Cristo, Sumo Sacerdote Verdadero
Cristo, Sumo Sacerdote Verdadero
-6-
La así llamada
“Carta a los Hebreos”
Se trata de un escrito apasionante que prácticamente se ocupa de un único tema: Cristo como el
Sumo Sacerdote verdadero. Desde lo pastoral, es un magnífico ejemplo de predicación cristiana
al servicio de una impresionante profundización del misterio de Cristo, contribuyendo así al
crecimiento y al fervor de la vida cristiana.
No es fácil situar la Carta a los Hebreos en la historia de los orígenes cristianos. No sabemos
con precisión quién la escribió, ni a quién le fue enviado el escrito, ni cuándo ni dónde se
compuso. El texto como tal sólo contiene el nombre de una persona de aquel tiempo –Timoteo
(13,23)– y una sola indicación geográfica –«los de Italia» (13,26)–.
El Autor: ¿Pablo?
Si bien la tradición de la Iglesia en general ha transmitido a Hebreos en el marco del “corpus
paulinum”, en la actualidad prácticamente nadie sostiene que esta obra la haya sido escrita por
Pablo.
Rara vez se impugnó su “canonicidad”, pero su pertenencia al “corpus paulinum” si ha sido
puesta en duda. La Iglesia de Occidente se negó a considerarla “paulina” hasta fines del siglo
IV. En Oriente, si bien se aceptó su presunto origen paulino, no fue sin reservas respecto de su
forma literaria.
En ningún momento el autor se presenta como Pablo (por lo tanto, no expresa la intención de
que se la considere dentro del “corpus”).
No hay saludo inicial ni preámbulo, como en las cartas paulinas.
El estilo literario y el lenguaje empleados son de una elegancia y pulcritud que se distancian del
estilo impetuoso y espontáneo de Pablo. Es una de las mejores obras literarias del Nuevo
Testamento en cuanto al estilo.
No es del estilo de Pablo la forma de citar el Antiguo Testamento.
El horizonte teológico
¿Un texto «paulino»?
Varios testimonios antiguos afirman el origen paulino de esta obra, aunque sin pretender que
hubiese sido escrita por Pablo mismo. Sin embargo, cabe reconocer que algunos autores han
negado incluso el origen paulino de este texto, aún en sentido amplio. Pero la mención de
Timoteo al final sugiere que el entorno del que compuso el texto habría sido “paulino”.
Para muchos exégetas Hebreos se asemeja a las cartas de Pablo en puntos muy significativos:
- La CRÍTICA A LA LEY se expresa con un vigor extremo (cf. Hebreos 7,12.18-19; 10,1.8-9),
no menos intenso que Gálatas y Romanos.
- El tema paulino de la OBEDIENCIA REDENTORA de Cristo (Romanos 5,19; Filipenses 2,8)
aparece en Hebreos 5,8.
- La PRESENTACIÓN SACRIFICIAL DE LA PASIÓN DE CRISTO (Hebreos 9,14; 10,10)
encuentra apoyo en varios textos de Pablo (1 Corintios 5,7; Romanos 3,25; Efesios 5,2).
Por eso no faltan exégetas que consideran que Hebreos tiene origen paulino y que su autor
formaba parte de un grupo apostólico paulino.
Los Destinatarios
La única indicación que aparece es demasiado vaga (13,24) como para sacar conclusiones
acerca de los destinatarios. Del título tradicional «A los hebreos» tampoco surge nada firme, ya
que el cuerpo de la carta no confirma esta atribución. El autor no habla nunca ni de “hebreos”,
ni de “judíos”, ni de “gentiles”. Se dirige a cristianos, sin caracterizar su origen.
No son recién conversos sino que son cristianos hace mucho tiempo (5,12).
No conocieron directamente al Señor (2,3) –lo que desaconseja atribuirles un origen
palestinense–.
En los primeros tiempos de su conversión sufrieron persecuciones (10,32-34); ahora, ante
nuevas dificultades, corren el riesgo de ceder ante el desaliento (12,1-3). Pero no es mucho más
lo que se pueda decir acerca de su identificación.
Fecha de composición
Tampoco hay certeza a propósito de la fecha de composición. Las propuestas oscilan desde el
año 52 hasta el 115.
El desarrollo de la cristología constatable en la carta hace improbable una fecha muy temprana.
La utilización de la carta hecha por Clemente Romano (¿hacia el 95?) desaconseja adoptar una
fecha muy tardía.
