0% encontró este documento útil (0 votos)
61 vistas17 páginas

Silueteada: Memoria y Lucha Colectiva

Cargado por

Valdriana Correa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
61 vistas17 páginas

Silueteada: Memoria y Lucha Colectiva

Cargado por

Valdriana Correa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL FUEGO Y SUS CAMINOS

Santiago García Navarro


Ese año las Madres hicimos las siluetas.
Esas siluetas eran la presencia de los desaparecidos en la calle.
Ese año también sacamos nuestro primer afiche, donde
reivindicamos la lucha de nuestros hijos; y en ese afiche
decíamos que esos hijos habían luchado junto a su pueblo por
la justicia, por la libertad, por la dignidad. Y también las
siluetas. Y también las fotografías, que era tener a los
desaparecidos en la calle para reclamarle a esos políticos que se
habían animado a heredarlos como desaparecidos, que
nosotras no nos íbamos a callar, no nos íbamos a
conformar y que no nos íbamos a dejar descansar.
Hebe de Bonafini 1
“Aparición con vida, Vega Eda, 22 años, 6/12/77”; “Eduardo
Trombini, 4/4/77”; “Torres Carmen B., 24-4-76”; “Raúl Ma-
tarollo, /76”; “Juárez Juan Carlos, 19/11/77”; “Badillo Jorge,
8-7-77”; “Brondo Victoria, 3/77”; “Eugenia, 1977”; “Pablo
1
“Conferencia pronunciada el 6 de julio de 1988 en Liber/Arte por la presi-
denta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo”, en Historia de las Madres
de Plaza de Mayo, Buenos Aires, Asociación Madres de Plaza de Mayo, 1995,
pp. 28-29.
333
Reguera, 13/1/77, Aparición con vida”; “Silvia, 1977”; “Gar- Rosada, a los policías que las empujaban, las golpeaban, les
cía Rubén Justo, 7-10-77”; “Videla Elba Nidia, 24-11-76”; echaban los perros y los gases lacrimógenos. Y luego lo voci-
“Robles Laura, 13-1-77”; “Tasada de Megna, Adriana Elsa, 4- feraron ante toda la sociedad, ocupando la Plaza, los medios y
9-77”; “Pon Gustavo Adolfo, 27-8-77”; “Aparición con vida, otros espacios confiscados por la dictadura. Los primeros que
obreros/obreras Lozadur, secuestrados el 3/11/77”;2 “Di Pao- llevaron adelante un juicio ético a los militares, los primeros
lo Juan, 23-11-77”; “Aparición con vida, Pasquini Eduardo, que no olvidaron ni perdonaron, fueron los cuerpos de las
3-6-76, C. Exactas y Naturales”; “Belli Mariana, 26-5-78”; Madres en la Plaza.
“Dinelli Francisco, 19-5-78”; “Bugnone María E., 25-5-78”; Las siluetas, aquel 21 de septiembre de 1983, fueron sin-
“Bourg Juan P., 5-7-77”; “Fariñas Beatriz, 17-6-75”, “Salvatie- gularizadas por los datos de individuos concretos, pero tam-
rra Milcíades, 25-8-76”, “Aníbal, 1978”...3 bién por la manera en que el nombre de cada uno de ellos fue
Las Madres no quisieron, en un comienzo, que las siluetas marcado, y porque las que dejaron las marcas fueron cientos
fuesen individualizadas con los nombres de cada uno de sus de personas que se identificaban con la lucha de los que ha-
hijos. Pero quienes las acompañaban, a ellas y a otros familia- bían sido secuestrados, torturados y asesinados por la dicta-
res, transformaron una imagen única, anónima y representa- dura. Más adelante, las propias Madres portaron las siluetas
tiva, en una multitud de imágenes-huellas merced a las cuales en alto, muchas veces con los nombres de cada desaparecido,
los desaparecidos resucitaron, una vez más, en la Plaza. Una como diciendo: aquí están, uno por uno, no los borraron, no
vez más, porque eran los cuerpos de las propias Madres, pre- los amontonaron, no los masificaron, no son un número más
sentes en sus vueltas obstinadas alrededor de la Pirámide de en la historia de las masacres.
Mayo, los que, en el ritual de reclamar datos sobre el paradero La forma desnuda de la silueta contenía potencialmente
de sus hijos, ya hacían visible la ausencia de los cuerpos des- el riesgo de la repetición vacía: el mero contorno sugería una
aparecidos: primero se lo hicieron saber a los militares, que las generalidad, una estadística. La inscripción espontánea de
observaban de reojo y con creciente impotencia desde la Casa la gente, por el contrario, permitió “descontornear”, “desi-
luetear”, vivificar, dar cuerpo, es decir, materia singular. La
2
Sus nombres son: Sofía Tomasa Cardozo, Felicidad Abadía Crespo, Do-
propia dinámica de las Madres, sin embargo, comprendió
mingo Abadía Crespo, Elba Puente, Ferdinando Palavecino, Ismael Nota- rápidamente el gesto y lo tomó también como propio. La
liverto y Pablo Villa Nueva. imagen-huella –ya no necesariamente indicial, como en el
3
Los datos están tomados de diversos registros foto y videográficos de las si- caso de aquellas que se dibujaron contorneando un cuerpo
lueteadas, la mayoría de los cuales pueden consultarse en la Biblioteca Julio
Huasi y la Videoteca de las Madres, ambas en la Universidad Popular Madres
vivo– quedó abierta a la continua modificación, al devenir
de Plaza de Mayo. ético de la lucha. Imagen-huella, en todo caso, como marca
334 335
viva, como aquel lugar donde se sobreimprimen un cúmu- leyendas en carteles, afiches, panfletos de muchas apariciones
lo de experiencias colectivas, como correspondencia estética públicas de las Madres y de todos los jóvenes que hicieron
de una construcción política no-representativa. Esa apertura suya esa lucha.
de la imagen-huella, aún condicionada por las Madres en la No obstante, ese itinerario no es unidireccional ni progre-
realización de la primera silueteada, posibilitó que un día de sivo. Una vez que aparecen como recurso, las siluetas demar-
1990 también las siluetas volvieran a aparecer sin letra, mu- can cada vez su modo de circulación y su alcance. Pero hay
das tal vez frente al genocidio económico que el gobierno de una manera de circular donde funcionan con máxima efica-
Menem ya estaba organizando.4 cia: cuando participan, como dicen Kexel y Aguerreberry, de
un “sistema expresivo”. “Encontrar” o “provocar” ese sistema
dista mucho de la producción de objetos o imágenes suscepti-
Nuevas palabras para una nueva situación bles de ser incluidos en un sistema global y de funcionamien-
to verificable. Porque, justamente, no se trata de categorizar
La Silueteada del ‘83 se convirtió, así, en un punto de par- nada, sino de conectar elementos vivos de tal modo que de
tida. Una y otra vez, en diferentes situaciones, se reeditó el esa conexión surja una nueva forma de cooperación social.
