República de Colombia
Corte Suprema de Justicia
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
SALA DE CASACIÓN PENAL
LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA
Magistrado ponente
SP1290-2018
Radicación 43529
(Aprobado Acta No. 127)
Bogotá D.C., veinticinco (25) de abril de dos mil
dieciocho (2018).
VISTOS:
Resuelve la Sala el recurso extraordinario de casación
interpuesto por la Fiscalía, contra la sentencia absolutoria
proferida por el Tribunal Superior de Neiva a favor de ÓSCAR
IVÁN BERNAL ORTIZ, BENANCIO RAMOS GONZÁLEZ,
WILSON GUEVARA SAMBONÍ, WILLIAM SÁNCHEZ RUIZ,
JAVIER CÓRDOBA GUACA y JESÚS ANTONIO VARGAS
ANACONA.
HECHOS:
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
El 20 de octubre de 2005 tropas pertenecientes a la
compañía Goliat 1 del Ejército Nacional al mando del cabo
primero Albeiro Ricaurte Rojas Bocanegra y compuesta por
tres escuadras, acantonaron en la vereda El silencio del
municipio de Palestina (Huila) y aproximadamente a la media
noche su comandante ordenó a la primera escuadra,
integrada por el cabo segundo Dairo Antonio Fuentes Flórez,
quien la dirigía, por el dragoneante Raúl Cerón Sánchez y por
los soldados profesionales ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ,
BENANCIO RAMOS GONZÁLEZ, WILSON GUEVARA
SAMBONÍ, WILLIAM SÁNCHEZ RUIZ, JAVIER CÓRDOBA
GUACA y JESÚS ANTONIO VARGAS ANACONA, verificar la
existencia de un ruido producido cerca de allí por un vehículo
automotor.
Según la acusación, los miembros de la mencionada
escuadra se dirigieron al sitio indicado y allí realizaron la
retención de Jhon Jairo Hoyos Tarazona y Yesid Ortiz
Paladínez, quienes al parecer se movilizaban en el automóvil
de placas CBO 723, dentro del cual se encontraron 16.971
gramos netos de cocaína, y en la motocicleta de placas HTN
66. Los militares los condujeron hasta el lugar donde
acampaba el suboficial Rojas Bocanegra y, aproximadamente
dos horas después, dispararon contra ellos, ocasionándoles la
muerte. En informe fechado 21 de octubre de 2005 el
comandante de la compañía Goliat 1 los reportó como dados
de baja en enfrentamiento suscitado con la tropa castrense.
ANTECEDENTES PROCESALES:
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
1. El trámite de la investigación estuvo inicialmente a
cargo de la Justicia Penal Militar, pero al advertir su falta de
competencia la remitió a la Fiscalía General de la Nación,
cuyo delegado escuchó en indagatoria a Raúl Cerón Sánchez,
Dairo Antonio Fuentes Flórez, WILLIAM SÁNCHEZ RUIZ,
WILSON GUEVARA SAMBONÍ, JAVIER CÓRDOBA GUACA,
José Aladino Guaspa Peña, JESÚS ANTONIO VARGAS
ANACONA y Albeiro Ricaurte Rojas Bocanegra.
2. Tras resolver la situación jurídica a los
prenombrados, mediante resolución del 7 de febrero de 2011
el fiscal decidió cerrar la instrucción respecto de Raúl Cerón
Sánchez, Dairo Antonio Fuentes Flórez, José Aladino Guaspa
Peña y Albeiro Ricaurte Rojas Bocanegra, actuación que, por
tanto, prosiguió por cuerda separada.
3. Posteriormente, el instructor escuchó en indagatoria
a ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ y BENANCIO RAMOS
GONZÁLEZ y les resolvió la situación jurídica. Clausurada la
investigación, el 8 de julio de 2011 los acusó, junto a
WILLIAM SÁNCHEZ RUIZ, WILSON GUEVARA SAMBONÍ,
JAVIER CÓRDOBA GUACA y JESÚS ANTONIO VARGAS
ANACONA, por el delito de homicidio agravado en concurso
homogéneo, decisión confirmada el 25 de agosto siguiente en
razón a la apelación interpuesta por la defensa.
4. Tramitado el juicio, el Juzgado Segundo Penal del
Circuito de Pitalito, mediante sentencia del 15 de junio de
2012, absolvió a los acusados.
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
5. La Fiscalía apeló ese pronunciamiento y el Tribunal
Superior de Neiva, a través del fallo impugnado en casación,
proferido el 15 de noviembre de 2013, le impartió
confirmación.