Y con relación a “la destrucción del Templo de Jerusalén”, los autores no se ponen de acuerdo:
para unos, debió de haber sido escrita antes de la destrucción, dada la manera en que el autor
habla de los sacrificios ofrecidos continuamente por los sacerdotes judíos; para otros, las
referencias dependen más de la letra de la Torá que de la realidad perceptible de los ritos
celebrados en el Templo.
Género literario
¿una carta?
Las primeras y las últimas frases del escrito (Hebreos 1,1-4 y 13,22-25) permiten constatar lo
siguiente:
1. Que la primera frase no se parece en nada a un comienzo de carta –no da el nombre del
autor ni de los destinatarios y no contiene saludo alguno–. No es un comienzo de carta.
Se parece más bien a un exordio de un sermón.
2. Los últimos versículos por el contrario, sí se parecen a los versículos finales de las cartas
–y concretamente, de las cartas paulinas–: contienen algunas noticias, saludos que se han
de transmitir y termina deseando «la gracia» (cf. Romanos 16,20; 1 Corintios 16,23, etc.).
Entre el comienzo del texto y el final epistolar, ¿cuál es el género literario del escrito?
Según la mayoría de los especialistas, el cuerpo del escrito pertenece al género “oratorio”. Da la
impresión que el texto ha sido escrito para ser recitado en voz alta. En griego posee una
hermosa resonancia.
1 De todos estos, el candidato más adecuado parece ser Apolo, debido a su origen judeo-alejandrino, a su
conocimiento de las escrituras, a su formación literaria (cf. Hechos 18,24-28) y sus vínculos con Pablo (1
Corintios 1,12; 3,4-9; 16,12; Tito 3,13). Pero la ausencia de todo testimonio antiguo en favor de esta
atribución no permite afirmarlo con algún grado significativo de certeza.
Y cuando hace referencia a algo antes mencionado, no dice “lo escrito” o “lo leído” sino “lo
que hablamos”, “lo que venimos diciendo” o “lo oído”:
Hebreos 2,1.5 “Por tanto, es preciso que prestemos mayor atención a lo que hemos oído, para
que no nos extraviemos. [...] v5 En efecto, Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero del
cual estamos habland”.
Hebreos 5,11 “Sobre este particular tenemos muchas cosas que decir, aunque difíciles de
explicar, porque os habéis hecho tardos de entendimiento”.
Hebreos 6,9 “Pero de vosotros, queridos, aunque hablemos así, esperamos cosas mejores y
conducentes a la salvación”.
Hebreos 8,1 “Este es el punto capital de cuanto venimos diciendo, que tenemos un Sumo
Sacerdote tal, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos...”
Hebreos 9,5 “Encima del arca, los querubines de gloria que cubrían con su sombra el
propiciatorio. Mas no es éste el momento de hablar de todo ello en detalle...”.
Es en los versículos finales donde por primera vez se refiere a que está “escribiendo”:
Hebreos 13,22 “Os ruego, hermanos, que aceptéis estas palabras de exhortación, pues os he
escrito brevemente. v23 Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido liberado. Si viene pronto,
iré con él a veros. v24 Saludad a todos vuestros dirigentes y a todos los santos. Os saludan los
de Italia. v25 La gracia sea con vosotros”.
Parece como si estas últimas líneas fueran una breve esquela, que acompaña el envío del escrito
mayor.
Según VANHOYE2 se trata de un bello sermón cristiano, que fue compuesto por un apóstol
itinerante –en Hebreos 13,17-18 se ve que no se sitúa entre los «dirigentes» de la comunidad a
la que escribe– y que fue enviado a unos cristianos alejados. Con esta ocasión se habrían
añadido algunas frases epistolares al final. La primera de esas frases (Hebreos 13,22) parece
confirmar que todo lo anterior es un sermón, puesto que ruega a los hermanos “que acepten esta
exhortación”.
El texto es considerado en general hoy día como un largo sermón u homilía, seguido por una
breve esquela de envío.
El manejo de la Escritura
Hebreos revela una manera muy peculiar de manejar los textos bíblicos.
Se caracteriza por realizar un tipo de exégesis “erudita”, típica de los ambientes cultos
alejandrinos. Sin llegar a una estricta exégesis alegórica, al estilo de Filón de Alejandría, 3 al
menos se observa claramente un trasfondo de pensamiento y de argumentación, que se sirve de
2 Albert VANHOYE, “Hebreos”, en: W. FARMER et al. (edts.), Comentario Bíblico Internacional, Navarra
(Verbo Divino 1999), 1608.