taller experimental surgido la noche del 21 de septiembre en Desde la primera vez, en la confección de las siluetas y en la
Plaza de Mayo. Y si bien a partir de la segunda edición se esta- pegatina posterior, hubo un excedente, algo que no había sido
bilizaron en cierta medida los procedimientos para la confec- contemplado y que era imposible reducir a la mera exposición
ción de las siluetas, y por lo tanto hubo menos margen para la pública de un reclamo. Como sistema expresivo, la Silueteada
participación espontánea, el taller no perdió carácter colectivo no explica ni representa ni simboliza ni sintetiza nada, sino
ni multiplicidad. Las siluetas, por su parte, llegaron a mimeti- que es, a la vez, emergente y co-productor de un nuevo tiem-
zarse, a modo de fondo inconsciente, con otras imágenes y po, de una nueva situación.
Menos que una concientización como manera de incor-
4
En 1990 (sin datos más precisos) hubo una nueva “Marcha de las siluetas”. porar el contenido “noble” de una causa “justa”, la Silueteada
Las imágenes ya no estaban dibujadas sobre un plano rectangular, sino que provoca el encuentro con una búsqueda que ya estaba dándose
habían sido recortadas de una plancha de cartón corrugado, pintadas por com-
pleto de blanco y sin inscripciones. Las Madres encabezaban la manifestación en las mentes y cuerpos que ocupaban las calles de Buenos Ai-
llevando las siluetas del brazo, de manera que formaban una cadena alternada res y de otros puntos en todo el país. Una búsqueda sin sesgos
de mujeres y espectros. Si las siluetas estaban mudas, esta vez no estaban suel- definitivos, incierta, costosa.
tas, desparramadas por la Plaza. Iban entrelazadas, aferradas, al afecto comba-
tivo de las Madres. Para mayor información, cfr. el texto de R. Amigo, en este
Es así como la Silueteada del ‘83 no reviste un rasgo excep-
mismo volumen (N. de E.) cional en el entramado de experiencias de lucha de Madres,
336 337
Abuelas, Familiares y otros grupos. Éstos la sienten como un Los términos “silueteada” y “sistema expresivo” manifies-
gran momento de creatividad colectiva, pero no resulta extra- tan esos nuevos rasgos. En el contexto del pensamiento de
ña a sus prácticas. De modo similar, ya se habían encontrado, Guillermo Kexel, “silueteada” refiere a un espacio de apertura,
o se encontraron luego, otros sistemas expresivos a partir de imprevisibilidad y heterogeneidad caleidoscópica que el tér-
otras materialidades: los pañuelos, las marchas alrededor de mino “siluetazo” coloca en un plano más uniforme, puntual
la Pirámide, las fotos con los rostros de los hijos, las máscaras y definitorio, parangonándose así con el momento de ruptura
blancas, los dibujos de manos en la marcha “Déle una mano total y suspensión temporal propio de la imagen del triunfo
a los desaparecidos”, incluso los cánticos. La Silueteada es sin- revolucionario (Cordobazo, Viborazo, Santiagueñazo, Argen-
gular en su novedad, pero no es excepcional precisamente por- tinazo, etc.). Si en los artistas que proponen la Silueteada apa-
que es expresiva. Su novedad reside en la capacidad de expresar rece un vocabulario nuevo, es porque éste sigue a una acción
los rasgos de la lucha de nuevo tipo que se va conformando a que participa de una nueva práctica política. En tanto reper-
partir del ’77. torio nuevo, introduce una dimensión más en el territorio que
En un sistema expresivo –tal como nosotros lo pensamos la acción ha creado. Es por esta razón que preferimos usar, en
en este contexto–, se pueden reconocer los rasgos de la prác- este texto, el término “silueteada”.
tica en la que aquél se inscribe. Y a su vez, pueden detectarse
las condiciones de un tiempo-espacio determinado, en virtud
del hecho de que los efectos engloban sus causas, y de que el Resistir a la dictadura y al mercado
conocimiento de los efectos engloba el conocimiento de sus
causas. Sin embargo, los rasgos de una práctica no quedan Con el golpe del ’76, la instauración de la sociedad de
reducidos al sistema expresivo, ni éste es una simple manifes- mercado anuló toda posibilidad real de hallar en el Estado un
tación de la práctica. En el sistema expresivo se produce una respaldo organizativo ya no sólo de la lucha social, sino de la
novedad, que consiste por un lado en la peculiar visibilidad mera cohesión de los integrantes de la sociedad en un proyec-
que el sistema le otorga a la práctica de la que surge, y por to nacional, del carácter que fuese. El golpe desarmaba de un
otro, en las características materiales y de sentido que con- mazazo la gran disputa sobre las representaciones de la Nación
forman la nueva expresión. Ambos rasgos son, no obstante, reiniciada en el ’73 con el retorno de Perón.
las caras de una misma moneda. El sistema expresivo es una Transnacionalización, desindustrialización, endeudamien-
totalidad abierta, pues está compuesto del sinnúmero de ex- to, concentración de riqueza, desocupación, son realidades
presiones singulares de quienes participan en él. El sistema que empiezan a consolidar, en la gran escala, su poder de or-
expresivo es multiplicidad. ganización de la vida cotidiana argentina. En este plano de
338 339
relaciones microfísicas, la situación de contingencia perma- loca”– constituyó uno de los epicentros de la nueva subjetivi-
nente establecida por las operaciones financieras en el marco dad. Ahora bien: lo que en aquel momento comportaba una
de un mercado con industria menguante, implantó la especu- ruptura con la moral dominante, fue a la vez el fundamento de
lación como norma de supervivencia y como factor crucial de un modo de control que, con la irrupción del mercado como
reconocimiento o desconocimiento del otro. Cada individuo organizador de la vida social, se consolidaría muy pronto como
debió hacer un seguimiento continuo del mundo de la econo- estilo de vida en tanto consumo. Con el tiempo, el exceso con-
mía para poder calcular los momentos en los que sacar mayor sumista y la subjetividad aniquilada por la exclusión, dos for-
ventaja a la disparatada relación entre las distintas variables mas de cancelación de la experiencia del otro, han señalado los
financieras, que impactaban diariamente en el consumo. Así, puntos extremos de la nueva situación social.
la especulación se tornó actividad estructurante de un medio Que el advenimiento de la sociedad de mercado se pro-
social en el que, en potencia, todos peleaban contra todos. Su dujese por medio de una contrarrevolución disciplinaria –la
continuidad en el presente es menos explícita pero quizá más militarización, con el régimen golpista, de la heterogénea aun-
efectiva, justamente porque funciona en un mercado más es- que polarizada dinámica social5–, y que el desmantelamiento
table –y por tanto aceptable– y porque, ante una crisis, cuenta del Estado fuese acompañado de una represión extrema de
con la potencial legitimación de la memoria colectiva.
