Asparkía
INVESTIGACIÓ FEMINISTA Número 30
ASPARKÍA
Investigació Feminista
Mujeres y saberes. En los límites de lo permitido
Número 30. 2017
Asparkía. Investigació feminista es una publicación anual que aparece en forma de monográfico.
Nota: Adjuntamos al final de cada número las normas para el envío de trabajos y obras originales.
Edición a cargo de:
Carmen Corona Marzol (Universitat Jaume I)
Antonio López Amores (Universitat Jaume I)
Imágenes
Marta Negre Gallén
Directora
Juncal Caballero Guiral (Universitat Jaume I)
Secretaria
Maria Medina-Vicent (Universitat Jaume I)
Comité de Redacción
Mercedes Alcañiz Moscardó (Universitat Jaume I); Rosa María Cid López (Universidad de Oviedo); María José
Gámez Fuentes (Universitat Jaume I); Pascuala García Martínez (Universitat de València); Pilar Godayol i Nogué
(Universitat de Vic); Jordi Luengo López (Universidad Pablo Olavide de Sevilla); Shirley Mangini (California State
University –Long Beach– Estados Unidos); Alicia H. Puleo García (Universidad de Valladolid); Sonia Reverter
Bañón (Universitat Jaume I); Patrícia Soley Beltrán (Universitat Ramon Llull de Barcelona); Alba Varela Laceras
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Panamá).
Redacción
Asparkía. Investigació Feminista. Institut Universitari d’Estudis Feministes i de Gènere Purificación Escribano.
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s/n. 12071 – Castelló de la Plana. Telèfon: +34 964 729 971. E-mail: [email protected]. Pàgina Web: www.if.uji.es.
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Asparkía
Investigació Feminista Nº 30 (2017)
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ISSN: 1132-8231
e-ISSN: 2340-4795
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BIBLIOTECA DE LA UNIVERSITAT JAUME I Dades catalogràfiques
ASPARKÍA: Investigació feminista, - nº 1 (1992) - [Castelló] :
Publicacions de la Universitat Jaume I, 1992- Il, ; cm
Anual
ISSN 1132-8231
1, Dones, I, Universitat Jaume I (Castelló). Publicacions de la
Universitat Jaume I, ed.
396(05)
ÍNDEX/CONTENTS
IL·LUSTRACIONS
Marta Negre Gallén.......................................................................................... 7
PRESENTACIÓ
Carmen Corona Marzol y Antonio López Amores
Mujeres y saberes. En los límites de lo permitido
Women and knowledge. In the limits of the allowed........................................ 11
ARTICLES
Carmen Corona Marzol
Conocimientos forales y saberes de viudas. Felipa Clavero Sessé
ante la ley por el condado de Aranda durante el reinado de Carlos II
Foral knowledges and widows’s wisdom. Felipa Clavero Sessé
before the law for the Aranda County during the reign of Carlos II................ 17
Carmen María Fernández Nadal
El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco.
Límites familiares en la corte de Felipe IV
The matrimonial adjustment of Juana Francisca de Córdoba and Velasco.
Family boundaries in the court of Philip IV..................................................... 29
Antonio López Amores
El arte del buen casar: matrimonio y viudedad en el siglo XVIII
valenciano
The good marrying art: marriage and widowhood
in the valencian 18th century........................................................................... 51
Carla Torres Llop
Marquesa de Sietefuentes. Víctima y culpable de la Conjura Camarasa
Marquise of Sietefuentes. Victim and guilty of the Camarasa Conspiracy......... 69
Mariángeles Pérez-Martín
Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX
Segunda Martínez, the professionalism of a woman in the 19th .................... 87
Carme Bernat Mateu
Orientalisme i gènere: Flaubert i la mirada colonial sota les dones
Orientalism and gender: Flaubert and colonial eyes about women .............. 107
Carlota Coronado Ruiz
Saberes limitados: educación femenina en la información
cinematográfica italiana (1946-1953)
Limited knowledge: women’s education in italian newsreels......................... 115
Desiré Rodríguez Martínez
La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora
de la mujer durante el Franquismo
The female section of the fascist-inclined Phalange like an
indoctrination guide of women during Francoism......................................... 133
RETRAT
Core Ferrer Alcantud
Mary Beard y los dioses propicios
Mary Beard and the Gods’ Good Omen......................................................... 151
TEXTOS
Eva Mendieta
El hábito hace al monje: el travestismo femenino
en la Europa de los siglos XVI y XVII....................................................... 163
CREACIÓ LITERÀRIA
Nieves Pascual Soler
Pelucas
Wigs ............................................................................................................... 175
LLIBRES
........................................................................................................................ 183
ÍNDEX D’IL·LUSTRACIONS
SUMMARY OF PICTURES
................................................................................. Portada
............................................................................................. 9
......................................................................................... 149
......................................................................................... 161
......................................................................................... 173
......................................................................................... 181
Presentació
CARMEN CORONA MARZOL1
ANTONIO LÓPEZ AMORES2
Mujeres y saberes. En los límites de lo permitido3
Women and knowledges. Inside the limits of the allowed
Este volumen constituye el número treinta de la revista Asparkía. Investigació
Feminista, que sirve de soporte a una serie de trabajos dedicados a ofrecer diversas
reflexiones sobre el tema propuesto, «Conocimientos y Saberes», con diferentes en-
foques y áreas de estudio en torno a los conocimientos y los saberes de las mujeres
a lo largo de los tres últimos siglos de nuestra historia.
Bajo esta mirada propuesta encontramos formas de comprensión y expresión de
la perspectiva de género en materias y especialidades académicas y culturales muy
diversas. En este número centrado especialmente en la disciplina académica de la
historia, existen también trabajos de reflexión sobre la literatura, el arte, la filosofía,
la cinematografía y el adoctrinamiento político, que comparten y dan cabida a esta
amplia y reflexiva mirada cultural entre Saberes y Género.
Existe un punto de encuentro entre las diferentes monografías que componen
la serie de esta prestigiosa revista: por un lado, la combinación interactiva e
intercalada entre los estudios académicos más consolidados e insertos en los
actuales criterios de demanda científicas, y la incorporación de nuevas tendencias
que van ahondando en las perspectivas de género. Por otro, la necesaria apertura a
la reflexión crítica y actualizada de cuestiones actuales, que necesitan propuestas y
explicaciones de nuevo cuño, dirigidas a comprender fenómenos contemporáneos
o a plantearse nuevas vías de entendimiento y de acción social a favor de la
concienciación y difusión a favor del género.
La Historia de las mujeres se centró primeramente en el estudio de los temas
políticos y de las élites sociales, un amplio campo muy heterogéneo que evolucio-
nó orientado hacia cuestiones sociales, económicas y culturales. Con el tiempo el
ámbito de la historia social se ha visto acompañado con la aplicación de nuevas
fuentes y metodologías, así como del desarrollo de enfoques y modos de análisis
innovadores.
1 Departamento de Historia, Geografía y Arte, área de Historia Moderna; Instituto Universitario de
Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano (Universitat Jaume I);
[email protected].
2 Departamento de Historia, Geografía y Arte, área de Historia Moderna; Instituto Universitario de
Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano (Universitat Jaume I). Programa VALi+d, de
la Generalitat Valenciana;
[email protected].
3 Carmen Corona Marzol y Antonio López Amores se encuentran dentro del proyecto de investigación,
financiado por la Universitat Jaume I, P1·1A2014-13 «De pequeños hidalgos a nobles titulados.
Riquezas, poder y redes clientelares de la nobleza mediterránea».
12
Los cuatro primeros artículos se insertan en la problemática del estudio del
género en los tiempos de la denominada Edad Moderna. La historia de las mujeres
ha cobrado renovado interés en todas sus épocas históricas y en sus variadas
vertientes sociales. En esta aportación monográfica, una parte de este Asparkía
está dedicada a analizar diferentes estudios en el ámbito de la nobleza, un grupo
privilegiado ejemplarizante para el comportamiento social de algunos colectivos
populares de la época, en que la dureza y el respeto a los comportamientos sociales
de género, aparecen de forma evidente y demostrativa. El grupo de investigación
que incluye los primeros trabajos conformaron el monográfico «Nobleza en
construcción: identidades en femenino y masculino (siglos XV-XVIII)»4.
El primero de los estudios, titulado «Derechos forales y saberes de viudas. Fe-
lipa Clavero y Sessé ante la ley por el condado de Aranda durante el reinado de
Carlos II», de Carmen Corona Marzol, tiene como marco nobiliario el condado de
Aranda en la segunda mitad del seiscientos. La temática abordada se sitúa en las
condiciones de la viudez, y en las contradicciones y desafíos de los derechos legíti-
mos de las viudas. El estudio se centra en una de las condesas más representativas
de la mencionada Casa y Estado de Aranda, Felipa Clavero y Sessé, desprotegida
de sus derechos legítimos a favor de otro aspirante al condado y a la herencia men-
cionada. En un proceloso mar de tribunales se representan los intereses familiares,
los del entorno parental y clientelar a los que se unen intereses políticos y econó-
micos diversos. Esta dama hubo de enfrentarse a las instituciones regnícolas y a las
altas instancias de la monarquía de los Austrias para revindicar los derechos que
debía percibir, y que jamás obtuvo, siendo cuestionadas sus pretensiones durante
más de medio siglo. La seguridad de la viudez femenina, como garantía ante las
variadas y múltiples situaciones de género, queda aquí cuestionada en un terreno
aparentemente seguro, como es la viudez acrisolada nobiliaria, que demuestra la
volatilidad del sistema según las exigencias del modelo patriarcal existente.
En segundo lugar, Carmen Mª Fernández Nadal aborda en su trabajo «El ajuste
matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares en la cor-
te de Felipe IV», el proceso nupcial preparatorio de esta dama de la reina Isabel
de Borbón. El estudio se centra en las peripecias que conllevan las necesarias ne-
gociaciones previas a un enlace matrimonial de la alta nobleza, donde las mujeres
significaban peones imprescindibles en el tablero del ascenso social. La familia de
los Fernández Velasco y su red parental, sufrió el enfrentamiento de variados inte-
reses en su propio seno. Este trabajo se ha centrado en comprobar el papel jugado
por las propias mujeres implicadas en este clave asunto, que revela las estrategias
utilizadas por la propia familia, las diferentes formas de proceder en el mercado
matrimonial, que eran consideradas como fundamentales para la futura estirpe y
miembros implicados en el engrandecimiento de la red social implicada.
En el tercer estudio Antonio López Amores profundiza en su trabajo «El arte del
buen casar: matrimonio y viudedad en el siglo XVIII valenciano», donde aborda
el proceso matrimonial como elemento primordial en la consolidación y ascenso
4 Corona Marzol, Carmen (ed.) (2015): «Nobleza en construcción: identidades en femenino y masculino
(siglos XV-XVIII)», en Millars: Espai i historia, nº 38, Castellón de la Plana, Universitat Jaume I.
13
nobiliario, tomando como espacio de estudio el Reino de Valencia en el siglo XVIII.
Tras el análisis de una variada gama de tipologías documentales, y la exploración y
cotejo de una sólida base documental, se manifiestan con nitidez matices esenciales
de la concepción del género en la época, tales como el refuerzo continuado de la
autoridad paterna, la dependencia de la mujer hacia el varón en el medio familiar y
el esfuerzo por asegurar la posible viudedad de la esposa, antes de la sacralización
matrimonial. Todo ello bajo la premisa de la consolidación y ascenso del linaje con
una clara política de promoción social de la familia, donde la mujer adquiere un
marcado valor en el mercado social.
En cuarto lugar, Carla Torres Llop en «Marquesa de Sietefuentes. Víctima y
culpable de la Conjura Camarasa», se ocupa de este suceso así conocido, y sobre
el proceso de investigación del asesinato del virrey de Cerdeña, Don Manuel de
Los Cobos, marqués de Camarasa. De este trascendental acontecimiento para la
corte sarda a finales del siglo XVII, resultó responsable la marquesa de Sietefuentes,
quien fue imputada de la muerte del virrey y de su marido, el marqués de
Laconi, uno de los nobles más distinguidos de la isla. La autora estudia y analiza
pormenorizadamente el doble asesinato imputado a esta dama, y resuelve el
trasfondo político y social existente en la isla, resultado de años de confrontación
entre la Corona española y los estamentos sardos. Una cuestión de enorme calado
diplomático y político quedó zanjada con una doble imputación de género.
Todos estos primeros estudios pertenecen al grupo de investigación HisMoAL
(Historia Moderna e Historia de América Latina) de la Universitat Jaume I de
Castellón, cuyos investigadores también forman parte del Instituto Universitario
de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano, y trabajan cuestiones
de género en la época moderna. Asimismo, todos comparten la preocupación por
ampliar el campo de los conocimientos de género y, especialmente, en el reducto
investigativo de la nobleza mediterránea, área de trabajo actual en un proyecto de
investigación conjunto5.
El quinto lugar lo ocupa el estudio de Mariángeles Pérez Martín sobre «Segunda
Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX», (Universidad de Valencia,
España) en el que analiza a esta pintora, traductora y escritora de la novela Las
españolas náufragas o Correspondencia de dos amigas (1831). La novela da a conocer
auténticos trazos autobiográficos, en los que la propia autora revela datos y si-
tuaciones de su vida personal, que como indica Mariángeles Pérez indaga en la
autorrepresentación de la mujer que escribe en la novela. El texto transcurre con un
estilo epistolar, novedoso en el momento, que pone de manifiesto el proceso creati-
vo y la profesionalización de las mujeres artistas en el siglo XIX.
Seguidamente, Carme Bernat Mateu (Universidad de Valencia, España) aborda
«Orientalisme i gènere: Flaubert i la mirada colonial sota les dones», en el que
analiza la representación de la feminidad oriental en la literatura de los países
colonizadores durante el siglo XIX. Las mujeres aparecen representadas como
objetos eróticos del placer visual masculino. Entre este universo de autores, que
5 Proyecto financiado por la Universitat Jaume I: P1·1A2014-13 «De pequeños hidalgos a nobles
titulados. Riquezas, poder y redes clientelares de la nobleza mediterránea».
14
comparten esta concepción de género, se escoge la obra de Gustav Flaubert como
representación del canon literario de las diversas alegorías de las mujeres de los
harenes orientales. Estas mujeres, como muy bien describe la autora, basculan entre
la no-existencia femenina y la mujer-fatal, entre otras connotaciones y alusiones de
género.
El séptimo lugar viene ocupado por Carlota Coronado Ruiz (Universidad Com-
plutense de Madrid, España), quien nos adentra en «Saberes limitados: educación
femenina en la información cinematográfica italiana (1946-1953)». El estudio trata
de los nuevos cambios producidos en la educación italiana con la instauración de
la democracia a partir de 1946, basados en la igualdad y la libertad. Sin embargo,
los valores seguían siendo los del fascismo, que imponía la educación separada por
género. Los roles establecidos seguían manteniendo la educación femenina para
el hogar y la masculina para el trabajo en general. El medio de difusión de estos
roles educativos eran los noticiarios cinematográficos, dónde puede apreciarse los
valores educativos de las mujeres italianas en el momento.
Desiré Rodríguez Martínez (Universidad Nacional de Educación a Distancia,
España) finaliza la sección de artículos con su trabajo sobre «La Sección Femenina
de Falange como guía adoctrinadora de la mujer durante el Franquismo». La autora
realiza un recorrido sobre la situación de la mujer durante la dictadura franquista,
teniendo en cuenta la situación social, política, económica de esta etapa política.
Para una mejor comprensión de periodo histórico, Desiré Rodríguez realiza un
análisis comparativo con la II República española, como precedente anterior al
periodo propuesto y concluye con la posterior Transición Democrática, que cierra
el periodo franquista.
El retrato homenaje en este volumen que aquí presentamos viene de la mano de
Core Ferrer (Universitat Jaume I), que profundiza en las fuertes ideas feministas de
la reputada catedrática de Filología Clásica y divulgadora Mary Beard. A lo largo
de sus líneas vemos, no solamente un actualizado desarrollo biográfico –que recoge
parte de la problemática desatada con el Brexit– de esta aclamada autora británica,
sino también el hondo calado de sus reivindicaciones y su vinculación tanto con su
historia personal como con su extenso conocimiento del Mundo Antiguo.
Presentamos, asimismo, dos reseñas de recientes publicaciones. Otro género, otro
mundo: sexualidad y suicidio en la literatura de mujeres (2016), de Francisco José Cor-
tés Vieco, analizado por Noelia Hernando Real; y En cuerpo y alma. Ser mujer en
tiempos de Franco (2015), obra de Aurora Morcillo Gómez, reseñado aquí por Desiré
Rodríguez Martínez. En la primera nos hallamos ante un análisis que recorre esta
obra de subversivos propósitos, donde sexualidad, tabú, literatura y feminismo se
imbrican entre sí, rompiendo esquemas y aportando una lectura interesante. En la
segunda reseña vemos aspectos como la educación, la sociedad, o la sexualidad
en el contexto de las mujeres de la etapa franquista, junto a sus continuidades y
sus contradicciones a lo largo de la historia y del propio periodo dictatorial. En
definitiva, dos recientes obras que tratan, desde la perspectiva de género, materias
fundamentales para aquellas personas vinculadas con la investigación o con los
temas abordados.
15
No podríamos introducir este número treinta de la revista Asparkía. Investigació
Feminista sin mencionar y agradecer la labor realizada por Marta Negre Gallén,
ilustradora y artista de larga trayectoria, responsable de las seis imágenes que
vehiculan el presente volumen. Es precisamente, gracias a su trabajo, que acoge
tendencia y elementos actuales fantásticamente hilvanados con modas y esquemas
del pasado, que podemos aportar un marco gráfico a los estudios aquí presentados.
En ellos, al igual que en las imágenes, se tratan visiones del pasado con el rigor y
corrientes del presente.
Por último, concluimos esta introducción agradeciendo a implicadas e implica-
dos su participación en el número en el que hemos pretendido aunar estudios sobre
la mujer y sobre el género que abordasen diversos periodos históricos y diferentes
temáticas. Con ello, esperamos no sólo avanzar en el saber y el conocimiento en
cada una de estas disciplinas, sino también en la difusión de la investigación fe-
minista y el papel tan necesario que representa en la sociedad actual este tipo de
estudios, por la transmisión social que representa.
Articles
CARMEN CORONA MARZOL1
Conocimientos forales y saberes de viudas. Felipa
Clavero Sessé ante la ley por el condado de Aranda
durante el reinado de Carlos II2
Foral knowledges and widow’s wisdom. Felipa Clavero
Sessé before the law for the Aranda County during the
reign of Carlos II
Resumen
Este artículo tiene como escenario nobiliario el condado de Aranda en la segunda mitad
del seiscientos. Profundizando en el marco que aportaban las condiciones de la viudez, y
en las contradicciones y desafíos de los derechos legítimos de las viudas. Nuestro estudio
se centra en una de las condesas más representativas de la Casa y Estado de Aranda, doña
Felipa Clavero y Sessé, desprotegida de sus derechos legítimos a favor de otro aspirante al
condado y a la herencia mencionada. En un proceloso mar de tribunales se representan los
intereses familiares, así como los del entorno parental y clientelar a los cuales se unen los que
provienen de agendas políticas y económicas diversas.
Palabras clave: Derechos de viudas, conocimientos forales, condado de Aranda, Felipa Cla-
vero y Sessé, Reinado de Carlos II.
Abstract
This article has as a noble scenery the Aranda County during the second half of the 17th
century, digging into the framework that granted the widowhood, and into the contradictions
and challenges of the legitimate rights of the widows. Our study focuses in one of the more
representative duchesses of the Aranda House and State, doña Felipa Clavero y Sessé, whose
own and legitimate rights were taken from her, in favour of another suitor to the County
and to the mentioned inheritance. The family, parental and client interests join the different
economic and political agendas in a stormy sea of courts.
Keywords: Widows rights, foral knowledges, Aranda County, Felipa Clavero y Sessé, Carlos
II reign.
Sumario
1. La condición de viudez en el entramado político aragonés. 2. La V condesa de Aranda.
3. Felipa Clavero y Sessé: la mujer. 4. Los condicionantes forales de los litigios judiciales en
Aragón. 5. El problema de toda una vida: los derechos de viudedad de Felipa Clavero y
Sessé. 6. Conclusiones.
1 Catedrática acreditada de Historia Moderna de la Universitat Jaume I; [email protected]
2 Este trabajo se ha realizado dentro del proyecto de investigación, financiado por la Universitat Jaume
I: De pequeños hidalgos a nobles titulados. Riquezas, poder y redes clientelares de la nobleza mediterránea (P1.
1A2014-13).
Asparkía, 30; 2017, 17-28 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.1
18 Carmen Corona Marzol
1. La condición de viudez en el entramado político aragonés
Los derechos de viudedad de las mujeres de la nobleza es un tema conocido,
que cuenta con análisis generales entre los estudios de género. Partimos del cono-
cimiento común y de las consideraciones generales ya conocidas sobre las viudas
en el Antiguo Régimen.
Este estudio se centra en el caso concreto de las vicisitudes de la condesa Fe-
lipa Clavero y Sessé y sus interminables pleitos en el mar de los tribunales por la
posesión de sus derechos de viudedad. En ellos se dan cita diversos pretendien-
tes interesados en el legado de las propiedades heredadas, dada la importancia
de la Casa de Aranda, sus posesiones y los ilustres linajes emparentados con ella
hasta el siglo XVII. Junto a los pretendientes masculinos es necesario resaltar a
dos mujeres importantes en la trayectoria sucesoria y vital de la condesa de Aran-
da. Se trata de dos destacadas damas de linajes emparentados, que defendieron
sus derechos sucesorios a la mencionada Casa durante todo el reinado del monar-
ca Carlos II y comienzos del de Felipe V, hasta la defunción de la propia condesa
Felipa Clavero.
Nuestro trabajo tiene por tanto como estudio la complicada trayectoria de esta
viuda, en un momento fundamental del condado de Aranda, donde confluyen
irreconciliables intereses, en un océano de pleitos forales en el que sobresale la
personalidad y obra de esta condesa en el largo litigio sucesorio del seiscientos.
Este espectacular proceso, tanto por su duración en el tiempo como por el núme-
ro de juicios desatados, destaca la dura y larga defensa de los derechos legítimos
de esta viudez, que queda sin resolución hasta la muerte, ya en el siglo XVIII.
Este caso concreto puede resultar esclarecedor para desentrañar vertientes
comunes en las situaciones de las viudas de la nobleza y las circunstancias
particulares, que por sus propias características concretas y la magnitud de las
querellas interpuestas, aúnan los factores jurídicos comunes a la situación de
las mujeres nobiliarias, con otros de gran interés histórico como el patrimonio
jurídico y foral, y de género, que concluyen, de forma rotunda e inapelable, en la
pérdida de derechos legítimos.
Este proceso que estudiamos pone de manifiesto, cómo la condición de una
viudez nos lleva al conocimiento de otros factores decisivos, que van más allá de
la condición social y las características propias, y que nos abre criterios externos
pero ineludibles en el caso estudiado. Me refiero a factores de todo tipo que inci-
den en el espacio femenino y en el marco nobiliario del Antiguo Régimen, tales
como la vinculación política de la nobleza con la monarquía, las relaciones de las
casas nobiliarias con el poder regnícola; la fuerza de las redes sociales en litigio
dentro de cada territorio histórico; la específica legislación foral regnícola, para
concluir con el legado jurídico de la propia Casa nobiliaria troncal. Todas ellas
intervinieron en los derechos sucesorios de una mujer concreta, y globalmente de
los problemas concretos del género en el espacio nobiliario del Antiguo Régimen.
Todos ellos interceptaron los derechos de viudedad de Felipa Clavero y Sessé y,
en consecuencia, los resultados finales de los esfuerzos de toda una vida para
Asparkía, 30; 2017, 17-28 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.1
Conocimientos forales y saberes de viudas. Felipa Clavero Sessé ante la ley ... 19
conseguir sus legítimas aspiraciones. Son cuestiones aparentemente específicas y
particulares, pero que deben tenerse en cuenta para conocer la historia de género
en su totalidad, factores y condicionantes familiares y regnícolas, que afectaron a
muchas mujeres de la nobleza, con mayor o menor incidencia.
2. La V condesa de Aranda
Don Antonio Ximénez de Urrea, Alagón y Espés, V conde de Aranda y de Sás-
tago, había fallecido el 15 de febrero de 1654 en las casas del Palacio de Épila, en
su propia habitación, llamada de la Cuadra. Así lo testifico el notario Juan Anto-
nio Pérez, que lo encontró tendido en su cama y vestido de capuchino, con la cara
descubierta y carente de vida. Se hizo acto público de su muerte con presencia
constatada de varios personajes ilustres3. Debía de ser enterrado en la cisterna
del presbiterio de la Iglesia de Épila, con unos funerales solemnes, propios de su
dignidad. Estos funerales se realizaron en todas las parroquias de sus estados,
celebrándose en ellas 30.000 misas4. Este importante noble aragonés, además del
condado de Aranda y el de Sastago, era Vizconde de Biota, señor del Vizcondado
de Rueda, de la Tenencia del Alcalatén y de otras villas del reino de Valencia.
A partir de este momento la vida de su viuda, doña Felipa Clavero y Sessé,
se vio alterada durante sucesivos decenios por su controvertida herencia. Así fue
relatada por ella misma y dejó constancia repetidas veces en la abundante corres-
pondencia enviada a diferentes personajes de la vida social y política, incluido el
propio monarca Carlos II Habsburgo, a lo largo de toda su vida, años que abar-
caron los del propio monarca, y quien fue partícipe de la situación de la Casa de
Aranda desde su acceso al trono hasta el fin de sus días. La condesa Felipa aún
sobrevivió unos años al rey, y muestra de ello fue su activa dirección en la par-
ticipación de las obras militares en Épila durante la Guerra de Sucesión en 1705.
En las cartas mencionadas relataba el largo y proceloso mar de sus pleitos en
diversos reinos, tribunales e instancias, sostenidos primero por la sucesión del
condado en favor de un Ximénez de Urrea y Fernández de Heredia, además de
otros descendientes dispuestos a disputar por la herencia de la Casa de Aranda,
como explicaremos brevemente después, y luego, en el seno de la familia por
la marquesa de la Viñuela5. Una vida calificada por Felipa Clavero Sessé como
«de continuadas lágrimas». Todo ello, motivado según la V condesa por: «tanto
por la ambiciosa aplicación de las partes, quanto por el sumo aprecio de honor,
y jurisdicciones, que en si contienen hasta el último carácter de una grandeza»6.
3 Archivo Histórico Provincial de Zaragoza [en adelante AHPZ], S. IV, leg. 113, 28-1.
4 AHPZ, S. IV, leg. 113, 28-1.
5 Archivo Histórico Nacional [en adelante AHN], leg. 6.804, nº 385.
6 Manuscrito original: Dona Felipa Clavero y Sesse, Condesa de Aranda, Viuda del Conde Don Antonio
Ximenez de Urrea, por cuya muerte sin sucession se originó los graves pleytos que sobre la de sus Estados,
y bienes libres han fatigado los Tribunales de los Reynos de Aragon, y Valencia. 4°. 6 num. Bll. Br. mit
Rückenfalz. Colección privada: a través de Antiquariat MEINDL & SULZMANN OG.
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3. Felipa Clavero y Sessé: la mujer
Felipa Clavero Sessé era aragonesa, nacida en Zaragoza en 1620, vivió allí du-
rante gran parte de su vida, excepto los años que compartió con el V conde de
Aranda, transcurridos en la casa Palacio de Épila. En esta mansión pasó largas tem-
poradas con su hermana Serafina Ángela Clavero a la que el conde de Aranda, su
cuñado, regaló en su testamento 1.000 escudos de oro para una valiosa joya. Ambas
hermanas compartieron juntas una importante etapa de su vida, siendo Serafina la
mayor, con una diferencia de escasos cinco años7.
El padre de la condesa, Francisco Clavero, aunque nacido en Madrid, fue Caba-
llero hijosdalgo del reino de Aragón (Castán, 2016). Los Clavero constituyeron una
familia infanzona, afincada en los primeros ascendientes en la localidad oscense de
Fornillos desde el siglo XVI. Con el tiempo se extendieron y aparecen en las villas
de Lascellas y Royuela. Francisco Clavero se casó con María Francisca Sessé y Ses-
sé, también de familia infanzón originaria de los valles de Abena y Solana, apellido
constatado en una estirpe que se remonta al siglo XI, y que luego se extendió por
importantes poblaciones aragonesas. El padre de la futura condesa de Aranda ejer-
ció el cargo de gobernador del Castillo de Essen.
Felipa Clavero y Sessé alcanzó la viudez dos veces a lo largo de su longeva vida.
Casó en primeras nupcias con Antonio Xímenez de Urrea, conde de Berbedel, Ca-
ballero de Aragón. Fue en el segundo matrimonio cuando se desposó con el V con-
de de Aranda y de Sástago, Antonio Ximénez de Urrea. En este segundo enlace con
el último titular de la casa de Aranda no tuvo hijos. Sin embargo, en sus primeras
nupcias con el conde de Berbedel, dio lugar a una ilustre descendencia. Sus hijas,
María Apolonia y María Antonia emparentaron con dos reconocidos linajes, sur-
gidos de ventajosos matrimonios acordados. Ambas dotaron a sus descendientes
con importantes posesiones territoriales, algunas radicadas en tierras de Valencia.
María Apolonia Ximénez de Urrea casó con el valenciano Jorge de Castelví,
también conde de Carlet. Un exponente reconocido de la nobleza titulada valen-
ciana. Su hijo Felipe de Castelví y Urrea, fue quien heredó el condado de Carlet,
y extendió la grandeza familiar con su unión con Ana de Escriba e Híjar, de la
que tuvo dos hijas, Josefa y Ana de Castelví. La otra hija de Felipa Clavero, María
Antonia Ximénez de Urrea, casó con Melchor Portocarrero, conde de Monclova,
cuyo descendiente, Antonio Portocarrero y Urrea, heredó el condado de Castelví,
también de notable prosapia valenciana. Su descendencia fueron cuatro hijos: Inés,
Josefa, José y Baltasar Portocarrero.
No debe pasarse por alto la importante descendencia de Felipa Clavero Sessé en
tierras valencianas, así como las posesiones que el V conde de Aranda legó en sus
cláusulas testamentarias, así como los posibles intereses que esta rama del condado
de Berbedel mantendrá en las posesiones territoriales de los Aranda en el reino de
Valencia. Estas nuevas familias también contemplaron con interés la herencia de
la V condesa de Aranda. Posiblemente este emparentamiento de las dos hijas del
7 AHPZ, S. IV, leg. 113, 28-1.
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primer matrimonio de Felipa Clavero y Sessé con importantes linajes valencianos,
suscitaron los recelos de los Fernández de Heredia y su expansión por la tenencia
del Alcalatén, entre otros bienes valencianos, que terminaron por amargar los
últimos años de vida de la condesa de Aranda.
Felipa Clavero y Sessé dejó este mundo transcurrido ya un decenio del siglo
de las luces. Otorgó testamento el 8 de noviembre de 1710, falleciendo a las 10 de
la mañana del 1710. Sus últimas voluntades fueron leídas en Madrid el 7 de no-
viembre. Fue enterrada en la Iglesia de las religiosas de su convento de la Purísima
Concepción de Nuestra Señora de Épila, junto a su segundo marido, el V conde de
Aranda8.
4. Los condicionantes forales de los litigios judiciales en Aragón
La lucha judicial de la condesa de Aranda comenzó nada más fallecer su marido
en 1654. Unos pleitos de ingente magnitud documental cubrieron los años siguien-
tes, que dieron como resultado el traspaso de sus principales propiedades a favor
de Pedro Pablo Ximénez de Urrea, Zapata, Fernández de Heredia, en la calidad del
título de VI conde de Aranda.
El caso concreto de las dudas sobre la herencia del V conde de Aranda tienen su
origen en dos factores específicos de la evolución jurídica familiar.
La primera se articula en las condiciones impuestas a la calidad otorgada a la
viudez de la condesa, hechas en las capitulaciones matrimoniales en los momen-
tos de la preparación notarial del matrimonio. La segunda se centra en la propia
constitución del linaje de los Ximénez de Urrea, y en los cambios ocasionados en
la transmisión de las propiedades y, sobre todo, especialmente en la constitución
del mayorazgo de los Ximénez de Urrea, y además de los problemas derivados en
la sucesión del mismo. Todos ellos son fundamentales para situar la condición de
esta viuda, no sólo para el futuro de la Casa de Aranda, sino para el estudio que
nos ocupa: el conocimiento de los derechos de las viudas del Antiguo Régimen y
los pormenores internos, esenciales para concretar las dificultades de estas mujeres
y de los estudio de género.
Las condiciones sobre la futura viudedad de la condesa Felipa Clavero y Sessé
se acordaron en las capitulaciones matrimoniales, firmadas en Épila el 17 de julio
de 16539. Se estableció que, si esta dama sobrevivía al conde don Antonio y no
hubiese hijos fruto de esta unión, se optaría por un denominado «pacto especial»,
con la condición de la denominada «viudedad limitada». Este término figura así
textualmente en los documentos consultados. Esta viudedad reducía sustancial-
mente las propiedades que podían corresponder a una legítima condesa de Aranda
y Sástago y a los espléndidos Estados de los que había disfrutado hasta la fecha.
De cumplirse esta fórmula de viudedad Felipa Clavero y Sessé heredaría única-
mente una testimonial parte de la antigua Casa y de sus tierras, que consistiría en:
la posesión de la villa de Rueda de Jalón, sus términos, rentas y jurisdicciones, y
8 AHPZ, PI, leg. 370/39.
9 AHPZ, S. IV, leg. 113, 28-3.
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el Palacio de la villa de Épila, con su jurisdicción civil y criminal y sus términos,
domicilio dónde habían convivido los condes durante su vida común y constituía
la casa nuclear del condado.
Las capitulaciones especificaban además una condición añadida. Ésta incluía
«la reserva de poder aumentar la viudedad en todos los demás bienes de sus es-
tados, ya fuese en cualquier escritura o testamento que hiciesse, y otorgasse para
dicho aumento». Esto se pactó, «que fuese parte y porción de la Capitulación
matrimonial»10. Este texto estuvo vigente durante toda la existencia del V conde, y
no fue modificado hasta un año antes de su muerte, concretamente en 1653. Duran-
te todos estos años la vida matrimonial de los condes no dejó descendencia.
Entre tanto el linaje de los Ximénez de Urrea, sostuvo diversos pleitos internos
por las condiciones en la sucesión del patrimonio. Hasta esa fecha el vínculo de
agnación masculina, fue explicitado en todas las capitulaciones matrimoniales del
linaje desde Pedro Ximénez de Urrea, hechas en Épila el 8 de agosto de 1421. Como
es notorio, este señorío daría lugar después a un mayorazgo regular, constituido
por Lope Xíménez de Urrea en 1490 (Gómez, 1664). Volveremos después a este
mayorazgo con sus formas de agnación masculina, ya que incidirá también en la
viudez de la condesa Felipa.
Sin embargo en 1653 el conde Antonio Ximénez de Urrea y Sástago, por esta
facultad implícita en sus capitulaciones matrimoniales «modificó la herencia
otorgada previamente a su mujer y le aumentó la viudedad a la posesión de todos
los Estados de la Casa de Aranda» y «en los demás bienes le nombró heredera» (Díez
de Aux, 1664). A esta viudedad se le denominó «viudedad completa» o «viudedad
universal» (Díez de Aux, 1664: 92, 93). Según esta adicción del testamento su viuda,
Felipa Clavero y Sessé, heredaba la parte substancial de la Casa de Aranda, y en las
demás propiedades bienes y rentas se quedaba en calidad de heredera, salvo por
las prescripciones jurídicas particulares, que los propios bienes arrastraran consigo,
fruto del constitucionalismo foral aragonés implícito en cada posesión inmemorial,
que arrastraba unos vínculos nobiliarios específicos.
En este aspecto merece la pena dedicar unos breves párrafos a la evolución de
la constitución patrimonial de los Ximénez de Urrea. Miguel Ximénez de Urrea, en
sus capitulaciones matrimoniales, dadas en Épila en 1493 para su matrimonio con
Aldonza de Cardona, continuó con la sucesión de la agnación de los hijos varo-
nes, pero abrió la compuerta al especificar que, a falta de ellos, podrían heredar el
vínculo las hijas del matrimonio y sus descendientes. Este cambio en la condición
hereditaria de los bienes, no llegó a materializarse, pero constituyó un precedente
en el linaje. Su hijo Fernando Ximénez de Urrea heredó el legado familiar y en sus
pactos nupciales con Juana de Toledo, dados en Zaragoza el 14 de febrero de 1529,
obtuvo la legación de su padre y retorno al vínculo para sus hijos y descendientes
por línea recta masculina.
Esta nueva condición de traspasar el título y el mayorazgo a los hijos varones,
y si no los hubiese a los otros familiares por estricta línea sucesoria masculina, fa-
10 AHPZ, S. IV, leg. 113, 28-1.
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voreció en el momento al quinto descendiente dentro del entorno del parentesco. Y
este fue Pedro Pablo Ximénez de Urrea, Zapata, Fernández de Heredia. El salto del
linaje era evidente de los Ximénez de Urrea se daba paso a los Fernández de Here-
dia, familia aragonesa que había experimentado un espectacular ascenso social en
las dos generaciones, anteriores al evento fúnebre (Ximénez de Urrea, 1661).
Este noble aragonés inicio el proceso judicial titulado Alegación en fuero y derecho
por el Ilustrissimo señor don Pedro Pablo Ximénez de Urrea Zapata, Fernández de Heredia,
Governador y Capitán General del Reyno de Aragón y el Ilustrissimo señor marqués de Ca-
ñizar (Ximénez de Urrea, 1661). El enfrentamiento entre los posibles pretendientes
a la herencia del V conde de Aranda llevó primeramente a una disputa entre partes
en un pleito civil ordinario, cuestionándose en el momento la presentación formal
del testamento, las circunstancias de su ejecución y el valor de su firma, en un inter-
minable debate sobre la legislación foral aragonesa contenida en el ordenamiento
jurídico del reino. La sentencia pronunciada por la institución colegiada del Justicia
de Aragón ratificó la validez del testamento el 20 de diciembre de 1663, nueve años
después del óbito del conde.
Esta primera sentencia fue denunciada también por Juana de Toledo, bisabuela
del conde, en calidad de madre y tutora de su hijo, el conde Juan, y los derechos
de la familia Ximénez de Urrea a la descendencia troncal. Su argumentación volvió
a retomar el conjunto de los derechos familiares pero sobre todo la validez de las
últimas voluntades de su marido, el conde Fernando, quien obtuvo la aprobación
de su testamento tras tres pleitos y tres sentencias a su favor, en los tres tribunales
de Justicia mayores del Reino, Audiencia Real y Corte del Justiciazgo (Ximénez de
Urrea, 1661). Su pretensión fue estimada en aquel momento a favor del testamento
del conde Fernando, y por tanto de la familia Ximénez de Urrea. El desenlace de
tan transcendental decisión en los principales tribunales regnícolas y sobre la he-
rencia de la misma Casa y Estado de Aranda, favoreció aparentemente la validez
del testamento del conde Antonio Ximénez de Urrea. Esta sentencia, que favorecía
con mejores circunstancias los derechos de viudez de su mujer, Felipa Clavero y
Sessé, funcionó por poco tiempo (Ximénez de Urrea, 1661).
Este primer pleito civil ordinario dio como resultado la resolución favorable a
los derechos de viudedad de Felipa Clavero y Sessé por la Institución del Justiciaz-
go aragonés. Fue pronunciado válido el testamento y «verdadero y formal ya que
contenía la solemnidad foral» (Ximénez de Urrea, 1661). Ese mismo día en que se
dio la sentencia, el 20 de diciembre de 1663, apeló contra ella el pariente más próxi-
mo a la línea de sucesión del mayorazgo, que se había manifestado contrario al
testamento del conde Antonio ya el 2 de septiembre de 1654: Pedro Pablo Ximénez
de Urrea, Zapata, Fernández de Heredia. El gobernador general por el derecho no-
torio a la Casa de Aranda, y el marqués de Cañizar por ser parte formal de la Casa
de Sástago, pretendiéndola por los vínculos del mayorazgo correspondiente, como
hemos indicado anteriormente
La denuncia constituyó una alegación contundente sobre la formulación del
testamento, basándose únicamente en aspectos circunstanciales y de forma, como
los actos de entrega, el modo del apercibimiento y la denominada carta pública de
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muerte. Todo ello fue justificado y fundamentado en la recopilación de los fueros
aragoneses y en concreto del denominado Proceso Iannis de Almelda, Super Compulsa
(Ximénez de Urrea, 1661).
En este primer proceso fue firmante también otro de los pretendientes Carlos
Alagón y Espés11, (Ximénez de Urrea, 1661). Como es lógico suponer la alegación
incluía al futuro sucesor del condado de Sástago, que debía continuar también con
su sucesión agnada.
A pesar de los diferentes candidatos y de la duración del pleito civil ordinario
durante nueve años, la sorpresa judicial llegó de la mano de uno de los Lugarte-
nientes de la Corte del Justiciazgo aragonés, quien había valorado y firmado pre-
viamente la validez del testamento del conde Antonio en la primera sentencia y en
consecuencia las cláusulas de la viudez de la condesa Felipa Clavero y Sessé. Este
lugarteniente de la Corte del Justiciazgo declaró finalmente el testamento como
«falso e insolemne», mediante la argucia jurídica de un Decreto de Firma, que eje-
cutó solo y sin contar con el apoyo ni aprobación del Consejo de la Lugartenencia,
que no intervinieron formalmente ni llegaron a ver la petición. El lugarteniente
autor de este decreto fue Miguel Mateo Díez de Aux, relacionado familiarmente
con Pedro Pablo Ximénez de Urrea (Corona, 2015: 14-15)12.
Por el otro lado, tras la demanda de la condesa Felipa actuó Tomás Casimiro
Clavero y Sessé, caballero del reino, quien solicitó un Apellido de Aprehensión,
pliego de revisión, que después de 9 años fue revocado. Este nuevo paso legisla-
tivo desacreditó el valor de la Sentencia judicial previa a favor de los derechos de
viudedad contenidos en el testamento, pero en cambió ratificó los de los familiares
incluidos en el tronco de la sucesión del mayorazgo de los Ximénez de Urrea.
Inmediatamente salió a colación el grado de parentesco que unía al lugartenien-
te autor del Decreto de Firma, con el beneficiario final de esta primera parte de la
sucesión al condado de Aranda: Pedro Pablo Ximénez de Urrea Zapata Fernández
de Heredia. Los comentarios legales de las dos partes llenan un dilatado expedien-
te, dónde se demuestra la injusticia cometida con la invalidación del testamento
del V conde de Aranda y con ello, el reconocimiento de la viudez de la condesa de
Aranda, Felipa Clavero Sessé. Alegatos de esta índole llenan los folios de la recusa-
ción, recogemos algunos de ellos que prueban la injusticia que se cometió, a pesar
de los numerables comentarios de los juristas del Justiciazgo:
Cuando de acuerdo se comete un contrafuero y se hace agravio con injusticia
notoria, no queda en términos de culpa de olvido (que aquí no lo pudo ver) passa
y trasciende a términos de dolo porque así lo presume el derecho (Díez de Aux,
1664: 46).
Además, el informe añadía los daños que esta sentencia causaba colateralmente
a la condesa Felipa:
11 Olim. Carlos de Espés, olim. Urrea y Alagón.
12 Aunque era pariente, estaba fuera del cuarto grado, parece que se encontraba en muy primer grado
de parentesco.
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Conocimientos forales y saberes de viudas. Felipa Clavero Sessé ante la ley ... 25
No sólo hace influencia el daño que resulta a la Sra condesa de Aranda por los
efectos que obra en Aragón, más aún por los que ha obrado en el Reino de Valencia
donde litiga, aunque responde al Sr. Lugarteniente que las firmas no deben ser
obedecidas por los tribunales de Valencia porque no se dilata su jurisdicción fuera
de los límites de este Reino (Díez de Aux, 1664: 48).
Para los representantes del mundo jurídico aragonés este Proceso supuso un
repaso legislativo de la mayoría de los foralistas y tratadistas consumados del de-
recho regnícola, y así lo esbozaron a lo largo de los 180 folios trabajados, resaltando
para el futuro el debate habido entre los denominados Procceso civil ordinario, Proc-
ceso Dr. Thomás Clavero, Processo Ioannis de Almelda y Super Compulsa, Texto de Inhi-
bición de firma, del 22 de diciembre de 1663, con la Revisión y Firma, del 3 de enero
de 1664 (escrito todo por el doctor Joseph Panzano: 180 folios y 292 alegaciones).
Tras el proceso civil ordinario la condesa Felipa Clavero y Sessé recurrió a la Real
Audiencia del reino de Aragón, esperando ser ratificada como viuda heredera. Re-
currió en otro proceloso pleito.
Entre medio los derechos de viudedad de la condesa surgían en la práctica se-
ñorial aragonesa. El convento de las monjas de la Purísima Concepción de la villa
de Épila con su abadesa y las monjas capuchinas reclamaban ciertas cantidades de
censales cargados e impuestos a las comunidades de Calatayud, Daroca y Teruel,
que se inventariaron en poder de la condesa en virtud de una de las cláusulas del
testamento del conde don Antonio. Quedaban cantidades por pagar de época del
V conde, y la condesa como heredera y teórica beneficiaria del testamento debía
proceder al cobro y con ella las monjas. Una vez más no fue considerada la con-
dición de la viudez y el beneficiario volvió a ser Pedro Pablo Ximénez de Urrea,
Zapata y Fernández de Heredia. Éste reclamó el pago de estos censales, en calidad
de pariente más cercano por la línea paterna del V conde de Aranda, beneficio fori, y
la otra mitad la solicitó (Fernández de Heredia, 1664).
5. El problema de toda una vida: los derechos de viudedad de Felipa Clavero y Sessé
En 1694 Felipa Clavero y Sesé, condesa de Aranda, recordaba a Carlos II Habs-
burgo el asunto que había remitido a la real consideración en varias ocasiones a lo
largo de su vida. Se trataba de un tema transcendental para ella, como era su viudez
y la sucesión legítima a los Estados de la Casa de Aranda, tanto en Aragón como en
tierras valencianas. Ella se quejaba de la actitud del monarca al conocer los sucesivos
memoriales que le había ido enviando a lo largo de los años, del que solo había mere-
cido el «consuelo de la mayor dilación en la resolución de los mismos». En su opinión
tanta tardanza había ocasionado una mayor lentitud en la tramitación de los pleitos,
con el resultado del aumento del «careo» entre ella y la marquesa de la Vilueña. El rey
le había correspondido durante años con un infeliz silencio13.
En esta ocasión recordaba cómo habían transcurrido 40 años desde que murió
su marido don Antonio, el último descendiente legitimo del estado de Aranda, con
13 Manuscrito original: Dona Felipa Clavero y Sesse, Condesa de Aranda… véase nota 5.
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los perjuicios habidos desde entonces por el retraso en la concesión de su derecho
de viudedad sobre todas las posesiones y tierras primero en el reino de Aragón y
luego en el de Valencia. Calificaba su situación como una «desconsolada viudez»,
en la que no le dejaban tregua, ni el menor respiro, los insidiosos juicios que, en
los tribunales de estos dos reinos, tenían interpuestos con diversas causas los di-
ferentes pretendientes a los estados de Aranda, y más concretamente las otras dos
mujeres emparentadas con miembros vinculados en diferentes grados con la Casa
de Aranda. Una dama era la viuda del sucesor de su marido en el condado, el VI
conde, y últimamente, los de la otra viuda, Juana Rocafull y Rocabertí, esposa del
VII titular, conocida como la marquesa de la Vilueña.
Esta dama era la viuda del marqués Dionisio Ximénez de Urrea, autonominado
como VII conde de Aranda. Este noble aragonés ostentaba el título del marquesado
de la Vilueña. Al fallecer antes que su esposa, Juana Rocafull y Rocabertí, esta per-
maneció viuda mucho tiempo después del óbito de su marido, y había testado sus
posesiones a favor de su único hijo14.
El marqués de la Vilueña era el varón descendiente legitimo del reconocido como
VI conde de Aranda, Pedro Pablo Ximénez de Urrea. Era el fruto de su matrimonio
con Mª Josefa de Vera, quien incorporo las propiedades y títulos, de la descendencia
femenina, aunando también los de los Fernández de Hijar y Camargo, agrupando
todos en sí un legado sanguíneo de acrisoladas casas aragonesas.
En sus últimas voluntades, Pedro Pablo Fernández de Heredia, fechadas el 27
de mayo de 1689 en Zaragoza, dejaba como heredera a su mujer, María Josefa de
Vera y Claver, Fernández de Híjar y Camargo, y ésta lo manifestaba en favor de su
hijo don Dionisio Ximenez de Urrea Zapata y Fernández de Heredia15.
Todos estos acontecimientos, con los consecuentes procesos de sucesión y plei-
tos, abarcaron la vida de Felipa Clavero Sessé, desde que accedió a su estado de
viudez, en los que fue calificada como «La vieja condesa de Aranda».
En resumidas cuentas, tres viudas, una del último titular del condado de Aran-
da y Sástago y la otra, del VI conde de Aranda del linaje de los Fernández Heredia,
y la otra viuda del único descendiente directo del VII conde de Aranda, se dispu-
taron los estados de la Casa en Aragón y Valencia. Tres reputadas mujeres estaban
enfrentadas judicialmente por los derechos sobre uno de los estados de mayor so-
lera de la Corona de Aragón.
6. Conclusiones
La biografía vital de la condesa de Aranda perfila rasgos de una innegable
personalidad como mujer, a la que se unen saberes femeninos nobiliarios notables, y
un conocimiento de la realidad institucional y jurídica verdaderamente sobresalientes.
Conjuga a la vez una sabiduría precisa del funcionamiento del aparato político
regnícola fuera de lo común, tanto del reino de Valencia como de Aragón.
14 AHPZ, PI 370/36.
15 AHPZ, PI. 394/26.
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A todo esto, ya de por sí notable, hay que añadir sus precisos conocimientos
del aparato administrativo del régimen monárquico de los Austrias, manifestados
en sus memoriales y cartas al rey Carlos II, cuya lectura y estudio aplazo para otro
momento.
Todo ello queda manifiesto en su abundante correspondencia con juristas y ase-
sores. La correspondencia, tanto pública como privada, es abordada a través de su
asesor y secretario, a la que añade sus puntos de vista y criterios, que realiza de su
puño y letra, aspecto que ratifica, sin lugar a dudas, su posición personal. En ellos
se manifiesta la claridad de su mente y la calidad de sus criterios y pensamientos,
que quedan plenamente expuestos con la soltura y decisión manifestada en los
sucesivos y complicados procesos judiciales y vitales.
Estas consideraciones observadas en la V condesa de Aranda, Felipa Clavero
y Sessé, abren las puertas para estudiar más a fondo la educación y preparación
intelectual de las mujeres de la nobleza, con sus habilidades políticas y
epistemológicas, a las que añadimos saberes de alcurnia inculcados desde la niñez
para desarrollar los roles sociales requeridos en las necesidades de las élites sociales.
Por último, esta escalofriante vida dedicada a los procesos judiciales contra los
posibles aspirantes a su viudedad completa (de los cuales sólo hemos relatado la
mitad), nos hace reflexionar sobre valoraciones, a veces excesivamente alegres o
contundentes, sobre los firmes derechos de las viudas, en contraposición a las otras
condiciones sociales de las mujeres. El Antiguo Régimen a veces nos alerta, y nos
hace reflexionar con mayor detalle en la metodología combinada de lo individual y
lo colectivo, y en la invisibilización y la visibilidad.
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
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Católico.
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y Sesè. En el proceso, y causa de la Abadesa, monjas, y Conuento de la villa de Epila…
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28 Carmen Corona Marzol
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Recibido el 22 de noviembre de 2017
Aceptado el 22 de noviembre de 2017
BIBLID [1132-8231 (2017): 17-28]
Asparkía, 30; 2017, 17-28 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.1
CARMEN MARÍA FERNÁNDEZ NADAL1
El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y
Velasco. Límites familiares en la corte de Felipe IV2
The matrimonial adjustment of Juana Francisca de
Córdoba and Velasco. Family boundaries in the court of
Philip IV
Resumen
La búsqueda de un buen matrimonio para Juana Francisca de Córdoba, dama de la reina
Isabel de Borbón, implicó a los Fernández de Velasco y su red parental hasta el punto de
enfrentar los intereses de dos primas, la ya citada y la marquesa viuda de Mairena. La inves-
tigación analiza el proceso y las vicisitudes que conllevaban las negociaciones previas a un
enlace matrimonial. En el estudio se ha tenido especial interés en comprobar el papel jugado
por las mujeres implicadas en tan relevantes asuntos familiares.
Palabras clave: estrategias matrimoniales, damas de la reina, condesa de Olivares, Luis
Méndez de Haro, duque de Frías, marqués del Fresno.
Abstract
The quest of a good marriage for Juana Francisca de Córdoba, lady-in-waiting of Queen
Isabel of Borbón, involved the Fernandez de Velasco and their parental network to the
point of confronting the interests of two cousins, the aforementioned and the Marquise
widow of Mairena. The research analyzes the process and the vicissitudes that involved the
negotiations previous to a marriage. The study has been particularly interested in realizing
the role played by the women implicated in such relevant family matters.
Keywords: Marriage strategies, ladies-in-waiting of Queen, Countess of Olivares, Luis
Méndez de Haro, Duke of Frías, Marquis of Fresno.
Sumario
1. La hija mayor del primer marqués del Fresno, una dama de Isabel de Borbón. 2. Los pri-
meros pretendientes de Juana de Córdoba. 2.1 Conde de Siruela. 2.2 Conde de Coruña. 2.3
Conde de Fuensalida. 3. Las complicaciones internas de la familia. 3.1 El Béjar desterrado.
El marqués de Valero. 3.2 Las otras candidaturas frustradas. 4. La rivalidad entre primas. 6.
Bibliografía.
1 Área de Historia Moderna del Departamento de Historia, Geografía y Arte de la Universitat Jaume
I;Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano (IUEFG) de la
Universitat Jaume I; [email protected]
2 Este trabajo se ha realizado dentro del proyecto de investigación (2015-2017): De pequeños hidalgos a
nobles titulados. Riquezas, poder y redes clientelares de la nobleza mediterránea (P1. 1A2014-13).
Asparkía, 30; 2017, 29-49 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.2
30 Carmen María Fernández Nadal
En la vida de Juana (ca. 1629-1705) debemos diferenciar al menos tres fases: la
primera, cuando se encuentra al servicio de la reina Isabel de Borbón, la segunda,
durante su matrimonio con el quinto conde de Chinchón, Francisco Fausto Fernán-
dez de Cabrera y Bobadilla, y la tercera, ya viuda. En este artículo nos centramos
en la primera parte, en concreto, en un periodo muy corto de tiempo, desde 1644,
coincidiendo con la muerte de la reina a la que servía, hasta que se convirtió en
condesa de Chinchón consorte en 16483. Fueron los años en los que su padre Luis
Fernández de Velasco, el primer marqués del Fresno, se afanó por hallar un buen
partido para que tomase estado.
El proceso hasta llegar a un acuerdo matrimonial de este estilo podía durar años.
Los jefes de las casas, tutores, curadores y mujeres relevantes del linaje tenían un
cometido trascendental a la hora de establecer las «pláticas» previas a los esponsales.
Para averiguar su verdadero rol y su poder de influencia en dichas gestiones resulta
de gran valor toparse con un conjunto de cartas que, en este caso, relatan esa historia
oculta, previa a la boda de Juana Francisca de Córdoba con el conde de Chinchón.
Podemos conocer quiénes fueron sus pretendientes y a todos aquellos que intervinie-
ron en aquellas dilatadas gestiones, además de las razones que llevaron a la familia a
decidirse por uno u otro camino. De igual modo, interesa interrogamos sobre repre-
sentación tradicional de las mujeres implicadas en esta crucial cuestión.
Ella como dama de la reina, ocupaba un lugar privilegiado establecido por su
nacimiento, dentro de la jerárquica posición que tenía en el seno de la casa Frías.
Pertenecer al linaje de los Velasco le otorgaba un estatus que facilitó su acceso a su
cargo palatino. Fue en este espacio de poder donde adquirió relevancia entre las
jóvenes casaderas, pero también complicó, en cierta medida, su ajuste matrimonial
como veremos a continuación.
Como era habitual, su edad y sus sentimientos estuvieron en un segundo plano,
siempre por detrás del beneficio que le podía reportar tanto a ella como a su casa
un buen matrimonio. Hecho que se convirtió en un asunto fundamental a resolver
por su padre y el resto de la parentela. Destaca en este caso cómo intervinieron en
las negociaciones relevantes miembros de la aristocracia y ministros del rey como
la duquesa de Sanlúcar la Mayor4 o Luis Méndez de Haro.
Dicho cometido se desarrolló en la complicada década de los cuarenta, cuando
el frente catalán, presionaba la estabilidad de la Corona, todavía durante la guerra
de los Treinta Años. El monarca desplazado a Zaragoza estaba acompañado por
Méndez de Haro y, el tío de este, García de Haro y Avellaneda, conde de Castrillo5.
Asimismo, fueron tiempos de conjuras como la del duque de Híjar6 –conde de Sa-
3 Dicho artículo no abarca el acuerdo matrimonial con Chinchón, ciñe a los candidatos previos a éste.
4 Esposa del depuesto valido, Inés de Zúñiga y Velasco, era nieta del quinto duque de Frías. En la
documentación aparece citada con este título y con el de condesa de Olivares. A lo largo del texto se
utiliza de igual modo.
5 Fueron dos de las figuras políticas más relevantes en la Corte tras la caída de Olivares: Stradling,
Robert A. (1988): Felipe IV. El gobierno de España, 1621-1665, Madrid, Cátedra, 1989 (traducción Carlos
Laguna), pp. 368-381.
6 Sanz Camañes, Porfirio y Solano Camón, Enrique (1997): «Nuevas perspectivas en torno a la
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El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares... 31
linas, más conocido por el título de su esposa– implicado también, indirectamente
en este ajuste al conseguir casar a su hija con el famoso y controvertido marqués de
Valero, hermano y heredero del duque de Béjar, y uno de los candidatos de Juana7.
1. La hija mayor del primer marqués del Fresno, una dama de Isabel de Borbón
Se apellidaba Córdoba, pero era una Velasco. La elección de su apellido respon-
día al recuerdo que su familia quiso tributarle a doña Juana de Córdoba y Aragón,
duquesa de Frías, abuela paterna de Juana. Era la hija mayor del primer marqués
del Fresno8 y como su madre Catalina y parte de su parentela, Juana Francisca en-
tró en palacio muy joven para servir a sus soberanos y a su propia casa (1641)9. Ella
lo hizo como parte del grupo de criados áulicos de la reina Isabel de Borbón10, como
menina, aunque la muerte temprana de la soberana la llevó a permanecer en su
puesto como dama de la infanta Mª Teresa, hasta que terminó su labor al contraer
matrimonio con el conde de Chinchón en 1648.
conspiración del duque de Híjar» Fernández Albaladejo, Pablo (coord.): Monarquía, Imperio y
pueblos en la España Moderna, vol. 1, Alicante, Fundación Española de Historia Moderna, pp. 521-538.
7 Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional de Toledo [AHNOB], Osuna, C. 247, D. 106. Béjar,
23 de mayo de 1647. Carta de poder otorgada por Juan Manuel López de Zúñiga, primer marqués
de Valero a Jaime Fernández de Híjar, para que el duque se despose en su nombre con Teresa de la
Cerda, ya que al estar desterrado no puede acudir. C. 265, D. 36, escrituras de las capitulaciones del
marqués de Valero, Juan Manuel López de Zúñiga y Teresa de Silva Sarmiento de la Cerda otorgadas
el 26 de mayo de 1647. Por parte de Valero, que se encontraba en Béjar, actuaron en la negociación con
poder especial, su primo el duque del Infantado, Rodrigo de Mendoza, Rojas y Sandoval, marqués
de Cenete y, su cuñado, Diego López Pacheco Cabrera y Bobadilla, duque de Escalona, casado en
segundas nupcias con Juana de Zúñiga Sotomayor, hermana del marqués de Valero (1644).
8 El marqués fue gobernador de Caza de Volatería de la Casa de Castilla entre 1645-1662 y miembro
de la Junta de Obras y Bosques del 1646 al 1662: Martínez Millán, José y Labrador Arroyo, Félix
(2015): «La pervivencia de la casa de Castilla. La Caza» Martínez Millán, José y Hortal Muñoz,
José Eloy: La Corte de Felipe IV (1621-1665) Reconfiguración de la Monarquía Católica, vol. II, Madrid,
Ediciones Polifemo, pp. 1071-1092. Apéndice I: La casa del rey en la pp. 2418 y 2467.
