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Intimidad y Pruebas en Divorcio

Este documento resume una sentencia de tutela contra una decisión judicial. La sentencia determina que el juez de primera instancia cometió un defecto fáctico al negarse a ordenar pruebas como grabaciones y revisión de correos electrónicos en un caso de divorcio. Estas pruebas eran pertinentes para demostrar maltrato por parte del esposo. La Corte falla a favor de ordenar las pruebas, dando prevalencia a la integridad de la familia y los derechos de los niños sobre la intimidad del esposo.

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Intimidad y Pruebas en Divorcio

Este documento resume una sentencia de tutela contra una decisión judicial. La sentencia determina que el juez de primera instancia cometió un defecto fáctico al negarse a ordenar pruebas como grabaciones y revisión de correos electrónicos en un caso de divorcio. Estas pruebas eran pertinentes para demostrar maltrato por parte del esposo. La Corte falla a favor de ordenar las pruebas, dando prevalencia a la integridad de la familia y los derechos de los niños sobre la intimidad del esposo.

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Sentencia T-044/13

ACCION DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIAS JUDICIALES-


Requisitos generales y especiales de procedibilidad

DEFECTO FACTICO-Dimensión negativa y positiva

El tribunal constitucional ha señalado que el defecto fáctico se puede


presentar en una dimensión negativa y en una positiva. Respecto a la primera
tipología, es de mencionar que comprende las fallas protuberantes en la
valoración de las pruebas concluyentes, esto es, que identifican la veracidad
de los hechos analizados por el juez. Dentro de este supuesto pueden ubicarse
la negativa o valoración arbitraria, irracional y caprichosa o cuando se
omite apreciar la prueba y, sin justificación válida, se desatiende la
circunstancia que, de manera clara y objetiva. En cuanto a la segunda
dimensión, cabe resaltar que se configura cuando el juez valora pruebas
determinantes y esenciales de lo resuelto en la providencia cuestionada, que
no ha debido admitir ni evaluar, ya sea porque se recaudaron indebidamente
(art. 29 C.P.) o porque tiene por establecidas circunstancias, sin que existan
elementos probatorios que motiven lo resuelto, transgrediendo así el Texto
Superior.

DERECHO A LA INTIMIDAD-Alcance y contenido

La jurisprudencia ha entendido el derecho a la intimidad como la facultad


que implica “exigir de los demás el respeto de un ámbito exclusivo que
incumbe solamente al individuo, que es resguardo de sus posesiones privadas,
de sus propios gustos y de aquellas conductas o actitudes personalísimas que
no está dispuesto a exhibir, y en el que no caben legítimamente las
intromisiones externas. (…) Adicionalmente, puede decirse que el derecho a
la intimidad es un derecho disponible. Ciertas personas, según su criterio,
pueden hacer públicas conductas que otros optarían por mantener
reservadas.” Del mismo modo, cabe resaltar que la garantía en comento se
manifiesta de diversas formas, tales como la intimidad personal, familiar,
social o gremial, todas las cuales se encuentran amparadas por el artículo 15
Superior y se presentan en ámbitos como las relaciones familiares,
costumbres, prácticas sexuales, salud, domicilio, comunicaciones personales,
espacios para la utilización de datos a nivel informático, creencias religiosas,
secretos profesionales y, todo aquel comportamiento del individuo que
solamente puede llegar a los demás, siempre y cuando el mismo sujeto
autónomamente decida permitir su conocimiento al público. En consecuencia,
al ser la intimidad un espacio intangible, personalísimo, que no hace parte de
la esfera pública, nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias, so pena
de sufrir una restricción injustificada de su autonomía y de sus posibilidades
de libre acción. Por ende, la intimidad solamente admite intromisiones o
limitaciones cuando estas sean constitucionalmente legítimas y justificadas.
DERECHO A LA INTIMIDAD EN EL AMBITO DE LAS
RELACIONES INTREFAMILIARES-Protección
La transgresión a la intimidad en el ámbito de las relaciones intrafamiliares
también puede configurarse cuando un miembro de la familia, inclusive uno
de los cónyuges o compañero permanente, ingresa sin autorización en el
campo reservado por otro individuo de la familia con miras a indagar
asuntos que aquel se ha reservado para sí y ha considerado que no los quiere
compartir ni siquiera con las personas más próximas de su núcleo familiar.
De igual manera, se produce cuando se divulga la información obtenida y
cuando se tergiversa la misma.

DERECHO A LA INTIMIDAD ENTRE CONYUGES O


COMPAÑEROS PERMANENTES-Alcance

DERECHO A LA INTIMIDAD ENTRE CONYUGES O


COMPAÑEROS PERMANENTES-Puede ser susceptible de
restricción como consecuencia de la ponderación con otros intereses
que también gozan de relevancia constitucional

Dado que cierta información del titular del derecho a la intimidad puede
interesar jurídicamente a la comunidad, esta garantía es de carácter relativo,
lo cual implica asentir que bajo determinadas circunstancias, cierta
información individual puede y debe ser divulgada. Igualmente, esta
Corporación ha señalado que pese su iusfundamentalidad, cuando median
razones legítimas y debidamente justificadas en el Texto Superior, la
intimidad puede ser restringida como resultado de la interrelación de otros
intereses también constitucionalmente relevantes, siempre y cuando su
limitación se caracterice por: (i) ser necesaria para lograr el fin
legítimamente previsto; (ii) ser proporcional para alcanzar el fin y; (iii) no
afectar su núcleo esencial.

DERECHO A LA INTIMIDAD ENTRE CONYUGES O


COMPAÑEROS PERMANENTES-Caso en que en proceso de
divorcio, juez se abstuvo de practicar pruebas como grabación
magnetofónica e inspección judicial a la cuenta de correo
electrónico, las cuales servían de prueba para demostrar trato cruel
y ultrajes por parte del esposo

INTERES SUPERIOR DEL MENOR E INTEGRIDAD


FAMILIAR FRENTE AL DERECHO A LA INTIMIDAD-Juicio
de ponderación para ordenar práctica de pruebas tendientes a
demostrar trato cruel y ultrajes por parte del esposo en proceso de
divorcio

Los intereses materia de ponderación son, por un lado, el derecho a la


intimidad del demandado y, por el otro, la integridad personal de la
demandante, la integridad de la familia y su protección como núcleo
fundamental de la sociedad y los derechos de los niños, niñas y adolescentes
predicable en este caso de las menores, quienes, conforme a lo manifestado

2
por la accionante, se han visto forzadas a crecer en un ambiente hostil y de
violencia debido al maltrato psicológico, al irrespeto y al sosiego doméstico
que causa su padre. Al confrontar las anteriores garantías y principios se
tiene que en el caso sub examine dicha dualidad desencadena una
incompatibilidad normativa, que se configura en razón a que del artículo 15
de la Constitución Política se deriva el principio según el cual todas las
personas tienen derecho a su intimidad personal y familiar y a su buen
nombre, y que el Estado debe respetarlos y hacerlos respetar, mientras que de
los artículos 42 y 44 se sigue que la familia es el núcleo fundamental de la
sociedad, el Estado y la sociedad garantizan su protección integral y que los
derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás. En tal
virtud y dado que el decreto y práctica de las pruebas en cuestión supondría
la restricción de la intimidad del señor, lo que a su vez conduciría a la
satisfacción de las garantías de la actora y sus hijas, es menester definir si
privilegiar los intereses de aquellas justifica la afectación de la órbita
protegida de la intimidad de aquel. Para la Sala Cuarta de Revisión, el grado
de afectación de las garantías a la integridad personal, a la integridad de la
familia y su protección, como núcleo esencial de la sociedad, y los derechos
de los niños, niñas y adolescentes, que se derivaría de no decretar las
pruebas solicitadas por la accionante, en aras de honrar el postulado en
contraposición, podría catalogarse como intenso. De manera correlativa, la
interferencia de la órbita protegida de la intimidad del demandado cabría
graduarse como media o leve. Tal valoración es la más acertada teniendo en
cuenta que pese a que los intereses en tensión ostentan análoga jerarquía
normativa, dado que ambos emanan del Texto Superior, tanto en la sociedad
como en la jurisprudencia constitucional se le ha reconocido prevalencia a la
estabilidad familiar y a los derechos de los niños, niñas y adolescentes,
motivo por el cual, las garantías cuya titularidad recae sobre la actora y sus
menores gozan de peso mayor.

DERECHO A LA ESTABILIDAD FAMILIAR Y DERECHO DE


LOS NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES-Prevalencia frente al
derecho a la intimidad del padre en proceso de divorcio

ACCION DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIAS JUDICIALES-


Procedencia por defecto fáctico, al abstenerse el juez de ordenar en
proceso de divorcio las pruebas como grabación magnetofónica e
inspección judicial a la cuenta de correo electrónico, las cuales servían de
prueba para demostrar trato cruel y ultrajes por parte del esposo

Teniendo en cuenta que la prevalencia de las garantías de la actora y sus


hijas menores de edad deben priorizarse, se estima que en el caso sub
examine hay lugar a revocar la providencia proferida por el Tribunal, habida
cuenta de que la causal específica de procedencia de la acción de tutela
invocada sí se configuró, toda vez que la impertinencia, inutilidad y
extralimitación en la petición de las pruebas no fue analizada objetivamente,
pues para esta Sala los medios probatorios en discusión resultan, a todas
luces, conducentes, pertinentes y útiles para acreditar la ocurrencia de los
hechos fundantes de la causal de divorcio invocada, los ultrajes, el trato cruel

3
y los maltratamientos de obra, si con ellos peligra la salud, la integridad
corporal o la vida de uno de los cónyuges, o de sus descendientes, o se hace
imposibles la paz y el sosiego doméstico. No sobra reiterar, que por las
específicas particularidades del caso en estudio y, sobretodo porque el ámbito
de ocurrencia de los hechos relacionados con la problemática jurídica
planteada, se enmarca dentro de la privacidad del hogar, esta Sala considera
que los fundamentos fácticos alegados por la accionante como constitutivos
de la causal de divorcio invocada son difíciles de acreditar a través de otros
elementos distintos a los solicitados.

Referencia: expediente T-3.596.834

Demandante: Sandra Edith Pedraza


Sánchez

Demandado: Tribunal Superior de


Distrito Judicial de Bogotá, Sala de
Familia

Magistrado Ponente:
GABRIEL EDUARDO MENDOZA
MARTELO

Bogotá, D.C., primero (1°) de febrero de dos mil trece (2013)

La Sala Cuarta de Revisión de la Corte Constitucional, integrada por los


Magistrados Gabriel Eduardo Mendoza Martelo, Jorge Iván Palacio Palacio y
Nilson Elías Pinilla Pinilla, en ejercicio de sus competencias constitucionales
y legales, ha pronunciado la siguiente

SENTENCIA

En la revisión del fallo proferido el 17 de julio de 2012 por la Sala de


Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia, mediante el cual se
confirmó el fallo dictado el 6 de junio de 2012 por la Sala de Casación Civil
de la Corte Suprema de Justicia, dentro de la acción de tutela promovida por
la señora Sandra Edith Pedraza Sánchez, en contra del Tribunal Superior de
Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Familia.

