Júpiter (planeta)
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Júpiter es el quinto planeta del sistema solar. Forma parte de los
denominados planetas exteriores o gaseosos. Recibe su nombre del dios
romano Júpiter (Zeus en la mitología griega).
Se trata del planeta que ofrece un mayor brillo a lo largo del año dependiendo
de su fase. Es, además, después del Sol, el mayor cuerpo celeste del sistema
solar, con una masa casi dos veces y media la de los demás planetas juntos
(con una masa 318 veces mayor que la de la Tierra y tres veces mayor que la
de Saturno, además de ser, en cuanto a volumen, 1317 veces más grande que
la Tierra). También es el planeta más antiguo del sistema solar, siendo incluso
más antiguo que el sol; este descubrimiento fue realizado por investigadores de
la universidad de Münster en Alemania.3 4
Júpiter es un cuerpo masivo gaseoso, formado principalmente
por hidrógeno y helio, carente de una superficie interior definida. Entre los
detalles atmosféricos es notable la Gran Mancha Roja (un
enorme anticiclón situado en las latitudes tropicales del hemisferio sur), la
estructura de nubes en bandas oscuras y zonas brillantes, y la dinámica
atmosférica global determinada por intensos vientos zonales alternantes en
latitud y con velocidades de hasta 140 m/s (504 km/h).
Características principales[editar]
Júpiter es el planeta con mayor masa del sistema solar: equivale a unas 2,48
veces la suma de las masas de todos los demás planetas juntos. A pesar de
ello, no es el planeta más masivo que se conoce: más de un centenar
de planetas extrasolares que han sido descubiertos tienen masas similares o
superiores a la de Júpiter. Júpiter también posee la velocidad de rotación más
rápida de los planetas del sistema solar: gira en poco menos de diez horas
sobre su eje. Esta velocidad de rotación se deduce a partir de las medidas
del campo magnético del planeta. La atmósfera se encuentra dividida en
regiones con fuertes vientos zonales con periodos de rotación que van desde
las 9 h 50 min 30 s, en la zona ecuatorial, a las 9 h 55 min 40 s en el resto del
planeta.
El planeta es conocido por una enorme formación meteorológica, la Gran
Mancha Roja, fácilmente visible por astrónomos aficionados dado su gran
tamaño, superior al de la Tierra. Su atmósfera está permanentemente cubierta
de nubes que permiten trazar la dinámica atmosférica y muestran un alto grado
de turbulencia.
Tomando como referencia la distancia al Sol, Júpiter es el quinto planeta
del sistema solar. Su órbita se sitúa aproximadamente a 5 UA, unos 750
millones de kilómetros del Sol.
Masa[editar]
La masa de Júpiter es tal que su baricentro con el Sol se sitúa en realidad por
encima de su superficie (1,068 de radio solar, desde el centro del Sol). A pesar
de ser mucho más grande que la Tierra (con un diámetro once veces mayor),
es considerablemente menos denso. El volumen de Júpiter es equivalente al de
1317 tierras, pero su masa es sólo 318 veces mayor. La unidad de masa de
Júpiter (Mj) se utiliza para medir masas de otros planetas gaseosos, sobre todo
planetas extrasolares y enanas marrones.
Si bien Júpiter necesitaría tener 80 veces su masa para provocar las
reacciones de fusión de hidrógeno necesarias y convertirse en una estrella,
la enana roja más pequeña que se conoce tiene solo un 30 % más de radio que
Júpiter (aunque tiene mucha más masa). Júpiter irradia más calor del que
recibe de la escasa luz solar que le llega hasta esa distancia. La diferencia de
calor desencadenada es generada por la inestabilidad Kelvin-
Helmholtz mediante contracción adiabática (encogimiento). La consecuencia de
este proceso es la contracción del planeta unos dos centímetros al año.
Después de su formación, Júpiter era mucho más caliente y tenía un diámetro
casi el doble del actual.
