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Poética de Darío Samper: Piedra y Cielo

Este documento presenta un poema de Darío Samper titulado "Retrato con música de organillo". El poema describe un retrato de una mujer que parece triste y distante. El poeta recuerda cómo la música de un organillo despertaba sentimientos en la mujer y en él mismo. El documento también incluye breves biografías de Darío Samper y comentarios positivos sobre su obra poética.

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Poética de Darío Samper: Piedra y Cielo

Este documento presenta un poema de Darío Samper titulado "Retrato con música de organillo". El poema describe un retrato de una mujer que parece triste y distante. El poeta recuerda cómo la música de un organillo despertaba sentimientos en la mujer y en él mismo. El documento también incluye breves biografías de Darío Samper y comentarios positivos sobre su obra poética.

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DIWLIOT CA NA.CIOI'IA\. OE COl Qtoj!

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DARlO 5AM.PER

HABITANTE DE 5U IMAGEN

POEMAS

Entregas .:PIEDRA Y CIELO>

Digitalizado Biblioteca Nacional de Colombia


CABE en suerte ahora a estas entregas de «Piedra y Cie-
lo», presentar una segunda parte y un diverso modo de la obra
poética de Darlo Samper.
Darío Samper pertenece hace algún tiempo, a las voces jóve-
nes de nuestra poesía. Incorporado al rededor del año treinta al
grupo de los Bachúes, fue su voz una de las más estables
1
dentro del efímero eco de ese movimiento terrígena, movimien-
to que para el muchacho de Colombia, sin ser un contrasenti-
do, tenía ciertos ribetes de aventura exótica, como quiera que
todas nuestras fuentes de cultura y las aspiraciones más ele-
mentales de nuestra vida convergían incuestionablemente a los
valores europeos. Tal vez esa posición insostenible, liquidó ese
grupo reunido a la sombra de la ventruda diosa aborigen, y
a la luz del espigado juglar de Fuente Baqueros.
Luégo las prebendas burocráticas en unos y el rubor de
ser llamados poetas en otros, apagó el fuego lírico de toda esa
joven agrupación. Sólo Darlo Samper, y esto dice altamente de
su predestinación para el canto, ha pennanecidq velando su lla-
ma por encima y a pesar de sus actuaciones políticas y de su
mesurada actitud de togado.
Este libro de hoy, intenta y logra alcanzar su paisaje de
dentro, olvidado mientras su voz bordoneaba por ventas y ve-
redas nuéstras pero con servidumbre de paso para los gitanos
de Federico Oarcía. Yo creo que es aquí en el •Habitante de
su imagen» donde verdaderamente logra una calid<td poética
y un feliz arribo a las interiores orillas. Y es esta circunstan-
cia, de ir a sus experiencias, a sus recuerdos, a las profundas
cenizas de las sensaciones acabadas, lo que hace su obra m;is
valedera. Ahora vemos los horizontes del alma, los vertientes
de los sentidos, los desfiladeros de la angustia, Jos despeíiade-
ros de la sangre, haciéndose rutilante arista en la mágica pa-
labra del poeta. Y junto a su naturaleza de hombre, a su ma··

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nera esencial de ser, corre la naturaleza externa de agua y
cielo, agua cargada de frutos de su América, ahora sí pura
América identificable por el aroma de sus pulpas y no por la
marca de sus postizas etiquetas. Y ahora que no es programa
ni bandera. ni tiene que ir marcada de signos nativos como
los chorotes de los mercados. se nos antoja que si es poesía
de América esta de Darío Samper henchida de humana ven-
tura y desventura. de ascendrada pasión amorosa, de valiente
alegría y de limpia palabra de hombre nuevo que cree en la
verdad de su destino.
Al lado de estos poemas que le trajo el diario rumbo de
la sangre, hay otros bien logrados ejercicios de disciplina mé-
trica y gracia verbal, que nos hacen recordar a Rafael Alberti.
Pero en todo caso esto nada quita ni añade al poeta que en-
contramos asombrado delante de la voz ya extinguida de la
mujer que «cayó hasta su límite de hombre desolado", o delan-
te de aquel retrato que se la muestra: «Leja¡1a. fría, mineral,
con un pie en la muerte•.
Ahora, el poeta, habitante de su verdad, es él mismo, la
espada y el ángel, batallando su escondido mundo.