3 La “interpretación alegórica” considera que el relato, en realidad, quiere decir “otra cosa” diferente de
la que dice, y es necesario traducirlo, sobre la base de ciertos códigos que el intérprete conoce y que le
permiten leer “de otra manera” y así traducir la intención oculta del autor, intención que normalmente, se
traduce en términos filosóficos.
Por ejemplo, FILÓN comenta el pasaje de la “emigración de Abraham” de Génesis 12,1 de la siguiente
manera: “El Señor dijo a Abraham: Sal de la tierra, de la parentela, de la habitación de tu padre...” de
la siguiente manera: “Dios quiere purificar el alma humana. Empieza por darle un impulso hacia el
camino de la perfecta salvación; es preciso que deje los tres terrenos, el del cuerpo, el de la sensación, el
de la palabra expresada. Porque la tierra debe tomarse como símbolo del cuerpo, la parentela como
símbolo de la sensación, la habitación del padre como símbolo de la palabra....” [J. CAZEAUX, Filón de
Alejandría, Navarra (Verbo Divino, Documentos entorno a la Biblia 9, 1984), 21-22].
determinados esquemas filosóficos –en concreto, del platonismo, aunque más no sea en una
forma “popular”– para leer los textos del Antiguo Testamento como “figuras” (o “tipos”) de
una realidad “verdadera”, “única” que se da en Cristo.
Veamos algunos ejemplos:
SANTUARIO VERDADERO / SOMBRA Y FIGURAS TERRENAS
(Interpretación de Éxodo 25,40 “Fíjate para que lo hagas según los modelos que te han
sido mostrados en el monte”):
Hebreos 8,1-5
“Este es el punto capital de cuanto venimos diciendo, que tenemos un Sumo Sacerdote
tal, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, v2 al servicio del
santuario y de la Tienda verdadera (th=j skhnh=j th=j a)lhqinh=j), erigida por el Señor, no
por un hombre. v3 Porque todo Sumo Sacerdote está instituido para ofrecer dones y
sacrificios: de ahí que necesariamente también él tuviera que ofrecer algo. v4 Pues si
estuviera en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo ya quienes ofrezcan dones
según la Ley. v5 Estos dan culto en lo que es sombra y figura (u(podei¿gmati kaiì ski#=) de
realidades celestiales, según le fue revelado a Moisés al emprender la construcción de la
Tienda. Pues dice: Mira, harás todo conforme al modelo (kata\ to\n tu/pon) que te ha
sido mostrado en el monte”.
santuario con sangre ajena. v26 Para ello habría tenido que sufrir muchas veces desde
la creación del mundo. Sino que se ha manifestado ahora una sola vez (aÀpac), en la
plenitud de los tiempos, para la destrucción del pecado mediante su sacrificio. v27 Y del
mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez (aÀpac
a)poqaneiÍn), y luego el juicio, v28 así también Cristo, después de haberse ofrecido una
sola vez para quitar los pecados de la multitud (aÀpac prosenexqeiìj ei¹j to\ pollw½n
a)nenegkeiÍn a(marti¿aj), se aparecerá por segunda vez sin relación ya con el pecado a los
que le esperan para su salvación”.
Hay un único Sumo Sacerdote verdadero que entra en el único Santuario verdadero, donde está
el verdadero Santo de los Santos, con su propia sangre, y consigue la remisión de los pecados
mediante un único sacrificio, hecho una vez y para siempre.
EL SACERDOCIO DE CRISTO
Si bien para nosotros hoy día, pensar en el sacerdocio de Cristo no ofrece dificultad alguna, en
el siglo I y en el ámbito judío el tema no era tan sencillo:
1. Porque el sacerdote cumplía una función muy específica en el mundo judío de la época
de Jesús: realizar los sacrificios en el Templo, cosa que Cristo nunca hizo.
2. Porque sólo podían ser sacerdotes los miembros de determinadas familias, descendientes
de la tribu de Leví, y Cristo era de la tribu de Judá, como era manifiesto para todos, y
también para el autor de Hebreos.4
¿Cómo plantear en ese ámbito cultural concreto, sobre la base de las Escrituras, el tema del
“sacerdocio en general” –tema de enorme importancia en todo el Antiguo Testamento5 puesto
que se trata de la relación del pueblo con Dios– y del “sacerdocio de Cristo” en particular?
4 Hebreos 7,13 “Pues aquel de quien se dicen estas cosas, pertenecía a otra tribu, de la cual nadie sirvió
al altar. v14 Y es bien manifiesto que nuestro Señor procedía de Judá, y a esa tribu para nada se refirió
Moisés al hablar del sacerdocio”.
