¿Cómo te
atreves a volver?
Sophie Saint
Rose
Índice
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Epílogo
Capítulo 1
Lorrie dio veinte pavos al taxista
mirando la fachada de piedra de la casa
familiar en la cincuenta y cuatro este.
Apretó los labios cuando vio salir de la
casa a un hombre vestido de negro con
una carpeta en la mano. Parecía que
tenía prisa, porque se metió en un coche
que salió al tráfico antes de que el
taxista le diera la vuelta. Abrió la puerta
y cogió la bolsa de viaje y el ordenador
colgándoselas al hombro antes de
sonreír al chófer que le entregó la
maleta que llevaba en el maletero. —
Gracias.
—De nada, guapa. Por esos
ojitos azules lo que haga falta. —Le
guiñó un ojo con picardía antes de
rodear el coche para volver tras el
volante. En otro momento le hubiera
hecho gracia su descaro, pero estaba tan
nerviosa que casi ni le había escuchado.
Se volvió y se dijo que debía tener
valor. Siempre había sabido que ese
momento tenía que llegar tarde o
temprano. Desgraciadamente había sido
más temprano de lo que le gustaría.
Dejó salir el aire que estaba
conteniendo y se acercó a los tres
escalones, que empezó a subir
deteniéndose en el segundo. Durante un
momento vio el zapatito de charol negro
con un calcetín blanco de hilo que había
llevado hacía años cuando había llegado
a esa casa el día del funeral de sus
padres, y se le cortó el aliento
parpadeando para ver sus deportivas
blancas. Con el corazón a mil miró la
puerta negra y el llamador dorado. —
Tranquilízate. Te vas a volver loca.
Dejó la maleta en el suelo y
alargó la mano para pulsar el timbre. Un
sonido que recordaba muy bien. Vio su
reflejo en el llamador dorado y
sintiendo un nudo en la garganta se
apartó la trenza rubia que tenía en el
hombro. Igual debería haberse arreglado
un poco antes de… La puerta se abrió de
golpe y se quedó en shock. Craig estaba
ante ella y la miraba de una manera que
podría congelar el desierto. Había
cambiado muchísimo porque parecía
mucho más hombre. De hecho, era un
hombre con todas las letras. Ahora tenía
más músculo y su cara había madurado
hasta convertirlo en una persona que
intimidaba con solo una mirada de sus
ojos verdes, que seguían rodeados por
esas larguísimas pestañas morenas que
siempre había envidiado. No se parecía
mucho al chico de veintidós años que
había visto la última vez, aunque sus
ojos eran los mismos y la observaban
con la misma frialdad con la que la
habían despedido aquel horrible día.
La sorprendió un poco que no
cerrara la puerta de inmediato, hasta que
se dio cuenta de que no la reconocía. Su
estómago se retorció porque estaba
claro que habían seguido con su vida y
que no se esperaba para nada que ella se
presentara y mucho menos precisamente
ese día. Pero claro, habían pasado trece
años y ella también había cambiado
mucho. De hecho había cambiado
muchísimo. Eran dos personas
totalmente distintas. Pero no pudo evitar
que su corazón saltara en su pecho igual
que cuando tenía quince años y le
observaba a escondidas.
—¿Quería algo?
Esa frase le confirmó que no la
reconocía. Incómoda solo dijo —
¿Craig?
Él entrecerró los ojos antes de
tensarse con fuerza mirándola como si
no se lo creyera. Reaccionando dio un
paso hacia ella cerrando la puerta lo que
podía y siseó —¿Qué coño haces tú
aquí?
—La abuela me llamó.
La miró sorprendido. —¡Estarás
de broma! No pienso dejarte entrar en
mi casa.
Lorrie se envaró y levantó la
barbilla sin dejarse intimidar. —Te
recuerdo que es mi casa.
—¿Es que en el tiempo que has
estado fuera de Nueva York te has
vuelto loca? ¡Ésta nunca ha sido ni será
tu casa y lo has demostrado en todos
estos años en los que no te hemos visto
el pelo! —Ella se tensó por su ataque y
agachó la mirada para que no viera que
le había hecho daño con su comentario.
—La abuela ha muerto.
Disimuló el dolor que
provocaron sus palabras antes de
mirarle de nuevo intentando ser lo más
fría posible. —Te acabo de decir que
me llamó. Estaba preparada para esta
noticia, así que gracias por ser tan
delicado.
La miró con desprecio. —Como
si te importara una mierda. No pienso
dejar que alteres a mi familia con tu
presencia. ¡Y mucho menos en un
momento tan sensible como éste! Vete
de aquí ahora mismo.
—Te aseguro que no hubiera
vuelto si no fuera porque la abuela
quería que estuviera aquí precisamente
este día —dijo con orgullo—. Ahora
apártate de mi camino. Estoy cansada y
quiero darme una ducha. Llevo catorce
horas de avión encima y no estoy para
tus tonterías.
Durante un segundo pareció
sorprendido con su respuesta, pero lo
disimuló enseguida. —¡Vete de aquí de
inmediato! Mi madre está a punto de
bajar y…
—Craig, ¿quién es?
La puerta se abrió y mostró a
Noelle Carliste, tan impecable como
siempre con su traje negro de Chanel y
con su cabello castaño esmeradamente
peinado en un moño francés. Su
ensayada sonrisa no llegaba a sus ojos
verdes, también como siempre. No se la
veía demasiado triste a pesar de que
acababa de perder a su madre, pero
claro, la tía no solía mostrar sus
sentimientos. Esa sonrisa se fue
congelando poco a poco mientras la
observaba sin decir ni una sola palabra.
—¿Cómo te atreves a volver? —siseó
dando un paso hacia ella como si
quisiera abalanzarse para arañarla.
Sin sentir ningún miedo porque
no era capaz de atacarla y estropearse su
manicura de cincuenta pavos, Lorrie
bufó sin ninguna delicadeza y agarró su
maleta pasando entre ellos. Se alejaron
de ella como si tuviera la peste y les
miró divertida disimulando lo dolida
que estaba por su cariñoso recibimiento.
De Noelle se lo podía esperar, pero de
Craig… Siempre había tenido la
esperanza de que lo hubiera entendido.
Al parecer había esperado demasiado
de la persona que más había querido
después de sus padres.
Sin mirar a su alrededor empezó
a subir las escaleras. —¿Pero a dónde
va? —preguntó Noelle indignada.
—Considera que ésta es su casa
y pretende quedarse aquí, madre.
—¡Eso ni pensarlo! —gritó
sorprendiéndola.
En mitad de las escaleras se
volvió con la maleta en la mano y
preguntó con ganas de fastidiar —¿Y
vas a echarme tú, Noelle? ¿Por qué no
lo intentas?
—¡Craig! ¡Echa a esta
zarrapastrosa de mi casa! —gritó
perdiendo los nervios.
La miró con asombro y bajó un
escalón amenazante. —¿Qué me has
llamado, pija estirada?
Jadeó de la indignación y Craig
se puso entre ellas mirándola como si
quisiera matarla. —¡Sal de esta casa de
inmediato!
—Llama a la policía si tienes
huevos —dijo asombrándole antes de
seguir subiendo las escaleras—. ¡Me
encantaría que les explicaras las razones
para echarme de mi casa! —Se volvió
cuando llegó arriba y dijo con rabia —
¡Suerte tenéis que os he dejado vivir
aquí todos estos años! ¡Y si lo hice fue
por la abuela!
—¿Se te ha ido la cabeza? ¡Y no
era tu abuela! —Craig la miró furioso.
—¡Nunca fue nada tuyo!
Palideció porque era cierto. No
tenían lazos de sangre, pero eso no
significaba que no la hubiera querido
como si lo fuera. Y Craig lo sabía de
sobra porque la había visto crecer a su
lado, lo que demostraba que solo quería
hacerle daño. —Cierto. No era nada
mío. Lo que nos unía no tenía nada que
ver con la sangre.
—¡No tienes vergüenza, no la
viste en todos estos años! —gritó él
perdiendo los nervios. Subió los
escalones y agarró su maleta tirando del
asa para arrebatársela. Lorrie vio
asombrada como la lanzaba al hall y
ésta se abría del golpe, desperdigando
sus pertenencias por todo el suelo de
mármol. La figura de cristal que siempre
llevaba bien envuelta para que no se
rompiera, salió de la maleta y a pesar
del envoltorio de burbujas pudo
escuchar cómo se rompía desde allí.
Sintiendo el corazón en la boca dejó la
bolsa de viaje y el ordenador en el
suelo. Bajó los escalones a toda prisa
arrodillándose a su lado y abrió el sobre
de burbujas sacando la figura de cristal
para ver que las alas del ángel y su
cabeza se habían roto. Sintió que el
último vínculo que había tenido con su
madre se esfumaba en ese momento y el
dolor que la traspasó fue como un
latigazo en el alma. Una lágrima llegó a
sus pestañas pensando de manera
frenética en si podía arreglarla pues era
lo único que se había salvado del
incendio, pero se dio cuenta de que era
inútil. Era demasiado pequeña y
delicada para que no se notara. La
cabeza rodó en la palma de su mano
hasta caer al suelo y tomó aire
intentando no llorar. Aquella triste
figura la había acompañado durante los
veintiocho años que tenía de vida. Aún
le quedaban los recuerdos y esos no se
los podían quitar.
Craig bajó un escalón. —Siento
que se haya roto, Lorrie —dijo
fríamente—. No imaginaba que llevabas
contigo algo de tanto valor sentimental
para ti.
—Oh, por Dios —dijo su madre
con desprecio—. ¡Si tu madre odiaba
esa figura! ¡Se la había regalado su
suegra y no podía ni verla! ¡La ponía
sobre la chimenea para que ella la viera
en Navidades, pero no la soportaba
porque no le pegaba con la decoración!
—¡Madre!
Pálida miró a Noelle, que sonrió
maliciosa. —Ahora tienes un peso
menos para irte de mi casa.
Furiosa se levantó lentamente
mirándola con rencor. —¡Eso quisieras,
pero pienso quedarme aquí y pienso
echaros a todos, malditos gorrones! ¡A
partir de ahora todo va a cambiar!
—¿Malditos gorrones? —
preguntó Craig acercándose por detrás
—. Serás desagradecida…
—¿Desagradecida? —
Asombrada le enfrentó. —
¿Desagradecida? ¡Desagradecido tú que
estudiaste la carrera a mi costa! ¡Eso
por no hablar de ese despacho tan caro
que tienes en la Quinta Avenida!
Craig la miró incrédulo. —
¿Estás loca?
A Lorrie se le cortó el aliento.
—No lo sabías…
—¡No la escuches, Craig! ¡Solo
quiere hacer daño! ¡La carrera te la pagó
tu abuela, como todo lo demás! ¿Qué te
va a pagar ésta si no tiene dónde caerse
muerta? Solo hay que verla.
Entonces Lorrie empezó a
comprender que la abuela Anne no les
había dicho nada de lo que había
ocurrido. Se echó a reír por la
desconfianza en el rostro de Craig y la
indignación de Noelle. —¿De qué coño
te ríes? —gritó Craig furioso cogiéndola
por el brazo.
—De vosotros. De todo lo que
va a ocurrir aquí hoy —dijo con
descaro.
—¿Por eso estás aquí? ¿Por el
maldito testamento? Si crees que te va a
dejar algo…
Ella se echó a reír de nuevo. Era
tan cómico. Miró hacia Noelle que
estaba preocupada y se rió aún más. Su
tía apretó los labios y furiosa le pegó un
bofetón haciéndole perder la sonrisa de
golpe.
—¡Madre!
Craig la apartó tirando de su
brazo para alejarla de ella, pero Lorrie
se soltó con furia y la señaló con el
dedo. —¡Te aconsejo que vayas
haciendo las putas maletas si no quieres
que tire a la calle esos carísimos trajes
de Chanel que tanto te gustan!
—¿Que tú qué? —preguntó ella
indignada—. ¿Cómo te atreves a
hablarme así? ¡Definitivamente estás
loca!
—Voy a llamar al abogado —
dijo Craig sacando su móvil de la
chaqueta—. ¡Al parecer tiene mucho que
explicarte! Porque tú no vas a recibir ni
un centavo de la herencia de la abuela.
De eso me encargo yo.
—Estará al llegar. —Lorrie les
miró con burla. —Para intentar suavizar
mi llegada.
En ese momento Calvin
Rossemberg apareció en el vano de la
puerta y se les quedó mirando con su
maletín de piel en la mano. Al ver las
cosas de Lorrie en el suelo apretó los
labios y dio un paso al interior de la
vivienda. —Al parecer tenía que haber
llegado antes.