El presente expediente fue escogido para revisión por la Sala de Selección


Número nueve por medio de auto de 13 de septiembre de 2012 y repartido a la
Sala Cuarta de Revisión.

I. ANTECEDENTES

1. La solicitud

4
La demandante, Sandra Edith Pedraza Sánchez, impetró la presente acción de
tutela contra el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá, Sala de
Familia, con el fin de que le fueran amparados sus derechos fundamentales al
debido proceso, a la integridad personal y a la vida digna y, los derechos de
los niños, niñas y adolescentes de sus hijas menores de edad, Sofía Camargo
Pedraza e Isabella Camargo Pedraza, los cuales considera vulnerados con
ocasión de la vía de hecho que en su sentir se configuró, en la providencia
proferida por la autoridad judicial accionada el 19 de abril de 2012, que
decretó la ilicitud y negó la admisión de unas pruebas por ella solicitadas,
dentro del proceso verbal de divorcio, adelantado contra Wilson Gonzalo
Camargo Guio.

La situación fáctica que fundamenta la invocación del amparo constitucional,


es la que a continuación se expone:

2. Hechos

2.1. La actora, madre de dos menores de edad, por intermedio de apoderada


judicial, promovió proceso verbal de divorcio de matrimonio civil en contra
de Wilson Gonzalo Camargo Guio, por considerar configurada la causal
tercera del artículo 154 C.C., en la redacción del artículo 6º de la Ley 25 de
1992, “los ultrajes, el trato cruel y los maltratamientos de obra”.

2.2. El conocimiento de la demanda le correspondió al Juzgado Primero de


Familia de Bogotá, autoridad que durante el trámite de la audiencia
contemplada en el artículo 432 C.P.C., celebrada el 18 de abril de 2012,
decretó la ilicitud y negó la práctica de las siguientes pruebas solicitadas por
la actora, al considerarlas violatorias del derecho a la intimidad del señor
Camargo Guio: (i) la grabación magnetofónica original de las conversaciones
sostenidas entre los cónyuges los días 19 y 29 de agosto de 2011 y (ii) la
inspección judicial con intervención de peritos al sitio de trabajo del
demandado para revisar su cuenta electrónica, identificada como
[email protected], con el fin de verificar los correos dirigidos
de esta a la cuenta de la demandante, [email protected], los días
cuatro de octubre de 2010, dieciocho de febrero, once de marzo, dieciocho de
marzo, seis de abril, veintiocho de junio y ocho de julio de 2011.

2.3. Inconforme con la anterior decisión, la apoderada de la accionante


instauró recurso de reposición y en subsidio de apelación, al estimar que las
pruebas negadas no atentan contra la garantía fundamental a la intimidad del
señor Camargo Guio, pues tanto los correos electrónicos como la grabación
magnetofónica involucran a las dos partes del proceso. Aunado a esto, aseveró
que la valoración de las pruebas es necesaria para comprobar los hechos
alegados en la demanda y desvirtuar las excepciones propuestas.

2.4. El Juzgado Primero de Familia de Bogotá no repuso la decisión objeto de


reproche y concedió el recurso de apelación, el cual fue resuelto
desfavorablemente por el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá,

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Sala de Familia, mediante auto de 19 de abril de 2012, con fundamento en que
(i) las grabaciones magnetofónicas no pueden tenerse ni valorarse como
pruebas al estar viciadas de ilicitud, toda vez que en su obtención se infringió
la legalidad ordinaria; (ii) tanto la inspección judicial al correo electrónico del
demandado como la grabación de las conversaciones, constituye una
intromisión al derecho a la intimidad, pues corresponde a su fuero íntimo, el
cual no puede ser traspasado sin su autorización y; (iii) las pruebas solicitadas
no son el único medio con que la peticionaria cuenta para demostrar la
ocurrencia de los hechos.

3. Fundamentos de la acción y pretensiones

La actora instauró la presente acción de tutela en procura de cuestionar la


providencia proferida por el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá,
Sala de Familia, el día 19 de abril de 2012, la cual, a su juicio, constituye una
vía de hecho judicial.

3.1. Vía de hecho

Considera la demandante que el auto proferido por el Tribunal Superior de


Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Familia, el 19 de abril de 2012, dentro del
proceso de divorcio por ella promovido contra el señor Wilson Gonzalo
Camargo Guio, constituye una vía de hecho por defecto fáctico, debido a que
a través de este se negó el decreto y la práctica de las siguientes pruebas: (i) la
grabación magnetofónica de las conversaciones sostenidas entre los cónyuges
los días 19 y 29 de agosto de 2011 y (ii) la inspección judicial a la cuenta de
correo identificada con la dirección [email protected], sin tener
en cuenta la autoridad accionada que estas son necesarias en el curso del
proceso, ya que son los únicos medios de acreditación directos y efectivos de
la situación de violencia al interior del núcleo familiar, pues las pruebas
restantes, consistentes en testimonios, interrogatorios de parte y valoración
psiquiátrica a los sujetos procesales, no resultan ser tan determinantes como
las negadas.

3.2. Fundamentos de la acción

Una vez expuestos los hechos de la presente acción de tutela y de manera


previa a la presentación de las razones por las cuales la actora considera que la
providencia aludida incurrió en vía de hecho, la demandante realizó algunas
precisiones, tales como, (i) que la garantía a la intimidad al no ser de carácter
absoluto debe ceder frente a una situación en la que estén en juego la
integridad personal, la vida digna y la armonía familiar; (ii) que la protección
del núcleo familiar debe prevalecer frente a la de un derecho personal; (iii)
que las grabaciones de las conversaciones fueron realizadas en un momento
de terror e indefensión y, (iv) que las excepciones de la obtención de la prueba
en situaciones de vulnerabilidad o intimidación han sido aceptadas en el
campo penal.

6
Posteriormente, se refirió a las causales de procedibilidad de la acción de
tutela contra una decisión judicial por existencia de defectos que configuran
una vía de hecho, afirmando que en el sub lite se cumplen tanto los requisitos
generales como los específicos señalados por la jurisprudencia constitucional
para el efecto.

En cuanto a los requisitos generales, indicó que efectivamente se cumplen en


el presente caso, pues (i) es un asunto de relevancia constitucional, (ii) la
actora agotó los medios ordinarios para obtener la defensa de sus derechos,
(iii) el mecanismo tutelar cumple con el requisito de inmediatez, (iv) existe
una irregularidad determinante en el proceso de divorcio, (v) se hizo alusión a
los hechos y a los derechos presuntamente vulnerados y, (vi) no se pretende
atacar una sentencia de tutela.

Respecto a los requisitos especiales, expresó que también se cumplen, pues el


mecanismo de amparo constitucional se fundamenta en la configuración de
una presunta vía de hecho por defecto fáctico, toda vez que la autoridad
judicial demandada omitió el decreto y práctica de unas pruebas que a la luz
del procedimiento civil y del objeto que se pretende acreditar, son
conducentes, pertinentes y útiles.

Seguidamente, se refirió a la procedencia de las grabaciones como medio de


prueba y su relación con el derecho a la intimidad, para lo cual, adujo que en
el sub examine se debe ponderar la garantía fundamental a la intimidad de un
padre frente a los derechos a la vida, integridad personal, respeto y el sosiego
doméstico de los demás miembros de la familia, entre ellos, dos menores de
edad. Por ende, la intimidad del demandado debe ser objeto de limitaciones.

De otra parte y citando jurisprudencia tanto de la Sala Penal como de la Sala


Civil de la Corte Suprema de Justicia, afirmó que la grabación magnetofónica
es una prueba procedente, por cuanto (i) se trata de conversaciones sostenidas
entre los cónyuges, (ii) corresponde a la voz propia de una de las partes, (iii)
es el único medio plausible para acreditar las agresiones verbales y
psicológicas y las constantes intimidaciones y amenazas que realizó el
demandado, (iv) los intereses en cuestión van más allá del derecho a la
intimidad y (iv) la prueba surgió a la vida con el fin de acreditar una situación
inter partes que permite probar una causal de disolución de un vínculo
conyugal entre los sujetos procesales.

Posteriormente, se refirió al derecho a la intimidad frente a la inspección


judicial con intervención de peritos a la cuenta electrónica del demandado, y
de la conducencia, pertinencia y utilidad de esta prueba, manifestando que no
es viable equiparar el presente caso con el resuelto en la sentencia T-916 de
20081, tal como lo hizo el Tribunal, toda vez que en el sub examine no se
aportaron las impresiones de los mensajes ni se pretende tener como medio
probatorio correos electrónicos tomados de la cuenta del demandado sin su
conocimiento, pues es precisamente para evitar la consecución de una prueba

1 M.P. Clara Inés Vargas Hernández.

7
ilícita que se solicita a la administración de justicia la práctica de una
inspección judicial a la cuenta, en aras de obtener la información directamente
de la fuente de producción, en forma auténtica y, de mantener la integridad de
los mensajes, libres de manipulación y fidedignos. Aunado a esto, sostuvo que
la conducencia, pertinencia y utilidad de la inspección referida se deriva tanto
del hecho que ésta permite probar las amenazas y agresiones reiteradas por
parte del señor Wilson Gonzalo Camargo Guio contra la actora. Además,
adujo que la causal de divorcio invocada no es fácil de acreditar, ya que los
ultrajes y malos tratos se han desarrollado dentro de un ambiente de violencia
soterrada y en la intimidad de la pareja y la familia.

De igual manera, agregó que en el asunto bajo revisión se configura un


perjuicio irremediable, dado que (i) la actora no cuenta con otro mecanismo
de defensa judicial, pues los recursos ordinarios existentes fueron agotados;
(ii) el derecho al debido proceso se encuentra en latente riesgo de mantener su
vulneración, ya que se están negando pruebas útiles, pertinentes y
conducentes; (iii) la garantía a la integridad de la peticionaria puede llegar a
quedar impune y (iv) los derechos superiores de sus hijas menores de edad
están en riesgo de vulneración.

Finalmente, indicó que no se puede esperar a que la violencia psicológica,


emocional y física lleguen a los límites del derecho penal para acudir a las
pruebas que aclaren sucesos irreversibles; que aun cuando la intimidad de la
familia es inviolable, si ella es usada para ejercer relaciones de dominación,
daño y ultraje, el Estado y la sociedad deben legítimamente correr el velo con
miras a proteger a sus integrantes y; que es precisamente en estos eventos, en
los que se debe poner límite y control para evitar la ocurrencia de daños
irremediables.

