Charles Stanley.
Serie: Cómo triunfar ante la Adversidad
Jueves 8/9: Capítulo 3
Introducción:
Uno de los objetivos de Dios al enviar la adversidad es debilitar nuestra dependencia en la carne.
Él anhela que vivamos por nuestras flaquezas, no por nuestra fortaleza.
¿Por qué permite Dios la adversidad en nuestra vida?
Continuaremos nuestra discusión sobre las razones y propósitos por los cuales Dios permite que
la adversidad forme parte de la vida del creyente.
Pablo en 2 Corintios 12 habla acerca de la adversidad. Notemos que habiendo sido bendecido
por Dios, que le hizo objeto de revelaciones importantes, dice lo siguiente: “Y para que la
grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi
carne, un mensajero de Satanás que me abofetee para que no me enaltezca sobremanera;
respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí, y me ha dicho: Bástate mi
gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad”, y su reacción fue: “Por tanto, de buena
gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por
lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en
persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”2 Corintios 12:7-10.
Origen, razones y objeto de la adversidad
Origen de las adversidades:
Nuestro propio pecado
Porque Dios las permite
Como resultado de la obra de Satanás en nosotros (guerra espiritual)
Puntos importantes sobre la adversidad:
La adversidad puede ser el medio más importante hacia la madurez, para
que crezcamos en la vida cristiana. O, puede ser el medio más mortífero para
desalentarnos.
El problema no es de dónde proviene la adversidad, sino cómo reacciono
ante ella. Si lo hago en forma adecuada, tendré bendiciones, si resisto a Dios en
la adversidad, podría destruirme.
El ejemplo de Pablo
Pensemos en el apóstol Pablo, cuando relata una de las situaciones y experiencias adversas en su
propia vida. Dijo que Dios Padre le había hecho objeto de revelaciones especiales y profundas
acerca de la verdad de las Escrituras, y como resultado le permitió ser abofeteado por un
mensajero con un objetivo bastante específico. En este pasaje Dios habla claramente de uno de
los objetivos por los cuales Él permite la adversidad.
“Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino
en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que
aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de
muerte para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;
el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte.”
2 Corintios 1:8-10. Estaba convencido de no poder vencer los obstáculos, que la única manera
de sobrevivir, era morir a esta vida, y confiar en Dios que resucita a los muertos.
Luego vemos que Pablo habla de todas las angustias, dolores y problemas que confrontó: “que
estamos atribulados en todo, más no angustiados; en apuros, más no desesperados;
perseguidos, más no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo
siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en
nuestros cuerpos.” 2 Corintios 4:8-9.
Luego, da un boceto biográfico de una adversidad tras otra que Dios usó en su vida: “…en azotes
sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he
recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado;
tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en
caminos muchas veces, en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación,
peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar,
peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en
muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada
día, la preocupación por todas las iglesias.” 2 Corintios 11:23-28.
Y esos azotes no fueron con una varita cualquiera, sino con un fuete de cuero que en la punta
tenía trozos filosos de huesos que rasgaban la piel. Pablo no tenía un cuerpo atlético, más bien
era débil físicamente. Por donde quiera que iba se encontraba Pablo en peligro.
Aquí tenemos a un hombre que conocía el significado de la adversidad. Se trata de un hombre
que se inició siendo un intelectual agresivo, fuerte, beligerante, rebelde, cuyo único propósito era
destruir a la Iglesia cristiana. Por lo que toca a Jesucristo, era su enemigo y enemigo de Israel.
Lo mejor que Saulo de Tarso podía hacer era destruir todo vestigio de las ideas y los recuerdos
de aquel hombre. Pero Dios envió toda esta adversidad para captar, agarrar su atención y
convertirlo. Y luego, al leer su vida en el libro de los Hechos y en las epístolas vemos que Dios
tomó a ese hombrecillo habiéndolo lanzado a tierra en el camino a Damasco, y de esa pieza de
carne humana formó al gigante intelectual y espiritual más grande que jamás haya pisado
esta tierra. Aparte de la persona de Jesucristo, que vino como Dios y que fue Dios hecho carne,
Pablo, el Apóstol, no tuvo igual. La razón por la que nosotros todavía leemos sus epístolas es
porque este hombre fue algo fuera de serie. Cuando tenemos problemas siempre vamos a los
salmos de David, o vamos a las epístolas de Pablo para saber cómo reaccionar, qué piensa Dios
acerca de nosotros en esta situación, por qué nos ha sobrevenido todo esto. Y tratándose de la
página impresa, Pablo no tiene igual. De su pluma ha venido lo más poderoso, eficaz,
reconfortante y tranquilizador de todo lo que se haya escrito por la raza humana.