6. Por auto del 21 de abril de 2014 la Corte admitió la
respectiva demanda y ordenó correr traslado a la
Procuraduría.
LA DEMANDA:
Cargo único. Violación indirecta de la ley sustancial
por errores de hecho derivados de falso juicio de
identidad, falso juicio de existencia y falso
raciocinio.
En el primero de esos errores se incurrió porque el
Tribunal cercenó las indagatorias de los procesados al no
tener en cuenta sus afirmaciones dirigidas a fingir la
existencia de un combate y a negar que el día de los hechos
capturaron alguna persona. Ese yerro le permitió desechar el
indicio de mala justificación.
La Corporación judicial desestimó, igualmente, el indicio
de presencia, argumentando que también podría predicarse
de los 36 integrantes del pelotón que estaba en el área. Pero
para ello dejó de apreciar lo dicho por los miembros de la
primera escuadra, quienes negaron la presencia de la
segunda y tercera. Así lo manifestaron, en particular, el cabo
Dairo Antonio Fuentes Flórez y el soldado WILLIAM
SÁNCHEZ RUIZ. Y de esa situación da cuenta también la
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inspección judicial realizada el 30 de noviembre de 2010, en
cuyo desarrollo Albeiro Ricaurte Rojas Bocanegra,
comandante del pelotón, indicó que sólo le dio orden de
desplazarse hasta el sitio de los hechos a la primera
escuadra.
El falso juicio de existencia ocurrió por cuanto el ad
quem pretermitió el oficio del 21 de octubre de 2005, suscrito
por el cabo primero Albeiro Rojas Bocanegra, comandante
“Goliat uno”, en el cual informó al comandante del Batallón
Magdalena de Pitalito lo ocurrido ese mismo día, precisando
que la orden de formar se la impartió a los miembros de la
primera escuadra, quienes hicieron el desplazamiento. En ese
mismo documento le comunicó a su superior acerca de: “los
delincuentes dados de baja”, “el material de guerra
incautado”, “vehículos inmovilizados” y “testigos de los
hechos”, entre quienes se incluyó a los seis soldados objeto
de la absolución.
Según la demandante, si los referidos soldados “no
estaban en el sitio o no tuvieron participación en los
homicidios, ¿qué razón tuvo el comandante del pelotón para
citarlos como testigos?”. En su criterio, con esta clase de
conductas, sobre todo tratándose de servidores encargados
de preservar la vida de los ciudadanos, lo que se busca es
que no salgan del conocimiento de sus coautores o partícipes.
El falso raciocinio, a su turno, la impugnante lo
sustentó señalando que así no se haya podido determinar
quién o quiénes de los militares dispararon contra la
humanidad de los hoy occisos, ni quiénes los custodiaron o
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
montaron la escena, lo cierto es que la realización del acaecer
delincuencial requirió la participación de un grupo
considerable de personas (más de tres), pues de acuerdo con
el testimonio de Luz Dary Peña Valenzuela, los aprehendidos
fueron llevados uno por uno hasta donde se encontraba el
comandante del pelotón. Además, uno de ellos intentó huir y
su ejecución ocurrió en la enramada, lugar distante de ese
sitio. De manera, pues, que se necesitaba de un concurso de
voluntades y de una división de trabajo.
Adicionalmente, los miembros de la primera escuadra,
al ser quienes efectuaron la captura de los hoy occisos,
tenían el deber legal y constitucional de protegerles la vida. Si
no volvieron a tener contacto con éstos luego de ponerlos a
disposición del comandante, no tenían por qué negar la
aprehensión y fingir la existencia de un combate. Además, en
los casos de ejecuciones arbitrarias quienes figuran como
testigos son aquellos “que han intervenido en los hechos o
aquellos con quienes se ha hecho el montaje para argumentar
un combate”.
Así las cosas, le solicitó a la Corte casar la sentencia
impugnada para, en su lugar, condenar a los acusados.
CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO:
Sobre el falso juicio de identidad denunciado, señaló que
si el Tribunal encontró demostrada la inexistencia del
combate aducido por los procesados y si, además, tuvo por
probado que se produjo la retención de dos personas, quienes
luego aparecieron muertas como consecuencia de impactos
de bala disparados por miembros de la fuerza pública, difícil
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
resulta no concluir que la responsabilidad recae en éstos,
pues al quedar bajo su custodia, conforme lo determinó el
Consejo de Estado, Sección Tercera, en la decisión 10530 de
1998, estaban obligados a garantizarles la integridad
personal y la vida.