—¿Qué mierda es esto, Calvin?
—preguntó Craig furioso—. ¿Qué hace
Lorrie aquí? ¿La has llamado tú? La
abuela le ha dejado algo, ¿verdad?
Pienso impugnar el testamento. ¡No voy
a dejar que se lleve nada después de que
no la viera en trece años!
El hombre que había sido
abogado de su abuelo le miró fríamente
con sus ojos grises. —¿Qué es esto? Lo
que era inevitable, Craig.
—¿Inevitable? —preguntó
Noelle alterándose—. ¡Te aseguro que
cada vez entiendo menos! ¿Quieres
explicarte de una vez?
El anciano la fulminó con la
mirada sin dejarse intimidar. —Creo
que es mejor que hablemos de esto en el
despacho. —Sonrió a Lorrie con cariño
y se acercó para abrazarla. —
Bienvenida, cielo.
Emocionada respondió a su
abrazo. —Gracias.
Noelle perdió todo el color de la
cara al ver como la abrazaba y Craig se
tensó con fuerza. —¿Qué nos tienes que
contar para que ella esté delante?
Calvin suspiró alejándose para
mirarle a los ojos. —Mejor vamos al
despacho, tenemos mucho que discutir
sobre el testamento de Anne.
Craig muy tenso fulminó a Lorrie
con la mirada antes de seguir a Calvin
hacia el despacho. Noelle impresionada
la miró sin comprender. Lorrie casi
sintió pena por ella, casi. Levantó la
barbilla y les siguió sabiendo de sobra
al drama que se enfrentaría en ese
momento, porque Noelle Carliste no
estaba preparada para escuchar lo que
venía ahora. Iba a ser interesante, eso
seguro.
Capítulo 2
Calvin abrió la puerta del
despacho como si estuviera en su casa y
sonriéndole le indicó la silla de detrás
de la mesa de caoba que presidía la
estancia. —Siéntate ahí —dijo como si
quisiera protegerla.
—No, siéntate tú. Así les
hablarás de frente. —Se sentó en el
alféizar de la ventana como cuando era
niña y sonrió. —Yo estoy bien aquí.
El abogado asintió y Lorrie
observó como Craig se abría la chaqueta
del traje y se sentaba ante el abogado,
que abrió su maletín sacando un buen
montón de papeles. Noelle se sentó al
lado de su hijo y le cogió la mano
obviamente asustada.
Calvin entrelazó los dedos sobre
los papeles antes de mirarles fijamente.
—¿Qué hace ella aquí? —
preguntó Craig a punto de explotar.
—Lorrie es mi cliente y aunque
toda esta situación podría resolverse sin
su presencia, tu abuela creyó oportuno
llamarla para que estuviera aquí en este
momento. —Apretó los labios como si
no estuviera de acuerdo. —Quería que
estuviera presente en su funeral. Pero tu
abuela falleció antes de lo que creíamos
y al celebrarse el funeral esta mañana, a
Lorrie le fue imposible llegar a tiempo.
Con las prisas no encontró una
combinación de vuelos adecuada y yo no
os dije nada porque sabía de sobra que
no lo retrasaríais por su llegada. Una
pena, pero las cosas son así.
Craig volvió la cabeza hacia ella
mirándola como si siempre defraudara a
todo el mundo. Toda una contradicción
porque si hubiera estado en el funeral sí
que se habría montado la gorda.
Chasqueó la lengua ignorándole y miró a
Calvin.
—¡Qué estupidez! Por supuesto
que no lo hubiéramos retrasado —dijo
Noelle indignada—. Yo decido cuando
se entierra mi madre y no lo hubiera
retrasado por ella ni por nadie. ¡Y
mucho menos por ella!
Calvin hizo una mueca. —Por
eso no me molesté en comunicarte los
deseos de tu madre, porque no hubiera
servido de nada.
Noelle tuvo la decencia de
sonrojarse ligeramente. —Siempre he
respetado los deseos de mi madre.
—Esa es una mentira que no me
voy a molestar en discutir. Y tu
matrimonio es un ejemplo.
Jadeó del asombro y miró a su
hijo buscando defensa. —Calvin… No
sé a qué viene esto.
—Viene a que por fin puedo
decir abiertamente lo que me dé la gana
porque tu abuela ha muerto. Y por ella,
pero sobre todo por tu abuelo, he
tragado bilis estos últimos veinte años.
Por eso. —Miró los papeles mientras
los Carliste le miraban asombrados.
Lorrie reprimió la risa ganándose una
mirada de odio de Craig. Ella levantó
las cejas y sonrió irónica sacándole de
sus casillas, pero el abogado siguió
hablando. —Como todos sabéis, el
abuelo, como todos le llamabais, Alfred
Carliste era un hombre con una gran
fortuna que enviudó de su primera
esposa siendo muy joven.
—Tenía treinta y tres años —
dijo Craig sin entender una palabra.
—Exacto. Contrajo segundas
nupcias con tu abuela diez años después.
Ambos aportaron una hija a ese
matrimonio.
Noelle asintió. —Sí, yo tenía
doce años.
—Te consideró una hija como a
la madre de Lorrie. Kathia tenía en ese
momento unos…
—Tenía once —contestó Noelle
antes de tragar saliva. —¡Todo esto ya
lo sabemos, Calvin!
—Déjame terminar.
—Madre, por favor. ¡No le
interrumpas a ver si nos enteramos de a
dónde quiere llegar!
Noelle se cruzó de brazos
molesta. —Continúa…
Lorrie bufó harta por su actitud
altiva y ambos la miraron con odio.
Forzó una sonrisa de oreja a oreja solo
para fastidiarles.
Calvin reprimió la risa. —
Bueno, el hecho es que encajasteis muy
bien en la familia y Alfred te cogió
mucho cariño, Noelle.
Algo totalmente incomprensible
para Lorrie, pero se mordió la lengua
sin soltar la pulla que pugnaba por salir
de su boca.
—Así que te adoptó. Te
convertiste en hija de plenos derechos a
heredar como Kathia.
—Sí —dijo Noelle.
—Cuando Alfred falleció
repartió su fortuna entre sus dos hijas y
su amada esposa. Kathia que aún no se
había casado recibió su parte y tú la
tuya. Eso sin mencionar la buena
posición en la que dejó a tu abuela, que
no tendría que preocuparse por el dinero
nunca más. —Ambos asintieron. —
Como todos sabemos después de nacer
Craig, tu marido perdió tu fortuna con
una malísima inversión. —Sin aliento
Noelle apretó más la mano de su hijo.
—Después de tu divorcio y el
escándalo, viniste a vivir aquí con la
abuela y con Craig. A la casa familiar.
Y fue tu madre quien sufragó vuestros
gastos porque tú nunca has trabajado.
Ni se dio cuenta del reproche
mientras su hijo se tensaba.
—Kathia invirtió muy bien su
dinero. De hecho, multiplicó por dos su
fortuna en apenas unos años con un par
de inversiones de riesgo que yo no le
aconsejaba. Y después se casó y como
todos sabemos se casó muy, pero que
muy bien. Su marido tenía fortuna propia
y cuando ambos fallecieron en el
incendio de su piso todo lo heredó,
como es lógico, su hija. Lorrie.
Noelle negó con la cabeza. —
No, no es cierto. Kathia perdió mucho
dinero con unos terrenos que compró en
Texas. Se los expropiaron y… Jack tuvo
que vender unas acciones cuando
compraron el ático. De hecho, cuando
murieron el seguro no pagó el incendio y
tuvimos que hacernos cargo de las
reparaciones de los vecinos…
—No es cierto —dijo Calvin
molesto—. Como siempre, porque
llevaban haciéndolo desde que eras una
niña, tu hermana te dijo eso para que no
te sintieras mal debido a la pérdida de tu
fortuna. Por supuesto no te dijo que
estaba arruinada, pero inventó esa
historia para que no te sintieras inferior,
seguramente. Y el seguro pagó porque
fue un incendio accidental provocado
por las luces del árbol de Navidad. —
Lorrie palideció al escucharle y agachó
la mirada viendo que se apretaba las
manos con fuerza. —Yo mismo he visto
el informe de bomberos. Nadie tuvo que
aportar nada de dinero por posibles
demandas ni nada por el estilo. Pero tú
te lo creíste todo porque así no te sentías
inferior por tus meteduras de pata, que
fueron bastantes.
—¡Calvin! —protestó Craig
indignado.
—Mira, muchacho… ¡Las
conozco de toda la vida y no me vas a
decir lo que yo mismo he visto! ¡A tu
madre no le correspondía ni un mísero
dólar de la herencia y consiguió su
apellido y su fortuna! ¡Y por su mala
cabeza lo perdió todo, porque estaba
más que avisada de que el matrimonio
con tu padre solo iba a darle disgustos!
¡Así que cierra la boca y escucha,
porque creo que ya está bien!
Noelle asombrada miró a su hijo
que impotente apretó los puños.
—Como estaba diciendo, Lorrie
lo heredó todo. Así que cuando
fallecieron sus padres de aquella manera
tan traumática, como era lógico Anne la
trajo a casa. La abuela era su tutora y
por lo tanto se encargaba de las finanzas
de la niña, que en ese momento acababa
de cumplir seis años. Con mi
supervisión por supuesto, porque Kathia
y su marido se fiaban mucho de mi
criterio. Cosa que siempre he
agradecido porque me ha facilitado el
trabajo. No debería contar esto porque
pertenece a la intimidad de mi cliente…
—Miró a Lorrie que se encogió de
hombros como si le diera igual. Calvin
sonrió diciendo —El hecho es que
dividí su fortuna en dos. Una parte
quedó en un fondo que no se podía tocar
hasta que la niña cumpliera veintiún
años y que a lo largo del tiempo dio un
buen rendimiento. La otra parte se
invertiría en diversos planes de
inversión. Algunos de alto riesgo, otros
no tanto.
—¿Y eso qué tiene que ver con
la fortuna de la abuela? —preguntó
Craig impaciente.
—Pues mucho, porque la
pensión que recibía tu abuela por la
viudedad se liquidó rapidísimo. En
apenas cinco años ya no tenía fondos
debido al nivel de vida que llevó.
Noelle dejó caer la mandíbula
del asombro. —¡Será una broma! Eran
más de treinta millones de dólares.
¡Recibió casi tanto como nosotras!
—Exacto. Pero los abogados que
llevaron el proceso en el que se te
involucró junto a tu exmarido, el dinero
que tuvisteis que darle a tu exmarido
para que renunciara a la patria potestad
del niño y consintiera en que se le
cambiara el apellido a Carliste como
quería tu madre y vuestro exagerado
nivel de vida, hicieron que esos fondos
fueran mermando poco a poco. —Volvió
unos papeles. —Viajes al Caribe y a la
Riviera como si el dinero siguiera
entrando a espuertas. Abrigos de piel,
Navidades en Aspen... El colegio de
Craig, vacaciones del niño en Londres
durante los veranos en ese carísimo
internado…
—¡Debía tener la mejor
educación! ¡Mira en lo que le ha
convertido!
Calvin parpadeó asombrado. —
Creo haber tenido esta conversación
antes… Cuando había que decidir el
colegio de Lorrie, creo que fue… —
Noelle se sonrojó con fuerza. —¿No
fuiste tú la que dijiste que podía asistir a
un colegio público? De hecho creo
haberte escuchado decir que si era lista,
sabría aprovechar las oportunidades que
le daba la vida y que ya tenía suficiente
con vivir tan bien a vuestra costa.
Craig miró a su madre incrédulo.
—¿Qué?
—¡Eso no fue así! ¡Y la abuela
la envió a uno de los mejores colegios
de la ciudad! ¡Fue ella la que se quejó
de lo caro que era tu colegio y como la
niña era pequeña pensé que durante unos
años podría ir a uno público!
El hombre bufó como si no
pudiera con ella. —Mira, mejor me
callo porque como explote…
—Por favor no te reprimas por
mí —dijo Noelle con desprecio.
—¡El hecho es que cuando llegó
la niña estabais casi en las últimas! Y
por supuesto yo expedí pagos de cierta
cantidad considerable de dinero para
sufragar los gastos porque la abuela me
lo pidió. Era la tutora de la niña y no
podía negarme. Pero yo no soy tonto y
en el siguiente pago le exigí que debía
poner la casa de aval por ese dinero. ¡El
colegio lo pagó Lorrie! ¡Cómo todo lo
demás! Y lo ha seguido pagando
absolutamente todo hasta el
fallecimiento de Anne. Incluso ha
pagado el funeral al que no ha podido
asistir. ¡Pero esto se ha acabado! —
Dejó delante unos papeles. —Tenéis
cuarenta días para abandonar la casa. Al
final de ese plazo, que me he visto
obligado a mantener porque me obliga la
ley, podrá sacaros la policía.
