauss para explicar el elemento milagroso en los
Evangelios como las fantasías míticas de una edad mucho más tarde que la de
Jesús. puntos de vista de Strauss, plasmados en su "Vida de Jesús" (1835),
fueron refutadas hábilmente, junto con las falsas afirmaciones e inducciones de la
Escuela de Tubinga por estudiosos católicos como Kuhn, Abrazo, Sepp, Dölinger,
y por los críticos protestantes, Ewald , Meyer, Wieseler, Tholuck, Luthardt, y otros.
El resultado "Vida de Jesús", de ofStrauss y del vano intento de Renan para
mejorar en él, dándole una forma legendaria (Vida de Jesús, 1863), ha habido una
serie de biografías académicas de nuestro bendito Señor: por Fouard, "Cristo hijo
de Dios "(Nueva York, 1891); Didon, "Jesucristo" (Nueva York, 1891); Edersheim,
"Vida y tiempos de Jesús el Mesías" (Nueva York, 1896), y otros.
Otro campo de estudio en el que se crió principalmente en el siglo pasado, y que
ha tenido una influencia en la conformación de la apologética scienceof, es el
estudio de las religiones. El estudio de los grandes sistemas religiosos del mundo
pagano, y su comparación con el cristianismo, proporcionado material para una
serie de argumentos engañosos contra el origen andsupernatural independiente
de la religión cristiana. Así, también, el estudio del origen de la religión a la luz de
la religiousphilosophy de los pueblos sin cultura ha sido explotada en contra
Cristiano (la creencia teísta) en la planta injustificada de que el cristianismo no es
más que un refinamiento, a través de un largo proceso de evolución, de un crudo
primitiva religión originaria de Santo-culto. Entre los que se han distinguido en esta
rama de la apologética son Dölinger, cuyo "Heidenthum und Judenthum" (1857),
tr. "Gentil y Judio en el atrio del templo" (Londres, 1865-1867), es una mina de
información sobre las ventajas comparativas de la religión revelada y el paganismo
del mundo romano; Abbé De Broglie, autor del volumen sugerente, " problèmes et
conclusiones de l'histoire des religiones "(París, 1886); Hardwick, Cristo y otros
Maestros "(Londres, 1875). Otro factor en el crecimiento de la apologética en el
siglo pasado fue el surgimiento de numerosos sistemas de filosofía que, en la
enseñanza de hombres tales como Kant, Fichte, Hegel, Schelling, Comte y
Spencer, eran abiertamente o de forma encubierta en contra de la creencia
cristiana. para contrarrestar estos sistemas, el Papa León XIII restablecido en todo
el mundo católico la enseñanza de Thomisticphilosophy. las numerosas obras
escritas para reivindicar teísmo contra el panteísmo, el materialismo, el
positivismo, andEvolutionary monismo tienen prestado grandes servicios a la
apologética. No todas estas disculpas filosóficas, de hecho, arescholastic.
representan varias escuelas de pensamiento moderno. Francia dio a conocer una
serie de pensadores de disculpa capaces que ponen jefe hincapié en el elemento
subjetivo en el hombre, que señalan a las necesidades y las aspiraciones de
TheSoul, y al correspondiente de la aptitud del cristianismo y del cristianismo por
sí sola, para satisfacerlos. Esta línea de pensamiento se ha trabajado a cabo de
diversas maneras por el recientemente fallecido Ollé-Laprune, autor de "la certeza
moral" (París , 1880), y "Le prix de la vie" (París, 1892); por Fonsegrive, "Le
catholicisme et la vie de l'esprit" (París, 1899); y, en "L'action" (París, 1893), de
Blondel, el fundador de la llamada "Escuela de inmanencia" los principios de los
cuales están incorporados en los escritos espirituales de Padre Tyrrell, "Lex
Orandi" (Londres, 1903 ), "Lex credendi" (Londres, 1906). La continua oposición
entre el catolicismo y el protestantismo en el siglo pasado dio lugar a la producción
de una serie de escritos apologéticos dignas de mención: Mohler, "Simbolismo",
publicado en 1832 inGermany, que ha pasado por muchas ediciones en Inglés;
Balmes, "Protestantismo y el Catolicismo En comparación, en sus efectos sobre la
civilización de Europa", una obra española publicada en Inglés en 1840
(Baltimore); las obras de los tres cardenales en inglés ilustres, Wiseman, Newman
y Manning, la mayoría de cuyos escritos tienen una incidencia en la apologética.
Es a partir de todos estos variados y extensos estudios que la apologética ha
tomado forma. La inmensidad del campo hace que sea extremadamente difícil
para cualquier escritor que le hace justicia plena. De hecho, una completa
disculpa, integral de excelencia uniforme todavía está por escribirse.
comentarios
Fuentes
Además de las obras ya mencionadas, los tratados más generales sobre la
apologética son los siguientes:
OBRAS Católica. SCHANZ, un cristiano Apología (Nueva York, 1891) 3 vols. Una
edición mejorada de la original, Apologie des Christentums, se publicó en Friburgo
(1895) y una edición aumentada se estaba preparando en 1906. Picard, el
cristianismo o el agnosticismo ?, tr. del francés por MACLEOD (Londres, 1899);
Devivier, Apologética Cristiana, editado y aumentada por SASIA (San José, 1903)
2 vols .; ed. en un vol. por el Mons S. G. Messmer, D. D. (New York, 1903);
Frayssinous, En defensa de la cristiandad, tr. de los franceses por Jones (Londres,
1836); HETTINGER, la religión natural (Nueva York, 1890); La religión revelada
(Nueva York, 1895), siendo ambas adaptaciones de H. S. Bowden HETTINGER
de Germán Apologie des Christentums (Friburgo, 1895-1898) 5 vols .;
HETTINGER, Fundamental-Theologie (Friburgo, 1888); Gutberlet, Lehrbuch der
(M Münster, 1895) Apologetik 3 vols .; SCHELL, Apologie des Christentums
(Paderborn, 1902-5) 2 vols .; WEISS, Apologie des Christentums vom Standpunkte
der Kultur und Sitte (Friburgo, 1888-9), 5 vols., Tr francés. Apologie du
christianisme au point de vue des m urs et de la civilización (París, 1894);
Bougaud, Le christianisme et les temps senta pr (París, 1891) 5 vols .; LABEYRIE,
La ciencia de la libertad de información (La Chapelle-Montligeon, 1903); EGGER,
Encheiridion theologi dogmática Generalis (Brixen, 1893); Ottiger, Theologia
Fundamentalis (Friburgo, 1897); Tanquery, Sinopsis theologi Fundamentalis
(Nueva York, 1896). Publicaciones periódicas valiosos para el estudio de disculpa
son: La Trimestral Americana Católica; Revisión Eclesiástica Americana; Revisión
de Nueva York; Católica Mundial; Revista de Dublín; Irlandés Registro
Eclesiástico; Trimestral Teológico de Irlanda; Mes; Tableta; tique Revue Apolog
(Bruselas); Revue pratique apolog tique (París); Revue des scientifiques
preguntas; Mus en; La ciencia Católica; Annales de philosophie chrétienne; Etudes
religieuses; Revue Thomiste, Revue du clerg Fran ais; Revue d'histoire et de litt
rature religieuse; biblique Revue; Theologische Quartalschrift (Tübingen); Stimmen
aus Maria-Laach.
Obras protestantes. BRUCE, Apologética (Nueva York, 1892); FISHER, causa de
las creencias teístas y Cristiano (Nueva York, 1902); FAIRBAIRN, La Filosofía de
la Religión Cristiana (Nueva York, 1902); Mair, estudios realizados en las
Evidencias Cristianas (Edimburgo, 1894); LUTHARDT, las verdades
fundamentales del cristianismo (Edimburgo, 1882); SCHULTZ, Contornos de
Apologética Cristiana (Nueva York, 1905); FILA, Evidencias Cristianas
consideración en relación con el pensamiento moderno (Londres, 1888); IDEM, un
manual de Evidencias Cristianas (Nueva York, 1896); Illingworth, Razón y
Revelación (Nueva York, 1903). Muchos excelentes tratados apologéticos se
encuentran en la larga serie de conferencias Bampton, también en el Gifford,
Hulsean, Baird, y Croal Conferencias.
Acerca de esta página
cita APA. Aiken, C. F. (1907). Apologética. En la Enciclopedia Católica. Nueva
York: Robert Appleton Company. Consultado el 22 de de abril de, 2016, frente
Nueva Adviento: [Link]
citación MLA. Aiken, Charles Francis. "Apologética." La Enciclopedia Católica. Vol.
1. Nueva York: Robert Appleton Company, 1907. 22 de Apr. el año 2016
<[Link]
Transcripción. Este artículo fue Transcrito por Douglas J. Adviento Potter.
Dedicado al Sagrado Corazón de Jesucristo.
aprobación eclesiástica. Nihil Obstat. 1 de marzo de 1907. Remy Lafort, S.T.D.,
censor. Imprimátur. + Cardenal John Farley, arzobispo de Nueva York.
Información del contacto. El editor de Nueva Adviento es Kevin Knight. Mi correo
electrónico es webmaster en [Link]. Lamentablemente, no puedo
responder a todas las cartas, pero aprecio grandemente su reacción -
especialmente notificaciones acerca de los errores tipográficos y anuncios
inapropiados.
[7]
Introducción a la apologética como ciencia teológica*
(Por: Dr. Proaño Gil, en la Gran Enciclopedia Rialp)
Contenido
Naturaleza y objeto
Relaciones con otras ciencias teológicas
Apologética teórica y práctica
Valores de la Apologética
El comienzo del proceso apologético
Proceso y vías apologéticas
Certeza que se obtiene con la Apologética
[Link] y objeto
Apologética [en adelante se abrevia con “A.”], del griego “apologeisthai”,
defenderse, significa en el terreno religioso la defensa de la religión mediante su
legitimación ante la razón.
La A. se diferencia de la tipología, por cuanto ésta pretende únicamente justificar
una verdad o un hecho particular, o atendiendo a circunstancias concretas y
temporales. Así, pues, la A. católica es una defensa y justificación racional de toda
la religión católica; realiza una legitimación científica y perennemente válida de
toda la fe. No trata de demostrar o explicar cada uno de los dogmas del
catolicismo, ni mucho menos por sus razones internas; porque, cuando se trata de
misterios absolutos, éstos no son susceptibles de tal demostración, y únicamente
se aceptan por el testimonio y la autoridad divina de quien los ha revelado; de ello
se ocupa la teología dogmática, que hace ver cómo se contienen en la Revelación
divina (Escritura, Tradición) y trata de profundizar en el contenido y en la
coherencia de cada uno de los dogmas. La A. defiende los dogmas de una
manera genérica y universal, en cuanto defiende y legitima la autoridad de la
Iglesia que los propone.
Para esta justificación general de la religión católica los pasos obligados son los
siguientes:
1) la llamada demostración religiosa o legitimación racional del fenómeno religioso,
mostrando también su carácter obligatorio para el hombre y las condiciones
fundamentales en que debe desarrollarse;
2) la demostración cristiana, probando la auténtica historicidad de la irrupción de
Dios en la historia humana revelando su vida, su voluntad, y sus verdades
salvadoras, por medio de los Patriarcas y Profetas; pero muy en especial por
medio de Jesucristo y de sus Apóstoles;
3) la demostración católica, haciendo ver que la Iglesia católica romana continúa la
misión salvífica de Cristo y es la depositaria fiel y autorizada de sus enseñanzas.
También puede decirse que la A. muestra el carácter racional de la fe, ya que
legitima ante la razón la verdad de la religión y, en concreto, la cristiana y católica.
En la fe, conforme a la definición del conc. Vaticano I (Denz. Sch. 3008), se da el
asentimiento de la inteligencia a las verdades reveladas por Dios, no porque
veamos su intrínseca verdad con la luz natural de la razón, sino por la autoridad
del mismo Dios revelante que ni puede engañarse ni engañar. Es decir, el
asentimiento de la fe supone previamente la persuasión de que Dios ha revelado.
Si esta persuasión del hecho de la Revelación es cierta, esto es, objetivamente
motivada, firme y sin temor prudente de equivocarse, entonces el asentimiento de
la fe podrá ser racional, prudente y poseer fundadas garantías de ser constante.
La A. estudia y propone los llamados motivos de credibilidad que son todos
aquellos argumentos o razones que demuestran el hecho histórico de la revelación
divina y la legitimidad del Magisterio infalible de la Iglesia, por medio del cual
solemos conocer las verdades de la fe; de este modo muestra que las verdades
de la fe son creíbles. También es propio de la A. proponer los motivos de
credibilidad, esto es, aquellas razones que fundamentan la obligación de creer y,
en general, los valores y estímulos que pueden ofrecerse a la voluntad para que
acepte y quiera realizar con gusto el acto de fe. Así, pues, la A. no sólo demuestra
la credibilidad de la fe, y su posibilidad, sino que conduce hasta el umbral mismo
de la fe, demostrando la obligación de creer y de aceptar el Magisterio eclesiástico
y los valores que hay en la fe. Se dice que la A. conduce hasta el umbral de la fe,
porque siempre será necesaria también la ayuda de la gracia (v. infra, 3). La A.,
pues, tiene la finalidad de ayudar a encontrar la Iglesia al que todavía no cree; y al
que ya esté en ella, confirmarle y asegurarle en la fe que ha abrazado.
Aunque la A. trata de demostrar el hecho de la Revelación y la obligación y valores
que hay en aceptar esta Revelación, no por eso tendrá que demostrar todas las
verdades que preparan esa demostración. Podrá presuponer que se conocen ya, y
tomarlas de otras ciencias, si se trata de la A. teórica, porque en la A. práctica con
frecuencia habrá que comenzar por ellas. Estas verdades que lógicamente se
presuponen en las demostraciones apologéticas, son previas al conocimiento de
los motivos de credibilidad y previas a la misma fe. Por esto se han llamado
preámbulos de la fe. Tales son: el valor objetivo de nuestros conocimientos y la
posibilidad de llegar a la certeza y a la verdad absoluta, sin contentarse con una
mera verdad relativa o pragmática, ni caer en el escepticismo o agnosticismo total;
según enseña la Epistemología. También la libertad del alma humana, que
demuestra la Psicología; la existencia de un Dios personal, que prueba la
Teodicea, etc. Hay, pues, presupuestos filosóficos, o de sentido común, que están
en la base de toda demostración apologética; sin ellos no podría avanzarse en
este camino. Pero no todo error filosófico, aunque fuera craso, impediría la
argumentación en A., mientras permanezca el buen sentido común y el uso de la
recta razón. Poco a poco, y aceptando la fe, podrán llegarse a destruir aquellos
errores que al principio no estorbaban o no afectaban a la validez de las pruebas
apologéticas.
2. Relaciones con otras ciencias teológicas
La Teología fundamental se ocupa de los fundamentos racionales de la fe y del
dogma y, por esto, en parte coincide con la A. Ambas demuestran el hecho de la
Revelación por Jesucristo y la existencia de la Iglesia como sociedad salvífica y
con sus prerrogativas y Magisterio infalible. Ambas pueden también extenderse en
la consideración previa del hecho religioso universal y en la teoría general de la
religión y de la Revelación, estudiando sus manifestaciones en la historia y los
signos o criterios con que la revelación se acredita. Pero la primera abarca más
que la A., porque estudia también los fundamentos de la Teología dogmática, que
son la Escritura y la Tradición, demostrando su existencia y estudiando sus
propiedades y manera de conocerlas e interpretarlas, como fundamentos del
Dogma.
La Teología fundamental, pues, comprende la A. y además otro tratado que
estudia dónde se contiene la revelación y por dónde se nos comunica. La Teología
fundamental se relaciona directamente con la dogmática y es como una
introducción a ésta: como el puente entre la Filosofía y la Teología dogmática. Por
esto el nombre de Teología fundamental designa el fin interno, teológico y positivo
de esta materia; es palabra de mayor comprensión o alcance; mientras que la A.
suena a defensa y a labor en cierto modo negativa, y es palabra de menor alcance
o comprensión en su concepto.
Por otra parte la Teología fundamental designa un camino teológico en la manera
de proceder, en cuanto que desarrolla sus investigaciones y conclusiones a la luz
del Magisterio de la Iglesia, que le sirve de guía; mientras que la A. de suyo
prescinde de este aspecto teológico de los problemas, aunque puede también
seguirlo.
Hay, en efecto, una A. teológica y una A. meramente científica; o, si se quiere, una
Teología apologética y una Ciencia apologética. La Teología apologética procede
desde un punto de vista teológico y, como toda la Teología, parte del Magisterio
eclesiástico como de norma próxima de la fe, Magisterio que le sirve de norma
positiva en su investigación; y con cuya luz estudia los problemas apologéticos,
por ejemplo, sobre la Revelación y los misterios; sobre los criterios para demostrar
el hecho de la revelación; sobre los Evangelios y su historicidad; sobre si la gracia
es necesaria para percibir el valor de las pruebas, etc. Y algunos problemas los
estudia precisamente porque de ellos se ha ocupado el Magisterio, por ejemplo, la
A. de inmanencia, es decir, la A. a base de las indigencias inmanentes, lagunas y
necesidades de luz y esfuerzo que aparecen en la naturaleza humana (como es el
caso del filósofo Blondel y lo que se ha dado ha llamar luego el Blondelismo). Pero
esta Teología apologética, aunque usa del Magisterio eclesiástico y de las
verdades de la fe, como guía y norma extrínseca de sus demostraciones, no
puede servirse de ellas para la demostración intrínseca de sus verdades. Porque
entonces se serviría de aquello que intenta precisamente demostrar, la legitimidad
de la fe y del Magisterio de la Iglesia; y caería, por tanto, en un círculo vicioso.
Esta manera de proceder, a la luz del Magisterio, puede ser propia de un católico
que, desde dentro de la Iglesia, trata de justificar su propia fe con argumentos
reflejamente científicos y razonados. Un católico está ya cierto del hecho de la
revelación y de la legitimidad de la Iglesia, al menos con certeza vulgar, que es
verdadera certeza objetiva, o con certeza respectiva (suficiente para niños y
personas de escasa formación cultural); pero con frecuencia querrá satisfacer el
interés psicológico de responder científicamente a la pregunta de por qué cree y
por qué se fía de la Iglesia y de su Magisterio. Este interés psicológico lo satisface
la Teología apologética que da respuesta a estas preguntas. También puede
satisfacer al deseo que tenga el católico de capacitarse para exponer ante otros
las razones que hay para creer. La Teología apologética considera, por
consiguiente, el caso de quien mira desde dentro de la Iglesia a fuera; mientras
que la Ciencia apologética tiene ante la vista el caso del que está fuera y quiere
ver las razones que hay para entrar dentro. Pero, una y otra, Teología apologética
y mera Ciencia apologética, aunque parten de diferentes enfoques, no basan sus
demostraciones en el Dogma o en el Magisterio (que tratan de justificar), sino en la
Historia y en la Filosofía (o si se quiere, en los hechos históricos y en el sentido
común).
Respecto de la Teología dogmática (v.), que estudia las verdades reveladas por
Dios, la A. se distingue de ella por los principios de donde parte, por el método que
sigue y por el objeto que estudia. Los principios de la Teología dogmática son las
verdades de la fe sobrenatural; los principios de la A. son verdades de orden
natural, bien de orden histórico, bien de orden filosófico o experimental; no
presupone la fe. El método de demostración en Teología dogmática es a base de
la revelación divina pública; en A. es a base de la razón natural. El objeto que
estudia la Teología es Dios y todas las cosas que se refieren a Dios, y su objeto
formal o aspecto bajo el cual las examina, es en cuanto se conocen por la
Revelación; la A., en cambio, estudia el hecho de la Revelación, y, por
consiguiente, algo de Dios, y también de la Iglesia como depositaria de misión y
de doctrina divinas; con frecuencia considera el mismo objeto material que la
Teología dogmática: Dios, Jesucristo, la Iglesia; pero es diverso el objeto formal, o
aspecto bajo el cual estudia dichas materias, porque la A. las estudia en cuanto se
conocen y se demuestran con la razón natural. La
Teología dogmática presupone la fe; y quien no tuviere fe, no alcanzaría bien los
principios de esta ciencia ni llegaría a ser verdaderamente teólogo. La A. hace
posible la fe en muchos casos, con individuos reflexivos y exigentes, en cuanto
-que echa los cimientos o el fundamento racional de la fe. La A. se dirige muy
principalmente a los que no tienen fe, a los cuales ayuda a convertir.
Puede preguntarse, sin embargo, si la A. y en concreto la que hemos llamado A.
teológica forma en realidad parte de la Teología. Además de que el objeto material
de ambas disciplinas coincide en parte, como acabamos de ver, aunque tratado
desde diferente punto de vista, lo decisivo para considerar la A. como función
teológica es que toda ciencia suprema (como lo son la Metafísica en el orden
natural y la Teología dogmática en el sobrenatural) debe defender sus propios
principios, cuando no son de por sí evidentes. Y así como la Metafísica racional
defiende sus propios principios, y entre ellos aquellos que fundan la validez
objetiva del conocimiento humano; mediante la Criteriología o Epistemología; así
la Metafísica sobrenatural (la Teología) defiende la validez de los suyos, que son
las verdades de la fe, mediante la “Criteriología sobrenatural”, como también se ha
llamado a la A., que realiza de este modo una función teológica. La A.
paralelamente a los problemas de que se ocupa la Criteriología natural respecto
de la objetividad del ser, trata de la posibilidad y realidad de la revelación divina,
de los criterios para acreditar su autenticidad, y cómo se pueden aplicar y
reconocer en el cristianismo y catolicismo. Otra razón para considerar a la A. una
función teológica es que la Teología debe estudiar las propiedades de la fe, entre
las cuales encontramos la de ser racional, creíble y apetecible; y debe
demostrarlas con argumentos de historia y de filosofía; así actuaron no pocos
teólogos de los siglos XVI y XVII, que realizaban esta demostración en el tratado
de la fe. Hoy se realiza comúnmente en la A.
3. Apologética teórica y práctica
Hay una A. teórica que atiende a la exposición científica y sistemática de los
motivos de credibilidad (histórica y dogmática). Considera el valor objetivo y la
respectiva validez de estos motivos en sí mismos, y prescindiendo de las
disposiciones subjetivas de los individuos; trata asimismo de coordinar todos los
argumentos según el valor de cada uno, dentro de una sistematización compacta y
sólida.
Hay otra A. práctica o pastoral, que atiende al uso pastoral y práctico de los
argumentos o razones estudiadas por la A. teórica. En este aspecto práctico
exigen atención las circunstancias subjetivas de los individuos y vale el sentido de
acomodación. Para la A. práctica no tanto se debe atender al valor abstracto o al
orden teórico de los argumentos, cuanto al valor psicológico y concreto que tienen
para los individuos a quienes se trate de instruir. Esta instrucción, que con
frecuencia es deficiente, más ganará de ordinario con la clara exposición de los
argumentos principales, acomodados al sujeto, que no con la preocupada defensa
y con la refutación de todas las posibles dificultades y objeciones.
En el orden de la A. práctica conviene tener ante la vista los requisitos del acto de
fe:
1) Este acto presupone la certeza previa y racional del hecho de la revelación; por
esto se tratará de establecer con la máxima claridad y eficacia que Dios realmente
ha revelado y ha comunicado a los hombres las verdades de la fe.
2) Estas verdades, aunque aparezcan como creíbles, no se imponen
necesariamente al asentimiento intelectual; porque no se presentan con una
evidencia necesaria, como los primeros principios o las verdades matemáticas
más sencillas. Es preciso que la voluntad libre determine o impere el asentimiento
de la inteligencia. Pero la voluntad se mueve por los valores o bienes que conoce
y que más llegan al sentimiento; de ahí la conveniencia de mostrar, no sólo la
obligación de la je, sino también sus valores (verdad, belleza, oportunidad y
conveniencia para la vida, para la paz del corazón, etc.) y, en concreto, los valores
más acomodados al individuo y a su situación particular.
3) .Como este imperio de la voluntad para creer, lo mismo que el acto de fe, son
actos sobrenaturales, así como lo son de hecho los últimos juicios de credibilidad
histórica, moral y dogmática, y estos actos sobrenaturales escapan a las
posibilidades de la naturaleza, será menester que la gracia de Dios ayude con sus
auxilios para el acto de fe.
Por esto es necesario recomendar la oración y una conducta conforme a las
exigencias de la fe, para evitar o superar las rémoras que provendrían de los
obstáculos morales para la fe, como serían el orgullo (cfr. Iac 4, 6; 1 Pet 5, 5), el
deseo de gloria humana (lo 5, 43-44), la indocilidad (cfr. Eccli 8, 11), la
sensualidad, etcétera. Si hay obstáculos morales que dificultan el imperio de la
voluntad para creer, hay también obstáculos intelectuales que dificultan la
admisión previa por el entendimiento del hecho de la revelación divina. Tales
serían los prejuicios filosóficos incompatibles con la revelación y la fe, la
ignorancia religiosa que debería removerse previamente, la inadaptación mental y
la incapacidad para un pensar filosófico o la reflexión personal; también, por otra
parte, la hipertrofia mental o exceso en el pensar sin llegar a decidirse por la
verdad, el hipercriticismo y asimismo los defectos de la especialización, con
frecuencia traducidos en un falso método que se emplea, queriendo aplicar, por
ejemplo, a la historia y filosofía, métodos experimentales, físicos o técnicos,
propios de otras ciencias.
4. Valores de la Apologética
Aunque su nombre suena a defensa y a polémica, la A. tiene sin embargo una
acción muy positiva, que está en la exposición y fundamentación positiva de los
motivos de credibilidad, sobre todo si se hace de una manera científica y
exhaustiva. Esta fundamentación científica ayuda, no sólo para el conocimiento
teológico más pleno de la fe y de sus propiedades, sino también para convertir en
certeza científica y refleja la certeza vulgar o meramente respectiva que muchos
tienen sobre el hecho de la Revelación y sobre la obligación o conveniencia de
creer.
Además así se satisface al interés psicológico permanente, de todos los que
piensan por su cuenta, que en muchos comienza en los periodos acuciantes de la
juventud, deseando saber con precisión las razones por las que se conoce que
Dios ha hablado, el modo como lo ha hecho, y los valores que se descubren en la
fe. Por esto la A. sirve también para estimar la fe y desearla. Sin embargo, no hay
que pensar que la fe está en proporción del conocimiento y de la ciencia
apologética. Porque, aunque la fe presuponga el conocimiento cierto de algunos
motivos de credibilidad, el acto de fe viene imperado por la voluntad, y ésta se
mueve por los bienes y valores que ve en las cosas. Por donde, aparte de que la
adhesión a la fe es acto sobrenatural y viene realizado con la gracia, que se da
libremente por Dios a quien quiere, esta adhesión, considerada psicológicamente,
depende de la intensidad y modo con que el hombre aprehende los valores de la
fe; y, por tanto, la fe será más intensa, firme y permanente según que la voluntad
la ame más y la desee. Si estos valores de la fe, no sólo se han conocido
especulativamente, sino además se han experimentado y sentido afectivamente,
sobre todo en los periodos de la adolescencia y juventud, más propicios para
captar sentimientos y valores permanentes para la vida, entonces la raigambre
psicológica de estos valores será más propicia, con la gracia de Dios, a la fe
permanente e intensa.
En la problemática moderna, como reacción contra un excesivo y exclusivo
intelectualismo en presentar la A., existe la tendencia a desestimarla, como si en
realidad nada o poco influyera en la adquisición de la fe, prefiriéndose por algunos
la mera exposición del dogma católico como suficiente, o la exposición de otros
motivos que influyan en el sentimiento y la voluntad. Aunque hay que tener en
cuenta la intervención que éstos tienen en el acto de fe, sin embargo la auténtica
fe no debe reducirse a un puro sentimiento, no debe perder su carácter racional;
exige el conocimiento cierto del hecho de la Revelación divina; para ello es
imprescindible conocer las razones que fundamentan este hecho. Si no basta para
la mayoría de los adultos y de los jóvenes una certeza vulgar de estos motivos, si
el interés psicológico por llegar a la certeza refleja y científica es de la mayoría de
los adolescentes, jóvenes y adultos: ya se ve la utilidad e importancia permanente
de la A.
5. El comienzo del proceso apologético
No es menester iniciar la demostración con una duda real acerca de todo aquello
que trata de probarse, esto es, acerca del hecho de la revelación por Jesucristo y
de la legitimidad del Magisterio eclesiástico. Ésta era la postura del teólogo
alemán G. Hermes y sus seguidores, condenada por Gregorio XVI en 1835 (Denz.
Sch. 2738 ss.) y por el conc. Vaticano I (Denz. Sch. 3014, 3036).
La razón es que durante la investigación apologética no deja uno de ser católico, y
en realidad ya ha tenido y sigue teniendo certeza del hecho de la Revelación, etc.,
aunque sea solamente certeza vulgar; pero no deja de ser verdadera certeza. Aun
en el caso de que solamente hubiera tenido una certeza meramente respectiva,
acomodada a su condición infantil, le será fácil convertir esa certeza respectiva en
auténtica certeza formal, si pregunta por las razones verdaderas de credibilidad,
en cuanto asomen las dudas en el campo de su conciencia; suponiendo que
realmente el individuo procede con sinceridad y no abandona a Dios, el cual por
su parte no le abandonará. Dando por supuesto que se ha recibido la recta y
buena educación cristiana que la Iglesia desea, «porque aquellos que recibieron la
fe bajo el magisterio de la Iglesia, nunca pueden tener una causa justa de cambiar
esta fe o de ponerla en duda» como dijo el conc. Vaticano I (Denz. Sch. 3013-
3014). Para todos estos individuos, en efecto, siempre permanece, por una parte,
el motivo válido de la Iglesia, que ven, y de los hechos y verdades que ella
enseña; y, por otra parte, la gracia de Dios que «no abandona a los justificados, si
no es antes abandonada por ellos» (S. Agustín, De nat. et gratia, c. 26, n. 29: PL
44, 261).
No hay, pues, causa, ni objetiva ni subjetivamente justa, para que abandonen la
fe, ni siquiera por breve tiempo, aquellos que recibieron la conveniente educación
cristiana; y, por tanto, tampoco cuando comienzan su investigación científica
apologética.
Por otra parte, tampoco en Filosofía se comienza con el escepticismo y con la
duda universal; hay una certeza natural acerca del ser que nunca se abandona. Y
en cualquier investigación no es lícito prescindir de una fuente de información, aun
cuando a uno le parezca sospechosa; mucho menos se rechaza una fuente que
antes se admitió como cierta. La luz se busca con la luz, únicamente hay que
evitar el peligro de que las verdades admitidas con anterioridad influyan
viciosamente en la prueba para admitir las nuevas verdades; en nuestro caso,
debe evitarse que las verdades teológicas basadas en la fe, o las doctrinas del
Magisterio, que tratan de legitimarse, influyan en la misma intrínseca demostración
de las verdades apologéticas, presuponiendo con círculo vicioso aquello mismo
que hay que probar. Ni hay que temer el peligro psicológico de una presión o
coacción externa del Magisterio que induzca a admitir proposiciones no probadas
eficazmente, si se atiende diligente y cautamente a la sinceridad y al valor
intrínseco de las pruebas. También es obvio, por la parte opuesta, que toda
persona prudente debe precaverse de la supuesta autoridad de los que hablan en
contra de la fe.
6. Proceso y vías apologéticas
Se reconocen comúnmente dos caminos para la demostración racional
apologética:
1) El llamado método regresivo y ascendente, parte del hecho actual de la Iglesia,
fácilmente comprobable, y desde él, volviendo hacia atrás, sube o asciende hasta
Jesucristo su Fundador. Considerando la Iglesia católica de hoy como una
sociedad religiosa internacional y supranacional, es fácil reconocer en ella una
dilatación ecuménica que sobrepasa fronteras y llega a todos los confines de la
tierra; y, juntamente con esta dilatación católica, una unidad de fe, que se
manifiesta en el mismo Credo que profesan todas las Iglesias y en los mismos
dogmas que ha definido o enseña la Iglesia romana; también una unidad de
régimen, por cuanto todas reconocen la sucesión primacial que reside en el obispo
de Roma, a quien consideran vicario de Jesucristo, y la autoridad plena y suprema
(lo mismo que en el Papa) que reside en el concilio ecuménico. Y hay también una
unidad cultual del mismo sacrificio que en todas partes es ofrecido, y de siete
sacramentos, que en todas partes son administrados.
Esta unidad esencial en tantas naciones y países de tendencias y costumbres
diversas, que propenden naturalmente al nacionalismo, a la dispersión y egoísmo,
hace pensar al observador, el cual no puede menos de reconocer un hecho fuera
de lo normal en esa unidad conjunta con la catolicidad. Se añade que es fácil
observar la santidad del conjunto eclesial, el cual (si bien constituido por miembros
pecadores) profesa una doctrina santa, de altísima y purísima moral en las esferas
de la diplomacia y del derecho, de la economía, la vida matrimonial y sexual, de la
caridad y entrega fraterna a los demás. La santidad doctrinal se acredita, por una
parte, en el hecho de que existiendo numerosos pecadores en el seno de la
Iglesia, ello no ha significado una corrupción de la doctrina de la fe y de los
principios morales cristianos, como sería de esperar que ocurriese en una
institución meramente humana; sino que en medio de los pecados y debilidades
humanas de muchos cristianos, e incluso de la jerarquía eclesiástica, la doctrina
de fe y moral de Jesucristo ha sido siempre defendida y mantenida dentro de la
Iglesia en su integridad esencial. La santidad doctrinal se acredita también en la
vida santa, o al menos ferviente, de no pocos cristianos que en el sacerdocio, en
la vida religiosa, en institutos de perfección o en asociaciones de fieles, etc., se
consagran a Dios y al servicio del prójimo o quieren que florezcan los principios
cristianos en las estructuras sociales. Se agrega la santidad carismática en hechos
extraordinarios, que pueden comprobarse, bien más reservados en individuos, con
frecuencia para su provecho personal, bien más patentes a todos, como los
milagros que ocurren y han sido comprobados científicamente en lugares de
peregrinación como Lourdes, Fátima, o con ocasión del culto a un siervo de Dios y
han sido admitidos para su canonización o beatificación.
