USO DE CANDADOS
Muchas personas no se preocupan de comprar una buena cerradura o un buen candado
para cerrar la puerta de su case hasta que se las han robado. Aparentemente hay una
tendencia a no tomar medidas preventivas hasta que es demasiado tarde.
En la charla de hoy quiero hablarles sobre el tema de los candados, al cual muchas
veces no se le presta suficiente atención.
El uso de candados para la maquinaria industrial es de suma importancia. Al trabar
o inmovilizar una máquina con un candado, éste se convierte en un equipo de pro-
tección impidiendo que otra persona la ponga en funcionamiento.
Son muchos los accidentes innecesarios que suceden cuando un trabajador pone en
funcionamiento una máquina en la que se encuentra otro efectuando una reparación.
Cuando esto ha ocurrido, he oído decir a aquellos de ustedes, "yo no sabia que había
alguien trabajando ahí". Para evitar estos accidentes lamentables es necesario
establecer procedimientos adecuados para inmovilizar las máquinas, por medio de
candados.
Si pensamos en los accidentes que ocurren por no usar los candados correctamente,
parece ser que su uso no es tan simple como parece a primera vista. Algunos de los
errores más comunes son:
No usarlos. Es el fallo más común que se comete. Se abre el interruptor pero
ningún integrante del equipo de reparación se molesta en colocar el candado.
Colocar un candado sobre otro candado. Esto sucede cuando un trabajador abre
un interruptor, coloca su candado y después otro trabajador viene y coloca su propio
candado alrededor de la argolla del primero por equivocación. Si el primer trabajador
resuelve quitar su candado, pueden suceder dos cosas: 1 ) que trate de encontrar al
segundo trabajador para devolverle su candado, y así le daría otra oportunidad: o 2)
que deje el candado en un sitio próximo, al interruptor. En este caso, ¿podrá otro
trabajador verlo si empieza a trabajar en el mismo equipo? o . . . quien lo encuentre,
¿comprenderá que el trabajador a quien pertenece ese candado se le ha olvidado
colocarlo'? De cualquier manera, independientemente de lo que suceda, el trabajador
que pasa su candado equivocadamente por dentro de la argolla del primer candado ha
dejado de tener control. Debido a este error el trabajador ha de depender de la
prevención, buen juicio y acciones de los demás.
Dejar la llave puesta en el candado. Un trabajador puede haber colocado
correctamente su candado, pero si deja la llave puesta en la ranura arruina por
completo la finalidad del procedimiento. Este error anula la protección que puede
ofrecer el candado en el interruptor. Los candados deben ser colocados en forma
apropiada y la llave debe ser retirada y guardada.
Solicitar a otra persona la colocación del candado. Este es un ejemplo típico de
la forma de depender de otra persona. Es inaceptable que uno de ustedes le entregue
su candado a otro trabajador para que se lo coloque. Cada uno de ustedes es
responsable de su candado todo el tiempo.
Quien entrega el candado suele suponer que éste ha sido colocado en su lugar
correspondiente, o sea en el interruptor y por lo tanto puede proceder a trabajar en la
máquina. Pero ¿que sucederá si el otro trabajador se demora por algún motivo, tal vez
por tener que hablar momentáneamente con algún compañero? En este caso la
máquina que se supone trabaja, se encuentra temporalmente insegura mientras que el
primer trabajador ya se encuentra trabajando en ella.
La utilización adecuada de los candados, es responsabilidad de cada uno de ustedes.
Ustedes, les repito, deben asumir su propia responsabilidad, por su propio bien y por el
bienestar y protección de sus compañeros de trabajo. Cada uno de ustedes debe
protegerse a sí mismo y proteger a los demás haciendo uso correcto de los candados,
no pidiendo a otros que los coloquen o quiten en su nombre. Cuando alguien les pida
esto, niéguense, es por el bien de todos.
Recordemos el viejo refrán: "nadie debe estar tan absorto cortando leña como para
no tomar el tiempo necesario para afilar el hacha”. No existe prisa tan apremiante para
ejecutar un trabajo de reparación en una máquina que justifique el dejar de colocar el
candado de protección en el interruptor.
Espero que todos hayan entendido la importancia del uso adecuado de los candados,
y que recuerden que ningún candado colocado en el cinturón, cuando debería estar en
el interruptor, puede evitar que ocurran accidentes.
EL CANDADO SIEMPRE
¿Quisiera alguno de ustedes tener una buena pesadilla? De ser así les sugiero que esta
noche cuando se acuesten piensen por un momento en lo que sería estar reparando una
máquina y que alguien la ponga en funcionamiento. El no sabría que ustedes estaban
allí, ya que no le habían puesto el candado al interruptor, mejor dicho, ni siquiera l
habían puesto una tarjeta.
