0% encontró este documento útil (0 votos)
216 vistas20 páginas

John Dower

Cargado por

Alondra Saldaña
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
216 vistas20 páginas

John Dower

Cargado por

Alondra Saldaña
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
JOHN W. DOWER CULTURAS DE GUERRA Pearl Harbor, Hiroshima, 12 de septiembre, Iraq Traduccion de DAVID LEON g pasapo &{ PRESENTE BARCELONA 9 «LA BOMBA MAS TERRIBLE DE LA HISTORIA DEL MUNDO» ZONAS CERO DE 1945 Llegado el mes de agosto de 1945, solo habia un pufado de ciuda- des japonesas que hubiesen escapado a los B-29 ya la Iluvia de fue- go que desataban desde el cielo. Sin embargo, semejante suerte re~ sultaba engafiosa, pues sila seleccién de objetivos estadounidenses enel Japon y en Europa se habia dejado, en general, en manos de los estrategas que servian en los campos de batatla, en la guerra aérea emprendida contra la nacién japonesa se dio una excepeién notable esta norma: siguiende instrucciones de Washington, el mando del general LeMay excluy6 de su dilatada relacién de blancos wsecun- darios» varias ciudades a las que estaban reservadas cotas de terror ¥éditas en el plano cualitativo. 276 CULTURAS DE GUERRA Este nuevo horror no era otro que la bomba atémica, y las ciuda- des elegidas como posibles objetivos por el «Comité Provisional» ul- trasecreto encargado de determinar si debia emplearse tal arma —y cémo debia usarse— eran Kioto, Hiroshima, Kokura y Niigata, amén de un afiadido de diltima hors: Nagasaki. La primera, antigua capital del Japén y custodia de buena parte de sus mayores tesoros religiosos, culeurales y arquitecténicos, se excluy6 mis tarde de lalis- taa instancia del secretario de Guerra, Henry Stimson, quien la habia visitado en la década de 1920 y habfa quedado prendado de sus en- cantos. Asimismo, temia que atacar una ciudad que ocupaba un lugar tan sagrado en la conciencia nacional resultara contraproducente al endurecer la resistencia y exacerbar los sentimientos contratios a Es- tados Unidos. Frente a una oposicién enéngica, logré ver aceptada su propuesta de retirar Kioto dela relacién de objetivos a finales de julio tras presentirsela directamente al presidente Truman.”” Estados Unidos probé con éxito la primera arma nuclear de la historia del mundo en el desierto de Alamogordo (Nuevo México), el 16 de julio. Truman recibié la noticia estando ena ciudad alemana de Potsdam, adonde habia ido a encontrarse con los ditigentes del Reino Unido y la Unién Soviética afin de debatir sobre el futuro de la Europa de posguerra y la direccién de la guerra que aiin se estaba librando con el Japén. A principios del mes de agosto, los militares estadounidenses pose‘an dos bombas nucleares fundadas en la fisién de dos isétopos bien diferentes (el uranio 235 y el plutonio 339). La de uranio, llamada Little Boy, se lanzé directamente sobre Hiroshi- ‘ma, por mediacién de un paracaidas, alas 8.15 del 6 de agosto —hora ala que muchas personas se hallaban en la calle, de camino al trabajo © a otros quehaceres matinales—, y estaba programada para estallar unos quinientos metros de altitud afin de que causara tantos estra- {g08 como le fuera posible. La radiacién térmica iberada en el centro de la explosién fue de entre tres mil y cuatro mil grados centigrados, Jo que, ademas de la muerte por incineracién inmediata de decenas de victimas, provocé quemaduras por el calor del fogonazo en todo aquel que se hallaba sin proteccidn en un radio de tres kilometros, ast ‘como quemaduras menores en quienes se encontraban nada menos que a 4,5 kilémetros a la redonda. La erupcién simulténea de incen- dios en toda la zona afectada caus6 una afluencia de «vientos de fue- MLA BOMBA MAS TERRIBLE [Link] HISTORIA DELMUNDOY 277 go» que alcanzaron, en las horas siguientes, velocidades de entre cincnenta y sesenta kilémetros por hora aproximadamente: una tor- ‘menta ignea comparable a la que devasté Tokio durante la incur- sin incendiaria del 9 de marzo. ‘Tres dias més tarde, después de que la densa nubosidad obligara adescartar Kokura en cuanto blanco de la segunda bomba —deno- minada Fat Man, «Gordo», a causa de su forma builbosa, y también, al decir de algunos chistosos, por la semejanza que guardaba con el corpulento primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill—, fue atacada la ciudad de Nagasaki. En este caso, la bomba se lanz6 a las 11.02 y cay6, aproximadamente, tres kilémetros al noroeste del punto previsto. La Fat Man estall6 a una altitud de algo més de cua- trocientos metros sobre el distrito de Urakami, y el alcance de la ex- plosién y del incendio posterior qued6 delimitado por las colinas de los alrededores. Los fuegos fueron menos intensos que los de Hiro- shima, y el radio de la zona en que la destrucci6n fue total, menor quealli. Quienes tienen tendencia a hacer tal cosa encontrarén cierto simbolismo en el hecho de que esta ilima entrase en accién cerca de la imponente catedral catélica de Urakami, y la de Hiroshima justo ‘encima de un hospital de grandes dimensiones.® Las primeras estimaciones efectuadas en la posguerra acerca del dafio que habian infligido las dos armas nucleares resultaron muy. precisas en lo tocante al grado de devastacién suftido por la «zona cero» de cada objetivo: en Hiroshima quedaron arrasados unos once kilémetros cuadrados y en Nagasaki, unos cinco. Con todo, el nii- mero de victimas mortales se subestimé de un modo considerable. Fundandose en datos proporcionados por los japoneses, el cuerpo estadounidense de Evaluacién del Bombardeo Estratégico dijo, en junio de 1946, «creer que los muertos de Hiroshima asc[endia]n a 70.000 u 80.000 (con un ntimero comparable de heridos), y los de Nagasaki, a ms de 35.000, cantidad superada por poco por la de heridos», Estos calculos tempranos, repetidos en incontables publi- caciones posteriores, han dado lugar a la tesis, no por petsistente ‘menos engafiosa, de que la primera incursién incendiaria efectuada sobre Tokio maté a més personas que las bombas atémicas. Las es- timaciones modernas, aceptadas por la generalidad de los expertos, sitiian el niimero probable de muertes alrededor de los 130.000 0 los Las zonas cero de agosto de 19.45 Silabombs de Hiroshima, lanzada el 6 de agosto, mast veza 140.000 personas nsimero de vietimas morales de ls de Nayasak, aeojada es dias despues —y que ssa aie distancia de! lugar elgio, cera dea eatedra exdica dl distrto de Urakami—,s sia en torno as 75.000. snd 59. Lanubede hongo de Nagasaki 6, El desierto nuclear creado en los aledafios de la catedral del distrito de Urakami 58. Encrucijada del desierto de Hiroshima (Nagasaki). 