Este fenómeno contemporáneo de la Iglesia católica, una y santa, conduce el
pensamiento a las causas y orígenes. Es fácil comprobar que esta Iglesia deriva
de los Apóstoles de Jesucristo, lo cual constituye su nota de apostolicidad. Sobre
todo es fácil constatar esta sucesión apostólica ininterrumpida en la Iglesia
romana, desde S. Pedro, a quien Cristo prometió hacer fundamento de la Iglesia,
darle las llaves del Reino, y plenos poderes sobre la Iglesia (Mt 16, 18-19) y
confirió más tarde el encargo de apacentar ovejas y corderos (Io 21, 15-18); y
desde S. Pablo, que también padeció martirio en aquella ciudad, hasta nuestros
días. Por todo esto la Iglesia católica «por sí misma, esto es, por su admirable
propagación, por su eximia santidad y por su fecundidad inagotable en toda clase
de bienes, por la unidad católica y por su estabilidad invicta, es un grande y
perpetuo motivo de credibilidad y testimonio irrefragable de su divina legación. Por
lo cual la misma Iglesia, como un estandarte levantado ante las naciones, invita
hacia sí a los que todavía no han creído, y a sus hijos les atestigua con mayor
certeza que la fe que profesan se apoya en fundamento firmísimo» (Denz. Sch.
3013).
Éste era el argumento que, por su valor de fácil comprobación y psicológico, hizo
valer con gran fuerza en el conc. Vaticano 1 el card. belga Dechamps. Ayudará
también —añadía— para la plena eficacia de este argumento, como disposición y
preparación del sujeto, considerar las indigencias internas y las propias
dificultades del individuo para conocer, y más para practicar, el bien y la verdad.
La religión católica es la que da solución a estos problemas e indigencias. «Por
tanto, decía, no hay que verificar sino dos hechos, uno dentro de Vd. y otro fuera
de Vd. Se llaman uno al otro para abrazarse, y el testigo de los dos es Vd. mismo»
(Dechamps, Entretiens sur la démonstration catholique de la révélation chrétienne,
1857, epígrafe). De este modo, partiendo de lo contemporáneo o quasi-
contemporáneo, remontándose a través de la Historia, que habla de la Iglesia y de
sus santos y de sus gestas salvadoras, se llega hasta los Apóstoles y hasta
Jesucristo, cuya doctrina ha producido frutos de santidad y de bien, y ha colmado
las apetencias razonables de los individuos y sociedades.
Ya sea antes o después de esta argumentación es conveniente desarrollar
también, dentro de este método, la primera etapa o fase (demostración religiosa)
del otro método o proceso apologético que se describe a continuación.
2) El otro camino para el proceso apologético parte de lo que ha sido punto de
llegada en el camino anterior. Comienza por Jesucristo y, mediante el examen de
su persona y de sus obras, concluye en la realidad de la Revelación divina que por
Él nos ha sido manifestada (demostración cristiana). Sigue un método histórico y
progresivo en el orden cronológico, porque examina las características de la obra
fundada por Jesús, la Iglesia, y cómo estas notas y propiedades se han realizado
y verifican en la Iglesia católica romana (demostración católica). Las etapas más
usuales de esta A. histórica y progresiva son las siguientes:
a) Ante todo, puesto que se trata de demostrar la existencia de una religión
revelada, se comienza asegurando la legitimidad de la postura religiosa, como
necesidad y obligación del ser humano. El ateísmo, el materialismo y el panteísmo
son incompatibles con la religión; la cual significa una relación personal de
reconocimiento y de adoración y sumisión respecto del Ser supremo. Para la
religión revelada, de que tratamos, es previa la persuasión de la existencia de un
Ser supremo personal, intelectual y poderoso, que pueda dar a conocer su íntimo
pensar y sus propósitos, descubriéndolos al hombre y mostrando mediante la
Revelación la manera concreta y positiva con que quiere ser conocido y honrado y
con que quiere salvar al hombre. La Revelación, formalmente considerada, es la
locución de Dios al hombre, esto es, aquella acción de un ser inteligente que
manifiesta a otro directamente su propio pensar y vida como persona a persona.
Como la fe, que es la respuesta del hombre a la Revelación divina, se presta por
la autoridad doctrinal de Dios revelante, y su autoridad está constituida por la
sabiduría y veracidad de Dios, es preciso para la futura fe haber conocido y
admitido estos atributos divinos del Dios personal. Estos y algunos otros atributos
de Dios, como su providencia y santidad, están en el objeto y en la base de la que
hemos llamado demostración religiosa, como primera etapa de la demostración
apologética. El estudio del fenómeno religioso, en general, con sus
manifestaciones en la historia de las religiones, en la psicología religiosa y en la
filosofía de la religión, es capital para asegurar el principal fundamento lógico de la
Revelación. Además de la existencia del Dios personal e inteligente, hay que dejar
claro que Él es hacedor del hombre, su Dueño y Señor, a quien le impone la
obligación de la ley moral; Dios como fin último del ser creado, y remunerador de
sus méritos, así como el que sanciona sus delitos. Y con la obligación moral, la
libertad del alma y su inmortalidad, que son el complemento de la obligación y el
presupuesto para una sanción proporcionada y apta.
Todas estas verdades, enseñadas principalmente por la Teodicea y Ética
naturales, están en la base de la religión y pueden considerarse como parte de la
demostración religiosa; o, si se quiere, como preámbulos de la fe, citados
anteriormente y que conviene desarrollar también cuando se sigue el método
llamado regresivo y ascendente, descrito en primer lugar.
b) La segunda etapa, usual en la A., es la demostración del hecho de la
Revelación divina sobrenatural, esto es, no de la manifestación que Dios hace
mediante la naturaleza creada, sino por encima de las exigencias de nuestro ser,
hablándonos y comunicándonos su pensar.
Ha habido una Revelación divina en el A. T. realizada muchas veces y de muchas
maneras a los Padres en los Profetas; pero en los tiempos últimos nos habló en el
Hijo (Heb 1, 1). Se podría comenzar, por consiguiente, siguiendo un orden
cronológico, con el estudio de la Revelación en el A. T., que preparaba la del N. T.
Así proceden, por ejemplo, Wilmers, Ottiger, Dorsch, Lahousse, Zigliara, en sus
respectivos tratados. Pero este camino, largo y difícil por su naturaleza (si se
realiza con todas las exigencias de la crítica histórica y a base de los libros del A.
T.), no es del todo necesario; porque la consideración puede dirigirse
inmediatamente al N. T. y a la Revelación traída por Jesús de Nazaret, apellidado
el Cristo o el Mesías. Jesucristo, en efecto, da testimonio de las revelaciones del
A. T. y aprueba la persuasión judía acerca de los Libros sagrados, como
inspirados y escritos por Dios sirviéndose de instrumentos humanos. Si el mensaje
de Jesucristo se acredita como divino e infalible, podrá conocerse a través de él, el
carácter divino de las revelaciones del A. T. en sus estadios patriarcal, mosaico y
profético. Se puede, por tanto, comenzar estudiando este mensaje de Jesucristo y
la manera como Él lo ha acreditado, para, después de conocer el hecho, deducir o
estudiar la posibilidad y conveniencia de la Revelación divina, y cómo es posible la
revelación de los misterios y con qué signos o criterios se puede describir la
auténtica Revelación divina. Pero también se puede (y es el camino seguido
comúnmente por los autores en el tratado «sobre la Revelación cristiana»)
considerar primero la teoría sobre la Revelación (posibilidad, conveniencia,
revelación de misterios, y criteriología de la revelación) para aplicar después esta
teoría al hecho de la Revelación por Jesucristo.
Para establecer con solidez esta prueba del hecho histórico de la Revelación, es
del todo necesario haber comprobado la validez crítica e histórica de las fuentes a
través de las que se conocen los hechos realizados por Jesucristo y en torno a
Jesucristo. Nos referimos al valor histórico de los cuatro Evangelios y del libro
Hechos de los Apóstoles, que son los de uso más frecuente para conocer la
persona de Jesús y establecer su mensaje y sus pruebas. Para fundamentar su
historicidad de modo crítico, es importante fijar primero la genuinidad de autor y de
tiempo acerca de estos libros, de suerte que aparezca bien probado que sus
autores son aquellos apóstoles (Mateo, Juan) o aquellos varones apostólicos
(Marcos, Lucas) que trataron inmediatamente con Apóstoles (Pedro y Pablo,
respectivamente) recogiendo, sobre todo, su predicación y testimonio, y que los
escribieron en el tiempo apostólico que se les atribuye (antes del a. 70, por lo que
respecta a Mt, Me, Le, Act; y hacia final del siglo I por lo que toca a lo). A ello debe
agregarse la demostración histórica de su integridad, esto es, que no han sido
objeto de cambios, interpolaciones o glosas posteriores que enturbien la limpieza
de estas fuentes tal como salieron de sus autores. Puede decirse que poseemos
el texto crítico primigenio, no sólo en su sustancia, y esto con máximas garantías;
sino también cierto, casi por completo, en los datos accidentales. Los lugares en
que podía haber alguna duda crítica eran hasta hace poco el 1 por 60, y los
lugares dudosos en cuanto al sentido el 1 por 1.000 (Westcott-Hort, The New
Testament, Introduction, 2), siendo de esperar que esta proporción disminuya aún
más con los adelantos críticos. Por último, la plena historicidad de estos libros
quedará patente si se comprueba que sus autores, testigos autorizados de lo que
en su mayor parte vieron u oyeron, eran también veraces, y no tenían empeño en
falsear la verdad, antes bien, su misma fe religiosa les inducía a transmitir
fielmente los hechos de que daban testimonio y que constituían en parte esa
misma fe. Porque aunque los Evangelios tengan índole y finalidad apologética y
sistemática doctrinal, no por ello contorsionan o falsean los hechos narrados, que
gozan de plena historicidad. Con esta base crítica e histórica será más fácil
comprender el género literario de cada una de las partes de estos libros, y con
ellos estudiar la figura de Jesús, su mensaje y sus obras.
Con estas fuentes estrictamente históricas y con los prudentes principios de
interpretación, es fácil conocer como indiscutible la existencia histórica -de
Jesucristo, alejada de los mitos y bien localizada en el tiempo y en el espacio; fijar
los puntos cardinales de su mensaje, que le constituyen Legado de Dios (v.
JESUCRISTO II); cuya doctrina, basada en el sentimiento de filiación respecto del
Padre providente, y en la fraternidad entre todos los hombres, sobre todo con los
débiles y necesitados, alcanza una sublimidad moral no superada (cfr. Mt 5-7).
También pertenece al mensaje de Jesús su manifestación como Hijo de Dios en
sentido propio; y aunque esta divinidad estricta de la única persona que hay en
Jesús pertenece al dogma, son no pocos los autores que la estudian y demuestran
apologéticamente (Wilmers, Ottiger, Van Laak, Dieckmann, Lercher, KSsters,
Garrigou Lagrange, Brunsmann, Felder, Ponce de León, Vizmanos, Cotter,
Nicolau; cfr. Nicolau, De revelatione, en Theologia Fundamentalis, o. c. en bibl., n.
428446). La índole psicológica de Jesús, tan lleno de sabiduría y de equilibrio, por
una parte, y de santidad de vida, por otra, excluyen el propio engaño en asuntos
tan graves, o el fraude. Si fuera erróneo su testimonio, Jesús sería un portento de
locura o de malicia; extremos excluidos, tanto por el equilibrio psíquico como por la
sinceridad de vida. Decía Jesús: «Si a mí no me queréis creer, creed a mis obras»
(lo 10, 38) y «estas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me
ha enviado» (lo 5, 30). Por esto el mismo Jesús acudió a sus milagros (v.) y
profecías (v.) como a signos de su misión. El apologeta deberá valorarlos en su
verdad histórica, en su verdad filosófica (o en su realidad sobrenatural, de modo
que sobrepasen las fuerzas naturales); también en su verdad relativa, esto es, en
su aptitud para acreditar la misión y las palabras de Jesús. Pero sobre todo hay un
signo al que recurrió Jesús, provocado a testificar la legitimidad de sus
pretensiones mesiánicas (Mt 12, 38-40; 16, 1-4, etc.); es el de su resurrección que,
como corona y recapitulación de todos los signos ofrecidos por el Maestro en favor
de la divinidad de su mensaje, merece en A. una consideración especialísima.
La A. llevada a cabo por el mismo Cristo, tampoco dejó de apelar a los vaticinios
del A. T. que se referían a su persona y a su obra (cfr. lo 5, 39; Le 24, 25.27.44
ss.). De ahí que una A. cristiana completa difícilmente podrá prescindir del estudio
crítico (no dogmático) de los vaticinios del A. T. viéndolos realizados en Jesús,
aunque este estudio ofrezca hoy particulares dificultades; y así, valorando el
conjunto de estos vaticinios podrá acreditar la persona de Jesús como Mesías, la
divinidad de su mensaje y de sus obras. listos son los jalones principales de la
demostración cristiana.
c) Finalmente, en la predicación de Jesucristo hay una parte que se refiere a su
Reino y a su Iglesia. Y Él es quien determina las notas esenciales jerárquicas que
debe tener esta sociedad que personalmente ha constituido: con potestad
primacial, que promete a Pedro (Mt 16, 18-19), a quien confirió de hecho el
gobierno de toda su Iglesia (lo 21, 15-16); con potestad de gobierno y de
enseñanza, que comunicó al Colegio apostólico, a quienes transmitió su propia
misión hasta el final de los tiempos (Mt 18, 18; 28, 18-20; Me 16, 15-16; lo 20, 21).
Él también determinó las notas esenciales del culto, instituyendo y mandando
celebrar el sacrificio y sacramento eucarísticos (Le 22, 19-20, etc.) y los demás
sacramentos (Mt 28, 19; lo 3, 3; 20, 22-23; Le 22, 19, etc.).
Esta Iglesia de Cristo, que arranca del tiempo de los Apóstoles en sus notas
esenciales, ha continuado, en el sucesor de Pedro y en los sucesores de los
Apóstoles, los oficios instituidos por Jesús; pero, no pudiendo éstos permanecer
en los Apóstoles, tributarios de la muerte, y queriendo el Señor perpetuarse con
los Apóstoles y su Iglesia hasta el fin de los tiempos (Mt 28, 20), debían ser
transmisibles a los sucesores; como de hecho se transmitieron en la Jerarquía
eclesiástica y toda la Tradición lo confirma. La misión del apologeta será
demostrar la potestad de jurisdicción, plena y suprema, concedida por Jesucristo a
Pedro y a sus sucesores; también la misma potestad concedida al Colegio
apostólico y al concilio ecuménico; y la de magisterio auténtico e infalible
concedida al mismo concilio cuando define y al Romano Pontífice cuando habla ex
cathedra; estudiar el objeto directo e indirecto y las condiciones del Magisterio
eclesiástico y el valor de la Tradición, junto con los criterios para conocer la
transmisión cierta de la Revelación, recibida de Jesucristo por los Apóstoles o
comunicada a ellos por el Espíritu Santo (Denz. Sch. 1501). Esta Revelación
pública, destinada a toda la Iglesia para ser creída con fe divina y católica, acabó
con la muerte del último apóstol (ib., cfr. 3421), constituye el «depósito de la fe»
(v.) y es custodiada diligentemente por el Magisterio de la Iglesia, que la interpreta
auténticamente y la predica celosamente. La iglesia, así delineada, es una
sociedad querida por Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la
íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano (conc. Vaticano II,
Const. Lumen gentium, n. 1). El apologeta muestra la Iglesia de Cristo como
necesaria para la salvación; y estudia la manera como se puede pertenecer a esta
Iglesia, bien plenamente (con el Bautismo, profesión de fe, sumisión a la jerarquía,
como vínculos externos; y con la vida de la gracia, como vínculo interno), bien de
modo menos perfecto y menos pleno, si a los bautizados falta alguno de estos
vínculos. Pero es incumbencia del teólogo dogmático, aunque frecuentemente se
trate de ello en A. o en Teología fundamental, estudiar la Iglesia como misterio,
Cuerpo místico de Jesucristo, Esposa de Cristo, etc., y las funciones sacerdotales,
proféticas y regias, santificadoras y apostólicas, que corresponden a las diversas
estructuras del Pueblo de Dios (jerarquía; laicado; estado religioso e institutos de
perfección) (cfr. Lumen gentium, c. 1-VI). Si la Iglesia es presentada por el
apologeta como necesaria para la salvación, y la Iglesia querida por Cristo
encuentra su plena realización en la Iglesia católica romana, ya se ve que no cabe
el indiferentismo religioso en ninguno de sus grados y maneras. Con esta
demostración católica termina la función apologética última. El cristiano queda así
dispuesto, si acepta estos razonamientos, a escuchar el Magisterio de la Iglesia y
a seguir los mandatos de la jerarquía. Con esto puede entrar ya en los puntos de
vista dogmáticos y admitirlos. Pero todavía será propio de la Teología funda-
mental seguir proponiendo los fundamentos de la Teología dogmática, mostrando
dónde están las fuentes de la Revelación y de la argumentación teológica, esto es,
la Tradición y la Escritura, estudiando sus propiedades. Pero, admitido ya el
Magisterio de la Iglesia, en adelante el método de estudio más propio podrá ser el
de la Teología dogmática.
c) Método de la inmanencia. Los métodos anteriormente expuestos, ascendente
y descendente, atienden a la demostración válida racional de la credibilidad de la
religión católica. En un orden principalmente práctico se puede también hablar de
un método de inmanencia, que puede ser útil para los fines apologéticos si se
junta con cualquiera de los métodos racionales anteriores, pero no si se prescinde
de ellos. Este método comienza con el examen de las tendencias y exigencias
interiores (de verdad, de felicidad, etc.) que hay en el hombre. El examen, en
efecto, de la actividad interna del hombre, con sus deseos y apetencias,
exigencias, fracasos e impotencias, descubre una tendencia fuerte ineludible hacia
Dios y hacia los altos ideales del espíritu que, no obstante estas apetencias, tarda
en realizarse o no se realiza. Se manifiestan, por consiguiente, en el espíritu del
hombre ciertas lagunas y vacíos que parecen estar abiertos a los dones
sobrenaturales de Dios. El hombre necesita luz poderosa y clara para que la
inteligencia conozca el bien y la verdad; necesita también atractivo y fuerza para
que la voluntad lo siga con eficacia y perseverancia. Con este género de
apologética, se investiga en la inmanencia vital y en la experiencia interna y
dinámica del hombre para descubrir sus apetencias; y por ellas se intenta llevarle
al reconocimiento de la religión católica, como la única que puede satisfacerlas o
llenarlas.
Algunos quisieron comenzar de esta manera la demostración apologética para
adaptarse así a los valores psicológicos y existenciales que modernamente se
proponen, pero continuando después el examen de la religión de la manera
clásica y más racional, con el estudio apologético de los milagros y vaticinios.
Tales fueron OlléLaprune (1839-98) y G. Fonsegrive (1852-1917). Otros pensaron
que sólo con el uso y estudio de estos criterios inmanentistas podría hacerse una
A. válida, oponiéndola a la tradicional, que calificaban de extrinsecista, historicista
e intelectualística. Para hacer una A. actual -pensaban- hay que partir del estudio
inmanente del hombre, que tanto dice con la filosofía y mentalidad actuales.
Cultivó el método de inmanencia sobre todo Maurice Blondel (1861-1949),
arguyendo las realidades internas y subjetivas del hombre a la Revelación y al
auxilio sobrenaturales de la religión, aunque admite la inconmensurabilidad de lo
sobrenatural con lo natural. Defendió también la postura blondeliana L.
Laberthonniére, alegando que esta actividad interna del hombre está de hecho
sometida al influjo sobrenatural de la gracia.
Apelar a las necesidades de la naturaleza humana, que cada hombre puede
descubrir en su interior, y a sus aspiraciones legítimas, íntimas y fuertes, puede
alcanzar un valor psicológico muy grande para disponer la mente y el corazón a la
perfección moral y al estudio de la religión. También puede ser una buena
confirmación de los criterios objetivos y extrínsecos de la Revelación y de los
métodos racionales apologéticos que antes hemos mencionado.
Al descubrir una indigencia interna de luz y de auxilio, fácilmente se ve la
conveniencia de la Revelación sobrenatural para el hombre, que le ilumine, y de la
gracia, que le auxilie. Del conjunto de las aspiraciones humanas y del estudio
objetivo de la naturaleza del hombre puede llegarse a una conclusión científica
acerca de las auténticas y permanentes necesidades religiosas de la naturaleza
humana; y puede mostrarse cómo sólo el catolicismo las satisface plenamente. De
ello puede deducirse que el catolicismo ha de tener origen divino. Pero sería
excesivo concluir de ahí la necesidad absoluta de la Revelación y de la gracia.
Tratándose de revelación y de gracia sobrenaturales no se puede concluir que
sean absolutamente necesarias y exigibles por parte del hombre, porque entonces
dejarían de ser gratuitas y sobrenaturales.
Hay que completar el estudio de las aspiraciones del hombre que realiza el
método de la inmanencia, con la demostración del hecho de la revelación divina,
pero esto no puede obtenerse con los solos criterios subjetivos inmanentistas, de
los que únicamente se deduce directamente la conveniencia de esta Revelación,
pero no su necesidad y efectividad.
Tampoco se deduciría indirectamente por medio del raciocinio, porque de las
tendencias naturales no se puede postular la necesidad o el hecho de auxilios
sobrenaturales; mucho menos si esta revelación tiene misterios. Además, las
tendencias y apetencias subjetivas se presentan, con indeterminación y
variabilidad respecto de los individuos, según su formación, su edad, las
costumbres adquiridas, etc., y lo que a uno le parece bien y necesario, otro no lo
estima tal. De ahí que difícilmente, por este solo camino de la inmanencia, se
puede llegar a conclusiones ciertas y válidas para todos los espíritus. S. Pío X, en
su encíclica Pascendi, se lamentó de que hubiera católicos que, aunque no
admitieran el inmanentismo, usaran incautamente la doctrina inmanentista para la
A., de modo que parecían admitir en la naturaleza humana, no sólo capacidad y
conveniencia para el orden sobrenatural, sino también verdadera exigencia del
mismo (Denz. 2103).
7. Certeza que se obtiene con la Apologética
La sola mención de los caminos que sigue la A. en sus demostraciones, propios
de las ciencias filosóficas e históricas, indica la clase de certeza que se puede
alcanzar en A. No es una certeza matemática, porque no se trata de ciencias
exactas. Se trata de presupuestos filosóficos que no vienen mensurados con
módulos matemáticos, sino con otras formas del pensar; y, en ocasiones, puede
más la visión del buen sentido común para penetrarlos, que la hipercrítica de la
inteligencia. Si estas verdades filosóficas, que utiliza la A., alcanzan el orden de la
certeza metafísica, se excluye absolutamente el error, por ir fundadas en el
principio de contradicción; las otras verdades que vienen en consideración para el
proceso apologético, apoyadas en el testimonio humano, alcanzarán de suyo una
certeza moral, mediante la cual, el entendimiento podrá adherirse a las
conclusiones apologéticas con firmeza intelectual y sin temor de equivocarse. Es
más, esta certeza, de suyo moral, puede llegar a ser reductivamente metafísica o
absoluta, si se presenta al entendimiento todo el conjunto de pruebas
apologéticas. Porque es tal entonces el cúmulo de razones que convergen
constantemente para mostrar la credibilidad (histórica, moral y dogmática) de la
religión cristiana y católica, que repugna absolutamente el error. Es fácil recoger
esta sobreabundancia de pruebas e indicios, por ejemplo, en lo tocante a la
existencia histórica de Jesucristo (cfr. M. Nicolau, De revelatione, n. 363-382),
para llegar a la certeza metafísica de su existencia (aunque esta verdad histórica
alcance de suyo la certeza moral); pero creemos que parecida certeza
reductivamente metafísica se alcanza con el detenido y concienzudo examen de
todo el conjunto de pruebas que proponen los tratados más completos de A. Algo
semejante pretendía decir Newman acerca de los motivos para aceptar la religión
revelada, cuando en su Grammar of assent trataba de la convergencia de indicios
o probabilidades, cuyo conjunto (por el principio de razón suficiente) producía la
certeza.
Sin embargo, ni la certeza reductivamente metafísica, ni la certeza moral de que
hablamos, son certezas que fuercen el entendimiento a asentir, o que se
impongan con una evidencia necesitarte, como la de los primeros principios o la
de las verdades matemáticas sencillas. Por eso hay lugar a la certeza libre,
determinada por el influjo de la libertad. Y es claro que la afección grata o ingrata
con que se presenta la fe al individuo, así como los valores que en ella descubra,
podrán ser motivos poderosos para determinar o frenar su piadoso «afecto de
credulidad» (conc. II de Orange, a. 529: Denz. Sch. 375). Puede haber muchas
clases de dificultades para llegar a la certeza que se busca. Como se expresaba
Pío XII en la ene. Humani generis (1950), «la mente humana puede a veces
padecer sus dificultades aun para formarse el juicio cierto de credibilidad acerca
de la fe católica, por más que hayan sido dispuestos por Dios tantos y tan
maravillosos signos externos, mediante los cuales aun con la sola luz de la razón
natural puede probarse con certeza el origen divino de la religión cristiana. Porque
el hombre, bien llevado por prejuicios, bien instigado por pasiones y mala
voluntad, puede rechazar y resistir, no solamente a la evidencia de las señales
externas, que está patente, sino también a las inspiraciones superiores que Dios
infunde en nuestras almas» (Denz. Sch. 3875).
Comúnmente se piensa por los autores católicos que el entendimiento humano
puede con la sola luz natural conocer la verdad de los motivos de credibilidad,
como decía Pío XII en la citada encíclica. Tiene el entendimiento del hombre
potencia física para ello, porque para ver esta verdad basta aplicar el
entendimiento a los argumentos que presenta la A. o utilizar la luz objetiva de
estas razones. Por esto, no hace falta de suyo una luz sobrenatural en el sujeto, o
gracia de Dios, para poder físicamente conocer estos motivos y llegar, por tanto, a
los juicios de credibilidad y de credentidad. Los protestantes conservadores, sin
embargo, afirmaban la necesidad de una luz interior para conocer como divina la
externa proposición de la revelación por medio de la Escritura (cfr. Coll. Lac. 7,
528; Calvino, Instit. Christ. Relig. lib. 1, c. 6-7). Los autores católicos Gormaz y
Ulloa (ca. 1700) defendían la necesidad de esta luz sobrenatural interna; y
recientemente P. Rousselot, afirmando que no se ve el valor objetivo de los
motivos de credibilidad, aunque en sí lo tengan, si no es con la luz de la fe («les
yeux de la foi»). Los documentos de la Iglesia, sin embargo (Pío IX, Qui pluribus,
a. 1846: Denz. Sch. 2778-2780; conc. Vaticano I: ib., 3009; Juram. Antimodern, ib.,
3537 ss.; Pío XII, Hum. Generes, ib. 3875), y las proposiciones que tuvo que
suscribir Bautain en 1840 (ib., 27522756) indican que tal luz interior sobrenatural
no es necesaria de suyo. Pero lo que no es físicamente necesario (porque, en el
caso presente, para conocer el valor de los motivos de credibilidad basta tener
expedito el entendimiento y aplicarlo) puede ser moralmente necesario para
muchos individuos; esto es, puede haber tanta dificultad que, según un juicio
prudente formado a la vista de la psicología humana y de la historia, se puede
afirmar que muchos no llegarán a formularse con certeza tal juicio sin la gracia
interna de Dios: unos por sus prejuicios filosóficos inveterados; otros por la
incapacidad del pensar filosófico e histórico, con excesiva vida imaginativa y poco
sosiego intelectual; otros por sus pecados y vicios, etc. Se admite por el común de
los teólogos que, aunque los auxilios de la gracia no sean físicamente necesarios,
en orden a formarse el individuo el juicio de credibilidad, de hecho, sin embargo, el
último juicio de credibilidad y el último de credentidad se realizan con estos
auxilios sobrenaturales; ya que estos juicios determinan próximamente el acto de
fe, que es sobrenatural, y conviene que aquéllos estén en el mismo orden que
éstos. Pero, no sólo estos últimos juicios, también los juicios remotos que
disponen a ellos pueden considerarse como realizados con frecuencia de hecho
con los «internos auxilios del Espíritu Santo», de que habla el Vaticano I cuando
explica el «obsequio razonable» de nuestra fe (Denz. Sch. 3009).
___________
Referencia
*Nuestro más profundo sentido de gratitud a la Gran Enciclopedia
Rialp (Ediciones Rialp), 1991 por este excelente artículo.
___________
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1935; M. PELLEGRINO, Studi sulPantica apologetica, Roma 1947. En torno a los
Congresos apologéticos celebrados en España Actas del Congreso internacional
de Apologética celebrado en Vich (1910, centenario del nacimiento de Balmes),
imp. 1911; I Centenario de la muerte de Balmes (1848-1948). Congreso
internacional de Apologética, Vich 1949. Acerca de las revistas apologéticas
mencionaremos las extinguidas Rev. Apologétique y Rev. pratique d'Apologétique,
condicionadas por la mentalidad de sus tiempos. En Espafía F. SARDÁ Y
SALVANY desempeñó gran función apologética con su Propaganda católica, 12
vol., Barcelona 1907-14.
[8]
¨QUE ES LA APOLOGETICA?
(Tirado del folleto E.V.C. #343, 8a edici¢n 1991)
Es tal la ignorancia religiosa que ha originado en
M‚xico la malhadada escuela laica, que muy pocos, contados
podemos decir, son los cat¢licos que tienen de su Religi¢n
un conocimiento correcto, pues el que de ella tiene la
inmensa mayor¡a es tan superficial y no pocas veces hasta
tan equivocado, que su religi¢n resulta una rid¡cula
caricatura del Catolicismo.
Y si no conocen bien las doctrinas de la Religi¢n
Cat¢lica, mucho menos conocer n sus fundamentos, ni la
demostraci¢n de la verdad de ellas, ni siquiera les pasa
por la imaginaci¢n que tal demostraci¢n pueda existir. A£n
siendo personas cultas en ciencias profanas, generalmente
no tienen la m s remota idea de que pueda demostrarse la
Religi¢n, pues mal entendiendo la frase "la fe debe ser
ciega", con la que se significa que la fe debe ser
completa, firme, absoluta, creen que trat ndose de
Religi¢n no cabe demostraci¢n, de sentido, que simplemente
se cree o no se cree lo que ella ense¤a.
[...]
Algunos errores en Religi¢n que suelen ser comunes
entre los cat¢licos.
* El catolicismo impone sus dogmas a la fuerza.
* La ciencia y la Religi¢n son incompatibles.
* La Religi¢n no puede ser cient¡fica. [...]
* La infalibilidad del Papa consiste en que nunca puede
pecar.
* Todas las religiones son buenas.
* Hay algunas sectas protestantes casi iguales al
Catolicismo.
* Los que se llaman "evang‚licos" no son protestantes.
[...]
* Puede serse cat¢lico y mas¢n, o te¢sofo, o impersonal,
o espiritualista.
* Jesucristo fue el primer comunista.
* Es mejor creyente el qu es m s cr‚dulo.
[...].
Vamos a refutar de estos errores los que tienen mayor
relaci¢n con el tema de que trata este Folleto.
Comencemos por el listado en primer lugar, demostrando
que....
El Catolicismo no impone sus
dogmas a la fuerza.
Gracias a la ignorancia religiosa tan general en
M‚xico [o en cualquier pa¡s], los enemigos del Catolicismo
hacen aceptar a no pocas personas la idea de que el
Catolicismo impone sus dogmas a la fuerza y como el
hombre, que es un ser racional, se resiste CON PLENA RAZON
a aceptar imposiciones arbitrarias, esta idea esclavizante
contribuye con no poca frecuencia a apartarnos de su
Religi¢n.
Afirman los enemigos del Catolicismo que la Iglesia
impone sus dogmas a la fuerza, porque dice a los fieles
que si no aceptan sus ense¤anzas ir n al infierno y
efectivamente as¡ es, pero al decir esto no est dando las
razones que hay para creer en dichas ense¤anzas, sino
simplemente constata el hecho de que quien niega las
doctrinas cat¢licas, ser condenado al infierno, lo que no
quiere decir que no existan y hasta en superabundancia las
razones para creer en ellas.
Quien conoce bien el Catolicismo sabe que ‚l no impone
nada a la fuerza, puesto que nos da la raz¢n de todo
cuanto ense¤a, imponer algo es exigirlo sin ninguna clase
de explicaciones, pero cuando se explica el por qu‚ de
ello no hay imposici¢n.
Para hacer ver esto con claridad valg monos de un
ejemplo:
Prohibe un padre a su hija que se case con determinado
sujeto. Si se limita a decirle: "No te casas con ‚l porque
yo te lo prohibo", ciertamente que le est imponiendo su
voluntad a la fuerza; pero si el padre le dice v.g.:
"hija, no debes casarte con este individuo por muchas
razones; desde luego t£ tienes 19 a¤os y ‚l ya tiene 50,
lo que ser causa de que pronto sus gustos no concuerden,
mientras t£ estar s todav¡a deseando las diversiones, ‚l
ya no tendr voluntad alguna para divertirse; adem s, a ‚l
no le gusta trabajar y como no tiene ning£n capital, no
podr sostenerte y lo que es todav¡a peor, mucho peor, se
ha divorciado de una mujer con la que est casado por la
Iglesia y con la que tiene 5 hijos; t£, por lo tanto, no
puedes casarte debidamente con ‚l, tan s¢lo podr¡as
casarte por lo civil, casamiento que es NULO entre
bautizados, por lo que vivir s con ‚l en estado de
adulterio, que es mucho peor que el de amasiato; no
podr s, por supuesto, acercarte a recibir la Sagrada
Comuni¢n, pues no encontrar s ning£n Sacerdote que te d‚
la absoluci¢n; si te casas con ‚l ser s muy desgraciada".
