Esteve Soler - Contra El Amor
Esteve Soler - Contra El Amor
(7 obritas burlescas)
Esteve Soler
1.
El campesino se acerca.
Princesa – He decidido convocaros precisamente para completar vuestra felicidad en una tercera
ocasión. Me ha sorprendido vuestra osadía al pedir mi mano al rey, mi padre.
Princesa – Debéis saber que un acto como éste habría significado el peor de los castigos en unos
tiempos no muy lejanos.
Princesa – Creedme, la espada de mi padre es mucho más afilada y segura que la más acertada
de las flechas de Cupido.
Campesino – Si fuera necesario sería capaz de convencerlas para que olieran, ante esta verdad,
con perfume de rosas.
Princesa – Oled bien las rosas, es un perfume tan agradable como efímero.
Princesa – Quiero que me traigas el corazón de tu madre arrancado con tus propias manos.
Princesa – Hace un momento me habrías dicho que sólo mi silencio podía ser cruel.
Campesino – Estoy convencido de que sabéis que si estoy ante vos es porque tengo una madre y
que eso nos hace iguales, a ambos, tan iguales como las sinceridades compartidas por un buen
matrimonio.
Princesa – ¿No quieres mirar a todos con certeza desde esta tribuna?
Princesa – ¿No quieres conocer aquella vida que sólo yo sé que es auténtica?
Princesa - Entonces sólo un acto te separa de tus deseos. Un acto hecho de todo corazón.
Salen los títeres. La luna sustituye el sol y el pequeño escenario se oscurece. Llega el campesino
con un saco, mientras muestra una intranquilidad importante.
Campesino – Soy el mejor hijo, por eso esta noche no sufrirá ningún ansia. Soy el mejor hijo, por
eso no me verá traicionándome. Soy el mejor hijo, por eso le daré la mejor nuera. Que ningún
Dios se atreva a llevarme la contraria: hoy he hecho feliz a una madre.
De repente, tropieza y tira por el suelo el contenido del saco: el enorme corazón de su madre. El
órgano sangriento se contrae y habla.
El campesino retrocede aterrorizado, mientras la madre repite su frase con una candorosa
profundidad.
Salen los títeres. El sol sustituye a la luna y el pequeño escenario se ilumina. Vemos a la princesa
y al campesino, que lleva el saco en su mano.
Campesino – Hubiera sido capaz de arrancarme los ojos para que pudierais verme de nuevo.
Princesa – Sacadlo.
Princesa – No hay ningún corazón de madre que sea capaz de contradecir las verdaderas
intenciones de su hijo.
Campesino – No puedo.
Princesa - Os aconsejo que os comáis el corazón que lleváis, sea del animal que sea, es bien
sabroso si se cocina con amor.
Oscuro.
2.
Una pequeña habitación de hotel a oscuras. Fuera, una pareja discute. Antes de que abran la
puerta escuchamos que él dice “Eres MI mujer”. Entran, pero ella cae y se rompe ruidosamente
en mil pedazos. Él enciende la luz. La habitación, decorada con un gusto extraordinariamente
impecable, ha quedado con el suelo lleno de fragmentos casi irreconocibles de ella, como si
hubiera caído una estatua de cerámica.
Pausa. Él se queda con la boca abierta, sin comprender qué ha ocurrido. Se pone la mano en la
boca, aterrorizado. Cierra la puerta. Se acerca a los fragmentos y los mira. Comprueba la
habitación, a la búsqueda de su compañera. Toca los fragmentos e intenta comprender cómo se
ha roto. Está tan desesperado que casi llora.
Llaman a la puerta. Él no sabe qué hacer. Pausa. Vuelven a llamar a la puerta. Esconde como
puede los principales pedazos de ella bajo la cama. Siguen llamando. Abre la puerta. Detrás hay
una mujer, que viste con un extraño uniforme de plástico. No se dicen nada durante un
momento, sin moverse.
Él – No. Sí. Sí, pero no sé qué es. Quiero decir que no ha venido de aquí. Seguro.
Mujer – ¿Seguro?
Él – Totalmente seguro.
Él – Perfectamente.
Él – ¿Qué?
Mujer – Les he visto entrar. A los dos. Hace un momento. Antes del ruido.
Él – Pero, ¿qué...? Escuche... Sí... Se ha roto una... un espejo, sí, nada más. No es mío, ya lo
sé. No soy de esos clientes que marchan sin pagar cuando han roto alguna cosa que no es
suya. Mañana bajaré a recepción y pagaré lo que sea necesario. De verdad, no me encuentro
bien, si / pudiera...