9 Archivo General de Palacio [AGP], Personal, Caja 16803, exp.41.
10 La reina se posicionó contra Olivares, y contó con el apoyo de los condes de Castrillo y de Paredes,
a los que se unieron los Haro una vez se inició el proceso de legitimación de Enrique como hijo del
valido. Hume, Martin (1949): La Corte de Felipe IV, Barcelona, Mercedes, p. 217. No hay que olvidar el
importante papel jugado por la condesa de Paredes doña Luisa Enríquez (después Luisa Magdalena
de Jesús hasta su muerte en 1660) tanto durante los años que ejerció como aya del heredero con en el
periodo posterior, que ha quedado reflejado en la correspondencia que intercambió con el rey: Pérez
Villanueva, Joaquín (1986): Felipe IV y Luisa Enríquez Manrique de Lara, condesa de Paredes de Nava,
un epistolario inédito, Salamanca, Ediciones de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca,
pp. 35-39. Por deseo de la reina doña Luisa fue nombrada por el rey aya de María Teresa (de seis
años) y se mantuvo en el cargo durante cuatro años hasta 1648 que pasó a Malagón. Losa Serrano,
Pedro, Cózar Gutiérrez, Ramón (2005): «Confidencias de una reina. Isabel de Borbón y la condesa
de Paredes» López Cordón, M. Victoria y Franco Rubio, Gloria (coord.): La reina Isabel y las reinas de
España: realidad, modelos e imagen historiográfica, Madrid, Fundación Española de Historia Moderna.
Su importancia al lado de la reina se hizo palpable al caer en desgracia Olivares, pues su mujer (Inés
de Zúñiga que murió en 1647), aunque mantenía los cargos no ejercía como antaño, sobre todo por
sus ausencias. Fue sustituida por la Paredes, que estuvo al lado de la reina, en su lecho de muerte, y
después se ocupó de la infanta.
Asparkía, 30; 2017, 29-49 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.2
32 Carmen María Fernández Nadal
La pequeña Juana se unió a una joven familia –la de las damas que acompañaban
y asistían a la reina– en la que estaban presentes dos de sus primas, las hijas del Con-
destable, que ejercían como meninas desde septiembre de 1640: Juana y Andrea de
Velasco y Guzmán. La primera se casó en tres ocasiones, su primer esposo fue el hijo
del conde-duque, Enrique Felípez de Guzmán, lo que la convertiría, en menos de dos
años –tras entrar en palacio–, en marquesa de Mairena11; la segunda, superó tanto a su
hermana como a su prima en su tiempo de estancia entre los muros del Alcázar, pero,
finalmente, contrajo matrimonio en 1651 con el hijo del conde de Alba de Liste12.
El grupo de damas13 del que formó parte Juana constituía un mercado matrimonial
cortesano del que se nutrían las afortunadas casas que tenían acceso a él. Sus servicios
junto a la reina le granjearon, por un lado, una específica formación y unas habilidades
palatinas en el escaparate áulico, pero también, prestigio y mercedes para el futuro en-
lace de la joven. Lo que la convirtió en un buen partido. Esto facilitaba la tarea de tomar
estado, sobre todo teniendo en cuenta el interés familiar por concertar un casamiento
entre iguales y si fuera posible hipergámico, en beneficio de ella, y de la familia Fernán-
dez de Velasco. El primer marqués disfrutaba de los privilegios propios de un hijo y
hermano de los condestables de Castilla, pero del mismo modo sufría las limitaciones14
de un segundón, lo que conllevaba dificultades a la hora de concretar ventajosos matri-
monios para todos sus hijos, entre ellos su heredero, Pedro Fernández de Velasco. Por
eso, el ejercicio de un cargo palaciego podía facilitar la obtención del objetivo, gracias a
las mercedes, dote y prestigio obtenido del monarca.
2. Los primeros pretendientes de Juana de Córdoba
Se trataba de una decisión que implicaba al grupo y por ello, los distintos miembros
colaboraban, aunque eran el padre de la joven y el jefe de la casa –que no tenían por
11 Hume calificó al Condestable como un «hombre débil» a la hora de aceptar la propuesta de Olivares
para acordar el matrimonio. Además, recogió una narración veneciana en la que se especificaba la
trascendencia de este matrimonio, sobre todo, cuando Olivares perdió el poder y el Condestable a
pesar de haber casado «voluntariamente» a su hija en ese momento reivindicaba la validez del primer
matrimonio de Enrique Felípez de Guzmán, aunque esto supusiera ver a su hija como «Celestina»:
Hume, Martin (1949): La Corte de Felipe IV, Barcelona, Mercedes, pp. 210, 222-223.
12 Entre las damas que coincidieron en palacio con Juana podemos destacar las siguientes: Ana
María de Velasco, Luisa Enríquez, María Bazán, Juana de Armendáriz, Francisca de Borja, Inés Mª
Manrique (condesa de Paredes), Catalina de Moncada, Mencía Pimentel (marquesa de Bayona),
Isabel Manrique de Lara, Ana de Silva, Inés de Guzmán, Elvira de Zúñiga, María Leonor de Monroy y
Aragón (marquesa de Castañeda), Catalina Portocarrero, Inés María de Córdoba, Antonia de Gurrea
y Borja, Antonia de Moscoso, Beatriz de Haro (hija del conde de Castrillo) o Antonia María de Vera
y Tovar (hija del conde de la Roca). El listado completo de damas con las fechas de entrada y salida
de palacio y sus enlaces matrimoniales se pueden consultar en: Fernández Nadal, Carmen María
(2017): «El mercado cortesano: Las redes parentales de las Velasco en el XVII» Rivero Rodríguez,
Manuel (coord.), La crisis del modelo cortesano. El nacimiento de la conciencia europea, Madrid, Ediciones
Polifemo, Colección La Corte en Europa, Temas 11, pp. 81-112.
13 Recientemente ha visto la luz la tesis doctoral de Franganillo Álvarez, Alejandra (2015): La reina
Isabel de Borbón: las redes de poder en torno a su casa (1621-1644). Universidad Complutense de Madrid.
Aunque no hace referencia a la hija del marqués del Fresno, sí que aporta información relevante
sobre el círculo de la reina (http://eprints.ucm.es/33659/1/T36550.pdf)
14 A esto hay que añadir que el marqués era una persona con discapacidad auditiva.
Asparkía, 30; 2017, 29-49 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.2
El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares... 33
qué ser la misma persona– quienes dilucidaban cuál era la mejor opción. El Condesta-
ble era la cabeza del linaje por lo que se requería su necesaria autorización para cerrar
un ajuste nupcial. Del mismo modo, participaba aconsejando al padre de la muchacha
e incluso por su cuenta podía realizar alguna gestión. Ejercía un papel de autoridad
indiscutible en el arreglo. En una de las cartas el marqués del Fresno le señalaba: «...assi
se lo representó a vuestra excelencia no como a hermano sino a padre mío y dueño de
mis hijos y de mi casa...»15.
La consecución de la boda suponía una alianza determinante, y por eso, en parte,
se apostaba por un enlace con amistades donde imperara la buena correspondencia.
En un primer momento, el primer marqués del Fresno contempló la candidatura de
algunos de los descendientes de la casa Velasco. Ese fue el caso de Siruela, poseedor
del mayorazgo creado por Hernando de Velasco para su primogénito16. Asimismo, los
Fuensalida, gracias a su unión con los señores de Villerías, eran descendientes de los
Velasco (Salinas), la línea segundogénita de Hernando, que a su vez generó otras dos,
la de los Salinas y la de los Velasco y Rojas, señores de Villerías. De esta manera se es-
tudiaba las posibilidades de un matrimonio endogámico dentro de la casa. Dos líneas
segundogénitas emparentarían. Por un lado, estaban los descendientes de Hernando
de Velasco (hijo de Juan Velasco, fallecido en 1418) que se habían prosperado con el
tiempo, a través de sus servicios a la Corona y, del otro, la hija de Luis de Velasco, el
recién nombrado marqués del Fresno.
2.1 Conde de Siruela
Juan de Velasco y de la Cueva (1608-1650) era un militar y diplomático que ejerció
como gobernador de Milán (1641-3) y embajador en Roma (1644-1646). Heredó de su
padre, Gabriel, el séptimo conde, el título y patrimonio de la casa Siruela y el patri-
monio y mayorazgo de Agoncillo y la casa Medrano –como nieto de Ana de Porres
y Medrano. Inclinado a las bellas artes17, murió con 42 años, soltero y dejando como
heredero a su hermano Gaspar, canónigo –el cual ocupó poco tiempo el título por su
fallecimiento en 1651, transmitiendo el patrimonio a otra de las hermanas, Ana María.
Fue Francisco de Porres el que remitió al marqués del Fresno la propuesta de
matrimonio del conde de Siruela. Entonces Juan de Velasco contaba con unos 34
años, muchos según el criterio del marqués. La diferencia de edad era de más de 20
años, ya que la pequeña Juana tenía unos 13. Decía el marqués: «esta muchacha es
muy niña y este señor Siruela es mui hombre»18.
15 AHNOB, Frías, C. 402, carta de Fresno a su hermano el Condestable, Madrid, 22 de agosto de 1646.
De aquí en adelante, para las transcripciones se ha mantenido la ortografía de la época, con la
acentuación actual, regularización de las mayúsculas y separando palabras.
16 Silva y de Velasco, Josefina de (2004): «Santa Clara y los Velascos. El linaje de los fundadores (siete
siglos de historia de Castilla)» en González Terán, Emilio (Coord.): El monasterio de Santa Clara de
Medina de Pomar. Medina de Pomar, Fundación y Patronazgo de la Casa de Velasco, Asociación de
«Amigos del Monasterio de Santa Clara», pp. 125-176, véase p. 141.
17 Barrera y Leirado de la, Cayetano (1860): Catálogo bibliográfico y biográfico del teatro antiguo español desde
sus orígenes hasta mediados del Siglo XVIII, Madrid, Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, p. 374.
18 AHNOB, Frías, C. 402, respuesta de Fresno a un papel de Francisco de Porres en 1642. La mayoría de
Asparkía, 30; 2017, 29-49 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.2
34 Carmen María Fernández Nadal
Más allá de la cuestión de la edad, la candidatura de Siruela no era vista con
buenos ojos por Fresno –tiempo después dejaba por escrito su impresión sobre él:
«dicho Siruela es mui pobre y tan empeñado y mui hombre ya»19. No se fiaba de
la veracidad de la oferta, y dudaba de que realmente la intención del conde fuera
emparentar con él. Tenía evidencias que apuntaban en esa dirección: no le había
pagado sus rentas, ni obedecido al rey, amén de otras cuestiones de las que estaba
informado gracias a don Luis Méndez de Haro. Además, el marqués se lamentaba
al no entender por qué había quedado desfavorecido por parte del conde, cuando
él siempre le había deseado servir –incluso había prestado su apoyo a su hermana
pequeña doña Francisca de Velasco20. A pesar de aquellas desavenencias, la familia
tenía entonces, y mantuvo con posterioridad, una estrecha relación, por ejemplo,
con las otras hermanas de Juan de Velasco y de la Cueva: Ana María y Leonor.
Desde el principio el marqués tuvo claro que los acuerdos matrimoniales de
sus hijos debían cumplir tres requisitos, según sus propias palabras, debían ser
por «conveniencia, amistad y buena correspondencia». Y su relación con Siruela
incumplía las tres características. Motivo por el cual el dictamen del marqués fue
pedirle a Porres que se abstuviera de admitir plática alguna al respecto. Tanto para
él, como para el Condestable, la opción de entroncar con Siruela no se contemplaba21.
Con su muerte a mediados de siglo las buenas relaciones entre las dos ramas se
recuperaron, prueba de ello la encontramos en el listado de la parentela de los Frías
de 1655, en la que aparece reseñada la titular en aquellos momentos, Ana María
Velasco de la Cueva, la décima condesa, que era a su vez condesa consorte de Fuen-
salida y, por tanto, cuñada de Catalina de Velasco, la madre de Juana.22
2.2 Conde de Coruña
Otro de los pretendientes que se barajaron en aquellos primeros años de ne-
gociación matrimonial fue el conde de Coruña en 1644. Los Suárez de Mendoza
tenían problemas de sucesión y, en concreto, el titular necesitaba un heredero. Sin
embargo, había dudas respecto a la idoneidad de su candidatura para la joven. El
marqués del Fresno quiso tener la opinión del conde de Colmenar de Oreja en este
punto, y él fue sincero en su análisis. La edad era un problema, aunque consideraba
al pretendiente adecuado en cuanto a su «calidad y persona». A su juicio, no era la
mejor elección teniendo en cuenta la falta de hacienda de la muchacha y sus pocos
las misivas del marqués son copias que quedaron registradas en el archivo familiar.
19 AHNOB, Frías, C. 402, carta de Fresno al Condestable. Madrid, 22 de agosto de 1646.
20 AHNOB, Frías, C. 402, respuesta que le dio Fresno a un papel de don Francisco de Porres en 1642.
Posiblemente esté haciendo referencia a la que después fue abadesa de Santa Clara de Medina de
Pomar: Francisca Estefanía de Velasco y de la Cueva, véase: González Terán, Emilio (Coord.)
(2004): El monasterio de Santa Clara de Medina de Pomar. Medina de Pomar, Fundación y Patronazgo de
la Casa de Velasco, Asociación de «Amigos del Monasterio de Santa Clara», p. 404.
21 AHNOB, Frías, C. 402, respuesta de Fresno a un papel don Francisco de Porres en 1642.
22 AHNOB, Frías, C. 636, D.81.
Los poseedores de los títulos y mayorazgos de Siruela y Salinas eran como los Frías descendientes de
Juan de Velasco y María Solier: Silva y de Velasco, Josefina de (2004): «Santa Clara..., p. 141.
Asparkía, 30; 2017, 29-49 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.2
El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares... 35
deseos de casarse con un hombre mucho mayor que ella. Su padre se lo había hecho
saber al conde, la dama tenía una declarada aversión a aquella posibilidad23.
Esta propuesta nos sirve para calibrar el nivel de influencia del conde de Col-
menar24 en la negociación. Bernardino de Cárdenas y Velasco era el cuñado del
marqués, y tío materno de doña Juana. En aquel entonces todavía no se había con-
vertido en conde de Fuensalida, título que todavía ostentaba su tío, Pedro López
de Ayala, sexto conde, y del que hablaremos a continuación, ya que fue otro de los
postulantes. De sus palabras se deduce, además, que se tuvo en consideración el
criterio de la implicada, por lo menos en lo que respecta a la edad deseada por ella
para su futuro marido.
Otra de las posibilidades señaladas entre las dos familias fue la oportunidad de
emparentar con el tercer marqués de Caracena. El militar, Luis Francisco de Bena-
vides Carrillo de Toledo, era hermano de la primera mujer del conde de Colmenar,
Isabel de Velasco –hija de Ana Carrillo de Toledo, segunda marquesa de Caracena.
La actuación de esta hubiera sido fundamental, como así lo expresaban por escrito.
Pero parece que esta iniciativa no arraigó. Posiblemente la edad de los futuros con-
trayentes de nuevo influyó, ya que él contaba ya con treinta y seis años25.
2.3 Conde de Fuensalida
Pedro López de Ayala, sexto conde de Fuensalida (fallecido en 1651) fue,
precisamente, otro de los nombres que sonó como futuro esposo de doña Juana.
Se trataba de su tío abuelo –era el hermano de su abuela Jerónima y, por tanto,
su madre, Catalina, era su sobrina. Ella solo tenía quince años y él rondaba los
sesenta. La edad era de nuevo un problema, pero, además, esta opción tenía
una complicación añadida. El conde había estado casado ya con Francisca Luisa
Portocarrero, sexta marquesa de Villanueva del Fresno (1609-1639)26, pero su
matrimonio había sido anulado por el tribunal de la Rota. El conde había sido
declarado impotente: «últimamente, en la Rota se declaró por impotente de aquella
suerte de impotencia que es no poder [...] romper, ni desflorar una doncella por la
qual sentencia se anuló y dio por ninguno el matrimonio...»27 .
Tras la resolución, mientras la marquesa de Villanueva había vuelto a contraer
nupcias –con descendencia– el conde no lo había hecho a pesar de la necesaria
sucesión que requería su casa. El asunto era, por lo tanto, delicado y precisó del
asesoramiento de los teólogos de la compañía de Jesús, que comunicaron una res-
puesta clara, como el tema demandaba. El dictamen fue concluyente, una unión de
23 AHNOB, Frías, C. 402, carta del conde de Colmenar de Oreja a Fresno. Colmenar, 11 de abril de 1644.
24 RAH Colección Salazar y Castro, 9/296, fº 291; 9/281, fº 79.
25 Finalmente, el tercer marqués de Caracena se casó con Catalina Ponce de León (1652). En 1648
sustituyó al duque de Frías en el gobierno de Milán (Archivo General de Simancas [AGS], leg. 3365)
y años después se hizo cargo de Flandes.
26 Sobre los datos de nacimiento y fallecimiento, véase Fundación Medinaceli:http://www.
fundacionmedinaceli.org/casaducal/fichaindividuo.aspx?id=552
27 AHNOB, Frías, C. 402, parecer de los Teólogos de la Compañía de Jesús. Madrid, en el Colegio
Imperial de las Compañía de Jesús, 14 de junio de 1644.
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36 Carmen María Fernández Nadal
aquel estilo no se podía hacer «ni válida ni lícitamente». Teniendo en cuenta que se
le había declarado «impotencia perpetua absoluta» era inaceptable una boda con
una doncella e ilícito intentar un sacramento para faltar a él, «un sacrilegio»28.
3. Las complicaciones internas de la familia
Los jefes de los linajes próximos a la familia de la joven casadera se afanaban en
participar de las gestiones, convirtiéndose en dueños de la negociación, intentando
que sus designios prevalecieran incluso por encima de los del padre de la muchacha.
El susodicho, subordinado a varios patrones, con los que le unía relaciones de
amistad, parentela y dependencia, se veía a veces enfrentado a diferentes pareceres,
esperando órdenes, que respondían a intereses contrarios y ajenos a sus propios
deseos. Siempre pendiente de la aprobación de quienes ejercían como dueños de su
vida y su casa. «Padre suyo y de sus hijos», repite constantemente el marqués del
Fresno al referirse, por ejemplo, al Condestable, pero de igual modo dice esperar
órdenes del duque de Alba o de Haro, sin olvidar que la licencia era, finalmente,
otorgada por el gran patrón, el rey, influenciado, seguramente por alguno de los
bandos implicados.
3.1 El Béjar desterrado. El marqués de Valero
La siguiente propuesta llegó al marqués de la mano de un fraile. La duquesa de
Béjar, enclaustrada en el convento de Écija, le había mandado el mensaje a través
de él29. Juana Hurtado de Mendoza y Enríquez (Guadalajara, 1575 - Écija, 1653)
participó de las negociaciones matrimoniales desde el convento de las Carmelitas
Descalzas de Écija30. Pertenecía por nacimiento al linaje del Infantado, su padre
había sido el quinto duque y por vía matrimonial se había convertido en duquesa
de Béjar. Al enviudar, tempranamente, tomó la decisión de entrar inmediatamente
en la vida religiosa, en un primer momento se asentó en el convento de San José del
Carmen en Sevilla pero, después, se trasladó a Écija para la fundación del convento
de San José en 163831.
A pesar de encontrarse en un convento de clausura y alejada de la Corte y de
su familia, se mantenía atenta a los intereses de su prole. En este caso actuó para
concretar el matrimonio de su nieto, Juan Manuel de Zúñiga Sotomayor y Men-
doza, en ese momento, marqués de Valero. Su relación con los Alba era estrecha,
28 Ibídem. El documento está firmado por Agustín de Castro y Francisco de Pareja.
29 AHNOB, Frías, C. 402, D. 19. Madrid, 23 de marzo de 1645.
30 Martín Pradas, Antonio y Carrasco Gómez, Inmaculada (2006): Sor Juana de la Santísima Trinidad,
Duquesa de Béjar, fundadora del Convento de Carmelitas Descalzas de Écija, Écija, Asociación de Amigos
de Écija, pp. 24-32, 178-180, 193-196. Entró en la vida eclesiástica a los 44 años y a partir de ese
momento vivió 34 años como religiosa hasta su muerte en 1653.
31 Ibídem, pp. 36-38. La comitiva que la acompañó en el traslado estaba formada entre otros, precisamente,
por su sobrino, el quinto marqués de Villanueva del Río. A partir del 28 de abril de 1638 quedaron todas
las monjas en clausura. La Madre Juana de la Santísima Trinidad, como se la conocía, fue elegida para
encargarse del nuevo convento, siendo nombrada vicaria en marzo de 1638.
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El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares... 37
y fue aprovechada para la negociación. La entonces religiosa había sido la cuñada
del quinto duque de Alba, Antonio Álvarez de Toledo y Beaumount, –padre de
Fernando, el sexto duque, que actuaba en aquel entonces como «tío» del duque de
Béjar. Los Álvarez de Toledo eran, por tanto, el enlace lógico entre los Fernández
de Velasco y Zúñiga-Mendoza. Por un lado, la hermana del marqués, Mariana de
Velasco y Aragón estaba casada con el duque de Huéscar –Antonio Álvarez de
Toledo y Enríquez de Ribera (1615-1690), marqués de Villanueva del Río32–, y por
otro lado, el padre de éste, el sexto duque de Alba era tío del octavo duque Béjar33.
Para iniciar los trámites, Fresno escribió por una parte al Condestable –para pe-
dirle su aprobación y las indicaciones para la dote– y, por otra, al conde de Castrillo
–para que tratara el tema con don Luis de Haro (primo del marqués) y con el rey,
tanto para señalar la merced que le correspondía a la servidora de palacio, como
para la obtención de la licencia y el asesoramiento. El marqués del Fresno manifes-
tó un gran interés en establecer un vínculo con los duques de Béjar34.
Eso sí, desde el primer momento, Luis Fernández de Velasco albergó dudas,
ante la propuesta del religioso, y así se lo comunicó a su hermano, tiempo después.
No pudo aceptar abiertamente plática pues se debía a su casa –de ahí que lo parti-
cipara, prontamente, al Condestable–, a la voluntad del rey y a las obligaciones que
tenía con el marqués de Santa Cruz (1571-1646) –mayordomo mayor de Isabel de
Borbón– y la marquesa de Bayona, descendiente de los Benavente35.
En julio de 1644, el rey había concedido licencia al marqués de Valero para el
casamiento con la marquesa de Bayona. Se trataba de un acuerdo pactado por el
duque de Béjar (su hermano) y el marqués de Santa Cruz, abuelo de la joven mar-
quesa36. Mencía Pimentel y Bazán, segunda marquesa de Bayona –que no llegó a
ostentar el título de marquesa de Santa Cruz, al morir antes que su madre37, pero
sí el del Viso– había entrado como menina de la reina Isabel, en 1633, poco tiem-
po después lo haría su hermana, Teresa (1634). Permanecieron juntas hasta que la
pequeña contrajo matrimonio con un noble sardo, el marqués de Villasor (1637)38.
32 Suele ser citado en la correspondencia con el título de marqués, pero también con el de duque
de Huéscar. Desde 1667 pasa a ser el séptimo duque de Alba. El matrimonio ya había tenido
descendencia.
33 Fundación Casa de Alba: http://www.fundacioncasadealba.com/historia-de-la-casa-de-alba.php
(fecha de consulta 27 de julio de 2016).
34 AHNOB, Frías, C. 402, Alba, 20 de agosto de 1646, Madrid a 27 y 28 de agosto de 1646.
35 AHNOB, Frías, C. 402, respuesta de Fresno al duque de Alba, Madrid, 27 de septiembre de 1646. Y
otra al Condestable de 23 de marzo de 1645. Osuna, C. 3521, D. 52. Genealogía del linaje de los Bazán
hasta el citado segundo marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán y Benavides casado con doña
Guiomar Manrique. RAH. 9/309, fº 2 v.
36 Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Híjar, leg. 241. Carpeta 4. D. 5. Fraga, 2 de julio de 1644.
Durante ese año Antonio [Hernando] de Mendoza informa, por mandato del rey, al marqués de la
muerte de la reina, tiempo después hará lo propio por la muerte de Baltasar Carlos (desde Zaragoza,
el 14 de octubre de 1646).
37 María Eugenia de Bazán Manrique de Lara, cuarta marquesa de Santa Cruz, y por matrimonio
marquesa de Bayona había servido también en palacio a Isabel de Borbón, hasta que casó en junio de
1620 con Jerónimo Pimentel, virrey en Cerdeña (1626-1631) y hermano del conde de Benavente.
38 Años después, la hija de Mencía, Ana Mª se unió a su primo, Artal de Alagón, quinto marqués de
Villasor.
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38 Carmen María Fernández Nadal
Juana de Córdoba coincidió con la marquesa de Bayona, al introducirse en el servi-
cio áulico en 1641. Ambas se conocían y habían vivido juntas la muerte de la reina39,
que parece precipitó los ajustes de sus esponsales. Las negociaciones de la nieta del
segundo marqués de Santa Cruz con el marqués de Valero se desarrollaron en 1644,
pero esta, finalmente, acabó contrayendo matrimonio con el hijo del conde de San-
tisteban del Puerto, Enrique de Benavides y Bazán (1645). El suceso con la Bayona
supuso el destierro del marqués de Valero40.
Ante este escenario, Luis Fernández de Velasco recurrió inmediatamente a la ca-
marera mayor, la condesa de Medellín, su tía –Ana de Córdoba y Aragón. Además,
aprovechó que, en aquellos días, su esposa, Catalina, iba a hacer una visita a su hija
en palacio para continuar la gestión con ella. Hay que tener en cuenta que, a pesar
de las complicaciones, esta opción era a primera vista conveniente para la joven y
la familia ya que el marqués de Valero estaba llamado a convertirse en duque de
Béjar, como así fue41.
Tras esperar infructuosamente buenos resultados por la intercesión de la con-
desa de Medellín y puesto que continuaba el interés por parte del duque de Béjar
y el marqués de Valero, Fresno tomó la decisión de hablar con el conde de Castrillo
para con su ayuda poder acceder al favor real42. Además, poco tiempo después,
recibió la aprobación de su hermano, el Condestable. Desde Milán, eso sí, puntuali-
zaba que la plática hacía «muy bien en seguirla si los savios» ayudaban y le pedía
prudencia43.
En una carta al Condestable, Fresno explicaba cómo había continuado con sus
instancias, a través de Andrés de Rozas, secretario de Felipe IV44, para conseguir la
licencia del monarca. Finalmente, Castrillo, como pariente y amigo, fue el encarga-
do de transmitir la negativa. El proceso se enredó con el paso de los días y aunque
el padre de la novia contaba con los contactos precisos, estos no se encaminaron
para unir a Juana con el marqués de Valero.
Aunque la condesa de Medellín parecía la interlocutora áulica más adecuada,
ella «jamás» habló del tema con el rey, a pesar de las instancias de Fresno. Esta
vía fue suspendida tras la intervención de Rozas. La condesa salió de escena y el
siguiente intermediario fue Castrillo. Una entrevista previa con él, hizo que el mar-
qués tuviera desde el principio la certeza de que Felipe IV era contrario a aquella
39 La muerte de la reina Isabel (1644) y la de Baltasar Carlos (1646) provocó una «tregua en las
festividades palatinas» durante nueve años: Deleito y Piñuela, José (1935): El rey se divierte.
Recuerdos de hace tres siglos, Madrid, Espasa-Calpe, p. 229.
40 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, Madrid, 20 marzo 1646 y 3 diciembre 1647.
41 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, carta de Fresno al Condestable. Madrid, 23 de marzo de 1645. Mientras
se producían los primeros movimientos de los familiares de Juana en palacio, que conducían a la
irremediable solicitud de licencia a su majestad, llegó otra proposición de menor entidad, a través de
personas afectas a Fresno (como después veremos).
42 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, capítulo que Fresno escribió al Condestable el 18 de febrero de 1646.
43 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Milán, 20 de mayo de 1646. El Condestable ejerce como gobernador en
Milán desde ese año.
44 Tras la caída de Olivares, Andrés de Rozas (en palabras de Elliott: «marginado durante los últimos
años de gobierno del conde-duque») fue nombrado como principal secretario de Estado. Elliott,
John H. (1990): El conde-duque de Olivares, Barcelona Grijalbo Mondadori, 1998, p. 725.
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El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares... 39
unión. Castrillo, ocupado con la situación política y militar del momento –como
Haro– participó del asunto45.
Tras recibir una carta de Alba, exponiéndole lo acontecido en su entrevista con
el duque de Béjar, el marqués se había apresurado a consultar el tema con la con-
desa de Olivares, visitó a esta y a la marquesa de Mairena en casa del marqués de
Leganés y mostrándoles la carta, pidió su parecer. El duque solicitaba una memoria
con la información relativa a la dote de la joven y a la merced que el monarca debía
conceder tanto a ella como a su futuro esposo. La viuda le instó a escribir a Castrillo
y a don Luis de Haro, ubicados en ese momento en Zaragoza, con el fin de obtener
la licencia real. Indignado se manifestaría después Fresno con la Olivares. Apuntó
entre sus papeles cómo había llegado a sus oídos, a través de personas fiables, la
noticia de cómo la condesa había hablado sobre el posible matrimonio con el mo-
narca en la Encarnación, antes de su partida a Zaragoza. El interés de la viuda era
que no diera su autorización, ya que la marquesa de Mairena había puesto sus ojos
en él, y esperaba la orden del Condestable para ajustar la negociación. Fueran cier-
tos o no los rumores, el marqués no volvió a confiar más en ellas para este asunto y
buscó la protección de Castrillo y su primo, don Luis Méndez de Haro46.
De Felipe IV, se buscaba mucho más que la licencia, se solicitaban las mercedes
propias de una dama. La respuesta del monarca fue tajante ante la posibilidad de
una boda con un desterrado. No habría boda en palacio y tampoco podrían vivir
en la corte de Madrid, además, de las aspiraciones económicas, nada se decía47. El
asunto se dilucidó a kilómetros de Madrid, en Zaragoza, con la intermediación de
Haro y Castrillo48.
La opción de Valero fue un fracaso. Auspiciada por el duque de Alba, «dueño»
de la negociación, esta no llegó a buen puerto. Cuando el asunto todavía estaba en
el aire, el marqués del Fresno se mostraba muy agradecido por la «merced» que le
había hecho Alba al proponer al duque de Béjar a su hija mayor –sobre todo, tenien-
do en cuenta el interés de Fresno por emparentar con esta casa. Ella por su parte
aportaba el prestigio de su linaje y sus servicios en palacio49.
La cuestión económica era fundamental para cualquier acuerdo matrimonial,
pero en este caso quedaba pendiente la previsible merced que el monarca podía
conceder a una de sus servidoras. El propio marqués lo señalaba en sus cartas al
duque de Alba o al conde de Castrillo50. A este último, siendo más explícito, le
indicaba la «ilusión» con la que se aguardaba la concesión, sobre todo, teniendo en
45 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, 18 de febrero de 1646. Fresno fue informado del proceder de la condesa
de Medellín.
46 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, carta de Alba, 20 de agosto de 1646 y las anotaciones al margen. La
entrevista con la Olivares tuvo lugar el 26 de agosto. Fresno a Castrillo: Madrid, 27 de agosto de 1646.
47 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, Zaragoza, 3 de agosto de 1646 (sic.) [debe de referirse al 3 de septiembre]
Respuesta del conde de Castrillo a Fresno. Respuesta para Alba, Madrid, 27 de septiembre de 1646.
Fresno comenta a Alba la situación, puntualizado que será difícil que el rey se olvide del asunto
estando tan presente la muerte del segundo marqués de Santa Cruz.
48 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Zaragoza, 14 de septiembre de 1646. Carta de Luis de Haro a Fresno.
49 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Madrid, 28 de agosto de 1646. Respuesta de Fresno a Alba.
50 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Madrid, 27 de agosto de 1646. Carta de Fresno a Castrillo y su respuesta.
Asparkía, 30; 2017, 29-49 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.2
40 Carmen María Fernández Nadal
cuenta que se acababa de despojar a don Jerónimo de Villanueva –el que había sido
protonotario de Aragón, en aquel momento envuelto en un proceso inquisitorial51–
de la encomienda de Santibáñez de la orden de Alcántara. Y aunque era consciente
de que el valor no era «muy crecido» la estimación por ella era mucha52.
Tras días de incertidumbre, el marqués dio por «olvidada» la plática –en una
carta a Castrillo el 6 de septiembre de 1646– y comunicó su determinación a la hora
de cumplir con los deseos del monarca. Su hija no viviría como una exiliada y se
mantendría al servicio de la infanta. Confiado en su juventud y en las posibilidades
que le brindaba su oficio de dama, en el presente y en futuro; esperaba que cuando
llegara el momento de tomar estado, fuera premiada con alguna merced53. Poco
tiempo después, el marqués recibió la ansiada carta de Luis Méndez de Haro, ex-
cusándose en la cierta y complicada situación que vivía la monarquía en aquellos
días. De manera protocolaria, confirmaba lo ya señalado por Castrillo54.
El «descrédito», como el propio marqués del Fresno apuntaba, era evidente,
pero también la inexistencia de mercedes que ayudaran a sustentar el futuro ma-
trimonio. Para el marqués el honor y el crédito estaban por encima de aquel com-
plicado compromiso, por lo menos, eso era lo que expresaba en sus cartas al duque
de Alba55. Sin embargo, otro factor había interferido en la decisión final de Luis
Fernández de Velasco, su casa: el interés de su sobrina por Valero. Y según trans-
mitió al marqués de Villanueva del Río, este aspecto había sido el determinante56.
El disgusto y el enfado por esta injerencia se vislumbran en la correspondencia
que don Luis mantuvo con su círculo más íntimo, como su hermana y su cuñado.
Pero una vez descartado el enlace con Valero57, el de Fresno puso su mirada en
el conde de la Palma. Para que se iniciaran las gestiones, informó a su cuñado el
marqués de Villanueva del Río (futuro duque de Alba) en busca de su influencia58.
La abrupta ruptura contrarió asimismo al de Alba, y al duque de Béjar –que
había descartado otras posibilidades matrimoniales y apostado por la unión con
los Fernández de Velasco, a través de la rama de los marqueses del Fresno, reciente-
mente creada. No gustó a Alba el comunicado del marqués, que optó en un primer
momento por no responder. Fue a través de su hijo, el marqués de Villanueva como
51 Sobre el proceso inquisitorial en contra de Jerónimo de Villanueva puede consultarse el trabajo de
Puyol Buil, Carlos (1993): Inquisición y política en el reinado de Felipe IV. Los Procesos de Jerónimo de
Villanueva y las monjas de San Plácido 1628-1660, Madrid, CSIC.
52 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, dos cartas remitidas por Fresno para: Castrillo, Madrid, 6 de septiembre
de 1646 y al señor don Luis de Haro, Madrid, 27 de agosto de 1646. Castrillo responde desde
Zaragoza, 10 de septiembre de 1646, y señalaba que le comunicaría su pretensión a su sobrino, Luis
Méndez de Haro, aunque decía desconocer el asunto.
53 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Madrid, 6 de septiembre de 1646, para el conde de Castrillo. Dos días
más tarde comunica también al duque de Alba la decisión: Madrid, 8 de septiembre de 1646.
54 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Zaragoza, 14 de septiembre de 1646, carta de Luis de Haro a Fresno.
55 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. respuesta para Alba, Madrid, 27 de septiembre de 1646.
56 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, carta del marqués del Fresno al marqués de Villanueva del Río. Madrid,
26 de septiembre de 1646.
57 Mientras tanto la duquesa de Sanlúcar (la vieja), y la marquesa de Mairena trataban con la marquesa
de la Puebla cuñada del duque de Béjar y su hermano.
58 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Fresno a Villanueva del Río. Madrid, 26 de septiembre de 1646.
Asparkía, 30; 2017, 29-49 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.2
El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares... 41
Fresno confirmó sus sospechas, y, a través de éste, intentó solucionar la situación59.
La decisión de cerrar la puerta a Valero, podía acarrear una desafección por parte
del duque que perjudicara su posición.
El hijo del duque de Alba, se mantuvo fiel en su amistad con el que era su cuña-
do, y predispuesto para que éste pudiera restablecer la buena correspondencia con
su padre. Por su parte el Condestable reaccionó favorablemente a la resolución de
su hermano. No sólo aprobó su proceder sino que del mismo modo reseñó que en
caso contrario habría «faltado a su obligación»60.
El posible casamiento con Valero se convirtió en un tema complejo para la fa-
milia. La duquesa de Huéscar, Mariana de Velasco, además intervino, gracias a sus
contactos con la duquesa de Sanlúcar y la de Béjar. Tuvo un papel de intermedia-
ción hasta que su hermano, el marqués del Fresno la convenció de lo imposible de
aquel casamiento61.
En mayo de 1647, las noticias del matrimonio con la de Híjar resonaban por toda
la Corte. Los rumores de que las bodas se harían en Madrid, terminando el des-
tierro para Valero, indignaron al marqués del Fresno, que no sólo argumentaba el
descrédito que suponía para su hija, sino también para la marquesa de Bayona. En-
tonces se obligó Haro62. Finalmente, Fresno recibió un comunicado directo del du-
que de Híjar informando del matrimonio con Valero y solicitando su aprobación63.
El casamiento con el marqués de Valero se estropeó –incluyendo las deseadas
mercedes–, ya fuera por seguir los designios del rey, ya fuera por la desafortunada
intervención de la marquesa viuda de Mairena y la condesa de Olivares. Aquellas
gestiones se malograron y el desprestigio fue mayor cuando se acordó el enlace con
la de Híjar y el destierro cesó. Fresno se tomó como un agravio ver pasear al mar-
qués de Valero por las calles de la villa y corte, pues él había renunciado, al menos
oficialmente, por la imposibilidad de casar a su hija en palacio, y la negativa de que
la pareja viviera en Madrid. La humillación y el perjuicio fue reconocido por Haro
y por el propio monarca que se comprometieron a resarcir a la dama en el próximo
ajuste con las mercedes correspondientes64.
Llama la atención que el beneficiado en aquella negociación matrimonial de
59 AHNOB, Frías, C. 402, carta del duque de Alba a su hijo del 12 de octubre de 1646. Dicha misiva la
adjunta el marqués de Villanueva del Río en su carta a Fresno: Sevilla, 24 de octubre de 1646.
60 AHNOB, Frías, C. 402. Sevilla, 26 de noviembre de 1646. El marqués de Villanueva del Río aconseja a Fresno
ante el enfado de Alba. Apuesta por dejar pasar el tiempo. Tras el intercambio de correspondencia con
Sevilla, el marqués transmite también al condestable lo ocurrido, la resolución que ha tomado tras conocer el
dictamen del rey y la comunicación con el duque de Alba: 4 de diciembre de 1646. Milán, 15 de enero de 1647.
61 AHNOB, Frías, C. 402. D. 14, carta de la marquesa de Villanueva, duquesa de Huéscar a Fresno.
Sevilla, 4 de febrero de 1647. Le comenta la confianza que tiene con la duquesa de Béjar, como si fuera
«su madre» y su correspondencia con la duquesa de Sanlúcar.
62 AHNOB, Frías, C. 402. El marqués fue en busca de don Luis de Haro a palacio el 19 de mayo de 1647
y hablaron de tema en el cuarto del rey.
63 AHNOB, Frías, C. 402. La posada, 27 de mayo de 1647. El duque de Híjar a Fresno.
64 AHNOB, Frías, C. 402. Madrid, 5 de julio de 1647. A través de un memorial, Fresno solicita que se le
haga merced para poder casar a su hija mayor «con persona de la misma calidad y esperanzas como
el marqués de Valero, ya que no tiene hacienda» para dotarla. El 24 de septiembre de ese mismo año,
el secretario, Fernando Ruiz de Contreras se compromete en nombre del rey a hacer las mercedes
para satisfacción del marqués.
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42 Carmen María Fernández Nadal
Béjar fuera el ambicioso duque de Híjar, que durante una larga temporada había
sufrido igualmente el destierro y que después, con los sucesos de 1648, acabaría
siendo detenido por participar en la conspiración que llevaría su nombre65.
3.2 Las otras candidaturas frustradas
Al inicio de las negociaciones para el matrimonio con el marqués de Valero,
cuando el tema todavía estaba en manos de la condesa de Medellín –tía del primer
marqués del Fresno– y el secretismo reinaba, el conde de la Roca hizo llegar una
proposición para Juana. El diplomático –célebre por su obra «el Embaxador»– bus-
caba un buen matrimonio para el que era ahora su heredero.
Ante las negativas del marqués, el noble no se dio por vencido y pidió entonces
la mano de la joven Luisa de Velasco66. Fresno, se negó en redondo, y así se lo co-
municó al Condestable. Era demasiado joven (estaba entre los nueve o diez años), y
no había prisa en su caso. En aquellos momentos, el interés primordial del marqués
era casar a sus dos hijos mayores, Juana y su heredero, Pedro. Siendo el prioritario
el de la dama67. Además, aquella no era la mejor opción para Juana, pues aspiraba
a un enlace con un persona de «mayor estado»68. No solo eso, en aquellos meses las
posibilidades le acercaban al ventajoso parentesco con los Béjar, ya que Valero era
el heredero de su hermano, el duque.
Tras el fiasco de Valero, llegaron diferentes proposiciones. A través de personas
allegadas, como su cuñado el duque de Huéscar que intervino a favor del conde de
Palma. Mientras se trataba esta posibilidad, el conde de Puebla de Montalbán, por
su parte, propuso al hijo mayor del marqués de Villanueva del Fresno y Barcarrota,
aspirante que no entusiasmaba al hijo de Alba, que hacía hincapié en su falta de
hacienda69. Prefería para Juana, la otra rama Portocarrero, pero no tardó mucho en
averiguar el marqués del Fresno, que el conde de Palma ya había concretado un
desposorio con otra dama de la reina70. En enero de 1647 los rumores se convirtie-
65 Ezquerra Abadía, Ramón (1934): La conspiración del duque de Híjar (1648), Madrid, Imprenta M.
Borondo, pp. 128-131. El autor señala que el destierro debió terminar en 1646, y a partir de ese
momento se le conminó a no salir de la corte durante dos años más. Coincide este momento con las
negociaciones del matrimonio de su hija con Valero (matrimonio en julio de 1647). Dotó a su hija con
una elevada cuantía de 100.000 ducados. Morte Acín, Ana (2005): «Profetas en la Corte de Felipe IV:
Aragón testigo privilegiado (1643-1648)» en Sanz Camañes, Porfirio (coord.), La monarquía hispánica
en tiempos del Quijote. Madrid: Sílex, pp. 333-352, véase pp. 346-347.
66 Luisa de Velasco terminaría casándose con el marqués de Quirra y Nules en 1660.
67 Y así lo cumplió, la primera en contraer matrimonio fue la mayor. Su heredero tuvo que esperar hasta
1656, para formalizar su matrimonio con la hija del conde de Peñaranda, Antonia de Luna.
68 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Carta de Fresno al Condestable. Madrid, 23 de marzo de 1645.
69 AHNOB, Frías, C. 402. Cartas entre Fresno y Huéscar en diciembre de 1646 y enero de 1647.
70 El duque de Huéscar consideraba que el padre Palma tenía una gran influencia en su casa:
AHNOB, Frías, C. 402. Sevilla, 3 de diciembre de 1646, carta del duque de Huéscar a Fresno. Fray
Juan de Palma era de la orden de San Francisco y fue nombrado confesor de Isabel de Borbón
en agosto de 1644, un par de meses antes de la muerte de la reina y después pasó a serlo de la
infanta María Teresa. Falleció en mayo de 1648: Vilacoba Ramos, Karen María (2013): El monasterio
de las Descalzas Reales y sus confesores en la Edad Moderna, Madrid, Visión Libros, pp. 430-431, 528.
El confesor fue junto a Castrillo albacea testamentario de la reina: Mazín, Óscar (2016): «Hombres
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El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares... 43
ron en una realidad, se trataba de doña Antonia de Moscoso71. Ella era la elegida
para el enlace con los Portocarrero. Y una vez informado el marqués del asunto lo
dio por terminado, hastiado con un nuevo fracaso y respetuoso ante la joven, a la
que le unían lazos familiares (la describe como su prima)72.
La alternativa de Villamanrique llegó a través del marqués de Villanueva del
Río al marqués del Fresno en marzo de 1647. Dicha opción había surgido de una
conversación mantenida entre el heredero de la casa Alba y el duque de Medinaceli
en Sanlúcar73. Fresno se mostró feliz con las noticias y muy agradecido, aunque
consideró que lo más oportuno era esperar a que se resolviese el casamiento de
Valero para iniciar las gestiones con Villamanrique74.
No obstante, Luis Fernández de Velasco acarreaba un hándicap, que arrastraba
desde el principio, el poco respaldo que tenía a la hora de dotar a su hija, por ese
motivo volvió a mostrarse esperanzado en las mercedes que pudiera entregarle
el monarca. Incluso quiso aprovechar para proponer un doble matrimonio y pre-
guntó a Villanueva del Río si el nuevo candidato tenía alguna hermana mayor que
fuera «hermosa y buena moça y de buena hedad». Pero el marqués únicamente
tenía hermanos75.
Entre las últimas proposiciones frustradas, por un lado, estuvo el conde de
Aranda, según los apuntes del marqués –que tenía como testigos a su hijo y a don
Alonso de Haro. Esta alternativa había sido introducida por el «embajador de Ale-
mania» y fue conocida por don Luis de Haro en el verano de 164776. Por otro, la
condesa de Osorno había presentado la candidatura del recientemente viudo, mar-
qués de Aguilar de Campoo. Pero esta última opción fue considerada inoportuna
por Huéscar por la diferencia de edad, y tuvo además como dificultad añadida la
interferencia con el matrimonio de la hija de Castrillo77.
de prudencia y «grandes partes». El conde de Castrillo y don Luis Méndez de Haro» Valladares,
Rafael (ed.): El mundo de un valido. Don Luis de Haro y su entorno, 1643-1661, Madrid, Marcial Pons
Historia, p. 175. Tras la muerte del Padre, el duque de Híjar se mostró aliviado en una de sus cartas
a Sor María de Jesús de Ágreda, ya que Palma se había mostrado contrario a que mantuvieran
correspondencia. Tres meses después sería detenido por la conspiración que llevaría su nombre:
Baranda, Concepción (ed.) Ágreda, Sor María de Jesús de (1991): Correspondencia con Felipe IV: religión
y razón de Estado. Madrid: Editorial Castalia, 1991, pp. 247-252.
71 Era la hija del marqués de Almazán y de la marquesa de Poza. Antonia de Moscoso salió para casarse
con el conde de Palma el 4 de abril de 1648, tan solo un mes antes que Juana Francisca (mayo).
AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Madrid, 22 de enero de 1647. Fresno responde a una misiva de Huéscar
(Sevilla, 8 de enero de 1647) comentándole los rumores.
72 AHNOB, Frías, C. 402. Madrid, 19 de febrero de 1647.
73 AHNOB, Frías, C. 402. Sevilla, 7 de marzo de 1647. Carta del duque de Huéscar a su cuñado
Fresno. Huéscar había acompañado a Castrillo a Sanlúcar para ver a Medinaceli. Ambos duques
habían aprovechado para hablar del posible matrimonio entre Juana Francisca y el marqués de
Villamanrique.
74 AHNOB, Frías, C. 402. D. 14, carta de Fresno a Villanueva del Río. Madrid, 19 de marzo de 1647.
75 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, respuesta de Fresno a Villanueva del Río. Madrid, 28 de mayo de
1647. Villanueva a Fresno: Sevilla, 4 de junio de 1647. Luis Fernández de Velasco ya se planteaba el
matrimonio de su heredero, pero consideraba a su hija Catalina demasiado joven para tomar estado.
76 AHNOB, Frías, C. 402, apunte del marqués del Fresno en Madrid, 13 de julio de 1647.
77 AHNOB, Frías, C. 402. D. 14. Madrid, 13 de enero de 1648. Fresno para Villanueva, Sevilla, 4 de
febrero de 1648 y Madrid, 19 de febrero de 1648. Aguilar de Campoo trataba de casar con una de las
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44 Carmen María Fernández Nadal
4. La rivalidad entre primas
El marqués del Fresno fue consciente siempre de la obediencia que le debía a
su hermano, Bernardino Fernández de Velasco, sexto duque de Frías y jefe de la
casa Velasco, pero en algún momento se encontró con la dificultad de competir
en el mercado matrimonial. Las hijas de ambos coincidieron a la hora de buscar
un buen enlace en el mismo periodo. Durante el tiempo que se gestionó el ajuste
nupcial de Juana, el marqués mantuvo a su hermano informado y presto ante sus
posibles consejos y su necesaria autorización. Pero también ambas ramas tuvieron
roces en aquellos meses. El marqués siempre sumiso ante el duque de Frías, puso
a las hijas de este por delante de los intereses matrimoniales de la suya. Pues como
Luis Fernández de Velasco le decía al Condestable era su «padre» y el de sus hijos78.
La muerte del marqués de Mairena en junio de 1646, hizo entrar en escena a su
viuda, Juana de Velasco79, deseosa, en opinión de su tío, de casar con el de Valero.
Según las palabras que remitió a su cuñado, el duque de Huéscar, fue la inclinación
de su sobrina por desposar con el hermano del de Béjar, lo que le había llevado a
recular en la plática, y no la respuesta de Felipe IV y Haro. Ante estos aconteci-
mientos apareció en el horizonte otro pretendiente, llamado a redimir al marqués
del Fresno y a su hija, el conde de Palma. Fue el propio duque de Huéscar el que
propuso aquel enlace, formando parte de un doble matrimonio –Juana con el con-
de de la Palma y su hermano, Pedro con la hermana del conde80. Para ello entabló
conversaciones con padre fray Juan de Palma, antes de comunicárselo al futuro
duque de Alba, pero ya entonces, lo hizo con prevenciones, pues otra de las Frías
podría estar interesada. Eso al menos le había comentado la marquesa viuda de
Mairena a Fresno, su hermana Andrea había recibido una proposición del señor
conde de la Palma a través de la duquesa de Sanlúcar la Mayor (envuelta en todas
las salsas matrimoniales de la Corte, como la Celestina oficial). Ninguno de los dos
esponsales fue concertado con las hermanas Frías, pero estas gestiones demuestran
la sumisión de Fresno ante el Condestable y su búsqueda de otros apoyos81.
Es cierto también, que mientras el marqués del Fresno se encontraba en Madrid,
encargándose de los asuntos de la casa, y el Condestable seguía en la distancia los
acontecimientos, ejerciendo como gobernador en Milán; el primero no dudo en
buscar la ayuda de los duques de Huéscar, su cuñado y su hermana. Es interesante
reseñar cómo utiliza similares términos para expresar su gratitud y sumisión ante
el futuro duque de Alba:
hijas de Castrillo.
78 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, carta de Fresno al Condestable de 4 de diciembre de 1646.
79 La pareja había tenido precisamente un hijo, a principios de ese mismo año de 1646, Gaspar de
Guzmán y Fernández de Velasco (1646-1648). AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Milán, 20 de mayo de
1646. En una carta el condestable respondía a su hermano contento por la noticia que le había dado
del nacimiento del hijo de Juana de Velasco, aunque triste de no encontrarse allí junto a sus hijas.
Andrea la otra hija del condestable, se desplazó hasta Loeches con motivo del acontecimiento. Poco
después fallecería el marqués de Mairena y, posteriormente, el hijo de ambos.
80 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, carta de Villanueva a Fresno. Sevilla, 18 de septiembre de 1646.
81 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, carta de Fresno a Villanueva. Madrid, 26 de septiembre de 1646.
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El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares... 45
en todo lo dexo a vuestros pies como dueño y señor mío y de mi Cassa y
amparo de mis hijos y os suplico que esta carta sirva para mi hermana para que la
vea y tenga entendida de todo a quien vesso la mano con la de mis sobrinos y los
mismo hazen la marquesa [de Villanueva del Río], con la vuestra y a bos amigo
mío me Guarde Dios muchíssimos años... 82
Desde Milán, el Condestable contestaba agradecido aunque escuetamente
–ocupado en tareas de Estado83– a las largas cartas de su hermano, en las que tra-
taba todos los detalles que acaecían en la corte y en el seno familiar. En ellas, el jefe
de la casa aprobó el proceder del marqués al paralizar el arreglo de Juana Francisca
con el marqués de Valero84.
Si algo llama la atención en el análisis de las relaciones en el seno de la casa Frías
es la rivalidad que existió entre dos primas del mismo nombre. Juana de Velasco, la
hija del Condestable, y Juana Francisca de Córdoba y Velasco, hija del primer mar-
qués del Fresno. Ambas habitaron en palacio coincidiendo al menos un año, pero
la convivencia no debió de ser del todo agradable ni cordial. Aunque, de momento,
no se haya encontrado registro de lo acontecido entre ambas en aquellos días, el
marqués dejará años después indicios de sus desavenencias. Por lo que cuenta en
sus cartas, con motivo de las conversaciones previas al primer matrimonio de la
de Frías –con el marqués de Mairena, el hijo legitimado del conde-duque– la joven
Juana Francisca se vio obligada a salir del Alcázar. En palabras del marqués su hija
sufrió «el destierro»85.
La recién inaugurada viudez resultaba un estado insatisfactorio para Juana de
Velasco. Tras la caída en desgracia de Olivares y la muerte de Mairena, la joven se
dio prisa en buscar un buen partido que la devolviera a la vorágine de la corte y de
palacio. Su apoyo en aquellos meses fue la condesa de Olivares. Su padre, lejos, en
Milán, poco podía hacer más que aumentar su preocupación por el tema, ante las
sucesivas cartas que recibía de unos y otros sobre el asunto. La nueva situación de
la Mairena vino a coincidir con las negociaciones matrimoniales que se llevaban a
cabo para la consecución del enlace entre Juana Francisca de Córdoba y el marqués
de Valero. A las limitaciones impuestas por el monarca a aquella boda se añadió los
deseos de la joven viuda de casar con el pretendiente de su prima. Fresno argumen-
tó en alguna carta a su hermana la marquesa de Villanueva del Río (y a su marido),
que era aquella la verdadera razón de la ruptura de las pláticas. Los argumentos
expresados a su marido y, sobre todo, al duque de Alba, no habían sido entendidos
por estos, que creían podían salvar aquellas dificultades iniciales. Por este motivo
82 Ibídem.
83 Se hizo cargo del Gobierno de Milán desde el verano de 1646 hasta finales de 1647, cuando por
problemas de salud tuvo que dejar la responsabilidad en manos de su hijo, el conde de Haro, de
manera interina hasta la llegada del marqués de Caracena (1648): AGS. Estado, legs. 3362 y 3365.
84 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, carta del Condestable a Fresno. Milán, 15 de enero de 1647.
85 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19, relato del marqués del Fresno sobre la reunión que tuvo con la condesa
de Olivares: Madrid, el 3 de septiembre de 1647. Todo lo cual se lo comunicó a la duquesa de Frías con
don Juan de Castro como testigo (Madrid, 5 de septiembre de 1647). También comenta el asunto con
Villanueva del Río (Madrid, 26 de septiembre de 1646): «por culpa suia [Juana de Velasco] quando se
tratavan las bodas de don Enrique que esté en gloria desterraron de palacio a mi hija Juana».
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46 Carmen María Fernández Nadal
tuvo que escribir al marqués de Villanueva del Río y explicarle con detalle lo que
ocurría, con el fin de que transmitieran al duque de Alba, la verdadera razón de su
negativa para zanjar las gestiones86.
Fresno había escondido sus vicisitudes. No quería enfrentarse ni a su sobrina,
ni a su hermano, quiso cerrar aquel tema, pero siempre esperando una satisfacción
para su hija. La lucha por un mismo pretendiente era en la práctica imposible. La
de Frías tenía mayor preeminencia, además con su padre lejos, Fresno debía actuar
obedientemente ante la línea principal sin poder negociar personalmente el proble-
ma con el jefe de la casa. Así lo expresaba a su cuñado: «no lo ago por ella misma
[Juana de Velasco] sino por hija de mi hermano y en su ausencia devo cumplir en
lo que devo a mis obligaciones...». Optó el marqués por disimular y no darse por
enterado de las intenciones de su sobrina, en un principio, temeroso de que esta
hiciera «alguna ruindad» contra él87.
Seguramente, consciente del enfrentamiento, el Condestable expresó su anhelo
de regresar a la Corte con el fin de solucionar el casamiento de su hija88. Pocos meses
antes, el propio Luis Fernández de Velasco había representado a su hermano en su
boda por poderes. El comunicado del Condestable, donde expresaba sus deseos de
volver, vino a coincidir con una nueva lid entre primas. Juana Francisca, al servicio
de la infanta, debía seguir aquel rocambolesco «enfrentamiento» entre la Mairena
y la condesa de Olivares con su padre a través de las visitas que su madre Catalina
de Velasco y Enríquez le hacía habitualmente. Cuando el marqués vio, contrariado,
apagarse la oportunidad de Valero, fue su cuñado, el heredero de Alba y el duque
de Medinaceli –como ya se ha comentado– quienes le brindaron un nuevo candi-
dato, el marqués de Villamanrique. Entonces de nuevo, Juana de Velasco reclamó
su preferencia. No había conseguido su enlace con el heredero de Béjar, finalmente,
casado con la hija mayor de Híjar89, y escribió, presta, a su tío para advertirle que
ya se había iniciado negociación con el susodicho para ella. Tampoco le salió bien,
pero de nuevo perjudicó, a los ojos de Fresno, el ajuste de su prima.
Aun así, el episodio sirvió para que Fresno se enfrentará con la condesa de Oli-
vares, disgustado con la actitud de ambas y prevenido de las consecuencias que
aquellos o futuros acontecimientos pudieran tener para su amada hija. Según su
versión le espetó a la condesa su intención de sacar a su hija de palacio si de nuevo
entraba su sobrina, pues no estaba dispuesto a tolerar un nuevo destierro para ella.
Enfadado, según su propio relato, salió de su entrevista con la Olivares dando vo-
ces, con la condesa de Mora y la marquesa de Leganés como testigos90.
86 AHNOB, Frías, C. 402. D. 19. Madrid, 26 de septiembre de 1646.
87 Ibídem.
88 AGS. Estado, Leg. 3365, D.189, a pesar de su deseo de volver a la Corte, no fue hasta mediados de
marzo de 1648 cuando pudo embarcar desde Génova en dirección a la península. A pesar de su
interés por obtener licencia, sólo la enfermedad lo apartó de allí.
89 Juan Manuel de Zúñiga, marqués de Valero se casó finalmente con Teresa Sarmiento de la Cerda y
Fernández de Híjar, la hija del famoso duque que dio nombre a la conspiración de 1648, Rodrigo
Sarmiendo de Silva de Villandrando y de la Cerda. AHNOB, Osuna, C. 269. D.108.
90 AHNOB, Frías, C. 402. D. 14, relato de Fresno sobre la reunión con la condesa de Olivares en Madrid el 3 de
septiembre de 1647. Todo lo cual se lo comunicó a la duquesa de Frías (Madrid, 5 de septiembre de 1647).
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El ajuste matrimonial de Juana Francisca de Córdoba y Velasco. Límites familiares... 47
Se demuestra la preeminencia de la rama principal sobre la de Fresno, aunque
en este caso pesó también el comportamiento de dos damas que habían tenido mu-
cho poder en la corte y que se resistían a perderlo, y más que cuando una cuestión
de índole personal se añadía. El marqués comunicó en todo momento las actua-
ciones de Juana de Velasco y de la Olivares, tanto al Condestable, por carta, como
a través de la duquesa de Frías que, a buen seguro, informaba puntualmente a su
esposo con su testimonio. No se desprenden de sus comunicaciones desavenencias
entre hermanos, al contrario91. Aunque sí es cierto que el marqués ante esta ausen-
cia confió fielmente en su hermana y su cuñado, el futuro séptimo duque de Alba92.
Por su parte, Mariana de Velasco, la duquesa de Huéscar, en su aparente inter-
mediación, parece que se inclinó por su hermano Luis. Al menos, Fresno, consiguió
gracias a ella información y evidencias de las intenciones y aspiraciones de la du-
quesa de Sanlúcar, para con la sobrina de ambos. Desde la corte, Inés de Zúñiga
trataba de proteger a la Mairena, buscado la ayuda de la tía de la joven (a la que tra-
taba de prima y amiga) para a través de la duquesa de Béjar (con la que tan buena
relación tenía) conseguir poner fin a su viudedad93. Por último, cabe encuadrar el
papel jugado por Catalina de Velasco, la madre de Juana que, aunque no ha queda-
do reseñado en la correspondencia, sí debió tener un rol más íntimo de trato con su
hija. Ella era la encargada de visitar asiduamente a la joven en palacio y, como an-
tigua, dama le debió proporcionar sabios consejos durante aquellos azarosos años.
Finalmente, en 1648 se acordó su matrimonio y, en mayo, la joven Juana tomó
estado –no llegó a servir a la nueva reina. Se convirtió a los diecinueve años en la
condesa de Chinchón, título con el que se la identificaría hasta su muerte, a pesar
de enviudar en 166594. Pero esta ya es otra historia.
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91 AHNOB, Frías, C. 402. D. 14, carta del Condestable a Fresno. Alejandría, 26 de octubre de 1647.
