Mujeres en el Tahuantinsuyo
Mujeres en el Tahuantinsuyo
EL PAPEL DE LA MUJER EN EL
TAHUANTINSUYO
Cusco-2019
INTRODUCCIÓN
Al analizar el mito es resaltante que cada hermano tiene su contraparte, que sigue
con el esquema de la dualidad y la complementariedad. En el caso de los Cuatro
Hermanos Ayar es sumamente importante, ya que gracias a esta se genera el orden
y la estabilidad, lo que se denomina yanantin.
Además, la división de los hermanos en cuatro se puede evidenciar en la
cuatripartición del imperio en los cuatro suyos: Chinchaysuyo,Antisuyo, Contisuyo
y Coyasuyo, cadasuyoson complementarios: norte/ sur, este/oeste, arriba/abajo,
derecha/izquierda. Cada una de estas partes son necesarias e importantes; no
obstante, una es superior a la otra: Hanan(arriba/derecha) es superior a Rurin
(abajo/izquierda).
A su vez, Hanan simboliza la parte masculina y Rurin, la femenina. Sin embargo,
cabe resaltar que se mantenía como eje central un punto, era el Cusco, que como se
sostuvo en párrafos anteriores, fue considerado como un territorio sagrado.
Entonces, para que exista el yanantin es necesario que exista una parte masculina y
su contraparte femenina. Aunque se debe tener en cuenta que el sector masculino
se encuentra en un plano superior.
María Rostworoswki demuestra como al tratar sobre los roles de género en los
andes hay que tener en cuenta ciertos matices. La autora parte del análisis del mito
de Los Cuatro Hermanos Ayar, cuando sostiene que entre los arquetipos
masculino/masculino, masculino/femenino, femenino/femenino y
femenino/masculino. El arquetipo femenino/femenino es representado por Mama
Ocllo; mientras, que el femenino/masculino por Mama Huaco.
A partir del estudio de estas mujeres míticas, se puede afirmar que el género y los
roles en los andes no son estáticos, como hace suponer la tradición occidental. Por
consiguiente, el género es performativo. Por ejemplo, en los andes Mama Ocllo es
una mujer maternal y Mama Huaco es una mujer masculina (guerrera).
La importancia de la Coya no radicaba, simplemente, en el hecho de ser la esposa
principal del Inca. Sino que, ella tenía que ser eficiente: tener conocimientos
agrícolas y administrativos. Su trascendencia se evidencia en que no solo se
celebraba el Inti Raymi, también, existía la fiesta Coya Raymi. Además, no solo
existió un proceso de elección del Inca, también, hubo uno para la Coya, que era
tan complejo como la elección del inca, donde las panacas principales se
encontraban en pugna. Entonces, la dualidad sexual del poder se evidencia en la
celebración de las fiestas : (Silverblatt, 1990, p.44) Lo anterior, sigue con la línea de
la división de los trabajos, ya que fueron Mama Ocllo y Mama Huaco quienes les
enseñaron, según los mitos, a las mujeres andinas a cocinar, a tejer, a realizar
labores agrícolas, etc.
Es por ello, que la Coya no solo mantenía su poder por ser la esposa principal del
Inca, sino por sus dotes administrativas. De lo contrario, el Inca podía separase de
la Coya y desposar a otra mujer para que ocupe ese cargo. En consecuencia, la
unión del Inca con la Coya simboliza el yanantin. Por lo tanto, la cosmovisión y la
religión influyeron en la organización y en los distintos aspectos de la vida de los
pobladores andinos. Además, en esta civilización fue importante el yanantin para el
desarrollo armónico de la vida. Es por ello, que incluso en las ceremonias y rituales,
se encontraban presentes las momias femeninas y masculinas de los ancestros.
Esto, es un punto importante a tomar en cuenta pues muestra la dualidad que
siempre está presente en esa sociedad altamente ritualizada y ceremonial
En el plano ritual las Coyas fueron fundamentales, pues eran hijas de la Luna y
debían mantener el culto esta deidad. Por ende, la Coya tiene la capacidad de
comandar un rito y servir como mediadora en las relaciones entre los seres
humanos y las divinidades.