En ese sentido, es necesario aquí aplicar la regla de la
experiencia según la cual “si una persona está bajo el cuidado
del Estado y bajo ese cuidado fallece con tiros de armas del
mismo Estado que es quien tiene el monopolio de las mismas,
resultaría como conclusión que quien produjo el resultado
fueron las personas que tenían ese deber de cuidado”.
En contra de los acusados procede atribuir, además, los
indicios de mentira y presencia en el lugar de los hechos,
dado que fingieron la existencia de un ataque para ocultar la
realidad y no demostraron que las víctimas hayan salido de la
esfera de su cuidado o que un hecho ajeno a su voluntad les
causó la muerte.
En relación con el falso juicio de existencia, la Delegada
de la Procuraduría destacó cómo el informe suscrito por el
cabo primero Albeiro Rojas Bocanegra da cuenta que
enterado sobre “la frenada de un vehículo” ordenó formar a la
primera escuadra al mando del cabo tercero Dairo Fuentes
Flórez, quien una vez organizó el personal inició el respectivo
desplazamiento y al llegar al lugar de destino fueron
sorprendidos con disparos, por lo que procedió a mantener el
control de la situación, como consecuencia de lo cual
resultaron abatidos dos sujetos, de cuyo operativo se
relacionaron como testigos a los soldados aquí procesados.
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
El mencionado informe permite concluir, por tanto, que
los soldados que conformaban la primera escuadra eran
quienes tenían el manejo de la situación el día de los hechos
y, por eso, acomodaron los reportes, la escena del crimen y la
versión que darían ante las autoridades y sus superiores,
todo lo cual lleva al convencimiento de que son los
responsables del desenlace ocurrido a las dos personas
retenidas que posteriormente aparecieron muertas.
Respecto del falso raciocinio, el Ministerio Público
estuvo de acuerdo con el demandante en que el combate
aducido por los procesados no existió sino que se trató de un
montaje para encubrir las arbitrariedades de los miembros
del Ejército Nacional, quienes capturaron vivas a las dos
personas, las llevaron hasta donde estaba el comandante y
luego las trasladaron al lugar en que les dieron muerte,
situación que implicó la participación de más de un soldado,
como en efecto ocurrió.
Cuestionando el planteamiento del Tribunal consistente
en que los procesados no estaban obligados a decir la verdad
en la indagatoria, pues corresponde ésta a un medio de
prueba del cual pueden derivarse consecuencias probatorias
favorables o desfavorables, concluyó que aquéllos
intervinieron en la ejecución del plan criminal a modo de
coautores.
Le solicitó a la Corte, por tanto, casar la sentencia
impugnada y, en su lugar, emitir condena.
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CONSIDERACIONES DE LA CORTE:
Como la demanda fue declarada ajustada a derecho
desde el punto de vista formal, la Sala tiene la obligación de
pronunciarse sobre los temas planteados por el casacionista,
según así lo ha señalado de manera reiterada la
jurisprudencia de la Corte.
Para el efecto, la Corte previamente reseñará los
fundamentos expuestos por la Corporación judicial como
sustento de la decisión impugnada y luego abordará el
examen del único cargo formulado en la demanda.
(i) Razones del Tribunal.
1. Aun cuando los integrantes de la primera escuadra de
la compañía Goliat 1 dieron captura a las víctimas, lo cierto
es que ellos después las llevaron hasta donde se encontraba
el cabo primero Albeiro Ricaurte Rojas Bocanegra, sin que se
conozca qué militares dieron muerte a esas personas.
2. El indicio derivado de la pretensión de los procesados
de hacer creer en sus indagatorias que las muertes se
produjeron en desarrollo de un enfrentamiento no es
suficiente para endilgarles responsabilidad penal, máxime
cuando al estar libres de apremio y juramento no estaban
obligados a decir la verdad ni a declarar en contra suya.
3. Aun cuando los acusados se encontraban en el lugar
de los hechos, el indicio de presencia que así surge se puede
predicar no sólo de ellos sino de los 36 militares que estaban
allí, quienes portaban armas de dotación.
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4. No obra prueba en la actuación que demuestre que
los procesados, después de llevar a los capturados hasta
donde se encontraba el comandante de la compañía,
volvieron a entrar en contacto con éstos.
5. En fin, no existe certeza de si dispararon contra ellos
después de que los aprehendieron y hasta cuando los
entregaron al comandante, sobre todo cuando no tenían
rango que les permitiera impartir órdenes dentro del pelotón,
generándose así incertidumbre sobre su autoría, coautoría o
participación en los homicidios.
(ii) Respuesta a la demanda.