92 AHNOB, Frías, C. 402. D. 14. Madrid, 13 de enero de 1648. Fresno a Villanueva: «soys dueño de mi
casa y de mis hijos y mi hija Juana, está ya mujer y mui buena y obedecerá en todo lo que bos y sus
padres la mandaren en cassarse con este señor...».
93 AHNOB, Frías, C. 402. D. 14. Madrid, 5 de febrero de 1647. La duquesa de Sanlúcar justifica ante la
de Huéscar que la plática con su prima Juana Francisca había terminado.
94 El conde murió el 3 de octubre de 1665, tenía 48 años: AHNOB, Frías, C. 1443, D. 17.
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ANTONIO LÓPEZ AMORES1
El arte del buen casar: matrimonio y viudedad
en el siglo XVIII valenciano2
The good marrying art: marriage and widowhood
in the valencian 18th century
Resumen
Gracias al análisis de diversos capítulos matrimoniales, testamentos, pleitos, poderes
y otra documentación, hemos realizado una breve radiografía del proceso matrimonial
nobiliario, con sus causas y consecuencias para la mujer, en el Reino de Valencia del siglo
XVIII. Siendo estos acuerdos entre familias uno de los elementos clave en las estrategias
de consolidación y ascenso nobiliario, reciben una atención especial y un trabajo hasta el
detalle antes de las nupcias. La documentación muestra diversos procesos que reforzaban la
autoridad paterna y la prioridad del ascenso del linaje. Asimismo, dada la dependencia de
la mujer respecto al varón en el Antiguo Régimen, se aprecia, en los acuerdos nupciales, un
gran esfuerzo por asegurar la posible viudedad de la esposa.
Palabras clave: Reino de Valencia, matrimonio, ascenso, mujeres, viudedad.
Abstract
Thanks to the analysis of several marriage contracts, testaments, feuds, powers and
different documentation, we have built a brief summary of the matrimony process of
the nobility, with its causes and consequences for women, in the 18th century Kingdom
of Valencia. As these arrangements between families were one of the key elements in
the consolidation and rise strategies, they gather a special attention and a detailed work
prior to the wedding. The documentation shows different processes that strengthened the
fathers’ authority and the lineage rise priority. Moreover, given the Ancien Régime women's
dependency on man, it can be seen, in the prenuptial agreements, a great effort to ensure the
ulterior survival of the bride turn widow.
Keywords: Kingdom of Valencia, marriage, rise, women, widowhood.
Sumario
1. Introducción. 2. Vida, matrimonio y viudedad. 3. Consecuencias del matrimonio para
la mujer noble. 4. Conclusiones.
1 Departamento de Historia, Geografía y Arte, Universitat Jaume I; [email protected]
2 El presente artículo ve la luz gracias al programa VALi+d, de la Generalitat Valenciana. Asimismo, se
enmarca dentro del proyecto de investigación, financiado por la Universitat Jaume I, P1·1A2014-13
«De pequeños hidalgos a nobles titulados. Riquezas, poder y redes clientelares de la nobleza
mediterránea».
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52 Antonio López Amores
1. Introducción
Las nupcias, al margen de su gran importancia y repercusión social, marcaban
para las mujeres nobles del Antiguo Régimen diversos ámbitos de su vida, estando
siempre ésta condicionada en función del hombre al que se veían adscritas. Pasar de
la figura del padre a la del esposo les suponía un notable cambio, al igual que también
lo suponía para ambas familias implicadas. En la firma de los capítulos matrimoniales
se plasmaban las aspiraciones de ascenso de las Casas, y se acordaba el régimen bajo
el que viviría la nueva esposa, tanto durante la vida del marido como tras la muerte
de éste, en su viudez.
A lo largo de las siguientes líneas pretendemos mostrar el resultado de un trabajo
durante el cual hemos analizado diferentes matrimonios, pleitos, súplicas y demás
documentación que nos ha permitido extraer ciertas conclusiones acerca del matrimo-
nio en el Reino de Valencia a lo largo del último siglo del Antiguo Régimen. Para ello,
hemos recorrido la Casa de los condes de Cirat a lo largo de la centuria, accediendo
así a enlaces de familias asociadas a éstos, que han servido para completar las pers-
pectivas adoptadas.
Sin embargo, si bien hemos realizado un estudio en profundidad y bajo la
perspectiva de género dentro de los casos presentados, no se trata éste de un análisis
que abarque gran número de familias, –principalmente debido a los márgenes del
presente texto– sino una contribución más que se apoya en investigaciones previas,
como son los trabajos de Benítez Sánchez-Blanco, Catalá Sanz o Ruiz Torres. Asimismo,
pese a que todas las figuras mostradas se encuentran emparentadas de uno u otro
modo, nos hemos decantado por estructurar el texto en función de los grandes aspectos
generales que influyen en el modo en el que contemplamos la documentación: las
negociaciones y pacto de los fundamentales capítulos matrimoniales por un lado –con
repercusiones antes y después del matrimonio– y las consecuencias para la mujer,
hija, que se convertía en esposa, por otro.
2. Vida, matrimonio y viudedad
El matrimonio suponía para las mujeres, dentro de la doctrina hegemónica del
Antiguo Régimen, el punto clave y vital de su vida. Sin embargo, no sólo se trataba de
un hecho de importancia capital para ellas, sino también para la familia, que incluía los
esponsales en sus estrategias de ascenso, planificadas con gran antelación y precisión;
lo cual llevaba al establecimiento de redes familiares y clientelares (Chacón Jiménez y
Méndez Vázquez, 2007: 62). Las negociaciones y las preparaciones previas por ambas
partes podían prolongarse en el tiempo, hasta que cantidades y condiciones quedaban
acordadas y sancionadas3. Muestra de ello dan los diferentes capítulos matrimoniales
consultados, donde las diferentes cifras mencionadas implican todo un proceso previo
de consideración y análisis, dentro de los diferentes bienes y riquezas de la familia.
3 Este fenómeno distaba de producirse exclusivamente en la aristocracia o clases emergentes, sino que
era así incluso para aquéllas familias que no pertenecían a un estamento privilegiado y, por tanto, sus
bienes eran más limitados (Baldellou Monclús y Salas Auséns, 2016: 91).
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El arte del buen casar: matrimonio y viudedad en el siglo xviii valenciano 53
El grado de minuciosidad y concreción de los capítulos matrimoniales, donde
hallamos un detallado y frecuente uso de cantidades cuyo origen llega a remontarse
varias generaciones, muestra la importancia con la que se abordaban y seguían los
procesos nupciales. Máxime cuando la familia era la responsable de dotar a la hija,
punto clave de la planificación económica nobiliaria familiar, y consecuencia, en nu-
merosas ocasiones, de un esfuerzo especialmente consciente e importante por parte
de éstas (Catalá Sanz, 1993: 171; Atienza Hernández, 1986: 167).
Uno de los puntos que demuestra el elaborado grado de planificación implícito
en el proceso matrimonial es el énfasis realizado en la obtención del caudal necesario
para la composición de la dote. También es motivo de antelación y esfuerzo el creix,
es decir, la aportación económica al enlace por parte del prometido, que suponía ha-
bitualmente la mitad del total de la dote y que se entendía como una «compensación
del marido por la virginidad de la futura esposa» (Martínez Roda, 2014: 114).
Es necesario tener en cuenta, a su vez, el hecho de que conforme nos aproxima-
mos a las postrimerías del setecientos, la crisis –económica, identitaria, social– de la
nobleza crece en importancia. Por ello, sus dificultades aumentan conforme lo hace
su precariedad financiera, muy dependiente de la inflación y devaluación, así como
de la gran cantidad de deudas fruto de su nivel de vida (Ruiz Torres, 1988: 143). Con-
secuentemente, no resulta extraño que conforme avance el siglo se presten mayores
atenciones, si cabe, a la materia económica de los enlaces.
Con tal de hacer frente y reunir el capital necesario para financiar estas oportuni-
dades de ascenso que eran los matrimonios, las familias de la aristocracia recurrían
a todo tipo de bienes, entre los que destacan aquellos transmitidos por generaciones
gracias a la institución del mayorazgo4. Las dotes, en numerosas ocasiones, ya fue-
se en el momento de realizar el matrimonio o cuando eran restituidas a la esposa,
venían financiadas gracias a la enajenación de parte de estas herencias. Si bien esta
práctica ha sido constatada desde inicios de la Edad Moderna, la Nueva Planta había
alterado su funcionamiento en el Reino de Valencia, donde a partir de entonces era
necesario el permiso real para extraer rentas de ellos (Catalá Sanz, 2011: 65-66).
Figura 1: Árbol familiar simplificado del matrimonio entre don Pedro de Alcántara Catalá y doña
Joaquina María del Rosario Perellós. Elaboración propia en base a ADC DCC 23 5 1 y ADC DCC 17 10 1.
4 Una vez más, siendo un clásico de obligada consulta tras más de cuatro décadas de su publicación,
remitimos a Clavero, Bartolomé (1974): Mayorazgo: propiedad feudal en Castilla (1369-1836), Siglo
XXI, Madrid.
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54 Antonio López Amores
Sucede de este modo en los matrimonios analizados, si bien la obligación de
bienes, rentas o mayorazgos se produce con la misma frecuencia en los casos de la
restitución de la dote, arras y pensión de viudedad para la esposa que en la cons-
titución y entrega de aquélla. Así resulta en el caso de las nupcias acordadas entre
doña Joaquina María de Perellós, hija de los marqueses de Dos Aguas (don Giner
Francisco de Paula María del Rosario Rabasa de Perellós y doña María Joaquina
Palafox) y don Pedro de Alcántara Catalá, hijo de los condes de Cirat (don Miguel
Catalá Zapata de Calatayud olim Bernardo de Vilarig y doña María del Rosario
Hurtado de Mendoza)5. Se trata éste de un enlace –cuyos capítulos matrimoniales
fueron firmados en el año 1796, ya en la última década del siglo– entre dos fami-
lias que habían incrementado notablemente su posición en los últimos años. Los
Rabasa de Perellós, marqueses de Dos Aguas, habían pasado de un precario estado
económico a finales del XVII a una situación predominante gracias al recibimiento
de diferentes e importantes herencias, alcanzando en 1772 la Grandeza de España
de segunda clase (Guardiola y Spuche, 2004: 170; Catalá Sanz, 1995: 19, 250, 290-
291). Similar, si bien no tan radical, es el recorrido de los Zapata de Calatayud: en
las postrimerías del seiscientos se sentaron las bases matrimoniales que les per-
mitirían pasar a ser, ya en el siglo siguiente, condes de Cirat y Villafranqueza y
alcanzar, también, la Grandeza de España –en igual calidad– en el año 1788 (López
Amores, 2015: 50-51). No obstante, la diferencia económica entre ambas familias
es manifiesta, percibiéndose también este factor en la dinámica de las relaciones y
los documentos por ellas firmados: hacia el año 1766 las rentas de los marqueses
de Dos Aguas cuadriplicaban a las de los condes de Cirat (Catalá Sanz, 1995: 16).
En los capítulos matrimoniales acordados entre ambas familias entra en juego, una
vez más, la cuestión de la futura pensión de viudedad de la esposa. A este respecto,
influye notablemente el ya mencionado cambio en el proceso para poder enajenar de
los mayorazgos tras la Nueva Planta, siendo necesario el permiso real. De este modo
se transmitía la responsabilidad del cumplimiento de este ineludible aspecto a la parte
interesada, es decir: la familia de la futura esposa. Este traspaso de responsabilidad
–respecto a una pensión de la cual dependería la mujer en caso de enviudar– se
hace de un modo explícito en los mismos capítulos matrimoniales:
se obligan dichos excelentísimos señores conde de Cirat e hijo, a impetrar el
obtento de dicha facultad real. Y al mismo efecto conceden y atribuien el poder que
más se necesite por derecho a la propia doña Joaquina de Perellós y excelentísimos
señores marqueses de Dos Aguas, juntos o cada uno de por sí in solidum para que
por sí por medio de legítimo apoderado comparescan ante Su Majestad, señores
de su Real y Supremo Consejo de la Cámara, etcétera, en solicitud, y hasta obtener
dicha Real Facultad, entendiéndose desde ahora para entonces consignadas las
rentas de los citados mayorasgos, pudiendo cobrar de ellas dicha cantidad6.
5 Archivo de la Diputación de Castellón (en adelante ADC), DCC 23 5 1 y ADC DCC 17 10 1. Remitimos
a la Figura 1 para consultar el árbol general del enlace.
6 ADC DCC 13 15 1. Para las transcripciones nos hemos decantado por una opción que, con pocas
modificaciones, facilite la lectura y comprensión de las mismas. Así, hemos optado por desarrollar las
abreviaturas, separar o unir las palabras que no se adecuan a una composición actual, normalización
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El arte del buen casar: matrimonio y viudedad en el siglo xviii valenciano 55
Se entregaba así buena parte de la responsabilidad de estos futuros pagos a la
rama política de la familia, con lo que ante cualquier incumplimiento o desave-
nencia, se generaban pleitos y reclamaciones. Tal y como resulta lógico en el caso
recién planteado, una vez finalizado el acuerdo matrimonial, el marqués de Dos
Aguas y su hija, doña Joaquina, acudieron al Consejo Real con tal de obtener el per-
miso para poder extraer del patrimonio vinculado, lo cual fue aprobado siempre
y cuando permaneciese dentro de la sexta parte de la renta líquida de los mismos
mayorazgos poseídos por su esposo.7 A este respecto, es fundamental recordar que
la manutención de una viuda podía llegar a suponer una fuerte carga para las arcas
nobiliarias, que condicionaban tanto su economía como la propia constitución de
las dotes. Con mayor énfasis cuando, ya hacia finales de siglo, la mayoría de las
familias nobles valencianas se encuentran en disposición de enfrentarse a los nue-
vos cambios de paradigma y se aproximan a la crisis del Antiguo Régimen (Catalá
Sanz, 1995: 305, 313-314).
Pasados algunos años tras la celebración de su matrimonio, la hija del marqués
de Dos Aguas y esposa de don Pedro de Alcántara, sucesor al condado de Cirat
y Villafranqueza, se ve en disposición de reclamar las mencionadas pensiones y
devoluciones. Su esposo había fallecido el 13 de febrero de 1797, apenas un año
después de ser padre del futuro heredero: don Pedro de Alcántara Catalá8. Tras
haber enviudado, doña Joaquina de Perellós recibió lo estipulado por los capítulos
matrimoniales: 3.500 libras valencianas por sus alimentos y el derecho a habitar
una de las casas de Valencia del conde sin pagar alquiler alguno. Aparentemente,
doña Joaquina pudo disfrutar de estos derechos al enviudar, en buena medida y
según creemos a tenor de la documentación consultada, debido a continuar con
vida el padre de su difunto marido, don Miguel Zapata de Calatayud. Sus proble-
mas parecen comenzar con la muerte de su suegro en 1801, donde entra en juego la
herencia del mismo, complicando notablemente las relaciones familiares. Se inician
así una serie de reclamaciones ante el hermano de su esposo y, por tanto, cuñado:
don Pascual Catalá, que se había negado a satisfacer por entero algunos puntos de
los acordados en los capítulos matrimoniales9. El eje sobre el que se articulaba la
discordia entre ambos giraba, precisamente, en torno a la herencia dejada por el an-
terior conde, donde la mencionada enajenación sobre los bienes de sus mayorazgos
pasaba a ser uno de los principales argumentos en contra de la reclamante10.
El cuñado de la viuda elaboraba su defensa de la herencia en base a diferentes
aspectos de los mencionados capítulos matrimoniales, donde sostenía que, desde
el momento de fallecer su esposo, doña Joaquina había estado disfrutando de los
diferentes puntos acordados –es decir, habitar una casa en la ciudad de Valencia y
la pensión de viudedad– los cuales debían entrar dentro de la sexta parte de las ren-
de las mayúsculas y minúsculas, acentuación actualizada, introducción de los signos de puntuación
básicos para la comprensión, regularización de grafías similares como «u» y «v» y, por último,
conservación de la ortografía original, incluso –si aplica– en las abreviaturas desarrolladas.
7 ADC DCC 13 16 2.
8 ADC, DCC 23 5 1.
9 ADC DCC 13 16 2.
10 ADC DCC 13 16 2.
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56 Antonio López Amores
tas de los mayorazgos y, en caso de excederlo, esta cantidad excedente debía des-
contarse de la herencia correspondiente al hijo de doña Joaquina, antes de proceder
a pagar las cantidades exigidas. También añadía diversas quejas y matizaciones a la
hora de afrontar la devolución de las arras: según la legislación foral y diversos tra-
tadistas citados en la documentación –tales como el notario José Febrero o el jesuita
Tomás Sánchez de Ávila, en su tratado De sancto matrimonii sacramento11– cuando el
padre otorga esta cantidad al matrimonio, debe ajustarse a una décima parte de lo
que su hijo puede heredar de él12.
Las intenciones, por tanto, del cuñado de doña Joaquina de Perellós no concier-
nen tanto a la naturaleza de lo acordado en su matrimonio, sino a la herencia que
podría recibir de su difunto padre. Una vez más, los capítulos matrimoniales se
convierten así en un arma a esgrimir en el clásico escenario de la disputa por he-
rencias. Don Pascual pretendía que las reclamaciones de la viuda se extrajesen de
la parte correspondiente de su sobrino (en esos momentos, nuevo conde de Cirat y
Villafranqueza), con tal de poder recibir, de este modo, un montante superior tras
la muerte de su padre.
Este caso presentado no es el único –dentro de los matrimonios vinculados a la
casa de Cirat– que recurre a la enajenación de los bienes con tal de asegurar las fu-
turas pensiones de viudedad13. También sucede así en el matrimonio acordado entre
don Juan Bautista Catalá y doña Ana María de Zapata y Calatayud, hija del conde
de Cirat don Gaspar de Calatayud y doña Teresa Civerio Folch de Cardona. Pese a la
próxima edad de ambos, al menos para los estándares del Antiguo Régimen (él era
nacido en el año 1684 y ella en 1691) en las capitulaciones matrimoniales se obligan
los bienes vinculados con tal de poder extraer de ellos las 300 libras que suponen la
pensión de la futura viuda14. Los esponsales se celebraron en el año 1718, para los
cuales don Juan Bautista Catalá aportó 3.000 libras en arras y recibió una dote por
doña Ana María Zapata de Calatayud establecida en 8.000. Además, se acordó la
cantidad de 200 libras anuales en gastos de cámara (Catalá Sanz, 1995: 291, 294).
Se aprecia en el presente ejemplo, sin embargo, un hecho que pone de manifies-
to uno de los puntos de presión ejercidos por el marco patriarcal moderno sobre la
mujer, particularmente sobre las viudas, estado especialmente preocupante para
los moralistas debido a su mayor margen de «libertades» en el sistema. Es en los
escritos de éstos donde se aprecia el fuerte condicionamiento social y moral que se
ejercía sobre las viudas y donde se instaba a que la esposa, en caso de fallecer su
11 Así lo estipula en el libro VI: «De donation. inter coniuges», disputatio XXIX, número 18: «Tandem
infertur, quàm inepte sponsi, dum assignatur per parentes dos sponsae, timentes ne excedat meram
signatam in curiis Matriti, […] petant tertium’constituere dotem sponsae: & similiter ipsae sponsae
timentes ne arrhae promissae à uiro excedant decimam bonorum, postulent tertium quendam eas
promittere: si enim tertius ille ex propriis bonis dotem, aut arrhas constitueret, licitum esset (ut
dixit in praec.) Cùm tamen ex propriis bonis nunquam id faciat, manifesta est fraus, & iniustitia»
(Sánchez, 1672: 431-432).
12 ADC DCC 13 16 2.
13 Para facilitar la comprensión y relaciones entre los diferentes nombres presentados a continuación,
remitimos a la Figura 2.
14 ADC DCC 3 5 1 y ADC DCC 23 5 1.
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marido, permaneciese fiel a su memoria sin volver a casar (Bermejo Hernández,
1988: 185-187; Bolufer Peruga, 2010: 222-224). Es necesario puntualizar, por supues-
to, que cuanto mayor fuese el estatus y la influencia de la viuda, mayor eran sus
posibilidades de contravenir las imposiciones sociales, fuesen éstas del carácter
que fuesen (Coolidge, 2007: 208-210).
En el caso de las 300 libras que don Juan Bautista Catalá prometía a doña Ana
María de Zapata y Calatayud, no nos hallamos ante una excepción. Se obligaban
los mayorazgos con tal de asegurar la pensión, pero se explicita de forma habitual
que ésta se entregará «por todos los días de su vida, conservando viudez y no
pasando a otro estado, aunque sea el de religión»15. Es decir, en caso de que doña
Ana María contrajese matrimonio por una segunda vez, perdería su derecho a re-
cibir la pensión de viudedad de su primer enlace. Esta situación no es en absoluto
sui generis, pues a nivel general –tanto en la península como en otros estados eu-
ropeos– se penalizaban las segundas nupcias de las viudas, principalmente dentro
del primer año de viudedad: el llamado any de plor en el Reino de Valencia, aunque
las limitaciones legales y económicas no se limitaban exclusivamente a éste (Bení-
tez Sánchez-Blanco, 1992: 58; Guillot Aliaga, 2001: 282-283). Estas circunstancias y
limitaciones afectaban principalmente a las mujeres, lo que se refleja, a su vez, en
los datos de otros estudios concernientes a los nuevos enlaces de los viudos y las
viudas, siendo más frecuentes las segundas nupcias de los varones, pues se encon-
traban más libres a la hora de contraer nuevos matrimonios, al contrario que ellas
(Bideau, 1980: 33-35).
Figura 2: Árbol simplificado de los matrimonios mencionados de la casa de los condes de Cirat y la de
los condes del Real. Elaboración propia en base a SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10; SNOAHN,
FERNÁN NÚÑEZ, C16, D9, ADC DCC 13 1 1 y ADC DCC 23 5 1.
Un hermano de doña Ana María casaría con otra rama de los Zapata de Ca-
latayud valenciana, es decir, la Casa de los condes del Real: don José Zapata de
Calatayud –que sería también conde de Cirat y Villafranqueza– contrajo así matri-
monio con doña Felicia Zapata de Calatayud y Ferrer, hija de Ximén Pérez Zapata
de Calatayud y doña Francisca Fernández de Híjar16. En estas uniones se continúa
15 ADC DCC 3 5 1.
16 Sección Nobleza Archivo Histórico Nacional (en adelante SNOAHN), FERNÁN NÚÑEZ, C2118,
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58 Antonio López Amores
evidenciando el desempeño de una estrategia matrimonial concreta, por cada una
de las respectivas familias involucradas, pues el destino de una de ellas influirá en
las demás, principalmente después del reparto de las herencias.
Uno de los matrimonios más ventajosos que se realizaron en la señalada gene-
ración fue, precisamente, para con una de las hermanas de la mencionada doña
Felicia Zapata de Calatayud, de nombre Agustina, que casó con don Jaime Miguel
de Guzmán Spínola, marqués de la Mina17, el 17 de abril de 1733 en la ciudad de
Valencia. Era éste un personaje de gran importancia, pues aunaba los cargos, entre
otros, de «theniente general de los exércitos de Su Magestad cathólica, comandante
general del Reyno de Aragón y presidente en su Real Audiencia de la Ciudad de
Zaragoza». Estas ocupaciones provocaban que el servicio militar en la península
italiana le tuviera ocupado en el momento de las nupcias, debiendo otorgar plenos
poderes a don Juan Luis López, II marqués del Risco18, para la negociación de los
términos del enlace. Asimismo, y debido a la ausencia de don Jaime Miguel de
Guzmán, cuya residencia radicaba en Italia, también otorgó poderes adicionales al
marqués del Risco para que contrajera las nupcias en representación suya19.
Para constatación de lo dicho anteriormente al respecto de las facilidades o di-
ficultades de uno y otro género para contraer matrimonio en diferentes ocasiones,
el marqués de la Mina había enviudado recientemente de su primera mujer, doña
María Francisca Funes de Villalpando, y poco después ya se establecían los planes
para su siguiente matrimonio. Su segunda esposa, doña Agustina, permanecería en
el estado de viudez hasta su fallecimiento en febrero de 1789, cumpliendo con rigor
con la normativa social de la época20.
El matrimonio entre ambos supone otro ejemplo de un enlace planeado hasta el
detalle. Y, como afirmábamos anteriormente, un punto de contacto de gran impor-
tancia, no sólo entre los contrayentes, sino también –o, más bien, sobre todo– para
las dos familias involucradas. Así, los desposorios implicaban habitualmente las
haciendas de ambas Casas, y abrían las puertas al establecimiento de redes y alian-
zas, al mismo tiempo que, en ocasiones, también suponían el estallido de disputas
(Pla Alberola, 1987: 113-114).
El montante total de la dote entregada por la familia de los condes del Real al
marqués de la Mina sería de 31.772 libras, 17 sueldos y 5 dineros y medio en mo-
neda valenciana21. Una cantidad en absoluto despreciable si la comparamos con
las aportadas en otros matrimonios de la nobleza del Reino de Valencia e, incluso,
D10; SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C16, D9 y ADC DCC 23 5 1.
17 Para más información sobre este reputado y conocido personaje, remitimos a una obra de reciente
publicación: Barea Amorena, Ernesto (2016): Jaime de Guzmán y Spinola, Capitán General de Cataluña,
II marqués de la Mina, Alicante, Editorial Club Universitario.
18 Natural de Huencavelica, Perú, donde su padre, primer marqués y conocido por ser autor de
numerosas obras de derecho e historia, desempeñó las labores de gobernador (Muro Orejón, 1946:
788-793).
19 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10 y Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), OM-
EXPEDIENTILLOS, N. 12029.
20 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2290, D7.
21 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10.
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El arte del buen casar: matrimonio y viudedad en el siglo xviii valenciano 59
si se coteja con la aportada en el caso de la propia hermana de doña Agustina, de
nombre Inés, que casó con don Juan José Azlor, conde de Guara, entregando como
dote 21.773 libras (Catalá Sanz, 1995: 294-298). Esta diferencia indica con precisión
la ventaja de las nupcias acordadas, para las cuales los padres de la esposa condi-
cionaron diferentes bienes, en un proceso cuidadosamente planificado.
En el caso de doña Agustina, se trata de una dote adventicia, es decir, conforma-
da en su gran mayoría por bienes que provenían de la rama materna de la familia,
lo cual no resultaba extraño y, pese a ser la dote deber del padre, se solían incor-
porar a menudo los bienes parafernales de la madre (Catalá Sanz, 1995: 296-297;
Benítez Sánchez-Blanco, 1992: 61). Se reunió así una notable cantidad, a través de
diferentes donaciones y herencias, realizadas por los familiares más acaudalados
en el momento de su fallecimiento. En primer lugar, el conde del Real restituye la
dote de doña Francisca Fernández de Híjar, su esposa y madre de doña Agustina,
a la cual corresponde, por ser una de los cuatro herederos dejados por aquélla, un
total de 21.772 libras, 17 sueldos y 5 dineros y medio en moneda valenciana, con lo
cual se conformaban ya más de dos tercios del total de la dote22.
Llegados a este punto, puede llamar especialmente la atención la fuerte dife-
rencia entre la dote de doña Agustina y la de su madre que, incluso dividida entre
cuatro herederos, supone una cifra elevada en relación a los otros matrimonios del
momento. La notable dote de ésta, doña Francisca Fernández de Híjar, que contrajo
matrimonio en el año 1699, vino constituida básicamente por dos personajes: en
primer lugar, el padre de ésta, don Luis Fernández de Híjar, conde de Belchite; en
segundo, por otra mujer, la duquesa de la Palata y princesa de Massa, doña Fran-
cisca Toraldo y Aragón, su abuela23. Compuesta por diferentes bienes, la aportación
de ambos al matrimonio con el conde del Real constaba de:
Ciento diez y ocho mil setecientos sessenta y un ducados de vellón, un real y
doce maravediz y medio, esto es: veinte y siete mil ocho cientos ducados de vellón
en un duro o censo sobre la villa de Madrid; mas diez y siete mil quarenta y cinco
ducados de vellón y seis reales, en un legado de diez mil libras jaquesas de la dicha
señora condesa de Belchite, hecho a favor de la referida señora condesa de Real;
mas treinta y dos mil setecientos veinte y siete ducados de vellón y tres reales,
en un vale de seis mil doblones firmado por Melchor Bannobe; y los restantes
quarenta y un mil ciento ochenta y ocho ducados de vellón, cuatro maravediz y
medio en joyas, plata labrada, perlas, oro y alajas24.
Realizando una sencilla equivalencia entre los ducados de vellón y la moneda
valenciana calculamos que el total de la dote de doña Francisca Fernández de Hí-
jar fue de, aproximadamente, 87.091 libras, 9 sueldos y 10 dineros. Cantidad que,
enmarcada en el entorno económico matrimonial del siglo XVIII destaca sobrema-
nera, mientras que, contextualizada en el régimen dotal del XVII –el siglo con ma-
22 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10.
23 Remitimos a la Figura 3 con tal de poder ver un desglose simplificado de las dotes de doña Agustina
Zapata de Calatayud y su madre, doña Francisca Fernández de Híjar.
24 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10.
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60 Antonio López Amores
yores cifras en lo que a dotes se refiere de toda la Edad Moderna (Catalá Sanz, 1993:
171-175)– y en el rango de la más alta nobleza, se sitúa entre las más engrosadas.
Por tanto, y con tal de ilustrar la meticulosidad con la que se estructuraba el
ingente pago de las dotes en la nobleza, la gran aportación que en su momento
realizó doña Francisca Toraldo y Aragón, duquesa de la Palata, vendría a financiar,
treinta y cuatro años más tarde, más de dos terceras partes de la dote de su bisnieta,
doña María Agustina Zapata de Calatayud, en unas nupcias claramente ventajosas.
Para completar la cantidad, el conde del Real añadiría 10.000 libras valencianas
adicionales de sus propios bienes, lo que unido a las 21.772 libras, 17 sueldos y 5
dineros y medio conformaron el total definitivo aportado por la familia de la espo-
sa al matrimonio con el marqués de la Mina.
Figura 3: Diagrama familiar con las herencias y donaciones que constituyeron la dote de Agustina Za-
pata de Calatayud Fernández de Híjar y su madre. Elaboración propia en base a SNOAHN, FERNÁN
NÚÑEZ, C2118, D10.
A la luz de estas cantidades, podemos apreciar que la dote aportada en el ma-
trimonio de la hermana de doña Agustina, doña Inés, mencionada anteriormente,
equivale a esta misma suma, es decir, a un cuarto de la dote de la madre de ambas,
doña Francisca Fernández de Híjar. Este hecho permite deducir, por un lado, que
el descenso de estos valores hacia el siglo XVIII permitió el dotar a varias hijas de
un modo acorde a su posición y, por otro lado, que la donación adicional de 10.000
libras valencianas realizada por el conde sirvió para capacitar el enlace de doña
Agustina con una familia de mayor abolengo, como era la del marqués de la Mina.
Es en estas maniobras donde se muestran las estrategias concebidas por la Casa
y la gestión económica que en ellas se hace, así como el alcance y la transferencia
durante generaciones que pueden llegar a tener los grandes pagos afrontados por
las familias de la aristocracia, como eran dotes o pensiones de viudedad.
Al igual que sucedía en los casos presentados anteriormente, el marqués de la
Mina se comprometió –o, más bien, el marqués del Risco, en su lugar– a «obligar»,
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El arte del buen casar: matrimonio y viudedad en el siglo xviii valenciano 61
es decir: comprometer, todos sus bienes que fuesen necesarios con tal de asegurar,
llegado el caso, la restitución de la dote, las arras y los derechos de viudedad. Asi-
mismo, también daba palabra de pedir el permiso real para poder extraer capital,
si no fuese suficiente con sus otros bienes, de sus mayorazgos, encomiendas e, in-
cluso, de su sueldo como militar25. No es de extrañar que se tratase de «asegurar»
con tanto ahínco estos sueldos, materia en la que sin duda debía estar implicada la
familia de la futura esposa, pues la viudedad era un estado que, para las mujeres
de la nobleza, implicaba mayor rango de maniobrabilidad tanto a nivel social como
económico, pero acarreaba también una serie de posibles dificultades que podían
tornar la existencia de la viuda mucho más precaria de lo esperado para una fami-
lia de la aristocracia (Guillot Aliaga: 2001: 269). Además, el interés con tal de impli-
car al marqués de la Mina para que comprometiese mayorazgos y sueldos, entre
otros bienes26, era mayor cuanto mayores resultaban los derechos de viudedad. En
los capítulos matrimoniales, don Jaime Miguel de Guzmán se comprometía a en-
tregar a su esposa 330 libras al año en caso de la restitución de las arras hasta el fin
de sus días, y 1.200 libras al año como pensión de viudedad mientras conservase
este estado. Así, se entiende nuevamente la fuerte vinculación existente entre el es-
tablecimiento del matrimonio y la viudedad, que como mencionamos más arriba,
era legitimada por el propio esquema social. Ya fuese por estas razones o por otras,
doña María Agustina quedaría viuda y permanecería sin volver a contraer espon-
sales hasta su muerte ya en las postrimerías del siglo27.
Es hacia el final de los capítulos matrimoniales, en la octava condición que se
describe, donde se puede hallar la pieza que hace encajar, perfectamente, el enlace
acordado, el esfuerzo económico y las propias estrategias de ascenso y consoli-
dación de la familia. Así, se establecía que doña Agustina, «se da por contenta y
satisfecha de todos los derechos y acciones que tiene y le pueden pertenecer en los
bienes dotales que trajo en su capitulación matrimonial o en qualquiera otra mane-
ra», por lo que, en la práctica, renunciaba a cualquier otra herencia que le pudiese
corresponder. Al mismo tiempo, se estipulaba que: «dicha renuncia la hace dicha
señora doña María Agustina en favor del señor don Francisco Zapata de Calatayud
Fernández de Hijar, primogénito del dicho conde de Real, su hermano»28. En defi-
nitiva, la futura esposa del marqués de la Mina no podría recibir ninguna herencia
adicional, más allá de las acordadas en su dote, y cualquier herencia que pudiera
haber recibido, recaía así sobre el primogénito, don Francisco Zapata de Calatayud.
Con ello, se matizaba enormemente el esfuerzo económico realizado al dotar
a la hija, pues, si bien se aseguraba la familia de que ésta tuviese asegurada su
posición como esposa y unas pensiones de viudedad adecuadas, se priorizaba la
capacidad de heredar del primogénito, lo que formaba parte clave de la estrategia
25 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10.
26 También obligó cantidades pendientes de resolución en pleitos, diferentes objetos de gran valor
como vajillas de plata o tapices, junto a las rentas de varios palacios italianos en disputa con otros
miembros de su familia.
27 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2290, D7.
28 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10.
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básica de muchas Casas de la aristocracia. El propio don Francisco, por ser hermano
de la futura esposa y por estar directamente implicado en el resultado del enlace fue
uno de los firmantes, además de mostrar su conformidad con entregar parte de la dote
en un censo al que también tenía derecho, prometía «no hir en tiempo alguno contra
lo contenido en aquél [el capítulo que le competía] bajo la obligación que hace de sus
bienes havidos y por haver»29. Con ello, se prueba que el acuerdo de unas nupcias
distaba de afectar de un modo exclusivo a la pareja prometida, sino que involucraba
extensivamente a todo el núcleo familiar, pudiendo con facilidad propagar e implicar
a otros miembros adicionales.
Esta práctica, basada en la constitución de una buena dote y la exclusión de la he-
rencia de la esposa existía, al menos, desde la Baja Edad Media; sin embargo, en terri-
torios como el Reino de Valencia no resultaba especialmente frecuente (Catalá Sanz,
1995: 181; Furió, 1990: 323). A este respecto, la autoridad del paterfamilias resultaba casi
absoluta, aumentando conforme avanzaba el siglo XVIII, pues, si ya en la etapa foral
podía excluir libremente a cualquiera de sus herederos de la legítima –en ocasiones
como recurso a no seguir las estrategias matrimoniales establecidas por la Casa–, a
partir de la Pragmática Sanción de 1776 los hijos e hijas que desobedecían la autoridad
paterna a la hora de contraer matrimonio venían directamente excluidos de cualquier
herencia, sin poder realizar reclamación alguna (Chacón Jiménez y Méndez Vázquez,
2007: 63-66; Pla Alberola, 1987: 116-117).
Es precisamente un conde de Cirat, don Miguel Catalá Zapata de Calatayud30, una
figura que tomará la decisión de este corte, excluyendo a su hija Ana María de la he-
rencia, tras aportar a su enlace una dote de 20.000 pesos (Catalá Sanz, 1995: 181). Sin
embargo, este conde de Cirat y Villafranqueza también había entrado en un pleito por
la obtención de un mayorazgo para su hija, procedente de la rama familiar de su pri-
mera esposa, doña Antonia Gil Delgado. De este modo, doña Ana María casaría en el
año 1788 con don Antonio Martínez de Medinilla, recibiendo la dote acordada, un ma-
yorazgo secundario fundado en 1598 por Gerónimo Meneses en la ciudad de Burgos y
la exclusión de cualquier posible otra herencia, que quedaría para la rama fundada en
el matrimonio de su segunda esposa, doña María del Rosario Hurtado de Mendoza31.
Es así como se imbrican diferentes aspectos que coadyuvan para conformar una
estrategia o dinámica familiar que impera entre las diferentes prioridades individuales
de sus miembros. En ella, recursos como las diferentes dotes que una familia preveía
aportar, las herencias y mayorazgos disponibles provenientes de sus diferentes miem-
bros –en ocasiones desde varias generaciones precedentes–, la victoria sobre pleitos
y otros litigios, componen un conjunto, no limitado exclusivamente a estos factores,
que ilustra la fuerte vinculación existente entre la agenda matrimonial de una Casa y
el patrimonio al que tiene acceso. Este punto ha sido puesto de relevancia desde hace
29 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10.
30 Hijo de los ya mencionados doña Ana María Zapata de Calatayud y don Juan Bautista Catalá,
nacido el 1 de marzo de 1721. Sería su hijo, don Pedro de Alcántara, el que contraería matrimonio
con la hija del marqués de Dos Aguas, doña Joaquina Perellós. ADC DCC 23 5 1. Consultar Figura 1
y Figura 2 para más información.
31 AHN, Consejos, leg. 31317, exp. 10; ADC DCC 23 5 1.
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años gracias a las investigaciones que profundizan en la historia de la familia (Chacón
Jiménez, 1987: 14). A ello debe añadirse la ampliación de fronteras que realizaban las
Casas nobiliarias gracias a los matrimonios de las hijas, destinadas ora a la vida religio-
sa, ora a enlaces con personajes que favoreciesen el crecimiento de las redes familiares
y clientelares de sus respectivas familias.
3. Consecuencias del matrimonio para la mujer noble
Tal y como hemos mostrado en las páginas precedentes, la constitución de los ca-
pítulos matrimoniales era un paso de alta importancia, tanto para la esposa y marido
como para el resto de la familia implicada, donde se asentaban las bases económicas
que reglamentarían buena parte de la vida de la mujer en el caso de que llegase al
estado de viudedad; sin embargo, también dictaban las normas básicas que debían
respetarse durante el matrimonio de la pareja.
Por ello no es de extrañar que en estos acuerdos entre familias se explicitasen las
pensiones anuales de las cuales las esposas podrían disponer libremente, destina-
das para su uso personal, las cuales venían denominadas como «alfileres o «gastos
de cámara» (Catalá Sanz, 1995: 303)32. Estas cuantías formaban parte, también, de las
negociaciones emprendidas por las familias de las novias, donde influía de manera
considerable el abolengo de su Casa de origen. En el referido matrimonio entre la hija
de los condes del Real, doña Agustina Zapata de Calatayud y el conocido marqués de
la Mina, se le otorgarían a aquélla 1.000 libras de moneda valenciana, sin expresar o
aportar más datos al respecto33. Sin embargo, ya hacia finales de siglo, en los capítulos
firmados entre el hijo de los condes de Cirat y Villafranqueza y la hija del marqués de
Dos Aguas, hallamos una explícita referencia a que sea la esposa, y no el marido, la
que administre con total independencia estas anualidades: «cuya cantidad ha de poder
usar libremente como de cosa suya propia con independencia absoluta del expresado
excelentísimo señor don Pedro, su futuro esposo y de otra qualquier persona»34.
Desconocemos si, a lo largo del siglo XVIII, se produce una pérdida de confianza
en la solidez e individualidad de estas pensiones anuales, (ya que entre ambos ma-
trimonios transcurren casi sesenta años); sin embargo, sí que se constata la existencia
de una fuerte crítica de cariz misógino hacia la vida matrimonial. Destacan, sobre
todo, los col·loquis, una versión valenciana de la literatura de cordel que hacía énfasis
en la sátira en contra de la mujer, retratando a las novias y esposas de la época como
despilfarradoras y holgazanas (Gomis Coloma, 2010: 258-262).
Por ello, no resulta extraño que tanto el padre como la madre de la esposa que
también entregaban, en la mayoría de los casos, una cuantiosa dote, buscasen ase-
gurarse de que su hija gozase plenamente de lo discutido y acordado en los capí-
tulos matrimoniales.
Al contrario de lo que las sátiras del momento pudiesen indicar, las vidas de las
esposas de la nobleza se encontraban cargadas de responsabilidades. Asimismo, con
32 ADC DCC 13 51 1; SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10.
33 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10.
34 ADC DCC 13 15 1.
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la llegada del siglo XVIII, éstas no harán sino aumentar, permitiéndoles cosechar
nuevas cotas de independencia y visibilidad que, si bien durante los siglos preceden-
tes ya se daban en ocasiones, no lo hicieron con la frecuencia propia del Siglo de las
Luces. Eran éstas mujeres:
informadas, con capacidad de decisión y resolución, visibles, que se hacen
presentes elaborando reglamentos de cómo cobrar sus rentas, escribiendo
ordenanzas municipales, designando cargos concejiles, vigilando la moral y las
buenas costumbres en sus jurisdicciones, disciplinando y troquelando conductas,
haciendo de intermediarias en los conflictos entre su Casa y vasallos díscolos, o
actuando como «mater familias» que utilizando la vía de la petición y su respuesta, la
merced, conceden limosnas, resuelven solicitudes y peticiones de socorro y servicio,
pero que también, en esa misma función maternal, castigan comportamientos
inadecuados a sus intereses (Atienza Hernández, 1992: 636).
Si bien muchas mujeres nobles alcanzaban este nivel de actividad e influencia con
el paso a la viudedad, muchas de ellas ya habían desarrollado largamente sus com-
petencias, bien durante su formación, o más a menudo durante el gobierno de las
propiedades y señoríos, sobre todo durante las ausencias de los esposos. Ello hacía
que, al fallecer, pudiesen ser designadas usufructuarias en las últimas voluntades del
paterfamilias, lo cual formalizaba notablemente su rango de acción (Guillot Aliaga,
2001: 280-281; Fink De Backer, 2010: 114-122).
El gobierno de la mujer en ausencia del marido era algo que, dentro del marco
patriarcal tradicional del Antiguo Régimen, se recomendaba, en buena medida para
favorecer también el buen desempeño de la convivencia y del funcionamiento del
hogar (Bolufer Peruga, 2010: 222-223). Es en este punto donde hallamos la situación
de doña María Agustina Zapata de Calatayud. Dadas las notables ausencias de su
esposo, don Jaime Miguel Guzmán Spínola, ella recibió, en el mes de octubre del
mismo año de su boda (1733), todos los poderes necesarios para poder administrar
y gobernar «su hazienda y bienes», en representación de la propia persona del
marqués35.
En definitiva, eran varias las obligaciones que la esposa contraía en el momento de
casar, favorecidas posiblemente en función de su educación, intereses y capacidades, así
como de otros factores relativos a la vida marital, destacando principalmente el régimen
de ausencias del marido. Junto a las escrituras de poderes se encontraban también
los capítulos matrimoniales que, como hemos mostrado, fundamentaban aspectos
esenciales como los gastos de cámara o las pensiones que podría recibir la mujer. Estos
últimos, en caso de enviudar, se probarían de especial importancia, dada la acuciante
necesidad que de ellos tenían las viudas.
4. Conclusiones
Conforme a lo expuesto previamente, podemos afirmar que existen una serie de pa-
35 SNOAHN, FERNÁN NÚÑEZ, C2118, D10.
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El arte del buen casar: matrimonio y viudedad en el siglo xviii valenciano 65
trones que en base a la documentación y bibliografía permiten realizar algunas reflexio-
nes de carácter general y, por tanto, sujetas a variaciones y excepciones. Asimismo, y tal
y como indicábamos al inicio de este texto, a lo largo del siglo son numerosos los cam-
bios que acontecen, tanto a nivel social como dentro del propio estamento nobiliario, en
clara situación de paulatina decadencia.
De todo ello, quizás el punto de mayor importancia sea, una vez más, el gran detalle
existente en la elaboración de los capítulos matrimoniales. Es en ellos donde se vuel-
can los intereses –tanto coincidentes como cruzados– de las Casas implicadas, y donde
se vislumbran las aspiraciones de ascenso, expansión y consolidación de las mismas.
Fruto del papel capital de estos contratos en los enlaces, se aprecia una continuidad en
el uso de los bienes de las familias, empleando en las donaciones acordadas capitales
procedentes de herencias o de antiguas dotes.
Asimismo, se evidencia un fuerte grado de conexión entre el acto matrimonial y el
estado de la viudez para las mujeres. Durante los pasos previos a las nupcias y en las
mencionadas negociaciones, se preparaba el marco legal que regiría las futuras condi-
ciones de la mujer en caso de que premuriese su esposo, de modo que aquélla pudiese
sobrevivir y, llegado el caso, mantener también a los/as posibles herederos/as. Era pre-
cisamente durante la viudedad cuando la mujer podía desvincularse, en cierta medida,
de la figura masculina, pudiendo realizar acciones con mayor independencia, y simul-
táneamente, pasando a ser más vulnerable ante el propio sistema. Asimismo, esta inde-
pendencia se desvanecía si contraían segundas nupcias, momento en el que volvían a
estar adscritas a otro varón y perdían ciertas ventajas económicas como las pensiones de
viudedad o, en algunos casos, el usufructo de los bienes del anterior esposo.
En definitiva, el arte del buen casar era, por un lado, el poder conceder a la propia
hija no sólo un matrimonio digno y conforme a su estrato social, sino también el dotar-
la de una viudedad «asegurada» completamente blindada. Pero se trataba, al mismo
tiempo, de conseguir que el enlace celebrado encajase perfectamente con las estrategias
familiares del linaje que, en muchas ocasiones, pretendían favorecer la situación del
primogénito varón y principal heredero. Con todo ello se esperaba ampliar las redes de
las que disponía la Casa y, simultáneamente, facilitar también la aglomeración de poder
y patrimonio dentro del cuerpo principal de la familia, gracias a la potente vinculación
existente entre el paterfamilias y el primogénito.
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Asparkía, 30; 2017, 51-67 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.3
CARLA TORRES LLOP1
Marquesa de Sietefuentes. Víctima y culpable
de la Conjura Camarasa
Marquise of Sietefuentes. Victim and guilty
of the Camarasa Conspiracy
Resumen
Todavía hoy se conserva en Cagliari (Cerdeña) la losa en que fue inscrita la «perpetua
nota de infamia» contra los autores y la autora de la Conjura Camarasa. La lápida se empla-
zó en la fachada del edificio construido sobre las ruinas de la casa de Don Antonio Brondo,
desde donde se disparó en 1668 al entonces virrey Don Manuel de los Cobos, marqués de
Camarasa. Tan solo un mes antes había sido asesinado uno de los nobles más distinguidos
de Cerdeña, el marqués de Laconi. La marquesa de Sietefuentes, esposa de este último, fue
imputada como instigadora de las dos muertes. El suceso se conoce como la Conjura Cama-
rasa y no fue sino el epílogo a varios años de tensiones acumuladas entre los estamentos y
la Corona.
Palabras clave: Francisca de Zatrillas, marquesa de Sietefuentes, Cerdeña, marqués de Ca-
marasa, marqués de Laconi, revueltas nobiliarias, monarquía hispánica, Mariana de Austria.
Abstract
There still remains in Cagliari (Sardinia) the slab in which was engraved the «perpetua
nota de infamia» [note of perpetual infamy] against the perpetrators of Camarasa
Conspiracy. The stone was emplaced on the building’s façade erected over the ruins of Don
Antonio Brondo’s house. It would have been from this house when in 1668 Don Manuel de
los Cobos, marquis of Camarasa, the viceroy, was death shot. Barely a month ago it had been
assassinated one of the most distinguished noble of Sardinia, the marquis of Laconi. The
marquise of Sietefuentes, the latter’s wife, was accused as the instigator of these two deaths.
The incident is known as Camarasa Conspiracy and it is not but the epilogue of several years
of accumulated tension between the estates and the Crown.
Keywords: Francisca de Zatrillas, marquise of Sietefuentes, Sardinia, marquis of Camarasa,
marquis of Laconi, nobility revolts, Spanish monarchy, Mariana de Austria.
Sumario
Introducción: la Cerdeña de Francisca de Zatrillas. 2. La marquesa de Sietefuentes y la
camarilla Castelví. 3. El parlamento y la conjura Camarasa ¿conjura femenina? 4. Francisca
de Zatrillas, por bárbara instigación de una mujer licenciosa2. 5. Conclusiones.
1 Máster universitario en Investigación Aplicada en Estudios Feministas de Género y Ciudadanía.
Universidad Jaime I, Castellón;
[email protected]2 por bárbara instigación de una mujer licenciosa, aunque de ilustre nacimiento, y esta- do, que atribuyó a la
autoridad del marqués los crímenes de su malicia . Suceso que puso aquel reino en eminente peligro y causó
grandes tribulaciones a mucha de su principal nobleza. (Salazar, 1694: 558-559)
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
70 Carla Torres Llop
1. Introducción: la Cerdeña de Francisca de Zatrillas
Para perpetua nota de infamia de que fueron traydores del rey nuestro señor don
Jaime Artal del Castelví que fue marqués de Cea, Doña Francisca Çetrillas que fue
marquesa de Sietefuentes, don Antonio Brondo, don Silvestre Aymerich, don Francisco
Cao, don Francisco Portugués y don Gavino Grixoni como reos de crimen lese magestad
por homicidax del marqués de Camarasa virrey de Cerdena fueron condenados a muerte,
perdida de bienes y de honores, demolidas sus casas conservando en su ruina eterna
ignomia de su nefanda memoria y por ser en esto sitio la casa de donde se cometió delicto
tan atroz a veynte y uno de jylio de mil seiscioentos sesenta y ocho se erigio este epitaphio3.
Doña Francisca de Zatrillas nació en Cagliari (Cerdeña) en 1642 y murió en-
torno a 1673 acusada de los crímenes que dan nombre al episodio más sangriento
de la historia de Cerdeña: la Conjura Camarasa. El suceso tuvo lugar en 1668 bajo
el reinado de la regente Mariana de Austria. La Monarquía Hispánica atravesaba
una coyuntura complicada. Los problemas de salud que aquejaban al futuro rey
Carlos II o los múltiples ataques lanzados desde dentro y fuera de sus territorios
desestabilizaron la que tiempo atrás habría sido conocida como la Monarquía
Universal. El reino de Cerdeña participó de algún modo en la profunda crisis que
fragmentó las relaciones entre los estamentos y la Corona en el transcurso de la
segunda mitad del siglo xvii.
Hablar de Cerdeña es hablar de Corona de Aragón (Manconi, 2010: 14). Cer-
deña llevaba participando del entramado institucional de la Corona aragonesa4
desde el siglo xiv. De hecho, es el único territorio de los hoy pertenecientes a Italia
que tras la configuración del sistema polisinodial se mantiene bajo el paraguas
del Consejo de Aragón. La vinculación, sobre todo con el reino de Valencia y el de
Cataluña es ineludible. La particularidad más inherente a estos reinos es su tra-
dición pactista, que en Cerdeña se manifiesta en la celebración de Parlamentos.
En el xvii el funcionamiento de las Cortes –que no la dinámica pactista– decaerá
para los reinos aragoneses debido, en parte, al absentismo real. Paradójicamente,
debido a la atipicidad de sus asambleas, esta etapa coincidirá con el momento de
más dinamismo parlamentario en Cerdeña. Luis Guía señala este como uno de
los motivos en que radica su mal funcionamiento: a su desfasamiento temporal
se le unen los conflictos que se viven entre los estamentos y una feble tradición
jurídica (2012: 15).
Otra de los parentescos entre los reinos aragoneses peninsulares y Cerdeña es
su nobleza. La gran mayoría de linajes nobiliarios sardos tienen origen valencia-
no o catalán. Este desdoble de casas señoriales entre la ínsula y la península tiene
una repercusión significante en la política. Asimismo, con el devenir de los años
3 Transcripción de la losa en la fachada del nº 32 de la calle Nicolò Canelles (Cagliari, Cerdeña). El
edificio fue construido sobre las ruinas de la casa de Don Antonio Brondo, desde donde en 1668 los
integrantes de la camarilla Castelví, dispararon al virrey marqués de Camarasa.
4 Sobre las instituciones gubernativas en la Corona de Aragón, consultar: Corona Marzol, Carmen
(2009): «Las instituciones políticas en la Corona de Aragón desde sus orígenes al reinado de Carlos
II» en Revista Millars, N. 32 (2009), pp. 97-122.
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Marquesa de Sietefuentes. Víctima y culpable de la Conjura Camarasa 71
–y de los siglos– la nobleza sarda se irá emancipando de la peninsular y definirá
sus propios intereses de manera independiente. La monarquía les concederá tí-
tulos, mercedes y patronazgos a cambio de fidelidad, sobre todo en el siglo xvii
cuando apremie a los reinos a conceder donativos más onerosos5 con los que
hacer frente a los ataques que sufre6. La tesitura se traduce en una doble fidelidad
por parte de estas «nuevas» casas: por una parte se muestran leales con el mo-
narca por las mercedes con que les premia sus servicios, y por otra se manifiestan
devotos a la tradición pactista catalano-aragonesa (Manconi, 2008: 17).
Cerdeña vería perjudicadas las relaciones con la Corte en los últimos años del
seiscientos principalmente desde que se implantara en su territorio la política
militar del conde-duque de Olivares, la Unión de Armas (1626). La monarquía
exprimía los pocos recursos sardos que quedaban tras los desastres de la peste en
la demografía y la economía7 sometiéndolos a una sangradura humana y econó-
mica sin precedentes. No obstante, en un principio, las élites sardas se mostrarían
colaborativas con la iniciativa real, pues vieron en el proceso una oportunidad
para estrechar relaciones con la Corte y ascender socialmente a través de merce-
des y honores. Manconi subraya: «L’adhesió incondicionada a l’Unió d’Armes no s’ha
de llegir com una dissociació política conscient respecte als valors nacionals catalans, sinó
com la recerca obligada per als nobles de nous camins per al patronatge reial» (2007: 418).
Esta fórmula, además, aseguraba a la Corona que el proceso sería pacífico y no
desembocaría en otra revuelta8.
A medida que aumentaba la presión fiscal por parte de la Corona, la situación
financiera de la élite sarda se veía cada vez más comprometida. La mayoría de
familias estaban endeudadas: era evidente que la monarquía tenía una necesidad
apremiante por obtener el donativo sardo. Como consecuencia, se fraguó un gru-
po nobiliario, los revisionistas, que demandaba al rey de España la exclusividad
de los cargos administrativos para los naturales de Cerdeña. Estos cargos eran los
más «honrosos y aventajados»9; disponer de ellos suponía poder saldar las deudas
a las que habían sido abocados.
La monarquía por su parte expidió gran cantidad de títulos nobiliarios y há-
bitos militares para favorecer el proceso parlamentario. El condado de Cúller y
el marquesado de Sietefuentes, títulos que ostentaba la mujer entorno a la cual
versa este artículo, fueron otorgados en esos años a la familia Zatrillas.10 Dicha
5 El donativo entre el primer y el segundo cuarto del seiscientos se incrementa de 38.500 a 208.500 liras
sardas (Anatra, 1997: 67-68).
6 Acerca de los donativos a la Corona, se recomienda consultar Manconi, Francesco (2010): «Para
los reales exercitos de su Magestad. La aportación de la nobleza sarda a las guerras de la Monarquía
Hispánica (1626-1652)» Diritto @ Storia , nº 9 http://goo.gl/glygsl [Consulta: Febrero, 2016].
7 Sobre la peste y sus consecuencias, consultar Manconi, Francesco (1994): Castigo de Dios. La grande
peste barocca nella Sardegna di Filipo IV. Donzelli, Roma (1999) «La peste en Cerdeña a mediadops del
siglo XVII. Cuestiones demográficas y sociales» Obradoiro de Historia Moderna, nº 8, pp.121-134.
8 ACA, CdA, leg.1140. Negocios notables de Cerdeña, sobre la donación.
9 Real Academia de la Historia (en adelante RAH); Salazar y Castro, 40785/K40. Carta con que se da
aviso de los sucesos de Cerdeña, f. 254v.
10 Archivo Histórico Nacional (en adelante, AHN), colección Salazar y Castro (en adelante SC), f.142.
Proceso para la concesión del hábito de Calatrava a Gerónimo de Zatrillas.
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
72 Carla Torres Llop
casa recibió su abolengo nobiliario de manos de Felipe II quien intituló a Don
Ángel de Zatrillas conde de Cuglieri. Sin embargo, al nombramiento previsto
en 1595 le precede la muerte del susodicho y es su hijo D. Juan Bautista quien
recibe este honor.11Don Juan Bautista, padre de Francisca de Zatrillas, recibirá el
marquesado de Sietefuentes por sus servicios a la Corona en 1652. Todos los her-
manos y sobrinos de Doña Francisca fallecieron y así los títulos familiares fueron
a caer en sus manos, convirtiéndola en 1661 en condesa de Cúller y marquesa de
Sietefuentes. Unos años más tarde tomaría como esposo al marqués de Laconi,
su tío; hermano de su madre, Doña María de Castelví y Lanza12. Don Agustín de
Castelví, marqués de Laconi, era un hombre entrado en edad con una labrada
reputación en panorama político parlamentario de Cerdeña.
2. La marquesa de Sietefuentes y la camarilla Castelví
Resulta necesario hacer mención a la familia a la hora de abordar la historia
desde una perspectiva de género. María Victoria López Cordón considera el estu-
dio de la familia en cuestiones de género «una referencia indispensable para este
tipo de estudios, como elemento clave para la comprensión de las relaciones des-
iguales establecidas entre los dos sexos» (1998: 106). El ordenamiento político de
la época se articulaba entorno unas relaciones familiares muy jerarquizadas que
garantizaban la perduración de un sistema patriarcal. Francisca de Zatrillas y to-
das las mujeres de la época fuera cual fuera su condición social, estaba sometida a
la ley del padre o del marido. La estructura social las empujaba al matrimonio, un
acto jurídico que comportaría derechos y obligaciones desiguales entre las partes:
mientras para el marido suponía la emancipación del padre y la constitución de
una nueva familia a la cabeza de la cual estaba él, la mujer se volvía a ver atrapa-
da en las limitaciones que le pusiera el varón, esta vez su marido (López-Cordón,
1998: 108). Si bien la reflexión de Pateman fue producida siglos después a los
acontecimientos que se analizan en este artículo y que por tanto se refiere a cir-
cunstancias históricas muy dispares a la que se trata aquí, lo cierto es que se trata
del mismo fenómeno: «la diferencia sexual es una diferencia política» (1988:15).
Volviendo a la Cerdeña del diecisiete, la configuración del partido revisionis-
ta, la tirantez entre los nobles y el poder y entre los propios nobles sardos se había
intensificado. Dos familias pujaban por el poder en Cerdeña. Los Alagón, una de
las casas más antiguas de Cerdeña, de origen aragonés y emparentados con los
feudatarios de la Cerdeña de las judicaturas, –los Arborea– y con familias de la
península Ibérica muy próximas a la Corte. Y los Castelví, de origen valenciano,
que llegaron a Cerdeña más tarde y si bien no estaban muy bien relacionados
con la Corte madrileña y los nobles peninsulares, controlaban los dispositivos de
11 AAS[Consulta: Abril, 2016]
http://www.araldicasardegna.org/genealogie/dizionario_onomastico_familiare/zatrillas.pdf
12 AAS[Consulta: Abril, 2016]
http://www.araldicasardegna.org/genealogie/dizionario_onomastico_familiare/zatrillas.pdf
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
Marquesa de Sietefuentes. Víctima y culpable de la Conjura Camarasa 73
poder en la isla13. La casa Castelví había conseguido su influencia mediante una
política matrimonial que ramificaba y entrelazaba a sus miembros con otras fa-
milias importantes de Cerdeña o Sicilia como los Lanza, los Aymerich, los Alagón
o los Zatrillas. Precisamente Doña Francisca, de la casa Zatrillas, se casó con un
Castelví, don Agustín (Floris, 1996: 561-569).