Noelle jadeó asombrada
llevándose la mano al pecho. —¡Craig
haz algo!
—Al parecer tenías muchas
cosas dentro, Calvin —dijo furioso
conteniéndose.
—Y tengo muchas más, que no
expongo por respeto a tus abuelos y a
Lorrie —dijo fríamente demostrando
que era uno de los mejores abogados de
la ciudad—. Muchacho, a ti te aprecio,
pero a tu madre… Nunca me he
encontrado con una persona tan ruin en
la vida. Te deseo suerte porque estás
ciego y la vas a necesitar.
—¿Cómo te atreves, abogaducho
de mierda? —Se levantó indignada.
—¡Madre! —Craig se levantó
lentamente. —Por supuesto nos iremos
de inmediato. Yo sí tengo recursos para
mantenernos.
—Siéntate, Craig. —El abogado
le miró fijamente. —Todavía no he
acabado.
Craig perdió parte del color de
la cara y Lorrie se mordió el labio
inferior sabiendo lo que venía ahora.
Frunció el ceño mirando a Calvin, pero
él no se dio cuenta mientras los Carliste
se quedaban de pie sin hacerle caso. —
Como sabes, tu abuela te dio un millón
de dólares cuando quisiste poner tu
propio despacho de abogados y
abandonar el bufete donde trabajabas a
pesar de no llevar ni un año allí. Pero
siempre has sido ambicioso y debo
reconocer que muy buen abogado. Tu
abuela confiaba en ti. Con ese dinero
pagaste la fianza de las oficinas y lo
decoraste a la última moda.
—Yo no pedí nada —siseó
furioso.
—Cierto, pero ella quería
ayudarte y cometió un error que por
poco hizo que perdiera totalmente mi
confianza, porque cogió esos fondos sin
mi consentimiento de la cuenta de
Lorrie. Por supuesto mi cliente no se
enteró en su momento porque aún era
menor y ya no vivía en la casa. No se le
comunicó cual era el grosor de sus
bienes hasta que llegó a la mayoría de
edad. Legalmente podría reclamarte el
dinero porque fue un robo a sus bienes.
Era menor y tutelada. Los gastos de
todo, absolutamente todo, deberían
haber corrido por parte de su abuela que
era su tutora. Pero como sabemos esto
no fue así y legalmente ahora podría
reclamároslo.
Lorrie sintió compasión por él
porque estaba pálido. Teniendo en
cuenta el recibimiento que le había
hecho después de tantos años, se dijo
que era estúpida por sentir pena por él,
pero no pudo evitarlo. Había vivido
nueve años a su lado. —Calvin, esto no
es necesario —dijo rápidamente.
—Te lo devolveré. —La
enfrentó fulminándola con la mirada. —
Te lo devolveré todo.
—¿Tienes seis millones de
dólares? —preguntó Calvin divertido.
Craig siseó —Pediré un
préstamo. El despacho me va muy bien.
Si vendo el piso puedo pagarlo.
Noelle se echó a llorar y Lorrie
no quería aquello. Sabía que se habían
portado muy mal con ella, pero enterarse
de que no sabían nada era una sorpresa y
el afán de venganza… En realidad eso
nunca había ido con ella. Solo quería la
casa porque durante los años que vivió
allí fue muy feliz. —No me debes nada,
primo. Cuando me enteré de mis
finanzas, le dije a la abuela que cogiera
el dinero cuando lo considerara
oportuno. Yo no lo necesitaba. —
Sorprendiéndoles fue hasta la puerta del
despacho y la abrió. —Estoy cansada.
Voy a darme una ducha y a dormir un
rato.
Craig la observó mientras se
alejaba hacia la escalera a través de la
puerta abierta y Calvin sonrió. —Un
corazón de oro, como el de su madre y
el de su abuelo. Sí, estaría muy
orgulloso de ella. —Suspiró
levantándose y recogiendo los papeles.
—Cuarenta días. Ni uno más.
—¿Por qué nos habéis ocultado
esto tantos años? ¿Por qué no nos lo
dijisteis cuando se fue de esta casa? —
preguntó muy tenso mientras su madre no
dejaba de llorar—. ¡Madre, no llores
más!
Su madre salió del despacho
corriendo pero él no le hizo caso. —
¿Por qué?
Calvin sonrió. —Ella tenía
quince años. Era menor y no tenía ni
idea de cuál era su posición económica.
Y tu abuela decidió no decir nada
porque tú aún estabas en la facultad de
derecho. Necesitabais el dinero. Y
después… —Con tristeza rodeó el
escritorio. —Supongo que era mejor
ignorarlo y seguir aprovechándose de
ella teniéndola lejos de casa. No fuera a
ser que volviera y en un arrebato os
echara a todos por como os
comportasteis con ella. Incluida tu
abuela. Todavía no puedo creer que la
echarais de casa cuando ella era la
dueña de todo. Pero claro, Lorrie lo
desconocía. Estaba agradecida de que la
enviarais al internado en lugar de
dejarla en la calle. Cuando se enteró de
todo varios años después en mi
despacho, simplemente se quedó sentada
en la silla mirando al vacío. Se quedó en
shock.
—¡Podía habernos echado
entonces! ¿Por qué no lo hizo? —gritó
furioso.
Calvin sonrió con desprecio. —
Porque ella no es como vosotros. No
quería enfrentar a la abuela a ese trance.
—¡Ahora resulta que es una
santa!
—¿Qué pasa, Craig? ¿Es difícil
digerir que la niña a la que echasteis
como a un perro, te ha pagado los gastos
casi toda tu vida?
—¡Sí!
—Pues es algo que tendrás que
digerir. Sobre todo porque si se fue de
esta casa fue por culpa de tu madre. —
Craig palideció. —Cuarenta días. —Le
miró amenazante. —Volver a hacerle
daño de alguna manera y os meto una
demanda que os vais a cagar. Puede que
seas muy buen abogado, pero yo tengo
más experiencia, mejores contactos y
muchos recursos. ¿Quién crees que
ganará? —Sonrió malicioso. —Buenas
tardes.
Impotente vio cómo iba hacia el
hall y apretaba los labios mirando la
ropa desperdigada de su cliente. Su
suela pisó algo y levantó el pie jurando
por lo bajo antes de agacharse y coger
los restos del ángel. Lo miró pensativo
antes de susurrar —¿Y ahora que va a
poner a su lado?
Craig sin entender caminó
lentamente hacia él. —¿Qué quieres
decir?
Sorprendido levantó la vista
dejando caer el ángel que se rompió del
todo. Carraspeó incorporándose. —
Tengo que irme. Me quedan mil cosas
por hacer. —Miró hacia el comedor
donde dos doncellas recogían las
bandejas del catering después del
velatorio. —¿Y May?
—Tenía jaqueca. Está acostada.
Ni siquiera estuvo en el velatorio.
—Entonces no creo que te
moleste recogerlo a ti. Porque lo has
tirado tú, ¿no es cierto?
Craig apretó los labios mientras
abría la puerta. El abogado dijo con
tristeza —No tienes ni idea de lo que
habéis provocado con vuestra actitud. Y
no sabes hasta qué punto ese ángel era
importante para ella. No tendrías vida
para compensarla, aunque quisieras,
porque hay cosas que no se valoran con
dinero. Como ese ángel. Estoy seguro de
que no hay nada que pueda sustituirlo.
—Lo sé.
Incrédulo se le quedó mirando.
—¿Qué te ha pasado, Craig?
—No sé a qué te refieres.
—Si no sabes lo que quiero
decir, mis palabras serían en vano. Si
tienes alguna duda llámame.
Salió de la casa cerrando la
puerta tras él y Craig vio como las
doncellas le miraban de reojo.
Ignorándolas miró hacia abajo y se
agachó cogiendo una de las alas. La luz
dio en el cristal y apretó los labios al
ver en su memoria los ojos de Lorrie
mostrándole el ángel en la casa de sus
padres esas navidades. Estaba tan feliz
porque su madre le había dejado
colocarlo sobre la chimenea. Él que
apenas era un muchacho la había cogido
en brazos elevándola para que tocara
con su dedito el ala de cristal. —¿A que
no hay nada más bonito en el mundo,
Craig? Mira como brilla.
—No, no hay nada más bonito.
—Algún día lo tendré en mi
casa. —Soltó una risita. —Mamá me lo
ha prometido.
No le extrañó porque su madre
le había dicho a la suya que no le
gustaba. —Tienes mucha suerte.
—¿Verdad que sí? Cuando haga
la cena de Navidad en mi casa yo
también lo pondré. Seré mayor y tendré
que encargarme de esas cosas —dijo
dándose importancia. Craig sonrió
porque para haber cumplido seis años
tenía las ideas muy claras.
—¿Me invitarás?
—Claro que sí. Y a la tía y a la
abuela. Vendrán papá y mamá. Y mis
hermanitos.
En ese momento entró Kathia con
una bandeja de aperitivos en la mano.
Estaba preciosa como siempre, con su
larga melena rubio platino suelta y un
bonito vestido rojo de terciopelo. —
¿Qué tramáis vosotros dos? —preguntó
con una suave sonrisa en los labios.
—Lorrie me hablaba de las
cenas de Navidad que piensa organizar
cuando sea mayor. —La dejó en el suelo
y ésta corrió hasta Kathia mostrando su
vestidito rojo del mismo terciopelo que
el de su madre.
Kathia se echó a reír. —¿Y te ha
hablado de quién será su marido? —
preguntó maliciosa.
Parpadeó asombrado. —¿Su
marido?
—Cielito, ¿quién va a ser tu
marido? —La niña se puso de puntillas
para coger un canapé de atún que le
encantaba. —¡Lorrie, espera!
—Mamá… tengo hambre... —Se
lo metió en la boca haciéndoles reír y
con la boca llena dijo con sus ojitos
azules chispeantes de la alegría —Mi
marido va a ser Craig, mamá. Ya te lo
he dicho.
Volviendo al presente dejó caer
el cristal al suelo asqueado y dijo
fríamente a las doncellas —Recojan
todo esto.
—Sí, señor Carliste.
Apretó los labios porque era la
primera vez que se avergonzaba de
llevar ese apellido. Tenía la sensación
de que no se lo merecía.
Capítulo 3
Lorrie se quedó en medio de
aquella fría habitación mirando a su
alrededor sin saber qué sentir. No se
esperaba que estuvieran sus cosas allí
después de tantos años, pero verla tan
cambiada había sido un shock. Hasta
habían pintado las paredes de gris perla
cuando antes eran rosas. Fue hasta
donde había estado su tocador blanco y
sonrió tocando la superficie del que
había ahora en color nogal. Estaba claro
que habían querido borrarla de su
memoria. Se preguntó si habían
guardado sus cosas en el desván o
simplemente las habían tirado.
Caminó hacia el baño y encendió
la luz. El baño era el mismo. Azulejado
en blanco tenía el suelo en mármol del
mismo color. Le encantaba ese baño
porque tenía una bañera antigua de
garras. Abrió el grifo del agua
acudiendo a su memoria miles de
recuerdos, como cuando su abuela tenía
tiempo y la bañaba. Le frotaba muy bien
el cabello mientras ella le contaba su
día y su abuela se reía a carcajadas de
las anécdotas del colegio. Sonrió con
tristeza porque durante los primeros
años sintió que era importante para ella.
La decepción vino después.
Se quitó la camiseta mostrando
su sujetador de algodón blanco y se
desabrochó los pantalones. Con los
talones se quitó las zapatillas y cuando
ya estaba casi desnuda con los vaqueros
por los tobillos, juró por lo bajo porque
distraída con sus pensamientos se había
olvidado de la maleta. Se subió los
pantalones cuando escuchó que se
cerraba la puerta de la habitación. A
toda prisa cogió la camiseta y se la puso
bajándosela apresurada antes de
acercarse a la habitación. Ver a May
cargando su maleta con el uniforme azul
que llevaba siempre la emocionó y se
miraron durante varios segundos. Había
envejecido. Ya tenía cincuenta y dos
años y tenía muchas canas en su cabello
antes negro como el ébano. Sonrió con
tristeza. —Te dije que te tiñeras.
La mujer se echó a reír y abrió
los brazos. Corrió hasta ella y la abrazó
con fuerza. —Mi niña… —dijo
emocionada con sus ojos marrones
llenos de lágrimas—. Mi niña bonita.
Ya estás aquí. —La besó por toda la
cara y la cogió por las mejillas
alejándose para verla bien. —Estás
preciosa. Te pareces muchísimo a tu
madre.
