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La pregunta de Jesús a Pedro: ¿Me amas?

Este documento analiza la pregunta de Jesús a Pedro "¿Me amas?" mencionada en Juan 21:17. La pregunta cuestiona el amor de Pedro y busca ver si es un amor profundo, alto y amplio. Jesús le hizo esta pregunta personal a Pedro tres veces antes de su ascensión, enfocándose en establecer una relación personal con él más que evaluar sus habilidades. La pregunta desnudó el alma de Pedro y determinó su misión de apacentar a las ovejas de Jesús.

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La pregunta de Jesús a Pedro: ¿Me amas?

Este documento analiza la pregunta de Jesús a Pedro "¿Me amas?" mencionada en Juan 21:17. La pregunta cuestiona el amor de Pedro y busca ver si es un amor profundo, alto y amplio. Jesús le hizo esta pregunta personal a Pedro tres veces antes de su ascensión, enfocándose en establecer una relación personal con él más que evaluar sus habilidades. La pregunta desnudó el alma de Pedro y determinó su misión de apacentar a las ovejas de Jesús.

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7. ¿Me amas?

 
Dirigida a Pedro
Juan 21:17

Pregunta que cuestiona nuestro amor

¡Qué pregunta de despedida la de Jesús a Pedro!


¡Qué pregunta que busca si realmente hay amor ágape!
¡Qué pregunta que quiere ver el amor más profundo, alto y amplio!
¡Qué pregunta que desnuda el alma a los ojos escrutadores de Dios!
¡Qué pregunta de cuya respuesta dependía la misión de Pedro?
¡Qué pregunta de cuya respuesta depende nuestra propia santificación!

Jesús, el Hijo eterno de Dios, antes de su ascensión a la diestra del Padre, en su


tercera aparición a sus discípulos (Juan 21:14), luego de haber cenado con ellos,
centró su atención en Pedro para darle su misión más específica ante los demás, la
de apacentar a sus ovejas. (Juan 21:17).
No le preguntó si conocía la doctrina y teología, si había entendido las verdades
eternas que enseñó, si era capaz de hacer lo que se le encomendaba, si sabía
echar demonios, si creía en la sanidad de los enfermos, si no tenía problemas con
aceptar los milagros y sobrenaturalidades del Reino, si podía predicar el nuevo
nacimiento con libertad, si podía trabajar el ministerio con las mujeres o si se
necesita que los niños se acerquen a Dios porque de ellos es el reino de los cielos,
o que era muy necesario activar el desarrollo social sostenido y la ayuda social
inmediata, etc.
Ni siquiera le preguntó si era fiel e idóneo para el ministerio, (2 Timoteo 2:2), sino
la pregunta era de orden personal, era el de tener una relación no pastoral, si no
personal con él,(Marcos 3:14), porque es la relación personal lo que mantiene viva
el amor por Dios y amor para con nuestro prójimo.
Las tres veces que le preguntó, si le amaba, aunque semántcamente era la misma
pregunta, era diferente en su lingüística y tonos. En la forma era igual pero en su
fondo era diferente y Pedro así lo entendió.
La primera vez, (Juan 21:15), se recuerda cuando le llamó a seguirle,
aproximadamente hace 3 años y medio. El tú eres Simón hijo de Jonás, y el tú
serás llamado Cefas, de Juan 1:42. Pero además, se le recuerda amablemente la
instancia de su negación, que por su impulso arrogante, esa arrogancia vestida de
piedad, que le llevó a menospreciar a los otros discípulos al decir, que él no lo
negaría (Mateo 26:30-35).
La segunda vez, (Juan 21:16), se le recuerda que es Simón, hijo de Jonás, débil
como una caña (El hebreo de Simón, tendría que ver con la imagen de una caña).
La auto confianza, el orgullo del que todo lo puedo y algunas veces, para
esconderlo decimos “en Cristo que me fortalece”, es muy sutil la soberbia y en
éste último encuentro, Jesús tocaba lo más hondo de Pedro, auscultándolo como
él sólo sabe hacerlo, con la pericia de sus manos.
La tercera vez, (Juan 21:17), a la pregunta de Jesús, no pudo contenerse más, se
rasgó la compuerta del yo más oculto a los hombres, es decir, pero a Dios no y
además, él sabe cómo tratar con Pedro, doblarlo al máximo pero sin romperlo,
entonces dijo: Tú lo sabes todo, tú sabes que te amo (Ágape).
Imaginamos a Pedro, con el corazón apretujado y los ojos llorosos, terminar éste
dialogo inolvidable (1 Pedro 5:1-4), diciendo aquello que lo calificaría como el
pastor de los judíos, el que abriría la puerta de los cielos por su predicación ungida
y ser al final, el gran apóstol del Reino.

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