Pausa.
Pausa.
Mujer – Ayudarle.
Él empieza a llorar y la mujer entra en la habitación. Ella investiga por todo el espacio hasta que
se agacha y mira debajo de la cama. Él la contempla, todavía lloroso.
La mujer sale de la habitación y trae al interior sus utensilios de limpieza, entre otros una escoba
y un gran cubo. Él contempla como ella saca con la escoba todos los pedazos de debajo la
cama. Pausa.
Mujer – No lo sé.
Pausa.
Él – Esto no es un espejo.
Mujer – ¿No?
Él – Esto no es un espejo.
Él – Es MI mujer.
La mujer se detiene.
La mujer sigue recogiendo los pedazos de debajo la cama con la escoba. Él se agacha y coge
algunos de los pedazos del suelo.
Él - ¿Por qué?
Mujer – Tranquilícese.
Él – Pero ¿cómo coño quiere que me tranquilice si está recogiendo mi mujer a pedazos?
La mujer pretende salir de la habitación, pero Él se adelanta y cierra la puerta, impidiéndole que
lo haga.
Él – Hable.
Mujer – Si no me quiere devolver la escoba, usted mismo. Ya le he dicho que yo vengo aquí a
hacer mi trabajo y punto. No se ofusque. Se ha roto una cosa, una cosa suya o del hotel o de
quien sea. Yo la recojo, me voy y ya está. ¿De acuerdo? No quiero problemas.
Mujer – Está confuso, tranquilícese, pronto volverá a verlo todo más claro.
Él – Pero...
Mujer se detiene.
Mujer – No.
Él – No, ¿qué?
Pausa.
Él – ¿Por qué?
Mujer – Una cosa puede romperse, una persona, no. Usted es un paranoico.
Él – Esto es una oreja. ¡Una oreja! ¡Y esto podría ser la parte de un hombro! ¡Todo esto
pertenece a alguien!
Mujer – Ya le gustaría…
Él – ¿Está recogiendo los pedazos de la gente que se va encontrando por las habitaciones?
Él – ¿Quién es usted?
Mujer – Sí.
Mujer – Nada.
Mujer – Es verdad...
Él – Au.
Oscuro.
3.
La terraza del bar en una plaza pública. Una mujer joven, Amiga 1, está sentada tomando un
café, con un cierto nerviosismo. Llega con prisas Amiga 2, una mujer de su misma edad.
Amiga 2 – Perdona.
Se dan un beso.
Amiga 2 – Ya sabes que no acostumbro a llegar tarde, pero no sé qué me ha pasado hoy.
Amiga 1 – Tranquila.
Amiga 2 – Cuando he escuchado tu voz hoy per teléfono me he quedado muy asustada.
Amiga 1 – No es eso.
Amiga 1 – Júramelo.
La amiga 1 le enseña, sin que el público pueda verlo, una parte de su torso. La amiga 2 muestra
una cara muy angustiada.
Amiga 2 – ¿Qué es esto?
La amiga 2 se levanta.
La amiga 2 se acerca.
Amiga 2 – ¿Qué es esto? Por el amor de Dios, ¿qué tienes aquí? ¡Pero si se está moviendo!
Amiga 2 – Por el amor de Dios, ¿qué tienes aquí? ¿Te hace daño?
Amiga 1 – No.
Amiga 1 – Siéntate.
Amiga 2 – ¿De dónde viene esto? ¿Es un insecto o... una larva o...? ¡Dios mío, qué horror!
Amiga 1 – No es un insecto o una larva, como decías. Tampoco es una tenia o un extraño tumor
o una cosa de éstas. Es mi ex.
Amiga 1 – Está a punto de acabar con mi vida. Fíjate la gracia que me hace...
Amiga 2 – ¿Pero cómo puede ser que tu...?
Amiga 1 – No lo sé, pero es él, es él, cuando estoy sola me habla, desde dentro, todo el rato.
Amiga 1 – Se pasa los días moviéndose como un loco por dentro, como si no pudiera parar,
hace que vomite todo lo que como, me golpea los huesos...
Amiga 2 - ...es muy extraño, pero... ¿Ya has visto si todavía vive en su casa?
Amiga 1 – Hace un mes que hemos dejado de hacer el amor porque no quiero que me vea así.
