República Bolivariana de Venezuela
Ministerios del Poder Popular para la Educación
U.E.P Colegio Cristo Rey
Edo. Aragua
Influencias de la sociedad en los adolescentes.
Introducción
El presente ensayo. Abordar la adolescencia en la actualidad, en el siglo
XXI, implica plantear cuestiones relativas al marco social contemporáneo, las
condiciones económicas, el contexto cultural, ya que no hay adolescente sin
Otro social, es decir, sin el entramado social de padres, profesores,
instituciones, lazos sociales, legales y todo un mundo de adultos que los
acompaña y cuyo desafío es que estén a la altura de su función, sea en el
marco que sea. Asimismo, el dinamismo del universo tecnológico, los
cambios mediáticos producidos en las últimas décadas han suscitado fuertes
transformaciones en la manera en que los adolescentes se relacionan con el
Otro y el sentido que le atribuyen los jóvenes a la experiencia de ser joven.
La sociedad también es siempre la misma ? Sabemos que no, ya que hemos
pasado rápida.
Los cambios son tan rápidos que incluso a los jóvenes les cuesta
adaptarse a ellos con la celeridad necesaria. Principalmente porque la
interacción con la sociedad ha tomado mucho peso en la educación de los
adolescentes en los últimos años. Y esto es debido a que las familias de hoy
día son mucho más pequeñas que las de antes, que solían estar compuestas
por varios tíos, primos y abuelos que se relacionaban entre sí formando una
gran unidad.
Hoy las familias están más aisladas y cuentan con menos apoyos, ya que
tienen cada vez menos relación. Hoy en día no es extraño conocer familias
monoparentales, un tipo de familia nuclear con un solo padre o madre que es
cada vez más frecuente en el contexto actual. Antes las familias eran grupos
muy estables, mientras que hoy cambian con mayor frecuencia.
Adolescencia Se entiende por adolescente toda persona con 12 años o más
y menos de 19 años de edad. La cual se trata de una de las etapas de
transición más importantes en la vida del ser humano, que se caracteriza por
un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios, superado únicamente por el
que experimentan los lactantes. Esta fase de crecimiento y desarrollo viene
condicionada por diversos procesos biológicos. El comienzo de la pubertad
marca el pasaje de la niñez a la adolescencia. Los determinantes biológicos
de la adolescencia son prácticamente universales; en cambio, la duración y
las características propias de este periodo pueden variar a lo largo del
tiempo, entre unas culturas y otras, y dependiendo de los contextos
socioeconómicos.
Así, otros muchos cambios en relación con esta etapa vital, en particular el
inicio más temprano de la pubertad, la postergación de la edad del
matrimonio, la urbanización , la mundialización de la comunicación y la
evolución de las actitudes y prácticas sexuales. La adolescencia es un
periodo de preparación para la edad adulta durante el cual se producen
varias experiencias de desarrollo de suma importancia. Más allá de la
maduración física y sexual, esas experiencias incluyen la transición hacia la
independencia social y económica, el desarrollo de la identidad, la
adquisición de las aptitudes necesarias para establecer relaciones de adulto
y asumir funciones adultas y la capacidad de razonamiento abstracto.
Aunque la adolescencia es sinónimo de crecimiento excepcional y gran
potencial, constituye también una etapa de riesgos considerables, durante la
cual el contexto social puede tener una influencia determinante.
La adolescencia es una etapa de preocupación en las familias, y durante
muchas generaciones lo seguirá siendo. Se trata de una etapa larga (y
mientras se mantenga este modelo social, lo será más…) caracterizada en lo
físico por cambios rápidos y constantes readaptaciones personales,
familiares, académicas y sociales. Sin embargo, para muchos investigadores,
lo más llamativo de esta etapa es la relación con la sociedad, hasta el punto
de que se ha desarrollado todo un sistema para entender esta etapa desde
un modelo sociológico (teoría del aprendizaje social de Bandura) (2-4). Este
modelo atribuye mucho valor a la influencia que ejerce la sociedad sobre los
adolescentes: la pérdida del papel educativo de los padres, la oferta de un
consumo sin límites, la falta de horizontes de futuro capaces de ilusionarles,
la sobre estimulación sensorial y la sobreexcitación sobre una personalidad
aún inmadura, la ausencia de servicios asistenciales de tipo sanitario o social
que atienda sus demandas, etc.
Los adolescentes se hacen especialmente críticos con los diferentes
contextos en que viven. El problema que se plantea con mayor intensidad en
el adolescente, es el de encontrar bases sólidas sobre las que fundamentar
su identidad. Aparece la conciencia de poseer un cuerpo sexuado, la altura y
la fuerza física varían constantemente, vive íntimamente ligado a la madurez
e independencia y pasa de comportamientos extravertidos a momentos de
radical inhibición y enclaustramiento. La oposición a las normas sociales y
familiares aparece como un modo de construir y afianzar dicha identidad.