—May, estás harta de verme —
dijo divertida sintiéndose feliz después
de mucho tiempo. Era como volver a
casa. Justo en ese momento se sintió en
casa.
—Verte en directo es distinto. —
La cogió por los hombros alejándola. —
¿Has adelgazado?
—La cámara engorda.
—Uy, pues… Estamos en
problemas porque tienes que engordar
un poco.
Se echó a reír. —¿Me harás la
tarta de chocolate que me gusta?
La abrazó con fuerza. —Te haré
mil.
—¿Entonces te quedas?
—Por supuesto que me quedo.
—Se apartó yendo hasta la maleta. —Ya
lo había hablado con tu abuela. Me
quedo contigo.
—Craig y Noelle…
—Quiero a Craig muchísimo,
pero ésta es mi casa. Yo me quedo aquí
contigo. —Abrió el armario haciendo
una mueca. —Siento lo de la habitación,
pero…
—No importa.
—Sí que importa. Pero lo he
guardado todo. Hasta las muñecas que
tenías de niña. Si quieres…
No sabía si quería volver a ver
esos recuerdos. Era algo que había
quedado atrás y sería revolver el
pasado. —De momento no.
May asintió y sonrió con tristeza.
—¿Has traído el equipo?
—Claro que sí. Siempre va
conmigo. —Cogió la maleta y la puso
sobre la cama para abrirla.
—¡Esa colcha es carísima!
Chasqueó la lengua y al ver su
ropa que se había quedado algo vieja
hizo una mueca. May se puso a su lado
cogiendo una camiseta y levantándola
con dos dedos. Se echó a reír por su
cara de asco. —Eh, que me ha servido
mucho tiempo.
—Esto para tirar. —La tiró
sobre su hombro como si nada y empezó
a sacar cosas, a mirarlas como si fueran
harapos y a tirarlas al suelo tras ella.
—¡May!
—Uy, uy… Si tu abuela viera
esto, se moría otra vez de la impresión.
—¡Es ropa cómoda para los
viajes!
—Pues ya no viajas. Así que hay
que ir de compras. —Puso los brazos en
jarras mirando el interior de la maleta.
—No tienes nada para la cena.
Gimió porque era cierto que
durante la cena se vestían más formales.
Norma de la abuela. —Es mi casa y hay
reglas nuevas. Vaqueros. —La miró con
horror. —¡Esa norma es del siglo
pasado, May!
—No hay que dejar las buenas
costumbres. Aunque hoy tendrás que
ponerte vaqueros, claro. Mañana lo
arreglamos.
—Dentro de un mes me voy a
China, así que no tires nada. Ni el
impermeable, que te conozco.
May frunció el ceño. —¿Pero
qué dices? ¿Vas a seguir viajando?
—Bueno… no como hasta ahora,
pero pienso seguir con el canal.
La mujer se sentó en la cama
desilusionada. —Pensaba que te
mudabas aquí y…
—Y voy a vivir aquí. Pero el
canal es muy importante para mí y no
quiero dejarlo. Grabaré durante una
semana y lo publicaré en varios
capítulos. Ahora publicaré lo de
Australia. Tengo como para dos meses,
pero no quiero quedarme sin material.
—Nunca me ha gustado que
vayas por esos mundos tú sola. Y a tu
abuela tampoco.
Disimulando su dolor cogió una
muda limpia susurrando —Puede, pero
con mi vida hago lo que me da la gana.
Hace mucho que perdió el derecho a
decirme cómo debo vivirla.
May apretó los labios viendo el
dolor en su rostro. —Sobre esa noche…
La fulminó con la mirada. —No
quiero hablar de eso, ¿entiendes? Jamás.
—Asintió viéndola ir hacia el baño. —
Voy a asearme y después dormiré un
rato. No me despiertes para la cena. Si
luego tengo hambre, ya bajaré a comer
algo.
May se dio cuenta de que ya no
era una niña. Había dejado de ser una
niña aquella noche hacía trece años y
ahora era una mujer fuerte e
independiente que no necesitaba a nadie,
pero era lógico después de estar sola
desde entonces. Suspiró levantándose y
cogió un vaquero doblándolo por las
perneras. Del bolsillo trasero salió algo
que cayó en el interior de la maleta.
Miró dentro y frunció el ceño al ver que
era un blíster de pastillas. Al darles la
vuelta vio que estaban en otro idioma y
no entendía nada. ¿Sería ruso?
Preocupada fue hasta la puerta del baño
y abrió viéndola tumbada en el interior
de la bañera con los ojos cerrados. —
¿Estás enferma? —Se sobresaltó
mirándola con los ojos como platos. —
¿Estabas dormida? —gritó May
sobresaltándola más.
—No, claro que no.
—¡Sí, estabas dormida!
Suspiró agotada. —Que no…
—¡Sal de ahí ahora mismo!
¡Puedes ahogarte si te duermes!
Sonrió divertida levantándose y
May palideció al ver la cicatriz que
tenía en el pecho izquierdo. —Dios mío,
¿qué es eso?
Se llevó la mano al pecho y
agachó la mirada saliendo de la bañera.
—No es nada.
La agarró por el brazo
volviéndola. —¿Cómo que no es nada?
—Asustadísima le apartó la mano para
mirarla antes de elevar la vista hasta sus
ojos. —¿Te han operado de un tumor?
Mi hermana tiene una muy parecida.
—No es nada de eso, May. —
Alargó la mano cogiendo una toalla y se
rodeó el cuerpo rápidamente con ella.
—Ahora quiero acostarme, por favor.
—No hasta que me digas qué te
ha pasado. ¿Estás enferma? ¿Por eso
tomas pastillas?
—No, claro que no. Son
vitaminas para equilibrar la dieta. Estoy
bien.
—¡No vuelvas a decir eso! —
gritó perdiendo los nervios antes de
cogerla por los brazos para que la
mirara—. Sé que crees que estás sola en
este mundo, pero yo estoy aquí. Sé que
no he podido hacer mucho por ti todos
estos años, pero…
—Me quiero acostar —dijo
apartándose antes de salir del baño. Sin
molestarse en ponerse nada se tumbó en
la cama y May la miró con pena—.
Estoy agotada.
May asintió y salió pensativa de
la habitación apagando la luz y cerrando
la puerta. Casi se choca con Craig que
iba hacia su habitación. —¿Qué tal la
jaqueca? —preguntó él con unos papeles
en la mano.
—Bien.
Se alejó hacia la escalera y él
frunció el ceño. —May, ¿estás bien? ¿Te
ha dicho algo que te ha molestado?
Le miró sorprendida. —No,
claro que no. Sigue siendo encantadora
como siempre.
Craig se tensó con fuerza dando
varios pasos hacia ella. —La abuela te
lo contó, ¿no es cierto? No tenía
secretos contigo.
Mirándole a los ojos asintió. —
Si hablas de lo del dinero, lo supe desde
el principio. Lo sabía todo y no hice
nada. Y es algo que tendré que llevar
conmigo hasta el día en que me muera
porque la quería como a una hija. Todos
le fallamos, así que ahora no me extraña
nada que se cierre a nosotros.
—¿Que se cierre a nosotros? No
entiendo lo que quieres decir.
—Déjalo… —Bajó los
escalones y él la miró pensativo
mientras atravesaba el hall hacia la
cocina.
Craig se volvió hacia la puerta
cerrada de la habitación de Lorrie.
Caminó hacia ella y pasó de largo para
abrir la puerta de la habitación de al
lado, pero no llegó a entrar viendo los
trofeos del instituto y sus libros de la
facultad. Hacía diez años que ya no
vivía en esa casa, pero su habitación
seguía igual. Su madre le acababa de
rogar que durmiera allí esa noche
porque no quería quedarse sola con
Lorrie. Él le había dicho que debían irse
de inmediato, pero estaba tan alterada
que no había podido convencerla.
Gruñó entrando en la habitación
y dejó la documentación que tenía en la
mano sobre el escritorio. Distraído miró
el corcho colgado en la pared donde
antes apuntaba las cosas importantes y
frunció el ceño viendo a Kathia
sonriendo en una foto que había bajo una
hoja. Estiró el brazo y quitó la
chincheta. La foto cayó sobre el
escritorio mostrando a toda la familia en
aquellas últimas navidades. Todos
estaban en el sofá con una copa de
champán en la mano y él tenía a Lorrie
sobre su regazo. Se había quedado
dormida. Apretó los labios acariciando
con el pulgar sus preciosos rizos rubios.
Él tenía trece años, pero sentía una
necesidad de protegerla impropia de su
edad. Le había pasado desde que la
había visto por primera vez y cuando
había perdido a sus padres había
querido protegerla aún más. No sabía
cuándo las cosas habían cambiado y
todo se había ido a la mierda.
Empezaron a discutir por todo, a
alejarse el uno del otro hasta convertirse
en desconocidos y cuando ocurrió
aquello ya tenía tanta poca fe en ella que
le había dado la espalda sin ningún
remordimiento. Abrió el cajón y metió
la fotografía en el escritorio. Ahora
había vuelto y había puesto su vida patas
arriba.
Sentada sobre la cama con las
piernas cruzadas, vestida únicamente
con una camiseta de tirantes y el cabello
suelto, encendió la cámara y sonrió
mirando el objetivo. —Buenos días,
chicos. Bienvenidos a mi canal. Soy
Lorrie y esta es mi vida. —Suspiró antes
de hacer una mueca. —Disculpad la luz
porque he llegado de viaje y ni me he
molestado en encender los focos. —Se
miró el micro prendido a su camiseta.
—Pero vamos allá. —Guiñó un ojo a la
cámara. —Bueno, lo primero… ya no
hay ángel. Un accidente con la maleta.
Es lo que tiene viajar tanto, que a veces
gente descuidada puede tratar mal la
maleta y el ángel ha pagado las
consecuencias. —Sonrió con tristeza. —
Como veis no está a mi lado, pero sé
que mis padres me protegen desde
donde estén. —Sonrió más ampliamente
queriendo olvidarlo. —Bueno, vamos al
lío. Hace tiempo que os dije que esto
podía pasar y ha llegado el momento. A
partir de ahora mi vida va a cambiar un
poco. —Sonrió divertida. —Y como sé
que lo vais a preguntar… no, no hay un
hombre en mi vida que la haya
cambiado. Ni una mujer. Ni voy a tener
un bebé. Ni siquiera un perro. —Se echó
a reír. —Aunque lo del perro me
gustaría. Uno pequeñito que siempre
esté conmigo. Sí, no estaría mal. Tengo
que pensarlo. Bueno, el hecho es que
voy a asentarme un poco. Ya tengo
veintiocho años y voy a viajar menos.
Sé que os encantan mis viajes y seguiré
haciendo algunos al año. Sabéis que
viajar es mi vida y seguiré haciéndolo,
pero es hora de hacer otras cosas. Así
que ahí va… Esta es la pregunta y
tomárosla en serio porque llevo mucho
tiempo dándole vueltas. Como siempre
me aconsejáis y lo hacéis muy bien… he
decidido que vosotros podéis decirme
qué debería hacer ahora con mi vida. —
Miró a un lado y entrecerró los ojos. —
¿Clases de pintura? ¿Puenting?
¿Hacerme tatuadora? Uff, las
posibilidades son infinitas… También
podría buscarme un novio. Un cachas
que esté muy bueno y que me altere los
chakras. —Abrió los ojos como platos.
—¡Podría extender el canal a otros
aspectos de mi vida! ¿Qué me decís?
¿Os gustaría asistir a una de mis citas?
—Se echó a reír a carcajadas. —Por
verle la cara cuando llegara con la
cámara… —Se puso seria de repente.
—Leche, eso tengo que probarlo. Bueno,
esto ni lo voy a editar porque es un
video muy breve. Esperaré vuestros
comentarios. —Les guiñó un ojo. —No
seáis malos, pero disfrutad de la vida.
Un besito.
Estiró el brazo para apagar la
cámara y sacó la tarjeta para meterla en
el ordenador. Apenas media hora
después había colgado el video en
YouTube y se levantó saliendo de la
habitación. Caminó descalza sobre el
suelo de madera y bajó los escalones.
Había dormido más de doce horas y
apenas eran las seis de la mañana.
Estaba muerta de hambre. Abrió la
puerta de la cocina y se detuvo en seco
al ver a Craig vestido con un impecable
traje gris con la cafetera en la mano
sirviéndose un café. Estaba tan guapo
que paralizaría a la más pintada.