Por otro lado, los curacas eran personajes preponderantes en la organización. Ellos,
no eran elegidos por el Inca, sino que su elección respondía a las pautas de cada
grupo étnico. Los curacas, como el Inca, estaban a cargo, aunque en menor escala,
de la administración de recursos en el Tahuantinsuyo, también de la reciprocidad y
de la redistribución de la producción. Estas autoridades, también eran
consideradas sagradas, pues se les llevaba en andas y se las relacionaba con las
huacas.
La dualidad también, se encuentra en este cargo, pues existía un curaca Hanany
curaca Rurinen cada etnia. El cargo de los curacas, también está jerarquizado,
existían curacas más importantes que otros. Asimismo, las mujeres andinas no solo
eran agentes pasivos en esta organización, existen casos de mujeres que han tenido
a su cargo cacicazgos. Por ejemplo: Añas Colque y Contar Huacho, etc. Por ende,
ellas han realizado labores administrativas. Sobre las mujeres con poder político, el
Padre Lizarraga sostiene:
Las mujeres a quienes los nuestros llaman Capullanas, por el vestido que traen y
traían a manera de capuces con que cubren desde la garganta hasta los pies... Estas
capullanas, que eran señoras en su infidelidad, se casaban con quienes querían,
porque en no contentándolas el marido, le desechaban y casábanse con otro.
(Rostworowski, 1961, p. 26)
Cuando el futuro Inca, bajo el mando de más autorizarle de ellos, Manco Capac ,
que llegó a una tierra que parecía propicia encuentra ya ocupado por los Guallas,
pobladores pacíficos, pero muchos agricultores ya pedían que desista de sus
intenciones, cuando intervino Mama Huaco. Ella se enfrentó a uno de los
naturales el cual mato con un certero golpe. No contento con su gesto, abrió el
cadáver del caído y tiró de los pulmones que se llevó a la boca y el viento inflado.
Su gesto de ferocidad inhumana, aterrando a los compañeros del muerto que
preferían dejar el barrio en lugar de chocar con la gente tan malvados y crueles.
Chañan Curi coca significa 'mujer que simboliza al oro y a la coca' es el nombre
de una curaca definida por los cronistas incas como la degolladora del Cusco, una
mujer mítica en el espacio inca, una mujer guerrera que participo y dirigio la
defensa militar de la capital inca ante el belicoso ejército Chanca.
A principios del siglo XV Los Incas no eran aun el gran imperio que conocemos
ahora y su entera existencia estaba en peligro con la invasión de Los Chancas que
habían subyugado cuanto pueblo habían atacado, su fama y prestigio era de
invencibilidad debido a la enormidad de sus ejércitos y a la ferocidad de sus
ataques (es posible suponer que los chanchas fueron causantes de la
desintegración de la cultura Wari, imperio que duro 7 siglos anterior a los incas)
Fue en 1438 que el caudillo los sanguinarios guerreros Chancas, Anccu Hualloc
reunió 40.000 hombres de guerra y emprendió la conquista del Cusco, según la
usanza andina se dividieron en tres ejércitos, avanzó victoriosamente hasta
rodear la ciudad. Los líderes incas, Wiracocha y uno de sus hijos, Inca Urco, el
sucesor al trono, huyeron a Xaquixauna cuando la derrota militar parecía
inminente, el príncipe Cusi Yupanqui (príncipe alegre) luego autoproclamado
Pachacutec dirigió una defensa militar apoyado por los generales Vicaquirao y
Apo Maita, los atacantes llegaban liderados por Astoy Huaraca y Tumay
Huaraca
Los Chancas lanzaron todas sus fuerzas contra la ciudad y se produjo una feroz
batalla donde los habitantes de Cusco resultaron vitales, todos participaron en la
defensa de sus hogares y destacan las historia a Chañan Curicoca, la mujer que
lucho tan bravamente que hizo retroceder a los soldados enemigos.
LA DESVALORIZACIÓN FEMENINA
El hecho de que la importancia femenina, haya sido puesta en segundo plano, está
en relación con la visión patriarcal, propia de los hombres europeos del siglo XVI.
Sin embrago, las mujeres en el incanato, tuvieron una gran injerencia en la
organización del incario. Esta afirmación se sustenta al analizar los mitos, pues se
puede notar cómo se legitima la organización y la importancia, a partir del estudio
del papel de las mujeres en el Tahuantinsuyo. La envergadura de las mujeres se
puede hallar en distintos aspectos: políticos, económicos, agrícolas, sociales, etc.