280 CCULTURAS DE GUERRA 140.000 en Hiroshima y de los 75.000 en Nagasaki —ocurridas en su mayoria antes de que llegara a su fin el afio 1945—. Tamafias ci- fras corresponden, aproximadamente, al so por 100 e la poblacién delas dos ciudades." Jamés sabremos con certeza cuntos hombres, mujeres y nifios ‘murieron en aquellos ataques. Dada la confusién imperante en un tiempo en que las gentes hufan de las ciudades con frecuencia y sus calles alojaban a menudo a soldados que podian o no estar de paso, no resulta facil determinar el niimero real de cuantos residian en uno y otro objetivo a principios de agosto. Quedaron destruidos no solo barrios enteros y zonas residenciales, sino también los documentos que podian permitir a los supervivientes investigar la identidad de cuantos pudieron haberlos habitado antes de la catistrofe. A fin de evitar la propagacin de enfermedades, se hizo necesario deshacerse cuanto antes de los cadéveres. Hubo quien incineré por cuenta pro- pia a cOnyuges, hijos, vecinos y compafieros de trabajo fallecidos. Los colegiales se congregaron tnos dias después de las explosiones [para ver a sus compaileros muertos consumirse en aquella escalo- friante reavivaci6n de las llamas propiciada por la construccién pre~ cipitada de ciclopeas piras de victimas sin identificar. Aios mas tar- de, a algunos de los supervivientes los acosaba ain el recuerdo de aquella segunda ronda de incendios deliberados. En Hiroshima en particular, el paisaje nocturno devastado podia verse, si se contem= plaba desde cierta distancia, herido por el fulgor rojo anaranjado de las ubicuas eremaciones. Después, seguirian muriendo personas sin «que las identificaran necesariamente como vietimas del bombardeo. ara algunos supervivientes, y para algunos de los parientes de los fallecidos, el haber sido elegidos para conocer una suette tan horren- da constituyé un estigma que entendian que debian ocultar. La mayor parte de las muertes se debi6 a quemaduras por exposi- cién a las radiaciones de estallido nuclear, a wefectos secundarios de la explosién» —como, por ejemplo, la caida de cascotes— y a los incendios que se declararon a continuacién. Tal como lo expresé el lenguaje frio del cuerpo estadounidense de Evaluacién del Bombar. deo Estratégico: «muchas de aquellas gentes mutieron varias veces en teoria, pues estaban sometidas a dafios diversos, cada uno de los cuales resultaba mortal por si solo». Aunque la mayor parte de las SB NAN SI PNM act incest ino LA BOMBA MAS TERRIBLE DB LA HISTORIA DELMUNDO» 281, muertes se produjo de manera inmediata u horas después del lanza- miento, fueron muchas las vietimas que fallecieron tras soportar dias, semanas o meses de agonia. En un principio, apenas se disponia de ayuda médica ni de ungiientos, medicinas ni analgésicos —pues os més de los médicos y las enfermeras habian muerto, y la generali- dad de las instalaciones sanitarias habia quedado destruida—, y en el rfodo inmediato que siguié al lanzamiento solo pudieron brindar- se cuidados inadecuados hasta un extremo lamentable. En los afios y aun décadas que siguieron no dejaron de producirse muertes debidas a dafios y enfermedades relacionados con la bomba atomnica. ‘Aparte de las quemaduras provocadas por la radiacién térmica, la causa més excepcional de mortandad fue la exposicién alos rayos gamma emitidos por el proceso de fisiOn. Entre los supervivientes dela explosi6n inicial que habisn estado cerca de su centro, la radio- toxemia (0 envenenamiento por radiacién) se manifesté transcurri- dos dos o tres dias; pero quienes habjan estado expuestos a aquella desde una distancia mayor, y dabana menudo laimpresién de haber salido ilesos del ataque, no revelaron sintomas antes de un periodo de entre una y cuatro semanas. Estos, ademés de fiebre, néuseas, diarrea y sangre en vomito, deyecciones y orina, incluian, confor- mea la enumeraci6n recogida en los informes del cuerpo de Evalua- cién del Bombardeo Estratégico, «pérdida de cabello, inflamaci6n y gangrena de las encfas, inflamacién de boca y faringe, ulceracién del tracto intestinal distal, pequefias manchas amoratadas ... debidas al derrame de sangre en los tejidos de la piel o las membranas muco- sas, y hemorragias més cuantiosas en encias, nariz y piel». Las au- topsias «revelaron cambios notables en la composicién sanguinea: ausencia casi total de leucocitos y deterioro de la medula ésea, en tanto que la membrana mucosa de la garganta, los pulmones, el es- témago y los intestinos mostraba una inflamacién considerable». Afios después, uno de los supervivientes de Hiroshima pinté el rostro de su hermano menor apoyado en la almohada de su lecho de ‘muerte mientras agonizaba victima de aquella plaga misteriosa que no se achacarfa a la radiacién nuclear sino mucho més tarde. El mo- ribundo esté sangrando por la nariz y por la boca, y tiene llena de sangre la escudilla que descansa al lado de la almohada. El rexto que acompafia a la imagen revela que se hallaba demoliendo edificios a 282 CCULTURAS DE. GUERRA fin de crear cortafuegos cuando estallé la bomba, y lo alistaron, en consecuencia, para ayudar a dar respuesta a la catéstrofe. «Regres6 a casa el 20 de agosto, por su propio pie y sano a todas luces; pero alrededor del 25 empezé a sangrar por la nariz y a perder el cabello, yssele llené el cuerpo de pintas rojizas. El dia 31 murié entre vomni- tos de sangre.» Los supervivientes que podian haber creado retratos de familiares semejantes a este se contaban por miles. Las fuentes posteriores tienden a aprobar la estimaci6n de 1946 del cuerpo de Evaluacién del Bombardeo Estratégico, segiin el cual wentre el 15 y el 20 por 100 de las muertes, si no mas, se debieron ala radiacién». Al mismo tiempo, los investigadores estadounidenses legaban a la conclusién de que, «de haber estado ausentes los efec~ tos de la explosi6n y el fuego, el nimero de muertos entre quienes se encontraban en un radio de ochocientos metros de la zona cero hhabria sido casi igual que el que se dio de hecho, y las muertes entre quienes se encontraban a un kilémetro y medio habrian sido solo ligeramente menos numerosas. La diferencia habria radicado, sobre todo, en el momento en que se habrian producido, pues en lugar de haber fallecido de inmediato, como ocurrié ala mayorfa de las vieti- ‘mas, estas habrian subsistido algunos dfas, o aun tres 0 cuatro sema- ‘nas, antes de sucumbir de radiotoxemia». ‘Aunque no ¢s facil evaluar los efectos de la radiacién residual, 5 posible que algunos de cuantos acudieron a las ciudades atacadas, antes de que transcurriese un centenar de horas de las incursiones se expusieran a ella, Por mas que el cielo estuviera despejado en Hi- roshima y nublado en Nagasaki cuando se lanzaron las bombas, las explosiones alteraron la atmésfera, y la humedad que se condens6 en las cenizas y el polvo que se elevaron los convirtié en «lluvia ne~ grav radiactiva en ambas ciudades. En los afios siguientes, los wefec- tos retardados» de la radiotoxemia y otros trastornos relacionados con la bomba atémica adoptaron la forma de incidencias estadistica~ mente andmalas de cataratas; neoplasias hematolégicas como la eucemia 0 el mieloma miiltiple, o tumores malignos entre los que se incluian el céncer de tiroides, de mama, de pulmén, de est6mago, de glindula salival y el linfoma maligno. Las vieron, a menudo, formarse en sus heridas cicatrices proruberantes de aspecto poco agraciado conocidas como queloides. fctimas de quemaduras ¥ cine stiairee Mane ES 4 BOMBA MAS TERRIBLE DE LAHISTORIA DEL NUNDOY 283 La radiacién, agravada por otros efectos de la agresién atémica, afect6 también a