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EL Plan
DE LA
Salvación
Carlos MADRIGAL
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Introducción
A. ¿QUÉ ES EL PLAN DE LA SALVACIÓN?
El Plan de la Salvación es el medio que Dios ha diseñado
para que el ser humano alcance el cielo.
Este Plan se ilustra con el diagrama que está en las páginas
8 y 9 de este libro. Gracias a ello es posible captar un tema tan am-
plio y la relación entre sus partes de un sólo vistazo.
El tema se desarrolla en siete capítulos:
1. La Caída en el Pecado
2. El Plan de la Salvación en el Antiguo Testamento
3. La Cruz y la Expiación
4. Arrepentimiento y Justificación
5. El Nuevo Nacimiento
6. Progreso en la Vida Espiritual
7. El Juicio Final y el de los Creyentes
También es posible usar este libro como material de estudio
en grupos. Con este propósito cada capítulo consta de dos partes:
(1) El texto para ayuda y guía del profesor; y (2) los formularios
para que tome notas el alumno (la doble página transversal al final
de cada capítulo es para poder hacer fotocopias y repartir a los par-
ticipantes).
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El Plan De La Salvación
En el diagrama algunas citas bíblicas aparecen entre parén-
tesis. Estos son los versículos clave para cada tema.
B. ¿QUÉ ES EL EVANGELIO?
‘Evangelio’ quiere decir “buena noticia”. La noticia acerca
de la salvación y felicidad eterna del hombre... En las religiones de
origen terrenal la salvación depende del esfuerzo personal. En
cambio la salvación que ofrece Cristo es un regalo incondicional
de Dios. ¡Esto es lo que hace al Evangelio diferente de toda otra fe
o ideología!
El mensaje principal de la Biblia es la salvación. Como se
especifica en la parábola de la semilla, aquel que recibe el evan-
gelio de forma adecuada, es él que persevera en los caminos del
Señor porque entiende y es consciente de aquello en lo que ha creí-
do (Mateo 13:23). ¡Es por eso que entender correctamente el Plan
de la Salvación es tan importante!
La doctrina de la salvación a su vez es la clave que nos per-
mite entender toda la Biblia. El mensaje de la salvación es como el
hilo que une todas las cuentas de un collar: nos permite relacionar
entre sí infinidad de temas e interpretarlos correctamente.
C. EL DIAGRAMA DEL PLAN DE LA SALVACIÓN
Este libro ha sido ideado en torno al diagrama del Plan de
la Salvación. Antes de iniciar los temas por separado, será prove-
choso resumir el contenido del diagrama y hacerse una idea gene-
ral del tema.
El tema principal es el de los dos caminos: el amplio y el
estrecho. El primer hombre, al caer en pecado, perdió su estado de
inocencia. Esto supuso una ‘pared’ de separación entre la santidad
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La Aventura Hasta el Cielo…
de Dios y el pecado del hombre. El camino amplio se corresponde
en una vida centrada en este mundo; y nos aboca directamente al
“lago de fuego”.
El camino estrecho nos lleva a la Salvación. Dios en la
eternidad decidió enviar a su Hijo (el Verbo divino) al mundo y así
lo anunció a través de los profetas. Conforme a esto nació Cristo
hace dos mil años, quien murió por el pecado y abrió una brecha
en la ‘pared’. Para pasar por la puerta estrecha es necesario arre-
pentirse y creer en Él. Los que lo hacen alcanzan la salvación e
inician una nueva vida espiritual. Y con las fuerzas que da el Señor
avanzando en una vida de servicio ascienden por la escalera de la
santidad… En el juicio los que prefirieron el camino ancho son
juzgados por sus obras y castigados por sus pecados; mientras que
los que avanzaron por el camino estrecho recibirán la recompensa
de su servicio en el cielo.
Con el deseo de que todos alcancen la salvación…
Estambul, 2004
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El Plan De La Salvación
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La Caída en el Pecado
¿Salvarnos, de qué? Los médicos antes de fijar el trata-
miento dan su diagnóstico. Para alcanzar la salvación, debemos
aceptar el diagnóstico divino y acatar el tratamiento. De lo contra-
rio perecemos…
Al diagnóstico se le llama “LA CAÍDA”.
Comencemos desde el principio. A la izquierda del diagra-
ma vemos una señal de explosión. Con ello se simboliza el instante
de la creación.
A. CREACIÓN Y PROPÓSITO
“En el principio creó Dios los cielos
y la tierra. Y la tierra estaba sin
orden y vacía, y las tinieblas cubrían
la superficie del abismo, y el Es-
píritu de Dios se movía sobre la su-
perficie de las aguas. Entonces dijo
Dios: Sea la luz. Y hubo luz.” (Gé-
nesis 1:1)
Dios decidió en su seno crear, lo
hizo por su palabra, dando forma al
universo por su espíritu.
Como ‘Padre’, Él es el origen de to-
do; como ‘Hijo’, es la Palabra que
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El Plan De La Salvación
da vida; y a través del ‘Espíritu’ nos quiere infundir Su santidad.
La Biblia no discute sobre la existencia de Dios; la afirma,
y nos comunica el propósito claro de la creación: “Y vio Dios todo
lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis
1:4, 10, 12, 18, 21, 25, 31). ¡Y lo bendijo todo! (Génesis 1:22; 2:3;
5:2). Pero tristemente con el pecado esta perfección se perdió.
En el diagrama se aprecian cuatro líneas transversales. Son
cuatro niveles en los que opera el Plan de la Salvación:
INOCENCIA: Ausencia tanto de pecado como de
obediencia en la creación original.
SANTIDAD: Fuerza para obrar el bien que procede
de una entrega de corazón.
PECADO: Elección del propio camino en lugar
del de Dios (el camino ancho).
JUSTICIA: El medio divino que transforma el
castigo en perdón.
CONDENACIÓN: La destrucción final, destino de los
que rechazan el perdón divino.
¡El propósito de Dios es elevarnos al nivel de la Santidad
donde hacernos partícipes de todas Sus virtudes y bondades!
B. LA CAÍDA EN EL PECADO
En Génesis 3:1-13 se relata la caída. Al primer hombre se
le dio un solo mandamiento: “…del árbol del conocimiento del
bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas,
ciertamente morirás” (Génesis 2:17). ¿Cuál era el propósito de
este mandamiento?
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La Aventura Hasta el Cielo…
1) El hombre ha sido creado para ser feliz amando a Dios.
Pero el fundamento del amor es la fidelidad. El manda-
miento proporcionaba la ocasión para ser fiel.
2) A la vez Dios advirtió a Adán y Eva de la existencia del
mal. Por lo que nos los dejó sin defensa contra las mentiras
y tretas del diablo.
El método del diablo siempre es el mismo; desmentir la Pa-
labra de Dios: (a) Le insinuó a Adán que Dios lo había prohibido
todo. Pero Él sólo había prohibido un fruto. (b) También dijo Dios:
“el día que de él comas, ciertamente morirás”. Pero el diablo por
su parte… “Ciertamente no moriréis… seréis como Dios, cono-
ciendo el bien y el mal.”
El pecado en esencia consiste en que el hombre sucumbe a
su egoísmo. Esta es la forma peor de idolatría: ¡Hacerse a uno mis-
mo su propio dios! Escogiendo nuestros ‘caminos’ hemos prefe-
rido alejarnos de Dios…
Como resultado de esta desobediencia, “fueron abiertos los
ojos” de Adán y Eva y se dieron cuenta de que estaban desnudos.