Si fuese unas cuatro veces más masivo, el interior podría llegar a comprimirse
mucho más a causa de fuerzas gravitacionales mayores, lo que podría dar
lugar a una disminución de su volumen, independientemente de que su masa
aumentase. Como resultado de ello, se especula que Júpiter podría alcanzar
uno de los diámetros más amplios que un planeta de estas características y
evolución puede lograr. El proceso de reducción del volumen con aumento de
masa podría continuar hasta que se alcanzara una combustión estelar, como
en las enanas marrones con una masa 50 veces la de Júpiter. Esto ha llevado
a algunos astrónomos a calificarlo como “estrella fracasada”, aunque no queda
claro si los procesos involucrados en la formación de planetas como Júpiter se
asemejan a los procesos de creación de sistemas estelares múltiples.
Este corte transversal ilustra un modelo del interior de Júpiter, con un núcleo rocoso recubierto por
una capa profunda de hidrógeno metálico líquido.
La atmósfera de Júpiter no presenta una frontera clara con el interior líquido del
planeta; la transición se va produciendo de una manera gradual.5Se compone
en su mayoría de hidrógeno (87 %) y helio (13 %), además de
contener metano, vapor de agua, amoníaco y sulfuro de hidrógeno, todas estas
con < 0,1 % de la composición de la atmósfera total.6
Bandas y zonas[editar]
El astrónomo aficionado inglés A.S. Williams hizo el primer estudio sistemático
sobre la atmósfera de Júpiter en 1896. La atmósfera de Júpiter está dividida en
cinturones oscuros llamados bandas y regiones claras llamadas zonas, todos
ellos alineados en la dirección de los paralelos. Las bandas y zonas delimitan
un sistema de corrientes de viento alternantes en dirección con la latitud y en
general de gran intensidad; por ejemplo, los vientos en el ecuador soplan a
velocidades en torno a 100 m/s (360 km/h). En la Banda Ecuatorial Norte, los
vientos pueden llegar a soplar a 140 m/s (500 km/h). La rápida rotación del
planeta (9 h 55 min 30 s) hace que las fuerzas de Coriolis sean muy intensas,
siendo determinantes en la dinámica atmosférica del planeta.
La Gran Mancha Roja[editar]
Artículo principal: Gran Mancha Roja
El científico inglés Robert Hooke observó en 1664 una gran formación
meteorológica que podría ser la Gran Mancha Roja (conocida en inglés por las
siglas GRS, del Great Red Stain). Sin embargo, no parecen existir informes
posteriores de la observación de tal fenómeno hasta el siglo XX. En todo caso,
varía mucho tanto de color como de intensidad. Las imágenes obtenidas por
el Observatorio Yerkes a finales del siglo XIX muestran una mancha roja
alargada, ocupando el mismo rango de latitudes pero con el doble de extensión
longitudinal. A veces, es de un color rojo fuerte, y realmente muy notable, y en
otras ocasiones palidece hasta hacerse insignificante. Históricamente, en un
principio se pensó que la Gran Mancha Roja era la cima de una montaña
gigantesca o una meseta que salía por encima de las nubes. Esta idea fue sin
embargo desechada en el siglo XIX al constatarse espectroscópicamente la
composición de hidrógeno y helio de la atmósfera y determinarse que se
trataba de un planeta fluido. El tamaño actual de la Gran Mancha Roja es
aproximadamente unas dos veces y media el de la Tierra. Meteorológicamente,
la Gran Mancha Roja es un enorme anticiclón muy estable en el tiempo. Los
vientos en la periferia del vórtice tienen una velocidad cercana a los 400 km/h.
La Pequeña Mancha Roja[editar]
Artículo principal: Pequeña Mancha Roja
En marzo de 2006 se anunció que se había formado una segunda mancha roja
aproximadamente de la mitad del tamaño de la Gran Mancha Roja. Esta
segunda mancha roja se formó a partir de la fusión de tres grandes óvalos
blancos presentes en Júpiter desde los años 1940, denominados BC, DE y FA,
y fusionados en uno solo entre los años 1998 y 2000, dando lugar a un único
óvalo blanco denominado Óvalo blanco BA,7cuyo color evolucionó hacia los
mismos tonos que la Gran Mancha Roja a comienzos del 2006.8La coloración
rojiza de ambas manchas puede producirse cuando los gases de la atmósfera
interior del planeta se elevan en la atmósfera y sufren la interacción de la
radiación solar. Las mediciones en el infrarrojo sugieren que ambas manchas
se elevan por encima de las nubes principales. El paso, por tanto, de óvalo
blanco a mancha roja podría ser un síntoma de que la tormenta está ganando
fuerza. El 8 de abril de 2006, la cámara de seguimiento avanzada del Hubble
tomó nuevas imágenes de la joven tormenta.
