Madre mía Inmaculada, que, por haber recibido en tu seno al Verbo de Dios, eres Trono
de la Gloria y de la Sabiduría, alcánzame la gracia de estudiar con orden y constancia,
con intensidad y presencia de Dios, con pureza de intención y afán de servicio. Haz que
mi trabajo me acerque cada día más a ti y a tu divino Hijo; que nunca me olvide de
ofrecértelo, como ahora lo hago, para que mis horas de estudio sean, de verdad, horas
de oración. Ayúdame también, Señora, a lograr el fruto humano y sobrenatural que Dios
espera de mi estudio, para que, santificándome en el trabajo, alcance la dicha de amarte
para siempre en el Cielo. Amén
A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, a visitar a una
joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José,
descendiente de David. La virgen se llamaba María. El ángel se acercó a ella y le dijo: —
¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo. Ante estas
palabras, María se perturbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo.
—No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor —le dijo el ángel—. Quedarás
encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será un gran hombre, y
lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David, y reinará
sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin.
—¿Cómo podrá suceder esto —le preguntó María al ángel—, puesto que soy virgen? —
El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así
que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios. También tu parienta Elizabet
va a tener un hijo en su vejez; de hecho, la que decían que era estéril ya está en el sexto
mes de embarazo. Porque para Dios no hay nada imposible. —Aquí tienes a la sierva del
Señor —contestó María—. Que él haga conmigo como me has dicho.
Con esto, el ángel la dejó.
María fue una muchacha de su tiempo. Llevó, sin duda, la vida normal de una joven israelita,
en el seno de una familia creyente, según los usos y costumbres de su época. Creció con las
ilusiones lógicas de su edad y compartió la esperanza de su pueblo en las promesas de Dios.
María era todavía una jovencita cuando Dios le propone la noble misión de ser la Madre del
Salvador. Dios, de esta manera, irrumpe en la vida de María cuando ella es joven, cuando apenas
empieza a abrirse al mundo, cuando su corazón está lleno de ilusiones, de proyectos y de ideales
grandes.
María se entrega generosamente al plan de Dios. Le dice «Sí». Firma en blanco para el Dios
sorprendente que le va a llevar por caminos insospechados y nuevos. con su respuesta pone de
manifiesto una gran capacidad de fe, de confianza, de entrega y disponibilidad. Pero también
muestra su ESPIRITU JOVEN por aceptar el compromiso arriesgado, por su apertura a lo nuevo
y por su corazón grande.
¿Qué significa ser niño y joven hoy en nuestra realidad? es necesario reconducirnos a lo que es
el ambiente en el que vive nuestros niños y jóvenes que es la familia como el núcleo connatural,
activo, orgánico, social, cultural, religioso antropológico y espiritual que lo identifica. En la familia
cada niño y joven crece, madura y se desarrolla en su identidad personal-comunitaria.
Sus ideales espirituales, sociales, se forjan en el ambiente familiar y es en la familia donde se
vive la educación juvenil de la fe, de la esperanza y de la caridad, alcanzando un gran potencial
para alcanzar las metas, para cambiar el mundo y al mismo tiempo es el niño, el adolescente
que plasma en su interior la acción de la sociedad familiar que lo envuelve enseñándole amar y
a ser amado. hoy el mundo necesita personas contemplativas que, a la luz de la fe, mediten la
presencia de Dios en nuestra historia. El niño- joven debe ser genial y busca de alguna manera
serlo. En el mundo que vivimos, en muchos casos es necesario que mostremos una actitud
silente, pero en la acción, una actitud de observadores, viviendo el actuar de Dios.
El Papa Francisco nos dice “Dejen de balconear la fe, dejen de ver los toros desde el balcón”, y
otra de las frases conocidas y que ha calada en el oído del joven, “Sean callejeros de la fe”, es
decir, que ya basta de ver las cosas como que si no nos importara, como si no fuera con
nosotros, es hora de que el joven de una manera guiada tome el protagonismo que se merece
en una iglesia que pide a grito aires de renovación y de mayor acercamiento con la humanidad,
la iglesia del Emmanuel (Dios con nosotros). Hoy es importante a tomar en serio lo que cuenta,
a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve si no se sirve, de este
modo en casa, midamos por el amor que es la medida que Dios nos tiene, sintiéndonos en su
presencia, dándonos a nosotros mismos para servir a los demás.
Preguntémonos:
¿Qué nos pide Dios a nosotros?
¿Cómo estamos siendo seres protagonistas en estos tiempos de aislamiento preventivo?
Durante esta semana pidamos a nuestra madre santísima por nuestros niños y
jóvenes del colegio Claretiano para que el señor les regale sabiduría y los guie con
su luz.
• Oramos por todos los niños y jóvenes del mundo, especialmente por los de
nuestro Colegio Claretiano para que sean tratados con amor, educados con
amor, y que sus Ángeles guardianes los protejan contra todo mal.
Dios te salve María…
• Oramos por todas aquellas personas que no tienen trabajo, casa o alimento,
concédeles señor la voluntad y la abundancia de todo bien.
Dios te salve María…
• Oramos por todas aquellas personas que están lejos de casa, ayúdalos señor a
regresar con bien al lado de sus seres queridos.
Dios te salve María…
• Oramos Señor por todos los trabajadores, para que su luz brille siempre llena
de
esperanza, fe y amor.
Dios te salve María…
• Oramos para que brillen los corazones de todos los hombres y mujeres para que
todos tengamos un despertar de consciencia y nos convirtamos así en Seres de
luz y Seres de amor.
Dios te salve María...
Durante esta semana la flor que le daré a la virgen contemplara la expresión de
amor a mis seres queridos y la proclamación de una oración por cada uno de ellos.
Madre Mia, reina de la paz pide a tu hijo Jesús me conceda el don de la paz, ora
por mi para obtener paz: Paz en mi corazón, paz en mi mente y alma, paz en mi
familia, paz con todos aquellos que encuentro en mi camino. Gracias María, porque
fuiste una mujer valiente y arriesgada, gracias por no tener miedo, te fiaste de
Dios y te dejaste llenar por su espíritu, gracias por decir sí a la vida, por decir sí a
Jesús. Recibe, Madre la flor de nuestro amor y nuestra alegría, para que tu gozo
sea cumplido. Amén (Padre Nuestro).
Señor, dame un corazón enamorado como el corazón de María;
un corazón generoso como el corazón de María; un corazón
abierto a tu Palabra como el corazón de María. Haz que
descubra cada vez más la riqueza insondable que eres tú, y que
nadie como tu Madre conoce.
Que descubra que sólo desde un corazón desprendido llegaré a
poner mi confianza en ti, como la puso tu Madre. Haz, al fin,
Señor, que al igual que María tú seas mi única riqueza, mi único
tesoro; mi única savia, mi única vida; mi sustento y alimento;
mi bien y mi alegría.
Amén