Un ejemplo de que existían mujeres de alto rango y con injerencia directa, en lo
anteriormente mencionado. Incluso, se percibe en la vestimenta de ellas. Esto se
encuentra en el mito de Los Cuatro Hermanos Ayar, pues las mujeres salen con
ropas finas al igual que los hombres: (Cieza de León, [1518 – 1554] 2000, p. 38).
Por lo tanto, la importancia de las mujeres existió en el pasado prehispánico,
siempre dentro de un esquema dual. No obstante, esto cambió con la llegada de los
españoles, pues se impusieron nuevos paradigmas, que le restaron valor a los roles
femeninos, suscribiéndolos simplemente al plano doméstico. Sin embargo, como se
examinará en los siguientes subcapítulos, las mujeres incas tanto como los varones,
al complementarse permitían que se establezca una organización eficiente en el
Tahuantinsuyo, pues gracias a la complementariedad se podía realizar alianzas, las
cuales propician la reciprocidad y la redistribución, estos dos puntos son
fundamentales en el mundo andino.
Y ansí Mama Huaco, legítima mujer de Manco Capac, de la qual sería nunca acauar
querer decir aquí la grandeca y bárbara Magestad del seruicio, riqueca y adorno de
su cassa, fue hermossísima aunque algo morena, lo qual en general sucedió a todas
las Coyas y ñustas de esta cassa. El vestido que usaban era de cumbifinissimo, que
parescía de seda, labrado con diuersidad de labores, páxajaros y flores. (Murúa
[1590] 1962, p. 29)
Esta descripción sobre Mama Huaco muestra la cercanía de estos dos cronistas. Por
otra parte, en el dibujo que hace Guamán Poma sobre Mama Huaco se encuentra a
una mujer imponente, quien tenía a su servicio a muchas otras mujeres, lo cual
manifiesta la importancia de las mujeres en el Tahuantinsuyo. En la Nueva Crónica
y Buen Gobierno se mantienen categorías andinas en los dibujos. Por lo tanto, es
un texto híbrido:
Además de estos había otras parcialidades como dijimos, naturales del Valle del
Cuzco, a los cuales Manco Capac y Mama Huaco destruyeron totalmente, y sobre
todo a uno que vivía junto a Ynti – Cancha en la cuadra más cerca, que se llamaba
Huamanamean. (Sarmiento, [1532 – 1592] 1988, p. 62)
Esta Coya Mama Huaco fue mujer de gran valor, entendimiento y discreción, y a
ella atribuyeron algunos la muerte del yndio Poques, que diximos auer muerto a la
entrada del Cuzco y sacádole los bofes y, hauiéndolos soplado, entró dentro
causando herror y espanto a los moradores de aquel asiento. (Murúa[1590] 1962, p.
28)
Sobre este episodio, que sigue con el comportamiento militar, también supone un
gesto mágico y ritual, en la que Mama Huaco, hace gala de sus poderes
sobrenaturales, por el acto adivinatorio de un Kallparikukuy, que es un acto
adivinatorio en vísceras humanas. Por lo tanto, esto legitima no sólo el papel de las
mujeres en las guerras sino, también en el aspecto ritual que es fundamental en el
Tahuantinsuyo.
Los ritos en el incario cubren diversos aspectos de la vida de los pobladores. Como
se ha sostenido al inicio del capítulo, los mitos están unidos a los ritos, que es una
actuación organizada acompañada de palabras. Por lo tanto, en los ritos es
importante la colectividad, también, el despliegue que se realiza. Entonces, <<el
mito sería un hieróslógos (discurso sacro) explanatorio de los significados del
lugar, el origen, los gestos y los episodios de un proceso cúltico>> (Cencillo, 1998,
p. 22).
En este caso con el mito de los Cuatro Hermanos Ayar se legitima la importancia
de las mujeres en los rituales, ya que como sostiene Luis Cencillo, los orígenes son
fundamentales en el proceso de explicación del establecimiento y en la
sacralización de los ritos.