Por otra parte, desde mediados de los años sesenta, la alian-
za entre la creatividad de las artes y la eficacia comunicativa de 5
Los militares hacen el último intento por sostener un régimen disciplinario
antes de que éste termine de estallar con el mercado neoliberal pos-dictato-
los medios masivos de comunicación venía desestructurando rial. Se trata de una disciplina militarizada en el sentido más literal: la milicia,
los códigos visuales de los avisos publicitarios y del contenido que en Foucault funciona como una institución disciplinaria entre otras, se
periodístico de diarios, revistas y canales de televisión, e in- torna modelo fáctico universal de lo disciplinario. Se militariza el Estado, se
militariza lo político (ya no sólo el gobierno, sino también la organización de
troduciendo el germen de lo que vendría a ser, en el mercado
las guerrillas), se militariza la subjetividad. El disciplinamiento por medio del
posdictatorial –y sobre todo a partir de los años noventa–, terror adquiere una forma espacial excluyente: el campo de concentración.
la subjetividad fluida, desregulada, que define la producción Hay un espectro de campos de concentración dispersos por las ciudades y
social hoy. sus alrededores (340 entre 1976 y 1982, en 11 provincias) que organizan el
todo social. El “afuera” del campo de concentración es una ciudad concentra-
El boom de la publicidad en aquellos años dio cuenta del sur- cionaria, que carece de afuera y corre permanente peligro de tornarse campo
gimiento de formas de vida contra-disciplinarias, que artistas de concentración en sentido estricto: todos los ciudadanos del régimen son
visuales, músicos, gente de teatro y cineastas, por nombrar sólo desaparecidos potenciales, y por lo mismo, están invitados a delatar. La alter-
nativa a la desaparición es la obediencia irrestricta, la obediencia del soldado.
algunos actores, encarnaban y promovían. En este sentido, el Cf. Pilar Calveiro, Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los
Instituto Torcuato Di Tella y su entorno –la famosa “Manzana años setenta, Buenos Aires, Norma, 2005.
340 341
los actores que pretendían construir una comunidad distinta, del arte en la política hacia una clausura de lo estético. El com-
señala la compleja red de causas que determina el momento bate contra-institucional, efectivamente, deja a los artistas sin
histórico en el que nacen las Madres. institución y, a la vez, sin un espacio propio de acción e inter-
Desde fines de la década del setenta, la situación de la Ar- vención. Es decir, no crean un más allá de la institucionalidad.
gentina está determinada por la doble incidencia del control En pleno Onganiato, en los albores del terrorismo militar y a
del mercado y por la resistencia de grupos como Madres de pocos meses de la primera articulación de las organizaciones
Plaza de Mayo. No obstante sus diferencias radicales, control guerrilleras, los artistas deciden abandonar el arte, y el exilio
y resistencia coinciden en una condición fundamental: el ca- del territorio que los constituía subjetivamente perdura por
rácter inmanente de las nuevas producciones sociales. Es así varios años. Al poco tiempo, algunos se suman a la militancia,
como la Silueteada crea su propio existir dentro de un plano otros se van del país, otros pasan a la clandestinidad, pero to-
ético de autonomía radical ya abierto por las Madres, y al mis- dos niegan la potencia de la práctica artística.
mo tiempo participa en una situación mundial que se confi- Quince años después, la Silueteada inaugura en la Argen-
gura crecientemente, en todas sus dimensiones, por medio de tina una relación de la estética con la política que mantiene
las regulaciones del mercado trasnacional. cierta continuidad con la de los artistas de la década del se-
senta, pero que también difiere. No nace de una proclama de
vanguardia, ni por oposición a la institucionalidad cultural,
La indistinción ética de lo estético y lo político ni como producto de un elaborado plan de acción, ni como
una vía de la lucha revolucionaria tal como ésta se plantea en
En los años sesenta, como producto de una experimen- la década del setenta. En lugar de disolver el arte en la polí-
tación permanente, los artistas de la vanguardia politizada tica, la Silueteada evidencia que lo estético es una dimensión
habían logrado concretar muchas de las aspiraciones de su inseparable de la política a la que acompaña. Su autonomía
ideario político: la desaparición del autor, la creación colectiva radica, precisamente, en efectuar la indistinción de lo político
y horizontal, la auto-organización, la crítica y la denuncia no y lo estético en tanto producciones específicas de campos de
confinadas al objeto de arte sino ejecutadas en una acción co- actividad regulados, pero reteniendo la potencia de lo estético
lectiva viviente y violenta, hasta llegar a la total fusión del arte como motor de la resistencia.
con la praxis social en el proceso de investigación y muestra Si la Silueteada se concreta sin apoyo decidido de los par-
de contra-información “Tucumán Arde”. Sin embargo, esta tidos de izquierda y sí gracias a las Madres, es porque ella
experiencia y otras inmediatamente posteriores, como el en- también es hija de la crisis de representación que en la Argen-
cuentro “Cultura 1968”, empujan el objetivo de disolución tina estalla definitivamente después del golpe del ‘76, con la
342 343
cruenta derrota del proyecto revolucionario. Crisis que, sin la democracia en la medida en que evita el regreso de los mi-
embargo, no es asumida pasivamente por las Madres. Ellas litares, y se valen de algunos de sus actores, en circunstancias
protagonizan la ruptura con el lazo representativo justamente específicas, sólo como apoyo para la lucha.8 Pero no cejan en la
como forma de continuar la lucha, y en este sentido necesitan denuncia de la corrupción del sistema político representativo
crear su propia forma de visibilidad para no ser arrasadas por y sus manipulaciones.
