Parkinsonismo
Parkinsonismo
Introducción. El parkinsonismo en otras enfermedades neurodegenerativas es un tema amplio y variado. Describiremos Servicio de Neurología.
Complejo Hospitalario
las características diferenciadoras de algunas entidades bien definidas (enfermedad de Huntington, enfermedad de Wil-
Universitario de Albacete.
son), así como de otras más raras.
Correspondencia:
Desarrollo. Existen gran cantidad de trastornos neurodegenerativos que cursan con parkinsonismo en algún momento Francisco Hernández Fernández.
de su evolución. Es necesario reconocer marcadores clínicos diferenciadores (edad de inicio, corea, hepatopatía, parálisis Servicio de Neurología.
Complejo Hospitalario
supranuclear de la mirada, respuesta a levodopa…), así como patrones de herencia y de neuroimagen que nos permitan Universitario de Albacete.
reconocer cuadros clínicos definidos. C/Hermanos Falcó, 37,
02006-Albacete (España).
Conclusiones. Todo cuadro de parkinsonismo debe estudiarse cuidadosamente. Debemos identificar aquellos cuadros con
especial importancia por su frecuencia (enfermedad de Huntington) o por ser potencialmente curables (enfermedad de E-mail:
pacohdezfdez@[Link]
Wilson), en especial en todos los pacientes con un inicio juvenil. Otras entidades infrecuentes (hemiatrofia-hemiparkinson,
síndrome pálido-piramidal, enfermedades por depósito, neuroacantocitosis, etc), también deben ser consideradas en el Aceptado:
diagnóstico diferencial. 09.05.12
Palabras clave. Acantocitos. Corea. Depósito. Huntington. Parkinsonismo. Wilson Cómo citar este artículo:
Hernández-Fernández F,
Fernández-Díaz E, Díaz-Maroto
I, Palazón E, García-Muñozguren
S. Miscelánea: Parkinsonismo
en otras enfermedades
degenerativas. Rev Neurol 2012;
Introducción énfasis en su patrón de herencia mendeliano. El tra- 54 (Supl 4): S107-16.
bajo más conocido fue el del médico noruego Lund © 2012 Revista de Neurología
La miscelánea siempre incluye un grupo de pato- [1], cuyo trabajo no tuvo repercusión por no estar
logías que, debido a su extraordinaria rareza, es di- traducido al inglés.
fícil clasificarlo dentro de otros apartados. De esta Huntington, un médico rural de 21 años, publicó
manera se configura una mezcla variada de cuadros en 1872 sus observaciones sobre familias afectadas
clínicos sin aparente relación unos con otros. de trastornos motores y mentales a lo largo de va-
Dentro de este grupo encontramos entidades rias generaciones [2]. Aunque el trabajo de Hunt-
bien definidas, que pueden cursar con parkinsonis- ington fue publicado en una revista considerada
mo de inicio juvenil (enfermedad Huntington, en- menor (The Medical and surgical Reporter), hoy en
fermedad de Wilson), de gran interés por su patrón día su contribución a la Neurología es innegable.
de herencia o tratamientos potenciales. Existen La prevalencia de la enfermedad es variable.
otros cuadros de mayor rareza, que debemos tener En EEUU y Europa Occidental tiene una baja pre-
en cuenta en el diagnóstico diferencial.
valencia (alrededor de 3-7 casos por cada 100000
El corea, por ejemplo, es un signo clínico que
[3]), mientras que en la región del Lago Maracaibo,
nos ayuda a orientar el diagnóstico definitivo. De
Venezuela, existe una prevalencia de 700 por cada
la misma forma, debemos valorar la presencia de
100000 habitantes. Esta alta concentración de casos
hepatopatía, la ausencia de temblor, la respuesta a
permitió encontrar el gen causante de la enferme-
levodopa, los acantocitos en sangre periférica, o un
dad en los años noventa [4].
patrón de neuroimagen característico.
La mutación causante de la EH reside en el gen
IT-15, localizado en el brazo corto del cromosoma 4
Enfermedad de Huntington (EH) [4]. Se produce una mutación dinámica que favorece
un alargamiento inestable de la secuencia CAG, co-
Aunque se ha atribuido a George Huntington la dificando una huntingtina mutada. Mientras que el
descripción original del cuadro, otros médicos ya número normal de repeticiones varía entre 11 y 27, el
habían puesto su atención en esta entidad, haciendo gen de la EH contiene entre 36 y 121 repeticiones [5].