Me da miedo que se lo encuentre y que pueda pasar alguna cosa. O que simplemente le dé
asco hacer el amor conmigo mientras tengo un bulto que se va paseando por mi cuerpo.
Amiga 1 – Yo no he podido estar muy cordial con él estos días, te lo puedes imaginar... No me
encuentro bien, tampoco... He dejado el trabajo sin dar explicaciones a nadie y... Creo que
Miguel está a punto de romper conmigo.
Amiga 1 – Estoy presa de esto, en cualquier momento podría hacerme alguna cosa, ¿no te das
cuenta?
Amiga 1 – Cada noche me despierto porque se coge tan fuerte a mi corazón que me provoca
pequeñas taquicardias. Estoy a su servicio. ¿Te das cuenta de lo que me podría hacer este hijo
de puta si decidiera reventarme el estómago o llenarme los pulmones de orina o...? ¡Dios mío!
¿Te das cuenta? ¡No puedo hacer nada! No puedo hacer...
Amiga 1 – No lo sé. Necesito acabar con todo esto de una puta vez.
Amiga 1 – ¿Cómo?
Amiga 1 – Claro. Pero yo ya corté con él, ¿no te acuerdas? Y no fue nada fácil.
Amiga 2 – Sí, pero la situación ha cambiado, ahora sí que no te lo podrás sacar de encima.
Amiga 2 – No lo sé...
Amiga 2 – No lo sé, alguna cosa seguro que hizo que te enamoraras de él, ¿no?
Amiga 1 – La última vez que fuimos me dejó tirada. Era un tío muy extraño.
Amiga 2 – Pues... No lo sé. Se trata de hacerlo reaccionar para que deje de putearte tal y como
lo está haciendo en este momento. Por cierto, ¿dónde lo tienes ahora?
Amiga 1 – No lo sé, se está moviendo dentro del estómago, pero no sé qué está preparando.
Amiga 2 – Lo recuerdo.
Amiga 2 – Lo sé.
Amiga 1 - Siempre te echaba en cara cualquier cosa cuando te lo encontrabas, era una mala
persona que...
Oscuro.
4.
Una pareja de jóvenes se está sobando en una habitación. Se acercan a la cama, donde caen y
se van desnudando con la vigorosa intención de follar.
Chica – ¿Llevas?
Chico – No lo sé.
Siguen.
Chico – No lo sé.
Ella le detiene.
Pausa. De mala gana, él saca de su bolsillo una caja de pastillas y la lanza encima de la cama.
Chico – La empresa nos da una caja todos los viernes. Y no quieren que salgamos si no nos
hemos metido como mínimo un par de pastillas ante el supervisor.
Chico – Me tragué un par de caramelos. Esta vez no quería hacerlo bajo ninguna influencia,
quería hacerlo sin estar enamorado.
Chica – No entiendo por qué. ¡Estar enamorado mientras follas es una pasada!
Chico – Me recuerdas a los de la empresa: “Tiene todas las ventajas del cristianismo y el alcohol
y ninguno de sus defectos”.
Chica – Uy, te veo muy reivindicativo... ¿Qué libro perverso te estás leyendo?
Chico – ¿Has pensado qué pasaría si no estuviéramos todos dopados hasta el culo con amor?
Chico – No hay suficiente con que nos obliguen a vivirlo en todas las películas norteamericanas,
también nos lo hemos de tomar en pastillas a todas horas.
Chica – Pero es bueno. ¿Qué problema hay? Yo siempre compro Coca cola por que lleva un extra
de amor que no tienen las otras marcas.
Chica – ¿Una farsa? ¿Me estás diciendo que nuestro amor es una farsa?
Chico – ¿Has visto alguien que admita no tomárselas? ¿Que reniegue del amor?
Chica – Algún amargado podríamos encontrar.
Chico – De eso te hablo precisamente. Dejar de tomarlas para siempre significa excluirse de todo.
Chica – Significa ser idiota. ¿Por qué alguien querría evitar una cosa que le beneficia?
Chico – Alguien ha hecho estas pastillas para que te quedes ciego de amor y te hipoteques hasta
las orejas, para que te compres un coche, para que vistas mejor que tus amigas, para que tengas
dos niños que nazcan con las mismas deudas que ya tenían tus abuelos. Estoy hablando de
control.
Pausa.
Chica – Muy bien, ya sé por dónde vas, me quieres dejar, ¿no? Adelante, lo puedes decir, lo
soportaré.
Chica – ¿Eres consciente de los efectos que pueden tener en mí estas ideas?
