IGLESIA BAUTISTA LUZ Y VIDA
Pastor Esteban Díaz, 2018.
A LA MESA CON EL SEÑOR
Pasando un tiempo con Dios
Era alto, elegante, vigoroso. Desafiaba a la vida con todas sus inclemencias, con firmeza, casi hasta con
arrogancia. En el año 1990, le hicieron una revisión general y lo declararon sano, con muchos años más
por delante. Sin embargo, en junio de 1991, el viejo roble de trescientos años de edad, se derrumbó con
estrépito. Nadie en la ciudad de los Cien Robles en Estados Unidos, esperaba una muerte tan súbita.
Pero el viejo árbol cayó, destrozando con su caída seis flamantes automóviles exhibidos para una venta.
¿Cómo fue que pasó algo así? El árbol se miraba fuerte. Su sombra era segura. Ése fue el error de la
comunidad de los Cien Robles. Se confiaron de lo que sus ojos miraban, y no consideraron necesaria una
revisión interna más frecuente. ¿Qué nos enseña ésta anécdota?
Nosotros somos como árboles. La mayoría de las veces juzgamos nuestra condición por lo que vemos,
pero caída de aquel roble es una gran lección sobre la necesidad de revisar nuestra condición interna
con mayor frecuencia de la acostumbrada. Porque puede parecer que nos encontramos en perfecto
estado, pero desconociendo de alguna probable infección interna que nos hará caer; y cuando uno de
nosotros cae, no sólo sufrimos daños personales, sino también dañamos a otros (familia, vecinos,
iglesia) ¿Cómo hacemos una revisión interna? Deteniendo nuestro andar para echarle un vistazo a
nuestra alma bajo la luz del Señor. Parando, y sentándonos a un lado del camino, mientras nuestro
Salvador nos dice con honestidad lo que piensa de nosotros.
El día de hoy recordaremos algunas verdades básicas para retomar esas pausas en nuestras vidas para
que hagamos un balance. Esas pausas en las que nos sentemos con el Señor para pedirle que nos diga lo
que piensa de nosotros, para no seguir pensando que somos fuertes como un roble, cuando en realidad
estamos enfermos. Hablando de esas pausas, recuerdo gratamente, en mi experiencia familiar, las cenas
con mis abuelos. Se reunía toda la familia para cenar (tíos y primos) Cuando todos terminaban, daban
paso al café. Las conversaciones se llenaban de risas, mientras uno a uno se iban quitando de la mesa,
dejando a mi abuelo conmigo, meditando sobre la vida. Cuanta falta nos hacen esos momentos de paz,
en donde solamente estemos nosotros con Dios sentados a la mesa. “A LA MESA CON EL SEÑOR”.
Orar
I. UN DIOS CERCANO.
A. ¿Qué pensaría de alguien que viaja de muy lejos para quedarse unos días en su casa? Pensemos
que de donde viene es un lugar en el que las familias tiene todo lo necesario para vivir, por tanto,
no hay un interés material en él. Es verdad que usted no puede dejar de ir a trabajar, o de hacer
sus quehaceres, pero cuando tiene un tiempo libre, ¿no sería incómodo ocuparlo en cualquier
otra cosa que no sea platicar con su visita? Imagínese que su visita a estado esperando todo el día
ése momento. Eso es hacemos muchas veces en nuestra relación con Jesucristo.
B. Nuestro Señor Jesucristo, aunque es igual a Dios, renunció a su apariencia como Dios, para tomar
forma humana, y parecerse a nosotros. Era necesario que fuera así, porque si iba a tomar nuestro
lugar en la cruz, debía participar de carne y sangre como nosotros. Pero no vino, e
inmediatamente se fue a la cruz. Durante más de 30 años convivió con los hombres. Como el
profeta Isaías anunció, sería llamado Emanuel (Dios con nosotros, o entre nosotros)