Existe una relación directa entre el número de La impersistencia motora es una manifestación
repeticiones y la gravedad de la enfermedad. La EH típica de la enfermedad, y consiste en la incapacidad
presenta fenómeno de anticipación génica, mani- para ejecutar una acción de forma sostenida, por
festándose a edades más tempranas aquellos suje- ejemplo, protruir la lengua. Otros síntomas moto-
tos con mayor número de repeticiones. Sólo un 1% res que aparecen en la EH son la disartria, disfagia,
de los sujetos con EH presentan una secuencia de inestabilidad postural, distonía, ataxia, bruxismo,
CAG normal. tics, mioclono y tourettismo [14].
Entre las 27 y 39 repeticiones tenemos una mu- La alteración de las sacadas es un dato muy ca-
tación inestable, provocando una sintomatología racterístico de la EH. Está descrito el aumento de
más leve, y mayor riesgo para futuras generaciones. latencia en las sacadas voluntarias, pero no en las
Aunque es raro, puede haber pacientes con muta- sacadas reflejas en individuos con EH presintomá-
ciones de novo [6]. tica [15].
En la anatomía patológica se observa pérdida Además de los trastornos cinéticos, los otros
neuronal en el córtex, sustancia negra, y sobre todo componentes de la EH son el deterioro cognitivo y
a nivel del neoestriado. Se interrumpen las pro- las alteraciones psiquiátricas (depresión, alucinacio-
yecciones hacia el globo pálido externo, manifes- nes, manía, irritabilidad, agresividad, ansiedad, alte-
tándose como corea, y hacia globo pálido interno raciones del sueño, trastorno obsesivo-compulsivo,
y sustancia negra, produciendo parkinsonismo [7]. aumento de suicidio). Estos trastornos son muy pre-
Además de la gliosis, como en la mayoría de las en- valentes, particularmente la depresión mayor [16].
fermades degenerativas, podemos encontrar inclu- Las formas infantiles y juveniles, con un inicio
siones intranucleares en córtex y neoestriado [8]. previo a los 20 años, no superan el 10% de los casos
La huntingtina es una proteína que se expresa de de EH. La transmisión suele ser paterna. Es necesa-
forma ubicua en las neuronas, relacionada con el trans- rio conocer que no suelen presentar corea entre sus
porte vesicular. En la EH hay una sobreexpresión síntomas principales. Por el contrario, manifiestan
intranuclear de huntingtina mutada, que tiende a síntomas parkinsonianos (variante de Westphal),
agregarse y a precipitar, culminando en apoptosis [9]. incluso en la forma de su triada característica [17].
En la EH existe una disminución generalizada de El curso de esta forma es maligno, con deterioro
receptores y neurotransmisores como consecuen- cognitivo precoz y algunas peculiaridades, como la
cia de la pérdida de las proyecciones GABAergicas afectación cerebelosa prominente, la disartria y las
sobre el tálamo. Concretamente, la pérdida de re- crisis epilépticas. El mioclono puede ser extraordi-
ceptores dopaminérgicos D1 y D2 postsinápticos se nariamente frecuente [17] y es más discapacitante
relaciona con los síntomas rígido-acinéticos [10]. que el corea, sobre todo si es masivo [18].
El glutamato puede elevar los niveles citosólicos de En general podemos decir que cuanto más pre-
calcio, contribuyendo a la excitotoxicidad [11]. coz es el inicio, más atípico es el cuadro y más tór-
Clínicamente, la enfermedad se manifiesta con pida es la evolución. De esta forma, la variante de
la triada clásica de trastorno hipercinético, sínto- Westphal tiene una duración media de 10 años,
mas psiquiátricos y deterioro cognitivo. No es sen- 5-10 años menos que la variante del adulto.