la reproduccién de los supervivientes. Los andlisis de semen efectuados poco después de los ataques entre os varones de Hiroshima que se hallaban a menos de un kilémetro y medio del centro de la explosién revelaban una reduccién drastica del mimero de espermatozoides, aunque él dafio provocado a las embarazadas y a sus fetos resultaba més evidente y descarnado. El informe del cuerpo de Evaluacién del Bombardeo Estratégico lo resumia en los términos siguientes: ‘Todos los casos conocidos de mujeres en diversos estados de gesta- ci6n que se encontraban a menos de un kilometro de la zona cero han acabado en aborto. Aun las que estaban a una distancia de hasta dos kilometros han sufrido interrupet6n del embarazo o han alumbrado ‘premataros que han muerto poco después de nacer. Del grupo de las que se hallaban entre los dos y los tres kilémetros, una tercera parte aproximads ha tenido hijos normales en apariencia, Dos meses des- pués dela explosién, la proporei6n total deabortos y nacimientos pre- ‘maturos era del 27 por 100, cuando la tasa habitual es del 6 por 100. Muchas de las mujeres que se encontraban en las dieciocho pri- ‘meras semanas de gestaci6n cuando se vieron expuestas 2 las explo- siones térmicas radiactivas dieron a luz @ nifios con malformaciones congénitas. Se dieron casos de microcefalia, dolencia caracterizada pore! ramafo en exceso reducido de la cabeza que en ocasiones va acompafiada de retraso mental, en unos sesenta de los nacidos que ain se encontraban en el seno materno en el momento de la agre- sidn. Afios después, cuando crecieron hasta hacerse adolescentes y adultos, se convirtieron en uno de los muchos simbolos lamentables del legado perdurable de aquellas bombas.* Mis de una década después, ain era raro que el piblico general de dentro y fuera del Japén se preguntara o se preocupara por ver ofr lo que comportaba estar desfigurado de por vida por mutilacio- nes o cicatrices; vivir preguntindose si la propia sangre habia que- dado 0 no intoxicada por la radiacién, o en los casos en que se sabia ue la respuesta era afirmativa, si tal dolencia se transmitiria tam- bién a los hijos y a fas generaciones aiin por nacer. El traumatismo 284 CULTURAS DE GUERRA psicolégico y el estigma social que acarreaba el haber sido victima de la bomba atémica —Io que en ocasiones se denominaba, en el léxico de la afliccién nuclear recién nacido en la nacién, «leucemia del alma» 0 wqueloides del coraz6n»— resulta imposible de cuanti- ficar. Muchos supervivientes se vieron acosados para siempre por el sentimiento de culpa que les provocaba el hecho de haber seguido ccon vida mientras morian tantos a su alrededor, incluidos los seres mas queridos, sin que ellos pudiesen hacer nada por ayudarlos. Para muchos, vivir tras el mes de agosto de 1945 implicaba un wencuen- tro constante con la muerte», conforme ala expresién empleada mis, tarde por el psiquiatra Robert Jay Lifton.“ LOS PREPARATIVOS PARA LA ZONA CERO Descrito de este modo sobrio, el impacto que tuvieron las bombas atémicas sobre el ser humano parece obra de una malevolencia fuera de lo comin. Se diria que se imagin6 de antemano lo que podia ocu- rrir, y en cierto modo extrafiamente distante, asi fue. El DIX grupo rmixto, creado en septiembre de 1944 afin de adiestrar a las dotacio~ nes aéreas que debian llevar a térnino la mision nuclear, por ejem- plo, centré su atencién en los bombardeos de precisién efectuados desde altitudes excepeionales—de hasta nueve mil metros—. Al de- cir de determinado documento, «lanz6 en el desierto 155 unidades de prueba [sin carga nuclear] de la Little Boy y de la Fat Man», y consa- {276 un ndimero incontable de horas perfeccionar inclinaciones late- rales tras el lanzamiento de las bombas afin de evitar que el aparato se viera arrastrado por la explosién atémica que se caleulaba. Se sux ponia que el érea de peligro acababa a los ocho kil6metros de la ex- plosién, distancia que debfa doblar el B-29 para considerarse a salvo. Yaa mediados del mes de mayo, dos antes de que estuviese lista para ser probada la nueva arma, J. Robert Oppenheimer, director cientifico del Proyecto Manhattan, que desarrollé en secreto la bomba bajo la égida del Ejército, abord6 desde otra direcci6n dis- tinta el peligro excepcional al que se exponia la tripulacién encarga- da de arrojarla. Las minutas de la presentacin que ofrecié a los es- GLA BOMBA MAS TERRIBLE DELA HISTORIA DEL MUNDO» 285 scategas militares «acerca de los efectos radiol6gicos del artilugion que era la palabra en clave que se empleaba por lo comiin para designar el prototipo— compendian en los siguientes términos sus recomendaciones basicas al respecto: «1) por motivos radiolégicos, no deberd haber avin alguno a menos de 4 km del punto de detona- cién (distancia que debera ser mayor para evitar la explosién); 2) Jos aparatos deberdn evitar la nube de materiales radiactivos». En otra ocasién posterior, Oppenheimer informaria al Comité Provi- sional de que, con toda probabilidad, la radiactividad «seria peligro- san... un radio de al menos un kilémetron.6° Tan escrupulosas precauciones relativas a la seguridad de los bombarderos se hicieron extensivas a las pruebas llevadas a cabo en el desierto de Nuevo México a mediados de julio con el nombre enclave de Trinity. En elas, el centenar y medio de oficiales militares y cientificos que contemplaron la explosién lo hicieron desde zanjas de un metro de profundidad, dos de ancho y ocho de largo cavadas ‘en un «campamento base» situado a catorce kilémetros de la zona cero. Los puntos de observacién mas cercanos, entre los que se en contraba el centro de mando, se hallaban a unos nueve mil metros delatorre de acero de treinta metros en que se habia situado la bom- ba, ¢ incluian refugios reforzados con cemento y enterrados a gran profundidad. Aun los observadores colocados a treinta kilémetros de distancia habfan recibido instrucciones de «tumbarse boca abajo cen el suelo de inmediato, con el rostro y los ojos hacia tierra y la ca- beza alejada de la zona cero» en el momento en que la sirena anun- ciara que quedaban dos minutos para la detonacién. Se les dieron gafas oscuras de soldador para que pudiesen contemplar el especté- culo que seguiria al cegador resplandor inicial, y rdenes de perma- necer boca abajo a fin de evitar dafio alguno del material que caeria del cielo. Asimismo, hubjeron de asegurarse de dejar abiertas las ventanillas de los automéviles para que no las hiciese aficos la ex- plosién. No hubo eriatura viviente —reptil, alimaiia o insecto— en un radio de kilometro y medio del centro de esta que no sufriera exter- y la luz cegadora que produjo el estallido sobre el cielo noc- tumo fue lo bastante potente para causar casos de ceguera temporal (de hecho, cuando en la isla de Tinin se informé por vez primera a Pruebas Trinity 61 y 62. Labolade fuegoalos 0,035 segundos y los 0,090 segundos. 