En el mito de Los Cuatro Hermanos Ayar, <<se establecen acciones - modelos o
arquetipos de un orden social, que se sustenta en las consideraciones
sobrenaturales de los personajes>> (Sánchez, 2008, p. 75).
Las mujeres míticas: Mama Huaco y Mama Ocllo, demuestran que las mujeres
incas sean fundamentales en los ritos. Por eso, no sorprende la presencia de las
mujeres en los ritos: las deidades femeninas, los ancestros y la Coya y las mujeres.
Cristóbal de Molina, documenta los ritos y ceremonias que existían en el
Tahuantinsuyo, en estos es constante que estén presentes el Hacedor, el Sol, la
Luna y al Trueno:
Iban a adorar a las huacas del Hacedor, sol y Luna y Trueno y hacían reverencia al
Inca, haciéndoles antes de esto los tíos y parientes azotando en los brazos y piernas,
y diciéndoles que siempre fuesen valientes y tuviesen gran cuenta con el servicio de
las huacas y el Inca. (Molina [1529 – 1585] 2008, p. 92)
Según esta cita se puede sostener que al ser la Luna “madre” de las Coya, y por
extensión de las mujeres, ellas forman parte de la ceremonia, donde se les exige a
los varones ser valientes, pero esto no exime a las mujeres de serlo. Las mujeres se
encuentran físicamente presentes:
Iban con ellos todas las doncellas que habían recibido todas las vestiduras que el
Sol les dio. Llamábanlasñusta callisapac, las cuales llevaban cargados unos
cantarillos pequeños de chicha, para dar de beber el día siguiente a los parientes de
los caballeros y para el sacrificio que se había de hacer, y beber los mancebos
armados caballeros. (Molina [1529 – 1585] 2008, p. 92)
A las puertas de estas casas estaban puestos porteros tenían cargo de mirar por las
vírgenes, que eran muchas hijas de señores principales, las más hermosas y
apuestas que se podían hallar; y estaban en el templo hasta ser viejas; y si alguna
tenía conocimiento con varón, la mataban o enterraban viva y lo mismo hacían a él.
Estas mujeres eran llamadas mamaconas; no entendían más de tejer y pintar ropa
de lana para servicio del templo y en hacer chicha, que es el vino que hacen, de que
siempre tenían llenas las grandes vasijas. (Cieza de León, [1518 – 1554] 2000, p.
99)
Incluso, según Betanzos, cuando Atahualpa mandó matar a las mujeres de
Huascar, se prohibió que atacasen a las acllas, aún cuando fuesen parientes de
Huascar. Puesto que, como se ha sostenido en líneas anteriores, las acllas sirven
como puente de conexión entre las deidades y los seres humanos. Sin embargo, el
aporte de las mujeres en los rituales no se circunscribe únicamente en la
elaboración de chicha, las Missaacllas eran las que se dedicaban a la producción de
esta bebida (desde el cultivo y cosecha de maíz), ellas les conferían el carácter
sobrenatural (propiciatorio) a la chica. Ellas también tienen sus propios rituales y
ceremonias:
Sacaban también la figura de una mujer que era la huaca de la Luna, la cual
llamaban Passa mama, teníanla a cargo mujeres y así cuando salían de la casa del
Sol, donde tenía su aposento por sí, ahora donde es el mirador en Santo Domingo,
la sacaban ellas en hombros. La razón porque la tenían a cargo mujeres es porque
decían era mujer, como en su figura parece.(Molina, [1529 – 1585] 2008, p. 88)
Las mujeres que sacrificaban iban vestidas asimismo ricamente con sus ropas finas
de colores y de pluma y sus topos de oro y sus cucharas y escudillas y platos, todo
de oro; y así adrezadas, después que habían bebido, las ahogaban y enterraban
creyendo, ellas y los que mataban, que iban a servir al diablo o Guanacaure. (Cieza
de León, [1518 – 1554] 2000, p. 101)
Además, en la cita en la que Mama Huaco sopla los bofes como un ritual de
adivinación, que reafirma la presencia de mujeres sacerdotisas. Además, las
mujeres tenían sus propias ceremonias y rituales: < enterraban los sacrificios para
la Luna, rogándole que al Inga siempre le diese salud y prosperidad; y que siempre