—Buenos días —farfulló
caminando hacia el frigorífico de puerta
doble mientras él la miraba como si le
hubieran salido dos cabezas sin dejar de
echar el café en la taza. Al escuchar el
sonido del líquido caer al suelo, miró
sobre su hombro para verle apartar la
jarra jurando por lo bajo. Se le había
desbordado la taza y había manchado el
suelo de café. —Límpialo, por favor.
—Eso pensaba hacer —siseó
dejando la taza sobre la encimera para
coger papel de cocina.
Forzó una falsa sonrisa. —Pues
muy bien. —Cogió el pollo que había en
una bandeja y lo sacó de la nevera.
Ignorándole metió el pollo en el
microondas. Se rascó el muslo y vio que
él no se había movido. Le miró
interrogante. —¿Qué?
—¿Tienes que ir desnuda por la
casa? —preguntó molesto antes de beber
de su café y jurar de nuevo porque casi
se quema.
La miró como si fuera culpa suya
y Lorrie hizo un gesto con la mano
negando. —No voy a dejar que me
cabrees. Estoy en mi casa y si quiero ir
en pelotas, voy en pelotas. —Se echó a
reír abriendo el frigorífico de nuevo y
sacando un refresco de cola. —Si te
molesta, por favor puedes irte cuando
quieras. Tienes vía libre. —Abrió la
lata y le dio un buen sorbo. La cara de
Craig le decía que estaba cometiendo un
sacrilegio. —¿Qué?
—¿Qué estás bebiendo?
—Un refresco.
—¡Es la hora del desayuno!
—¿Y?
—¡Desayuna como Dios manda!
Le miró como si no
comprendiera su idioma y en ese
momento sonó el click del microondas.
—Uy, mi desayuno.
Él gruñó antes de beber de su
taza y la observó sacar el pollo y poner
la fuente en la encimera. Empezó a
tararear y cogió una alita con los dedos.
Craig separó los labios viendo cómo se
metía la alita en la boca. Se tensó con
fuerza cuando la vio sacar el hueso
manchándose los labios de grasa. Ella le
miró de reojo y se pasó la lengua por el
labio inferior. Incómoda por como la
observaba le espetó —¿Qué?
Craig carraspeó dejando la taza
sobre la encimera. —Mejor me voy a
trabajar que…
—Pues muy bien. —Cogió un
poco de pechuga y arrancó un trocito
con los dedos metiéndoselo en la boca y
masticando.
—¿Tú trabajas? —Cogió su
maletín de una silla y se volvió
mirándola como si fuera imposible que
ella trabajara.
—Algo. —Se encogió de
hombros y le dio la espalda para comer
otro poco. Como no se iba le miró por
encima del hombro interrogante.
Él frunció el ceño. —¿En qué
trabajas?
—¿Te interesa?
—¡Si no me interesara no te lo
preguntaría!
—Edito videos. —Empezaba a
divertirse y se volvió con la lata en la
mano. Mirándole a los ojos bebió de su
refresco.
Al principio parecía que no la
entendía, pero luego la miró
escandalizado. —¿Videos? ¡No serán
videos porno!
Se atragantó con la cola y le
salió por la nariz. Se echó a reír yendo
hasta el rollo de papel de cocina para
coger un trozo. Limpiándose la nariz
preguntó —¿De dónde has sacado eso?
—¡No lo sé! ¡Será porque te
pillé en la cama con un tío que podría
ser tu padre y que no te he visto el pelo
en todos estos años! ¡Qué yo sepa no has
estudiado una carrera, así que no tengo
ni idea de los videos que editas! —La
señaló de arriba abajo. —¡Y una mujer
decente no se presentaría de esa guisa
ante un hombre al que no ve desde hace
años!
Lorrie palideció al escuchar que
había sido él quien la había encontrado
y todo lo que había dicho después
demostraba la opinión que tenía de ella.
—Así que soy una puta.
—Yo no he dicho eso —dijo
muy tenso.
—¿Ah, no? —Intentó disimular
que le había dolido. —Pues creo que es
lo que insinuabas. Eres abogado, sabes
escoger muy bien las palabras. Vamos
primito, ¿acaso no eres un hombre de
mundo? El sexo es algo tan natural como
respirar. —Dio varios pasos hacia él y
le tocó la corbata con la punta del dedo
índice. —¿Te molesta que vaya en
camiseta? —Hizo un mohín con la boca
cortándole el aliento y a Lorrie le pegó
un brinco el corazón porque parecía que
le gustaba. —¿Te atraigo, cielito?
Porque si no te atrajera no te importaría
que estuviera desnuda.
—Estás loca —dijo con
desprecio.
Ella se echó a reír porque estaba
que se subía por las paredes y su dedo
llegó a su barbilla queriendo provocarle
más, sintiéndose de nuevo como si
tuviera quince años. —¿Seguro? Porque
por cómo me miras parece que quieres
follarme. ¿Quieres?
Pálido dio un paso atrás. —Me
das asco.
Lorrie perdió todo el color de la
cara por el insulto y dijo con desprecio
levantando la barbilla —Si te doy tanto
asco vete de mi casa de una puta vez,
puñetero estirado. Y llévate a la
aprovechada de tu madre.
Craig se volvió saliendo de la
cocina como si le persiguiera el diablo.
Ella dejó salir el aire que estaba
conteniendo y agachó la cabeza.
—Sí que habéis empezado bien.
Se sobresaltó al ver a May tras
ella. Se puso como un tomate. —Estabas
ahí.
—Os oí hablar y como ya estaba
preparada, venía a haceros el desayuno.
—Hizo una mueca al ver la fuente de
pollo. —Niña, siéntate en la mesa a
comer como Dios manda.
—Sobre lo que le dije… —dijo
incómoda sentándose.
May cogió la bandeja sonriendo.
—El sexo es algo natural entre dos
jóvenes como vosotros. Estáis con las
hormonas alteradas todo el día.
Se puso aún más colorada sin
saber dónde meterse de la vergüenza. —
No, si yo… No hablaba en serio.
—Sí, claro. —Sin creerse una
palabra fue hasta la lata y se la llevó a
la mesa sentándose a su lado. —
Conmigo no tienes que excusarte. Te
gusta.
—¿A mí? —preguntó indignada.
—Sí, a ti. Y es lógico porque mi
Craig es guapo para morirse del gusto.
Eso por no hablar de que es inteligente,
elegante y mil cosas más que ya sabes.
—Que no me gusta, May. Deja
de decir disparates. —Se dedicó a
comer con los carrillos llenos mientras
ella la observaba como un halcón.
Masticando con la boca a reventar la
miró de reojo desconfiando porque esa
mujer no era de darse por vencida.
—No me mires así. Si no quieres
hablar no voy a interrogarte. —Suspiró
del alivio. —Pero si te lo quieres tirar,
te aconsejo que te des prisa.
Se atragantó con el pollo
tosiendo con fuerza y May le dio unas
palmadas en la espalda como para
desencajar vértebras. Levantó el brazo
deteniéndola porque le estaba dando una
auténtica paliza. Con los ojos
enrojecidos la miró y dijo con voz ronca
—Gracias.
—¡No me des estos sustos! Una
vecina de mi madre se atragantó con un
buñuelo y la espichó ante todo el
edificio que estaba reunido en una junta
de vecinos. No veas la cara que se nos
quedó.
Parpadeó asombrada. —Vaya.
No quiero ni imaginarlo.
—Pues no te lo imagines porque
es mentira. —Se sentó frente a ella y le
guiñó un ojo. —Pero ten cuidado.
Podría haber pasado.
Lorrie se echó a reír porque
había olvidado que le gustaba hacer esas
bromas. Era para matarla. —Estás loca.
Y tienes mucha imaginación. ¿Nunca se
te ha ocurrido escribir?
—Déjate de rollos y no cambies
de tema. —Se acercó más por encima de
la mesa. —¿Te gusta? Y te pregunto si te
gusta ahora porque yo sé de sobra que
estabas loquita por sus huesos cuando
eras una cría.
Se sonrojó con fuerza. —No, eso
es otra de las cosas que te inventas.
—A mí no me la das. No vive
aquí, ¿sabes? Te lo digo porque se irán
en cualquier momento. Por eso te decía
que te dieras prisa.
No pudo disimular su sorpresa.
—¿Ah, no?
—No, tiene un piso en el mismo
edificio donde trabaja. Es un obseso del
trabajo y casi no le vemos el pelo a no
ser los domingos que siempre viene a
comer. —Chasqueó la lengua. —Venía
por la abuela porque se lo impuso. Ya
es mayorcito para que nadie le imponga
nada, pero ya sabes como era. Cuando
se enfadaba…
Lorrie enderezó la espalda. —Sé
de sobra como era.
—Oh, cielo… Lo siento. Sé que
la querías mucho y que te dolió su
decisión.
—No quiero hablar de eso. —Se
levantó y llevó la fuente hasta la pila. —
Tengo mil cosas que hacer y…
—Bien que hablas con tus
seguidores —dijo May con pena.
Se volvió molesta. —¡Será
porque no tenía con quien hablar! ¡Los
primeros meses cuando llamaba por
teléfono la mayoría de las veces ni se
ponía! ¿Y después? Las llamadas eran
de risa. ¡Era como hablar con una
desconocida!
—Cuando te enviaron al
internado llorabas pidiéndole perdón y
queriendo volver. Y no podía ser. Te
estabas descontrolando y lo que pasó
esa noche…
Apretó los labios porque no
quería recordar esa horrible noche y lo
que ocurrió a la mañana siguiente.
Todavía no se lo podía creer. —Todos
cometemos errores y ella tampoco era
perfecta. ¡Ninguno lo era! ¿Por qué tenía
que serlo yo? —gritó dolida—. ¡Pero
claro, mi dinero sí que les interesaba!
May vio como salía de la cocina
y suspiró sabiendo que tenía razón. Pero
lo que más la apenó era ese dolor que
llevaba dentro. Tenía la sensación de
que todo lo que había pasado hacía trece
años la había marcado de una manera
que la había cambiado del todo. Su
Lorrie, aquella jovencita encantadora y
alocada que la abrazaba por las
mañanas y que demostraba a todos lo
que les quería, no volvería más.
Capítulo 4
En vaqueros cortos, camiseta y
descalza recorrió la casa con ojo
crítico. Cerró el cuarto del té que su
abuela usaba cuando quería estar sola y
chasqueó la lengua. Éste tampoco valía.
Con los brazos en jarras miró el piso
superior. Allí había más luz. Empezó a
subir los escalones y se detuvo en seco
al ver a Noelle con una bata de seda en
color melocotón y cara de no haber
pegado ojo. Como toda una dama
empezó a bajar las escaleras y levantó
la barbilla pasando a su lado. —Buenos
días, tía —dijo irónica.
—Ni me hables.
Divertida se cruzó de brazos.
Estaba claro que ella siempre tenía la
culpa de todo. —Si estás en mi casa, al
menos tenme respeto.
Se volvió de golpe. —¡Mira
niñata, puede que tú tengas dinero!
¡Puede que lo hayas pagado todo, pero
solo es porque has tenido suerte! ¡En
cuanto se me pase el disgusto y sepa
cómo voy a recomponer mi vida, me
largaré de aquí y espero no verte nunca
más!
—¿Niñata? ¡Niñata tú que has
vivido toda la vida a la sopa boba!
Su tía jadeó indignada. —
¡Menuda mentira! ¡Yo también trabajé!
—Se apartó su cabello castaño del
hombro. —¡Hace mucho! ¡Y hubiera
seguido trabajando si hubiera sido
necesario, pero a mí nadie me dijo nada!
¡La abuela se encargaba de todo como
siempre! ¡Eso me dijo cuando me
divorcié!
—Eres una víctima —dijo
socarrona.
—Exacto. —Levantó la nariz
como si fuera una princesa. —Ahora me
voy a desayunar si no es molestia. Tengo
que tomarme otra pastilla para el dolor
de cabeza que me habéis provocado y no
puedo hacerlo con el estómago vacío.
Lorrie puso los ojos en blanco
antes de seguir subiendo las escaleras.
Estaba claro que su tía vivía en su
mundo y era la víctima de todos. Al
llegar arriba empezó a abrir puertas y
cuando llegó a la habitación de la abuela
al fondo del pasillo, se detuvo con la
mano en el pomo. Lo giró lentamente y
abrió sintiendo un nudo en la garganta.
El aroma de su perfume llegó hasta ella
y cerró los ojos recordando sus abrazos
y sus besos a lo largo de los años.
Entró en la gran habitación y
miró su cama. Una auténtica obra de arte
con cuatro postes tallados con rosas y un
dosel de muselina blanca. Siempre había
creído que era una cama de cuento.