653. Formacién de la nube de hongo a 64. Lanube de hongo a los dir segun- los dos segundos, dos las dotaciones elegidas para bombardear Hiroshima y Nagasaki de cual era su misién, se les dieron unas gafas de aviador polarizadas junto con la alarmante advertencia de que «a un soldado apostado a treinta kilémetros [del lugar en que se efectuaron las pruebas} lo cegé el fogonazo aun estando dentro de una tienda»). El equipo se- lecto de cientificos conformado por estadounidenses, britinicos y exiliados procedentes de Europa que planeé y puso por obra el de- sarrollo y el uso de las bombas, e inauguré con ello una nueva era de destruccién masiva, lo hizo, por lo tanto, con los ojos bien abiertos, aunque protegidos, aunque no lo bastante para imaginar a las perso- nas a las que iban a matar, la despreocupacién con la que iban a ha- cerlo ni la magnitud real de la matanza que iban a provocar. En lo Tr ieee pssst MLA RONDA MAS TERRIBLE DELA HISTORIA DEL MUNDO» 287, que respectaba a esto tiltimo, Oppenheimer se atrevié a suponer que tal vez cada una de las bombas pudiese quitar la vida a unos veinte mil japoneses.* Al mismo tiempo, sin embargo, los dirigentes estadounidenses y briténicos, incluidos los cientificos, reconocieron de inmediato el potencial que posefa la nueva arma para provocar catéstrofes capa- ces de transformar el mundo. Antes de que los ataques de Hiroshi- ma y Nagasaki confirmaran que era posible causar con una sola bomba I2 misma destruccién que se habfa logrado con las incursio- ‘nes acometidas con anterioridad contra ciudades alemanas y nipo~ nas mediante el uso de cientos de aviones dotados de colosales car- gas de bombardeo; antes de que nadie hubiese tenido ocasi6n de contemplar las fotografias aéreas de las zonas cero arrasadas de las, dos poblaciones japonesas que habjan sido reducidas a escombros —o de vivir en su propia carne la catdstrofe—; antes de que el cuer- po estadounidense de Evaluacién del Bombardeo Estratégico ela- borase su influyente informe sobre uel impacto de las bombas at6micas en Hiroshima y Nagasakin; antes de que los técnicos cal- culasen que la Little Boy habia sido 6.500 veces més eficaz que el comin de las bombas de gran potencia conforme al niimero de muertos y heridos; antes de todo esto, ya se habian introducido en la jerga bélica expresiones apocalipticas. ‘Asi, por ejemplo, en el informe que redacté tras ser testigo de la prueba del 16 de julio, el general de brigada Thomas Farrell se dioa pensamientos de divinidad, transgresion y condenacién: «un rugido clamoroso, sostenido e imponente —escribié— que parecfa anun- ciar la presencia del juicio final y que hizo que nos sintiéramos seres insignificantes que pecaban de blasfemos al tratar de jugar con las fuerzas que hasta entonces habfan estado reservadas al Todopode- roso». George Kistiakowsky, experto en quimica y explosivos de Harvard, obsesionado con aguelia misma imagen, no pudo menos de describir el espectéculo de la prueba como «lo mis cercano al juicio final que pueda concebir nadie». «Estoy convencido —fue- ron las palalyras que puso en boca de Kistiakowsky el iinico perio- dista presente— que cuando llegue el fin del mundo, en la iltima milésima de segundo de la existencia de nuestro planeta, el tltimo hombre que haya sobre su faz. vera lo que hemos visto nosotros.» Tr 288 ‘CULTURA DE GUERRA Cuando llegé a Potsdam la noticia del éxito de fa prueba, Churchill describié la nueva arma como «el segundo Advenimiento... con e6- era», Truman también recurrié a las profectas biblicas a fin de ex. presar sus sentimientos, y asi, en un diario manuscrito elaborado en hojas sueltas en aquella ciudad alemana, escribié el 25 de julio: ehe- mos descubierto la bomba més terrible de la historia del mundo, que bien podria ser el fuego destructor que se vaticinaba en la era del valle del Bufrates, después de Noé y su Arca fabulosav.* ‘Oppenheimer también acudié a otra teologia del juicio final, de tradicién hinds al objeto de dar con la expresién adecuada para lo que sintieron él y sus colegas cuando abrieron la puerta a aquel ins- trumento sin precedentes de homicidio en masa. «Sabfamos que el mundo jams iba a volver a ser e! mismo —fue la célebre frase que pronuncié cuando le pidieron que describiese lo que sintieron al sa- erse dominadores del poder destructivo del étomo—. Algunos rieron y otros lloraron, aunque la mayoria permanecié en silencio. Yo recordé en aquel momento un verso del Bégavad Guita hinds, \Visn estd tratando de persuadir al principe a cumplir con su deber, y para impresionarlo, adopta su forma humana de miltiples brazos y ie dice: “Ahora me presento convertido en muerte, en el destructor de los mundos”. Supongo que, de un modo u otro, fuue eso lo que pensamos todos.» CoNVERTIDOS EN MUERTE A despecho de tales imgenes apocalipticas, los estadistas, los cien- tificos y los oficiales del Ejército que se habisn consagrado ala labor de transformarse en muerte se las iageniaron para adornar y suavi- zar sus visiones del juicio final envolvigndolas en eufemismos y en negaciones reconfortantes. Jamis llegaron a considerar en serio la idea de ao emplear aquella nueva arma devastadora, pero tampoco shablaron nunca de reducir a cenizas a las madres japonesas e itra- diar aun a los fetos que atin estaban por nacer. Dieron la espalda a todo debate relativo a blancos alternativos, pese a la insistencia de ‘no pocos cientificos situados por debajo de ellos en el escalafén. LA YOMBA MAS TERRIBLE DE LA HISTORIA DBL MUNDO 289) “Tampoco prestaron ninguna atenci6n seria ala pregunta de si debia dejarse transcurrir un lapso de tiempo dilatado tras la primera agre~ sidn para que los extenuados dirigentes japoneses pudieran respon- der antes de emprender la segunda, Por el contrario, los cientificos tedricos, los diseftadores de armamento, los constsuctores de bom bas y los estrategas prefirieron adoptar el lenguaje comodo e hipé- crita que hablaba de destruir blancos militares y al que ya se habia sacado brillo durante la campaita de bombardeo de saturacién con la que se devastaron 64 ciudades antes de Hiroshima y Nagasaki. E] Comité Provisional habia sentado los eriterios que debian cumplir los posibles blancos de ataques con bomba at6mica cuando tocaba a su fin el mes de abril, y aunque atin quedaban varios meses para que iniciara LeMay el bombardeo incendiario de ciudades ni- nas «secundarias», las circunstancias prioritarias en la determina- nde los objetivos nucleares eran muy similares. Tal como recor- daria més tarde el general Leslie Groves, principal coordinador militar del Proyecto Manhattan, el «factor capital» consistia en que fuesen «lugares cuyo bombardeo afectara del modo més adverso posible ala voluntad del pueblo japonés de seguir luchando». Con- sideraciones militares tales como la existencfa de puestos de mando, concentraciones de tropas o establecimientos vinculados a la pro- duccién bélica revestian una importancia secundaria. A esto habia «que afiadir las condiciones propias de todo experimento minucio- so: que fa ciudad elegida no hubiese sido victima de incursiones anteriores y que tuviese «la extensién apropiada para que la zona dafiada no excediera sus limites, de tal modo que pudiéramos deter- rminar cual era el aleance de la bomba».”” El seeretario de Guerra Stimson, uno de los principales enlaces que unian a Truman