Ningún texto del Nuevo Testamento –fuera de Hebreos– le aplica a Cristo el título de Sacerdote
o de Sumo Sacerdote. Y esto es comprensible: a primera vista no se percibía ninguna relación
entre la existencia de Jesús y la institución sacerdotal tal como se la entendía en el Antiguo
Testamento:
Ni persona de Jesús se presentó con carácter sacerdotal ni su ministerio fue de índole
sacerdotal. Más bien, y en consonancia con la predicación de los profetas, Jesús se mostró muy
crítico con relación a una concepción “ritualista” de la existencia (cf. Marcos 7,14-23; Mateo
9,13; 12,7).
NI SIQUIERA LA MUERTE DE JESÚS TUVO EL ASPECTO DE UN SACRIFICIO RITUAL. No estuvo
rodeado de ceremonias sagradas sino que fue lisa y llanamente una ejecución. Jesús fue
sentenciado a muerte y ajusticiado entre ladrones fuera de la ciudad santa.
Ahora bien, para poder aplicarle a Cristo el título de Sumo Sacerdote había que “transformar”
el concepto de “sacerdocio”…
Como condición para llegar al Sumo Sacerdocio se exige de Cristo una total asimilación a los
demás hombres. Ni la tradición bíblica antigua ni la historia más cercana del pueblo de Dios
educaba las mentes hacia una exigencia de ese tipo. Lejos de hablar de semejanza o de
asimilación, los textos del Antiguo Testamento subrayan más bien la necesidad de una
distinción y separación.
Para entrar en contacto con las realidades sagradas los levitas están «puestos aparte»:
ellos no tienen heredad propia entre los hijos de Israel (Números 18,23); el censo de ellos
es hecho por separado (Números 3,15; 26,62).
5 Incluso en el ámbito de las expectativas “mesiánicas”. Los judíos no esperaban para los últimos tiempos
sólo a un Mesías “davídico” sino que había textos que anunciaban también, por ejemplo, a “el” profeta (el
anunciado en Deuteronomio 18,15-19) y al “Sacerdote Ungido” (Jeremías 33,18.21; Zacarías 6,1), espera
explícitamente testimoniada en los textos de Qumrán.
Para Aarón y sus hijos la separación aparece todavía más remarcada, más insistente,
mediante ritos de purificación, de consagración (cf. por ejemplo, Éxodo 28,29; 40,13-15;
Levítico 8).
Más bien los sacerdotes aparecían elevados, superiores, por encima de los demás (cf.
Sirácida 45,6: “Dios «exaltó» a Aarón”). El sacerdocio los convertía en diferentes a todos
los hombres, no se mezclaban con las otras tribus, vestían diferente, con pompa y
esplendor (cf. Sirácida 45,7-13; 50,5-11). Para avanzar hacia el santuario debían hacerlo
solos (Levítico 16,17; Hebreos 9,7).
No sólo la santidad del sacerdocio se expresaba por medio de la separación entre familias
sacerdotales y no sacerdotales sino que la santificación misma se entendía como algo a
lograr por medio de distancias y separaciones.
Las separaciones rituales han sido sustituidas por el sufrimiento redentor del Hijo preexistente,
que venció el pecado y derribó así las barreras que separaban a los hombres de Dios (Hebreos
10,19-20).
6 El fin principal del sacerdocio ha sido siempre la función mediadora entre Dios y los hombres. Esa
mediación requiere de parte del (sumo) sacerdote una doble relación; con Dios y con los hombres. En el
sacerdocio antiguo la relación con los hombres no era ningún problema, dado que el (sumo) sacerdote era
hombre como todos los demás, con sus mismas debilidades y problemas. Por eso, la atención no recaía en
esta segunda relación sino que la atención estaba puesta por completo en la primera, que se pretendía
establecer y mantener. Las ceremonias rituales se practicaban con este fin: poner al (sumo) sacerdote en
relación con Dios, elevarlo hasta Dios, hacerlo agradable a Dios. No se podía concebir el acercamiento a
Dios sin la separación de las cosas terrestres, de lo no-Dios.
7 Cf. Deuteronomio 33,9-13.8-10; Malaquías 2,7. Este aspecto era muy importante en el Antiguo
Testamento: los profetas reprendían a los sacerdotes cuando no cumplían ese deber (cf. Malaquías,
Oseas).
El sacerdote es un hombre que, gracias a los sacrificios, puede entrar en la casa de Dios, tiene
un lugar privilegiado en la casa de Dios, y puede por tanto escuchar a Dios y llevar después la
Palabra de Dios, la respuesta de Dios a un pueblo que no está en situación de entrar en el
corazón del Templo ni de oír la Palabra de Dios directamente.