Estas epístolas nos indican cómo vivir en nuestra sociedad y en nuestra generación. Aquí
tenemos a un hombre que lo comprendió bien desde que comenzó a predicar el evangelio hasta el
momento en que fue muerto por su fe, dando su vida por el evangelio. Pues su vida fue de una
experiencia de adversidad tras otra.
¿Qué tenemos como resultado de todo eso? La Carta a los Efesios, a los Colosenses, a los
Filipenses… Esas tres epístolas, que de manera inigualable a lo que jamás se haya escrito, nos
elevan hasta las alturas donde se encuentra el Señor Jesucristo. ¿Cómo sucedió? ¿Cómo las
escribió? Usted contesta: por inspiración del Espíritu Santo. Correcto, pero el Espíritu Santo
obra por medio de la vida y experiencia de los hombres que escribieron esas palabras preciosas.
Pablo, el Apóstol, es el gran consolador y alentador, el que sufrió todo tipo de adversidad, y en la
actualidad, Dios lo exalta ante nuestros ojos como el mejor ejemplo del triunfo y el éxito, de
justicia, santidad y obediencia, así como de una hermosa demostración de la fidelidad de Dios en
la vida de una persona cuyo ministerio fue una situación adversa, una experiencia dolorosa tras
otra.
Razones de Dios para permitir la adversidad
¿Qué debe decirnos eso a nosotros cuando estamos ante la adversidad? Hemos mencionado tres
razones, tres objetivos por los cuales Dios permite la adversidad:
1. Para captar nuestra atención
2. Para expresar el amor de Dios hacia nosotros
3. Para examinarnos a nosotros mismos
4. Ahora agregamos la cuarta razón: Para conquistar nuestro orgullo.
Pablo dijo que, habiendo recibido esas revelaciones excepcionales de parte Dios, y cuando el
mismo Dios previó la posibilidad de que Pablo se enorgulleciera porque nadie antes las había
recibido, entonces desvió ese orgullo enviándole una adversidad a su vida que el llamaba “un
aguijón en mi carne”, a fin de evitar que se enorgulleciera como resultado de haberlas recibido.
Dijo que era “un mensajero de Satanás que me abofetee para que no me enaltezca
sobremanera.”
No menosprecie su potencial, su influencia, y su testimonio como hijo o hija de Dios. A veces
menospreciamos lo que Dios puede utilizar de nuestra vida y decimos: “Dios no haría eso porque
Él no ve que yo tenga potencial alguno”. Y entonces buscamos una explicación lógica y
resistimos la adversidad que viene de Dios porque menospreciamos lo que Él puede hacer
en la vida de una madre, de un padre, de un hombre de negocios para el reino de Dios. Al
menospreciar nuestro potencial decimos: “debe haber alguna razón para que Dios haga eso”;
cuando su razón principal es protegernos, e impedir que nos enorgullezcamos, lo que
refleja su amor, pues Él sabe que si nos enorgullecemos en nuestro servicio, eso lo obliga a
ponernos fuera de circulación.
Podemos cometer muchos pecados que el Señor nos perdonará para seguir usándonos. Hay un
pecado del que Él nos perdona, pues nos ofreció el perdón en la cruz pero que afecta seriamente
la manera en que Él nos utiliza: es el pecado del orgullo. Él ha dicho en su palabra: “no
compartiré mi gloria con otro” y que “Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes”.
Pablo dice que como expresión de su amor, Dios impidió que se enorgulleciera y le envió una
adversidad para que no se enalteciera sobremanera para que pudiera seguir siendo utilizado
por Dios. Si usted supiera que su orgullo le impediría ser lo que Dios quiere que sea, ¿podría
decirle: “Señor, envía cualquier adversidad que yo necesite para mantenerme humilde delante de
Ti a fin de continuar siendo útil?” Lo trágico es que algunas personas no son muy inteligentes ni
cautelosas, pero sí son manipuladoras al grado de poder escabullirse hasta de la adversidad de
parte de Dios, actuar con determinación y persistencia en su autosuficiencia a fin de lograrlo y
seguir adelante. El problema es que no se dan cuenta que ante el mundo quizás continúen
teniendo éxito, pero a la vista de Dios están fuera de circulación y su vida ya no tiene autoridad
ni poder.
¿Sabe qué dice en este pasaje? Que la adversidad es el medio que Dios usa para salvar
nuestra vida, no nuestra alma ni nuestro espíritu, sino nuestra vida. Él salvaguarda
nuestra vida e influencia por medio de la adversidad, así como el impacto que tengamos
sobre nuestros amigos y también salva nuestro testimonio. Él guarda lo que nosotros
podríamos perder con facilidad enviando situaciones de oposición, aflicción, pena y
sufrimiento a fin de evitar que seamos orgullosos. A nadie le gusta ser humillado, y dice el
versículo: “antes del quebrantamiento es la soberbia”.