con los estrategas militares, muy admirado, ademés, porla seriedad con que abordaba los asuntos éticos, consti- tuye un ejemplo excelente de este ejercicio peculiar de raciocinio evasivo. El 31 de mayo, hizo constar que el Comité Provisional ha- bia legado a la conclusion de wque no podiamos poner sobre aviso a los japoneses; que no podfamos concentrarnos en un érea civil, y sin embargo, debiamos tratar de causar una impresién psicol6gica pro- funda al mayor néimera posible de habitantes». Stimson se mostr6 de acuerdo con ia propuesta de James Conant, integrante también 290 CouTonas DE GUERRA del Comité y, desde 1933, rector de Harvard, de «que el objetivo mis deseable serfa una fabrica de guerra de importancia vital en la que operase un nfimero considerable de obreros y que estuviera ro~ deada por casas de trabajadores», Los santones de Boston y los inte- lectuales que vivian entronizados en su torre de marfil ast como zodos los estadistas del consejo planificador del Comité Provisio- rnal—no consideraban, al parecer, que hubiese contradiccién algu- ‘na en elegir como blanco una zona residencial obrera populosa con elarma mas mortifera que hubiese conocido el ser humano a tiempo que se propo Fue através de semejante gimnasia ret6rica—a través de lo que Kai Bird y Martin Sherwin denominan con cautela wdelicados eufe- mismos» y considera Gerard DeGroot wescaparatismo destinado a mitigar el sentimiento de culpa de cuantos hallaban dificil de acep- tar los bombardeos terroristas»— como se adopté la decision de destruir aquellas dos ciudades de densa poblacién mientras se nega ba que tal cosa constituyese un ataque deliberado al paisanaje. El diario de Stimson y fas observaciones que, de manera informal, cemitié ante otros resultan tan enrevesados como sus declaraciones piiblicas mas formales, y las fantasias en las que se embareé mien- tras planeaba la destruccién de los mundos se transmitieron, sin hi- ‘gara dudas, a su comandante en jefe. En la misma entrada de aquel «diario de Potsdam» correspondiente al 25 de julio en la que escri- bié acerca de la posesién de «la bomba més terrible de la historia del mundo», también sefalé lo siguiente: no «concentrarnos en un area civil».”" Esta arma debe emplearse contra el Japén entre este momento y el dia 10 de agosto. He pedido al sefior Stimson, secretario de Guerra, «que la use de tal modo que los blancos sean objecivos militares, solda- dos y marineros, y no mujeres ninifos. Por salvajes, ceueles, despia- datlos y fansticos que sean los japoneses, no podemos, en cuanto res- ponsables maximos del bienestar comin del mundo, lanzar una boraba tan terrible en la vieja capital ni en la nueva [es decir, Kioto y Tokio]. Los dos estamos de acuerdo. El blanco seré puramente militar, y publicaremos una declaracién de advertencia para pedir a los japone- ses que se rindan e impidan asi que se pierdan més vidas, Aunque es- toy convencido de que no van a hacerlo, les habremos ofrecido la oca- r- LA BOMBA MAS TERRIBLE [Link] DEL MUNDO” 291 sin. Sin duda es bueno para el mundo que ni la gente de Hitler nila de Stain hayan descubiero esa bomb atémica, pues da laimpresin de ser el hallazgo més terrible que se haya hecho nunca, y también el que puede ser de més utilidad.”* En la Declaracién de Potsdam del 26 de julio, Estados Unidos, el Reino Unido y la China hicieron un llamamiento al Gobierno ni- pon para que aceptara la rendicién incondicional si no queria en- frentarse a una wdestruccién inmediata y total». A eso se redujo la adeclaracién de advertencian, cuya vaguedad, de hecho, equivalid en la practica ala decisién de no advertir al Japén adoptada por el Comité Provisional el 31 de mayo. Mas chocante ain resulta, sin embargo, la caracterizacién de los objetivos nucleares como «pura- mente militar[es)» y sin «mujeres ni nifios». En el comunicado ra- diofénico que siguié al lanzamiento de la bomba atémica sobre Hi- roshima, Truman insistié en describir el blanco como «una base militar ... porque desedbamos evitar en este primer ataque, en la me- dida de lo posible, la muerte de paisanos», y asimismo, en sus me- ‘morias caracteriz6 la ciudad como «centro de produccién bélica de primera importancia military, Lo que sugiere el diario, y también [as conversaciones informa- les que mantuvieron, en general, los encargados de planificar cuan- to concernia a las bombas nucleares, es que toda esta construccién de mitos fue més allé de la tergiversaci6n deliberada. Ello resulta mds ficil de entender si hablamos del autoengaifo, la elusién psico- llgica y la evasion moral que acompafiaron de manera casi necesa- ria la Hamada «guerra aérea estratégicay en general. (El diario que escribié en Potsdam el presidente constituye un registro esponta- neo de sus pensamientos cotidianos que pas6 décadas enteras perdi- do entre los papeles de uno de los funcionarios menores que part paron en la conferencia, sin que los investigadores tuvieran noticia alguna de él.) La fe en su propia persona y en lo justo de la causa promovida por su nacién, y en cierto grado su misma cordura per- sonal, exigian que bloquease cualquier reflexidr desenvuelta y sos- tenida de lo que se habia hecho de la guerra moderna.” ‘Como todas las ciudades niponas de cierta entidad, Hiroshima y Nagasaki participaran, de forma innegable, en la empresa bélica de r- 292 CULTURAS DE GUERRA su nacién, Ademas de contar con fabricas relacionadas con esta y con cierta presencia de tropas, la primera revestia no poca impor- tancia en calidad de centro de mando y de punto de partida para los combatientes que embarcaban en direcci6n al continente y a desti- nos meridionales. Llegado el mes de agosto de 1945, sin embargo —y dado que la Armada y la marina mercante japonesas se hallaban en el fondo del océano; Okinawa, en manos aliadas, y el pais, aisla- do de los recursos procedentes del exterior; as bombas incendiarias habjan reducido a cenizas ya seis de los municipios més importantes del pais y 58 de los secundarios, y se sabfa que los dirigentes de la nacién estaban buscando a tientas un modo de salir de las hostilida- des con la menor pérdida posible—, no tenfa sentido hablar de ellas, ‘como «blancos militares» en un sentido convencional: eran objeti- vos de guerra psicolégica, una cota de terror nunca vista, sanque ‘econ otros pretextos». ‘Tal como lo expresé el cuerpo estadounidense de Evaluacién del Bombardeo Estratégico: «Las dos incursiones estaban destina- das a afectat a todo el Japén: las potencias aliadas pretendian acabar con el espiritu combativo del pueblo nipén y de sus dirigentes, y no solo de los habitantes de Hiroshima y Nagasaki». Oppenheimer le- g6 ala misma conclusién tras las explosiones, y la expres6 en térmi- znos afin mas contundentes al reflexionar sobre el mundo que habia propiciado con su contribucién al Proyecto Manhattan. «En Hiro- shima se ha sentado el patrén de uso de las armas nucleares —escri- bi6 cuando aiin no habfan transcurrido cuatro meses desde el final de la guerra—. Se trata de ingenios de agresién, de sorpresa y de terror. Sillegan a emplearse de nuevo, tal vez sea en ntimero de mi- les, o quiza de decenas de miles. Puede que cambie el modo de ha- cerlas llegar al enemigo, que tengan que adaptarse a posibles me- dios de intercepcién y respondan a estrategias diferentes de las utilizadas contra un enemigo derrotado en esencia; pero es un arma para agresores, y los elementos de sorpresa y terror le son tan pro- pios como el micleo fisionable.»”