Azreal Arcangel de la muerte
Azrael es el Arcángel de la Muerte. A él se le atribuye el rol de separar el alma del cuerpo al
momento de la muerte, así como también la capacidad de ayudarnos a superar nuestro temor a la
muerte en virtud de una mayor comprensión de la misma. Según cuenta una historia, este noble
arcángel se autoexilió del Cielo para cumplir su misión.
Azrael es el Arcángel de la Muerte en varias tradiciones extrabíblicas. Está presente en el sijismo,
en el islamismo, en el cristianismo e incluso en el judaísmo. Su nombre deriva de “Izrail”, nombre
presente en el Corán y que se traduce como “Quien a Dios ayuda”. Comúnmente conocido como
“Malak al-Mawt” entre los musulmanes, Azrael es en esencia el ángel que separa el alma del
cuerpo al momento de la muerte, guiándola después hacia la oscuridad eterna o la luz del Creador,
según pesen más los méritos o deméritos del alma en cuestión.
Diversos han sido los nombres con los cuales se ha visto asociado este arcángel: Ashriel, Azaril,
Azriel, Izrail, y Ashrail, entre otros.
AZRAEL Y SU MISIÓN
Azrael tiene el título del Ángel de la Transición porque ayuda al ser humano en el difícil tránsito de
la muerte. Este papel puede ser abordado desde distintas ópticas, pasando por la clásica visión en
que Azrael separa el alma del cuerpo y acompaña al alma a su destino, hasta aquella perspectiva
algo heterodoxa de la reencarnación entendida de una forma más perteneciente al esoterismo
que a la religión, perspectiva en la cual Azrael es el guía espiritual del alma en el momento de
pasar de una vida a la otra, tanto en el caso en que esa alma tiene que pasar (antes de encarnar)
por diversos planos sutiles o lugares de estancia, como en el caso (enmarcado en otras teorías) en
que esa alma tiene que asumir un cielo o infierno temporal y transitorio entre una y otra
existencia.
Es en esa función de Ángel de la Transición donde Azrael se encarga de dar paz al alma de quien va
a morir, no solo en el momento de la muerte y en los instantes previos, sino en la difícil crisis que
constituye el préambulo de angustia y agonía propio de aquellos casos en que el individuo sabe
que la muerte está próxima, tal como el caso del enfermo terminal (de SIDA, cáncer, etc.) o, por
poner un ejemplo extremo, el caso de alguien que va a morir ejecutado o torturado. Y es que, y
esto hay que señalarlo, Azrael no requiere que su ayuda sea solicitada para ayudar. Él
simplemente está allí, incluso para muchos de los que no creen en su existencia.
Mas él no se limita a ayudar al sujeto que va a morir: también ayuda a quienes sufren la agonía y la
muerte de quien pasará al otro mundo. Es así que él derrama su “energía sanadora y luz divina”,
otorgando consuelo, serenidad, aceptación y, sobre todo, una comprensión sabia y profunda de la
muerte, no ya como el inquietante paso del ser a la nada, sino como el tránsito en que el sujeto
abandona sus elementos transitorios y perecederos, triunfando sobre el vacío de la disolución en
virtud de aquello que hay de eterno en él.
Lo visto remite a la función de Azrael en torno a la muerte y su preámbulo, pero él, sobre todo
para quienes piden su ayuda directamente o simplemente solicitan a Dios o a los seres de luz
ayudas vinculadas a su función, puede ofrecer sus servicios. Tal es el caso de las personas que
atraviesan crisis existenciales vinculadas a la comprensión de la muerte. Individuos que se
preguntan cuál es la naturaleza de la muerte, que guardan un profundo miedo hacia ésta, o que se
dejan hundir en la depresión pensando en que todo acabará con la muerte, en que sobrevivirán
pero perderán su esencia, en que sus almas tendrán un destino desconocido pero ciertamente
angustiante, o en que no tienen salvación y estarán condenados al suplicio eterno una vez dejado
este mundo. En esos y otros casos Azrael puede inspirar en el sujeto en crisis la idea o las ideas
pertinentes para una comprensión adecuada de la muerte, como también puede insuflar una
profunda confianza en que el Creador no abandona a sus hijos en las crueles y mecánicas redes de
la causalidad aparente, o bien un intenso sentimiento de esperanza de salvación que permita, en
quienes están estancados en la culpa, salir del remordimiento e iniciar el camino de la
reformación.
Lo anterior muestra que el papel de Arcángel de la Transición es algo más amplio de lo que podría
parecer, y esa amplitud abarca todavía otros aspectos. Así, toda crisis existencial puede, en tanto
concebida como transición, ser potencial espacio para la ayuda de Azrael, pudiendo este arcángel
colaborar en la liberación del dolor, de la ira acumulada, del sentimiento de soledad y de
confusión, etc.
Según cierta concepción de la tradición ocultista, Azrael es un ángel de los Registros Akásicos,
siendo estos unos registros etéricos (el éter es un fluido intangible que penetra todo en el
universo) de todo lo que ha sucedido desde el inicio de los tiempos y por tanto de los karmas
buenos y malos de cada individuo.
Otro planteamiento ocultista dice que Azrael es el Ángel del Espíritu, título éste que denota la
capacidad de Azrael para ubicar nuestros cuerpos sutiles (el etérico, el astral, el causal, etc.) y el
estado en que estos se encuentran, independientemente de la dimensión en que se encuentren.
Finalmente y debido al vínculo intrínseco entre la actividad mediúmnica y el mundo de los
espíritus desencarnados, algunos han dicho que Azrael suele ofrecer consejo y asistencia a los
médiums que trabajan de manera seria y correcta, sobre todo si tienen el firme propósito de
ayudar a las almas en pena