¿Y qué hizo Dios? Estorbó a Pablo. Él sabía hacia dónde se dirigía y envió la adversidad para
humillarlo y acorralarlo hasta que dependiera totalmente del Padre, para que pudiera ser
conformado a la imagen del Señor Jesucristo y convertirse en el instrumento más poderoso
que jamás haya pisado la tierra fuera del mismo Cristo. La adversidad es la expresión del
amor de Dios hacia nosotros para conquistar el orgullo de nuestra vida.
5) Otra razón por la cual Dios envía la adversidad es para recordarnos nuestras debilidades.
En este pasaje dice que Pablo rogó al Señor tres veces, lo más probable es que quiera decir en
tres ocasiones en ayuno y oración, al implorar y rogar a Dios que le quitara esa situación adversa.
Dios le contestó su petición. Y No le dijo: “muy bien Pablo, he escuchado tu oración y voy a
quitarla”, sino que le dijo: “Pablo, bástate mi gracia, mi poder se perfecciona en tu debilidad”,
mientras te sientas débil, yo estaré perfeccionando mi poder sobrenatural en tu debilidad.
No estoy perfeccionando mi poder en tu poder, sino mi poder en tu debilidad. Estoy
madurando mi poder sobrenatural en tu experiencia de debilidad e impotencia. De modo
que una de las razones principales por las que Dios actúa es que saca a la luz nuestra
debilidad y que nosotros aceptamos esa debilidad.
Sin lugar a dudas, cuando un hombre o una mujer comprende el hecho que tiene debilidades,
también comprende la naturaleza de esas debilidades y la pista que ellas siguen al operar en sus
vidas. Pero el momento en que se sientan más débiles puede llegar a ser uno de los medios
más propicios para que Dios lo conforme a la imagen de Cristo y los equipe para su
servicio. El mundo no quiere hablar de comprender nuestras debilidades, sino de poderío, de
influencia. Dios quiere hablar de debilidades. A Pablo le contesto: “Bástate mi gracia, porque
mi poder se perfecciona en la debilidad.”
Y Pablo dijo: “…me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de
Cristo.” Estoy satisfecho, antes me irritaba, me encolerizaba y me doblaba ante todo esto, pero
ahora estoy contento con esas debilidades, insultos, aflicciones, persecuciones y dificultades
porque he aprendido una gran lección: cuando soy débil en mi interior es cuando el poder
sobrenatural de Dios puede fluir por medio de mí a un ritmo de potencia e impacto que es
imposible explicar humanamente.
¿Qué nos dice esto? Que una de las razones por las cuales Dios envía la adversidad no es
para debilitarnos en general, sino para debilitar mi dependencia en la carne, en la fortaleza
humana, de mi intelecto y para demostrarnos la inutilidad de nuestra experiencia y
educación. Dios envía la adversidad para debilitar todo aquello de lo que dependemos que
se opone y trata de frustrar el propósito de Dios. Él desea que vivamos por nuestras
debilidades y no por nuestras fuerzas. Si yo vivo por mis fuerzas, vivo por mi intelecto, mi
experiencia, mi elocuencia,… si vivo por mis flaquezas no andaré diciendo: “permítame contarle
de mis flaquezas, de todas las maneras en que he fallado”, ¿cuántas personas conocemos que se
jactan de sus fracasos, de sus debilidades, de sus faltas? A ninguna. Si alguien entiende que
hasta en sus negocios Dios lo prosperará en la debilidad mucho más allá…, ya que
frecuentemente hay quienes ascienden en sus negocios pero su orgullo y egoísmo los doblegan y
en poco tiempo el negocio lo resiente y fracasa, ¿por qué? Porque no supieron manejar la
bendición.
El hombre que está consciente de su debilidad es el que puede decir: Gracias por mi
fragilidad, gracias por mi debilidad, mi adversidad, mi infortunio, mi oposición. Gracias
por mis pruebas, mis tribulaciones, mis reveses, mis decepciones. Gracias por mis momentos de
duda, por mis desilusiones, gracias Dios mío por indicarme que en el fondo de mi ser soy una
criatura inútil y desahuciada que depende de Ti total y absolutamente.
Esto es triunfar en la adversidad: cuando llegamos a conocer el poder derivado de la
fortaleza de Dios y en las debilidades nuestras.
Para el creyente en Cristo, la adversidad no es un acontecimiento fortuito, que sólo sirve para
causarnos pesar y contratiempos. Tampoco es una broma pesada que la vida nos juega, es el
medio por el cual nuestro Padre Celestial nos llena de bendiciones al estar en medio de ella, y,
sobretodo al haberla experimentado. Tiene beneficios múltiples y sus resultados perduran
por toda la eternidad. Demos gracias a Dios por ellas y pidamos su sostén para resistirlas y
salir más que vencedores.