Tomemos una buena máquina —una de esas que puede darles un buen golpe. En el
sueño ustedes no pueden escapar. Ustedes tienen que sentir cómo la carne se desgarra
y los huesos crujen. Sólo pensar en esto debe ponerlos nerviosos ya que de vez en
cuando alguien, en alguna fábrica; sufre un accidente de este tipo. Y posiblemente
puede sucederle a cualquiera de ustedes. En consecuencia tenemos que hacer lo posible
pare evitar un accidente de este tipo.
Si no se han tomado las precauciones necesarias es posible hacer arrancar una
máquina mecánica en cualquier momento. Aun las herramientas eléctricas corrientes
son causa de accidentes. Generalmente esto sucede cuando no se las desenchufa antes
de hacerles alguna reparación pequeña.
Lo mismo se aplica a las máquinas mecánicas. Siempre tienen un interruptor,
generalmente es un botón. Y también hay un interruptor en la pared, el cual debe estar
encerrado, pero en muchas fábricas usan los interruptores de palanca corrientes. Quien
haga el ajuste o la reparación en estas máquinas tiene que estar seguro de que tanto el
interruptor de la máquina como el principal están abiertos y que permanecerán así
hasta que se los cierre.
Existe una forma correcta de hacerlo. Hay que ponerle un candado al interruptor
principal. El operario tiene una llave y el supervisor otra que guarda en un archivo. El
operario es la única persona autorizada para sacar el candado. Si pierde su llave, el
supervisor puede usar la que está en el archivo, pero únicamente en presencia del
trabajador. Si el trabajador se olvida de abrir el candado cuando ha terminado sus
tareas y se va a su casa, se le deberá pedir que regrese y lo abra. En algunas plantas,
sin embargo, le permiten al trabajador que autorice al supervisor por teléfono pare
abrirlo. Esto, por supuesto, requiere que se identifique por teléfono. En muchas plantas
se usan tarjetas. Cada hombre que trabaja en estas máquinas tiene una tarjeta con su
nombre. Cuando abre el interruptor le ata la tarjeta en la cerradura. Nadie puede cerrar
un interruptor con tarjeta a menos que sea la persona cuyo nombre figure en la misma.
Este sistema no es tan seguro como el otro, ya que es muy fácil sacar la tarjeta. Se han
dado algunos accidentes en esta forma. Sin embargo ambos sistemas son buenos si se
los aplica cuidadosamente.
Las maquinas operadas por más de un hombre presentan más problemas, pero la
idea básica es la misma. Cada uno deberá ser responsable por la protección de los
demás y en especial por la suya propia
Espero que la idea de la pesadilla la hayan tomado con seriedad—por lo menos con
bastante seriedad como pare que nunca se olviden de protegerse.
BLOQUEO Y ETIQUETADO
El procedimiento de bloqueo y etiquetado es una forma de asegurar que la electricidad
u otra fuente de energía no sean activadas mientras alguien está trabajando en los
equipos o maquinaria. El hecho de cortar la corriente no es suficiente. Se debe cerrar el
paso de energía (prevenir que el equipo se encienda o se mueva), bloquearlo,
descargar la energía almacenada (por ejemplo quitar el aire de una manguera
neumática), y probar el equipo para
asegurarse de que el paso de energía este totalmente bloqueado antes de comenzar a
trabajar en la pieza de maquinaria.
Procedimientos de bloqueo y etiquetado
Cada pieza del equipo o maquinaria debe tener su propio procedimiento de
bloqueo y etiquetado.
Notifique a operadores y supervisores que la energía ha sido desconectada o
aislada.
Prepárese para el aislamiento revisando los procedimientos específicos escritos
que describen los procesos de apagado y encendido.
Apague el equipo cortándole la energía.
Separe todas las fuentes de energía utilizando dispositivos aislantes (como
circuitos de disyuntores manuales) o desconectando los interruptores.
Puede que los botones o interruptores no sean la única forma de cortar el paso
de la energía. Los equipos pueden tener más de un tipo de energía que debe ser
aislada.
Cada trabajador que puede estar expuesto a éstos peligros relacionados con la
energía debe ser parte del proceso de bloqueo y etiquetamiento.
Controle la energía almacenada (por ejemplo descargue condensadores o drene
completamente líneas hidráulicas).
Verifique que la energía haya sido completamente bloqueada en el equipo
tratando de encenderlo y probándolo (mediante un circuito de prueba eléctrico).
Únicamente el trabajador que pone el dispositivo de bloqueo (candado) ó
etiqueta debe ser quien lo remueva.
Cuando el trabajo esté terminado inspeccione para asegurarse de que todas las
herramientas,
alojamientos mecánicos y dispositivos eléctricos hayan sido removidos antes de
encender la corriente. Avise a los empleados que la energía ha sido restaurada.
