“Cecilia Bajour: lo no dicho en los libro-álbum”
La manifestación de lo que no se dice es clave en la construcción de los lenguajes
artísticos. Desde la elipsis total (si eso pudiera existir en términos absolutos), hasta infinitas
maneras de decir y mostrar callando u ocultando, el arte se alimenta de ese sustancioso retaceo.
Los modos en que el silencio parece habitar el vínculo entre los lenguajes que dialogan en ciertos
libros-álbum que en muchos casos involucran al objeto-libro en su integralidad, son el eje
vertebrador de esta obra. En sentido contrario al exceso en lo dicho y mostrado, hay libros-
álbum que trabajan minuciosamente en los mapas del silencio, amalgamando -sin decir o
mostrar del todo- piezas de una orfebrería silenciosa que busca hacer equilibrio en las cuerdas
de la presencia y la ausencia. La orfebrería del silencio. La construcción de lo no dicho en los
libros-álbum reflexiona sobre algunos procedimientos retóricos y ficcionales para crear una
mayor familiaridad con algunas claves formales de la lectura estética en esta zona de la literatura
infantil.
1. ¿Qué es un libro-álbum?
Como su nombre lo indica, el libro-álbum surge como resultado de la experimentación
y búsqueda de nuevas propuestas estéticas en lo que a la literatura infantil se refiere. Siendo
más específicos podemos decir que el libro-álbum “[…] es texto, ilustraciones, diseño total; es
obra de manufactura y producto comercial; documento social, cultural, histórico y, antes que
nada, es una experiencia para los niños. Como manifestación artística; se equilibra en el punto
de interdependencia entre las imágenes y las palabras […]”[1]; “el lector pasa de lo verbal a lo
visual y a la inversa, en una continua expansión del entendimiento […]”[2], es“[…] este arte sutil
de diálogo entre palabra e imagen”[3].
Cuando tenemos en nuestras manos un libro-álbum, nos dejamos atrapar por este
nuevo modo de transmitir historias donde la importancia radica, no solo en el texto o la
ilustración, sino en su interrelación. Esta interdependencia entre texto e imagen es donde la
mayor parte del sentido emerge. Todo lo que el texto “no dice”, la imagen lo expresa, lo
evidencia, o al menos lo siguiere al ojo atento que lo identifica.
Otro rasgo importante de los libros-álbum es la configuración de un lector activo, el cual
se enfrenta con la complejidad de la interconexión entre ilustración y texto, y es capaz de
completar los “vacíos” que se presentan en el relato para adentrarse en la multiplicidad de
sentidos posibles que el libro-álbum propone. Esta característica también pone en tensión el
concepto tradicional de lectura como mero acto de decodificación de signos lingüísticos.
En cuanto a su historia, podemos decir que la presencia del libro-álbum en la literatura
infantil es relativamente reciente. En la primera mitad del siglo XIX, en los libros dedicados a los
jóvenes predominaba el libro ilustrado, en el que la imagen se elaboraba en función del texto, y
era, por así decirlo, su eco. Tras la Primera Guerra Mundial, el advenimiento del arte de
vanguardia y las nuevas técnicas de impresión, nace lo que conocemos como el álbum moderno:
un libro en que la imagen se libera del texto y se transforma poco a poco en un actor principal
de la narración.
A partir de los años 60, el libro-álbum se desarrolló explosivamente, especialmente en
Europa. Eso ha permitido que el género se mantenga, hasta hoy en día, en un estado de
permanente innovación, donde las experimentaciones son estimuladas por editoriales que han
descubierto sorprendidas que el libro-álbum no sólo atrae a los más jóvenes, sino que también
a un público adulto.
Aún le queda mucho camino por recorrer y experimentar al libro-álbum. Lo que no hay
dudas es que se trata de una apuesta innovadora, tanto estética como literaria, la cual se
encuentra en constante expansión y búsqueda de nuevas propuestas que rompan o se
diferencien de lo canónico porque, como señala Maurice Sendak, los niños “pueden tolerar
ambigüedades, peculiaridades y cosas ilógicas” y el artista, agrega, tiene que ser “un poquito
desconcertante, un poquito salvaje y un poquito desordenado”[4].
[1] Bader en Evelyn y Styles, Morgan. Lectura de imágenes. Los niños interpretan textos visuales.
Traducción de María Vinós. Fondo de cultura económica. México. 2004. Pp. 43.
[2] Nikolajeva y Scott en Arizpe, Evelyn y Styles, Morgan. Lectura de imágenes. Los niños
interpretan textos visuales. Traducción de María Vinós. Fondo de cultura económica. México.
2004. Pp. 46.
[3] Bajour, Cecilia. La orfebrería del silencio. La construcción de lo no dio en los líbros-álbum.
Comunicarte, Córdoba, 2016. P.p14.
[4] LORRAINE, Walter: “La ilustración en los libros para niños. Entrevista con Maurice Sendak”,
en Prapara, N° 1, Caracas, junio 1980. Pp. 10.