Estructura de nubes[editar]
Las nubes superiores de Júpiter están formadas probablemente de cristales
congelados de amoníaco.9 El color rojizo viene dado por algún tipo de agente
colorante desconocido aunque se sugieren compuestos de azufre o fósforo.
Por debajo de las nubes visibles Júpiter posee muy posiblemente nubes más
densas de un compuesto químico llamado hidrosulfuro de amonio, NH4HS. A
una presión en torno a 5-6 Pa existe posiblemente una capa aún más densa de
nubes de agua. Una de las pruebas de la existencia de tales nubes la
constituye la observación de descargas eléctricas compatibles con tormentas
profundas a estos niveles de presión. Tales tormentas convectivas pueden en
ocasiones extenderse desde los 5 Pa hasta los 300-500 hPa, unos 150 km en
vertical.
Desaparición del cinturón subecuatorial[editar]
A finales de abril de 2010, diferentes astrónomos aficionados[¿quién?] advirtieron
que Júpiter había alterado el color del cinturón subecuatorial, tradicionalmente
oscuro, apareciendo la parte sur completamente blanca y muy homogénea.10 El
fenómeno tuvo lugar cuando Júpiter estaba en oposición con el Sol, siendo por
lo tanto, observable desde la Tierra. Se barajan varias hipótesis para explicar
este cambio, la considerada más probable es un cambio en la coloración de las
nubes sin cambios sustanciales en la altura o cantidad de partículas que las
forman. Este fenómeno de desaparición aparente de una banda ocurre de
manera semi cíclica en Júpiter habiéndose observado con anterioridad en
varias ocasiones, en particular en el año 1993 cuando fue estudiado en detalle.
Estructura interna[editar]
Interior de Júpiter
En el interior del planeta el hidrógeno, el helio y el argón (gas noble que se
acumula en la superficie de Júpiter) se comprimen progresivamente. El
hidrógeno molecular se comprime de tal manera que se transforma en un
líquido de carácter metálico a profundidades de unos 15 000 km bajo la
superficie. Más abajo se espera la existencia de un núcleo rocoso formado
principalmente por materiales helados y más densos, de unas siete masas
terrestres (aunque un modelo reciente aumenta la masa del núcleo central de
este planeta entre 14 y 18 masas terrestres,11 y otros autores piensan que
puede no existir tal núcleo,12 además de existir la posibilidad de que el núcleo
fuera mayor en un principio, pero que las corrientes convectivas de hidrógeno
metálico caliente le habrían hecho perder masa). La existencia de las diferentes
capas viene determinada por el estudio del potencial gravitatorio del planeta,
medido por las diferentes sondas espaciales. De existir el núcleo interno,
probaría la teoría de formación planetaria a partir de un disco
de planetesimales. Júpiter es tan masivo que todavía no ha liberado el calor
acumulado en su formación, y posee, por lo tanto, una importante fuente
interna de energía calórica que ha sido medida de manera precisa y equivale a
5,4 W/m². Esto significa que el interior del planeta está mezclado de manera
eficaz por lo menos hasta niveles cercanos a las nubes de agua a 5 bar.
El mismo modelo mencionado antes, que da una masa mayor al núcleo del
planeta, considera que este tiene una estructura interna formada por cilindros
concéntricos que giran a distinta velocidad —los ecuatoriales (que son los
externos) más rápido que los internos—, de modo similar al Sol; se espera que
la misión JUNO, que fue lanzada en 2011 y que entró en órbita alrededor del
planeta el 4 de julio de 2016, pueda determinar con sus mediciones de la
gravedad joviana la estructura interna del planeta.