Las casas de Castelví y Alagón habrían estado enfrentadas en algún tiempo
por la titularidad de unas tierras14. Don Agustín de Castelví, marqués de Laconi
y futuro esposo de la marquesa de Sietefuentes, un hombre de carácter «bullicioso
e inquieto»15 reabrió la herida. Pronto, lo que habría empezado como pura rivali-
dad entre casas nobles toma carices políticos. El partido Alagón, más cercano a
la Corte, harían fuerza contra la nueva agrupación revisionista desde el bando
«lealista», integrado por: los marqueses de Villasor (los Alagón), el príncipe de
Piombín, el fiscal Molina y su sobrino Gaspar Nuño, el vicecanciller Crespí de
Valldaura y el propio virrey, marqués de Camarasa. Entorno a la familia Castelví
se reúne la facción de nobles antagonista al poder virreinal. La camarilla que
tiene como portavoz al marqués de Laconi16 está dirigida desde la sombra por el
marqués de Cea y cuenta con apoyos en el brazo eclesiástico como el arzobispo
de Caller, don Pedro Vico17, o el abad Mateo Frasso18 desde la Corte. A tenor del
origen común de los constituyentes de la camarilla, se puede afirmar que ante
todo se trata de un partido familiar. Desde él se defienden políticas al hilo de los
intereses de esa casa y de su red clientelar. No ha de entenderse este partido como
algo abstracto o como un grupo de personas que comparten ideas: los integrantes
de la camarilla se reunían en casa de Doña Francisca y mantenían corresponden-
cia regular entre ellos para informarse acerca de los avances en las negociaciones
parlamentarias. Esta correspondencia fue finalmente incautada, estaba cifrada y
en ninguna carta se reflejaba el nombre verdadero de los destinatarios.
13 Algunas de las figuras más destacables e influyentes de la época fueron: el Marqués de Cea, Don
Artal; Don Jorge, hermano del primero; Matías de Cervellón, virrey interino; Mateo Frasso, abad
instalado en la Corte; y Pedro Vico, arzobispo de Cagliari. Todos relacionados con los Castelví.
14 Sobre esta cuestión consultar ACA, CdA, leg. 1137. Camorras entre los marqueses Laconi y Villasor.
15 ACA, CdA. Leg. 1136. Negocios notables de Cerdeña. s.f. Sobre la figura de Agustín de Castelví se
recomienda consultar el artículo de Manconi, Francesco (2003): «Agustín de Castelví, ‘padre della
patria’ sarda o nobile bandolero?» En Dirtitto@storia http://goo.gl/YYs5BP [Consulta: Junio, 2016].
16 ACA, CdA, 1134. Documentos y cartas en la resolución de los homicidios de Cerdeña: «haviendo visto el jefe
que así llamava por disfraz a su tío don Jorge, lo que se obraba en las Cortes, le parezía bien la constancia y
unión que tenían».
17 La figura de Pedro Vico es muy interesante en todo el proceso. Es de los pocos en la camarilla
que no pertenece a la familia Castelví. Habría ayudado ya al virrey Lemos como intermediario
cuando las Cortes de 1656, parece ser que era muy amigo de participar como mediador en todas las
disputas, con lo que ganaba honrosas mercedes de parte del rey. Consultar Revilla Canora, Javier
(2014ª): «Jaque al virrey, don pedro Vico y los sucesos de Zerdeña durante la regencia de Mariana de
Austria». Librosdelacorte.es, Monográfico 1, año 6.
18 ACA, CdA, leg. 1132, memorial de Mateo Frasso; Romero Frías, Marina (2003): Raccolta di documenti
editi e inediti per la storia della Sardegna, vol I. Doc.15.
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74 Carla Torres Llop
3. El parlamento y la conjura Camarasa ¿conjura femenina?
La Corona era sabedora de la difícil coyuntura a la que se iba a tener que enfrentar:
tensiones acumuladas a lo largo de años de descalabros económicos, problemas de
orden público, surgimiento de camarillas, etc. El partido de los revisionistas se había
hecho fuerte y exigía desde hacía tiempo la exclusividad de los cargos administrati-
vos sardos para los naturales. A la postre, el brazo militar había quedado desprovisto
de portavoz y las dos familias más leales a la Corona en las sesiones parlamentarias
no tenían derecho a ser representantes parlamentarios: los marqueses de Quirra19
habían perdido el privilegio por su ausencia prolongada de la isla y los marqueses
de Villasor se habían quedado sin un varón mayor de edad que pudiera participar en
el proceso. Estas circunstancias resultan en el nombramiento del marqués de Laconi,
don Agustín de Castelví, como portavoz. A esta obstrucción se le une la nulidad del
nuevo virrey, el marqués de Camarasa. Don Manuel de los Cobos había sido destina-
do a Cerdeña como castigo por su desastrosa gestión en su virreinato en Valencia20.
Al virrey se le encomendó una única tarea: conseguir el donativo de 700.000 escu-
dos con la mayor brevedad posible y prestando la mínima atención a las exigencias
de los estamentos. Una de las maneras en que se intentó limitar la oposición en el
Parlamento fue vetar el acceso a los descendientes por línea femenina. A subrayar
esta medida, máxime cuando es una mujer regente (Mariana de Austria) la que la
dicta21. Además, el virrey habría de restringir la participación «a los naturales inquietos,
y que por maliçia o por dolo puedan turbar con sus votos la quietud publica, y embaraçar mi
serviçio»22.
El éxito de los anteriores parlamentos había sido tan solo un parche. Se eligió a un
virrey manipulable cuya ineptitud permitiera a los más altos cargos maniobrar desde
la sombra. Así fue como tomó las riendas el vicecanciller de la Corona de Aragón,
Don Cristobal Crespí de Valldaura, también emparentado con la familia Castelví23.
El partido «agustino» se venía reuniendo desde hacía tiempo en casa de la mar-
quesa de Sietefuentes y del marqués de Laconi con «el conde de Villamar, el doctor
Carlos Deonetto, el doctor Agustín Nurra, don Gavino Frasso, don Gerónimo Zonza, sobrino
del Arzobispo de Cáller y síndico de la ciudad de Bossa y otros muchos que eran el marqués de
19 Sobre el marqués de Quirra y Nules, Joaquín Carroz de Centelles, véase Fernández Nadal, Carmen
María (2015): «El poder de una red femenina. Familias, vida y muerte de Luisa Velasco (siglo XVII)»
Revista Millars, nº 1, Vol. XXVIII «Nobleza en Construcción. Identidades en femenino y masculino
(S.XV-XVIII)», p. 59.
20 ACA, CdA, leg.1134: Relación de los sucesos de Cerdeña.
21 Se recomiendan dos lecturas para profundizar en el ejercicio del poder desde una visión de género:
Pérez Samper, María de los Ángeles: «Reinas». En Isabel Morant (2006): Historia de las mujeres
en España y América Latina. El mundo moderno. Vol. II (coord. Ortega, Margarita; Lavrin, Asunción
y Pérez Cantó, Pilar). Madrid: Cátedra. Y López-Cordón Cortezo, María Victoria (2009): «Las
mujeres en la vida de Carlos II». En Luis Ribot García: El rey y su entorno cortesano. Madrid: Centros
de Estudios Historia Hispánica, pp. 109-139.
22 Biblioteca Nacional de España, mss/19700/4. Instrucciones de Felipe IV al marqués de Ca- marasa, virrey
de Cerdeña.
23 La familia Castelví de Cerdeña y el vicecanciller Crespí no simpatizaban a causa de un asusto de
herencia.
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
Marquesa de Sietefuentes. Víctima y culpable de la Conjura Camarasa 75
Albis, el de Monteleón y el conde de Montalvo» para ponerse de acuerdo en qué votar y
los greuges que habrían de interponer24. Ni que decir tiene, la pretensión revisionista
del grupo noble chocaba con el inflexible propósito real25. Se vuelve a hacer necesaria
una aclaración sobre esta reunión. La documentación de la época solo contempla en
la formación política nombres masculinos, sin embargo la participación de las muje-
res es evidente. La marquesa de Sietefuentes como muestra la correspondencia de la
época y su acusación, estuvo inmiscuida en la camarilla que dirigía su marido y su
tío, los marqueses de Laconi y de Cea.
La camarilla Castelví tiene por seguro que la monarquía necesita de su donativo
y aprovecha la ocasión para presentar sus demandas. El Parlamento se impregna de
un carácter reivindicativo. Entre las demandas enunciadas por don Agustín la más
sentida era la de la exclusividad de los cargos para los sardos26. Estos cargos eran
considerados «los más honrosos y aprobechados empleos: que con el dinero que sacan fuera,
si se diesen los puestos a los sardos, quedaría el reino rico».27 Nada más lejos de la reali-
dad, teniendo en cuenta que la red Castelví ya cubría los puestos de más poder. La
monarquía en un momento de debilidad como el que atravesaba no podía permitirse
ceder ante tales afrentas que además de limitar el radio de gestión de los Consejeros
podría dificultar muchas de las provisiones reales y su aplicación en el reino sardo.
Por si no fuera suficiente, el arzobispo Vico había interpuesto otra demanda, la cual
pretendía variar la tradicional fórmula parlamentaria de «citamos y mandamos» por
la de «pedimos y rogamos». Estaba en juego el bastón de mando y ninguna de las dos
facciones tenía intención de ceder.
Tras un año arrastrando negociaciones que no llegaban a ningún puerto y vién-
dose el virrey entre la espada y la pared, el vicecanciller don Cristobal Crespí de
Valldaura decide reunir a los representantes más antiguos de la Corona de Aragón
en la península para intentar arrojar algo de luz sobre el asunto. Nótese que en nin-
gún momento se tiene en cuenta los dictámenes del virrey que no solo no consigue
poner de acuerdo a los estamentos en Cagliari sino que es incapaz de poner solución
al problema. En abril de 1666 se reunían en España con Crespí de Valldaura los si-
guientes representantes: don Jorge Castelví, por el reino de Cerdeña; Luis Egea, por
el de Aragón; y Miguel Zalva por el de Cataluña. Se enunciaron las demandas que
los estamentos habían presentado en el Parlamento y la mayoría votó en contra de
las propuestas sardas. Visto el fracaso, el entorno Castelví resolvió en enviar a don
Agustín a Madrid en calidad de síndico para presentar sus enuncias frente a la reina,
fue acompañado del doctor José Palmas y del marqués de Villacidro28.
24 ACA, CdA, leg.1134. Documentos y cartas en la resolución de los homicidios de Cerdeña.
25 BNE, mss/19700/4. Instrucciones de Felipe IV al marqués de Camarasa, virrey de Cerdeña.
26 Cabe señalar que a estas alturas la práctica totalidad de puestos en la administración ya estaban
ocupados por sardos. Solamente había seis puestos reservados a españoles: el obispado de Ampurias,
el de Bosa, la gobernación de Sassari, el puesto de abogado fiscal del real patrimonio, un juez civil y
el puesto de fiscal de la sala criminal de la audiencia (Manconi, 2010: 468).
27 Real Academia de la Historia (en adelante RAH); Salazar y Castro, 40785/K40. Carta con que se da
aviso de los sucesos de Cerdeña, f.254v citado en Manconi, 2010: 479.
28 ACA, CdA. 1134. Relación de los sucesos en Cerdeña desde el principio de las Cortes que celebró el marqués
de Camarasa hasta su muerte.
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
76 Carla Torres Llop
El marqués de Camarasa no siendo capaz de impedir tal afrenta contra su poder
virreinal, envió de su parte al fiscal don Lupercio Antonio de Molina para que diera
cuenta de lo que se iba resolviendo de las negociaciones entre su majestad y don
Agustín. La monarquía recibió la visita no sin antes poner en alerta a las autoridades
que, sabedores de la extensión de la red Castelví, empezaron a interceptar corres-
pondencia, como así se avisaron entre los miembros de la camarilla.29 En Cerdeña
la reina había dado aviso al virrey de que intentara subsanar la situación mientras
Castelví estaba en Madrid y que obtuviera el donativo que fuese posible. Los acólitos
de Castelví habrían dado aviso rápidamente a don Agustín, quien desde la Corte les
instaba a que:
«hiciessen resistenzia y tubiessen valor y permanecieran en las condiciones que no
sirviessen el servicio sin ellas porque viessen en España que los de Zerdeña eran hombres»30.
La cita no solamente da cuenta de la rebeldía del grupo. No ha de pasar inadver-
tido el uso del «hombres» como atributo de fortaleza, valentía, tenacidad y justicia.
Había al menos una mujer participando en la lucha de la camarilla, pero queda ocul-
ta. De esta frase se desgrana todo un sistema que considera diferentes -y con diferen-
tes derechos- a los hombres y a las mujeres, a los cuales atribuye cualidades y roles
(Martí Centelles, 2016: 17).
El bloqueo parlamentario que se experimenta no tenía precedentes en el reino sar-
do. Ambos bandos extorsionan para que los parlamentarios modifiquen sus votos a
favor de sus partidos31. El fiscal de Molina empieza a recibir amenazas de muerte. El
clima en Cagliari está agitadísimo, el conflicto toma las calles y da paso a una oleada
de disturbios y problemas de orden público. La Corte virreinal dirigida en la práctica
por la marquesa de Camarasa, Isabel de Portocarrero, también mantuvo conversacio-
nes con los adversarios parlamentarios de su marido amenazándoles y coaccionán-
doles de manera tan obstinada que fue comentado por el pueblo (Maura, 1990: 103).
Esta por estudiar la relación entre ambas marquesas y sus papeles en la conjura.
La falta de documentación impide profundizar en estos aspectos pero al menos en
la corte virreinal se tiene constancia de que quien realmente tomaba alguna decisión
y llevaba la iniciativa era la marquesa doña Isabel. El hecho de que fuera el vicecan-
ciller el que realmente llevaba el peso de las negociaciones sobre sí y, por otra parte,
que la marquesa Camarasa ejecutara sus mandatos por medio de terceros dificulta el
desarrollo de la investigación. Con todo, la autora del artículo sospecha que el tema
de la Conjura Camarasa se reduce en última instancia al enfrentamiento entre Doña
Francisca de Zatrillas y Doña Isabel de Portocarrero.
Pese a los esfuerzos por parte de las dos facciones, no hubo manera de llegar a
un consenso32. A finales de mayo de 1668 llegó don Agustín de su visita en España
29 ACA, CdA. 1134. Relación de los sucesos en Cerdeña desde el principio de las Cortes que celebró el marqués
de Camarasa hasta su muerte.
30 ACA, CdA. leg, 1134. Documentos y cartas en la resolución de los homicidios de Cerdeña.
31 ACA, CdA, leg. 1134. Documentos y cartas en la resolución de los homicidios de Cerdeña.
32 ACA, CdA. leg, 1134. Relación de los sucesos en Cerdeña desde el principio de las Cortes que celebró el
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
Marquesa de Sietefuentes. Víctima y culpable de la Conjura Camarasa 77
sin haber podido obtener respuesta afirmativa sobre ninguna de las peticiones que
le había hecho a la reina. No obstante, las masas estaban para aquel entonces tan
concienciadas con la «labor patriótica» del marqués de Laconi que «fue reçivido con
singular aplausso sándole los estamentos las gracias por la particular atención y fineza con
que habían procurado las conveniencias del Reyno»33. Don Agustín endurece su postura
en el parlamento e introduce nuevas exigencias34.
El virrey se encuentra entre la espada y la pared. El 4 de junio de 1668 envía a la
reina un memorial en el que explica las razones por las que se procede a la clausura
precipitada del parlamento sin haber obtenido el donativo35. La noticia cae como un
jarro de agua fría para la camarilla del de Laconi, que se ha quedado sin su mejor
baza para negociar.
A penas unos días más tarde, la marquesa de Sietefuentes informaba a la reina de
la trágica suerte de su marido: «El miércoles 20 de junio a la medianoche para los 21, le
mataron alevosamente de carabineros y puñaladas que le pegaron con tanta inmunidad como
pudieran»36. El marqués de Laconi que tantos dolores de cabeza daba a la monarquía,
había sido asesinado.
La marquesa y toda la facción Castelví se movilizan y lo presentan como un cri-
men político. Es imprescindible el relato de Doña Francisca para reconstruir los he-
chos, es la prueba irrefutable de que ella debió formar parte, de manera directa o
indirecta, en la camarilla política y por ello estaba al tanto de todo el proceso. Las
miradas acusatorias se dirigen a los marqueses de Camarasa, en especial la marque-
sa: Isabel de Portocarrero, a quien se acusaba por «las pocas o ningunas diligençias que
se han hecho para inquirir a los agresores»37. Vuelve a llamar la atención que siendo el
marido el virrey no se le responsabilice a él del ataque sino a su mujer.
El marqués de Cea, que a partir de este instante descubre su posición de arti-
culador de la banda Castelví, describe a la reina el entierro de su primo como un
acontecimiento político que «por el sentimiento universal de haver sido síndico deste reyno
en Cortes, hubo próxima disposición de un motín»38. Don Agustín de Castelví se había
convertido en un verdadero símbolo nacional39. El exacerbado reclamo que se hizo
sobre el homicidio dejó al descubierto a todos los acólitos de la facción: la marquesa
de Sietefuentes, el marqués de Cea, el conde de Montalvo, los marqueses de Albis y
de Monteleón, el conde de Villamar y su hermano don Silvestre de Aymerich.
marqués de Camarasa hasta su muerte.
33 ACA, CdA. leg, 1134. Relación de los sucesos en Cerdeña desde el principio de las Cortes que celebró el
marqués de Camarasa hasta su muerte.
34 Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), Consejos Suprimidos (en adelante CS), libr. 2572.
Instrucciones para el virrey Francisco de Tuttavila duque de San Germán en ROMERO FRÍAS, Marina
(2003): Raccolta di documenti editi e inediti per la storia della Sardegna, vol I, p.163-164.
35 Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), Consejos Suprimidos (en adelante CS), libr. 2572.
Instrucciones para el virrey Francisco de Tuttavila duque de San Germán en ROMERO FRÍAS, Marina
(2003): Raccolta di documenti editi e inediti per la storia della Sardegna, vol I, p.163-164.
36 ACA, CdA, leg. 1132. La marquesa de Laconi a la reina Mariana de Austria, 23 de julio 1668.
37 íbidem.
38 ACA, CdA, leg. 1132. El marqués de Cea a la reina Mariana de Austria, 31 de julio 1668.
39 ASC, AAR, V5, Cause criminale dei cavalieri, p.6
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78 Carla Torres Llop
Pedro Vico actúa a favor de los dos bandos, bajo excusa de mediador en los
conflictos, sin dejar de ser, como lo califica Manconi: «el mentor oculto de la cama-
rilla nobiliaria contra el virrey» (2010: 487). Dada su condición de mediador, poseía
información privilegiada; solo de esta forma se puede llegar a entender cómo –al
margen del asesinato del marqués de Laconi–, la camarilla Castelví siempre fuera
un paso por delante de la Corte virreinal.
En cuanto al marqués virrey, a penas pasado un mes del asesinato de su rival:
«retornando del convento de Nuestra Señora del Carmen y de la fiesta que se celebraba
(...) mataron alebosamente de carabinazos el sábado 21 del mes de julio de dicho año de
1668 dentro de su coche (...) disparándole a las siete y media de la tarde des de (...) la Casa
de Antonio Brondo»40.
4. Francisca de Zatrillas, por bárbara instigación de una mujer licenciosa41
Con el clima pre-revolución que había en la isla la monarquía debía actuar rá-
pido y sin errores. Mariana de Austria nombró como nuevo virrey al duque de
San Germán, Francesco Tutavilla. El nuevo virrey revocó las investigaciones que se
habían llevado a cabo sobre los asesinatos de los marqueses e inició un nuevo pro-
cedimiento judicial. La camarilla Castelví huye de la capital. Doña Francisca en una
carta a la reina Mariana con fecha del 23 de julio de 1668 expone los motivos que
le llevan a refugiarse en sus feudos y le pide una pensión de viudedad42. Además,
aprovecha para reiterar sus acusaciones contra la marquesa Isabel de Portocarrero:
La voz común deste delicto es que le han hecho perpetrar el Marqués de
Camarasa y que su muger havía sido el primer móbil por donde se originó la
alevosía porque nunca se ha podido indagar lo contrario43.
Francisca de Zatrillas fue señalada en aquella segunda investigación como respon-
sable últoma de los asesinatos de los marqueses Camarasa y de Laconi aún a pesar
de que entre la documentación del marqués de Cea se encontrara una misiva del
susodicho a don Jorge Castelví con estás palabras: «yo he hecho matar al marqués de Ca-
marassa porque quiero que conozca el mundo quienes son los Castelvis»44.
Doña Francisca, como parte de la camarilla Castelví recibía de continuo información
y noticias de lo que sucedía en Cáller y en la península sobre los homicidios de los
marqueses. En un primer momento ella y el resto de la camarilla se refugian en el
convento de San Francisco hasta que tienen oportunidad de huir a sus feudos. Doña
40 BNE, Mss/18055. pp. 679-680. Sentencia sobre la muerte violenta de D. Agustín de Castelví, Marqués
de Laconi.
41 por bárbara instigación de una mujer licenciosa, aunque de ilustre nacimiento, y esta- do, que atribuyó a la
autoridad del marqués los crímenes de su malicia . Suceso que puso aquel reino en eminente peligro y causó
grandes tribulaciones a mucha de su prin- cipal nobleza. (Salazar, 1694: 558-559)
42 ACA, leg. 1132. Carta de la marquesa de Sietefuentes a la reina, 23 julio 1668.
43 íbidem.
44 ACA, CdA, leg. 1134. Documentos y cartas en la resolución de los homicidios de Cerdeña.
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
Marquesa de Sietefuentes. Víctima y culpable de la Conjura Camarasa 79
Francisca deja la capital y huye a Cuglieri con: D. Giovanni Francesco, hijo del primer
matrimonio de su difunto esposo; don Baltasar Dexart, tío del antedicho y también su
tutor; la esposa de Baltasar, la condesa de Villamar, doña Anna Aymerich de Cervellón
y su hijo, Silvestre Aymerich; y el padre Salaris de la Compañía de Jesús45. Allí, a un
mes desde la muerte de su difunto marido, se casa con su primo Silvestre. La camarilla
recibe aviso de parte de don Matías de Cervellón de abandonar la isla. Los nuevos
marqueses de Sietefuentes huyen primero a Córcega luego a Niza, donde son acogidos
por los Saboya. Allí en Saboya nace don Gabriel Antonio Carlos, hijo de la marquesa
y de Aymerich. Esta huida de la ciudad también fue considerada prueba a la hora de
redactar la sentencia contra Doña Franscisca46.
Doña Francisca da cuenta en sus cartas47 de la situación de descontrol que se vive en
la ciudad callaresa antes de su exilio, así como de los disturbios y el problema de orden
público que se da en las calles de Cagliari. También redacta los eventos desde la muerte
del marqués de Camarasa y el peligro en que se sienten los del bando Castelví frente a
la camarilla del ya difunto virrey encabezada por el príncipe de Pomblín y el marqués
de Villasor. Relativo a la muerte de los marqueses doña Francisca es convocada a una
Real Audiencia con Isabel de Portocarrero, marquesa viuda de Camarasa y el abogado
de la Real Audiencia con el fin de esclarecer los delitos en respuesta a las numerosas
cartas que ambas mujeres habrían escrito a la reina y a las autoridades exigiendo jus-
ticia48. El proceso terminaría con la acusación del juez Juan de Herrara a Francisca de
Zatrillas a razón de las declaraciones que habrían hecho los criados de esta49. El juez
dictó sentencia: el asesinato de Agustín de Castelví había sido obra de Doña Francisca
de Zatrillas, su joven esposa, la marquesa de Laconi y Sietefuentes y de Silvestre de
Aymerich, su amante. Ambos fueron condenados a muerte. Llegados a este punto se
difumina el proceso, ya no se está juzgando al culpable del asesinato de dos marque-
ses, uno de ellos virrey. Se esta juzgando a una mujer por haber cometido adulterio.
Según el pregón incriminatorio50, mientras estaba el marqués de Laconi en Madrid
don Silvestre y la marquesa se habrían hecho amantes. Cabe señalar que en las prime-
ras investigaciones criminales y aunque no figure en el pregón final, se hace mención
también a que la marquesa habría mandado matar a su marido porque se habría ente-
rado de que este tenía una amante y la engañaba51.
45 Aymerich, Silvia: Storia dcronologica della familia Aymerich. Con rifeerimento a fatti in cui furono
coivolti alcuni suoi rapresentanti. aymerich.altervista.org/ Consulta Abril, 2016 (http://aymerich.
altervista.org/aymerich2/STORIA_1.html).
46 Se le pregunta [a un interrogado] por qué se fue la marquesa al cabo de Sassari y dice «que no la save
pero lo que ha oydo desir es como se dixo publicamente que se havia ido por- que ella y otros parientes y amigos
del marqués Laconi havien hecho matar al marqués de Camarasa, virrey de este reyno que le mataron en día del
mes de Julio que era savado del año pasado 1668» en ASC, AAR, V5, Cause criminale dei cavalieri, p.10
47 ACA, leg. 1132. Carta de la marquesa de Sietefuentes a la reina, 23 julio 1668.
48 ASC, AAR, V5. Cause criminale dei cavalieri, p. 21
49 Ver procesos criminales por las muertes del marqués de Laconi y el marqués de Camarasa en ACA,
CdA, leg. 1132, Consultas y memoriales relativos a esclarecer los asesinatos de Agustín de Castelví, marqués
de Laconi, y del virrey Manuel de Cobos, marqués de Camarasa y ASC, AAR, V5. Cause criminali dei
cavalieri.
50 BNE: Mss/11017 pp.193-194. Sentencia contra doña Francisca Zatrillas, marquesa de Laconi.
51 ACA, CdA, leg. 1132.
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
80 Carla Torres Llop
Hoy día tras siglos de reflexión y teorización feminista se observa como lo que
realmente se criminaliza es el hecho de que la mujer no haya sido fiel al marido.
Esta virtud iba asociada al rol que debían desempeñar las mujeres: roles de servi-
cio. Doña Francisca de Zatrillas estaba socialmente orientada al cuidado, al ámbito
doméstico y familiar; se esperaba de ella que se sacrificase por el resto, que los
sirviera. A ella se le reservaba la labor reproductora y, paradójicamente, se confiaba
en se reprimiera sexualmente (Martí Centelles, 2016: 17). Precisamente por esta
característica, la de asexualidad, se desprecia su infidelidad.
Según la sentencia el asesinato fue un crimen pasional, en el que los responsa-
bles habían aprovechado el clima de tensión que se vivía entre ambos marqueses:
«dando por la causa que dicho marqués de Laconi propuso impracticables condi-
ciones, para conceder el donativo»52. Se señalan los nombres de los culpables pero
se cuida de no señalar al propio Agustín de Castelví como instigador del asesinato
del virrey. Al fin de cuentas, él era el responsable según la versión oficial, de todos
los altercados sufridos en el seno del Parlamento. A todos los inculpados se les
sometió a represión individual. El castigo se aplicó solo contra las personas que
participaron en el magnicidio no contra la nobleza o el pueblo sardo como tal. «Así
mismo ordenó el virrey duque de San Germán demoler sus casa, pasar arado y
sembrar sal por e solar y conservar las ruinas» (Revilla 2015: 17).
El virrey tiende una trampa a los acólitos del partido Castelví enviando a un
infiltrado, de nombre Giacomo Alivesi53, que convenció a la camarilla de Francisca
de que en la isla sarda reinaba el desgobierno y el pueblo clamaba una sublevación
contra el poder español. Así, se embarcaron hacia Cerdeña don Jaime Artal de Cas-
telví, don Francisco Cao, don Francisco Portugués y don Silvestre de Aymerich.
Llegados a la isla, los esperaba una armada; todos murieron aquel día, el 27 de
mayo de 1671.
Tras conocer la trágica suerte de su marido, doña Francisca se encerró en el con-
vento de Santa María de Niza con su suegra, doña Anna de Aymerich54. Allí murió
entorno a 167355.Con este episodio se demuestra que tanto las relaciones feudales
como el apoyo en bandoleros por parte de la nobleza local, no era tan solo un acto
recurrente en el reino de Valencia (Catalá, 1996: 155-172). Pese a que el capítulo
pareciese así cerrado, fueron más los nobles que se participaron la conjura. Muchos
de ellos huyeron a diferentes lugares del Imperio: desterrados, como los marqueses
de Villamar56. Prueba de ello es que durante los años siguientes, a la Junta de ma-
terias de Cerdeña que acogía en su seno el Consejo de Aragón, llegaron multitud
de solicitudes por parte de nobles exiliados que querían obtener el perdón real
para poder volver a sus tierras después de que el duque de san Germán clausurara
52 ibídem
53 Alivesi era un bandolero, persona de confianza del marqués de Cea que, sobornado con no tomar
contra él acciones juridicas, decide traicionar a Don Jaime.
54 Aymerich, Silvia: «Storia dcronologica della familia Aymerich. Con rifeerimento a fatti in cui furono
coivolti alcuni suoi rapresentanti» aymerich.altervista.org [Consulta Abril, 2016] (http://aymerich.
altervista.org/aymerich2/STORIA_1.html)
55 íbidem.
56 Con ellos se cartearía Don Silvestre hasta su muerte intitulándose como marqués de Sietefuentes.
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Marquesa de Sietefuentes. Víctima y culpable de la Conjura Camarasa 81
un parlamento tranquilo, fácil y sin incidentes. De entre ellos, el vástago de Doña
Francisca, Don Gabriel Antonio Carlos, que a principios del siglo xviii pide de
vuelta los títulos de su madre.
5. Conclusiones
La Conjura Camarasa es un episodio extraordinario de la historia de España.
No solo por las consecuencias políticas que conlleva para la isla y la península sino
porque para entenderse es necesario aproximarse al suceso desde una perspectiva
de género. En un mundo de hombres, en el episodio que nos ocupa, son dos mu-
jeres las que podrían haber puesto en jaque a la monarquía hispánica. Las mujeres
participan en la historia por el hecho de estar presentes en los procesos históricos.
Sin embargo, durante siglos han sido excluidas del relato histórico quedando como
ha recogido Yolanda Marco en una máxima: «invisibles no, invisibilizadas sí».
Doña Francisca de Zatrillas es sin duda el personaje protagonista en la conjura
nobiliaria Camarasa. Su presencia en la camarilla se justifica en su matrimonio con
don Agustín de Castelví. La familia se convierte en un tema necesario para abordar
a la hora de escribir historia de las mujeres. No puede eludirse el hecho de que las
mujeres están durante el Antiguo Régimen subyugadas al poder de un hombre
bien sea su padre, su marido o sus hermanos. El estudio de la figura de la marquesa
de Sietefuentes, a quien le llega el título nobiliario por el fallecimiento de todos los
descendientes varones de su familia, se hace imposible si no se acude a la persona
de su padre, de su marido, de su amante o de su hijo. La propia documentación da
cuenta de esta exclusión sistematizada de las mujeres.
En el Archivio di Stato di Cagliari (Cerdeña) se encuentran infinitas referencias
al crimen de Doña Francisca lo cual llama la atención a tenor del poco peso que tie-
nen los nombres de mujeres en el groso documental. A través del análisis del suceso
Camarasa se ve claro que la mujer en la Edad Moderna era presentada de un modo
u otro según intereses. La marquesa de Sietefuentes a razón de la documentación ge-
nerada durante el proceso parlamentario, no existe; es una mujer y como tal no es un
sujeto político activo. Desde la perspectiva del momento queda relegada a su hogar
y su participación en la historia es nula. Sin embargo, tras los asesinatos del virrey y
de su marido, la débil e ignorante mujer se convierte en el foco de todas las miradas.
Como antes se ha indicado, en el proceso que inicia el duque de Tuttavilla se desvir-
túa totalmente la investigación. Se deja de buscar a los responsables de los asesinatos,
una mujer adúltera que no guarda luto a su marido es sin lugar a dudas culpable.
Las referencias al crimen de Doña Francisca son numerosas y aparecen en la prac-
tica totalidad de los documentos relativos al condado y al marquesado con fecha
posterior al suceso.
Con todo, llama la atención que pese a esta fama no exista prueba documental
firmada o redactada por la marquesa en el fondo Contea de Cuglieri de Archivio di
Stato di Cagliairi, donde se guarda la documentación. De hecho, no está ni su acto
de toma de posesión de los feudos, al contrario de los de sus antepasados y su des-
cendiente.
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
82 Carla Torres Llop
La marquesa de Sietefuentes cargó sobre sí todo el peso de la camarilla de la
que su marido había sido portavoz. Sí es cierto que ella participó de algún modo,
activo o pasivo, en las intrigas del partido pero como es obvio: no fue la única
responsable. En los asesinatos al marqués de Camarasa y al marqués de Laconi
se presentan unas circunstancias especiales que hacen que los procesos criminales
por los homicidios se compliquen. Para empezar, se podría hablar de los orígenes
nobles, y muy poderosos de los protagonistas57. Este hecho pone en juego factores
más enrevesados que la simple inocencia o culpabilidad en el proceso; se trata de
la estabilidad de las ya minadas relaciones entre la Monarquía y la nobleza sarda.
El suceso bautizado con el nombre de crisis Camarasa o conjura Camarasa con-
siste en la detonación de todos los problemas que se habrían vivido los años ante-
riores al parlamento camarasa. La casa Castelví se presenta en el parlamento como
el partido «frondista». Defienden que sus rebeldes intenciones se hacen por el bien
de Cerdeña pero nada más lejos de sus propias conveniencias. Los Castelví saben
que si los puestos caen en manos de sardos serán ellos quien los controlen, pues es
la familia más poderosa en Cerdeña. Así, no se puede hablar de un partido político
en contra del poder vice regio y mucho menos de sentimientos autonomistas o
protonacionalistas. El partido revisionista, o frondista, es el partido de los Castel-
vís. Estuvo dirigido desde la sombra por el marqués de Cea y tuvo como portavoz
a don Agustín, marqués de Laconi y en este partido, Don Jorge y la marquesa de
Sietefuentes actúan de una especie de agentes informativos. La camarilla es un par-
tido político en cuanto a que sus conveniencias coinciden con reformas políticas,
pero nada más.
El asesinato del marqués de Laconi fue un crimen a la vez político y no-políti-
co: él era el portavoz de una camarilla cuyas pretensiones e intereses particulares
coincidían con intereses políticos. Don Agustín fue mandado matar por alguien
partidario de las conveniencias del virrey y en contra de la familia Castelví: Isabel
de Portocarrero, el fiscal Molina, la reina o, muy probablemente, el vicecanciller de
la Corona de Aragón. En cuanto al asesinato del marqués virrey no cabe duda de
que fue mandado por la camarilla Castelví. Es posible, a la luz de los sucesos, que
la sentencia contra el marqués de Cea y la marquesa de Sietefuentes estuviera en lo
cierto pero se contaba con motivos de sobra como para reducir el móvil del crimen
a un arrebato pasional.
La marquesa cometió el error de casarse con don Silvestre. Fue la víctima de un
complot –víctima y culpable, pues también participó– motivado por un conflicto
de intereses, la clásica dicotomía entre estamentos y poder real. Paradójicamente
fue la única de los condenados que no murió pasando sus días encerrada en un
convento. La falta de documentación a cerca de su persona en los archivos del
condado de Cúller y marquesado de Sietefuentes darían que pensar en que quizás
queriendo recuperar sus feudos más en adelante o mantener sus antiguas pose-
siones, se los llevara consigo en su huida a Córcega y Niza. Señalándola como
principal instigadora del crimen la monarquía evitó señalar a otros nobles de cuyos
57 El marqués de Cea vivía enfrente del virrey.
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Marquesa de Sietefuentes. Víctima y culpable de la Conjura Camarasa 83
bolsillos saliera el donativo. Ella era una mujer, un sujeto no activamente político
cuya imputación no turbaba las relaciones con la nobleza sarda. ¿Qué importa el
sacrificio de una mujer? Se espera de ellas que se abnieguen, que cuiden ya sea de
la familia o de las relaciones diplomáticas entre un rey y un reino. Doña Francisca
de Zatrillas pudo ser el chivo expiatorio de las tensas relaciones entre Cerdeña y la
monarquía de España.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
Fuentes
Manuscritas:
Archivo de la Corona de Aragón
Consejo de Aragón: legajo 0584
Consejo de Aragón: legajo, 1049
Consejo de Aragón, legajo, 1099
Consejo de Aragón: legajo, 1132
Consejo de Aragón: legajo, 1134
Consejo de Aragón, legajo 1137
Consejo de Aragón, legajo 1140
Consejo de Aragón, legajo 1196
Consejo de Aragón, legajo 1198
Consejo de Aragón: legajo, 1210
Consejo de Aragón: legajo, 1361
Consejo de Aragón: legajo, 1362
Archivio di Stato di Cagliari
Antico Archivio Regio
Feudi, Contea Cuglieri
Archivo Histórico Nacional
Consejos Suprimidos, libro, 2572
Biblioteca Nacional de España
Mss/11017, pp. 193-196
Mss/18176, pp.194-207, 207-214
Mss/ 18055, pp. 678-686
Impresas:
Real Academia de la Historia
Colección Salazar y Castro
Archivio di Stato di Cagliari
Donna Francesca, Cagliari, 1942
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
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Recibido el 21 de noviembre de 2017
Aceptado el 22 de noviembre de 2017
BIBLID [1132-8231 (2017): 69-85]
Asparkía, 30; 2017, 69-85 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.4
MARIÁNGELES PÉREZ-MARTÍN1
Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer
en el XIX
Segunda Martínez, the professionalism of a woman
in the 19th 2*
Resumen
Este trabajo analiza la figura de Segunda Martínez de Robles, pintora, traductora y escri-
tora de la novela Las españolas náufragas o Correspondencia de dos amigas (1831). La autora re-
fiere en ese texto algunos hechos con claras referencias autobiográficas. La novela fue escrita
en estilo epistolar, un género emergente en aquellos años, y en su prólogo Segunda deja oír
su propia voz justificando la osadía de su escritura novel por una necesidad económica. Su
caso nos ilustra sobre cómo fue la profesionalización de las mujeres artistas en el siglo XIX
y su acceso a los circuitos; y sobre cómo se configuró el yo femenino emergente en aquellos
años, indagando en la autorrepresentación de la mujer que escribe en la novela. Todo lo cual
se pone en relación con los datos biográficos de la autora.
Palabras clave: escritoras; pintoras; traductoras; carlismo; duque de Osuna; escritura
epistolar.
Abstract
This paper analyzes the figure of Segunda Martínez de Robles, painter, translator
and writer of the novel Las españolas náufragas o Correspondencia de dos amigas (1831). The
authoress recounts in this text some facts with autobiographical references. The novel was
written in epistolary style, an emerging genre in those years. In its foreword, Segunda raises
her voice to justify the boldness of her novel writing by economic needs. Her case illustrates
how the professionalization of the women artists in the 19th century was, and her access to
the circuits. Also, how the emergent voice of women was configured at that time, delving
into the self-representation of women writers in their novel. All of which is linked to the
biographical information of the authoress.
Keywords: female writers; female painters; female translators; carlismo; Duke of
Osuna; epistolary style.
Sumario
1. Introducción. 2. Una aficionada a las artes. 3. Escrita en la agitación más cruel. 4. Una
novela, una autobiografía. 5. Aparecer como autora sin merecerlo… 6. DSM, el yo de una
novela epistolar. 7. Una larga y penosa carrera profesional.
2 * Esta investigación se ha desarrollado con una Ayuda del Programa para la formación de doctores
VALi+d PRE (ACIF/2015/283) de la Conselleria d’Educació, Cultura i Esport de la Generalitat
Valenciana.
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88 Mariángeles Pérez-Martín
1. Introducción
Nadie habrá más felices que nosotras en nuestros futuros días.
Amaestradas en la escuela del infortunio, ¿de qué no sacaremos partido?
Demos gracias a la Divina Providencia que al fin oyó nuestros lamentos.
(Martínez, 2000: 126)
En Europa la oportunidad de escribir para la mujer surge en el momento en el que
un nuevo lenguaje para representar el sujeto individual y definir la diferenciación
sexual aparece con el movimiento romántico. Susan Kirkpatrick, en su introducción
a Las románticas, sitúa en 1841 el momento en el que las mujeres españolas, tras siglos
de silencio roto solo por voces excepcionales, comenzaron a hacerse escuchar. En
ese año se detecta un aumento de la publicación de obras escritas por mujeres, que
se consolidará en las décadas siguientes. Los cambios sociales operados en Europa
durante el siglo XVIII modificaron los modos de experimentar la subjetividad y
abrieron un canal a la producción literaria femenina. Los discursos dentro de los
cuales se construyeron las imágenes del yo y de la diferencia sexual a comienzos
del XIX tuvieron sus peculiaridades locales en función de las historias nacionales,
en España coincidieron con las reformas liberales (1991: 11).
Entre las transformaciones culturales, quizá la más relevante fue el nuevo modo
de vida surgido con las nuevas formas de producción. La revolución industrial
rompía los vínculos gremiales y familiares para establecer relaciones contractuales.
La actividad humana se diferenciaba así en dos áreas: la esfera pública de la
producción y el mundo privado de las relaciones de parentesco o amor. Con la
consolidación de la familia moderna el hogar se convierte en espacio privado, un
ámbito de intimidad y afecto que se separa de las relaciones sociales. Esta separación
potenciaba la conciencia de un yo íntimo y diferenciado, con emociones y fantasías
imposibles en el mundo exterior, y repercutía en el nacimiento de la diferenciación
sexual que identificaba la feminidad con el mundo privado y doméstico.
Los filósofos subordinaron a la mujer al ideal sentimental de la familia. Rousseau
naturalizaba la división social del trabajo: un reparto de tareas en el que la diferencia
biológica llevaba implícita la domesticidad de la mujer. Puesto que su finalidad en
el mundo era la reproducción, su educación y su actividad, su lugar en la sociedad,
había de reflejar esa condición. Así el bienestar físico y moral de la familia se
convirtió en el ideal femenino, la mujer quedaba limitada a los deberes y placeres de
la maternidad, incluso las mujeres de la aristocracia abandonaron su vida pública
en aras de la domesticidad. Ese modelo del ángel del hogar subordinado al hombre
tenía como cometido el abnegado cuidado familiar. Mientras, aumentaba el culto
a la sensibilidad y el sentimiento en el siglo XVIII, la atribución de la pasión a los
hombres y la ternura a la mujer tenía como consecuencia dar cierta autoridad a la
mujer en el ámbito doméstico. Su presunta falta de deseo las convertía en ejemplo
de rectitud moral. Esa autoridad dotaba a las escritoras de un poder como expertas,
tenían una autoridad limitada y circunscrita, pero real.
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Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX 89
Aunque cierto feminismo surgió con la Ilustración, las mujeres se ciñeron úni-
camente a la reivindicación de su independencia intelectual y moral. Pero, en aque-
llos años, ya un grupo considerable de mujeres había tomado la palabra en Europa
mediante su escritura, por lo que a fines del XVIII parecía tolerable el derecho de
las mujeres a expresarse. Y, «a pesar de la persistencia de la jerarquía entre los sexos
que había excluido a las mujeres de la producción literaria en España, las décadas
románticas vieron surgir un grupo de mujeres escritoras que recurrieron a la au-
toridad de su propia subjetividad para producir imágenes del yo» (Kirkpatrick,
1991: 67). En España el avance de la mentalidad burguesa que cuestionó el mundo
tradicional estuvo limitado por el poder de la Iglesia, esas ideas no consiguieron
cierta hegemonía cultural hasta bien entrado el nuevo siglo. Pero en la década de
los treinta el programa liberal se consolidó entre la élite y, tras la fracasada insurrec-
ción reaccionaria carlista, la modernización del Estado fue un hecho. El liberalismo
se reafirmó coincidiendo con el ascenso del movimiento romántico. La nueva pre-
misa liberal implicaba que la sociedad, la política y la literatura tenían una realidad
común en el individuo.
A partir de 1840, comenzaron a aparecer en España artículos firmados por
mujeres en periódicos y revistas, algunas gozaron de cierta reputación. Mientras,
los editores adoptaban el modelo británico y francés implantando la novela por
entregas. Si en 1834 se publicaban en Madrid dieciocho periódicos y revistas,
avanzada la década el número aumenta y se consolida el folletín en revistas y
gacetas; aunque eran pocos los testimonios de mujeres en la prensa, y apenas un
reducido número publicaba. Las novelas traducidas eran abundantes y se vendían
bien, las originales eran escasas. Una de esas pioneras escritoras y traductoras fue
Segunda Martínez de Robles. En 1831, publicaba su novela original Las españolas
náufragas y, poco después, en 1834, la traducción de El pequeño Grandison, que se
volvería a editar en 1861.
2. Una aficionada a las artes
El día 3 de junio de 1827, en junta ordinaria celebrada en la Real Academia de
Bellas Artes de San Carlos de Valencia se leía un «memorial de Dª Segunda Mar-
tínez de Robles, esposa del capitán de caballería D. Francisco Martínez de Robres
[sic]»3. Según recoge el acta, manifestaba que era aficionada al dibujo y la pintura,
y adjuntaba dos miniaturas que había realizado: «el retrato del Rey N. S. y el de
Exmo. Señor Fray Cedilo4 [sic] Alameda». Los miembros de la junta decidían con-
sultar a los profesores, quienes informaban «que las obras eran de una aficionada
a las Artes y que en esta consideración y como se ha practicado con otras señoras
podía nombrársela Académica». Oída esta opinión, y tras las deliberaciones en las
3 archivo de la real academia de bellas artes de san carlos de valencia [en adelante arasc].
Libro de actas de la Real Academia de San Carlos 1821-1827. Junta ordinaria en 3 de junio de 1827, p. 206;
arasc. Libro de Individuos desde su creación 1768-1847, p. 119bª.
4 El retrato en miniatura se refiere al Cardenal Cirilo Alameda y Brea. probablemente es una copia de la lámina
grabada en 1819 por Vicente Peleguer (1793-1865), con dibujo de Juan Guillermo Santiago Bauzil (1766-1820).
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90 Mariángeles Pérez-Martín
que intervinieron diferentes vocales, acordaron nombrarla «Académica Supernu-
meraria por la Pintura en la clase subalterna de miniatura»5.
Desde sus inicios, la Academia de San Carlos admitió entre sus miembros a muje-
res pintoras. Estas fueron nombradas mayoritariamente académicas de mérito. Pero,
en algunos casos, las damas con mérito artístico, generalmente aquellas que no eran
de alta clase social, obtenían el reconocimiento de académicas supernumerarias; si
bien, a algunas de ellas, con posterioridad se les concedía el título de mérito en fun-
ción de sus avances. El de académica de honor se otorgó únicamente a tres mujeres
de la familia real. Habitualmente estos títulos son considerados honoríficos por la
historiografía, pero la denominación del título y la forma en la que accedían al mismo
(un escrito acompañado de alguna obra) es idéntica a cómo lo hacían los varones.
Académicos de mérito fueron artistas de renombre como Francisco de Goya o Vicen-
te López. Cerca de cuarenta mujeres fueron admitidas como académicas desde 1773,
cuando obtuvo el título la primera mujer, Micaela Ferrer, hasta 1849, fecha en la que
tras la reforma de los estatutos ya no se registran más nombramientos; desde enton-
ces las mujeres buscaron el reconocimiento en otros ámbitos como las exposiciones
públicas (López, 2002: 101). Aunque algunas tuvieron profesores particulares, ningu-
na de ellas estudió en las aulas oficiales ni desempeñó cargo alguno en la institución.
Tampoco aparecen citadas en las juntas, solo un diploma oficial reconocía su mérito
artístico. El hecho de no tener acceso al dibujo del natural, imprescindible en la pintu-
ra de historia, que en aquellos años era la de mayor prestigio, dificultó su desarrollo
profesional. Para su incorporación a las aulas las mujeres en Valencia tuvieron que
esperar hasta el nuevo siglo, al año 1903.
La mayoría de obras de estas pintoras han desaparecido, pero, en el caso de
Segunda Martínez, el Museo de Bellas Artes de Valencia conserva identificada una
de las miniaturas que presentó a la academia. Se trata de la obra que remitía para
su ingreso, un marfil circular inventariado como Fray Cirilo Alameda, registrado
como donación de la autora6. Por otro lado, en el mismo museo como parte tam-
bién de la colección académica se conserva otra miniatura, Retrato del rey Fernando
VII, que aunque está catalogada como anónimo se ajusta a la descripción, y ha sido
ejecutada en un estilo muy similar a la anterior, por lo que podría ser la otra obra
presentada por Segunda Martínez en el momento de su admisión7. Ambas obras
reproducen imágenes muy populares en la época, difundidas a través de estampas,
que probablemente la autora se limitó a copiar. No consta que presentase ya ningu-
na obra más para acceder al título superior.
5 Desde su fundación hasta los Estatutos de 1849 en la Academia de San Carlos había tres tipos
de académicos: los Académicos de Honor eran «personas de distinguido carácter» seglares o
eclesiásticos, no requería tener habilidad artística; los Académicos de Mérito debían tener la pericia
necesaria para ser maestros y dar ejemplo a sus discípulos. Una tercera categoría eran los Académicos
Supernumerarios, reservada a discípulos premiados o notables y a artistas que no fueran alumnos y
tuvieran madurez artística suficiente.
6 Fray Cirilo Alameda. martínez de robles, Segunda. Inv. Gral.: 397. / Marfil, 7,5 x 7,5 cm. (Circular)
(Miniatura). Museo de Bellas Artes de Valencia.
7 Retrato del rey Fernando VII. anónimo. Inv. Gral.: 5014. / 11,5 x 9,4 cm. (Miniatura). Museo de Bellas
Artes de Valencia.
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Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX 91
No obstante, en diciembre de 1845, Segunda Martínez continuaba ejerciendo la
pintura, es más, parece que el suyo era un ejercicio profesional con el que intentaba
ganarse la vida. Prueba de ello es la carta que dirigía al Duque de Osuna para que
consistiese en que ella le hiciera un retrato al óleo. Al dirigirse al duque alegaba ha-
ber puesto un anuncio en el Heraldo para hacer retratos al óleo y, por ello, deseaba
tener el honor de retratarlo, puesto que eso le depararía prestigio y a la vez demos-
traría su pericia. Así lo recalcaba en su solicitud: «sin más interés que la satisfacción
que le dará crédito, tanto por el prestigio de V. E.», como porque estaba segura del
parecido que guardaría la pintura. La pintora le pide al duque que señale día y
hora para la realización y se ofrece a desplazarse ella al lugar que le indique. Se-
gunda concluía afirmando que «muchas recomendaciones podría pedir para V. con
ellas inclinasen a V. E. a hacerle este favor, pero nos las pide porque quiere deberlo
a V.E. solo, si se digna concedérselo»8. Aunque desconocemos si el duque consin-
tió en que le hiciera el retrato, la carta pone de relieve la profesionalización de la
pintora, mientras hace referencia a ciertos contactos o recomendaciones que podría
haber utilizado para obtener el favor del duque. Así se anunciaba en El Heraldo
ofreciéndose para hacer retratos al óleo:
Deseando dar una prueba de honrada gratitud la señora doña Segunda
Martínez a ciertas personas respetables, dignas de mejor suerte, que con mano
generosa han [¿…?] sus lágrimas en la desgracia, toma hoy la obligación de hacer
retratos al óleo y destinar su producto para llenar tan sagrado deber. Las personas
que gusten ser retratadas por dicha señora, podrán tener la bondad de pasar por
su casa habitación todos los días no feriados en el real alto del buen Retiro, núm.
27, cuarto principal de la izquierda, de diez a cuatro de la tarde9.
Por lo tanto, al menos en 1845 cuando publicó este anuncio, la artista era resi-
dente en Madrid. Alguna circunstancia trágica debió sucederle y alguien la había
socorrido, viéndose ahora en la obligación de recaudar dinero para cumplir con el
«sagrado» deber de devolverlo. Aunque la consideración jurídica y social de las
mujeres en aquella época hace complicado seguir su rastro en los registros, no es el
caso de Segunda Martínez. La pintora no solo se dirige en su propio nombre a una
institución prestigiosa como la Academia de San Carlos, sino que afirma su capaci-
dad pictórica ante uno de los aristócratas españoles de más rancio abolengo. Poco
después, emprendería un proceso judicial reivindicando el cobro de unos recibos
que le habían endosado y que el Estado no le abonaba por considerar caducados.
Un largo pleito en el que tuvo que recurrir numerosas sentencias desfavorables y
que se prolongó durante más de veinte años. Pero, paralelamente, la pintora, per-
severando en su empeño de ganarse la vida, iniciaba su aventura como escritora.
8 Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional. osuna, ct.521, d.14. «Carta de Segunda
Martínez al Duque de Osuna para que consistiese el que le hiciera un retrato al óleo».
9 El Heraldo (Madrid, 1842), 6-XII-1845, p. 4. En: http://hemerotecadigital.bne.es, [27/01/2015].
Asparkía, 30; 2017, 87-105 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.5
92 Mariángeles Pérez-Martín
3. Escrita en la agitación más cruel
El sábado 7 de mayo de 1831 en el Diario de avisos de Madrid aparecía un anuncio:
Se abre la suscripción a la novela intitulada Las españolas náufragas, o correspondencia
de dos amigas, escrita por doña Segunda Martínez de Robles. El amor filial, la verdadera
amistad, la gratitud recíproca, la virtud o conformidad en los trabajos que acarrea la
desgracia inevitable, están expresados en esta novela. Consta de dos tomitos en 18º
[sic] prolongado, adornados con dos láminas, a 7 rs. cada uno en rústica y a 8 en las
provincias por razones de portes. Se entregarán los dos tomos en todo el corriente mayo.
Se suscribe en esta corte en las librerías de Gila, calle de Carretas, y de Escobar en la de
la Concepción Gerónima. Estará abierta la suscrición hasta el día 15 del actual (p. 507).
De esta manera se promocionaba en prensa lo que era el debut profesional de Segunda
Martínez como escritora. La novela original, en dos tomos, se imprimía en abril de 1831
en la imprenta de D. Norberto Llorenci de Madrid10, y en ese mismo Diario de avisos de
Madrid se comunicaba a los suscriptores el lunes 30 de mayo que podían pasar a recogerla
por las librerías donde se hubiesen suscrito11. A la autora, según ella argumentaba en el
prólogo de la obra, le movía a escribirla una necesidad económica. Pero, a pesar de los
186 suscriptores, no debieron ir muy bien las ventas, y fueron numerosos los reclamos
en prensa de distintos libreros de Madrid en años sucesivos. El lunes 25 de septiembre
de 1837, en el Diario de Madrid era incluida en el listado de «Libros casi de valde [sic]. La
interesantísima novela de españolas náufragas, 2 tomos con láminas», de los siete reales
en rústica iniciales ahora se vendía por cuatro, aunque concluía el anuncio «se bailarán
en la negociación, calle de Jacometrezo, núm. 26, cuarto principal»12. Nuevamente, el
31 de diciembre de 1842 y el 9 de enero de 1843, se anunciaba la novela en El Gratis:
«Obras que se hallan en venta en la Librería Central del Gratis, Galería cubierta de San
Felipe Neri. […] Españolas náufragas, 2 tomos 16º, 4 rs. en rústica / 6 rs. en pasta»13.
Parece claro que las novelas originales no tenían suficiente público lector, o quizá, tras
el triunfo de otras escritoras a partir de 1841 los libreros veían la ocasión de liquidar los
remanentes de Las españolas náufragas. Hemos señalado que eran las traducciones, sobre
todo francesas, las que mejor se vendían. Y de eso debió de ser consciente la autora, pues
poco después, en 1834, se promocionaba como traductora de una novela francesa en dos
diarios madrileños, La Revista española y la Gaceta de Madrid:
10 La edición que hemos consultado es la publicada en 2000 con introducción y notas por Manuel
Ambrosio Sánchez Sánchez, que se basa en un ejemplar de una biblioteca privada de Salamanca
cuyo propietario la puso a su disposición, según indica se conservan otros dos ejemplares: uno en la
Hispanic Society de Nueva York y el depositado en la Biblioteca Nacional en Madrid (3/3223) que
no pudo consultar por estar muy deteriorado.
11 «Véndese en la de Gila, calle de Carretas; en la de Escobar, en la de la Concepción Gerónima; y en el
almacén de papel de Ríber, en la del Duque de Alba» (30-V-1831, p. 603). Citado por: (Sánchez, 2000:
17).
12 Diario de Madrid, nº 897, 25-IX-1837, p. 4. Madrid: Imprenta de D. Tomás Jordán Editor.
13 El Gratis. Diario de avisos, noticias, variedades y conocimientos útiles, Madrid y provincias, 147, 31-XII-
1842, p. 4; 156, 9-I-1843, p. 4. En: http://hemerotecadigital.bne.es, [27/01/2015].
Asparkía, 30; 2017, 87-105 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.5
Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX 93
Accediendo S. M. a una solicitud de doña Segunda Martínez de Robles, se ha
dignado resolver que se recomiende a los establecimientos de instrucción primaria
del reino la lectura de la otra titulada El pequeño Carlos Grandison, luego que la
interesada haya publicado la traducción que ha hecho de ella14.
La novela era una traducción del francés de la obra de Arnaud Berquin (Bur-
deos, 1714-París, 1791) El pequeño Grandison, adaptación de la novela en inglés de
Richardson The History of Sir Charles Grandison. La traducción de Segunda Martínez
veía la luz en Madrid, en 1834, impresa en octavo por la oficina herederos de Fran-
cisco Dávila. La reina, accediendo a la solicitud de la autora, resolvía que la obra
traducida fuese recomendada en los centros de instrucción primaria. Probablemen-
te, esta circunstancia hizo que en esta ocasión tuviera mayor fortuna de ventas, de
hecho, en 1861, la traducción fue reeditada en una segunda edición que publicaba
en Madrid la imprenta de Minuesa. Sin embargo, poco parece que le duró la bo-
nanza económica, el 15 de diciembre de 1837, de nuevo figuraba su nombre en la
prensa, esta vez era un juez de primera instancia el que la mencionaba al emplazar
a Antonio Mondeli para que se personara en la cárcel de la corte en la causa que se
seguía contra él por haber suplantado la firma de la escritora:
Juzgados de primera instancia.
Por el presente y en virtud de providencia del Sr. D. Tomás Pacheco, juez togado
de primera instancia, refrendada por el escribano del crimen de su juzgado D. José
Plácido de Castañiza, se cita, llama y emplaza por primer anuncio y término de 30
días, contados desde su publicación, a D. Antonio Mondeli, para que tan pronto
como llegue a su noticia se persone en la cárcel de esta corte a dar sus descargos en
la causa que se le sigue por suplantación de una firma de Doña Segunda Martínez
en una libranza de 38.000 rs. que verificó subrepticiamente el D. Antonio, pues si
así lo hiciere se le oirá y administrará justicia en lo que la tuviere, y de no le parará
el perjuicio que haya lugar15.
Seguramente fue esta suplantación de su firma el origen de la penuria econó-
mica en la que se vio inmersa la autora y que le obligaba a recurrir al Duque de
Osuna y a anunciarse para hacer retratos y poder saldar sus deudas. No parece que
el denunciado se personara en la cárcel a declarar ante el juez, puesto que de nuevo
era reclamado el 1 de marzo de 1838:
Juzgados de primera instancia.
En virtud de providencia del Sr. D. Tomás Pacheco, juez togado de primera
instancia de esta Il. Villa, refrendada de su escribano del crimen D. José Plácido
de Castañiza, se llama, cita y emplaza por último anuncio y término de 10 días
a D. Antonio Mondeli, para que en los primeros al de su publicación se presente
en la cárcel nacional de corte a dar sus descargos en la causa que se le sigue en el
14 Gaceta de Madrid, vol. 2, nº 264, 5-XI-1834 y La Revista española, Madrid, Imp. herederos D. F. Dávila,
384, 7-XI-1834, p. 972. En: http://hemerotecadigital.bne.es, [7/01/2015].
15 Diario de Madrid, 995, 15-XII-1837, p. 1. http://hemerotecadigital.bne.es, [2/01/2015].
Asparkía, 30; 2017, 87-105 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.5
94 Mariángeles Pérez-Martín
juzgado de dicho Sr. por suplantación de la firma de Doña Segunda Martínez, en
una certificación de crédito de 38.000 rs. que descontó; en cuya causa se le oirá y
administrará justicia en lo que la tuviere; y de no hacerlo se continuará y entenderá
con los estrados del juzgado por su ausencia y rebeldía, parándole el perjuicio que
haya lugar16.
No constan más noticias de la causa, ni más datos de Antonio Mondeli, pero el
pleito pone de relieve que la firma de Segunda Martínez respondía de una certifi-
cado de crédito de 38.000 reales, una cantidad económica considerable en aquella
época para una mujer que no pertenecía a la alta clase social, máxime si la había
acumulado con el fruto de su trabajo17. Pero años después, un nuevo aviso oficial
de un Juzgado de la capitanía general de Castilla la Nueva la citaba en el Diario de
Madrid del lunes 23 de marzo de 1846:
En virtud de providencia del Excmo. Señor capitán general de esta provincia,
se ha señalado para junta general de acreedores el concurso formado por doña
Segunda Martínez, esposa del coronel graduado don Francisco Martínez de
Robles, el día 29 a las once de su mañana en el referido juzgado, situado en la calle
de la Concepción Gerónima, frente a la lotería, local de santo Tomás.