Moisés es digno de fe en toda su casa como servidor, mientras que Cristo lo es como Hijo,
constituido con poder sobre su casa. “Y esa casa somos nosotros...” (Hebreos 3,6).
8
Jesucristo misericordioso: Hebreos 4,15-5,10
“...para ser misericordioso...” (Hebreos 2,17)
En este punto es donde se hace más evidente el contraste entre Cristo y el sacerdocio del
Antiguo Testamento. Se puede ver con claridad en varios textos del Antiguo Testamento que se
exige como fundamento del sacerdocio posturas de extrema severidad, mostrando coraje al
alzarse contra los pecadores, y no de misericordia:
1. Cuando el pueblo en el desierto se fabricó el “becerro de oro”, Moisés ordena a los
levitas que se habían agrupado en torno a él atacar sin piedad y matar a hermanos,
amigos y parientes:
Éxodo 32,25-27
“Vio Moisés al pueblo desenfrenado –pues Aarón les había permitido entregarse a la
idolatría en medio de sus adversarios– v26 y se puso Moisés a la puerta del
campamento, y exclamó: «¡A mí los de Yahveh!» y se le unieron todos los hijos de Leví.
v27 El les dijo: «Así dice Yahveh, el Dios de Israel: Cíñase cada uno su espada al
costado; pasad y repasad por el campamento de puerta en puerta, y matad cada uno a su
hermano, a su amigo y a su pariente”.
Tan pronto como la orden fue cumplida (Éxodo 32,28), Moisés les dice:
“Hoy habéis recibido la investidura como sacerdotes de Yahveh, cada uno a costa de
vuestros hijos y vuestros hermanos, para que él os dé hoy la bendición” (Éxodo 32,29).
2. Promediando la travesía por el desierto, el pueblo, arrastrado por las hijas de Moab, se
adhirió a Baal en Peor. El Señor ordena acabar con los jefes del pueblo y con todos los
que adhirieron a Baal. En ese momento un israelita presenta en el campamento a una
mujer moabita:
Números 25,7-9
“Al verlos Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se levantó de entre la
comunidad, lanza en mano, v8 entró tras el hombre a la alcoba y los atravesó a los dos,
al israelita y a la mujer, por el bajo vientre...”
8 Cf. A. VANHOYE, La Cristología sacerdotal de la carta a los Hebreos, Buenos Aires (Conferencia
Episcopal Argentina 1997), 59-83.
9 Sirácida 45,23-24 “Pinjás, hijo de Eleazar, tercero en gloria, porque fue celoso del temor del Señor, y
se mantuvo firme en la revuelta del pueblo por la energía de su alma resuelta, y obtuvo así el perdón
El sacerdocio “antiguo” lleva consigo la ruptura de todos los vínculos familiares. Se pone de
relieve una total adhesión a Dios y parece que esa adhesión lleva consigo excluir toda piedad
hacia los demás.
Los sacerdotes antiguos sólo podían expiar los pecados cometidos por ignorancia:
Números 15,22-31
«Cuando por inadvertencia no cumpláis alguno de estos preceptos que Yahveh ha comunicado
a Moisés, v23 algo de lo que os ha mandado Yahveh por medio de Moisés, desde que Yahveh lo
ordenó en adelante, por todas vuestras generaciones, v24 en el caso de que la inadvertencia se
haya cometido por descuido de la comunidad, toda la comunidad ofrecerá un novillo en
holocausto, como calmante aroma para Yahveh, con su correspondiente oblación y libación
según costumbre, y un macho cabrío en sacrificio por el pecado. v25 El sacerdote expiará por
toda la comunidad de los israelitas, y se les perdonará, porque ha sido un descuido. [...] v30
Pero el que obra con descaro, sea ciudadano o forastero, ultraja a Yahveh. Tal individuo será
extirpado de su pueblo, v31 por haber despreciado la palabra de Yahveh, quebrantado su
mandato. Será exterminado tal individuo: su pecado pesa sobre él».
El Antiguo Testamento distingue entre pecados “por ignorancia” y pecados “a mano alzada”,
esto es, transgresiones totalmente voluntarias. La expiación sacrificial no podía hacerse por
estas segundas. El rebelde debía morir (Números 15,30-31).
