Forbidden Princess - Alexa Riley PDF
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2
Créditos
TRADUCCIÓN
Clau
3
REVISIÓN
Mona
DISEÑO
Aria
Índice
Sinopsis __________________________________________ 5
Capítulo 1 ________________________________________ 6
Capítulo 2 _______________________________________ 11 4
Capítulo 3 _______________________________________ 15
Capítulo 4 _______________________________________ 19
Capítulo 5 _______________________________________ 23
Capítulo 6 _______________________________________ 27
Capítulo 7 _______________________________________ 30
Capítulo 8 _______________________________________ 35
Epílogo__________________________________________ 37
Acerca de las Autoras _____________________________ 42
Sinopsis
T
abitha está destinada a casarse con un rey y unir su poderosa
familia con otra. Pero ella nunca ha sido alguien de hacer lo que
se le dice, y está decidida a hacer su propio destino.
Vlad ha dedicado su vida a salvaguardar a su rey y nunca pensó en
tomar una esposa. Pero las apuestas están cerradas cuando una descarada
princesa morena aparece. 5
Estos dos son calientes y rápidos, pero cuando los padres de Tabby se
involucran, las cosas van a liarse. ¿Pueden olvidar la tradición y hacer su
propio camino, o la brecha los separará?
Advertencia: Está bien, está bien… no preguntes. Consiguen su
historia. ¿Feliz ahora?
1
Tabitha
C
olocando uno de los últimos rizos en el cabello de Al, doy un paso
atrás y le hecho un vistazo a mi trabajo.
—Te vez como una puta. Una de esas americanas —me burlo 6
de ella, sonriendo. Creo que lo conseguimos. Mi obsesión con mi película
favorita Pretty Woman me dio la idea de buscar una apariencia de Vivian
Ward. Me encanta peinar a Al, pero difícilmente me lo permite ya. No es
como cuando éramos pequeñas y yo lo hacía cada día hasta que aprendió a
hacerlo por sí misma.
A ella no le gustan sus rizos rubios, pero a mí me encantan. Siempre
me hacen pensar en un cuento de hadas, lo que parece apropiado ya que
ambas somos princesas.
—Mientras no tenga que vestir como una puta, es perfecto —me
contesta, haciéndome reír. No creo que pudiese llegar a conseguir que Alena
mostrase tanta piel, aunque la retuviese y le pusiese yo misma el traje.
—Digo que la vestimenta la mantengas simple. —Camino hacia la
cama, tomando un vestido que sé que le quedará perfecto. La convencí para
conseguir lo hace una eternidad, pero se quedó en el fondo del armario desde
entonces—. Este.
Sostengo el vestido verde, sabiendo que hará brillar aún más su cabello
rubio. Puede que a ella no le guste su cabello, pero creo que la hace brillar
como una estrella. Además, el vestido de algún modo es modesto, llegándole
a las rodillas, con pequeñas mangas. Se verá perfecto en ella. Aunque tal
vez un poco demasiado perfecto para nuestros planes. Puede que este
vestido no asuste a su futuro marido.
—No puedo vestir eso. Tendré que vestir tacones.
Tengo que sofocar una risa. Alena es horrible con tacones. En realidad,
es bastante cómico verla con ellos. Como un bebé aprendiendo a caminar.
—Sí. Te he visto con tacones. Eres un accidente andante esperando que
suceda. Así que tacones serán.
Tomo un par de tacones negros que encajarán con el vestido. El
propósito es hacerla parecer un desastre si queremos asustar al hombre que
exige su mano en matrimonio. El hombre que alejará a mi hermana de mí.
Siempre hemos sido nosotras dos. Todavía recuerdo cuando mamá la trajo
del hospital. Pensé que sería mía para ocuparme de ella, para protegerla de
los padres de mierda que teníamos, y eso es lo que hice. Y eso es lo que estoy
haciendo hoy.
Vamos a hacer que su futuro marido huya espantado. Aunque después
de la fotografía que vi de él, no estoy segura si alguna vez a huido de algo en
su vida. Tiene la vista puesta en mi dulce e inocente hermana pequeña, y
no sé si puede ser detenido. Ella es demasiado suave para un hombre que
parece que puede despedazar a alguien en dos con sus manos.
Entregándole los tacones, tomo mi vestido. A diferencia de Al, me gusta
vestirme. Cabello, maquillaje y vestidos han sido mi obsesión desde que
pude caminar. Me pongo en vestido rojo entallado y tiro un poco para
asegurarme de que todo está en su sitio.
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—Espera, ¿estás intentando atraer su atención así se casará contigo?
Pensé que lo estábamos asustando —dice Alena.
Veo el pánico iluminar su rostro. Intenté tomar el lugar de Al cuando
averigüé que alguien había llamado por su mano en matrimonio. Sabía que
ella no quería casarse, justo como yo. Al menos no con un rey. No quiero
pasar el resto de mi vida en la realeza. Quiero algo más simple. Pero por
Alena haría cualquier cosa, incluso preguntar si podía tomar su lugar. Era
mayor y había sido pedida en múltiples veces, pero cada vez, mis padres los
rechazaban. Lo único bueno que alguna vez habían hecho por mí. Pero
cuando el Rey Roman llamó por Ali, mis padres se entusiasmaron y él no
aceptaría a nadie excepto a ella. A mi entender no creo que intentar que se
fije en mí posiblemente pudiese funcionar. Estaba decidido a tener a Alena.
Lo único que podíamos hacer era hacerle creer que ella no era un gran
hallazgo. Es todo lo que se nos ocurrió. Aunque tengo la sensación de que
no va a funcionar. Alena nunca comprende cuánto brilla realmente sin ni
siquiera intentarlo.
Pero no puedo evitar preocuparme por la mirada en su rostro. ¿Hay
celos ahí? Quizás le gusta el rey un poco más de lo que está deseando
admitir en voz alta.
—Lo que quieras —le digo. Porque haré cualquier cosa que necesite que
haga. Siempre hacemos eso la una por la otra. Somos un equipo. Un equipo
que está a punto de romperse.
—¡Chicas! —grita mi madre antes de abrir la puerta—. Vámonos. —Nos
echa una mirada para asegurarse de que parecemos presentables, porque
eso es todo lo que le preocupa de nosotras. Se gira y sale de la habitación,
un vaso lleno de vino en la mano como siempre. Con suerte, habrá tomado
suficiente para no ser una completa molestia esta noche.
Miro a Alena ponerse los tacones y casi caerse. Resoplo, son poder
evitarlo, mientras me pongo los míos.
—Vamos. —Engancho mi brazo con el suyo para ayudarla a caminar,
así no se hace daño antes incluso de que podamos llegar allí. Hacemos
nuestro camino hacia el gran salón solo con unos tropezones pequeños a lo
largo del camino.
—No sé si puedo hacer esto —susurra Al. Odio el temblor en su voz.
Hace que la actitud protectora se eleve en mí—. Soy tan vergonzosa. No sé
si puedo comportarme como una tonta.
—Estaré justo ahí. Tenemos esto —le aseguro.
No voy a ninguna parte, y estaré justo aquí para ponerme en ridículo
con ella. Con suerte, este rey pensará que somos un desastre caliente y
huirá rápidamente, no queriendo tener nada que ver con nosotras. Ella
levanta la mirada y asiente.
Cuando giramos la esquina hacia el gran salón ambas nos congelamos.
Todo el mundo nos mira, pero mi mirada va hacia un punto, y siento cada 8
parte de mi cuerpo llegar a la vida.
—Joder —susurro para mí.
El hombre de pie junto a la pared más alejada tiene la mirada fija en
mí. Son los ojos más verdes que he visto en mi vida. Tiene sus enormes
brazos cruzados sobre el pecho, y sé inmediatamente por su postura que es
un guardia. Es enorme como un tanque, con grandes músculos y un ancho
pecho. Su cabello es tan espeso y oscuro, que sé que nuestros bebés tendrán
el mismo cabello. Oh. Dios. Mío. No puedo creer que pensase algo así.
Como si él pudiese leerme la mente, una sonrisa aparece en sus labios.
Alguien se coloca frente a él, bloqueándome la vista. No sé si estoy o no
agradecida por eso. Es entonces cuando noto que es Roman. Su mirada está
centrada completamente en mi hermana. Se ve casi enfadado. Es entonces
cuando me doy cuenta de que es porque ella está mirando donde lo hacía
yo. Al hombre misterioso de ojos verdes. Puedo ver los celos escritos sobre
todo el rostro de Roman.
—Dulzura, este es el Rey Roman. —Escucho que dice mi madre.
Miro hacia ella y veo que tiene una gran sonrisa en su rostro. Está
completamente feliz de entregar a su hija con tanta facilidad. A ella ni
siquiera le importa si Alena quiere ir. No, no mi madre. La miro por un
instante, y por primera vez, realmente siento odio por ella.
Perdida en mis pensamientos, me pierdo que Roman atraviesa la
habitación. Sujeta a Alena, que estaba tropezando con sus zapatos. La
acerca a él, y observo a mi hermana derretirse contra él como si lo hubiese
hecho cientos de veces.
Vuelvo a mirar a mi hombre misterioso, que ahora se ha acercado. Me
mira directamente a mí. Siento como si pudiese ver a través de mi ropa. Pasa
la mirada sobre mí, como si le perteneciese, como si tuviese un conocimiento
personal de mi cuerpo. Estoy acostumbrada a que los hombres me miren,
pero esto se siente diferente. Sé que él me desea, pero es más que eso. Desea
poseerme. El pensamiento debería cabrearme. Esa es la razón por la que
nunca me ha gustado esta mierda de matrimonios concertados. Un hombre
apareciendo y tomándome, simplemente no va a suceder. ¿Pero por qué
ahora, con este extraño, estoy sintiendo un hormigueo por todo mi cuerpo
ante ese pensamiento?