Segunda Martínez al no poder hacer frente a la deuda contraída por la falsifica-
ción de su firma era despojada de todos sus bienes, lo que podría guardar relación
con el pleito iniciado por ella que hemos mencionado anteriormente. A esta causa
judicial podría referirse también un nuevo llamamiento que el mismo juzgado rea-
lizaba el 30 de agosto de 1850:
Juzgado de la capitanía general de Castilla la Nueva.
En virtud de providencia del mismo e ignorándose la habitación que ocupe en
esta corte doña Segunda Martínez, se la da este aviso para que tan pronto como
llegue a su noticia, se presente cualesquiera día no festivo ni feriado, de una a tres
de la tarde, en este juzgado, sito calle de Atocha, exconvento de santo Tomás, con
el fin de notificarla una providencia que le compete18.
La causa abierta, que aparece recopilada en la revista de jurisprudencia El Faro
Nacional, se resolvió definitivamente el 19 de junio de 1863, dejando sin efecto dos
reales órdenes que afectaban al «pago de unos recibos de suministros a Doña Se-
gunda Martínez y después a D. Juan Saiz de Arroyal». El expediente gubernativo
comenzaba en 1843 cuando la escritora recurría al gobierno solicitando la liquida-
16 Diario de Madrid, 1-III-1838, p. 1. http://hemerotecadigital.bne.es, [3/01/2015].
17 Larrayoz, 1978: 235, menciona a un soldado que podría ser este: «Dijo que era Alférez hacía mucho
tiempo del 2º batallón de Valencia, que operaba a las órdenes del Brigadier Adelantado; que después
la Brigada del declarante se separó de esa División para operar en la provincia de Barcelona.
Manifestó ser de 18 años de edad […]. Declaración del Alférez de Infantería D. Antonio Fernández y
Mondeli-Barrera».
18 Diario oficial de avisos de Madrid, 1006, 30-VIII-1850, p. 1. http://hemerotecadigital.bne.es,
[15/01/2015].
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Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX 95
ción de varios recibos de suministros que contenían más de un millón de raciones
hechas a las tropas en la época de la última guerra civil. Al parecer, la interesada no
había informado a la intendencia militar de en qué provincia se había verificado el
suministro, ni de los medios legales con los que había adquirido los recibos, por lo
que no procedía su admisión al haber caducado ya todos los plazos. Tras esta reso-
lución, el Tribunal Supremo de Guerra y Marina acordaba que presentara dichos
recibos y justificara su adquisición, y explicara por qué no los había presentado en
plazo.
La interesada hizo entrega de los recibos en once listas y manifestó que los
«adquirió de un tal Francisco Álvarez, difunto, por saldo de cuentas con el
mismo»19. El informe emitido por la intervención desestimó la pretensión porque
ya se habían practicado las liquidaciones de gastos en esos distritos y, transcurri-
do ya tiempo suficiente para su presentación, no era ya presumible que obrasen
en poder de particulares unos documentos de tanta cuantía y de época tan lejana.
Con motivo de esta resolución de octubre de 1844 se dispuso que se estampase en
los documentos que eran inadmisibles a liquidación y abono. En 1846 recurría de
nuevo solicitando que no se sellaran los recibos, con resultado desfavorable. No
obstante, en 1851, se volvían a reclamar y, en 1852, se dictaba orden de abono para
los considerados legítimos. El juzgado respondía que los listados de justificantes
no estaban entre los que se salvaron del incendio en el ministerio. Y, nuevamente,
alegaba que «se había mezclado el papel legítimo con el falso y pedía que se le
pagase el importe de su papel, porque no era culpa suya que las indicadas rela-
ciones se hubiesen extraviado», la respuesta fue que se atuviera a la sentencia.
En el siguiente recurso pidió el reconocimiento de su validez, ya que se habían
considerado legítimos. El 5 de febrero de 1859 se admitía por el Ministerio de la
Guerra el pago de la deuda y, de nuevo, el 31 de marzo, se suspendía la orden por
el Tribunal Supremo.
Pero la fortaleza y constancia de Segunda Martínez no tenía límites y volvía a
la carga con una demanda interpuesta esta vez por su abogado Vicente Hernández
de la Rúa ante el Consejo de Estado el 4 de febrero de 1860. Sin embargo, cuando se
hallaba el pleito en estado de vista, el letrado manifestaba que su representación
estaba concluida: Segunda Martínez había fallecido. El abogado señalaba como
heredero al general José Luciano Campuzano20. El letrado presentaba otra vez
diligencias en representación ahora de Juan Saiz de Arroyal21 a quien el heredero
instituido por Segunda Martínez había cedido la herencia.
19 El Faro Nacional, Revista de Jurisprudencia, año XIII, t. VII, 1865, p. 951. www.Google.books,
[2/01/2015].
20 José Luciano Campuzano de Herrera (Santander, 1804- ¿) fue nombrado senador vitalicio el 20 de
octubre de 1851, era Teniente General desde 1849. En: http://www.senado.es, [25/01/2015]. En 1848
era Capitán General de los Reinos de Valencia y Murcia. Boletín oficial de la provincia de Murcia, nº 83,
14-VII-1848.
21 Juan Saiz de Arroyal estableció un asilo de niños huérfanos en 1849 en Santa Cruz de Tenerife
cuando era Gobernador Civil, pero al sostenerse únicamente con donativos voluntarios careció de
estabilidad. El Noticioso de Canarias, 1, 1-XI-1861. Digitalización realizada por ULPGC, 2007, www.
Google.books, [25/01/2015].
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96 Mariángeles Pérez-Martín
Por otro lado, una nota de prensa aparecía en 1854 en varios diarios de Madrid22:
Dice el Boletín eclesiástico de Astorga del 1º: «El 26 del corriente mes (junio)
hizo solemnemente su profesión religiosa en el convento de premostratenses de
Villoria de Orbigo, doña Segunda Martínez.
De ser ella misma, parece que la autora acabó sus días en ese convento, fallecien-
do en una fecha que estaría en torno al periodo entre 1860 y 1863. En el siglo XIX no
era extraño que algunas mujeres al quedar viudas ingresaran en un convento. A ese
respecto, la sentencia dice: «viuda del Coronel Don Francisco Martínez de Robles y
vecina de esta corte, recurrió a mi gobierno en el año pasado de 1843», por lo que
debió quedar viuda hacia 1844. Estuvo casada, al menos desde 1827, pues en el me-
morial dirigido a la Academia de San Carlos decía que era esposa del coronel Fran-
cisco Martínez, entonces Capitán de Caballería. Sin embargo, el devenir de la autora
fue independiente del de su esposo, al menos judicialmente. Por lo que, examinar la
trayectoria del coronel es esencial para desentrañar las condiciones en las que se des-
envolvió la autora. Además, como veremos, la carrera militar de Francisco Martínez
de Robles está estrechamente relacionada con las aventuras descritas por Segunda
Martínez en su novela Las españolas náufragas, en la cuales rastrearemos esos signos
autobiográficos.
4. Una novela, una autobiografía
Martínez de Robles (d.ª segunda). 113.- Las españolas náufragas, o correspondencia
de dos amigas. Novela original por Doña Segunda Martínez de Robles.- Madrid. Abril
de 1831. Imprenta de D. Norberto Llorenci. Dos vol. en 16º; el primero de 144 páginas
y el segundo de 120, con dos grabados en madera. Esta obrita, que en el fondo es
una autobiografía, se compone de 18 cartas de D.S.M (Doña Segunda Martínez) a
(N.D.S.) y de esta a su amiga, quien refiere un naufragio y mil contrariedades que le
sucedieron en el extranjero, hasta que pudo luego regresar a España y obtener del
Rey el indulto de su marido, del cual había estado separada largos años; el estilo es
sencillo y el conjunto del libro más hace efecto de memorias que de novela (1905: 41).
Así reseñaba Manuel Serrano y Sanz la novela de Segunda Martínez, como ve-
mos, al describir la obrita la consideraba una autobiografía, incluso las siglas que dan
nombre a la protagonista D.S.M. las identifica con la autora. En buena lógica, Manuel
Ambrosio Sánchez (2000: 14) en su introducción a la edición moderna también lo afir-
ma, aunque en referencia al personaje masculino señala que Serrano lo identifica con
el marido y no con el padre, que es lo que aparece en la novela. Sin embargo, Serrano
debía conocer la biografía de la autora y que estaba casada con un militar, por lo que,
al asegurar que en el fondo era una autobiografía refiere la relación real de la autora
y no la del personaje de su novela.
22 El católico. Periódico religioso y monárquico, 8 y 9-VII-1854, p. 630; La esperanza, periódico monárquico,
Madrid, 10-VII-1854, p. 2; La España, Madrid, 11-VII-1854, p. 2. www.hemerotecadigital,
[10/01/2015].
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Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX 97
La novela Las españolas náufragas se compone de dos tomos, las páginas iii-viii
son un prólogo de la autora, al final del segundo se incluye la lista de suscriptores.
Cada tomo está precedido de una ilustración, dos xilografías a página completa.
En la primera imagen se ve a la protagonista tras el naufragio, sentada junto a unas
rocas y una tórtola a su lado, con la leyenda «¡Qué triste porvenir me espera!».
En la segunda estampa se ve al padre de la náufraga que de rodillas ante el rey le
entrega un papel, al fondo su hija y el coronel le miran, y se lee «¡Traidor: nunca
lo fue!». Ambas estampas carecen de firma, no figura el grabador ni tampoco el
dibujante del motivo. Sobre la autoría lo habitual era que cada imprenta tuviera
su propio grabador, pero este solía ser un artesano que reproducía los dibujos que
otros pintores creaban, por lo que es posible que las ilustraciones fueran realizadas
por la propia autora.
Sánchez menciona otra serie de pequeñas ilustraciones que completan los
espacios a pie de página con función decorativa, los cuales no ha reproducido en su
edición. Son estampas de jardinería. Además, el autor cita a un contemporáneo con
los mismos apellidos que la escritora: Francisco Antonio Martínez Robles, botánico
y catedrático de agricultura en Toledo y luego en el Jardín botánico madrileño, autor
de varios libros sobre cultivos23. Aunque los motivos botánicos eran habituales,
los descritos por Sánchez «un joven jardinero empujando su carretilla, con las
plantas vistosamente dispuestas en la caja» no eran tan frecuentes, lo que podría
vincularlo con la autora. En relación al formato, destaca el reducido tamaño en que
se imprimió el original (16º, 11 x 7), «un auténtico librito de bolsillo, para que las
damas lo llevaran en la faltriquera. Testimonia el público esencialmente femenino
al que iba destinado, y es un buen ejemplo del libro entendido como objeto de
consumo» (Sánchez, 2000: 14).
Las españolas náufragas o correspondencia de dos amigas es una novela epistolar
compuesta por doce cartas escritas por dos mujeres, de las cuales tres pertenecen
a NDS (cartas 1, 10 y 12) y las otras nueve a DSM (cartas 2-9 y 11). Existe una des-
proporción entre las voces de ambas interlocutoras, mientras DSM (Doña Segunda
Martínez) es la auténtica protagonista, la que narra sus desgracias en la parte cen-
tral de la novela, su interlocutora, la otra náufraga NDS24, apenas forma parte del
relato, únicamente en la carta 10 cuenta lo que le sucedió, «su papel cumple una
función mera y esencialmente narrativa» (Sánchez, 2000: 23). NDS abre y cierra la
novela con sus cartas urgiendo a la protagonista a que dé noticias. Es la interlocu-
tora necesaria en la forma epistolar, que da verosimilitud y disimula a la autora.
23 Ovidio, 1859, t. II, p. 53. Citado por: Sánchez, 2000: 13-nota 5.
24 Quizá simplemente Nuestra Dama Secreta o Nuestra Dueña y Señora. Hemos intentado (siguiendo
la lógica de Serrano y de Sánchez para las siglas DSM) buscar para NDS una posible relación con
alguna dama de la aristocracia coetánea a la autora y que pudiera haber sido quién la socorriera
en sus desgracias personales que hemos relatado anteriormente, pero no hemos localizado ningún
personaje cuyas siglas coincidan.
Como curiosidad, aunque es muy improbable, NDS es la abreviatura de Nosse debebitis si, expresión con
la que comienzan los documentos de 1060 y del periodo posterior, contenidos en el Cartularium Vindocinense
de Marmoutier que incluye un conjunto de cartulas (serie NDS) en relación con los alodios o propiedad de los
señoríos feudales de la nobleza medieval francesa.
Asparkía, 30; 2017, 87-105 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.5
98 Mariángeles Pérez-Martín
5. Aparecer como autora sin merecerlo…
El nuevo público lector femenino surgido en las primeras décadas del XIX con-
centró sus preferencias en una serie de publicaciones que incluían mucha poesía,
sobre todo romántica y sentimental, junto a novelas mediocres traducidas, historia
de las mujeres de la antigüedad y biografías de damas famosas. Aunque las mujeres
se integraron en la dinámica cultural, las reacciones ante su obra afectaron al modo
de presentarse ellas mismas ante el público y también a su identidad como escri-
toras. Sirva de ejemplo de cuál era esa opinión el testimonio de Gustave Deville en
1844. «La mujer debe ser mujer, y no traspasar la esfera de los duros e ímprobos
destinos reservados al hombre sobre la tierra. Sea enhorabuena poeta, artista; pero
nunca sabia. Sea observadora y analice; pero sin tratar por ello de destruir el orden
de cosas establecido»25. Junto a la ideología imperante, los paradigmas románticos
dejaban pocas posibilidades a la mujer de imaginarse a sí misma como escritora.
El sujeto escritor de sexo femenino no se conforma en las letras hispanas hasta
la irrupción de Gertrudis Gómez de Avellaneda. La autora en su autobiografía de-
muestra la elaboración de un estilo personal, «una imagen del yo que se hace eco
de los modelos románticos, a la vez que pone de manifiesto su conciencia de que
esos modelos eran contrarios a la pauta cultural de la existencia femenina» (Kirk-
patrick, 1991: 133). El texto de Avellaneda estaba escrito a modo de carta en un
cuaderno pequeño, con apartados fechados y dirigido a Ignacio Cepeda, del cual
estaba enamorada. La autobiografía se presentaba así como algo privado y, por
tanto, adecuado para la escritura de una mujer.
Así pues, «la estructura de una obra no es algo intranscendente o adventicio, ni
algo impuesto a la realidad. Es un modo de verla (o de entenderla) para después
contarla» (Tacca, 1985: 11). Todo libro pertenece a un autor, que es el que asume
la palabra y el relato. Este se identifica y desborda al narrador. Aunque en el siglo
XVIII fue muy habitual la exhibición de este autor, ya desde inicios del XIX en
adelante la novela tiende progresivamente a eliminar ese autor, que pasa al prefa-
cio para poco a poco desaparecer. La esencia del autor precede al texto, por lo que
el autor es el responsable, su artífice material. Y así, «el autor ideal de la novela se
resuelve en la categoría del narrador» (Tacca, 1985: 37). Hay implícita una tensión
entre autor y narrador, mientras que la voz del narrador aparece como legítima,
la del autor parece una voz intrusa, que solo acierta cuando calla. A ese necesario
silencio del autor responde la figura del autor transcriptor, el cual más que un autor
es un fautor, que utiliza una variada gama de recursos entre los que se encuentra la
forma epistolar de la novela. Bajo esta fórmula se presenta como un autor ausente,
un mero editor de unos papeles encontrados. Así, en la novela epistolar la ausencia
del autor es asumida como natural y responde al doble afán de objetividad y vero-
similitud: la imparcialidad del autor y la credibilidad del texto.
Pero la neutralidad se revela imposible, en rigor, no hay autor imparcial, solo
grados de parcialidad, por lo que es necesario eliminar su voz y el recurso utilizado
25 Deville, 1844; 193. Citado por: Kirkpatrick, 1991: 97.
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Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX 99
es la novela epistolar. En ella el autor niega su autoría y así se le supone objetividad
al presentarse como editor. El género epistolar encierra uno de los recursos más
modernos de la novela contemporánea. El epistolario a una sola voz es similar al
diario íntimo, cuando son dos voces es un verdadero diálogo, es la forma más natu-
ral del género, aunque la más escasa. La novela epistolar utiliza múltiples personas
gramaticales y la multiplicidad de voces sustituye la omnisciencia del autor. Esto
es lo que sucede en la novela de Segunda Martínez.
6. DSM, el yo de una novela epistolar
«Mauriac decía que tomaba sus personajes de la realidad cuando menos impor-
tancia tenían, como simple ‘utilería’. Esto se repite, consciente o inconscientemente,
en muchos novelistas» (Tacca, 1985: 147). Los personajes de la novela Las españolas
náufragas que sufren numerosas peripecias podrían estar inspirados en la vida real
de Segunda Martínez. El argumento describe un naufragio a través de la corres-
pondencia entre dos amigas, DSM y NDS, aunque las cartas de esta última revelan
pocos detalles. En la primera carta, NDS insta a su amiga a que le cuente su historia
tras su desgraciada separación en una borrasca en la que la dio por muerta. La an-
tepenúltima es la respuesta a las ocho de DSM, donde aclara que no abandonó a la
náufraga, y le anuncia el envío de una carta por medio de un misterioso personaje,
un español que regresa a su patria a pedir el indulto del rey, y que resulta ser su
padre al que creía muerto. En la última NDS anuncia que se dirige a su encuentro.
Las cartas no están fechadas, DSM no espera a la respuesta, son fragmentos de
la misma narración que va anticipando. No indica tampoco el lugar desde donde
se escriben las cartas en España, solo se dice «a esa [dirección o ciudad]». El regre-
so desde Francia, donde sucede el naufragio, se produce por el puerto de Cádiz y
de allí DSM se dirige a Sevilla donde toma una silla de postas que la lleva a otra
ciudad no citada. En la carta 10, tras el reencuentro con su padre, se mudan a una
posesión a una legua de esa ciudad.
Sánchez (2000: 18-54) en su edición hace un detalle pormenorizado del argumen-
to que sintetizamos aquí. Tras naufragar el barco, DSM llega a la costa de una isla
indeterminada (en la que se habla francés). Se dirige al pueblo cercano y allí conoce
a los posaderos y a Mariana, la criada y confidente. Al día siguiente un funcionario
acude a darle ayuda económica, que DSM rechaza por desconfianza. El juez insiste
y la criada le dice que no se fíe, la náufraga se refugia en casa de una baronesa y allí
trabajará de dama de compañía de su sobrina Amalia. A los pocos días, recibe una
nota anónima para citarse con Dresand, quien le trae una carta de sus padres. DSM
entrega la carta a la baronesa y comienza a referirle sus desgracias. DSM perdió a su
madre y tres hermanos en la guerra –Sánchez supone la de la Independencia–, y fue
recogida por una amiga. Su padre que era militar cayó en desgracia y desapareció.
Tres años después iba a ser decapitado por traidor, y ella entregó al rey la lista de
calumniadores, y el padre obtuvo el perdón, recuperando cargos y posesiones. De
nuevo se marchó, y le dieron como muerto por traición. La amiga y DSM temiendo
represalias huyeron del país. Durante el viaje se produjo el naufragio.
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100 Mariángeles Pérez-Martín
La baronesa también fue amiga de su padre. Acuden ambas al encuentro con
Dresand, quien, siendo el padre de DSM Presidente del Supremo Consejo de la
Guerra, era coronel de la guardia cuando le acusaron de asesinar a su esposa y lo
condenaron a muerte; huyó de la cárcel y, a su vez, la criada se llevó a la única hija
del matrimonio. La baronesa descubre que la criada Mariana era la hija del coronel
que estaba prisionero, tras el reencuentro entre ambos regresan a España. Luego la
baronesa narra a DSM que su padre salvó a su hermano, padre de Amalia, la cual
se va a casar con Camilo y a punto de celebrarse la boda la baronesa muere. DSM se
queda con la pareja hasta que algo hace que se marche, se embarca de nuevo como
doncella y una tormenta les hace tomar tierra. Casualmente allí recibe carta de la
pareja. Cuando el barco está arreglado sufren el ataque de unos corsarios y toman
tierra de nuevo.
En la ciudad francesa conoce a una mujer, «la naufraguita española», cuyo padre
había trabajado de contable siendo acusado de un robo, cuando la hija demostró su
inocencia el padre ya había sido ajusticiado. Ella también fue acusada de un delito
y se vio obligada a pedir ayuda, como no se la prestan pensó en suicidarse. Pero
gracias a un apoyo inesperado monta un negocio; aunque fracasa, y le socorre un
extranjero. La protagonista se embarca de nuevo rumbo a Cádiz y al llegar descubre
que su ama en la travesía era la mujer del delator de su padre, y se separa de ella.
En Sevilla se emplea con una viuda, allí recibe carta de NDS que le anuncia que
ha enviado otra carta a un pobre con modales, y pide que lo reciba. DSM solicita
ayuda al coronel, padre de Mariana, que consigue audiencia en palacio. Así se
prepara la escena final, la protagonista intercede ante el rey a favor del mendigo,
cuya historia es igual a la de su padre. El rey le reconoce, y propicia el encuentro
entre ambos, restituyéndole todos «sus estados y honores» y se retiran al campo
donde se encontrará con su misteriosa amiga.
El rico argumento y la profusión de personajes revelan el dominio de la novela
de aventuras, aunque se presente como un conjunto de cartas entre dos amigas.
Sigue la tradición de novela bizantina (renovada en el XVIII con sentimentalismo)
con numerosos reencuentros de seres queridos. Dentro de la lógica bizantina esas
casualidades no son inverosímiles. El azar es parte esencial del desarrollo de la his-
toria, el destino dará la recompensa a los buenos, y los malos serán castigados. Un
azar concebido como Divina Providencia y que tiene que ver con el carácter moral
y educativo de la literatura de los siglos XVIII y XIX. Más allá de la ciencia y del
progreso existen los designios divinos, la virtud garantiza la recompensa divina.
Afirma Sánchez que no hay novela bizantina sin naufragio, pero aquí es elevado
a la categoría de axioma (2000: 32). La profesora Ana Rueda (2001: 423) señala que
el naufragio es el paradigma de la existencia humana: el alma es al cuerpo como el
timonel a la nave. Aparece como tema novelístico en España en el XVIII y se con-
vierte en episodio obligado. La pesadilla del naufragio, presente en la plástica de la
época, se debe a la abundancia de los mismos por la expansión marítima comercial.
En el naufragio se rompen las convenciones sociales y el individuo pone a prueba
su virtud. Al impregnarse las novelas de romanticismo, el naufragio opera como
emblema espiritual: hay cosas que no están al alcance de la voluntad.
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Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX 101
Pero en Las españolas náufragas no impera Dios en el naufragio, el centro moral
se traspasa a la experiencia personal: «DSM no se resigna cristianamente ante su
destino y se define por su férrea determinación a no dejarse amilanar por las cir-
cunstancias adversas, como mujer y como náufraga, en un país extranjero» (Rueda,
2001: 436). Lo cual bien podría aplicarse a la vida real de su escritora. La novela
redefine el papel del náufrago construyendo una novedosa feminidad, la heroína
se reinventa y tan pronto es señora como criada, otra náufraga tiene su propia
empresa, un sentido de la productividad femenina que en buena medida también
posee la escritora. El destino de la náufraga es insólito en la ficción española de
la época. Las náufragas no batallan con pasiones, sino contra los varones que las
apartan de su camino, por tanto, su virtud depende enteramente de su capacidad
de trabajo. De la misma manera que la virtud de Segunda Martínez dependía de
su trabajo para devolver la deuda contraída y sacar adelante a su familia en una
situación desgraciada.
Esta novela, además de reflejar en sus personajes circunstancias de la vida de
su autora y de su círculo social, crea un espacio, el prólogo, en el que a la autora,
a la vez que se excusa por su atrevimiento al escribir, manifiesta su propio yo. Al
comienzo declara en primera persona «es la primera vez que escribo», confesando
sus imperfecciones: se ha visto obligada a escribir para ayudar a su familia con los
ingresos. Sánchez lo considera un recurso literario, pero las circunstancias perso-
nales relatadas sugieren que la afirmación es cierta. Sin embargo, la intención de la
autora al afirmarlo no es la de una confesión sino dar verosimilitud a su narración.
Ese recurso, la transcripción de las cartas, tiende a la verosimilitud, no a la ver-
dad, ya que verosímil es aquello que parece verdadero al lector, por tanto, es una
convención. «En rigor, la novela no es nunca verosímil: juega a la verosimilitud»
(Tacca, 1985: 61-63).
Segunda Martínez manifiesta en el prólogo que antes se había dedicado a hacer
retratos, algo que, como hemos visto, es también autobiográfico. Pero la propia
historia de la novela, en la que las protagonistas son hijas de militares o familiares
y pertenecen a una clase elevada tiene mucha relación con su propia historia y
con lo que era frecuente en la España del siglo XIX. Pues, tras la implicación del
ejército en la Guerra de la Independencia, muchos militares obtuvieron prebendas
en forma de títulos nobiliarios. No cabe duda de que Segunda era una mujer con
coraje, el largo y farragoso proceso, junto al desarrollo de su ejercicio profesional
como pintora y escritora demuestra su tesón y constancia en las múltiples peripe-
cias ocurridas a lo largo de su vida. Sánchez sugiere que la autora, como sucedió
con muchas familias de militares tras las guerras y los pronunciamientos liberales,
pudo ser obligada al exilio. A pesar de los pocos datos que le constan, considera
que «era de buena sociedad, con numerosas influencias y, posiblemente, con algún
familiar en el ejército» (2000: 12). Acierta Sánchez –si cotejamos la biografía–, en sus
afirmaciones. Sin embargo, aunque es posible que el militar considerado como trai-
dor en la novela pudiera ser el padre de la autora, ya que hace de esa relación entre
la protagonista y el padre de esta el eje central de la novela, quizá solo es una licen-
cia de verosimilitud y la persona a la que remite el personaje es su propio marido.
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102 Mariángeles Pérez-Martín
7. Una larga y penosa carrera profesional
Francisco Martínez Robles tenía dieciocho años cuando ingresó en el ejército
el 20 de febrero de 1799, era natural de León. En 1801 participó en la campaña de
Portugal y desde 1808 en la guerra de la Independencia, hallándose en las bata-
llas de Rioseco y en la retirada a Extremadura donde derrotó su cuerpo al 5º de
Dragones Franceses. Tras las acciones de Mora y Ocaña, en Infantes le sorprendió
una avanzada enemiga, matando a tres hombres. Siguió al cuerpo del Reino de
Murcia en la invasión de Andalucía en 1810 y se halló en el ataque de Vinaroz y
Segorbe, y el general, entre Valencia y el castillo de Sagunto. Estuvo comisionado
para observar al general enemigo Arripe en Castellón y Teruel, desempeñando
sus servicios a satisfacción de su general. En 1817 el rey le nombró caballero de
primera clase de la Real y militar Orden de San Fernando y, al año siguiente, de
la de San Hermenegildo. Desde ese año siguió a su regimiento y participó en la
guerra contra los franceses, hasta que, el 19 de junio de 1823, en San Lucar la Ma-
yor lo hicieron prisionero y fue conducido a Francia.
Consta así en la hoja de servicios de su expediente como aspirante a las
comandancias de Puerto Rico del 2 de febrero de 1839. Era entonces Capitán de
caballería graduado de Teniente Coronel, «con especial recomendación de S. M.
primera el Ministro de la Guerra». Francisco Martínez pertenecía en aquel momento
al Regimiento de Húsares de la Princesa y solicitaba la plaza de comandante en
Puerto Rico. Entre las circunstancias «que le adornan» según el Secretario de la
Guerra, estaba haber servido a sus órdenes en el ejércitos del Norte. Finalmente, a
pesar de la recomendación, no obtuvo el puesto. Decía haber servido a las armas
durante cuarenta y cinco años, y haber cumplido sus deberes a satisfacción de sus
jefes, pues en esos años jamás había sido sumariado, arrestado, ni reconvenido. No
menciona su solicitud un dato que aparece en el impreso adjunto: «Campañas y
acciones de guerra en las que se ha hallado». Cuando fue liberado de su cautiverio
francés a principios de mayo de 1824 (tras 11 meses y 12 días prisionero) regresó
a España y le expidieron licencia indefinida. Permaneció desde 1825 hasta 1831
–fecha en que se publicaba la novela– con la expresada licencia; hasta que, el 15
de octubre de 1832, amnistiado por el Real Decreto de esta fecha «y aclaraciones
posteriores» se le concedió licencia ilimitada. En 1834 fue declarado excedente y al
año siguiente le confirieron el grado de Teniente Coronel.
Esas «aclaraciones posteriores» podrían ser las pruebas de que el militar no
fue un traidor. Los cambios políticos del reinado de Fernando VII y, a su muerte,
la subida al trono de su hija Isabel II, la regencia de María Cristina, y la oposición
de los carlistas, produjeron numerosas deserciones y que militares fieles a una
causa con el cambio político fueran considerados traidores. Varios son los hechos
que coinciden entre los personajes y la vida real de la autora, no conocemos si
ella acompañaba a su esposo en sus destinos, pero parece poco probable por ser
sus desplazamientos al campo de batalla. Aunque conocía bien la vida militar
y, sin duda, muchos de los detalles que refiere en su historia forman parte de su
realidad.
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Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX 103
Hemos detallado la vida militar de su marido hasta la fecha en que escribió
la novela puesto que lo sucedido posteriormente no pudo ser argumento de la
misma. Sin embargo, como si de una premonición se tratara algunos hechos
posteriores estaban ya prefigurados en la novela. En la citada solicitud de 1839 al
puesto de comandante de Puerto Rico aseguraba estar fatigado y que la vacante le
apartaría del servicio activo y al mismo tiempo encontraría «una remuneración en
los atrasos que ha sufrido en tan larga como penosa carrera»26. Era quizá el pago de
esos atrasos lo que con tanto ahínco pleiteaba su mujer en el proceso judicial que
mantuvo durante casi veinte años. Una vez obtuvo el grado de Teniente Coronel en
1837 fue destinado al Regimiento de Húsares, y marchó con los escuadrones en la
acción de las Rozas y en la batalla de Aranzueque, en noviembre se incorporó con
su regimiento a la División de la rivera de Navarra, donde en diciembre «prestó el
juramento de fidelidad a la Constitución política de la Monarquía».
En 1838 continuó en campaña participando en numerosas acciones militares en
las que su Regimiento de Húsares de la Princesa tuvo parte gloriosa y le fue conce-
dido a su estandarte la tercera orden de San Fernando. En agosto de ese año mar-
chó al Escuadrón de Depósito de Alcalá de Henares, y allí estaba cuando solicitó el
puesto de Puerto Rico. Aún obtuvo otro reconocimiento antes de acabar su carrera
militar, el 28 de octubre de 1843, considerando los méritos y servicios prestados en
su larga carrera le fue conferida la Cruz de Comendador de la Real Orden Ameri-
cana de Isabel la Católica. Entre sus méritos el «haberse hallado en la campaña de
Portugal; en la Guerra de la Independencia; en la del 1823 contra los franceses, y
en la última contra las huestes de D. Carlos hasta el 29 de abril de 1839 en que fue
nombrado para dicho destino»27. La orden, firmada por el ministro interino del
Gobierno Provisional, le nombraba Comandante General de los Resguardos de las
Islas Filipinas, su último destino.
Para Nora Catelli la autobiografía es una impostura: «el lugar donde un yo,
prisionero de sí mismo, obsesivo, mujer o mentiroso, proclama, para poder narrar
su historia, que él (o ella) fue aquello que hoy escribe» (2007: 219). La escritura del
yo es un producto histórico que se desarrolla en occidente a finales del siglo XVIII
y expresa un rasgo de ese periodo. Existe inestabilidad a la hora de fijar los límites
internos y externos del género, la oscilación entre el tiempo de escritura y el de la
vida. Un ir y venir entre dos ámbitos contradictorios, que «está ligado al sentimien-
to de culpa por no vivir lo escrito» (2007: 284).
Recapitulamos la autobiografía de Segunda Martínez para ver qué necesidad
intenta expiar en la novela. En 1827 cuando es nombrada académica estaba ya ca-
sada, su marido era ya capitán, él tendría entonces cuarenta y tres años (nació en
1781), Francisco murió antes de que Segunda iniciara el pleito 1844 y después del
28 de octubre de 1843. Estuvo prisionero en Francia, luchó contra las tropas carlis-
tas, juró fidelidad a la constitución isabelina, y padeció una situación de penuria
26 archivo histórico nacional (En adelante ahn). ultramar, 1067, Exp. 3. «Solicitudes de destino».
27 ahn. estado, 6329, Exp. 66. «Nombramiento de Comendador de la Orden de Isabel la Católica a
Francisco Martínez Robles, Coronel Graduado de Caballería y Comandante General Resguardos de
las Islas Filipinas».
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104 Mariángeles Pérez-Martín
económica, tal como Segunda anuncia en el prólogo de la novela. Francisco fue
probablemente acusado de traición, como su personaje padre de la protagonista. Y
también como la protagonista, Segunda tenía personas que le ayudaron económi-
camente y personas de alta clase a las que podría acudir para que la recomendaran
por su pintura, quizá esa amiga secreta a la que une el sufrimiento y el infortunio
con DSM en la narración.
La novela no tiene tema amoroso, su lugar lo ocupa la amistad entre mujeres y
el reencuentro entre padre e hija. Sánchez afirma no encontrar explicación a esto,
pues las conexiones con la novela bizantina que menciona no resuelven nada. El
tema de la amistad sería compatible con el del amor, de hecho la exaltación de
la amistad es un principio ilustrado que no excluye el amoroso. Dejando de lado
–dice Sánchez– «interpretaciones lésbicas, para las que no faltarían argumentos en
la obra» se decanta por su afinidad de caracteres. Valores de sensibilidad, virtud y
comunión en la desgracia, que sitúan el protagonismo de la obra en lo femenino,
empezando por el título: «Mujeres son las que llevan la iniciativa de la acción, las
que recrean su mundo y, por supuesto, son mujeres en su mayoría las que leen esos
productos; la diferente es Segunda Martínez, que lleva esas premisas a sus últimas
consecuencias» (2000: 36).
Para Rueda «el propio título borra la diferencia entre el nombre y el adjetivo,
entre lo esencial y lo accidental, el significante genérico sumergido (mujeres) grita
a voces la condición de marginalidad (náufragas) y la identificación nacional (espa-
ñolas)» (2001: 437). La dimensión sexual de la náufraga se desvía del modelo del
naufragio tradicional, son supervivientes natas. Rectifica el modelo del náufrago
a merced de las pasiones para construir otro femenino en el que la mujer no su-
cumbe a las manipulaciones del hombre. Luchan por sobrevivir y para ello utilizan
una herramienta muy valiosa, la escritura. En el devenir de la historia narrada, la
escritura no juega solo un papel de fórmula escritural, de género, sino que es fun-
damental en la supervivencia de las náufragas, se convierte en tabla de salvación,
moral y física. Las cartas llegan a su destino igual que las náufragas a la orilla.
Las protagonistas de la novela escriben, pero también manejan documentos legales
sin amedrentarse, exhiben una aptitud contundente, demandan poderes, redactan
testamentos y hacen peticiones de viudedad. Las náufragas forjan un nuevo sujeto
femenino a partir del desastre, haciendo valer su derecho sin renunciar a su sensi-
bilidad. Supone una declaración de libertad en el sentido ilustrado, de emancipa-
ción paterna, y emancipación del hombre como guía intelectual.
En conclusión, en esta novela Segunda Martínez de Robles deja oír su propia
voz manifestándose en las vidas y acciones de sus protagonistas; tal como afirma
Rueda, el hecho de que la novela la escribiera una mujer en circunstancias difíciles
es relevante. «Escribir para sobrevivir es un recurso que la autora lega a sus heroí-
nas» (2001: 439).
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Segunda Martínez, la profesionalización de una mujer en el XIX 105
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CARME BERNAT MATEU1
Orientalisme i gènere:
Flaubert i la mirada colonial sota les dones
Orientalism and gender:
Flaubert and colonial eyes about women
Resum
La representació de la feminitat oriental en la literatura dels països colonitzadors al
llarg del segle XIX tingué un paper clau en els discursos orientalistes del romanticisme.
La imatge dels cossos orientals femenins, la qual dibuixa a les dones com a objectes eròtics
del plaer visual masculí, ha contribuït a configurar un escenari eurocèntric. Aquesta
figuració qualifica a diferents territoris extraeuropeus d’escassament civilitzats i monolítics,
i sobretot feminitzats i susceptibles a ser colonitzats. Dintre d’aquests discursos orientalistes
multidireccionals, escollim a Gustav Flaubert com a cànon literari de les diverses al·legories
de les dones orientals, les quals basculaven entre la no-existència femenina fins la femme
fatale, passant per la dona feble i necessitada de l’heroi occidental per al seu alliberament.
Paraules clau: Orientalisme, Flaubert, dones orientals, colonització, literatura, representa-
cions, gènere.
Abstract
The representation of the oriental femininity in the settler countries throughout the XIX
century had a key role in the orientalists speeches of Romanticism. The feminine oriental
bodies image, which exemplifies women as erotic objects of the male visual pleasure, has
contributed to the configuration of a stage where Europe is considered the universal center.
This image itself qualifies different extra-european territories as monolithic and with lack
of civilization, but especially feminized and available to be colonized. Considering all these
speeches, Gustav Flaubert has been chosen as literary cannon of the several representations
that the oriental women can have. These allegories were searching from the feminine no-
existence until the femme fatale, also seeing the weak woman who needed the occidental
hero to achieve their liberty.
Keywords: Orientalism, Flaubert, oriental women, colonization, literature, representations,
gender.
Sumari
1.Introducció. 2. Literatura de viatges, la finestra al Nou Món. 3.Orientalisme és patriar-
cat. 4. La cortesana egípcia i els estereotips eurocentristes.
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108 Carme Bernat Mateu
La posesión del más ínfimo trocito de mi cuerpo te llenará de un
gozo más vehemente que la conquista de un imperio. ¡Dame tus labios!
¡Mis besos tienen el sabor de una fruta que se derritiese en tu corazón!
¡Cómo vas a perderte por entre mis cabellos, cómo aspirarás mi pecho!
Te embelesarás con mi cuerpo y abrasado por mis pupilas, entre mis
brazos, en un torbellino...
La Reina de Sabà en Les temptacions de Sant Antoni,
Gustave Flaubert
La Reina de Sabà és el mite fet personatge: una llegenda bíblica recollida al llarg
de la història en diferents tradicions literàries i que, a més a més, arriba a la producció
flaubertiana en forma de representació orientalista del subjecte com a cos femení. Ella
és un pròcer realment interessant, ja que per a Gustave Flaubert transgredeix en bona
mesura els límits de la feminitat: «Je ne suis pas une femme, je suis un monde»2. Significa,
una representació global de l’altre món, d’un nou món d’exotisme, de seducció (Sha-
rafuddin, 1996), d’excessos i de superfluïtats. Funciona com a representació d’Orient,
dona-símbol de l’Altre món. Aquest personatge funciona com un estereotip, és una
de les dones orientals més típiques del corpus de Flaubert i és el resultat més impres-
sionant en sentit estètic de la seua imaginació literària (Steidl, 2013).
Aquesta figura és un exponent del que es vol mostrar amb el present treball:
que la representació de les feminitats orientals en la producció literària i pictòrica,
flaubertiana en concret i del període del romanticisme en general, forma part del
discurs orientalista. A més, aquestes produccions artístiques també han contribuït a
configurar la imatge eurocèntrica de l’Altre oriental. Mitjançant les representacions
de les dones orientals, s’ha justificat la colonització i la suposada superioritat
occidental. Aquestes representacions, en ocasions contradictòries, podem resumir-
les en tres: la primera, una imatge de dona musulmana anònima sense rostre
ni presència, un no-èsser; la segona, una dona perfecta però captiva per homes
musulmans que és alliberada per un heroi europeu; la tercera, aquella hipersexuada,
femme-fatale, obscura i eròtica. Aquests tres estereotips no són contradictoris, sinó
més bé parts complementàries d’un discurs patriarcal que considera a les dones
objectes sexuals però inferiors. Allò que connecta aquests models és la misogínia,
i en aquestes imatges eurocèntriques i patriarcals la connexió erotisme-submissió
funciona de forma harmònica.
Aquestes representacions orientalistes sobre la feminitat contrasten amb les
imatges sobre la masculinitat oriental, considerada, o bé feminitzada i sensible a ser
colonitzada, o bé brutal, temible i bàrbara, amb la que cal acabar per ser «dolenta».
Amb aquestes representacions es vol remarcar la mirada monolítica, externa i
colonial sota dones i homes del món conegut com a oriental. A més, es vol destacar
també que els rols de gènere s’han utilitzat per articular discursos com l’orientalis-
me, justificant fins i tot, fets de gran rellevància geo-política, social i cultural com
han sigut les colonitzacions.
2 «Jo no sóc una dona, jo sóc un món». Gustave FLAUBERT: La Tentation de saint Antoine, Éditions
Garnier Frères, París, 1968.
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Orientalisme i gènere: Flaubert i la mirada colonial sota les dones 109
Literatura de viatges, la finestra al Nou Món
L’orientalista està fora d’Orient. L’orientalisme es fonamenta en l’exterioritat,
i el producte principal d’aquesta és la representació artificiosa d’allò que un occi-
dental ha convertit en un símbol de tot Orient. A partir de l’expedició napoleònica
es van publicar una sèrie de productes textuals que havien superat el realisme des-
criptiu i passaren a ser un estil de representació, un llenguatge i un marc de crea-
ció. Aquestes obres, d’autors com François-René Chateaubriand, Alphonse de La-
martine, Gustave Flaubert, William Lane, Jonathan Scott o Richard F. Burton (Said,
1997: 128), eren imitacions molt elaborades i simulacres realment estilitzats del que
es creia que era un Orient viu. Per tant, aquesta idea no pot oblidar-se en el procés
de lectura d’aquesta literatura de viatges produïda al llarg del segle XIX: aquestes
són representacions, i no retrats naturals d’Orient. El grup d’escriptors d’aquesta li-
teratura de viatges del romanticisme va contribuir a configurar d’una manera més
marcada el «gran misteri asiàtic» de Benjamin Disraeli (Said, 1997: 143).
Aquests autors estaven coaccionats en els seus sentiments i paraules sobre Ori-
ent perquè l’orientalisme era, en última instància, una visió política de la realitat.
Per això, allò que interessa de Flaubert, des de la nostra perspectiva, no és la seua
concepció eurocèntrica de la superioritat occidental, sinó el testimoni modulat que
ens ofereixen els detalls de la seua obra dintre de l’enorme espai obert per aquesta
veritat en la tradició occidental. I encara que l’envergadura de la seua obra exce-
deix les limitacions de l’orientalisme «ortodox», Flaubert juga constantment amb
els límits que presenta el coneixement sobre Orient.
Mentre que Lane va adquirir autoritat literària per la manera en que la seua pro-
ducció podia adaptar-se a l’orientalisme i fou citat com a font de coneixement sobre
Egipte o Aràbia, Flaubert fou un dels grans models de la literatura d’estil oriental
basada en les experiències personals sobre Orient. Quant va visitar Àsia Menor,
Egipte, Grècia i Turquia entre 1849 i 1851, Orient li va donar impressió d’ancianitat i
flaquesa, i el discurs que va adoptar fou revitalista: Flaubert havia de portar Orient
fins si mateix, retornar-li la vida i lliurar-lo viu als seus lectors.
Són les mateixes afirmacions de l’autor les que ens informen d’allò que Flaubert
buscava: el Sud significava «colors brillants en el contrast amb la tonalitat gris del
paisatge de les províncies franceses; espectacle apassionant en lloc de rutina mo-
nòtona». Flaubert reconeix que aquest escenari és especialment grotesc. «Tots els
vells temes còmics» -amb el que es refereix a l’esclau, el traficant de dones o el mer-
cader - adquireixen un nou significat «fresc, vertader i encantador» en Orient. Així,
és observat des de l’excentricitat sense solució: l’individu oriental no pot alterar
les categories generals que donen sentit a la seua extravagància, però aquesta pot
ser apreciada per si mateixa i observada per l’europeu que mai s’implica i roman
distant (Said, 1997: 148).
L’experiència de Flaubert d’obertura a nous paisatges orientals com a mecanisme
per escapar de la monotonia occidental, segons Edward Said, està travessada per
un discurs d’exotisme sexual: Emma Bovary i Frédéric Moreau tenen unes vides
burgeses apagades i els seus desitjos els arriben en els seus somnis envoltats en
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110 Carme Bernat Mateu
models orientals. Orient significa llicència sexual, el lloc on es podien buscar
experiències eròtiques inaccessibles en el marc europeu. Segons Tara Mendola,
aquesta associació quasi uniforme d’orient-sexe, és simplement una representació
artística, un exemple del motiu persistent en les actituds occidentals cap a Orient
(Mendola, 2006: 9). En canvi, en obres posteriors de reinterpretació del pensament
i la pràctica orientalista, autors com Robert Irwin suggereixen que Said no va
atendre a les pràctiques sexuals de Flaubert en França, realment actives i que no
contrastaven, en gran mesura, amb les seues experiències amb prostitutes egípcies
(Irwin, 2013: 43).
Orientalisme és patriarcat
Com Said afirma, l’orientalisme té uns pioners i autoritats patriarcals, amb tex-
tos canònics, idees doxològiques i figures exemplars. És un sistema construït per
cites, obres i autors que buscaven les reaccions que provoca tot allò antic, llunyà i
exòtic; unes reaccions eròtiques, virils, que naixen amb els estímuls cosificats en les
dones orientals. En els escrits d’aquests viatgers, les dones són propietat i creació
de la fantasia de l’home-escriptor. L’orientalisme era domini exclusiu de l’home
i es concebia a si mateix i projectava a l’exterior amb ulls sexistes, però allò més
important és que l’orientalisme latent propiciava una concepció del món particu-
larment masculina, que plena les consciències dels lectors i lectores d’una mirada
unilateralment viril i titular del subjecte femení oriental. A més, la concepció mas-
culina del món, quan es tracta de l’activitat pràctica de l’orientalista, tendeix a ser
eternament estàtica, congelada i fixa.
La sexualitat de la dona oriental s’organitza, cada vegada més, com una
experiència fetitxista. L’erotisme ha sigut una part important del discurs interpretatiu
occidental de la feminitat exòtica, però el canvi resideix en que amb la literatura
de pelegrinatge del segle XIX, elles adopten un paper actiu en la seducció (Kahf,
1999). Aquesta transformació no opera canvis dels fonaments de la interpretació:
les dones continuen posicionades com a objectes eròtics del plaer visual masculí. A
més, el relat construït entorn d’aquestes responia a una realitat europea concreta: els
canvis en els tipus de desig en el discurs de la sexualitat europea, «el desplegament
de la sexualitat» segons Michel Foucault i la creació de noves formes de plaer i
desig que naixen durant els segles XVIII i XIX. L’autor assenyala com, a partir del
segle XVII, es va iniciar una «edat de repressió» i de desenvolupament del pudor
modern. Però paral·lelament va créixer una fermentació discursiva sobre el sexe
que s’incrementava amb el pas del temps (Foucault, 1991: 24). Aquesta explosió de
discursos va desembocar en una multiplicació i dispersió de les sexualitats i de les
perversions. La classe burgesa del segle XIX i XX fou, per a Foucault, una societat
perversa. Així, la multiplicació de discursos sobre l’erotisme de les dones orientals
s’enquadra en aquest procés de transformació i dispersió dels desitjos sexuals fins
arribar a una heterogeneïtat destacable.
Orient per al viatger anglès del segle XIX era l’Índia, passar per Orient Pròxim
era anar cap a una de les colònies més importants; escriure sobre Egipte, Síria o
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Orientalisme i gènere: Flaubert i la mirada colonial sota les dones 111
Turquia consistia en situar-se el domini de la voluntat política. En sentit contrari,
el pelegrí francès, com és el cas de Flaubert, estava travessat per un agut sentiment
de pèrdua en Occident, ja que França no disposava de ninguna colònia pròpia. En
el Mediterrani ressonaven les derrotes franceses, des de les guerres medievals fins
la invasió napoleònica. El seu orient era el de les memòries, el de les runes, el dels
secrets postergats; les seues obres estaven arrelades en una dimensió quimèrica
impracticable (Said, 1997: 234).
La construcció i divulgació dels discursos orientalistes ha sigut clau per a la
dominació occidental del món: l’Altre no europeu s’ha construït com efeminat, i
la feminització d’Orient va permetre a Occident jugar el paper del conqueridor
masculí (Mendola, 2006: 7), la superioritat intel·lectual i física del qual li va per-
metre governar «naturalment». Mrinalini Sinha ha mostrat com els estereotips de
l’anglès masculinitzat i el bengalí efeminat van servir per legitimar la dominació
colonial i la jerarquia racial a finals del segle XIX en l’Índia.
Orient es resisteix, com ho faria qualsevol donzella, però el mascle erudit obté
la recompensa obrint brutalment i penetrant l’essència del problema: el resultat de
la conquesta sobre la modèstia virginal és l’harmonia, però de cap manera la co-
existència entre iguals (Said, 1997: 407). La relació entre l’erudit orientalista i el seu
tema d’estudi, igual que la del colonitzador amb el colonitzat, no es veu alterada
en cap moment: és sempre favorable al primer. Així, com afirma Said, l’estudi, la
comprensió i l’avaluació que s’amaguen darrere de la màscara de l’harmonia, són
instruments de conquesta.
Aquesta imatge de la masculinitat oriental efeminada complementa el model
de feminitat derivat de la dona captiva i esclava alliberada per l’home occidental,
tant reproduïda en la literatura que ens ocupa, així com en el cinema de Hollywood
del segle XX i XIX, tot i destacant les diferències i les distàncies cronològiques. La
victimització de les dones orientals justificava la incursió colonial, així com ho feia
també la feminització dels homes orientals.
El gènere és, segons Joan W. Scott, una forma primària d’atribuir significat a les
relacions de poder, el mitjà crític a traves del qual el poder es legitima (Scott, 1990:
52). Així, les investigadores feministes que han estudiat diferents establiments
colonials en diversos períodes, han posat de manifest la importància del gènere
des d’una perspectiva racial i els espais íntims que es revelen determinants en els
processos de colonització i de dominació colonial (Rose, 2012: 111). Al col·locar el
gènere en el centre de la investigació sobre l’orientalisme i el colonialisme, veiem
com les modalitats d’intimitat sexual entre els colonitzadors i els colonitzats es
trobaven en el cor dels projectes imperials i posaven els límits a la dominació.
El «reclutament» del cos de les dones orientals al servei de les ideologies im-
perialistes no es limita a aquest període, i la realització dels conflictes nacionals i
supranacionals en els cossos femenins no és un fenomen nou. En aquest procés,
precisament les dones orientals esdevenen la manifestació exemplar com a la part
més femenina del món efeminat, i comencen paradoxalment a ocupar, des de la
capacitat reduïda i oprimida, un lloc més central en la narrativa occidental global
d’Orient.
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112 Carme Bernat Mateu
La cortesana egípcia i els estereotips eurocentristes
El discurs sobre la bellesa femenina, tant en la cultura oriental com en l’occidental,
ha sigut fonamentalment masculí, en el que la dona representa el centre d’atenció
com a esser passiu, objecte de contemplació i d’admiració (Bueno, 1998: 187). El
segle XIX francès ha representat, a través de la literatura i les arts plàstiques fo-
namentalment, a la dona oriental sota una visió idíl·lica, però els estereotips son
diversos i poc homogenis.
Per facilitar la comprensió, es pot fer una classificació d’aquestes representacions
orientalistes canòniques de la feminitat oriental, d’acord als models i estereotips
que altres autors han assenyalat. La primera representació mostra una pluralitat de
dones musulmanes anònimes sense rostre que resideixen en l’harem al marge del
text. Per tant, és un no-ésser que revela les actuacions del despotisme islàmic dels
efeminats homes orientals. La segona representació ens mostra un heroi romàntic
noble i una dona musulmana brillant, angèlica i feble. Ella està captiva, esclavitzada
per un tirà musulmà enemic de l’heroi i es alliberada per l’home occidental, sent el
paradigma de la fundació d’aquesta gesta l’entrada de Napoleó a Egipte (Kahf, 1999:
166). En tercer lloc, un altre estereotip s’encarna en figures com Cleopatra, Salomé,
Isis, la Reina de Sabà o Kuchuk Hanem: els llocs exòtics es tracten com a la nació de
femme fatale, on el secret i l’ocultisme juguen un paper central. Aquests personatges
hipersexualitzats tenen una significació especial: els autors orientalistes valoraren
preeminentment i enaltiren aquest tipus femení, llegendari, ric i suggestiu.
Kuchuk Hanem era una cèlebre ballarina i cortesana egípcia amb la que es va
trobar en el seu viatge a Orient (el lloc concret on es conegueren encara és un debat
obert en la historiografia al respecte3) i va veure ballar la dansa de «L’Abeille». Era, de
fet, una coneguda prostituta entre els viatgers europeus, i el seu nom real era Safiya
(Varisco, 2007: 158). Ella era el prototip de la majoria dels caràcters femenins de les
novel·les de Flaubert, amb la seua sensualitat instruïda, la seua delicadesa i la seua
grosseria no intel·ligent. Allò que li agradava especialment era que semblava que no
li exigia res, que tenia una autosuficiència i descurança emocional insòlites: després
del seu viatge, en una carta a Louise Colet, deia que «la dona oriental no és més que
una màquina, no distingeix entre un home i altre». Així, aquestes funcionen com una
excusa i una oportunitat per als somnis de Flaubert: no son dones, sinó desplega-
ments d’una feminitat emocionant, encara que inexpressiva verbalment.
Aquest estereotip es construeix des de la representació de la temptació carnal i
el signe inquietant de fecunditat, amb l’amenaça eròtica, el desig infatigable i una
sexualitat luxuriosa sense límits en aparença. Però aquest prototip està condemnat
a romandre estèril, amb una vida corrupta i sense descendència: el món oriental
femení intensificava en Flaubert el seu propi sentiment d’esterilitat, com s’observa
en «La temptació de Sant Antoni».
3 Mentre que Said sosté que es conegueren en Wadi Halfa, Sudan, Robert Irwin creu que l’encontre
es va produir en Egipte. Vegeu Robert IRWIN: «Flaubert’s Camel: Said’s Animus», en Ziad
ELMARSAFY, Anna BERNARD, David ATTWELL (eds): Debating Orientalism, Pacgrave Macmillan,
London, 2013, p. 43.
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Orientalisme i gènere: Flaubert i la mirada colonial sota les dones 113
Per acabar, el que s’ha volgut mostrar amb el present article és la complexitat
del discurs orientalista en matèria de gènere: les representacions de dones i homes
orientals són, en alguns casos, contradictòries i complexes, com s’ha pogut obser-
var. Però allò més representatiu és com els discursos occidentals, tant polítics com
culturals, han utilitzat models de gènere concrets per justificar l’eurocentrisme.
Així, la narrativa dominant de les dones orientals en el discurs occidental des
del segle XVIII es construeix en formes molt sofisticades, però produeix un dis-
curs en paràmetres plaents des de la perspectiva masculina heterosexual, i que
racionalitza i justifica els interessos occidentals en el domini material de les zones
colonitzades.
La representació occidental dels arquetips de feminitat i masculinitat no tingué
canvis reals fins la culminació de les lluites que s’enquadren en els processos de
descolonització. Però malgrat les grans transformacions motivades per les inde-
pendències, les representacions continuen sent, en molts casos, colonialistes i patri-
arcals. Així, alguns dels models de gènere desenvolupades en l’article es reprodu-
eixen en l’actualitat, encara que de forma més sofisticada i atenent a les diferències
i la distància, mitjançant la islamofòbia de gènere.
Finalment, i com digué Flaubert l’últim paràgraf de l’obra «Cartes del Viatge a
Orient»:
Vuelvo a Kuchuk. Somos nosotros quienes pensamos en ella, pero ella no
piensa en absoluto en nosotros. Hacemos consideraciones estéticas acerca de ella,
mientras que ese famoso viajero tan interesante, que disfrutó de los honores de
su cama, ha desaparecido enteramente de su recuerdo, como muchos otros. ¡Ah,
eso hace tan modesto el viajar!; y vemos qué lugar más pequeño ocupamos en el
mundo.
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Recibido el 31 de enero de 2016
Aceptado el 21 de noviembre de 2017
BIBLID [1132-8231 (2017): 107-114]
Asparkía, 30; 2017, 107-114 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.6
CARLOTA CORONADO RUIZ1
Saberes limitados: educación femenina en la información
cinematográfica italiana (1946-1953) 2
Limited knowledge: women’s education in italian
newsreels
Resumen
La instauración de la democracia en Italia a partir de 1946 trajo consigo la reconstrucción de
la educación basada en los nuevos principios de igualdad y libertad. Sin embargo, los valores
y modelos de la escuela seguían siendo los del fascismo, con una educación separada por
géneros: ellas se preparaban para la vida doméstica y ellos para el trabajo. Esta diferenciación
de roles establecida en todos los niveles educativos tiene su reflejo en los noticiarios
cinematográficos producidos entre 1946 y 1953. En ellos se aprecia el limitado tipo de estudios
y niveles académicos realizados por las mujeres italianas en estos años.
Palabras clave: Educación, mujer, Italia, noticiarios cinematográficos
Abstract
The arrival of democracy in Italy beginning in 1946 brought with it the reconstruction of
education based on the new principles of equality and liberty. However, the main values and
models in schools were still those of fascism, in which education was gender-based: girls
were taught to become homemakers and men were prepared for the workplace. This role-
differentiation of roles that permeated all levels of education is reflected in cinema newsreels
produced between 1946 and 1953. These reels show the limited educational and academic
levels reached by Italian women in those years.
Keywords: Education, Women, Italy, Newsreels.
Sumario
-. Introducción. -. Una escuela para todos: ¿y para todas? -. Una escuela para el matrimo-
nio. -. La universidad es cosa de hombres. -. Conclusiones. - Bibliografía.
Introducción
Para construir la nueva democracia en la Italia de después de la Segunda Gue-
rra Mundial era necesaria una Constitución, pero también crear los cimientos de la
igualdad y la libertad, a través de la educación. Se pretendía conseguir una escuela
democrática, a la que tuviera acceso toda la población, una escuela que renovara
moralmente al pueblo italiano. Sin embargo, la situación en la que se encontraba
1 Contratada Doctora. Departamento de Historia de la Comunicación Social de la Facultad de Ciencias
de la Información de la Universidad Complutense de Madrid;
[email protected]2 Este artículo es resultado es del Proyecto de Investigación «Diccionario de símbolos políticos y
sociales: claves iconográficas, lugares de memoria e hitos simbólicos en el imaginario español del
siglo XX» (Ref. HAR2016-77416-P)».
Asparkía, 30; 2017, 115-131 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.7
116 Carlota Coronado Ruiz
el país después de la guerra ralentizaría estos cambios. La destrucción material de
infraestructuras escolares, la falta de organización y de material didáctico, impedían
llevar a cabo la actividad educativa con normalidad. A finales de los años cuarenta,
las escuelas estuvieron en pleno funcionamiento, aunque con deficiencias.
Este proceso de reconstrucción de la escuela tiene reflejo en los noticiarios cine-
matográficos de la posguerra, cuya amplia difusión entre el público les confería una
gran influencia social. Hasta la llegada de la televisión, el programa cinematográfico
de la mayor parte de las salas de Italia incluía un noticiario antes del largometraje.
Tres fueron las productoras que se dedicaron a la realización de noticiarios en este
periodo: el Istituto Luce, Incom y Astra Cinematografica3. Después de la caída del fas-
cismo desapareció el noticiario Luce, instrumento propagandístico fundamental del
Régimen, pero el 19 de junio de 1945 nació su sucesor: el noticiario Nuova Luce. Tuvo,
sin embargo, problemas de aceptación por parte del público: recordaba demasiado
al fascismo. Por ello, desaparecerá de las pantallas en 19474. Su relevo lo tomó la
Settimana Incom, un noticiario cinematográfico producido por una empresa priva-
da que realizaba actividades cinematográficas durante el fascismo: Incom (Industria
Cortometraggi Milano), fundada en 1938 por Sandro Pallavicini. En 1946 creó la serie
de noticiarios bisemanales Settimana Incom, que se editaron hasta 1965. Por último,
en 1951, nació el noticiario Mondo Libero, de la Compañía Cinematográfica Astra, del
que se realizaron cuatrocientos números entre 1951 y 1959.
Estos noticiarios han sido la base de este estudio. Los tres se encuentran en el ar-
chivo cinematográfico del Istituto Luce, uno de los fondos documentales más ricos
sobre cine de no ficción del mundo. Después de seleccionar las noticias sobre mujer
y educación en la Italia de la segunda posguerra (1946-1953), se ha procedido al
análisis desde el punto de vista tanto de la forma como del contenido, de un corpus
documental compuesto por treinta y una noticias.