venciese a sus enemigos>> (Molina, [1529 – 1585] 2008, p. 121). Según esta cita, se
puede notar la importancia que tiene la Luna, ya que no sólo se le ruega por la
salud del Inca, sino que también se le hacen sacrificios en su nombre. Por otro lado,
la presencia de las mujeres en los rituales, también acompañaban los muertos
(varones y mujeres). Por ejemplo, Molina documenta el “Coya Raymi”, que se
celebra en el mes de agosto. Por el nombre de esta festividad se puede sostener la
importancia de las mujeres en la organización del Tahuantinsuyo. En esta fiesta, se
practica un ritual en el que los muertos están presentes:
Y asimismo sacaban los cuerpos de los señores y señoras muertos que estaban
embalsamados, los cuales sacaban las personas de su linaje que a cargo los tenían; y
aquella noche los lavaban en sus baños que cuando estaba vivo cada uno tenía, y
vueltos a sus casas los calentaban con sanco, la mazamorra gruesa que está dicha; y
luego les ponían delante las comidas que cuando eran vivos con más gusto comían y
usaban, las cuales ponían muy bien aderezadas como cuando vivos estaba; y luego
las personas que tenían a cargo los dichos muertos los quemaban. (Molina, [1529 –
1585] 2008, p. 49)
Las mujeres salieron ansi mismo vestidas muy ricamente con unas mantas y fajas
que ellos llaman chumbis muy labradas de oro con los prenderos de oro muy fino
los cuales son unos alfileres largos de dos palmos que ellos llaman topos y ansi
mismo sacaron estas mujeres el servicio con que habían de servir y guisar de comer
a sus maridos. (Betanzos, [1551] 2008, p. 17 – 18)
Cuando Betanzos [1551], nuestro primer cronista, describe las tareas de las
muchachas de 5 a 15 años, especifica que estaban bajo el cuidado de ciertas señoras
que se turnaban cada 10 días. Él define a éstas Cuzco iñaca cuna, es decir
señoras Iñaca del Cuzco, como «ciertas matronas romanas», las que
inspeccionaban a las mujeres que entraban en la ciudad (Betanzos, 1987 [1551], l. 1:
cap. 21). Reconocemos en ellas las esposas secundarias mencionadas por Pedro
Pizarro.
Figura 1 – La representación calendárica del sistema de los ceques con la
participación de algunas señoras míticas del rango Iñaca
Mama Huaco, la cuarta hermana de Manco Cápac, el mítico fundador del Cuzco
(Pachacuti Yamqui Salcamaygua, 1993: 183-187; Sarmiento de Gamboa, 1943: cap.
13; Zuidema, 2005b). Como dos de los tres hermanos fueron reconocidos en el
sistema de ceques como antepasados de ayllus «comunes» podemos concluir que
ella también representara un rango inferior similar. Conquistó la ciudad en dos
ocasiones: en la primera sembró el primer maíz y en la segunda, un año más tarde,
lo cosechó. Más singular todavía conocemos exactamente su camino de conquista
Siguió un ceque (el que representa el periodo de 10/4-17/4), que resulta ser el
único documentado fuera de la relación de los ceques. El gran rito estatal por abril
en tiempo de la cosecha, una procesión en que participaba el Inca y la nobleza,
también seguía esta misma ruta; en esta ocasión se recogía la cosecha de la muy
conocida chacra, llamada Sausero, que fue dedicada a ella y a su momia (Segovia,
1968 [1552]: 81-82).
La chacra fue propiedad de los descendientes del último Inca impuesto por los
españoles, Paullu Inca, quien murió en 1549. Sospecho, sin embargo, que el pueblo
de Incas de privilegio y del mismo nombre de Paullu, cerca de Pisac, también tuvo
algo que ver con la chacra Saucero (Cobo, 1956: 214-215; Molina, 1989: 118-119).
Mama Huaco fue adorada en forma de una olla, vestida de mujer, que contenía la
semilla de maíz del año por venir (Cobo, 1956: 215). Queda la pregunta del
significado de su momia pues no sabemos a cuál grupo originalmente perteneció y
así cuáles ayllus o pueblos la adoraron. Sospecho que fueron aquellos que vivían en
el valle más abajo del ceque que definió la ruta mítica por la cual Mama Huaco
entró al Cuzco.