Hebreos 5,1-4
“Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los
hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; v2 y
puede sentir compasión (metriopaqei?n duna/menoj)10 hacia los ignorantes y extraviados, por
estar también él envuelto en flaqueza (e)peiì kaiì au)to\j peri¿keitai a)sqe/neian). v3 Y a causa de
para Israel. v24 Por eso se hizo con él una alianza de paz, de presidir el santuario y a su pueblo, para
que le tocara a él y a su linaje la dignidad del sumo sacerdocio por los siglos”.
10 metriopaqei?n duna/menoj = “ser capaz de” “poner medida a su pasión”. A. VANHOYE –La cristología
sacerdotal de la Carta a los Hebreos, 66– afirma claramente que Hebreos 5,1-4 “define” el sacerdocio,
apuntando a su plena realización en Cristo: “El recurso lleno de confianza a Cristo sumo sacerdote (4,16)
viene justificado por una reflexión entorno al sacerdocio y a su actualización en Cristo. La exposición se
divide claramente en dos partes: 1. Definición de sumo sacerdote (5,1-4). 2. Aplicación a Cristo (5,5-10)”.
Nuestra sugerencia consiste en considerar la posibilidad de que el párrafo 5,5-10 quiera destacar en
realidad que Cristo no es como los sacerdotes antiguos descriptos en 5,1-4.
esa misma (flaqueza) debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo 11 v4 Y
nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón”
(Cf. Éxodo 28,1; cf. Números 16,5-7s, la rebelión de Coré).
En el Antiguo Testamento, los sacerdotes son pecadores, pero, a pesar de ello, no tienen
compasión con los pecadores. Cristo, por el contrario, no tiene pecado, pero está lleno de
misericordia para con los pecadores.
Cristo no se apropió de la gloria del sacerdocio (“no se glorificó a así mismo”) sino el que le
dijo: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy », también en otro lugar dice: «Tú eres
sacerdote según el orden de Melquisedek» (Hebreos 5,5-6; cf. 7,17).
El orden de Melquisedek
Para afirmar el carácter mesiánico de Cristo, el Nuevo Testamento recurre numerosas veces al
Salmo 110:12 El autor de Hebreos sólo leyó el versículo 4 del salmo:
Salmo 110,1
“Oráculo de Yahveh a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el
estrado de tus pies. v2 El cetro de tu poder lo extenderá Yahveh desde Sión: ¡domina en medio
de tus enemigos! v3 Para ti el principado el día de tu nacimiento, en esplendor sagrado desde
el seno, desde la aurora de tu juventud. v4 Lo ha jurado Yahveh y no ha de retractarse: «Tú
eres por siempre sacerdote, según el orden de Melquisedec»“.
Todo el capítulo 7 de Hebreos es un comentario al versículo 4 del Salmo 110, en base a Génesis
14 (cf. Hebreos 7, 1-10). Melquisedek es un sacerdote al que Abraham mismo –y, en él, en
cierta forma, también Leví– pagó el “diezmo”:
Hebreos 7,9-10
“Y, en cierto modo, hasta el mismo Leví, que percibe los diezmos, los pagó por medio de
Abraham, v10 pues ya estaba en las entrañas de su padre cuando Melquisedec le salió al
encuentro”.
Un sacerdocio sin genealogía, ni comienzo ni fin de días, un sacerdocio perpetuo:
Hebreos 7,3
11 Cf. las leyes que prescriben ofrecer sacrificios por los propios pecados de los sacerdotes:
La ley de la consagración de Aarón:
Levítico 9,7 “Después Moisés dijo a Aarón: «Acércate al altar, ofrece tu sacrificio por el pecado y tu
holocausto, y haz la expiación por ti mismo y por tu casa; presenta también la ofrenda del pueblo y haz
la expiación por ellos, como Yahveh lo ha prescrito»“.
En la ceremonia del Kippur, el primer sacrificio prescripto es para expiar el pecado del sumo sacerdote:
Levítico 16,6.11 “Después de ofrecer su novillo por el pecado como expiación por sí mismo y por su
casa, v7 tomará Aarón los dos machos cabríos y los presentará ante Yahveh, a la entrada de la Tienda
del Encuentro... “ 16,11 “Entonces ofrecerá Aarón su novillo por el pecado para hacer expiación por sí
mismo y por su casa, y lo inmolará”.
Si el sacerdote peca:
Levítico 4,3-12 “Si el que peca es el sacerdote ungido, haciendo culpable al pueblo, entonces ofrecerá a
Yahveh por el pecado que ha cometido un novillo sin defecto, como sacrificio por el pecado. v4 Llevará
el novillo a la entrada de la tienda del Encuentro ante Yahveh, impondrá la mano sobre la cabeza del
novillo y lo inmolará ante Yahveh. [...] v12 ...lo sacará fuera del campamento, a un lugar puro, al
vertedero de las cenizas. Lo quemará con fuego de leña; será quemado en el vertedero de las cenizas”.