3.3. Pretensiones

La demandante pretende que por medio de la acción de tutela le sean


protegidas sus garantías fundamentales al debido proceso, a la integridad
personal y a la vida digna, así como los derechos de los niños, niñas y
adolescentes de sus hijas menores de edad, para lo cual solicita se revoque la
providencia proferida el 19 de abril de 2012, dentro del trámite del proceso de
divorcio de matrimonio civil contraído con Wilson Gonzalo Camargo Guio y,
en consecuencia, se declare la licitud y práctica de las pruebas solicitadas,
consistentes en la grabación mecánica original de las conversaciones
sostenidas con su cónyuge el 19 y 29 de agosto de 2011 y la inspección
judicial con intervención de peritos expertos al sitio de trabajo del demandado
para revisar su cuenta de correo electrónico, [email protected]
y, así poder constatar el trato cruel, amenazante y continuo al que era sometida
en la privacidad de su relación por parte de su esposo.

4. Oposición a la demanda de tutela

Mediante Auto de 28 de mayo de 2012, la Sala de Casación Civil de la Corte


Suprema de Justicia, avocó el conocimiento de la acción de tutela instaurada,

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y ordenó correr traslado tanto a la autoridad judicial demandada como al
Juzgado Primero de Familia de Bogotá.

En la misma providencia, dispuso vincular a todos los intervinientes en el


proceso de divorcio con el fin de que ejercieran sus derechos de defensa y
contradicción y allegaran la documentación que consideraran pertinente para
la resolución del presente caso.

4.1. Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Familia

Guardó silencio frente a los hechos materia de la presente acción tuitiva.

4.2. Juzgado Primero de Familia de Bogotá

Remitió el expediente del proceso de divorcio en el que se profirió la decisión


materia de estudio.

4.3. Apoderada del señor Wilson Gonzalo Camargo Guio

Dentro de la oportunidad procesal correspondiente, la apoderada del señor


Gonzalo Camargo Guio dentro del proceso verbal de divorcio, expresó su
oposición frente a la solicitud de la actora, al considerar que de ordenarse el
decreto de las pruebas en comento, se invadiría la privacidad de su apoderado.

De igual manera, recordó que la Corte Constitucional ha delimitado la


intromisión de las personas en la vida privada de los demás, pues de lo
contrario se estaría ante el riesgo de legalizar conductas ilegítimas, como por
ejemplo, las “chuzadas”.

4.4. Wilson Gonzalo Camargo Guio

Mediante escrito de 6 de junio de 2012, expresó que jamás ha amenazado o


puesto en peligro la vida de la accionante o de sus hijas, lo cual se puede
constatar a través de los testimonios rendidos ante el Juzgado Primero de
Familia de Bogotá, así como del acta de la audiencia celebrada ante la
Comisaría Once de Familia de Bogotá el 7 de octubre de 2011.

Igualmente, indicó que ha sido víctima de innumerables provocaciones por


parte de su esposa, con el fin de obtener prueba para sustentar el divorcio
pretendido.

Frente a la grabación que la actora solicita sea tenida en cuenta como material
probatorio, adujo que la desconoce y que fue ilegalmente obtenida, por cuanto
adolece de vicios en su recaudo y en la cadena de custodia.

Para concluir, agregó que la solicitud de la peticionaria transgrede sus


derechos fundamentales a la honra y al buen nombre, y que esta incurrió en el
delito de violación ilícita de las comunicaciones, razón por la cual puso en
conocimiento de la Fiscalía General de la Nación tales hechos.

9
5. Pruebas

A continuación se relacionan las pruebas relevantes que reposan en el


expediente:

- Poder para actuar conferido por Sandra Edith Pedraza Sánchez a una
abogada (folio 1 del cuaderno 2).
- Copia de la reforma de la demanda dentro del proceso de divorcio
promovido por Sandra Edith Pedraza Sánchez contra Gonzalo Camargo
Guio (folios 2 y 3 del cuaderno 2).
- Copia del acta de la audiencia de trámite celebrada el 1º de marzo de
2012 ante el Juzgado Primero de Familia de Bogotá (folios 4 al 9 del
cuaderno 2).
- Copia del acta de la audiencia de fallo llevada a cabo el 19 de abril de
2012, en la que se resolvió el recurso de apelación presentado por la
apoderada de la actora contra la decisión del Juzgado Primero de
Familia de Bogotá que negó el decreto de las pruebas solicitadas (folios
10 al 21 del cuaderno 2).

II. DECISIÓN JUDICIAL QUE SE REVISA

1. Decisión de primera instancia

Mediante sentencia proferida el 6 de junio de 2012, la Sala de Casación Civil


de la Corte Suprema de Justicia, negó el amparo pretendido por la señora
Sandra Edith Pedraza Sánchez, al considerar que la decisión judicial que se
cuestiona se fundamentó en el razonado análisis de los supuestos fácticos del
caso, en los elementos de convicción aducidos por la demandante y en las
normas aplicables.

Finalmente, expresó que el mecanismo tutelar no fue concebido para imponer


al juzgador una determinada hermenéutica de las disposiciones legales que
debe aplicar.

2. Impugnación

La apoderada de la demandante, en representación de la señora Sandra Edith


Pedraza Sánchez, de manera oportuna, presentó su impugnación al fallo y
argumentó que aun cuando la negativa del Tribunal Superior de Distrito
Judicial de Bogotá, Sala de Familia, frente a las pruebas solicitadas se
encuentra motivada, la acción de tutela se instauró por considerarse que dicha
autoridad judicial no ponderó adecuadamente el campo de acción del derecho
a la intimidad personal, pues este debe ceder, si de su prevalencia se derivan,
riesgos para otras garantías fundamentales de igual o mayor relevancia, como
la vida y la integridad personal de otros miembros de la familia.

10
Así mismo, manifestó que el accionado no tuvo en cuenta que el derecho a la
intimidad no puede utilizarse para esconder y evitar la sanción de actos
lesivos de la unidad familiar. Además, afirmó que la decisión judicial sub
examine dificulta el establecimiento de los hechos de los que depende la
configuración de la causal de divorcio invocada, pues la mayoría de este tipo
de sucesos ocurren en contextos y circunstancias en las que resulta improbable
que terceras personas puedan presenciarlos.

Adicionalmente, señaló que el presente caso cumple con las causales


genéricas y específicas de procedibilidad de la acción de tutela contra
providencias judiciales, pues se trata de un asunto de relevancia constitucional
en el que se configura un defecto fáctico, consistente en la falta de decreto de
unas pruebas que para el proceso de divorcio resultan conducentes, pertinentes
y útiles.

Para concluir, aclara que disiente del argumento de la autoridad accionada,


según el cual para el presente caso es aplicable lo resuelto en la Sentencia T-
916 de 20082, pues en el aludido fallo la demandante optó por violar la
intimidad de la cuenta de su cónyuge en aras de probar la infidelidad,
allegando los respectivos correos electrónicos al proceso, mientras que en el
sub lite la actora solicita al juez que tome la decisión de investigar ese
espacio, con audiencia y pleno conocimiento del afectado, restringiéndose a
revisar exclusivamente los mensajes a ella dirigidos.

3. Decisión de segunda instancia

Mediante sentencia proferida el 17 de julio de 2012, la Sala de Casación


Laboral de la Corte Suprema de Justicia, desestimó las razones de la alzada y
confirmó el fallo de primera instancia, al considerar que el mecanismo de
amparo constitucional en el presente caso resulta improcedente, por cuanto
pretende dejar sin efectos una providencia judicial, sin que de la revisión de la
misma se advierta que es una decisión caprichosa o arbitraria del juzgador de
instancia, pues fue debidamente sustentada con fundamento en la ley y en la
jurisprudencia aplicable.

III. FUNDAMENTOS JURÍDICOS DE LA DECISIÓN

1.- Competencia

La Corte Constitucional es competente, a través de esta Sala, para revisar la


sentencia proferida por el juez de segunda instancia, dentro del proceso de la

2 M.P. Clara Inés Vargas Hernández.

11
referencia, con fundamento en lo dispuesto por los artículos 86 y 241, numeral
9º, de la Constitución Política, en concordancia con los artículos 31 a 36 del
Decreto 2591 de 1991 y en cumplimiento de lo ordenado por el auto de 13 de
septiembre de 2012, proferido por la Sala de Selección número nueve.

2. Procedibilidad de la acción de tutela

2.1. Legitimación activa

El artículo 86 de la Carta establece que toda persona tendrá derecho a acudir a


la acción de tutela para reclamar ante los jueces, por sí misma o por quien
actúe a su nombre, la protección inmediata de sus derechos fundamentales,
cuando quiera que éstos resulten vulnerados o amenazados por la acción o la
omisión de cualquier autoridad pública.

Precepto que es desarrollado por el artículo 10º del Decreto 2591 de 1991, el
cual dispone que:

“La acción de tutela podrá ser ejercida, en todo momento y lugar,


por cualquiera persona vulnerada o amenazada en uno de sus
derechos fundamentales, quien actuará por sí misma o a través de
representante. Los poderes se presumirán auténticos.

También se pueden agenciar derechos ajenos cuando el titular de


los mismos no esté en condiciones de promover su propia defensa.
Cuando tal circunstancia ocurra, deberá manifestarse en la
solicitud. También podrá ejercerla el Defensor del Pueblo y los
personeros municipales.”

En esta oportunidad, la acción de tutela fue presentada, mediante apoderada,


por la señora Sandra Edith Pedraza Sánchez, quien confirió mandato en el
curso del trámite de la presente demanda, y en vista de que aduce la condición
de víctima de la violación de los derechos fundamentales en discusión,
claramente se encuentra legitimada para actuar en esta causa.

2.2. Legitimación pasiva

El Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Familia,


demandado, se encuentra legitimado como parte pasiva en el presente asunto,
con fundamento en lo dispuesto en los artículo 5º y 42 del Decreto 2591 de
1991, debido a que se le atribuye la vulneración de los derechos
fundamentales cuyo amparo se solicita.

3. Problema Jurídico

Corresponde a la Sala Cuarta de Revisión, determinar si se configura el


defecto fáctico atribuido por la actora a la providencia proferida el 19 de abril
de 2012 por la autoridad judicial accionada, que negó el decreto y práctica de
las pruebas consistentes en una grabación magnetofónica de conversaciones y

12
la inspección judicial a la cuenta electrónica de su cónyuge, por considerarlas
vulneratorias del derecho a la intimidad.