Si el procedimiento de bloqueo y etiquetado es interrumpido por pruebas o
posicionamiento del equipo, el proceso debe comenzarse desde el principio.
PREGUNTAS PARA DEBATIR
¿Sabe usted cuáles son nuestros procesos de bloqueo y etiquetado?
¿Sabe usted como completar el procedimiento de bloqueo y etiquetado en los
equipos por los que usted es individualmente responsable?
LOS RESGUARDOS EN SU LUGAR
EL OTRO DIA me contaron un accidente que me impresionó mucho. Se lo voy a contar
porque creo que este accidente ilustra perfectamente lo importante que es mantener
siempre los resguardos en su lugar.
Este accidente ocurrió tan sólo hace un par de días en una planta donde trabaja un
amigo mío.
Juan, así se llamaba el accidentado, empezó a operar una prensa troqueladora en el
segundo turno, como lo había hecho durante más de veinte años. Ese día estaba alegre
y animado como nunca. Al día siguiente su hijo Antonio terminaba la escuela
secundaria con calificaciones sobresalientes. Antonio era un chico inteligente y su
padre tenía grandes planes para él.
Antonio quería ser médico y Juan pensaba que con el salario alto que ganaba, ayudado
por algunos ahorros que había acumulado durante varios años, podría financiar los
gastos de la universidad de Antonio. Le supondría muchos sacrificios pero...¡lo
conseguiría!
Además, dentro de dos semanas Juan se iba de vacaciones con su familia. Pasarían dos
semanas de descanso en una casita junto a un lago. Como ven, Juan tenía razones
suficientes ese día para sentirse feliz. El futuro parecía claro y prometedor. Sin perder
más tiempo se puso a trabajar rápidamente, a destajo, para tratar de ganar un poco
más de dinero que de ordinario.
Tomó la primera pieza, la puso en la troqueladora y apretó el pedal, pero algo no
funcionó bien. En un abrir y cerrar de ojos la prensa troqueladora le tronchó los dedos.
Naturalmente, enseguida se le suministraron los primeros auxilios; le llevaron a un
hospital moderno donde recibió tratamiento médico excelente; empezó a recibir los
cheques de compensación con toda regularidad. Pero, ¿qué pasó con sus sueños?...
¿Sus planes para el futuro? ... ¿Sus vacaciones? ... El viento se los llevó.
La empresa donde Juan trabajaba estaba muy interesada en proteger a sus
trabajadores. Se habían instalado resguardos donde eran necesarios y se había
instruido a los trabajadores sobre la importancia de no quitarlos. También tenían un
comité de prevención de accidentes muy activo y supervisores muy competentes.
Naturalmente, después de accidentarse Juan, hubo una investigación a fondo para
buscar las causas que provocaron el accidente.
Mediante la investigación se descubrió que el operador del turno previo al de Juan,
también había querido ganar un poco más de dinero que de ordinario así que sin que
nadie se diera cuenta; desconectó el resguardo y se olvidó de volverlo a conectar al irse
a casa. Juan, concentrado como estaba en los planes para el futuro, se olvidó de
inspeccionar la troqueladora antes de ponerla en funcionamiento.
Ni las investigaciones, ni los sentimientos de pesar, pudieron devolver a la mano de
Juan los tres dedos que había perdido.
Pero ¿quién se perjudicó? Esa pregunta es fácil de responder. La planta perdió un
operador entrenado de una prensa troqueladora y, como consecuencia del accidente, la
producción disminuyó. Pero quienes realmente salieron perdiendo fueron Juan y su
familia.
Juan, en cama y dolorido, no pudo asistir a la graduación de su hijo. También vio cómo
se desmoronaban ante sus ojos las esperanzas de financiar los estudios universitarios
de Antonio. Una fracción de segundo había sido suficiente para echar por tierra todos
los planes.
Las vacaciones, esas dos semanas junto al lago, tendrían que posponerse
indefinidamente. Juan no podía ver cuando podrían permitirse un lujo semejante.
Juan sabía que cobraría regularmente su cheque pero también sabía muy bien que
nunca más podría volver a su trabajo en el que era muy competente. Ahora, a su edad,
tendría que empezar desde abajo a aprender otra vez un oficio menos especializado y
menos remunerado.
El costo de los accidentes afecta a la empresa, pero una cosa es muy cierta, la persona
que sufre el accidente y su familia son los que verdaderamente salen perdiendo.
Naturalmente, esta historia no es sólo para los operadores de prensas, la misma
tragedia podría ocurrirle a cualquiera de ustedes, si en sus respectivas máquinas sacan
el resguardo para producir más.
Siempre que sientan la tentación de sacar el resguardo, acuérdense de Juan y piensen
que en menos de un segundo pueden perder tres dedos como él, o incluso la mano.