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RETRATO CON .M.U5ICA DE ORGANILLO

HABlA dicho al contemplar su retrato:


Esta es la mujer de la mano desatada en el aire,
la que tiene la nariz sombreada de estrellas,
la que mira con ojos húmedos de animal;
aquella cuya sonrisa está fija en los sueños
como si el rostro se hubiera borrado
y los labios estuvieran quietos sobre una máscara.

Su mano en el retrato era lirio del viento


naufragando en el vacío, buscando el sol distante,
moviéndose en un solo tiempo, inmóvil en cada giro,
y como si ese viento trajese el olor de la tierra,
la fruta de su país, el licor de vegetal embriaguez
y hasta la sombra de la palmera con sus remansos azules.

Triste habitante de su imagen.


Lejana, fría, mineral, con un pie en la muerte.

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1

Si al menos un día se animase con su sombra de árbol


y ' comenzara a caminar con pasos mecánicos,
con un andar oxidado que llega de los desvanes
y hace que se oiga una débil musiquilla de organillo.

Ah, el organillo era el cantor del barrio,


el húmedo ruiseñor del amanecer.
Cuando la noche había muerto con su luna aterida
en la sorda entraña de las botellas;
cuando nacen auroras boreales en el vidrio de las copas;
cuando todos los cristales están empañados por los besos;
cuando herían sus senos mi costado
como frías flores de sa~ o estrellas de hielo.

Al amanecer el organillo despertaba cien pájaros


que volaban sobre tu cabeza trinando una vieja canción,
una antigua y triste canelón que hace bailar el alma de los perros
al son del hambre, atados a la luna.

El organillo era el alegre huésped de la esquina,


cuando tus brazos me salvaban det' naufragio
en ese corto viaje a orillas de tu sangre.

' 6

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Aquella melodía madrugaba en el corazón de los mendigos
y hacía que tus lágrimas bañaran la música:
entonces parecías más delgada,
como si fueras a subir al cielo de mi angustia
sobre una estrella tan rápida como un suspiro.

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5UMA DE ROSA Y TREBOL

- 1 --

LA lengua de Jos ríos


buscando tu camino,
con su carga de pájaros
y su barca de trinos,
con su árbol de nube
creciendo en el vacío.

El girasol del aire


buscando tu camino.
Una lanza de sol
su corazón ha herido.
En el centro del día
se queda suspendido.

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Flechada de la noche
-buscando tu camino-
huye la golondrina,
flor triste, negro lirio,
estrella de los montes
con puntas de zafiro.

Ay, si mi corazón:
1

de sangre largo río,


golondrina flechada,
girasol de alto círculo!
-2-
Quiero la rosa
y el verde trébol.

Nubes redondas
el cielo aroman.

Pájaro pinto
que al aire canta.
¡El corazón
con plumas y alas!

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Nubes redondas
navegan altas.

Ese suspiro
que va en el viento,
está en la rosa,
está en el trébol.

Nubes redondas
de abril y enero!

- 3-
Tu voz, la estrella y el río
están en la poesía.

Tu voz, lejana, ascendiendo


por el cielo de la música.
Tu voz, pistilo del aire,
en el aire suspendida.
Tu voz, despuntando fina
por los cristales del día,
y el día corriendo, líquido,
hacia tu voz nunca oída.

10

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La estrella que va desnuda
por aguas de azogue, quietas,
la clara, límpida estrella
que el cielo en el agua deja,
sin sombra de azul, ni huella
de nube, bruñida apenas.

El río, su movimiento,
su poderío, su acento.
Su viaje que va derecho
al mar, sueño verdadero.
El río, como el amor,
de sí mismo siempre huyendo.
El río como el amor,
entre márgenes de tiempo!

Tu voz, la estrella y el río


están en la poesía.
-4-
Ya viene la mañana
por la ancha plaza.

11

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Trae sobre su pecho
la rosa colorada.
La camisa bordada
de fina plata.
Ert la trenza morena
la perla malva.
En la voz-verde
r rumor de agua.
Un jacinto de niebla
en la garganta.

Está cortando sueños


su fría espada.
¡Abrid para que entre
puertas y ventanas!
Que este suefío sin muerte
corte su espada.

Ancha es la plaza
y un vuelo de palomas
la pone blanca.

1
12 ~-:, .$i 1

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JINETES VAN ·

JINETES van camino de la noche


-Ah, noche y venta de lejana estrella-
La palmera hacia el cielo en escalones.
Jinetes van con su canción de espuelas.

Noche cerrada: Calle. Plaza.. Río.


Sombras que van bordando las paredes.
«Adios paloma» dice la guitarra;
gavilanes de luna van y vienen.