Apretó los labios acercándose a las
cuatro ventanas que daban luz desde el
este y desde el sur. Era la habitación
más luminosa de la casa. Se volvió y se
detuvo en seco al ver una foto suya en el
tocador. Era una foto reciente y se quedó
sin aliento al reconocerla. La había
sacado de su Instagram. Se estaba
bañando en un lago bajo una cascada en
un viaje que había hecho a Canadá y su
largo cabello caía mojado sobre su
espalda desnuda mientras miraba a la
cámara. Estaba muerta de frío, pero la
foto había salido preciosa. Que su
abuela la siguiera a través de las redes
la emocionó y cogió el marco de plata
para mirarla bien. Sonrió sin poder
evitarlo y con curiosidad abrió el primer
cajón del tocador. Asombrada dejó el
portafotos sobre la mesa sacando los
recortes del cajón. ¡Eran todos suyos!
Cuando había llegado a los diez
millones de seguidores, cuando le
habían dado el premio a la mejor
Youtuber del año, cuando había asistido
a una fiesta con mujeres que se
dedicaban a lo mismo que ella… Pasó
una tras otra porque tenía un montón de
recortes donde se la mencionaba. De
repente sintió mucha pena porque
aunque siempre sabía dónde estaba y
hablaban al menos una vez al mes nunca
había mostrado interés en su trabajo.
May sí, siempre que colgaba un video la
llamaba por Skype o le enviaba un
mensaje echándole la bronca.
Normalmente lo segundo. Decía que la
llamaría cuando se le pasara el susto.
Pero su abuela nunca mencionaba su
trabajo. Aunque por supuesto le había
dicho desde el principio lo que le
gustaría hacer con su vida, muy seria le
había contestado que no se metiera en
problemas y no lo habían hablado nunca
más. Era una pena que no fuera capaz en
vida de decirle que estaba orgullosa de
ella. Una auténtica pena.
Se pasó la mano por la mejilla
sorprendiéndose al tocar una lágrima y
se dijo que era tonta y una sensiblera.
Dejó los recortes en el cajón y lo cerró
de golpe antes de mirar a su alrededor
ignorando la foto de Craig guapísimo
vestido de smoking con una placa en la
mano. Caminó por la habitación
pensando en qué hacer con los muebles
cuando su mirada fue a parar a la foto de
nuevo. Sin poder soportar su curiosidad
cogió el marco y lo acercó lo suficiente
para leer la placa. Mejor abogado del
despacho Laurens and Williams. Tenía
fecha de hacía diez años. Hizo una
mueca. —No está mal, estirado. —Dejó
la foto en su sitio y acarició unos
pendientes de amatistas y esmeraldas
que había sobre el tocador en una
bandejita de plata.
—¿Te los vas a quedar también?
Se sobresaltó al escuchar la voz
de su tía que no parecía enfadada.
Parecía triste. Lorrie forzó una sonrisa.
—No, claro que no. Puedes llevártelo
todo si quieres. Eres su hija, es lógico
que te lo quedes tú.
Noelle dio un paso dentro de la
habitación y sonrió con tristeza. —Esos
pendientes te encantaban.
Se sonrojó porque era cierto. Le
había ocurrido desde niña y es que igual
los identificaba con su abuela porque se
los ponía mucho. —Pero da igual.
Además, a mí no me pegan —dijo sin
darle importancia.
—¡Oh, por Dios! ¿Quieres dejar
de hacer eso?
Parpadeó por su exabrupto. —
¿Hacer qué?
—¡Comportarte como si no
estuvieras furiosa con todos, cuando
deberías pegarnos un tiro por
aprovecharnos de ti! —gritó dando un
paso hacia ella—. ¡Te echamos! ¡Y
después nos gastamos tu dinero mientras
tú vivías aislada en un maldito colegio!
¡Te alejamos y nos mantenías!
Fue hasta la puerta sintiendo un
nudo en la garganta. —Mejor me voy a
mi habitación. No quiero escucharte.
—¡Eso es obvio! —gritó
siguiéndola—. ¿Qué pasa? ¿Ahora vas
de perfecta? ¡Si la abuela te echó de la
casa fue porque nos dejaste en ridículo
ante toda la ciudad! ¿La querías?
¡Deberías odiarla! ¡Se aprovechó de ti!
—¡Cállate!
—¡La muy bruja te engañó
después de deshacerse de ti porque se
avergonzaba de tu comportamiento! ¡No
te quería! ¡Nunca te quiso! ¡Solo quería
tu dinero! ¡Por eso te acogió cuando se
quedaba sin fondos!
Se metió en su habitación y cerró
la puerta apoyándose en ella sintiendo
que le faltaba el aliento. La angustia
recorrió su pecho escuchándola gritar —
¡Deberías odiarnos a todos! ¿Por qué
diablos quieres vivir aquí?
Sintiendo que su corazón se
retorcía de dolor se llevó la mano al
pecho y gimió mientras las lágrimas
fluían de sus ojos, porque estaba
diciendo todo lo que en el fondo de su
ser temió durante todos esos años, pero
nunca había querido enfrentarse a ello.
Destrozada sollozó y se dejó caer al
suelo. Se abrazó las piernas como
cuando era niña mientras las lágrimas no
dejaban de brotar y mientras el dolor se
instalaba en su pecho como aquella
mañana cuando vio sus reacciones hacia
ella. Recordó como destrozada e
intimidada por lo que había hecho,
escuchaba las palabras de los suyos
diciéndole que tenía que irse de Nueva
York de inmediato. Y esas palabras
cambiaron su vida para siempre. Por
primera vez desde la muerte de sus
padres se sintió sola y esa soledad no la
había abandonado desde entonces.
Tardó en recomponerse porque
las lágrimas no dejaban de salir y
después de una hora allí sentada se dijo
que era una estúpida por dejar que las
palabras de su tía la afectaran. Aunque
fueran ciertas. Ellos hacía mucho tiempo
que habían dejado de formar parte de su
vida y pronto desaparecerían de ella
para siempre. En cuanto se fueran de su
casa.
Ni quería pensar en si su abuela
la quería o no. Durante años en sus
llamadas se había emocionado muchas
veces hablando con ella como si sintiera
una pena grandísima de que estuviera
alejada de la familia, pero jamás le
había pedido que volviera hasta que
sabía que iba a morir. Ella al principio
había entendido que la echaran, pero
después de unos meses en el internado
del que no salía ni en vacaciones, se dio
cuenta de que no quería verla por Nueva
York para no disgustar a su hija, que al
fin y al cabo era lo que más quería en el
mundo como había demostrado millones
de veces. Pero el rencor nunca llegó
porque asumió que era una penitencia
por el mayor error de su vida. Un error
que había pagado con creces.
Sentada en el suelo de la
habitación miraba la cama ida en sus
pensamientos. No era la misma de
aquella noche, pero sintió un nudo en la
garganta viéndose en su imaginación y
recordándose a sí misma agotada,
sentándose en aquella cama cuando
llamaron a la puerta. Ésta se abrió y ella
miró hacia allí para ver a Craig vestido
de smoking, guapísimo y con cara de
cabreo. —¿Todavía estás así? —le
espetó molesto.
Disimuló el malestar que había
tenido todo el día y sonrió para
fastidiarle como la adolescente que era.
—Me visto enseguida, primito —dijo
con descaro antes de levantarse. Se
tambaleó ligeramente y soltó una risita.
Craig la miró asombrado
cerrando la puerta. —¿Estás borracha?
—Siempre pensando lo mejor de
mí —dijo yendo hacia el baño.
—¡Es la fiesta de compromiso
de mi madre! ¡Espero que te comportes!
Le miró sobre su hombro. —
Claro que sí, primito. ¿Cómo no me voy
a comportar? Seré una niña buena. —Se
metió en el baño dando un portazo
diciéndose a sí misma que estaba harta
de ese estirado. Se quitó el camisón y
abrió el grifo de la ducha gimiendo
porque le dolía todo. Y encima tenía que
soportar la fiesta poniendo buena cara
porque si no Noelle pensaría que lo
hacía para fastidiar. Se duchó a toda
prisa y se recogió su largo cabello rubio
en un moño en la nuca que la hacía más
mayor. Se maquilló más de la cuenta
sabiendo que eso fastidiaría a Craig, que
últimamente la criticaba por todo, y se
puso las medias a medio muslo con el
vestido verde agua que había comprado
para la ocasión. Era de un vaporoso
chiffon que llegaba a sus tobillos y
mostraba las sandalias plateadas que se
había comprado a juego. Decidió
tomarse algo para la gripe porque le
daba la sensación de que iba a pegarle
con fuerza, así que cogió del armarito
del baño unas pastillas que le habían
recetado el año anterior y se tomó dos.
Se echó algo de perfume y salió de la
habitación topándose con May, que en
cuanto la vio le preguntó —¿Estás bien?
—Sí, claro —mintió con descaro
—. ¿Ya están todos abajo?
—Esperando para la cena, niña.
Bufó y caminó hacia la escalera.
Tuvo que sujetarse a la barandilla
porque no se sintió demasiado estable.
Cuando llegó al salón sonrió a los
invitados. La abuela vestida de gris
perla se volvió con una copa en la mano
y sonrió con aprobación. —Lorrie
acércate. Déjame que te presente al
futuro marido de tu tía.
Se acercó a toda prisa y sonrió
al hombre que tenía una cara de lo más
agradable.
—Él es John Albert Dinning,
cielo. —Su tía le cogió del brazo
mirándole como si estuviera muy
enamorada.
—Encantada.
Él parpadeó sorprendido
mirándola de pies a cabeza con
admiración. —Vaya, vaya… Mira que
sobrina voy a tener. —Varios se echaron
a reír, pero ella se sonrojó de la
vergüenza por ser el centro de atención
mirando de reojo a Craig que se puso a
su lado. —¿Cómo es que no nos hemos
conocido antes?
—Lorrie ha estado muy liada
con los exámenes —dijo su primo
molesto—. Aunque para lo que le ha
servido... Ha suspendido dos.
Ella entrecerró los ojos. —
¿Tienes que seguir fastidiando con el
tema? Las ciencias se me dan muy mal.
—Ni siquiera lo has intentado.
La abuela se echó a reír. —
Bueno, bueno… Ese tema ya está
hablado y seguro que ahora se aplicará
mucho más. Sobre todo porque está
castigada sin salir con sus amigas y eso
hará que se ponga al día enseguida.
Lorrie gruñó alejándose para ir
hasta el camarero. —Un lingotazo. —El
camarero levantó una ceja. —Pues una
cerveza.
—Señorita…
—Un refresco de cola.
—Que bebas con tus amigas no
significa que puedas hacerlo aquí —
siseó su primo tras ella—. ¿Quieres
comportarte?
—¿Quieres dejar tú de
atacarme? —replicó con los ojos
brillantes de la fiebre.
Él entrecerró los ojos. —Como
un día me entere que te drogas, te pego
una tunda que no te levantas en un mes.
Chasqueó la lengua mientras él
se alejaba para hablar con un conocido.
Cogió el refresco de cola y se lo bebió
sintiéndose sedienta. En ese momento
llamaron para la cena y como era la
única que tenía esa edad nadie se fijó si
entraba detrás o no. Vio como un
invitado dejaba una copa de champán
sin tocar sobre una de las mesas y como
si nada se acercó a ella. La cogió
mirando a su alrededor y se la bebió
diciéndose que necesitaba aquello para
aguantar la noche, que iba a ser muy
larga. A partir de ahí todo fue difuso. Se
sentó al lado de Craig y sonrió como una
niña buena sin abrir la boca como
tocaba. Su primo la miraba de vez en
cuando como si quisiera matarla y un
par de veces le quitó su copa de
champán de las manos. Recordaba que
se había manchado el vestido y que se
reía como una loca. También recordaba
que él la había sacado del comedor a la
fuerza mientras su tía estaba
disgustadísima y su abuela la miraba
como si la hubiera decepcionado. Craig
la metió en la habitación de mala manera
y le gritó que durmiera la mona. Riendo
se quitó el vestido y se metió en la cama
con zapatos y todo. Ya no recordaba
nada más. Pero lo que sí recordaba era
despertarse sobresaltada por el grito de
su abuela, que escandalizada se llevó
las manos a la cabeza. Algo se movió a
su lado y vio como el prometido de su
tía se levantaba desnudo de su cama. Sin
entender nada le vio coger la ropa
gritando que no había pasado nada. Su
tía que llegó en ese momento corriendo,
se echó a llorar y le pegó un bofetón de
la que salía de la habitación, pero no se
fue de rositas porque Craig se tiró sobre
él en el pasillo dándole una soberana
paliza. Lorrie con los ojos como platos
miró a su abuela a los ojos cubriéndose
con el edredón y sin aliento simplemente
preguntó —¿Qué ha pasado?