cillo determinar cuándo comienza la enfermedad, En los estudios de neuroimagen podemos me-
ya que muchos sujetos pueden presentar síntomas dir la atrofia del caudado, que se correlaciona con
premotores como alteraciones del comportamien- el número de repeticiones [19]. En la forma rígido-
to, o trastornos sutiles como tics o esterotipias, que acinética puede apreciarse una hiperintensidad en
les da una imagen extravagante, contribuyendo al T2 a nivel del estriado [20]. Estudios funcionales de
retraso diagnóstico. RM con diferentes trazadores han demostrado re-
La mayoría de pacientes presentan corea, sobre ducción del flujo a nivel de caudado y córtex, inclu-
todo de cara y tronco. El corea tiende a remitir en so en pacientes presintomáticos [21].
fases avanzadas, siendo sustituido por la distonía El reconocimiento de la bradicinesia como un
y la bradicinesia. La inmensa mayoría de pacien- síntoma frecuente e incapacitante ha hecho replan-
tes desarrolla bradicinesia en algún momento de tearse en gran medida el tratamiento de la EH. Ac-
la enfermedad [12], y por lo general es más disca- tualmente se ha superado la idea de tratar de forma
pacitante que el corea. El corea rara vez interfiere agresiva el corea, ya que el tratamiento con neu-
en las actividades básicas, y en ocasiones puede ser rolépticos rara vez ofrece beneficios significativos
fácilmente disimulable. Adicionalmente, parece que [22], empeoran la bradicinesia y exponen al pacien-
los individuos con EH presintomática pueden tener te al riesgo de discinesias tardías. Si fuera necesario
signos bradicinéticos sutiles [13]. el tratamiento del corea, el mejor anticoreico dispo-
gía derivan del acúmulo de hierro a nivel de otros ta de una degeneración selectiva con gliosis del glo-
tejidos (corazón, páncreas, hipófisis, piel, hueso). bo pálido y de sus fibras eferentes [57]. La respuesta
Los trastornos del movimiento rara vez se han co- a levodopa es escasa.
municado, aunque probablemente existen. En la
literatura hay casos reportados que describen par-
kinsonismo, mioclono, ataxia y deterioro cognitivo Degeneración palidonigral y palidoluysonigral
asociados a hemocromatosis [49]. La fisiopatología
y la relación directa con la clínica todavía permane- Estos cuadros son variantes clínicas de la degenera-
cen bajo debate. ción palidal pura [58]. Producen de la misma forma
acinesia pura sin rigidez ni temblor. La diferencia
Aceruloplasminemia entre ambas entidades reside en las áreas degenera-
(deficiencia hereditaria de ceruloplasmina) das. Los cambios patológicos consisten en despig-
mentación del globo pálido, subtálamo y la sustancia
Este es un cuadro de herencia autosómico recesiva negra, con gliosis y acúmulo de pigmentos de hierro
y mayor prevalencia en Japón (0.5 personas por mi- en el citosol de las células degeneradas. El tálamo y
llón [50]). La ausencia de ceruloplasmina conduce el estriado están relativamente preservados [59].
a unos niveles plasmáticos de hierro bajos, con ni- Se trata de cuadros clínicamente similares al es-
veles elevados de ferritina y hierro hepático y cere- pectro de la Parálisis Supranuclear Progresiva (PSP):
bral. Se produce depósito de hierro en SNC (estria- inicio en el adulto, lentamente progresivos, acom-
do, sustancia negra, núcleo rojo, núcleo dentado). pañados de acinesia pura, oftalmoplejia, blefaroes-
Pueden observarse hipointensidades en T2 en RM, pasmo, apraxia ocular, freezing, parálisis pseudo-
que pueden incluir la corteza [51]. Clínicamente los bulbar y demencia. La respuesta a levodopa tampo-
pacientes pueden tener diabetes mellitas, degenera- co es favorable [59].
ción retiniana, demencia, rigidez, bradicinesia, ata-
xia y discinesia facial (típicamente blefaroesmasmo
con distonía oral [37]). El tratamiento quelante con Síndrome pálido-piramidal
desferoxamina puede ser parcialmente efectivo. [53]
Descrito por Charles Davidson en 1954 [60], es un
cuadro extremadamente raro, de inicio en la ado-
Hemiparkinsonismo-hemiatrofia lescencia y rápidamente progresivo. El origen es
desconocido, con unos pocos casos descritos en la
Es un cuadro raro, generalmente secundario a hi- literatura. Puede haber casos esporádicos o agrupa-
poxia perinatal [54], de inicio en la edad adulta (ter- dos en pequeñas familias con herencia autosómico
cera-cuarta década) y lentamente progresivo. Apa- recesiva [61].