Jinetes van, camino de la noche.


Un lucero ilumina su camino.
El pecho del caballo-dulce herida-
la flor de su reflejo le ha partido.

La plaza solitaria sin el árbol,


sin la ventana a la guitarra abierta.

13

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Ya sin su voz que el viento detenía
y sin el golpe de su cabellera.

Solo el río que ató con su dulzura


el pie de su camino a la montaña,
sintió sombra de luna y de jinete
galopando, en el fondo de su entraña .

..

14

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RELOJ DE TU CUERPO

LA vecindad de tu cuerpo-isla salina-


es como advertir el costado de una arpa;
como cuando viaja la ciega mano en el silencio
hacia los tibios contornos de las maderas.

Sombra errátil. En tí busco el golfo azul del aire


donde halla el verano la 'golondrina;
la línea de sueño-limite de nube-
donde los árboles sienten el cieio sobre sus niqos.

Sombra fugitiva. En tí persigo el camino de música


que recorren los ríos de espaldas a la tierra;
el seno de agua detenido en las hojas;
el dulce metal del alba en las ventanas.

15

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La cercanía de tí es necesaria:
en ella mide el corazón su distancia a la muerte.
Por ejemplo: en tu pelo está naciendo el día
y la noche se recoge a la sombra de tu mano.
r

La cercanía de tí es como
la presencia muda de la tierra.
Como si por tu sangre cambiara la estación
y sobre su corriente se levantaran los días
con un delgado aire de pájaros.

El tiempo sin tí habría de ser lento vacío,


viajando del corazón hacia adentro
por el túnel que va a un recuerdo deshabitado:
como si partiése os de una lágrima
y al regreso la hubieran bebido las palomas.

El tiempo sin tí está detenido por un límite:


es la luz estancada en los espejos;
l.Jn grito traído desde un remoto sueño
y apagado por olas de distancia.

15

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El tiempo sin la tierra firme de tu labio
será como el desierto silencio de una sala;
como la música de los zapatos al final de la calle;
como e! grito de un tren detenido en la sombra .
. '

1 1

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.MUJER DEL TROPICO

DE dónde vino, navegando el aire,


como ligera caña al ágil viento,
de músicas remotas coronada?

Galgo de nube el cielo rastreando


con un lunar de estrellas en el pecho,
como si fuera lirio de la noche.

Herido de tu ausencia voy gimiendo;


el corazón bañado de suspiros
rodando al propio fondo de mi llanto.

Frutal deliquio a mi sentido ajeno


tu beso aroma en la mitad del día
cuando el reloj agita lanzas pares.

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Ciervo de amor, galgo de nube, caña
de viento; siempre eres la medida
que la muerte dispara a nuestros brazos.

s:n ti, oh, desposada de la tierra,


virgen del Ande, diosa de los lagos,
delfín de sal, la pena innumerable
será la muerte de la sangre adentro.

Negra que a la alta noche vas subiendo,


del ala del zamuro bien guardada;
tu voz mueve la espuma de los mares
y despierta delfines charolados.

Tu boca es la naranja en dos partida,


tu lengua helada fruta en copa pura,
tu mano, de cristal, en la mañana
hiere el día con dulce movimiento.

19

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Tu nariz es colina al norte alzada
y al valle de tu labio descendida.
Tus manos se han juntado en amoroso
lazo como dos ríos 'en su afluencia.

Tu cuello es la palmera construída


como escala a la estrella y a la nube,
verde tallo de luz atado al día
y fino junco al aire desplegado.

20

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REGRESO .

HABRAN de nacer un día estas palabras


-despeñadas irán persiguiendo su cauce-
atadas estuvieron al árbol de mi sangre,
detenido su arranque de pájaros y hojas.
Oír la propia música sería mi destino,
como río de América buscando sus orillas
con su pasión a cuestas y su carga de nubes
gimiendo como un toro de entraña desgarrada.

Que oiga mi voz el valle verde, la ancha llanura


dilatándose como la tormenta cercana.
Quiero romper el límite que hay en mi propia angustia
en mi alegre deseo devorante,
en el sangriento pulso de cazador que anima
mi ronco corazón ebrio del universo.

21

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Yo había descubierto el ·origen del trébol,
la máquina que mueve al verde saltamonte,
la escala que recorre una gota de lluvia
y el mundo tan pequeño que ilumina la risa
donde están el suspiro, la mano, tu zapato
y hasta la rosa fétida que muere en los jarrones.