* En los afios posteriores al fin de su presidencia, Truman no esca- timé elogios, rayanos en la adulacién, a su franqueza y su sentido comin. El que un hombre préctico como él, situado en ia olla a pre- sidn de la guerra y en lo mis alto del escalafén, aprobase un dia la sheet Ln BOMBA MAS TERRIBLE DELA HISTORIA DEL MUNDO” 293, dleccién de ciudades de gran densidad de poblacién en calidad de blanco, hablara al siguiente de su terrible arma nueva comparéndola con el fuego destructor de la profecfa del Nuevo Testamento y cre- yyese, aun asi, que las mujeres y los nifiosiban a verse exentos de todo dao dice mucho del grado en que la guerra psicolégica se habia ‘welto indisoluble de la negacién dela realidad y el autoengaiio. PONER FIN A LA GUERRA Y SALVAR VIDAS ESTADOUNIDENSES La negacién de la realidad y el autoengafio iban de la mano de la preocupacién clara y conereta que, como cabe entender, domina el anilisis convencional de la decisi6n de acabar con aquellas dos ciu- dades japonesas: poner fin a la guerra y salvar vidas estadouniden- ses. El equivalente a esta preocupacién tras el 11 de septiembre re~ sultaba igual de convincente, aunque no por ello dejara de ser paraddjico. Si en agosto de 1945, Ia meta declarada era la de salvar vidas estadounidenses desatando las armas de destruccién masiva ‘més terribles que hubiera conocido el mundo, la de después de los atentados de 2001 fue la de salvar vidas estadounidenses evitando que terroristas sin Estado 0 con patrocinio de alguna nacién reco- giesen el horrendo testigo de Hiroshima y Nagasaki. Después de la rendicin de los japoneses, la de cudntas vidas de ciudadanos de Estados Unidos se habfan salvado al lanzar las bombas atémicas y precipitar asi la capitulacién sin tener que invadir las islas centrales del pais se trocé en una cuestién muy discutida, Truman asegura en un momento de sus memorias que se prevefa medio mi- lon de victimas, y en otro habla de medio millin de muertes—estas, las heridas de combate no mortales de bajas por enfermedad fisica o la invalidez psicol6gica por neurosis de guerra se combinaban 0 confundian con facilidad en las predic- ciones efectuadas en tiempos de guerra y, més adn, en los anilisis de posguerra—. Durante un debate piblico celebrado muchos afios mis tarde en la Universidad de Columbia, asever6 como de cos- tumbre, en tono desafiante, no haberse arrepentido de su decisién, y iversa consideracién y las 204 CCULTURAS Dk. GUERRA ofrecié un calculo atin mayor de vidas salvadas. «No eran sino un arma mas de las del arsenal de la rectitud moral», asegur6, para afia. dir a continuacién que «salvé millones de vidas ... Fue una decisién, puramente militar destinada a poner fin a la guerra.»”" Churchill, haciendo balance, dio a entender en determinada ocasién que el mi. mero de vidas aliadas salvadas por tal accién bélica fue de 1,2 millo~ ines —de los cuales uno correspondia a estadounidenses— y justifi- 6 el uso de las bombas con su proverbial elocuencia en el volumen iltimo de su aclamada historia de la segunda guerra mundial: «E poder evitar una carniceria colosal e indefinida, propiciar el final del conflicto, llevar la paz al mundo, posar tna mano sanadora sobre sus pueblos atormentados mediante una manifestaciin de poder abrumador y a costa de unas cuantas explosiones nos pareci6, des- pués de todos nuestros empefios y los peligros que habfamos cono- cido, un milagro liberadory.7* Otros de los que participaron en la dec bombas hicieron hincapié, de igual modo, en la preocupacién por el coste humano, cada vez mayor, de la campaia contra el Japén y el ingente ntimero de bajas estadounidenses que presagiaba este hecho respecto de cualquier invasién que pudiera proyectarse. Ningin di- rigente militar ni civil responsable podia haber pensado de otro modo. Tal como lo expresé en 1947 Stimson, antiguo secretario de Guerra y hombre siempre reflexivo —aunque no siempre coheren- te ni comunicativo—, en un articulo muy debatido publicado en Harper's: «Tenia, por encima de todo, la intencién de concluir la guerra con resultado de victoria y con el menor coste posible en vi- das entre las fuerzas armadas que yo mismo habia ayudado a eri- girs.” George Marshall, antiguo jefe de estado mayor del Bjército y también dirigente militar admirado por su integridad ética, record6 asimismo la ferocidad de lu negativa a rendirse de que habjan dado muestra los japoneses en Okinawa y la resistencia de la moral nipo- nna aun tras la devastadora incursién aérea sobre Tokio y los ataques incendiarios a distintas ciudades que la siguieron. «Nos parecié, pues, necesario —sefialaba— empujarlos a actuar en la medida de nuestras posibilidades» mediante el uso de las bombas atmicas, y conclufa: «Tenfamos que poner fin a la guerra; teniamos que salvar vidas estadounidenses».™* n de hacer uso de las ¥ sissies SLA BOMBA MAS TERRIBLE DE LA HISTORIA DBLMUNDO® 295 Nada de esto respondia a una racionalizaci6n posterior a los, acontecimientos, ni reflejaba una interpretacién errénea del fanatis- mo con que rechazaba el Japén la idea de rendirse. En realidad, los dirigentes nipones albergaban la esperanza de que las batallas de~ fensivas suicidas que comenzaron con Saipan a mediados de 1944 y se extendieron a Iwo Jima y Okinawa disuadieran a las potencias aliadas de perseguir una victoria total y las llevaran a negociar al- gin género de solucién intermedia para la paz, En esencia, los cau dillos de Tokio seguian cautivados por el mismo pensamiento ilu- sorio sobre la debilidad psicolégica y la irresolucién del enemigo estadounidense que los habia empujado a atacar Pearl Harbor. A principios de 1945, el emperador Hirohito hizo caso omiso del con- sejo de acabar con la guerra y opts, en cambio, por apoyar a quienes abogaban por una defensa enérgica de Okinawa con la esperanza de «que tal proceder convenceria a Estados Unidos de que la nacién es- taba resuelta a luchar hasta el final. (Esta idea de emprender una batalla decisiva por tierra recuerda a la fe errénea que profesaban {os walmirantes de acorazado» nipones ala posibilidad de desmora- lizar y derrotar por entero al enemigo mediante una tinica batalla naval decisiva.) Fl plan basico de la defensa final de la patria, cono- cido con el nombre en clave de Ketsu-Go (literalmente, «operaci6n decisivas) se aprobé y distribuyé entre los comandantes que ser- vian en el campo de batalla a principios de abril. En él se hacia un lamamiento a la resistencia suicida, que comenzaria con la empresa de ataques kamikazes contra la flota invasora; proseguiria con una intensa oposicién militar en las cabezas de playa, y se harfa extensi- va, de ser necesario, al sacrificio activo de todos los stibditos adultos leales al emperador, fueran hombres 0 mujeres. Era razonable