Es decir se percataron de que la desnudez podía ser usada para el
mal. Conocer el mal trajo consigo sentimientos de culpabilidad y
vergüenza. Dios conoce el mal, pero no se contamina. El hombre,
en cambio, al entrar en contacto con el mal se corrompe. Dios
habita en la santidad donde no puede tener trato con el pecado. En
consecuencia, por causa del pecado dejamos de ‘ver’ a Dios.
Tras el pecado original la voluntad humana quedó conta-
minada. A partir de entonces se hicieron necesarias dos cosas para
restaurar al hombre: (1) Condenar al culpable y (2) un acto de
obediencia libre. ¡Jesucristo asumió libremente ofrecerse en sacri-
ficio por todos los pecados! (Romanos 5:19; Filipenses 2:8).
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El Plan De La Salvación
C. EL PECADO ORIGINAL
El triángulo en la esquina superior derecha del diagrama re-
presenta a Dios y el globo de texto, su Palabra. El rayo descen-
dente simboliza el juicio de Dios santo, que no transige con el pe-
cado. Como el agua y el fuego que no se mezclan, el pecado es in-
compatible con la naturaleza de Dios. Su juicio consiste en man-
tener al hombre apartado de Sí mismo (Génesis 3:24).
¿Cual fue la advertencia divina? “…el día que comas del
árbol del conocimiento del bien y del mal, ciertamente morirás.”
Al comer de él, Adán y Eva rompieron su vínculo vital con Dios y
por ello empezaron a morir. Según la Biblia la muerte no consiste
en aniquilación sino en separación:
1) Muerte espiritual: nuestra alma se separa de Dios;
2) Muerte física: el espíritu abandona el cuerpo;
3) Muerte eterna: separación ininterrumpida de Dios.
Entre Dios y el hombre se forjó una pared de separación
que nadie puede superar. La pared entre el nivel de Inocencia y el
de Santidad del diagrama. ¡Se perdió la comunión con Dios!
Comenzaron así el dolor, la enfermedad, las desgracias, la lucha
por el pan de cada día... Y la semilla de la muerte espiritual pasó a
toda la descendencia de Adán y Eva (Romanos 5:12-14). En esto
consiste el PECADO ORIGINAL.
A partir de aquí todo niño nace con lo que llamamos una
condición “caída”. Aunque los bebés no tengan ninguna culpa, lle-
van consigo la semilla del pecado. A medida que crecen la semilla
germina y da sus frutos. Por más que intentemos darles una edu-
cación perfecta desarrollan por sí mismos una actitud egoísta...
Adán y Eva fueron condenados en el instante mismo en que
pecaron. Pero la ejecución de la pena quedó aplazada. No pudien-
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La Aventura Hasta el Cielo…
do el ser humano salvarse a sí mismo, Dios desarrolló el Plan de la
Salvación, para ayudar al hombre sin violar Su propia justicia.
Romanos 3:10 y 12 nos dice que “NO HAY JUSTO, NI
AUN UNO, …NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI
SIQUIERA UNO”. De ello se deduce que:
1) El hombre es pecador tanto por naturaleza,
2) como porque comete pecados.
Al igual que el fruto del cactus tiene tambien espinos, toda
obra que se origina en el corazón del hombre, contaminado por el
pecado, es pecaminosa. Incluso sus ‘buenas obras’ están salpicadas
por esta ‘infección’ y por ello no pueden agradar a Dios.
Las buenas obras, son como un billete, muy valioso en su
día, pero que ya no está en circulación: sólo son papel mojado...
D. EL HOMBRE PERDIDO
Juan 3:36 nos dice que “el que no obedece al Hijo no verá
la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él”. El juicio de
Dios pende desde ahora sobre todo hombre (las llamas en el ca-
mino ancho del diagrama). El infierno consiste en un estado de
separación eterna de Dios. ¡Todo aquel que vive separado de Dios
está en el umbral del infierno ya en vida! Se parece a la situación
de un náufrago. Está perdido y su única esperanza es que venga
alguien a rescatarlo. Si al echarle un salvavidas lo rechaza, ¡es él
quien firma su sentencia de muerte! Nadando (por sus propios
esfuerzos) no llega a ninguna parte... Está destinado a ahogarse.
Cada ser humano, independientemente de todo lo bueno o
malo que haga, está destituido de la gloria de Dios (Romanos
3:23). No puede salvarse por sus esfuerzos. ¡He aquí el diagnóstico
divino! ¡He aquí la necesidad de un Salvador!
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El Plan De La Salvación
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El Plan de la Salvación en
el Antiguo Testamento
Tras el pecado, tanto la naturaleza (la raíz) como las obras
(los frutos) del hombre quedaron contaminados. Y Dios, siendo
santo, no puede aceptar al hombre en su estado natural. Por ello es
necesario el Plan de la Salvación.
A. EL PACTO ETERNO
En Hebreos 13:20 se nos habla del Pacto Eterno. ¡Dios
planeó salvar al hombre ya antes de los tiempos! Y en 2ª de
Timoteo 1:9 por su parte, se nos dice que “la gracia ...nos fue
dada en Cristo Jesús desde la eternidad”.
Alguien puede decir: “El Evangelio lo escribieron los hom-
bres”. ¡Esto sólo sería posible si alguien poseyera una ‘máquina
del tiempo’ para amañar las profecías que hallamos en el Antiguo
Testamento y se cumplen en Cristo!
Igualmente en 1ª de Pedro 1:20 se nos dice que Cristo “es-
taba preparado desde antes de la fundación del mundo”; en
Apocalipsis 13:8, que Él “…fue inmolado desde el principio del
mundo”; y en Miqueas 5:2, que “sus orígenes son desde tiempos
antiguos, desde los días de la eternidad”. ¡Por eso la muerte ex-
piatoria de Cristo abarca la eternidad y fue ofrecida en beneficio de
todos los hombres, habidos y por haber!
En diagrama vemos una flecha intermitente que desciende
en arco desde el triángulo de la esquina superior izquierda a la
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El Plan De La Salvación
estrella de Navidad y la figura de Cristo. Este movimiento descen-
dente del Verbo divino pasando por Belén (Juan 1:1, 14), para ma-
nifestarse en carne (1ª Timoteo 3:
16), nos relata la voluntad de Dios
de hacerse semejante a nosotros (pe-
ro sin pecado; Hebreos 2:14; 4:15),
para salvarnos.
¡El Evangelio es la buena noticia de
la visitación de Dios, quien se ha en-
carnado para anunciar y consumar la
salvación en favor de todos los hom-
bres!
B. EL ANTIGUO TESTAMENTO:
PREGONERO DE CRISTO
De nuevo en el diagrama vemos un libro abierto a la iz-
quierda de la figura de Cristo y un flecha que lo señala. Es el An-
tiguo Testamento que anuncia la venida del Mesías; como hemos
visto en el caso de Miqueas 5:2, que con 600 años de anticipación
proclama que el Cristo nacerá en Belén.
Apenas el hombre cayó en pecado, (1) Dios anunció que un
descendiente de la mujer vencería al diablo: “Y... dijo a la ser-
piente... pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y
su simiente; él te herirá en la cabeza...” (Génesis 3: 14-15). (2)
Siglos más tarde reiteró la promesa, esta vez especificando que el
Salvador vendría de la descendencia de Abraham: “el SEÑOR lla-
mó a Abraham... y dijo: ...Y en tu simiente serán bendecidas todas
las naciones de la tierra...” (Génesis 22:18).
El Nuevo Testamento en Gálatas 4:4 dice: (1) “Pero cuan-
do vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de
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La Aventura Hasta el Cielo…
mujer...”; y en Gálatas 3:16: (2) “...las promesas fueron hechas a
Abraham y a su descendencia ...es decir, Cristo”.
