Así compone el maestro Leandro Díaz
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Jaime Medina
Yo no ando con tanto enredo
para hacer una canción
le pongo unos pocos versos
a una bella melodía
y le pongo mi estilito
que queda de lo mejor
que cualquier acordeonero
lo toca con alegría
Cuando los amigos quieren
ayudar a los amigos
lo ayudan porque le ayudan
cuéstele lo que le cueste
pero cuando ya no quieren
se hacen los desentendidos
y si están en las alturas
no aceptan que otro progrese
Que hago yo con mis canciones
ya no las quieren grabar
me las tengo que guardar
igual que mis ilusiones
(EL ESTILITO – Compositor: Leandro Díaz; Intérprete: Jorge Oñate; Acordeón: Juan Humberto
Rois Zúñiga – Álbum: El cariño de mi pueblo, 1985)
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Así compone el maestro Leandro Díaz, de manera sencilla, tal como hizo a Matilde Lina.
Porque ese paseo parecía de Emiliano Zuleta, por tener los versos bien chiquiticos,
bajiticos de melodía y con una nota muy recogida.
Pero también en sus canciones les reclama a los amigos. Sucedió en El negativo, canción
que se la escuché a Beto Villa y Beto Zabaleta. Porque todo el que le ofrece le queda mal,
empezando por Diomedes Díaz, siguiendo con Alfredo Gutiérrez y una serie de
personajes que le prometieron chinchorros, equipos de sonido, casa y carro.
Su autobiografía se encuentra en la canción grabada en los años 80 por El doble poder,
con el acordeón de Ismael Rudas y la voz de Daniel Celedón Orsini cuyo título es Soy. Aquí
se va lanza en ristre cuando dice que “aquí en Colombia todo lo bueno está planeado pa´
los de arriba”.
Su inspiración refleja situaciones comunes de la vida, cuando dice que “los años no vienen
solos, yo les digo la verdad, el gallo quiere ser pollo y el pollo quiere pelear” y que “al pícaro
de provincia le conozco la jugada, cóbrele de mañanita para que vea como le paga” (La
contra). Así lo cantó Jorge Oñate en 1984, quizá uno de los intérpretes que más ha
grabado las canciones del maestro Leandro Díaz.
Sus letras hablan de la naturaleza cuando compuso El verano. Y uno no alcanza a
imaginar cómo una persona ciega pudo reflejar en sus canciones cosas que no ha visto.
La respuesta se encuentra en la página 86 del libro Diez juglares en su patio, escrito por
Jorge García Usta y Alberto Salcedo Ramos, cuando éste último entrevista a Leandro quien
manifiesta que “los primeros años de mi vida fueron de amistad con la naturaleza, de
convivencia magnífica con las plantas, con los cereales, con la tierra desértica y también con
la tierra buena, con los rios y las brisas. Con todo eso que aparece en mis cantos”.
Las mejores canciones se las hizo a la mujer. Desde la primera titulada A mí no me
consuela nadie, pasando por Matilde Lina, Elizabeth, Olvídame y La diosa coronada, de la
cual, a propósito, uno de sus textos sirvió de epígrafe para El amor en los tiempos del
cólera, de nuestro Nóbel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez: “En adelanto van
esos lugares, ya tienen su diosa coronada”.
El pasado 20 de febrero Leandro Díaz cumplió un año más de vida. Esta es sólo una parte
de su obra, de sus numerosas composiciones. Este escrito es un homenaje al Maestro y
ojalá que alguien le diga que en Pereira y en todo el país se recuerdan sus canciones.
Les dejo escuchar en su voz la primera composición A mí no me consuela nadie, luego El
estilito y Olvídame, ésta última con la interpretación de Los Hermanos Zuleta.
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