Si el padre habla a su hija en esta forma, s¢lo un
menguado podr decir que les est imponiendo su voluntad.
Pues de igual manera el Catolicismo no impone sus
dogmas a la fuerza porque no se limita a decir al fiel:
"Si no crees ‚sto te vas al infierno", sino que le da las
razones por las que debe creer en ello, le da las pruebas
de la verdad de lo que tiene que aceptar, y el conjunto de
estas razones y de estas pruebas forma precisamente una
Ciencia que se llama la *Apoleg‚tica*.
Parecer¡a que con lo dicho ser¡a bastante para
entender lo que es la Apolog‚tica, pero como la
experiencia ha descubierto cu n dif¡cil es que entiendan
lo que es esta Ciencia, aquellos cuya inteligencia en
cuesti¢n de Religi¢n ha sido atrofiada por la escuela
laica, vamos a presentar algunas definiciones de ella con
la experanza de que ayuden a entenderla.
Los autores de Apolog‚tica m s conocidos en M‚xico la
definen en estos t‚rminos:
Apolog‚tica es la Ciencia que demuestra la
credibilidad de la Relgi¢n Cat¢lica. [No citamos los
autores notados en el original].
La Apolog‚tica es la Ciencia que establece los
fundamentos o pre mbulos de la fe, demostrando que es
perfectamente racional, leg¡timo e indispensable el creer.
La Apolog‚tica es la justificaci¢n y la defensa de la
fe cat¢lica.
[...]: la Apolog‚tica es la Ciencia de la
justificaci¢n de los t¡tulos de la Iglesia Cat¢lica a
ense¤ar y a dirigir las almas.
Bien podemos decir que la Apolog‚tica es la Ciencia de
los porqu‚s en cuesti¢n de Religi¢n, pues ella contesta
todos los porqu‚s que se han hecho, que se hacen o que se
har n al Catolicismo. Ella da raz¢n de todo cuanto ‚ste
ense¤a.
La palabra *Apolog‚tica* viene de apolog¡a que quiere
decir defensa. La Apolog‚tica pues, es la Ciencia de la
defensa RACIONAL de la Religi¢n Cat¢lica. Decimos racional
porque la defiende de acuerdo con la raz¢n, no con el
sentimiento, ni con la intuici¢n, que no son facultades
para descubrir la verdad, como falsamente lo pretenden los
impersonales y los te¢sofos, sino con la raz¢n, que es la
facultad que permite al hombre, que es un ser racional,
reflexionando, descubrir la verdad. As¡ pues, podemos
definirla as¡:
La apolog‚tica es la Ciencia que defiende la Religi¢n
cat¢lica DEMOSTRANDO: Äsus fundamentos cient¡ficos, Äla
verdad de sus doctrinas y Äla falsedad de los ataques de
sus enemigos.
El campo de la Apolog‚tica.
He aqu¡ los principales temas que trata la Apolog‚tica:
* Demuestra la existencia de Dios REMUNERADOR.
* Demuestra la necesidad de la Religi¢n.
* Demuestra la necesidad de la Religi¢n verdadera.
* Establece de acuerdo con la raz¢n, las cualidades que
debe tener la Religi¢n verdadera.
* Prueba la falsedad de las religiones falsas poniendo en
evidencia que no tienen ninguna de dichas cualidades.
* Prueba que el Catolicismo es la Religi¢n Verdadera,
haciendo ver que ‚l s¡ tiene todas estas cualidades.
* Nos da a conocer los fundamentos cient¡ficos de la
Religi¢n Cat¢lica.
* Demuestra la verdad de todas las ense¤anzas del
Catolicismo.
* Refuta las objeciones que al Catolicismo y a la Iglesia
hacen sus enemigos.
* Nos da a conocer la excelencia del Catolicismo sobre
las dem s religiones y en fin:
* Nos da a conocer las requezas inestimables que ‚l nos
proporciona.
[...]
Y no queremos terminar este art¡culo sin llamar la
atenci¢n a que muchas veces la mejor manera de defender
nuestra Religi¢n, contra los ataques de sus enemigos, es
el exponer claramente sus doctrinas, pues frecuentemente
estos ataques se deben a un conocimiento equivocado de lo
que ella ense¤a, equivocaciones a las que suelen aferrarse
tanto sus enemigos, que presenta grandes dificultades
hacerles aceptar que la Iglesia ense¤a lo que realmente
ense¤a, ejemplo entre tantos otros la frase "fuera de la
Iglesia no hay salvaci¢n", que mal interpretada por los
ignorantes, realmente es condenada por la raz¢n como
injusta, pero que bien interpretada no puede ser m s
l¢gica ni m s leg¡tima. Otro ejemplo la pretendida
adoraci¢n de las im genes tan tra¡da y llevada por los
protestantes, los que por ning£n motivo quieren aceptar la
diferencia que hay entre adorar y venerar, as¡ como que
los cat¢licos adoramos s¢lo a Dios y veneramos las
im genes que lo representan, as¡ como las de la Virgen y
los Santos.
Excelencia de la Apolog‚tica
Cualquiera persona que entienda lo que es la
Apolog‚tica, por poco que reflexione en ello, se dar
cuenta de la importancia tan grande, tan capital, que
tiene para el cristiano conocer esta maravillosa Ciencia,
pues el hombre que es un ser esencialmente racional se
debe a s¡ mismo, a su naturaleza, a su dignidad, a su
objeto, la obligaci¢n de no aceptar sino aquello que es
verdadero y para saber que lo es, necesita conocer las
PRUEBAS completas de su verdad.
Es contra la dignidad del hombre, insistimos,
adherirse a una idea sin antes haber evidenciado su
verdad, pues la esencia de un ser racional es discurrir,
reflexionar, juzgar, distinguir entre lo verdadero y lo
falso, de igual modo que la de un ser irracional es el no
juzgar.
La Apolog‚tica, al presentarnos las pruebas de la
verdad de nuestra Religi¢n, las pruebas de que ella es la
£nica Religi¢n Verdadera, nos lleva a profesarla por
CONVENCIMIENTO, a no ser simplemente de esos cat¢licos
sentimentales que conservan su Religi¢n por rutina, porque
en esa Religi¢n nacieron, o porque es la Religi¢n de sus
padres, lo que f cilmente se ve no es una buena raz¢n para
conservarse cat¢licos, pues entonces habr¡a que aceptar
que los hijos de los protestantes deber¡an seguir siendo
protestantes; los de los paganos, paganos; los de herejes
herejes; si sus padres as¡ lo fueron.
La excelencia de la Apolog‚tica consiste, pues, en
llevarnos a ser cat¢licos por convicci¢n, a profesar
TRIUNFALMENTE nuestra Religi¢n, por estar plenamente
convencidos de que el Catolicismo es la Religi¢n
Verdadera, de que es la RELIGION DE DIOS.
N.-S. Jesucristo Primer Apologista
Y que nadie piense que es contra lo que ense¤a nuestra
Santa Religi¢n, afirmar, como aqu¡ lo hacemos, que es el
revesamiento total de la inteligencia del hombre adherirse
ciegamente a algo, peor a£n, a lo incomprensible, como son
los misterios del Catolicismo, sin antes haber evidenciado
su realidad, pues nuestra Religi¢n es esencialmente
racional, y siempre lo ha sido, desde su nacimiento, ya
que Nuestro Se¤or Jesucristo fue el primer apologista,
pues nada ense¤aba sin presentar las pruebas de su verdad,
sus motivos de credibilidad.
En efecto: si al leer los Evangelios nos vamos fijando
en ello, descubrimos c¢mo Nuestro Se¤or Jesucristo
presentaba, y en superabundancia, las pruebas necesarias
para que fueran aceptadas sus doctrinas.
As¡, como prueba de que El es el Mes¡as, y por lo
tanto de su autoridad para ense¤ar, unas veces da el
cumplimiento en El de las Profec¡as Mesi nicas: Las
Escrituras que acab is de o¡r hoy se han cumplido: (Lc IV,
19, 21; Mt XXVI, 54, 56); otras veces los milagros que
hac¡a: Las obras que Yo hago, dan testimonio en mi favor,
de que me ha enviado el Padre (Jn V, 36); otras veces, en
fin, la Santidad de su vida: ¨Qu¡en de vosotros me
convencer de pecado? pues si os digo la verdad ¨por qu‚
no me cre‚is? (Jn VII, 46).
Para probar que tiene el poder de perdonar los
pecados, cura al paral¡tico (Mt IX, 2 y ss); para
establecer su Presencia Real en la Sagrada Eucarist¡a da
como prueba de su poder divino, su pr¢xima ascensi¢n a los
Cielos: ¨Pues qu‚ ser si viereis al Hijo del Hombre subir
a donde antes estaba? (Jn VI, 63).
Y no p¢cas veces las pruebas anteceden a la Doctrina.
El primero presenta las pruebas y deja que sus Ap¢stoles,
que sus disc¡pulos, raciocinando deduzcan de ellas la
doctrina que quiere establecer.
Un ejemplo entre otros de esto y por cierto
precios¡simo, lo tenemos en aquella ocasi¢n en que San
Juan Bautista, queriendo orillar a Nuestro Se¤or
Jesucristo a que de una vez se proclamara como el Mes¡as
esperado, manda a dos de sus disc¡pulos a preguntarle
"¨Eres t£ el Mes¡as que ha de venir, o debemos esperar a
otro?" pregunta a la que Nuestro Se¤or Jesucristo no dio
contestaci¢n directa, sino que haciendo muchos milagros
ante ellos prob¢ que era el Mes¡as esperado dici‚ndoles
despu‚s: Id y contad a Juan lo que hab‚is o¡do y visto;
los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan
limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se
anuncia el Evangelio a los pobres (Mt XI, 3-6), dando as¡
primero las pruebas y dejando que San Juan deduzca de
ellas la doctrina.
Y todos los Ap¢stoles siguiendo el ejemplo de Nuestro
Se¤or Jesucristo, presentan racionalmente la Religi¢n
Cristiana y quieren que los fieles la profesen por
convicci¢n, as¡ el Ap¢stol San Pedro los exhorta: "estad
prontos siempre a dar satisfacci¢n a cualquiera que os
pida raz¢n de la esperanza o religi¢n en que viv¡s" (1
Pedro III, 15).
Necesidad de la Apolog‚tica.
Vemos pues que desde los tiempos Apost¢licos se
impon¡a la necesidad de la Apolog‚tica no solamente para
defender la Religi¢n, sino para que fuera aceptada
racionalmente su Doctrina, y as¡ ha sido a trav‚s de todos
los siglos que ha recorrido triunfante la Iglesia de
Cristo, habiendo producido sin cesar en todas las ‚pocas,
notables fil¢sofos, sabios insignes, y Santos admirables
que han sido sus gloriosos apologistas.
Y todav¡a en M‚xico, [y tambi‚n en los EE-UU] en la
‚poca actual es m s necesario, indispensable, el estudio
de la Apolog‚tica, porque la esuela laica al mismo tiempo
que ignorantes en Religi¢n, produce mentes rebeldes que no
admiten sumisi¢n sino para lo que va de acuerdo con su
torcida raz¢n.
En efecto: la escuela laica no toma como base para
formar a los alumnos, como deber¡a ser, tanto la Religi¢n
como las ciencias Matem ticas, sino solamente ‚stas.
Apenas la raz¢n del ni¤o es capaz de comprenderla, se le
ense¤a la Aritm‚tica razonada, despu‚s las Matem ticas,
que demuestran todo cu nto ense¤an y se lleva as¡ al
alumno a despreciar el principio de autoridad, a ver como
degradante, como absurdo, aceptar una proposici¢n por el
testimonio de otro, aunque ‚ste sea el hombre m s sabio
del mundo. No concibe as¡ el educado en la escuela laica
que nadie que se respete a s¡ mismo, que respete su propia
dignidad, pueda aceptar como cierta, por ejemplo, la
f¢rmula del binomio de Newton simplemente porque as¡ la
ense¤¢ este gran sabio, pues requiere, para aceptarla, la
demostraci¢n de su verdad.
Formadas as¡ las mentalidades, ignorantes por completo
de la existencia de la Ciencia de la Apolog‚tica,
naturalmente rechazan la Religi¢n que ven como una
imposici¢n arbitraria, pues la juzgan indemostrable.
Y esta es indudablemente, si no la £nica, s¡ una de
las causas principales por las que en M‚xico los hombres
son menos religiosos que las mujeres, pues ‚stas no son, o
al menos no lo eran antes, formadas a base de Matem ticas.
Pero con demasiada frecuencia desgraciadamente podemos
constatar cu ntas de ellas pierdan la fe cuando siguen los
estudios universitarios.
Y a¤ dase a ‚sto la propaganda her‚tica de todas
clases que actualmente est en auge en toda la Rep£blica,
que nos llega con tan variados como enga¤osos nombres,
tales como:
Älos "evang‚licos" nombre con que se disfrazan los
protestantes Äla Iglesia de Dios, ÄLos Rosa Cruces, ÄLa
Vida Impersonal, ÄLa Ciencia Cristiana, ÄLos Testigos de
Jehov , Äel Espiritualismo, Äla Ciencia del Ser, Äla
Sociedad Altruista de los amigos del hombre, la Sociedad
Cultural Navarte, Äel Existencialismo, etc., etc., que no
pocas veces se nos presentan pretendiendo, con toda
falsedad, estar de acuerdo con la raz¢n y se ver
claramente por qu‚ hay cat¢licos que desertan de su
Religi¢n y la necesidad que hay, para evitarlo, de que no
solamente conozcan su doctrina, sino las pruebas de la
verdad de ella, es decir, de la Apolog‚tica.
Y nada como la Apolog‚tica dignifica al cristiano,
pues ella lo ense¤a a ejercitar la raz¢n, a reflexionar, a
distinguir entre lo que debe y lo que no debe aceptar como
cierto, en cualquier rama del saber humano y especialmente
en cuesti¢n de Religi¢n. Ella lo aparta de creer en tantos
falsos prodigios, en tantas falsas apariciones, en tantas
revelaciones privadas y tantas supersticiones como
propagan los que, ignorantes en esta Ciencia, creen que
para ser creyente, hay que ser cr‚dulo, que es mejor
creyente el que es m s cr‚dulo, el que acepta con m s
facilidad, sin ninguna prueba cient¡fica, las fantas¡as,
llam‚smoslas as¡, que propagan con un celo digno de mejor
causa, las personas cr‚dulas y a las que se aferran m s
firmemente y dan mayor importancia que a los maravillosos
y cient¡ficamente comprobados milagros de Nuestro Se¤or
Jesucristo y a los sagrados dogmas de nuestra santa
Religi¢n.
El cat¢lico instru¡do en Apolog‚tica es creyente, no
cr‚dulo. [...]
Tres ejemplos de c¢mo refuta la Apolog‚tica
los ataques de sus enemigos
No queremos terminar este Folleto sin presentar
algunos ejemplos de c¢mo refuta la Apolog‚tica los ataques
de sus enemigos. En las p ginas anteriores ya refutamos la
idea equivocada de que el Catolicismo impone sus dogmas a
la fuerza. Vamos ahora a refutar los 3 errores siguentes:
--Yo no admito el Catolicismo a causa de sus misterios.
--La Ciencia y la Religi¢n son incompatibles.
--Yo no acepto la Infalibilidad del Papa.
Yo no admito el Catolicismo
a causa de sus misterios
Una de las razones, mejor dir¡amos, pretextos, que
alegan los que han sido formados en la escuela laica para
haberse apartado del Catolicismo, es que ‚ste contiene
misterios que son incomprensibles para el hombre y que su
raz¢n se resiste a aceptar lo que no comprende.
F cil es ver cu n inconscientes est n ‚stos tales
acerca de sus conocimientios cient¡ficos, pues ¨qu‚ acaso
en las ciencias profanas no hay tambi‚n misterios? Si
pusieran en ello su atenci¢n encontrar¡an que hay
misterios en cuanto nos rodea. Constatan los hombres de
ciencia los fen¢menos, establecen las leyes que los rigen,
y las aprovechan en la pr ctica, pero todos los m s
eminentes de ellos sean f¡sicos, qu¡micos, ge¢logos, etc.,
proclaman un nimemente que ignoran el "por qu‚ explicador"
de los fen¢menos constatados.
¨Cu l es la causa de que a cado grupo de tomos
correspondan tales o cuales propiedades y tales o cuales a
otros? ¨Cu les son las causas de la inercia de la materia
inanimada y de los variados movimientos de la viviente?
Todo eso es un misterio, as¡ como lo es ¨qu‚ es el tiempo?
¨qu‚ es el sue¤o? ¨d¢nde termina el espacio?
Y encontramos el misterio a£n en donde menos era de
esperar encontrarlo: hasta en las Matem ticas! Misterios
son las ra¡ces imaginarias; misterio es que sea imposible
encontrar la raz¢n exacta entre la circunferencia y el
di metro, o dicho de otro modo, la cuadratura del c¡rculo;
misterio es por qu‚ la no supresi¢n oportuna de un factor
com£n al resolver una ecuaci¢n puede llevarnos a un
absurdo, misterio es la ra¡z cuadrada de una cantidad
negativa.
Y n¢tese que mientras en el orden profano se embota la
raz¢n al encontrarse con uno de estos misterios, los del
Catolicismo, por el contrario, como el de la Sant¡sima
Trinidad, el de la Encarnaci¢n, el de la Redenci¢n, y el
de la Sagrada Eucarist¡a, son LUZ PARA NUESTRA RAZON, pues
ellos, que no son sino sombras para un pobre ne¢fito
recientemente bautizado, o para el cat¢lico ignorante
formado en la escuela laica, son susceptibles de ACLARARSE
A NUESTROS OJOS CON RAYOS DE LUZ QUE NOS DESLUMBRAN SI
SABEMOS ESTUDIARLOS SOBRIA Y PIADOSAMENTE, seg£n nos dice
S. S. el Papa Le¢n XIII en la Constituci¢n "Dei Filius",
hasta llegar a deslumbrar los ojos intelectuales de un
Santo Tom s de Aquino, de un Bossuet y de todas las almas
contemplativas.
La Ciencia y la Religi¢n
no son incompatibles.
Los enemigos de la Religi¢n formados en la escuela
laica, la combaten tambi‚n bajo el punto de vista
cient¡fico, afirmando como Ren n que la Ciencia y la
Religi¢n son incompatibles.
Est n completamente equivocados: no puede haber
incompatibilidad entre la Ciencia profana y la Religi¢n
porque ambas ejercitan sus actividades en dos campos
diferentes: aqu‚lla en el material, ‚sta en el espiritual.
Pero hay todav¡a m s: los que piensan como venimos
diciendo, ignoran que la Doctrina Cat¢lica misma es una
Ciencia, pues como se establece en el Folleto E.V.C. No.
15, "¨Es la Doctrina Cat¢lica una Ciencia?", ella tiene
por fundamento tres principios evidentes, tres verdades
racionales, a saber:
*la existencia de Dios REMUNERADOR;
*la Divinidad de Cristo y
*la Autoridad Divina de la Iglesia,
que l¢gicamente se deducen de hechos cient¡ficamente
ciertos, y de estas 3 verdades l¢gicamente se desprende
toda la maravillosa Doctrina Cat¢lica que, como toda
verdadera Ciencia, tiene fines y aplicaciones pr cticos,
siendo los de la Doctrina Cat¢lica los m s maravillosos de
todos: la salvaci¢n del g‚nero humano.
Con cu nta raz¢n Santo Tom s de Aquino, en el mero
principio de su maravillosa Suma Teol¢gica, discute la
Doctrina Cat¢lica bajo el punto de vista cient¡fico y
llega a esta conclusi¢n irrefutable:
"La Doctrina Sagrada es Ciencia que dimana de los
principios de la Ciencia Superior que £nicamente pertenece
a Dios y a los bienaventurados. --La Ciencia Sagrada es
absolutamente la m s noble de todas las ciencias. Como
especulativa sobrepuja en mucho a todas las especulativas
y como pr ctica sobrepasa del mismo modo a las pr ctics".
NOTA: De los 432 sabios de primera l¡nea que vio florecer
el siglo XIX, m s de la mitad eran cat¢licos y tan s¢lo 16
eran incr‚dulos. (Foll. E.V.C. 23, p g. 24).
Yo no acepto la Infalibilidad del Papa
Una de las principales ideas con que procuran los
enemigos de la Religi¢n Cat¢lica alejar de ella a los
fieles ignorantes, es presentarles como falso el dogma de
la Infalibilidad del Papa, dici‚ndoles que es de humanos
errar y que siendo el Papa humano, forzosamente tiene que
errar.
Los hacen creer que esta infalibilidad consiste en que
el Papa nunca puede pecar, en que nunca puede equivocarse
cuando da su opini¢n sobre cualquiera cosa que sea.
Esto es un enga¤o miserable. Desde luego la
Infalibilidad no es lo mismo que la impecabilidad. El Papa
puede pecar como cualquiera otro hombre y de cierto ha
habido Papas, muy pocos por cierto, que no han llevado una
vida tan santa como la que al Papa corresponde.
Y el Papa puede equivocarse como cualquier hombre
sabio hablando de cosas profanas, de ciencia, de arte,
pues su infalibilidad consiste simplemente en que, por una
asistencia muy especial del Esp¡ritu Santo, no puede errar
cuando: 1. Ädefine alguna doctrina religiosa; 2. Ähablando
como Sucesor de San Pedro; 3. Ädirigi‚ndose a todo el
pueblo cristiano y 4. Ähaciendo notar que la verdad
definida forma parte de la Revelaci¢n y que por los tanto
quien no la acepta queda excomulgado.
A los o¡dos protestantes sonar m s claro decir que la
Infalibilidad del Papa consiste en que no puede
equivocarse al interpretar la Biblia. Eso es todo.
El dogma de la Infalibilidad del Papa se funda, como
en el Folleto E.V.C. No. 72 claramente se explica, en las
propias palabras de Nuestro Se¤or Jesucristo que promete a
sus Ap¢stoles estar con ellos hasta la consumaci¢n de los
siglos (Mt. XXVIII, 20) y que les dice: "Quien a vosotros
oye a M¡ oye" (Lucas X, 16); si el Papa, que es la
autoridad m xima de la Religi¢n de Cristo, se equivocara
¨podr¡amos acaso o¡r en ‚l la voz de Cristo?
Y decimos que el Papa no se equivoca por una
asistencia muy especial del Esp¡ritu Santo, por una
asistencia, es decir, no creemos que el Esp¡ritu Santo le
revele doctrinas nuevas, ni siquiera que lo *inspire*,
sino simplemente que lo *asiste*.
Cu n racional y s¢lida aparece ante nuestra
inteligencia la Doctrina Cat¢lica sobre la Infalibilidad
del Papa cuando la comparamos con los absurdos tan grandes
en que incurren los que no aceptan su Infalibilidad, para
venir a aceptar la de un pastor protestante al interpretar
la Biblia y peor, para aceptar como Revelaci¢n Divina,
nada menos que del Esp¡ritu Santo lo que dice cualquier
mujer leguleya, falta de ilustraci¢n y hasta de mala
conducta, como lo aceptan los espiritualistas; o las
revelaciones de los pretendidos Mahatmas como lo aceptan
los te¢sofos, o del an¢nimo autor de la Vida Impersonal.
Muchos creen que la Infalibilidad del Papa consiste en
que cualquier d¡a, sin m s refexi¢n, sin ning£n estudio,
sin consultar con nadie, simplemente por intuici¢n, por
una corazonada, hasta por un capricho, se le ocurre
definir cualquier ense¤anza religiosa y la define como
dogma. Para que puedan darse cuenta de cu n equivocados
est n los que piensan as¡, reproducimos a continuaci¢n,
extractadas, las palabras que S.S. el Papa P¡o XII
pronunci¢, el el Consistorio que celebr¢ el d¡a 30 de
octubre de 1951, en el Palacio Vaticano, en la Sala de las
Bendiciones, donde hab¡a convocado a 35 Cardenales y 485
Arzobispos y Obispos para pedirles su consentimiento
acerca de la definici¢n del Dogma de la Asunci¢n de la
Sant¡sima Virgen.
Palabras de S. S. el Papa.
"Comprender‚is bien los motivos por los cuales os
"hemos convocado a este Consistorio sacro:
"Con la seguridad que el Divino Redentor ha transmitido al
"Pr¡ncipe de los Ap¢stoles y a sus Sucesores, tenemos la
"intenci¢n de proclamar y definir que... la Iglesia cree y
"honra lo que a trav‚s de los siglos los Santos Padres,
"Doctores y Te¢logos han sostenido... que la Virgen Mar¡a
"y Madre de Dios subi¢ a la Gloria en alma y cuerpo. (1).
"Antes de tomar esta decisi¢n, cre¡mos oportuno, como
"es sabido, confiar el estudio del caso a los peritos;
"ellos, por orden Nuestra, reunieron todas las peticiones
"que llegaban a la Santa Sede respecto al asunto y las
"examinaron con cuidadosa atenci¢n...
"Con una gran diligencia estudiaron todos los
"testimonios, demostraciones y signos de la Fe com£n de la
"Iglesia acerca de la asunci¢n corp¢rea de la Sant¡sma
"Virgen al cielo....
"Enviamos adem s cartas a todos los Obispos para
"pedirles que nos manifestaran no s¢lo sus propias
"opiniones, sino tambi‚n los pensamientos y deseos del
"Clero y del Pueblo.
"En un admirable y casi un nime coro llegaron a Nos de
"todas partes del mundo, las voces de los Pastores y
"fieles que profesan la misma fe y piden lo mismo como un
"alto deseo de todos. Decidimos entonces que no debe
"permitirse ninguna demora para llegar a la definici¢n del
"dogma...
"Es admirable entonces, que tal verdad firmemente
"cre¡da por los sagrados Pastores y el pueblo, ha sido
"revelada por Dios y puede ser definida por nuestra
"Suprema autoridad.
"No sin la voluntad de la Divina Providencia este
"afortunado suceso coincide con el a¤o Santo que est
"terminando. A todos, especialmente a los que de todas las
"partes del mundo han venido a esta amada Ciudad a
"purificar sus almas... parece que la Sant¡sima Virgen
"Mar¡a... extiende sus manos maternales exhort ndolos a
"ascender con valor... para que ... lleguen a gozar de las
"bendiciones supremas en la tierra celestial..."
__________
Nota (1). Estas palabras de S. S. el Papa nos hacen ver
cu n errados est n los que por ignorancia o mala fe
pretenden que siempre hay cosas nuevas que creer en la
Iglesia que el Papa al definir una verdad "inventa" un
nuevo dogma, pues lo que en realidad hace S. S. el Papa en
estos casos es precisar formalmente una Doctrina que la
Iglesia a trav‚s de los siglos siempre ha cr‚do.
Terminado el discurso, pregunt¢ el Romano Pont¡fice:
"¨Os place Venerables hermanos, que proclamemos
"solemnemente como un dogma revelado por Dios, la Asunci¢n
"corp¢ria al cielo de la Sant¡sima Viergen?"
Uno por uno contestaron los Prelados: "Placet".
"Nos satisface inmensamente, prosigui¢ el Papa, que
"todos, casi con un solo pensamiento y una sola voz,
"est‚is de acuerdo con lo que tambi‚n nos place a Nos,
"porque este admirable consentimiento de Cardenales y
"Obispos con el Pont¡fice Romano demuestra a£n m s
"claramente lo que la Santa Iglesia cree, ense¤a y desea
"sobre este asunto".
Y dos d¡as despu‚s, el d¡a 1ø de noviembre, una
multitud que se calcula en 700,000 personas, que llenaba
la Bas¡lica de San Pedro de Roma, la Plaza de San Pedro y
toda la V¡a de la Consiliazione, pudo o¡r, as¡ como el
mundo entero, gracias a alto parlantes debidamente
colocados y a las Transmisoras de Radio, el discurso de S.
S. el Papa del que reproducimos estas palabras.
"PRONUNCIAMOS, DECLARAMOS Y DEFINIMOS SER DOGMA DE
"REVELACION DIVINA QUE LA INMACULADA MADRE DE DIOS,
"SIEMPRE VIRGEN MARIA, CUMPLIDO EL CURSO DE SU VIDA
"TERRENA, FUE ASUNTA EN CUERPO Y ALMA A LA GLORIA
"CELESTE".
De una manera tan clara las palabras anteriores de S.
S. el Papa, expresan la manera tan racional, tan llena de
respeto a toda la Grey cristiana con que ejercita su
Infalibilidad, que s¢lo quien est‚ cegado por un odio
mortal a la Religi¢n Cat¢lica, s¢lo quien est‚ en su error
obsecado por el mismo diablo, podr , por poca inteligencia
que tenga, no llenarse de admiraci¢n, de azoro, de
estupor, ante semejante prodigio.
Laus tibi Christi
"INSTRUCCION RELIGIOSA Y EUCARISTIA"
(Tirado del folleto E.V.C. #343, 8a edici¢n 1991)
LA RAZON Y LA FE.
El hombre, como los animales, puede darse cuenta de la
realidad de las cosas materiales por medio de los
sentidos: ver, o¡r, gustar, oler y tocar.
El hombre, como el animal, si ve un r¡o sabe que en ‚l
hay agua; si oye el rugido de un le¢n, sabe que hay uno en
las cercan¡as; oliendo distingue, como los animales, una
cosa de otras, sabe por ejemplo, si un trozo de carne est
podrido o sano; por el sentido del gusto distingue la sal
del az£car; por el tacto sabe si una cosa es lisa o
spera, etc., etc., por medio de los sentidos se relaciona
con el mundo exterior.
Pero el hombre se distingue de los animales, porque
est dotado de LA RAZON que es la facultad que le permite,
REFLEXIONANDO sobre cosas que conoce, descubrir otras que
le son desconocidas, que no le son reveladas por los
sentidos, as¡ como dictaminar [juzgar] si alguna
proposici¢n es cierta o falsa.
Ejemplos:
Fue por la raz¢n, que el hombre reflexionando sobre
ciertas cosas que percib¡a por el sentido de la vista,
descubri¢ que la tierra era redonda.
Ve el hombre que el sol gira alrededor de la Tierra
pero, reflexionando, su raz¢n descubri¢ que era ella la
que giraba alrededor de s¡ misma.
Descubre el juez qui‚n es el culpable de un asesinato,
aunque no hay visto al acusado cometerlo, reflexionando
sobre las circunstancias que lo rodearon.
As¡, pues, el hombre reflexionando sobre los efectos,
descubre las causas que los producen, pero no es infalible
pues abundan los casos en que la raz¢n humana falla.
_____________
Nota: "Si alguien dijera que Dios vivo y verdadero,
Creador y Se¤or Nuestro, no puede ser ciertamente conocido
por la luz natural de la Raz¢n, por medio de las cosas que
han sido hechas, sea anatematizado" Concilio Vaticano I,
Sesi¢n 3a. Cap. I.
_____________
QUE ES LA FE
Si hay grande ignorancia sobre lo que es la Raz¢n,
mucho m s hay sobre lo que es la FE.
Podemos distinguir dos clases de Fe: la Fe Natural y
la Fe Sobrenatural o Teol¢gica.
La Fe Natural en sentido general, es creer en la
palabra de otro.
Poco necesitamos reflexionar, para darnos cuenta de la
importancia de la fe natural en la vida del hombre, pues
pocas cosas son las que descubrimos o sabemos por nosotros
mismos, por lo que la inmensa cantidad de conocimientos
que tenemos, se los debemos a la fe natural que tenemos a
nuestro padres, maestros, pr¢jimo, libros, revistas, etc.,
etc.
Esta Fe natural puede ser razonable o no; es
razonable, cuando tenemos motivos bastantes, para estar
ciertos de que el testimonio de otra persona est
respaldado por conocimientos bastantes, que no trata de
enga¤arnos, etc.
Por el contrario no es razonable cuando creemos a la
ligera lo dicho por otra persona que no sabemos ni qui‚n
es, de d¢nde viene, qu‚ intereses la mueven, qu‚
intenciones trae, etc., etc.
La Fe Teol¢gica o sobrenatural, es la adhesi¢n del
intelecto bajo el influjo de la Gracia, a una verdad
revelada no por la raz¢n de su evidencia intr¡nseca, sino
bas ndose en la autoridad de Dios.
La Fe es la realidad anticipada de lo que esperamos;
la bienaventuranza eterna, y la prueba demostrativa de lo
que la mente no ve.
Las verdades divinas, superando la limitaci¢n de la
capacidad del hombre, no pueden determinar el asentimiento
del intelecto, es por esto que es necesaria la
intervenci¢n de la voluntad para mover el intelecto a
adherirse a la verdad revelada, aunque incomprensible, en
homenaje a Dios. Por lo tanto la Fe es un "obsequio de la
raz¢n", una sujeci¢n libre del intelecto humano a la
verdad revelada, y es por esto que es un acto meritorio.
(Folleto E.V.C. #343, 8a edici¢n 1991 por Pedro Sembrador)
[9]
Apologética
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Una ciencia teológica que tiene por finalidad la explicación y la
defensa de la religión cristiana.