1. Participó de una boda como un invitado más.
2. Asistió a los velorios de conocidos, y familiares.
3. Conversaba con los religiosos por largo tiempo.
4. Caminaba por el mercado todos los días.
C. El propósito no era que el Señor Jesucristo conociera a los hombres, sino al revés. Los hombres
podrían acercarse al Señor y conocer a Dios de una manera más personal. Anécdota: Como aquel
hombre que compartía su viaje en tren, con un anciano con quien conversó durante todo el
recorrido; en donde fue descubriendo con emoción y asombro la historia de este increíble hombre
y sus hazañas, para presentarse al final como un importante miembro de la corte real al que
esperaban con honores. De una manera similar sucedió con el Señor Jesucristo.
1. En la época de los evangelios los filósofos griegos creían que la sabiduría los libraría de un
mundo imperfecto, que llevaría sus almas a un encuentro con los dioses (verbo) Pero los
griegos consideraban a la sabiduría como una fuente de conocimiento, como una mente
divina. Por eso Juan en su evangelio comienza declarando que el verbo era eterno, estaba con
Dios, pero no era una especie de fuente de conocimiento, sino que era Dios mismo (Juan 1:1)
2. El verbo era la persona responsable de toda la maravillosa creación (v.2), no era una especie
de fuente de poder, sino más bien alguien con voluntad y propósito. Poseía una vida capaz de
guiar el camino de los hombres (v.4), porque los hombres estaban en una oscura muerte (v.5)
Esa luz tan ansiada venía a éste mundo (v.9), y a pesar de haberlo creado, era desconocida
para los hombres (v.10)
3. Piense entonces en Jesucristo como aquel viajero que recorriendo las calles va tocando las
puertas para pedir posada. Primero fue a la nación judía, pero no fue recibido (v.11) Pero no
sería así con todos, sino que, por la voluntad de Dios, muchos reconocerían al Señor como el
Verbo de vida, obteniendo así el derecho a ser hijos de Dios (v.12-13) ¿Por qué?, porque
fueron capaces de ver la gloria de Dios por medio de Jesucristo, probaron que era Dios
mismo, lleno de gracia (misericordia), y de verdad (v.14)
D. Cuanto más tiempo pasaban los discípulos con el Señor, más apreciaban su misericordia y su
verdad, como la anécdota del tren. Iban adoptando su manera de pensar y comportarse. En el
caso nuestro, aunque no tenemos la bendición de tenerlo físicamente, sí contamos con la
presencia de su Espíritu Santo (Juan 14:15-17, 26) El Señor nos dice qué hacer, porque nos ama,
nosotros hacemos lo que nos pide, porque lo amamos, y descubrimos un poco más de él en
asuntos muy personales.
II. UNA RELACION QUE REQUIERE TIEMPO.
A. Pero actualmente, Satanás nos quiere distraídos. Todo es actividad, en todas partes hay luces,
música, televisores (asilos y ADO) Y no aguantamos más de media hora sin hacer nada (excepto
cuando estamos enamorados) Y aunque suene a broma, la cuestión es ¿cuánto amamos a Dios?
Cuando amamos a alguien queremos estar con él, aunque todo lo demás falte. Porque amar tiene
que ver con valorar (Filipenses 3:7-8) Si amamos a Dios, debemos ser capaces de sacar ese tiempo
diario para sentarnos con el Señor a considerar nuestras necesidades espirituales, antes de que
seamos un roble enfermo causando ruinas. Miremos por lo menos dos ejemplos de lo valioso que
resulta esto.