La Ley fue dada al pueblo para enseñarles santidad, mos-
trarles su pecaminosidad y preparar la venida del Salvador (Gá-
latas 3:19-24). Una vez cumplido su propósito cedió su lugar a la
época de la gracia de Dios (Juan 1:17). La ley, se basa en reglas y
formalismos; la gracia en el amor y el favor de Dios. El hombre
manchado por el pecado no puede alcanzar por sus esfuerzos el
nivel de la santidad divina. ¡La gracia, sin esperar nada a cambio,
limpia al pecador y lo eleva a una vida de santidad!
Cuando entra un rayo de sol por la ventana vemos que el
aire de la habitación, aparentemente limpio, está lleno de polvo. La
ley proyecta la luz de Dios sobre el corazón pecaminoso del ser
humano. Para alcanzar la gracia, primero debemos ver cuan sucio
está nuestro corazón, qué lejos estamos de Dios y cuanto le nece-
sitamos.
Vamos a ver cuatro, de los cientos de profecías con las que
el Antiguo Testamento anuncia la venida del Mesías (Ro.1:2-3):
C. PROFECÍAS SOBRE CRISTO
Alrededor de unas 300 profecías del Antiguo Testamento
se cumplieron en la vida de Cristo. ¿Quién sino Dios puede escri-
bir la biografía de alguien, de antemano y sin error?
Isaías 9:6-7
“Porque un niño nos ha nacido,
Un hijo nos ha sido dado,
Y la soberanía reposará sobre sus hombros;
Y se llamará su nombre Admirable Consejero,
Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin...”
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El Plan De La Salvación
Isaías, que vivió unos 700 años antes de Cristo, en estos
versículos nos informa de que el Mesías será Dios encarnado:
“Dios Poderosos, Padre eterno...”; etc.
Isaías 53:3-6, 7-9, 10-12. De nuevo siglos antes de Cristo,
nos enteramos aquí del propósito y los detalles de su muerte!
a) Para nuestra salvación: “El castigo, por nuestra paz, cayó
sobre El, ...el SEÑOR hizo que cayera sobre El la iniqui-
dad de todos nosotros.”
b) Es el Codero de Dios sin mancha: “como cordero que es
llevado al matadero, ...no abrió El su boca ... ni había
engaño en ella.”
c) Será ejecutado como un criminal, pero sepultado como un
rico: “Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el
rico fue en su muerte.”
d) Resucitará tras la muerte: “Cuando El se entregue a sí
mismo como ofrenda de expiación, ...prolongará sus días,
y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará.”
e) Los que crean en el serán justificados (perdonados sus pe-
cados): “Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justifi-
cará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos”
Salmo 22:1, 6-8, 16-18. Unos 1000 años antes de Cristo
David nos describe la escena de la cruz:
a) El clamor de Cristo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?”
b) La burlas de los religiosos: “Que ...el SEÑOR ...lo libre,
que El lo rescate, puesto que en El se deleita”
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La Aventura Hasta el Cielo…
c) Que fue clavado en la cruz: “...me horadaron las manos y
los pies.”
d) Contrariamente a la práctica habitual no le quebraron los
huesos: “Puedo contar todos mis huesos”
e) Los soldados se rifaron sus ropas: “reparten mis vestidos
entre sí, y sobre mi ropa echan suertes.”
Daniel 9:24-26. Unos 500 años antes de Cristo nos da la
fecha del Mesías:
a) Nos informa del propósito de Su venida: “…para poner fin
a la transgresión, para terminar con el pecado, para
expiar la iniquidad, para traer justicia eterna, para sellar
la visión y la profecía, y para ungir al santísimo.”
b) Tras el edicto que se promulgaría en sus días para reedi-
ficar Jerusalén: “habrá siete semanas y sesenta y dos se-
manas [483 años]; y Después ...el Mesías será muerto” La
palabra hebrea para “semana” aquí significa 7 años (ver
Lv. 25:8): 450 a.C. (fecha del edicto) + 483 años = 33 d.C.
(fecha de la muerte de Cristo).
* * *
Dios dijo a través del profeta Amós que “Ciertamente el
Señor DIOS no hace nada Sin revelar Su secreto A Sus siervos los
profetas” (Amos 3:7). En conformidad con esto, ¡Dios antes de
enviar al Mesías, nos comunicó los detalles de su identidad y obra,
para que pudiéramos reconocerlo y creer en él, fuera de toda duda!
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El Plan De La Salvación
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–3–
La Cruz y la Expiación
La meta de la venida de Cristo,
anunciada en el Antiguo Testamen-
to, era su muerte en la cruz. La cruz
y la expiación constituyen el mensa-
je central de la Biblia.
Al final del camino angosto del dia-
grama está la cruz y la puerta estre-
cha. Por ella solo pueden pasar los
que se humillan. Al otro lado de la
puerta está la vida. Mientras que al
final del camino ancho está el lago de fuego... Para descubrir la
puerta, debemos entender lo que ocurrió en la cruz.
A. LA NECESIDAD DE UN SACRIFICIO
“El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la
cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la
justicia...” (1ª de Pedro 2:24)
Él se hizo pecado a fin de que nosotros fuéramos hechos
justos (2ª de Corintios 5:21). Cambió sus vestidos de justicia por
nuestros harapos pecaminosos.
“Porque también Cristo murió por los pecados una sola
vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto
en la carne pero vivificado en el espíritu.” (1ª Pedro 3:18)
Tras comer del fruto prohibido los ojos de Adán y Eva se
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El Plan De La Salvación
abrieron al pecado. Al avergonzarse en vez de arrepentirse, in-
tentaron cubrirse con hojas de parra y empezaron a acusarse mu-
tuamente. Las hojas de parra simbolizan todo esfuerzo del hombre
para evitar el castigo divino; incluida la religión (Génesis 3:7).
En Génesis 3:21 el Señor sustituye las hojas de parra por
pieles. ¡El primer sacrificio de la historia es obra de Dios! Y es
usado como símbolo de algo que cubre el pecado. Hizo falta una
víctima inocente y sin mancha que pagara por la culpa. Aquí se
instauró la necesidad de un sacrificio que continuó hasta el ‘Últi-
mo Sacrificio’.
En Génesis 22:13, esta vez el sacrificio se ofrece en lugar
de Isaac, el hijo de Abraham. El carnero lo sustituye... Este es aquí
el propósito del sacrificio: ofrecerse en sustitución por el pecador.
B. EL DÍA DE LA EXPIACIÓN
En el capítulo 16 de Levíticos encontramos “el día de la ex-
piación”. La palabra hebrea para expiación, kâphar, significa “cu-
brir”. El sumo sacerdote seleccionaba dos carneros. Imponía sus
manos sobre uno, confesando sus pecados y los del pueblo (sim-
bolizando que se los transfería) y lo soltaba en el desierto. De este
modo Dios expresaba la erradicación del pecado de nuestras vidas.
El otro carnero se ofrecía en sacrificio en el atrio del tem-
plo y su sangre se vertía en el expiatorio (una especie de bandeja
sobre el arca del pacto, en el Lugar Santísimo), como indicativo
del camino de regreso a Dios. Allí sólo podía entrar el sumo
sacerdote una vez al año: el Día de la Expiación (el Yom Kippur).
Cualquier otro que lo intentara era fulminado al instante.
Sobre el arca ubicada en el Lugar Santísimo se hallaban
dos ángeles tallados, llamados querubines, figura de los guardianes
de la santidad de Dios. Y en el interior del arca estaban las tablas
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La Aventura Hasta el Cielo…
de los diez mandamientos. Los querubines estaban dispuestos mi-
rando al interior del arca. ¡Como si examinaran los diez manda-
mientos y nos hallaran culpables! La ley dice “no codiciarás”, no-
sotros en cambio nunca nos saciamos. Dice “no mentirás”, y ¿hay
alguien que no mienta?