Apologética significa, a grandes rasgos, una forma de disculpa. El
término se deriva del adjetivo latino, la apologética, que a su vez
tiene su origen en el adjetivo griego, la apologética, el sustantivo es
apología, "disculpa", "defensa". Como un equivalente de la forma
plural, la variante, "Apologética", se encuentra de vez en cuando en
los escritos recientes, sugirió probablemente por las palabras
francesas y alemanas correspondientes, que son siempre en
singular. Pero la forma plural, "Apologética", es mucho más común
y, sin duda, prevalecerá, estar en armonía con otras palabras
formaron de manera similar, como la ética, la estadística, la
homilética. En la definición de la apologética como una forma de
disculpa, entendemos la última palabra en su sentido primario,
como una defensa verbal contra un ataque verbal, una refutación
de una acusación falsa, o una justificación de una acción o una línea
de conducta erróneamente hizo el objeto de censura. Tales son,
por ejemplo, es la Apología de Sócrates, como la Apología de John
Henry Newman. Este es el único sentido unir al término usadas por
los antiguos griegos y romanos, o por los franceses y alemanes de la
actualidad.
Muy diferente es el significado ahora que transmite nuestra palabra
Inglés, "disculpa", es decir, una explicación de una acción reconoció
que estar abierto a la culpa. La misma idea se expresa casi
exclusivamente por el verbo, "disculpe", y en general por el
adjetivo, "disculpa". Por esta razón, la adopción de la palabra,
"Apologética", en el sentido de una reivindicación científica de la
religión cristiana no es del todo feliz. Algunos estudiosos prefieren
términos como "Evidencias Cristianas", la "defensa de la religión
cristiana". "Apologética" y "Apología" no son términos
intercambiables por completo. Este último es el término genérico,
el primero, el específico. Cualquier tipo de acusación, ya sea
personal, social, política o religiosa, puede suscitar una disculpa
correspondiente. Es sólo disculpas de la religión cristiana que caen
dentro del alcance de la apologética. Tampoco se trata de todo
tipo. Apenas hay un dogma, apenas una institución ritual o
disciplinar de la Iglesia que no ha sido sometido a la crítica hostil, y
por lo tanto, cuando la ocasión lo requiere, dado la razón a la
apologética adecuados. Pero además de estas formas de disculpa,
no son las respuestas que se han provocado por ataques de diversa
índole sobre las credenciales de la religión cristiana, disculpas por
escrito para reivindicar ahora esto, ahora que suelo del cristiano, la
fe católica, que ha sido llamado de que se trate o sostenida en alto
a la incredulidad y el ridículo.
Ahora que está fuera de tales disculpas por las bases de la creencia
cristiana de que la ciencia de la apologética ha tomado forma. La
apologética es la excelencia cristiana Apología, combinando en un
sistema bien redondeado los argumentos y consideraciones de
valor permanente que han encontrado su expresión en las diversas
disculpas individuales. Este último, al ser respuestas a ataques
específicos, se acondicionaron necesariamente por las ocasiones
que llamó sucesivamente. Eran reivindicaciones personales,
controvertidos, parciales de la posición cristiana. En ellos la
refutación de los cargos específicos fue el elemento destacado.
Apologética, por el contrario, es la reivindicación integral, científica
de los motivos de Christian, la creencia católica, en la que la calma,
la presentación impersonal de los principios subyacentes es de
suma importancia, la refutación de las objeciones que se añade a
modo de corolario. No se dirige al oponente hostil para el propósito
de la refutación, sino más bien a la mente de investigación a modo
de información. Su objetivo es dar una presentación científica de
las reivindicaciones que Cristo reveló la religión tiene en el
consentimiento de cada mente racional; que pretende llevar al
investigador de la verdad para reconocer, en primer lugar, la
razonabilidad y confiabilidad de la revelación cristiana como se dio
cuenta en la Iglesia Católica, y en segundo lugar, la correspondiente
obligación de aceptarla. Mientras que la fe no es convincente - para
la certeza que ofrece no es absoluta, sino moral - que muestra que
las credenciales de la religión cristiana ampliamente suficientes
para reivindicar el acto de fe como un acto racional, y para
desacreditar el alejamiento del escéptico y descreído como
injustificado y culpable. Su última palabra es la respuesta a la
pregunta: ¿Por qué debería ser católico? por tanto, la apologética
lleva a la fe católica, a la aceptación de la Iglesia Católica como el
órgano autorizado por Dios para la preservación y la prestación
eficaz de ahorro de las verdades reveladas por Cristo. Este es el
gran dogma fundamental sobre el que descansan todas las demás
dogmas. De ahí que la apologética también se conoce con el
nombre de "teología fundamental". La apologética es generalmente
visto como una rama de la ciencia dogmática, siendo la dogmática
adecuada y la otra rama principal. Es bueno señalar, sin embargo,
que en el punto de vista y el método también son bastante
diferentes. dogmática, al igual que la teología moral, se dirige
principalmente a aquellos que ya son católicos. Se presupone la fe.
Apologética, por el contrario, al menos en teoría, sólo lleva a la fe.
El primero comienza cuando estos últimos extremos. La apologética
es preeminentemente una disciplina positiva, histórico, mientras
que la teología dogmática es más bien filosófica y deductivo,
utilizando como sus locales de datos de la autoridad divina y
eclesiástica - el contenido de la revelación y su interpretación por
parte de la Iglesia. Es sólo en la exploración y en el tratamiento de
los elementos dogmática de la religión natural, las fuentes de sus
datos autorizados, que la teología dogmática entra en contacto con
la apologética.
Como se ha señalado, el objeto de la apologética es dar una
respuesta científica a la pregunta: ¿Por qué debería ser católico?
Ahora esta pregunta involucra a otros dos que también son
fundamentales. El uno es: ¿Por qué debería ser un cristiano en
lugar de un adherente de la religión judía, o los mahometanos, o la
de Zoroastro, o de algún otro sistema religioso creación de una
reclamación rival a ser revelado? El otro, aún más fundamental, es
la pregunta: ¿Por qué debería profesar ninguna religión en
absoluto? Así, la ciencia de la apologética cae fácilmente en tres
grandes divisiones:
En primer lugar, el estudio de la religión en general y los motivos de
la creencia teísta;
En segundo lugar, el estudio de la religión revelada y las razones de
la fe cristiana;
En tercer lugar, el estudio de la verdadera Iglesia de Cristo y por
motivos de creencia católica.
En la primera de estas divisiones, los investigadores apologista de la
naturaleza de la religión, su universalidad, y la capacidad natural
del hombre para adquirir ideas religiosas. En relación con esto, el
estudio moderno de la filosofía religiosa de los pueblos sin cultura
tiene que ser tenido en cuenta, y las diversas teorías sobre el origen
de la religión se presentan para la discusión crítica. Esto nos lleva al
examen de los motivos de creencias teístas, incluyendo las
cuestiones importantes de
la existencia de una personalidad divina, el Creador y Conservador
del mundo, el ejercicio de una providencia especial sobre el
hombre;
la libertad del hombre de voluntad y su correspondiente
responsabilidad religiosa y moral en virtud de su dependencia de
Dios;
la inmortalidad del alma humana, y la vida futura con sus
recompensas y castigos.
Junto con estas preguntas es la refutación del monismo, el
determinismo, y otras teorías anti-teístas. La filosofía religiosa y la
apologética aquí marchan de la mano.
La segunda división, en la religión revelada, es aún más amplia.
Después de tratar la noción, posibilidad y necesidad moral de una
revelación divina, y su discernibilidad a través de diversos criterios
internos y externos, el apologista procede a establecer el hecho de
la revelación. Tres etapas progresivas, distintas de la revelación se
exponen: revelación primitiva, Mosaico Revelación, y la Revelación
cristiana. Las principales fuentes de las que tiene que basarse en el
establecimiento de esta triple hecho de la revelación son las
Sagradas Escrituras. Pero si él es lógico, tiene que prescindir de su
inspiración y las tratan provisionalmente como documentos
históricos humanos. Aquí tiene que depender del estudio crítico del
Antiguo y del Nuevo Testamento por los eruditos de las escrituras
imparciales, y se basará en los resultados de sus investigaciones
acreditados que tocan la autenticidad y fiabilidad de los libros
sagrados que pretenden ser histórica. Es sólo mediante la previsión
de que un argumento para el hecho de la revelación primitiva se
puede basar en el suelo que se enseña en el libro inspirado del
Génesis, y que se da a entender en el estado sobrenatural de
nuestros primeros padres. En ausencia de cualquier cosa como
documentos de la época, el apologista tiene que sentar jefe
hincapié en la alta probabilidad antecedente de la revelación
primitiva, y mostrar cómo una revelación de limitado, pero
suficiente margen para el hombre primitivo es compatible con una
etapa muy cruda de material y estético la cultura, y por lo tanto no
está desacreditada por los buenos resultados de la arqueología
prehistórica. Estrechamente relacionado con esta cuestión es el
estudio científico del origen y antigüedad del hombre, y la unidad
de la especie humana; y, como sujetos aún más grandes que
influyen en el valor histórico del libro sagrado de los orígenes, la
compatibilidad con la Escritura de las ciencias modernas de la
biología, la astronomía y la geología. De la misma manera el
apologista tiene que contentarse con mostrar el hecho de la
revelación mosaica para ser altamente probable. La dificultad, en el
estado actual de la crítica del Antiguo Testamento, de reconocer
más que una pequeña parte del Pentateuco como prueba
documental contemporánea con Moisés, establece que el
legislador el apologista proceder con cautela a fin de, en su intento
de demostrar demasiado, puede poner en descrédito lo que es
decididamente insostenible aparte de las consideraciones
dogmáticas. Sin embargo, existen pruebas suficientes de lo
permitido por todos, pero los críticos más radicales para establecer
el hecho de que Moisés fue el instrumento providencial para
entregar al pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto, y por
enseñarles un sistema de legislación religiosa que en el
monoteísmo de los nobles y el valor ético es muy superior a las
creencias y costumbres de las naciones circundantes,
proporcionando así una fuerte presunción a favor de su pretensión
de ser revelado. Esta presunción ganancias de fuerza y claridad a la
luz de la profecía mesiánica, que brilla cada vez con mayor volumen
y el brillo a través de la historia de la religión judía hasta que
ilumina la personalidad de nuestro Divino Señor. En el estudio de la
revelación mosaica, la arqueología bíblica es de no poca servicio a
la apologista.
Cuando el apologista trata el tema de la revelación cristiana, se
encuentra en un terreno mucho más firme. A partir de los
resultados generalmente reconocidos de la crítica del Nuevo
Testamento, que está habilitada para demostrar que los Evangelios
sinópticos, por una parte, y las Epístolas indiscutibles de St. Paul,
por el otro, ofrecen dos masas independientes, sin embargo,
estaban interrelacionados, de pruebas relativo a la persona y la
obra de Jesús. Como esta evidencia encarna el testimonio
irrefutable de testigos oculares totalmente confiable y sus
asociados, presenta un retrato de Jesús que es verdaderamente
histórico. Después de mostrar a partir de los registros que Jesús
enseñó, ahora implícita, ahora de manera explícita, que él era el
Mesías tan esperado, el Hijo de Dios enviado por su Padre Celestial
para iluminar y salvar a la humanidad, y fundar el nuevo reino de
justicia, Apologética procede a exponer los motivos por creer en
estas afirmaciones:
superando la belleza de su carácter moral, lo estampación como el
hombre único, perfecto;
la excelencia elevada de su enseñanza moral y religiosa, que no
tiene paralelo en otros lugares, y que responde a las más altas
aspiraciones del alma humana;
Sus milagros realizados durante su misión pública;
el milagro trascendente de su resurrección, que predijo también;
la maravillosa regeneración de la sociedad a través de Su eterna
influencia personal.
A continuación, a modo de prueba complementaria, los institutos
apologista una comparación imparcial de la cristiandad con los
diversos sistemas religiosos rivales del mundo - el brahmanismo, el
budismo, el zoroastrismo, el confucianismo, el taoísmo, el
mahometanismo - y muestra cómo en la persona de su fundador,
en su ideal y la influencia moral y religiosa, la religión cristiana es
inmensamente superior a todos los demás, y el único que tiene una
reclamación a nuestro asentimiento como absoluto la religión,
revelada por Dios. Aquí, también, en la encuesta del budismo, la
objeción especiosa, no es raro hoy en día, que las ideas budistas y
leyendas han contribuido a la formación de los Evangelios, exige
una refutación de resumen.
Más allá del hecho de la revelación cristiana el apologista
protestante no procede. Pero la católica insiste con razón, que el
alcance de la apologética no debe terminar aquí. Tanto los registros
del Nuevo Testamento y los del testigo oso edad Subapostólica que
el cristianismo estaba destinado a ser algo más que una filosofía
religiosa de la vida, más que un mero sistema de creencias y
prácticas individuales, y que no se puede separar la historia de una
forma concreta de organización social. De ahí que la apologética
católica añade, como una secuela necesaria al hecho establecido de
la revelación cristiana, la demostración de la verdadera Iglesia de
Cristo y su identidad con la Iglesia Católica Romana. A partir de los
registros de los Apóstoles y sus sucesores inmediatos se expone la
institución de la Iglesia como una verdadera sociedad, desigual,
dotados de la autoridad suprema de su Fundador, y puesto en
marcha en su nombre para enseñar y santificar a la humanidad; que
posee las características esenciales de la visibilidad, la
indefectibilidad, y la infalibilidad; caracterizado por las marcas
distintivas de la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad. Estas
notas de la verdadera Iglesia de Cristo se aplican luego como
criterio a las diversas denominaciones cristianas rivales de la
actualidad, con el resultado de que se encuentran totalmente
ejemplifican en la Iglesia Católica Romana solo. Con la exposición
complementaria de la primacía y la infalibilidad del Papa y de la
regla de la fe, el trabajo de la apologética se lleva a su ajuste
estrecho. Es cierto que algunos apologistas consideren conveniente
para tratar también de inspiración y el análisis del acto de fe. Pero,
en rigor, no son sujetos de disculpa. Mientras que lógicamente
pueden ser incluidos en los prolegómenos de la dogmática, que
pertenecen más bien, el de la provincia de la Escritura-estudio, la
otra a la zona de la teología moral frente a las virtudes teológicas.
La historia de la literatura apologética implica el estudio de los
diversos ataques que se han hecho en contra de los motivos de
Cristiano, la creencia católica. Puede que estarán divididos en
cuatro grandes divisiones.
La primera división es el período comprendido entre el comienzo
del cristianismo a la caída del Imperio Romano (476 dC). Se
caracteriza principalmente por la doble lucha del cristianismo con el
judaísmo y con el paganismo.
La segunda división es la misma extensión que la Edad Media, a
partir de 476 dC a la Reforma. En este período nos encontramos
con el cristianismo en conflicto con la religión mahometana y la
filosofía.
La tercera división abarca el período comprendido entre el
comienzo de la Reforma a la subida del racionalismo en Inglaterra a
mediados del siglo XVII. Es el período de la lucha entre el
catolicismo y el protestantismo.
La cuarta división abarca el período del racionalismo, a partir de
mediados del siglo XVII hasta nuestros días. Aquí nos encontramos
con el cristianismo en conflicto con el deísmo, panteísmo,
materialismo, agnosticismo, y el Naturalismo.
Primer periodo
Las disculpas en respuesta a la oposición del judaísmo
Se encontraba en la naturaleza de las cosas que el cristianismo
debe cumplir con una fuerte oposición de los judíos. En prescindir
de la circuncisión y otras obras de la ley, el cristianismo se había
incurrido en la imputación de que sean contrarias a la inmutable
voluntad de Dios. Una vez más, la vida humilde y oscura de Cristo,
que termina en la muerte ignominiosa en la cruz, era todo lo
contrario de lo que los Judios espera de su Mesías. Su juicio parece
confirmarse por el hecho de que el cristianismo atrajo, pero una
porción insignificante del pueblo judío, y extender con mayor vigor
entre las naciones despreciadas. Para justificar las afirmaciones del
cristianismo antes de los Judios, los primeros apologistas tenían
que dar una respuesta a estas dificultades. De estos disculpas el
más importante es el "Diálogo con Trifón los Judio", compuestas
por Justin Martyr sobre 155-160. Se reivindica la nueva religión en
contra de las objeciones de los eruditos Judio, discutiendo con gran
fuerza lógica que es la perfección de la ley antigua, y que muestra
por un imponente conjunto de pasajes del Antiguo Testamento que
los profetas hebreos apuntan a Jesús como el Mesías y el
encarnado Hijo de Dios. Se insiste también que es en el cristianismo
que el destino de la religión hebrea para convertirse en la religión
del mundo es encontrar su realización, y por lo tanto son los
seguidores de Cristo, y no los Judios incrédulos, que son los
verdaderos hijos de Israel . Por su elaborado argumento de la
profecía mesiánica, Justin ganó el reconocimiento agradecido de
apologistas posteriores. disculpas similares fueron compuestas por
Tertuliano, "Contra los Judios" (Adversus os Jud, alrededor de 200),
y por San Cipriano, "Tres Libros de Evidencias contra los Judios"
(alrededor de 250).
Las disculpas en respuesta a la oposición pagana
De momento mucho más grave para la Iglesia cristiana primitiva fue
la amarga oposición que se reunió del paganismo. La religión
politeísta del imperio romano, venerado por su antigüedad, se
entrelaza con cada fibra del cuerpo político. Su influencia
providencial era una cuestión de creencia firme. Se asocia con la
más alta cultura, y tenía la sanción de los más grandes poetas y
sabios de Grecia y Roma. Sus espléndidos templos y rituales
señorial le dieron una gracia y dignidad que cautivó la imaginación
popular. Por otro lado, el monoteísmo Cristiano era una
innovación. No tenía ningún imponente despliegue de la liturgia.
Sus discípulos fueron, en su mayor parte, las personas de origen
humilde y de la estación. Su literatura sagrada tenía poco atractivo
para el lector exigente acostumbrado a la dicción elegante de los
autores clásicos. Y por lo que la mente popular fue vista con recelo,
o despreciado como una superstición ignorante. Pero la oposición
no termina aquí. La actitud intransigente de la nueva religión a ritos
paganos se censuró como la mayor impiedad. Los cristianos eran
marcados como ateos, y que se mantuvo al margen de las
funciones públicas también, que se asocia invariablemente con
estos falsos ritos, que fueron acusados de ser enemigos del Estado.
La costumbre cristiana de que se reúnen en asamblea secreta
parece añadir fuerza a este cargo, por las sociedades secretas
fueron prohibidas por la ley romana. Tampoco eran calumnias que
desean. La imaginación popular fácilmente distorsionada del
Sacrificio Eucarístico Agape y vagamente conocida en ritos
abominables marcados por alimentándose de carne infantil y por la
lujuria indiscriminada. El resultado fue que el pueblo y las
autoridades tomaron alarma en la Iglesia de rápida propagación y
trataron de reprimir por la fuerza. Para reivindicar la causa cristiana
contra estos ataques del paganismo, muchas disculpas fueron
escritos. Algunos, sobre todo la "Apología" de Justino Mártir (150),
el "Alegato de los cristianos", por Atenágoras (177), y el
"Apologética" de Tertuliano (197), estaban dirigidas a los
emperadores con el expreso propósito de asegurar a la inmunidad
a los cristianos de la persecución. Otros fueron compuestos para
convencer a los paganos de la locura del politeísmo y de la verdad
salvadora del cristianismo. Tales fueron: Taciano, "Discurso a los
griegos" (160), Teófilo, "Tres libros para Autolychus" (180), la
"Epístola a Diogneto" (alrededor de 190), el "Octavio" de Minucio
Félix (192), Orígenes "Discurso verdadero contra Celso" (248),
Lactancio, Institutos (312), y San Agustín, "Ciudad de Dios" (414-
426). En estas disculpas el argumento de la profecía del Antiguo
Testamento tiene un lugar más prominente que la de los milagros.
Pero aquella en la que se pone más estrés es el de la excelencia
trascendente del cristianismo. Aunque no está claramente
delimitado, una doble línea de pensamiento corre a través de este
argumento: el cristianismo es la luz, mientras que el paganismo es
la oscuridad; El cristianismo es la energía, mientras que el
paganismo es debilidad. Ampliando estas ideas, los apologistas
contrastar la coherencia lógica de los principios religiosos del
cristianismo, y su enseñanza ética elevada, con las locuras e
inconsistencias del politeísmo, los principios éticos bajos de sus
filósofos y las indecencias de su mitología y de algunos de sus ritos.
Ellos también muestran que la religión cristiana el único que tiene
el poder de transformar al hombre de un esclavo del pecado en un
hombre libre espiritual. Comparan lo que eran como paganos con
lo que son ahora como cristianos. Dibujan un contraste revelador
entre la moralidad floja de la sociedad pagana y las vidas
ejemplares de los cristianos, cuya devoción por sus principios
religiosos es más fuerte que la misma muerte.
Segundo período. Cristianismo en conflicto con mahometana
religión y la filosofía
El rival peligroso con el que el cristianismo tuvo que lidiar en la
Edad Media fue la religión mahometana. Dentro de un siglo de su
nacimiento, que había arrancado de la cristiandad algunos de sus
tierras más bellas, y se extendió como una gran media luna de
España más de África del Norte, Egipto, Palestina, Arabia, Persia y
Siria, a la parte oriental de Asia Menor. El peligro que esta religión
fanática ofreció a la fe cristiana, en los países donde llegaron las
dos religiones en contacto, no debía ser tratado a la ligera. Y así nos
encontramos con una serie de disculpas por escrito a defender la
verdad del cristianismo en la cara de errores musulmanes. Tal vez
los primeros fue la "Discusión entre un sarraceno y un cristiano",
compuesto por San Juan Damasceno (alrededor de 750). En esta
disculpa que reivindica el dogma de la Encarnación contra la
concepción rígida y fatalista de Dios enseñada por Mahoma.
También demuestra la superioridad de la religión de Cristo,
señalando los graves defectos de la vida y las enseñanzas de
Mahoma, y mostrando el Corán para estar en sus mejores partes,
pero una débil imitación de las Sagradas Escrituras. Otros disculpas
del mismo tipo fueron compuestas por Pedro el Venerable en el
duodécimo, y por Raymond de Martini en el siglo XIII. Apenas
menos peligroso para la fe cristiana fue la filosofía racionalista del
islamismo. Los conquistadores árabes habían aprendido de los
sirios las artes y las ciencias del mundo griego. Ellos se hicieron
especialmente competentes en la medicina, las matemáticas y la
filosofía, para el estudio de los cuales se erigieron en cada parte de
sus escuelas y bibliotecas de dominio. En el siglo XII la España árabe
tenía diecinueve colegios, y su fama atrajo a cientos de estudiosos
cristianos de todas las partes de Europa. Esto se veía una grave
amenaza para la ortodoxia cristiana, para la filosofía de Aristóteles,
como se enseña en estas escuelas se había vuelto completamente
teñida con el panteísmo Arábigo y el racionalismo. El principio
peculiar del filósofo Averroes celebrado moro estaba muy en boga,
a saber: que la filosofía y la religión son dos esferas independientes
de pensamiento, de modo que lo que es cierto en la que puede ser
falsa en el otro. Una vez más, se enseña comúnmente que la fe es
para las masas que no pueden pensar por sí mismos, pero la
filosofía es una forma superior de conocimiento que las mentes
nobles deben tratar de adquirir. Entre los dogmas fundamentales
negados por los filósofos árabes eran la creación, la providencia, y
la inmortalidad. Para reivindicar el cristianismo contra el
racionalismo mahometanos, St. Thomas compuesto (1261-64) sus
filosóficas "Suma contra los Gentiles", en cuatro libros. En este gran
disculpa las reivindicaciones respectivas de la razón y la fe son
cuidadosamente distinguido y armonizado, y una demostración
sistemática de los fundamentos de la fe se construye con
argumentos de la razón y la autoridad como apelado directamente
a la mente de ese día. En el tratamiento de Dios, la providencia, la
creación y la vida futura, Santo Tomás refuta los principales errores
de la Arábiga, judía y filósofos griegos, y muestra que la verdadera
enseñanza de Aristóteles confirma las grandes verdades de la
religión. Tres disculpas compuestas en gran parte el mismo espíritu,
sino que pertenece a una edad más avanzada, se pueden
mencionar aquí. El uno es el buen trabajo de Luis Vives, "De
Veritate Fidei Christianæ Libri V" (1530). Después de tratar a los
principios de la teología natural, la encarnación y la redención, que
da dos diálogos, uno entre un cristiano y un Judio, y el otro entre un
cristiano y un Mohammaden, en el que demuestra la superioridad
de la religión cristiana. Similar a esto es la disculpa del célebre
teólogo holandés Grocio, "De Veritate Religionis Christianæ"
(1627). Es en seis libros. Un tratado capaces de teología natural es
seguido por una demostración de la verdad del cristianismo basado
en la vida y milagros de Jesús, la santidad de su enseñanza, y la
maravillosa propagación de su religión. En la prueba de la
autenticidad y veracidad de las Sagradas Escrituras, Grocio apela en
gran parte a la evidencia interna. La última parte de la obra está
dedicada a una refutación del paganismo, el judaísmo y el
islamismo. Una disculpa en líneas algo similares es el de la
hugonote, Philip de Mornay, "De la vérité de la religión chrétienne"
(1579). Es la primera apología de la nota que fue escrito en una
lengua moderna.
Tercer periodo. Catolicismo en conflicto con el protestantismo
El brote de protestantismo en el comienzo del siglo XVI, y su
rechazo de muchas de las características fundamentales del
catolicismo, provocó una masa de polémica literatura apologética.
No era, por supuesto, la primera vez que los principios de la fe
católica habían sido interrogados con referencia a la ortodoxia
cristiana. En los primeros tiempos de las sectas heréticas de la
Iglesia, asumiendo el derecho a profesar lealtad y fidelidad al
espíritu de Cristo, había dado ocasión a San Ireneo "En Herejías",
Tertuliano "Por prescripción contra los herejes," San Vicente de
Lerins, en su "Commonitory", para insistir en la unidad con la Iglesia
Católica, y, con el fin de refutar los errores heréticos de
interpretación privada, de apelar a una regla autoritaria de fe. De la
misma manera, el aumento de las sectas heréticas en los tres siglos
anteriores a la Reforma condujo a una acentuación de los principios
fundamentales del catolicismo, sobre todo en "Suma contra
Catharos et valdenses" de Moneta (alrededor de 1225), y de
Torquemada "Summa de Ecclesia" ( 1450). Así que en mucho mayor
medida, en el derramamiento de muchas fuentes de las ideas
protestantes, se convirtió en el deber de la hora de defender la
verdadera naturaleza de la Iglesia de Cristo, para reivindicar su
autoridad, su jerarquía divinamente autorizada bajo el primado del
Papa , su visibilidad, la unidad, perpetuidad, y la infalibilidad, junto
con otras doctrinas y prácticas de marca tan supersticioso.
En la primera manga de esta gigantesca controversia los escritos de
ambos lados eran marcadamente polémico, abundando en
recriminaciones personales. Pero hacia el final del siglo se
desarrolló una tendencia a tratar las cuestiones más controvertidas
en la forma de una calma, disculpa sistemática. Dos obras que
pertenecen a este tiempo son especialmente notables. Uno de ellos
es el "Disputaciones de Controversiis Christianæ Fidei" (1581-1592),
de Robert Bellarmin, una obra monumental de vasta erudición,
ricos en materia de disculpa. El otro es el "principiorum Fidei
Doctrinalium Demonstratio" (1579), de Robert Stapleton, quien
Döllinger pronunciado a ser el príncipe de los polemistas. Aunque
no tan erudita, es más profundo que el trabajo de Bellarmin. Otro
excelente trabajo de este período es el de Martin Becan, "De
Ecclesia Christi" (1633).
Cuarto periodo. Cristianismo en conflicto con el Racionalismo
A partir de mediados del siglo XVII al XIX
El racionalismo - el establecimiento de la razón humana como el
origen y medida de toda verdad cognoscible - es, por supuesto, no
se limita a un solo período de la historia humana. Ha existido desde
los primeros días de la filosofía. Pero en la sociedad cristiana no se
convirtió en un factor notable hasta mediados del siglo XVII, cuando
se impuso principalmente en la forma de deísmo. Fue asociado, e
incluso en gran medida, identificado con el rápido crecimiento del
movimiento hacia una mayor libertad intelectual que, estimulado
por la investigación científica fructífera, se vio seriamente
obstaculizado por los estrechos puntos de vista de la inspiración y
de la histórica Biblia-interpretación que prevalecía entonces. La
Biblia se ha establecido como una fuente infalible de conocimiento
no sólo en materia de religión, sino de la historia, la cronología y la
ciencia física. El resultado fue una reacción contra las mismas
esenciales del cristianismo. El deísmo se convirtió en la moda
intelectual del día, lo que lleva en muchos casos a francamente
ateísmo. Partiendo del principio de que ninguna doctrina religiosa
es de un valor que no puede ser probada por la experiencia o por la
reflexión filosófica, los deístas admitió la existencia de un Dios
externo para el mundo, pero negó toda forma de intervención
divina, y en consecuencia rechazó la revelación, la inspiración,
milagros y profecías. Junto con los incrédulos de un tipo aún más
pronunciada, que asaltaron el valor histórico de la Biblia,
censurando sus relatos milagrosos como el fraude y la superstición.
El movimiento comenzó en Inglaterra, y en el siglo XVIII se extendió
a Francia y Alemania. Su influencia nefasta era profunda y de largo
alcance, ya que se encontró celosos exponentes en algunos de los
principales filósofos y hombres de letras - Hobbes, Locke, Hume,
Voltaire, Rousseau, D'Alembert, Diderot, Lessing, Herder, entre
otros. Pero los apologistas capaces no faltaron para defender la
causa cristiana. Inglaterra produjo varios que ganó el honor
duradero para su defensa académica de las verdades cristianas
fundamentales - Lardner, autor de la "credibilidad de la historia del
Evangelio", en doce volúmenes (1741-55); Butler, asimismo famoso
por su "Analogía de la religión natural y revelada a la constitución
de la naturaleza" (1736); Campbell, quien en su "Disertación sobre
los milagros" (1766) dio una respuesta magistral a los argumentos
de Hume contra los milagros; y Paley, cuyo "Evidencias del
Cristianismo" (1794) y "Teología Natural" (1802) son algunos de los
clásicos de la literatura teológica Inglés. En el continente, el trabajo
de la defensa fue llevada a cabo por hombres como el obispo Huet,
que publicó su "Démonstration Evangélique" en 1679; Leibnitz,
cuyo "Teodicea" (1684), con su valiosa introducción sobre la
conformidad de la fe con la razón, tuvo una gran influencia para el
bien; el abad benedictino Gerberto, que dio una disculpa cristiana
integral en su "Demonstratio verae Religionis Ver Que Ecclesiæ
Contra Quasvis Falsas" (1760); y el abate Bergier, cuyo "Traité
historique et dogmatique de la vraie la religión", en doce
volúmenes (1780), demostró la capacidad y la erudición.
El siglo diecinueve
En el siglo pasado el conflicto del cristianismo con el racionalismo
era, en parte, aligerado y en parte complicada por el maravilloso
desarrollo de la investigación científica e histórica. lenguas
perdidas, como el egipcio y babilónico, fueron recuperados, y los
registros de ese modo ricos y valiosos del pasado - se hicieron para
contar su historia - muchos de ellos descubiertos por la excavación
laborioso y costoso. Gran parte de este agujero en las relaciones de
los antiguos hebreos con las naciones vecinas y, si bien en algunos
casos la creación de nuevas dificultades, en su mayor parte
ayudado a corroborar la verdad de la historia de la Biblia. Fuera de
estas investigaciones han crecido una serie de estudios
apologéticos valiosos e interesantes sobre la historia del Antiguo
Testamento: Schrader, "Las inscripciones cuneiformes y el Antiguo
Testamento" (Londres, 1872); Hengstenberg de "Egipto y los Libros
de Moisés" (Londres, 1845); Harper, "La Biblia y los
descubrimientos modernos" (Londres, 1891); McCurdy, "Historia,
Profecía, y los monumentos" (Londres-Nueva York, 1894-1900);
Pinches, "El Antiguo Testamento a la luz de los registros históricos
de Asiria y Babilonia" (Londres-Nueva York, 1902); Abbé Gainet,
"sans La biblia La biblia, ou l'histoire de l'ancien testamento par les
seuls témoignages profanos" (Bar-le-Duc, 1871); Vigouroux, "La
biblia et les modernes découvertes" (París, 1889). Por otro lado, la
cronología bíblica, como entonces comprendió, y la interpretación
histórica literal del libro del Génesis se cayó en la confusión por las
ciencias avanzan - astronomía, con su gran hipótesis nebular;
biología, con su aún más fructífera teoría de la evolución; la
geología y la arqueología prehistórica. Racionalistas ansiosamente
echaron mano de estos datos científicos, y buscaron para
convertirlas en el descrédito de la Biblia y también de la religión
cristiana. Pero disculpas capaces eran próximas a un ensayo de
conciliación de la ciencia y la religión. Entre ellos se encontraban: el
doctor (después cardenal) Wiseman, "Doce Conferencias sobre la
conexión entre la ciencia y la religión revelada" (Londres, 1847),
que, aunque anticuado en algunas partes, sigue siendo valiosa
lectura; Reusch, "La naturaleza y la Biblia" (Londres, 1876). Otros
más modernos y hasta la fecha son: Duilhé de Saint-Projet,
"Apologie scientifique de la foi chrétienne" (París, 1885); Abbé
Guibert, "En el principio" (Nueva York, 1904), uno de los mejores
tratados católicos sobre el tema; y más reciente aún, A. de
Lapparent, "Science et apologétique" (París, 1905). Una forma más
delicada de la investigación científica para la creencia cristiana fue
la aplicación de los principios de la crítica histórica de los libros de
la Sagrada Escritura. No pocos estudiosos cristianos miraban con
recelos sobre los progresos realizados en este departamento
legítimo de la investigación humana, los resultados de los cuales
llamaron para una reconstrucción de los muchos puntos de vista
tradicionales de la Escritura. Racionalistas encontrar aquí un campo
congénita del estudio, que parecía prometer el socavamiento de la
Escritura-autoridad. Por lo tanto, era natural que las intrusiones de
la crítica bíblica de la teología conservadora deben ser disputadas
pulgada a pulgada. En general, el resultado de la contienda larga y
enérgica ha sido la de la ventaja del cristianismo. Es cierto que el
Pentateuco, siempre y atribuido a Moisés, está ahora en manos de
la gran mayoría de los no católicos, y por un número creciente de
católicos, los estudiosos como una compilación de cuatro fuentes
independientes puso juntos en forma final poco después de la
Cautiverio. Pero la antigüedad de gran parte de los contenidos de
estas fuentes se ha establecido firmemente, así como la fuerte
presunción de que el núcleo de la legislación del Pentateuco es la
institución mosaica. Esto ha sido demostrado por Kirkpatrick en su
"Biblioteca divina del Antiguo Testamento" (Londres-Nueva York,
1901), por el piloto en su "Introducción a la literatura del Antiguo
Testamento" (Nueva York, 1897), y por el Abate Lagrange , en su
"Méthode historique de l'Ancien Testament" (París, 1903; tr.