las nuevas formas de poder. El futuro que ellas imaginan es el de la revolución socialis-
Para realizar la Silueteada tampoco fue necesaria una va- ta, pero sostienen que sus formas de lucha, aunque reivindican
lidación de la crítica o de la historia del arte, ni siquiera una los ideales de sus hijos, son diferentes. Ellas fundan un modo
interrogación o debate sobre su carácter artístico. Bastó con de cooperación social que es imposible separar de su vida coti-
el despliegue de encuentros donde lo perceptivo y lo afectivo diana. No confían en una estructura organizativa que anteceda
eran constituyentes, es decir, ya no estaban contenidos única- a la lucha, y más bien reaccionan contra los fines premeditados
mente en el procedimiento visual, sino en la composición en- y el cálculo de los medios para obtenerlos. El modo de coope-
tre visualidad y afectos y perceptos 6 surgidos en la experiencia ración que crean está íntimamente ligado al devenir interno
misma de los manifestantes. Como recalca Flores: “Lo artísti- del grupo, a sus ritmos, energías y posibilidades materiales,
co es una consecuencia, no una propuesta”.7 Lo artístico es la de tal manera que contempla los modos de ser de cada una y
dimensión estética del sistema expresivo puesto en marcha. el horizonte de lucha de todas. Su accionar se enraíza en los
Este sentido de la autonomía, entonces, se corresponde lazos afectivos que constituyen al grupo, y es desde esa fuerza
y ancla en la autonomía que producen las Madres respecto, interior que atraen a los que acompañan su marcha.9
primero, del exterminio económico-militar, y luego, de la po-
lítica electoral y su alianza con el mercado. Ellas defienden
6
El concepto es de Gilles Deleuze y Felix Guattari, y refiere a la percepción
creada en la obra de arte y por tanto autonomizada de la experiencia. V. 8
Las Madres dan preferencia al contacto con personas, no con organizaciones.
Gilles Deleuze y Felix Guattari, ¿Qué es la filosofía? (traducción de Thomas Desde este punto de vista, puede entenderse el lugar privilegiado que mu-
Kauf ), Barcelona, Anagrama, 1993. En relación con la Silueteada y otras chos artistas e intelectuales ocupan en la historia de las Madres desde los años
experiencias próximas a ella, entendemos por percepto una percepción que ochenta hasta hoy.
se crea como un plus en la experiencia misma, y ya no separada de ella. V. 9
Raúl Zibecchi reflexiona sobre estos rasgos novedosos de la lucha de las Ma-
“El arte más allá del dispositivo de exhibición”, en Duplus, El pez, la bici- dres y de los jóvenes militantes de los años noventa en: Genealogía de la revuel-
cleta y la máquina de escribir, Buenos Aires, Fundación Proa, 2005. ta. Argentina: la sociedad en movimiento, La Plata-Buenos Aires, Letra Libre;
7
V. Julio Flores, texto incluido en este libro. Montevideo, Nordan-Comunidad, 2003.
344 345
No acción es más que acción tamente regía bajo el mando militar. Las Madres fueron hasta
allá. Con los pañuelos en la cabeza, se mezclaron entre un gru-
Para concretar la silueteada del ‘83 no hizo falta desgastar- po de estudiantes que se acercaban en procesión a la catedral, y
se en la generación de recursos, sino que se aprovecharon los cuando la policía las quiso correr a un lado, empezaron a rezar
que los implicados en la situación, animados por un espíritu en voz alta. Por temor al dios que esas mujeres invocaban, los
común, podían proveer espontáneamente. Esta socialización policías decidieron no intervenir y las Madres pudieron llegar
de los medios de producción no fue fruto de una política de hasta la plaza. Dentro de la catedral, los jóvenes escucharon
gobierno, sino de una corriente instantánea de energía afectiva de las Madres otra historia, muy distinta al relato oficial. El
en la cual las Madres jugaron un rol aglutinante fundamental. efecto fue inmediato: los estudiantes se colgaron las guitarras
La Silueteada apareció como un dispositivo capaz de aglutinar al hombro, y se volvieron a sus casas. Desbaratar una situación
lo que estaba disperso y buscaba una comunidad. (O, quizás opresiva sin forzarla, sino más bien introduciendo en ella una
mejor, que reforzó una comunidad en crecimiento). forma distinta de pensar y de vivir, ha sido el modus operandi
En este sentido, la Silueteada “se hizo sola” porque, en rea- más recurrente de las Madres. Su lucha, de hecho, nació así:
lidad, no hubo “acción”. Catalizó con eficacia la vibración de la marcha en torno a la Pirámide de Mayo se originó no por
los cuerpos presentes en la Plaza, y redibujó el paisaje del cen- rebeldía al estado de sitio, sino de la obediencia a la orden de
tro de Buenos Aires con una inesperada potencia expansiva, circular que les había impuesto la policía.