Chica – ¡Estoy hablando de tú y yo, por favor! Deja de salvar el mundo por un momento e intenta
salvarme a mí. ¿Te piensas que quiero vivir con alguien que no quiere consumir amor?
Chica – ¡No sé nada de nada! ¡Sólo sé que te quiero y que no tiene ningún sentido si tú no lo
haces!
Chico – No tiene ningún sentido querer a alguien a quien le exiges que te quiera a cambio.
Chica – Comprenderte no sirve de nada. ¿Te piensas que puedes hacer alguna cosa excepto
amargarte la vida?
Chica – Tomarte esto significa vivir mejor. Y significa cómo yo quiero vivir.
Chica – ¿Y tú crees que encontrarás alguna otra que quiera vivir sin tomárselas?
Chica – ¿Gente que quiera vivir sin hipoteca, sin coches, sin vestidos mejores que sus amigas,
sin niños, sin deudas?
Chico – Quizá.
Chica – Te quedarás solo. No podrás fingir delante de los demás que eres normal, que estás
enamorado.
Chico – Quizá.
Chica - Podría decirle a todo el mundo, a la empresa, a la familia, a los amigos, que sólo finges
que estás enamorado, que no tomas las pastillas porque quieres fastidiarnos a todos.
Pausa.
Chica – No, quiero que los dos lo hagamos enamorados. Piensa que soy una desesperada si
quieres, que soy capaz de todo para hacerlo una última vez, que soy una adicta. Es mi única
condición, después dejaré que vivas como quieras.
El chico se lo piensa.
Chica – ¿Aceptas?
Chico – ¿La última vez con amor? ¿Nunca más? ¿Me lo prometes?
Chica – Prometido.
Chico – No es necesario.
Chica – Todo lo hago por ti, siempre. Tienes que fiarte un poco más de mí, de verdad.
Se abrazan. Lentamente, empiezan a hacerse caricias que acaban en una actitud más sexual.
Empiezan a hacer el amor, pero ella se detiene.
Chica – Por la mañana, a primera hora, podríamos hacer aquello de la hipoteca, ¿no?
Pausa.
Chica – Creo que si demuestras que te has tomado una caja entera de pastillas te abren el banco
expresamente.
Los dos empiezan a tomar pastillas con el mismo afán con el que hacían el amor hace un
instante.
Oscuro.
5.
La superficie de un planeta lejano. Un astronauta está sentado y quieto en una silla rudimentaria.
Viste con una escafandra gruesa y un casco con una visera de cristal ahumado, que nos impide
ver su interior. A su lado hay un aparato tecnológico incompleto, que parece haber tenido alguna
función comunicativa. Pausa breve. Escuchamos su voz, madura y masculina, filtrada por un
intercomunicador.
Silencio. Muy lentamente y con movimientos pesados, entra otro astronauta, que viste
exactamente igual y que lleva encima instrumental para el desmantelamiento del aparato. Antes
de que hable, con voz madura y femenina, escuchamos su intensa respiración.
Astronauta 2 – Lo siento.
Astronauta 2 – ¿Me perdonas? Al final siempre me acabas perdonando... No tienes más remedio.
Astronauta 2 – No.
Astronauta 1 – La sencillez del paisaje. Podría detenerme a mirarlo para siempre. Es tan limpio,
tan claro. Un inmenso desierto naranja, con diversas gradaciones de rojo, pero sólo eso. Sencillo
como la palma de una mano. No hay nada que lo estorbe, que lo ensucie, nada. Sin la
intervención de nadie. Ninguna pisada, ningún cartel oxidado. Ninguna bolsa de plástico cruzando
inoportunamente el paisaje.
Pausa.
No me importa que allí en la Tierra no quede nadie. Me importa una mierda no saber qué coño les
pasó. Y me importa una mierda que tú y yo seamos los últimos. Me importa una mierda. Me
importa una mierda porque esto nos sobrevivirá. Esta limpieza nos sobrevivirá. Este desierto nos
sobrevivirá. Estas dunas que parecen moverse en secreto cada día estarán aquí cuando
hayamos desaparecido.
Astronauta 2 – ¿Y si te equivocas?
Pausa.
Pausa.
Pausa.
Astronauta 2 – Un suicida.
Pausa.
Pausa.
Astronauta 1 – ¡Pues claro que no quiero que me des una puta respuesta! Sé perfectamente lo
que piensas. ¡No haces nada más que decirme exactamente lo mismo todo el puto día!
Astronauta 2 – Lo siento.