Londres, 1905). En el Nuevo Testamento los resultados de la crítica
bíblica son aún más tranquilizadora. El intento de la escuela de
Tubinga a tirar los Evangelios lejos en el siglo II, y ver en la mayoría
de las Epístolas de St. Paul el trabajo de un gran mano posterior, ha
sido totalmente desacreditada. Los sinópticos son ahora
generalmente reconocidos, incluso por los críticos avanzados, que
pertenecen a los años 65-85, que descansa sobre las fuentes aún
más antigua escrita y oral, y el Evangelio de San Juan es llevado con
certeza hasta al menos el año 110, que es decir, dentro de muy
pocos años de la muerte de San Juan. Las tres Epístolas de San
Juan, se reconocen como las cartas pastorales genuinas siendo
ahora el principal objeto de controversia. Edersheim, "Vida y
tiempos de Jesús el Mesías" (Nueva York, 1896), y otros.
por Fonsegrive, "Le catholicisme et la vie de l'esprit" (París, 1899);
y, en "L'action" (París, 1893), de Blondel, el fundador de la llamada
"Escuela de inmanencia" los principios de los cuales están
incorporados en los escritos espirituales de Padre Tyrrell, "Lex
Orandi" (Londres, 1903 ), "Lex credendi" (Londres, 1906). Balmes,
"Protestantismo y el Catolicismo En comparación, en sus efectos
sobre la civilización de Europa", una obra española publicada en
Inglés en 1840 (Baltimore);
Es a partir de todos estos variados y extensos estudios que la
apologética ha tomado forma.
[10]
MONTANISMO
DicEc
Montano apareció en Frigia entre el 155 y el 160 d.C. con la
pretensión de ser portavoz del Espíritu Santo. Junto a dos
profetisas, Prisc(il)a y Maximila, Montano se presentó hablando
en nombre de Cristo y del Espíritu. Sus doctrinas se difundieron a
causa de un cierto enfriamiento del fervor espiritual después del
siglo I. El montanismo se extendió por Asia Menor, Galia y el
norte de Africa. Los principales escritos montanistas han sido
destruidos, y sólo los conocemos fragmentariamente, por las
noticias manifiestamente sesgadas de sus adversarios y por los
escritos de >Tertuliano, su converso más ilustre (207 d.C). Dada
la fuerte personalidad de Tertuliano y la independencia de su
espíritu, puede no dar siempre una imagen objetiva del
movimiento.
Los montanistas se caracterizaban por un extremado rigorismo, el
entusiasmo, la profecía extática y la glosolalia. Apelaban en sus
actos a la autoridad [Link]íritu Santo y rechazaban toda
jerarquía. Era un movimiento apocalíptico, que esperaba el fin
inminente del mundo. Sostenían que sólo los
santos(pneumatici) formaban parte de la Iglesia y, por tanto, sólo
ellos podían bautizar válidamente. El hecho de que en todo lo
demás no mantuvieran doctrinas heterodoxas hizo que fuera muy
difícil para las autoridades de la Iglesia combatir el montanismo;
se trataba más de una cuestión de discernimiento espiritual que
de simple examen de su ortodoxia. Aunque incluido en las listas
de herejías durante muchos siglos, lo cierto es que el montanismo
se extinguió más bien pronto en la mayoría de los sitios; no
obstante, tenemos noticias de algunos grupúsculos escindidos
todavía en el siglo IX. La reacción contra el montanismo llevó a la
convocación de los primeros sínodos episcopales, que se
celebraron en Asia Menor.
La experiencia del montanismo suele aducirse como una de las
(principales) razones del declive de los >carismas, especialmente
la profecía, en la Iglesia primitiva: los carismas podían convertirse
en una amenaza para las instituciones de la Iglesia, por lo que se
les restó importancia o, por lo menos, no se fomentó la
ampliamente difundida expectativa de los mismos en la Iglesia.
[11]
LOS DEFENSORES DE LA FE
PADRES APOLOGISTAS
(SIGLOS lI-llI)
Esta segunda sección abarca desde la mitad del siglo II
hasta finales del siglo III. Defensores de la fe se puede
llamar a aquellos Padres y escritores eclesiásticos que,
una vez pasado el tiempo más cercano a los Apóstoles y a
sus discípulos inmediatos, recogieron la antorcha de la
enseñanza evangélica y la transmitieron a los grandes
Padres de los siglos IV y V. Se trata de una época
especialmente interesante, porque estos hombres
tuvieron que hacer frente a graves peligros, que
amenazaban—cada uno a su modo—la existencia misma
de la Iglesia.
Un doble peligro, de carácter externo, está representado
por el rechazo del Evangelio por parte de los judíos y por
las cruentas persecuciones de las autoridades civiles.
Frente a las falsas acusaciones de que eran objeto —
ateísmo, ser enemigos del género humano, y otras de
más baja ralea—, los cristianos responden con el ejemplo
de su vida y la grandeza de su doctrina. Algunos de ellos,
bien preparados intelectualmente, toman la pluma y
escriben extensas apologías—a veces dirigidas a los
mismos emperadores—con la finalidad de confutar esas
acusaciones calumniosas. Brillan los nombres de San
Justino, de Atenágoras, de Teófilo..., entre otros muchos.
Otro peligro—más insidioso, y mucho más grave—fue la
aparición de herejías en el seno de la Iglesia. Se trata
fundamentalmente de dos errores: el gnosticismo y el
montanismo. Mientras el primero es partidario de un
cristianismo adaptado al ambiente cultural-religioso del
momento—y, por tanto, vaciado de su contenido
estrictamente sobrenatural—, los montanistas predicaban
la renuncia total al mundo.
Las corrientes gnósticas—con sus variadísimas
ramificaciones y formas de expresión, algunas quizá de
raíces anteriores al Cristianismo— constituyen el primer
intento sistemático de dar una explicación racional de la
fe, adaptándola a la cultura de su tiempo y acogiendo los
mitos de las religiones orientales. Para eso no dudan en
mutilar gravemente los libros sagrados, rechazan
arbitrariamente los pasajes que les estorban, y se
inventan revelaciones de las que sólo ellos serían
depositarios, al margen de la Jerarquía de la Iglesia. Este
espíritu gnóstico, en formas diversas, ha estado siempre
presente en la historia, también en la actualidad.
El montanismo, a su vez, incurre—por razones en parte
opuestas—en el mismo rechazo de la Jerarquía. Los
montanistas (llamados así a causa de su fundador,
Montano) esperaban de un momento a otro el fin de
todas las cosas y proponían a los cristianos el alejamiento
completo del mundo, concebido como lugar de perdición.
Se mostraban muy rigoristas frente a los que habían
pecado; y quienes no se adherían a sus ideas eran
considerados como extraños a la Iglesia, que sólo se
encontraba—según ellos—en sus propias comunidades.
Uno y otro error organizaron una propaganda muy eficaz
y amenazaron gravemente la fe y la existencia misma de
la Iglesia fundada por Cristo. El montanismo ponía en
peligro su misión y carácter universales; el gnosticismo
atacaba su fundamento espiritual y su carácter religioso,
y fue con mucho el más peligroso.
En estas circunstancias, el Espíritu Santo—que asiste
invisiblemente a la Iglesia, según la promesa de Cristo, y
le asegura perennidad en el tiempo y fidelidad en la fe—
suscitó hombres de inteligencia privilegiada que,
empuñando las armas de la razón, con un análisis
cuidadoso de la Sagrada Escritura, hicieron frente a estos
errores y mostraron el carácter «razonable» de la
doctrina cristiana. Comenzaba de este modo el quehacer
propiamente teológico, que tantos frutos daría en la vida
de la Iglesia.
Entre estos Padres y escritores destaca San Ireneo de
Lyon, que reúne en su persona las tradiciones de Oriente
y Occidente; luego, en Oriente, Clemente Alejandrino,
Orígenes, y San Gregorio el Taumaturgo; en la Iglesia de
Roma, Minucio Félix y San Hipólito; finalmente, en torno
a Cartago, en el norte de Africa, Tertuliano, San Cipriano
y Lactancio.
J. A. LOARTE
El tesoro de los Padres
Rialp, Madrid, 1998
Los escritos de los padres apostólicos iban dirigidos a las
comunidades cristianas, para su instrucción y edificación..
Pero a partir del siglo ll aparecen escritos de autores
cristianos dirigidos a un público no cristiano, con el
propósito de deshacer las calumnias que se propalaban
acerca del cristianismo y de informar acerca de la
verdadera naturaleza de esta nueva religión. Estos
autores se suelen agrupar bajo el nombre de
«apologetas», aunque no siempre su intención se limitaba
a la simple apologética o defensa del cristianismo: en
muchos de estos escritos hay además una verdadera
intención misionera y catequética, con el propósito de
ganar adeptos para el cristianismo entre aquellas
personas que se interesaban por el peculiar modo de vida
de los cristianos. En este aspecto los apologetas
representan el primer intento de exposición escrita del
mensaje cristiano en forma inteligible para los no
cristianos.
Algunas veces estos escritos pretenden ir dirigidos a las
autoridades o representantes del Estado que perseguían
al cristianismo, intentando mostrar la inocencia de los
cristianos con respecto a los crímenes de que se les
acusaba y la inanidad de las razones en que se fundaba la
persecución. En otras ocasiones, tales escritos se dirigían
a un público más general, y pretendían disipar las
acusaciones de irracionalidad y de superstición contra el
cristianismo, mostrando a las clases cultas,
especialmente a los filósofos, la razonabilidad, coherencia
y bondad intrínseca de los principios cristianos, o
disipando las calumnias groseras que corrían entre las
clases populares acerca del cristianismo. La polémica que
surgió muy pronto entre el judaísmo y el cristianismo
tiene también un lugar importante en los escritos de
algunos de los apologetas, los cuales intentan señalar las
diferencias entre el judaísmo y el cristianismo, y la
superioridad de este úItimo.
Es natural que al pretender expresar el mensaje cristiano
de una manera inteligible y atractiva para los no
cristianos, los apologetas lo hicieran en lo posible según
las categorías mentales propias de la época. La
apologética representa así el primer intento de verter el
cristianismo a las categorías y modos de pensar propios
del mundo helenístico. En este intento de adaptar el
cristianismo a la mentalidad grecorromana, se subrayan
más aquellos aspectos que podían más fácilmente ser
comprendidos dentro de aquella mentalidad: la bondad
de Dios, manifestada en el orden del universo, que era ya
un tema predilecto de la filosofía helenística; su unicidad
probada con argumentos en los que se combinan
elementos de la tradición bíblica con otros provenientes
de la filosofía de la época; la excelencia moral de la vida
cristiana como coincidente con el antiguo ideal de la "vida
filosófica", basada en la moderación de las pasiones y en
la sumisión a los dictámenes de la recta razón; la
esperanza de una inmortalidad vagamente presentada
como la verdadera realidad que prometían los misterios
del paganismo. En cambio, el misterio de la salvación por
Cristo crucificado y resucitado, que los paganos más
difícilmente podían comprender, queda un tanto como en
segundo plano o como en tono menor.
Sin embargo, en manera alguna se puede decir que los
apologetas presentaran un «cristianismo desvirtuado»,
convertido en mera filosofía. Insisten en que mientras
toda filosofía no tiene otra garantía que la de la razón
humana falible, el cristianismo se funda en la revelación
de Dios, hecha primero en la Escritura y luego en el
mismo Verbo de Dios encarnado, y en que la salvación
que espera el cristiano es un don gratuito de Dios, más
allá de todo lo que puede prometer filosofía alguna. La
aportación más importante de la apologética cristiana
primitiva es la de que Dios es el Dios universal y salvador
de todos los pueblos, sin que ante él valga la distinción
entre judíos y griegos. Esto había sido, por una parte,
elemento esencial de la predicación de Pablo, y por otra,
era algo que empezaba a ser reconocido por el mejor
pensamiento filosófico de la época. Los apologetas, al
recoger la doctrina del Dios único y salvador universal de
todos los hombres, aseguraron el triunfo definitivo del
cristianismo frente al politeísmo pagano.
Con todo, con respecto al paganismo pueden verse en los
apologetas dos actitudes muy distintas. Mientras algunos
—Taciano, Teófilo, Hermias— condenan sin más y en
bloque toda la cultura pagana como incompatible con el
cristianismo, otros —Justino, Atenágoras, Arístides—
saben estimar positivamente los valores que los paganos
habían alcanzado con la razón natural, y tienden a
representar el cristianismo como complemento y
coronación de los mismos.
JOSEP VIVES
Los Padres de la Iglesia
Ed. Herder, Barcelona, 1982
LOS APOLOGISTAS GRIEGOS
La opinión pública sobre los cristianos
A medida que avanzaba el siglo II, los cristianos, a pesar de que
eran una minoría insignificante, comenzaban a ser bastante
conocidos; o, mejor dicho, mal conocidos.
No debían de llevar muchos años en Roma cuando ya habían
sido oficialmente acusados de haber provocado el pavoroso
incendio que asoló la ciudad en tiempos de Nerón y que los
contemporáneos llegaron a sospechar si no habría sido ordenado
por el propio emperador.
Esta acusación oficial y maliciosa apunta a la difusión previa de
otras calumnias en los ámbitos palatinos; calumnias que fueron
posiblemente lanzadas o fomentadas por judíos influyentes en
aquellos círculos, ya que para muchos de ellos, como le había
ocurrido antes a San Pablo, el cristianismo era una herejía
peligrosa que había que erradicar como fuera.
La llamada persecución de Nerón, del año 64, consecuencia del
incendio de Roma, fue una explosión súbita aunque breve, y de
gran crueldad aunque limitada a la ciudad de Roma; según la
tradición, en ella sufrieron el martirio San Pedro y San Pablo.
Pero actuó además como poderoso altavoz de las calumnias
contra los cristianos, a las que parecía dar un refrendo oficial.
Tácito, al hablarnos de este suceso, describe a los
cristianos como gente culpable de muchos crímenes, que
se pueden resumir, dice, en el desprecio que sienten por
el género humano. La imagen pública que se extenderá a
partir de este momento va a ser de este estilo: los
cristianos son gente reclutada entre lo peor de la
sociedad que, llevados de su misantropía, se retiran de la
vida ordinaria y normal; desprecian los ideales,
costumbres y religión de sus mayores y se convierten por
tanto en un cáncer para la sociedad; viven además de
una manera desarreglada; y por todas estas cosas han de
engendrar la ira de los dioses sobre la sociedad que los
tolera en su seno.
La imaginación popular añadiría pronto algunos adornos.
Tenemos testimonios repetidos de la tenacidad con que el
vulgo, y algunos que no lo eran, retenían unos infundios
que se habían extendido tempranamente: en sus
reuniones, los cristianos escondían un recién nacido bajo
un montón de harina y, al que iba a ingresar en la secta,
vendándole los ojos, le hacían dar cuchilladas a la harina
que después, con horror, veía teñida de sangre;
celebraban sus fiestas con estos banquetes, que
terminaban, con las luces apagadas, en una orgía
general; además, adoraban la cabeza de un asno, cosa
que también se decía de los judíos. Una y otra vez, pese
a su disgusto, se verán obligados los cristianos a aludir a
estas monstruosidades para negarlas.
En adelante será cada vez más frecuente que la primera
información que el hombre de la calle reciba sobre los
cristianos sea la que corresponde a estas perspectivas no
ya deformadas o caricaturescas, sino completamente
falsas.
Por lo que sabemos, la atención de los intelectuales
comenzó a ser atraída algo más tarde, y conocemos las
opiniones de algunos de ellos. Hacia la mitad del siglo II,
Frontón de Cirte, en Cirene, el preceptor de los
emperadores Antonino Pío y Marco Aurelio, repetía las
mismas habladurías con gran seguridad, poco menos que
como si él mismo hubiera sido testigo presencial de esos
desmanes.
Por ese mismo tiempo, Luciano de Samosata se burlaba
de los cristianos, como había hecho de tantas otras cosas
y personas, en un escrito satírico, Sobre la muerte de
Peregrino. Peregrino es un vividor que se introduce entre
los cristianos; con sus supercherías, se convierte en un
gran personaje de la secta; y acaba por pasar como
confesor de la fe, rodeado del fervor popular, cuando en
realidad el motivo de que esté en la cárcel es el asesinato
de su padre; sin embargo, los cristianos sólo le
abandonan cuando descubren que ha incumplido una de
sus reglas. No hay acritud en la burla de Luciano; los
cristianos no son gente peligrosa, sino unos pobres
infelices. De hecho, Luciano no sabe casi nada de ellos,
excepto las habladurías que sin duda corrían por la plaza
pública. Marco Aurelio, el emperador filósofo, iba a ser
más o menos de la misma opinión que Luciano, aunque
fue más allá, y su desprecio le llevó a decir que estos
hombres eran merecedores de la muerte por su espíritu
de rebeldía y por su tonta terquedad.
Es algo más tardío, de las últimas décadas del siglo, el
más serio ataque intelectual al cristianismo. Nos
referimos al Discurso de la doctrina verdadera, de Celso,
obra conocida por los numerosos y amplios pasajes que
unos setenta años más tarde copió Orígenes, al refutarla
párrafo por párrafo en su Contra Celso. No consta que el
escrito tuviera un gran eco en su tiempo, pero sí se trata
de un ataque muy meditado. Celso conoce mejor el
cristianismo; ha hablado con cristianos; ha leído los
Evangelios y parte del Antiguo Testamento, y está
familiarizado con otros escritos cristianos; expone las
doctrinas de esos hombres y lo que, según él, se deduce
de ellas; y su juicio es completamente negativo y lleno de
agresividad. Jesús y sus Apóstoles no eran más que unos
vagabundos hinchados con su propia importancia, sus
doctrinas son un desafortunado revoltijo de verdades ya
sabidas, y su actitud no deja de ser un peligro para la
sociedad. Es absurdo que el mundo pueda ser creado de
la nada, o que Dios hable a los hombres, y aún más que
baje a la Tierra, pues Dios es absolutamente trascendente
e inmutable; Jesús era, como mucho, un mago que
conocía la magia de Egipto. Además, los cristianos se
niegan a razonar, y muestran su propia insensatez al
creer firmemente en cosas indemostrables; hacen sus
prosélitos entre lo más bajo e ignorante de la población;
ridiculizan la religión de sus mayores; su palabra sólo la
escuchan los criminales, que así se animan a seguir con
sus crímenes; y, por tanto, no hay que tenerles ninguna
compasión cuando el poder los persigue.
La rectificación: la fe y las costumbres de los cristianos
son admirables
Éste es más o menos el ambiente en el que surgieron los
escritos de defensa o apologías (del
griego apología, defensa). Estos escritos van por tanto
destinados a un público muy diferente a aquel para el que
escribían los Padres apostólicos. Las apologías se dirigen
a los paganos o, a veces, a los judíos; no se dirigen a los
cristianos, a los que sin embargo debía de reconfortar su
lectura, al comprobar que sus doctrinas y su género de
vida eran defendidas con argumentos aceptables para
cualquier hombre de buena voluntad.
Los temas que se abordan en las apologías corresponden
a los infundios del ambiente; unos cuantos de entre ellos
suelen aparecer en la mayoría de las apologías, aunque
con distinto énfasis. Así por ejemplo: los cristianos no son
ateos, sino que adoran al único Dios, el mismo que los
mejores de los filósofos paganos llegaron a descubrir; no
son infieles al Estado, aunque se nieguen a adorar a los
dioses falsos o al mismo emperador, a quien sin embargo
pagan los impuestos y sirven; no atraen males a la
sociedad por no adorar a los dioses, pues éstos no son
nada, o son demonios, ya que enseñan y fomentan el mal
con el culto a menudo depravado que se les da; por el
contrario, atraen bienes, al orar al verdadero Dios por el
mismo Estado y sus autoridades.
Los cristianos no sólo son inocentes de las inmoralidades
que se les achacan, sino que su comportamiento, entre
ellos y con los que no son cristianos, es moralmente
mucho más elevado que el de los paganos; no son
tampoco gente rara que huye del mundo, sino que
comparten todos los afanes de sus conciudadanos, a
quienes procuran ayudar en todo.
También se protesta de la inicua ley que condena a los
cristianos por el mero hecho de serlo; no se puede
condenar por un nombre, sin averiguar qué significa, sin
molestarse en saber qué son y cómo viven los cristianos y
qué es lo que hacen o dicen que merezca el castigo: esto
no es un comportamiento ilustrado, digno de
emperadores que cultivan la filosofía.
A todo esto suelen unir los apologistas, de manera y con
intensidad variada, la acusación de que a menudo entre
los paganos sí que se dan los vicios de que ellos acusan a
los cristianos, y aun peores; otras veces su actitud es
más amable, y procuran en cambio convencer al lector
pagano sin herirle; y otras hacen ambas cosas.
También varía la actitud de los apologistas ante la
filosofía pagana, ante el saber en general y el arte; unas
veces es de aprecio, como en San Justino, y otras de
repudio, como en Taciano.
En general se puede sin embargo decir que las apologías
del grupo de los llamados apologistas griegos son griegas
hasta en su concepción, y tratan de mostrar que el
cristiano no sólo se conforma con los ideales aceptados
por el helenismo, sino que el cristiano es el único capaz
de encarnar de verdad ese ideal.
Las apologías dirigidas a los paganos raramente se
apoyan en textos sagrados, que no tienen ningún valor
especial para sus lectores. Por lo mismo, la presentación
que hacen de la doctrina de Cristo se suele ceñir a
aquellos de sus aspectos que de alguna manera se hallan
ya cerca de la mentalidad del público pagano. Se busca
conseguir de él una actitud de comprensión y
benevolencia, con la esperanza, a veces claramente
manifestada, de su posterior acercamiento a la fe; pues
aunque la intención fundamental de estos escritos es que
se deje vivir en paz a los cristianos, el interés proselitista
no deja de estar presente.
La forma más usual de las apologías dirigidas a los
paganos es la de un alegato dirigido unas veces al pueblo
y otras al emperador o a la suprema autoridad local o
provincial, aunque siempre con la intención de que sea
ampliamente leído. Otras veces, tanto estas apologías
como las dirigidas a los judíos, toman en cambio la forma
literaria de un diálogo.
En las apologías dirigidas a los judíos, la argumentación
era lógicamente distinta. Aquí sí se usa el Antiguo
Testamento, y en general se muestra que la revelación
antigua era una preparación de la nueva, y que la ley
vieja ha sido substituida por la nueva del Evangelio;
varían de un autor a otro los términos con que se
describe esta abrogación y la culpabilidad que se atribuye
a los judíos que no la han aceptado; en algún caso
extremo, de manera semejante a lo que ocurría en la
Epístola de Bernabé que ya hemos descrito, la repulsión
hacia el judaísmo es extrema.
Podríamos ilustrar lo dicho sobre el contenido de las
apologías con el esquema de una de las más breves y
mejor escritas que nos han llegado, el Discurso a
Diogneto.
El autor dirige su obra a Diogneto, que puede ser un
nombre propio pero también un título dado al emperador
(«conocido de Zeus»), para responder a su interés por
conocer la doctrina y la vida de los cristianos. Comienza
refutando la idolatría: las imágenes a las que se adora no
son dioses, sino objetos hechos por los hombres y que no
pueden valerse por sí mismos; también los judíos están
equivocados, pues aunque adoran al Dios verdadero, lo
hacen con ritos innecesarios y ridículos, a los que
conceden gran importancia. Los cristianos en cambio, que
viven en este mismo mundo sin huir de él, que usan el
mismo vestido y la misma lengua y viven en las mismas
ciudades, están en el mundo como si no fueran de él; son
como el alma del mundo, aborrecidos por éste y sin
embargo dándole vida. Sus convicciones son tan firmes
que no vacilan en dar la vida para no abandonarlas; pues
no se han inventado su doctrina, sino que la han recibido
de Dios, que se ha manifestado últimamente, enviando a
su Hijo amado para que nos revelara lo que desde un
principio tenía preparado para nosotros; además, el Hijo
de Dios nos ha librado de nuestra culpa sufriendo por
nuestros pecados. Exhorta después a Diogneto a conocer
a Dios Padre y a amarle a Él y al prójimo para que,
viviendo en la tierra, pueda contemplar al Dios del cielo.
Las apologías
Estudiaremos ahora el grupo de los primeros apologistas,
que eran griegos. Más adelante, a fines del siglo II, nos
encontraremos con apologías latinas (Minucio Félix,
Tertuliano) y luego con las de autores más tardíos, pues
el género estaba destinado a tener una larga vida; basta
considerar que una de las obras más importantes de San
Agustín, La ciudad de Dios, es en gran parte una
apología. Pasaremos pues revista, con una cierta
brevedad, a las obras de los apologistas griegos, en las
que nos limitaremos a señalar alguna particularidad
notable dentro de estas características generales que
hemos avanzado. Hay que tener en cuenta, por otra
parte, que aun cuando estos autores son
fundamentalmente conocidos por sus apologías,
escribieron también otras obras, algunas de las cuales se
conservan, y que serán brevemente descritas bajo el
correspondiente autor.
Cronológicamente, se pueden clasificar como sigue las
apologías de los apologistas griegos:
a. hacia los años 123/124, bajo el emperador Adriano,
las de CUADRATO (¿Epístola a Diogneto?) y
ARÍSTIDES DE ATENAS;
b. bajo el emperador Antonino Pío (138-161), las de
ARISTÓN DE PELLA y SAN JUSTINO MÁRTIR;
c. bajo el emperador Marco Aurelio (161-180), las de
TACIANO EL SIRIO, MILCÍADES, APOLINAR,
ATENÁGORAS DE ATENAS, TEÓFILO DE ANTIOQUÍA,
MELITÓN DE SARDES y HERMIAS.
Los primeros apologistas
En los años 123 ó 124, CUADRATO presentó en Atenas
una apología al emperador Adriano (117-138) que se ha
perdido. Es posible que esta apología sea precisamente
la Epístola a Diogneto que hemos resumido más arriba, y
que hasta hace poco se solía poner en una fecha más
avanzada del siglo, hacia su final. A menudo, esta carta
se clasifica también entre los escritos de los Padres
Apostólicos.
Por los mismos años 123 ó 124, ARÍSTIDES DE ATENAS,
filósofo, también dirigió una apología a Adriano. El autor
dice de sí mismo que llegó al conocimiento de Dios por la
necesidad de explicarse el orden del universo; expone los
errores de bárbaros, griegos y judíos, en contraste con la
verdad de los cristianos y con la elevación de sus
costumbres.
Los apologistas del tiempo de Antonino Pío
En tiempos del emperador Antonino Pío (138-161) hay
registrados dos autores. Uno es ARISTÓN DE PELLA, que
hacia el 140 escribió la primera apología contra los judíos,
titulada Discusión entre Jasón y Papisco sobre Cristo, que
se ha perdido.
El otro, SAN JUSTINO MÁRTIR, es el más importante de
los apologistas griegos, y su obra no se limita a las
apologías. Justino nació en Palestina, en la antigua
Siquem, de padres paganos, y parece que su
conocimiento del judaísmo lo adquirió más tarde. Él
mismo nos cuenta su itinerario espiritual en busca de la
verdad, y cómo acudió a diversos maestros de diferentes
escuelas filosóficas, hasta que encontró el cristianismo.
Llegado a Roma, puso una escuela en la que enseñaba su
filosofía, la cristiana, y allí, por las envidias de un maestro
pagano que seguía la filosofía cínica, Crescente, fue
denunciado como cristiano y murió mártir, probablemente
en el año 165. Se conserva el relato auténtico de su
martirio, basado en actas oficiales.
Obras suyas fueron un Libro contra todas las
herejías, otro Contra Marción, un Discurso contra los
griegos y una Refutación de tema semejante, un
tratado Sobre la soberanía de Dios y otro Sobre el alma,
y aun algún otro. Pero a nosotros nos han llegado sólo
tres escritos: dos apologías contra los
paganos (Apologías) y otra contra los judíos (Diálogo con
Trifón).
Las dos Apologías están dirigidas al emperador Antonino
Pío y fueron escritas alrededor del año 150;
probablemente son dos partes de la misma obra, que
luego se desdobló. En ellas se pide al emperador que
juzgue de los cristianos sólo después de escucharles,
pues no es sensato condenar a alguien por un nombre, el
de cristiano, sino sólo por crímenes reales. Expone luego
la doctrina cristiana, tanto en lo referente a las creencias
como a la moral y el culto, amonestando de nuevo al
emperador y añadiendo que aun cuando las
persecuciones están provocadas por los demonios, no
pueden dañar a los cristianos, que también así llegan a la
vida eterna.
El Diálogo con Trifón es el más importante de estos
escritos apologéticos. Trifón es un judío al que Justino
encontró en Éfeso y con quien probablemente trató de
algunas de estas cuestiones, escritas mucho más tarde,
después de las dos Apologías. La argumentación de
Justino se apoya mucho ahora en el Antiguo Testamento,
base aceptada por los dos interlocutores; Justino expone
que la ley de Moisés era provisional, mientras que el
cristianismo es la ley nueva, universal y definitiva; explica
por qué hay que adorar a Cristo como a Dios, y describe
a los pueblos que siguen a Cristo como el nuevo Israel.
Seguramente el pensamiento de Justino queda sólo
parcialmente reflejado en estas obras de apología,
dirigidas por tanto a los no cristianos. En ellas trata de
mostrar aquellos extremos en que coincide la enseñanza
de los filósofos, especialmente la de los platónicos, y la fe
de los cristianos.
Su concepto de Dios es tan absolutamente trascendente,
que piensa que no puede establecer ningún contacto con
el mundo, ni siquiera para crearlo, si no es a través de un
mediador, que es el Logos (en griego, la razón); al
principio el Logos estaba de alguna manera en Dios, pero
sin distinguirse realmente de Él; luego, justo antes de la
creación, emanó de Dios con el fin de crear y de gobernar
el mundo; sólo después de esta emanación parece pensar
Justino que se constituye el Logos en persona divina,
aunque permanece subordinado («subordinacionismo») al
Padre. El Logos nos revela al Padre, y es el maestro que
nos lleva a Él.
Pero esta doctrina sobre el Logos tiene aún otro
significado para Justino. El Logos en toda su plenitud sólo
apareció en Cristo, pero de una manera tenue estaba ya
en el mundo, pues en cada inteligencia humana hay una
semilla del Logos, capaz de germinar. De hecho, germinó
en los profetas del pueblo de Israel y en los filósofos
griegos; y por este origen común, no puede haber
contradicción entre el cristianismo y la verdadera
filosofía; con mayor razón, dice, puesto que Moisés fue
anterior a los filósofos, y éstos tomaron sus verdades de
él.
Justino es el primer escritor que completa la comparación
entre Adán y Cristo de San Pablo con la comparación
entre Eva y María. Es uno de los primeros testimonios del
culto a los ángeles, cuyo pecado interpreta como pecado
de la carne, pues piensa que tienen una cierta
corporeidad; también piensa que los demonios no irán al
fuego eterno hasta el momento del juicio final y que
hasta entonces vagan por el mundo tentando a los
hombres: especialmente, tratando de apartarles de
Cristo. Justino es también milenarista.
Tiene especial importancia el testimonio de Justino sobre
la Eucaristía. Describe la celebración eucarística que tiene
lugar después de la recepción del bautismo, y la de todos
los domingos; el domingo, dice, se ha elegido porque en
este día creó Dios el mundo y resucitó Cristo. Primero se
hace una lectura de los Evangelios, a la que sigue la
homilía; después se dicen unas oraciones rogando por los
cristianos y por todos los hombres, seguidas del ósculo de
paz; luego viene la presentación de las ofrendas, su
consagración, y su distribución por medio de los diáconos.
El pan y el vino, consagrados, son ya el Cuerpo y la
Sangre del Señor, y esta ofrenda constituye el sacrificio
puro de la nueva ley, pues los demás sacrificios son
indignos de Dios.
Los apologistas del tiempo de Marco Aurelio.
Bajo Marco Aurelio, el emperador filósofo (161-180),
tenemos otra serie de apologistas, algunos de los cuales
parece que escribieron en el ambiente creado por la
persecución de este emperador (176-180).