pero sin forzar el control militar. Más bien encontró el hueco
por donde entrar, para desde adentro modificar el curso de las
cosas. Es decir que, como sistema expresivo, la Silueteada evi- Oro alquímico
dencia todos los factores que entran en juego en la situación,
porque juega el juego que la situación impone, y de este modo El 25 de enero de este año se cumplieron mil quinientos
hace hablar al poder. jueves de marchas alrededor de la Pirámide de Mayo, desde
Así, sin “actuar”, las Madres crearon una forma de visibili- aquel 30 de abril de 1977. Si al paso lento, ritual, de las Ma-
dad propia que poco a poco abrió el espacio público clausura- dres, le toma cerca de cuatro minutos dar una sola vuelta a
do por la dictadura. Un hecho, entre otros, ilustra ese espíritu. la Pirámide, y teniendo en cuenta que, en el lapso de media
En noviembre de 1977, monseñor Plaza, arzobispo de La Plata, hora que duran en promedio las marchas, se hacen unas ocho
convocó a los estudiantes de los colegios católicos de la ciudad vueltas por jueves, en casi veintinueve años –descontando las
a un encuentro festivo que iba a durar toda la noche, y que se interrupciones forzadas, durante varios meses, de 1979, y las
proponía mostrar públicamente el orden pacífico que supues- de algunos otros casos–, suman 12.000 vueltas y 800 horas
346 347
por persona. Si se calcula, de mínima, doscientos caminantes le dábamos un sentido tan político, resaltábamos más el senti-
por marcha, la suma asciende a 2.400.000 vueltas. Si se tienen do de resistir, de aguantar, para que digan ‘mirá estas viejas lo
en cuenta, por otro lado, las veinticuatro horas ininterrumpi- que son capaces de hacer’, de pasarnos la noche sin dormir, de
das que duró cada una de las veinticinco Marchas de la Resis- caminar todo el tiempo sin parar”.11
tencia, y haciendo un promedio bajo de 5.000 manifestantes
–porque no todos participaban las veinticuatro horas, etc.–,
hay que agregar 9.600 vueltas y 600 horas por persona, lo que Des-re-territorialización
da un total de 48.000.000 de vueltas. Si juntamos los resulta-
dos parciales, las cifras quedan así: 21.700 vueltas y 1.400 ho- Muchas veces han contado las Madres que su lucha co-
ras por persona, y un total de 50.400.000 vueltas entre todos menzó sin saber lo que significaba luchar, sin tener idea de lo
los manifestantes.10 que implicaba la política. Aprendieron su propio modo mien-
Ahora bien. Si se consideran los cientos de marchas reali- tras buscaban a sus hijos, y dicen que fueron sus hijos los que
zadas desde el día de la primera toma de la Plaza, y si a eso se les enseñaron los pasos que debían dar. Todo ese aprendizaje
suman los pasos de los que acompañaron a las Madres en esas y creatividad se organizaron a partir de la des-re-territorializa-
marchas, y los que ellas hicieron de casa en casa, de ministerio ción, primero, de la Plaza de Mayo y, luego, de calles, rutas y
en ministerio, de iglesia en iglesia, pasando por embajadas, plazas de todo el país. La Plaza de Mayo está cargada de una
estudios de abogados, comisarías, sedes de organismos de de- historia de luchas populares con la que sin duda las Madres
rechos humanos y hasta la propia Casa Rosada –donde fueron se identifican, pero sobre todo es el lugar donde pudieron en-
atendidas y repudiadas por primera vez el 21 de diciembre de contrarse de igual a igual, al contrario de lo que les hubiera
1978–, los números pierden sentido y la cantidad se meta- pasado en los partidos políticos, los sindicatos, e incluso los
morfosea en oro alquímico: todo ese caminar, conversar, gri- organismos de derechos humanos. Eso también lo han conta-
tar, pensar y luchar se intensifica en un cuerpo transformado do muchas veces.
hasta la raíz. Hebe de Bonafini, al referirse al sentido del tér- En este sentido, más que una toma de la Plaza de Mayo –es
mino “resistencia” en las Marchas anuales, comentó en una decir, la conquista o asalto de un terreno–, la Silueteada es una
ocasión: “Yo sabía que era una palabra fuerte, pero nosotras no expresión de la nueva territorialidad que las Madres ya habían
10
En favor del argumento, obviemos el hecho de que las Marchas de la Resis- 11
Ulises Gorini, “La nueva resistencia”, en Inés Vázquez, Ulises Gorini, Marisa
tencia se hacían de un miércoles a un jueves, con lo cual habría que descontar Gallegos et alii., Luchar siempre. Las Marchas de la Resistencia 1981-2003, Buenos
doce horas y media a estos cálculos. Aires, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2004, p. 187.
348 349
establecido allí. Una territorialidad porque para las Madres Una subjetividad –la del manifestante, la del simpatizante que
la plaza no es objetivo de incursiones esporádicas, sino un es- colaboró en la confección de las siluetas o las intervino– recu-
pacio recreado por ellas como centro de su vida comunitaria. peraba otra subjetividad, ésta acallada, suspendida, desapare-
Para Zibecchi, este modo de lucha dio frutos duraderos: “Hoy, cida, en un proceso de sustitución/restitución. Pero lo que se
la mayoría de los grupos, desde los piqueteros y los docentes restituyó no era lo mismo que había desaparecido, y en cierta
hasta las asambleas y los jóvenes, comprenden la importancia medida lo era, porque se restituía una lucha, un deseo y tam-
de ocupar el espacio público. Madres lo comprendió hace un bién un dolor. Sustitución, porque al cuerpo que ya no está lo
cuarto de siglo, cuando decidieron hacerse visibles, encontrar- ocupan un cuerpo dibujado y marcado que lo reconoce y lo
se en un lugar que pronto hicieron suyo. Es otro de los inesti- des-desaparece, y otro cuerpo, vivo, que sirve de modelo para
mables aportes de Madres a las luchas sociales”.12 la silueta y puede sufrir y sentir, en alguna medida, con él.
Entonces, para poder reconectar, re-construir lo desapa-
recido, era necesario activarse uno mismo como aparato de
El público no tiene nada que ver con el amor memoria y como productor de justicia. La ideología no podía
mediar si se trataba de experimentar ese encuentro. Más aún,
Contra la banalización del genocidio, producida por una la relación uno a uno de sustitución/restitución se dio con
superabundancia de testimonios sobre los campos de concen- los cuerpos ausentes de los militantes y sus ideales, pero no
tración que los medios de comunicación exhibieron ni bien Al- necesariamente con sus modalidades de acción y estructuras
fonsín asumió el poder, contra la conformación de un público discursivas. Por ejemplo, la despersonalización que muchos
del genocidio, la Silueteada dinamizó aún más la participación luchadores de los setenta habían aceptado como requisito para
de los actores de una democracia distinta a la que planteaba el asegurar la integridad de las filas guerrilleras, podía ahora po-
republicanismo posdictatorial. No por nada las Madres y otros nerse en crisis. Multiplicidad en las formas de sentir, pensar
grupos, desde el principio, entendieron el valor que la imagen y actuar, cooperación afectiva como base de la construcción
podía tener en sus luchas: construyeron nuevo espacio público comunitaria, organización espontánea y descentrada, territo-