Pausa.
Astronauta 1 – No sabes hasta qué punto esta pregunta es absurda en este momento.
Astronauta 2 – Quieres romperme el corazón, ¿verdad?
Astronauta 1 – Veo que cada vez te has propuesto hacer una pregunta más y más absurda.
Adelante, estoy interesado en ver como te superas en la siguiente.
Pausa.
Astronauta 1 – En el caso de que por algún milagro celestial tuvieras un hijo, / por mucho que...
Astronauta 1 - Este niño no podría vivir con normalidad, no podría salir a ningún patio a jugar
como un niño cualquiera, se ahogaría con sólo intentarlo. Este niño acabaría viviendo solo y
perdido toda su vida.
Pausa.
Astronauta 1 – Aunque tuviéramos una pareja de niños, que es lo que tienes en la cabeza,
también nacerían solos y perdidos.
Astronauta 1 - Difícilmente podremos sobrevivir tú y yo durante el resto de nuestra vida con las
posibilidades que tenemos.
Astronauta 1 – Por el mismo motivo que este aparato que estás construyendo no servirá para
nada.
Astronauta 2 – ¿Y qué te importa?
Astronauta 2 – Sí.
Astronauta 2 – No lo sé. Me ha parecido que estabas a punto de decir una cosa bonita y he
dejado grabando tu voz.
Astronauta 1 – Pues te has equivocado, no he dicho nada bonito. No deberías haberlo grabado.
Astronauta 2 – Tú deja. Son cosas mías. Quizá alguien te querrá escuchar en el futuro.
Astronauta 1 – No lo creo.
Pausa.
Astronauta 2 – ¿Qué?
Astronauta 1 – Ya sabes.
Astronauta 2 – ¿Qué?
Astronauta 1 – Nada.
Pausa.
Astronauta 2 – ¿Qué?
Astronauta 1 – Ya sabes.
Astronauta 2 – ¿Qué?
Astronauta 1 – Nada.
Astronauta 1 – Te quiero.
La astronauta 2 intenta arreglarlo diversas veces, pero sólo consigue que suene peor. Se detiene.
Silencio. Finalmente, vemos que ella, una anciana, se empieza a sacar el casco.
Oscuro.
6.
Una pareja de mediana edad vestidos con una elegancia extrema. Están metidos hasta el cuello
dentro de una sustancia viscosa y degradante que recuerda unas arenas movedizas y que limita
totalmente sus movimientos. Alguien podría decir incluso que es una gran mierda, pero de
profundidad desconocida, quizá infinita. Sólo vemos la cabeza de los dos y la mano de ella, que
le está limpiando una oreja a él con un bastoncillo de algodón.
Pausa.
Sr – No me gusta que tengas tus cosas tiradas por el suelo. No me gusta no saber nunca qué hay
aquí debajo, qué estoy pisando.
Sra – No me gusta que te confundas y te pienses que tus cosas son las mías.
Sr – No me gusta que no te fíes nunca de mí.
Sra – No me gusta que vayas solo al teatro sin pensar que yo quizá también quiera ir.
Sr – No me gusta que me consultes a qué hora llego a casa después del trabajo porque siempre
es la misma.
Sra – No me gusta que no hagas, como mínimo, la mitad de la limpieza de casa, aunque yo haya
decidido aquel día hacer el doble.
Sra – No me gusta que te duermas y te pongas a roncar cuando estamos juntos en el sofá,
especialmente si estoy viendo alguna película que me emociona.
El diálogo se vuelve cada vez más agresivo. Si pudieran se darían golpes de cabeza.
Sr – No me gusta que te pienses que tenemos algo especial que decirnos después de haber
follado.
Sr – No me gusta que te pases una hora hablando por teléfono cada vez que te llama una amiga.
Sra – No me gusta pensar que me tratas peor que a tus otras parejas, especialmente delante de
tu familia.
Sra – No me gusta que hagas a escondidas compras excesivas, especialmente si yo aquel día no
he hecho ninguna.
Sr – No me gusta ir de compras.
Sra – No me gusta que pierdas el hambre antes de comer porque has comido alguna otra cosa
antes de llegar a casa.
Sr – No me gusta que me hables de la educación que recibí cada vez que bebo a morro de una
botella.
Sra – No me gusta que no te fijes en las migas de pan que dejas por el suelo como si no supieras
que no me gusta.
Sra – No me gusta que hagas ver que criticas alguna otra persona para darme una lección a mí.