Esa era la cárcel del sueño, ardua marea,


la vida iba sonámbula derramada hacia adentro.
Minas que cava al aire, tumba de mariposas
como viaja un recuerdo, rastreando la muerte.

No. Aire he pedido para mi voz, salubre


f
estadio donde crecen los días. Esa fuga
tumultuosa, esa alegre pasión de la llanura.
Sentir el duro imperio de nuestros libres pechos
contra el viento segnro que baja de los montes.
La realidad tremenda de nuestros firmes pasos
hendiendo yerbas jóvenes. Y ese dócil arranque
de ciervo que ha bebido en los ríos del aire.

22

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Aquí está nuestra tierra-continente del canto-
comarca de aves cuya rica voz cruza el cielo,
es el país poblado de ruidosas florestas.
Van caballos azules, van ,caballos d~ aroma
sobre llanuras vagas con palmeras danzando.
Cumbres de piedra ciegan la garganta del valle
donde el hombre ha de abrir caminos con su mano.

Una serpiente silba en su flauta de plumas,


los ríos le acompañan con su rumor de abismo.
Levantémonos. Vamos de la llan1¡1ra al cielo
seguros, libres, ágiles, cómo si regresáramos
al dulce territorio después de largo exilio.

23

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AL RIO .SUNUBA

PERSEGUIDO de cerca por la nube


camino vas del sueño, fugitivo
de árboles que te cercan amorosos.

La libertad que tu camino sigue


-al cielo atado por azules lazos-
es flecha de mi estrella disparada.

Huyes de tí, de tu diamante puro


cuya morada alberga los dormidos
peces que van al fondo desterrados.

Huyes de tu semblante que refleja


la sombra de los pájaros girantes
emigrando de verdes estaciones.

24

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ti'/
Huyes de tu reflejo/ cuya lumbre
nuevos sueños los días han alzado
como plumas de tierno movimiento.

Y huyendo de tu sueño y de tus voces.


Oh, río, de mi infancia claro espejo,
eres imágen de mi poesía.

Atado a nube, a estrella, a flor a música,


curvado vas, en pos de tu camino,
con la pesada servidumbre a cuestas.

Sísifo, al pie de cielo tan lejano,


alzando al hombro el monte de su arena
para que nube y agua hallen reposo.

25

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NOCTURNO

CUANTAS estrellas, cuántas estrellas,


para contarlas desde la orilla del rauco mar.
Verdes estrellas, azules, blondas,
tripulando el silencio en la alta noche.

Música hay en el ruido de la hoja,


música lenta, como el río canta.
Paralelo a la noche viaja el río,
con peces y luceros al costado.

Tu voz, tu recta voz va a las estrellas,


-de pie los ríos ·buscan cielo y nube-
como una flor pequeña habrá de ser tu voz,
mágica como un bosque de tréboles cantando.

26

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Cuántas estrellas, cuántas estrellas
para contarlas en los remansos,
en su entraña remota, verde y fría.

Tu voz, tu voz enamorada y firme


podría expresar lo que la noche calla.
Por la garganta azul de la noche estrellada
podrfa decir esta angustia imborrable.

No es la noche como si una arteria


vertiese negra sangre que a todos nos bañase?
Ay! en su fondo helado, en su túnel de oro,
he de encontrar los sueños sin forma conocida.

Vertida hacia el recuerdo, viviendo de la muerte


como el río que va herido de su música,
es la noche, y tu voz tiene su acento.

Sólo tu voz, que llega acariciante,


y es como si la noche me apretase
contra su ancho pecho desbordado.

27

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BIOGRA.FIA. DE 5U VOZ

DIJISTE: «Yo he caído hasta tí, desde arriba»,


desde donde el geranio da su sangre a la luna,
desde donde han cantado dulces lenguas de agua .
.
Hasta mí; hasta mi pecho abierto en dos jacintos;
hasta mi pecho, cumbre de yerma certidumbre,
hasta mí; hasta este límite del hombre desolado.

Esa vendría a ser la prueba de que existes,


a mi ceñida como largo brazo de viento,
pegada al pecho mío como vela marina.
Ese vendría a ser tu mejor testimonio,
el encuentro buscado, su mágico destino,
viajando desde arriba, por escalas de música.
Oh, desterrada azul de tu país de sueño,
descendida al infierno, sin alas, ni motores
como un ángel sin peso arrastrando un suspiro
con el cabello al aire para tomar impulso.

28

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Habría podido estar largos instantes mudo
mientras tus ojos hacen la luz diaria y aceptas
que mis manos descubran la línea de tu cuello
que va marcando el fino contorno de las voces.