La recurrente reprochó al ad quem incurrir en falso
juicio de identidad, falso juicio de existencia y falso
raciocinio. Revisada la actuación, encuentra la Corte que aun
cuando algunos de los yerros denunciados no tuvieron
ocurrencia, otros sí y también que la sentencia acusa la
presencia de varios errores que no advirtió la demandante,
los cuales revisten trascendencia para derruir las
conclusiones allí plasmadas.
En efecto, según la censora, el Tribunal les cercenó a
las indagatorias rendidas por los procesados los segmentos
donde fingieron la existencia de un combate y negaron que el
día de los hechos dieran captura a alguna persona,
equivocación que le permitió desechar el indicio de mala
justificación. Tal omisión no ocurrió, como lo pone de
presente el siguiente aparte de la sentencia:
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“De otra parte, aunque en las indagatorias rendidas por
los señores Óscar Iván Bernal Ortiz, William Sánchez
Ruiz, Wilson Guevara Samboní, Javier Córdoba Guaca y
Jesús Antonio Vargas Anacona coincidieron en que
cuando iban bajando para verificar el ruido que habían
escuchado, les dispararon desde la parte de abajo y que
ellos reaccionaron, presentándose un cruce de disparos
en que se dieron las dos bajas, y que a decir del primero
de los citados se prolongó por dos minutos y Córdoba
Guaca de seis a ocho minutos, en tanto que Vargas
Anacona dijo que había transcurrido de cinco a diez
minutos, habiendo negado categóricamente que algunas
personas hubieran sido capturadas, a excepción de
Guevara Samboní que dijo no haberse dado cuenta de
ello, la Sala no le da credibilidad a esas manifestaciones,
pues, se reitera, al menos seis de los residentes en el
sector reiteraron que esa noche el Ejército capturó una o
dos personas y la señora Luz Dary Peña Valenzuela fue
clara y reiterativa en señalar que escuchó cuando el
comandante dijo que les llevaran los capturados y éstos
le suplicaban que no los fueran a matar”1.
Como se observa, en el fallo impugnado sí se contempló
la excusa de los procesados consistente en aducir que las
muertes ocurrieron en desarrollo de un enfrentamiento y que,
por ende, los occisos no fueron previamente objeto de
aprehensión. Sea del caso precisar que la Corporación
judicial no desechó la estructuración del indicio de mala
justificación sino que no lo consideró suficiente para declarar
la responsabilidad de los procesados y, en todo caso, éstos no
estaban obligados a decir la verdad ni a declarar en contra
1
Página 44 del fallo de segunda instancia.
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suya, porque la indagatoria la rindieron libres de apremio y
juramento. Sobre este tema volverá la Sala más adelante.
Para la impugnante, el ad quem mutiló también las
declaraciones injuradas, en el aspecto donde los acusados
negaron la presencia de las escuadras dos y tres, como lo
confirmó Albeiro Ricaurte Rojas Bocanegra, comandante de la
compañía Goliat 1, quien en la inspección judicial realizada el
30 de noviembre de 2010 afirmó que sólo le dio orden de
desplazarse hasta el sitio de los hechos a la primera
escuadra. Esta equivocación tampoco tuvo ocurrencia, pues
sobre el particular el Tribunal razonó en los siguientes
términos:
“Se sabe igualmente que en la operación “Olivo” se
consideró como militares destacados al C3 Darío (sic)
Fuentes Flórez y a los soldados Raúl Cerón Sánchez,
Jesús Vargas Anacona, Óscar Bernal Ortiz, William
Sánchez Ruiz, Javier Córdoba Guaca, Wilson Guevara
Samboní y Bernardo Ramos González, tal como se indica
en el informe adiado el 23 de octubre de 2005, suscrito
por el cabo primero Albeiro Rojas Bocanegra, comandante
del pelotón Goliat uno, quienes hacía parte de la primera
escuadra al mando del cabo Fuentes Flórez, tal como lo
admitieron en sus injuradas”2.
Nuevamente, es necesario destacar que el sentenciador
de segunda instancia tampoco desestimó el indicio de
presencia. Lo encontró configurado, sólo que lo catalogó de
carácter leve porque en el lugar de los hechos estaban 36
militares y todos ellos pudieron disparar en contra de los
2
Páginas 20 y 21 ídem.
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capturados. También sobre este tema volverá la Corte más
adelante.
Por lo pronto, debe anotar que el ad quem sí incurrió en
falso juicio de identidad en relación con las indagatorias
rendidas por los soldados WILLIAM SÁNCHEZ RUIZ y
WILSON GUEVARA SAMBONÍ, en cuanto les cercenó los
segmentos en los cuales éstos manifestaron que los
integrantes de las escuadras dos y tres no accionaron sus
armas la noche en que ocurrieron los hechos 3.