“No des falso testimonio” Macho cabrío
liberado
Azazel:
carnero de la
Querubines
¿y que son los chismes Reconciliación
sino eso? ¡Todos somos Carnero de la
Expiación
culpables ante los diez Los diez
mandamientos! Mandam.
Macho cabrío
La sangre se ver- sacrificado ka?p har: “ cubrir” El arca
tía sobre el expiatorio, de
forma que los querubines en vez de ver los diez mandamientos vie-
ran la paga por el pecado. ¡De esta forma el pueblo era indultado!
La sangre había “cubierto” los mandamientos expiando el pecado.
Con la expresión “propiciación por su sangre” de Roma-
nos 3:24-25, se recoge esta misma idea. ¡Jesucristo se ofreció por
nuestros pecados! Si creemos en el valor expiatorio de su sangre,
nuestros deuda queda zanjada y Dios, en vez de mirar a nuestro
corazón contaminado, acepta la sangre que lo cubre.
Como en el caso del primer sacrificio, es Dios quien ofrece
y acepta el sacrificio. Los que andan por el ‘camino ancho’ per-
manecen bajo el juicio de Dios (las llamas bajo el camino en el
diagrama). Pero el sacrificio satisface el juicio divino de forma que
él que cree es “justificado gratuitamente por su gracia por medio
de la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).
C. EL SACRIFICIO DEFINITIVO
La salvación empieza y acaba en Jesús. No podemos hacer
nada para salvarnos. Si pudiéramos, no habría hecho falta que mu-
riera (Gálatas 2:21). En Hebreos 7:26-27 Jesús es a la vez sacer-
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dote y víctima sacrificial: “no necesita, como aquellos sumos sa-
cerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios
pecados y después por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez
para siempre, cuando se ofreció a sí mismo”.
Según Hebreos 10:12, 14, 17-18, la muerte de Cristo es vá-
lida para todos los que vivieron antes y después de él:
“Pero El, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pe-
cados para siempre, SE SENTÓ A LA DIESTRA DE DIOS (...)
Porque por una ofrenda El ha hecho perfectos para siem-
pre a los que son santificados. (...) Y NUNCA MÁS ME ACOR-
DARÉ DE SUS PECADOS E INIQUIDADES. Ahora bien, donde
hay perdón de éstos, ya no hay ofrenda por el pecado.”
Una vez presentado su sacrificio se sentó a
la diestra de Dios. El Lugar Santísimo del templo
tenía forma cúbica; En Apocalipsis la Jerusalén
celestial (el cielo) también es cúbica. Jesús entró
en el santuario celestial donde continúa su sacer-
docio. En el dibujo se aprecia un figura arrodi-
llada; es Jesucristo, que con su intercesión a modo
de ancla sostiene la ‘escalera de la gracia’.
(He.6:19-20). Es lo que posibilita la continuidad
de la salvación a pesar de nuestras caídas: “Por lo
cual puede también salvar eternamente á los que
por él se allegan á Dios, viviendo siempre para
interceder por ellos” (He.7:25).
En Juan 3:14-15 se nos dice que Cristo tenía que ser cruci-
ficado al igual que Moisés levanto la serpiente en el desierto (Nú-
meros 21: 5-9). ¿A qué se refería?
Los israelitas que fueron liberados de Egipto, se rebelaban
de continuo y Dios les envió víboras. Como ocurre con el pecado,
el veneno inyectado lo contaminaba todo. Clamaron a Moisés por
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La Aventura Hasta el Cielo…
misericordia y éste intercedió por ellos. Dios le dijo que hiciera
una serpiente de bronce y la enroscara en lo alto de una vara. Si
alguno sufría una picadura, bastaba con mirar a la serpiente de
bronce para salvarse. Los que no lo hacían perecían. Esta escena es
un símbolo de la cruz. ¡El que ‘mira’ en fe a la cruz se salva!
Porque el “que no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2ª de
Corintios 5:21).
El padecimiento mayor de Jesús no se lo causaron los cla-
vos, las burlas o el abandono de sus discípulos. Sino los pecados
de toda la humanidad, ¡como el ardor de un veneno que abrasaba
su santa naturaleza!
Por eso estando en la cruz clamó: “Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). En el momento
que cargó con el pecado, el Padre lo desamparó... Todo el peso de
la ira eterna que nosotros merecíamos cayó sobre él. Lo que él
padeció en la cruz fue equivalente a una condenación eterna. Por el
hecho de que la víctima era el Hijo de Dios eterno. ¡Por ello, sin
esperar nada a cambio, ofrece una salvación completa aquí y ahora
a todos los que se le acercan!
Quién acepta esta buena nueva, renuncia a una vida sin
Dios. Es perdonado y liberado del poder del pecado... ¡Y recibir
por el amor eterno de Dios una salvación sin fin, nos impulsa a una
vida de agradecimiento, obediencia y servicio sin fin!
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Arrepentimiento y Justificación
En este capítulo analizaremos los requisitos para atravesar
la puerta estrecha que hallamos bajo la cruz en el diagrama.
Todo hombre es culpable ante la jus-
ticia divina. La justicia exige el casti-
go de toda falta. La misericordia en
cambio ofrece perdón al culpable. Si
Dios no castiga al pecador es injusto.
Y no puede ejercer misericordia sin
perdonar al que se arrepiente. ¿Hay
alguna solución? ¡Si! ¡Perdonar al
que se arrepiente castigándolo! ¿Es
eso posible?
Hace falta alguien que sustituya al
culpable. ¡El sustituto al cumplir con
la condena, el pecador que se arre-
piente puede ser perdonado! A esto
se la llama ‘la justificación’ en el Nuevo Testamento.
Si Dios perdonase sin expiar el pecado, o si castigase una
vez alguien se acoge a la cruz, sería igualmente injusto. ¡Porque en
la cruz el pecador es perdonado con el castigo que merece!
A. EL ARREPENTIMIENTO
¿En qué consiste arrepentirse? ¿Es tener remordimientos;
pedir perdón; prometer no fallar más? En el Nuevo Testamento,
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El Plan De La Salvación
además de todo esto, sobre todo significa ‘cambiar de mentalidad’,
en el sentido de darle un rumbo nuevo a nuestra vida. Rechazar
una vida sin Dios y entregarse para vivir con Su perdón y amor.
Mateo 7:13-14 nos invita a pasar por “la puerta estrecha”,
renunciando a dirigir nuestra vida y entregándonos a Dios. Pero es
imprescindible abandonar todo pecado. ¡Y Dios ayuda al contrito!
Convertirse a Cristo no es cambiar de religión. Según He-
chos 3:19, aquellos que creyeron primeramente en Jesús no eran
llamados a un nuevo sistema de creencias, o a nuevas reglas de
culto o a una nueva denominación religiosa. ¡Sino a convertirse de
sus pecados a Dios!
La conversión consiste en darle la espalda al pecado y enta-
blar una nueva amistad con Cristo; y poder experimentar el poder
de una vida santa con su apoyo. Cristo estuvo dispuesto a todo por
sus amigos... Y ahora nos toca a nosotros hacer lo mismo por él. El
arrepentimiento es este giro de 180 grados en nuestra vida, para
centrarnos totalmente en Jesús.
Si caes en un barrizal e intentas limpiarte tú mismo, te po-
nes perdido… Sólo alguien con las manos limpias te puede ayudar.
Para volver a Dios, todos los esfuerzos humanos, incluida la reli-
gión, son inútiles. El camino estrecho, al igual que la puerta estre-
cha, son contrarios a nuestra naturaleza. Pero nadie nos pide que lo
intentemos solos. Volverse a Dios por el Evangelio, nos da la posi-
bilidad de caminar con Él. Entregarse a Dios significa experimen-
tar Su presencia y poder en nuestras vidas.