rece una atrofia corporal unilateral con síntomas Se producen cambios degenerativos a nivel del
parkinsonianos y distonía ipsilaterales. En la RM se globo pálido y la sustancia negra, con relativa pre-
puede apreciar atrofia cortical contralateral, y en es- servación del caudado y el putamen [60]. El resul-
tudios funcionales con PET aparece disfunción do- tado un cuadro que recuerda en algunos aspectos a
paminérgica pre y postsináptica [55]. La respuesta a la Enfermedad de Parkinson juvenil, con un inicio
levodopa es pobre [56]. unilateral y respuesta mantenida a levodopa. [60]
[61] En algunos casos se puede poner en duda el
diagnóstico, sobre todo si el inicio es tardío, pero la
Degeneración palidal pura combinación de signos piramidales, especialmente
en las piernas, diferencian claramente el cuadro. En
Descrito inicialmente por De Vos y Van Bogaert en raras ocasiones pueden aparecer signos cerebelosos
1946 [57], el inicio de la enfermedad se produce en [62]. La neuroimagen convencional es normal [61].
la adolescencia. El origen es desconocido. Suele ser
esporádico, aunque en algunas familias se agrupa
con un patrón autosómico recesivo [58]. Se caracte- Neuroacantocitosis
riza fundamentalmente por la presencia de bradici-
nesia extrema sin rigidez ni temblor en estadios ini- Bajo el término neuroacantocitosis englobamos va-
ciales [57] (acinesia pura), que lo diferencia de otros rias patologías que tienen entre sus características
parkinsonismos. Otras manifestaciones clínicas son presentar acantocitos en sangre periférica (típica-
coreoatetosis, distonía de torsión y disartria. Se tra- mente 10-30%) y trastornos del movimiento. Son
un grupo de enfermedades, de herencia variable, Existe pérdida neuronal sin cuerpos de Lewy en
con una importante heterogenicidad clínica. Son sustancia negra, locus ceruleus y bulbo, y en su pa-
manifestaciones típicas: discincesia orolingual, co- tología aparecen inclusiones de una proteína hiper-
rea, disfagia, neuropatía periférica, miopatía, mio- fosforilada relacionada con el transporte de DNA
clonías, retinitis pigmentosa, conducta antisocial y (TDP-43) [66].
demencia [63]. La enfermedad suele comenzar en la
segunda-tercera décadas de la vida.
Las dos entidades clásicas mejor definidas son Enfermedades de depósito
el síndrome de Bassen-Kornzweig y el síndrome
de Levine-Critchley [64]. El primero es de heren- Enfermedad de Fahr
cia autosómico recesiva, y entre sus hallazgos más
Su origen es desconocido. Hay casos con herencia
característicos están la ataxia progresiva y la abe-
autosómico dominante, con el locus IBGC1 locali-
talipoproteinemia. El segundo suele ser autosómi-
zado en el cromosoma 14q [67]. El diagnóstico pue-
co dominante, y se caracteriza fundamentalmente
de ser sencillo si tenemos en cuenta la neuroimagen
por presentar movimientos coreiformes y demencia
característica, con extensas calcificaciones a nivel
progresiva. Además de los acantocitos, suele apa-
de ganglios basales y núcleos dentados. A pesar de
recer la CK y las transaminasas elevadas en suero.
estas calcificaciones, no hay evidencia de alteración
En la RM pueden aparecer hiperintensidades en T2
del metabolismo fosfocálcico [68]. Clínicamente,
subcorticales, que en ocasiones pueden adoptar un
aparece la triada de alteraciones mentales, trastor-
patrón similar a la esclerosis múltiple [63].
no cerebeloso y trastorno hipercinético [68].