Igualmente, se trata de un periodo crítico en lo que a necesidades sexuales
se refiere. Lo que los padres y educadores no pueden olvidar es que las
capacidades sexuales de un adolescente son, desde el punto de vista
biológico, iguales a las de un adulto: afecto, intimidad y capacidad para
vincularse y desvincularse. Hay, por tanto, que dejar de lado la visión
negativa de la sexualidad y abordarla con actitudes positivas.
En esta etapa de la vida, los adolescentes construyen su identidad
proyectándose en sus iguales. Ven a los adultos diferentes y ajenos a ellos,
aunque quieren adoptar las mismas condiciones que los mayores
(aprendizaje social) y van a esperar de estos recibir un trato igualitario y no
una relación de subordinación. Resulta imprescindible que los adolescentes
puedan participar de forma activa y negociada con los adultos en las distintas
cuestiones que les afecten. Esto no significa que no deban tener límites. Por
el contrario, la resolución de conflictos negociada y pactada es necesaria
también para el aprendizaje de los hábitos democráticos, para la
participación en la elaboración de normas y para la consecuente
construcción activa de una moral autónoma.
Los adolescentes, en las edades comprendidas entre los 10 y los 19
años, siguen necesitando instrucción, pero también integración activa en la
sociedad. Preparados biológica y cognitivamente para integrarse en la
sociedad y ser autónomos, siguen, sin embargo, dependiendo durante
muchos años de sus padres. Se trata de un tema sobre el que las
sociedades desarrolladas deben reflexionar, ya que algunos problemas que
manifiestan hoy en día los adolescentes nos llevan a pensar que,
posiblemente, no estemos atendiendo bien sus necesidades.
La sociedad, ha creado unas corrientes de moda, publicidad y consumo que
determinan la conducta de los individuos y son bastante ajenas al bienestar
de los adolescentes. Según los diccionarios de sociología familiar, la
socialización es: “la preparación para lograr la adaptación de los niños y
niñas en la sociedad en la que viven a través del aprendizaje de valores,
normas y comportamientos”. Y en esta tarea, la familia sigue siendo el pilar
más importante, sobre todo, por la influencia que tiene en la personalidad
que se forma antes de los dos años, y en los aprendizajes afectivos y
emocionales desde el nacimiento.
Criar y educar, en la práctica, no es más que facilitar el bienestar físico,
psíquico y social y, en definitiva, socialización de los adolescentes. Educar
para la vida en normas, valores y comportamientos, es facilitarles la
incorporación de una manera flexible, ágil y sin sufrimientos ni conflictos. Se
trata de dar sentido a la existencia de los hijos. Es ayudarles a responder a
preguntas fundamentales. ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?,
¿a quién pertenezco? Respuestas que deben darse de acuerdo a la cultura
de donde procede. La educación familiar puede facilitar el sentido de
identidad y pertenencia que permitan encontrarse en el mundo de forma
satisfactoria. Tomando unas palabras de la antropóloga M. Mead,
afirmaremos con ella que nosotros los padres y madres “debemos crear
nuevos modelos para que los adultos puedan enseñar a sus hijos, no lo que
deben aprender sino cómo deben hacerlo y no con qué deben
comprometerse sino cuál es el valor del compromiso”
Unido a esto todas las personas, independientemente de la edad, el origen,
la cultura y de cualquier otra circunstancia, tenemos unos derechos que se
deben respetar. Igualmente todos, del más pequeño al más mayor, tenemos
también unos deberes que cumplir. Tanto los derechos como los deberes
son necesarios para vivir en sociedad y para convivir bien con los demás.
Cada derecho lleva aparejados unos deberes y unas responsabilidades. Así,
por ejemplo, como niños y jóvenes, tienen reconocido el derecho a la
educación, pero este derecho comporta, al mismo tiempo, un deber y una
responsabilidad para nosotros: el deber de ir a la escuela y la
responsabilidad de estudiar.
Otro ejemplo de que nuestros derechos piden nuestro compromiso es que
tenemos derecho a no ser agredidos y, por lo tanto, también el deber de no
agredir a los otros. Y aún otro: tenemos derecho a la salud y, por lo tanto, el
deber de ir al médico, de tomar los medicamentos, de no actuar poniendo en
peligro nuestra salud: comiendo inadecuadamente, haciendo actividades en
las que nos podemos hacer daño o hacer daño a los otros y perjudicar su
salud. Por lo tanto, si queremos que los derechos de las personas de nuestro
entorno sean respetados, tenemos el deber de no vulnerar estos derechos.
Si queremos que el lugar donde vivimos sea agradable, tenemos que
respetarlo, tanto si sólo es nuestro como si es de todos.