Antes de abordar el caso concreto se realizará un análisis jurisprudencial de


temas como: (i) la procedencia excepcional de la acción de tutela contra
providencias judiciales. Reiteración de jurisprudencia, (ii) el derecho a la
intimidad entre cónyuges o compañeros permanentes, (iii) el correo
electrónico como medio de comunicación privada. La interceptación de
comunicaciones en el ámbito intrafamiliar y, (iv) la nulidad constitucional de
grabaciones subrepticias de conversaciones.

4. Procedencia excepcional de la acción de tutela contra providencias


judiciales. Reiteración de jurisprudencia

Como es sabido, en abundante jurisprudencia de este tribunal se ha señalado y


reconocido que, por regla general, la acción de tutela es improcedente contra
providencias judiciales, por cuanto (i) se trata de decisiones que configuran
ámbitos ordinarios de reconocimiento y realización de los derechos
fundamentales, proferidas por funcionarios profesionalmente formados para
aplicar la Constitución y la ley; (ii) por el valor de cosa juzgada de las
sentencias que resuelven las controversias planteadas entre ellos y la garantía
del principio de seguridad jurídica y; (iii) por la autonomía e independencia de
la jurisdicción en la estructura del poder público propia de un régimen
democrático.

No obstante, el máximo órgano de la jurisdicción constitucional ha advertido


desde la sentencia C-543 de 19923, que el ejercicio del mecanismo tutelar es
posible contra providencias judiciales de manera excepcional y restrictiva,
cuando el pronunciamiento del funcionario judicial configura una vía de
hecho, producto de la arbitrariedad y de la incorrecta interpretación y
aplicación del ordenamiento jurídico.

Así mismo, la Corte en Sentencia T-217 de 2010, indicó que solo procede la
acción de tutela contra providencias judiciales “en aquellos eventos en que se
establezca una actuación del juzgador, manifiestamente contraria al orden
jurídico y violatoria de derechos fundamentales, en especial, de los derechos
al debido proceso y al acceso a la administración de justicia. En estos casos,
el control en sede de amparo constitucional se justifica, toda vez que los
pronunciamientos judiciales que no se ajustan a las reglas preestablecidas, y
que afectan de forma indebida los derechos fundamentales, constituyen en
realidad una desfiguración de la actividad judicial, que termina por
deslegitimar la autoridad confiada al juez para administrar justicia, y que
debe ser declarada constitucionalmente para dar primacía al derecho
sustancial y salvaguardar los derechos fundamentales de los administrados.”

3 M.P. José Gregorio Hernández Galindo.


M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo.

13
Por otro lado, este Tribunal Constitucional determinó, en la sentencia C-590
de 20054 y en múltiples pronunciamientos posteriores, que para que una
providencia proferida por un juez de la república sea materia de revisión a
través del ejercicio de la acción tuitiva, es necesario que le anteceda el
cumplimiento de unas condiciones generales, las cuales, una vez constatadas,
es labor del juez de tutela establecer si en el caso concreto se configura alguna
de las causales especiales de procedibilidad o defectos materiales.

En lo que atañe a los requisitos generales, también denominados formales, la


Corte ha señalado que son aquellos presupuestos que deben ser
obligatoriamente cumplidos, so pena que el juez constitucional no valore de
fondo el asunto materia de revisión. Dichas condiciones son las siguientes:

“a. Que la cuestión que se discuta resulte de evidente relevancia


constitucional. Como ya se mencionó, el juez constitucional no
puede entrar a estudiar cuestiones que no tienen una clara y
marcada importancia constitucional so pena de involucrarse en
asuntos que corresponde definir a otras jurisdicciones5. En
consecuencia, el juez de tutela debe indicar con toda claridad y de
forma expresa porqué la cuestión que entra a resolver es
genuinamente una cuestión de relevancia constitucional que afecta
los derechos fundamentales de las partes.

b. Que se hayan agotado todos los medios -ordinarios y


extraordinarios- de defensa judicial al alcance de la persona
afectada, salvo que se trate de evitar la consumación de un
perjuicio iusfundamental irremediable6. De allí que sea un deber
del actor desplegar todos los mecanismos judiciales ordinarios que
el sistema jurídico le otorga para la defensa de sus derechos. De no
ser así, esto es, de asumirse la acción de tutela como un mecanismo
de protección alternativo, se correría el riesgo de vaciar las
competencias de las distintas autoridades judiciales, de concentrar
en la jurisdicción constitucional todas las decisiones inherentes a
ellas y de propiciar un desborde institucional en el cumplimiento de
las funciones de esta última.

c. Que se cumpla el requisito de la inmediatez, es decir, que la


tutela se hubiere interpuesto en un término razonable y
proporcionado a partir del hecho que originó la vulneración7. De lo
contrario, esto es, de permitir que la acción de tutela proceda meses
o aún años después de proferida la decisión, se sacrificarían los
principios de cosa juzgada y seguridad jurídica ya que sobre todas
las decisiones judiciales se cerniría una absoluta incertidumbre que

4 M.P. Jaime Córdoba Triviño.


5 Sentencia T-173 del 4 de mayo de 1993, M.P. José Gregorio Hernández Galindo.
6 Sentencia T-504 del 8 de mayo de 2000, M.P. Antonio Barrera Carbonell.
7 Ver entre otras la Sentencia T-315 del 1 de abril de 2005, M.P. Jaime Córdoba Triviño.

14
las desdibujaría como mecanismos institucionales legítimos de
resolución de conflictos.

d. Cuando se trate de una irregularidad procesal, debe quedar


claro que la misma tiene un efecto decisivo o determinante en la
sentencia que se impugna y que afecta los derechos
fundamentales de la parte actora8. No obstante, de acuerdo con la
doctrina fijada en la Sentencia C-591-05, si la irregularidad
comporta una grave lesión de derechos fundamentales, tal como
ocurre con los casos de pruebas ilícitas susceptibles de imputarse
como crímenes de lesa humanidad, la protección de tales derechos
se genera independientemente de la incidencia que tengan en el
litigio y por ello hay lugar a la anulación del juicio.

e. Que la parte actora identifique de manera razonable tanto los


hechos que generaron la vulneración como los derechos
vulnerados y que hubiere alegado tal vulneración en el proceso
judicial siempre que esto hubiere sido posible 9. Esta exigencia es
comprensible pues, sin que la acción de tutela llegue a rodearse de
unas exigencias formales contrarias a su naturaleza y no previstas
por el constituyente, sí es menester que el actor tenga claridad en
cuanto al fundamento de la afectación de derechos que imputa a la
decisión judicial, que la haya planteado al interior del proceso y
que dé cuenta de todo ello al momento de pretender la protección
constitucional de sus derechos.

f. Que no se trate de sentencias de tutela10. Esto por cuanto los


debates sobre la protección de los derechos fundamentales no
pueden prolongarse de manera indefinida, mucho más si todas las
sentencias proferidas son sometidas a un riguroso proceso de
selección ante esta Corporación, proceso en virtud del cual las
sentencias no seleccionadas para revisión, por decisión de la sala
respectiva, se tornan definitivas”11 (Negrilla fuera del texto
original).

Respecto a los requisitos especiales, también conocidos como materiales, la


jurisprudencia constitucional ha señalado que son los vicios o defectos
contenidos en el fallo judicial y que constituyen el fundamento de la
vulneración de las garantías fundamentales.

“a. Defecto orgánico. El cual se configura cuando el funcionario


judicial que profirió la providencia impugnada, carece,
absolutamente, de competencia para ello. Dicho en otras palabras,
tal defecto se estructura en los eventos en que la decisión
8 Sentencia T-008 del 22 de enero de 1998, M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
9 Sentencia T-658 del 11 de noviembre de 1998, M.P. Carlos Gaviria Díaz.
10 Sentencias T-088 del 17 de febrero de 1999, M.P. José Gregorio Hernández Galindo y SU-1219
del 21 de noviembre de 2001, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
11 Ver Sentencia C-590 de 2005.

15
cuestionada vía tutela, ha sido proferida por un operador jurídico
jurídicamente incompetente.

b. Defecto procedimental absoluto. Que se origina cuando el juez


ha actuado completamente al margen del procedimiento
establecido, es decir, cuando éste se aparta abiertamente y sin
justificación válida, de la normatividad procesal que era aplicable
al caso concreto. Sobre este defecto, ha expresado la Corte, que al
ignorar completamente el procedimiento determinado por la ley, el
juez termina dictando una sentencia contraria a derecho,
arbitraria, que vulnera derechos fundamentales. No obstante,
también la jurisprudencia ha precisado que para configurar el
defecto, el desconocimiento del procedimiento debe atender a los
siguientes requisitos: (i) debe ser un error trascendente y
manifiesto, que afecte de manera grave el derecho al debido
proceso y tenga a su vez una influencia directa en la decisión de
fondo adoptada; y (ii) y que la deficiencia no resulte atribuible al
afectado.

Así, por ejemplo, la Corte ha encontrado que se configura un


defecto procedimental, en los siguientes casos: (i) cuando se deja de
notificar una decisión judicial a raíz de lo cual la parte pierde
arbitrariamente la oportunidad de controvertir dicha decisión. Sin
embargo, si la falta de notificación no tiene efectos procesales
importantes, o si se deriva de un error del afectado, o si la misma
no produjo verdaderamente un efecto real, lo cual puede ocurrir
porque el afectado tuvo oportunidad de conocer el acto por otros
medios, no procederá la tutela; (ii) cuando existe una dilación
injustificada, tanto en la adopción de decisiones como en el
cumplimiento de las mismas por parte del juez; cuando la autoridad
judicial pretermite la recepción y el debate de unas pruebas cuya
práctica previamente había sido ordenada; y (iii) cuando resulta
evidente que una decisión condenatoria en materia penal, se
produjo como consecuencia de una clara deficiencia en la defensa
técnica, siempre que sea imputable al Estado.

c. Defecto fáctico. Este surge cuando el juez carece del apoyo


probatorio que permita la aplicación del supuesto legal en el que se
sustenta la decisión. Se estructura, entonces, siempre que existan
fallas sustanciales en la decisión, que sean atribuibles a
deficiencias probatorias del proceso. Según esta Corporación, el
fundamento de la intervención del juez de tutela por deficiencias
probatorias en el proceso, radica en que, no obstante las amplias
facultades discrecionales con que cuenta el juez del proceso para el
análisis del material probatorio, éste debe actuar de acuerdo con
los principios de la sana crítica, es decir, con base en criterios
objetivos y racionales. En ese contexto, la Corte ha explicado que
las deficiencias probatorias pueden generarse como consecuencia
de: (i) una omisión judicial, como puede ser la falta de práctica y

16
decreto de pruebas conducentes al caso debatido, presentándose
una insuficiencia probatoria; (ii) o por vía de una acción positiva,
como puede ser la errada interpretación de las pruebas allegadas
al proceso, o la valoración de pruebas que son nulas de pleno
derecho o que son totalmente inconducentes al caso concreto,
presentándose, en el primer caso, un defecto por interpretación
errónea, y en el segundo, un defecto por ineptitud e ilegalidad de la
prueba.