Y puede que no lo supiera nunca.
Esa noche había destrozado su vida
alejándola de todo lo que conocía. La
enviaron a un internado en California.
Un internado muy caro que ahora sabía
que pagaba ella. De señoritas, por
supuesto. Estaba alejado de la ciudad y
las alumnas, consideradas chicas
rebeldes, no tenían posibilidad de estar
con el sexo opuesto en absoluto.
Algunas se pasaban allí las vacaciones
por los negocios de sus padres o porque
simplemente a sus familias les
importaba un pito donde estuvieran
mientras alguien las controlara. Allí
conoció a Evaline. Su mejor amiga en
aquel entonces. Era francesa y su padre,
que era viudo, no tenía ni idea de qué
hacer con ella. Así que había terminado
allí para que no perjudicara su carrera
política con sus correrías. Se habían
hecho amigas porque casi siempre
coincidían en vacaciones, pues no iban
al mismo curso. Evaline le llevaba dos
años y fue ella quien la metió en el
mundo de internet. Ella se aficionó a ver
videos para entretenerse y cuando
Evaline se graduó, sintió tanto su
pérdida porque estaba sola de nuevo,
que decidió colgar un video en la red
desahogándose. Recibió trescientas mil
visitas. La sorprendió tanto que la
siguiente vez que suspendió un examen
colgó otro video poniendo a caldo el
sistema educativo. Y así empezó.
Cuando terminó el colegio grabó su
salida y como les hacía un corte de
manga. Ese día se suscribieron a su
canal diez mil personas. Era consciente
de que había hecho de parte de su vida
un reality show, pero se sentía bien
cuando lo hacía. Puede que todas esas
personas que ponían sus impresiones al
final de sus videos fueran desconocidos,
pero muchas veces se sentía genial
leyendo sus comentarios y muchos la
consideraban como de la familia
después de tantos años. La única parte
de su vida que no había contado, era la
razón por la que la habían metido en
aquel sitio horrible que fue una cárcel
para ella casi tres años. Se levantó
lentamente y fue hasta su cámara que
estaba en el trípode. Se sentó en su cama
y sonrió con tristeza. —Hola otra vez,
chicos. Soy Lorrie y esta es mi vida. He
vuelto a casa.
El grito de May en el piso
inferior se escuchó en toda la casa horas
después. Lorrie salió de la habitación
corriendo y vio como Craig corría desde
el despacho hacia la cocina. Le siguió y
vio a May con los ojos llenos de
lágrimas ante un portátil que estaba
sobre la mesa de la cocina. Palideció
porque lo había visto.
—¿Qué? ¿Qué ocurre? —
preguntó Craig cogiéndola de los brazos
—. ¿Estás bien?
Sin dejar de mirarla susurró —
Mi niña…
Noelle entró en ese momento con
cara de susto. —¿Estás bien?
—Sí, sí.
Craig frunció el ceño soltando
sus brazos. —¿Entonces qué pasa? —
Miró la pantalla del ordenador y
palideció viendo el rostro de Lorrie
sonriendo con tristeza con el símbolo
del play encima. —¿Qué coño es esto?
—Esta es mi vida.
La fulminó con la mirada. —
¿Qué has dicho?
—Soy Youtuber. —Enderezó la
espalda mientras su tía miraba la
pantalla jadeando.
—¿Que eres qué? —La voz
lacerante de Craig le indicó que aquello
no le gustaba un pelo, pero le importaba
un pito. —¿Qué locura es ésta, Lorrie?
—gritó a los cuatro vientos antes de
empezar a bajar la página y ver
infinidad de videos.
—Dios mío —susurró su tía tras
él con los ojos como platos.
—Está muy bien —dijo May
limpiándose las lágrimas—. Tiene
muchos seguidores. Millones.
—Gracias May, pero no tienes
que excusarme. Con mi vida hago lo que
me da la real gana. —Retó a Craig con
la mirada. —¿Qué pasa? ¿Acaso tienes
algo que decir?
—¡Esto es inconcebible!
Su tía frunció el ceño. —¿Y qué
enseñas? ¿Maquillaje y esas cosas?
—¿Te parece que me maquillo?
—¿Clases de algo? Francés…
Piano…
—Tía, ¿ves algún piano por ahí?
—Habla de su vida, de sus
viajes… —explicó May—. De lo que le
ocurre. Lleva haciéndolo años. ¿He
dicho que fue Youtuber del año?
Craig la miró como si tuviera
cuernos y rabo. —Expones tu vida.
—Sí, básicamente sí. No sé de
qué te escandalizas. La abuela lo sabía.
—¿Que mi madre sabía esto?
¡Ahora entiendo que no volvieras a
casa! ¡Debía morirse de la vergüenza!
—¡No volví a casa por ti! —
gritó furiosa harta de callarse—.
¡Porque tú no te sintieras incómoda!
¡Por eso la abuela nunca me pidió
volver!
Craig se enderezó. —¿Qué
dices? Tú no querías volver. ¡Me lo dijo
miles de veces!
Lorrie palideció al escucharle.
—¿Qué has dicho?
—Dios mío —susurró May
llevándose la mano al cuello teniendo
que sentarse.
Todo el mundo la ignoró
mientras Craig y Lorrie se miraban a los
ojos. —Eso es mentira —dijo ella
pálida.
—¡Mientes tú! ¡Hasta te escribí
una carta pidiéndote que regresaras!
¡Nunca contestaste!
Se quedó sin aliento porque
parecía que decía la verdad y sintiendo
que se le retorcía el corazón miró a May
que se había echado a llorar de nuevo.
—¿Qué está pasando aquí? —
gritó Noelle perdiendo los nervios.
—La abuela no quería que
volvieras, Lorrie. —Dio un paso atrás
como si la hubiera golpeado y May
angustiada continuó —En parte por la
tensión que habría con Noelle en la casa
y en parte porque no podía enfrentarse a
ti. La avergonzaba su comportamiento.
Se avergonzaba de sí misma por cómo
fue contigo, sobre todo por lo que habías
hecho por ellos. Te echó de tu propia
casa. —Sonrió con pena. —Cada vez
que hablaba contigo por teléfono los
remordimientos la carcomían. Al
principio estaba furiosa por lo que había
ocurrido, pero después se dio cuenta de
que había sido muy dura contigo. Eras
una cría y se dio cuenta de lo que había
hecho. Te había apartado de todo lo que
conocías. Pero si volvías, puede que tú
le tuvieras rencor y la situación con
Noelle sería imposible. Así que no hizo
nada después del primer año. —Miró a
Craig que la observaba incrédulo. —
Escribiste esa carta, pero nunca la
envié. Ella me la quitó antes de que
pudiera hacerlo, diciendo que era mejor
dejar las cosas así. Si Lorrie regresaba
solo habría conflictos continuos por los
rencores de ambas partes y se dijo a sí
misma que nunca volveríais a ser una
familia, así que era mejor dejar las
cosas como estaban. La llamaba una vez
al mes para comprobar que estaba bien,
pero la borró de su vida. Supongo que
para que esos remordimientos la dejaran
en paz.
Los ojos de Lorrie llenos de
lágrimas miraron a Noelle que parecía
arrepentida. —Lo que te dije antes… No
lo sabía, te lo juro. Yo jamás le pedí que
no volvieras.
—Lorrie… Siento que… —
Salió corriendo sin escuchar a Craig,
que apretó los labios al oírla llorar.
—Dios mío —dijo May
torturada—. ¿Qué hicimos? —Se echó a
llorar tapándose los ojos con las manos.
—Mi pobre niña. Tenía que haber dicho
algo, tenía que haberla ayudado.
—Ahora es tarde para
arrepentimientos —dijo Craig muy tenso
—. Ella cometió un error que ha pagado
muy caro en todos los sentidos y la
abuela nos engañó a todos haciéndonos
creer que llevaba la vida desenfrenada
que siempre había querido y que por eso
no volvía a casa.
Pálido miró a su madre que se
apretaba las manos angustiada. —Le he
dicho cosas… Pero no creía… No las
creía, te lo juro. Mi madre no era mala.
¡La quería! ¡Siempre la ha adorado! —
Se echó a llorar. —No entiendo nada.
Craig la abrazó. —Mamá
deberías tomarte un sedante.
—Pues no lo sabéis todo —
susurró May volviendo el portátil hacia
ellos —. Tenéis que escuchar esto.
Capítulo 5
Suspiró mirando el techo de su
habitación a oscuras. Bueno, ya lo sabía.
Aunque nunca había querido admitirlo,
los actos de su abuela siempre habían
estado ahí y la confirmación de May era
lo que necesitaba para abrir los ojos
totalmente. Era hora de borrarla de su
vida como su abuela había hecho con
ella. Debía seguir adelante.
Se sentó en la cama y suspiró
bajando los pies al suelo. Tenía que
comer algo. Se había saltado la cena y
antes la comida, pero cuando May quiso
hablar con ella no estaba para nadie, así
que no había abierto la puerta
encerrándose en el baño hasta que se
fue.
Salió de la habitación a oscuras
y frunció el ceño al ver luz abajo.
Bueno, en algún momento tenía que salir
y no tenía por qué esconderse de nadie.
Bajó los escalones sin hacer ruido y
escuchó su voz. Se le cortó el aliento
porque era uno de los primeros videos y
cuando llegó al hall vio que la luz del
despacho estaba encendida. Se acercó
de puntillas para ver a Craig en mangas
de camisa mirando la pantalla del
ordenador fijamente. Se escuchó su risa
y a ella diciendo —¿Veis? Esto es lo
que nos dan para comer estas zorras.
Como podéis ver las latas están
caducadas. No os diré el nombre del
colegio para evitar una demanda, pero
lo que sí os diré es que estamos en
California. —Bajó la voz. —Por cierto,
el escudo del centro lleva un caballo. —
Lorrie se mordió el labio inferior. —
Otro día hablaré de los caballos. Es lo
único bueno que tiene este sitio, aunque
yo nunca monto. Pero ese es otro tema.
Por hoy ya está bien que si me pillan me
echan la bronca y me quedo sin película
el sábado. Un besote y hasta el próximo
video. Muack. —Craig apoyó los codos
sobre la mesa y se pasó las manos por la
cara como si estuviera agotado. Lorrie
dio un paso atrás por si se levantaba,
pero cogió el ratón pinchando en otro
video. Ella frunció el ceño. ¿Por qué
hacía eso? No entendía para qué quería
verlos.
Se alejó encogiéndose de
hombros y fue hasta la cocina. La luz de
la luna le daba la suficiente visibilidad
para caminar sin tropezar con nada, así
que fue hasta el frigorífico. Sonrió al ver
la tarta de chocolate y la sacó entera
poniéndola sobre la mesa. Regresó de
nuevo y sacó el bidón de leche y un vaso
de la alacena. Iba a sentarse cuando se
dio cuenta de que no tenía el tenedor.
Fue hacia el cajón cuando sintió a
alguien tras ella y se asustó volviéndose.
Craig apretó los labios. —Siento
haberte asustado. He escuchado ruidos y
he venido a ver.
Asintió rodeándole y sentándose
a la mesa. Durante un momento dudó en
si llevarse la tarta a la habitación, pero
mierda, era su casa. Podía comer donde
le diera la gana. Vio que él cogía un
vaso y se acercaba a ella. —¿Puedo
sentarme?
Se encogió de hombros como si
le diera igual y Craig se sentó ante ella.
Cogió el bidón de leche y la sirvió
primero. Con la boca llena de tarta
susurró —Gracias.
—No tienes por qué darlas. —Él
lleno su vaso y bebió un trago. Mierda,
tenía que haberse ido a la habitación. —
¿Estabas enferma? —Ella que estaba
masticando se detuvo mirándole sin
mover el gesto y él suspiró. —No
quieres hablar de ello. Lo sé. He
hablado con May y me ha dicho que
nunca has querido hablar de esa noche…
—Siguió masticando antes de coger su
vaso y beber sin quitarle ojo. —Y hasta
hoy no lo habías contado a tus
seguidores, así que he pensado…
—No pienses, Craig. —Dejó el
vaso sobre la mesa y sonrió irónica
apoyando los codos sobre la superficie.
—No te viene bien.
—Muy graciosa. —Apoyó los
codos como ella. —Contesta a la
pregunta.
—No soy uno de esos que
interrogas en los juicios —dijo con
descaro antes de meterse el tenedor en
la boca.
Craig miró sus labios manchados
de chocolate y a ella le dio un vuelco el
estómago, pero se dijo que era una
estúpida porque esa misma mañana la
había llamado puta y le había dicho que
le daba asco. Él se tensó al ver que le
miraba con frialdad. —No es un
interrogatorio. Solo quiero saber.