Sostuvo el demandante, de otra parte, que el Tribunal
dejó de apreciar el oficio del 21 de octubre de 2005, suscrito
por el cabo primero Albeiro Rojas Bocanegra, comandante del
pelotón Goliat 1. El siguiente análisis de la sentencia indica
que ese yerro no tuvo existencia:
“Las pruebas allegadas a la actuación demuestran
claramente que en la madrugada del 21 de octubre de
2005 integrantes del pelotón de la Compañía Goliat del
Batallón de Infantería 27 Magdalena, en cumplimiento de
la operación “Olivo” realizaban operaciones de registro y
control en la vereda El Silencio del municipio de Palestina,
dieron muerte a los señores Jhon Jairo Hoyos Tarazona y
Yesid Ortiz Paladines, tal como se extracta de los informes
1982 de esa fecha emanado del Cuerpo Técnico de
Investigación y 3158 de ese mismo día, procedente de la
comandancia del citado Batallón, al igual que del informe
en que en la misma data suscribió el Cabo Primero Albeiro
Rojas Bocanegra, comandante del pelotón antes
mencionado y de las actas de inspección a cadáver, como
3
Folios 25 y 31 del cuaderno # 2.
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también de la prueba testimonial recaudada y de las
versiones e indagatorias rendidas por los acusados” 4.
Advierte sí la Corte que la Corporación judicial le
pretermitió al oficio suscrito por el comandante de la
compañía Goliat 1 el pasaje en el cual menciona como testigo
de los hechos al propio Albeiro Ricaurte Rojas Bocanegra, así
como al cabo tercero Dairo Fuentes Flórez, al dragoneante
Raúl Cerón Sánchez y a los soldados JESÚS ANTONIO
VARGAS ANACONA, WILLIAM SÁNCHEZ RUIZ, ÓSCAR IVÁN
BERNAL ORTIZ, JAVIER CÓRDOBA GUACA, WILSON
GUEVARA SAMBONÍ y BENANCIO RAMOS GONZÁLEZ. Por
tanto, en relación con esa prueba, realmente, no incurrió en
falso juicio de existencia sino en falso juicio de identidad.
Ahora bien, en la demanda la Fiscalía plantea varios
enunciados, sugiriendo que constituyen criterios de la sana
crítica quebrantados por el Tribunal y por ello le atribuye
incurrir en falso raciocinio. Esos enunciados se pueden
puntualizar de la siguiente manera:
1) Se requiere un grupo considerable de personas (más de
tres) para realizar esta clase de acciones
delincuenciales, pues de acuerdo con el testimonio de
Luz Dary Peña Valenzuela, los aprehendidos fueron
llevados uno por uno hasta donde se encontraba el
comandante del pelotón.
2) Los miembros de la primera escuadra, al ser quienes
efectuaron la captura de los hoy occisos, tenían el deber
legal y constitucional de protegerles la vida.
4
Página 17 ídem.
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3) En los casos de ejecuciones arbitrarias quienes figuran
como testigos son aquellos “que han intervenido en los
hechos o aquellos con quienes se ha hecho el montaje
para argumentar un combate”.
En cuanto al primero, encuentra la Corte que el ad
quem no desconoció que acciones como las imputadas a los
aquí acusados se suelen ejecutar por un número plural de
personas. Precisamente, a partir de esa premisa fue que le
restó fuerza probatoria al indicio de presencia, pues señaló
que éste “no se puede predicar sólo de ellos, sino también de
los 36 integrantes del pelotón”.
No se remite a discusión, de otra parte, que quienes
efectúan la captura de alguien están en el deber de protegerle
la vida. Pero no se trata ello de una regla de la experiencia o
de un principio lógico sino de un imperativo constitucional,
que en el caso de las Fuerzas Militares está consagrado en el
artículo 217, conforme al cual dicha institución tiene como
finalidades primordiales, entre otras, la defensa del orden
superior, cuyos elementos centrales, como lo señaló la Corte
Constitucional en la sentencia SU 1184 de 2001, están
constituidos por el cumplimiento “...de los principios,
derechos y deberes consagrados en la Constitución...”, según
así lo establece su artículo 2º.
Ese deber implica que las Fuerzas Militares, en calidad de
agentes del Estado, ostentan posición de garante en relación con
los bienes jurídicos cuya protección les encomienda la
Constitución y la Ley. La posición de garante, como se sabe,
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consiste en el deber jurídico que tiene una persona de impedir
un resultado típico cuando conoce que va a ocurrir y que el
mismo es evitable dentro de la órbita de su competencia.