Magnetosfera[editar]
Artículo principal: Magnetosfera de Júpiter
Auroras observadas en el UV en Júpiter
Imagen esquemática mostrando el toro de partículas ionizadas atrapadas en la magnetosfera del
planeta. Es de destacar la interacción de la magnetosfera con partículas cargadas provenientes de
los satélites interiores Ío y Europa.
Júpiter tiene una magnetosfera extensa formada por un campo magnético de
gran intensidad. El campo magnético de Júpiter podría verse desde
la Tierra ocupando un espacio equivalente al de la Luna llena a pesar de estar
mucho más lejos. El campo magnético de Júpiter es de hecho la estructura de
mayor tamaño en el sistema solar. Las partículas cargadas son recogidas por
el campo magnético joviano y conducidas hacia las regiones polares donde
producen impresionantes auroras. Por otro lado las partículas expulsadas por
los volcanes del satélite Ío forman un toroide de rotación en el que el campo
magnético atrapa material adicional que es conducido a través de las líneas de
campo sobre la atmósfera superior del planeta.
Se piensa que el origen de la magnetosfera se debe a que en el interior
profundo de Júpiter, el hidrógeno se comporta como un metal debido a la
altísima presión. Los metales son, por supuesto, excelentes conductores de
electrones, y la rotación del planeta produce corrientes, las cuales a su vez
producen un extenso campo magnético.
Las sondas Pioneer confirmaron la existencia del campo magnético joviano y
su intensidad, siendo más de 10 veces superior al terrestre conteniendo más
de 20 000 veces la energía asociada al campo terrestre. Los Pioneer
descubrieron que la onda de choque de la magnetosfera joviana se extiende a
26 millones de kilómetros del planeta, con la cola magnética extendiéndose
más allá de la órbita de Saturno.
Las variaciones del viento solar originan rápidas variaciones en tamaño de
la magnetosfera. Este aspecto fue estudiado por las sondas Voyager. También
se descubrió que átomos cargados eran expulsados de la magnetosfera
joviana con gran intensidad y eran capaces de alcanzar la órbita de la Tierra.
También se encontraron corrientes eléctricas fluyendo de Júpiter a algunos de
sus satélites, particularmente Ío y también en menor medida Europa.
Satélites[editar]
Artículo principal: Satélites de Júpiter
Imagen de Júpiter y los satélites galileanos: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto.
Satélites galileanos[editar]
Artículo principal: Satélites galileanos
Los principales satélites de Júpiter fueron descubiertos por Galileo Galilei el 7
de enero de 1610, razón por la que se les llama satélites galileanos. Reciben
sus nombres de la mitología griega si bien en tiempos de Galileo se los
denominaba por números romanos dependiendo de su orden de cercanía al
planeta. Originalmente, Galileo bautizó a los satélites como "Mediceos", en
honor a Cosme de Médicis, duque de Florencia. El descubrimiento de estos
satélites constituyó un punto de inflexión en la ya larga disputa entre los que
sostenían la idea de un sistema geocéntrico, es decir, con la Tierra en el centro
del universo, y la copernicana (o sistema heliocéntrico, es decir, con el Sol en
el centro del sistema solar), en la cual era mucho más fácil explicar el
movimiento y la propia existencia de los satélites naturales de Júpiter.
Los cuatro satélites principales son muy distintos entre sí. Ío, el más interior, es
un mundo volcánico con una superficie en constante renovación y calentado
por efectos de marea provocados por Júpiter y Europa. Europa, el siguiente
satélite, es un mundo helado bajo el cual se especula la presencia de océanos
líquidos de agua e incluso la presencia de vida. Ganímedes, con un diámetro
de 5268 km, es el satélite más grande de todo el sistema solar. Está
compuesto por un núcleo de hierro cubierto por un manto rocoso y de
hielo. Calisto se caracteriza por ser el cuerpo que presenta mayor cantidad de
cráteres producidos por impactos en todo el sistema solar.