desde lo estético, porque lo estético es una dimensión funda- rialidad, apertura a la situación –todos rasgos que caracterizan
mental en el funcionamiento del mercado neoliberal. la lucha de las Madres y que la Silueteada expresa–, nacen a la
También y muy especialmente en este sentido la Siluetea- par del dolor por la pérdida de los hijos y dan sostenimiento a
da aportó visibilidad a la nueva resistencia estético-política. la continuidad de las luchas, pero emergen como algo distinto
de algunos principios de la lucha setentista, como la preemi-
12
Raúl Zibecchi, op. cit., p. 45. nencia de la organización sobre el individuo, la trascendencia
350 351
implicada en la imagen de la revolución en tanto liberación Acciones de Arte (CADA) arrojó a las calles ya no tan enmu-
futura y definitiva, o, en el caso de los grupos armados, la uni- decidas de Santiago una consigna abierta que todos, en todas
formidad de las acciones del colectivo (un único colectivo = partes, comprendieron y activaron inmediatamente. La escri-
una única acción = un único modo de pensar) y la centralidad tora Diamela Eltit, miembro del colectivo, lo describe así:
del mando. Justamente lo que las Madres toman como línea
troncal de continuidad es el amor por los otros que, recalcan El NO + surge en 1983, justo al cumplirse diez años de la
ellas, les enseñaron sus hijos. Pero no hay continuidad sin una implantación de la dictadura en Chile. Ese elemento simbó-
subversión del modo en que el amor organiza la lucha. lico, diez años, coincide con los “levantamientos” populares,
Las siluetas negaron la muerte de un modo de ser, pero a la las protestas ciudadanas que ocurrían mayoritariamente en
vez conectaron a los manifestantes de la Plaza con una realidad las poblaciones14 periféricas de la ciudad. En ese momento,
siniestra: se trataba de cuerpos destrozados y almas agotadas, el CADA buscaba incluir, con una mayor eficacia, la proble-
rendidas, incluso resentidas. “Cuerpos sin sujeto”, llama Pilar mática entre arte y política en los espacios públicos. En ese
Calveiro a los presos de los campos de concentración13. Un im- momento, ya el grupo como tal estaba entrando en una fase
posible ontológico que es un posible en la experiencia: el cuer- de crisis. Ya estaban fuera Fernando Balcells y Juan Casti-
po –y no cadáver, que efectivamente ya no es cuerpo– reducido llo, y Raúl Zurita se había abocado más bien a sus trabajos
a la vida biológica, soporte de un sujeto anulado (no singula- personales. Sin embargo, aún en ese contexto, el CADA,
rizado, no ético, no político). Con la Silueteada se restituyó el fundamentalmente Diamela Eltit y Lotty Rosenfeld, diseñó
sujeto al cuerpo, aunque fuese otro sujeto, porque en verdad se y activó lo que iba a ser la última intervención en la ciudad.
trataba de un sujeto más amplio, cohesionado y múltiple a la Llegamos a un diseño aparentemente simple, pero riesgoso,
vez. La conformación de este cuerpo colectivo, pasado y pre- como era propagar por la ciudad la leyenda NO +, en la me-
sente, es otro rasgo firme de la continuidad de las luchas. dida que el proyecto buscaba incluir a la ciudadanía para que
completara ese NO + con sus propias demandas. El punto
era cómo instalar ese lema. Para eso buscamos unir fuerzas
Otro septiembre del ‘83 con escritores y artistas visuales, para que junto con ellos
iniciáramos el trabajo de rayados en las paredes de la ciudad.
Pocos días antes de la primera silueteada, pero del otro lado Muchos artistas colaboraron, particularmente los artistas
de los Andes y sin la menor conexión con ésta, el Colectivo de pertenecientes al Partido Comunista. Pero, de manera casi
13
Pilar Calveiro, Poder y desaparición, Buenos Aires, Colihue, 1997. 14
Barrios populares.
352 353
“rizomática”, el lema se implantó en las calles con una rapi- lucha ética de Salvador Allende (con la acción “Para no morir
dez y una fuerza que nunca alcanzamos a presagiar. Bastaron de hambre en el Arte”, 1979), hasta la necesidad de quebrar,
dos o tres salidas nocturnas de artistas a la calle para conse- materialmente, el cerco de la dictadura de Pinochet (“¡Ay
guir su consolidación. Rápidamente ese NO + proliferó y se Sudamérica!”, 1981, y NO +, 1983), pasando por el proceso
completó con leyendas antidictatoriales, como también con contra-institucional que señala la calle como el único museo
lemas juveniles que apuntaban a esas subjetividades, lemas posible para el arte (“Inversión de escena”, 1979) y la ocupa-
inesperados como “NO + familia”, por ejemplo. Pero, en ge- ción de algunos medios de comunicación para dar visibilidad
neral los escritos se remitieron a denuncias y deseos. “No + a los desaparecidos por el régimen (“Viuda”, 1985).
muerte” o “crímenes” o “tortura”, por nombrar las recurren- En esa trayectoria, el NO + alcanza un poder de irradiación
cias. Ese lema fue la gran consigna que acompañó el fin de la que escapa al control de los miembros del CADA. Unánime-
dictadura. Fue apropiado por la ciudadanía y más tarde por mente, ellos la señalan como la “acción” que con más profun-
las organizaciones sin nuestra intervención, y esa “pérdida” didad y amplitud concreta sus aspiraciones de tornar el arte y
autoral fue de una radicalidad extrema pues nos desalojó de la política una única práctica. En este sentido, y a diferencia
nuestra propia creación, o más bien nos convertimos en un de otros grupos de la época16 que planteaban la construcción
signo político sin cuerpo, sin firma. La relación arte-política de un campo del arte chileno desde donde establecer un es-
alcanzó su máximo espesor.15 pacio político en tanto marginalidad institucional, el CADA,
ya en su origen, se propone trabajar independientemente de
El CADA, integrado por dos artistas visuales (Castillo y las instituciones del arte. A pesar de mantener permanentes,
Rosenfeld), dos escritores (Eltit y Zurita) y un sociólogo (Bal- agresivas y fructíferas discusiones con artistas de la opción
cells), desarrolló en Santiago, entre 1979 y 1984, un espacio institucional, el CADA se instala en la calle con la necesi-
de intervención artística de creciente radicalidad, que alcanzó dad de ganar un espacio para la voz pública acallada por la
su pico más alto con esa suerte de traspaso de posta a las mul- dictadura. En las primeras cuatro acciones, la modalidad de
titudes hartas del pinochetismo que fue el NO +. Discusiones, intervención del grupo combina cierto carácter simbólico, la
escritos –sobre todo, el fundamentalísimo “Una ponencia del alocución a la ciudadanía en general, y la burla efectiva a la
CADA”, publicado en agosto de 1982 en Ruptura, periódico prohibición de criticar al régimen. Sus textos, que distribuyen
del propio colectivo– y cinco acciones callejeras, trazan un iti- en volantes o insertan en revistas y periódicos de circulación
nerario que va desde el deseo por recuperar simbólicamente la
16
En especial, los formados por Eugenio Dittborn, Catalina Parra y Ronald Kay,
15
Entrevista por correo electrónico con el autor, enero de 2006. por un lado, y Carlos Leppe, Carlos Altamirano y Nelly Richard, por otro.