No obstante, no resulta factible formular juicio de
reproche a los procesados por la omisión del deber de obrar
para impedir un riesgo conocido, pues la acusación no se
sustentó en ese supuesto fáctico sino en perpetrar
materialmente, en condición de coautores, los homicidios de
Jhon Jairo Hoyos Tarazona y Yesid Ortiz Paladínez. Por
tanto, de procederse en ese sentido, se quebrantaría la garantía
fundamental de congruencia, generándose vicio invalidante de
la actuación procesal (Cfr. SP19677, 23 nov. 2017, rad.
36487).
En realidad, pareciera que la demandante se refiriera al
enunciado al cual alude la Delegada del Ministerio Público como
constitutivo de regla de la experiencia, es decir: si una persona
fallece con disparos de arma de fuego cuando está bajo la
custodia de miembros de la fuerza pública, es porque éstos
fueron quienes la mataron.
Ese enunciado, sin embargo, no constituye una regla de
la experiencia sino que es manifestación del principio lógico
de razón suficiente, acorde con el cual todo lo que ocurre
tiene una razón suficiente para ser así y no de otra manera, o
en otras palabras, todo tiene una explicación suficiente.
Ciertamente, si alguien es capturado por efectivos de las
fuerzas armadas y durante el tiempo en que éstos lo
mantienen bajo su vigilancia, muere en virtud de la acción de
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disparos de armas de fuego, la única explicación lógica y
razonable es que el homicidio lo ejecutaron sus custodios,
salvo demostrarse que se trató de una agresión externa, como
por ejemplo cuando un grupo armado toma por sorpresa a las
autoridades y les dispara, produciendo el deceso del
aprehendido, situación que, sin embargo, no ocurrió en el
presente caso.
De todas maneras, advierte la Corte que el Tribunal no
pretermitió el citado principio, pues en el fallo reconoció que
a las víctimas las ultimaron cuando se encontraban bajo la
custodia de los militares, sólo que encontró dudas sobre si la
acción delictiva fue obra de los miembros de la primera
escuadra o de los integrantes de la segunda o de la tercera.
Para ello se soportó en el testimonio de Luz Dary Peña
Valenzuela, quien manifestó que la primera escuadra entregó
los capturados al comandante del pelotón, cuyo suboficial los
interrogó y luego ordenó que se los llevaran, sin que supiera
quién quedó a cargo de ellos ni mucho menos quién o
quiénes les dispararon.
La aludida declarante, es verdad, manifestó que los
militares que realizaron la captura trasladaron a los
retenidos, uno por uno, al lugar donde se encontraba el
comandante y éste, luego de interrogarlos, pidió que se los
llevaran, sin saber quiénes fueron los destinatarios de esa
orden.
No obstante, no es factible sentar la conclusión a la cual
arribó el ad quem. La duda que abrigó al respecto es producto
17
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de los errores de hecho por falso juicio de identidad en que
incurrió al cercenar –conforme quedó visto atrás— primero,
los apartes de las indagatorias rendidas por los soldados
WILLIAM SÁNCHEZ RUIZ y WILSON GUEVARA SAMBONÍ en
las cuales manifestaron que los integrantes de las escuadras
dos y tres no accionaron sus armas la noche en que
ocurrieron los hechos. Y segundo, el fragmento del oficio del
21 de octubre de 2005, suscrito por el cabo primero Albeiro
Rojas Bocanegra, comandante del pelotón Goliat 1, en donde
se menciona como testigo de los hechos al comandante
Albeiro Rojas Bocanegra, así como a todos los integrantes de
la primera escuadra.
Esas equivocaciones hicieron que se vulnerara, ahora sí,
el principio lógico de razón suficiente al cual hizo alusión la
demandante, aun cuando sin identificarlo con ese nombre, en
cuanto pasó por alto que la única explicación razonable de
que el comandante del pelotón hubiese reseñado como
testigos de los hechos, además de él mismo, quien fue el
encargado de dar las órdenes, a los integrantes de la primera
escuadra –no así a los de la segunda ni a los de la tercera—,
es que aquéllos fueron quienes estuvieron siempre a cargo de
los capturados, inclusive después de que Rojas Bocanegra los
sometió a interrogatorio.
