Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos
me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará
mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno,
porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Salmos 23:1-4 (RVR1960)
¡Éste es nuestro Dios, ahora y para siempre! ¡El Dios nuestro nos guiará
más allá de la muerte!
Salmos 48:14 (RVC)
Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.
Eclesiastés 3:1-4 (TLA)
¡Él devorará a la muerte para siempre! El Señor Soberano secará todas
las lágrimas y quitará para siempre los insultos y las burlas contra su
tierra y su pueblo. ¡El Señor ha hablado!
Isaías 25:8 (NTV)
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Mateo 5:4 (RVR1960)
Lo mismo les pasa a ustedes: Ahora están tristes, pero cuando vuelva a
verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría.
Juan 16:22 (NVI)
Quien sólo vive para pecar, recibirá como castigo la muerte. Pero Dios
nos regala la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor.
Romanos 6:23 (TLA)
¿Qué podemos decir de todo esto? Si Dios está a nuestro favor, nadie
podrá estar contra nosotros. Dios mostró su favor hacia nosotros hasta
tal punto que dio a su propio Hijo para que muriera por nosotros.
Siendo así, ¿cómo no nos va a dar, junto con él, todo lo que tiene?
¿Quién podrá acusar al pueblo que Dios ha elegido? Dios es el que nos
aprueba. ¿Quién va a condenarnos? Cristo fue quien murió por
nosotros y además resucitó. Ahora Cristo está sentado a la derecha de
Dios y está rogando por nosotros. ¿Podrá algo separarnos del amor de
Cristo? Ni las dificultades, ni los problemas, ni las persecuciones, ni el
hambre, ni la desnudez, ni el peligro ni tampoco la muerte. Así está
escrito:
«Por ti estamos siempre en peligro de muerte, nos tratan como si
fuéramos ovejas que van al matadero».
Más bien, en todo esto salimos más que victoriosos por medio de Dios
quien nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni
los ángeles ni los poderes diabólicos, ni lo presente, ni lo que vendrá en
el futuro, ni poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna
otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que se encuentra
en nuestro Señor Jesucristo.
Romanos 8:31-39 (PDT)
Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues
si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos.
Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque
Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de
los muertos como de los que viven.
Romanos 14:7-9 (RVR1960)
Pero en realidad Cristo ha resucitado y fue el primero de todos los que
serán resucitados de la muerte. Así como la muerte llegó a la
humanidad por medio de un hombre, también por medio de un hombre
llega la resurrección. Así como Adán trajo la muerte a todos, Cristo nos
traerá vida a todos nosotros. Pero todos deben ser resucitados en
cierto orden. Primero fue Cristo y luego, cuando Cristo regrese, serán
resucitados también los que pertenecen a él.
1 Corintios 15:20-23 (PDT)
Cuando esto suceda, se cumplirá lo que dice la Biblia:
“¡La muerte ha sido destruida! ¿Dónde está ahora su victoria? ¿Dónde
está su poder para herirnos?”
El pecado produce la muerte, y existe porque hay una ley. ¡Pero gracias
a Dios, podemos vencerlo por medio de nuestro Señor Jesucristo!
1 Corintios 15:54-57 (TLA)
Así vivimos, confiando siempre y comprendiendo que durante nuestra
estancia en el cuerpo peregrinamos ausentes del Señor. Porque
andamos por fe, no por vista. Pues confiamos y consideramos mejor
estar ausentes del cuerpo, y estar presentes delante del Señor.
2 Corintios 5:6-8 (RVA-2015)
No tengas miedo de lo que vas a sufrir. El diablo meterá a algunos de
ustedes en la cárcel, para ver si en verdad confían en mí. Durante algún
tiempo, ustedes tendrán muchas dificultades; pero si confían en mí
hasta la muerte, yo les daré como premio la vida eterna.
Apocalipsis 2:10 (TLA)
Entonces oí una voz del cielo, que decía: “Escribe: Dichosos los que de
ahora en adelante mueren en el Señor”. “Sí —dice el Espíritu—, ellos
descansarán de sus fatigosas tareas, pues sus obras los acompañan”.
Apocalipsis 14:13 (NVI)