B. LA JUSTIFICACIÓN
¡Todo él que pasa por la puerta es justificado!
Según Romanos 3:19-20, ni siquiera cumplir con la ley da-
da por Dios nos puede salvar. El código penal, ¿para qué está?
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La Aventura Hasta el Cielo…
Para definir lo que es delito y establecer el castigo pertinente. Y así
disuadir de cometerlo... Pero nunca para premiar a nadie. Te mul-
tan si te saltas un semáforo en rojo, pero no te premian cuando
pasas en verde. Santiago 2:10 nos dice que: “cualquiera que guar-
da toda la ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de
todos.” ¡Un solo pecado basta para merecer el infierno!
La buena noticia es que según Romanos 3:24-25 Dios ha
provisto un camino de salvación “gratuito”. Si Jesús no hubiera
pagado por nuestros pecados en la cruz, no tendríamos más reme-
dio que ir al ‘fuego eterno’. ¡No podemos hacer méritos para el
cielo! Por el contrario confiar en la sangre de Cristo es suficiente.
Cuando nos confiamos a él, le damos poderes como nuestro repre-
sentante legal ante el juicio final. ¿Quiere decir esto que podemos
seguir pecando? ¡No! Porque la fe opera juntamente con el
arrepentimiento (Santiago 2:20, 22, 26).
Dios no ‘puede’ salvar a nadie que no se acoja a la salva-
ción en Cristo; ni ‘puede’ enviar al infierno a nadie que lo reciba
como su sustituto. En Romanos 4:1-8 nos dice que en tiempos de
Abraham, cuando todavía no existía la ley de Dios, las buenas
intenciones tampoco servían para llegar al cielo. Si la salvación se
otorgase por las buenas obras, no sería un regalo de la gracia, sino
un premio. Lo único que podemos merecer por nuestras obras,
buenas intenciones y actos religiosos es la condenación.
Según Romanos 5:18-19, toda la raza humana está conta-
minada por el pecado. Es algo hereditario. No somos responsables
del primer pecado, pero si herederos de sus consecuencias. Pero
ahora, podemos salvarnos gracias a la victoria del último Adán;
Jesús (1ª de Corintios 15:45). Todo aquel que por el arrepenti-
miento entra a formar parte del ‘linaje’ de Jesús, participa de su
expiación. Es algo ‘hereditario’. El único mérito (un solo “acto de
justicia”) válido a los ojos de Dios, es la muerte de Jesús. Al igual
que el pecado de Adán nos contaminó, el ‘mérito’ de Jesús nos
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El Plan De La Salvación
limpia. Y para ello sólo hay que nacer de Su Espíritu. Por tanto la
salvación opera en dos niveles:
Aspecto judicial de la salvación Por la FE Participantes de DECLARADOS
un solo mérito JUSTOS
Por UN acto
de justicia
Aspecto vital de la salvación Por el NUEVO Participantes del CONSTITUIDOS
NACIMIENTO Espíritu de vida JUSTOS
Gracias a la cruz, las culpas del creyente son borradas ante
la justicia divina, por un lado (dimensión legal); y con miras a
hacerle partícipe de la santidad divina, se le concede un nuevo es-
píritu, por el otro (dimensión vital). El efecto de la justificación es
el perdón; y el efecto de la nueva vida es una inyección de rectitud
divina. Para ser justificado hace falta creer; para nacer de nuevo,
recibir a Cristo. Cristo sólo irrumpe en el corazón, que permite ser
purificado por su sangre. Por la justificación Jesús paga la ‘fianza’;
por el nuevo nacimiento implanta la ‘semilla’ de vida.
¡Es así como nos salvamos por un único “acto de justicia”!
(Romanos 5:18). ¡Y es así como somos “constituidos justos”!
(Romanos 5:19). ¿Cuales son las consecuencias?
En el estado de inocencia era posible obedecer sin pecar.
Para el pecador es imposible alcanzar la justicia de Dios.
Tras la justificación es imposible volver a ser condenado.
Para los santificados es posible vivir en la rectitud divina.
La cruz ha cumplido con el propósito del árbol de vida en
el Edén. Cuando Adán pecó, fue apartado del árbol de la vida.
Cuando ahora invitamos a Jesús a nuestras vidas, comemos de su
fruto. ¡Y su justicia nos alimenta! De una vida de servidumbre al
pecado, pasamos a una vida de servicio a la justicia divina…
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La Aventura Hasta el Cielo…
Nadie sufre condena dos veces por un mismo delito ¡Cristo
sufrió la pena por todos nuestros ‘delitos’! ¡Y sobre aquel cuyo
sustituto es Cristo ya no pende la pena del infierno! “no hay ya
condenación para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).
¡Y aquel que recibe y sigue al Espíritu de Cristo ya no transige con
el pecado! “Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la
carne” (Gálatas 5:16).
Al pasar por la puerta somos rociados con su sangre, sella-
dos con y sumergidos en... su Espíritu.
La sangre rociada. La copa sobre la cruz, en el diagrama.
Los objetos del templo en el Antiguo Testamento eran santificados
por la aspersión de la sangre de un sacrificio. Esta es la figura en 1ª
de Pedro 1:2; “elegidos según el previo conocimiento de Dios
Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a
Jesucristo y ser rociados con su sangre”.
El sello. El rollo sellado que aparece sobre la copa. Al “es-
cuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación,
y creer en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a
la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de
su gloria” (Efesios 1:13-14). Por este sello sabemos que la heren-
cia celestial está a salvo…
Beber del Espíritu. El Espíritu es la paloma del diagrama.
“Por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuer-
po, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a
beber del mismo Espíritu” (1ª de Corintios 12:13). Es por beber de
su Espíritu que podemos dar “frutos de justicia”. Y todos aquellos
por los que fluye el mismo Espíritu son ‘hermanos de sangre’ y de
Cristo. ¡Y por esta unión son ya inseparables!
¿Cómo no vamos a vivir para Él?
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El Plan De La Salvación
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–5–
El Nuevo Nacimiento
En el diagrama vemos un bebe que trepa por los escalones,
detrás de la puerta estrecha. Es un símbolo de la nueva vida que se
inicia en cuanto el que cree traspasa el umbral...
A. ¿QUÉ QUIERE DECIR NACER DE NUEVO?
“El nos salvó, no por obras de
justicia que nosotros hubié-
ramos hecho, sino conforme a
su misericordia, por medio del
lavamiento del renacimiento y
la renovación por el Espíritu
Santo.” (Tito 3:6)
Como el bebé está sujeto a su
madre por el cordón umbilical, así es-
taba unido el primer hombre a Dios de
forma espiritual. El pecado rompió es-
ta comunión. Desde entonces todo el que viene al mundo carece de
la vida eterna. Está muerto espiritualmente. Para reestablecer este
vínculo, todo esfuerzo humano, incluida la religión, no solo es
innecesario sino inútil. La única solución es que el Espíritu Santo
sea derramado en nuestros corazones en base a la expiación en la
cruz. Quién además nos conecta de regreso a la vida eterna. En
esto consiste el nuevo nacimiento.
“Respondió Jesús [a Nicodemo] y le dijo: En verdad, en
verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el
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El Plan De La Salvación
reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre
nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda
vez en el vientre de su madre y nacer? Jesús respondió: En
verdad, en verdad te digo que el que no nace del agua y del
Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es
nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del
Espíritu, espíritu es. No te asombres de que te haya dicho:
Os es necesario nacer de nuevo.” (Juan 3:3-7)
Jesús le dice a un líder religioso sincero, que para poder ver
o entrar en el reino de Dios hace falta nacer de nuevo. Lo que bus-
ca Dios para aceptarnos al cielo, no son los esfuerzos del viejo co-
razón manchado por el pecado, sino un nuevo corazón. Un corazón
que pone el cuentakilómetros a cero. Lo que llama “nuevo naci-
miento” o una “nueva creación”.
