Crítica literaria feminista
Hortensia Moreno
a "crítica literaria feminista" no es un discurso ni nuevo ni ho-
L mogéneo ni autónomo . Si lo metemos en una sola definición es
por razones de simplicidad . Desde la simplicidad podemos ima-
ginarnos que todo ese discurso se integra no a partir de una búsqueda
común, sino de un común universo de acción para la búsqueda . El
universo de inquisición es el espacio privilegiado de la literatura, cam-
po de análisis primordial para el feminismo por ser uno de los puntos
donde presumiblemente se articula, se manifiesta o se elabora una
fracción muy importante de nuestro "orden simbólico" .
Por ello no es sorprendente que muchos de los textos más radica-
les del feminismo de este siglo sean, precisamente, de "crítica litera-
ria" : los obras ya clásicas de Virginia Woolf, Simone de Beauvoir y
Kate Millet organizan una buena parte de sus argumentos a partir de
una reflexión sobre la literatura; y no hace falta forzar mucho los datos
para encontrar ese mismo tipo de razonamiento -aunque esta vez
aplicado a la literatura popular, y no a la "gran literatura"- en Betty
Friedan.
A partir de ellas, la producción feminista en este terreno es in-
mensa, y por lo menos tan importante como la que se ha desarrollado
en otras disciplinas igualmente necesarias para el avance de lo que, a
últimas fechas, hemos llamado -a falta de una mejor denominación-
los "estudios de género" .'
La historia de la "crítica literaria feminista" corre pues de mane-
ra paralela con el movimiento feminista, y pasa por los mismos mo-
mentos de definición/indefinición y por todos los desafíos que
caracterizan un proceso de discusión cuyos hilos conductores tienen
1 Véase Toril Moi, Teoría literaria feminista, Ed . Cátedra, Madrid, 1988 .
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más que ver con el planteamiento de preguntas que con la obtención
de respuestas definitivas .
La literatura ha sido en este camino una guía de gran utilidad ; al-
gunas críticas la han tomado como una fuente de acceso al conoci-
miento pues consideran que el valor de lo literario para la vida
humana tiene que ver con su capacidad para modelar nuestra expe-
riencia, para atribuir al universo una imagen sin la cual no podríamos
captarlo, que regula y dirige nuestros códigos de comunicación .
En la literatura se recogen los datos de la intimidad, de lo que
ocurre detrás de las cuatro paredes que configuran el "mundo priva-
do" dentro del cual se confina a las mujeres . Para este tipo de análisis
feminista, no importa si ese mundo recreado en la literatura es una fic-
ción "realista" o completamente inventada ; de lo que se trata es de re-
cuperar los aspectos simbólicos que se despliegan en el espejo
distorsionante de la novela, el relato, el drama o el poema .
En la literatura se recogen los datos de la intimidad, de lo que
ocurre detrás de las cuatro paredes que configuran el "mundo priva-
do" dentro del cual se confina a las mujeres. Para este tipo de análisis
feminista, no importa si ese mundo recreado en la literatura es una fic-
ción "realista" o no; de lo que se trata es de recuperar los aspectos sim-
bólicos que se despliegan en el espejo distorsionante de la novela, el
relato, el drama o el poema .
Desde este punto de vista, la literatura es ordenación, interpreta-
ción y articulación de la experiencia ; exploración de los límites de lo
inteligible ; y al destacar en primer plano lo que suele darse por su-
puesto, les ha permitido ilustrar y elaborar la crítica de la vida cotidia-
na y les ha proporcionado elementos para explicar el origen de la
opresión de las mujeres .
Desde luego, el debate sobre la igualdad y la diferencia también
se libra en este espacio. De manera muy esquemática podríamos decir
que esta discusión ha dado como resultado, en la "crítica literaria femi-
nista", dos enfoques igualmente fértiles para la reflexión acerca de la
condición de las mujeres .
Por un lado está el enfoque que se pregunta por una "escritura
femenina" y pugna por diferenciarla, por indicar sus marcas y caracte-
res específicos, sus orígenes y los cauces en que fluye; para contestar
esa interrogante, trata de conectar de manera casi directa la experien-
cia vital con la literatura, y para lograrlo se atiene a la situación concre-
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ta de las escritoras, a las posibilidades y obstáculos con que se enfrenta
una mujer para poder escribir .
