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El Papel de Las TIC en La Vida de Los Niños y Niñas de La Era Digital

Las TIC juegan un papel clave en la vida de los niños y jóvenes de la era digital. Su uso se está expandiendo rápidamente y está influyendo en cómo interactúan y pasan su tiempo. Aunque hay debates sobre los posibles efectos negativos, las TIC también pueden usarse para aprendizaje informal y desarrollo de habilidades. Sin embargo, existe una brecha digital donde aquellos con menos recursos tienen menos acceso y capacitación en TIC.

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El Papel de Las TIC en La Vida de Los Niños y Niñas de La Era Digital

Las TIC juegan un papel clave en la vida de los niños y jóvenes de la era digital. Su uso se está expandiendo rápidamente y está influyendo en cómo interactúan y pasan su tiempo. Aunque hay debates sobre los posibles efectos negativos, las TIC también pueden usarse para aprendizaje informal y desarrollo de habilidades. Sin embargo, existe una brecha digital donde aquellos con menos recursos tienen menos acceso y capacitación en TIC.

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1.

El papel de las TIC en la vida de los niños y niñas de la era digital

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) tienen actualmente un rol


clave en nuestra sociedad, pues su desarrollo está provocando rápidas transformaciones
en todos los ámbitos. La utilización de las TIC por parte de niños, niñas y jóvenes es
considerable y además, se encuentra en plena expansión. Según Suoronta (2003), las
TIC se están convirtiendo cada vez más en una parte importante de la vida cotidiana de
estos, lo cual tiene implicaciones en la forma en que utilizan su tiempo, e interactúan
con las personas de su entorno.

Por lo general, los jóvenes están mucho más familiarizados que los adultos con la
cultura digital (Tapscott, 1998), lo que ha dado lugar a un modo de socialización
bidireccional: los adultos enseñan, pero también aprenden de sus hijos, así como de
otros jóvenes. La cultura de los medios es parte fundamental de la vida cotidiana de los
chicos y chicas, pues sus actividades se estructuran alrededor del uso de éstos. Así, las
historias e imágenes contenidas en los medios se convierten en ejes importantes para la
construcción de su identidad (Feixa, 2001). De hecho, los agentes de socialización
tradicional (la escuela y la familia), se encuentran influenciados por las TIC y, en cierta
medida, han sido sustituidos por ellas (Suoronta, 2003).

Esta situación está generando un amplio debate sobre el impacto de las TIC en la
formación de los menores, el cual se mueve, como también ocurrió con la televisión,
entre posiciones más o menos extremas que van desde la utopía al fatalismo. Mientras
algunos autores como Minoura (2001), se preocupan por el hecho de que los usos
comunicativos de las TIC estén reduciendo el contacto humano; otros, como Lorente
(2004), defienden que tecnologías como el teléfono móvil o los chat, actúan como
instrumentos de socialización para los más jóvenes, reforzando su sentimiento de
pertenencia a un grupo. A parte de los mencionados, se atribuyen a Internet otros
peligros que afectan directamente a la integridad de la infancia, como la pornografía
infantil o la pederastia. Si bien es cierto, la capacidad de un niño o un joven para
interpretar y hacer frente a este tipo de problemáticas, depende precisamente de sus
competencias personales y del conocimiento que tenga de estos nuevos medios.