TACIANO EL SIRIO, nacido de una familia pagana y en
Siria, seguramente en la zona cercana al imperio persa
(«nacido en tierra de asirios», dice de sí mismo), y con
una gran antipatía hacia todo lo griego, se convirtió quizá
en Roma, donde acudió a la escuela de Justino; como su
maestro, había llegado al cristianismo después de una
larga búsqueda de la verdad entre los filósofos. Pero a
diferencia de Justino, Taciano rechaza completamente no
sólo la filosofía de los griegos, sino toda su cultura y sus
costumbres. Regresó a Oriente hacia el 172, y dio origen
a una secta rigorista, llamada de los encratitas, que
proscribía el matrimonio, el comer carne y el beber vino,
hasta el punto de que en la misma Eucaristía lo
substituyó por agua.
De sus obras sólo dos se conservan. Una, que al parecer
era la más importante de todas y que se puede
reconstruir con las traducciones que tenemos, es
el Diatessaron; se trata de una concordia de los cuatro
evangelios, hecha con objeto de presentarlos en un solo
relato continuo; parece que fue muy utilizado, incluso en
la liturgia, durante un largo tiempo; su traducción al latín
fue posiblemente la primera versión latina del Evangelio.
La otra obra es el Discurso contra los griegos, una
apología que, más que una defensa frente a los paganos,
es un ataque virulento y desmesurado contra todo lo
griego, al que añade la exposición de algunos puntos de
la religión cristiana: Dios, el Logos, el pecado original, los
demonios y su actividad, la posibilidad de que el hombre
se haga inmortal si sabe rechazar completamente la
materia, el misterio de la encarnación, la conducta de los
cristianos; la religión cristiana, dice, es la más antigua de
todas, pues Moisés es anterior a cualquier pensador
griego.
De MILCÍADES, nacido en Asia Menor y discípulo de
Justino, y de APOLINAR, obispo de Hierápolis, no se
conservan las apologías que escribieron por este tiempo,
ni tampoco ningún otro de sus escritos.
En cambio, de ATENÁGORAS DE ATENAS, contemporáneo
de Taciano, se conserva una Súplica en favor de los
cristianos, escrita hacia el 177 y dirigida a Marco Aurelio
y a su hijo Cómodo, asociado al Imperio; está escrita con
elegancia y moderación, con abundantes citas paganas, y
en ella refuta las acusaciones acostumbradas: los
cristianos no son ateos, sino monoteístas, como algunos
de los mejores pensadores paganos; no son culpables de
canibalismo, pues aborrecen el asesinato, y por eso no
van al circo y respetan la vida del niño más pequeño; no
sólo no organizan las orgías de que se habla, sino que
tienen en gran aprecio la castidad. De este mismo autor
se conserva además un discurso Sobre la resurrección de
los muertos, donde explica que lejos de ser imposible o
inconveniente para Dios que los muertos resuciten, es
muy razonable, para que el cuerpo reciba con el alma el
premio o el castigo de las obras en cuya ejecución
también participó.
Trata Atenágoras, por primera vez, de demostrar
filosóficamente que sólo puede haber un Dios. Explica,
con más claridad que los anteriores, la divinidad del
Logos, evitando aun las apariencias de
subordinacionismo; utiliza también alguna expresión
especialmente afortunada al hablar de la Trinidad,
aunque usa el término «emanación» al referirse al
Espíritu Santo. Habla también de la existencia de los
ángeles. Al explicar cómo los cristianos han recibido la
doctrina que profesan, contrapone la inseguridad de las
enseñanzas de los filósofos con la certeza de la revelación
hecha por Dios a unos hombres elegidos. Trata también
del aprecio a la virginidad y de la indisolubilidad del
matrimonio, que está orientado hacia la procreación.
TEóFILO DE ANTIOQUÍA, según Eusebio de Cesarea, fue
el sexto obispo de aquella sede, nació de padres paganos
cerca del Éufrates, en los confines del Imperio cercanos a
Persia, y recibió una educación helenística. Era ya mayor
cuando se convirtió, después de un estudio profundo de
las Escrituras.
De sus obras quedan sólo los tres libros A Autólico, un
amigo frente al que defiende el cristianismo, que fueron
escritos poco después del 180. En ellos trata del Dios
verdadero y de la idolatría, contrasta las enseñanzas de
los profetas con las fábulas griegas, y por fin describe la
superioridad del comportamiento moral de los cristianos,
refutando de paso las famosas calumnias. Repite la idea
de que Moisés es más antiguo que cualquier filósofo. Sus
otras obras parece que versaban sobre las Sagradas
Escrituras o que atacaban algunas herejías.
Teófilo es el primero que usa la palabra trías para
referirse a las tres personas divinas juntas. Es también el
primero que distingue entre la Palabra inmanente en Dios
(Logos endiácetos) y la Palabra proferida por Dios (Logos
proforikós). Piensa que la inmortalidad del alma no es
algo natural, sino un premio a la obediencia a Dios, idea
que volveremos a encontrar alguna vez.
MELITÓN DE SARDES, obispo de esta ciudad, en Lidia,
escribió hacia el 170 una apología destinada a Marco
Aurelio. Esta apología se ha perdido, aunque conocemos
un detalle, por un fragmento conservado: Melitón subraya
que desde la aparición del cristianismo las cosas han ido
mucho mejor para el Imperio. De las muchas obras suyas
cuyo título nos es conocido, sólo nos ha llegado
una Homilía sobre la pasión del Señor, descubierta
recientemente; en ella domina la idea de la preexistencia
de Cristo, que se encarnó en la Virgen para rescatar al
hombre del pecado, de la muerte y del demonio.
De HERMIAS, posiblemente del siglo III, se tiene
solamente una breve sátira, el Escarnio de los filósofos
paganos.
Puede darnos una idea de la extensión de las apologías
que hemos descrito, el número de páginas que ocupan en
la edición de la BAC que citaremos enseguida en los
textos. La mayor parte se sitúan entre las 15
páginas (Discurso a Diogneto) y las 70; más largo es
el Discurso contra los griegos de Taciano, con 100
páginas, pero a todas las supera el más importante autor
del grupo, San Justino, cuyo Diálogo con Trifón ocupa
250 páginas, y su Apología en dos partes otras 100
páginas.
ENRIQUE MOLINÉ
LOS PADRES DE LA IGLESIA
Edic. Palabra. Madrid 2000
TEXTOS DE LOS PADRES APOLOGISTAS
-DISCURSO A DIOGNETO
-APOLOGÍA DE ARÍSTIDES
SAN JUSTINO
TACIANO
ATENÁGORAS
TEÓFILO DE ANTIOQUÍA
[13]
I.- PASTORAL ANTE LAS SECTAS Y NUEVOS
GRUPOS RELIGIOSOS
UN METODO EFECTIVO PARA HACER FRENTE AL PROSELITISMO DE LAS
SECTAS FUNDAMENTALISTAS
Desde el año 1983 estamos trabajando en esta línea. Actualmente en mas
de quince países. He aquí el resultado de nuestra experiencia y reflexión. Un
hecho es cierto: donde se esta aplicando este método, las sectas ya no avanzan y
empieza un lento regreso hacia la Iglesia Católica.
INTRODUCCION
Sin duda que uno de los retos mas grandes que enfrenta la Iglesia Católica
a finales del Tercer Milenio es el avance de las sectas fundamentilistas que con
sus metodos de proselitismo están teniendo un enorme ritmo de crecimiento en
muchos países del continente américano y uno no menos alto, en otros
continentes.
El objetivo de este libro es el de presentar una estrategia precisa y muy
concreta que desde hace años esta dando muy bueno resultados en los lugares
donde se está implantando. Es conocido que en varios países y a diferentes niveles
se han realizado estudios e investigaciones para presentar estrategias concretas
para enfrentar este fenomeno. Sin embargo, es un hecho que después de años los
resultados que esperaban no se han dado. La respuesta al por que no han resultado
del todo bien la encontrarás en la PRIMERA PARTE de este trabajo.
Estamos convencidos que después de estudiarlo y ponerlo en práctica
también estarás de acuerdo con nosotros. En realidad no se trata de una varita
mágica ni mucho menos, mas bien se trata de una renovación de algo que durante
siglos la Iglesia realizó como parte esencial de su misión evangelizadora.
Esta ‘estrategia’ de incorporar una Nueva Apologética como “elemento
integrante en los planes de pastoral” no es un proyecto que se cree pueda
funcionar. Mas bien es una experiencia ya comprobada y funcionando en
diferentes diócesis de varios países. Con la reflexión y ajustes que se han ido
dando en parroquias de Cd. Juárez, México hemos ido afinando toda una
estrategia concreta y aplicada en la dióciesis con excelentes resultados. Este
método ya se esta aplicando en otras parroquias o diócesis con resultados
similares.
En resumen la estrategia consiste en desencadenar todo un proceso que
lleve a la incorporación de la Apologética en todas las estructuras parroquiales y
diocesanas. De esta manera la Nueva Apologética se convierte en un elemento
integrante y dinamizador dentro de los Planes de Pastoral con los que ya cuentan
la mayoría de las diócesis. En la medida en que se va logrando esto, en esa
medida va disminuyendo el ritmo de crecimiento de las sectas. El desarrollo de
como aplicarla está en la SEGUNDA PARTE de este libro.
Actualmente soy profesor de Apologética en el seminario mayor de Cd.
Juarez y estoy de director de Apostoles de la Palabra en Estados Unidos y en la
region norte de Mexico... es desde esta praxis pastoral, donde cada día que pasa,
me convenzó mas, de que el fenomeno del crecimiento alarmante de las sectas no
hubiera sucedido si se hubieran aplicado las medidas correctivas adecuadas. En
realidad frenar el ritmo de crecimiento de estos Nuevos grupos religiosos no es
algo tan complicado ni tan dificil como parece. Es cuestion de usar la medicina
adecuada en la dosis que se requiere.
Lo ideal y la forma mas rápida para lograr el objetivo de fortalecer la
identidad de miles o millones de católicos es que desde el inicio se haga a nivel
diocesano. De realizarse así en un año se verán resultados sorprendentes. De no
poder realizarse a nivel diocesano, se inicia por vicarías o decanatos. En última
instancia se puede empezar desde una paroquia y después irlo aplicando en otras.
Por experiencia sabemos que proyectarlo desde el principio en una diócesis o
vicaría es lo que mejor y mas rápidos resultados da.
Esta estrategia visualiza la Apologética como una pastoral específica ante
el proselitismo sectario y considera totalmente INSPENSABLE y necesario que la
Iglesia continue, intensifique, perfeccione y renueve su labor de evangelización en
las otras areas de pastoral (Catequética, litúrgica y social). Se trata de unir ante
este fenomeno del sectarismo toda la acción pastoral global o general con una
pastoral específica como lo es la Apologética.
Es sumamente importante subrayar ante el fenómeno de las sectas, del
indiferentismo, del secularismo y de otros grandes retos que se enfrentan en la
pastoral lo primero es realizar la triple misión de Jesucristo concretizada a través
de la Iglesia: lo profético, litúrgico y lo social. Es para darle un dinamismo
específico ante las sectas y la Nueva Era como la defensa de la fe se injerta
dentro de la pastoral de conjunto.
En este libro nos concentraremos en la Apologética dejando las otras areas
de pastoral a los expertos en ellas. En especial te recomiendo las excelentes obras
del P. Flaviano Amatulli sobre el analisis y propuestas pastorales para enfrentar de
una manera integral el fenomeno del sectarismo.
Para lograr el objetivo de este “programa” es totalmente
INDISPENSABLE que se realizen las cuatro fases en las que consiste esta
estrategia. Quitar alguna o cambiar el orden es tirar por la borda el 50 o 70 % de
lo que se pretende conseguir. Al mismo tiempo, en cada fase, hay elementos que
se deben cuidar con precisión. Es por esto que se necesita una lectura y estudio
muy detenido de cada fase. Al final colocamos una excelente bibliografía para la
temática de las cuatro fases.
Otro elemento INDISPENSABLE sin el cual no se podría realizar esta
‘estrategia’ es el que según sea el nivel en el que se vaya a aplicar haya un
conocimiento pleno y aprobación plena de la jerarquía de la Iglesia. La razón es
que como se llegará a las estructuras parroquiales y diocesanas tiene que haber
una autorización plena desde el principio. De no ser así lo único que se logrará es
hacerle “cosquillas” a las sectas protestantes.
En el mismo plano de algo INDISPENSABLE es el uso del material con el
que ya se cuenta sobre Apologética para la realización e implementación de las
diferentes fases. En este folleto se encuentra la estructura y razón de la estrategia.
En los otros libros que se mencionan se encontrará el contenido de los temas que
se imparten.
El objetivo no es hacer un poco de “ruido” y dar algunas charlas de
defensa de la fe, creando un grupito especialista en sectas y haber que se le ocurre
hacer. NO. El objetivo es frenar en serio el ritmo de crecimiento de las sectas
fortaleciendo la “identidad” de los miles o millones de católicos de cada diócesis a
través de las estructuras pastorales con las que ya se cuenta a nivel parroquial y
diocesano. Todo esto en un período de uno o dos años. Haciendo llegar a cada uno
de los católicos la importancia fundamental de la Iglesia, de la Biblia como fruto
de la Iglesia y dando respuesta a los ataques injustos de parte de las sectas (Cfr.
145 Documento de Santo Domingo).
La primer fase es una concientización masiva o vacunación general, la
segunda es la etapa de capacitación de los agentes de pastoral y de los ministerios
de promotores y defensores de la fe. La labor permanente y fundamental de la
tercera etapa irá disminuyendo cada vez mas el porcentaje de católicos que
abandonan la Iglesia católica a causa de las sectas. La cuarta fase forma agentes
de pastoral altamente cualificados en esta area de pastoral.
Hace tiempo estuve explicando esta estrategia en una reunión
Interamericana que hubó en Dallas, Estados Unidos. NEA 2000 (Nueva
Evangelización de América) es el nombre de la organización y asistieron algunos
obispos, sacerdotes y líderes laicos de Medios de comunicación del continente
américano.
Como me invitaron para hacer una presentación me dediqué a organizar
de una manera sistemática la experiencia pastoral que estamos realizando desde
hace algunos años y la presentacion de esta propuesta eclesial tal como lo
hacemos en reuniones de presbiterios o de presentaciones a obispos. La respuesta
de los obispos, sacerdotes y directores de los Medios de comunicacion presentes
fue excelente. Nos invitaron a varios paises a establecer esta estrategia y a grabar
programas de Radio y Televisión en redes que transmiten vía satélite a varios
países del continente americano.
Sin duda que una de las cosas que más les llamó la atención fue el hecho
de que no estabamos presentando un método o propuesta teórica para ver la
posibilidad de que diera resultado. No, mas bien les presentamos una “estrategia
pastoral” que ya se esta aplicando con excelentes resultados en varios países y que
se ha ido perfeccionando a través de los años.
El experto en esta area de Apologética y de estudio del fenomeno
sectarista es el P. Flaviano Amatulli Valente, nuestra aportación es la de
sistematizar toda esta acción desarrollando un método práctico y llevándolo a la
práctica durante años en la diócesis de Cd. Juárez. Se trata de incorporar “Una
Nueva Apologética como Elemento Integrante en los Planes de Pastoral ya
existentes” en las diócesis o en aquellas en donde están desarrollando procesos de
planeación.
Los resultados han sido excelentes pues por los indicadores que hemos
visto esta diócesis es una de las primeras de México y probablemente de todo el
continente donde a nivel diocesano se ha disminuido el ritmo de crecimiento de
las sectas fundamentalistas. Claro esta que esto fue posible gracias al apoyo de la
jerarquía local. Desde hace tiempo en las diócesis donde nos invitan nuestra
propuesta es la de aplicar este “programa” a nivel interparroquial, vicaría o
diócesis con sus cuatro fases correspondientes. Claro está que todo se hace bajo la
autorización de la jerarquía e integrando todo esto a la planeación ya existente.
Para profundizar mas sobre el fenómeno del sectarismo, su relación con el
ecumenismo, causas internas y externas, propuestas pastorales, nueva era,
apologética práctica etc. te recomiendo las obras del P. Flaviano Amatulli, P.
Daniel Ganon, P. Cristobal Gaspariano u otras de un servidor.
El objetivo de este libro que tienes en tus manos es precisamente el de
compartir esta experiencia como una propuesta para que se pueda repetir por todo
el mundo donde el proselitismo sectario esté presente y se quiera enfrentar con
seriedad y profundidad al mismo. Tal como lo indica el documento fruto del
Sínodo de América presentado por su Santidad Juan Pablo II:
Para que la respuesta al desafío de las sectas sea eficaz, se requiere una
adecuada
coordinación de las iniciativas a nivel supradiocesano, con el objeto de
realizar una cooperación mediante proyectos comunes que
puedan dar mayores frutos.
No. 286 Sínodo de América
Que Dios Nuestro Padre, nuestro Señor y Salvador Jesucristo y el Espíritu
consolador nos concedan la dicha de celebrar la llegada del tercer Milenio
fortalecidos en la fe.
Bajo la intercesión de la Santísima Virgen de Guadalupe ponemos
esta ‘propuesta eclesial ante las sectas y la Nueva Era’ para que pueda realizarse
y perfeccionarse en muchos lugares y podamos decir con alegría la frase que se
popularizó en México con la visita del Papa Juan Pablo II y se extendió a todo el
continente:
AMERICA SIEMPRE FIEL AMERICA SIEMPRE FIEL AMERICA
SIEMPRE FIEL
Martín Zavala Galvan A.P.
23 de Enero de 1999
Fecha de la 4a. Visita del Papa a México
Y celebrando la semana de la oración por la Unidad.
II.- LA REALIDAD DEL SECTARISMO
FUNDAMENTALISTA
Diferentes instancias eclesiales y estudios estadísticos han señalado
el creciente avance de las sectas en el continente americano y en otros
países. Entre ellos cabe destacar lo mencionado en las conclusiones del
Sínodo de América recientemente presentado:
“Los avances proselitistas de las sectas y de los nuevos grupos
religiosos en América
no pueden contemplarse con indiferencia. Exigen de la Iglesia en este
Continente un profundo estudio, que se ha de realizar en cada nación y
También a nivel internacional, para descubrir los motivos por los
que no pocos católicos abandonan la Iglesia”
No. 283 de Eclesia in América
Igualmente la IV Conferencia General del episcopado
latinoamericano nos habla del crecimiento de las sectas fundamentalistas
como algo grave:
“ El problema de las sectas ha adquirido proporciones dramáticas y ha
llegado a
ser verdaderamente preocupante sobre todo por el creciente
proselitismo”
No. 139 del documento de Santo Domingo.
Algunos estudios estadísticos que nos confirman esto son los siguientes:
En América Latina cada hora 400 personas abandonan la Iglesia
Católica.
En 1900 eran 250,000 para el año 1990 ya son 46 millones en América
latina.
En Guatemala aproximadamente el 25% de la población ya es
evangélica.
En el Salvador cerca del 30% ya no son católicos y han pasado a
diversas sectas.
En Brasil de seguir el mismo ritmo de crecimiento para el 2050 la
mitad de la población sería evangélica.
En México, a pesar de no ser de los mas dañados en este aspecto, en
1970 el total de protestantes era 880,000 actualmente ya son cerca de
cinco millones.
En Estados Unidos todas las sectas tienen un altísimo ritmo de
crecimiento. Algunas llegan a mas del 1000%.
Todo esto ha sido posible por diferentes causas que en este
momento no profundizaremos pues ya hay algunos autores que han
realizado estudios en esa línea. Ejemplos de ello son el documento de la
Santa Sede sobre los Nuevors grupos religiosos; los comunicados
emitidos por conferencias episcopales y los realizados por diferentes
autores e investigadores. Sin embargo es importante subrayar algunos
factores principales que han contribuido a esta realidad:
1. El voraz proselitismo de las sectas a través de los mas diversos
métodos incluyendo los ilícitos desde una perspectiva cristiana. (Engaño,
intereses económicos, presión psicológica, ayuda material...)
2. Los “Planes” de conquista evangélicos con toda una estrategia para
disminuir la presencia de la Iglesia Católica y lograr engrosar las filas de
las sectas fundamentalistas. Entre estos planes cabe mencionar el “Plan
Amanecer”, “Ad 2000”, “Latinoamérica 2000”, “Joshua 200”, la película
“JESUS”, “Messiah 2000” por mencionar algunos de ellos que están
realizando a nivel internacional o mundial. Planes que tienen un
financiamiento y apoyo de organismos, fundaciones e Iglesias de los
Estados Unidos.
3. Otro factor importante es sin duda el llamado “Teoría de la
conspiración” en el cual se considera al protestantismo como vanguardia
del imperialismo norteamericano. A partir del Concilio Vaticano II
nuevos aires soplaron en la Iglesia Católica. En América Latina el
CELAM en Medellín y después en Puebla impulso a la Iglesia en su
opción preferencial por los pobres y paso a la acción de una manera muy
visible y comprometida. Para el coloso del norte fué como una
declaración de guerra.
El informe Rockefeller (1969) y el Documento Santa Fe (1975) declaran
a los católicos como “no confiables” e impulsan a las sectas protestantes
como un método para contrarrestar la fuerza de cohesión de la Iglesia
Católica. La estrategia de “divide y vencerás” apoyando
económicamente cualquier iniciativa para destruir a la Iglesia Católica y
afectarla en su profetismo a favor de la justicia, la libertad y los
derechos, explica en parte el creciemiento de las sectas a partir de los
años setenta.
4. En el aspecto social muchos de los elementos que los sociólogos
mencionan como caldo de cultivo para el sectarismo se dan en la
mayoría de los países del continente en diferentes grados:
* Pobreza extrema
* Concentración urbana con la secuela de masificación
* Narcotrafico y violencia
* Rápidos y profundos cambios sociales que producen crisis existencial y
busqueda de seguridad e identidad
III.- REACCIONES FRENTE AL PROSELITISMO
SECTARIO
Desde hace años en muchos países se han tenido estudios y
encuentros para analizar el fenómeno del sectarismo y marcar líneas o
propuestas de acción, pero la triste realidad es que después de todos estos
análisis el resultado es que las sectas siguen creciendo igual o más que
antes. ¿Por qué no se ha logrado frenar el ritmo de crecimiento de las
sectas?
Veamos algunas de las acciones y actitudes que se tomaron frente
al avance de las sectas y que han provocado las consecuencias ya
mencionadas. Para mayor facilidad las agrupamos en tres grandes
grupos: parálisis, ecumenismo ingenuo y análisis parciales.
1.- Parálisis :
a) Derrotista:
Pensaron que no se podía hacer nada porque las sectas contaban con todo
un financiamiento económico y un aparato de mercadotecnia
impresionante. Esto fué respaldado por la llamada “teoría de la
conspiración”
b) Triunfalista:
Algunos, por el contrario, creyeron que no era necesario hacer algo
porque las sectas iban a desaparecer solas. Como ésta Iglesia la fundó
Cristo no había que perder tiempo en esas cosas. Además como la
parroquia esta llena de gente no había problema.
c) Indiferentismo:
Otros simplemente ignoraron el problema, es más ni problema había.
Algunos incluso pensaron que si se iban 3000 a las sectas no importaba,
pues lo importante era que se quedaran 400 bien comprometidos.
Además los otros grupos también les hablaban de Dios.
2.- Ecumenismo ingenuo:
La falta de una verdadera formación ecuménica unido a la
imposibilidad de practicarlo con las sectas fundamentalistas que son anti-
ecuménicas provocó que en muchos lugares se cayera en un ecumenismo
ingenuo:
a) No se diferenció entre Protestantismo histórico y sectas
fundamentalistas.
b) El problema de las etiquetas aumento esto, pues muchas Iglesias que en
teoría son ecuménicas en diferentes lugares adoptaron toda la mentalidad
anticatólica y antiecuménica de las sectas, lo cual todavía muchos no
alcanzan a distinguir.
c) Se está dando lo que algunos sociólogos llaman la Californización de las
Iglesias en Estados Unidos y en América Latina. Esto consiste en que el
panorama religioso de Estados Unidos se está reconfigurando. Las
sectas, muchas surgieron en el sur de USA, están invadiendo el país,
además que están influenciando al protestantismo histórico que era de
una línea mas liberal. Esto se ha extendido a todo el continente.
d) En el contexto socio-religioso actual las Iglesias Protestantes
disminuyen y las sectas fundamentalistas están creciendo. Ante esto
algunos no supieron que hacer pues toda su formación apuntaba al
ecumenismo que no es aceptado por las sectas fundamentalistas. En
niveles estructurales eclesiales todavía hacen talleres sobre ecumenismo
y sectas. El resultado esta de mas decirlo, solo basta ver el crecimiento
explosivo de las sectas.
e) La discusión sobre la terminología a usar a muchos todavía los tiene
estancados. (Sectas, cultos, Nuevos grupos religiosos, Iglesias etc.)
f) Algunos practicaron el Ecumenismo de café: charlar y convivir con
cualquier pastor tomándose un café y dejando fuera las directrices dadas
por el magisterio de la Iglesia. Con esto se favoreció el crecimiento de
las sectas fundamentalistas. El pastor de la secta fundamentalista y
proselitista después de comer (llevarse) a las ovejas católicas a su grupo
se hizo amigo del sacerdote católico y juntos charlan y conviven en aras
de un supuesto ecumenismo.
g) En algunos lugares de un ecumenismo verdadero se pasó a un
indiferentismo religioso de graves consecuencias.
3.- Análisis parciales:
Pero sin duda, algo que ha tenido una influencia muy grande en este
aspecto del crecimiento de las sectas es el resultado de los estudios y
análisis que se han realizado en diferentes países y en diferentes niveles
eclesiales.
Las conclusiones y propuestas se hicieron y después de 5, 10,
y 15 años las sectas siguieron creciendo. Si pusiéramos uno frente a otro
a los diferentes resultados de los estudios y propuestas realizadas,
notaríamos que son muy similares sus conclusiones sobre el por qué los
católicos se van a las sectas y también muy similares sus propuestas
sobre que hacer para que ya no se vayan a engrosar esas filas. Todos
estos analisis no están mal, pero son parciales. Aclaramos que no
estamos en contra de ellos sino todo lo contrario, hay que realizar esas
propuestas pero integrándole el elemento apologético como identidad del
católico que fué lo que les faltó. Las conclusiones y propuestas mas
comunes que hicieron fueron las siguientes:
1. Promover la Evangelización (Kerigma) pues se van porque
allá les presentan un Dios vivo y de salvación. Todavía hoy, algunos
dicen: Démosle eso a los católicos y no se irán a las sectas.
Promovamos por todos los medios retiros de evangelización y será la
solución.
Los resultados después de varios años de hacer esto salta a la vista
inmediatamente, pues aunque muchos fueron atraídos a la fe y a la
Iglesia, al mismo tiempo también muchos “evangelizados” fueron a parar
a las sectas sobretodo a las de corte pentecostal por su similitud
kerigmática. Incluso en varias ciudades hubo algunos que tiempo
después de tomar su retiro de evangelización no solamente se salieron de
la Iglesia sino que fundaron su propia secta.
El pastor de una secta pentecostal dijo en público:
“ Les pedimos a los católicos que ya no hagan retiros de
evangelización, ni cursillos, ni de renovación porque ya no tenemos a
donde meter a tanta gente ”.
Ahora se los están mandando ya “evangelizados”.
2. Otros dijeron que la gente se iba por la masificación reinante
en la Iglesia y por no encontrar el sentido de fraternidad que tienen las
sectas por ser grupos reducidos. Entonces concluyeron que lo que hacía
falta era promover mas las pequeñas comunidades, Ceb’s y grupos de
oración. Un líder ecuménico me decía que con esto las sectas
desaparecerían.
De hecho esto es bueno y hay que seguir haciéndolo, pero la realidad es
que hay parroquias donde tienen mas de cien pequeñas comunidades y
las sectas no disminuyen. Es mas, se salen de la comunidad para irse a
algunas sectas. Testimonios de esto abundan por todos lados.
3. Otro diagnóstico muy común de escuchar es el de concluir que
una causa principal del crecimiento de las sectas es a pobreza vista como
caldo de cultivo. La propuesta era impulsar fuertemente el compromiso
de la Iglesia con los pobres y marginados, sobretodo con la teología de la
liberación. El resultado es de lo peor cuando se polariza la fe hacia la
promoción humana y se descuida lo espiritual.
Un teólogo americano resumió en pocas palabras esta realidad:
“ En algunos lugares de América la Iglesia hizo la opción por los
pobres y los pobres hicieron la opción por los pentecostales ”.
Sin comentarios. Bueno, mejor dos comentarios sobre esto. Chiapas,
como estado, y Brasil como País, son dos de los lugares donde más se
inclinaron hacia esta línea durante años. Actualmente son los dos
ejemplos comunmente mencionados a nivel internacional porque es ahi
donde las sectas han crecido más explosivamente. Estudios apuntan que
en Chiapas el 35 % ya es evangélico y en Brasil de seguir el mismo
ritmo de crecimiento para el año 2050 el 50% puede llegar a ser
evangélico.
4. Por último otros dijeron que lo importante era el testimonio;
otros que la oración y el rosario y los estudiosos hicieron todo un análisis
mas bien descriptivo que correctivo. Después de años las sectas les
siguieron creciendo igual o en un porcentaje mayor.
TODAS LAS PROPUESTAS ANTERIORES ESTAN BIEN, PERO
SON INCOMPLETAS. Por eso no pudieron frenar el sectarismo. Hay
que concretar e impulsar todas esas acciones pues están bien. Repito,
están bien. Pero todas esas propuestas no hay que hacerlas por el
sectarismo. Evangelizar, catequizar, opción por los pobres etc. hay que
hacerlas aunque no existieran las sectas, no porque haya sectas y menos
hacerlo como un medio para frenarlas. La triple dimensión de la pastoral:
profética, litúgica y social es una tarea prioritaria y esencial de la Iglesia.
Lo que sucede es que a todo eso le faltó unir lo que estamos
realizando y proponiendo: INCORPORE LA APOLOGETICA
COMO ELEMENTO INTEGRANTE DE TODA LA
EVANGELIZACION. Una esto con todo lo anterior y vera la
diferencia. A la Pastoral global en su triple vertiente, hay que unirle una
pastoral especifica como lo es la apologética.
IV.- RENOVACIÓN DE UNA NUEVA APOLOGÉTICA
En México desde hace muchos años se ha estado realizando esto,
pero falta hacerlo de una manera sistemática y orgánica, llegando a todos
los cuadros pastorales de la parroquia y de la diócesis. Aun así hemos
avanzado enormidades. Impulsar una Nueva Apologética de cara al
tercer milenio es una de las prioridades que estamos proponiendo y
gracias a Dios hemos visto excelentes resultados.
En la diócesis de Cd. Juarez y en los nuevos lugares o países donde
nos invitan les estamos presentando un programa de cuatro etapas
fundamentales que conforman una estrategia básica que en poco tiempo
produce frutos excelentes en cuanto a frenar el ritmo de crecimiento de
las sectas a costa de la Iglesia Católica.
Estrategia que hemos ido afinando con los años y que dan por
resultado este libro que tienes en tus manos. Estrategia que hemos visto
que tiene una gran aceptación incluso en los Estados Unidos donde hay
una práctica extendida del ecumenismo. Entre ambas líneas de pastoral
no hay oposición sino complementariedad. El Ecumenismo busca
restablecer la Unidad con los que ya se apartaron (Unitatis Redintegratio)
y la apologética busca preservar la unidad de los que todavía están en la
Iglesia (Unitatis Praeservatio).
NUEVA APOLOGETICA O DEFENSA DE LA FE:
Que sea un elemento integrante de la evangelización. (Catechesi
Tradendae No. 18).
Que no es monólogo sino al contrario, pues establece las bases para un
sano diálogo. (Cfr. La Iglesia y las sectas ¿pesadilla o reto? Pag. 269 P.
Flaviano Amatulli).
Que surge de la vivencia del sacramento de la confirmación por el cual
somos enriquecidos con el Espirítu Santo para ser testigos de Cristo y
extender y defender la fe con obras y palabras.(Catecismo de la Iglesia
No. 1285).
Que al mismo tiempo que fortalece la identidad del católico esta abierta
a los valores y elementos de santidad existentes fuera del ámbito eclesial
visible (Unitatis Redintegratio No. 3).
Que no está ni contra las sectas ni con ellas. Mas bien busca instruir con
serenidad sobre las características y diferencias de las diversas sectas y
sobre las respuestas a las injustas acusaciones contra la Iglesia. (Cfr.
Documento de Santo Domingo CELAM No. 146).
Que se injerta como una disciplina mas dentro del conjunto
teológico. (Pastores Dabo Vobis No. 51).
Renovación de la Apologética que no busca pelear o condenar sino
fortalecer la fe del católico capacitándolo a dar razones de su
esperanza. (Cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas.
Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 55; 1
Pe 3,15).
Que no es antagónica con el ecumenismo, sino que se complementa con
el mismo. (Cfr. Apologética y Ecumenismo. Dos caras de la misma
moneda. P. Flaviano Amatulli).
Que no solamente ve el error en el otro, sino que al mismo tiempo se
autocritica y descubre en el otro los signos de los tiempos. (Ut Unum
Sint No. 34).
Que une el valor del testimonio con la necesidad del anuncio explícito
del Evangelio. (Evangelii Nuntiandi No. 22).
Que defiende y promueve a la vez la riqueza espiritual que el Señor nos
dejó pues sólo en la Iglesia católica se encuentra la plenitud de los
medios de salvación establecidos por Jesucristo. ( Cfr. Sínodo de
América No. 282).
Que no es triunfalista sino un profético anuncio de una verdad que se
propone y penetra por la misma fuerza de la verdad con suavidad y
firmeza en el alma. (Ut Unum sint No. 3).
Que desarrolla principalmente toda una labor de pastoral
preventiva. (cfr. El compromiso pastoral de la Iglesia frente a las sectas.