B. LA NECESIDAD DEL NUEVO NACIMIENTO
El corazón que heredamos cuando nacemos viene de Adán.
Tiene una enfermedad hereditaria: el pecado. El nuevo nacimiento
es como el marcapasos que se le implanta a un enfermo cardíaco.
Cuando alguien se arrepiente y cree, el Espíritu Santo se acopla a
su corazón y le bombea vida eterna.
Sin el Espíritu Santo, las buenas obras del hombre equiva-
len a intentar donar sangre con una enfermedad contagiosa. Un
Dios santo jamás las puede aceptar. En cambio el corazón que ex-
perimenta el nuevo nacimiento, puede ahora agradar a Dios. No
está exento de errores, puesto que la vieja naturaleza, sus viejas
inclinaciones siguen allí. Pero el Espíritu Santo en él, le da la
vitalidad necesaria para producir frutos de santidad…
Los frutos no los que causan la nueva vida, sino su conse-
cuencia. La vida no se otorga en recompensa por los frutos. ¿Quién
sostiene a quién: los frutos a la raíz, o viceversa? Está claro: Si no
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La Aventura Hasta el Cielo…
hay raíz, no hay frutos. Sin la raíz de la nueva vida es imposible
llevar una vida como Dios quiere. Lo que Dios exige es una nueva
raíz. ¡Y si está ahí, producirá los frutos nuevos con toda seguridad!
“Lo que es nacido de la carne, carne es.” Por nacimiento
estamos ligados a la herencia adámica, contaminada por el pecado.
En cambio “Lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” Es decir,
el que por el arrepentimiento recibe el Espíritu, nace de nuevo,
recibe un nuevo corazón. Todo lo que pertenece a la vieja natura-
leza está condenado a desaparecer. Sin embargo, la nueva vida es
eterna. El corazón viejo es herencia del primer Adán; el nuevo,
obsequio del postrer Adán (Cristo): “Y tal como hemos traído la
imagen del terrenal [Adán], traeremos también la imagen del
celestial [Cristo]” (1ª de Corintios 15:49).
“Y si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto
a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo a
causa de la justicia. Pero si el Espíritu de aquel que
resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el
que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también
dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su
Espíritu que habita en vosotros.” (Romanos 8:10-11)
C. NACER DEL “AGUA”
Jesús dijo: “el que no nace DEL AGUA y DEL ESPÍRITU no
puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). ¿Qué quiere decir
“nacer del agua”? Existen tres interpretaciones:
1) El nuevo nacimiento ocurre en el bautismo: “Arrepentíos y
sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesé-
cristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don
del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).
2) El agua es símbolo de la Palabra de Dios: “Cristo amó a la
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El Plan De La Salvación
iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla,
habiéndola purificado por EL LAVAMIENTO DEL AGUA CON LA
PALABRA” (Efesios 5:25-26).
3) El agua simboliza el nuevo nacimiento en sí: “…nos sal-
vó... por medio DEL LAVAMIENTO DEL RENACIMIENTO y la
renovación por el Espíritu Santo” (Tito 3:5).
“El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no
crea será condenado” (Marcos 16:16). Aunque el bautismo es un
precepto para el que se convierte, lo que impide la salvación no es
la ausencia del bautismo, sino el no creer. En los Hechos de los
Apóstoles vemos ejemplos tanto de quienes recibieron el Espíritu
con el bautismo (Hch.2:38,41), como de quienes lo recibieron
antes (Hch.10:46-48) o después del bautismo (Hch.8:12,15-16).
“Habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible,
sino de una incorruptible, es decir, MEDIANTE LA PALABRA
DE DIOS QUE VIVE Y PERMANECE.” (1ª de Pedro 1:23)
“El, de su voluntad nos ha ENGENDRADO POR LA PALABRA de
verdad...” (Santiago 1:18)
Cuando analizamos todos los pasajes en su conjunto, ve-
mos que el nuevo nacimiento no depende del bautismo, sino de re-
cibir la nueva vida por la fe y el arrepentimiento. Por ello la men-
ción que hace Jesús del “agua”, se refiere a la Palabra y el Espíritu,
las simientes fecundadoras en el nuevo nacimiento.
D. CONSECUENCIAS DEL NUEVO NACIMIENTO
Los buenas obras no propician ni el cielo ni el nuevo naci-
miento. Pero el nuevo nacimiento produce el fruto de las buenas
obras: “no por obras”, pero “para hacer buenas obras” (Efesios
2:9-10). Así mismo las evidencias del nuevo nacimiento son:
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La Aventura Hasta el Cielo…
FUERZAS para una vida santa: “nos ha dado Dios espíritu
de... poder, de amor y de dominio propio” (2Ti. 1:7 con
Jn.1:12-13);
ALABANZAS al Padre celestial: “habéis recibido un espíritu
de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Pa-
dre!” (Ro.8:15 con Ga.4:6);
El AMOR de Dios rige el corazón: “el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu
Santo que nos fue dado” (Ro.5:5 con 1Jn.4:7,19);
COMPRENSIÓN al leer las Escrituras: “hemos recibido... el
Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que
Dios nos ha dado gratuitamente” (1Co.2:12; 1Jn.2:27);
RECHAZO al pecado: “Entonces os acordaréis de vuestros
malos caminos y de vuestras obras... y os aborreceréis a
vosotros mismos” (Ez. 36:26-27, 31 con Jn.16:8-9);
Todas estas transformaciones ocurren con el nuevo naci-
miento. Son el testimonio del Espíritu Santo en la vida del creyen-
te: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que
somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). La ausencia total de tales
cambios es indicativo de que no ha habido un nuevo nacimiento:
“Poneos a prueba para ver si estáis en la fe... ¿O no os
reconocéis... que Jesucristo está en vosotros, a menos de
que en verdad no paséis la prueba?” (2ª Corintios 13:5);
“El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo
de Dios, no tiene la vida.” (1ª de Juan 5:12)
Si en los que creen continúan hábitos pecaminosos; desdén
para orar o leer las Escrituras; rencores, falta de perdón; etc., es
indicativo de que Cristo no ha tomado posesión de ese corazón.
¡La solución: arrepentimiento y entrega genuinos! “Al que viene a
mí, de ningún modo lo echaré fuera” (Cristo; Juan 6:37).
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El Plan De La Salvación
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–6–
Progreso en la Vida Espiritual
La escalera al otro lado del muro repre-
senta el progreso en la vida de fe. La po-
demos llamar “escalera de la gracia”. Las
escaleras generalmente se apoyan en tie-
rra y en un punto en lo alto. Pero ésta,
está suspendida en el aire. ¡La gracia no
opera conforme a leyes humanas!
Tras creer, entramos en una nueva posi-
ción llamada la GRACIA: la “gracia en
la cual estamos” (Romanos 5:2). Es una
nueva plataforma. La gracia, por el per-
dón de los pecados, es como una escalera
que nos traslada del nivel de inocencia al de la santidad. ¡Es la
gracia la que nos sustenta y hasta transporta!
“Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos
siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y
como resultado la vida eterna.” (Romanos 6:22)
A. ¿QUÉ ES LA GRACIA?
Misericordia, es la no aplicación del castigo merecido;
Gracia, es la obtención de un favor inmerecido.
Son como el cara y cruz de una moneda; se complementan.
Nos salvamos por misericordia divina (no recibimos el castigo me-
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El Plan De La Salvación
recido). Y avanzamos por su gracia (recibimos fuerzas que no me-
recemos).