—Hola. —Escucho decir a Al, y eso hace que aparte la mirada
reticentemente del hombre.
Su voz es extraña y no suena en nada a la suya. No puedo evitar
resoplar. Sé que ella escucha el sonido, porque empieza a luchar contra una
sonrisa.
—Tabby —dice ella, su mirada todavía fija en la de Roman. Estoy un
poco sorprendida de que le esté manteniendo la mirada—. Creo que nuestro 9
plan está funcionando.
Él entrecierra la mirada hacia ella. Me toma un gran esfuerzo no
estallar en risas. Puedo sentir mi cuerpo temblando, queriendo dejar salir
la risa, pero la retengo.
—No puedes decir eso en voz alta. Él puede escucharte —murmuro con
la esquina de la boca, pero sé que todo el mundo puede escucharme.
Echo un vistazo a mi misterioso hombre de ojos verdes, queriendo
centrar de nuevo mi atención en él, queriendo asegurarme que esos ojos
todavía están sobre mí. Maldición, tal vez también estoy empezando a sentir
esa mierda de propiedad. Sí, sus ojos todavía están en mí, solo que esta vez
me está sonriendo. Lo hace no parecer tan letal. A diferencia de Alena, no
puedo mantenerle la mirada, así que la aparto, sintiendo mi rostro
sonrojarse al ser atrapada mirándolo. Nunca soy vergonzosa, pero algo en
él me hace sentirse así.
—Roman. —Mi hombre misterioso habla por primera vez—. Creo que
ella está bien. —Vuelvo a mirar a Alena, que todavía está en brazos del Rey
Roman, sus pies levantados del suelo. El la deja en pie y da un paso atrás.
Puedo asegurar que él está luchando contra ello. No quiere dejarla ir.
—¿Tabby? —Roman dice mi apodo, pero no me mira. No apartará la
mirada de su prometida.
—No, soy Alena. —Mi hermana lo corrige como si pensase que es un
error sincero. Sí, claro, este hombre sabe quién es ella. Si tengo que adivinar,
por la forma en que está actuando lo sabe todo sobre ella.
—Sé quién eres, mi princesa. —Él mira hacia mí, apartando la mirada
de Alena por primera vez desde que entramos en la habitación—. Tabitha —
dice mi nombre completo esta vez. Solo Alena me llama Tabby—. ¿Puedes
llevar a mi princesa a su habitación y quitarle estos ridículos zapatos antes
de que se haga daño?
—Oye, ella no es mi sirviente —le espeta Al, y la observo cuadrar los
hombros en un gesto que no tiene nada que ver con Alena.
—Ayudo a Alena con estas cosas todo el tiempo —irrumpo. Tal vez si él
cree que ella me necesita, puedo ir con ellos cuando se casen. Sería una
lucha con mis padres porque también quieren casarme, pero Roman es muy
poderoso. Alena frunce el ceño ante mi comentario al azar, claramente sin
entenderlo. Puedo decir que este hombre hará cualquier cosa para tenerla,
así que tal vez ahora puedo convencerlo de que tengo que ir con ella. Eso es
lo que realmente nos ha estado molestando todo este tiempo —el
pensamiento de que ya no nos vamos a tener la una a la otra. Siempre ha
sido Al y yo.
—Entonces ayúdala también a quitarse la capa de lo que se le ha
pintado en el rostro.
Alena se aparta un paso de él y creo que quiere golpearlo. Ella no está 10
viendo lo que estoy viendo yo. Estoy suponiendo que ha visto fotografías de
ella antes y quiere a esa Al. No esta inventada que hemos creado con la
esperanza de asustarlo. En parte me gusta eso.
—Alena. Haz lo que se te ha dicho —medio murmura, medio regaña
nuestra madre. Su tono de reproche no es diferente, ni siquiera frente al rey.
No puedo evitar poner los ojos en blanco.
Roman se gira para mirar a nuestra madre. Su rostro está arrugado, y
puedo decir que está cabreada. Vamos a escuchar sobre esto más tarde.
—No le das órdenes. Ella va a ser la Reina en una semana. No acepta
órdenes. —El tono de Roman el duro y concluyente. Simplemente le dio una
orden, y será seguida. Él se ganó algunos puntos justo en ese momento. La
defendió y puso a nuestra madre en su lugar.
—Excepto por ti, supongo. —Escucho decir a Alena, bajando la mirada
al suelo y apartándose otro paso de Roman. Claramente está intentando
conseguir su espacio de él.
—Todos tus susurros son demasiado altos. Mantenlos en tu cabeza —
le indico a ella, un poco demasiado alto yo misma. Mierda, somos terribles
en esto.
—Alena —dice Roman, atrayendo nuestra atención. No parece
enfadado. De hecho, parece como si estuviese luchando contra una sonrisa.
Sí, definitivamente somos terribles en esto—. Por favor. —Las palabras
entrelazadas con urgencia, salen de sus labios, y puedo decir que no son
unas palabras que use a menudo.
Al me sujeta la mano y me saca de la habitación, claramente deseando
escapar. Miro sobre el hombro hacia el hombre misterioso. No sé su nombre,
pero por la mirada en su rostro, no creo que alguna vez escaparé de él.
2
Vlad
P
ara cuando las damas vuelven abajo, es hora de la cena. Cada
uno toma asiento en la mesa, y elijo la silla directamente en
frente de Tabitha. Su cabello oscuro está en ondas por su
espalda, y cierro los dedos en puños antes el dolor de sujetarlo. 11
No parece una princesa formal y reservada. Sus curvas lujuriosas son
como algo salido de una revista pinup. Su cuerpo está hecho para el pecado,
y mi polla se alarga con deseo como nunca ha hecho antes.
Ella arquea una ceja hacia mí, y veo un brillo en sus ojos. Ahí hay un
reto, pero no creo que esté preparada para recibir una respuesta. Aún no.
No tiene ni idea del trabajo que me dará. Soy un hombre que ha olvidado
sus propias necesidades, y de repente están vivas y demandantes.
Le guiño un ojo y me muerdo el labio inferior para evitar sonreír. Quiero
ir al otro lado de la mesa y llevarla a mi regazo. Vine esta noche para ayudar
a mi rey a conocer a su novia y ofrecerle asistencia. Como el cabeza de su
seguridad, nunca pensé demasiado en mi propio futuro. Siempre estaba
pensando en la suya. Pero una mirada a la dulce Tabitha y sé lo que quiero.
Todo este tiempo simplemente he estado esperando. Hasta ahora nunca
había visto una mujer que me hizo desear más. Hasta ahora.
La cena es lenta, y la mesa que nos separa es irritante. Veo a Roman
intercambiar algunas palabras con la madre y luego con Alena antes de que
se levante de la silla. Me levanto, uniéndome a él antes incluso de que diga
mi nombre.
—Vlad —me llama Roman.
Me adelanto, preparado para hacer la voluntad de mi rey, pero también
me acerco a Tabitha. Usaré cualquier excusa para estar junto a ella. Ella se
levanta y nos sigue mientras salimos del comedor, así Roman puede tener
un momento a solas con su novia.
En cualquier caso, él es tradicional. No llevará a Alena a pasear a solas
mientras todavía no están casados. Así que necesitarán a alguien que vaya
con ellos, aunque si Roman quiere algo, va a conseguirlo.
—Acompañaré a la princesa Tabitha desde una corta distancia —
comento, tomando la mano de ella en la mía.
La sensación de vida pulsa en mi mano cuando sus dedos se envuelven
alrededor de los míos. Hay calor y pasión en sus venas, y tiro de ella. Estoy
desesperado por acercarla a mí y probarla.
Tabitha tiene sangre real y yo no. Ella es una princesa que bien puede
estar destinada a casarse con un rey. Podía estar fuera de mi alcance. Por
un momento, el pensamiento de ella con alguien más es arrollador, y quiero
matar a cada posible candidato. Alejo los oscuros pensamientos de mi
cabeza porque no hay nada que pueda hacer por ello ahora mismo.
Levantando la mirada, veo a Roman asintiendo hacia mí, y detengo mis
pasos. Tabitha se detiene junto a mí mientras mi rey lleva a su novia a la
fuente. Estamos más allá de un anillo de tuliperos que están en plena
floración. El violeta oscuro en la luz de la luna hace que Tabitha se vea como 12
una diosa caída del cielo.
—¿Estás intentando tenerme a solas? —pregunta mientras se aleja de
mí y camina hacia uno de los árboles.
Los pétalos de las flores están alrededor de ella, y la visión hace que
cada centímetro de mi cuerpo esté hambriento.
—Dulce Tabby —digo, caminando hacia ella—. No creo que hayamos
sido correctamente presentados.
La empujo contra el árbol y la rodeo con los brazos. Presiono mi dureza
contra su cuerpo y siento sus dulces curvas dándome la bienvenida.
—Sé quién eres. —Su aliento se entrecorta mientras la longitud de
acero de mi polla se mueve entre sus piernas.
—Soy tuyo —respondo simplemente y coloco un mechón de cabello tras
su oreja. Luego me inclino y pongo los labios contra su oído—. Y tú eres mía.
—Asquerosamente engreído, ¿no lo eres? —La jadeante necesidad en
su voz traiciona su confianza forzada.
—Siento el temblor de tus piernas, princesa. ¿Quieres que te lo facilite?
—Paso las manos por sus caderas llenas y agarro su trasero—. Quizás
debería tomar tu boca para ver si das tanto como recibes.
—No te atreverías. —Su reto me hace reír mientras muevo los labios
por su mejilla.