Principales Satélites naturales de Júpiter
Radio orbital
Nombre Diámetro (km) Masa (kg) medio Período orbital
radio (km)
Ío 3.643,2 8,94×1022 421.600 1,769138 días
Europa 3.122 4,8×1022 671.100 3,551181 días
Ganímede
5.262 1,48×1023 1.070.400 7,154553 días
s
Calisto 4.821 1,08×1023 1.882.700 16,68902 días
Satélites menores[editar]
Además de los mencionados satélites galileanos, las distintas sondas
espaciales enviadas a Júpiter y observaciones desde la Tierra han ampliado el
número total de satélites de Júpiter hasta 79.1 Estos satélites menores se
pueden dividir en dos grupos:
Grupo de Amaltea: son cuatro satélites pequeños que giran en torno a
Júpiter en órbitas internas a las de los satélites galileanos. Este grupo está
compuesto (en orden de distancia) por Metis, Adrastea, Amaltea y Tebe.
Tebe un satélite del grupo de Amaltea.
Satélites irregulares: es un grupo numeroso de satélites en órbitas muy
lejanas de Júpiter; de hecho, están tan lejos de este que
la gravedad del Sol distorsiona perceptiblemente sus órbitas. Con la
excepción de Himalia, son satélites generalmente pequeños. A su vez, este
grupo se puede dividir en dos, los progrados y los retrógrados. La mayoría
de estos objetos tienen un origen muy distinto al de los satélites mayores,
siendo posiblemente cuerpos capturados y no formados en sus órbitas
actuales. Otros pueden ser los restos de impactos y fragmentaciones de
cuerpos mayores anteriores. Miembros de este grupo incluyen
a Aedea, Aitné, Ananké, Arce, Autónoe, Caldona, Cale, Cálice, Calírroe, Ca
rmé, Carpo, Cilene, Elara, Erínome, Euante, Eukélade, Euporia, Eurídome,
Harpálice, Hegemone, Heliké, Hermipé, Herse, Himalia, Isonoe, Kallichore,
Kore, Leda, Lisitea, Megaclite, Mnemea, Ortosia, Pasífae, Pasítea, Praxídic
e, Sinope, Sponde, Táigete, Telxínoe, Temisto, Tione, Yocasta y otros 17
que no tienen aún nombre definitivo.
Asteroides troyanos[editar]
Además de sus satélites, el campo gravitacional de Júpiter controla las órbitas
de numerosos asteroides que se encuentran situados en los puntos de
Lagrange precediendo y siguiendo a Júpiter en su órbita alrededor del Sol.
Estos asteroides se denominan asteroides troyanos y se dividen en cuerpos
griegos y troyanos para conmemorar la Ilíada. El primero de estos asteroides
en ser descubierto fue 588 Aquiles, por Max Wolf en 1906. En la actualidad se
conocen cientos de asteroides troyanos. El mayor de todos ellos es el
asteroide 624 Héctor.
Sistema de anillos[editar]
Artículo principal: Anillos de Júpiter
Imagen del anillo principal de Júpiter obtenida por la sonda Galileo
Júpiter posee un tenue sistema de anillos que fue descubierto por la
sonda Voyager 1 en marzo de 1979. El anillo principal tiene unos 6400 km de
anchura, orbita el planeta a 122 800 km de distancia del centro y tiene un
espesor vertical inferior a la decena de kilómetros. Su espesor óptico es tan
reducido que solamente ha podido ser observado por las sondas espaciales
Voyager 1 y 2 y Galileo.
Los anillos tienen tres segmentos: el más interno denominado halo (con forma
de toro en vez de anillo), el intermedio que se considera el principal por ser el
más brillante y el exterior, más tenue pero de mayor tamaño. Los anillos están
formados por polvo en vez de hielo como los anillos de Saturno. El anillo
principal está compuesto probablemente por material de los satélites Adrastea
y Metis; este material se ve arrastrado poco a poco hacia Júpiter gracias a su
fuerte gravedad. A su vez se va reponiendo por los impactos sobre estos
satélites que se encuentran en la misma órbita que el anillo principal. Los
satélites Amaltea y Tebas realizan una tarea similar, proveyendo de material al
anillo exterior.
Formación de Júpiter[editar]
Las teorías de formación del planeta son de dos tipos:
formación a partir de un núcleo de hielos de una masa en torno a 10
veces la masa terrestre capaz de atraer y acumular el gas de la nebulosa
protosolar
formación temprana por colapso gravitatorio directo como ocurriría en el
caso de una estrella.