Pero no solo el acceso, sino también el hecho de conocer o no las estrategias y


herramientas implicadas en el uso de las TIC, puede dar lugar a diferencias entre
niños/as y jóvenes. Como describimos a continuación, en el estudio de caso realizado,
los distintos usos de las TIC por parte de los jóvenes, ya sean formales o informales,
pueden constituir tareas de aprendizaje. Actividades como leer un texto y comprenderlo,
en formatos y mediante utensilios tan diferentes como un ordenador, un reproductor de
cds, un teléfono móvil, o un equipo de vídeo, son requisitos de lo que se ha denominado
alfabetización digital (Area, 2001). Por ejemplo, las salas de chat se pueden contemplar
como un foro pedagógico que facilita el aprendizaje, como por ejemplo en el dominio
del lenguaje, o la comunicación válida. Al enviar mensajes de texto a través del teléfono
móvil, los jóvenes producen nuevas formas de comunicación y recrean el lenguaje.
Algunos estudios muestran como los videojuegos mejoran la capacidad sensorial y la
percepción estética, así como contribuyen al desarrollo de gran cantidad de capacidades
cognitivas (Rodríguez, 2004). El relativo descenso del precio de los ordenadores, en
paralelo al desarrollo del diseño de programas informáticos permite, a gran número de
jóvenes, realizar sus propias creaciones, por ejemplo musicales. Esta nueva forma de
cualificación de los jóvenes, con frecuencia adquirida mediante el aprendizaje informal,
debe ser considerada como una oportunidad para el desarrollo personal y social
(Suoronta, 2004; Brader, 2001). Se debe proveer a los niños y a los jóvenes de
oportunidades para adquirir capacidades en múltiples formas de alfabetización, que
actúen como soporte en el desarrollo de sus relaciones sociales y comunitarias, ya sean
éstas materiales, virtuales, o una combinación de las dos.

Según las investigaciones de Hellawell (2001), la utilización de las TIC puede ayudar a
desarrollar nuevas capacidades y mejorar la empleabilidad y la confianza en uno mismo.
Aprender a utilizar Internet puede suponer, para los jóvenes, una oportunidad de
relación y desarrollo de lazos de amistad. Esta idea está relacionada con los
planteamientos de Castel (1992) sobre la vulnerabilidad social, quien define la zona de
integración social a partir del hecho de tener un trabajo estable, pero además, una
inscripción relacional sólida, tanto familiar como vecinal. En el caso de los
adolescentes, los lazos de amistad pueden proporcionar esta red de relaciones, que
favorecerá su inclusión social.

Para lograr el acceso a las TIC, se requiere una alfabetización digital, definida como
“conjunto de hábitos a través de los cuales se interactúa con las tecnologías de la
información y la comunicación para aprender, trabajar, socializar, divertirse, etc.” (Ba,
Tally y Tsikalas, 2002). Pero ni todos los jóvenes tienen acceso a las experiencias de
interconexión, ni estas tienen las mismas características, como expresan las
conclusiones del estudio realizado por Ba, Tally y Tsikalas (2002). En este estudio se
compara el uso del ordenador en el caso de niños y niñas de familias con niveles de
ingresos bajo y medio, en distintos barrios de la ciudad de Nueva York. Los autores
concluyen que las capacidades para el uso de las tecnologías reflejan las circunstancias
locales de cada niño/a. Esta situación remite a la idea de fractura o brecha digital (digital
divide) la cual consiste, en su sentido más genérico, en la distancia entre aquellas
personas y comunidades que dominan, acceden y utilizan eficazmente las TIC, y
aquellas que no (BECTA, 2001)[1]. La disparidad en las posibilidades de acceso en la
cultura de los medios refleja las ya reconocidas diferencias en ingresos, salud y
educación. De hecho, las desigualdades en la difusión de las TIC son consecuencia de
las profundas discrepancias económicas, sociales, políticas y educativas de las
sociedades del mundo actual.

En distintos países se están impulsando iniciativas de utilización de las TIC para la


inclusión social, que están dando buenos resultados[2]. Una de las más reconocidas y
extendidas en España es el Proyecto ÓMNIA, desarrollado en Cataluña (www.xarxa-
omnia.org). Este proyecto se basa en ofrecer acceso a ordenadores, Internet y otros
medios, a toda la población, en los llamados puntos Ómnia. Los puntos se encuentran
integrados en entidades sin afán de lucro y se localizan en los barrios más
desfavorecidos de las principales ciudades de Cataluña. Los ejes principales del
proyecto son: el uso comunitario, la inserción sociolaboral y la formación.

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