—¡Mierda! —grito, agachándome. Un fuerte dolor me traspasa la
pierna, y me doy cuenta de que me dio una patada—. ¿Siempre eras tan
dura con tu postre?
—¿Así que tú eres el dulce? —cuestiona mientras me sonríe—. Te
dejaré besarme. Pero quiero algo a cambio.
—Nómbralo —digo, enderezándome.
—¿Es así de fácil? —Parece confundida, como si fuese a engañarla de
algún modo.
—Pruébame, Princesa.
—Cuando el Rey Roman se case con mi hermana, quiero ir con ella.
Quiero vivir en palacio, así podemos permanecer juntas.
—Está hecho.
—Vlad, yo…
Arremeto hacia ella y conecto la boca con la suya. Espero que luche
contra mí, o me aleje de un empujón. Pero lo que no espero es que me rodeé
el cuello con las manos y que deslice la lengua en mi boca. Gimo y luego la
beso con la misma ferocidad.
El fuego que estalla entre nosotros es suficiente para quemar este
bosque. Bajo ambas manos y agarro su lujurioso trasero, levantándola del 13
suelo. Me rodea la cintura con las piernas y las cruza a mi espalda. Empujo
mi dura polla contra ella y me froto, buscando desesperadamente algún tipo
de alivio.
—Este tipo de comportamiento solo me está excitando, Princesa. Es la
clase de cosa que hará que te azote el trasero. —La beso de nuevo hasta que
está jadeando por aire—. Me gusta la pelea. Sigue así y te pondré sobre mi
rodilla.
—Joder —gime con toda la charla sucia, y bajo los labios por su cuello
hacia el lugar entre sus pechos.
Lo quiero todo de ella. Me está consumiendo y no sé si puedo
detenerme.
—¿Es lo que quieres? Porque te daré cualquier cosa, Tabitha.
Mis palabras nunca han sido tan ciertas. Si me pide que deje mi vida
por ella, lo haré. Desde el momento en que la vi, ha reclamado mi alma, y
no hay vuelta atrás.
Reúno toda la fuerza que tengo para liberar mi agarre de su trasero y
la dejo de pie.
—Tienes que volver con tu hermana o voy a lanzarte al suelo y follarte
aquí mismo.
Parece que ha sido follada y no ayuda para aligerar mi dolor. Pero la
sonrisa vergonzosa que me da es casi mi perdición.
—Dices eso como si fuese algo malo —contesta, recolocándose el
vestido.
Estiro la mano y sujeto su brazo antes de girarla y darle un azote.
—Pronto, Princesa. Pronto.
La encamino frente a mí, necesitando mantener la distancia. No querría
hacer nada para deshonrar a su familia o a mi rey, y ahora mismo estoy
demasiado cerca del borde.
Veo a Roman despedirse de Alena, y le doy un guiño a Tabitha mientras
me pongo al lado de él. Salimos del jardín y rodeamos hasta el frente, donde
espera la limusina.
—Deberías traer a su hermana con Alena cuando venga a palacio. Es
tradición que ella traiga a alguien —indico. Mejor seguir adelante y plantar
la semilla ahora. Y viendo el estado similar en el que está mi rey, sé que
aceptará cualquier cosa.
—Está hecho —accede, y mi esperanza se eleva.
La vuelta a palacio es en silencio, y pienso en Tabitha todo el tiempo.
Normalmente soy despreocupado y la gente dice que sonrío mucho. Soy la
cabeza de la seguridad, pero no me tomo la vida con tanta seriedad. Pero de 14
repente, después de un encuentro, estoy pensando sobre mi futuro en
palacio y tener una esposa. ¿Puedo tener ambas cosas?
3
Tabitha
D
escanso en la cama con Alena, nuestros dedos todavía
entrelazados. Escucho su respiración estabilizarse, y sé que por
fin se está quedando dormida. Me giro y miro a mi hermana
pequeña, sintiendo como si todo fuese a ir bien con ella. Su futuro marido 15
puede parecer un imbécil, pero también vi algo más ahí. La desea y quiere
que ella lo deseé a él. Ansía su atención, y sé que intentará complacerla para
conseguirlo. También sé que la protegerá. Era adorable cómo se preocupó
por ella haciéndose daño con los tacones.
Más que eso, la conozco más que nadie, y ella siente curiosidad por él.
Incluso si ella no lo sabe completamente o lo entiende. Algo en él también la
atrae a ella. Lo vi cuando ella comenzó a entrar en pánico ante el
pensamiento de mí atrayéndolo a él. No creo que nadie más que ella pudiese
ganarse su atención. Él no pudo apartarse lo suficiente de ella para conocer
al resto de la gente que había en la habitación.
Unas pocas veces a lo largo de la cena la gente intentaría hablar con él,
pero era como si no pudiese escucharlos. Aunque no estoy segura de cómo
lo noté, por la forma en que Vlad me estaba provocando. Algo en su
personalidad juguetona pero aun así dominante me hace desearlo más y
más. Tuve que morderme el interior de la boca para evitar sonreír múltiples
veces a lo largo de la cena. Le gusta provocarme, y a mí me gustó cuando lo
hizo. Más le lo que nunca creí posible.
Era diferente de lo que estaba acostumbrada. Muchos hombres habían
pedido mi mano en matrimonio. Pero no es de ese modo con Vlad. Él declaró
que era suya, y es fue todo.
Aun así, me preocupo. Espero que lo que Vlad dijo sea verdad y pueda
ir con ellos. Todo parece demasiado bueno para ser cierto. El pensamiento
de él me tiene sonriendo de nuevo, y me preguntó cómo sería ser suya.
Pertenecerle realmente. Eso es, si él dijo en serio lo de ser suya. Podía haber
sido la forma en que le habla a toda la mujer que desea.
Aprieto los labios pensando en él diciéndole eso a alguien más. No me
gusta la forma en que me hace sentir. Mi madre siempre dijo que los
hombres mantienen amantes y miran a todas. No creo que sea algo que
pueda soportar jamás. Aunque cuando ella me dijo eso hace unos años
después de que algunos hombres empezasen a pedir mi mano, me sentí
aliviada ante la idea. El pensamiento de con quien me quedase atrapada
dejándome sola y pasando as noches en la cama de su amante, me consoló
de alguna manera.
Aunque con la forma en que muchos hombres me miraban, con creía
que tuviese tanta suerte. Sé que soy guapa. De hecho, es de lo único sobre
lo que la gente habla realmente. A veces me pregunto si mi amor por
prepararme es porque es algo que disfruto o es algo que me ha sido
inculcado.
—Roman. —Escucho murmurar a mi hermana en sueños, sacándome
de mis pensamientos. Me llevo la mano a la boca para evitar reírme y
despertarla. Apartando mi otra mano de la suya salgo de la cama para no
despertarla. Creo que debería estar sola con lo que esté soñando.
16
Voy de puntillas a la puerta, luego la cierro cuidadosamente detrás de
mí, intentando no hacer ningún ruido. Cuando me giro, veo a mi madre de
pie en el pasillo, esperándome. Sabe que, si no estoy en mi habitación, estoy
en la de Alena. Tiene otro vaso de vino en la mano, y todavía lleva puesto su
vestido de la noche. No se ha molestado en cambiarse. Tiene los labios
apretados, y sé que estoy en un aprieto, pero tengo que preguntarme qué es
esta vez. ¿Podía ser nuestro comportamiento esta noche? ¿O el hecho de que
estaba en la habitación de Alena, quedándome hasta más tarde de lo que
ella nos permite? Probablemente ambas cosas.
—Tu padre y yo tuvimos una llamada esta noche.
Se me tensa el estómago mientras el miedo sube por mi garganta.
¿Alguien pidió mi mano en matrimonio? La idea se envuelve en mi yugular
y no me deja respirar. Chasquea la lengua, que es algo que hace cuando
está irritada.
—Parece que irás con Alena cuando se case.
No sé cómo me quedo de pie con sus palabras, pero lo logro. Mantengo
mis emociones a raya y permanezco completamente quieta mientras proceso
sus palabras. Apenas asiento con entendimiento, porque sé que cualquier
cosa que diga simplemente la cabreará. Ella tiene temperamento, y es algo
de lo que siempre he protegido a Alena lo mejor que pude.
Toma un largo sorbo de su vino antes de que vuelva a entrecerrar la
mirada hacia mí.
—No creas que porque vas a quedarte con tu hermana no aceptaremos
ofertas por tu mano. Todavía conocerás maridos apropiados mientras
ayudas a tu hermana a asentarse. Una vez que el Rey sienta que Alena
estará bien sin ti, te enviará de vuelta a casa. Vas a hacer tu labor y proveer
una alianza adecuada. Mira todo lo que Alena ha hecho por nuestra familia.
Karim es una pareja maravillosa, una con la que tendrías que empezar.
El momento de alivio se rompe y hace sitio para la frustración que
siento ante el maldito control que mi madre tiene sobre mí.
—Realmente, las dos son demasiado codependientes.
Sacude la cabeza, como si el hecho de que Alena y yo seamos cercanas
sea malo. Lo que está mal es la clase de madre que es ella, pero mantengo
eso para mí. Es mejor no cabrearla. Solo hace la vida más dura, y ella sabe
que la mejor manera de llegar a mí es a través de Alena. Cuando esa lengua
suya le hace daño a Alena, también me destroza a mí.
Así que sonrío. Alena estará fuera lo suficientemente rápido y no creo
que su marido tolerará nada de mi madre. Especialmente en lo que se refiere
a su novia. Él ya lo mostró esta noche. Solo tengo que fingir un poco más. Y
por Alena, fingiría toda la vida.