Ambos modelos tienen implicaciones muy distintas para los modelos generales
de formación del sistema solar y de los sistemas de planetas extrasolares. En
ambos casos los modelos tienen dificultades para explicar el tamaño y masa
total del planeta, su distancia orbital de 5 ua, que parece indicar que Júpiter no
se desplazó sustancialmente de la región de formación, y la composición
química de su atmósfera, en particular de gases nobles, enriquecidos con
respecto al Sol. El estudio de la estructura interna de Júpiter, y en particular, la
presencia o ausencia de un núcleo interior permitiría distinguir ambas
posibilidades.
Las propiedades del interior del planeta pueden explorarse de manera remota a
partir de las perturbaciones gravitatorias detectadas por una sonda espacial
cercana.
Actualmente existen propuestas de misiones espaciales para la próxima
década que podrían responder a estos interrogantes.
Impacto del cometa SL9[editar]
Artículo principal: Impactos del cometa Shoemaker-Levy 9
Imagen de los restos de uno de los impactos del cometa Shoemaker-Levy 9 en la atmósfera de
Júpiter capturada por el telescopio espacial Hubble
En julio de 1994 el cometa Shoemaker-Levy 9 impactó contra la atmósfera de
Júpiter. El cometa había sido disgregado por la acción de la gravedad de
Júpiter en 20/22 fragmentos en un paso anterior y cercano por el planeta.
Numerosos observatorios realizaron campañas intensivas de observación del
planeta con motivo de este suceso único incluyendo el telescopio espacial
Hubble y la sonda Galileo que en aquel momento se encontraba acercándose
todavía al planeta. Los impactos mostraron la formación de impresionantes
bolas de fuego en los minutos posteriores a cada impacto de cuyo análisis se
pudo deducir la masa de cada uno de los fragmentos del cometa. Los restos
dejados en la atmósfera se observaron como nubes negras en expansión
durante semanas propagándose como ondas de choque. Sus propiedades
permitieron analizar tanto propiedades del cometa como de la atmósfera
joviana y su interior profundo por métodos análogos a los de
la sismología terrestre. Los restos del cometa pudieron ser detectados durante
varios años en la alta atmósfera del hemisferio Sur de Júpiter, presentes como
partículas finas oscuras y mediante una mayor concentración atmosférica de
determinados compuestos químicos aportados por el cometa.
Se ha estimado que Júpiter, debido a su gran masa, perturba las regiones
cometarias como la nube de Oort atrayendo la mayoría de los cometas que
caen sobre el sistema solar interior. No obstante, también los acerca sobre sí
mismo por lo que es difícil estimar la importancia que tiene Júpiter en la llegada
de cometas a la Tierra.
Impactos recientes[editar]
Artículo principal: Impacto de cometa en Júpiter de 2009
Foto tomada por el Telescopio Espacial Hubble del impacto en Júpiter de 2009 que dejó una
mancha de 8000 km de extensión.13
El día 19 de julio de 2009 Anthony Wesley, un astrónomo aficionado
australiano anunció el descubrimiento de una mancha negra de un tamaño
similar al diámetro de la Luna que había aparecido en la atmósfera de Júpiter
en la región subpolar sur. Esta mancha estaba causada posiblemente por un
impacto asteroidal o cometario con el planeta. Científicos del Laboratorio de
Propulsión (JPL) de Pasadena, confirmaron el impacto utilizando el telescopio
infrarrojo de NASA (IRTF, NASA Infrared Telescope Facility) ubicado en la isla
hawaiana de Mauna Kea.14
El objeto causante del impacto, con un diámetro estimado de unos 500 metros,
provocó un aumento de la temperatura en las capas altas de la atmósfera
joviana en el lugar del impacto y una gran nube de partículas de polvo oscuras
que forman la mancha de impacto de gran extensión y que continuó siendo
observable durante varios meses de forma progresivamente más tenue al ser
dispersados los restos del impacto por los vientos de la atmósfera de Júpiter.