En punto a los fundamentos y al margen de intervención que tiene


el juez de tutela para configurar la ocurrencia de un defecto fáctico,
la Corte ha fijado los siguientes criterios de aplicación:

- La intervención del juez de tutela, frente al manejo dado por el


juez natural es, y debe ser, de carácter extremadamente reducido. El
respeto por el principio de autonomía judicial y el principio del juez
natural, impiden que en sede de tutela se lleve a cabo un examen
exhaustivo del material probatorio.

- Las diferencias de valoración que puedan surgir en la


apreciación de una prueba no pueden considerarse ni calificarse
como errores fácticos. Frente a interpretaciones diversas y
razonables, es el juez natural quien debe determinar, conforme a los
criterios de la sana critica, y en virtud de su autonomía e
independencia, cuál es la que mejor se ajusta al caso concreto. El
juez del proceso, en ejercicio de sus funciones, no sólo es autónomo
sino que sus actuaciones están amparadas por el principio de la
buena fe, lo que le impone al juez de tutela la obligación de asumir,
en principio y salvo hechos que acrediten lo contrario, que la
valoración de las pruebas realizadas por aquél es razonable y
legítima.

- Para que la acción de tutela pueda proceder por error fáctico,


‘[e]l error en el juicio valorativo de la prueba debe ser de tal
entidad que sea ostensible, flagrante y manifiesto, y el mismo debe
tener una incidencia directa en la decisión, pues el juez de tutela no
puede convertirse en una instancia revisora de la actividad de
evaluación probatoria del juez que ordinariamente conoce de un
asunto’12.

d. Defecto sustantivo o material. Se presenta cuando la decisión


judicial adoptada por el juez, desborda el marco de acción que la
Constitución y la ley le reconocen, al sustentarse aquella en
disposiciones claramente inaplicables al caso concreto. Sobre el
particular, esta Corporación ha sostenido, que cuando una decisión
judicial se soporta en una norma jurídica manifiestamente
equivocada, que la excluye del marco de la juridicidad y de la

12 Sentencia T-590 del 27 de agosto de 2009, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.

17
hermenéutica, aquella pasa a ser una simple manifestación de
arbitrariedad, que debe dejarse sin efectos, para lo cual la acción
de tutela pasa a ser el mecanismo idóneo y apropiado. Al respecto,
ha explicado la Corte que tal situación de arbitrariedad se presenta
cuando se aplica: (i) una norma inexistente; (ii) o que ha sido
derogada o declarada inexequible; (iii) o que estando vigente,
resulta inconstitucional frente al caso concreto y el funcionario se
haya abstenido de aplicar la excepción de inconstitucionalidad; (iv)
o que estando vigente y siendo constitucional, la misma es
incompatible con la materia objeto de definición judicial.

e. Error inducido o por consecuencia. Tiene lugar, en los casos en


que el juez o tribunal ha sido víctima de un engaño por parte de
terceros, y ese engaño lo conduce a la adopción de una decisión
que afecta derechos fundamentales. En estos eventos, la providencia
judicial se soporta en hechos o situaciones en cuya realización
participan personas obligadas a colaborar con la administración
de justicia -autoridades o particulares-, y cuyo manejo irregular
induce en error al funcionario judicial, con grave perjuicio para los
derechos fundamentales de alguna de las partes o de terceros.

f. En una decisión sin motivación. Se configura frente al


incumplimiento de los servidores judiciales de dar cuenta de los
fundamentos fácticos y jurídicos de sus decisiones, en el entendido
que, precisamente, en tal motivación reposa la legitimidad de su
órbita funcional y, por tanto, de las providencias que les competen
proferir.

g. En desconocimiento del precedente judicial. Se presenta en


aquellos casos en los cuales la autoridad judicial, a través de sus
pronunciamientos, se aparta del precedente jurisprudencial que le
resulta aplicable al caso, sin ofrecer un mínimo razonable de
argumentación jurídica que justifique tal cambio de jurisprudencia.
Ocurre, por ejemplo, cuando la Corte Constitucional establece el
alcance de un derecho fundamental y el juez ordinario aplica una
ley limitando sustancialmente dicho alcance. En estos casos la
tutela procede como mecanismo para garantizar la eficacia jurídica
del contenido constitucionalmente vinculante del derecho
fundamental vulnerado. Se presenta igualmente, cuando el juez del
proceso ignora el alcance de una ley, fijado por la Corte
Constitucional con efectos erga omnes.

h. En violación directa de la Constitución. La misma tiene lugar,


entre otros eventos, cuando, amparada en la discrecionalidad
interpretativa, la decisión judicial se desborda en perjuicio de los
derechos fundamentales de los asociados amparados por la Carta.”

Colofón de lo adverado, es que la acción de tutela, como mecanismo de


protección inmediata de los derechos fundamentales, procede

18
excepcionalmente para controvertir el sentido y alcance de las decisiones
judiciales, siempre que (i) se cumplan los requisitos generales de
procedibilidad, (ii) la decisión debatida por esta vía haya incurrido en uno o
varios defectos o vicios específicos, y (iii) se determine que el vicio o defecto
es de tal trascendencia que implica la amenaza o la afectación de derechos
fundamentales13.

5. El defecto fáctico como causal específica de procedibilidad de la acción


de tutela contra providencias judiciales. Reiteración de jurisprudencia

La jurisprudencia de esta Corporación ha considerado que el mecanismo de


amparo constitucional se torna procedente cuando se está frente a una
irrazonable valoración de la prueba realizada por el juez en su providencia.

En ese sentido, la irregularidad en el juicio valorativo debe ser ostensible,


flagrante y manifiesta, es decir, de tal magnitud que incida directamente en el
sentido de la decisión proferida, so pena de convertirse el juez de tutela en una
instancia de revisión de la evaluación del material probatorio realizada por el
juez natural.

En relación con este asunto, el tribunal constitucional ha señalado que el


defecto fáctico se puede presentar en una dimensión negativa y en una
positiva14.

Respecto a la primera tipología, es de mencionar que comprende las fallas


protuberantes en la valoración de las pruebas concluyentes, esto es, que
identifican la veracidad de los hechos analizados por el juez. Dentro de este
supuesto pueden ubicarse la negativa o valoración arbitraria, irracional y
caprichosa o cuando se omite apreciar la prueba y, sin justificación válida, se
desatiende la circunstancia que, de manera clara y objetiva, de ella se deduce.

Así las cosas, las siguientes hipótesis se pueden catalogar dentro de esta
tipología de la irregularidad en comento: (i) la omisión en el decreto y práctica
de pruebas, (ii) la no valoración del material probatorio y, (iii) el
desconocimiento de las reglas de la sana crítica, que comprende la omisión en
considerar elementos probatorios que constan en el proceso, o cuando no se
advierten o simplemente no se tienen en cuenta para fundamentar la decisión.

En cuanto a la segunda dimensión, cabe resaltar que se configura cuando el


juez valora pruebas determinantes y esenciales de lo resuelto en la providencia
cuestionada, que no ha debido admitir ni evaluar, ya sea porque se recaudaron
indebidamente (art. 29 C.P.) o porque tiene por establecidas circunstancias, sin
que existan elementos probatorios que motiven lo resuelto, transgrediendo así
el Texto Superior.

13 Sentencia T-018 del 20 de enero de 2012, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
14 Sentencia T-112 del 20 de febrero de 2012, M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo.

19
Justamente en este punto juega un papel de enorme importancia lo dicho por
la Corte Constitucional en la sentencia T-786 de 2011, acerca de la
configuración del defecto fáctico:

“(…) la simple discrepancia sobre la interpretación que pueda


surgir en el debate jurídico y probatorio en un caso, no puede
constituir por sí misma, una irregularidad o defecto que amerite
infirmar la decisión judicial mediante acción de tutela, debido a
que ello conllevaría admitir la superioridad en el criterio
valorativo del juez constitucional, respecto del juez ordinario, con
clara restricción del principio de autonomía judicial. Cuando se
está frente a interpretaciones diversas y razonables, el juez del
conocimiento debe establecer, siguiendo la sana crítica, cuál es la
que mejor se ajusta al caso analizado “El juez, en su labor, no
sólo es autónomo, sino que sus actuaciones se presumen de buena
fe. En consecuencia, el juez de tutela debe partir de la corrección
de la decisión judicial, así como de la valoración de las pruebas
realizadas por el juez natural.” 15

En armonía con lo expuesto, es menester indicar que la restringida


procedencia de la acción tuitiva de derechos fundamentales en materia de
interpretación y valoración de pruebas, se cimenta en la libertad de
apreciación racional de los medios persuasivos allegados al proceso en debida
forma, predicable del juez natural.

Por otro lado y dada su inescindible relación con el caso en autos, resulta
pertinente hacer especial énfasis en la configuración de un defecto fáctico
fundado en la negativa a la práctica o valoración de pruebas por un juez dentro
del proceso que dirige.

Al respecto, valga traer a colación lo señalado por el Tribunal Constitucional


en sentencia SU-132 de 200216:

“La negativa a la práctica o valoración de un medio probatorio por


un juez dentro del proceso que dirige, puede estar sustentada en la
ineficacia de ese medio para cumplir con la finalidad de demostrar
los hechos en que se soporta una determinada pretensión, toda vez
que constituye un derecho para todas las personas presentar
pruebas y controvertir las que se presenten en su contra. La Corte
manifestó que “...la negativa a la práctica de pruebas sólo puede
obedecer a la circunstancia de que ellas no conduzcan a establecer
la verdad sobre los hechos materia del proceso o que estén
legalmente prohibidas o sean ineficaces o versen sobre hechos
notoriamente impertinentes o se las considere manifiestamente
superfluas (arts. 178 C.P.C y 250 C.P.P); pero a juicio de esta
Corte, la impertinencia, inutilidad y extralimitación en la petición

15 M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.


16 M.P. Álvaro Tafur Galvis.

20
de la prueba debe ser objetivamente analizada por el investigador y
ser evidente, pues debe tenerse presente que el rechazo de una
prueba que legalmente sea conducente constituye una violación del
derecho de defensa y del debido proceso”.

6. El derecho a la intimidad entre cónyuges o compañeros permanentes


 
El artículo 15 Superior, expresamente consagró que la correspondencia y
demás formas de comunicación privada son inviolables:

“Todas las personas tienen derecho a su intimidad personal y


familiar y a su buen nombre, y el Estado debe respetarlos y hacerlos
respetar. De igual modo, tienen derecho a conocer, actualizar y
rectificar las informaciones que se hayan recogido sobre ellas en
bancos de datos y en archivos de entidades públicas y privadas.
 