Este tipo de crítica se pregunta por la producción literaria -mu-
chas veces desde una perspectiva esencialista- pues sospecha que el
hecho de ser mujer tiene que determinarla de una manera específica .
El resultado de esta indagación nos entrega estudios que tratan de ex-
plicar la literatura en función de la biografía .
Por el otro lado está el esfuerzo de comprender el asunto de la
diferencia sexual como un problema lingüístico, semiótico, discursivo .
Aquí, los sistemas de género se entienden como procesos de construc-
ción de sentido . Esta perspectiva se pregunta por la transformación, en
la escritura, del dato biológico de la diferencia sexual en el dato cultu-
ral que nos da, en la literatura, situaciones, juicios y personajes mascu-
linos o femeninos ; trata de hacer una definición de lo específico
femenino/masculino y considera la diferencia sexual un valor móvil,
dentro de un horizonte de transformación y metamorfosis de los valo-
res . 2
Como el conjunto del discurso feminista, la "crítica literaria" es,
sobre todo, una reflexión sobre el poder : sobre el control de los cuer-
pos propios y ajenos ; y trata de analizar las creencias, conocimientos y
prohibiciones que producen y reproducen a las personas reales dentro
de un universo de símbolos que organizan las vivencias de la diferencia
sexual. Por lo tanto, se trata de una reflexión con una intencionalidad
política: no se trata tan sólo de explicar el mundo, sino de cambiarlo .
Tal vez por eso no les gusta a los académicos convencionales de
la "crítica literaria" prescriptiva, que se encargan de dictaminar erudi-
tamente para la sociedad los méritos de las obras literarias, no sin an-
tes colocar a la literatura en una especie de "vacío social" donde lo que
cuenta es la autoridad, y de lo que se trata es de explicar "el mensaje
del autor" y de evaluar sus logros . A este tipo de discurso no le puede
parecer muy apropiado que el feminismo vulnere la autonomía estéti-
ca de las obras literarias -y del "arte superior", pues la crítica literaria
feminista sirve de modelo a y desemboca en una crítica mucho más
amplia del conjunto de la cultura- y se empeñe en tratar de destazar-
2 Véase Giulia Colaizzi (ed .), Feminismo y teoría del discurso, Ed . Cátedra, Madrid,
1990 .
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las desde las perspectivas más bien heterodoxas del psicoanálisis, la
antropología, la semiótica, la filosofía política o la historia .
Por ello, la "crítica literaria feminista" se ha identificado más que
con el discurso académico, institucional y consagrado, con los discursos
alternativos, marginales y excluidos, que, también a falta de una denomi-
nación más adecuada, llamamos el posmodemismo o postestructuralis-
mo. El elemento común con estos discursos es que el feminismo también
pone en cuestión la voluntad de universalidad y totalidad implícita en la
concepción del sujeto cartesiano. De esta manera, el feminismo se conecta
con pensamientos como los que Paul Ricoeur llama "la escuela de la sos-
pecha"4 y con autores como Marx, Freud, Barthes, Foucault o Kristeva .
Como en un importante grupo de filosofías del siglo XX, en el fe-
minismo se vuelven muy evidentes los límites del significado del con-
cepto "sujeto" manejado por el lenguaje de la filosofía europea de
Descartes a Hegel . El feminismo ha participado del progresivo cuestio-
namiento de la forma dominante de la racionalidad y de las premisas
de los modos de pensar de la Ilustración. Lo que se pone en cuestión
es "la idea de una naturaleza humana universal o de un canon univer-
sal de racionalidad a través del cual la naturaleza humana podría ser
conocida, así como también la concepción tradicional de verdad" .5
Por un lado, la "crisis del sujeto", en el ámbito específico de la
crítica literaria, vuelve relevante, a la hora de entender el significado
de un concepto, la situación o punto de partida de quien establece un
argumento . El sujeto, atravesado por las determinaciones que lo confi-
guran histórica, política, económica, social, genéricamente, ya no pue-
de hablar desde una posición absoluta, sino desde su experiencia
particular . Un texto sólo existe en el proceso histórico de sus concreti-
zaciones; y de esta manera, el conocimiento siempre es conocimiento a
partir de un lugar determinado.
3 Para una exposición detallada de este problema, véase Jonathan Culler, Sobre la
deconstrucción, Ed . Cátedra, Madrid, 1982, trad. de Luis Cremades, sobre todo el parágra-
fo "Leyendo como una mujer", pp. 43-61 . Véase también "Feminismo, ciudadanía y po-
lítica democrática radical", de Chantal Mouffe, en debate feminista, año 4, vol . 7, marzo de
1993, pp . 3-26.
