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Fenicia

El documento resume la historia y cultura de la antigua civilización fenicia. Los fenicios habitaron la costa este del Mediterráneo y adoraron dioses como Baal, Astarté y Melkart. Un escritor fenicio llamado Sanjuniatón escribió sobre la mitología fenicia, aunque solo se conservan fragmentos de su obra. Los fenicios tuvieron una rica tradición literaria aunque se han perdido muchos de sus textos. Sus principales dioses eran Baal, Tanit y Melkart.

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Fenicia

El documento resume la historia y cultura de la antigua civilización fenicia. Los fenicios habitaron la costa este del Mediterráneo y adoraron dioses como Baal, Astarté y Melkart. Un escritor fenicio llamado Sanjuniatón escribió sobre la mitología fenicia, aunque solo se conservan fragmentos de su obra. Los fenicios tuvieron una rica tradición literaria aunque se han perdido muchos de sus textos. Sus principales dioses eran Baal, Tanit y Melkart.

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Fenicia (en fenicio 𐤍𐤏𐤍𐤊, kanaʿan; o 𐤕𐤐, Pūt)1 es el nombre de una antigua región de Oriente

Próximo, cuna de la civilización fenicio-púnica, que se extendía a lo largo del Levante


mediterráneo, en la costa oriental del mar Mediterráneo. Su territorio abarcaba desde la
desembocadura del río Orontes al norte, hasta la bahía de Haifa al sur, comprendiendo áreas de
los actuales Israel, Siria, Líbano y Palestina, una región denominada antiguamente Canaán, con
cuya denominación se engloba muy a menudo en las fuentes.2

Los dioses adorados por los fenicios varían de una ciudad a otra. Así el panteón
de Sidón difiere del de Tiro o el de Chipre. Es más, algunas divinidades están presentes de
una forma u otra en la mayoría de las ciudades significativas. Estas divinidades son
principalmente Astarté, Baal, Dagón, Resef y Melkart.
Sanjuniatón fue un supuesto escritor fenicio nativo de Beirut o de Tiro, parte de cuyos libros
fueron traducidos al griego por Filón de Biblos en la segunda mitad del siglo I. Se le considera uno
de los máximos exponentes de la literatura fenicia, aunque todo lo que resta de su obra son los
fragmentos que aparecen en la Preparatio Evangelica de Eusebio de Cesárea, que resumió y citó
las traducciones de Filón.3 Los fragmentos que se han conservado conforman el texto religioso
más extenso conocido sobre la mitología fenicia: una especie de Teogonía que incluye pasajes de
cosmogonía, historias heroicas, vida de los dioses y uso de rituales con serpientes. Eusebio
también atribuye a Sanjuniatón la autoría de un tratado titulado Sobre el alfabeto fenicio.3
La literatura fenicio-púnica es aquella escrita en fenicio, la lengua de las antiguas
civilizaciones de Fenicia y Cartago. Toda ella está rodeada de un halo de misterio por los
pocos vestigios que se han conservado: todo lo que resta es una serie de inscripciones, pocas
de las cuales tienen carácter netamente literario1 (solo alguna narración histórica, poemas,
etc.),2 monedas, fragmentos de la Historia de Sanjuniatón y del Tratado de Magón, la
traducción al griego del viaje de Hannón el Navegante y el texto del Poenulus de Plauto.3 Sin
embargo, es un hecho probado que tanto en Fenicia como en Cartago hubo bibliotecas y que
los fenicios tuvieron una rica producción literaria heredera del pasado cananeo, de la que
obras como las redactadas por Filón de Biblos o Menandro de Éfeso son una parte ínfima. 45

Representación de Melkart, conocida como el Efebo de Motia. Su culto centrado en el fuego


sagrado de las ciudades, se extendió por todas las colonias de Tiro siendo la forma fenicia del dios
Baal.
El dios Baal Hammón representado como un hombre de edad en un trono entre dos esfinges. era
el principal dios fenicio adorado en la colonia de Cartago, generalmente identificado por los
griegos como Crono y por los romanos como Saturno.1Era un dios atmosférico considerado
responsable de la fertilidad de la vegetación y considerado como rey de los dioses.
Altar a Tanit, diosa de la fecundidad. fue la diosa más importante de la mitología cartaginesa, era
la diosa de la luna, del amor, y de la guerra. La consorte de Baal y patrona de Cartago.

La cosmología

Él supone que el principio de todas las cosas era un aire ventoso oscuro y condensado o
una brisa de un aire espeso y un caos túrbido y negro como Erebo: y que eran ilimitados y,
por una larga serie de años, desprovisto de forma. Pero cuando este viento se enamoró de
sus propios principios primarios (el Caos) y tuvo lugar la unión íntima, esa conexión fue
llamada Poto1: y fue el principio de la creación de todas las cosas. Y [el Caos] no conocía su
propia producción; pero de su abrazo con el viento fue generado Mot; que algunos llaman
Ilus (Barro), pero otros la putrefacción de la mezcla acuosa. Y de este surgieron todas las
semillas de la creación, y la generación del universo.

Y había ciertos animales irracionales, del que se produjeron los animales inteligentes, y
estos fueron llamados Zofasemin2, es decir, supervisores de los cielos; y fueron formado
en forma de un huevo: y de Mot brilló el Sol y la Luna, las estrellas menores y mayores.

Y cuando el aire comenzó a enviar luz, por su feroz influencia sobre el mar y la tierra, se
produjeron los vientos y nubes, y unas descargas muy grandes y torrentes de las aguas
celestiales. Y cuando fueron separados, y llevados a sus lugares propicios por el calor del
Sol, se encontraron de nuevo en el aire, y fueron precipitados entre sí, siendo el resultado
el trueno y los rayos: y en el sonido del trueno, se excitaron los animales inteligentes
anteriormente mencionados, y espantados por el ruido, y se desplazaron sobre la tierra y
en el mar, masculino y femenino. (Tras esto, el autor añade:) Estas cosas se encontraron
escritas en la Cosmogonía de Taaut y en sus comentarios, y fueron extraídas de sus
observaciones y las señales naturales que por su penetración percibió y descubrió, y con
las que nos ha iluminado.

(Luego, declarando los nombres de los vientos Noto, Bóreas y el resto, hace su epílogo:)
—Pero estos primeros hombres consagraron los productos de la tierra y los juzgaban
dioses, y adoraban a esas cosas, sobre las que vivían ellos mismos, y toda su posteridad, y
todo ante ellos; a ellos le hacían libaciones y sacrificios. (Entonces continúa: — Tales eran
los artificios de su culto de acuerdo a su imbecilidad y estrechez de sus almas). —
Eusebio. Preparación evangélica. Libro I, cap. 10.

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