Entre éstas, se encuentran numerosas informaciones sobre los esfuerzos de go-
bierno y población para abrir las escuelas; también sobre el interés del gobierno por
ayudar a los sectores de la población más desfavorecidos, y en especial, a los niños
huérfanos. El mayor número de noticias sobre educación, en el período compren-
dido entre 1946 y el 1953, corresponde a este tipo de información. En un número
menor se presenta a la mujer en niveles educativos superiores o en el ámbito uni-
versitario. Dentro del total de noticias sobre educación producidas en este periodo,
como se explicará en las próximas páginas, las mujeres apenan tienen protagonis-
mo. Sólo hay cuatro noticias de las treinta y una analizadas en las que se centran en
la educación femenina. En el resto, las estudiantes forman parte de noticias, cuyo
interés no estriba en el componente femenino, sino en otros acontecimientos como
ceremonias de inicio o final de curso, visitas oficiales a escuelas, etc. En definitiva,
forman parte de los colectivos que han sufrido los desastres de la guerra.
En todo caso, las ausencias también pueden ser muy reveladoras a la hora de
valorar qué modelo educativo femenino, con las consiguientes limitaciones, se tra-
3 Todos los noticiarios producidos por estas tres empresas se encuentran actualmente en el Archivo Foto-
cinematográfico Luce de Roma, consultable además a través de la página web www.archivioluce.com.
4 Se produjeron sólo 22 números entre 1945 y 1947.
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Saberes limitados: educación femenina en la información cinematográfica italiana... 117
tó de difundir en la Italia de después de la Segunda Guerra Mundial a través de
medios de comunicación de masas como el cine, y especialmente, en los noticiarios
cinematográficos.
Una escuela para todos: ¿y para todas?
«La escuela está abierta a todos» comienza el artículo 34 de la Constitución Re-
publicana. Todos los italianos, sin discriminación alguna, tienen el derecho y la
obligación a recibir una instrucción. «La instrucción inferior –continúa el artículo
34– impartida durante al menos ocho años, es obligatoria y gratuita».
De esta manera se abría un proceso de escolarización que permitía disminuir los
altos índices de analfabetismo del país, sobre todo entre la población femenina. En
los datos sobre el analfabetismo desde principios del siglo XX hasta 1951, se mani-
fiesta una tendencia a la reducción. Disminuye el analfabetismo en ambos sexos,
pero la tasa es siempre mayor entre la población femenina (tabla I): históricamente
el analfabetismo femenino y el masculino siguen dos escalas paralelas, y las mu-
jeres están siempre un peldaño por debajo respecto a los hombres (Ulivieri, 1992:
179). Según datos de 1951, de cada diez chicos, uno era analfabeto, mientras que de
cada cien chicas, quince no sabían ni leer ni escribir. En las zonas rurales y en el sur
de Italia estas cifras se disparaban.
Tabla I
Tasas de analfabetismo (1901-1951)
Sexo 1901 1951
Masculino 42,5 10,5
Femenino 54,4 15,2
Total 48,5 12,9
Fuente: Istat. Sommario di statistiche storiche dell’Italia, Roma, 1976 (Arangio-Ruiz, 1986).
Los noticiarios de la posguerra dan cuenta de la creación del Consiglio Superiore
della Pubblica Istruzione (Consejo Superior de la Instrucción Pública), cuyo objetivo
es, según el noticiario Incom número 178 (1948), «la renovación de la escuela llena
de hombres, educados para vivir con dignidad y fraternidad». Se hace referencia
a la reconstrucción de la escuela en general, pero no a problemas, como la elevada
tasa de analfabetismo, sobre todo entre las niñas. No se lleva a cabo una campaña
informativa ni propagandística para concienciar a la población de la necesidad de
llevar a las niñas al colegio.
Aun así, en la segunda posguerra, aumenta la presencia femenina en la escuela
elemental. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la tasa escolarización femenina era
siempre menor de la masculina. Con la ley Casati (1859) se estableció la obligato-
riedad de la instrucción elemental también para las niñas, en un país en el que sólo
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118 Carlota Coronado Ruiz
el hecho de saber leer y escribir representaba una amenaza y una tentación a la
púdica modestia de la mujer (Perugi, 1978: 193). Esta ley, sin embargo, estaba muy
lejos de la realidad: muchas familias impedían a sus hijas ir a la escuela. Las mu-
jeres, desde pequeñas, estaban destinadas al ámbito doméstico: no se consideraba
necesario que las niñas estudiaran, porque no les serviría para el futuro en familia.
La miseria era el principal problema: en las familias más pobres, las niñas de-
jaban la escuela para ponerse a trabajar o ayudar en casa. Se prefería invertir en la
educación del hijo –aunque no fuera ni trabajador ni inteligente–, porque inver-
tirlos en la hija se entendía como tirar el dinero, porque terminaría casándose y
cuidando a los hijos (Boneschi, 1998: 47).
Existían grandes prejuicios contra la educación femenina: el ambiente socio-fa-
miliar desanimaba, incluso impedía a las hijas realizar o continuar con los estudios:
No he seguido estudiando porque nadie me lo ha dicho; (...) lo normal era
quedarse en casa para ayudar en las tareas domésticas. También era por la
mentalidad: se pensaba que a la mujer no le servía para nada estudiar, bastaba
que pensara en buscar marido. Mi hermano, sin embargo, ha estudiado: él era un
chico y el título le podía servir para encontrar trabajo (...) Me habría gustado seguir
estudiando».(Boneschi, 1998; 47).
Con la difusión de la escolarización, se tendía a «legitimar una socialización prima-
ria de las niñas y de las jóvenes, orientadas hacia el ámbito doméstico» (Ulivieri, 1992:
7). Las niñas conocían ambientes distintos al de la propia casa. La escuela representaba
para muchas el primer contacto fuera de los muros domésticos. Además, con la escue-
la, surgían nuevas aspiraciones más allá de la de ser esposa y madre. La mayor parte,
sin embargo, estudiaba hasta los diez años –lo que obligaba la ley–, para ponerse a
trabajar o ayudar en casa.
El problema de la escolarización femenina no se trata en los noticiarios de la pos-
guerra, pero resulta significativo el hecho de que, en la mayor parte de las noticias so-
bre educación, siempre aparecen niñas menores de diez años. No hay ninguna noticia
sobre la escuela media y superior en la que aparezcan chicas. De las treinta y una noti-
cias analizadas, sólo en cinco de ellas las estudiantes que aparecen tienen más de doce
años. En el resto, tanto sobre instrucción como sobre iniciativas relacionadas con la
infancia –colonias, centros de acogida–, la edad de las niñas es de menos de diez años.
En este sentido, los noticiarios reflejan la realidad: la aulas de los institutos y universi-
dades tenían un componente masculino muy elevado, igual que en décadas anteriores.
Las únicas escuelas que aparecen en los noticiarios de la posguerra son las de en-
señanza primaria, es decir, la obligatoria. En ellas se presentan tanto a niños como a
niñas. Esta situación cambia cuando se pasa a la escuela media. Al no ser obligatoria,
no todas las niñas inscritas en la escuela primaria seguían sus estudios.
Existía también una disminución del número total de alumnos que continuaban los
estudios de escuela media, ya que ésta era de pago. En el curso 1948-49, se registran
cinco millones cuatrocientos cuarenta y nueve mil alumnos en los distintos cursos de la
escuela obligatoria, de los que un 46,5% son alumnas –dos millones quinientos treinta
y seis mil niñas. En la escuela media solamente hay quinientos setenta y un mil inscri-
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Saberes limitados: educación femenina en la información cinematográfica italiana... 119
tos –39,9% son niñas (Ulivieri, 1992).
A aumentar estas cifras no ayudaban las desastrosas condiciones de numerosas
escuelas italianas: las infraestructuras eran decadentes, estaban masificadas y ha-
bía poco profesorado. Para ayudar a los menos afortunados como los niños huérfa-
nos de guerra, pobres o mutilados, el gobierno, junto a empresas privadas, llevan
a cabo una serie de iniciativas para sacarlos de las calles donde se dedicaban a la
delincuencia y escolarizarlos.
Esta realidad tiene reflejo también en los noticiarios de la posguerra. Del total de
noticias analizadas sobre educación, un 26% trata sobre niños sobre los que pesan las
consecuencias de la guerra. Era necesario garantizar su educación y su superviven-
cia. Además de las iniciativas gubernamentales, otras instituciones como la Cruz Roja
o la misma Iglesia, así como organizaciones femeninas como la UDI (Unione Donne
Italiane), ayudaban a estos chicos. En Turín se creó la Città dei ragazzi (la Ciudad de los
Muchachos), donde, según informa el noticiario Incom 286 (1949), «cincuenta chicos y
cincuenta chicas forman la población de la ciudad, junto al cura Don Albinolo». Allí
estos jóvenes estudian y aprenden un oficio que les garantizará el futuro.
Tras veinte años de fascismo, era necesario no sólo una renovación del modo de
instruir, también de la moral de los italianos. En el Congreso Nacional de los Maes-
tros Católicos que tuvo lugar en septiembre de 1948, y cuyo desarrollo captaron las
cámaras de Incom, se subraya, entre los problemas de la educación de la posguerra,
el de la reconstrucción moral del país. En el noticiario Incom número 189 (1948) se
escucha el discurso del presidente De Gasperi, quien señala «que los maestros y el
gobierno tienen una meta común: el renacimiento moral del pueblo italiano».
Para ello es necesario enseñar los principios de la democracia, como se muestra
en el noticiario Incom 373 (1949): en la escuela primaria Pistelli de Roma, un profesor
enseña a las alumnas el significado de la palabra «libertad». En la pizarra se ven dos
dibujos: en uno, un hombre con cara de malo dice «¡abajo la libertad!»; en el otro, otro
hombre dice «¡viva la libertad!». El profesor pregunta a las alumnas quién de los dos
«es el verdadero enemigo de la libertad». Después de la respuesta de las niñas y de
un ejercicio práctico sobre el tema, el profesor matiza el concepto de libertad: «La li-
bertad de cada uno de nosotros termina donde empieza la libertad de los demás». Es
un ejemplo instructivo para muchos espectadores adultos. Sin embargo, estas ideas
de libertad y democracia que se tratan de introducir en la escuela, se quedan en la
mera teoría. En la educación, las mujeres no encontrarán grandes cambios, ni tampo-
co la libertad de la que habla el profesor de la escuela Pistelli.
En 1949 la Democracia Cristiana organizó el Congresso Nazionale della Scuola
(Congreso Nacional de la Escuela), en el que se volvía a insistir en la importancia
de la escuela para educar en la democracia. Así lo señala en su discurso De Gasperi,
y así lo recogen las cámaras de Incom en su edición número 349 (1949). El Ministro
de Educación Gonella «subraya los principios de la reforma escolar: la libertad de
enseñanza, la facultad de los padres a confiar a sus hijos a las instituciones que ellos
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120 Carlota Coronado Ruiz
elijan»5. Estas pretensiones eran difíciles de llevar a la práctica. Y es que, la educa-
ción mantuvo una línea muy conservadora6, que afectaba sobre todo a las mujeres
y a su futuro en la sociedad.
Una escuela para el matrimonio.
Aunque la educación fuera considerada obligatoria para todos, sin distinción
de sexo, seguían existiendo dudas sobre la adecuación de los estudios a la mujer:
«¿el saber, no hará daño a las mujeres? ¿A cuántos y a cuáles estudios se puede
dedicar una chica?». La respuesta de la mayoría era que las mujeres tenían derecho
a estudiar, pero siempre dentro de su campo, es decir, el relacionado con el hogar y
la familia (Boneschi, 1998: 290).
Para la sociedad conservadora de la posguerra, la mujer sólo necesitaba saber
las cosas fundamentales que le podían servir para ser una buena ama de casa: leer,
escribir, sumar y restar. Algunas materias no se adaptaban a las capacidades inte-
lectuales de las mujeres, y otras, como la economía doméstica, eran fundamentales
para las niñas, pero no para los niños.
Las mujeres pueden ser instruidas, pero de forma distinta, con escuelas
creadas para ellas, con disciplinas domesticadas y reducidas ad hoc, admitiéndolas
en el universo del saber con extrema prudencia y de forma gradual, y sobre todo,
salvaguardando aquello que para los hombres es un bien inconmensurable (en
cuanto les asegura su diversidad y superioridad) la «naturaleza femenina (Ulivieri,
1992: 178).
Por ello, se consideraba que lo mejor para la educación de ambos sexos eran las
escuelas separadas, o en su defecto, las clases separadas: la coeducación es la peor
de las opciones desde el punto de vista moral, sobre todo porque era una ocasión
para el conocimiento entre ambos sexos, y por lo tanto, podía producir un exceso
de confianza (Ulivieri, 1992: 178). Hasta los años sesenta, las clases de educación
primaria se dividían por sexos.
Esta separación de los escolares por géneros se hace patente en trece de las vein-
tiuna noticias en las que aparecen niños menores de diez años, tanto en la escuela
como en las colonias de verano u otros centros, es decir, en un 62% de estas noticias.
De las restantes ocho noticias, en dos de ellas sólo aparecen niñas: las noticias se
centran en escuelas en las que sólo hay chicas7.
5 Ídem.
6 En estos años no se llevarán a cabo reformas legislativas de la educación, ni de los programas
escolares. La escuela elemental seguía el modelo estructural de la reforma fascista de Giovanni
Gentile de 1923, pero los programas, hasta 1955, los dictaba la Comisión Aliada de Washburne. La
escuela secundaria inferior y la superior seguían siendo las mismas de la Reforma Gentile.
7 Settimana Incom 00257 (02-03-1949), «Florencia. La casa de las mutiladitas» y Settimana Incom 00373
(07-12-1949), «Para nuestros niños: escuela de vida».
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Saberes limitados: educación femenina en la información cinematográfica italiana... 121
Visualmente también es perceptible esta separación. Primero, a través de la ves-
timenta de los escolares: las niñas de blanco con lazo negro y los niños de negro con
lazo blanco. En los planos generales que presentan a alumnos en las escuelas, se
marca esta división por colores, todas las niñas a un lado y todos los niños al otro8.
Al entrar a clase, en los comedores, en los pupitres, siempre aparecen separados.
Segundo, a través de los planos y el montaje del noticiario se contribuye a esta
separación: niños y niñas apenas comparten plano. Sólo aparecen juntos cuando
se muestra un plano muy general. Los planos medios o primeros planos alternan
las imágenes de niños y niñas. El noticiario Incom número 460 (1950), por ejemplo,
muestra imágenes de la entrada de los estudiantes a la escuela Manzoni de Roma.
En la entrada principal se distinguen dos puertas: una para alumnos y otra para
alumnas. El plano general muestra las dos filas que se forman en el entrada de la
escuela. Más adelante, en un plano general en picado se ve el patio del colegio, con
los estudiantes en semicírculo: a la derecha domina el blanco de los uniformes de
las chicas, a la izquierda el negro de los chicos. También los representantes del coro
escolar están divididos por sexos.
Y en tercer lugar, se marca la diferencia entre ambos sexos por el tipo de activi-
dades que llevan a cabo. Las niñas preparan la comida, mientras los niños aprenden
algún oficio. Como en el fascismo, la clase de economía doméstica, destinada sólo
a las alumnas, seguían impartiéndose en las escuelas. Se aprendía a coser, bordar,
limpiar la casa, hacer la comida, y sobre todo, los mejores trucos para ser una ama
de casa ahorrativa y tener contento al marido. Además de la economía doméstica,
había una serie de materias que se adaptaban a los roles femeninos construidos
social y culturalmente, como la puericultura, el dibujo ornamental o la gimnasia
rítmica. Mientras, los niños se dedicaban a hacer el periódico del colegio, como
muestra el noticiario Incom número 903 (1953): «por iniciativa de los profesores,
nace el periódico Primi voli –(Primeros vuelos)–, escrito y producido materialmente
por los niños» –señala el narrador de Incom.
En el centro de la Città dei ragazzi de Turín que presenta la Settimana Incom nú-
mero 286, los chicos aprenden a arreglar las suelas de los zapatos, mientras las
chicas cosen. El narrador lo comenta con estas palabras: «mientras tanto, las chicas
se disciplinan en el orden». Después de la hora de costura, las chicas preparan la
comida. «Han trabajado las pequeñas cocineras» – comenta el narrador mientras la
imagen muestra las ollas llenas de comida. Mientras sirven la sopa en los cuentos,
los chicos se sientan, todos juntos, en las mesas.
También las clases de gimnasia en el escuela se realizaban en momentos dis-
tintos. Por lo general, los chicos tenían un hombre como profesor, y las chicas, una
mujer. Dos noticias de la Settimana Incom presentan las lecciones de gimnasia9. En
una de ellas, los alumnos están en una piscina. Primero son los chicos quienes ha-
8 Ejemplos: Settimana Incom 00521 (29-11-1950), «Encuentro entre los niños de la escuela “Toti”de
Roma y de los niños de la escuela elemental de Pratolongo de Vinedio, en la región de Piamonte»;
Settimana Incom 00460 (28-06-1950), «En fin de curso. Ensayo coral en la Manzoni».
9 Settimana Incom 00700 (05-01-1952), «Deporte en la escuela»; Settimana Incom 00715 (31-01-1952),
«Turín. 17 horas. Lección de gimnasia en la escuela».
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122 Carlota Coronado Ruiz
cen gimnasia al borde de la piscina y quienes nadan. A continuación, en filas bien
organizadas, entran las alumnas. Visten traje de baño de una pieza. El narrador jus-
tifica ante los espectadores el uso del bañador, que deja ver las piernas desnudas de
las nadadoras: «como el baby en la lección de italiano o de matemáticas, el bañador
forma parte de la estudiante diligente». Sobre el bañador de los chicos no se hace
ningún comentario, ni tampoco sobre el gorro de baño. Sin embargo, las alumnas
se ponen el gorro con un toque especial: «el gorro de baño se engancha con coque-
tería» –dice el narrador (Settimana Incom 00700, 1952).
El noticiario Incom número 715 (1952) recoge una lección de gimnasia femenina
en una escuela de Turín. «Hace cincuenta años –comienza el narrador–, la gimna-
sia era afable ejercicio de habitación. Se estudiaba en manuales con fotografías.
Hoy también en las escuelas la lección de gimnasia se ha convertido en una clase
de atletismo». Junto a este comentario, se suceden imágenes de las instalaciones
deportivas de una escuela de Turín. En un gimnasio con espalderas, chicas con
pantalones cortos realizan ejercicios. La faldita blanca de las alumnas de la Escuela
de Educación Física de Orvieto, creada por el fascismo, se ha eliminado. Las chicas
hacen gimnasia con coulottes y una camiseta. Lo que no ha cambiado es el tipo de
ejercicios que se adaptan a la mujer: la gimnasia rítmica es el deporte femenino por
excelencia. «Asistimos –dice el narrador de Incom– a un verdadero espectáculo de
gimnasia artística en el gimnasio del instituto medio de Turín. La gimnasia rítmi-
ca –continúa– nació en Suecia para articular el cuerpo y entender los valores del
tiempo musical. Hoy, las jóvenes generaciones, gracias al entrenamiento deportivo,
son más bellas que hace cien años». Coincide con la idea fascista de la mejora de
la raza a través del deporte, pero el tono de la noticia es totalmente distinto, así
como la forma. Para el fascismo, las actividades físicas eran sinónimo de virilidad
y la concepción del cuerpo femenino se entendía simplemente como una máquina
moderna de reproducción social: la única función que se le puede atribuir es la de
mejorar el físico de las generaciones futuras, y en especial, de los soldados. Así
pues, aunque el deporte femenino se considerase antinatural, se concibió un tipo
de deporte que ayudara a la mejora de la raza: la gimnasia podía mejorar las de-
ficiencias en el desarrollo de la mujer –sin dañar su gracia y decoro–, y prepararla
para su misión histórica de madre. Estas ideas permanecen en los noticiarios de
la posguerra, pero no hay exaltación ni retoricismos en la presentación de las at-
letas, ni tampoco grandes coreografías orquestadas. Es simplemente una clase de
gimnasia femenina, de la que se señalan las virtudes del deporte, especialmente las
relacionadas con la función social de la mujer como madre.
Con este tipo de actividades y de materias, se formaba la identidad femenina
de las niñas: «en la primera infancia la identidad femenina se delinea a través de
algunos instrumentos educativos que se confirmarán a lo largo de la experiencia
escolar, de manera que para toda la vida, una mujer ocupe su lugar en la sociedad
y esté contenta» (Boneschi, 1998: 29).
Además de la economía doméstica como materia obligatoria para las niñas,
existen en los años cincuenta una serie de institutos de formación femenina que
preparan a la buena esposa y madre. En Voghera, por ejemplo, Norma Bracco, creó
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una escuela donde se enseñaba a coser, bordar, gastronomía y buenas maneras. No
se aprendía nada más, porque «podría resultar desagradable para el futuro espo-
so» (Boneschi, 1998: 291). En las familias acomodadas, los chicos iban al instituto,
y luego ir a la universidad; las chicas obtenían el diploma en economía doméstica
y esperaban con confianza el día de la boda. Este tipo de institutos femeninos que
formaban a las chicas para ser buenas esposas aparecen en el noticiario Incom: en
la Settimana Incom 615 (1951) se explican todas las materias y actividades que las
alumnas de la «Escuela de las esposas» realizan y aprenden.
En esta edición de Incom se hace una pequeña representación de una esce-
na familiar para presentar lo que se puede aprender en esta escuela para ser una
buena ama de casa. El primer plano de la escena es el retrato de una suegra preo-
cupada. La nuera pone la mesa. A continuación, el marido llega a casa enfadado
porque han llegado las facturas: su mujer gasta demasiado. La voz del narrador
acompaña estas imágenes diciendo: «mediodía. El marido pretende encontrar la
mesa puesta porque paga muchas facturas». Discuten. «Ella se lamenta porque es
su sirvienta» – dice el narrador. Ella rompe un jarrón y él tira del mantel y rompe
toda la vajilla. Los dos salen de la habitación dando un portazo a la puerta. Des-
pués de tan poco idílica imagen de un matrimonio, se presenta la escuela para
aprender a ser buena esposa, cuyo emblema es un perro domado por un tigre. El
noticiario ilustra las distintas actividades que las jóvenes llevan a cabo: bordar,
coser, tejer, cocinar, porque, «ya se sabe, a los maridos se les caza con el paladar»,
poner la mesa, «un repertorio completo de todo lo que una joven en edad casadera
debe saber –señala el narrador–. Aquí se forma a la esposa todo terreno» (Settimana
Incom 615, 1951).
Después de presentar todas las actividades que una buena esposa debería saber,
el noticiario Incom vuelve a la representación anterior: «Veamos ahora –dice el na-
rrador– qué habría pasado si nuestra protagonista hubiera frecuentado la escuela
de las esposas». Ahora todo es perfecto: cuando el marido regresa a casa, ella le
llena de besos. «Ha llegado una pequeña factura –dice el narrador poniendo voz
al marido–, pero cómo hace mi angelito a gastar tan poco». Se abrazan. La noticia
termina con la foto de la madre de ella contenta que le guiña el ojo y con el último
comentario del narrador: «¡Qué yerno ha encontrado mamá, bueno, bueno, bueno,
tres veces bueno!».
La educación de las niñas debía ir dirigida al cuidado de la familia. En 1950 el
semanal Famiglia Cristiana señalaba una serie de preceptos básicos para la forma-
ción de las niñas:
Enseñarlas a darse a los demás, a donar sus pequeñas cosas a los pobres, a
los enfermos y a los que sufren. Para la niña, el centro de su vida no debe ser ella
misma, sus pensamientos, sus sentimientos, su vanidad, su egoísmo, sus rizos, sus
vestidos, sino que debe aprender a darse a los demás, para el bien y la felicidad de
los otros (Famiglia Cristiana, 1950).
A través de estas directrices, la Iglesia pretendía que la mujer dependiera de los
hombres: el padre, el marido, el hijo.
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124 Carlota Coronado Ruiz
Esta identidad femenina también se formó siguiendo los modelos familiares.
Las niñas hacían lo que veían hacer a las madres, a las tías o a las abuelas. No
podían salirse del modelo. Ya en los juegos de la primera infancia se observaba
esta división de roles y de identidad. En una edición del noticiario Mondo Libero
(1952) el Presidente de la República Einaudi junto a su esposa, entregan regalos a
trescientos niños de los barrios Tiburtino y Pietralata de Roma, con motivo de las
fiestas navideñas. Para los niños, cochecitos o balones, para las niñas, muñecas o
cosas para la cocina.
Cuando a estas niñas se les preguntaba «¿qué quieres ser de mayor?«, la res-
puesta correcta era una sola: «quiero ser mamá». «Michela, nacida en 1948 , recuer-
da la vergüenza pasada a los ocho años en el salón de casa lleno de adultos, cuando
un anciano le preguntó: ‘¿Qué quiere ser de mayor esta niña?’ Michela contestó:
‘bombero’. Todo el salón retumbó de las risas de los adultos» (Boneschi, 1998: 145).
Las convenciones sociales y la discriminación de la niñas impedía a éstas sa-
lirse de los esquemas establecidos en la familia. La educación tradicional, basada
en la represión, imponía muchos más límites y prohibiciones a las niñas respecto
a los niños. Entre estas prohibiciones estaban los pantalones. La ropa, como señala
Marta Boneschi (1998, 34) constituye uno de los pilares de la formación diferencia-
da. Hasta los años sesenta, al igual que las mujeres adultas, las niñas sólo estaban
autorizadas a llevar falda. «Las madres las adornan con lazos, cuellos, bordados,
volantes, es decir, con el mayor número de adornos, como una flor que debe atraer
a la mariposa».
En la escuela, el uniforme distinguía, como se ha señalado, a los niños de las niñas.
Ellas llevaban baby negro con cuello blanco hasta la escuela superior, mientras que
los niños se liberaban del baby después de los cinco años de escuela primaria10: era
peligroso ver la forma verdadera de una mujer, aunque fuera todavía una niña. En
los noticiarios de la posguerra sobre educación se refleja perfectamente esta realidad.
Además de la escuela, en las horas extraescolares, los alumnos iban a la parro-
quia a jugar o a llevar a cabo actividades con los scouts. Las horas de recreo en la
parroquia eran también distintas para niños y niñas, al igual que los juegos. En
1949, la revista semanal Grazia (1949) aconsejaba a las familias que inscribieran a
sus hijas en los scouts porque «prepara a las mujeres a la vida, fuertes físicamente,
sanas mentalmente. Buenas esposas, buenas madres. Si una chica debe cuidar su
cuerpo, no debe olvidar su objetivo principal, exquisitamente femenino, el servir la
causa del marido y de los hijos que tendrá».
Estos objetivos y el tipo de formación propuestos por la revista femenina Grazia
difieren poco de la filosofía fascista del cuerpo. Las actividades que las niñas rea-
lizan dentro de los scouts son parecidas a las propuestas por las colonias fascistas:
las chicas llevan a cabo tareas femeninas, de asistencia, mientras los chicos son los
jefes de equipo.
Contra estos modelos tradicionales y discriminatorios actuaban las mujeres
de la Lega nazionale delle donne italiane11. Su intención era promover la cultura y la
10 El baby femenino se eliminó de la escuela media y superior en 1968.
11 No hay ninguna noticia en los distintos noticiarios de la posguerra en la que se hable de esta
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educación entre la población femenina, tratar a las jóvenes de un modo distinto,
creando intereses distintos a los de la casa y la familia. Llevaban a cabo encuentros
con grupos de estudiantes de la escuela media, les prestaban buenos libros para
que dejaran a un lado las novelas de amor o las fotonovelas; les concedían becas
de estudio y les organizaban viajes de intercambio en el extranjero (Garofalo, 1956:
114-115). Todo ello para mejorar y ampliar la cultura y las expectativas de futuro de
las nuevas generaciones de mujeres.
La universidad es cosa de hombres.
Me lo han impedido –recuerda Amelia– Se lo he pedido a mi padre, le he
hecho ir a posta al colegio para hablar con la madre superiora. Ya fue una cosa
excepcional que él fuese. ‘Su hija querría seguir con sus estudios’ –le dijo la madre
superiora. ‘Ya tengo chicos que llevan consigo el honor de la familia –contestó mi
padre–, una mujer más en casa siempre viene bien’ -. Así que ningún permiso para
continuar a estudiar (Cambi, 1992: 75).
Situaciones como la de Amelia se repetían a menudo en los años de la posgue-
rra. El mejor y, a veces único, futuro de una joven era el matrimonio. De este modo,
el número de chicas en la escuela superior y en la universidad era muy escaso. El
analfabetismo y la abandono escolar han estado siempre más difundidos entre la
población femenina. Además, se mantenía la convicción de que la educación más
allá de la escuela primaria era inútil o superflua para la ama de casa o para la traba-
jadora. Esto suponía un obstáculo para el acceso de las chicas a los distintos tipos
de escuela (Tomasi, 1969: 58).
Antes de la guerra y en los primeros años de la posguerra, los institutos de
enseñanza superior eran feudos masculinos, al igual que la universidad: las chicas
constituían un quinto del total de los alumnos. Había además que tener en cuenta
la misoginia de los profesores y de los compañeros: «nosotras, las chicas, mante-
níamos con los chicos, pocas y formales relaciones; nos dábamos de usted, dentro
y fuera de la clase. No era conveniente dirigir la palabra a los chicos en los pasillos,
o caminar juntos por la calle» (Tomasi, 1969: 50-56).
Poco a poco, las mujeres fueron conquistando su lugar en estos niveles educa-
tivos. En 1943, ciento dieciocho mil chicas estaban matriculadas en los institutos
y escuelas de magisterio. En la universidad, sobre un total de ciento sesenta mil
inscritos, cuarenta y dos mil eran mujeres (Mafai, 1979: 9). Después de la Segunda
organización, que inicia su actividad después de Segunda Guerra Mundial, con exponentes como
la periodista y escritora Anna Garofalo. Muchas de las voluntarias de esta organización habían
formado parte también durante la guerra de los Gruppi di Difesa della Donna (GDD), que dieron lugar
en 1944 a la UDI (Unione Donne Italiane), cuyo objetivo era defender los derechos de la mujer, con
independencia de la ideología política. Mujeres como Ana Garofalo y otras voluntarias se dedicaron
además a la promoción de la educación entre la población femenina a través de la Lega nazionale
delle donne italiane. Para conocer los intereses de las jóvenes italianas, esta organización organiza en
1948 encuentros con las estudiantes de toda Italia, para acercarse a sus aspiraciones, gustos y metas.
Se encargarán además del acceso a libros y becas de estudio en la escuela media y superior (Cambi,
1992: 132).
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126 Carlota Coronado Ruiz
Guerra Mundial, la situación cambió de forma lenta: se produjo un aumento pro-
gresivo del número de mujeres inscritas en la escuela secundaria superior12. En el
año escolar 1948-49, del total de inscritos en las escuelas de enseñanza superior
–setecientos cuarenta y ocho mil, un 37,5% eran mujeres– doscientos ochenta y un
mil alumnas.-, lo que suponía un aumento del 138% respecto a los datos de 1943
(Mafai, 1979: 9).
A partir de 1945 se produjo en la escuela secundaria un aumento progresivo de
las alumnas, sobre todo en algunas regiones de Italia como el norte, donde se pasó
de un tercio del total a más de la mitad, llegando en algunos casos a una mayoría
de alumnas sobre alumnos. Según algunos estudios sobre la desigualdad educativa
en Italia, resulta que «las posibilidades de las mujeres han aumentado más rápi-
damente que las de los hombres, sobre todo entre las nacidas entre 1936 y 1951»
(Ulivieri, 1992: 188).
Además de los progresivos cambios cuantitativos, se produce también una evo-
lución cualitativa en la relación chico/chica. Se instauran relaciones de camarade-
ría entre alumnos y alumnas; las chicas tienen mayor libertad, estilos distintos de
vida, aumentan los encuentros extraescolares entre ambos sexos. La mujer empieza
a integrarse en ambientes predominantemente masculinos como los institutos y la
universidad.
La escasa presencia de las mujeres en la educación superior y universitaria se
refleja en los noticiarios de la posguerra. Del total de las noticias analizadas en
este periodo, tan sólo seis – un 19% del total – tratan sobre la enseñanza superior13.
En las cuatro noticias sobre el mundo universitario, la presencia de las mujeres es
marginal: no protagonizan la noticia, tan sólo aparecen imágenes de estudiantes
universitarias que participan en diversas actividades académicas. Se aprecia en es-
tas noticias el mayor número de alumnos: en la mayor parte de los planos cortos de
estas dos noticias se muestra a estudiantes, profesores o autoridades masculinas14.
Las mujeres sólo aparecen en planos generales, junto a otros estudiantes. Sobre la
Universidad de La Sapienza de Roma, la más famosa de la capital y una de las más
importantes del país, hay cerca de ciento diez noticias. De éstas, la mujer no tiene
protagonismo en ninguna. Sólo en tres noticias aparecen imágenes de mujeres: dos
de ellas, pertenecen al periodo estudiado15.
12 Este aumento continuó hasta el punto que a partir de los años ochenta, el número de alumnas en la
escuela superior es mayor que el de alumnos.
13 Ejemplos sobre la universidad: Settimana Incom 00216 (25-11-1948), «Vida universitaria: apertura
del año académico. Roma: fiesta de goliardos por la apertura del año académico»; Settimana Incom
00271 (01-04-1949), «Tradiciones estudiantiles: las “Feriae Matricularum” en Roma; y sobre escuelas
de formación profesional: Settimana Incom 00776 (16-05-1952), «Vamos a la escuela: para vosotras
señoras».
14 En la Settimana Incom número 514 (10-11-1950) se incluye una noticia sobre la inauguración de la
Universidad de Trieste. Se nombra a las autoridades presentes: el ministro Gonella, el rector y el
arzobispo. Los demás presentes en el aula magna son hombres. No se distingue entre el profesorado
ninguna mujer.
15 Settimana Incom 00216 (25-11-1948), «Vida universitaria: apertura del año académico. Roma: fiesta
de goliardos por la apertura del año académico»; Settimana Incom 00271 (01-04-1949), «Tradiciones
estudiantiles: las “Feriae Matricularum” en Roma.
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Saberes limitados: educación femenina en la información cinematográfica italiana... 127
Aunque el número de estudiantes de enseñanza superior y universitaria au-
mentó durante la posguerra, como se ha explicado, el tipo de estudios que lleva-
ban a cabo eran los tradicionalmente femeninos como magisterio, letras, escuelas
artísticas o institutos de formación (Tabla II). El comportamiento sexista de muchas
familias italianas negaba a las hijas una instrucción universitaria a favor de un tipo
de formación profesional que se adaptaba más a la mujer (Luciani, 1992: 180).
Tabla II
Estudiantes inscritos según sexo y tipo de escuela (en miles).
Año escolar 1948-49
Tipo de escuela y grado Año escolástico 1948-49
% de alumnas
Alumnos en total Nº de alumnas sobre total
Institutos profesionales 22 5 22,7
Institutos técnicos 116 21 18,1
Escuelas de magisterio 3 3 100,0
Institutos magistrales 57 52 89,5
Institutos científicos 44 9 20,4
Institutos de letras 132 52 39,4
Institutos artísticos 4 1 25,0
Escuela secundaria 370 138 37,3
Fuente: Ulivieri, 1992: 189.
Dos de los noticiarios Incom analizados proponen para la mujer estudios profe-
sionales para peluquera y para modelo. El título de una de estas noticias se dirige
directamente a las espectadoras diciendo «vamos a la escuela. Para vosotras, seño-
ras, porque, elegir un buen peinado –afirma el narrador– es como elegir un buen
vestido» (Settimana Incom 00776, 1952), y eso sólo las mujeres pueden hacerlo. Re-
sulta curioso, sin embargo, que los profesores de estas alumnas de peluquería sean
hombres: lo que estos enseñan, según señala el narrador, es «la ciencia moderna
del peinado».
Otro oficio recomendado para las mujeres es el de modelo de alta moda. Para
ello tienen que ir a «la más original de las escuelas» (Settimana Incom 00182, 1948), la
escuela para modelos de Varenna. El tipo de educación que reciben en esta escuela
se adapta perfectamente a la naturaleza femenina: deben aprender a caminar con
elegancia y estilo, como verdaderas señoritas, a cuidar su cuerpo. «En otras escue-
las – dice con tono gracioso el narrador -, los libros se tiran a la cabeza, aquí deben
permanecer en equilibrio sobre la cabeza. Nace así la gracia altiva e inconsciente
que nos sorprende en los desfiles de moda. Ilusión de las mujeres de poder ser be-
llas como sois vosotras» (Settimana Incom 00182, 1948). Para entrar en esta escuela
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128 Carlota Coronado Ruiz
no es necesario leer mucho, ni estudiar demasiado. Los libros se utilizan para colo-
carlos en la cabeza y caminar con ellos erguidas –como muestran las imágenes de
Incom. Para entrar en esta escuela lo importante es la belleza: «soñad, chicas –dice el
narrador a las estudiantes de esta escuela–, el día del diploma, un diploma para el
que es necesario talento y un cabello bonito, como muestran estas imágenes donde
se peinan» (Settimana Incom 00182, 1948).
No obstante, en los años cincuenta, el número de chicas que continuaba sus
estudios después de la escuela media aumentó. Esta situación también se produce
en el ámbito universitario: aumentó el número de mujeres inscritas, pero los tipos
de carrera elegidos eran prácticamente los mismos al período de entreguerras: ca-
rreras de letras, en su mayoría, y en las ciencias, enfermería o farmacia. La mayor
parte de las licenciadas en letras o en ciencias naturales se dedicaban a la docen-
cia: parecía ser la única salida laboral para las mujeres. Hasta final de los años
cincuenta resultaba difícil para una mujer italiana licenciada encontrar trabajo en
otras áreas profesionales fuera del magisterio (De Giorgio, 1992: 477). Después de
la carrera de esposa, que era todavía la más deseada entre las jóvenes italianas de
los años cincuenta, la de magisterio se encontraba en segundo lugar. En las demás
seguía habiendo una mayoría masculina.
En las cuatro noticias de Incom sobre la universidad no hay ninguna referencia
a los estudios que cursan hombres y mujeres. Tratan de eventos extraordinarios,
como la fiesta de la licenciatura –Festae Matricularum–, o la inauguración y pos-
terior inicio del año académico en la Universidad de Trieste. El lugar que ocupan
las mujeres en estas noticias es marginal: aparecen en los planos generales, como
parte de la masa de estudiantes que festeja. Sólo en una noticia se incluyen planos
más cercanos de las alumnas: en la Settimana Incom 216 (1948), sobre la reapertura
del año académico en la Universidad La Sapienza de Roma, hay imágenes de dos
jóvenes universitarias que dan la bienvenida sobre el escenario a los políticos de-
mocristianos Gronchi y Gonella. Estas dos chicas están rodeadas de universitarios,
lo que pone de manifiesto el mayor número de hombres que de mujeres en la uni-
versidad, pero es una de ellas quien da dos besos en las mejillas al ministro Gonella
El narrador de Incom bromea porque la joven ha dejado la marca del pintalabios
en las mejillas del ministro. Éste es el máximo protagonismo que las estudiantes
universitarias alcanzan en la pantalla de cine.
En otras informaciones cinematográficas relacionadas con la educación
aparecen maestras o mujeres que dirigen instituciones educativas. En el noticiario
Incom 189 (1948), sobre el Congreso Nacional de Maestros Católicos, se distingue en
la platea un gran número de mujeres, maestras de la enseñanza primaria. Entre las
autoridades, la única mujer es la presidenta de las escuelas populares, que dirige
unas palabras al auditorio. Se pone de manifiesto el elevado número de mujeres
que componía el cuerpo docente italiano, sobre todo en la escuela primaria y media.
También en las noticias sobre guarderías o escuelas infantiles aparecen maestras o
monjas que se encargan del cuidado y la educación de los más pequeños.
A la hora de elegir una carrera o el tipo de estudios, los prejuicios de la familia
y de la sociedad no ayudaban:
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Saberes limitados: educación femenina en la información cinematográfica italiana... 129
si te gusta la decoración de interiores –aconseja una revista semanal femenina
en los años cincuenta– no te inscribas a la facultad de arquitectura. Conténtate
con el título de bachiller en el instituto artístico. Es inútil hacer frente a tanto
esfuerzo, que además es malo para la salud. El licenciado en arquitectura termina
trabajando en la construcción, y tú, querida, ¿no querrás mezclarte con los
albañiles? (Boneschi, 1998: 292-293).
A pesar de que el ambiente no parecía propicio, el número de inscritas en la
universidad aumentaba de manera progresiva16: en 1947 se registraron 6.135 nue-
vas licenciadas respecto al año anterior. En los años cincuenta las posibilidades de
estudio para las mujeres se habían ampliado. «El haber usufructuado de procesos
de escolarización largos, ha comportado para las mujeres adultas un proceso de
socialización secundaria que no se orienta sólo y exclusivamente a la familia, sino
también a la exploración de las propias capacidades intelectuales» (Bimbi & Del
Re, 1997: 81).
Para las generaciones de mujeres nacidas antes de la guerra, estudiar equivalía
a una transgresión, mientras dejar los estudios para casarse era una norma: inte-
rrumpir los estudios por un buen marido era considerado por padres y parientes
como una sabia elección. Para la sociedad de entonces, sólo las feas estudiaban. Las
jóvenes nacidas después de la guerra no estaban de acuerdo. Empezaban a cambiar
los modelos femeninos y las perspectivas de futuro:
Es cierto que no deseo en ningún modo parecerme a mi madre y mucho menos
a mi abuela o a mis tías. Oír continuamente cómo se proponen como modelos
me irrita y a la vez me hace gracia. No es falta de estima, pero me pregunto
cómo podría, incluso queriendo, parecerme a ellas cuando mi formación se ha
producido en una época muy distinta y cuando son tan distintas las obligaciones
y las características que el tiempo exige (Garofalo, 1956: 143).
Las nuevas generaciones de mujeres no aceptaban la inferioridad impuesta por
la sociedad: «en mi clase hay chicas que son mejores estudiantes que los chicos,
escriben mejor, resuelven más rápidamente los problemas de matemáticas, tienen
más capacidad de síntesis. ¿Por qué un mañana deben considerarse inferiores a
uno de estos compañeros?» (Garofalo, 1956: 144).
Se observa a lo largo de los años cincuenta un cambio en los modelos de las
jóvenes estudiantes, además de una ampliación de las perspectivas de futuro. En
una sociedad de tradición y cultura católica como la italiana, se intentaba poner un
freno a la formación tanto profesional como intelectual de las mujeres, que supusie-
ra la difusión del trabajo extradoméstico, así como de comportamientos distintos
a los considerados moralmente correctos. Entre las jóvenes de los años cincuenta
aumentó el rechazo a la imagen negativa que Iglesia y sociedad conservadora di-
16 Entre 1910 y 1950 se produce un aumento constante del porcentaje de mujeres
sobre el total de estudiantes universitarios, que pasa del 5,8% del 1913-14 al
26,3% del 1950 (De Giorgio, 1992: 461).
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130 Carlota Coronado Ruiz
fundían del ambiente externo, del trabajo y de la escuela (Giuntella, 1988: 255). El
temor a la corrupción de las jóvenes generaciones femeninas por parte de la socie-
dad moderna, típico del pontificado del Papa Pío XII, se erosionaba lentamente: se
empezaban a producir profundos cambios en las costumbres y en los modelos fe-
meninos. En ocasiones, fueron las mismas maestras los motores de estos cambios:
como educadoras de las futuras generaciones, transmitieron nuevos mensajes a las
alumnas. De esta manera, las maestras pasaron del tradicional papel de repetidoras
acríticas de modelos neutros de cultura, a uno más innovador, el de transmisoras
de nuevos modelos culturales femeninos (Ulivieri, 1992: 6).
Conclusiones
De un total de mil ciento setenta y cinco noticiarios producidos entre 1945 y
1953, tan sólo treinta y uno –un 2,6%– muestran aspectos relacionados con la edu-
cación femenina. Y dentro de este reducido porcentaje, son menos aún las noticias
que presentan a la mujer dentro del mundo universitario: la mujer en la univer-
sidad es una gran desconocida en la información cinematográfica, que prefieren
centrar su atención en la educación infantil.
De las diez noticias que hay en el Archivio Luce en las que aparecen institutos
de enseñanza superior, ninguna corresponde al periodo analizado. En las noticias
sobre el mundo universitario visionadas –cuatro en total–, el protagonismo no re-
cae sobre las estudiantes. Como se ha señalado, el tema fundamental de las noticias
sobre la vida universitaria italiana de este período es la celebración del inicio del
año académico, por lo que las mujeres que aparecen son mera figuración.
1949 es el año en el que se producen más noticias relacionadas con la instrucción
femenina en Italia. Ocho de las treinta y una noticias analizadas –un 26,5%– datan
de este año. Es probable que tenga una correspondencia con el desarrollo de la
política italiana de la posguerra: en 1948 hubo elecciones generales y terminaron
las labores de la Asamblea Constituyente. La información cinematográfica sobre
educación refleja el empeño del gobierno por mostrar las mejoras que se estaban
llevando a cabo. Aun así, se da prioridad a las noticias sobre política interior o ex-
terior, o reconstrucción material y económica del país.
Los cambios que conllevó la guerra y la intención de reformar la escuela para
hacerla más democrática no supusieron nuevos modelos educativos, en lo que a
las mujeres se refiere. Aumentó la escolarización de la población femenina, pero
continuaban el abandono escolar y la escasa presencia de alumnas en la escuela
superior. La discriminación y los modelos educativos muy conservadores se man-
tuvieron durante las dos primeras décadas de la posguerra.
En los primeros ocho años de la democracia, aunque se trató de renovar la es-
cuela y acabar con las reminiscencias fascistas, en la realidad, el modelo educativo
que se impuso era muy parecido al del régimen fascista, sobre todo en aspectos
relacionados con la mujer. Se depuró la ideología fascista, pero los modelos tradi-
cionales, basados en la religión católica, se mantuvieron.
Los principios democráticos en los que querían que se basara la educación no
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Saberes limitados: educación femenina en la información cinematográfica italiana... 131
eran válidos para todos. Las mujeres, ya desde niñas, debían adaptarse a los límites
que la sociedad y la misma educación les imponían. El modelo educativo basado
en la discriminación y en el estereotipo femenino tradicional se mantuvo todavía
hasta finales de los años sesenta.
BIBLIOGRAFÍA
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VIERI: Educazione e ruolo femminile. La condizione delle donne in Italia dal dopogue-
rra a oggi. Florencia: La nuova Italia.
Recibido el 02 de octubre de 2015
Aceptado el 21 de noviembre de 2017
BIBLID [1132-8231 (2017): 115-131]
Asparkía, 30; 2017, 115-131 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.7
DESIRÉ RODRÍGUEZ MARTÍNEZ1
La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora de la
mujer durante el Franquismo
The female section of the fascist-inclined Phalange like an
indoctrination guide of women during Francoism
Resumen
Este estudio se ha titulado La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora de la
mujer durante el Franquismo, puesto que pretende abordar la situación de la mujer desde un
punto de vista social, cultural, político y económico durante un periodo de tiempo en la his-
toria de España: la dictadura franquista. Para abordar el tema, se analizará la situación de la
mujer en épocas inmediatamente anteriores, la II República, e inmediatamente posteriores,
la Transición a la Democracia.
Se ha decidido dividirlo en dos partes, una primera titulada El ocaso de la mujer españo-
la, donde se expone la situación de la mujer durante el primer franquismo y una segunda
parte, titulada Un haz de luz al final del camino, donde podemos apreciar una cierta libertad
condicionada aún a la propia sociedad, pero que empieza a desmarcarse de esa primera
mujer abnegada.
Palabras clave: Mujer, franquismo, democracia, miedo, control social, abnegación, libertad.
Abstract
This study aim to present the Spanish women’s situation during the Franco’s Regimen
and during others periods like II Republic and the first time of Spanish’s Democracy.
It was decided to divide it into two parts. The first part is titled The decline of the Spanish
woman, where the situation of women during the first Francoism is exposed. The second part
is titled A beam of light at the end of the road, where we can notice a certain sense of freedom
still conditioned by society, but in which female individuals start to detach from that first
self-sacrificing woman.
Keywords: Woman, Franco’s regimen, democracy, fear, social control, abnegation, freedom.
Sumario
- El ocaso de la mujer española. – Un haz de luz al final del camino. – Conclusión.
El ocaso de la mujer española
Para entender la relegación que la mujer sufrió a nivel social duran-
te el franquismo, hay que analizar, en primer lugar los adelantos que
la II República aportó a la situación social de las mujeres españolas.
1 UNED, [email protected]
2 Cartel que reivindica el papel de las mujeres en la Nueva Patria, mostrando una imagen de la mujer
en su rol fundamental de Madre de la Nueva Patria.
Asparkía, 30; 2017, 133-147 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.8
134 Desiré Rodríguez Martínez
La Constitución de 19313 abordó varias políticas de género, pretendiendo una equi-
paración política, jurídica y civil que se consagraba en varios artículos, algunos del Tí-
tulo Tercero derechos y deberes de los españoles; Capítulo I Garantías individuales y políticas,
como por ejemplo el artículo 25, que declaraba que «no podrían ser fundamentos de
privilegio jurídico, condiciones como el sexo o la clase social»; el artículo 36, que decía
«Los ciudadanos de uno y de otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos
derechos electorales conforme determinan las leyes»; el artículo 40, «Todos los espa-
ñoles, sin distinción de sexo, son admisibles a los empleos y cargos públicos según su
mérito y capacidad, salvo las incompatibilidades que las leyes señalen»; del Capítulo
II Familia, economía y cultura, el artículo 43, que aprobaba la posibilidad del matrimonio
civil y del divorcio y que implicaban un recorte del ámbito de la influencia de la Iglesia;
o el artículo 53, del Título IV Las Cortes, que disponía la posibilidad de que todos los
ciudadanos, sin distinción de sexo ni de estado civil, fueran candidatos para Diputados.
Estos pasos agigantados en los derechos hacia las mujeres no estuvieron reflejados
en la sociedad del momento, en la cotidianidad, puesto que la realidad imperante era la
de una sociedad misógina y eminentemente masculina, de hecho apenas diez mujeres
llegaron a ser diputadas en las Cortes republicanas.
Estas desigualdades sociales por razón de sexo, estaban implantadas tanto en la
vida privada como en la vida pública, por lo que no es de extrañar que la segregación
laboral y la discriminación de la mujer fuera algo habitual. Estas discriminaciones se
daban, bien por la existencia de puestos laborales adjudicados exclusivamente a las
trabajadoras y que eran denominados «propios del sexo», bien por la retribución, a la
mujer se le retribuía con una menor cantidad de dinero. Nunca las trabajadoras ganaron
más que sus compañeros con la misma categoría, y lo que es peor, aquellas mujeres mejor
preparadas que sus compañeros de inferior categoría, recibían también menor salario,
lo que no respondía a ninguna explicación que lo justificara, sino la discriminación de
sexos.4
Durante la II República y después con más fervor, se promoverá la idea de que el
trabajo en la mujer estaba reservado a las jóvenes, las cuales debían abandonarlo una
vez contraído matrimonio. Así, la mayoría de las muchachas consideraba el casamiento
como una aspiración fundamental y una solución de vida, asociada a la liberación de las
penalidades características de todo puesto laboral.
A lo largo de la historia, la mujer ha estado siempre situada en un segundo lugar
como agente activo en la sociedad, e incluso en el acontecer histórico, puesto que no
encontraremos historiografía donde se incluya a la mujer hasta los años ochenta, salvo,
entre otros, la obra esclarecedora de Simone de Beauvoir, El Segundo Sexo, donde la au-
tora nos expone una realidad: la mujer ha actuado siempre al servicio del patriarcado,
constituyendo el segundo sexo, supeditado al sexo sujeto, el varón, es decir, la mujer
es siempre madre, esposa, hija, hermana, es el sexo complementario, nunca el sujeto
activo.
Todas las sociedades y culturas, para legitimar la desigualdad social se han basado
en las diferencias anatómicas entre los sexos. Culturalmente, lo femenino se ha definido
3 http://www.congreso.es/constitucion/ficheros/historicas/cons_1931.pdf
4 Debate actual de un discurso anacrónico.
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La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora de la mujer durante... 135
siempre como un defecto de lo masculino, es un género que deriva, según la cultura
occidental, de la costilla de un hombre, por lo que se presupone parte de él, no son seres
independientes, individualizados, sino dependientes del sexo fuerte del cual proceden.
Y eso es lo que plantea Simone de Beauvoir en su obra, la mujer es un producto cultu-
ral y muchas de sus características no son fruto de su genética, sino de cómo han sido
educadas. Así, esta asociación cultural de lo femenino establece esa jerarquía de sexos,
que ha tenido y tiene importantes consecuencias en la vida de las mujeres, tanto pri-
vada, dentro de sus hogares, como pública, pues se extrapola a la vida social y política
de un país. España es un claro ejemplo de ello, pues aún hoy en día, tras la herencia de
periodos anteriores, en lo que a derechos femeninos se refiere, estamos muy poco aven-
tajados con respecto a nuestros vecinos europeos.
Si con la República la mujer no vio de manera activa – aunque sí pasiva, puesto
que la igualdad estaba legislada – estos necesarios cambios sociales, con la Dictadura
Franquista se anulará por completo toda esperanza de aceptación social de esta nueva
realidad de género que quiso mostrar el renacimiento cultural republicano.
Por el contrario, la Dictadura Franquista impondrá una verdadera política de géne-
ro, regulada por una legislación que negaba a la mujer como individuo independiente,
las convertía en el eje educador de la sociedad, pero sin decisión propia, un vehículo
moralizante, que junto a la Iglesia, trataban de mostrar al mundo una sociedad paterna-
lista, educada en unos valores sociales tradicionales. Las mujeres quedaron así relega-
das a un papel de subordinación que las recluía en el ámbito doméstico y por supuesto,
carecían de dimensión política y social. Así pues, el triunfo de los sublevados tras la
Guerra Civil produjo un cambio político y social, una nueva concepción ideológica de
la sociedad, inspirada en el nacional-catolicismo y en el ideario nazi – Kinder (niños),
Küche (hogar), Kirche (Iglesia).
A pesar de quedar relegadas al papel de «Ángeles del Hogar», eran a su vez valora-
das y veneradas como vestales de esta nueva sociedad. En ellas recaía la responsabili-
dad de la renovación de la Nueva España. La Guerra Civil española provocó un acusa-
do descenso de la población, con unos índices de mortalidad infantil muy elevados, por
lo que sobre la mujer recaía la transformación de esta realidad. Será cuidada y adorada
por sus virtudes físicas (la maternidad) y por sus atributos morales, aunque limitada
totalmente como individuo. La función de la mujer será un tema tratado con gran in-
terés por parte del nuevo régimen, en tanto se dedicara únicamente a la maternidad y
cuidado de la familia y el hogar.
Ser madre era el fin para el que la mujer había nacido, y para ello debía casarse, algo
a lo que debía aspirar cualquier muchacha. Esta concepción femenina – ser madre y
esposa – estará presente a lo largo de todo el discurso educativo de la Sección Femenina
de Falange, así como el fomento para la concienciación nacional patriótica y española.
Esta concepción de la familia, será extrapolada también al ámbito político con la crea-
ción de nuevas leyes que dificultaran la incorporación de la mujer al mundo laboral5,
con el fin último de relegarla al hogar.
5 Como ejemplo el Fuero del Trabajo de 9 de marzo de 1938, dice en su artículo 1, capítulo II: «En
especial prohibirá el trabajo nocturno de las mujeres y los niños, regulará el trabajo a domicilio y
libertará a la mujer casada del taller y de la fábrica».
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136 Desiré Rodríguez Martínez
El ideario franquista supuso para la educación un retroceso a la pedagogía del
pasado siglo XIX. Esta nueva educación quedará legislada en 1945, con la Ley de
enseñanza primaria, que entre sus principios se encontraba el religioso, seguido
del nacional y patriótico, la educación social, la educación física y la educación
moral, la cual pasa por el principio de separación de sexos. Esta segregación de
sexos no era solo física sino que también se extrapolaba a la educación, puesto que
para ellas se reservaban otras actividades, tales como labores del hogar o artesanía.
Así, en su artículo 11 podemos leer que «la educación primaria femenina preparará
especialmente para la vida del hogar, artesanía e industria domésticas»6, materias
relacionadas con las labores domésticas, como son la cocina, la costura, la jardi-
nería, enfermería y la puericultura para el cuidado de los hijos, etc. El acceso a la
enseñanza media y superior era inalcanzable para la gran mayoría de las mujeres
en este período, salvo para profesiones vinculadas a esa función social, como son
las carreras de enfermería o magisterio7.
Así como el que ha de seguir un oficio o una carrera aprende, estudia y se
prepara para ello, no debe haber una sola madre que no estudie y se prepare para
serlo. Vuestra misión es criar muchos hijos fuertes y sanos para Dios, España y
Falange.8
Para llevar a cabo este proceso de anulación de género, el régimen franquista
no sólo contó con la Iglesia, comunicador nato y con gran influencia en la sociedad
española, sino también con un poderoso vehículo de adoctrinamiento, la Sección
Femenina de Falange, que contribuyó enérgicamente en la formación ideológica de
aquellas mujeres, justificando a través de su discurso la superioridad del hombre y
la subordinación de las mujeres respecto a ellos. Este nuevo discurso ideológico lo
divulgó a través de sus mítines públicos, de las revistas femeninas y por supuesto
de sus Escuelas de Hogar, Cátedras Ambulantes y del Servicio Social.
El Servicio Social9, obligatorio para las mujeres, consistía en una serie de activi-
dades de carácter adoctrinador – lecciones sobre nacional-sindicalismo – y educa-
tivo, donde se aprendía cómo ser una buena ama de casa:
No se improvisa a una ama de casa, como no se improvisa una institutriz o
una enfermera. Cada oficio, cada profesión, exige un período de aprendizaje; el de
ama de casa como los demás. No suele tomarse en serio el papel que representa la
mujer en el hogar y a menudo se descuida la preparación de las jóvenes que, en su
mayoría, necesariamente deberán asumir un día la dura pero bella tarea de ama
de casa (…) los oficios que ejerce la mujer en el hogar son innumerables: ¡Cocinera,
doncella, costurera, bordadora, zurcidora, planchadora, recadera, enfermera,
6 Ley de 17 de julio de 1945 sobre Educación Primaria. BOE-Número 199.
7 Rabazas Romero, Teresa, Ramos Zamora, Sara: «La construcción del género en el franquismo y los
discursos educativos de la Sección Femenina». Encounterson Education. Volume 7, Fall 2006 pp.43-70.
8 Mercedes Suárez-Valdés, de la Sección Femenina, en el libro Infancia de hoy, juventud de mañana, «guía
de la madre nacional-sindicalista», 1940.
9 Ejemplo de certificado de aptitud del Servicio Social en Anexo I.
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La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora de la mujer durante... 137
contable, economista, maestra, higienista! Es verdad que tiene disposiciones
naturales para ese género de trabajo, pero debe prepararse y perfeccionarse.10
Otra actividad obligatoria para el Servicio Social eran las actividades asisten-
ciales, prestaciones voluntarias que se podían satisfacer en comedores infantiles,
talleres, hospitales, y junto a ello, la práctica de actividades deportivas, fundamen-
talmente gimnasia.
El cumplimiento del Servicio Social era imprescindible para poder opositar, ob-
tener títulos, trabajar, obtener el pasaporte, el carné de conducir11, o pertenecer a
cualquier asociación.
La Sección Femenina en su intento de llegar a todas las mujeres de España,
incluso a las que vivían en los pueblos y aldeas, creó en el verano de 1937 la Her-
mandad de la Mujer de la Ciudad y del Campo (HCC), originaria de otras políticas
fascistas12. Su función era ayudar en las tareas agrícolas, intentando paliar la situa-
ción de las familias con medios materiales y humanos, a la par que se hacía pro-
paganda política. Fruto de estas actividades se creará el cuerpo de Divulgadoras
Rurales Sanitario-Sociales rurales, formado por mujeres voluntarias o muchachas
en prácticas del Servicio Social que eran formadas para trabajar como auxiliares de
enfermería, visitando enfermos, embarazadas, recién nacidos, etc.
Les enseñaremos a las mujeres el cuidado de los hijos, porque no tiene perdón
que se mueran por ignorancia tantos niños que son siervos de Dios y futuros
soldados de España. Les enseñaremos también el arreglo de la casa y gusto por
las labores artesanas y por la música. Les infundiremos estos modos de ser que
quería José Antonio para todos los españoles, para que así ellas, cuando tengan
hijos, formen a los pequeños en el amor a Dios y en esta manera de ser de la
Falange. Y a la vuelta de una generación, por obra de ellas, aquel niño que desde
chiquitín llevó puesto el uniforme, que entre sus cuentos infantiles oyó la historia
de la guerra y del Caudillo y la vida y muerte de José Antonio, cuando llegue a la
mayor edad será un hombre cabal y tendrá ya metido dentro de sí este estilo de
nuestra Revolución. Tan metido que por él no mirará hacia atrás para contemplar
lo que hayan hechos sus padres, porque eso ya estará conseguido, y se pondrá de
cara al mar para ver qué nuevas cosas hay que hacer.13
10 Revista de la Sección Femenina, Medina, 31 enero de 1943.
11 Orden de 11 de junio de 1959 por la que se aclara que los solicitantes femeninos del carné de conducir
están sujetos a la obligación de acreditar que han cumplido el Servicio Social, en BOE nº 144 de 17
de junio de 1959, p. 8.647, y Orden de 2 de mayo de 1966 referente al requisito de presentación del
certificado del Servicio Social para obtención del carné de conducir, en BOE nº 108 de 6 de mayo de
1966, p. 5.538.