—Conocerás al Príncipe Nelson en algún momento de la semana que
viene. —Con esas palabras, se marcha. 17
Me reclino contra la pared y agacho la cabeza. Nunca he escuchado
sobre el Príncipe Nelson, pero estoy segura de que es como el resto que he
conocido. Egocéntrico y buscando algo bonito que poner en su brazo.
Me aparto de la pared y me dirijo a mi habitación. Quiero colapsar en
mi cama, y tal vez llorar desconsoladamente. La felicidad que estaba
sintiendo momento antes mientras pensaba en la nueva vida que Alena y yo
podíamos conseguir, se está escurriendo. Estaba viviendo en mi cabeza.
Quería que Vlad fuese verdad, pero ni siquiera sé si él me desea realmente
o quiere mantenerme en la cama por una noche o dos. Ese pensamiento
hace que me duela el corazón incluso más. Todo es demasiado para pensar
en ello a la vez.
Abro la puerta de mi habitación, y soy sujeta por el brazo con dureza.
Soy llevada dentro y la puerta cerrada detrás de mí. La cerradura resuena,
y de repente estoy atrapada.
—Vlad —digo, sorprendida de verlo de pie en mi habitación. Todavía
está vistiendo lo que llevaba en la cena, pero su abrigo ha desaparecido. Mi
corazón late con excitación por un momento hasta que presto atención a la
mirada en su rostro. Está lívido. Doy un paso atrás, y luego otro. Entrecierra
la mirada hacia mí como si estuviese rastreando cada uno de mis
movimientos, esperando a atacar.
—¿Estás aceptando ofertas sobre tu mano en matrimonio? —farfulla.
La juguetona dominación de antes ha desaparecido, y en su lugar hay un
poder posesivo. Está exudando de él en olas tan fuertes que juro que puedo
sentirlas chocando con mi cuerpo—. Puedes seguir alejándote de mí,
Princesa, pero no hay escapatoria. Te dije que eras mía. —Se acerca
lentamente, acortando la distancia entre nosotros—. Y lo decía en serio.
Abro la boca para decirle que se vaya, pero es más rápido de lo que su
tamaño podría sugerir. Está sobre mí como un animal, levantándome y
lanzándome sobre su hombro. Camina hacia mi cama y me lanza en ella
mientras intento no chillar.
Me retiene con su peso, como si intentase evitar que me alejase. Pero
no quiero hacerlo. Extiendo las piernas, dejando que su gran cuerpo se
acomode entre ellas mientras se hunde en mi abrazo. La tristeza que estaba
sintiendo se desvanece. No sé cómo lo hace, pero me siento segura, incluso
con él amenazándome como si fuese un león que acaba de atrapar su cena.
Su presencia mejora todo instantáneamente.
Me sujeta las manos, sosteniéndome más firmemente. No puedo evitar
alzar las caderas, queriéndolo más cerca. Queriéndolo sobre mí.
—Eres mía, Princesa. Mía —dice con firmeza.
—Tuya —confirmo. Lo deseo desesperadamente ahora mismo. Mi
cuerpo duele por él. No, no solo mi cuerpo, también mi corazón. Este hombre
es un guerrero. Es un protector, y sé que por una vez en mi vida alguien me 18
cuida. Me protegerá, quiero quedarme con eso. Quedarme con él.
Una lenta sonrisa se extiende por su rostro.
—Es bueno que coincidas, Princesa, porque voy a hacer algo que
asegurará que nadie podrá apartarte de mí jamás.
En un movimiento rápido siento que las bragas son arrancadas de mi
cuerpo.
4
Vlad
—¿S ientes lo que está sucediendo entre nosotros, Princesa?
—Lanzo el trozo de encaje y bajo la mirada a su coño
desnudo—. ¿Ya siente mi reclamo sobre ti?
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—Oh, Dios —gime, su mirada salvaje de pasión.
—No, dulce Tabitha. Solo mi nombre sale de tus labios cuando tu coño
está expuesto para que yo lo pruebe.
—Vlad, yo nunca… —Se muerde el labio y luego se encoge de hombros.
—¿Estoy intentando mantener el control y tú me tientas con tal charla
sucia? Diciendo que tu hermoso coño pequeño ha sido reservado para mí es
suficiente para enviarme por el borde.
Me da una sonrisa que es sexy y juguetona. No puedo negárselo o a mí
mucho más, y bajo por su cuerpo.
—Quítate ese vestido y déjame ver lo que es mío. —Separo más sus
muslos y bajo la mirada a su coño húmedo. Sus labios rosas están lo
suficientemente separados para exponer su clítoris. Me lamo los labios y
deslizo las manos hasta su trasero, alzándola a mi boca.
Gimo ante el sabor de su inocencia y hundo mi rostro tan profundo
como puedo. Siento sus muslos alrededor de mi rostro y lo celebro. Quiero
ser rodeado por su coño y todas sus hermosas curvas. No hay forma de que
pueda acercarme lo suficiente.
Levantando la mirada, veo sus manos agarrando la sábana a sus
costados, y eso no lo haré. Reticentemente, aparto la boca de su cálido
centro y le lanzo una dura mirada.
—Dije desvístete, Princesa.
Lucha con el material, y yo vuelvo a poner la boca en su dulce coño.
Intento retener la risa mientras la veo cerrar los ojos y disfrutar el placer,
pero luego recordando su deber. En algún momento se rinde, y escucho el
material desgarrarse. Su cuerpo está completamente desnudo para mí.
Su ajustada cintura lleva a sus grandes pechos. Muevo las manos por
su cuerpo y le froto los pezones. Los duros picos suplicando por mi toque, y
les doy a ambos un pequeño pellizco.
—Vlad. ¿Qué me estás haciendo? —Está sin aliento y la espalda
arqueada sobre la cama.
Hundo la lengua en su inocencia y de nuevo en su clítoris antes de
rodearlo ligeramente. Su cuerpo se tensa, y aprieta la almohada debajo de
ella. Pongo uno de mis pesados brazos sobre la parte inferior de su cuerpo
y la sostengo, manteniéndola quieta, manteniendo el ritmo.
—Nadie excepto yo escucha tu placer, Princesa. Usa la almohada si lo
necesitas.
Vuelvo a los lentos círculos y observo mientras toma la almohada y se
la pone sobre la boca. A penas un segundo después escucho los gritos
ahogados de su orgasmo y siento la humedad cubrirme el rostro. Lamo su 20
miel y la bebo somo si fuese un premio que he ganado.
Lamiéndola suavemente, le provoco orgasmos y la persuado tanto como
es posible. Beso el interior de sus muslos y le hago el amor a su piel con mi
boca. Quiero que recuerde la primera vez que la comí y nunca olvide el placer
que puedo darle.
Justo cuando pienso me ha dado hasta lo último de su cuerpo, paso la
nariz por la carne de su muslo interior. La beso una vez más y la muerdo,
marcándola. Siento su cuerpo tensarse de nuevo, y se estremece de placer
mientras lamo el lugar que marqué. Me gusta verlo, sabiendo que yo lo hice.
Quiero reclamar todo de ella, y quiero que el mundo lo vea. Todavía no
puedo, pero esto funcionará. De momento.
Me quito la ropa y permanezco allí, dejando que me mire. Que miré al
último hombre que tendrá jamás. Sus ojos se abren como platos cuando
llegan a mi polla, la larga dureza señalando directamente a mi ombligo.
Bajando la mano, me acaricio y siento la humedad de la punta. Extiendo la
humedad por mi erección mientras me masturbo frente a ella.
Sus muslos se abren un poco más, y luego sus caderas se alzan con
invitación.
—¿Me deseas, Princesa?
Asiento, pero espero, necesitando escuchar las palabras.
—Hazme el amor.
Me subo a la cama y beso mi camino por su cuerpo, deteniéndome en
sus pechos para rendirle homenaje a su perfecta dulzura. No puedo esperar
a saborearlos cuando estén llenos de leche por nuestros bebés. Ella estará
redonda, madura y preparada para amamantar.
Froto mi polla por su húmedo deseo, lubricándome y preparándome
para ella. Es una provocación para ambos, y no sé cuánto será capaz de
durar.
—Eres demasiado tentadora. No voy a durar —mascullo mientras
deslizo la punta en su interior.
—Quiero sentirte, Vlad. Todo de ti. Nunca he deseado a alguien así.
—Y nunca lo harás. Esto es por ti. Para ambos.
Me empujo en su interior, dejando que su cálido y húmedo calor tome
todo de mí. Su cuerpo se tensa, y le beso suavemente los labios, intentando
calmar su dolor.
—Nunca volveré a hacerte daño, Tabitha —susurro, y froto mi nariz con
la suya.
No quiero que la primera vez que le haga el amor sea doloroso, pero 21
romper su barrera es un recordatorio de que es pura, de que se ha reservado
para este momento. Para su marido. Para mí.
—Muévete —gime mientras le beso el cuello y paso las manos por su
sedoso cuerpo.
—Aún no —contesto contra su pecho mientras cubro sus pezones con
la boca.
La sensación del pico duro en mi boca es casi suficiente para hacer que
me corra en su interior. Pero me contengo y espero hasta que le sea casi
imposible retenerse. Quiero que suplique por mis empujones y en el borde,
tan cerca como estoy yo.
—Por favor, Vlad. Me estoy muriendo.
—¿Crees que dejaría morir a mi Princesa? No, no te doy permiso. —Le
sonrío y ella intenta fruncir el ceño. Aparto la mirada de su rostro cuando
salgo y luego vuelvo a empujarme en su interior.
Ella cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás mientras alza las
caderas para encontrarse con cada empuje de mi polla. Yo bajo la mirada
entre nosotros y veo mi polla desaparecer dentro de ella. Es demasiado, y
tengo que cerrar los ojos apretadamente para mantenerme a raya.