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia
para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado
mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de
Dios en mí.” (1ª de Corintios 15:10)
La gracia, en este caso, es la fuerza otorgada por Dios para
avanzar en la senda de Cristo y del servicio. Pablo trabajó más que
todos… Pero en realidad no fue él, sino la gracia de Dios en él.
Incluso el culturista más fuerte no puede levantarse a sí mismo al
aire tirando de la solapa. Sólo lo puede hacer otro por él. Tampoco
el creyente puede avanzar por sus propias fuerzas.
“Y se le apareció el ángel del SEÑOR en una llama de
fuego, en medio de una zarza; y Moisés miró, y he aquí, la
zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces
dijo Moisés: Me acercaré ahora para ver esta maravilla:
por qué la zarza no se quema.” (Éxodo 3:2-3)
La zarza ardía pero no se consumía. ¿Cómo es posible?
Porque su combustión no venía de las ramas, sino del SEÑOR
aparecido en la zarza (es decir Jesús). Respecto al creyente dice en
Gálatas 2:20: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el
que vive, sino que Cristo vive en mí”. Si miramos atentamente al
diagrama, en la parte posterior de la cruz vemos una segunda
figura crucificada. Cuando estamos
ante la cruz vemos a Cristo crucifica-
do; tras pasar la puerta, nos vemos a Vida
de fe
nosotros... llenarse Esforzarse
con la en la gracia
¿Cómo vive Cristo en noso- gracia
tros? Pensemos en una lámpara de pe-
tróleo. La llama envuelve la mecha Plenitud
pero sin quemarla. Porque se alimenta del
Espíritu
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La Aventura Hasta el Cielo…
del petróleo que chupa. Si se acaba el petróleo la mecha se que-
ma... El petróleo de la lámpara es como el Espíritu Santo, llenando
el corazón del creyente. La mecha representa la voluntad humana.
La llama es la vida de Cristo brillando en el creyente... Éste pro-
gresa en la vida cristiana no con sus esfuerzos, sino con una
determinación que se alimenta del ejemplo de Cristo y la fuerza
del Espíritu en él. Para ello hay que llenarse una y otra vez del
Espíritu Santo.
“Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución,
sino sed llenos del Espíritu.” (Efesios 5:18)
Según Efesios 5:19-21, para llenarse continuamente del
Espíritu Santo, hay 4 canales fundamentales. Parafraseándolos: (1)
La adoración conjunta; (2) La meditación regular en las Escrituras;
(3) Las acciones de gracias continuas y (4) una vida de servicio
entre los hermanos/as de la fe.
Entonces la escalera de la gracia, funciona como una esca-
lera mecánica que nos transporta a la santidad. ¡Y nuestros es-
fuerzos en vez de agotarnos, se renuevan por la victoria de la gra-
cia en nosotros! “Hijo mío, fortalécete en la gracia que hay en
Cristo Jesús” (2ª de Timoteo 2:1).
B. EL PROBLEMA DEL PECADO EN EL CREYENTE
¿Qué ocurre si el creyente se aleja de la gracia o peca?
¿Cae en la ira de Dios? ¿Cristo debe morir otra vez por él? ¿Puede
alcanzar un estado sin pecado?
A partir de la conversión el creyente experimenta dos incli-
naciones en él: las del antiguo ‘yo’ – la carne- y las del Espíritu
Santo. “...El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del
Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de
manera que no podéis hacer lo que deseáis” (Gálatas 5:17).
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El Plan De La Salvación
Todo creyente libra una batalla contra los deseos de la car-
ne, la satisfacción del pecado y las tentaciones del diablo, que
continúa de por vida. La victoria reside, no en ser perfecto, sino en
no abandonar y asirse a la gracia. “olvidando lo que queda atrás y
extendiéndose a lo que está delante” (Filipenses 3:13). Por una
vida de contrición –la confesión de nuestras debilidades y faltas-
Dios le libra, no sólo de la culpa, sino del poder del pecado;
experimentando una y otra vez el poder vivificador del Espíritu.
“Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para
perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda mal-
dad.” (1ª de Juan 1:9)
No solo son pecado los pensamientos impuros (Mt.5:28) o
incumplir los mandamientos (1Jn.3:4); sino también el orgullo (Pr.
21:4), palabras hirientes (Pr.24:9), obrar contra conciencia (Ro.
14:23), la negligencia (Stg.4:17), falta de amor (1Jn.3:14; 4:8, 20),
toda injusticia (1Jn. 5:17), etc. El pecado nos separa de Dios.
Cuando el creyente no se arrepiente la ‘escalera mecánica’ se para,
incluso retrocede. Y la carrera cristiana puede convertirse en una
carga aplastante. Puede llegar a un punto en que se enfríe en la fe,
deje de sentir el gozo del Señor, e incluso que abandone...
C. LA INTERCESIÓN DE CRISTO
Las promesas de Dios son como un anclaje, que desde el
cielo sostienen la ‘escalera de la gracia’ (Hebreos 6:17-18). Y la
cadena, es la intercesión del Cristo (ver el diagrama).
“...El también es poderoso para salvar para siempre a los
que por medio de El se acercan a Dios, puesto que vive
perpetuamente para interceder por ellos.” (Hebreos 7:25)
Con cada pecado merecemos el infierno; y cuando no peca-
mos, ¡también! El no nos salvó por nuestros méritos; ni antes, ni
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La Aventura Hasta el Cielo…
después. Es por eso que en la cruz, El zanjó nuestra deuda. Pero
cada vez que pecamos le damos la razón “al que nos acusa delante
de nuestro Dios día y noche”; al diablo (Ap.12:10) ¿Entonces...?
“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que
justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que
murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la
diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.”
(Romanos 8:33-34)
Imaginémonos la siguiente escena: En un juicio el acusado
(el creyente) se confiesa culpable, el acusador (el diablo) tiene
todas las pruebas, el juez (el Padre) es inflexiblemente justo, y el
defensor (Jesús) carga con la totalidad de la pena… ¿Cual sería el
resultado? ¡El acusado es absuelto! Este es el énfasis de Romanos
8:31-34. No dice que seamos inocentes o que las acusaciones sean
falsas. Dice que Jesucristo con su muerte ha pagado ya por ese
pecado y que dios justifica al demandado. ¡Aleluya!
Esta es la vida que mana de la cruz, y este es el gozo que
recuperamos cada vez que nos arrepentimos. Y “la alegría del
SEÑOR es nuestra fortaleza” (Nehemías 8:10).
* * *
La salvación es sólo el comienzo. Es necesario progresar
en la nueva vida. Y para permanecer con la ‘escalera de la gracia’
en movimiento; ¿qué hace falta?
1) Ante todo pasar por la puerta;
2) Alimentar el espíritu (con la oración diaria, las Escrituras,
la entrega, etc.);
3) Arrepentirse cada vez que haga falta; y
4) Proponernos un estilo de vida y servicio como el de Jesús.
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El Plan De La Salvación
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–7–
El Juicio Final y
el Juicio de los Creyentes
Por fin hemos llegado a la meta. El hombre ha sido creado
para compartir una felicidad eterna con Dios. Porqu El “ha puesto
eternidad en sus corazones” (Eclesiastés 3:11).
A la derecha del diagra-
ma vemos en vertical, la línea de
separación con el más allá. Arri-
ba el ‘oasis celestial’, a su dere-
cha la Jerusalén celestial (el cie-
lo), enfrente el Tribunal de Cris-
to; en la faja central el Gran Tro-
no Blanco; abajo un cementerio;
y en la base el infierno.
¿Qué le ocurre a uno cuando muere?