En la recolección, tratamiento y circulación de datos se respetarán
la libertad y demás garantías consagradas en la Constitución.
 
La correspondencia y demás formas de comunicación privada son
inviolables. Sólo podrán ser interceptadas o registradas mediante
orden judicial, en los casos y con las formalidades que establezca la
ley.
 
Para efectos tributarios o judiciales y para los casos de inspección
vigilancia e intervención del Estado podrá exigirse la presentación
de libros de contabilidad y demás documentos privados, en los
términos que señale la ley.”
 
Por otro lado, cabe recordar que los siguientes instrumentos internacionales
han brindado una amplia protección al derecho en comento: la Declaración
Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos, el Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y las
Libertades Fundamentales y la Convención Americana sobre Derechos
Humanos.

De igual manera, esta Corporación, reafirmando la incuestionable importancia


de la garantía fundamental en alusión, en sentencia T-916 de 2008, indicó:

“En relación con el derecho a la intimidad, reiteradamente la Corte


ha considerado que permite y garantiza contar con una esfera o
espacio de vida privada no susceptible de la interferencia arbitraria
de las demás personas, que al ser considerado un elemento esencial
del ser, se concreta en el derecho a poder actuar libremente en la
mencionada esfera o núcleo, en ejercicio de la libertad personal y
familiar, sin mas limitaciones que los derechos de los demás y el
ordenamiento jurídico.”

M.P. Clara Inés Vargas Hernández.

21
 
En tal contexto, la jurisprudencia ha entendido el derecho a la intimidad como
la facultad que implica “exigir de los demás el respeto de un ámbito exclusivo
que incumbe solamente al individuo, que es resguardo de sus posesiones
privadas, de sus propios gustos y de aquellas conductas o actitudes
personalísimas que no está dispuesto a exhibir, y en el que no caben
legítimamente las intromisiones externas. (…) Adicionalmente, puede decirse
que el derecho a la intimidad es un derecho disponible. Ciertas personas,
según su criterio, pueden hacer públicas conductas que otros optarían por
mantener reservadas.”

Del mismo modo, cabe resaltar que la garantía en comento se manifiesta de


diversas formas, tales como la intimidad personal, familiar, social o gremial,
todas las cuales se encuentran amparadas por el artículo 15 Superior y se
presentan en ámbitos como las relaciones familiares, costumbres, prácticas
sexuales, salud, domicilio, comunicaciones personales, espacios para la
utilización de datos a nivel informático, creencias religiosas, secretos
profesionales y, todo aquel comportamiento del individuo que solamente
puede llegar a los demás, siempre y cuando el mismo sujeto autónomamente
decida permitir su conocimiento al público.

En consecuencia, al ser la intimidad un espacio intangible, personalísimo, que


no hace parte de la esfera pública, nadie puede ser objeto de injerencias
arbitrarias, so pena de sufrir una restricción injustificada de su autonomía y de
sus posibilidades de libre acción. Por ende, la intimidad solamente admite
intromisiones o limitaciones cuando estas sean constitucionalmente legítimas
y justificadas.

Por su pertinencia en el estudio del caso bajo revisión, resulta imperioso hacer
alusión al derecho a la intimidad en el ámbito de las relaciones intrafamiliares,
sobre el que cabe indicar que todos los miembros de ese grupo gozan de esta
garantía, lo cual implica que aquello que cada uno de los individuos del
núcleo familiar se reserva para sí y no exterioriza ni siquiera a su círculo
familiar más próximo, integra la órbita de lo exclusivo y, por ende, merece
respeto.

Al respecto, valga recordar lo expresado por la Corte en la sentencia T-916 de


2008:

“En efecto, el derecho a la intimidad reserva, por ejemplo para los


cónyuges o compañeros permanentes, un espacio vital de
autonomía que garantiza a su vez su derecho a la libertad, el cual
no puede soportar injerencias arbitrarias al ser invadido por el otro
cónyuge o compañero permanente, sin su consentimiento. Lo
anterior, bajo el reconocimiento implícito de la relatividad de los

Sentencia T-552 de 30 de octubre de 1997. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.


Sentencia T-233 de 29 de marzo de 2007. M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra.
Sentencia T-210 de 27 de abril de 1994. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.

22
derechos, que implica la exigibilidad de los deberes que
corresponden en razón del compromiso de convivencia bajo el
mismo techo, y la ayuda y socorro mutuos”.
 
Por otro lado, es de indicar que una de las manifestaciones del derecho a la
intimidad en el ámbito familiar es precisamente el derecho a la inmunidad
penal, según el cual, “nadie podrá ser obligado a declarar contra sí mismo o
contra su cónyuge, compañero permanente o parientes dentro del cuarto
grado de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil”.
 
Respecto a la vulneración de este derecho fundamental, esta Corte ha
manifestado que puede configurarse a través de tres maneras, a saber: (i) la
intrusión o intromisión irracional en la órbita que cada persona se ha
reservado; (ii) la divulgación de los hechos privados y; (iii) la presentación
tergiversada o mentirosa de circunstancias personales, aspectos los dos
últimos que vulneran los derechos a la honra y al buen nombre.
 
Tales situaciones atentatorias de la garantía en estudio fueron desarrolladas
por esta Corporación en sentencia T-696 de 1996:

“(…) (i) La intromisión en la intimidad de la persona, sucede con el


simple hecho de ingresar en el campo que ella se ha reservado. Es
un aspecto meramente material, físico, objetivo, independiente de
que lo encontrado en dicho interior sea publicado o de los efectos
que tal intrusión acarree. Cabe en este análisis la forma en que el
agente violador se introduce en la intimidad del titular del derecho
y no tanto el éxito obtenido en la operación o el producto de la
misma, que se encuentran en el terreno de la segunda forma de
vulneración antes señalada. (ii) En la divulgación de hechos
privados incurre quien presenta al público una información cierta,
veraz, pero no susceptible de ser compartida, es decir, perteneciente
al círculo íntimo de cada quien, siempre y cuando no se cuente con
autorización para hacerlo bien de su titular, bien de autoridad
competente. En esta forma de vulneración, a contrario sensu, es
necesario el estudio del producto obtenido con la intrusión en la
intimidad del afectado, para compararlo con su realidad familiar,
social, laboral, etc. y, (iii) Por oposición a la anterior, la
presentación falsa de aparentes hechos íntimos no corresponde con
la realidad y, en esa medida, puede atribuir a la persona afectada
cualidades que no tiene o, en el peor de los casos, puede ser
difamatoria, con lo cual, se repite, la vulneración del derecho a la
intimidad podría traer consigo la violación de otros derechos
también fundamentales, como la honra y el buen nombre”.
 

M.P. Clara Inés Vargas Hernández.


Artículo 33 de la Constitución Política.
M.P. Fabio Morón Díaz.

23
Adicionalmente, cabe agregar que la transgresión a la intimidad en el ámbito
de las relaciones intrafamiliares también puede configurarse cuando un
miembro de la familia, inclusive uno de los cónyuges o compañero
permanente, ingresa sin autorización en el campo reservado por otro individuo
de la familia con miras a indagar asuntos que aquel se ha reservado para sí y
ha considerado que no los quiere compartir ni siquiera con las personas más
próximas de su núcleo familiar. De igual manera, se produce cuando se
divulga la información obtenida y cuando se tergiversa la misma.

7. El derecho a la intimidad puede ser susceptible de restricción como


consecuencia de la ponderación con otros intereses que también gozan de
relevancia constitucional

Dado que en el caso sub examine el derecho a la intimidad resulta


comprometido con el decreto de la práctica de las pruebas solicitadas por la
accionante, es pertinente realizar algunas precisiones relativas a la posibilidad
de restringir la garantía en mención ante ciertas circunstancias y bajo el
cumplimiento de determinados requisitos señalados por la jurisprudencia de
esta Corte.

Para iniciar, cabe destacar que la intimidad personal goza de un trato distintivo
según sea si su titular es un personaje público o un particular, toda vez que en
razón a la investidura que ostenta la primera categoría de personas y a que
realizan actuaciones de interés general, su espectro de protección se encuentra
reducido.

Por otra parte, es de señalar que como lo ha venido reiterando la


jurisprudencia constitucional, el derecho a la intimidad es una garantía de
raigambre fundamental que propende a la protección de la interferencia
arbitraria de externos (agentes del Estado o personas privadas) en la esfera
ontológica y personal de los asociados. Dicho espectro se encuentra integrado
por aspectos de interés exclusivo del interesado o sus allegados, constituyendo
per se un elemento esencial del ser, que se materializa en el poder actuar
libremente dentro dicho ámbito, ejerciendo así la libertad personal y familiar y
teniendo como límites exclusivos los derechos de los demás y el ordenamiento
jurídico.

De igual manera, se debe subrayar que en múltiples pronunciamientos, la


Corte ha señalado que lo anterior no constituye razón suficiente para revestir a
la garantía en mención de un carácter absoluto, pues ante circunstancias
especiales, como por ejemplo, cuando se encuentra comprometido el interés
general, se perjudica la convivencia pacífica, se amenaza el orden justo o en
tratándose de personas y hechos de importancia pública, el derecho a la
información prevalece sobre la intimidad, pues si bien es cierto la garantía en
desarrollo es inalienable e imprescriptible, admite limitación por causas
legítimas y debidamente justificadas constitucionalmente17.

M.P. Clara Inés Vargas Hernández.


17 Al respecto, véase la Sentencia C-640 del 18 de agosto de 2010, M.P. Mauricio González Cuervo.

24
En ese orden de ideas y dado que cierta información del titular del derecho a
la intimidad puede interesar jurídicamente a la comunidad, esta garantía es de
carácter relativo, lo cual implica asentir que bajo determinadas circunstancias,
como las anteriormente enunciadas, cierta información individual puede y
debe ser divulgada18.

Igualmente, esta Corporación ha señalado que pese su iusfundamentalidad,


cuando median razones legítimas y debidamente justificadas en el Texto
Superior, la intimidad puede ser restringida como resultado de la interrelación
de otros intereses también constitucionalmente relevantes, siempre y cuando
su limitación se caracterice por: (i) ser necesaria para lograr el fin
legítimamente previsto; (ii) ser proporcional para alcanzar el fin y; (iii) no
afectar su núcleo esencial19.

Frente a esto, juega un papel de enorme importancia lo señalado por la Corte


en sentencia T-692 de 200320:

“El reconocimiento de que el derecho a la intimidad puede verse


sometido a restricciones significa, sin más, que cierta información
del individuo interesa jurídicamente a la comunidad. Admitir que el
derecho a la intimidad no es absoluto implica asentir que en ciertas
ocasiones, cuando el interés general se ve comprometido y se
perjudica la convivencia pacífica o se amenaza el orden justo,
cierta información individual puede y debe ser divulgada”.

