ENRON: Nace la mentira
La empresa, fundada en 1985 por Kenneth Lay, vivió un antes y un después con la
llegada de Jeffrey Skilling. Uno de los mejores graduados en Harvard en su
promoción de MBA, aterrizó en Enron en 1997. Con él, la compañía descubrió en
toda su expresión lo que es la ingeniería contable. Pasivos que se convirtieron en
activos, préstamos que se computaban como ingresos, deuda maquillada,
beneficios inflados. Una revisión de las cuentas por parte de las autoridades
contables afloró deudas escondidas y elementos ocultos fuera de balance que
daban la impresión de que la empresa estaba saneada. Poco a poco el mundo
Enron fue cayendo. De los 90 dólares por acción del 2000, un año después se
pasó a apenas un dólar, un 99% menos. Más de 10.000 millones en valor
contable que se esfumaron. Miles de ahorradores que perdían su inversión.
Acorralada, se vio obligada a presentar el concurso. Acumulaba unos activos de
64.000 millones y unas deudas de 30.000 millones. 20,000 empleados perdieron
su trabajo, la consecuencia lógica del desastre.
Menos esperada fue la caída de su auditora. Enron se llevó por delante a Arthur
Andersen, una de las cinco auditoras más importantes del mundo en ese
momento. Fue partícipe del engaño. En teoría, bajo la presión de los máximos
directivos, que pedían que hiciera la vista gorda para mantener el enjuague
contable vivo. Desprestigiada y condenada, acabó despiezada y su negocio en
manos de las demás grandes.
ANÁLISIS AL CASO ENRON
Enron en solo 15 años pasó a ser la séptima empresa mejor valorada por la
revista Fortune. Esto sucedió con la adquisición de varias empresas,
consolidándose Enron de la cual Kenneth Lay era el presidente.
Entre 1985 y 1995 la empresa era gestionada de forma conservadora con poca
deuda y centrada en el mercado de gas natural.
A finales del año 1995 ENRON tenía unos ingresos de 9,2 billones de dólares (5,7
billones en 1991) y unos activos valorados a 31 de diciembre de 1995 en 13,2
billones. La clave del explosivo crecimiento fue la desregulación que permitió
vender el gas como si fuera un “commodity”, tal como granos, carnes o aceite.
Otro grande error es que el sistema normativo era escrito de un modo muy general
por lo que Enron, aplicaba sus propios modelos de valoración para calcular el
valor de los activos y usar estas estimaciones como valores razonables.