12 Mateo 22, 41-46; 26, 64; Hechos 2, 34-35; Romanos 8, 34; 1 Corintios 15, 25-26; Efesios 1, 20;
Colosenses 3, 1; 1 Pedro 3, 22.
“...sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo
de Dios, permanece sacerdote para siempre”.
Hebreos 7,23-25
“Además, aquellos sacerdotes fueron muchos, porque la muerte les impedía perdurar. v24 Pero
éste posee un sacerdocio perpetuo porque permanece para siempre. v25 De ahí que pueda
también salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para
interceder en su favor”.
NOVACIANO, quien, hacia el 250 d.C., tras romper la comunión con la Iglesia, buscó justificar
su rotura mediante un concepto de Iglesia según el cual, en una Iglesia de los santos, no hay ni
puede haber lugar para quien peca gravemente, por muy dispuesto que esté a la expiación y a la
penitencia. Él y sus seguidores se consideraban a sí mismos como la Iglesia de “los puros”.
13 TERTULIANO, De Pudicitia 1 (citado por José VIVES, Los Padres de la Iglesia, Barcelona, 1971, 408-
409).
«templo de Dios». Cristo ya no intercederá por estos pecados: el que ha nacido de Dios no los
cometerá jamás, y si los ha cometido, no será un hijo de Dios».14
¿Cuáles son las afirmaciones de Hebreos que parecen apoyar esta postura?
Hebreos 6,4-6
“Porque es imposible que cuantos fueron una vez iluminados, gustaron el don celestial y fueron
hechos partícipes del Espíritu Santo, v5 saborearon las buenas nuevas de Dios y los prodigios
del mundo futuro, v6 y a pesar de todo cayeron, se renueven otra vez mediante la penitencia,
pues crucifican por su parte de nuevo15 al Hijo de Dios y le exponen a pública infamia”.
Hebreos 10,26-29
“Porque si voluntariamente pecamos después de haber recibido el pleno conocimiento de la
verdad, ya no queda sacrificio por los pecados, v27 sino la terrible espera del juicio y la furia
del fuego pronto a devorar a los rebeldes. v28 Si alguno viola la Ley de Moisés es condenado a
muerte sin compasión, por la declaración de dos o tres testigos. v29 ¿Cuánto más grave
castigo pensáis que merecerá el que pisoteó al Hijo de Dios, y tuvo como profana la sangre de
la Alianza que le santificó, y ultrajó al Espíritu de la gracia?”
¿Cómo hay que entender estos pasajes? ¿Tienen razón los que niegan la posibilidad de la
penitencia y el perdón a los que pecan gravemente después del bautismo16?
- Hay que tener en cuenta en primer lugar la forma en que lee el AT: así como Cristo es el
verdadero Sumo Sacerdote, en contraposición a los sacerdotes antiguos, así también la
muerte de Cristo es el único sacrificio válido para la remisión de los pecados, en
contraposición a todo el culto sacrificial y las ofrendas ineficaces de la Antigua Alianza.
- Además, hay que tener en cuenta el contexto general de los destinatarios: al leer la obra,
se nota que el autor se dirige a una comunidad que, desde hace tiempo, está sufriendo
persecuciones y luchas, sobre todo, por los apremiantes llamamientos que hace a
mantener una fe inquebrantable, y está a punto de ser vencida por el cansancio y el
desgaste de los sufrimientos:
Hebreos 10,32-39
“Traed a la memoria los días pasados, en que después de ser iluminados, hubisteis de
soportar un duro y doloroso combate, v33 unas veces expuestos públicamente a ultrajes
y tribulaciones; otras, haciéndoos solidarios de los que así eran tratados. v34 Pues
compartisteis los sufrimientos de los encarcelados; y os dejasteis despojar con alegría
de vuestros bienes, conscientes de que poseíais una riqueza mejor y más duradera. v35
No perdáis ahora vuestra confianza, que lleva consigo una gran recompensa. v36
Necesitáis paciencia en el sufrimiento para cumplir la voluntad de Dios y conseguir así
lo prometido. v37 Pues todavía “un poco, muy poco tiempo; y el que ha de venir vendrá
sin tardanza”. v38 “Mi justo vivirá por la fe”; mas si es cobarde, mi alma no se
complacerá en él. v39 Pero nosotros no somos cobardes para perdición, sino creyentes
para salvación del alma”.