pre- decir que el caso de Okinawa se habrfa repetido un buen niimero de veces en cualquier invasi6n que se hubiera proyectado, y los docu- mentos internos del lado estadounidense confirman en qué grado habia atraigado tal convencimiento en sus estrategas.”” Las previsiones relativas alas bajas constitufan, alo sumo, conje- turas razonadas, y los planes de invasién de las islas niponas no solo estaban sujetos a constantes revisiones, sino que, por lo comin, res- pondian a un procedimiento muy compartimentado en el que p: cipaba un nimero considerable de ramas y de unidades militares. Sin 4s. ata escena de tes soldadosesalonnidenses muertos ena playa de Bama (Pa ta. Ntevs Got) marcbun camo defintvo ene enfogue dl goer del Pas Be Sci prlormednsdecomunicacon de Etados Unidos cundoaprei tetnpgna ch el ndmera dearest fe del 20 de spire de 94. La foogt Haaraaee Seong Steck se habiatomaosite meses antes no sehabia publindo we pea dln cana ofl de acetals aspects poitvosy no moss cs de spas menon © Heridos de gravedad a publcacin deena de ar dccrafa sna mare lial deal cera ylcomienz deunoror Fuera cual fuese el niimero de bajas, lo cierto es que debia evi- tarse a toda costa. El 16 de junio, por ejemplo, la Comision Cientifi- ca de alta categoria que asesord al Comité Provisional abraz6 de inmediato el uso de las bombas nucleares por el siguiente motivo: ‘«ereconocemos que estamos obligados a servir a nuestra nacién em- pleando las armas para ayudat a salvar vidas estadounidenses du- rante la guerra con el Japén».** Durante una reunién decisiva cele- brada en la Casa Blanca dos dias més tarde —el 18 de junio, tres antes de que se anunciara Ja conclusién, al fin, de la batalla de Oki- nawa—, el general Marshall expresé el convencimiento comin de que la invasion iba a wentraftar mucha mas dificultad que la de Ale- mania». Truman aprovech6 la ocasién para expresar su esperanza de uque existiese la posibilidad de evitar que se repita lo de Okinawa de tuna punta a otra del Japon." Un mes mas tarde, durante la prueba Trinity, las primeras palabras que dirigié el general Farrell al gene- ral Groves fueron: —Se acabé la guerra. A lo que el otro respondié: —Sisen cuanto lancemos dos bombas sobre el Japén. Cuando el coronel Paul Tibbets, piloto del Enola Gay —el B-29 cencargado de arrojar la bomba atémica de Hiroshima—, arengé a su dotacién antes de despegar, habl6 del honor que suponia haber sido elegidos para llevar a término aquella incursi6n y predijo que iba aayudar a ahorrar al menos seis meses de hostilidades. «Nos dio. Ja impresién —puede leerse en el diario de uno de sus subordina- dos— de que de veras pensaba que aquella bomba iba a terminar con la guerra. Y punto.»"* Truman concluyé cierto informe sobre la Conferencia de Pots- dam, transmitido por radio el 9 de agosto, refiriéndose a «la tragica significaci6n de la bomba atémicay lanzada sobre Hiroshima y evi- tando los pronésticos exagerados sobre matanzas que mas tarde do- minarian las racionalizaciones que se elaborarian —que elaboraria también él mismo— en la posguerra a fin de justficar su uso. Ase~ guré que se habia recurrido a ella «para hacer més breve la agontia de la guerra y salvar asi las vidas de miles y miles de estadouniden- r Pmt ARATE INE ER 8 18 BOMBA WAS TERRIBLE DE LAISTORIA DEL MUNDO" 303 ses jOvenes». En un mensaje sobre energia atémica leido ante el Congreso el 3 de octubre, también hablé de «la salvacién de una cantidad indecible de miles de soldados estadounidenses y aliados .e, de lo contrario, habrian muetto en combate»."” ‘Cuando habla de «miles de miles» y de «una cantidad indecible de milesn, std empleando un sinénimo, retGrico, de demasiadas. AL ‘mismo tiempo, tales expresiones son indicativas de lo que se habian alejado los estrategas civiles y militares estadounidenses de las consi- deraciones morales que habfan preocupado a muchos de ellos apenas unos afios antes, cuando estadistas como Franklin Roosevelt decla- raban, antes del ataque a Pearl Harbor, cosas como: «El bombardeo despiadado ... que se ha traduucido en la mutilacién y muerte de miles, de hombres, mujeres ¥ nifios, ha repugnado en 'o mas hondo a toda persona civilizada y conmovido profundamente la conciencia de a humanidad»; y cuando, en los afios primeros de la posterior guerra aérea, los estadounidenses que abogaban por los bombardeos de pre~ cisidn atin hablaban en serio del imperativo ético de evitar, en la me~ dida de lo posible, una cantidad indecible de miles de victimas entre Jos ciudadanos no combatientes del enemigo. ‘Todo aquello formaba ya parte del pasados habia quedado susti- tuido por un modelo diferente para los ¢jercicios futuros de guerra psicolégica, tertor, confianza en el empleo extremo e indiscrimina- do de la fuerza y desarrollo obsesivo de armas de un poder destrc- tivo cada vez mayor. 620 CULTURAS De GUERRA irpo edu de Euan de Bomb Bao USSBS fof enfant ds npn aprons, St 9p. (natn PR) depron pea ‘ene open st enepcal pen eae del gene Ege ter alsmaees puns Oke, vase oore el i ak of nae Aad ee Sakon Pres 20 (a en ic Te ee of towed emi fed gp (ia mcs mas)» Re ens ref hs ipo ‘Exp Rando tose, pp. 88cm lees ro pate ae anaes tsaoson peep dpe oases males cos). paella lin Kod 9 vl hp 48 (cao dealin dees ns cerca Tena morass}, aay aunt pene dnc dea pera ptomap ee onsen joan { Caveny Cate tv 9B. 399 {3 The ew Yet Tees (ymayr 9g) ene ei habla dee pda de bombadeos sen enel primers ly demas etn Jeu fede ara ons ios empresa de 3) ny deayo ya dl wl emai de coos oan sien dtn dele Ep igen ieee pot “i. Losdnos loses wbjaior sendron epson ag sige creat na incendiary sins gins ny gine Caen Cat te ‘res tinl em antares so da ord a ae scanty ec sev trade mnie questa nel conte serra mie fortes queda 7 Code cnn ese Sateuncay dds eaten norman Eero fets dita yor dns ean coco a capo about de Esa ‘Bomba Esco undue piialedlst qurkcben Cement ency sence sedgpon car oy. tnt debra se Ceuta oe delgara aed entoro assy oot) 9 ure ean pape Ua xm uta ek 6 des saad USSR Sway pos Nee la ‘erhnaaemumea lo 7 cy cera (0 ee aol eee tea couund dsr prone stom acon sl ties urn te su proven desu dealt itl p. 0), Nota oe site amen 7 elmer al ders inn scion dels aus Wes Himay Nagai eprops apni Mar Cat we yi an Thy, Blaine, it: 1996 Go ung nce fit, prduee so an canbe de dates qc o feces spn cals Wikipt Seep ling et a Sendo hn anaes tens Exe data ur ins en os es peer se ese eb itemer erin empleo se ors dee we nase de mbna smisnincnar aca aren qu scales devon langues Tam steoe feensSgt Abe Spur Cleon Selo ab des Manhatn Pons Heaps een Ao Soe seine 15. 530, Sema port Pama) pp 17-1 Elo ge expec nee om asta sane Te feof er ang or pon’ tanh coy Be) OT, "Thairsar, 939 1948 Seine Day, sh ah lcsspreabo dees del Bo deo satin ae ques args qe nso etl pot saan 6-3) ela reals 30 ards ot Alena. 1 Vise Freeman Dyan, ar lien opera eat AF Bombez Com smd gam Thy Ri (MIT toed 08a. Dyson ew 21 Mando de Bare en clad de veto gas dd Se iuce tos Se ‘eed ee que atau cao haces td de pons a trmen gc ue ina se por lin xi evan cobs: La apes qe ee ‘cose poder hand ancarian wes ones ta cones ede ns 6g setae ura gan dena Bomba ced en sn cond del ev, ea inelastic tx USS, Semney pa Paw) oy 2 een es ‘Soe pe prin arc ine nar men na ciel oagoese csepsn dele Tain y els "a Ceneny Carp i OT 5-8; USS, Tlf roi ming ops wsramony. yp Hoe, npr oneal domain. 