Sra – No me gusta que te pongas a chillar cuando ves que no tienes razón.
Sr – No me gusta que tengas tus cosas por el suelo. No me gusta no saber qué hay en el fondo,
aquí debajo. No me gusta que las cosas que hay aquí debajo me quieran coger el pie.
El diálogo se detiene. Se va reiniciando poco a poco, con una actitud mucho más relajada.
Sra – No me gusta que hagas bromas estúpidas, sobretodo delante de mis amigas.
Sr - No me gusta que utilices este tono para ridiculizarme, sobretodo delante de tus amigas.
Sra - No me gusta que flirtees por Internet y que entres en los chats.
Se diría que están haciendo el amor con las palabras y alguien podría sospechar que quizá están
haciendo alguna cosa con las manos debajo de la sustancia viscosa.
Sra – No me gusta que te fijes más en las otras mujeres que en mí si salimos juntos.
Sr – No me gusta que seas demasiado encantadora, especialmente con algún otro hombre.
Sra – No me gusta que después de ser encantadora con algún otro hombre te tenga que decir
que es homosexual. Aunque sea mentira.
Sra – No me gusta que no te des cuenta de todas las cosas que no te explico.
Sr – No me gusta que pienses que todas las mujeres hacen ver en privado que tienen orgasmos.
Sra – No me gusta que no entiendas por qué las mujeres fingimos orgasmos.
Sr – No me gusta que pienses que con un polvo me puedo olvidar de una pelea.
Sra – No me gusta que pienses que con una pelea me puedo olvidar que te quiero.
Llega caminando por encima del escenario Sr 2, un hombre vestido también impecablemente,
que pisa la sustancia viscosa con cautela y queda cerca de la cabeza de Sr.
Sr – No me gusta saber con toda certeza qué significa “tener un poco más de espacio”.
Sr – No me gusta pensar que ya no soy yo quien te hace decir que “no te gusta” alguna cosa.
Sra – No me gusta que me hagas chantaje emocional para demostrar que me quieres.
Sr – No me gusta quererte.
Sra – No me gusta que él pueda pensar que soy una puta porque todavía me gusta que me
quieras.
Sr – ¡No me gustas!
Sr 2 – Lo que tú quieras.
Pausa.
Oscuro.
7.
Un hombre sentado en una silla delante del público. Tiene unos cuarenta años, empieza a tener
barriga y tiene unas buenas entradas en el pelo. Lleva botas de cowboy aunque hace tiempo que
sabe que no van con su actual estilo de vida.
Home – Ey, gracias por venir. Sé que no siempre venís a las reuniones, pero os agradezco que
hoy estéis aquí. Los que habéis venido. De verdad. Para mi es importante.
Pausa breve.
¿Estáis cómodos? Quiero decir que si queréis agua o alguna cosa os podéis levantar y la podéis
coger, que no me molesta. Para mi es importante que estéis cómodos. Mientras… yo voy
haciendo mi discursillo y ya está, ¿de acuerdo?
Ríe.
En fin, ya sabéis, no creo que sea un discursillo muy diferente del resto de vosotros.
Pausa breve.
Ríe.
Algunos ya lo sabéis, porque os lo he dicho, que yo me dedicaba al porno. ¿Lo parezco? ¿Parece
que me pueda dedicar al porno?
Pausa breve.
Bueno, no lo sé, lo cierto es que me dedicaba a eso. Es un trabajo como cualquier otro. Bueno,
no es como cualquier otro porque puedes ganar mucha pasta.
Ríe.
Y cuando digo mucha pasta, quiero decir mucha pasta. Seguro que algunos de vosotros estáis
pensando que soy un depravado y otros pensareis que soy vuestro héroe. Bueno, eso me pasa
cada día. Siempre que lo digo. Y no hay ningún problema. Lo comprendo. Hay gente que piensa
de una manera y otra gente que piensa diferente. Pero a los que no os gusta tenéis que saber
que si se hace tanta, tanta pasta es porque se lo mira mucha gente, mucha. Y si lo mira tanta
gente será por alguna cosa, ¿no? De hecho, no hacemos nada que no sea natural, se trata de
gente haciendo lo que haría en su casa, follar, nada más. No hay nada de malo en eso, ¿no? Yo
es que no veo nada de malo, sinceramente. Aunque todo el mundo es libre de vivir como quiera y
de ver las pelis que quiera, por supuesto.
Pausa breve.