En este contexto, el autor tiene en la mira el grave peligro de que muchos en la comunidad
caigan en la apostasía. El “pecado” al que se refiere es concretamente ese, y por eso, lo califica
como irreparable: el apóstata es el que rechaza a Cristo y, con ello, a su sacrificio redentor:
Hebreos 10,26
“Porque si voluntariamente pecamos (= apostatamos) después de haber recibido el pleno
conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados” porque el único sacrificio
eficaz para la remisión de los pecados, es el sacrificio de Cristo. Cristo y su obra redentora son
los únicos medios de salvación:
Hebreos 10,1-2
“No conteniendo, en efecto, la Ley más que una sombra de los bienes futuros, no la realidad de
las cosas, no puede nunca, mediante unos mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras
año, dar la perfección a los que se acercan. v2 De otro modo, ¿no habrían cesado de
ofrecerlos...?”
Entonces, lo que quiere decir es que nadie puede renovarse mediante la conversión, mediante la
penitencia si rechaza a Cristo, si apostata.
La primera vez que se la menciona es hacia el año 200, en el texto de TERTULIANO antes
citado: De Pudicitia 20. Allí, la atribuye a Bernabé: “Dice Bernabé en la carta a los
Hebreos...”
66
No figura en el Canon de Muratori. Si la encontramos en el P
Eusebio de Cesarea comenta respecto a Hebreos:
HE III, 3, 5 “Pero las catorce Epístolas son claras y evidentemente de Pablo, aunque no
sería justo olvidar que algunos no han aceptado la Epístola a los Hebreos arguyendo
que la iglesia de Roma niega que sea de Pablo. En el momento conveniente explicaré lo
que comentaron acerca de esta epístola los autores anteriores a nosotros [...]”.
En HE III, 38 comenta “Acerca de la carta de Clemente Romano y de los textos que se le
atribuyen falsamente”:
1. [...] Clemente, en la carta que todos admiten, la cual redactó en representación de
la iglesia de Roma a la de Corinto. En esta carta expone muchos conceptos de la
Epístola a los Hebreos y hasta hace uso de citas textuales, demostrando con ello
claramente que se no se trata de un escrito reciente.
2. Por esta causa pareció lógico catalogarlo junto con los otros escritos del apóstol.
Pues Pablo tuvo contacto por escrito con los hebreos por medio de su lengua
patria. Unos afirman que este texto lo tradujo el evangelista Lucas, mientras que
otros dicen que fue el mismo Clemente.
3. Esto último tal vez fuere más cierto, ya que la Carta de Clemente y la Epístola a
los Hebreos mantienen un estilo parecido, y que los conceptos que exponen ambos
escritos no se alejan mucho uno de los otros.
EUSEBIO, pues:
- Quiere demostrar que no es un escrito tan reciente.
- Deja suponer que habría existido un original hebreo del texto (raro, porque el autor
cita el AT en la versión de los LXX).
- Que ese original habría sido traducido por Lucas o por el mismo Clemente
(opinión por la que se inclina Eusebio).
11. Además de esto, Orígenes explica acerca de la Carta a los Hebreos, en sus
Homilías sobre la misma, lo siguiente: «que el carácter de la dicción de la carta
titulada A los Hebreos no tiene aquella rudeza de la lengua del Apóstol, quien
17
confiesa ser rudo de palabra esto es, en el estilo, sino que la carta es bastante
más griega por la composición de su dicción; todo el que sepa discernir las
diferencias de estilo podrá reconocerlo.
12. «Y aún más, que los pensamientos de la epístola son admirables y no inferiores a
los de las cartas que se admiten ser del Apóstol, quienquiera que se aplique a la
lectura del Apóstol, dirá con nosotros que también esto es verdad».
13. Después de estas cosas, añade: «Por mi parte, si he de dar mi opinión, yo diría
que los pensamientos son del apóstol, pero el estilo y la composición son de
alguien que evocaba de memoria las enseñanzas del apóstol, como un alumno que
anota por escrito las cosas que su maestro dijo. Por consiguiente, si alguna
iglesia tiene esta epístola como de Pablo, que también por esto se la estime, pues
no sin motivo los antiguos varones la han transmitido como de Pablo.
14. Pero, ¿quién escribió la epístola? Dios, ciertamente, sabe la verdad, pero hasta
nosotros ha llegado el relato de algunos que afirman que la epístola la escribió
Clemente, quien fue obispo de los romanos; y otros que fue Lucas el que escribió
El Evangelio y los Hechos. Pero esto quede así.»