También habrían de estar en silencio los árboles,


y la estrella en el árbol como un pájaro quieto
y el agua donde cruza la sombra de los pájaros.
Yo iría dando tumbos, rico de tu silencio,
de tu existir callado, de tu sangre caliente
en la floresta verde de tu cuerpo sin sombra,
en el cauce de pura claridad de tu rostro,
en los ríos que son tus dos piernas fluyendo,
en los lazos de trébol que son tus manos juntas
y hasta en la encrucijada de gritos de tu hijo.

Ahora estás ahí des~endida a la tierra


verJe en mi poema, en la flore~ta donde
tu sombra es el caballo de crines de violeta.
Estás aquí, cercana, próxima por el sueño
que rodea tu rostro de lumbre de botellas.

29

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Bastaría una sonrisa, un gesto, un débil grito,
para que ya estuvieras militando en mi sangre,
y toda en mi esparcida hasta mis propios huesos.

No romperemos nunca este misterio, el mágico


destierro. Aquella casa donde estás ahora abriendo
con tu mirada, espejos muertos en los rincones
como un invierno gris que va por las paredes.
Estás ahí, entre arcones con ropas aromadas,
entre silletas viejas con espaldas de arpa
y retratos antiguos de tristts caballeros
mirando hacia el paisaje de árboles disecados.

Esa guitarra antigua que cuelga sobre el muro


con una telaraña de música en la boca
es la única alusión a tu cuerpo desnudo.
La casa es ancha, llena de tristes resonancias,
de ecos que van cayendo al fondo de jarrones
en cuya noche líquida alguna estrella luce.
Yo te miro al través de una ventana abierta
y veo en un espejo tu .busto degollado
y tu traj<?' en un giro de danza ya olvidada.

30

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He cometido un crimen. Aquí están estas manos!
Y ella en su cuarto vive sin rostro, ni cabellos
con un golpe de luz cortando su garganta,
como un ángel que fuese arrastrado a la tierra.

Cerrad esa ve:nana. Cegad aquel espejo.


Devolvédmela ya, moviéndose en el aire
con un giro de danza apenas comenzada,
con las manos de dulces racimos musicales
y que repita al fín el nombre convenido
para que el corazón la reconozca siempre.

Dijo con simple voz, fría de iuna y vidrio:


«Da río va derecho al lugar deseado».
Ahí, en esas palabras reconocí su acento
que iba cortando lágrimas vecinas al suspiro.
En el instante de esas palabras, su gemido
se despeñaba solo, directo, hacia mi sangre,
y hasta el beso de sal que había entre sus labios
estaba congelado por el aliento mío.

31

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Qué palabras seguidas de un silencio tan puro,
cómo me iba su música dirigiendo hacia ella,
buscando por los muros las puertas y ventanas.
Habría oido esas palabras antes de que existieran
y me estaban brotando agudas como lanzas
y de su propia herida vivía tan humilde.
Era verdad todo esto. Verdad cuya figura
pudo expresarse alguna vez tan inesperada
como la breve flor que sepulta un zapato.

No podría ente'nder la angustia de esa voz


sino quien pudo oir su acento tan distinto,
esas sílabas lentas, como si recordaran
el sofocado grito que puede oirse un día
tras las puertas cerradas sin aire ni bujías.

Por eso, solamente porque su voz estaba


derrando su música por mi extenso vado,
iba tras de su huella escuchando mis pasos
de calle sin esquina y adoquines iguales.

32

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#
Los días se dispersan por largas carrileras}guales .
como trenes que marchan sin destino
arrastrados por vientos, sin saber desde donde.
No podría detener su curso, su corriente,
su exactitud hambrienta de espacios y estaciones.
Ay, desastre del tiempo. Ay, ruina sin ventura
que va talando árboles en el corazón mismo,
y'_ haciéndote remota como detrás de un muro.
Estoy aquí, los brazos en alto, hacia la vida
rescatándote al lento naufragio sin medida.

33

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I•LIOT CA N.._CIONAL DE COl OM 1•
F'CNOO
lll!ftMAN Y 0A8RJ€1,.A ARCifiCII!G"'~

«PIEDRA Y CIELO»
Dirige: JORGE ROJAS
Apartado Nacional 929
Bogotá~ Colombia

SUSCRIPCIONES:

En el país .. . . 12 números $ 6.00 m. l.


En el extranjero » » $ 4.50 U. S.

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