De lo anterior se infiere que, al ser la intimidad un derecho de carácter


disponible, con el transcurso de la vida corriente y como consecuencia de las
relaciones interpersonales que la misma implica, el titular de esta garantía se
vea impelido a sacrificarla en aras de dar prevalencia al orden social y al
interés general o ante la concurrencia con otros derechos o principios 21, tales
como la libertad de información o expresión, la estabilidad familiar y los
derechos de los niños, niñas y adolescentes, los cuales conforme a lo
dispuesto en el artículo 44 superior gozan de carácter prevalente.

Igualmente y dada la relación que guarda con el tema en desarrollo, valga


recordar que la Corte, en sentencia SU-159 de 200222, reconoció que la
garantía a la intimidad no es absoluta y que en algunos casos, como por
ejemplo, en aquellos de relevancia pública, el derecho a la información
prevalece sobre esta.

18 Ver, entre otras, la Sentencia T-768 del 31 de julio de 2008, M.P. Clara Inés Vargas Hernández.
19 Corte Constitucional, Sentencia T-517 del 21 de septiembre de 1998, M.P. Alejandro Martínez
Caballero.
20 Al respecto, véase la Sentencia C-692 del 12 de agosto de 2003, M.P. Marco Gerardo Monroy
Cabra.
21 Al respecto, véase la Sentencia T-552 del 30 de octubre de 1997, M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
22 M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.

25
“En cuanto a la protección de las comunicaciones privadas contra
interceptaciones arbitrarias, esta Corporación ha reiterado que el
derecho a la intimidad garantiza a los asociados una esfera o
espacio de su vida privada, inmune a la interferencia arbitraria de
otros, en especial si la interceptación es realizada por agentes del
Estado, pero también cuando esa interferencia es realizada por
personas privadas, como cuando, por ejemplo, se divulgan a través
de los medios de comunicación situaciones o circunstancias que
sean de exclusivo interés de la persona o sus allegados. Esa
doctrina constitucional también ha reconocido que el derecho a la
intimidad no es absoluto y ha señalado, por ejemplo, que cuando se
trata de personas y hechos de importancia pública, el derecho a la
información prevalece prima facie sobre el derecho a la intimidad”.

8. Caso Concreto

Como quedó expuesto, la señora Sandra Edith Pedraza Sánchez solicita la


protección de sus derechos constitucionales al debido proceso, a la integridad
personal y a la vida digna y, los derechos de los niños, niñas y adolescentes
predicables de sus dos hijas menores de edad, los cuales considera vulnerados
con ocasión de la providencia proferida por el Tribunal Superior de Distrito
Judicial de Bogotá, Sala de Familia, el 19 de abril de 2012, dentro del proceso
verbal de divorcio que promovió.

En efecto, la actora instauró proceso de divorcio del matrimonio civil


contraído con Wilson Gonzalo Camargo Guio, con fundamento en la causal
“los ultrajes, trato cruel y los maltratamientos de obra”, demanda que le
correspondió al Juzgado Primero de Familia del Circuito de Bogotá, autoridad
judicial que, el 1º de marzo de 2012, llevó a cabo la audiencia contemplada en
el artículo 432 C.P.C., en la que negó la admisión de las pruebas que más
adelante se precisan solicitadas con el fin de evidenciar el trato cruel,
amenazante y continuo al que era sometida por parte de su esposo: (i)
grabación magnetofónica de las conversaciones sostenidas entre las partes los
días 19 y 29 de agosto de 2011 e (ii) inspección judicial a la cuenta de correo
identificada con la dirección [email protected], negativa que el
juez de conocimiento cimentó en la vulneración del derecho a la intimidad del
demandado.

Inconforme con lo decidido, la actora, mediante apoderada, interpuso recurso


de reposición y en subsidio de apelación, argumentando que las pruebas
solicitadas, bajo ningún entendido, atentan contra el derecho a la intimidad del
señor Gonzalo Camargo Guio, puesto que estas involucran a las dos partes del
proceso. Aunado a ello, sostuvo que los elementos probatorios en mención son
determinantes para demostrar el trato cruel y los ultrajes ocasionados por su
esposo, quien la amenaza constantemente, involucrando así la seguridad de
sus menores y creando un ambiente de violencia dentro del hogar.

El juzgado de conocimiento negó el recurso de reposición y concedió el de


apelación en la misma diligencia, el cual fue resuelto por el Tribunal Superior

26
de Distrito Judicial de Bogotá, Sala Familia, mediante Auto de 19 de abril de
2012, que confirmó lo decidido por el a quo, motivando su decisión en que la
práctica de la prueba en cuestión suponía la transgresión del derecho a la
intimidad del señor Camargo Guio. De igual manera, arguyó que la
demandante cuenta con otros medios probatorios para demostrar la ocurrencia
de los hechos constitutivos de la causal de divorcio invocada.

Finalmente, la actora considera que la providencia, proferida por la autoridad


judicial accionada, omitiendo decretar y practicar las pruebas que solicitó,
constituye una vía de hecho por defecto fáctico fundada en que los supuestos
que pretende acreditar difícilmente se pueden dar a conocer con otros medios
de convicción.

En ese orden de ideas, esta Sala de Revisión estima que la cuestión que
merece mayor análisis constitucional en el caso de autos es la relativa a los
intereses que entran en colisión, para lo cual y, en aras de sopesar los
principios y derechos en pugna, considera imperioso acudir a la técnica de la
ponderación, a objeto de imprimirle a los mandatos implícitos la máxima
optimización posible.

Al respecto, valga anotar que la técnica mencionada tiene como finalidad


determinar cuál de las garantías en juego tiene un peso mayor y, por ende, cuál
de ellas determina la solución del caso.

Como primera medida, cabe destacar que los intereses materia de ponderación
son, por un lado, el derecho a la intimidad del señor Wilson Gonzalo Camargo
Guio y, por el otro, la integridad personal de la demandante, la integridad de la
familia y su protección como núcleo fundamental de la sociedad y los
derechos de los niños, niñas y adolescentes predicable en este caso de las
menores Sofía Camargo Pedraza e Isabella Camargo Pedraza, quienes,
conforme a lo manifestado por la accionante, se han visto forzadas a crecer en
un ambiente hostil y de violencia debido al maltrato psicológico, al irrespeto y
al sosiego doméstico que causa su padre.

Al confrontar las anteriores garantías y principios se tiene que en el caso sub


examine dicha dualidad desencadena una incompatibilidad normativa, que se
configura en razón a que del artículo 15 de la Constitución Política se deriva
el principio según el cual todas las personas tienen derecho a su intimidad
personal y familiar y a su buen nombre, y que el Estado debe respetarlos y
hacerlos respetar, mientras que de los artículos 42 y 44 se sigue que la familia
es el núcleo fundamental de la sociedad, el Estado y la sociedad garantizan su
protección integral y que los derechos de los niños prevalecen sobre los
derechos de los demás.

En tal virtud y dado que el decreto y práctica de las pruebas en cuestión


supondría la restricción de la intimidad del señor Camargo Guio, lo que a su
vez conduciría a la satisfacción de las garantías de la actora y sus hijas, es
menester definir si privilegiar los intereses de aquellas justifica la afectación
de la órbita protegida de la intimidad de aquel.

27
Para la Sala Cuarta de Revisión, el grado de afectación de las garantías a la
integridad personal, a la integridad de la familia y su protección, como núcleo
esencial de la sociedad, y los derechos de los niños, niñas y adolescentes, que
se derivaría de no decretar las pruebas solicitadas por la accionante, en aras de
honrar el postulado en contraposición, podría catalogarse como intenso. De
manera correlativa, la interferencia de la órbita protegida de la intimidad del
demandado cabría graduarse como media o leve. Tal valoración es la más
acertada teniendo en cuenta que pese a que los intereses en tensión ostentan
análoga jerarquía normativa, dado que ambos emanan del Texto Superior,
tanto en la sociedad como en la jurisprudencia constitucional se le ha
reconocido prevalencia a la estabilidad familiar y a los derechos de los niños,
niñas y adolescentes, motivo por el cual, las garantías cuya titularidad recae
sobre la actora y sus menores gozan de peso mayor.

No existiendo duda alguna en torno a la posibilidad de restringir el derecho a


la intimidad en ciertos eventos, como más adelante se verá y, teniendo en
cuenta que, incuestionablemente, el caso que hoy concita la atención de esta
Sala se enmarca dentro de unas características especialísimas, como el hecho
de estar en juego la integridad y estabilidad de una familia, núcleo
fundamental en un Estado Social de Derecho, e implícitos los derechos de los
menores que de ella hacen parte y que prevalecen sobre los demás, se torna
necesario sacrificar parte de la intimidad personal del señor Camargo Guio,
dada la concurrencia con otros derechos que, como resultado de la
ponderación esbozada, ameritan prelación, máxime si se tiene en cuenta que
tal limitación no necesariamente supone afectación del núcleo esencial del
derecho, si se tiene en cuenta que el decreto de las pruebas idóneas para
esclarecer unos hechos que comprometen los intereses superiores ya
identificados, cuya expansión en el ámbito de la realidad fenoménica para
posibilitar su percepción por terceros, es tan escasa, que difícilmente desborda
el ámbito de la relación de pareja, consideración según la cual recabarlos
acompasa con los principios de razonabilidad y proporcionalidad en que debe
estar inmersa la decisión sobre su aducción y valoración procesal.

Del mismo modo y dado que, como ya advirtió esta Corporación, en


reiterados pronunciamientos, entre ellos, la sentencia T-517 de 1998 23, ha
señalado que pese a la fundamentalidad de la garantía a la intimidad, cuando
median razones legítimas y debidamente justificadas constitucionalmente,
dicho derecho puede ser susceptible de limitación como resultado de la
interrelación de otros intereses también constitucionalmente relevantes,
siempre y cuando su restricción sea necesaria, proporcional y no afecte el
núcleo esencial. Replicando la citada directriz, para esta Sala de Revisión
resulta inevitable sacrificar en parte la intimidad del señor Camargo Guio en
aras de dar prevalencia a la integridad familiar y a los derechos de los niños,
niñas y adolescentes.