12 En Italia tenemos como ejemplo los Fasci Femminili, dos secciones orientadas al medio rural: el
Gruppo di competenza agricolo, y el Gruppo de competenza per a protezioni di prodotti italiani. El caso
alemán no fue tan prolijo en atenciones para con las mujeres rurales, pero sí inspirador de políticas
sociales como el Servicio de trabajo para jóvenes, que servirá de modelo para el Servicio Social español.
MARÍAS, SESCÚN; La Sección Femenina en el medio rural: Auxilio material, formación de la mujer
y control social (1937-1977). Universidad de Zaragoza.
13 Discurso de Pilar Primo de Rivera ante el Caudillo en Medina del Campo, mayo de 1939.
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138 Desiré Rodríguez Martínez
De la organización de la Hermandad de la Ciudad y del Campo, surgen otras
actividades asistenciales de Sección Femenina, como fueron las Cátedras Ambu-
lantes, las Granjas Escuelas y los Hogares Rurales. Las Cátedras Ambulantes em-
piezan a funcionar en 1946 y nacieron como escuelas de formación sobre ruedas
para visitar los pueblos, con el fin de mejorar su calidad de vida en los aspectos
económicos, culturales, sociales y espirituales. Estas actividades formativas desa-
rrolladas en el medio rural llevaron a la organización a reglar la labor de estas pro-
fesoras de economía doméstica agrícola, creando una titulación, dando nacimiento
a la carrera profesional «Instructora Rural», reglada como enseñanza oficial por el
Ministerio de Agricultura en 1953 e impartida en las Granjas Escuelas14.
En todas estas actividades de la Sección Femenina, había un interés claro de
propaganda y control sobre una población apartada de los centros urbanos, había
que homogeneizar a la sociedad española, y el vehículo a utilizar debía ser la edu-
cación. A pesar de que la llegada de este adoctrinamiento a los pueblos remotos era
recibida con reticencias15, su llegada siempre despertaba curiosidad entre los veci-
nos, consiguiendo con su sola presencia el objetivo fundamental, la propaganda.
El origen de la Sección Femenina lo podemos situar en un proyecto asistencial
que nace durante la Guerra Civil, llamado Auxilio Social16, organismo de socorro
humanitario dependiente de Falange Española, pero cuyos objetivos aunque fue-
ran humanitarios tenían un marcado carácter político y adoctrinador social, que
contribuyó a consolidar la dominación de los vencedores sobre los vencidos. Con
los años, Auxilio Social fue perdiendo peso a favor de otras organizaciones como la
Sección Femenina o la Iglesia Católica.
La Sección Femenina de Falange tenía diferentes vías para llegar a la población
femenina. Por un lado, la imposición –eran obligatorios muchos de los proyectos
que organizaron, como el Servicio Social o la asociación sindical– y por otro, las
actividades lúdicas como las festividades religiosas, sus procesiones y «paraferna-
lias» o los Coros y Danzas, nacidos con el fin de recuperar la cultura y folklore de
los pueblos. Otro medio persuasorio y el mejor escaparate para mostrar ese discur-
so imperante y repetitivo en España a lo largo del franquismo, fueron las revistas
femeninas. Destacar las más significativas: Consigna, Y, Medina y Teresa.
Así pues, la Sección Femenina de Falange realizó una tarea exhaustiva en la
unificación de ideales nacionales, unificación a la que tratarán de llegar a través de
varias vías, todas ellas encauzadas en la educación y en un único vehículo, la mujer.
La mujer durante el franquismo será la fuente virgen de la cual emane el nuevo
ideario. Será la encargada de reeducar a la sociedad, con la ayuda del Estado y de
la Iglesia, lo cual supondrá, sin importarle, su anulación como individuo social y
político.
14 Marías, Sescún: La sección femenina en el medio rural: auxilio material, formación de la mujer y
control social (1937-1977). Universidad de Zaragoza.
15 Información que tenemos gracias a los Informes de Cátedras, informes que realizaba el personal
que trabajaba en las Cátedras Ambulantes. Marías, Sescún: La sección femenina en el medio rural:
auxilio material, formación de la mujer y control social (1937-1977). Universidad de Zaragoza.
16 En su origen se llamó Auxilio de Invierno y su modelo era parejo a otras organizaciones de la Alemania
nazi, como el Winterhillfswerk.
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La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora de la mujer durante... 139
La Sección Femenina fue, sobre todo, un organismo adoctrinador del régimen
franquista en lo que se refiere a la transmisión de valores dirigidos a las mujeres y,
de forma muy especial, a las maestras, por su efecto multiplicador y propagador17.
La mujer será la responsable de educar a la Sociedad, como madre de la misma en
primer lugar, pero también como maestra, puesto que a ella se le encomienda la
formación de esta nueva sociedad y del resto de las mujeres, desde sus hogares y
desde los centros educativos.
Se llama a la madre con la misma razón que a la Maestra: y al Hogar y a la
Escuela se encomienda la tarea de educar conjuntamente al hombre y a la mujer
nuevos (…) la niña ha nacido para el hogar. Como educáis a futuras madres, no
debemos perder de vista que toda nuestra acción escolar va encaminada a dotar
a la niña de los recursos necesarios para gobernar, moral y económicamente, el
hogar. La educación específica de la mujer para esposa, madre y educadora de
los hijos, debe, iniciarse en la Escuela Primaria. Es preciso que vosotras, Maestras
nacionales, estéis orientadas acerca de cómo puede gobernarse un hogar, para, así
guiar a vuestras alumnas18.
Los jóvenes de la nueva sociedad serán educados en base a los valores de Fa-
lange Española y de la Iglesia Católica. Y la maestra, como receptora de todas estas
consignas, era responsable directa de que las niñas, futuras mujeres, aprendieran
estas lecciones, entre las que se encontraba la formación familiar y social. Esta pe-
dagogía familiar implicaba la identificación de las maestras con las educadoras
familiares de la sociedad, que junto a las madres, prepararían para la maternidad
a las niñas. Para completar la formación de las niñas se continuó con una labor de
formación política acorde con los postulados del Estado.
Lo que se aprende en el propio hogar no se olvida jamás. La mujer es la que
transmite la continuidad de las cosas, la que prepara el nuevo ser para el futuro.
Ella debe dar al niño la primera lección sobre la Patria y hacerle entender que
ésta no es sólo un accidente geográfico. Cuando se nace español, se contrae una
gloriosa y trascendental responsabilidad y la obligación de servir hasta el fin.19
La educación que empezaba a despegar sus alas en los años treinta, se vio de
nuevo fuertemente reprimida, especialmente para la mujer. En general, la educa-
ción no era interesante, había que levantar la patria y para ello las letras eran inne-
cesarias, por otro lado, fueron precisamente estas las que iniciaron la revolución, la
mayoría de los escritores y poetas españoles estaban en el exilio. Esta nueva edu-
cación fue dirigida por la Iglesia20, y por supuesto, no equitativa entre hombres y
17 RABAZAS ROMERO, Teresa, RAMOS ZAMORA, Sara: «La construcción del género en el
franquismo y los discursos educativos de la Sección Femenina». Encounterson Education. Volume 7,
Fall 2006 pp.43-70.
18 Revista Consigna, 1941.
19 Revista Teresa, 1958.
20 Se reconoce a la Iglesia el derecho que de manera supereminente, e independiente de toda potestad terrena, le
corresponde para la educación por títulos de orden sobrenatural, y la potestad que le compete, cumulativamente
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140 Desiré Rodríguez Martínez
mujeres. Las niñas eran educadas para la sumisión, no necesitaban más que buenos
modales, saber zurcir, coser y cocinar. Con este bagaje cultural sobrevivió la mujer
hasta prácticamente los años setenta.
No hay que ser nunca una niña empachada de libros, que no sabe hablar de
otra cosa…; no hay que ser una intelectual.21
El hogar será su verdadero campo de acción. De esta forma, su educación, cul-
tivo y formación quedaban limitados al verse proyectados en la familia. En esta
situación, la mujer más valorada era aquella que permanecía en el anonimato y
anulaba su talento en aprovechamiento de los demás, del varón.
A veces puede resultar más fecundo, más maravillosamente fecundo y valioso,
el viejo y difícil camino trillado por tantas mujeres que nos precedieron: el de
perderse a sí mismas en el anonimato de la tarea menuda de acompañar a otro.
Debe olvidarse voluntariamente de uno mismo, para exaltar a otro. De enterrar
su propio talento (…) para que sirva de abono al talento de otro. De fundir sus
propios gustos en los gustos ajenos. 22
Así pues, durante esta etapa la mujer será considerada el centro neurálgico de la
familia, con su tradicional rol de mujer-esposa-madre. Es el momento de re-cristianizar
los hogares y esta labor se hará a través de la mujer, esta será el instrumento re-cristia-
nizador: Los amancebamientos, tan comunes en la República pasan a ser considerados
como delitos, se dieron por nulos aquellos matrimonios civiles celebrados durante la
República, el único y válido será el matrimonio por la Iglesia Católica. Muchas parejas se
verán obligadas a formalizar sus matrimonios o por el contrario se les negarán subsidios
y beneficios, además de la exclusión en la vida social. Algo que antes era cotidiano pasó
de un plumazo a considerarse demoníaco. Se restablece el código civil de 1889 y se plan-
tea el refuerzo de la autoridad paterna y marital, la mujer pasará a ser una eterna menor.
Además de la ley de educación, otras nuevas leyes se encargarán de derogar todos
aquellos derechos que le habían sido concedidos por la República, planteándose de nue-
vo una clara conciencia patriarcal: Se penaliza el aborto, se prohíbe el divorcio, se limita
la capacidad laboral y académica de las mujeres, etc.
En numerosas Reglamentaciones de Trabajo se implantó la obligatoriedad de aban-
dono del trabajo cuando la mujer contraía matrimonio, indemnizándola – en el mejor
de los casos, pues no todas las empresas lo hacían – con una modalidad denominada
«dote». Algunas importantes empresas como Televisión Española, imponía la exceden-
cia forzosa sin concederles indemnización, otras como Telefónica sí indemnizaba. Pode-
mos leer en su Reglamentación de Trabajo de 20 de junio de 194723:
con el Estado, de fundar Escuelas de cualquier grado, y por tanto, Primarias y del Magisterio, con carácter de
públicas, en armonía con la naturaleza jurídica de la Iglesia como sociedad perfecta y soberana. Ley de 17 de
julio de 1945 sobre Educación Primaria. BOE-Número 199.
21 Sección Femenina, El libro de las Margaritas, 1940.
22 Revista Consigna. 1957.
23 Espuny Tomás, María Jesús: Aproximación histórica al principio de igualdad de género (III): las
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La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora de la mujer durante... 141
Artículo 94.- (…) c) El personal femenino que contraiga matrimonio quedará
en situación de excedencia forzosa en tanto no se constituya en cabeza de familia
(…)
Este personal recibirá, en concepto de dote una cantidad equivalente a tantas
mensualidades del último sueldo que perciba como años de servicios haya
prestado, con el límite máximo de doce mensualidades).
La mujer no tenía libertad para elegir una profesión y mucho menos para ejer-
cerla, no podía firmar un contrato de trabajo, no podía abrir una cuenta bancaria, ni
realizar ninguna operación de compraventa sin la debida autorización de su marido,
incluso aunque el bien fuera de su propiedad24.
La sociedad de la posguerra se vio fuertemente subyugada a unas costumbres
y una tradicionalidad ya olvidadas, pero rápidamente aceptadas por una parte de
la sociedad, la otra tuvo que «acatarlo» sin reproches25. Aun así, seguía habiendo
mujeres que no aceptaban su situación, estas mujeres eran, en su mayoría, mujeres
jóvenes que no aceptaban el segundo plano que las correspondía, que fumaban y
no asumían las «normas» impuestas a su género, estas chicas fueron denominadas
despectivamente, chicas topolino26.
Un haz de luz al final del camino
No será hasta finales de la década de los cincuenta27, cuando España empiece a vislum-
brar una evolución social, cultural, económica e incluso legislativa, que influirá en la mujer
como un parte más de la sociedad, aunque no activa.
Entre 1957 y 1975, España cambiaría a un nuevo sistema político denominado «tecno-
pragmatismo». Estos tecnócratas promovieron la eliminación de los ideales económicos
de Falange y una liberación neocapitalista de la economía española, suponiendo una ver-
dadera revolución enfocada a hacer de España un país industrial y urbano28. El régimen se
había abierto al exterior, había intensificado sus relaciones internacionales, lo que implicó
el conocimiento de otras culturas extranjeras.29
Esta nueva apertura económica da lugar a un nuevo tipo de familia. La familia rural espa-
ñola da paso a una familia urbana, en la que empiezan a relajarse las costumbres patriarcales.
Reglamentaciones de Trabajo, observatorios de desigualdad. IUSLabor 2/2007.ISSN:1699-2938
24 Ejemplo de escritura de compraventa en el Anexo II.
25 La sociedad española inmersa en un país paupérrimo, se vio abocada a cubrir necesidades tan
básicas como era el alimento. Tras una larga y ardua guerra civil, no le quedaron ánimos de revancha,
acatando cuantas leyes y normas les impusieran.
26 En honor a unos zapatos femeninos, algo extravagantes, con los que las chicas llamaban
poderosamente la atención. Martín Gaite, Carmen: Usos amorosos de la posguerra española. Editorial
Espasa–Calpe. 2007.
27 Partiría de 1958 con la reforma del Código Civil, aunque la polémica en la sociedad se inició años
antes, en 1953, con el polémico artículo de Mercedes Formica en ABC, Domicilio Conyugal.
28 Rabazas Romero, Teresa, Ramos Zamora, Sara: «La construcción del género en el franquismo y los
discursos educativos de la Sección Femenina». Encounterson Education. Volume 7, Fall 2006 pp.43-70.
29 La verdadera apertura vendría pareja al Plan de Estabilización, que supondría la dinamización del
turismo y el fomento de la inversión extranjera.
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142 Desiré Rodríguez Martínez
Esto, unido a la progresiva pérdida de control de la Iglesia sobre la población,
hace que surja una nueva clase social, que demanda un nuevo sistema educativo.
Este nuevo plan de estudios nacerá en 1967, aunque las asignaturas fueron formal-
mente similares para ambos sexos, ellas seguían teniendo una materia específica,
enseñanzas del hogar o la formación manual, ya implantada en el plan de 1953.
Esta materia contenía lecciones de economía doméstica, cocina, puericultura, etc.
Por otro lado había otras asignaturas que no se impartían igual a chicas que a chi-
cos, estas eran la de formación del espíritu nacional y la de educación física, im-
partidas por personal de Sección Femenina para ellas y del Frente de Juventudes
para ellos.
A partir de los años cincuenta las revistas femeninas30 también inician una rup-
tura con la construcción de este ideario femenino. Será en estos momentos cuando
aparezca la imagen de una nueva mujer, más moderna y actual a sus tiempos, más
equiparada a sus coetáneas extranjeras, aun sin perder su definición máxima según
el Movimiento Nacional, definidas por su altísima misión como ángeles del hogar,
educadoras de sus hijos y por ende, educadoras de la futura sociedad.
Esta incorporación de las mujeres a la esfera pública no fue aceptada del todo
por esta sociedad española tan patriarcal, principalmente por una cuestión clave,
iba a provocar el abandono de su misión primordial por la que fue creada por Dios,
ser madre.
Numerosos testimonios31 de la época reflejaban que la mentalidad femenina
empezaba a romper tímidamente con el periodo franquista anterior, estas muje-
res reivindicaban y denunciaban esta posición en la que se encontraban, principal-
mente aquellas que por su formación y profesión podían expresarse con mejores
herramientas que aquellas cuya única vía de comunicación era la confesión con
sus iguales –vecinas, cuñadas, madres y hermanas–, quedando estas demandas en
terreno de nadie.
A pesar de estos tímidos cambios a favor de las mujeres, en la práctica, en el día
a día, se encontraron ante un discurso contradictorio: por un lado, era valorado po-
sitivamente que recibieran educación superior, que trabajaran fuera de casa, pero
por otro, aquellas que se atrevieron a hacerlo eran calificadas como mujeres pre-
tenciosas, prepotentes y soberbias. En el fondo, la mentalidad reinante en España
seguía siendo paternalista y patriarcal.
En el hogar, en la economía doméstica, el sueldo aportado por la mujer era com-
plementario al del marido y por supuesto, nunca sustitutorio al de él. La respon-
sabilidad del sustento familiar recaía, indiscutiblemente, sobre el padre de familia,
el hombre.
A comienzos de los años sesenta, las mujeres comienzan a crear grupos de re-
unión, Asambleas. Los más significativos fueron el Seminario de Estudios de la
Mujer, creado en Madrid y la Asamblea Democrática de Mujeres de Sant Meidir, en
30 Como la revista SISSI, que supuso un punto de unión para aquellas mujeres con ambiciones e
intereses culturales, intelectuales y/o profesionales. Igualmente fue una revista portadora de modas
extranjeras, con una imagen de la mujer diferente a la española.
31 Las obras de las escritoras, entre otras, Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite o Ana Mª Matute.
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La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora de la mujer durante... 143
Barcelona, que daría lugar al Movimiento Democrático de Mujeres32 –auspiciado
por el PCE–, que llegaría a tener una importante difusión a nivel nacional.
A comienzos del año 1960, se incorporaron nuevas leyes con una proyección
social más favorable hacia las mujeres, como la Ley de Derechos Políticos, Profesio-
nales y del Trabajo de la Mujer, en cuyo cuerpo se recogía el principio de igualdad
de derechos laborales de los trabajadores de ambos sexos, aunque iba dirigido ex-
clusivamente a mujeres solteras y mayores de edad33.
Pero aún había mucho camino por recorrer, puesto que hasta 1966 no se permitió a
las mujeres ejercer como jueces, magistrados o fiscales de la Administración de Justicia,
y hasta 1975 no podían ejercer como policías o militares de las Fuerzas Armadas.
Indicar también, que hasta 1981, ya fallecido el dictador, la mujer no tendrá
capacidad para administrar los bienes gananciales del matrimonio, cuya adminis-
tración recaía sobre el hombre.
Estas discriminaciones sociales y laborales eran aceptadas como un mal menor,
basadas en consideraciones como que en caso de acceder a estos derechos «la mujer
pondría en peligro ciertos atributos a los que no debe renunciar, como son la ternu-
ra, la delicadeza y la sensibilidad»34.
A pesar de estos tímidos avances en el plano laboral, la mujer seguía dependien-
do, hasta 1975, de la autorización del marido para trabajar, conocido como «licencia
marital». Esta nueva sociedad, con su legislación, no respaldaba a las mujeres tra-
bajadoras, las causas de escisión de contratos no eran únicamente responsabilidad
de sus cónyuges, las propias normativas internas de las empresas, como ya hemos
comentado anteriormente, no aseguraban la igualdad.
Estas discriminaciones se manifestaban también en las diferencias salariales,
por ejemplo, en las Reglamentaciones de empresas del sector textil, de farmacia,
de hostelería, entre otras, establecía el salario femenino en un 20% menos que el
salario del varón35.
Pese a estos avances laborales, la Sección Femenina de Falange no cambió dema-
siado su discurso, aceptando eso sí, la aparición de una nueva mujer consumidora,
es decir consume y produce, trabaja en casa y fuera de ella, posee mayor cultura
y educación, así como, gracias al desarrollo industrial, posee un bienestar econó-
mico y social. La tecnificación, la introducción de los electrodomésticos, permitía
compaginar las tareas domésticas, que indiscutiblemente, recaían sobre la mujer,
con el ejercicio de una profesión, pues aunque ya pudiera trabajar fuera de casa,
era indudable que las tareas del hogar le seguían correspondiendo a ella. Durante
mucho tiempo la mujer trabajaba fuera de casa y dentro de ella, pluriempleada36.
El hombre seguirá desempeñando ese rol de cabeza de familia y generador de la
economía doméstica.
32 Tras varios cambios de programas y junto a otros grupos con intereses parejos, en 1975 pasará a
llamarse Movimiento Democrático de Mujeres / Movimiento de Liberación de la Mujer.
33 La mayoría de edad estaba en los 21 años, salvo para «tomar estado», para casarse.
34 Ley 56/1961, de 22 de julio, sobre derechos políticos profesionales y de trabajo de la mujer. BOE
número 175.
35 Ortiz Heras, Manuel, «Mujer y dictadura franquista». Aposta. Revista de ciencias sociales. nº28, 2006.
36 Aun hoy en día esta situación se sigue dando en muchos hogares españoles.
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144 Desiré Rodríguez Martínez
En la década de los sesenta, la Sección Femenina se había convertido en una
institución estatal a cargo de la Dictadura, aunque nunca iba a reclamar ningún es-
pacio político, como podrían hacer otras asociaciones femeninas de la época. Pero
era consciente de que estaba perdiendo protagonismo entre las mujeres españolas.
Era el momento de cambiar su discurso, éste ya no podía estar enfocado en la mu-
jer abnegada, subyugada a los hijos y al marido, por lo que buscó nuevas vías de
convencimiento. La sociedad española había dado un paso hacia una mentalidad
más abierta y progresista, la incorporación de la mujer a la vida laboral hace que la
familia ya no esté vinculada únicamente a su figura, sino que es entendida como
una empresa educativa en la que los padres, naturalmente, ejercen la dirección. La Sección
Femenina comenzará a adquirir más protagonismo político, asumiendo la tarea
de coordinación y representación de un sector de la población femenina afín al
régimen político que comenzaba a eclipsarse, reivindicando una mayor presencia
política de las mujeres.
En 1970 se organizó en Madrid un Congreso Internacional de la Mujer, presi-
dido por Carmen Polo de Franco37 y la princesa Sofía, cuyas conclusiones serán
publicadas por la revista Consigna. En dicho Congreso se abordaron diversos temas
relacionados con la situación social de la mujer, con su responsabilidad para con
la familia, su actividad política, su actividad laboral, su acceso a la educación, etc.
Será el momento en el que se le conceda al trabajo doméstico la importancia que
tiene, reivindicando la asignación de un sueldo.
Además de la Sección Femenina en esta época surgen otras asociaciones y en
1970 con el fin de exigir la igualdad legal y laboral, se constituyó en Madrid la Aso-
ciación Española de Mujeres juristas, surgiendo en el año 1975 el primer despacho
de abogadas feministas38.
El año 1975 fue fundamental para las mujeres, las Naciones Unidas lo declararon
Año Internacional de la Mujer, era el momento de poner sobre la mesa la situación
legal de las mujeres españolas, había que mostrar al mundo, a través de la prensa y
de la televisión, las discriminaciones que sufrían estas mujeres, comparándolas con
nuestras vecinas europeas. Este año no solo fue intenso para las mujeres, lo fue en
sí para toda la sociedad española, puesto que fue el año en que murió el dictador y
en consecuencia, nacería una nueva etapa, La Transición, que conducirá a un nue-
vo discurso adaptado al contexto social contemporáneo internacional, provocando
en la sociedad española nuevas transformaciones sociales, con otras mentalidades.
En diciembre de 1975 se celebraron las primeras Jornadas Nacionales por la
Liberación de la Mujer, donde colaboraron, además de la Sección Femenina, di-
versas asociaciones como las de Amas de Casa, Amigos de la UNESCO, Mujeres
37 A Carmen Polo y Martínez-Valdés se la conocía como Carmen Polo de Franco precisamente por
una de las recomendaciones adoctrinadoras de la Sección Femenina: Cuando estéis casadas, pondréis
en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula «de», seguida del apellido
de vuestro marido. Así: Carmen García de Marín. En España se dice señora de Durán o de Peláez. Esta
fórmula es agradable, puesto que no perdemos la personalidad, sino que somos Carmen García, que pertenece al
señor Marín, o sea, Carmen García de Marín. Sección Femenina, Economía doméstica, para Bachillerato,
Comercio y Magisterio, 1968.
38 Ortiz Heras, Manuel, «Mujer y dictadura franquista». Aposta. Revista de ciencias sociales. nº28, 2006.
Asparkía, 30; 2017, 133-147 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.8
La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora de la mujer durante... 145
Universitarias, etc. El tema estrella fue la igualdad entre los sexos, trasladándose a
la esfera política.
Un año después tuvo lugar el segundo encuentro de mujeres, será en Barcelona,
en el Paraninfo de la Universidad, fueron las «Jornades Catalanes de la Dona»,
donde más de cuatro mil mujeres procedentes de toda España trataron temas que
hoy en día podríamos afirmar que siguen siendo debates actuales, polémica de «ra-
biosa actualidad», como pueden ser el reparto de las tareas domésticas y la remu-
neración de las mismas, la maternidad como derecho o como imposición, la mujer
como clase social en sí o como integrante de las distintas clases sociales, análisis de
las necesidades sexuales y las necesidades reproductivas, el análisis del patriarca-
do desde la óptica familiar y la óptica social, etc39.
Una vez pasado el Año Internacional de la Mujer, la Sección Femenina quedó
sumida en la desidia que venía acarreando desde hacía tiempo, aunque aún seguía
latiendo, pues en el año 1976, aportó a la Ley de Relaciones Laborales iniciativas
como la ampliación de la licencia por parto y la posibilidad de acceder a permisos
y excedencias temporales por responsabilidades familiares. Estos avances eran per-
cibidos por la sociedad de la época como grades pasos, una gran labor moderniza-
dora, pero lo cierto es que cualquier avance por pequeño que fuera, se magnificaba
tras la anulación total de derechos hacia la mujer perpetrados por el franquismo.
Sus últimos coletazos los dio en el año 1977, por Decreto Ley de 1 de abril,
aunque se puede afirmar que su trayectoria había dejado de ser importante desde
mucho tiempo antes de su total desaparición.
Conclusión
La Sección Femenina fue, a lo largo de su historia, un verdadero brazo adoc-
trinador de la política ideológica del franquismo. Como cualquier asociación, fue
adaptándose a los tiempos y al contexto histórico, evolucionando con ello hacia
una visión más liberalizadora de la mujer, sin llegar a promulgar, en ningún caso,
cualquier atisbo de emancipación y libertad total. La mujer nunca será percibida
como individuo independiente, activo social, económico y político.
Es cierto que algunas mujeres vivieron completamente ajenas a sus enseñanzas
y adoctrinamientos, a pesar de haber intentado llegar a todos los rincones, trasla-
dando su ideario a los pueblos más remotos con sus Cátedras Ambulantes y con su
obligatoriedad totalmente respaldada por la legislación franquista.
La Sección Femenina fue una organización longeva que superó incluso al pro-
pio dictador, permaneció invariable bajo el gobierno de Arias Navarro y de Adolfo
Suarez, hasta su definitiva desaparición.
39 Id. «Mujer y dictadura franquista». Aposta. Revista de ciencias sociales. nº28, 2006.
Asparkía, 30; 2017, 133-147 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.8
146 Desiré Rodríguez Martínez
Anexo I
40
Anexo II
41
40 Certificado de aptitud del Servicio Social. Documentos propiedad de la autora.
41 Estas dos imágenes nos muestran una escritura de compra-venta, donde podemos comprobar que
esta mujer necesitó la firma de su marido para vender una finca de su propiedad. En la portada
leemos: debidamente autorizada por su esposo. Y en la segunda página podemos comprobar su profesión:
sus labores. Propiedad de la autora.
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La Sección Femenina de Falange como guía adoctrinadora de la mujer durante... 147
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Recibido el 25 de septiembre de 2015
Aceptado el 21 de noviembre de 2017
BIBLID [1132-8231 (2017): 133-147]
Asparkía, 30; 2017, 133-147 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.8
Retrat
CORÉ FERRER-ALCANTUD1
Mary Beard y los dioses propicios
Mary Beard and the Gods’ Good Omen
«Too ugly for TV? No, I'm too brainy for men who fear clever women»2
Mary Beard
Según cuenta el poeta romano Ovidio, cada uno de enero los romanos rendían
culto a una divinidad capaz de mirar hacia adelante y hacia atrás. El dios Jano se
encargaba de mantener la paz en el universo vigilando las puertas que daban paso
a un nuevo año, dejando atrás el viejo, y lo hacía provisto de dos cabezas «para no
perder el tiempo torciendo el cuello»3, por lo que se le conocía también como el dios
bifronte. Y es que la protagonista de este breve, pero merecido, homenaje llegó al
mundo el primer día del año 1955, como si los dioses así lo hubiesen dispuesto. 4
Mary Beard es catedrática de
Filología Clásica, profesora en la
Universidad de Cambrige y en la
Royal Academy of Arts, fellow en el
Newnham College, editora del Times
Literary Supplement, protagonista
de documentales para la BBC5,
galardonada con la medalla de
la Orden del Imperio Británico, y As de bronce ss. III-II a.C.; en el anverso puede
autora de un concurrido blog. Esta apreciarse al dios Jano bifronte mirando hacia el
polifacética erudita es, además, una pasado y el futuro; en el reverso contemplamos la
inscripción que reza «Roma» bajo una galera, otro
de las celebridades más reconocidas
símbolo del dios.4
no sólo entre los versados académicos
dedicados a la historia antigua, sino también entre el público en general, al que ha
sabido cautivar a través de sus amenos documentales y sus exitosos libros. Muchos
de ellos han sido traducidos al castellano y reeditados posiblemente porque Mary
Beard fue laureada con el premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales el
pasado 2016.
1 Universitat Jaume I de Castelló.
2 BEARD, M. (23 de abril de 2012), «Too ugly for TV? No, I'm too brainy for men who fear clever
women», Daily Mail Online. Extraído de http://www.dailymail.co.uk/femail/article-2134146/Too-
ugly-TV-No-Im-brainy-men-fear-clever-women.html
3 Ovidio, Fastos, I, 143; trad. Bartolomé Segura Ramos. Los Fastos de Ovidio son una obra del s. I d.C.
en la que el bardo canta las peculiaridades de los meses y los días del calendario a través de los cultos
y festividades que se llevaban a cabo en Roma.
4 GRIMAL, P. (1989): Diccionario de mitología griega y romana, pp. 295-6.
5 Ahora también disponibles para su visualización en España en el canal 0# de la plataforma
Movistar+.
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152 Coré Ferrer-Alcantud
Conversando con los romanos6
Beard nació en Much Wenlock, una pequeña localidad situada al Noroeste de
Inglaterra. Hija de una ávida lectora y de un arquitecto, creció entre libros y de-
safíos intelectuales a los que su madre la sometía, actividades que, historiadoras
como yo, no podemos acoger más que con «envidia sana». Ella misma relata en una
entrevista que fue su madre quien la hizo apasionarse por la historia, llevándola
a ver, con tan sólo cinco años, los restos del friso del Partenón y las momias que
reposan en las salas del British Museum, cuya cotidianeidad en forma de «pastel»
carbonizado de aproximadamente unos 3.000 años de madurez, la conmovió hasta
el punto de querer dedicar su vida a ello7.
Considerada toda una celebridad8 en su tierra natal, va abriéndose paso en
nuestro país a través de sus exitosos documentales y best-sellers. Viendo el poten-
cial de esta latinista, la cadena británica BBC se animó a crear una serie documental
llamada Pompeii: Life and Death in a Roman Town (2010) con ella como conductora,
con el objetivo de transmitir la cultura de una manera accesible, una historia de
la conocida ciudad sepultada por el Vesubio en el año 79. El éxito llevó a la cade-
na británica a repetir esta experiencia con la profesora creando Meet the Romans
(2012), una serie de documentales en los que Mary Beard nos da la bienvenida a
Roma montando en bicicleta por la antigua Vía Apia. La peculiaridad de esta serie
no reside sólo en la sobrada capacidad intelectual de su protagonista, sino en su
habilidad para transmitir, divulgativa y distraída, que la aleja de los soñolientos
documentales a los que la televisión «culta» nos tiene acostumbrados. La buena
acogida de ambas llevó a la cadena a emitir dos series más en 2016: Ultimate Rome:
Empire Without Limit y Pompeii: New Secrets Revealed.
La prolífica carrera de Mary Beard queda plasmada igualmente en sus publi-
caciones, brillantes tanto en la profundidad de su contenido como en la destreza
de su autora para transmitir temáticas densas desde una óptica cotidiana y actual,
haciendo a su público viajar en el tiempo, como si los antiguos romanos les acom-
pañaran en la lectura. Algunos de sus libros más famosos han sido publicados y
reeditados en español, como el superventas El triunfo romano. Una historia de Roma
a través de la celebración de sus victorias (2009), Pompeya. Historia y leyenda de una ciu-
dad romana (2009), y el reciente SPQR. Una historia de la Antigua Roma (2016). Hace
apenas un año salió a la luz en castellano El mundo clásico: una breve introducción,
6 Beard, M. (2016): SPQR: Una historia de la Antigua Roma, Barcelona, Crítica, p. 444; texto original
«engaging with», texto en edición de Crítica «interactuando con». Sustituido por «conversando con».
7 Ramaswamy, C. (18 de marzo de 2013): «Interview: Mary Bear On Her Fight With Web Trolls», The
Scotsman. Extraído de http://www.scotsman.com/lifestyle/culture/books/interview-mary-beard-
on-her-fight-with-web-trolls-1-2839243
8 Topping, A. (7 de agosto de 2014): «Scotland urged to vote no to independence by celebrities’ open
letter», The Guardian. Extraído de https://www.theguardian.com/politics/2014/aug/07/scotland-
vote-no-independence-celebrities-jagger-daley-forsyth-open-letter; en este artículo se exponen los
nombres de los firmantes de una carta pública dirigida a los escoceses a votar no en el referéndum
celebrado el 18 de septiembre de 2014. Mary Beard aparece en la lista de celebridades junto con el
cantante Mick Jagger, el físico Stephen Hawking o la actriz Helena Bonham Carter.
Asparkía, 30; 2017, 151-159 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.9
Mary Beard y los dioses propicios 153
una obra co-autorizada junto a su colega John Henderson, original de 1995 y todo
un éxito entonces. En el ámbito científico, algunas de las publicaciones fundamen-
tales para los investigadores del mundo antiguo son Religions of Rome (1999), una
imponente obra en dos volúmenes que escribe junto a John North y Simon Price,
muy útil para la comprensión de las religiones coexistentes durante la República
y el Imperio, así como el posterior apoyo fundamental de los emperadores hacia
el cristianismo, o el inmejorable Laughter in Ancient Rome: On Joking, Tickling, and
Cracking Up (2014), una obra brillante sobre la historia de la risa y el humor en la
antigua Roma, resultado del seminario que ofreció en 2008 en la Universidad de
Berkeley como parte de las prestigiosas Sather Lectures.
Asimismo, combina la erudición con sus experiencias personales de forma so-
berbia y con profusa destreza lo plasma en su blog, A Don’s Life –traducido como
«La vida de una catedrática»–. En este espacio cibernético nos deslumbra con su di-
latado conocimiento en el campo de los estudios de la Antigüedad, ofreciéndonos
relatos de cuestiones y dilemas del mundo clásico que le sirven a esta humanista
contemporánea para elaborar sesudas reflexiones que comparan la actualidad con
ciertos acontecimientos de un pasado. Leyendo sus cavilaciones, nadie diría leyen-
do que nos separan cientos de años.
Fama, misoginia y trolls
Pero este soplo de aire fresco en el ámbito de la divulgación no siempre es bien
avenido entre los académicos más dogmáticos. Asimismo, la honestidad de la pro-
fesora Beard, también le ha valido las críticas tanto de compañeros de profesión
como de personas anónimas que la han vilificado en internet. Se trata algunas veces
de malinterpretaciones que la historiadora británica ha tratado de solventar con
posterioridad, así como auténticas injusticias por las que ha recibido críticas crue-
les y demoledoramente misóginas. La profesora Beard participó en un programa
de televisión denominado Question Time emitido por la cadena BBC, en el que se
debatía acerca de la inmigración en Reino Unido. El argumento de la catedrática
fue favorable a la inmigración, apoyándolo con el aporte de datos que abalaban su
comentario donde el trabajo de los inmigrantes era beneficioso para el desarrollo
del Estado. Su razonamiento fue pronto objeto de humillantes y ofensivas críticas
virtuales que se tornaron en insultos feroces –desprecios por su edad, mención
de sus genitales de forma grotesca, su pelo cano sin colorear…–. La historiadora
reflexionó sobre ello y denunció estos comentarios como agresiones sexistas, evi-
dentemente misóginas y punibles:
quizás [los insultos] se deban a que (…) una mujer de 58 años, que aparenta
sus 58 y que dice lo que piensa, contracorriente, es peligrosa (…) Internet es
democrático y también lo es la voz del pueblo, que piensa que no tiene otra forma
de expresarse que esta. Y esa voz es, en ocasiones, punible.9
9 Day, E. (26 de enero de 2013): «Mary Beard: I almost didn’t feel such generic, violent misogyny was
about me», The Guardian. Extraído de https://www.theguardian.com/books/2013/jan/26/mary-
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154 Coré Ferrer-Alcantud
De esta práctica se deduce que internet es, en ocasiones, concebido como un
cosmos donde el anonimato o el exceso de confianza llevan a algunas personas a
realizar acciones que, fuera de él, serían censurables. Una de las personas que la
atacó en internet la retó a re-twitear un mensaje agresivo acerca de ella y sus geni-
tales. «Women are too often told just to shut up and don’t make a fuss», sostiene
Beard en una entrevista, «and it’ll go away». Consciente de que el mensaje era un
ataque no a su Yo profesional o a su intervención en el programa de la BBC, sino un
ataque a su Yo como mujer, decidió plantar cara a este troll de internet. Respondió
al ataque publicando su mensaje con lo que consiguió encontrar a su autor, un jo-
ven estudiante que recibió la reprimenda de la investigadora a través de una carta
dirigida a él y a su madre10.
No obstante, una de las situaciones más controvertidas de Mary Beard en
internet fue su enfrentamiento con Arron Banks en la plataforma Twitter. Banks, un
acaudalado hombre de negocios favorable al «Brexit» y al UKIP, protagonizó junto
con la historiadora una de las luchas virtuales más controvertidas del año11. Mientras
Beard trataba de atemperar los argumentos xenófobos de Banks, que comparaba
las invasiones bárbaras tardoimperiales con las «invasiones» de extranjeros en el
Reino Unido, el millonario incurrió en un muy debatido mansplaining como último
recurso. Con una sentencia que es ya muy conocida, adoctrinó a la catedrática
indicándole que ella «¡no tiene el monopolio de la Historia!». Un desprecio
significativo ante el cual J. K. Rowling, autora de la saga de libros de Harry Potter, no
pudo evitar intervenir lanzando el siguiente mensaje irónico: «Malditas profesoras
de Clásicas de la Universidad de Cambridge con sus hechos históricos y sus libros
que venden por dinero»12.
Asimismo, cabe destacar que el compromiso de la profesora con la historia anti-
gua y la educación de la sociedad, incluye con la misma intensidad el compromiso
por la educación feminista. Mary Beard, que dice no entender «cómo una mujer
puede ser mujer y no ser feminista», estudió en una escuela y una universidad fe-
meninas, hasta que se dio cuenta en la facultad que la desigualdad existía:
[la desigualdad] estaba ahí y descubrí que en, el mundo, había gente
aparentemente inteligente que simplemente pensaba que las mujeres no eran tan
inteligentes como los hombres (…) Esto me sobrecogió.13
beard-question-time-internet-trolls
10 Lusher, A. (27 de agosto de 2014): «Mary Beard writes character reference for twitter troll who
called her “slut”», Independent. Extraído de http://www.independent.co.uk/news/people/mary-
beard-writes-character-reference-for-twitter-troll-who-called-her-a-slut-9695355.html
11 Cockroft, S. (6 de diciembre de 2016): «”You Don’t Have a Monopoly on History”: Millionaire
UKIP Donor Arron Banks Becomes Embroiled in Row with Cambridge Classicist Mary Beard After
Claiming the Roman Empire Was “Destroyed by Immigration”», Daily Mail Online. Extraído de
http://www.dailymail.co.uk/news/article-4006182/You-don-t-monopoly-history-Millionaire-
UKIP-donor-Arron-Banks-embroiled-row-Cambridge-classicist-Mary-Beard-claiming-Roman-
Empire-destroyed-immigration.html
12 Extraído de https://twitter.com/jk_rowling/status/805849160490610689?lang=es
13 Woods, J. (5 de febrero de 2013): «Mary Beard – Inspirational Woman!», Changing People. Extraído de
http://www.changingpeople.co.uk/2013/mary-beard-inspirational-woman/
Asparkía, 30; 2017, 151-159 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.9
Mary Beard y los dioses propicios 155
La catedrática ha relatado la historia de su violación en el periódico The Guar-
dian14. En 1978, cuando se encontraba en Milán esperando un tren que la llevara a
Roma para completar una estancia de investigación para la que había sido becada,
un hombre se le acercó en la cafetería de la estación y, tras una breve conversación,
le compró un billete para completar su viaje. Ella indica en el relato que dio por
sentado que era un ticket ordinario, pero inmediatamente se dio cuenta de que
el hombre, un arquitecto que se dirigía a Nápoles, había adquirido una cabina en
un coche-cama. Menciona que el cansancio y las pesadas maletas de la entonces
joven de 23 años, que atesoraban parte de su tesis doctoral, fueron las «armas»
del violador, el cual abusó de ella en dos ocasiones durante el viaje. A pesar de la
monstruosidad del suceso, Mary Beard extrae una lección de este ataque y aquéllos
que mencionábamos más arriba. La clave reside en que esta profesora es capaz de
aleccionarnos sobre preocupaciones de la actualidad a través de sus experiencias
personales y acompañándolo siempre de aquello que la historia antigua tiene que
decir al respecto. En este caso, Beard hará gala de su excepcional habilidad peda-
gógica en un artículo escrito en A Don’s Life, donde pronostica que «los lectores
asiduos del blog estarán esperando el ángulo antiguo de todo esto»15, a colación de
un proyecto de ley británico en materia de violación y su propia experiencia. En
2007, el gobierno británico propuso una serie de reformas con tal de aumentar las
penas de prisión de los violadores facilitando los casos en los que la víctima hubie-
se abusado del alcohol, sin embargo los jueces se opusieron a este tipo de medidas.
Beard comenta en este artículo que no se trata de si las víctimas beben o no alcohol:
El verdadero desafío es, poniendo como ejemplo mi propio caso, cómo hacer
que algunos hombres dejen de pensar que recoger a una estudiante agotada en
la estación de Milán, comprarle un billete en un coche-cama y tener relaciones
sexuales (no consentidas) con ella de camino a Roma, está en los límites de lo
aceptable. Procesar [a los violadores] no es la única cuestión.
A partir de aquí, la historiadora desplie-
ga su sabiduría destacando que en el mundo
grecorromano el consentimiento femenino
en las relaciones sexuales jamás se tenía en
cuenta –ni qué decir tiene que no se valo-
raría como argumento de acusación en una
violación–. Con ella recorremos la historia a
través de leyendas en las que la violación es
el tema principal: tanto en Grecia como en
Roma, las violaciones forman parte de la mi- Detalle de El rapto de las sabinas, J. L. David,
tología y de la vida cotidiana. Como cuenta 1799, Musée du Louvre
14 Beard, M. (8 de septiembre de 2000): «The Story Of My Rape», The Guardian. Extraído de https://
www.theguardian.com/world/2000/sep/08/gender.uk
15 Beard, M. (29 de enero de 2007): «No Sex, Please, We’re Drunk: Rape Ancient and Modern», A Don’s
Life. Extraído de http://timesonline.typepad.com/dons_life/2007/01/no_sex_please_w.html
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156 Coré Ferrer-Alcantud
aquí la profesora Beard, era habitual en algunas reuniones masculinas presentar
un caso ficticio de violación y, a modo de «juego» oratorio, los participantes debían
escoger entre casarse con la mujer o condenarla a muerte. Otra historia de viola-
ción femenina, el «rapto» de las sabinas –en inglés traducido como rape puede ser
entendido como violación, pero también secuestro–, alude a un «robo en masa» de
las mujeres de un pueblo vecino a Roma que fue perpetrado por el rey Rómulo y
sus hombres, es matizada aquí por Beard quien destaca que, a pesar del eufemismo
de investigadores y artistas, «se trata de una violación en toda regla». El objetivo
principal de esta entrada en su blog fue el de dar visibilidad a la normalidad con la
que, tanto en la Antigüedad como en el mundo actual, la víctima termina por ser en
parte promotora de un acto tan terrible. Como en el caso británico, donde las vícti-
mas en estado de embriaguez tendrían más posibilidades de ver su crimen resuelto
con más rapidez que otras, atenuando la importancia del propio crimen en sí.
La profesora Beard resolvió sus enfrentamientos con los abusadores de internet
en la misma línea, regalándonos su sabiduría a través de un artículo y dos confe-
rencias. En él, cuyo título es ¿Soy demasiado fea para la televisión? No, soy demasiado
lista para perder el tiempo con hombres intimidados por mujeres inteligentes16, se defiende
de los ataques de un crítico televisivo que, lejos de valorar el aporte cultural de los
documentales que ésta protagoniza, ataca su físico y vestimenta pidiendo que se
aleje de las cámaras. Echando mano de sus conocimientos sobre «venganza en el
mundo antiguo», nos da una lección de Historia al mismo tiempo que se venga de
su infamador invitándole a acudir a una de sus clases, a una cena donde hablar
sobre romanos y la petición de ver sus programas para que valore su contenido,
incluso si ella los presenta con su «pelo canoso, papada y arrugas», fisionomías de
una mujer en sus naturales 60 que al crítico tanto le incordiaban.
Pero esta no es la única vez que Mary Beard ha utilizado las vilezas y los insultos
sexistas y misóginos para dar una lección. De los descaros del millonario «sabeloto-
do» y el joven incauto que osó insultar a una distinguida profesora de Cambridge,
Beard consiguió crear las que considero son dos de sus intervenciones públicas más
apasionantes. Ambas ponencias han sido presentadas como parte de los seminarios
del London Review of Books celebrados periódicamente en el British Museum. En Oh
Do Shut Up Dear! The Public Voice of Women17, da respuesta a los abusadores de inter-
net a través de un viaje en el tiempo a través de la voz, pero sobre todo del silencio
de las mujeres desde la época antigua. A partir de la ofensa que el joven troll le pro-
fesó, Beard consigue abrirnos los ojos ante un problema tan actual como es el de la
herencia –legado del mundo grecorromano– de un lenguaje y unas actitudes que
desacreditan a las mujeres corrompiendo su derecho a la palabra.
Aunque, sin duda, la última ponencia titulada Women in Power18 –subida a las
redes el día de la mujer de este mismo 2017–, es más que sobresaliente. En esta
16 Ver cita número 1.
17 «Oh, cállate, querida. La voz pública de las mujeres», en Beard, M. (2014), LBR. Vídeo de la
conferencia extraído de http://www.dailymotion.com/video/x2jw3xe
18 «Las mujeres en el poder», en Beard, M. (3 de marzo de 2017), LBR. Vídeo de la conferencia
disponible en https://www.youtube.com/watch?v=VGDJIlUCjA0
Asparkía, 30; 2017, 151-159 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.9
Mary Beard y los dioses propicios 157
charla en la nos recuerda aquel mansplaining de Banks en Twitter, la erudita acude
a los clásicos una vez más para documentar cuán antigua es la discriminación de
las mujeres en la política u otras situaciones de poder. Con una breve muestra de
personajes femeninos tomados del mundo grecorromano, la historiadora presenta
a Clitemnestra, Medusa o Carfania, mujeres poderosas que, no respetando el
espacio que el patriarcado les impuso, son silenciadas, desfiguradas y humilladas.
Estos relatos que nos parecen lejanos, son mantenidos hoy «a través de aceptaciones
culturales sobre la relación de las mujeres con el poder». Carfania ladra en lugar de
hablar al exponer un alegato, pues está ocupando un oficio masculino como era en
Roma el de abogado; Clitemnestra pensaba «como un hombre», algo muy negativo
y perjudicial para el gobierno de la Grecia de Esquilo; Medusa es capaz de derrotar
a los héroes más valerosos con su mirada –que no con su voz–, incluso después
de ser decapitada. Elementos para usurparle de mujeres que buscan apropiarse del
Poder, en aquel tiempo privilegio exclusivamente masculino.
A colación de esta muestra, Beard transmite que aún en la actualidad continúan
utilizándose refranes, frases hechas y figuras retóricas que resaltan la desigualdad
entre hombres y mujeres en el poder. El ejemplo que ofrece es el de glass ceiling,
un dicho inglés según el cual las mujeres observarían el poder a través del cristal,
por lo que atravesándolo conseguirían formar parte de esa esfera de la que son
perpetuamente espectadoras. En español también encontramos mecanismos simi-
lares por los que se asume que las mujeres consiguen o entran en el poder, y si no
me creen, reflexionen acerca de qué representa una mujer «rompiendo barreras».
Se deduce de este tipo de expresiones que las mujeres no pertenecen a la esfera del
poder. Desde el prisma de la igualdad ellas no tendrían que entrar, sino que ya esta-
rían dentro del mismo, y por ello Mary Beard denuncia que si no logramos concebir
a las mujeres en espacios de poder, entonces «hay que cambiar la estructura», es
decir, hay que reconsiderar qué es realmente el Poder.
Mensajera de los dioses
Pero, ¿qué la hace tan especial? ¿Qué la hace trascender de manera que despier-
ta el interés de escritoras como J. K. Rowling o Elvira Lindo19, de jóvenes poetisas
que bautizan con su nombre las piezas que componen20, de científicas e investiga-
dores? ¿Qué la hace atraer la atención de «todos los públicos»? Personalmente, yo
también siento gran admiración por Mary Beard y podría explicarlo a través de las
dos conferencias señaladas arriba, ambas únicas y, sin duda, inspiradoras por dos
razones: en primer lugar, como historiadora, no encuentro mejor forma de crear un
vínculo entre el pasado y el presente que la exposición de un problema que tiene su
reflejo o se mantiene hoy por hoy evocando las sociedades del mundo clásico; en
segundo lugar, como mujer, considero que no hay manera más inteligente que dar
19 Lindo, E. (10 de octubre de 2015): «Las palabras hieren», El País. Extraído de http://elpais.com/
elpais/2015/10/09/estilo/1444394159_483109.html
20 Megan Beech escribió el poema «When I Grow Up I Want To Be Mary Beard», ahora transformado
en libro (2013). Visualizar video en https://www.youtube.com/watch?v=LGgP3SFZHT4
Asparkía, 30; 2017, 151-159 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.9
158 Coré Ferrer-Alcantud
respuesta a los abusos sexistas y demás reiteraciones sociales de raigambre cultural
implícita, que tratando de educar a toda la sociedad a través del conocimiento.
Esta admirable investigadora, que dice haber «pasado buena parte de los últi-
mos cincuenta años de (su) vida con estos romanos del primer milenio» (Beard, 2016),
cultiva las mentes de su audiencia –docta o no en asuntos del mundo clásico– des-
de su merecidamente próspera posición pública. Su objetivo es compartir todo su
conocimiento contribuyendo así con la educación de esta sociedad, cada vez más
distanciada de los asuntos comunes. Ejemplos de esta tarea quedan expuestos en
las últimas páginas de su libro El triunfo romano (2009, p. 442-4), donde Beard ex-
plica cómo, paseando por el Foro de Roma, unos niños escuchaban atónitos a una
guía turística. Ésta les narraba una extravagante historia acerca de la ceremonia que
se llevaba a cabo bajo ese nombre, relatando, entre otras cosas, que los romanos
que celebraban esos triunfos y ellos mismos se hallaban compartiendo el espacio
que los niños ocupaban en ese instante. La catedrática no quiso «aguarles la fiesta»,
consciente de la ansiedad con que escuchaban a la expresiva guía, no obstante se
desprende de estos párrafos que la historia no ha de ser simplificada para el agrado
del público. Del mismo modo y con la prudencia que la caracteriza, escribió en su
blog un artículo acerca de la película 300 (Snyder, 2007), basada en la conocida no-
vela gráfica del mismo nombre (Miller, 1998). Esta entrada es absolutamente subli-
me, algo perceptible ya en la sutileza del título, que es inmejorable: 10 cosas que los
creadores de 300 consiguieron hacer bien. A pesar de que en las primeras líneas, Beard
se confiesa escéptica y afirma que «no, los persas no luchaban con rinocerontes y,
disculpen, Jerjes no debería llevar barba?»21, con ese título ofrece cierta concordia
entre los historiadores ortodoxos y los caprichosos cineastas, siempre enfrentados
por la cuestión de dónde termina el rigor científico y comienza la fantasía. Además,
su contenido cumple la finalidad original de la catedrática, pues en él analiza po-
sitivamente la película en lugar de damnificarla. Lejos de destruir lo que es ya una
producción representativa del peplum contemporáneo, realiza una crítica construc-
tiva y aprovecha el lanzamiento en DVD del film para educar a los lectores de su
blog. El fin no es otro que el de transmitir la realidad histórica entre persas, esparta-
nos y demás poleis en el contexto de las guerras médicas. Mary Beard rehúye la aca-
demia tradicional, tan elitista e implacable, para abrir paso a un nuevo futuro para
la divulgación científica. Aunque consciente de la tendencia a adornar la Historia
antigua a través de grandes producciones del cine y la televisión, ha encontrado la
manera de transmitir el rigor y el respeto por la Historia.
Puede que la fecha de su nacimiento augurara ya el gran éxito de esta «clasicis-
ta» y que los dioses, a las órdenes de Jano, le hayan sido propicios desde entonces.
Pero lo que sí está claro es que Mary Beard aúna en sí misma el tesón, la sabiduría
y la espontaneidad, cualidades que le han proporcionado el reconocimiento de es-
tudiosos y gente corriente por igual. Adalid inimitable para la difusión del mun-
do antiguo y fuente de inspiración para todas las mujeres –tanto para las que nos
dedicamos a la investigación, como las que no, es un ejemplo para la sociedad en
21 Beard, M. (3 de octubre de 2007): «10 Things That Makers Of ‘300’ Got Right», A Don’s Life. Extraído
de: http://timesonline.typepad.com/dons_life/2007/10/10-things-the-m.html
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Mary Beard y los dioses propicios 159
general. Cual si Jano compartiera con ella sus visiones acerca, Mary Beard simbo-
liza el futuro, incorporando una forma distinta y necesaria de re-pensar el mundo
que nos rodea.
Recibido el 5 de mayo de 2017
Aceptado el 21 de noviembre de 2017
BIBLID [1132-8231 (2017): 151-159]
Asparkía, 30; 2017, 151-159 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.9
Textos
EVA MENDIETA1
En busca de Catalina de Erauso. Identidades en conflicto
en la vida de la Monja Alférez2
El hábito hace al monje: el travestismo femenino en la Europa de los siglos XVI y XVII
La postura de la tradición cristiana contra el cambio de vestido se asienta en la si-
guiente prohibición bíblica: «La mujer no llevará ropa de hombre ni el hombre se pon-
drá vestidos de mujer, porque el que hace esto es una abominación para Yahveh tu
Dios» (Deuteronomio 22: 5). Sin embargo, durante gran parte de su historia, el cristia-
nismo no fue particularmente hostil a que las mujeres llevaran ropa de hombre. Esta
tolerancia se explica por la concepción medieval de la inferioridad de la mujer respecto
al hombre. La mujer es inferior y está subordinada al hombre porque representa la parte
menos racional del alma, mientras que el hombre representa la parte más racional, por
eso cuando la mujer se viste de hombre y sobre todo cuando permanece virgen, la mujer
niega su sexualidad y con ello intenta acercarse a un estado de ser superior y más ra-
cional, con lo que se ensalza. Por el contrario, el hombre que se viste de mujer y adopta
un papel femenino pierde su estatus y se hace menos racional, o sea, que se humilla3.
Escritos eclesiásticos como los de san Jerónimo y san Ambrosio en el siglo IV animan
a la mujer a vivir como un hombre y así alcanzar un nivel espiritual superior, siempre
y cuando su actuación no suponga una amenaza para el hombre. En el siglo V existe ya
toda una tradición católica de santas vestidas de hombre, todas ensalzadas y consagradas
por el estamento eclesiástico; las hagiografías de santas que vivieron vestidas de
hombre como Margarita de Antioquía o Eugenia de Alejandría, eran tremendamente
populares entre la población y entraban en la más pura ortodoxia religiosa4. Para la
Iglesia, el deseo de imitar a Cristo y de mantener un estado superior de virtud a través
de la virginidad, llevó a estas mujeres a vestirse de hombre y a intentar personificar
un ideal de perfección andrógina. Calderón de la Barca en El José de las mujeres viene a
demostrar que la tradición de santas travestidas no había desaparecido del ojo público
en la España del siglo XVII5.
1 Catedrática de Lengua Española en el Departamento de Lenguas Modernas de Indiana University
Northwest (EEUU).
2 Este texto está extraído del libro del mismo título publicado en la colección Sendes de la Universitat
Jaume I de Castellón.
3 Merrim (1994: 188).
4 Myers (2003: 140).
5 Merrim (1994: 190).
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164 Textos
Sin embargo, el travestismo femenino que se admite tiene muy claras limitaciones.
Cuando las mujeres «usurpan» el papel del hombre, hay consecuencias. Un ejemplo
sería el de Juana de Arco. Cuando se la juzga (1412-1431), una de las razones más
importantes que se aducen para su condena y ejecución es la de travestismo. Que
una mujer se vista de hombre por motivos religiosos (seguir el modelo de Cristo) se
permite, pero que compita con hombres en dominios masculinos como las armas y
la guerra no puede permitirse, y la mujer que lo hace y lo hace bien, normalmente
acabará siendo acusada de brujería en la época.
Para Merrim, la defensa que el Papa Urbano VIII hace de Catalina apunta a que
su vida tenía algún tipo de valor religioso y parece traer a la memoria esta tradi-
ción católica de santas vestidas de hombres. Su Pedimento, la Autobiografía, y varias
de las certificaciones esgrimen argumentos religiosos al enfatizar la virginidad de
Catalina, «la singularidad y rara limpieca conque ha vivido y bibe»6. Su virginidad,
debidamente constatada por Iglesia y rey, fue lo que la protegió del correspondien-
te castigo civil y eclesiástico7; al ser virgen se entiende que, aunque pasó por hom-
bre, no alteró el orden social. La virginidad, junto a la asociación entre virilidad y
virtud se hallan en la base de la defensa de Catalina8.
Pasaremos ahora al período que nos ocupa y a la tradición europea del fenó-
meno. Gran parte de lo que sabemos sobre este tema en lo que respecta a mujeres
de la vida real, es decir, fuera de las representaciones literarias del fenómeno, se lo
debemos al estudio de Dekker y Van de Pol sobre 119 mujeres travestidas en Ho-
landa en el período comprendido entre 1550 y 1839. Dekker y Van de Pol estudian
las referencias a estas mujeres en archivos jurídico, periódicos, crónicas, tratados
de medicina y colecciones de anécdotas y de viajes y discute todos los aspectos
que sirven para dar una visión global de un fenómeno que fue en este período
mucho más común de lo que cabría imaginar. Casos de travestismo femenino no
se recogen sólo en Holanda, sino también en Dinamarca, Francia, Inglaterra, Italia
y España, con lo que claramente estamos ante un fenómeno de alcance europeo9.
En el caso de España y América, hay también otros casos históricos de mujeres que
lucharon vestidas de hombre, por ejemplo Inés Suárez y María de Estrada, quienes
aparecen como valerosos soldados en las crónicas de la conquista. En 1538 se men-
ciona asimismo a la soldado Juliana de los Cobos quien, como Catalina, recibe una
recompensa del rey por sus servicios a la Corona10.
De la vida real, el tema pasa a la literatura y puede encontrarse en multitud de
obras de teatro, grabados y óperas, así como en canciones folklóricas, novelas y
sobre todo en autobiografías y biografías más o menos inventadas11. En el teatro
del siglo XVII la figura de la mujer vestida de hombre es tremendamente popular y
aparece en las obras de Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Lope de Vega, en de-
6 Vallbona (1992: 133).
7 Martin (1994: 36).
8 Merrim (1994: 189).
9 Además del trabajo de Dekker y Van de Pol, Velasco (2000: 32) da noticia de otros estudios recientes
que documentan la vida de mujeres soldado, piratas y marinos en fuentes históricas y literarias.
10 Velasco (2000: 34).
11 Dekker y Van de Pol (1989: 2).
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En busca de Catalina de Erauso. Identidades en conflicto en la vida de la Monja... 165
finitiva, todos los mejores autores de comedias. La mujer varonil era la antítesis de
la heroína tradicional y refleja un comportamiento femenino en total contradicción
con lo que la autoridad y las categorías sociales prescriben para la mujer12. Lope de
Vega empleó este recurso en 113 de sus obras de teatro y en su Arte nuevo de hacer
comedias reconoce que las mujeres vestidas de hombre son personajes favoritos del
público. El número de obras teatrales en que aparece la mujer varonil en la escena
española es muy superior al que se observa en esta época en el resto del teatro
europeo, «donde su representación es mínima en comparación con las nuestras»13.