Sé que más de uno estará pensando “pues yo no he visto ninguna peli de este tío”. Y tendrá
razón. “Este ha venido aquí a meternos la fardada de que es una estrella del porno”. No, no, no.
Ríe.
Me dedico al porno, pero no soy una estrella del porno, yo hago castings. Me explico. No todo el
mundo puede hacer porno, no puedes coger a la primera tía que te viene y ponerte a grabar una
escena sin más. Hay gente que no es lo bastante... guapa, por una parte... pero me refiero sobre
todo a... atrevida, sabéis lo que quiero decir, ¿no? Hay gente que hasta que no te la has follado
no sabes hasta qué punto es capaz de hacer ciertas cosas. De boquilla todos se atreven a todo,
pero cuando llega la hora de la verdad es diferente. Y es un trabajo importante, que hay que
hacer, y es lo que yo hacía. Me iba a la Europa del Este, a Budapest o Praga, por ejemplo, y me
pasaba dos o tres semanas haciendo castings. Les tiro unas fotos, compruebo que tengan unos
mínimos, no escogemos ninguna vaca, trabajo en una compañía muy selecta... Y me las follaba.
Creedme, todavía no he encontrado ninguna tía que me pusiera problemas, os lo juro, para nada.
A veces te da la sensación que podrías coger a la primera tía que encontrases por la calle en
Budapest, subirla a tu apartamento y follártela. Es increíble hasta qué punto hay tías y tías que
quieren hacer porno. Y son guapas, ¿eh? Creedme. Después este material se lo miraba Mario, mi
jefe, y si le gustaba una tía la llamaba y venía aquí a hacer una peli. Para ellas es como que te
llamen de Hollywood, de verdad. Además, me sentía... afortunado haciendo esto, de verdad, y no
sólo porque me las podía follar de todas las maneras posibles, sino porque era consciente que
podía darles una gran oportunidad en su vida, que podía salvarlas del paro de su país, que es
terrible, o de una familia que las putease... Yo qué sé. Sentía... quizá os sonará cursi, pero es
verdad... sentía amor haciéndolo, de verdad. Tanto por parte de ellas como por mi parte. Supongo
que volvéis a pensar que estoy fardando, ¿eh?
Ríe.
Creo que nunca había sido tan sincero en toda mi vida. Vosotros también lo habéis sido conmigo
de manera que creo que es justo que yo también lo sea. Seguro que os estaréis preguntando “¿Y
este tío qué hace en su casa?” “¿Tiene una mujer y dos niños esperándole después de sus
excursiones sexuales a Praga?” No puede ser, ¿verdad? Pues sí, alucinad, tenía una novia,
Tania. La mayoría de la gente del porno acaba saliendo con actrices, productoras o así... Tías que
también están en el porno. Es normal, no quieren que nadie les cuestione qué hacen en el
trabajo. Lo decía antes, hay gente a quien no le gustan estas cosas… Es lo que hay...
Pausa breve.
Conocí a Tania en una discoteca de Valencia. Yo estaba con unos amigos de vacaciones, unos
amigos que no tienen nada que ver con el porno y uno de ellos tenía una amiga de su hermana
que... Total, que me la presentó.
Resopla.
Estaba buenísima, era preciosa y, además, se veía que era legal, vaya, que es legal. Aquello que
diríamos una buena tía, una tía de la que te puedes fiar, que no te clavará un puñal en la espalda.
Pausa breve.
Y conectamos. Desde aquel mismo día ya follamos como bestias. Yo tengo una cierta experiencia
en el tema, ¿no? Y la aprovecho. Para dedicarte a este trabajo debes tener unas ciertas
cualidades. No es para presumir, pero una persona que se dedica a esto no se puede correr en
cualquier momento y debes poderlo hacer todas las veces que sea necesario. Total, que los dos
llevábamos una sonrisa de oreja a oreja todo el día. Tania estaba contenta, incluso alguna cosa
más que contenta, recuerdo que todo el día iba cantando canciones. Cuando follábamos le
gustaba poner un disco de baladas y cuando me daba cuenta podía sentir que cada vez que
movía el culo seguía el ritmo lento de la canción. Sobretodo ponía una recopilación que se
llamaba... ¿“Noches de blanco satén”? ¿Os suena? El primer tema era “Without you” de Nilsson.
Es una de estas típicas canciones ñoñas, ñoñas...
La tararea.