—Más fuerte, Vlad —susurra, y levanto la mirada para ver la intensidad
en sus ojos.
—No hay nada que no te daré, mi amor —aseguro mientras respondo a
su petición metiéndome en casa.
La sensación de tomarla, de poseerla, me está venciendo. Su cuerpo se
tensa con cada empujón y sé que está subiendo tan alto como yo. Estamos
a instantes de lo que sé que será el clímax más intenso de mi vida.
—No voy a salirme, Princesa. Así es como voy a unirte a mí para
siempre. Nunca habrá un día donde alguien venga a pedir tu mano en
matrimonio. Ya tendrás a mi bebé en tu vientre y nada puede interponerse
en mi camino.
Siento sus manos alcanzar mi trasero y agarrarme más fuerte para
mantenerme dentro.
—Hazlo —murmura y nos doy a ambos lo que queremos.
Su cuerpo se aferra a mí y grita su orgasmo. Tomo sus labios para
silenciar el sonido y vacío mi polla en su interior. El poderoso latido de mi
corazón se conecta con el suyo en ese momento, y el tiempo se detiene.
Nuestro placer se amolda en uno y siento a mi alma encontrar a su otra
mitad.
Cuando rompo el beso, la miro a los ojos y sostengo su rostro entre las
manos.
—Para siempre, Princesa. Estás atada a mí para siempre. 22
5
Tabitha
V
uelvo al salón de baile después de asegurarme que todo va según
lo planeado. La pobre planificadora de bodas ha estado ajetreada.
Estoy sorprendida de que no haya tenido un ataque al corazón
todavía, especialmente con el nuevo marido de Alena adelantando la fecha
23
de la boda. Ayer había sido un torbellino desde el momento en que mis pies
tocaron el suelo.
Lo que comenzó como un día de compras para la boda de Alena,
terminó en una loca carrera para tenerlo todo preparado para la boda al día
siguiente. Apenas tuve tiempo para pensar en la noche anterior sobre lo que
Vlad y yo habíamos hecho.
Bajo la mano a mi estómago y me pregunto si lo que dijo era cierto.
Anoche le había dicho que quería cinco o seis hijos. Él me dijo que los
primeros tres o cuatro tendrían que ser chicos si las chicas iban a parecerse
a su madre. Dijo que necesitaría los refuerzos. Sonrío antes el recuerdo de
la conversación fácil que tuvimos. Planeamos nuestras vidas sin una
preocupación en el mundo, como si yo pudiese huir con él y no habría
repercusiones.
Alena y yo no hemos tenido mucho tiempo para hablar. Ella se coló en
mi habitación anoche, con su futuro marido tras ella. Fue en ese momento
cuando supe que ese hombre estaba locamente enamorado de ella.
Me hago a un lado y la observo sentarse en el regazo de su marido,
sonriéndole mientras él la rodea con los brazos en un agarre apretado.
—Ella es libre —susurro para mí—. Es feliz.
Comienzan a llenárseme los ojos de lágrimas de felicidad por ella. La
alejé de mi madre, y ahora está en manos de un hombre que la protegerá
con su vida. Lo vi anoche cuando irrumpió en mi habitación y la persiguió.
Suplicándole que fuese con él. Estoy segura de que antes de anoche nunca
había suplicado por nada en su vida.
—Te dije que todo estaría bien, Princesa. —Me enderezo cuando siento
los labios de Vlad en mi oreja. Me reclino un poco, queriendo sentir su calor
corporal—. Te prometí que tu hermana estaría bien, y nunca romperé una
promesa contigo.
Me giro y levanto la mirada hacia él. Me lo dijo. Se coló en mi habitación
una vez más anoche. Estaba en una misión. Una misión de asegurarse de
que yo sabía que le pertenecía. Y también para asegurarse de que el mundo
lo sabía. Si logra embarazarme, no hay forma de esconderlo. Debería querer
abofetearlo por ello, pero todo lo que hace es que me aferre a él con más
fuerza. Algo en su conducta primaria conmigo, junto con su autoritarismo
y sus tendencias cavernícolas, funciona. Tal vez porque cuando estoy con él
no tengo que pensar. Él se ocupa de lo que está sucediendo y es agradable.
Liberador.
—Realmente lo está, ¿no es así? Él la ama. —Vuelvo a mirar hacia ellos
y sonrío cuando lo veo agarrándola a sacándola de la habitación. Tengo que
ahogar una risa. Estoy segura de que mi madre quiere morirse de vergüenza
por la forma en que su hija es sacada de su boda. Para ella todo son las
apariencias.
—Pensé que estaba loco —menciona Vlad y lo miro. Me está
24
observando, sin prestar atención a nada más—. Vio una fotografía de ella y
lo perdió. Sabía que nada iba a detenerlo. Nunca lo vi así. Así que me
contuve y no le dije que estaba siendo un loco, porque no había nada que
pudiese hacer.
Lo miro mientras pasa la mirada por mi rostro, y se suaviza y dulcifica.
Eso sucede cuando me tiene donde quiere, normalmente después de
ponerme allí.
»Luego entraste directamente en mi vida y lo entendí. Iluminaste toda
la habitación y entonces lo vi. Tiraste de una parte primaria de mí. Una parte
de mí que ni siquiera sabía que estaba allí. Permanecía dormida, esperando
por ti. Porque te pertenecía. —Se inclina un poco más, así su aliento está
contra mis labios—. Estabas montando un espectáculo. Estabas en una
misión de proteger a tu hermana. Apuesto a que lo has estado haciendo toda
tu vida, ¿no lo has hecho? Asegurándote que no recibe la atención que no
desea. Asegurándote de que tú recibes el estallido de la cólera de la zorra de
tu madre.
Levanta sus grandes manos para acunarme el rostro.
—Es mi trabajo protegerla. Es mi hermana pequeña —le cuento.
—Lo sé, chica dulce. Lo sé. ¿Pero quién te ha estado protegiendo a ti?
—Me acaricia las mejillas con los pulgares. No tengo una respuesta. Ambos
sabemos que debería haber sido mi madre, pero me ha protegido tanto como
un granjero protege su ganado—. De ahora en adelante, la respuesta a esa
pregunta será mi nombre. Dilo, Tabitha.
—Vlad me protege —respondo inmediatamente, las palabras saliendo
de mis labios con facilidad.
—Malditamente cierto que lo hago —masculla antes de que sus labios
estén sobre los míos.
Olvido dónde estamos y me dejo llevar por el momento con él. Siempre
me hace olvidar lo que me rodea. Cuando está cerca de mí, todo se desvanece
y no tengo que preocuparme por nada en el mundo. Él tiene razón. Sé que
me protegerá. Puedo sentirlo en los huesos. He estado esperando toda mi
vida a que este caballero me rescate. Mi caballero.
Se aparta, su respiración tan pesada como la mía.
—No podemos hacer esto aquí. No me gusta que la gente te vea así. —
Sus palabras posesivas me traen de vuelta a la realidad y recuerdo dónde
estamos. Me aparto un poco y el agarre de Vlad se aprieta un momento antes
de liberarme. Me está dando una advertencia. Es mejor que no me escape.
No puedo creer que olvidase que estamos en una habitación llena de gente
y estuviese besando abiertamente a un hombre. Una princesa nunca debe
comportarse de ese modo con ningún hombre que no sea su marido. E
incluso entonces, las demostraciones públicas de afecto no son bien vistas.
25
Puedo ver todo el cuerpo de Vlad tensarse. Parece como si estuviese a
punto de estallar. No le gusta que nos escondamos. No le gusta que durante
la mayor parte del día tengamos que fingir que no nos pertenecemos el uno
al otro. Aunque estoy segura de que si la gente mirase detenidamente,
podrían verlo. Siempre me sigue con la mirada, y siempre me está llamando
para que lo “ayude”, es decir, una sesión de besuqueo en alguna habitación
cerrada. Me alejaría, insistiendo en que me necesitaba y yo le creía. Si no le
hubiese dado esos momentos robados creo que habría estado sobre su
hombro y fuera de aquí hace mucho tiempo.
Estiro la mano y le toco el brazo, intentando mantenerlo bajo control.
—Aquí no. Es la boda de mi hermana. —Se relaja un poco con mis
palabras y toque, pero todavía puedo verlo pelearse consigo mismo. Sé que
quiere agarrarme y ponerme sobre su hombro. Aunque solo lo conozco por
un breve momento de tiempo, ya sé que ese es su movimiento para tenerme
donde quiere. Simplemente me toma y me pone ahí.
—Me has tenido persiguiéndote todo el día. —Creo que hay un indicio
de mohín en su voz—. Has estado caminando alrededor con ese jodido
vestido que llevas puesto, lo que vas a apagar cuando lleguemos a casa.
—Te gusta perseguirme —me burlo, viéndolo calmarse un poco. Mi
corazón da un vuelco ante la palabra casa. Me encanta cuando se pone
cavernícola conmigo, aunque este no es el lugar ni el momento. No esta
noche.
Me sujeta de la cadera.
—Me gusta más atraparte. —Los dedos en mi cadera se doblan y se
hunden en mí—. Tu maleta ya esta en mi auto. Vas a venir a casa conmigo
esta noche. —Una pregunta no ha sido hecha.
—Te dije que lo haría —contesto con descaro y le pongo los ojos en
blanco, haciéndole sonreír. Me encanta lo fácil que ya salen nuestras
bromas. Estoy muy tranquila a su alrededor y me siento más yo misma de
lo que he hecho jamás.