Ley orgánica para la protección de niños, niñas y adolescentes. Entre los
derechos establecidos se encuentran: derecho a la vida, a la salud, a
la seguridad social, a la protección en casos de conflictos armados, a la
educación, acceso a la información, a preservar su identidad, al nombre
y nacionalidad, a no ser separado de sus padres, a
la libertad de pensamiento, conciencia y religión, a la recreación y la cultura,
a la protección y seguridad, a la participación libre y al desarrollo. Los niños,
niñas y adolescentes tienen derecho a ser protegidos de la exposición a
material pornográfico y películas o video-juegos que inciten a la violencia; así
como la venta de licores y cigarrillos que inducen al vicio. Aquellos comercios
que violen este derecho serán sancionados, tal como lo establece la LOPNA.
Entre los deberes están: honrar, respetar y obedecer a sus padres,
representantes o responsable, siempre y cuando sus órdenes no violen los
derechos y garantías en los niños; respetar los derechos y garantías de las
demás personas; cumplir sus obligaciones en materia de educación; honrar a
la Patria y sus símbolos; Cualquier otro deber que sea establecido en la ley.
En la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV)
aprobada en el año 1999, el constituyente comprendió la trascendencia de la
institución familiar en lo político, lo social, lo económico y lo cultural, y dedicó
un Capítulo para su reconocimiento, Capítulo V De los Derechos Sociales y
de las Familias, el cual es encabezado por el artículo 75 la cual, consagra la
protección de las familias como un deber del Estado Venezolano, en el
párrafo 2 de este mismo artículo se hace hincapié de los derechos de Los
niños, niñas y adolescentes .mientras que el artículo 78 se basa
principalmente en la protección que el Estado debe brindarle a los niños,
niñas y adolescentes, a través de diversos órganos y tribunales
especializados como lo son el Consejo de Protección de niños, niñas y
adolescentes, el Tribunal de Protección de niños, niñas y adolescentes y
Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia; así como también,
por medio de la convención de los derechos del niño y demás tratados
internacionales que en materia de derechos del niño, niña y adolescente
haya suscrito y ratificado la República. Además establece los principios que
rigen los derechos de los niños, niñas y adolescentes al señalar la protección
integral que le deben asegurar el Estado conjuntamente con la familia y la
sociedad. Y en su última parte establece que el Estado promoviera su
incorporación progresiva a la ciudadanía activa y creara un sistema rector
para la protección del niño, niña y adolescente, como en efecto lo ha creado.
Así también, consagra en su artículo 79 Los jóvenes y las jóvenes tienen el
derecho y el deber de ser sujetos activos del proceso de desarrollo. El
Estado, con la participación solidaria de las familias y la sociedad, creará
oportunidades para estimular su tránsito productivo hacia la vida adulta y, en
particular, para la capacitación y el acceso al primer empleo, de conformidad
con la ley. Sin ninguna duda los adolescentes tienen el derecho y el deber de
participar en la sociedad para el desarrollo de la misma, con el apoyo del
estado y de las familias, creando oportunidades para su camino hacia la vida
adulta proporcionando las herramientas necesarias que impulsen con la
educación su capacidad, donde puedan acceder a su primera experiencia
laboral, conforme está establecido por las leyes En conclusión La
adolescencia es una etapa del desarrollo, en la cual el adolescente cumplirá
tareas muy importantes. Para el cumplimiento exitoso de las mismas,
necesita la ayuda y acompañamiento de la familia, que a su vez también
tiene tareas y funciones que cumplir, estas tareas en los adolescentes van
relacionadas al proceso de individuación y autonomía, al logro de su
identidad, al desarrollo y asunción de normas, y leyes que incluyen
derechos y deberes a los cuales tiene que apegarse para así pueda
programar su futuro y a la correcta ejecución del proyecto de vida y tener
pleno desenvolvimiento en la sociedad ;por parte de los padres a dar
autonomía a sus hijos, a respetar su individualidad y hacerse respetar, poner
límites y al mismo tiempo a dar presencia y afecto. La adolescencia requiere
que la familia obtenga una serie de experiencias nuevas y conflictivas que
creen crisis, instando de ésta una reestructuración en sus relaciones, que
proporcionen al adolescente un medio funcional para su desarrollo. Esta
reestructuración debe incluir un cambio en las reglas, límites y modelos de
autoridad y disciplina; en los estilos de vida familiar; y en el tipo de
comunicación. Desestructuración familiar, influencia en la conducta
adolescente. Para que un adolescente no asuma conductas de riesgo es
indispensable que la familia logre marchar de manera funcional, con una
estructura eficaz que permita que cada uno de sus miembros puedan aportar
y establecer adecuados lazos de relaciones familiares, al mismo tiempo que
se desarrollan como individuos dentro de otros sistemas como el colegio, los
amigos y los grupos sociales. Es imprescindible que las familias se vayan
adaptando a las distintas etapas que se les presenta ya que de lo contrario
un adolescente no podrá tener conductas funcionales, si durante su infancia
no las tuvo. Es por esto que las familias desestructuradas influenciaran en
las distintas conductas de riesgo que pueda asumir un adolescente
Kamila Pérez
1er año sección “A”
N° de lista la #09