La señora Chañan Cori Coca. En un primer contexto mítico, ella había sido una
mujer valiente que en la defensa del Cuzco por Pachacuti contra los Chancas había
vencido a los enemigos atacándolos hacia el Sur (Sarmiento, 1943: cap. 27). Como
tal, tenemos de ella un retrato colonial, conservado en el museo arqueológico del
Cuzco. Su sepultura fue la huaca de un ceque (aquel indicado por su nombre) en la
misma dirección al sur (Cobo, 1956: 184). En el segundo contexto mítico, bien
investigado por Gary Urton en base a un documento del siglo XVI, ella habría sido
la ancestra —digamos la señora Iñaca— del ayllu más importante de Pacari tambo,
el mítico lugar de origen de los Incas (Urton, 1990: 46-62). Está bien documentado
que los Incas de privilegio de los alrededores de Pacaritambo, los masca, fueron
representados también por un ayllu suyo en el valle del Cuzco.
La relación entre Pacaritambo y Cuzco no es solamente, y ni siquiera
principalmente, mítica. Cada año, hoy día, como herencia de su antigua obligación
de mita, los hombres de Pacaritambo todavía renuevan el camino entre su pueblo y
el Cuzco. En los años cincuenta yo he podido presenciar cómo la gente de dicho
pueblo, cuando emigraba a la ciudad, se quedaba a vivir en su entrada, por la zona
del pueblo de Choco. Los emigrantes habían formado allí un ayllu con el nombre de
su pueblo. Esta costumbre parece ser más general entre gente de los pueblos de los
alrededores del Cuzco. Lo que nos falta por conocer en este ejemplo de Chañan Cori
Coca es la conexión calendárica entre Pacaritambo y Cuzco. El calendario inca
sugiere una semana al principio de octubre pero hay que buscar argumentos en su
apoyo.
Podemos documentar en forma similar los casos de otras señoras Iñaca, de sus
pueblos y sus ceques, y quizá de sus obligaciones al Cuzco; obligaciones que Molina
(1989: 74-75) define como las de mitimaes. Pero, para ello, tendría que incluir
también otro tipo de información, especialmente sobre las panacas y su rol
calendárico, un aspecto al cual no puedo dedicar más espacio en este artículo.
Espero que, con las posibilidades que el ejemplo de Pacaritambo nos ofreció,
encontremos ejemplos similares de otros antiguos pueblos de Incas de privilegio.
Serían de valor no solamente para conocer a estos pueblos sino también para
establecer una base más amplia del estudio del Cuzco incaico en su contexto
regional inca y colonial.
EVIDENCIAS PICTÓRICAS
A) Cuadro representativo
Figura 1 Se trata de un lienzo depositado en el Museo Inca de la Universidad
de San Antonio Abad del Cuzco, en cuya cartela se lee: “El Gran Nusta
Chañancoricoca. [A]buela de los doze Yngas destos Reinos del Peru”, y cuya
relación con el conflicto incas/chancas ya fue demostrada por Flores Ochoa en
1990 (p. 43 y sigs).
El tema global de la decoración de las piezas es el de una batalla entre dos grupos,
en la que uno de los combatientes ha decapitado a un contrario y muestra el trofeo
conseguido. En dos ocasiones —figuras 3 y 4— esta escena está protagonizada por
una mujer, sin duda Chañan Curi Coca, como indicó Flores Ochoa (1990: 35 y ss.) y
en una tercera —figura 2— por un varón que, a diferencia de lo que hace la mujer,
presenta la cabeza a un personaje concreto —suponemos que a Pachacutec— que es
transportado en litera y tras el que se ha representado una torre de la que surgen
lanzas: el emblema colonial del Cuzco y del incario. Las figuras representadas en
las escenas pertenecen a dos étnias: por una parte, a la inca, que se caracteriza por
sus cascos de guerra y por sus tocados con dos plumas, y por otra a la chanca, que
es posible identificar —hecho que inexplicablemente ha pasado desapercibido— por
las alas de cóndor que portan en sus espaldas, siendo de destacar que el último
guerrero chanca representado en el primer quero (figura 2) se orna con un ave de la
que es visible el cuerpo, cuello y cabeza.
CONCLUSIONES
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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