Es claro que si los otros militares hubiesen intervenido
de alguna forma en los hechos, habrían sido mencionados en
el informe para efecto de las subsiguientes aclaraciones y
explicaciones acerca de lo sucedido, sobre todo si lo que se
pretendía era fingir que las muertes ocurrieron en desarrollo
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de un enfrentamiento armado. Sin duda, a quienes les
interesaba ocultar la realidad era a aquellos que ejecutaron
extrajudicialmente a los capturados y si solamente quedaron
registrados como testigos los miembros de la primera
escuadra, es porque fueron ellos los autores de ese execrable
crimen.
No resulta accidental, por tanto, que todos los
integrantes de la primera escuadra hubieran insistido en sus
indagatorias en que en el procedimiento no se produjeron
capturas y que los decesos ocurrieron en desarrollo de un
enfrentamiento armado. Esa exculpación, sin embargo, fue
desvirtuada en el proceso con los testimonios de residentes
del sector, como el de Luz Dary Peña Valenzuela, quien
manifestó haber escuchado desde su casa, situada muy cerca
de donde ocurrieron los hechos, cuando los militares
reportaron a su superior la captura de dos personas y cuando
momentos después se los llevaron, uno por uno, para ser
interrogados por él5. O como el de Guillermo Samboní
Imbachi, quien declaró que vio desde la ventana de su casa
cuando los uniformados trasladaban a los dos aprehendidos
–primero a uno y más atrás al otro, según sus precisos
términos—6.
La anterior situación permite, a no dudarlo, edificar en
contra de los procesados el indicio de mentira o mala
justificación, sin que sea de recibo el argumento del Tribunal,
que puso en duda su capacidad demostrativa afirmando que
éstos no estaban obligados a decir la verdad ni a declarar en
5
Folios 246 a 248 del cuaderno # 1.
6
Folios 255 y 256 cuaderno ídem.
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contra suya, pues se encontraban libres de apremio y
juramento. Como lo ha expresado la Corte:
“… el derecho a la no autoincriminación no presupone el
derecho a mentir. Sólo implica que el procesado no puede
ser constreñido, de ninguna manera, a decir la verdad, y
por esta razón se le exime del juramento, pero esto no
quiere decir que si falta a ella, su actitud no pueda ser
tenida cono indicio de responsabilidad en el hecho
investigado cuando cumple las exigencias de orden
fáctico y jurídico en su deducción” (SP, 29 agos. 2002,
rad.16370; en el mismo sentido, SP, 9 may. 2012, rad.
27026)
Por supuesto que el aludido indicio no sería suficiente,
por sí solo, para condenar a los acusados. Pero ocurre que no
es el único elemento de juicio que obra en su contra. A ellos
también les es deducible el indicio de oportunidad para
delinquir o de presencia, considerado por la Corporación
judicial de carácter leve como consecuencia de los errores de
hecho en que incurrió, pero que en realidad reviste carácter
grave e, inclusive, necesario, dado que hacían parte de la
primera escuadra del pelotón o compañía Goliat 1, fueron
quienes capturaron a las víctimas y bajo su exclusiva
custodia estaban éstas cuando murieron a causa de disparos
de armas de fuego, de manera que, como quedó visto atrás,
esa acción no la pudieron ejecutar sino los integrantes de
dicha escuadra.
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Prospera el cargo. En consecuencia, la Sala casará la
sentencia impugnada y, en su lugar, condenará a ÓSCAR
IVÁN BERNAL ORTIZ, BENANCIO RAMOS GONZÁLEZ,
WILSON GUEVARA SAMBONÍ, WILLIAM SÁNCHEZ RUIZ,
JAVIER CÓRDOBA GUACA y JESÚS ANTONIO VARGAS
ANACONA, como coautores del delito de homicidio agravado
conforme al numeral 7º del artículo 104 del Código Penal, en
concurso homogéneo.
Es de precisar que la agravante deducida a los
procesados se materializó en este caso porque, como lo señaló
la Fiscalía en la resolución de acusación, ejecutaron los
punibles cuando las víctimas se hallaban bajo su custodia en
calidad de retenidos, es decir, en estado de indefensión.
Dosificación punitiva:
Las conductas atribuidas a los acusados, como quedó
visto, se encuentran previstas en el artículo 104 del Código
Penal, norma que las reprime con prisión de 25 a 40 años.
Como ambas tienen la misma sanción, se toma una de
ellas como base para efectuar la respectiva tasación. La pena
deberá determinarse dentro del primer cuarto, como quiera
que en la acusación no se imputaron circunstancias
genéricas de mayor punibilidad. Ese segmento punitivo
corresponde a los extremos que oscilan entre 25 años y 28
años y 9 meses.