9p. thes eonde et omas 6a ee, por ego Moto a. py Mant Poe ese Preetion Amato, Tsar hic pe ale pps) En bay Teens tar, 83 9360 {8 Heb iden «Fe ang obra cern PSO} sky copia, pe sn yap be etn ede pple pyro n> on ee ena <2 cord den md seasoned ae pcos ened dae epinds {Seva mondial nts mux di Del aponacons de Fema tmbyrerton sled “Soames PSYOP dg Wille (45 pp), OWT Pe PSLOP a decades wo (0699 US ‘my ecb rte ai woe pene en Sete one ac lade 19. USS, Samay np (Pach p23 y Ces Ct op 9% _yé-pebln men od retin rn Sein eo bpel jha aiegu dela penn lense cn con ue nod een co apie ba ‘Tela boned des lone endo") marae ronda Cham on ei Jn, tom ela qu tombe de pba i tap delay, pect denne, pon ecm steer oe cempie A.€ Geng eb hn mer nla pm ena comin space endo de bet Paps opted mans sal iF icniin pone a ue mans, pris aesame pce pu pdt Supine nessa ppc pics ete Lea > tpn dea andere por predelor tern ic gas bene de Hotnaywl flebmenats de nas sade Contain de Pape rune ec eo Coarse song i qahbads dlp edie de oaks Donen Cag { nopnds coders moyonara —~ Encrsrereln dt pel eae cosh sp vysacn die ch oan A Pap Boing wa om ond ‘Corin aroma isn Pes oye {2 Encusibs sora cn dally prepaid mode polo as side pony seed Jp, Vase Bower, Sena amt dons at sSdtienghieea bhi pole chip ar onpecd ceppso34 eas npn Sema cepa 7 Sp covey Conn p68 Je: ideo pt (ode ig hgh of he Teeth Air ose, OF tormaton Semi Hear my Aros pe) St, Falster sr pda deh, vane USRS, he ef of angi fo Bingo J's arco 2) 3 80s Say npon Pacinos 199 9 coy wre de ran di tote Enis no pelea dla incre sb es asi ue oe cine conte programs seo de ‘Sng ovina co un ges Bp dan me gue sen Sun didn odode dae, Ser Chany Mug, The sir aon pee, Fae epiembre-ccre 94 {7 Chadocn Dower Ent dee Cp 296 {i Theor Spits poral Mor pad Ox a mejor document lng eh 0 ‘9-HLA NOMA MAG TERRIBLE DE LA HISTORIA DEL MUNDO 8. Ot Cary The spatngin yo, Mr Stinson’ s"peeys Japon Quart, vl tae 4 Oca 1999) pp. 10672.07La poskin deCisgrca resi con wi dist en el debt 91 de Fao deigp, que mis tare ean acceable en Hines, coe ada de nCaaly eimate= . ‘Giangec's but of Baron J. Berson, en lind de Sendsriramong>, Veeoe Mis jes pos de cs tempest iuriabl em Mich! Kor, aly prjectne forthe inven of Jpn, Pharm estates a the ma of Baten ernst, Pave (olen de Soir fo isto of Ameren Foreign Reson; deme 103) ena dealin couric de Bers, «Marl, Ley and cassaly tus ely 20 Kor’ dame enter, Papo (ap0 200), AlpIONE ¥ 05 op pp Ae Sr Ganges, a i pp 64467 12 idpp 4-4, ngreco centr so tence informe de Hoover ena cat envi ural ia Him cca Se 93. La cade iseier cia url proces dena ‘aad 6 emi aon J McCloy. Assismn, ngrec cen esto tern del es) lb ‘neon poses de ger ore! ace Wl Shockey. en iad concede ch premio Nobel de Fic por sus nvestacionesen el ere de on anton le aaa os ‘uo: disponbie e en con > bjs, nung demaido tarde par ae pate sewer inaenia alguna. pal qoe el informe de Hoover, ab por sentado qo se sufican prices ene Sn, conc que i mr saro es ue egos quem ncn de lines de pene, ‘Taleos noe mipondea ate 1.79 cuatro mints de jets gue ve nein ete cy coco ues. Vase Gian, Coa prjetn cy ps8 Em bern, pencs Oy 1 Fp. 9-96, 5 open ets prima de grantee terete encore poles Satecndor en os ho dl ecalin ey or ames defn 14sec el mero de Hoover une niger ono a 33. Vase el capt del presente volumen,en donde se ta del aio pblicd por The Nw Yao Times yo de ay. Elan dela anda den exageracin de poole vise tes eae Une prodj dante ln poe sabes dela se irene ei Aiden Hoan y Nagata xe beso no ene or qu se deer, yo i Qs eben pita confine en evalacons inert and oo ncn pone, Al m0 ee sin bar, era par deo ator one cante 3 eee de us Boas — inca ‘oto foecrsi ada de prpesito tela gue, gneve geben pred late ‘ln que pesaron sla ea ents ehveigadoren al a nigh aco en fou caer 626 CULTURAS DE GUERRA fico ery ils veneore nel Gobir niin de deste de as hoes mason et {mers parr cas enor ou down rrr ores acres den ese cn. Bp Sharwinp ci, pence pp. 304305. Lava pusilla enn del eno ein pri et oes etery ernd ‘ri Veanee U.S. Deport of Sate, FRUS he Cnr of Bin ie Potsdam Cone) 948. Gowennet Ping Oe, 95, 9o}-99% Shei spend Fp. 35°), Clones, Cal projections cle yp 342-6. "i nds py pp 76 97, Pee Kean, Defending he indie: meition oa shee of Hignbing pile al Tem Jem ponte enien en Theta Pai una Japan Foe (Cpe org> coe 200) cs abe TBhete era de Abe Spe. Wo. Plc popro he predentfe United er Mary 8. Trman 948d: p13 Jo, La LOGICA IRNESISTIBLE DE LA DESTRUCCION MASIVA 28 Lapuende Crepe, lime dead ml de seen delet Jesh por opened pein cy dem ier Sad teres a et 0 por "oodelapblacsn ral ea so enon Eo Vier neue scot aan nied enone 9h 9 eh de tes milo bcd ns psa sree ye Sp. Emi aural shnda den mod imei nT Enns The ofisery sal ar dein de inlining of gmt Be Bos, Ue fa Seca deer: Bs hi deers ay a deco dana earn, Pin acl ts, toy7) Bator ahs amo po mip genpcen qin sic de in ena gn inamoneate wer Necro pom 0) oo, Elcom fe roma rnb drip eric: Sin dade pl und ge oe ne de ie adn aan deeb ea bombs imc ve er, OF [read face cin de Ly ope mmc Wiha ey, ce occ oft hf a pees Ra on roan, Band nro cs dt ‘hein, Whitey Howe, ofp in looce a, ve Ae Kal Sith peo Iisa’ mana in 195-94, ies Che Pram 96 Ven ‘il pra nani dtd dels mbna ing pesene on a Se pn insanda ura unlPa Boye, ye fo’ ap: arn agit ander oe en Facaonisge Pon 8 on. Lastnractin de Oppebsine, ind my ames, rode dean confer ic cna eonenie deat fs bn emcee eis onan soy nd gui ‘Sind le hmoy os xagectns pte cdr por ery etd nent del en pen faeres om, 2, Verena ala de MacAri, U-S Deparment of See FRU te Cn setae ip go Lean ce bran tl pon ab spe Re ao eo ‘gir lcs ge pedo on Ota. Lor eran de adn Und po comp ean {ad psd regina iin Jit singed ner ok open it ‘Sidraton de frm ee! wo degen ico Son co ae die er nares oer sioresacrn ge tooebane gin. Vise Capp “he Sherwin oc sores Dee aia de mpc, den ca oa com rociesls rector mat, avr St Lapin crise Grew crea ans deadiin comensscatanmemrandde sn levena ed ol prudent 38 dma dl que aed exten vane ebigeia Stew ble ye vee pai eo 16 Teepe pt ond pa en {ppt go danke pedals eo deca aaa, Ve Heth, darn kar fanpop Und Sar lam a {Berth row, 8 Co, ten onde orden osetia danny ais Ape rove ouomon ep wr Hest encgeci En rats nono pCla Una ‘bho, one U8 Doprent of Sete, PROS sh Cafe of Boi ct. vol pp see a6e taper aph Spl el Gobo exes ch seater Spore ee Seeceypmamnatataiapemmettene Rhy Mertoes hoes at ee, ae msi alee ‘Sopra ccnomi aol pais prc inden) Lada stab in de cre mayo hae oo nee a cele 1 de losjefes de esado . ce. que se hizo pilblica el a6 de ulio desde Potsdar ros eee hee, Senet aa cet coms Somer ssmee erin grt nea 2 ces riper enna or Sa aay Pee aise Se eh fe tee pa osm rc Ven Lebar s3'y 720 (se Hae aloo. rm aenaee na eae ces ei po ls pois mitre Mn ss opus Ley en nee Retin ou haa nena sine ceca apr cans algae Gai Take, Lon Gaui Lett: Lee Woman, Boi a hind ah). Cran Oba cha rn 188 Sy eons. El rove ached) 9 ok nee

También podría gustarte