Entonces me dije a mí mismo “Hostia, es una de esas tías...” Creía que después de pasar por
muchas parejas incorrectas en la vida a veces te encontrabas con tu media naranja, que estaba
relacionado con la justicia poética. Decía este tipo de cosas. “Justicia poética”. Y fue en aquel
momento cuando pensé lo que vosotros ya os teméis desde hace rato. “¿Y cómo le dices que tú
te dedicas a hacer castings porno?”.
Ríe.
Decidí engañarme y pensé que era una aventura de unos cuantos días y que no era necesario
decírselo porque no... no... No sé... pensé que no era necesario.
Pausa breve.
Pausa breve.
No, de hecho, sé seguro que no habría sido diferente si se lo hubiera dicho. Ella se pensaba que
hacía de comercial para una empresa de informática y ya está. Íbamos tirando. Cada uno en su
casa y nos encontrábamos cuando podíamos, los fines de semana sobre todo. Recuerdo que una
vez le saqué el tema del porno, así, como quien no quiere la cosa... Estábamos en la playa
poniéndonos calientes con una conversación un poco subida de tono y le dije “¿Has visto alguna
peli porno?” y me dijo que sí, que una vez había encontrado una que tenía escondida su hermano
y que la miró entera. Esto de verlas enteras sólo lo hacen las mujeres, pero vaya… Nosotros con
un rato tenemos suficiente. Me explicó que incluso se había hecho una paja mientras se la
miraba, para probar, decía.
Pausa breve.
El porno, os puede gustar o no, pero tiene una función... social... de verdad. ¿Habéis pensado en
la de gente que iría cabreada por el mundo si no se pudiera hacer una paja de vez en cuando
viendo como los demás se lo montan? Algún día regalarán porno en los ambulatorios, lo
recetarán los médicos para sacar todo tipo de obsesiones y traumas. El porno es bueno. Cuando
me corro en la cara de una tía es como si se iluminase el mundo, siento tanta gratitud, siento una
satisfacción añadida, una satisfacción total. No sé si lo sabéis, pero las escenas porno
acostumbran a acabar de esta manera, un hombre corriéndose en la cara de una mujer, o de
dos, o de las que sean. Es una convención, siempre se hace de esta manera. Los hombres
sabemos que cuando te corres en la cara de una chica es mucho más satisfactorio, no me
preguntéis porqué, pero es así, es cultural o una cosa de éstas. Los hombres de la sala me
podrían dar la razón ahora mismo. Te sientes mejor y por eso las escenas siempre acaban así.
Pausa.
El peor día de mi vida culminó cuando llegué a casa y vi que Tania no había llegado. Pensé
“Hostia, ahora no, ahora no...” Yo venía precisamente del médico y no la encontré en casa, como
habíamos acordado. Empecé a llamarla y no había manera. Había restringido mis llamadas.
Pasaron días y conseguí hablar con su hermana, que me dijo que Tania no quería volverme a ver
nunca más, sin ninguna otra explicación. Inmediatamente pensé que había rebuscado entre mis
cosas y que había encontrado alguna peli, pero era imposible porque yo siempre las tenía
grabadas en el ordenador en un archivo con contraseña, de manera que no podía ser posible.
Nada de lo que hacía era público.
Pausa breve.
O eso pensaba yo. Unas semanas antes, Mario decidió comercializar sin decírmelo un vídeo
recopilatorio con la parte final de mis castings y en alguna se me veía, poco, pero se me veía.
Imagino que alguien me vio y se lo dijo o que me reconoció ella misma y decidió dejarme. ¿Me
dejó por eso? No lo sé. Tengo miedo de preguntárselo. No es tan monstruoso lo que hacía,
¿verdad? Ella misma había reconocido haber visto alguna vez una peli porno, ¿no?
Pausa breve.
No es que os lo pregunte directamente, pero... es que... no sé qué... en fin, seguro que tenéis
otros problemas que son peores... pero... no lo sé...
Sonríe.
Será mejor que me vaya. Disculpadme si hoy no me quedo a escuchar a los demás. Es que...
Bueno... me parece que... Hoy no podría... No sé. Nos vemos otro día, ¿de acuerdo?
Home se va.
Desde el mismo pequeño teatro de la primera escena vemos en un televisor los últimos instantes
de todos los castings del protagonista, cuando se corre en la cara de las actrices. Mientras, suena
el tema “Without you”, de Nilsson. El vídeo tiene la misma duración que la canción (3 minutos y
15 segundos). Después se encienden las luces. En el caso de que haya aplausos, no hay
ninguna reacción por parte de los intérpretes o los responsables del montaje. Final.