Cortoplacismo, una piedra en el zapato para la ética
Valdría la pena en este tiempo de encierro y de quietud pensar en las
consecuencias de esta práctica a nivel empresarial
Por: Laura Tatiana Palacio Rodríguez | abril 30, 2020
Hoy en día a la definición de mundo se le puede agregar el adjetivo de
“acelerado”, dando un lugar a la afirmación: “lo más importante de una persona es
su tiempo”. Esta es una idea aceptada en el mundo empresarial, la cual se ve
reflejada en diferentes tendencias que han ido invadiendo la totalidad de la vida de
una sociedad, desde lo más cotidiano, hasta la producción masiva de una empresa.
En otras palabras, toda gira en torno a la satisfacción de los objetivos a corto
plazo. Esta situación en el día a día se puede considerar inofensiva e incluso una
manera eficiente de administrar aquel recurso tan valioso pero limitado: el tiempo.
El gran problema de esta carrera acelerada en contra del tiempo radica en las
decisiones ciegas que se toman en el presente y sus repercusiones a futuro.
Ante todo, es importante pensar en el cortoplacismo y cómo esta manera de vivir
afecta de manera negativa la apropiada gestión de la empresa en lo que respecta
al bienestar interno de sus trabajadores y el impacto medioambiental.
Existen innumerables formas de explicar qué es el cortoplacismo, la definición que
mejor encaja con el propósito general del presente artículo es la expuesta en el
trabajo de Repenning y Henderson, en la cual el cortoplacismo se entiende como
“un método de decisión empresarial en el que prima la consecución de objetivos
cuantificables en el ejercicio actual, sacrificando a cambio otras acciones que
contribuyen a la capacidad futura de la empresa, principalmente menospreciando
proyectos e iniciativas con valor actual neto positivo”.
De lo anterior, se infiere que las empresas en pro de mejorar su rentabilidad a
corto plazo tienden a regirse finalmente por decisiones que a futuro no
beneficiarán a la misma ni a la sociedad. Por ejemplo, Zara, aunque bien fue
considerada un caso de éxito en la industria de la moda, ha recibido fuertes
críticas debido al impacto ambiental y social que este modelo de negocio
denominado “moda rápida” ocasiona al presente y al futuro. Este tipo de críticas
han generado que, aunque al final del periodo, la empresa obtenga un alto margen
de ganancias, así mismo pierdan diariamente un cierto porcentaje de aceptación
por parte de los consumidores, que son quienes tienen el poder de consumir o no
hacerlo.
Finalmente, todo lo que acabo de exponer tiene que ver directamente con la ética
empresarial, la cual no puede convivir con el cortoplacismo, dado que, al tomar
decisiones, sin tener en cuenta el impacto que estas generan a lo largo del tiempo,
podría ocasionar daños irreversibles para el medio ambiente, para los
consumidores y para los trabajadores de la empresa, que no hay que olvidar, son
quienes dedican su vida a la consecución de los objetivos de la compañía. Queda
entonces preguntarnos, y en consideración a la situación de aislamiento que se
vive actualmente el país, ¿es más importante para las empresas el tomar
decisiones cortoplacistas para afrontar la crisis inmediata o el tener una visión más
ética del futuro, considerando los retos que deberemos afrontar en Colombia y el
mundo?