—Voy a hacer que todo sea verdad —dice, acercándome a él un poco
más y sé de lo que está hablando. Anoche mientras estábamos tumbados
en la cama, me preguntó sobre mis sueños. Si pudiese elegir mi vida, ¿qué
sería? En la oscuridad era fácil revelar la vida que deseaba. No quería ser
una princesa. Quería vivir en una casa con el hombre que amaba, que
también me adoraba y amaba. Quería tener un montón de hijos—. Voy a
darte todo lo que siempre has querido, Tabitha, pero siempre serás una
princesa. Ahora solo serás mi princesa.
Quiero que eso sea cierto, ser simplemente suya, pero sé que es solo
cuestión de tiempo que la gente averigüe lo que hemos estado haciendo. No
hemos sido cuidadosos. Es difícil serlo cuando estás enamorado. Es
imposible sentir esto y no dejar que se muestre de algún modo. Sé que
alguien va a intentar quitarme mi sueño de hadas, pero tengo la sensación
26
de que mi caballero nunca dejará que eso suceda.
6
Vlad
N
o me detengo mientras camino directamente a mi habitación y
cierro la puerta de una patada detrás de mí. Tabitha se ríe entre
dientes cuando la lanzo sobre la cama. Se sienta y me mira
mientras me quito la ropa. 27
La vuelta al palacio fue en silencio. Solo estábamos nosotros dos, pero
había una energía en el auto. Crepitaba y chisporroteaba. Ambos estamos
muy exaltados de necesidad, y tengo el único objetivo de meterme en su
interior. Tal vez más tarde pueda enseñarle el palacio y mostrarle dónde
vivo. Pero ahora mismo, lo único que importa es lo duro que quiere que la
folle.
Necesito follarla. Me estuvo volviendo loco todo el día que no pudiese
hacer mi reclamo sobre ella públicamente, pero tengo la sensación de que
la gente lo sabe. Las murmuraciones han comenzado y sé que tendré que
acabar pronto con esa mierda.
—Quítate el vestido si quieres conservarlo. De otro modo, está a punto
de ser desgarrado —aseguro, lanzando el cinturón al suelo y bajándome la
cremallera del pantalón.
Sale de la cama y se gira, dándome la espalda.
—¿Puedes bajarme la cremallera? —Mira sobre el hombro y sus ojos
están ardiendo con sexo.
Estiro la mano y le bajo la cremallera, observo mientras se lo baja hasta
la cintura y deja que caiga a sus pies. Mascullo ante la visión de ella con un
tanga de encaje, necesito marcarla de nuevo.
Caminado tras ella, la empujo sobre la cama y le separo las rodillas.
Tomo el material que está sobre su trasero en un puño y tiro. Sus bragas se
desintegran bajo mi mano y ella se queda completamente desnuda, su
redondo trasero en el aire. Deja salir un gemido. Le gusta poner los ojos en
blanco cuando la tengo así, tomando lo que deseo, pero ambos sabemos que
a ella le encanta. Me pregunto si sabe que es la única persona que me ha
hecho sentir de este modo. Nunca me he sentido tan territorial en mi vida.
Ella incluso se inclina un poco más, intentando acercarse a mí.
—No estoy segura de si lo sabes, pero la ropa interior no tiene que
arrancarse para quitarla.
Hay una cálida insolencia en su voz, y choco mi mano contra su
redonda nalga por ello.
—¡Oh! —chilla y se remueve para mí.
Golpeo la otra nalga y la observo temblar mientras la marca rosa de mi
mano aparece en ella.
—Sigue así y no serás capaz de sentarte en una semana —advierto,
frotando mi polla a lo largo de la suave humedad de su coño—. Aunque
puede que te deje sentarte en mi rostro. No puedo conseguir suficiente de
ese pequeño coño tuyo.
Gime y vuelve a empujarse contra mí, suplicando silenciosamente que
la folle. Observo mientras mi polla brilla con su miel, y una pequeña gota de 28
corrida gotea de la cabeza.
—Extiende tus labios para mí. Quiero lo que es mío.
Apoya el pecho en la cama frente a ella y extiende las piernas. Luego
alcanza entre sus piernas y usa la mano para abrir los labios de su coño.
Me empujo con fuerza en su estrechez, y su codicioso coño tira de mí.
Luego siento sus dedos en mis pelotas mientras me mantengo dentro de ella
y dejo que se ajuste a mi tamaño.
—Joder. Vas a hacer que me corra demasiado pronto —indico a través
de los dientes apretados, y siento masajeándolas de nuevo, intentando
lanzarme sobre el borde. Dios, amo a esta mujer.
Alcanzándola, sujeto sus muñecas y las aparto, clavándolas a sus
costados. La sostengo ahí y comienzo a empujar.
—Te encanta llevarme al borde, Princesa. No puedo decidir si quieres
un trasero dolorido o quieres ver lo lejos que te tomaré.
Gime mientras la follo más profundo y más fuerte en la cama. Su
trasero levantado está tomando todo lo que le estoy dando y suplicando por
más.
Me inclino cerca, así mi boca está junto a su oído.
—La respuesta es sí, Tabitha. Te daré ese trasero sonrojado por el que
estás suplicando, y te tomaré más allá de lo que desea tu corazón. La única
respuesta que te daré jamás es un sí.
Apoyo la frente en su hombro y me empujo más fuerte, sintiendo sus
piernas temblar. Sus gemidos se están convirtiendo en súplicas, y está justo
a punto de correrse.
—Dime que me amas cuando te corras. Déjame escucharlo por primera
vez cuando mi polla está hundida profundamente en tu interior. Te amo,
Tabitha, así que no te atrevas a negarme.
—¡Vlad! —grita en la habitación mientras su coño se aprieta a mi
alrededor—. ¡Te amo!
El sonido es más dulce que nada que haya escuchado jamás, y casi
colapso sobre ella y me lanzo sobre el borde con ella.
—Te amo. Te amo —gimotea una y otra vez mientras su orgasmo le
recorre el cuerpo con olas de placer.
Casi me desmayo con la intensidad del momento, sabiendo que nada
la apartará jamás, sabiendo que es el amor de mi vida y pronto será la madre
de nuestros bebés.
De algún modo nos arrastro a los dos por la cama sin salirme de ella.
Me acurruco con ella y posesivamente lanzo mi cuerpo sobre el suyo,
fijándola.
—No voy a desaparecer en tu sueño —dice, y puedo escuchar la risa en 29
su voz.
—Definitivamente no vas a hacerlo ahora —afirmo, besándole el
cuello—. Duerme, dulce princesa. Tengo planeado hacerte el amor toda la
noche y vas a necesitar descansar.
—Te amo, Vlad —susurra de nuevo, es justo tan dulce como la primera
vez que lo dijo.
—Yo también te amo, Tabitha.
7
Tabitha
M
iro a Vlad tomar un mordisco mientras observo su desaliñado
rostro sin afeitar. Hemos estado encerrados en su casa casi
durante una semana, habiendo salido solo unas pocas veces
cuando necesitábamos… cuando yo necesitaba ir a ver a mi hermana, y él 30
tuvo un encuentro para liberar su horario de trabajo así podía quedarse
conmigo mientras yo me acostumbraba a vivir con él. Creo que en realidad
puede estar llevando su acto de cavernícola demasiado lejos. Está bien, es
una mentira. Todavía estoy disfrutando las sensaciones persistentes que su
vello facial dejó en el interior de mis muslos esta mañana.
Sonríe y traga la comida, sin masticarla realmente, haciendo sonidos
de apreciación. Entrecierro los ojos hacia él y me sonríe. Sé que está
fingiendo. Tomo el plato de muffins y los lazo a la basura antes de poner el
plato en el fregadero.
Siento que viene detrás de mí, desliza las manos en mis caderas y me
gira. Me levanta, dejándome sobre el mostrador y luego colocándose entre
mis piernas.
—Comí cada bocado —dice, y miro hacia su plato vacío.
—Bueno, espero que no te mueras, porque me gusta tenerte alrededor
—respondo, en parte bromeando, en parte haciendo un puchero, y eso lo
hace reír. Dios, soy la peor cocinera, y eso me está volviendo loca. ¿Cómo se
supone que alimente a una familia si ni siquiera sé cocinar?
—Comeré cualquier cosa que prepares. —Intenta que no esté molesta,
pero es duro. He estado cocinando toda la semana y parece que es un fallo
tras otro.
—Aunque quiero que verdaderamente te guste.
—Me encanta porque tú la hiciste, me encanta porque consigo
sentarme en la barra de la cocina y verte moviéndote alrededor
preparándome algo de comer. Me encantará más cuando estés descalza y
redonda con nuestro bebé mientras lo haces.
Le rodeo el cuello con los brazos, la molestia por mis habilidades
culinarias desvaneciéndose rápidamente.
—Te amo —le digo antes de tirar de él para que me bese. Su boca se
encuentra con la mía, y solo le beso un momento antes de apartarme—. Oh
Dios mío, todavía puedo saborear ese muffin y es terrible. ¿Cómo te comiste
tal cosa?
Se encoge de hombros como si no fuese gran cosa y no puedo evitar
reírme. Dios, le amo. Haría cualquier cosa para hacerme feliz.
—Voy a traer madera para la chimenea. —Me baja de la encimera y
aprieta firmemente mi trasero—. Por qué no consigues un libro, te tumbas
en el sofá y esperas por mí.
—Mmm, está bien —acepto alegremente, sabiendo lo que va a venir.
Puede que solo haya estado con Vlad una semana, pero ya tenemos una
rutina. A última hora de la tarde, me tumbo en el sofá frente a la chimenea
mientras él toma su ordenar para trabajar. Paso de leer a tomar pequeñas
siestas. Durante una siesta sé que me despertaré con su boca entre las 31
piernas.