354 355
restringida, incluyen sutiles referencias a la existencia de un
afuera de la dictadura y al horror de su adentro. Este decir
subrepticio, de enorme elocuencia precisamente en virtud de
que la palabra está prohibida, contrasta con el montaje es-
pectacular de “¡Ay Sudamérica!”, la tercera intervención del
grupo. Mezcla de arrojo y delirio claustrofóbico, consistió en
una operación por la cual 400.000 volantes cayeron sobre las
calles de Santiago desde seis avionetas que, con permiso mi-
litar, sobrevolaron por un rato algunos barrios de la ciudad.
El texto de evidente inspiración beuysiana que llegó a manos
de cientos de miles de santiaguinos, declaraba: “Nosotros so-
mos artistas, pero cada hombre que trabaja por la ampliación,
aunque sea mental, de sus espacios de vida es un artista. (...) el
trabajo de ampliación de los niveles habituales de la vida es el
único montaje de arte válido / la única exposición / la única
obra de arte que vive. Nosotros somos artistas y nos sentimos
participando de las grandes aspiraciones de todos, presumien-
do hoy con amor sudamericano el deslizarse de sus ojos sobre
estas líneas. Ay Sudamérica. Así conjuntamente construimos
el inicio de la obra: un reconocimiento en nuestras mentes;
borrando los oficios: la vida como acto creativo...” El CADA
buscaba, en el encierro, la única forma de diálogo posible en-
tonces: el envío de señales de presencia disidente hacia aque-
llos con los que no podía hablar a viva voz en público. En ese
diálogo sin retorno, el CADA reconoce, con el tono íntimo y
afectivo de una carta, la presencia del otro. La operación, por Cartel de la campaña No + sobre el río Mapocho, iniciada por el grupo CADA
supuesto, no pasa desapercibida entre la población, pero a la en Chile, 1983.
JORGE BRANTMAYER
vez el miedo es todavía demasiado tenaz como para que pueda
ser tomada como punto de arranque de una ola de protestas.
356
Como si hubiera tanteado el terreno, “Ay Sudamérica” marca
el lento crecimiento de la inconformidad, hasta que se produ-
ce, con el NO +, algo distinto.
Ni antes ni después
Más arriba entrecomillanos la palabra “acción” al referirnos
al NO +, porque, como la Silueteada, reviste en realidad las
características de una “no acción”. Lo que el CADA planea es
la invasión de las paredes de Santiago con esa consigna míni-
ma. El resto no depende de los artistas, y apenas puede ser en-
trevisto. Pero hay una apuesta, porque se sabe que la situación
es diferente: dos años después de “Ay Sudamérica”, la calle vi-
bra y el rigor dictatorial cede en parte su terreno. Entonces, el
deslizarse de los ojos sobre un texto caído del cielo encuentra
ahora, en un espacio público que se reconstituye lentamente,
la posibilidad de la palabra colectiva. El NO + cataliza ese de-
seo, convocando a completar el sentido de la frase. Ahí reside
toda la inteligencia de la “no acción”: su fuerza no le viene de sí
misma, sino de un sinnúmero de fuerzas distintas y dispersas
por la geografía urbana. Una consigna mínima y un mínimo
esfuerzo redundan en un efecto máximo.
De la proliferación de respuestas al NO +, de ese diálogo aho-
ra concreto, emerge, además de una multitudinaria expresión
No +, festejo en Plaza Italia del triunfo del No en el plebiscito, Santiago de de repudio, la afirmación de otro lugar. Un lugar por explorar,
Chile, 5 de octubre de 1988. desconocido e incierto, pero adonde convergen los deseos de
HELEN HINGES
millones: el espacio democrático. De todas maneras, no se trata
sólo de eso. Como señala Eltit, el NO + canaliza además la
359
multiplicidad de deseos de las subjetividades posdisciplinarias, manifestantes sobre un lienzo que portan por las calles de San-
productoras de otros lazos que los que imponen las institucio- tiago en 1985. “No + hambre”, se lee en un parapeto de los
nes. En ese contexto, la frase “No + dictadura” ejemplifica, sin cerros de Valparaíso en 1986, y en una marcha que atraviesa
resumirlo, un grito anti-disciplinario mucho más amplio17. el Parque Forestal de Santiago el 8 de marzo de 1987, Día
Como sistema expresivo, entonces, el NO + visibiliza nuevos Internacional de la Mujer. “No + despidos” reclama el gremio
afectos y formas de percepción creativas. Manifiesta también de los médicos en una protesta callejera en 1986. “500 años
la des-re-territorialización de la que toma fuerza y a la que no +” aparece en otra pancarta durante una protesta mapuche
sigue: la que los chilenos ya habían comenzado a producir con contra la celebración de los quinientos años del descubrimien-
la progresiva ocupación del espacio callejero. En este sentido, to europeo de América, en enero de 1993. Incluso se exhibe
se da incluso una puja de terrenos, pues el NO + no se inscribe un “No + ensayos nucleares en el Pacífico Sur” en una tela
solamente sobre superficies en blanco, sino también junto a desplegada en pleno recinto de la Cámara de Diputados na-
pintadas que apoyan la dictadura. Es una afirmación que ne- cional en octubre de 1995. Pero hay un NO + que habla por
cesita desplazar a una negación que se impone como única. sí solo. Es el que prolifera en las calles y los medios, por todo
Pero lo más asombroso de su capacidad de diseminación es el país, antes y después del plebiscito del 5 de octubre de 1988
el hecho de que, con diferentes grados de intensidad, es reto- que le niega al dictador la continuidad en el poder. Una foto
mado y sostenido en muy diferentes situaciones durante años. tomada en la Plaza Italia, Santiago, acusa la forma erguida de
En este sentido, si fuera posible recoger, una por una, las frases la victoria: se ve a un multitud festejando, la mayoría de pie
que dan cuerpo al NO +, se obtendría una visión radiográfica alrededor de la estatua ecuestre del General Baquedano, un
de la vida chilena contemporánea (y, en especial, la de los pri- pequeño grupo rodeando el pedestal, unos pocos debajo o a
meros años ochenta). los costados del caballo, dos montados sobre la silla, y uno de
Varios documentos, por lo pronto, revelan parte del alcan- ellos con los brazos en alto mostrando un “NO +”18.