Por el momento se desconoce si el objeto que impactó con Júpiter era un
asteroide o un cometa. El impacto, descubierto por casualidad, ocurrió 15 años
después del impacto del cometa Shoemaker-Levy 9.
El 3 de junio de 2010, casi un año más tarde, Anthony Wesley y Christopher Go
(astrónomo aficionado de Filipinas) observaron simultáneamente la aparición
de un intenso flash de luz en Júpiter en una región muy localizada que se
corresponde con el impacto de un cuerpo asteroidal o cometario de menor
tamaño que en 2009.15 El flash, que duró unos pocos segundos, se produjo en
latitudes ecuatoriales y por el momento no parece haber dejado ningún
remanente de material observable en la atmósfera joviana.
Exploración espacial de Júpiter[editar]
Esta imagen muestra el polo sur de Júpiter, visto por la nave espacial Juno de la NASA desde una
altitud de 52 000 kilómetros. Las características ovales son ciclones, de hasta 1000 kilómetros de
diámetro. Múltiples imágenes tomadas con el instrumento JunoCam en tres órbitas separadas se
combinaron para mostrar todas las áreas a la luz del día, color mejorado y proyección
estereográfica.
Artículo principal: Exploración de Júpiter
Júpiter ha sido visitado por varias misiones espaciales de NASA desde 1973.
Las misiones Pioneer 10 y Pioneer 11 realizaron una exploración preliminar con
sobrevuelos del planeta. La sonda Pioneer 10 sobrevoló Júpiter por primera
vez en la historia en diciembre de 1973. La sonda Pioneer 11 le siguió justo un
año después. Se tomaron las primeras fotos cercanas de Júpiter y de los
satélites galileanos, se estudió su atmósfera, se detectó su campo magnético y
se estudiaron sus cinturones de radiación.
Representación artística de Juno llegando a Júpiter
Las misiones Voyager 1 y Voyager 2 visitaron Júpiter en 1979 revolucionando
el conocimiento que se tenía del planeta y sus satélites y descubriendo también
su sistema de anillos. Se descubrió que Ío tenía una actividad volcánica
extraordinaria y que Júpiter también poseía anillos. En 1995 la misión Galileo,
que constaba de una sonda y un orbitador, inició una misión de exploración del
planeta de siete años. Aunque la misión tuvo importantes problemas con la
antena principal que retransmitía los datos a la Tierra, consiguió enviar
informaciones con una calidad sin precedentes sobre los satélites de Júpiter,
descubriendo los océanos subsuperficiales de Europa y varios ejemplos de
vulcanismo activo en Ío. La misión concluyó lanzando al orbitador contra el
propio planeta para evitar una colisión futura con Europa que pudiera
contaminar sus hielos.
En diciembre de 2000 la misión espacial Cassini/Huygens realizó un
sobrevuelo lejano en su viaje con destino a Saturno obteniendo un conjunto de
datos comparable en cantidad a los sobrevuelos realizados por las Voyager
pero con una calidad de las observaciones mejor. A finales de febrero
de 2007 el planeta Júpiter fue visitado por la sonda New Horizons en su viaje
a Plutón.
El 5 de julio de 2016 entró en órbita la sonda espacial Juno para estudiar la
atmósfera, la magnetosfera y auroras de este planeta.
Están en estudio misiones dedicadas a la observación de Júpiter y su satélite
Europa por parte de las agencias espaciales NASA y ESA.
Cómo localizarlo[editar]
La Luna y Júpiter (abajo a la derecha) en un acercamiento aparente el 8 de enero de 2015. Debido a
la órbita de esta, es posible verla cerca del planeta cada 27 días.
Así como el resto de planetas más externos que la Tierra en su órbita con
respecto al Sol, Júpiter puede ocupar cualquier parte de la eclíptica o
encontrarse oculto detrás del Sol. No ocurre como con Venus y Mercurio, que
por tener sus órbitas más cerca del Sol que la de la Tierra, solo los podemos
localizar en dirección al astro. Dado su brillo, Júpiter es visible a simple vista, el
cual aparece como una estrella redondeada y de color pálido, siendo el
segundo planeta a simple vista más luminoso después de Venus. Con
un telescopio, también se puede ver su atmósfera y sus satélites.