Es mi parte favorita del día. Está bien, tal vez la segunda, porque la
primera es tumbarme en la cama con él durante la noche. No tenía ni idea
de que la vida podía ser así de dulce, y la estoy asimilando, esperando que
suceda algo malo. No he sabido de mi madre desde la boda, y sé que ella
sabe que está sucediendo algo. Me observó durante toda la noche en la boda
y Vlad no se esforzó en esconder que me deseaba, incluso aunque piense
que hizo un gran trabajo y conteniéndose. No estoy segura de que sepa lo
que es realmente contenerse.
Lo observo marcharse, luego voy a nuestra habitación para conseguir
el libro. Encaminándome por el pasillo, voy directamente a nuestra
habitación. Nuestra habitación es la única en este piso. Las otras cinco
habitaciones están en el piso de arriba. Casi se siente como una casa sacada
directamente de mis sueños. Vlad la hizo construir hace años y se asienta
justo fuera del castillo, a menos de kilómetro y medio. Pero hay un pequeño
camino que solo nosotros podemos usar para llegar a Alena y Roman. Me
gusta que sea así de fácil ver a mi hermana.
Me contó que nunca pensó por qué construyó una casa tan grande sin
planes de casarse o tener hijos. Pero después de nuestra primera noche
aquí, me dijo que en lo más profundo debió haber sabido que yo iba a llegar.
La había construido para mí. Puede que haya llorado sobre él. Tenía razón.
Siempre me daría lo que quiero. Lo estaba haciendo antes incluso de saber
que lo hacía. Lo que más me gusta de esta casa es que, aunque es grande,
también se siente acogedora e íntima. Es cálida y se siente como un hogar.
Tomo el libro de la mesilla de noche y me dirijo al salón, que conecta
con la cocina. Me debato si intentar hornear de nuevo, pero decido que
realmente debería conseguir algún libro de cocina o algo así primero. Pero
no he tenido mucho deseo de abandonar la casa. Quiero mantener el mundo
de fuera lejos de nosotros.
Me he preguntado si mi madre ha estado intentando ponerse en
contacto conmigo. Sé que se suponía que me encontrase con un potencial
marido hacía unos días, pero el día llegó y pasó, y no sucedió nada.
Sentándome en el sofá, soy sorprendida cuando escucho un golpe en
la puerta de entrada. Miro hacia el camino por el que se marchó Vlad y me
pregunto qué hacer. Tengo una fuerte sensación de que no me gustaría
responder la puerta. Además, solo estoy vistiendo la camisa de él.
—Tabithe, abre la puerta en este mismo instante.
Siento un nudo en el fondo del estómago cuando escucho la voz de mi
madre. Aprieto el libro en las manos, desesperada por hacer cualquier cosa
menos enfrentarla. Pero sé que tengo que hacerlo. No puedo seguir viviendo
con el miedo de que seré apartada de Vlad en cualquier momento.
Dejo el libro sobre la mesa y me encamino a la puerta. Abriéndola, veo
a mi madre pareciendo despeinada. Me empuja para entrar en la cama. 32
—Madre, no puedes entrar simplemente en la casa de Vlad. Él no te ha
invitado —le indico, enderezando la espalda. Realmente ahora no tengo
ninguna razón para temerla. Ya no puede hacerle daño a Alena y en el fondo
sé que Vlad nunca me dejará ir. Incluso si eso significa que tenemos que
huir juntos. Yo haría eso sin pensarlo dos veces. No lo perderé. Sé que hay
leyes que nos separarían.
—Oh, ¿tu propia madre no está invitada a la casa de tu marido? —Fija
la mirada en el anillo que Vlad me puso en el dedo la noche que llegamos
aquí. Dijo que lo vio y supo que estaba hecho para mí.
Bajo la mirada al hermoso anillo. Es una simple banda adornada con
diamantes. Está hecha para una mujer que sabe que sus manos estarán
ocupadas, y planeo llevar una casa y ocuparme de nuestros hijos. Es
perfecto —el anillo más hermoso que haya visto jamás.
—No estamos casados —le digo, añadiendo un fuerte—: todavía.
—Vi el decreto de matrimonio. ¡Firmado por el mismísimo rey! —
espeta—. ¡Cómo te atreves a romper una tradición! —Sacude la cabeza—.
Siempre pensaste que eras mejor que el resto. —No tengo ni idea de qué está
hablando, y me pregunto si está borracha. Quiero decir, más borracha de lo
normal.
—¿Qué demonios está haciendo en nuestra casa? —La voz de Vlad es
tan fuerte y mortal que me hace saltar. No lo escuché entrar. Suelta todos
los trozos de leña que estaba acarreando y se mueve hacia nosotras,
claramente en una misión.
»Se le dijo que no se te permitía acercarte a unos doscientos kilómetros
—continúa él, acortando rápidamente la distancia entre él y mi madre.
—¿Doscientos kilómetros? Ella ni siquiera vive así de lejos, ¿así que
cómo… —dejo la frase en suspenso, entendiendo lo que está diciendo. ¿A mi
madre no se le permite venir aquí?
—Se le dieron órdenes y cinco días para arreglarse, pero aquí está,
tentando a su destino, y soy el equivocado con el que tentarlo. —Se inclina
hacia mi madre, arrasándola con su dura mirada—. Sabe que quería hacer
más que lograr que se marchase. La única razón por la que no lo forcé es
porque mi princesa es dulce y suave hasta la médula, y aunque ella no se
preocupe por ti, todavía eres su madre. No le gustaría saber que yo deseaba
quitarte todos tus títulos y dejarte en la calle.
Jadeo ante las palabras de Vlad. Él mira hacia mí. Esa mirada mortal
se ha desvanecido.
—No dejaré que nadie piense que puede asustarte. O hacer que vivas
con miedo por algo. Ella selló su destino el día que dejó de actuar como una 33
madre y no protegió lo que fue traído a este mundo para ser mío. —Mi
corazón se derrite un poco más por este hombre. No sé cómo sigue
haciéndolo, pero lo hace.
—Tabitha —dice mi madre como una súplica, más suave de lo que
jamás la he escuchado hablar.
—Madre, simplemente vete antes de que él cambie de idea. Antes de
que yo también cambie de idea —manifiesto.
—Tabitha —lo intenta ella de nuevo.
Y esta vez no puedo evitar gritar:
—¡Vete! Y olvida que Alena y yo alguna vez existimos. ¡Olvida que
alguna vez fuiste una madre! —grito, observando que la furia arruga su
rostro. Estoy agradecida por ello. Por primera vez en mi vida estoy feliz de
ver la furia en su rostro. Lo hace todo más fácil—. No es que alguna vez lo
empezases a ser.
Se queda un poco boquiabierta, y puedo asegurar que está a punto de
decir algo, pero un gruñido bajo llena la habitación y ella cambia su atención
a Vlad. Ella escucha la advertencia y asiente. Se gira y sale por la puerta, y
la cierro de un empujón detrás de ella, sin apartar la mirada de Vlad.
—¿Estamos casados? —le pregunto y veo una mirada tímida cruzarle
el rostro.
—No te enfades —pide, levantando las manos como si fuese a atacarlo.
Tiene razón, porque en cuanto escucho sus palabras, corro hacia él,
saltando en sus brazos. Me atrapa con facilidad y tomo su boca en la mía
con un beso profundo y duro.
Cuando me aparto, noto que estoy apoyada de espaldas en el sofá, con
él cerniéndose sobre mí.
—Puede que le haya hecho algunas demandas al rey.
—Eres tan cavernícola.
—Me estaba cabreando, la gente diciendo que no eras mía. —Gruñe de
nuevo, haciéndome reír.
—¿Y si quería una boda? —le pregunto, todavía sonriendo. Observo su
mirada suavizándose sobre mí como siempre hace cuando me tiene donde
quiere.
—¿Quieres una? Te daré una si lo quieres. Sabes que te daré cualquier
cosa que pidas.
—No —le aseguro. No tengo que pensar en ello. Uno pensaría que con
lo que me gusta prepararme, estaría completamente feliz de tener una boda,
pero no quiero una. Todo lo que quiero es estar encerrada con Vlad. No
quiero tomarme el tiempo para una boda cuando puedo pasar mi tiempo
justo aquí bajo mi marido cavernícola.
34
8
Vlad
O
bservo a Tabitha y a Alena en el jardín hablando entre ellas. Ella
mira hacia mí y guiña un ojo, luego me dirige un pequeño saludo
con la mano. Siento un dolor en el pecho de ir hacia ella y
sostenerla, pero permanezco quieto, dejándolas hablar. 35
Ella quería contarle a Alena lo que sucedió con su madre y sobre cómo
ahora estamos casados. Las escucho a ambas reírse entre dientes y resoplar,
luego Roman se ríe a mi lado.
—Gracias por hacer el decreto real por mí —le digo.
—Bueno, de nada, pero no es que me dieses demasiada elección.
—Oh, ¿de verdad? —Finjo no saber de qué está hablando.
—Sí, creo que cuando me amenazaste con arrancarme las pelotas y
dársela de comer a los perros fe cuando decidí que era mi mejor interés darte
lo que querías.
Sonrío y tomo un trago de mi bebida.
—Bueno, eso y la mirada de loco que tenías en los ojos. La conocía muy
bien. Y sabía que haría cualquier cosa para que sucediese. Así que, según
la ley, ella es tuya ahora.
—Como debería ser —asevero, asintiendo hacia él.
—Estoy contento de que Alena la tenga cerca. Haría cualquier cosa para
mantener esa sonrisa en su rostro.
—Tenemos la misma meta —coincido, mientras las damas volvían a
reunirse con nosotros.