A. LOS MUERTOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
En Lucas 16:19-31, en el relato de “el
Rico y Lázaro”, se nos presenta el “ha-
des”; donde iban los muertos antes de
la cruz. Allí se habla de dos partes:
una donde los que desecharon la fe
esperan atormentados el juicio; la otra,
donde los creyentes esperan al Mesías
junto a Abraham. Al hades lo podemos llamar ‘la sala de espera’.
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El Plan De La Salvación
Hebreos 9:27 nos dice que “está decretado que los hom-
bres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio”. Quiere de-
cir que nadie puede volver del otro mundo, ni nadie puede cambiar
su situación allí una vez muerto: “hay un gran abismo puesto entre
nosotros y vosotros, ...los que quieran pasar de aquí a vosotros no
puedan, y tampoco ...de allá a nosotros” (Lucas 16:26).
¡En la Biblia no existe el purgatorio; ni la posibilidad de
alcanzar el cielo después de sufrir un tiempo en el infierno! Nues-
tro lugar en la eternidad se define estando en este mundo.
Antes de que Cristo pagara por nuestros pecados nadie po-
día ir directamente al cielo. Todo estaba a la espera de su consu-
mación: Dios, “habiendo pasado por alto los tiempos de ignoran-
cia” (Hechos 17:30), “en su tolerancia, Dios pasó por alto los pe-
cados cometidos anteriormente” (Romanos 3:25). Porque...
“El ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en
justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado,
habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resu-
citarle de entre los muertos.” (Hechos 17:30-31)
¿Qué cambió con la expiación? Cristo “fue y
predicó a los espíritus ...quienes ...fueron de-
sobedientes ...en los días de Noé”; “con este
fin fue predicado el evangelio aun a los
muertos” (1ª Pedro 3:18-20; 4:6).
Efesios 4:8-10 dice de Cristo: “CUANDO AS-
CENDIÓ A LO ALTO, LLEVÓ CAUTIVA UNA HUES-
TE... Significa... que El también descendió”
al hades. En el diagrama la flecha que des-
ciende de la cruz al hades y de ahí se eleva al cielo, representa este
movimiento de Cristo. Así los que esperaban en el hades con
Abraham han sido llevados al cielo. Desde entonces al hades sólo
van los que rechazan la fe. Para esperar allí el juicio final.
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La Aventura Hasta el Cielo…
B. LOS MUERTOS EN EL NUEVO TESTAMENTO
El anhelo del creyenyte es
“partir y estar con Cristo”
(Filipenses 1:23). ¡El que
muere en la fe se va con
Cristo! Por ello al final de la
‘escalera de la gracia’ vemos
flechas que van directamente
al ‘cielo’: “…mientras habi-
tamos en el cuerpo, estamos
ausentes del Señor... preferi-
mos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor”
(2ª Corintios 5:6, 8). Esta es la “esperanza de gloria” (Ro.5:2).
Pero aun no se trata de la resurrección. Antes ha de venir el juicio:
“...y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de
vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de jui-
cio.” (Juan 5:29)
En el versículo, sólo los que hayan practicado el mal serán
juzgados. Los que hayan hecho el bien van directos a la vida eter-
na. “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de
Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que
creáis en el que El ha enviado” (Jn.6:28-29). Y en su oración:
“...esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios ver-
dadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn.17:3).
C. TRES TRIBUNALES EN LA JUSTICIA DIVINA
“Ciertamente el SEÑOR no dejará impune al culpable”
(Nahum 1:3) y “La paga del pecado es muerte” (Ro.6:23a). Pero
“la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”
(:23b). El culpable no puede quedar impune; pero la vida eterna es
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El Plan De La Salvación
un regalo. ¡Porque Dios juzgó a Cristo por nosotros!
El que cree ha sido castigado en Cristo: “condenó al
pecado en la carne [de Cristo]” (Romanos 8:3); y
justificado por su resurrección: “el cual fue entregado
por causa de nuestras transgresiones y resucitado
para nuestra justificación” (Ro.4:25; 5:10).
Según todo esto el que se
arrepiente ha sido juzgado en la cruz pa-
ra salvación; el que rechaza la fe será
juzgado en el Gran Trono Blanco para
perdición (Apocalipsis 20:10-15; 2ª de
Tesalonicenses 1:9). Pero también para
el creyente resta aún un juicio: el Tribu-
nal de Cristo, donde se decidirá sobre el premio o su pérdida (Ro-
manos 14:10; 2ª de Corintios 5:10). Veámoslo en esta tabla:
Tribunal Criterio Veredicto
1) La Cruz . . . . . . . . . . . . Respuesta de fe . . . . La salvación
2) Gran Trono Blanco . . . Las obras . . . . . . . . . La perdición
3) El Tribunal de Cristo . . El servicio . . . . . . . . El premio
Es por ello que en Juan 3:18 y 5:24 dice: “El que cree en
El no es condenado” y “el que oye mi palabra y cree al que me
envió, tiene vida eterna y no viene a condenación, sino que ha pa-
sado de muerte a vida”. ¡Porque ya fue condenado en la cruz!
En la misma línea Juan 3:18b nos dice que: “el que no
cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del
unigénito Hijo de Dios”. El libro de Apocalipsis describe la escena
del Gran Trono Blanco y dice que “los libros fueron abiertos”. Y
en cuanto a los que en vida rechazaron la fe dice: “los muertos
fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus
obras”. En consecuencia, “...el que no se encontraba inscrito en el
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La Aventura Hasta el Cielo…
libro de la vida fue arrojado al lago de fuego” (Ap.20:12, 15).
1ª de Corintios 3:11-15 nos muestra en base a qué será juz-
gado aquel que tiene a Cristo en su corazón (versículo 11): “la
obra de cada uno se hará evidente; ...pues con fuego será revelada
[juzgada]” (v.13). Si el creyente se ha dado al servicio cristiano,
“si sobre el fundamento... edifica con oro, plata, piedras pre-
ciosas” (v.12) “recibirá recompensa” (v.14; el cofre en el diagra-
ma); si por el contrario lleva una vida centrada en él o
ella, si edifica con “madera, heno o paja” (v.12),
“sufrirá pérdida; sin embargo, ...será salvo/a, aun-
que así como por fuego” (v.15; la figura ‘ardiendo’).
D. LA VIDA ETERNA
En Juan 14:2 Jesucristo nos dice: “En la casa
de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os
lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar pa-
ra vosotros”. En Apocalipsis capítulos 21 y 22 nos
son dadas las características de esta vida que com-
partiremos eternamente con Dios:
LA NOVIA CELESTIAL (21:1-8): Los salvos, experimentarán
una comunión de amor sublime con el Creador…
LA CIUDAD CELESTIAL (21:9-27): Las moradas eternas,
recibirán a todos los redimidos en un orden glorioso…
EL EDÉN CELESTIAL (22:1-5): Recuperaremos toda bendi-
ción perdida, en una vida de renovación sin fin.
En este punto lo único que resta decir es:
“De El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la
gloria para siempre. Amén” (Romanos 11:36)
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TEST:
1) Memoriza 1 de Juan 5:12 y escríbelo sin mirar tu Biblia:
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2) ¿Cual es el significado del pecado según las escrituras?
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3) ¿Por qué la ira de Dios permanece sobre el hombre? (Jn.3:36)
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4) Describe la expiación según el Antiguo Testamento:
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¿Como se relaciona con la muerte de Cristo? .............................
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5) Cual es la manera de acceder a la vida eterna:
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6) ¿Qué quiere decir “nacer de nuevo”? ¿En qué capítulo de Juan
se menciona?
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7) ¿Si murieras ahora, a donde irías? ¿Los creyentes con qué
baremo serán juzgados?
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