B. ORDENANDO NUESTRAS MENTES.
1. Tenemos a dos hombres confundidos que se encontraban a once kilómetros de Jerusalén
(Lucas 24:13) Y era en Jerusalén donde debían estar. Aunque sus ojos habían sido velados
para no darse cuenta de las cosas que Dios estaba haciendo por medio de la muerte del Señor
Jesucristo, sí debían haber puesto mayor dedicación en indagar en las Escrituras sobre estas
cosas. Por eso fueron exhortados (v.25-26) Sus mentes confundidas los tenían en dirección
contraria a donde deberían de estar, y el Señor ordena sus mentes (v.27-28)
2. El hecho de que ellos le pidieran que se quedara habla de que estaban siendo bendecidos con
sus explicaciones sobre los eventos acontecidos. El Señor utilizó la Palabra para devolverles la
esperanza y quitar esas interrogantes que los distraían. Llegaron a la Aldea, y en lugar de
gastar el tiempo en alguna otra cosa decidieron continuar la plática con él (v.28-29)
3. Y al estar a la mesa con el Señor recobraron sus fuerzas. Fue una noche única en sus vidas
(v.30-32) A sus mentes volvieron aquellos recuerdos de la última cena, y sin perder tiempo,
regresaron en esa misma hora (v.33-34) ¡Recorrieron los 11 kilómetros a pie de regreso, casi
dos horas caminando! Una noche con Jesucristo fue suficiente para que nada les impidiera
estar con sus hermanos. Cuanto bien nos haría una hora con Jesucristo el sábado por la
noche. ¡No importa si te sientes un roble, si no pasas un tiempo con Jesucristo, terminarás en
Emaús enfermo y arruinando vidas a tu alrededor! Una noche, una noche donde toda tu
mente sea ordenada, y consumida por su verdad.
C. ORDENANDO NUESTROS CORAZONES.
1. En otra ocasión se encontraban algunos de los discípulos muy desanimados, y para remediarlo
recurrieron a la pesca, y como suele pasar con las malas decisiones, el resultado fue peor
(Juan 21:1-3) Toda la noche estuvieron intentando pescar algo, cuando Jesucristo se acercó a
ellos desde la orilla (v.4) ¿Qué has hecho cuando tus emociones están fuera de control? ¿Sea
que estés enojado, desanimado, o angustiado? Recurrimos a las actividades rutinarias, y no
resolvemos nada.
2. Entonces el Señor los invitó a sentarse a la mesa, en esta ocasión sería un desayuno (v. 5) Y al
igual que aquellos en Emaús, donde partir el pan les trajo recuerdos, ahora era una pesca
milagrosa la que traería a su mente aquella primera vez que se conocieron (v.6, cf. Lucas 5:1-
7) ¡¿Quién es este que hasta el Mar le obedece?! Les recordó que él era el Dios
Todopoderoso, y que por lo tanto nada debían temer. El ánimo de ellos rejuveneció (Juan 4:7)
No hay lugar donde un Hijo de Dios pueda sanar una herida que no sea en los brazos del Señor
Jesucristo.
3. Fue en ese desayuno, a la mesa con el Señor Jesús, que Pedro se reconcilió con su amigo y
Señor (v.9-15) ¿Me amas? Eso era todo lo que importaba en esa mañana. ¿Cómo no amarlo
cuando se sienta a desayunar contigo después de haberlo negado? Casi puedo asegurar que
mi Señor puso su mano en el hombro de Pedro para reanimarlo después de esta
conversación. Y eso bastó para que Pedro diera su vida por Él, tras una jornada de obediencia
y dedicación.
Solamente eso hermanos. Una noche, al terminar tus actividades; y una mañana, unos minutos antes de
iniciarlas. Conociéndolo, compartiendo con él; pidiéndole fortaleza para obedecerlo, y perdón cuando
no lo hagamos; abriendo el corazón para que nos muestre nuestras necesidades y las supla. Entonces el
Señor se manifestará en medio de nuestro diario vivir de una manera especial. Y sanará nuestra tierra
para que demos frutos.
Mientras estuvo con ellos, Jesucristo basó su amistad en la obediencia (Juan 14:21) Ellos obedecían, y el
Señor (con el Padre) les mostraba un poco más de sí mismo. Una relación basada en el amor. Algo
acerca de su manera de pensar, y de ser en asuntos que nadie más sabía. Ellos comenzaron a ser más
conscientes de que Dios mismo estaba habitando con ellos, de manera que la amistad se fortalecía en
reverencia y temor (v.23)