Otros cuadros que pueden producir trastornos
del movimiento y acantocitos en sangre periférica
Enfermedad Niemann-Pick tipo C
son el síndrome de McLeod, el corea-acantocitosis
autosómico recesivo, la Huntington-like disease Se produce por un defecto genético que conduce al
tipo 2, y la neurodegeneración asociada a pantote- depósito lisosomal de glicoesfingolípidos. Además
nato kinasa (PKAN). de los acúmulos de lípidos, podemos ver depósi-
tos de tau a nivel de tronco y corteza [69]. Puede
comenzar a cualquier edad, si bien es más típico
Síndrome Kufor-Rakeb del adulto joven. Las manifestaciones clínicas más
típicas son hepatoesplenomegalia, ataxia cerebelo-
Este es otro tipo de degeneración palido-nigro-es- sa, parkinsonismo, alteraciones psiquiátricas y de-
triatal, que debemos tener en cuenta en enfermos terioro cognitivo [69]. Es típico el inicio en forma
con parkinsonismo juvenil, sobre todo si su origen de distonía de un miembro, que progresivamente
es de Jordania y tienen antecedentes de cosangui- involucra al resto. Existe un tratamiento sustitutivo,
neidad (herencia autosómico recesiva) [65]. Fue co- miglustat.
municado por primera vez por Al-Din y colabora-
dores en 1992. La degeneración neuronal involucra Homocistinuria
el tracto nigro-estriatal, el globo pálido y las pirámi-
des bulbares [65]. Herencia autosómico recesiva, afectación multisis-
Clínicamente, presentan rasgos de la degenera- tema, con distonía, corea, temblor y rara vez, par-
ción palidonigral, con acinesia atremorica y pará- kinsonismo [70].
lisis supranuclear de la mirada, y del síndrome pa-
lidopiramidal, caracterizado por la espasticidad y Enfermedad de Gaucher
respuesta inicial a levodopa [65].
Existe una relación conocida entre mutaciones en
la glucocerebrosidasa (GBA) de la enfermedad de
Síndrome de Perry Gaucher (EG) y el desarrollo de parkinsonismo, ya
que parece que juega un papel en la agregación de
El síndrome de Perry está descrito en familias cana- alfa-sinucleína y la formación de cuerpos de Lewy
dienses, y se caracteriza por ser un parkinsonismo [71]. La EG es el desorden lisosomal autosómico re-
autosómico dominante, de inicio a edades medias cesivo más común. La mayoría de los pacientes con
de la vida, asociado a hipoventilación central, de- EG que desarrollan un parkinsonismo en la edad
presión y pérdida severa de peso. El desenlace es adulta presentan una EG tipo 1, que afecta al SNC
fatal debido a las complicaciones respiratorias [66]. [71]. Estos pacientes, así como algunos portadores
Enfermedades mitocondriales
Conclusiones
Signos parkinsonianos pueden observarse hasta en
el 12% de pacientes con defectos en la cadena respi- En esta miscelánea hemos resumido los datos clave
ratoria asociados a disfunción mitocondrial. Otras que nos ayudan a orientar el diagnóstico definitivo
manifestaciones habituales son polineuropatía, mio- de un parkinsonismo, sobre todo si tiene un inicio
patía y oftalmoplejia externa progresiva [72]: juvenil. Son fundamentales el patrón de herencia, la
– Neuropatía óptica de Leber. edad de inicio, la presencia de otros órganos afecta-
– MELAS. dos, el hallazgo de acinesia pura, corea, piramidalis-
– Enfermedad de Kerns-Sayre. mo, parálisis supranuclear de la mirada y la respuesta
– Enfermedad de Leigh. a levodopa. De la misma forma, nos apoyaremos en
las pruebas complementarias, como los acantocitos
en sangre periférica o los hallazgos de la neuroima-
Enfermedades sistémicas gen. Deberemos siempre pensar en la Enfermedad
de Huntington, por su relevancia, y en la Enferme-
Muchas enfermedades sistémicas pueden cursar con dad de Wilson, por ser potencialmente curable.
parkinsonismo [73].
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gaze palsy, response to levodopa, and so on) as well as inheritance and neuroimaging patterns that enable us to recognise
defined clinical pictures.
Conclusions. very clinical picture suggestive of parkinsonism must be studied carefully. We must identify those clinical
patterns that are especially important due to their frequency (Huntington's disease) or because they are potentially curable
(Wilson's disease), particularly in all patients with onset prior to adulthood. Other infrequent conditions (hemiatrophy-
hemiparkinsonism, pallidal-pyramidal syndrome, diseases due to deposits, neuroacanthocytosis, etc.) should also be
taken into account in the differential diagnosis.
Key words. Acanthocytes. Chorea. Deposit. Huntingdon. Parkinsonism. Wilson.