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
En atención a los criterios dosimétricos contemplados
en el numeral 3º del artículo 61 del Código Penal, la Corte
fijará 26 años de prisión a cada uno de los procesados. Se
tiene en cuenta para el efecto, en concreto, la gravedad del
delito cometido y la necesidad de la pena, pues su realización
fue obra de personas a quienes el Estado les confió el uso de
las armas para proteger a la ciudadanía y, en vez de ello, las
emplearon con un fin totalmente distinto, esto es, causar
daño injustificado mediante el reprochable mecanismo de la
ejecución extrajudicial, proceder que por causar gran alarma
social demanda una drástica respuesta punitiva.
Como se trató de dos punibles cometidos en las mismas
circunstancias, en virtud de lo dispuesto en el artículo 31 del
Código Penal se incrementará la sanción en 4 años, para un
total de 30 años de prisión, monto que se impondrá a cada
uno de los acusados, a modo de sanción principal.
Se les aplicará también, a título de pena accesoria,
inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones
públicas por el lapso de 20 años.
Por último, se les negará la suspensión condicional de la
ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, por no
satisfacer los requisitos establecidos en los artículos 63
(modificado por el artículo 29 de la Ley 1709 de 2014) y 38
(modificado por el artículo 23 de la misma disposición legal)
del Código Penal, respectivamente, dado el monto de la pena
a imponer y la sanción mínima prevista para las conductas
cometidas.
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
En consecuencia, como los procesados gozan
actualmente de libertad, se librará en su contra orden de
captura de manera inmediata.
Acotación final:
Aclaran los suscritos Magistrados que no se encuentran
impedidos para proferir la presente sentencia, así hubieran
intervenido en la emisión del auto del 11 de octubre de 2017
(rad. 50135), en el cual la Corte inadmitió la demanda de
casación presentada por el defensor de Raúl Cerón Sánchez,
Dairo Antonio Fuentes Flórez, José Aladino Guaspa Peña y
Albeiro Ricaurte Rojas Bocanegra contra la sentencia del 7 de
diciembre de 2016, por cuyo medio los condenó por el delito
de homicidio agravado, en concurso homogéneo y al último
de ellos, adicionalmente, por falsedad ideológica en
documento público.
Aunque se trata de los mismos hechos, la intervención
que tuvimos allí ocurrió en ejercicio de las funciones
judiciales atribuidas por la ley a la Corte, y si bien la
jurisprudencia actual contempla la posibilidad de que
también en esa eventualidad se configuren impedimentos, la
Sala tiene señalado, igualmente, que si la participación se
presenta por fuera de la actuación procesal que es objeto de
la nueva decisión, la inhibición sólo se produce de manera
excepcional cuando se anticipen “juicios concretos de
responsabilidad penal contra quien se dirige la acción en el
proceso en el cual se tramita el incidente de impedimento o
recusación, circunstancia que encuentra, además, plena
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
justificación penal propendiendo por la seguridad jurídica 7”
(CSJ AP6696, 10 oct. 2017, rad. 45189; en el mismo sentido,
AP, 21 abr. 2004, rad. 22121).
Esa situación no acontece en el presente caso, pues en
el auto del 11 de octubre de 2017 no se abordó la
responsabilidad de quienes son objeto de la presente
sentencia, de manera que no se hicieron juicios concretos
relacionados con ese aspecto.
En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE
JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL, administrando
justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,
RESUELVE
Primero. CASAR el fallo impugnado.
Segundo. CONDENAR a ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ,
BENANCIO RAMOS GONZÁLEZ, WILSON GUEVARA
SAMBONÍ, WILLIAM SÁNCHEZ RUIZ, JAVIER CÓRDOBA
GUACA y JESÚS ANTONIO VARGAS ANACONA a la pena
principal de treinta (30) años de prisión, así como a la
accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y
funciones públicas por el lapso de veinte (20) años, como
coautores del delito de homicidio agravado, en concurso
homogéneo.
Tercero. NEGAR a los sentenciados la suspensión
condicional de la ejecución de pena y la prisión domiciliaria.
7
CSJ CSJ auto del 10 de septiembre de 2014, Radicado 44.356.
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
En consecuencia, líbrense de inmediato órdenes de captura
en su contra.
Cuarto. En firme esta decisión, envíense las
comunicaciones de ley.
Contra esta providencia no proceden recursos.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.
LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA
JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA
JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO
FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO
EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER
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ÓSCAR IVÁN BERNAL ORTIZ Y OTROS
EYDER PATIÑO CABRERA
PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR
LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO
NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA
Secretaria
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