Comisión doctrinal de la Conferencia del episcopado mexicano No. 61 y
70).
ESTA ES NUESTRA EXPERIENCIA Y PROPUESTA.
P R I M E R A E T A P A:
V.- CONCIENTIZACION O VACUNACIÓN GENERA
L:
“ CATOLICO DEFIENDE TU FE ”
Finalidad:
Fortalecer la fe del católico para que se sienta seguro en su Iglesia y valorando su
identidad. Con esto encuentra un motivo de su pertenencia y fidelidad a la Iglesia.
Al mismo tiempo se inicia el proceso de formación de los ministerios de
Promotores y defensores de la fe (Ver Pag. 33). Esto favorece un tratamiento
diferenciado con las demás Iglesias y una pastoral complementaria con el
ecumenismo. El sacerdote de cada parroquia selecciona e invita a un mínimo de
doce personas para que formen a partir de esta fase el ministerio de defensa de la
fe. Es recomendable que dos o tres de estas personas ya tengan alguna experiencia
pastoral. Es un momento fuerte de concientización masiva o vacunación general.
Destinatarios:
Toda la comunidad católica. Hay que suspender todas las actividades parroquiales
y diocesanas ordinarias para que asistan todos las personas que están sirviendo en
algún grupo, ministerio o movimiento. Al mismo tiempo se hace una promoción
masiva para que asista el mayor número de personas posible. (Volantes, radio,
boletines parroquiales, periódico diocesano, poster’s etc.)
Contenidos:
* La Iglesia católica es aquella única Iglesia que fundó Cristo personalmente
cuando vivió en este mundo y que confió a Pedro y a los apóstoles.
Esto puede ser demostrado bíblica e históricamente. En ella reside la plenitud de
los medios de salvación. Sus pastores son los sucesores de Pedro y de los
apóstoles.
Las sectas , al contrario, son grupos particulares cuyo anti-catolicismo, anti-
comunismo, anti-ecumenismo y fundamentalismo son sus rasgos principales. La
mayoría son fundadas a mediados del siglo pasado.
* La Biblia surgió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia.
Las sectas aceptan la Biblia y rechazan aquella Iglesia que le dio origen.
* La Iglesia Católica tiene la respuesta para todas las objeciones que presentan
las sectas (imágenes, bautismo de niños, cruz, virginidad de María, el Papa etc.)
Pues bien cuando un católico conoce todo esto, difícilmente se deja confundir y
mucho menos se aparta de la Iglesia.
Duración:
Cinco días. Dos horas cada día. Normalmente es por la tarde o en las noches. El
horario lo fijan de acuerdo a las necesidades de cada lugar. También puede ser un
fin de semana. Viernes por la tarde, Sábado y Domingo hasta mediodía.
S E G U N D A E T A P A
VI.- CAPACITACION Y FORMACION DE LOS
MINISTERIOS DE PROMOTORES Y DEFENSORES DE
LA FE
Finalidad:
Capacitar a todos los agentes de pastoral que están prestando algún servicio en la
Iglesia para que estén preparados a orientar a los católicos cuando tengan alguna
pregunta o duda surgida por el sectarismo. Al mismo tiempo se forma el equipo
parroquial de promotores y defensores de la fe, para que puedan ayudar a los
católicos con dudas fortaleciendo su identidad a través de las estructuras
pastorales con las que ya se cuenta y dialogar con los que ya se apartaron de la
Iglesia y muestran deseos de encontrar la verdad. Apoyar a los que regresan a la
Iglesia Católica para que puedan conocer adecuadamente la doctrina católica con
relación a lo que aprendieron fuera de ella y puedan superar las crisis que puedan
surgir a raíz de su reinserción en la Iglesia.
Destinatarios:
Al igual que la primera fase, este curso es para toda la comunidad católica.
Igualmente se suspenden TODAS las actividades ordinarias de las parroquias. Se
hace publicidad masiva para todos los que deseen puedan asistir. En esta fase es
indispensable que no falten los que se anotaron para formar el ministerio de
Promotores y Defensores de la fe.
Contenido:
* Problemática general.
Verdadera Iglesia, unidad entre los discípulos de Cristo, origen de la Biblia,
diferencia entre antiguo y nuevo testamento, magisterio de la Iglesia, salvación
personal, jerarquía de la Iglesia, Biblia y Tradición, interpretación de la Biblia, fin
del mundo, Apocalipsis, culto y respuesta a los principales ataques de las sectas.
Duración:
Este nivel dura 10 días con conferencias, mesas redondas, evaluaciones, visitas
domiciliarias y entrenamiento para aprender a dialogar.
Es recomendable que esta fase se realize entre los 30 y 40 días después de la
primera etapa.
T E R C E R A E T A P A
VII.- INTEGRACION DE LA DEFENSA DE LA FE EN
LAS ESTRUCTURAS PASTORALES
Sin duda que esta es la etapa más importante por su alcance y
permanencia. Es la proyección de la Apologética como un elemento
integrante de la pastoral profética o catequética (Catechesi Tradendae
No. 18). Es la clave para lograr excelentes resultados en muy poco
tiempo. Este trabajo lo realiza el ministerio de promotores y defensores
de la fe que surgen de las dos etapas anteriores. Sin muchos recursos
económicos ni humanos se puede realizar toda una labor capilar y
fortalecer la fe de miles de católicos en muy poco tiempo.
Es clave y fundamental en este “programa” el que el párroco o el
obispo si es a nivel diocesano, desde el principio hayan aprobado ésta
fase. En cada una de las áreas y programas pastorales que ya existen, se
abren espacios de tiempo para incorporar los temas fundamentales de
apologética (Iglesia, Biblia y Tradición, Virginidad de María,
imágenes...) y cada vez que haya ese programa o formación,
automáticamente y por sistema también se darán los de defensa de la fe.
Según sea el tiempo con el que se cuente ese será el grado de
profundidad con el que se impartan los temas. Esta labor la realizan los
ministerios de defensa de la fe que se formaron en las fases anteriores.
Con esto en un periodo de un año todas las personas que
pasaron por pláticas prebautismales; de preparación a la confirmación;
prematrimoniales; catecumenado; comunidades; evangelización;
celebración eucarística; bendición de casas; etc. todos ya salieron con su
identidad como católicos bien fortalecida y aclaradas las dudas
principales provocadas por el proselitismo sectario.
Es mas que nada una labor estratégica para alcanzar a miles o
millones de católicos en muy poco tiempo y se adapta a cualquier
programa de pastoral que ya estén llevando en la diócesis o
parroquia. No sustituye ningun Plan pastoral que ya se tenga, sino
simplemente le integra este elemento apologético y dinamizador al
mismo. Imagine el resultado que se obtiene de aplicar esto en veinte,
cincuenta o cien parroquias de la diócesis. Con razón las sectas
fundamentalistas disminuyen rápidamente su ritmo de crecimiento pues
ya no encuentran al católico desprevenido e indefenso. Las sectas al
mismo tiempo empiezan a disminuir su fervor misionero y proselitista
pues encuentra personas capacitadas a dar razones de su esperanza (1Pe
3,15) que dan una respuesta acertada a sus ataques fundamentalistas.
Otro aspecto importante de la facilidad y ventajas de hacer esto es
que los programas de cada área de pastoral con los que ya se cuenta no
se ven afectados en su labor y objetivos, pues lo único que se hizo fue el
de incorporar la apologética a los programas de evangelización y
catequesis ya establecidos.
Finalidad:
Fortalecer la identidad, amor y fidelidad a la Iglesia Católica en una
sociedad donde el Pluralismo religioso es un hecho. Mediante la
incorporación de charlas y temas de “Defensa de la Fe” en todas las
estructuras pastorales esta se convierte en un elemento integrante de la
evangelización. En donde lo estamos realizando esta dando excelentes
resultados. Algunas de las áreas y programas donde hay que incorporarla
son las siguientes:
a) Pláticas pre-sacramentales: pre-bautismales, preparación a la primera
comunión (papas y niños); preparación a la confirmación; pre-
matrimoniales, RICA (ARCI) etc.
b) Distribución masiva de trípticos “Católico Defiende tu fe”. Uno cada
mes. En la homilía o al final de la Eucaristía se explica brevemente su
contenido. En algunos lugares los ministerios de promotores y
defensores de la fe hacen diálogos actuados (dramatizaciones) entre un
católico y un no católico sobre el tema del tríptico que se está
distribuyendo. Normalmente en un domingo se dan mil o dos mil de
estos trípticos de defensa de la fe donde se da una respuesta bíblica a las
objeciones presentadas por las sectas: imágenes. Bautismo, Iglesia,
nueva era, fin del mundo etc. Por ejemplo, en Cd. Juarez distribuimos de
cada número que sacamos un promedio de 70,000 trípticos. Cada
parroquia compra mil o dos mil de estos.
c) Temas de defensa de la fe en Boletines parroquiales.
d) A pequeñas comunidades, grupos y ministerios parroquiales. Curso de
Apologética como un nivel del programa que tienen de catequesis o
crecimiento para los movimientos.
e) Religiosidad Popular: Vía crucis, procesiones etc.
f) Catequesis de adultos.
g) Visitas domiciliares.
h) En los casos donde se pueda ir aplicando en las estructuras pastorales
diocesanas que se vayan autorizando el avance será mucho mas rápido.
Algunas de estas estructuras donde se incorporen los cursos o la materia
de Apologética o defensa de la fe pueden ser: Institutos diocesanos de
formación de agentes de pastoral; periódicos diocesanos, seminarios...
Nota 1: La cantidad de tiempo varía según los programas que sigan en
cada parroquia. Lo importante es que se haga de una manera estructural.
Nota 2: En un segundo momento, al haber personas mas capacitadas se
empieza a promover toda una acción de Apologética en las estructuras
sociales:
1.- Medios de comunicación
2.- Organismos no gubernamentales
3.- Instancias de gobierno organizacionales
4.- Area educativa: escuelas, universidades
C U A R T A E T A P A
VIII.- CAPACITACION ESPECIFICA Y CURSOS DE
ACTUALIZACION
Finalidad:
Tener una capacitación constante sobre el fenomeno del sectarismo
fundamentalista y la Nueva era mediante talleres de actualización. Al mismo
tiempo capacitarlos sobre algunos aspectos complementarios. Esto facilita
el tener agentes de pastoral verdaderamente cualificados en la materia.
Destinatarios:
Personas que estén formando parte de los ministerios de Promotores y Defensores
de la fe. Al mismo tiempo se hace una invitación y promoción abierta para las
personas que deseen asistir.
Cursos y talleres:
* Grupos especiales.
Testigos de Jehová
Mormones
Adventistas del séptimo día
Luz del mundo
* Teología protestante y teología católica.
Diferencias fundamentales desde Martín Lutero hasta la fecha.
*Taller sobre la Nueva Era (Psíquicos, metafísicos, gnósticos etc.) y la fe
Cristiana.
*Curso de formación de líderes.
*Taller sobre “El satanismo y su culto en la sociedad actual”.
*Curso de formación de Predicadores.
IX.- MINISTERIO DE PROMOTORES Y
DEFENSORES DE LA FE
OBJETIVO: Capacitar a un grupo de personas de la parroquia sobre una labor
pastoral específica que sea un apoyo frente al proselitismo de las sectas. Se
profundiza sobre la realidad de este fenómeno y sobre como fortalecer la Fe del
católico, aclarando sus dudas mediante una respuesta a las principales objeciones
de los hermanos separados (cfr. No. 146 del Doc. de Sto. Domingo). Para esto, se
realizan distintas actividades a nivel parroquial con el fin de afianzar la identidad
del católico (cfr. No. 143 D.S.D.) El objetivo de este ministerio no es el pelear ni
discutir con el hermano de las sectas, mas bien nuestra finalidad es
la de fortalecer la fe del católico y el de ayudar a reflexionar a los que
abandonaron la Iglesia Católica . Esto se hace en un ambiente de respeto y de
diálogo.
ORGANIZACIÓN: La estructura interna del ministerio es por medio de un
coordinador, un secretario y un tesorero. Al haber tres o mas ministerios en la
diócesis, es recomendable que se forme un equipo diocesano que coordine y
pueda optimizar los recursos con los que se cuenta. A la vez sirve de apoyo y
animador para los PRODEFE que están en las parroquias. El apoyo y supervisión
del párroco es fundamental en el acompañamiento del mismo.
ACTIVIDADES:
Su labor principal es Integrar algunas enseñanzas sobre defensa de la Fe en las
estructuras pastorales. Incorporándolos de una manera sistemática. Esta es la clave
para fortalecer la identidad del católico. Esta es la puesta en práctica de la tercera
etapa de la estrategia y fundamental si se quiere frenar el crecimiento del
sectarismo a expensas del catolicismo. (Estudiar ampliamente la tercera fase del
“programa”. Pag. 28).
Instalar un “Buzón de preguntas” en el templo para hacer visitas a quien lo
solicite.
Organizar cursos sobre defensa de la Fe.
Repartir trípticos sobre defensa de la fe al terminar la Eucaristía. Cada mes y
medio se dará un tríptico diferente. Es mejor si se deja unos minutos antes o
después de la Eucaristía para explicarlo brevemente o mejor si hacen un diálogo
actuado sobre el tema que se está tocando. Se pueden estudiar estos en los
cassettes o videos de apologética.
Realizar visitas domiciliarias. El libro siguiendo las huellas de Cristo trae un
modelo para realizarlas.
Promover el boletín que ya se tiene sobre Iglesia y sectas o hacer uno local.
Buscar otras iniciativas prácticas para proyectar la Defensa de la Fe por
diferentes medios (radio, televisión, prensa, boletines parroquiales o
diocesanos...)
REUNIÓN: Normalmente es una vez a la semana. El día y la hora será fijado de
común acuerdo con el párroco y las personas que integren el ministerio.
FORMACIÓN: Se da en base a los siguientes libros: Diálogo con los
protestantes, La Iglesia y las sectas “pesadilla o reto”, Manual del Evangelizador y
otros libros del P. Flaviano Amatulli. Además se usan muchos mas de otros
autores en relación con diferentes temas de espiritualidad, la familia, medios de
comunicación etc. Se hace un uso abundante de la Sagrada escritura (Cf. Dei
Verbum No. 21) y de algunos de los principales documentos del magisterio de la
Iglesia: Catecismo universal de la Iglesia, documentos del Vaticano II,
Conclusiones del CELAM en Santo Domingo...
Es sumamente importante que cada dos temas se intercale uno de espiritualidad de
acuerdo a las necesidades del grupo, Igualmente es recomendable que participen
en retiros, hora santa y otras acciones encaminadas a cuidar su espiritualidad.
PROGRAMA DE FORMACION PERMANENTE DEL MINISTERIO
Los temas por niveles que se dan a los ministerios de Promotores y Defensores de
la Fe son los siguientes:
Primer Nivel
+ Fundamento de la Iglesia
+ Jerarquía de la Iglesia
+ Biblia y Tradición
+ El Bautismo
+ La Confesión
+ Técnicas de diálogo
+ Imágenes
+ Virginidad de María
+ Interpretación Bíblica
+ Apologética y Ecumenismo
+ Intercesión de los Santos
+ Causas del Sectarismo
+ Alma y Purgatorio
+ La Eucaristía
+ Líneas de Acción
+ El Celibato
+ Indiferentismo Religioso
+ La “Nueva Era”
+ Respuesta de la Palabra de Dios
+ La Cruz
+ La Divinidad de Cristo
+ Grupos Religiosos en el Tiempo de Jesús
Segundo Nivel
+ Virginidad de María
+ Infalibilidad del Papa
+ Imágenes
+ Resurrección Vs. reencarnación
+ Apologética Y Ecumenismo
+ El Fin del Mundo
+ El Apocalipsis
+ La Bestia del Apocalipsis
+ Divinidad del Espíritu Santo
+ Contra Cristo, Contra su Iglesia
+ Qué Contiene la Biblia
+ Las Postrimerías
+ La Inquisición
+ El Sábado
+ San Pedro el primer Papa
+ Las Riquezas del Papa
+ Los Deuterocanónicos
+ El Libro de Daniel
+ El Nombre de Dios
+ Las Apariciones Marianas
Tercer Nivel
+ El Cisma De Oriente
+ ¿ Creación o Evolución ?
+ Objeciones Científicas contra la Biblia
+ Ciencia Y Fe
+ Historia de las Religiones
+ La Masonería
+ Relaciones Iglesia-Estado
+ Version “Nuevo Mundo” ¿traducción o falsificación?
+ Hermenéutica
+ Los Mormones
+ Verdadera Devoción a María
+ La Luz del Mundo
+ Teología Protestante
+ El Lefebvrismo
+ La Eutanasia
+ La Misión de la Familia
+ Televisión-Familia y Vida Cristiana
+ El Aborto
+ La Planificación Familiar
Nota 1: Buscar los temas en los libros que editamos para preparar la plática que se
dará. Estos temas se pueden enriquecer con otros libros y con documentos del
magisterio. Lo importante es la fundamentación y el aspecto apologético.
Nota 2: Es sumamente importante que cada dos temas de Apologética se
intercale uno de Espiritualidad de acuerdo a las necesidades del ministerio.
X.- DIRECTRICES DEL MAGISTERIO SOBRE LA
IMPORTANCIA DE LA APOLOGÉTICA.
Importancia de la
Defensa de la Fe: El magisterio de la Iglesia en los últimos documentos que ha
emitido en sus diferentes niveles ha expresado su preocupación por el grave
crecimiento de las sectas religiosas, a su vez nos ha marcado algunas líneas de
acción para hacer frente a este signo de los tiempos. Algunos de los señalamientos
mas importantes en relación con el apostolado que realizamos son los siguientes:
* La constitución "Lumen Gentium" exhorta a los obispos a que "con vigilancia
aparten de su grey los errores que la amenazan(25a) e invita a los laicos a
"difundir y defender la Fe"(11a).
* El decreto "Christus Dominus:
" Afirma que los obispos deben enseñar a los fieles a "defender y propagar la
Fe"(23a).
* La "Optatam Totius" determina que las disciplinas teológicas deben ser
enseñadas de tal forma, que los alumnos:
"Puedan anunciarlas, exponerlas y defenderlas en el ministerio sacerdotal"(16a).
* La declaración "Dignitatis Humanae" recuerda que:
"El discípulo tiene la gran obligación de anunciar la verdad recibida de Cristo
y defenderla con valentía"(14d).
* El documento que contiene las conclusiones de la "IV Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo" nos habla
de que hay que:
"Instruir ampliamente, con serenidad y con objetividad, al pueblo sobre las
características y diferencias de las diversas sectas y sobre las respuestas a las
injustas acusaciones contra la Iglesia. Promover las visitas domiciliarias con
laicos preparados y organizar la pastoral del retorno para acoger a los católicos
que regresan a la Iglesia ” ( Cfr. 146).
* Otro ejemplo de esto es la ponencia de el Exmo. cardenal Francis
Eugene George.O.M.I. de Chicago dada en el Sínodo para América. El
comentó lo siguiente:
"El dialogo entre fe y cultura es diferente en América del Norte donde la
fe ha sido predominantemente protestante, del mismo dialogo en
Latinoamérica donde la fe ha sido católica. Esta diferencia crea una
dificultad especial para los nuevos emigrantes procedentes de
Latinoamérica, que se encuentran que son una minoría (hispanos) dentro
de una minoría (católicos). Los inmigrantes católicos tienen que
encontrar un nuevo modo de ser católicos para preservar su fe en lo que a
menudo es un ambiente culturalmente hostil. La situación requiere una
nueva Apologética como parte de la Nueva Evangelización."
(sexta asamblea del sínodo. VIS 97/11/21)
* Igualmente el "Catecismo universal de la Iglesia" nos habla de que:
"Por el sacramento de la confirmación los bautizados se unen mas
íntimamente a la Iglesia y son enriquecidos con una fortaleza especial
del Espíritu Santo. De esta forma se comprometen mucho mas, como
auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la Fe con sus
palabras y sus obras"
( No. 1285 ).
* Por otra parte, el Papa Juan Pablo II en su exhortación apostólica post-sinodal
Pastores Dabo Vobis nos recuerda lo siguiente:
«Si todo cristiano afirman los padres sinodales debe estar dispuesto a defender la
fe y a dar razón de la esperanza que vive en nosotros (cfr. I Pe 3,15), mucho mas
los candidatos al sacerdocio y los presbíteros...» (51b)
En resumen, el magisterio de la Iglesia a medida que pasa el tiempo va
precisando mejor la actitud de ecumenismo ante las Iglesias de la Reforma o con
aquellas que tienen una actitud mas ecuménica, y Apologética o de defensa de la
Fe ante las sectas fundamentalistas que han surgido en el último siglo y que tienen
un mayor ritmo de crecimiento y una línea mas anti-católica y anti-ecuménica.
XI.- SOBRE EL AUTOR
El trabajo realizado durante años en la pastoral relacionada con el
fenómeno del sectarismo ha sido fundamental para la concretización de
este programa. A continuación presentamos algunos de los rasgos
fundamentales del servicio pastoral que ha prestado en la Iglesia.
Misionero laico casado y a tiempo completo desde hace catorce años.
Profesor de la materia de Apologética en el seminario mayor de Cd.
Juárez, México.
Fundador y Subdirector del Instituto Diocesano de Teología de Cd.
Juárez.
Secretario ejecutivo del Centro de Investigación Religiosa. (C.I.R.)
Director de Apóstoles de la Palabra en la Región norte de México.
Participante en programas de Radio y Televisión sobre apologética y el
fenómeno del sectarismo.
Fundador y director ejecutivo de RESA (Red de Sacerdotes por una
Nueva Apologética).
Autor del libro-investigación “el lefebvrismo: un cisma que llegó a la
herejía”; de la serie de trípticos “católico defiende tu fe” como un
método masivo de fortalecimiento de la fe, de el programa de Radio y
televisión apologético llamado “América Siempre Fiel” y del memorama
bíblico sobre defensa de la fe.
Conferencista internacional sobre apologética, formación de líderes y
otros temas de formación de agentes pastoral y pueblo en general.
[16]
DECRETO
UNITATIS REDINTEGRATIO
SOBRE EL ECUMENISMO
PROEMIO
1. Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales
que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que única es la Iglesia fundada por
Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres
como la herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo
distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido. División que
abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo
para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo.
Con todo, el Señor de los tiempos, que sabia y pacientemente prosigue su voluntad de gracia para
con nosotros los pecadores, en nuestros días ha empezado a infundir con mayor abundancia en los
cristianos separados entre sí la compunción de espíritu y el anhelo de unión. Esta gracia ha llegado a
muchas almas dispersas por todo el mundo, e incluso entre nuestros hermanos separados ha surgido,
por el impuso del Espíritu Santo, un movimiento dirigido a restaurar la unidad de todos los
cristianos. En este movimiento de unidad, llamado ecuménico, participan los que invocan al Dios
Trino y confiesan a Jesucristo como Señor y salvador, y esto lo hacen no solamente por separado,
sino también reunidos en asambleas en las que conocieron el Evangelio y a las que cada grupo
llama Iglesia suya y de Dios. Casi todos, sin embargo, aunque de modo diverso, suspiran por una
Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, para
que el mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloria de Dios. Considerando, pues, este
Sacrosanto Concilio con grato ánimo todos estos problemas, una vez expuesta la doctrina sobre la
Iglesia, impulsado por el deseo de restablecer la unidad entre todos los discípulos de Cristo, quiere
proponer atodos los católicos los medios, los caminos y las formas por las que puedan responder a
este divina vocación y gracia.
CAPÍTULO I
PRINCIPIOS CATÓLICOS SOBRE EL ECUMENISMO
Unidad y unicidad de la Iglesia
2. La caridad de Dios hacia nosotros se manifestó en que el Hijo Unigénito de Dios fue enviado al
mundo por el Padre, para que, hecho hombre, regenerara a todo el género humano con la redención
y lo redujera a la unidad. Cristo, antes de ofrecerse a sí mismo en el ara de la cruz, como víctima
inmaculada, oró al Padre por los creyentes, diciendo: "Que todos sean uno, como Tú, Padre, estás
en mi y yo en tí, para que también ellos sean en nosotros, y el mundo crea que Tú me has enviado",
e instituyó en su Iglesia el admirable sacramento de la Eucaristía, por medio del cual se significa y
se realiza la unidad de la Iglesia. Impuso a sus discípulos e mandato nuevo del amor mutuo y les
prometió el Espíritu Paráclito, que permanecería eternamente con ellos como Señor y vivificador.
Una vez que el Señor Jesús fue exaltado en la cruz y glorificado, derramó el Espíritu que había
prometido, por el cual llamó y congregó en unidad de la fe, de la esperanza y de la caridad al pueblo
del Nuevo Testamento, que es la Iglesia, como enseña el Apóstol: "Un solo cuerpo y un solo
Espíritu, como habéis sido llamados en una esperanza, la de vuestra vocación. Un solo Señor, una
sola fe, un solo bautismos". Puesto que "todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis
revestido de Cristo.... porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús". El Espíritu Santo que habita
en los creyentes, y llena y gobierna toda la Iglesia, efectúa esa admirable unión de los fieles y los
congrega tan íntimamente a todos en Cristo, que El mismo es el principio de la unidad de la Iglesia.
El realiza la distribución de las gracias y de los ministerios, enriqueciendo a la Iglesia de Jesucristo
con la variedad de dones "para la perfección consumada de los santosen orden a la obra del
ministerio y a la edificación del Cuerpo de Cristo".
Para el establecimiento de esta su santa Iglesia en todas partes y hasta el fin de los tiempos, confió
Jesucristo al Colegio de los Doce el oficio de enseñar, de regir y de santificar. De entre ellos destacó
a Pedro, sobre el cual determinó edificar su Iglesia, después de exigirle la profesión de fe; a él
prometió las llaves del reino de los cielos y previa la manifestación de su amor, le confió todas las
ovejas, para que las confirmara en la fe y las apacentara en la perfecta unidad, reservándose
Jesucristo el ser El mismo para siempre la piedra fundamental y el pastor de nuestras almas.
Jesucristo quiere que su pueblo se desarrolle por medio de la fiel predicación del Evangelio, y la
administración de los sacramentos, y por el gobierno en el amor, efectuado todo ello por los
Apóstoles y sus sucesores, es decir, por los Obispos con su cabeza, el sucesor de Pedro, obrando el
Espíritu Santo; y realiza su comunión en la unidad, en la profesión de una sola fe, en la común
celebración del culto divino, y en la concordia fraterna de la familia de Dios.
Así, la Iglesia, único rebaño de Dios como un lábaro alzado ante todos los pueblos, comunicando el
Evangelio de la paz a todo el género humano, peregrina llena de esperanza hacia la patria celestial.
Este es el Sagrado misterio de la unidad de la Iglesia de Cristo y por medio de Cristo, comunicando
el Espíritu Santo la variedad de sus dones, El modelo supremo y el principio de este misterio es la
unidad de un solo Dios en la Trinidad de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Relación de los hermanos separados con la Iglesia católica
3. En esta una y única Iglesia de Dios, ya desde los primeros tiempos, se efectuaron algunas
escisiones que el Apóstol condena con severidad, pero en tiempos sucesivos surgieron discrepancias
mayores, separándose de la plena comunión de la Iglesia no pocas comunidades, a veces no sin
responsabilidad de ambas partes. pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro
de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la
Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor; puesto que quienes creen en Cristo y
recibieron el bautismo debidamente, quedan constituidos en alguna comunión, aunque no sea
perfecta, con la Iglesia católica.
Efectivamente, por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos y la Iglesia católica, ya en
cuanto a la doctrina, y a veces también en cuanto a la disciplina, ya en lo relativo a la estructura de
la Iglesia, se interponen a la plena comunión eclesiástica no pocos obstáculos, a veces muy graves,
que el movimiento ecumenista trata de superar. Sin embargo, justificados por la fe en el bautismo,
quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho y
justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica.
Es más: de entre el conjunto de elementos o bienes con que la Iglesia se edifica y vive, algunos, o
mejor, muchísimos y muy importantes pueden encontrarse fuera del recinto visible de la Iglesia
católica: la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y algunos
dones interiores del Espíritu Santo y elementos visibles; todo esto, que proviene de Cristo y a El
conduce, pertenece por derecho a la única Iglesia de Cristo.
Los hermanos separados practican no pocos actos de culto de la religión cristiana, los cuales, de
varias formas, según la diversa condición de cada Iglesia o comunidad, pueden, sin duda alguna,
producir la vida de la gracia, y hay que confesar que son aptos para dejar abierto el acceso a la
comunión de la salvación.
Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no
están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo
no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud
de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia.
Los hermanos separados, sin embargo, ya particularmente, ya sus comunidades y sus iglesias, no
gozan de aquella unidad que Cristo quiso dar a los que regeneró y vivificó en un cuerpo y en una
vida nueva y que manifiestan la Sagrada Escritura y la Tradición venerable de la Iglesia. Solamente
por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de la salvación, puede conseguirse
la plenitud total de los medios salvíficos. Creemos que el Señor entregó todos los bienes de la
Nueva Alianza a un solo colegio apostólico, a saber, el que preside Pedro, para constituir un solo
Cuerpo de Cristo en la tierra, al que tienen que incorporarse totalmente todos los que de alguna
manera pertenecen ya al Pueblo de Dios. Pueblo que durante su peregrinación por la tierra, aunque
permanezca sujeto al pecado, crece en Cristo y es conducido suavemente por Dios, según sus
inescrutables designios, hasta que arribe gozoso a la total plenitud de la gloria eterna en la Jerusalén
celestial.
Ecumenismo
4. Hoy, en muchas partes del mundo, por inspiración del Espíritu Santo, se hacen muchos intentos
con la oración, la palabra y la acción para llegar a aquella plenitud de unidad que quiere Jesucristo.
Este Sacrosanto Concilio exhorta a todos los fieles católicos a que, reconociendo los signos de los
tiempos, cooperen diligentemente en la empresa ecuménica.
Por "movimiento ecuménico" se entiende el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a
las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan
a favorecer la unidad de los cristianos.
Tales son, en primer lugar, todos los intentos de eliminar palabras, juicios y actos que no sean
conformes, según justicia y verdad, a la condición de los hermanos separados, y que, por tanto,
pueden hacer más difíciles las mutuas relaciones en ellos; en segundo lugar, "el diálogo" entablado
entre peritos y técnicos en reuniones de cristianos de las diversas Iglesias o comunidades, y
celebradas en espíritu religioso. En este diálogo expone cada uno, por su parte, con toda
profundidad la doctrina de su comunión, presentado claramente los caracteres de la misma. Por
medio de este diálogo, todos adquieren un conocimiento más auténtico y un aprecio más justo de la
doctrina y de la vida de cada comunión; en tercer lugar, las diversas comuniones consiguen una más
amplia colaboración en todas las obligaciones exigidas por toda conciencia cristiana en orden al
bien común y, en cuanto es posible, participan en la oración unánime. Todos, finalmente, examinan
su fidelidad a la voluntad de Cristo con relación a la Iglesia y, como es debido, emprenden
animosos la obra de renovación y de reforma.
Todo esto, realizado prudente y pacientemente por los fieles de la Iglesia católica, bajo la vigilancia
de los pastores, conduce al bien de la equidad y de la verdad, de la concordia y de la colaboración,
del amor fraterno y de la unión; para que poco a poco por esta vía, superados todos los obstáculos
que impiden la perfecta comunión eclesiástica, todos los cristianos se congreguen en una única
celebración de la Eucaristía, en orden a la unidad de la una y única Iglesia, a la unidad que Cristo
dio a su Iglesia desde un principio, y que creemos subsiste indefectible en la Iglesia católica de los
siglos.
Es manifiesto, sin embargo, que la obra de preparación y reconciliación individuales de los que
desean la plena comunión católica se diferencia, por su naturaleza, de la empresa ecumenista, pero
no encierra oposición alguna, ya que ambos proceden del admirable designio de Dios.
Los fieles católicos han de ser, sin duda, solícitos de los hermanos separados en la acción
ecumenista, orando por ellos, hablándoles de las cosas de la Iglesia, dando los primeros pasos hacia
ellos. Pero deben considerar también por su parte con ánimo sincero y diligente, lo que hay que
renovar y corregir en la misma familia católica, para que su vida dé más fiel y claro testimonio de la
doctrina y de las normas dadas por Cristo a través de los Apóstoles.
Pues, aunque la Iglesia católica posea toda la verdad revelada por Dios, y todos los medios de la
gracia, sin embargo, sus miembros no la viven consecuentemente con todo el fervor, hasta el punto
que la faz de la Iglesia resplandece menos ante los ojos de nuestros hermanos separados y de todo el
mundo, retardándose con ello el crecimiento del reino de Dios.
Por tanto, todos los católicos deben tender a la perfección cristiana y esforzarse cada uno según su
condición para que la Iglesia, portadora de la humildad y de la pasión de Jesús en su cuerpo, se
purifique y se renueve de día en día, hasta que Cristo se la presente a sí mismo gloriosa, sin mancha
ni arruga.
Guardando la unidad en lo necesario, todos en la Iglesia, cada uno según el cometido que le ha sido
dado, observen la debida libertad, tanto en las diversas formas de vida espiritual y de disciplina
como en la diversidad de ritos litúrgicos, e incluso en la elaboración teológica de la verdad
revelada; pero en todo practiquen la caridad. Pues con este proceder manifestarán cada día más
plenamente la auténtica catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia.
Por otra parte, es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los
tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en
nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en
la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre, porque
Dios es siempre admirable y digno de admiración en sus obras.
Ni hay que olvidar tampoco que todo lo que obra el Espíritu Santo en los corazones de los hermanos
separados puede conducir también a nuestra edificación. Lo que de verdad es cristiano no puede
oponerse en forma alguna a los auténticos bienes de la fe, antes al contrario, siempre puede hacer
que se alcance más perfectamente el misterio mismo de Cristo y de la Iglesia.