ce de esa inserción. “No + dictadura”, dice un enorme panel
montado sobre el escenario del teatro Caupolicán, en un acto
realizado por el grupo Mujeres por la Vida (en el que par- Después y ahora
ticipaba Rosenfeld) en 1983. “No + miedo”, escriben unos
El NO + estimuló también a algunos artistas a realizar sus pro-
pias intervenciones. Juan Carlos Castillo, uno de los miembros
17
Lotty Rosenfeld recuerda otros graffiti: “Somos +”, “NO + porque somos +”,
“Las mujeres votamos NO +”, en Robert Neustadt, CADA DÍA: La creación de
un arte social, Santiago de Chile, Cuarto propio, 2001. 18
V. Robert Neustadt, op. cit.
360 361
del Taller de Artes Visuales que había participado de los pri- principio de autoría. Pero así como las imágenes de las bri-
meros “rayados”, diseñó cuatro grandes rollos de papel que gadas muralistas respondían a la lógica de la Unidad Popular
contenían, respectivamente, la “N”, la “O”, la “+” y la imagen –que, mucho más que un partido, constituyó todo un movi-
de un revólver apuntando al espectador, y los desplegó, en una miento–, y en este sentido pintaban, e incluso ilustraban, la
secuencia de segundos de duración, sobre unos de los paredo- sociedad en construcción y el “hombre nuevo” que poblaba
nes de contención del río Mapocho, en pleno Santiago.19 Juan los discursos de Allende, el NO + expresa la situación de un
Castillo, por su parte, organizó en representación del CADA tiempo político posterior al socialismo y, como la Silueteada,
una campaña de apoyo al NO + desde Holanda, donde estaba posterior a la derrota del proyecto revolucionario y todas sus
en ese momento. Ideó una convocatoria de arte correo que representaciones, y posterior al implante del mercado por me-
tuvo gran repercusión, y que finalmente fue exhibida en el Ste- dio de una contrarrevolución disciplinaria. De manera similar
delijk Museum, de Amsterdam, en ese momento tomado por a como se dio la relación entre las Madres y los partidos de
artistas que protestaban contra las políticas de la institución. izquierda argentinos, el CADA mantuvo lazos muy tensos con
En 1984, en la galería Inti, de Washington D. C., se organizó los partidos de izquierda chilenos, en especial con el PC.
otra exposición, con el título “NO +: An Action Performance Quizás lo más “propio”, por así decir, tanto del NO + como
Exhibit”, en la que participaron decenas de artistas. Incluso el de la Silueteada, es el hecho de que abren un preciosa línea de
dramaturgo Raúl Osorio creó y montó una obra a la que tituló referencia para prácticas futuras. “Nosotros pensamos que el
NO +, a partir del hecho de haber visto la inscripción en la NO + es el trabajo más fuerte del CADA –dice Juan Castillo–,
calle. De este modo, el NO + interfirió también en la quietud porque cuando un trabajo de arte, dentro de la perspectiva
del circuito cultural, espacio en el que el CADA ya detectaba con la que nosotros actuamos, se diluye en una propuesta que
una creciente estandarización de la creatividad. La disemina- la toma todo Chile, todo un país, ya después de eso no tiene
ción era imparable. nada más que hacer. El artista se diluye en un proyecto que de
En otro plano, el NO + expresa una novedad respecto de los verdad lo trasciende, no en un sentido metafísico, sino real”.20
murales efímeros que realizaban los miembros de las Brigadas Raúl Zurita, por su parte, celebra la duradera presencia de
Ramona Parra en los años del gobierno de Salvador Allende. aquellos descubrimientos: “El CADA tuvo repercusiones muy
El CADA reconoce en ellas un lazo en términos de ocupación profundas en nuestras vidas. Para mí es una historia que se aso-
del espacio público, de creación colectiva y de ignorancia del cia a la máxima alegría de crear, de compartir y al mismo tiem-
po a una extraña desesperación que me temo nos sobrevivirá.
19
De la intervención, que fue rápidamente censurada por la policía, queda un
registro en video y algunas fotos. 20
Entrevista con el autor, Buenos Aires, julio de 2005.
362 363
En realidad era algo que iba mucho más allá de la dictadura:
en realidad su horizonte final era su asumir la propia vida y la
de cada ser humano como la única obra de arte, como la única
sinfonía, como el único poema que realmente vale la pena y el
amor de ser considerado”.21 CLAVES INTERPRETATIVAS DEL SILUETAZO1
Ignacio Liprandi
Coda
1. El “Siluetazo”, ¿arte o política?
El sistema expresivo, como manifestación estético-política,
define un nuevo territorio de creación colectiva, posdisciplina- Una de las cuestiones que se plantean frente a este episodio
rio y posinstitucional. Es irreductible al circuito del arte y a la es la concerniente a su verdadero carácter: ¿se trata de un fenó-
democracia de mercado, y sin embargo acontece en una situa- meno artístico o político?
ción mundial donde el mercado coordina y simultáneamente
destruye la cooperación social. Crea nuevos afectos y nuevos El punto principal es que los manifestantes que producían
perceptos, y esa es su forma de resistencia. las siluetas, excepto por el pequeño grupo de artistas plás-
La irradiación que en este sentido de lo estético generan las ticos que había generado el proyecto, no tenían conciencia
prácticas de colectivos de artistas y no artistas sobre las calles artística de su acción, y que en cambio para ellos se trataba
de Buenos Aires desde hace algunos años, se conecta en mu- de un reclamo y de una lucha. Es por esta razón que propon-
chos sentidos con experiencias como la Silueteada y el NO +. go hablar de acciones estéticas de praxis política a este tipo
Pensarlas es un ejercicio que excede la escritura, o que simple- de intervenciones en las cuales los manifestantes transforman
mente la desconoce. Implica la construcción de una vida y la estéticamente la realidad con un objetivo político, sin tomar
apuesta por un diálogo que cree su propio habitar. conciencia del carácter artístico de su práctica.2
Buenos Aires, febrero de 2006 1
El siguiente texto forma parte de una tesis de Maestría en Sociología Política
llevada a cabo en el Institut d’études politiques de París entre 2003 y 2004,
cuyo título es A la reconquête de l’espace public perdu. Les Mères de la Place de
Mai et leur défense de l’espace de déliberation publique.
2
R. Amigo Cerisola, “Aparición con vida: las siluetas de detenidos-desapareci-
21
Robert Neustadt, op. cit., p. 85. dos”, en Soto, A. P., Arte y violencia, Ciudad de México, UNAM, 1995, p. 270.
364 365

También podría gustarte