4 Cf. Paul Ricoeur, Freud: una crítica de la cultura, Fondo de Cultura Económica,
México, 1972 .
5 Mouffe, op . cit., p . 4 .
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Por el otro, conduce a una revaloración del papel del lector . Los
críticos desconstruccionistas han explicado este desplazamiento como
un intento por describir la producción social de sentido . A partir de los
hallazgos de la teoría de la recepción, ponen el acento en la función del
lector; desde esta perspectiva, escribir y leer representan dos partes de
un mismo proceso; quien lee, rellena huecos, da concreción y determi-
na los lugares de indeterminación.6
El texto alcanza su existencia a través del trabajo de constitución
de una conciencia que lo recibe: la obra es el texto constituido en la
conciencia del lector. Por tanto, la obra es una construcción intertex-
tual, es decir, la confluencia -constelación- de varios discursos cul-
turales en los que la obra se difunde para hacerse inteligible . Aquí, el
lector desempeña un papel decisivo como "centrador" : es el "lugar
hacia donde se orienta esa multiplicidad"; y las obras literarias son
una sucesión de acciones en la comprensión del lector .
De esta manera, la comunicación surge porque una persona no
puede expermientar lo que les sucede a las otras personas . No hay
comunicación a partir de una "situación común" ni a partir de las con-
venciones que unen a dos interlocutores : las situaciones y convencio-
nes solamente regulan la manera como se van llenando los huecos que
surgen a causa de la imposibilidad de vivenciar la experiencia del otro
y, por lo tanto, su función es promover la comunicación. Pero son los
huecos, la fundamental asimetría entre texto y lector, los que provocan
la comunicación en el proceso de lectura .
La crítica literaria siempre ha sido parte fundamental de un pro-
ceso de comunicación : el que se establece entre el escritor y sus lecto-
res . Para la literatura, esta respuesta a los textos es absolutamente
vital . La conciencia posmodema lo único que hace es subrayar la ne-
cesidad de ese diálogo interminable cuyo resultado es la producción
permanente de nuevos significados, ninguno de los cuales puede con-
siderarse una verdad definitiva:
El juego entre la lectura y la escritura es una intervención sobre el texto, el acto de
implantación de falsos paralelismos, de analogías aparentes suscitadas por rasgos
de escritura, que hacen surgir una trama de trazos vacíos sobre los textos, priva
6 Véase Dietrich Rall (comp .), En busca del texto, 1SSUNAM, México, 1987 .
7
Culler, op. cit.
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de su reposo a las significaciones plenas que hacen de la legibilidad un saber o
una verdad.8
Lo que aporta el feminismo es una mirada diferente . La crítica,
como toma de conciencia del carácter discursivo de la realidad, "des-
construye" los discursos dominantes no tanto en función de lo que re-
cogen, sino en función de lo que suprimen, consignan, reprimen,
marginan. "Leer como mujer" implica una continuidad de la experien-
cia de las mujeres con la experiencia de la lectura de las mujeres9 e in-
troduce la posibilidad de que exista autoridad en la experiencia . De
esta manera, contrapone el punto de vista femenino al masculino . En
esta contraposición aparece una duda sobre la existencia de fantasías
comunes .
Esta duda se despliega sobre los modos de representar, sobre las
formas características de la subjetividad . Al "generizar" la noción de
sujeto, y por lo tanto la noción de "lector(a)" -es decir, al analizar los
procesos que conforman y construyen la identidad-, el feminismo
trasciende los límites de la cultura y del lenguaje en constelaciones
fluctuantes : la relación de las mujeres con el sentido no es total .
Esta sección sobre crítica literaria feminista nos fue sugerida por
Irenne García . Coincidimos con ella en que era necesario ofrecer un
panorama sobre este tema en debate feminista, y comenzamos a trabajar
con la primera propuesta que nos hizo de una selección de autoras y
de textos . Después de varios meses de trabajo, y algunas modificacio-
nes a la propuesta original, el resultado es la muestra que presentamos
en esta sección .
s Raymundo Mier, "Incidencias : el desconstruccionismo en juego", en Acta Poética,
IIF-UNAM,primavera-otoño de 1989, pp. 207-256.
9 Cf. Culler, op . cit.
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