ICTUS
El ictus es un trastorno brusco de la circulación cerebral, que altera la función de una determinada
región del cerebro, además es la primera causa de discapacidad física y mental grave en el adulto y
de dependencia.
El término ICTUS viene a sustituir a todos aquellos términos usados para referirse a la brusca
obstrucción de un vaso sanguíneo cerebral (trombosis, embolia), a su rotura (derrame) o a ambas
(apoplejía).
Su aparición está relacionada con la unión de varios componentes como la hipertensión arterial, la
obesidad, el sedentarismo, la dieta, la diabetes, el colesterol, el tabaco o la presencia de
determinadas enfermedades.
Suele afectar especialmente a personas de edad avanzada, sin embargo en jóvenes también se dan
casos (el 15-20% de los ictus se producen en menores de 45 años); y se deben fundamentalmente a
la adquisición de hábitos perjudiciales para la salud..
Existen dos tipos de ictus:
Isquémico: representa un 85% de los casos. Se produce porque el flujo de sangre que debería
llegar para “nutrir” el cerebro no es el adecuado debido a la presencia de un trombo en una arteria
cerebral que a menudo se origina en el corazón y se desplaza hasta el cerebro. La consecuencia final
es el infarto cerebral. Debido al déficit de sangre (y por tanto de oxígeno y nutrientes) se produce la
muerte celular de una zona del cerebro.
Hemorrágico: son mucho menos frecuentes (15%) y como indica el nombre se debe a una
hemorragia originada por la rotura de un vaso arterial cerebral. El pronóstico en este caso es peor,
siendo la tasa de mortalidad muy elevada. Los supervivientes suelen presentar secuelas menos
graves a medio plazo.
Existen 6 signos de alerta de ictus, que por lo general aparecen de forma brusca:
Pérdida de fuerza súbita e inesperada: se puede producir en la cara, brazo y/o pierna de un lado
del cuerpo. El lado del cuerpo (derecho o izquierdo) afectado dependerá de la zona del cerebro
dañada.
Trastornos de la sensibilidad: como la sensación de “acorchamiento u hormigueo” también en cara,
brazo y/o pierna de un lado del cuerpo.
Pérdida parcial o total de la visión, en uno o ambos ojos.
Alteración repentina del habla, lo que se conoce como afasia;
Dolor de cabeza, de intensidad inhabitual y sin causa aparente.
Sensación de vértigo, inestabilidad, pérdida del equilibrio o caídas bruscas inexplicadas.
Por lo general, el ictus puede parecer que se presenta de forma súbita e inesperada pero en muchos
casos podría prevenirse simplemente con un estilo de vida cardiosaludable.
La detección temprana del ictus es clave para el establecimiento correcto del diagnóstico y su
posterior tratamiento. Las primeras horas son fundamentales, cuanto antes se trate, más se reducirá
el riesgo de complicaciones y secuelas graves y más probabilidad tendrá el paciente de recuperarse
por completo.
Tratamiento de un Ictus
Los objetivos terapéuticos ante el paciente con ictus pasan por preservar la vida de la persona que lo
ha sufrido y por preservar la función de las estructuras cerebrales involucradas. En tanto los
tratamientos disponibles deben ser administrados lo más pronto posible (en las 4,5 primeras horas
tras el inicio de los síntomas).
es también obligado que el paciente que acaba de sufrir un ictus sea trasladado a un hospital lo antes
posible. Una vez establecido el diagnóstico las posibles opciones de tratamiento serán:
Fibrinolisis endovenosa. Consiste en la administración de un fármaco encaminado a “disolver” el
trombo que ha causado el ictus. Lógicamente esta opción queda reservada para los ictus isquémicos.
Fibrinolisis intraarterial (trombectomía). En casos seleccionados, bien por la naturaleza del propio
ictus, por el tiempo transcurrido (más de 4,5 horas) o por otras circunstancias (el fracaso del
tratamiento intravenoso), puede recurrirse a estos procedimientos de neuro-intervencionismo
vascular
Superada la fase aguda entra en juego el tratamiento rehabilitador, a diseñar en función de las
secuelas de cada paciente
Cómo prevenir un Ictus
1) Llevar una dieta rica y saludable, baja en sal y grasas.
2) Realizar actividad física de forma regular.
3) Controlar el peso, la presión arterial y los niveles de colesterol y azúcar en sangre
4) Abandonar el tabaco y restringir el consumo de alcohol a niveles moderados.
5) Controlarse el pulso de forma regular y, caso de apreciarlo rápido o con palpitaciones en una
situación de reposo, consultar al médico.