23 M.P. Alejandro Martínez Caballero.

28
En lo que atañe a la exclusión de la grabación de conversaciones que la
demandante pretende hacer valer por trasgredir la intimidad personal de
Gonzalo Camargo Guio, en la medida en que se realizó sin orden previa de la
autoridad judicial y, considerando lo expresado en la sentencia SU-132 de
200224, relativo a la configuración de un defecto fáctico fundado en la
negativa a la práctica o valoración de pruebas por un juez dentro del proceso
que dirige, esta Sala de Revisión reprueba la negativa de la valoración de los
medios probatorios aducidos por la señora Sandra Edith Pedraza Sánchez, por
cuanto claramente tienen vocación de conducir a establecer la verdad sobre
los hechos materia del proceso, razón por la cual la autoridad judicial
accionada no debió pretermitir, inlímine, valorar objetivamente su contenido y
alcance, máxime si se tiene en cuenta que los supuestos fácticos y jurídicos en
que discurre la controversia se enmarcan, como ya se anotó, en un contexto
reservado que difícilmente trascienden el ámbito de una relación de pareja,
con mínimos y posibilidades de poderse acreditar con medios de convicción
distintos de los que se pretenden hacer valer, sin desmedro del derecho de
contradicción que debe garantizarse a la contraparte, los cuales, además,
tendrán que ser sometidos al escrutinio científico y objetivo de la sana crítica
al momento de dictar sentencia.

En armonía con lo anterior y teniendo en cuenta que la prevalencia de las


garantías de la actora y sus hijas menores de edad deben priorizarse, se estima
que en el caso sub examine hay lugar a revocar la providencia proferida por el
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala Familia, el 19 de abril
de 2012, habida cuenta de que la causal específica de procedencia de la acción
de tutela invocada sí se configuró, toda vez que la impertinencia, inutilidad y
extralimitación en la petición de las pruebas no fue analizada objetivamente,
pues para esta Sala los medios probatorios en discusión resultan, a todas luces,
conducentes, pertinentes y útiles para acreditar la ocurrencia de los hechos
fundantes de la causal de divorcio invocada, los ultrajes, el trato cruel y los
maltratamientos de obra, si con ellos peligra la salud, la integridad corporal
o la vida de uno de los cónyuges, o de sus descendientes, o se hace imposibles
la paz y el sosiego doméstico.

No sobra reiterar, que por las específicas particularidades del caso en estudio
y, sobretodo porque el ámbito de ocurrencia de los hechos relacionados con la
problemática jurídica planteada, se enmarca dentro de la privacidad del hogar,
esta Sala considera que los fundamentos fácticos alegados por la accionante
como constitutivos de la causal de divorcio invocada son difíciles de acreditar
a través de otros elementos distintos a los solicitados.

Por consiguiente, aun cuando en principio las pruebas en discusión podrían


calificarse ilícitas, es de tener en cuenta que en el sub judice se encuentra
seriamente comprometido el interés general representado en la institución
familiar y los derechos de los menores de edad, los cuales, conforme al
artículo 44 superior, gozan de carácter preferente. Por ende, la rigidez en la

24 M.P. Álvaro Tafur Galvis.

29
negativa del decreto de los medios probatorios no puede considerarse como
absoluta.

Como corolario de lo anteriormente expuesto, fluye inevitable la


consideración según la cual se debe acceder al amparo deprecado, en
consecuencia, se revocará el fallo proferido por el ad quem.

IV. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Sala Cuarta de Revisión de la Corte


Constitucional, administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de
la Constitución,

RESUELVE:

PRIMERO. REVOCAR la sentencia proferida el diecisiete (17) de julio de


dos mil doce (2012) por la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de
Justicia que, a su vez, confirmó la dictada el seis (6) de junio de dos mil doce
(2012) por la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia y, en su
lugar, TUTELAR los derechos fundamentales al debido proceso, a la
integridad personal y a la vida digna de la señora Sandra Edith Pedraza
Sánchez y, los derechos de los niños, niñas y adolescentes de sus hijas
menores de edad, Sofía Camargo Pedraza e Isabella Camargo Pedraza.

SEGUNDO. DEJAR SIN EFECTOS la providencia proferida por el


Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Familia, el 19 de
abril de 2012, que a su vez, confirmó la decisión adoptada por el Juzgado
Primero de Familia de Bogotá el 18 de abril de 2012, en el trámite de la
audiencia contemplada en el artículo 432 C.P.C. dentro del proceso de
divorcio promovido por la señora Sandra Edith Pedraza Sánchez.

TERCERO. ORDENAR al Juzgado Primero de Familia de Bogotá que, con


las precisiones, aclaraciones, limitaciones y complementaciones que estime
necesarias, decrete y tenga como pruebas dentro del proceso de divorcio
promovido por la señora Sandra Edith Pedraza Sánchez en contra del señor
Wilson Camargo Guio: (i) la grabación mecánica original de las
conversaciones sostenidas entre las partes el 19 y 29 de agosto de 2011 y (ii)
la inspección judicial, con intervención de peritos expertos en materia de
informática y sistemas, a la cuenta de correo electrónico del señor Gonzalo
Camargo Guio, identificada como [email protected], a fin de
obtener única y exclusivamente los mensajes enviados a la cuenta
[email protected], los días cuatro de octubre de 2010, dieciocho de
febrero, once de marzo, dieciocho de marzo, seis de abril, veintiocho de junio
y ocho de julio de 2011, los cuales guardan relación con los hechos de la
demanda.

CUARTO. Por Secretaría General, líbrese la comunicación prevista en el


artículo 36 del Decreto 2591 de 1991, para los efectos allí contemplados.

30
Notifíquese, comuníquese, cópiese, publíquese en la Gaceta de la Corte
Constitucional y cúmplase.

GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO


Magistrado

JORGE IVÁN PALACIO PALACIO


Magistrado

NILSON ELÍAS PINILLA PINILLA


Magistrado
Con aclaración de voto

MARTHA VICTORIA SÁCHICA DE MONCALEANO

31
Secretaria GeneralACLARACIÓN DE VOTO DEL MAGISTRADO
NILSON PINILLA PINILLA
A LA SENTENCIA T-044/13

Referencia: expedientes T-3596834.

Acciones de tutela por Sandra Edith


Pedraza Sánchez contra el Tribunal
Superior del distrito Judicial de Bogotá,
Sala de Familia.

Magistrado ponente:
GABRIEL EDUARDO MENDOZA MARTELO.

Habiendo votado positivamente y firmado el proyecto presentado en este caso


por el Magistrado sustanciador, estimo necesario consignar por escrito una
muy sucinta aclaración sobre el sentido de mi voto en el presente asunto.

Si bien participo de la resolución adoptada, por cuanto comparto la percepción


de que la tutela fue presentada, en este caso, como mecanismo de protección
de los derechos fundamentales al debido proceso, a la integridad personal y a
la vida digna de la accionante y de sus hijas menores de edad, debo aclarar mi
voto, pues siempre he disentido frente al enfoque amplificado de la noción de
“vía de hecho” y en relación con algunas de las argumentaciones que se
exponen para arribar a la decisión adoptada.

Particularmente, tal como lo he explicado con más amplitud frente a otras


decisiones25, no comparto el alcance, en mi opinión desbordado, que con
frecuencia se reconoce por parte de la Corte Constitucional a la acción de
tutela contra decisiones judiciales, y que en el caso de la sentencia a que me
vengo refiriendo se pone de presente en la cita que se efectúa (páginas 21 a
32) de la sentencia C-590 de junio 8 de 2005, M. P. Jaime Córdoba Triviño, de
cuyas consideraciones discrepo parcialmente desde cuando fue expedida.

Mi desacuerdo con dicha sentencia, que el actual fallo invoca como parte de la
fundamentación, radica en el hecho de que, en la práctica, especialmente las
llamadas “causales especiales de procedibilidad” a que dicha providencia se
refiere en su punto 25, abarcan todas las posibles situaciones que podrían
justificar la impugnación común contra una decisión judicial, dejando así la
imagen de que esta Corte estima que la acción de tutela constituye un recurso
complementario, añadible a los establecidos en el proceso de que se trata.

25 Ver, entre otros, los salvamentos de voto del suscrito Magistrado sobre las sentencias T-590, T-591, T-643
y T-840 de 2006; T-247, T-680 y T-794 de 2007; T-402, T-417, T-436 y T-891 de 2008, así como frente a los
autos A-222 y A-256 de 2006 y A-045 de 2007. Igualmente, entre otras, aclaraciones de voto ante las
sentencias T-987 y T-1066 de 2007; T-012, T-240, T-350, T-831, T-871, T-925, T-945, T-1029, T-1263 y T-
1265 de 2008; T-093, T-095, T-199, T-249, T-364, T-517, SU-811, T-904 y T-906 de 2009; T-103 y T-119 de
2010; T-464, T-703, T-786 y T-867 de 2011, T-010 y 1090 de 2012, T-208 y T-309 de 2013.
33

Con ello, la solicitud y trámite de la acción de tutela al amparo de tales


enunciados, deviene simplemente en una (o más) nueva(s) oportunidad(es)
que se confiere(n) a quien se ha visto desfavorecido por la decisión adoptada
por el juez competente, o lo que es lo mismo, en una (o varias) instancia(s)
adicional(es), no prevista(s) en absoluto en el respectivo proceso debido,
situación que difiere, de lejos, del propósito de protección subsidiaria a los
derechos fundamentales que animó al constituyente de 1991, que vino a
quedar reflejado en el artículo 86 superior.

Además, no sobra acotar que si bien esta corporación con fundamento en la


sentencia C-590 de 2005 aduce sistematizar una línea jurisprudencial
construida y decantada a partir de las consideraciones que se dejaron
planteadas en la sentencia C-543 de 1992, ello no es exacto, ya que en
realidad ese pronunciamiento26, de suyo sólo argüible frente a la casación
penal por ser ésta la institución regulada en el precepto parcialmente
declarado inexequible (art. 185 L. 906 de 2004), se ha interpretado como si
postulara lo contrario de lo que quedó decidido en la C-543 de 1992.

En efecto, mientras que en esa providencia de 1992 se consideró, con firmeza


de cosa juzgada constitucional (art. 243 Const.), que no puede ser
quebrantada, que la tutela contra decisiones judiciales atentaba contra la
seguridad jurídica y contra otros importantes valores constitucionales, como el
“principio democrático de la autonomía funcional del juez”, “la
independencia y desconcentración que caracterizan a la administración de
justicia” y “la función garantizadora del Derecho” que cumple el proceso, y
en consecuencia se declaró inexequible la preceptiva que reglamentaba tal
posibilidad, en la C-590 de 2005 se presenta un amplio listado de situaciones,
creyéndose que de inferirse la materialización de alguna de ellas, en opinión
de quien realiza el control tutelar, de por sí le está permitido remover o dejar
sin efecto la decisión judicial, cual si aplicara un recurso ordinario más, con lo
cual se ha desquiciado gravemente su carácter excepcionalísimo y, en la
práctica, se ha abatido la seguridad jurídica, que es también un derecho
fundamental.

Por lo anterior, dado que la decisión adoptada con mi acuerdo y participación


incluye algunas consideraciones con alcances de tal índole, que no comparto,
aclaro el voto en el caso de la referencia.
Con mi acostumbrado respeto,

Fecha ut supra

NILSON PINILLA PINILLA


Magistrado

26 C-590 de 2005.
34

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