Tabitha viene directamente a mí, y la llevo a mi regazo. Acurruca su
cuerpo y apoya la cabeza en mi pecho. Nos sentamos allí durante un largo
momento a la luz del sol, dejando que el tiempo pase. En algún momento,
Roman y Alena se marchan, porque cuando finalmente levanto la mirada
me doy cuenta de que estamos solos.
—Es un hermoso día —comenta Tabitha, sentándose para mirarme.
Coloco un mechón de cabello detrás de su oreja y veo el sol brillando
como una aureola detrás de ella.
—La cosa más hermosa que haya visto jamás —concuerdo, besándole
cada mejilla antes de besarla en los labios.
Nos sentamos de este modo durante horas, simplemente besándonos y
sosteniéndonos el uno al otro. Es el comienzo de una nueva vida para
nosotros, y quiero saborear cada segundo. Empezando hoy.
Tengo todo mi mundo entre mis brazos y hay más por llegar. Nuestra
verdadera historia solo está en el comienzo y no puedo esperar a girar la
página.
36
EPÍLOGO
Vlad
Nueve meses después…
H
undo la lengua en su dulce coño y lamo su crema. Sus piernas
están extendidas ampliamente y su orgasmo todavía está
pulsando a través de ella mientras subo por ella y deslizo mi
polla en su interior.
37
—Joder. Estás tan apretada —mascullo a través de mis dientes
apretados, y lentamente me muevo dentro y fuera, intentando no correrme
tan rápido.
—Más fuerte, Vlad.
Me contengo, sin darle lo que sé que quiere. Su barriga está muy
redonda y sus hinchados pechos están maduros con leche. Observo
mientras una gota se desliza por un lado de uno, y me lamo los labios
queriendo saborearla. En su lugar, permanezco donde estoy. No quiero
inclinarme y poner demasiado peso sobre ella. Ella podría dar a luz
cualquier día.
—No puedo —digo mientras salgo y regreso entre sus piernas para
comerle el coño de nuevo.
Sus protestas se convierten en balbuceos incoherentes mientras chupo
de nuevo su clítoris y hago que se corra de nuevo. Es muy fácil hacer que
se corra desde que está embarazada, demandando mi polla a cada hora del
día. He estado más que feliz de aligerar su dolor, pero no puedo dárselo de
la forma en que suplica. Sé que quiere que sea profundo y duro, pero tengo
que ser cuidadoso. Así que en su lugar, cada vez que lo pide, como su coño
hasta que se corre sobre mi lengua y eso parece ser suficiente.
—Fóllame, Vlad. Necesito que tu polla me llene.
Me siento y vuelvo a deslizar mi polla todavía dura en su cálido abrazo.
Es casi doloroso lo apretada que está y por un segundo llego al fondo de ella
y siento que mis pelotas se presionan contra su lujurioso trasero.
Gime audiblemente y lo hago de nuevo, incapaz de negárselo más.
Sujeto sus caderas, que se han extendido mientras su barriga crecía. Las
curvas redondas de su cuerpo son perfectas para aferrarse.
Miro mientras se pasa un dedo por sus pezones y se lo humedece con
su crema. Luego lo lleva a mi boca y lo chupo con ansia. Es como gasolina
a la que se ha prendido fuego, y soy un animal que se ha vuelto salvaje. Me
empujo más y más fuerte hasta que Tabitha está clavando las uñas en mi
pecho y gritando durante otro rogasmo.
Empujándome dentro una última vez, la sigo sobre el borde al paraíso.
Gruesos chorros de semen llenan su coño hasta el punto de que gotea por
un lado. No puede retener todo lo que tengo que darle y lo observo
extenderse entre nosotros. La visión es obscena y solo me excita una vez
más.
—Lo hiciste a propósito —me quejo, intentando recuperar la
respiración.
Tabitha se ríe y me dirige una débil sonrisa.
Me tumbo a su lado y tiro de ella hacia mí. La acuno contra mi pecho 38
y luego pongo mis piernas sobre las suyas mientras apoyo la mano
posesivamente sobre su estómago.
—Mía —digo y le mordisqueo el hombro.
—Uno de estos días puede que no me guste tanto tu comportamiento
cavernícola. —Contonea su trasero contra mí, y le doy un pequeño azote.
—¿Quieres apostar? —Muevo los labios a su cuello y luego beso un
camino hasta su hombro.
—Nunca apostaría contra ti. Eres un tramposo.
—Probablemente tengas razón. No hay forma de que fuese a aceptar la
posibilidad de perder algo que tenga que ver contigo. Eres mi mundo, y estás
a punto de hacerlo incluso mejor. —Vuelvo a frotarle el estómago y cierro
los ojos—. Te amo, Tabitha.
—Yo también te amo, Vlad. Y especialmente tu cavernícola interior.
Mascullo contra su piel y ella se ríe. Es el sonido más dulce, y juro
pasar el resto de mi vida asegurándome llegar a oírlo.
EPÍLOGO
Vlad
Doce años después…
V
igilo a mi princesa mientras juega con nuestros hijos. Están
correteando por la feria que llegó a la ciudad este fin de semana.
Dios, no pensé que pudiese llegar a ser más hermosa que el 39
primer día que puse la mirada en ella, pero aquí estamos, todos estos años
después, y lo es. Echa la cabeza atrás y su cabello oscuro y brillante rebota
mientras se ríe de algo que uno de nuestros hijos le dice. Luego se agacha y
le da un beso.
Lo que fuese que él le dijo le ganó un montón de billetes para más
viajes. Todavía me pregunto cómo ese cuerpo suyo dio a luz a cinco chicos.
Dos embarazos han sido de gemelos. No creía que a las mujeres les gustase
estar embarazadas, pero ella lo hizo. La maternidad ha sido algo para lo que
ha nacido.
Tuve suerte con nuestro último hijo. Pensé que mi esposa iba a
matarme una noche mientras dormía si no conseguía una niña. Hizo
preparar una habitación para una niña pequeña la tercera vez que averiguó
que estaba embarazada, segura de que esa vez sería una niña, solo para
descubrir que estaba esperando gemelos. Todavía estaba entusiasmada ante
la idea de tener gemelos, pero sabía que anhelaba una hija.
Nuestra pequeña llegó al mundo con toda la actitud de su madre. Nos
tiene a todos comiendo de la palma de su mano como Tabitha desde el
momento en que dejó salir ese grito en la sala de partos. También se veía
idéntica a ella, y ese día le agradecí a Dios que tuviese cinco hijos para
ayudarme a mantener un ojo en ella.
Mantener un ojo en su madre era lo suficientemente duro a veces. No
importaba que tuviese una horda de niños corriendo siempre alrededor de
sus pies, los hombres todavía intentaban llamar su atención. Como el que
la está admirando ahora mismo. Claramente no es de por aquí y debe ser
un turista o algo por el estilo. Sigo intentando ver si tal vez tiene un niño
con él y solo es una coincidencia, pero ningún niño se ha acercado al
hombre. Y se sigue acercando a mi princesa.
—Es perfecto, papi.
Bajo la mirada a mi hija, que tiene su mano en la mía mientras se
sienta en la silla consiguiendo una mariposa pintada en su mejilla.
—Es hermosa. Pero no tan hermosa como tú —le aseguro, haciéndola
sonreír incluso más.
—Ella es hermosa. —Miro hacia el niño de pie junto a Nathan, uno de
mis gemelos. Él alcanza a su amigo y le da un puñetazo en el brazo.
—Cuidado —masculla él, y tengo que contener la risa. Mi hija pone los
ojos en blanco, pareciéndose más a su madre que nunca.
Vuelvo a mirar hacia mi princesa y veo que el hombre al que he estado
observando antes, ahora le está hablando.
—Yo me ocupo, papá —me dice mi hijo, tomando la mano de mi hija de
la mía y sosteniéndola en la suya.
Me agacho, besando a mi hija en la cima de la cabeza, luego revolviendo 40
el cabello de mi hijo antes de dirigirme hacia mi esposa. No puedo apartar
la mirada dos segundos y alguien está intentando ligar con ella.
Camino tras ella y le rodeo la cintura con un brazo, acercándola a mi
cuerpo. Ella se amolda a mí como siempre hace, y ni siquiera tengo que
mirar su rostro para saber que probablemente acaba de poner los ojos en
blanco como hizo nuestra hija.
—Estás de pie demasiado cerca de mi esposa —le advierto al hombre,
que ha dado unos pasos atrás.
—Stan estaba a punto…
—Stan estaba a punto de irse —interrumpo a mi esposa. Estoy seguro
de que ella piensa que él está siendo educado y amigable, pero veo a través
de su mierda. Lo vi en el momento que comenzó a observarla—. ¿No lo
estabas, Stan? —termino, lanzándole una mirada que hace que huya
corriendo sin despedirse.
Tabitha me golpea en el pecho.
—Eres tan cavernícola. —La arrastro hacia mi pecho y la rodeo con
ambos brazos.
—Él te deseaba —le indico, con un resoplido ahogado.
—Piensas que todo el mundo me desea —comenta, pero se acerca a mí,
rodeándome con los brazos. Dios, tengo suerte de que mis celos y mis golpes
en el pecho la exciten, o este matrimonio me tendría arrastrándome mucho.
No es que no disfrute cuando estoy de rodillas para ella. Como esta mañana
cuando tuve una de sus piernas sobre mi hombro…
Me inclino, presionando los labios en su boca y saboreando el algodón
de azúcar de sus labios.
—Ellos quieren tu dulzura —le digo.
—Vas a quedarte sin ello si sigues adelante —se mofa de mí.
Ambos sabemos que es una mentira. Tomo su boca de nuevo, probando
que nunca se apartará de mí. No cuando sabe que la necesito para respirar.
—¿No lo sabes? La princesa prohibida siempre es la más dulce.
Fin
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Acerca de las Autoras
Alexa Riley
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