Que esta figura literaria no estaba limitada por fronteras nacionales lo corroboran
las múltiples traducciones que circulaban por Europa, por ejemplo todas las que se
hicieron de la Autobiografía de Catalina, una vez «redescubierto» el manuscrito en
el siglo XVIII. El gran número de versiones del romance de «La doncella guerrera»
por el territorio español se ofrece también como prueba del gran interés por estos
casos14. La frecuente aparición del tema en todas estas formas literarias es, en sí
misma, a la vez prueba y medio por el cual la tradición real de travestismo feme-
nino se perpetúa.
Si bien Dekker y Van de Pol son los únicos que han intentado un estudio siste-
mático para el caso de Holanda, su corpus tampoco pretende ser comprensivo. Los
autores consideran que los 119 casos hallados son probablemente sólo la punta de
un iceberg del que todavía se desconoce casi todo. Lo que parece irrefutable es que
estos casos de travestismo femenino no son esporádicos, sino que forman parte de
una tradición de cambio de vestido de la que estas mujeres eran muy conscientes15.
La primera distinción importante que hacen los autores en el seno del corpus, es
la de la duración de la transformación. En algunos casos apenas pasan unas horas
antes de la mujer sea descubierta. Una cuarta parte del grupo de mujeres holande-
sas fue descubierto a las pocas horas o días y otra cuarta parte mantuvo el disfraz
de un mes a seis meses. Las mujeres de la mitad restante vivieron como hombres
más de seis meses y algunas de ellas más de diez años. En este último grupo hay
mujeres que son descubiertas más de una vez pero que, aun después de haber cum-
plido algún tipo de condena, vuelven a continuar su vida como hombres16. Este se-
ría el grupo de mujeres, el más reducido, con el que se relaciona más directamente
Catalina de Erauso.
La duración de la transformación puede ir ligada al propósito de la misma. En
los siglos XVI y XVII hay casos en los que está socialmente aceptado que la mujer
vista de hombre, por ejemplo cuando viaja, sobre todo si va sola o en compañía de
otra mujer; el peligro de robo, ataque sexual o agresión física era altísimo para una
mujer que viajaba sola. Intentar pasar por hombre tuvo que ser una posibilidad por
la que optaron muchas mujeres que buscaban una mayor libertad de movimiento,
sobre todo si pensamos que en la época la gente creía en la verdad incuestionable
12 Stoll (1991: 245); Lundelius (1991: 220).
13 Camacho (2007: 48).
14 Juárez (1997: 151).
15 Dekker y Van de Pol (1989: 3).
16 Dekker y Van de Pol (1989: 19).
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166 Textos
de la ropa como reflejo del sexo de la persona, y no se sentía en la necesidad de
escrutar otros rasgos físicos17.
Un recorrido por los crímenes sexuales que tienen lugar en Vizcaya en los siglos
XVI y XVII deja clara constancia de lo enormemente peligroso que era para una
mujer caminar sola por lugares alejados o deshabitados. El ataque sexual a mujeres
«en lugar yermo y despoblado» es una constante en las colecciones de litigios por
crímenes sexuales en la época18.
El vestirse de hombre por un período de tiempo concreto y por una razón de
protección física como esta, no sólo se acepta sino que incluso se recomienda. Otros
cambios de vestimenta ocasionales se dan durante los carnavales cuando hay dis-
turbios callejeros, o con objeto de estímulo sexual. En ocasiones esta experiencia
temporal pudo servir de base para un cambio más duradero del que se pretendía
originalmente y cabe imaginar que algunas de estas mujeres, tras probar las nuevas
libertades accesibles a ellas, decidieran prolongar el «engaño» por más tiempo o
con más frecuencia19. Por ejemplo, en la Autobiografía de D. Diego Duque de Estra-
da, el narrador cuenta cómo su amante iba vestida de hombre por razones de segu-
ridad «pero luego cogió tanto apego a la vestimenta que eligió continuar viviendo
vestida de hombre por extensos períodos»20 (la traducción es mía).
A la hora de reflexionar sobre la vida de estas mujeres que deciden vivir vesti-
das de hombre por extensos períodos de tiempo, el primer interrogante que surge
es el de la motivación. ¿Por qué se visten de hombre todas estas mujeres? La bio-
grafía de muchas de ellas se conoce sobre todo a partir de sus declaraciones en los
juicios que se siguen contra ellas, y desde luego hay que tener en cuenta que hasta
cierto punto las historias que se cuentan tiene como objetivo último presentar su
cambio de vestido como un hecho más justificable ante la corte, la opinión pública,
e incluso ante sí mismas.
Las motivaciones son diversas, pero se distinguen pautas. En general, los mo-
tivos que se aducen son de tres clases: románticos, patrióticos y económicos. Los
motivos románticos se explican porque una gran parte de los hombres que viajaban
a Indias, se quedaban allí y ya no volvían. Por lo general, los barcos no transpor-
taban mujeres, de forma que para las mujeres que querían reunirse con sus aman-
tes o esposos, el vestirse de hombre y enrolarse como marinos en un buque con
destino al Nuevo Mundo representaba probablemente su mejor oportunidad. Nos
encontramos así con un colectivo de mujeres que llegan a América como soldados
y marinos, bien para reunirse con el amado, bien para encontrar allí esposo. Y digo
soldados o marinos, porque esta es la profesión que predomina en el corpus holan-
dés y que probablemente predominaría también en otros países, pero hoy por hoy
carecemos de estudios similares al que tenemos para Holanda.
Una vez allí, en América, las opciones que se abren a las mujeres son más pro-
metedoras que las que dejaron atrás; por una parte, la falta de mujeres blancas en
17 Faderman (1985: 48).
18 Barahona (2003: 69).
19 Dekker y Van de Pol (1989: 7-8).
20 Velasco (2000: 35).
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En busca de Catalina de Erauso. Identidades en conflicto en la vida de la Monja... 167
la población aumenta sus posibilidades de matrimonio y, por otra, en el nuevo
continente las normas sociales se han relajado mucho y nadie exige la existencia de
un pasado sin tacha. Además, la peor de las mujeres blancas sigue estando conside-
rada socialmente muy por encima de cualquiera de las mujeres nativas21.
La defensa de la patria es otra razón que, hasta cierto punto, legitima la vida
de estas mujeres soldado. Parece que es cierto que durante períodos de guerra se
observa un aumento del número de mujeres vestidas de hombre. La dislocación
económica y social asociada a las guerras, junto a la gran demanda de soldado y
marinos actuaron sin duda como factores que sirvieron para estimular la decisión
de vestirse de hombre. En las historias de mujeres soldados, surge a menudo el
tema de su recepción en la corte y de la recompensa real. Estas mujeres se habrían
vestido de hombre movidas por su patriotismo y su lealtad al soberano; luchan de
manera ejemplar en el campo de batalla, tras lo que se impone un gesto de perdón
y recompensa. Al monarca no se le escapa el valor propagandístico del hecho de
que incluso las mujeres estén deseosas de ponerse bajo su estandarte y utiliza la
concesión de una recompensa como medio para promocionar la Corona. Sin em-
bargo, sería erróneo pensar que todas estas mujeres soldado recibieron una acogida
positiva. Parece que, al margen de las novelas obras de teatro, lo más común fue
que dominara el aspecto sensacionalista o cómico del cambio de vestido22.
Fueran cuales fueran las razones profundas que impulsan a nuestra protagonis-
ta al cambio de vestido, Catalina sabe utilizar inteligentemente los valores sociales
de su tiempo, y públicamente arguye que sus motivos son patrióticos y religiosos.
Así nos lo explica en su Pedimento:
El Alférez dona Catalina de Erauso ha dado una petición en el Consejo, en que
refiere ha diez y nuebe anos pasó a las provincias del Perú en ábito de barón, por
particular inclinación que tubo de ejercitar las armas, en defensa de la fee católica y servicio
de vuestra majestad [el subrayado es mío].
Pero si es verdad que existen motivaciones románticas y patrióticas, estas no
pueden compararse en importancia con los motivos de índole económica. La in-
mensa mayoría de las 119 mujeres holandesas estudiadas proceden de las capas
más bajas de la sociedad, son mujeres pobres, huérfanas o con una situación fa-
miliar problemática de la que intentan escapar. En este aspecto Catalina se separa
claramente de la tradición. Su familia pertenece a la clase de hidalgos bien situados,
con tierras, barcos, y una historia comercial de importancia, si bien los padres de
Catalina no disfrutan ya de la riqueza que caracterizó el tiempo de su abuelo Mi-
guel de Erauso el Viejo.
En general, el motivo por excelencia del cambio de vestido en la mujer es la
pobreza absoluta de la Europa preindustrial. Mientras que los hombres siempre
podían sobrevivir alistándose como soldados, la mujer no contaba con ese recurso.
Ante la destitución total, la alternativa femenina típica es la prostitución, pero esta
21 Dekker y Van de Pol (1989: 27-30).
22 Dekker y Van de Pol (1989: 30-32).
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168 Textos
alternativa era menos segura y estaba mucho peor vista socialmente. La prostitu-
ción se consideraba algo tan marginal como pedir limosna o vagabundear y estaba
codificada como crimen23. La ausencia prácticamente total de prostitutas en el gru-
po de mujeres que se visten de hombre, parece indicar que las mujeres que optan
por cambiar de vestido en una situación económicamente difícil, lo hacen en parte
porque rechazan la alternativa de la prostitución. Estas mujeres prefieren «hacerse
hombres» y seguir un camino activo, asexuado y masculino, preservando a la vez
su honor sexual. La adopción de un papel masculino en la tradición europea de
travestismo se relaciona también con el mantenimiento de la virginidad24. La gran
mayoría de las mujeres estudiadas por Dekker y Van de Pol son solteras, y el cam-
bio de vestido les sirve como medio para mantener la virginidad o, al menos, para
evitar tener que casarse. Cuando los jueces le preguntan a Catarina Lincken, uno
de los casos más célebres entre los holandeses, si no sabía que el cambio de vestido
estaba prohibido, ella responde que pensaba que la prohibición afectaba a las mu-
jeres casadas, pero no a las vírgenes25.
Aunque estas mujeres travestidas carecen de una ideología formulada que ex-
prese sus convicciones, está claro que vieron el papel de la mujer como algo tre-
mendamente limitado y simple. La manera que idearon para alterar este orden
de cosas en su tiempo fue la de convertirse en hombres. Sólo al presentarse ante
la sociedad como hombres pudieron atribuirse los privilegios que disfrutaban los
hombres de su clase social. El travestismo tuvo que ser una tentación o al menos
una fantasía para muchas jóvenes decididas que entendieron que, como mujeres,
su libertad y posibilidades eran mínimas26.
El travestismo de Catalina: ¿por qué no se la castiga?
Si como sabemos el travestismo estaba prohibido tanto por la ley canónica como
por la civil, es necesario preguntarse porqué Catalina no sufrió ningún castigo por
adoptar el hábito masculino. La respuesta es compleja; creo que hay que describir
una situación en la que no se puede hablar de una razón única, sino más bien de un
compendio de circunstancias. En primer lugar, hemos insistido a en la importancia
de su probada virginidad. Este estado, que implica asexualidad, se considera una
virtud socialmente admirable27. Por otra parte, Catalina, a pesar de romper las nor-
mas, muestra respeto y sumisión a las instituciones eclesiástica y militar con lo que
su transgresión no representa un desafío, no pone en peligro el status quo28.
La tradición femenina del cambio de vestido y la connotación de virginidad
constituyen el clima en el que la idea de vivir una vida vestida de hombre era
concebible. Pensemos por ejemplo en Juana de Arco, la denominada doncella de
23 Dekker y Van de Pol (1989: 32).
24 Dekker y Van de Pol (1989: 26).
25 Dekker y Van de Pol (1989: 44).
26 Faderman (1985: 61).
27 Juárez (1995: 191).
28 Perry citado en Juárez (1995: 191).
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En busca de Catalina de Erauso. Identidades en conflicto en la vida de la Monja... 169
Orleans; es seguro que, de no haber sido virgen, habría encontrado su final mucho
antes. El título de «doncella» le sirve como salvaguarda, dándole la oportunidad
de protagonizar una realidad normalmente fuera del alcance de la mujer, al menos
durante un tiempo.
Cuando Catalina se confiesa al obispo, lo primero que se hace, realmente antes
de que el obispo pueda creerla por entero o formarse una opinión sobre ella, es
comprobar el estado de su virginidad:
[El señor obispo] Fue moviendo y siguiendo su discurso, y vino a decir que
tenía este por el caso más notable en este género que había oído en su vida, y remató
diciendo: -¿En fin, esto es así? Dije: -Sí señor. Replicó: -No se espante que inquiete
la credulidad su rareza. Dije: -Senor, es así y si quiere salir de duda vs ilustrísima por
experiencia de matronas, yo llana estoy. Dijo: -Pues vengo en ello y conténtame oírlo.
Y retiréme por ser hora del despacho. A medio día comí, después reposé un rato.
A la tarde, como a las cuatro, entraron dos matronas y me miraron y satisficieron,
y declararon después ante el obispo con juramento, haberme visto y reconocido
cuando fue menester para certificarse y haberme hallado virgen intacta, como el
día en que nací. Su ilustrísima se enterneció, y despidió a las comadres, y me hizo
comparecer, y delante del capellán, que vino conmigo, me abrazó enternecido, y
en pie, y me dijo: -Hija, ahora creo sin duda lo que me dijisteis, y creeré en adelante
cuanto me dijereis; y os venero como una de las personas notables de este mundo,
y os prometo asistiros en cuanto pueda y cuidar de vuestra conveniencia y del
servicio de Dios [el subrayado es mío].
Vemos que hasta que no la sabe virgen, el obispo no cree tener suficiente in-
formación como para dar crédito al relato. El estado virginal implica una clase de
asexualidad, un rechazo de la sexualidad que ensalza socialmente a la mujer. De
no haber sido virgen, Catalina habría sido incluida en el grupo de prostitutas, va-
gabundas y aventureras, que han perdido el honor sexual; aunque su biografía
hubiera sido la misma, jamás habría logrado el reconocimiento y el apoyo de iglesia
y estado, con lo que su figura se habría perdido en el anonimato.
Otro factor a considerar es que desde la perspectiva androcéntrica del siglo
XVII, al querer pasar por hombre, Catalina pretende trascender su inferior condi-
ción como mujer y acceder al reino superior de lo masculino. Se perdona magnáni-
mamente la transgresión porque se entiende como intento de superación; la mujer,
en un intento desesperado por rebasar su baja condición, usurpa el ámbito mascu-
lino y así emerge una versión sensiblemente mejorada de sí misma. Piénsese que
en el siglo XVII el adjetivo varonil viene a usarse como sinónimo de excelencia: las
mujeres que se apartan de la norma de forma admirable o positiva son varoniles,
las que lo hacen de forma inadmisible son simplemente mujeres malvadas29.
Para entender la ideología de la «mujer varonil» hay que considerar la propia
ideología sexual de la época. El que una mujer pueda adquirir la masculinidad de
la mujer varonil con tanta facilidad, a veces con el simple cambio de vestido se re-
laciona «con el modelo científico de la época, que sitúa a hombres y mujeres en un
29 Merrim (1994: 188).
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170 Textos
mismo continuo biológico, en lugar de verlos como opuestos inconmensurables»30
(la traducción es mía). Se trata del modelo de un único sexo que prevalece has-
ta el siglo XVIII: los dos géneros corresponden a un solo sexo, y los límites entre
masculino y femenino son más de grado que de tipo31. Los tratados médicos de
la época mantienen que la mujer puede convertirse en hombre si sube mucho la
temperatura del cuerpo, lo que haría posible que los genitales masculinos que se
encuentran en el interior de la mujer, salieran al exterior. Aunque esta teoría no
carecía de controversia, proporcionaba por ejemplo una explicación para los casos
de hermafroditismo32. El cuerpo aparece como algo menos fijo, más mudable, con
lo que el paso de un sexo a otro aparece como una posibilidad real. De hecho, al
contener en ella los órganos masculinos, la mujer sería de por sí un travesti natural
y el travestismo una extensión natural del «mito de movilidad»33. Es célebre el caso
de Elena de Céspedes (1545?-1588), una mujer que a los diecisiete años descubre
que tiene pene, tras lo que entabla relaciones sexuales con una mujer, comienza a
vestirse de hombre y posteriormente se hace soldado. Años más tarde, conocida
por todos como Eleno, tiene intención de casarse y solicita la licencia de matri-
monio. Al no tener vello facial, se la tiene por eunuco y las autoridades exigen un
reconocimiento físico antes de dar el consentimiento para el matrimonio. Después
de examinarla, se le concede el permiso para casarse, y lo hace. Sin embargo, vuel-
ve a haber acusaciones de que no es hombre y acaba habiendo un juicio. Céspedes
reconoce ser hermafrodita y en un segundo examen, los mismos oficiales que antes
habían afirmado la presencia de pene y la ausencia de vagina, atestiguan ahora lo
contrario. Ante esta discrepancia, se supone que Céspedes ha estado involucrada
en prácticas diabólicas y la Inquisición la condena a recibir doscientos latigazos y a
pasar diez años en un hospital público:
al final, al no poder explicar la ambigüedad sexual del caso, la corte atribuye
estas mutaciones inaceptables a la magia y al diablo. Estos documentos del siglo
XVI revelan la flexible e inestable naturaleza de la asignación de sexo, así como
las distintas actitudes hacia la atracción homoerótica que no implica un contacto
genital34 [la traducción es mía].
En el caso de Catalina, al no haber penetración ni contacto genital conocido, ni a la
Iglesia ni al Estado les preocupa demasiado su supuesta homosexualidad. Como de-
muestra este caso, la presencia de un falo es un requisito indispensable para la mas-
culinidad. Catalina, al no tenerlo, al no estar casada, ocupa un espacio subversivo
pero que se puede tolerar. Su apropiación del género masculino se traduce sobre todo
en los trabajos que desempeña y el estilo de vida, la libertad de acción, movimiento,
etc., muy superior a los que tendría como mujer. Pero, en ningún momento, ocupa el
papel de hombre oficialmente, con una relación conocida con mujeres, por ejemplo.
30 Merrim (1999: 13).
31 Merrim (1999: 14).
32 Vollendorf (2005: 13).
33 Merrim (1999: 15).
34 Velasco (2000: 22-23).
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En busca de Catalina de Erauso. Identidades en conflicto en la vida de la Monja... 171
Otra consecuencia del modelo de un único sexo para el travestismo es la impor-
tancia del vestido en la transformación. Puesto que los dos sexos poseen los mis-
mos órganos reproductores (si bien en lugares diferentes), tenemos que el género se
«teatraliza»: tanto en el teatro como en la vida real «la capacidad transformativa del
vestido» parece total. El cambio de unos cuantos marcadores sociales transforma a
la mujer en hombre en el escenario, y en la historia de Catalina el cambio definitivo
se produce ya en el mismo monte cuando transforma el hábito de monja en un traje
de hombre35.
Sin duda el trato preferencial que recibe el travestismo de Catalina se relaciona
también con su ejemplaridad en la esfera militar. Cuando Catalina presenta su Pedi-
mento, en el que solicita la concesión de una pensión en calidad de recompensa por
sus servicios, explica que en los anteriores quince años se le ha conocido exclusiva-
mente como hombre y señala que las certificaciones de testigos hacen referencias
múltiples a sus varoniles acciones. Como sabemos, el rey accede a su petición. El
valor de la imagen de una mujer que lucha vestida de hombre durante quince años
defendiendo los intereses de la Corona pesaba más que la transgresión en el atuen-
do36. El Consejo de Indias había recomendado al rey que aprobara la concesión de
la renta, sin embargo le aconsejan que desoiga su petición de seguir vistiendo de
hombre: «En quanto al mudar hábito, como parece, y será bien q[ue] vuelva al ábito
de mujer»37. La licencia para seguir vistiendo de hombre la conseguirá después de
manos del papa.
Sabemos que la Catalina real se convirtió en una auténtica celebridad en la épo-
ca y que el personaje se transformó luego en figura legendaria en los corrales ma-
drileños contemporáneos por la enorme popularidad de la obra de Montalbán. Por
supuesto, Catalina no es ajena al atractivo de su historia. Merrim llama la atención
sobre unas frases que aparecen al final del Pedimento: «[Catalina] Supplica a vuestra
majestad se sirva de mandar premiar sus servicios y largas peregrinaciones y echos
valerossos, mostrando en ella su grandeca, así por lo que tiene merecido, como por la
singularidad y prodigio que biene a tener su discurso»38. Para la autora, esta afirmación
deja clara constancia de lo consciente que es Catalina del valor sensacionalista y
lúdico de su historia, y de que este aspecto merece una recompensa casi tanto como
su servicio a la Corona. Esta lectura hay que verla en el contexto del gusto barroco
por todo lo asombroso y contradictorio. Los monstruos en el siglo XVII ocupan un
lugar en el teatro, en la plaza pública, en la pintura y no llaman a lástima, sino que
incitan a la curiosidad y el asombro del espectador. Catalina, al apartarse de la nor-
ma de manera tan radical, tiene algo de monstruoso que la relaciona directamente
con esta tradición y la hace sujeto muy al gusto de la sensibilidad de la época. Ca-
talina subsume las dicotomías de hombre/mujer, santa/pecadora, ciudadana leal/
criminal, vasca/española, monja/travesti, etc. Así, al pedir que se recompense la
«singularidad y prodigio» de su historia, Catalina capitaliza la estética barroca de
35 Merrim (1999: 16).
36 Martín (1994: 37).
37 Vallbona (1992: 132).
38 Vallbona (1992: 133).
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172 Textos
lo sorprendente y prodigioso para su propio provecho39. Catalina persigue la fama
porque sabe que con ella su carácter de anomalía pasará a convertirse en notorie-
dad. Sabemos que posa de buen grado para que la retraten dos artistas famosos
de la época, que escribe varias cartas a la Corona y cuenta la historia de su vida a
propios y extraños. En la misma Autobiografía aparece ella contando su historia en
al menos cuatro ocasiones; a estas hay que añadir sus relatos a personajes más o
menos ilustres, como Pedro de la Valle, quien cuenta cómo habló con ella y cómo
esta le contó sus múltiples historias. Todo esto confirma, a juicio de Merrim, el gus-
to de Catalina por la autorepresentación. Catalina ha expuesto su anomalía y, en el
proceso, se erige como un icono cultural. El Estado, la Iglesia y el pueblo le abren
las puertas y posibilitan que encuentre una válvula de escape de la rigidez de una
sociedad regulada. Lo sensacional de su vida y obra ha encontrado una zona de
permisividad y flexibilidad reservada a lo prodigioso e inusual40.
En conclusión, la imagen que «redime» a Catalina es la de una mujer virgen,
exaltadora de lo masculino, amante de su patria y su rey y fundamentalmente anó-
mala y extraordinaria.
39 Merrim (1994: 192 y ss). También, Merrim (1999: 25-29).
40 Merrim (1994: 196-197).
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Creació literària
NIEVES PASCUAL SOLER1
Pelucas
Wigs
Estimada Carolina:
Era profesora en un colegio. De lunes a viernes caminaba a la escuela a las 7:30
de la mañana. Nosotros, Jorge y yo, compramos un apartamento en el décimo piso
de un bonito edificio cerca de nuestros trabajos. Jorge trabaja en el Ayuntamiento,
para la Concejalía de Vivienda. Me consideraba afortunada de poder hacer el tra-
yecto a pie.
A la entrada del edificio se concentra una manada de gatos callejeros, que he de
esquivar cada vez que salgo. Se han habituado a reunirse allí cuando se hace el día.
Probablemente algún vecino les da comida y esperan perezosos. A la vuelta de la
esquina hay una cafetería donde solía pararme a desayunar.
Aquel lunes fue diferente porque tenía la intención de resarcir a Jorge por nues-
tros diez años de matrimonio. La semana anterior me había dicho que quería el
divorcio y lo que yo quería era agarrarme a él, aunque apenas es capaz de rozar la
superficie de mis necesidades.
Si te tengo que contar esto desde el principio, tal y como lo recuerdo, diría que
mi adicción a las pelucas comenzó con mi madre. Llevaba una todos los días, como
otras madres de los sesenta. Estaban de moda entonces. Por la noche, cuando se
acostaba, se la quitaba. Me encantaba ver el pelo aplastado bajo la redecilla. Ni un
solo mechón se atrevía a rebelarse.
Como el de mi madre, mi pelo es fino y frágil, y de un color entre castaño y ru-
bio. Cuando era pequeña ella me sujetaba plumas, diademas y flores en la cabeza
con cinta adhesiva porque las horquillas no se sostenían. En invierno me la cubría
con gorros de lana. En verano me ponía pañuelos que me ataba a la nuca, aunque
yo prefería que me los anudara bajo la barbilla.
No creo que mi madre previera nada de esto. Si hubiera sido así, quizá se ha-
bría preocupado. Era una mujer grisácea de gran voluntad, entregada a abrillantar
nuestras vidas, la de mi padre y la mía. Vivíamos en un pequeño bungaló en los
suburbios que mantenía limpio y ordenado todo el tiempo. Pintaba y repintaba
las paredes blancas, cocinaba comidas saludables y planchaba las toallas del baño,
disfrazando con una tranquila superficialidad la tormenta que vivía en su interior.
Creo que echaba de menos la persona que había sido antes. Aunque mi padre era
un buen hombre, siempre sospeché que nunca se gustaron mucho. Mi madre murió
hace tres años de cáncer.
Asparkía, 30; 2017, 175-179 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.11
176 Nieves Pascual Soler
Es difícil hablar de esto y no sé cómo quieres que lo escriba. Me dijiste que
contara mi historia, que dejara salir la verdad, que la atrapara en un papel. Si no la
cuento, es como si nada hubiera ocurrido y me hará daño. Y si la cuento, no podré
esconderme más y las palabras me protegerán. Entonces me sentiré libre. Debí pe-
dirte instrucciones más precisas.
Me compré mi primera peluca cuando tenía quince años, por Halloween. Era
de mala calidad. Me picaba y sentía mucho calor, al principio. Después de un rato,
por primera vez, dejé de pensar en mi pelo. Me olvidé de mi complejo y me divertí.
Decidí ponerme más pelucas, de forma intermitente, no más de una vez cada tres
semanas, los sábados por la noche. Al contrario de lo que piensa la gente, las pelu-
cas no me incitaban a buscar la soledad y mucho menos me forzaban a la inactivi-
dad. No niego que te relajan el cuerpo y la mente y puede que te induzcan a decir
alguna tontería. Te hacen querer reír más, como si nada fuera demasiado serio,
disfrutar más de tu propia risa. No es un placer egoísta. Te hacen mejor persona,
más benevolente con los demás. Como más natural.
Debo confesar que a la edad de dieciocho años usar pelucas se convirtió en há-
bito. Sucedió que cuando me marché de casa para ir a la universidad hice nuevos
amigos que me dijeron que debía resolver el problema y lidiar con lo que fuera
que había debajo. No era ya cuestión de vanidad. Me preocupa mi aspecto, por
supuesto. Ya me has visto. No se trataba de dolor tampoco. Había desaparecido.
Sencillamente tenía la necesidad de usar peluca. Se me antojó extraño sentirme
culpable de repente. La culpabilidad corteja el secreto y yo no estaba escondiendo
nada. Esa culpa que se sienta en el estómago y te sube hasta la boca y entonces te
la tragas, pero algunas veces se te queda en la boca, como una infección, y ya no
puedes ni comer.
Así que me siento culpable y mi marido quiere divorciarse de mi si no dejo mi
adicción y es lunes por la mañana y llego al aula y los niños están alborotando.
No puedes imaginar cómo quiero a esos niños. No tengo hijos. En cuanto me ven
corren a sus asientos. Buenos días, les digo y les explico que antes de corregir los
deberes deberemos tomar una decisión. La semana que viene se dedicará al cáncer
y es importante apoyar la lucha contra esta terrible enfermedad. Todos asienten
con sus pequeñas cabecitas. El año pasado aprendimos mucho sobre el cáncer y re-
cogimos juguetes para los niños enfermos. Este año queremos hacer algo diferente.
Y les cuento sobre todos esos niños y niñas, tan valientes, de 8 y 9 años, que se afei-
taron la cabeza para donar su pelo y hacer peluquines para los otros niños que han
perdido el suyo y cuán orgullosos deben estar ¿Hacemos este pequeño sacrificio y
contribuimos a hacerlos felices? ¿Algún voluntario?
Los niños se me quedan mirando.
Juanito pregunta: «¿Usted se va a sacrificar con nosotros, señorita?» Juanito tie-
ne el pelo negro como la noche y tan rizado como un caniche.
Y le digo que, «claro, yo seré la primera».
¿Podemos escribirnos con esos niños? El pelo de Anita es dorado como la miel
y hoy lo lleva atado a un lado en una cola de caballo.
Y le digo que «claro, y les escribiremos las cartas en clase».
Asparkía, 30; 2017, 175-179 - ISSN: 1132-8231 - DOI: http://dx.doi.org/10.6035/Asparkia.2017.30.11
Pelucas 177
«¿Nos enviaran sus fotografías?» El pelo de Vanesa es de color del fuego como
un petirrojo.
«Claro, y nosotros también nos haremos fotografías».
Todos los niños alzan las manitas, excepto las mellizas que controlan el impulso
de su voluntad porque su madre las apunta a concursos de belleza. Se muestran
ansiosos por ir a casa y contárselo a sus padres, a quienes por escrito comunico lo
que sigue. Copio la carta.
Estimados padres:
El cáncer es un problema que afecta a muchas familias, haciendo infelices a los niños. El
colegio Santa María es consciente de que nuestra responsabilidad como educadores y padres
es involucrarnos en la lucha contra esta implacable enfermedad. Como en años anteriores,
este año celebramos una campaña de sensibilización y ayuda para niños con cáncer.
El curso de 3 de Educación Primaria desea donar su pelo y hacer pelucas para los niños
que han perdido su cabello durante el tratamiento. Entendemos que este es un gran sacri-
ficio y puede que a algunos de ustedes les resulte alarmante. Sin embargo, nuestros niños
comprenden la belleza de esta generosa acción. No duden que recibirán toda la información
necesaria concerniente a la organización caritativa que se encargará de fabricar las pelucas,
así como a quién se destina el cabello y la situación de los niños afectados.
Para cualquier pregunta, por favor diríjanse a la directora o a mi misma. Si no desea
que su hijo o hija participe en esta semana de solidaridad, ruego me envíen una nota antes
del 8 de abril.
Atentamente,
Luisa Rodríguez
Todos los padres aceptaron excepto la madre de las gemelas, de forma que el día
del afeitado se fechó para ese mismo viernes. Por la mañana, al amanecer, Jorge me
dijo que todavía me quería.
Los niños se lo tomaron muy bien. En tropa marcharon al gimnasio riéndose,
como si fueran al recreo. Hicieron cola delante de la silla de barbero que colocamos
en un rincón y bromearon con lo raro que era que la señorita no tuviera pelo. Se lo
pasaron muy bien corriendo unos tras otros y golpeteándose las cabezas pelonas y
ovaladas, cubiertas de bultos.
Otros padres, profesores, amigos y familiares con conciencia social decidieron
también afeitarse la cabeza, con lo que al final recogimos unos 1.000 centímetros de
pelo. Como dije que haría, envié el pelo al fabricante de pelucas. Las recogí pasadas
unas semanas y no me cobraron. Usaron tiras con espacios pequeños por lo que
resultaban voluminosas. Me gustó que sujetaran el cabello con un doble nudo al
extremo de la tira y a los lados, de esa forma se mantiene en su sitio y que cubrie-
ran las cintas en el interior. En la parte superior utilizaron un nudo simple, lo que
impide que luzcan gruesas en la coronilla. Se veían muy naturales.
No habían pasado dos meses cuando los niños empezaron a preguntar y que-
rían ver fotografías. Al llevarlos al colegio los padres comenzaron a pedir informa-
ción. Finalmente, la directora me llamó a su oficina para saber dónde estaban las
pelucas. Le dije que no sabía nada y que lo comprobaría, pero supongo que no soné
convincente porque luego supe que llamó al fabricante. Nada sucedió hasta la tar-
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178 Nieves Pascual Soler
de en que Jorge regresó temprano del trabajo. Guardaba las pelucas en mi armario.
Como Jorge tenía el suyo imaginé que allí estaban a buen recaudo. Por las tardes,
cuando no estaba en casa, me las probaba, pero esa tarde llevaba puesta una que él
no había visto antes y se dio cuenta de todo.
En absoluto tenía derecho a registrar mis cosas ni a gritarme. Apenas pude oír lo
que decía por el ruido de afuera. Abrí la puerta del balcón y abajo una muchedum-
bre aullaba como los animales: Criminal, mentirosa, usando a niños inocentes…
Desde arriba las cabezas calvas y pálidas me recordaban las canicas que cuando
niña coleccionaba en una caja. Solo me gustaban las agüitas de color blanco. Nunca
las saqué de la caja ni jugué con ellas. La luz del sol que se reflejaba en el mar de
cabezas les daba un brillo amarillento que me hacía sentir como si estuviera en un
sueño. Intenté detener a Jorge para que no arrojara las pelucas por el balcón. No
pude. Mientras los periodistas entrevistaban a la gente un par de cámaras rodaban
el descenso sin vida de las pelucas sobre la multitud enloquecida. Imagina que de
la noche a la mañana te conviertes en un monstruo, en alguien odioso y de maldad
extrema.
Al final Jorge se fue. Dijo que me necesitaba menos de lo que yo lo necesitaba
a él. Justo después me interrogó la policía, me juzgaron culpable y me obligaron
a someterme a terapia de grupo. Las imágenes de las pelucas cayendo en el aire,
balanceándose de un lado a otro, se repetían por la televisión. ¿No crees que, en
general, la gente habla demasiado y cuando más hablan más necesitan hablar? En
las sesiones de terapia que organizas en la residencia, por ejemplo, Rosa. Habla y
habla, acaparando más espacio que nadie, aunque fue cómico que robara extensio-
nes. Comparto su entusiasmo por el cabello Remy. Es suave al tacto y no se enreda,
pero es caro y no tengo intención de pegarme nada a la piel.
En cuanto a la preferencia de Lisa por el cabello sintético, no es apropiado a
mi edad. A los cincuenta no deseo cubrirme la cabeza con algo de plástico hecho a
máquina, sobre todo sabiendo que las fibras acrílicas se desgastan de tres a seis me-
ses, máximo. Ahora bien, si no tienes otra opción, mejor corto que largo. No es que
sea de miras estrechas, pero es que, además, el cabello artificial es fácil de detectar.
Dicho esto, he de añadir que tengo el ojo bien entrenado y que hay muchas de no-
sotras ahí fuera, en la calle. Es una experiencia maravillosa cuando nos miramos y
creamos una conexión, pura, sin adornos. A propósito, organizarnos en un círculo
está bien pensado. Nos fuerza a mirar a los demás.
Entiendo que el propósito de Rosa sea el de agradar a los hombres y que para
Lisa empelucarse implique no reconocer su propia belleza, a pesar de lo bonita
que es. Cuando abusas de las pelucas el pelo empieza a resquebrajarse y te haces
descuidada. Las pelucas son fáciles de mantener y siempre te ves bien. Pero como
he dicho, no son esas mis razones ahora.
A decir verdad, Marco, el cantante, fue toda una inspiración. No parece un can-
tante. Es curioso que, de los siete en la sala, solo él, el único hombre por lo demás,
mostrara el cuero cabelludo desnudo. Yo me puse la pamela de mi madre. Debes
haber notado que el resto llevaba peluca. Aunque no soy religiosa y nunca he te-
nido momentos de iluminación espiritual, empatizo con ese despertar de la con-
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Pelucas 179
ciencia que lo sobrecogió en el escenario y decidió lanzar su prótesis capilar por los
aires. Una inspiración cuando dijo que el cien por cien del cabello natural viene de
personas muertas en India o China. Quizá ni siquiera de las cabezas de esa gente,
eso dijo. Quizá de un perro o de un gato. No sabes dónde ha estado ese pelo, a
quién pertenecía o a qué partes del cuerpo.
Cada uno saca de las pelucas cosas diferentes. Para algunos, es belleza. Para
otros, es benevolencia. Para algunos otros, es orden o felicidad o armonía. Tengo
claro que estas sesiones son útiles. Son valiosas. Te agradezco que me salves.
Atentamente,
Luisa
***
Jorge:
Puedes recoger tus cosas el miércoles que viene por la mañana.
Ten cuidado con los gatos de la entrada. Parecen enfermos y están perdiendo
el pelo.
Luisa
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Llibres
FRANCISCO JOSÉ CORTÉS VIECO
Otro género, otro mundo: sexualidad y suicidio en la literatura de mujeres
Alcalá de Henares: Biblioteca Benjamín Franklin, Servicio de Pu-
blicaciones UAH, 2016.
274 páginas.
El propósito de este libro de Francisco José Cortés Vieco es doble – y
doblemente subversivo. Por un lado, se pretende apuntalar la desmitificación de
la representación decimonónica y patriarcal de la muerte de la mujer como algo
únicamente bello desde un prisma estético – una idea enraizada en la archiconocida
propuesta que Edgar Allan Poe hizo en su ensayo «Filosofía de la composición»: «la
muerte, pues, de una hermosa mujer es incuestionablemente el tema más poético
del mundo; e igualmente está fuera de toda duda que los labios más adecuados
para expresar ese tema son los del amante que ha perdido a su amada» (1973: 72).
Cortés Vieco acomete el análisis y la defensa del tema de la muerte voluntaria de
la mujer como un acto de autodeterminación, rebeldía y empoderamiento que es
a su vez un acto de autodeterminación, rebeldía y empoderamiento cuando son
los labios de mujeres los que hablan de la pérdida de la vida. Pero la propuesta
subversiva de Cortés Vieco no termina aquí, pues, por otro lado, en este volumen
también acomete la revisión del tema de la sexualidad femenina, para – en base a
una acertada selección de textos, comentada más adelante – desvincularla de la
cosificación del cuerpo femenino a manos de parámetros patriarcales y ejemplificar
su uso en defensa de la libertad e igualdad de la mujer y la belleza estética de la
sexualidad femenina cuando es articulada por mujeres. Ciertamente, Otro género,
otro mundo se centra en temas que han sido tabúes durante siglos y que aún hoy en
día siguen siendo, si no tabúes, al menos sí molestos para varios sectores sociales.
El éxito en los propósitos del libro tiene tres pilares fundamentales: una clara
organización del volumen, que se desarrolla orgánicamente y no siempre en or-
den cronológico, una excelente elección de textos y autoras, y un cuidado marco
teórico, donde no faltan los clásicos de la literatura feminista de los últimos 70
años, como The Feminine Mystique; de Betty Friedan, Le Deuxieme Sexe; de Simone
de Beauvoir o Sexual Politics; de Kate Millet. Si bien es cierto que la nomenclatura
empleada por el autor en los títulos de los capítulos – androgénesis, patogénesis,
mitogénesis, citogénesis y apoptosis – requiere un lector entrenado, atento y fiel,
tales términos no solo añaden complejidad, sino una originalidad que desprende
además un rico sustrato simbólico. El capítulo I se centra en la androgénesis del
tema propuesto, esto es, en cómo mujer, sexo y suicidio se han visto a manos de
escritores y pintores europeos y norteamericanos, como son Poe, Dante Gabriel
Rossetti y John E. Millais, que ejemplifican la trinidad patriarcal que ha cosificado
a la mujer en el arte – y en la vida. Parece por este primer capítulo que éste va a
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ser un estudio sistemáticamente comparativo e interdisciplinar. Si bien el estudio
en sí, como se ve posteriormente, no se decanta por esta metodología, sí es cierto
que ejemplifica someramente los objetivos propuestos. En el capítulo II, y tras una
breve introducción al tema de las «vírgenes suicidas» del siglo XIX, Cortés Vieco
se centra en los poemas de Emily Dickinson. A la hora de tratar a la poetisa de
Amherst, el autor prefiere alejarse de las polémicas de su biografía que tanto han
animado la crítica sobre Dickinson en los últimos tiempos (véanse Comment 2001,
Hart 1990, Hart y Smith 1998) para centrarse en el análisis textual y así demostrar
cómo Dickinson canalizó sus impulsos sexuales a través de sus poemas. Especial-
mente satisfactoria es la discusión del imaginario del clítoris metamorfoseado en
frutas, guisantes, perlas y migas en los poemas 1482, 121 y 1755. Asimismo, tam-
bién es más que convincente en la argumentación de que el suicidio en Dickinson
«supone una retirada que responde a su implícita renuncia a satisfacer sus instintos
sexuales con hombres y mujeres que, (in)conscientemente en su obra, retienen una
brutalidad y animalidad inmanentes» (2016: 50).
Cortés acierta al identificar a Dickinson como precursora de las grandes nove-
listas de los EEUU de finales del siglo XIX; ellas, como Dickinson, sabrían retirar
esos velos románticos y misóginos en cuanto a la sexualidad femenina y el suicidio.
Sin embargo, esto no es tanto debido a que escritoras como Edith Wharton o Kate
Chopin pudieran leer a Dickinson – dado que la primera colección completa de
sus poemas, ampliada varias veces posteriormente, corresponde a la editada por
su sobrina y poetisa Martha Dickinson Bianchi y data de 1924. Más bien, podría
decirse que es esta una prueba más de lo que Elaine Showalter ha llamado «el
continuo de la imaginación», esa repetición de parámetros, temas, problemas, imá-
genes de generación en generación en la literatura de mujeres anglófonas (1982:12).
En el tercer capítulo se nos ofrece una acertada reconsideración de cómo Wharton
y Chopin responden al arquetipo de la Fallen Woman, de la mujer caída en des-
gracia, popularizada por Flaubert en su Madame Bovary, a través de Lily en The
House of Mirth y de Edna en The Awakening, respectivamente. Además del contexto
de estricto control victoriano que Cortés aporta en este capítulo, el caso concreto
de los EEUU, magníficamente diseccionado por Barbara Welter en su «The Cult
of True Womanhood,» hace de las protagonistas de Wharton y Chopin verdaderas
rebeldes. En una sociedad en la que la identidad femenina venía marcada por su
adecuación a cuatro pilares – domesticidad, sumisión, pureza y piedad – un error
de la mujer desencadenaría un caos social (Welter, 1966: 151).
El capítulo cuarto se centra en la literatura de la citogénesis, es decir, literatura
de mujeres, sobre mujeres y escrita en un estilo diferencialmente femenino; ejem-
plificada a través de dos escritoras británicas; Virginia Woolf y Doris Lessing, y dos
estadounidenses; Anaïs Nin y Susanna Kaysen. El análisis de la convergencia de la
sexualidad y el suicidio en las obras de estas autoras – Mrs. Dalloway; de Woolf, The
Golden Notebook y «To Room Nineteen;» de Lessing, Delta of Venus; de Nin, y Girl,
Interrupted, de Kaysen – lleva a Cortés a concluir cuatro puntos comunes en estas
escritoras que son tan diferentes. Como Cortés argumenta, Woolf, Lessing, Nin y
Kaysen emplean sexualidad y suicidio como medios de autoafirmación reivindica-
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tiva, de introspección psicológica, de desmitificación artística y de despenalización
ideológica con exoneración de toda culpa (2016: 112).
El capítulo final está reservado para dos mitos de la literatura de mujeres, dos
mujeres que plasmaron en su poesía confesional una escapatoria temporal para esa
muerte violenta y programada con la que acabarían sus vidas: Sylvia Plath y Anne
Sexton. La desgarradora autobiografía ficticia de Plath, The Bell Jar, demuestra un
mundo y un sistema médico perversos al servicio de un patriarcado rancio, donde
el suicidio se erige como liberación. No puedo estar más de acuerdo que cuando
Cortés escribe que, a través de las diferentes formas de suicidio que la protago-
nista contempla e intenta fallidamente una y otra vez, «Plath opta por el humor
y la caricatura para desmitificar el tradicional paradigma de belleza en la muerte
voluntaria femenina» (2016: 208). Antes de quitarse la vida metiendo la cabeza en
el horno, Plath había encontrado en la literatura su escritoterapia, al igual que su
amiga, Anne Sexton. Los poemas de ésta última ejemplifican magníficamente el
feminismo de la segunda ola en los EEUU, convirtiéndose en declaraciones cele-
bratorias sobre la sexualidad y el cuerpo femenino, como es el caso de su primera
menstruación en «Those Times» o de su útero en «In Celebration of My Uterus,»
haciendo eco del episodio cuando se lo quisieron extirpar contra su voluntad. Sex-
ton también escribe sin tapujos sobre el divorcio, como en la clara parodia del so-
liloquio de Hamlet «Divorce, Thy Name is Woman», o sobre el derecho al aborto
en «Abortion.» También es significativo que, como Cortés apunta, los poemas de
Anne Sexton son también representativos de la Écriture Féminine, esa forma de es-
cribir propiamente de mujeres defendida por la crítica feminista de los años 60 y
abanderada por Hélène Cixous.
En conclusión, Otro género, otro mundo: sexualidad y suicidio en la literatura de
mujeres es una valiosa aportación a los estudios de género que, además, pone a
disposición del lector no anglo-parlante la riqueza literaria de escritoras clave
de la literatura anglo-norteamericana de los siglos XIX y XX. Es éste un volumen
firme y convincente en cuanto a cómo las escritoras propuestas defienden, a través
de sus escritos, el derecho fundamental de la mujer a escribir su propio cuerpo.
Finalmente, es un hecho innegable que al comienzo de este libro resulta paradójico
leer que para escapar de la «posición subordinada sintáctica, fisiológica, mental y
artísticamente» a la que la mujer se ve sometida en una cultura androcéntrica y para
conseguir una escritura «autónoma de asertiva», la mujer recurra a la «emancipación
suicida» (2016: 12). Sin embargo, a lo largo de las páginas, el lector se convence de
esta posibilidad. Y lo que es más, esta paradoja le lleva a cuestionarse por qué,
frente a ese victimismo, derrotismo y pasividad tradicionalmente asociado a la
mujer suicida, la muerte voluntaria de los grandes personajes masculinos siempre
han gozado de esa aura de heroicidad y grandeza. La lectura de este libro debería
invitarnos a dilucidar por qué nadie se plantea que Willy Loman en Muerte de un
viajante, de Arthur Miller, es simplemente un perdedor devorado por el sistema,
erigido en el héroe trágico moderno por antonomasia, o por qué en Hamlet la crítica
se ceba con la muerte poética de la patética – ninguneada – Ofelia, cuando el mismo
Hamlet nos regala soliloquios sin fin sobre el suicidio que denotan asimismo su
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patética pasividad.
BIBLIOGRAFÍA
Cixous, Hélène (1975): «The Laugh of Medusa», Signs, Nº 1.4, pp. 875-893, 1976
(traducción de Keith y Paula Cohen).
Comment, Kristin M. (2001): «Dickinson’s Bawdy: Shakespeare and Sexual Symbo-
lism in Emily Dickinson’s Writing to Susan Dickinson», Legacy, Nº 18.2, pp.167–
181.
De Beauvoir, Simone (1949) Le Deuxieme Sex. Vol. I-II, Paris, Gallimard.
Dickinson, Emily (1924) The Complete Poems of Emily Dickinson, Boston, Little,
Brown.
Friedan, Betty (1963) The Feminine Mystique, Nueva York, Norton.
hart, Ellen Louise (1990): «The Encoding of Homoerotic Desire: Emily Dickinson’s
Letters and Poems to Susan Dickinson, 1850-1886», Tulsa Studies in Women’s Li-
terature, Nº 9, pp. 251-272.
Hart, Ellen Louise y Martha Nell Smith, eds (1998) Open Me Carefully: Emily
Dickinson’s Intimate Letters to Susan Huntington Dickinson, Ashfield, Paris.
Millet, Kate (1970) Sexual Politics, Nueva York, Doubleday.
Poe, Edgar Allan (1973): «Filosofía de la composición», Ensayos y críticas, Madrid,
Alianza, pp. 65-79 (edición, introducción y traducción de Julio Cortázar).
Showalter, Elaine (1982) A Literature of Their Own. British Women Novelists from
Charlotte Brontë to Doris Lessing, Londres, Virago.
Welter, Barbara (1966): «The Cult of True Womanhood: 1820-1860», American
Quarterly, Nº 18.2, pp. 151-174.
Noelia Hernando Real
Universidad Autónoma de Madrid
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AURORA MORCILLO GÓMEZ
En cuerpo y alma. Ser mujer en tiempos de Franco
Madrid. Siglo XXI de España Editores, S.A., 2015.
463 páginas.
En cuerpo y alma es la última obra publicada por la profesora Aurora Morcillo
Gómez, catedrática de la Universidad Internacional de Florida.
El tema principal de la obra es el cuerpo femenino como alegoría de la nación.
Aborda, de manera magistral, la simbiosis que el dictador pretendió entrelazar
entre el Estado y el cuerpo de la mujer. Analiza la situación social de la mujer
española desde la posguerra hasta la Transición.
El libro consta de una introducción y ocho capítulos en los que se analiza la si-
tuación social de la mujer desde las diferentes etapas de la dictadura: las relaciones
de género, las madres y esposas, la moral pública, la sexualidad, la prostitución, la
sección femenina, hasta la nueva sociedad de consumo, el cine y el destape.
Comienza con una comparativa, desde una perspectiva de género, entre el ré-
gimen franquista y la cultura barroca. El nuevo estado franquista reactivará las
virtudes del Siglo de Oro– devoción, pureza y domesticidad – para la nación, pero
con una herramienta básica de reeducación, la mujer. Los ideólogos del régimen se
plantearon, ante una supuesta crisis de identidad como nación española, imitar la
estética y los valores de la Contrarreforma.
La Iglesia volverá a iluminar el camino hacia un nuevo orden social en el que
la mujer se situará en un segundo plano desde el que inconscientemente dirigirá a
esta nueva sociedad, pues es a través de su cuerpo como el Estado conseguirá sus
propósitos. Esta nueva reeducación social pasa por la creación de una legislación
que ampare estas nuevas «virtudes». Uno de los artífices de estas nuevas políticas
será Vallejo Nájera, que propondrá incrementar los índices de natalidad mediante
la creación de incentivos socioeconómicos, revalorizando la simbología del hogar
como célula de la nueva España y protegiendo paternalistamente a la mujer como
su núcleo.
El segundo capítulo del libro aborda el tema de la educación femenina enten-
dida desde la tradición cristiana, lo que la autora denomina «auténtica feminidad
católica». Para esta reeducación de la Nueva España se recuperarán los manuales
de conducta de Juan Luis Vives1 y Fray Luis de León2. Se recupera la simbología sa-
grada, creando un paralelismo entre la vida santa y la vida cotidiana. La naturaleza
femenina se asocia, de nuevo, a la encarnación del mal y debe resarcir sus pecados
sirviendo de modelo a la patria, será el nuevo vector que reconstruya la nación,
siendo la maternidad la vía para alcanzar la salvación.
No obstante, en esta obra, Morcillo no busca únicamente continuidades, tam-
bién nos expone otras ideas soterradas – las obras de María de Zayas, Benito Jeróni-
1 Instrucción de la mujer cristiana (1523). Es el tratado más extenso del siglo XVI dedicado a la educación
de la mujer en relación a tres fases de la vida: solteras, casadas y viudas.
2 La perfecta casada (1583)
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mo Feijoo, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos, Rosalía de
Castro, Cecilia Böhl de Faber–, otra concepción de la mujer, ideas que hablaban de
igualdad, de educación. Pero el Estado procuró mediante una tremenda represión
física y psicológica una alineación de la nueva sociedad española, de una nueva
mujer. Este nuevo discurso estaba, incluso, legitimado por el discurso de médicos
ilustres de la época, como Ramón y Cajal o Gregorio Marañón, que defienden que
la identidad femenina se construye a partir de la maternidad y del hogar, en ámbito
privado, relegando el ámbito público al «cabeza de familia».
El tercer capítulo del libro aborda el tema de la sexualidad, una sexualidad
cohibida, relegada a la responsabilidad matrimonial y la responsabilidad de ser
madres. Analiza el modelo hegemónico de familia, cuya base es el matrimonio,
así como su evolución sociológica. La sexualidad pasa a ser un asunto público,
la virginidad como dote pasa a ser una responsabilidad nacional que asumen las
mujeres, es su identidad, su pasaporte hacía el fin para el que han nacido, ser espo-
sas y madres. La sexualidad se convierte en una suerte de medio secundario para
alcanzar la redención.
Las mujeres deben moralmente al Estado sus cuerpos, dado que los hombres
ya habían sacrificado los suyos en los frentes de combate, ahora les tocaba a ellas
la labor de crear hogares patrióticos. El propósito político de la familia consistía en
renovar la devastada población de la posguerra.
Esta sexualidad soterrada pasa también por los tímidos avances sociales hacia
los métodos anticonceptivos que en España no fueron legales hasta la década de los
’60 y siempre bajo prescripción médica.
En el capítulo cuarto, la autora nos presenta a la contra-mujer católica, la pros-
tituta. Se analiza la doble moral sexual imperante en la sociedad de la época, pues
la prostituta no era únicamente una mujer «descarriada», también era una mártir
que sacrificaba su salud para proteger la castidad de la mujer pura. Ellas formaban
el escudo protector de las castas mujeres españolas frente a la promiscuidad mas-
culina. Una de las herramientas de las que se basó el Estado fue el Patronato para
la Protección de la Mujer, dirigido por Carmen Polo de Franco desde 1941, fue una
forma de GESTAPO que condenó sin delito, manejó existencias, robó niños y que-
brantó los más elementales derechos humanos. Al Patronato se llegaba a través de
redadas callejeras, denuncias familiares, de vecinos e incluso, por voluntad propia
de la menor en caso de abandono y/o mendicidad. Funcionaba como un elemento
controlador de la moral pública, principalmente dirigido a las adolescentes pobres,
de familias sin recursos o aisladas en pueblos carentes de la mínima oportunidad.
Sin embargo, cualquier joven rebelde, díscola, mala estudiante o con rasgos de ca-
rácter inconforme, podía acabar en sus manos por decisión familiar.
En este capítulo, la autora expone también contrapuntos a esta continuidad,
otros pensamientos, otras ideas que rompían con la tradicionalidad del pensamien-
to patriarcal, como las de los médicos José García Cuesta o Tomás Caro Patón. Este
último publica un libro de memorias y reflexiones, La mujer caída. Memorias y re-
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flexiones de un médico de la lucha antivenérea3, en el que recoge sus años de experiencia
como médico estatal dedicado a combatir las enfermedades venéreas y a propor-
cionar tratamiento a las prostitutas. Algunas de sus reflexiones las expone la autora
en esta obra, esclareciéndonos este contrapunto:
A ellas se les exige ser aptas sanitariamente, pero a ellos no; a ellas se las
estigmatiza con el carnet sanitario, la ficha del dispensario y la ficha de la policía
como personas dedicadas a un comercio inmoral y ellos no tienen que dar cuenta
a nadie: son hombres libres. Es que este irritante concepto de desigualdad y
supremacía del hombre y menosprecio de la mujer, considerada solo como
objeto sexual, es la causa fundamental, universal, importantísima, no solo de la
prostitución, sino de la inmoralidad sexual.
Otra de sus reflexiones que va más allá del pensamiento único es cuando alude
a la maternidad, a esta función del supuesto sexo débil, por ello señala Patón «La
maternidad es una función específica e inalienable de la mujer, ella es el vaso de la
vida (…)». «Hemos de admitir su superioridad y no podemos llamarla sexo débil,
porque su sexo cumple una misión mucho más fuerte que el nuestro».
Esto queda en una mera idea, pues no cala en el sentir de la época, incluso es
aún hoy en día, un sueño. La ley no protegía a la mujer, toda relación sexual con-
sentida fuera del matrimonio podía manchar de por vida la reputación de la mujer,
nunca la del hombre, la Ley protegía su privacidad.
Una referencia que nos aporta la autora en este capítulo es el libro del fotógrafo
Joan Colom y el novelista Camilo José Cela, Izas, Rabizas y Colipoterras, un libro
sobre prostitutas, publicado en pleno lavado de cara del franquismo. La serie de
fotos retrata la vida del Barrio Chino de Barcelona, retrata a mujeres que prestan
sus servicios amparadas en una doble vida.
La Sección Femenina y su largo brazo adoctrinador, son los protagonistas del
quinto capítulo. La Sección Femenina fueron potentes agentes propagandísticos
de la femineidad nacional-católica oficial. Sobre la Sección Femenina se ha escrito
mucho, pero Morcillo nos plantea una reflexión sobre las políticas de educación
física, la ley promulgada en 1961 que viene a nacionalizar una vez más el cuerpo de
las mujeres. El deporte no debía ser entendido como una herramienta de indepen-
dencia, ni exhibicionismo, ni supremacía, sino como un aval de buena salud para
poner el cuerpo al servicio de la patria. También nos habla de los famosos Coros y
Danzas, vistos estos como una manera de mantener la continuidad tradicional y a
la vez considerados como el deporte por excelencia para el género femenino. Una
manera de aunar salud y tradición.
El capítulo sexto, aborda el tema de género en una creciente sociedad de consu-
mo, las contradicciones que comienzan a emerger a raíz de la exposición de otros
modelos femeninos, mujeres conscientes de su sexualidad, mujeres consumidoras,
mujeres modernas que nada tenían que ver ya con el modelo de mujer tradicional.
3 Caro Patón, Tomás: La mujer caída. Memorias y reflexiones de un médico de la lucha antivenérea, Madrid,
M. Montal, editor, 1959.
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Las jóvenes españolas de los años ‘60 son presas de la nueva imagen de mujer oc-
cidental que ofrecen las revistas, el cine y la televisión. El Estado no puede frenar
este aluvión de influencias, por lo que se ve obligado a redefinir las relaciones de
género, contextualizando la legislación y la economía, a esta década se la conocerá
como «el milagro económico español». Aparece una nueva sociedad de consumo:
la urbanización, los coches americanos, los nuevos electrodomésticos. Pero pese a
que la modernidad fuera ensanchando sus horizontes, se seguía valorando a las
mujeres en función de las mismas virtudes de siempre, la mujer española siguió
educada en la idea de permanecer fiel a su destino doméstico.
En el capítulo séptimo, el protagonista será el cine, el cine en España, la censura,
el cine español y la representación de la mujer a través del mismo. En él, Morcillo
hace un interesante análisis entre las películas de los años cuarenta, la censura so-
bre las películas americanas y el nuevo cine español de mediados de los ’50. Lo
que marca la continuidad de este capítulo con el libro en general es el análisis que
la autora hace de la película La Tía Tula, una película que logra poner de manifiesto
la contradicción entre modernidad y tradición. Pero quizá lo más representativo de
este capítulo es un examen de las figuras cinematográficas de Sara Montiel y Auro-
ra Bautista, con el fin de ilustrar las tensiones sociales creadas ante dos estereotipos,
el de la virgen y el de la mujer caída.
El último capítulo del libro aborda el periodo de la Transición, asimilando el
cuerpo femenino, el famoso «Destape», con la ruptura política, una especie de me-
táfora, como si la libertad y la democracia se midieran en función de la exhibición
del cuerpo de la mujer. Se utilizó el cuerpo femenino como un objeto de consumo
más. Así muchas actrices españolas posaron desnudas ante la cámara de revistas
como Interviú, se convirtieron en encarnaciones alegóricas de la nación, que puede
tener diferentes lecturas: una vulnerable mujer desnuda en una vulnerable España
democrática, una libertad mal entendida en una nueva España libre.
La obra, en general, aborda una gran variedad de cuestiones en torno al cuerpo
femenino, pero no obstante se echa en falta un índice temático para poder identi-
ficar con más claridad la variedad de cuestiones que se abordan, quizá requeriría
otra organización en su estructura, pues hay una gran diversidad temática y una
amplia cronología, lo que hace inevitable que se dejen aspectos sin tratar o exami-
nar con suficiente detalle. Igualmente se echa en falta una bibliografía final, aunque
encontramos a lo largo del libro las fuentes con las que la autora se ha ido docu-
mentando, ofreciéndonos una bibliografía muy interesante, tanto para abordar el
tema de género, como para hacer una radiografía a la España del momento. Así
pues, nos plantea las lecturas de memorias escritas por viajeros extranjeros que
escribieron sobre sus experiencias en aquella España, como Robert Graves, Gerarld
Brenan o Richard Wright. Otras fuentes han sido discursos políticos, bibliografía,
legislación, estudios sociológicos, discursos religiosos, prensa, literatura, entrevis-
tas, cine, canciones, etc., que nos ayudan a entender la realidad social de la época.
La autora incluye también numerosas fotografías a lo largo del libro que muestran
las costumbres y tradiciones del momento.
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Llibres 191
Estamos ante una obra de consulta imprescindible para aquellas personas que
quieran adentrarse en una investigación sobre la época franquista desde una pers-
pectiva de género, pues la obra analiza la política franquista a través del cuerpo de
la mujer desde los inicios de la dictadura hasta su decadencia.
Desiré Rodríguez Martínez
Universidad Nacional de Educación a Distancia
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