Sin embargo, las divisiones de los cristianos impiden que la Iglesia lleve a efecto su propia plenitud
de catolicidad en aquellos hijos que, estando verdaderamente incorporados a ella por el bautismo,
están, sin embargo, separados de su plena comunión. Más aún, a la misma Iglesia le resulta muy
difícil expresar, bajo todos los aspectos, en la realidad misma de la vida, la plenitud de la
catolicidad.
Este Sacrosanto Concilio advierte con gozo que la participación de los fieles católicos en la acción
ecumenista crece cada día, y la recomienda a los Obispos de todo el mundo, para que la promuevan
con diligencia y la dirijan prudentemente.
CAPÍTULO II
LA PRÁCTICA DEL ECUMENISMO
La unión afecta a todos
5. El empeño por el restablecimiento de la unión corresponde a la Iglesia entera, afecta tanto a los
fieles como a los pastores, a cada uno según su propio valor, ya en la vida cristiana diaria, ya en las
investigaciones teológicas e históricas. Este interés manifiesta la unión fraterna existente ya de
alguna manera entre todos los cristianos, y conduce a la plena y perfecta unidad, según la
benevolencia de Dios.
La reforma de la Iglesia
6. Puesto que toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a
su vocación, por eso, sin duda, hay un movimiento que tiende hacia la unidad. Cristo llama a la
Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución
humana y terrena, tiene siempre necesidad hasta el punto de que si algunas cosas fueron menos
cuidadosamente observadas, bien por circunstancias especiales, bien por costumbres, o por
disciplina eclesiástica, o también por formas de exponer la doctrina —que debe cuidadosamente
distinguirse del mismo depósito de la fe—, se restauren en el tiempo oportuno recta y debidamente.
Esta reforma, pues, tiene una extraordinario importancia ecumenista. Muchas de las formas de la
vida de la Iglesia, por las que ya se va realizando esta renovación —como el movimiento bíblico y
litúrgico, la predicación de la palabra de Dios y la catequesis, el apostolado de los seglares, las
nuevas formas de vida religiosa, la espiritualidad del matrimonio, la doctrina y la actividad de la
Iglesia en el campo social—, hay que recibirlas como prendas y augurios quefelizmente presagian
los futuros progresos del ecumenismo.
La conversión del corazón
7. El verdadero ecumenismo no puede darse sin la conversión interior. En efecto, los deseos de la
unidad surgen y maduran de la renovación del alma, de la abnegación de sí mismo y de la efusión
generosa de la caridad. Por eso tenemos que implorar del Espíritu Santo la gracia de la abnegación
sincera, de la humildad y de la mansedumbre en nuestros servicios y de la fraterna generosidad del
alma para con los demás. "Así, pues, os exhorto yo —dice el Apóstol a las Gentes—, preso en el
Señor, a andar de una manera digna de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad,
mansedumbre y longanimidad, soportándoos los unos a los otros con caridad, solícitos de conservar
la unidad del espíritu mediante el vínculo de la paz" (Ef., 4,1-3). Esta exhortación se refiere, sobre
todo, a los que han sido investidos del orden sagrado, para continuar la misión de Cristo, que "vino
no a ser servido, sino a servir" entre nosotros.
A las faltas contra la unidad pueden aplicarse las palabras de San Juan: " Si decimos que no hemos
pecado, hacemos a Dios mentiroso, y su palabra no está en nosotros". Humildemente, pues,
pedimos perdón a Dios y a los hermanos separados, como nosotros perdonamos a quienes nos
hayan ofendido.
Recuerden todos los fieles, que tanto mejor promoverán y realizarán la unión de los cristianos,
cuanto más se esfuercen en llevar una vida más pura, según el Evangelio. Porque cuanto más se
unan en estrecha comunión con el Padre, con el Verbo y con el Espíritu, tanto más íntima y
fácilmente podrán acrecentar la mutua hermandad.
La oración unánime
8. Esta conversión del corazón y santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y públicas
por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico,
y con razón puede llamarse ecumenismo espiritual.
Es frecuente entre los católicos concurrir a la oración por la unidad de la Iglesia, que el mismo
Salvador dirigió enardecido al Padre en vísperas de su muerte: "Que todos sean uno".
En ciertas circunstancias especiales, como sucede cuando se ordenan oraciones "por la unidad", y
en las asambleas ecumenistas es lícito, más aún, es de desear que los católicos se unan en la oración
con los hermanos separados. Tales preces comunes son un medio muy eficaz para impetrar la gracia
de la unidad y la expresión genuina de los vínculos con que estánunidos los católicos con los
hermanos separados: "Pues donde hay dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio
de ellos".
Sin embargo, no es lícito considerar la comunicación en las funciones sagradas como medio que
pueda usarse indiscriminadamente para restablecer la unidad de los cristianos. Esta comunicación
depende, sobre todo, de dos principios: de la significación de la unidad de la Iglesia y de la
participación en los medios de la gracia.
La significación de la unidad prohíbe de ordinario la comunicación. La consecución de la gracia
algunas veces la recomienda. La autoridad episcopal local ha de determinar prudentemente el modo
de obrar en concreto, atendidas las circunstancias de tiempo, lugar y personas, a no ser que la
Conferencia episcopal, a tenor de sus propios estatutos, o la Santa Sede provean de otro modo.
El conocimiento mutuo de los hermanos
9. Conviene conocer la disposición de ánimo de los hermanos separados. Para ello se necesita el
estudio que hay que realizar con un alma benévola guiada por la verdad. Es preciso que los
católicos, debidamente preparados, adquieran mejor conocimiento de la doctrina y de la historia de
la vida espiritual y cultural, de la psicología religiosa y de la cultura peculiares de los hermanos.
Para lograrlo, ayudan mucho por ambas partes las reuniones destinadas a tratar, sobre todo,
cuestiones teológicas, donde cada uno pueda tratar a los demás de igual a igual, con tal que los que
toman parte, bajo la vigilancia de los prelados, sean verdaderamente peritos. De tal diálogo puede
incluso esclarecerse más cuál sea la verdadera naturaleza de la Iglesia católica. De esta forma
conoceremos mejor el pensamiento de los hermanos separados y nuestra fe aparecerá entre ellos
más claramente expresada.
La formación ecumenista
10. Es necesario que las instituciones de la sagrada teología y de las otras disciplinas, sobre todo,
históricas, se expliquen también en sentido ecuménico, para que respondan lo más posible a la
realidad.
Es muy conveniente que los que han de ser pastores y sacerdotes se imbuyan de la teología
elaborada de esta forma, con sumo cuidado, y no polémicamente, máxime en lo que respecta a las
relaciones de los hermanos separados para con la Iglesia católica, ya que de la formación de los
sacerdotes, sobre todo, depende la necesaria instrucción y formaciónespiritual de los fieles y de los
religiosos.
Es también conveniente que los católicos, empeñados en obras misioneras en las mismas tierras en
que hay también otros cristianos, conozcan hoy, sobre todo, los problemas y los frutos que surgen
del ecumenismo en su apostolado.
La forma de expresar y de exponer la doctrina de la fe
11. En ningún caso debe ser obstáculo para el diálogo con los hermanos del sistema de exposición
de la fe católica. Es totalmente necesario que se exponga con claridad toda la doctrina. nada es tan
ajeno al ecumenismo como el falso irenismo, que pretendiera desvirtuar la pureza de la doctrina
católica y obscurecer su genuino y verdadero sentido.
La fe católica hay que exponerla al mismo tiempo con más profundidad y con más rectitud, para
que tanto por la forma como por las palabras pueda ser cabalmente comprendida también por los
hermanos separados.
Finalmente, en el diálogo ecumenista los teólogos católicos, bien imbuidos de la doctrina de la
Iglesia, al tratar con los hermanos separados de investigar los divinos misterios, deben proceder con
amor a la verdad, con caridad y con humildad. Al confrontar las doctrinas no olviden que hay un
orden o "jerarquía" de las verdades en la doctrina católica, por ser diversa su conexión con el
fundamente de la fe cristiana. De esta forma se preparará el camino por donde todos se estimulen a
proseguir con esta fraterna emulación hacia un conocimiento más profundo y una exposición más
clara de las incalculables riquezas de Cristo (Cf. Ef., 3,8).
La cooperación con los hermanos separados
12. Todos los cristianos deben confesar delante del mundo entero su fe en Dios uno y trino, en el
Hijo de Dios encarnado, Redentor y Señor nuestro, y con empeño común en su mutuo aprecio den
testimonio de nuestra esperanza, que no confunde.
Como en estos tiempos se exige una colaboración amplísima en el campo social, todos los hombres
son llamados a esta empresa común, sobre todo los que creen en Dios y aún más singularmente
todos los cristianos, por verse honrados con el nombre de Cristo.
La cooperación de todos los cristianos expresa vivamente la unión con la que ya están vinculados y
presenta con luz más radiante la imagen de Cristo Siervo. Esta cooperación, establecida ya en no
pocas naciones, debe ir perfeccionándose más y más, sobre todo en las regiones desarrolladas social
y técnicamente, ya en el justo aprecio de la dignidad de la persona humana, ya procurando el bien
de la paz, ya en laaplicación social del Evangelio, ya en el progreso de las ciencias y de las artes,
con espíritu cristiano, ya en la aplicación de cualquier género de remedio contra los infortunios de
nuestros tiempos, como son el hambre y las calamidades, el analfabetismo y la miseria, la escasez
de viviendas y la distribución injusta de las riquezas.
Por medio de esta cooperación podrán advertir fácilmente todos los que creen en Cristo cómo
pueden conocerse mejor unos a otros, apreciando más y cómo se allana el camino para la unidad de
los cristianos.
CAPÍTULO III
LAS IGLESIAS Y LAS COMUNIDADES ECLESIALES
SEPARADAS DE LA SEDE APOSTÓLICA ROMANA
13. Nuestra atención se fija en las dos categorías principales de escisiones que afectan a la túnica
inconsútil de Cristo.
Las primeras tuvieron lugar en el Oriente, a resultas de las declaraciones dogmáticas de los
concilios de Efeso y de Calcedonia, y en tiempos posteriores por la ruptura de la comunidad
eclesiástica entre los patriarcas orientales y la Sede Romana.
Más de cuatro siglos después sobrevienen otras en las misma Iglesia de Occidente, como secuela de
los acontecimientos que ordinariamente se designan con el nombre de reforma. Desde entonces,
muchas comuniones nacionales o confesionales quedaron disgregadas de la Sede Romana. Entre las
que conservan, en parte, las tradiciones y las estructuras católicas, ocupa lugar especial la comunión
anglicana.
Hay, sin embargo, diferencias muy notables en estos diversos grupos no sólo por razón de su
origen, lugar y tiempo, sino especialmente por la naturaleza y gravedad de los problemas
pertinentes a la fe y a la estructura eclesiástica.
Por ello, este Sacrosanto Concilio, valorando escrupulosamente las diversas condiciones de cada
uno de los grupos cristianos, y teniendo en cuenta los vínculos existentes entre ellas, a pesar de su
división, determina proponer las siguientes consideraciones para llevar a cabo una prudente acción
ecumenista.
I. CONSIDERACIÓN PARTICULAR DE LAS IGLESIA ORIENTALES
Carácter e historia propia de los orientales
14. Las Iglesias del Oriente y del Occidente, durante muchos siglos siguieron su propio camino
unidas en la comunión fraterna de la fe y de la vida sacramental, siendo la Sede Romana, con el
consentimiento común, árbitro si surgía entre ellas algún disentimiento en cuenta a la fe y a la
disciplina. El Sacrosanto Concilio se complace en recordar, entre otras cosas importantes, que
existen en Oriente muchas Iglesias particulares o locales, entre las cuales ocupan el primer lugar las
Iglesias patriarcales, y de los cuales no pocas traen origen de los mismos Apóstoles.
Por este motivo han prevalecido y prevalece entre los orientales el empeño y el interés de conservar
aquellas relaciones fraternas en la comunión de la fe y de la caridad, que deben observarse entre las
Iglesias locales como entre hermanas.
No debe olvidarse tampoco que las Iglesias del Oriente tienen desde el principio un tesoro del que
tomó la Iglesia del Occidente muchas cosas en la Liturgia, en la tradición espiritual y en el
ordenamiento jurídico. Y es de sumo interés el que los dogmas fundamentales de la fe cristiana, el
de la Trinidad, el del Hijo de Dios hecho carne de la Virgen Madre de Dios, quedaron definidos en
concilio ecuménicos celebrados en el Oriente. Aquellas Iglesias han sufrido y sufren mucho por la
conservación de esta fe.
La herencia transmitida por los Apóstoles fue recibida de diversas formas y maneras y, en
consecuencia, desde los orígenes mismos de la Iglesia fue explicada diversamente en una y otra
parte por la diversidad del carácter y de las condiciones de la vida. Todo ello, a más de las causas
externas, por la falta de comprensión y de caridad, motivó las separaciones.
Por lo cual el Sacrosanto Concilio exhorta a todos, pero especialmente a quienes han de trabajar por
restablecer la plena comunión entra las Iglesias orientales y la Iglesia católica, que tengan las
debidas consideraciones a la especial condición de las Iglesias que nacen y se desarrollan en el
Oriente, así como a la índole de las relaciones que existían entre ellas y la Sede Romana antes de la
separación, y que seformen una opinión recta de todo ello; observar esto cuidadosamente servirá
muchísimo para el pretendido diálogo.
La tradición litúrgica y espiritual de los orientales
15. Todos conocen con cuánto amor los cristianos orientales celebran el culto litúrgico, sobre todo
la celebración eucarística, fuente de la vida de la Iglesia y prenda de la gloria futura, por la cual los
fieles unidos a su Obispo, teniendo acogida ante Dios Padre por su Hijo el Verbo encarnado, muerto
y glorificado en la efusión del Espíritu Santo, consiguen la comunión con la Santísima Trinidad,
hechos "partícipes de la naturaleza divina". Consiguientemente, por la celebración de la Eucaristía
del Señor en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios, y por la concelebración
se manifiesta la comunión entre ellas.
En este culto litúrgico los orientales ensalzan con hermosos himnos a María, siempre Virgen, a
quien el Concilio Ecuménico de Efeso, proclamó solemnemente Santísima Madre de Dios, para que
Cristo fuera reconocido como Hijo de Dios e Hijo del hombre, según las Escrituras, y honran
también a muchos santos, entre ellos a los Padres de la Iglesia universal. Puesto que estas Iglesias,
aunque separadas, tienen verdaderos sacramentos y, sobre todo por su sucesión apostólica, el
sacerdocio y la Eucaristía, por los que se unen a nosotros con vínculos estrechísimos, no solamente
es posible, sino que se aconseja, alguna comunicación con ellos en las funciones sagradas en
circunstancias oportunas y aprobándolo la autoridad eclesiástica. También se encuentran en el
Oriente las riquezas de aquellas tradiciones espirituales que creó, sobre todo, el monaquismo. Allí,
pues, desde los primeros tiempos gloriosos de los santo Padres floreció la espiritualidad monástica,
que se extendió luego a los pueblos occidentales. De ella procede, como de su fuente, la institución
religiosa de los latinos, que aún después tomó nuevo vigor en el Oriente. Por lo cual se recomienda
encarecidamente a los católicos que acudan con mayor frecuencia a estas riquezas espirituales de
los Padres del Oriente, que levantan a todo hombre a la contemplación de lo divino.
Tengan todos presente que el conocer, venerar, conservar y favorecer el riquísimo patrimonio
litúrgico y espiritual de los orientales es de una gran importancia para conservar fielmente la
plenitud de la tradición cristiana y para conseguir la reconciliación de los cristianos orientales y
occidentales.
Disciplina propia de los orientales
16. Las Iglesias del Oriente, además, desde los primeros tiempos seguían las disciplinas propias
sancionadas por los santos Padres y por los concilios, incluso ecuménicos. No poniéndose a la
unidad de la Iglesia una cierta variedad de ritos y costumbres, sino acrecentando más bien su
hermosura y contribuyendo al más exacto cumplimiento de su misión como antes hemos dicho, el
Sacrosanto Concilio, para disipar todo temor declara que las Iglesias orientales, conscientes de la
necesaria unidad de toda la Iglesia, tienen el derecho y la obligación de regirse según sus propias
ordenaciones, puesto que son más acomodadas a la idiosincrasia de sus fieles y más adecuadas para
promover el bien de sus almas. No siempre, es verdad, se ha observado bien este principio
tradicional, pero su observancia es una condición previa absolutamente necesaria para el
restablecimiento de la unión.
Carácter propio de los orientales
en la exposición de los misterios
17. Lo que antes hemos dicho acerca de la legítima diversidad, nos es grato repetirlo también de la
diversa exposición de la doctrina teológica, puesto que en el Oriente y en el Occidente se han
seguido diversos pasos y métodos en la investigación de la verdad revelada y en el reconocimiento
y exposición de lo divino. No hay que sorprenderse, pues, de que algunos aspectos del misterio
revelado a veces se hayan captado mejor y se hayan expuesto con más claridad por unos que por
otros, de manera que hemos de declarar que las diversas fórmulas teológicas, más bien que
oponerse entre sí, se completan y perfeccionan unas a otras. En cuanto a las auténticas tradiciones
teológicas de los orientales, hay que reconocer que radican de una modo manifiesto en la Sagrada
Escritura, se fomentan y se vigorizan con la vida litúrgica, se nutren de la viva tradición apostólica
y de las enseñanzas de los Padres orientales y de los autores eclesiásticos hacia una recta ordenación
de la vida; más aún, tienden hacia una contemplación cabal de la verdad cristiana. Este Sacrosanto
Concilio declara que todo este patrimonio espiritual y litúrgico, disciplinar y teológico, en sus
diversas tradiciones, pertenece a la plena catolicidad y apostolicidad de la Iglesia, dando gracias a
Dios, porque muchos orientales, hijos de la Iglesia católica, que conservan esta herencia y ansían
vivirla en su plena pureza e integridad, viven ya en comunión perfecta con los hermanos que
practican la tradición occidental.
Conclusión
18. Bien considerado todo lo que precede, este Sacrosanto Concilio renueva solemnemente todo lo
que han declarado los sacrosantos concilios anteriores y los Romanos Pontífices; a saber, que para
el restablecimiento y mantenimiento de la comunión y de la unidad es preciso "no imponer ninguna
otra carga más que la necesaria" (Act., 15,28). Desea, asimismo, vehementemente, que en adelante
se dirijan todos los esfuerzos en los varios institutos y formas de vida de la Iglesia, sobre todo en la
oración y en el diálogo fraterno acerca de la doctrina y de las necesidades más urgentes del cargo
pastoral en nuestros días y se encaucen para lograr paulatinamente la comunión. De igual manera
recomienda a los pastores y a los fieles de la Iglesia católica estrecha amistad con quienes pasan la
vida no ya en Oriente, sino lejos de la patria para incrementar la colaboración fraterna con ellos con
espíritu de caridad, dejando todo ánimo de controversia y de emulación. Si llega a ponerse toda el
alma en esta empresa, este Sacrosanto Concilio espera que, derrocado todo muro que separa la
Iglesia occidental y la oriental, se hará una sola morada, cuya piedra angular es Cristo Jesús, que
hará de las dos una sola cosa.
II. LAS IGLESIAS Y COMUNIDADES ECLESIALES
SEPARADAS EN OCCIDENTE
Condición propia de estas comunidades
19. Las Iglesias y comunidades eclesiales que se disgregaron de la Sede Apostólica Romana, bien
en aquella gravísima perturbación que comenzó en el Occidente ya a finales de la Edad Media, bien
en tiempos sucesivos, están unidas con la Iglesia católica por una afinidad de lazos y obligaciones
peculiares por haber desarrollado en los tiempos pasados una vida cristiana multisecular en
comunión eclesiástica.
Puesto que estas Iglesias y comunidades eclesiales por la diversidad de su origen, de su doctrina y
de su vida espiritual, discrepan bastante no solamente de nosotros, sino también entre sí, es tarea
muy difícil describirlas cumplidamente, cosa que no pretendemos hacer aquí.
Aunque todavía no es universal el movimiento ecuménico y el deseo de armonía con la Iglesia
católica, abrigamos, no obstante, la esperanza de que este sentimiento ecuménico y el mutuo
aprecio irán imponiéndose poco a poco en todos.
Hay que reconocer, ciertamente que entre estas Iglesias y comunidades y la Iglesia católica hay
discrepancias esenciales no sólo de índole histórica, sociológica, psicológica y cultural, sino, ante
todo, de interpretación de la verdad revelada. Mas para que, a pesar de estas dificultades, pueda
entablarse más fácilmente el diálogo ecuménico, en los siguientes párrafos trataremos de ofrecer
algunos puntos que pueden y deben ser fundamento y estímulo para este diálogo.
La confesión de Cristo
20. Nuestra atención se dirige, ante todo, a los cristianos que reconocen públicamente a Jesucristo
como Dios y Señor y Mediador único entre Dios y los hombres, para gloria del único Dios, Padre,
Hijo y Espíritu Santo. Sabemos que existen graves divergencias entre la doctrina de estos cristianos
y la doctrina de la Iglesia católica aun respecto a Cristo, Verbo de Dios encarnado, de la obra de la
redención y, por consiguiente, del misterio y ministerio de la Iglesia y de la función de María en la
obra de la salvación. Nos gozamos, sin embargo, viendo a los hermanos separados tender hacia
Cristo, como fuente y centro de la comunión eclesiástica. Movidos por el deseo de la unión con
Cristo, se sienten impulsados a buscar más y más la unidad y también a dar testimonio de su fe
delante de todo el mundo.
Estudio de la Sagrada Escritura
21. El amor y la veneración y casi culto a las Sagradas Escrituras conducen a nuestros hermanos
separados el estudio constante y solícito de la Biblia, pues el Evangelio "es poder de Dios para la
salud de todo el que cree, del judío primero, pero también del griego" (Rom., 1,16).
Invocando al Espíritu Santo, buscan en las Escrituras a Dios, que, en cierto modo, les habla en
Cristo, preanunciado por los profetas, Verbo de Dios encarnado por nosotros. En ellas contemplan
la vida de Cristo y cuanto el divino Maestro enseñó y realizó para la salvación de los hombres,
sobre todo los misterios de su muerte y de su resurrección.
Pero cuando los hermanos separados reconocen la autoridad divina de los sagrados libros sienten
-cada uno a su manera- diversamente de nosotros en cuanto a la relación entre las Escrituras y la
Iglesia, en la cual, según la fe católica, el magisterio auténtico tiene un lugar especial en orden a la
exposición y predicación de la palabra de Dios escrita.
Sin embargo, las Sagradas Escrituras son, en el diálogo mismo, instrumentos preciosos en la mano
poderosa de Dios para lograr aquella unidad que el Salvador presenta a todos los hombres.
La vida sacramental
22. Por el sacramento del bautismo, debidamente administrado según la institución del Señor, y
recibido con la requerida disposición del alma, el hombre se incorpora realmente a Cristo
crucificado y glorioso y se regenera para el consorcio de la vida divina, según las palabras del
Apóstol: "Con El fuisteis sepultados en el bautismo, y en El, asimismo, fuisteis resucitados por la fe
en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos" (Col., 2,12; Rom., 6,4).
El bautismo, por tanto, constituye un poderoso vínculo sacramental de unidad entre todos los que
con él se han regenerado. Sin embargo, el bautismo por sí mismo es tan sólo un principio y un
comienzo, porque todo él se dirige a la consecución de la plenitud de la vida en Cristo. Así, pues, el
bautismo se ordena a la profesión íntegra de la fe, a la plena incorporación, a los medios de
salvación determinados por Cristo y, finalmente, a la íntegra incorporación en la comunión
eucarística.
Las comunidades eclesiales separadas, aunque les falte esa unidad plena con nosotros que dimana
del bautismo, y aunque creamos que, sobre todo por la carencia del sacramentodel orden, no han
conservado la genuina e íntegra sustancia del misterio eucarístico, sin embargo, mientras
conmemoran en la santa cena la muerte y la resurrección del Señor, profesan que en la comunión de
Cristo se representa la vida y esperan su glorioso advenimiento. Por consiguiente, la doctrina sobre
la cena del Señor, sobre los demás sacramentos, sobre el culto y los misterios de la Iglesia deben ser
objeto de diálogo.
La vida con Cristo
23. La vida cristiana de estos hermanos se nutre de la fe e cristo y se robustece con la gracia del
bautismo y con la palabra de Dios oída. Se manifiesta en la oración privada, en la meditación
bíblica, en la vida de la familia cristiana, en el culto de la comunidad congregada para alabar a Dios.
Por lo demás, su culto muchas veces presenta elementos claros de la antigua Liturgia común.
La fe por la cual se cree en Cristo produce frutos de alabanza y de acción de gracias por los
beneficios recibidos de Dios; únesele también un vivo sentimiento de justicia y una sincera caridad
para con el prójimo. Esta fe laboriosa ha producido no pocas instituciones para socorrer la miseria
espiritual y corporal, para perfeccionar la educación de la juventud, para hacer más llevaderas las
condiciones sociales de la vida, para establecer la paz en el mundo.
Pero si muchos cristianos no entienden siempre el Evangelio en su aspecto moral, en la misma
manera que los católicos, ni admiten las mismas soluciones a los problemas más complicados de la
sociedad moderna, no obstante quieren seguir, lo mismo que nosotros, la palabra de Cristo, como
fuente de virtud cristiana, y obedecer al precepto del Apóstol: "Todo cuanto hacéis de palabra o de
obra, hacedlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por El" (Col., 3,17). De
aquí puede surgir el diálogo ecuménico sobre la aplicación moral del Evangelio.
CONCLUSIÓN
24. Expuestas brevemente las condiciones en que se desarrolla la acción ecuménica y los principios
por los que se debe regir, dirigimos confiadamente nuestra mirada al futuro. Este Sagrado Concilio
exhorta a los fieles a que se abstengan de toda ligereza o imprudente celo, que podrían perjudicar al
progreso de la unidad. Su acción ecuménica ha de ser plena y sinceramente católica, es decir, fiel a
la verdad recibida de los Apóstoles y de los Padres y conforme a la fe, que siempre ha profesado la
Iglesia católica, tendiendo constantemente hacia la plenitud con que el Señor desea que se
perfeccione su Cuerpo en el decurso de los tiempos.
Este Sagrada Concilio desea ardientemente que los proyectos de los fieles católicos progresen en
unión con los proyectos de los hermanos separados, sin que se pongan obstáculos a los caminos de
la Providencia y sin prejuicios contra los impulsos que puedan venir del Espíritu [Link]ás, se
declara conocedor de que este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la
única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana. Por eso pone toda su
esperanza en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros, en la virtud
del Espíritu Santo. "Y la esperanza no quedará fallida, pues el amor de Dios se ha derramado en
nuestros corazones por la virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado" ([Link]., 5,5).
Todas y cada una de las cosas contenidas en este Decreto han obtenido el beneplácito de los Padres
del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente
con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y
mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.
Roma, en San Pedro, 21 de noviembre de 1964.
Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia Católica
1.-¿CUAL ES LA DIFERENCIA ENTRE APOLOGÍA Y APOLOGÉTICA?
LA APOLOGÍA SE REFIERE A LA DEFENSA DE UNA PERSONA Y APOLOGÉTICA SE TRATA DE LA
DEFENSA DE LA FE Y JUSTIFICACIÓN RACIONAL DE TODA RELIGIÓN CATÓLICA, EN OTRAS
PALABRAS QUE CUANDO LA TEOLOGÍA DEFINE ALGO QUE DEBEMOS ACEPTAR COMO UN DOGMA
DE FE, ESTA EXPLICA EL PORQUE DEBEMOS DE ACEPTARLA COMO TAL.
2.- ¿RELACIÓN QUE HAY ENTRE TEOLOGÍA Y APOLOGÉTICA?
LA APOLOGÉTICA BUSCA DE MANERA RACIONAL Y SISTEMÁTICA EL PORQUE DEBEMOS ACEPTAR
LOS ENUNCIADOS DOGMÁTICOS, ES DECIR, ES UNA HERRAMIENTA DE LA TEOLOGÍA DOGMÁTICA.
3.-¿A QUIENES SE DIRIGE LA APOLOGÉTICA?
SU INTENCIÓN ES LLEGAR A TODOS LO CREYENTES, A LOS HERMANOS SEPARADOS, A LOS ATEOS;
Y SOBRE CADA UNO DE ESOS GRUPOS SE EXIGE UN COMPROMISO DE RESPONDER MEDIANTE EL
RAZONAMIENTO SISTEMÁTICO LOS DOGMAS DE FE.
4.-¿QUE VALORES DEBE TENER LA APOLOGÉTICA HOY DÍA?
SE DEBEN CONSIDERAR LOS VALORES IMPORTANTES PARA EL CRECIMIENTO DE FE MEDIANTE LA
CONFIANZA DE QUE ESTAMOS EN LA RELIGIÓN CORRECTA, HUMILDAD PARA SER AUTÉNTICOS,
CLARIDAD PARA PODER DISCERNIR CORRECTAMENTE EL MENSAJE DE DIOS, MANSEDUMBRE PARA
SER OBEDIENTES Y TEMEROSOS DE DIOS, PERO SOBRE TODO TRATAR DE ALCANZAR LA GRACIA DE
DIOS, MEDIANTE LA CONSTANTE ORACIÓN Y OBRAS CON FE REPRESENTADOS POR EL AMOR A
NUESTROS SEMEJANTES.
5.-¿ SIENTO REAL INTERÉS EN CONTINUAR Y APRENDER CON EL CURSO?
CONOCER MAS A CONCIENCIA MI FE EN LA RELIGIÓN CATÓLICA COMO VERDADERA, MEDIANTE EL
RAZONAMIENTO SISTEMÁTICO PODER ESCLARECER DUDAS Y POR QUE NO AYUDAR A DISCERNIR
A LOS DEMÁS HERMANOS QUE SE ENCUENTRAN EN OTRA FE O QUE NO CONOCEN A DIOS PARA
EXPLICARLE EL AMOR DE DIOS MEDIANTE SU SACRIFICO, QUE ES PARA TODOS POR IGUAL Y QUE
SI REALMENTE SI NOS ARREPENTIMOS DE CORAZÓN PODREMOS ALCANZAR LA SALVACIÓN.
1.-¿CUAL ES LA DIFERENCIA ENTRE APOLOGÍA Y APOLOGÉTICA?
LA APOLOGÍA SE REFIERE A LA DEFENSA DE UNA PERSONA Y APOLOGÉTICA SE TRATA DE LA
DEFENSA DE LA FE Y JUSTIFICACIÓN RACIONAL DE TODA RELIGIÓN CATÓLICA, EN OTRAS PALABRAS
QUE CUANDO LA TEOLOGÍA DEFINE ALGO QUE DEBEMOS ACEPTAR COMO UN DOGMA DE FE, ESTA
EXPLICA EL PORQUE DEBEMOS DE ACEPTARLA COMO TAL.
2.- ¿RELACIÓN QUE HAY ENTRE TEOLOGÍA Y APOLOGÉTICA?
LA APOLOGÉTICA BUSCA DE MANERA RACIONAL Y SISTEMÁTICA EL PORQUE DEBEMOS ACEPTAR LOS
ENUNCIADOS DOGMÁTICOS, ES DECIR, ES UNA HERRAMIENTA DE LA TEOLOGÍA DOGMÁTICA.
3.-¿A QUIENES SE DIRIGE LA APOLOGÉTICA?
SU INTENCIÓN ES LLEGAR A TODOS LO CREYENTES, A LOS HERMANOS SEPARADOS, A LOS ATEOS; Y
SOBRE CADA UNO DE ESOS GRUPOS SE EXIGE UN COMPROMISO DE RESPONDER MEDIANTE EL
RAZONAMIENTO SISTEMÁTICO LOS DOGMAS DE FE.
4.-¿QUE VALORES DEBE TENER LA APOLOGÉTICA HOY DÍA?
SE DEBEN CONSIDERAR LOS VALORES IMPORTANTES PARA EL CRECIMIENTO DE FE MEDIANTE LA
CONFIANZA DE QUE ESTAMOS EN LA RELIGIÓN CORRECTA, HUMILDAD PARA SER AUTÉNTICOS,
CLARIDAD PARA PODER DISCERNIR CORRECTAMENTE EL MENSAJE DE DIOS, MANSEDUMBRE PARA
SER OBEDIENTES Y TEMEROSOS DE DIOS, PERO SOBRE TODO TRATAR DE ALCANZAR LA GRACIA DE
DIOS, MEDIANTE LA CONSTANTE ORACIÓN Y OBRAS CON FE REPRESENTADOS POR EL AMOR A
NUESTROS SEMEJANTES.
5.-¿ SIENTO REAL INTERÉS EN CONTINUAR Y APRENDER CON EL CURSO?
CONOCER MAS A CONCIENCIA MI FE EN LA RELIGIÓN CATÓLICA COMO VERDADERA, MEDIANTE EL
RAZONAMIENTO SISTEMÁTICO PODER ESCLARECER DUDAS Y POR QUE NO AYUDAR A DISCERNIR A
LOS DEMÁS HERMANOS QUE SE ENCUENTRAN EN OTRA FE O QUE NO CONOCEN A DIOS PARA
EXPLICARLE EL AMOR DE DIOS MEDIANTE SU SACRIFICO, QUE ES PARA TODOS POR IGUAL Y QUE SI
REALMENTE SI NOS ARREPENTIMOS DE CORAZÓN PODREMOS ALCANZAR LA SALVACIÓN.
SALUDOS CORDIALES, JUAN JOSE HERNANDEZ GONZALEZ (JJHERNANDEZ)