—¿De qué sirve ya todo esto?
—No lo sé, dímelo tú. Tú eres
quien ha colgado ese video.
Levantó la barbilla. —Estaba
dolida por lo que me dijo tu madre.
—Se arrepiente mucho de ello,
te lo aseguro.
Sonrió con burla. —No hace
falta que mientas. Me odia porque le
robé a su amorcito.
Craig se tensó. —Ni se te ocurra
hablar así. Ese hombre era un cabrón y
está muy agradecida de haberse librado
de él antes de que fuera tarde.
—Pues entonces debería darme
las gracias en lugar de abofetearme, ¿no
crees?
La observó pinchar el tenedor en
la tarta y comer un pedazo. —Está claro
que hemos hecho muchas cosas mal.
Se pasó la lengua por su labio
inferior antes de chupar el tenedor
distraída pensando en ello. —No,
realmente vosotros no hicisteis nada
mal. Solo lo ignorasteis. —Hizo una
mueca. —En cualquier otra familia le
hubieran denunciado a la policía, pero
claro los Carliste no podían meterse en
un lío así. Sería un escándalo mayúsculo
y ya lo era bastante la cancelación de la
boda. Eso demostraba lo que os
importaba. Lo que te importaba a ti.
Craig se tensó. —Me
importabas.
—Sí, claro. Tanto que fuiste a
visitarme. —Dolida le miró a los ojos.
—¿Cuántas veces fueron, primito? Perdí
la cuenta. Déjame pensar…
—¡Estaba enfadado!
—Enfadado. —Suspiró como si
estuviera harta del asunto.
—¡Sí, enfadado! ¡Al verte con
ese tipo en la cama se me revolvieron
las tripas! —gritó furioso levantándose
—. ¡Desde hacía unos meses te
revelabas por todo y aquello fue el
colmo!
—El colmo. —Se echó a reír. —
¿El colmo de qué? ¿Qué coño te
importaba a ti si me acostaba con uno o
con mil? Siempre me estabas
controlando, con quién salía, con quién
quedaba, quién me llamaba… Lo que a
ti te jodía era que no eras tú quien
estaba en la cama conmigo.
Craig palideció. —¿Qué dices?
—¡Puede que fuera joven, pero
no era imbécil! —Se levantó sonriendo
irónica. —¿Crees que no te oía? —Dio
un paso hacia él tensándole. —Te
escuchaba a través de la pared. El
cabecero se movía cuando te tocabas. —
Craig perdió todo el color de la cara. —
Y lo hacías a menudo cuando no tenías
novia, ¿no es cierto? —Acarició su
pecho haciendo que su pectoral se
endureciera y dijo provocadora —
¿Ahora te doy asco? Antes susurrabas
mi nombre cuando te corrías. Se nota
que las cosas han cambiado mucho. Ese
enfado debió ser de primera. —Giró la
cabeza a un lado mirándole a los ojos.
—¿No es cierto, cariño? Atrévete a
negar que cuando te tocabas pensabas en
mí. —Su mano llegó a su hombro. —
¿Qué pasa, cielo? ¿Te morías por
desvirgarme tú? —Hizo un mohín. —Lo
siento —dijo como una niña antes de
acercarse más—. Fui mala.
Cogió su antebrazo con fuerza.
—¡Deja de hablar así!
—¿Hablar cómo? ¿Como una
puta? —le retó con la mirada.
Él apretó más la mano que la
agarraba y Lorrie hizo un gesto de dolor.
La soltó de inmediato. —¿Te he hecho
daño?
Le miró incrédula dando un paso
atrás acariciándose el antebrazo y Craig
se llevó las manos a la cabeza. —No
quería…
—Déjalo —dijo con desprecio
antes de ir hacia la puerta. Se detuvo en
seco antes de salir y sin mirarle susurró
—Vete, Craig. Esto ya no tiene arreglo y
nos hacemos daño cuando es
innecesario. Acabemos con esto de una
vez y vete de mi casa.
—¿Por qué has vuelto? —
preguntó cortándole el aliento—.
Podrías habernos echado a través de los
abogados. ¿Por qué has vuelto?
—La abuela me lo pidió.
—¡Mientes! ¡No llegaste a
tiempo al funeral porque no quisiste! —
Se volvió para enfrentarle y él le gritó a
la cara —¡Si has venido es para
echarnos toda esta mierda en cara ahora
que no está la abuela para sufrir por
ello! ¿No es cierto? ¡Querías vengarte
por cómo te tratamos! ¡Pero a ella no le
echarías nada en cara porque aún la
querías! ¡A pesar del dolor que te
provocó su rechazo la querías! Hubieras
hecho cualquier cosa por ella, pero
nosotros somos distintos, ¿verdad?
—¡Sí! ¡Sois muy distintos! —
gritó furiosa—. ¡Tu madre nunca mostró
cariño por mí por la envidia que le tenía
a la mía! Y tú…
—¿Yo qué, preciosa? ¿Te
defraudé? —preguntó suavemente
viendo el dolor de sus preciosos ojos
azules—. ¿No te esperabas mi reacción?
Ella gritó de dolor antes de
lanzarse sobre él golpeando su pecho
con los puños una y otra vez fuera de sí.
Craig la abrazó con fuerza y cerró los
ojos pegándola a su cuerpo. Frustrada se
echó a llorar sin poder evitarlo
intentando soltarse, pero la pegó a su
pecho reteniéndola. —Lo siento, nena.
No sabes cómo lo siento.
Lorrie gimió de dolor contra su
pecho y lloró todo lo que no había
llorado en esos trece años sin que él
dejara de abrazarla en ningún momento.
Cuando terminó se sintió laxa y Craig la
cogió en brazos. Mirando su rostro la
pegó a su pecho y la besó en la frente.
—Lo arreglaremos, ya verás.
Ella ni le entendió y ni se dio
cuenta de que la colocaba sobre su cama
ni de que se tumbaba a su lado.
Tampoco se dio cuenta de que May
cerraba la puerta ni que él la abrazaba.
—Estoy aquí, cielo. —Le acarició la
espalda. —Estoy aquí.
Lorrie se despertó al sentir algo
en su espalda y fue cuando se dio cuenta
de que alguien acariciaba su cabello.
Frunció el ceño al sentir un latido en su
oído. No podía ser. Disimuladamente su
mano tocó lo que parecía un botón y
gimió por dentro. Otra vez no.
—Nena, si estás pensando cosas
raras soy yo.
Abrió los ojos como platos antes
de incorporarse apoyándose en su pecho
para ver a Craig tumbado tranquilamente
en su cama. Miró a su alrededor. Sí, era
su cama. Le fulminó con la mirada. —
¿Qué haces aquí?
—Has dormido mucho. ¿Estás
bien?
—¿Que si estoy bien? ¡Largo de
mi habitación!
Él sonrió con picardía de esa
manera que a ella la volvía loca y le dio
un vuelco el corazón cuando acarició su
muslo desnudo hasta llegar al borde de
su vaquero. —Estaba recordando aquel
día que entraste en mi habitación y por
poco me sorprendes. Lo hiciste a
propósito, ¿verdad? Lo del libro era una
excusa.
Se puso como un tomate. —No,
qué va.
Craig se echó a reír. —¿Qué
pasa, nena? ¿Tenías curiosidad? —Su
mano subió hasta su cintura y la tumbó
sobre él cortándole el aliento. —Eras
muy joven. —Esa mano acarició su
trasero haciéndola gemir. —Imagínate la
cara de la abuela si llego a decir algo —
dijo con voz ronca—. Me volvías loco.
Un año antes de irte supe que estaba en
problemas cuando te pillé hablando con
ese chico por teléfono, ¿lo recuerdas?
Los celos me devoraban pensando que te
veías a escondidas con él. —Tiró de su
trasero arrastrándola sobre su torso y se
miraron a los ojos. —Una vez May salió
de tu habitación y te vi solo con las
braguitas puestas. Esa imagen no se me
olvidará en la vida, preciosa. —Metió
la mano bajo la camiseta y acarició su
espalda haciéndola suspirar de placer.
—No sé cuánto hubiera aguantado.
Tenía que haberme ido cuando empecé
la universidad, pero no lo hice por ti.
Me decía que era para controlarte
porque la abuela ya era mayor para ello,
pero la verdad preciosa es que desde
que naciste supe que serías mía. —
Lorrie separó los labios de la
impresión. —¿Recuerdas aquellas
Navidades? Tus padres aún vivían.
Dijiste que sería tu marido ante todos.
Se echaron a reír, pero yo no lo hice
porque era lo que quería. Siempre me he
sentido unido a ti y tengo que reconocer
que no me tomé muy bien lo que ocurrió
esa noche. No sabía lo que te ocurría
desde hacía meses. Estabas distinta
conmigo. Como si estuvieras enfadada
y… —Al ver que se sonrojaba sonrió.
—Claro. Fue porque me escuchaste. ¿Te
asusté, nena? —La mano bajó por su
axila rozando su pecho.
Lorrie sentía miles de
sensaciones que la embriagaban y cerró
los ojos arqueándose ligeramente hacia
atrás sin poder evitarlo y él acarició su
seno. —Siempre sentí que eras mía,
Lorrie.
Ella abrió los ojos y le miró
emocionada. —¿De verdad?
Él miró sus labios. —Eres
preciosa. ¿Quieres que te bese, nena? —
Su mano acunó su pecho y ella se acercó
sin darse cuenta. Craig besó sus labios y
Lorrie sintió que volaba. Cuando su
lengua acarició su labio inferior fue la
sensación más maravillosa del mundo y
gimió impaciente acariciando su cuello
a la vez que abría su boca. Él la invadió
girándola para tumbarse sobre ella y
Lorrie abrió las piernas haciéndole
espacio mientras le correspondía
dejándose llevar. Él apartó sus labios y
frunció el ceño. —Lorrie…
Ella sonrió con los ojos cerrados
aún por el placer que la recorría. —
Nena… —Abrió los ojos e intentó
besarle de nuevo, pero él besó su labio
inferior alejándose otra vez antes de
carraspear. —¿Has tenido muchos
novios?
Parpadeó sorprendida por la
pregunta —¿Qué?
—Besas como si…
—¿Lo hago mal? —preguntó
horrorizada.
—No, mal no… Solo que…
Bueno. —Lorrie se puso como un tomate
y Craig entrecerró los ojos. —Besas
como si fueras virgen. Te dejas hacer.
¿Entiendes?
No sabía dónde meterse de la
vergüenza. —¿De veras? Pues no sé.
—Me ha sorprendido un poco, la
verdad.
La sorprendida era ella. Por
todo. Dos días antes quería echarla de
casa y ahora resultaba que estaba loco
por ella. ¿Qué diablos estaba pasando
allí? Y ahora le venía con eso. ¿Y qué le
decía después de soltarle que besaba
como si fuera una seta? ¿La verdad? No
la creería. ¿O sí? Tenía un lío mental
que no podía con él.
Craig la observaba en silencio.
—En todos estos años habrás tenido
novios. —Juró por lo bajo apartándose
y palideció mirándola asombrado. —
Dios, nena... Ese cabrón te dejó un
trauma o algo así.
—¡No! —Se sentó sorprendida.
—Ni me enteré. —Se puso como un
tomate. —Me dormí y cuando me
desperté él estaba allí, pero no sé lo que
pasó.
—¡Tenía que haber matado a ese
hijo de su madre! —Se levantó furioso.
Con la paliza que le había
metido había faltado poco. Se miraron
en silencio y Craig nervioso se pasó la
mano por su cabello negro antes de
sentarse a su lado. —Vamos a ver…
Después de eso… ¿Cuántos novios has
tenido?
—¡No voy a contestar a esa
pregunta! —dijo indignada—. ¡Yo no te
he preguntado nada!
—¡Tú ya sabías que tenía
experiencia!
Parpadeó sorprendida. —¿Me
estás preguntando si soy virgen?
—¡Pues sí! ¡Y contéstame rápido
porque me estoy imaginando cosas!
—¿Qué cosas?
—¡Pues que no has estado con
nadie en todos estos años, Lorrie! —Se
puso como un tomate y él la miró como
si le hubiera dado la sorpresa de su
vida. —Pero si tienes veintiocho años.
—¡Fuera de mi habitación!
—¡De eso nada! ¡Si tienes un
problema hay que solucionarlo! Voy a
llamar al psicólogo ahora mismo.
Se iba a volver, pero ella le
cogió por el brazo. —Ni se te ocurra.
—¡Suéltame, nena! No quiero
hacer algo que empeore las cosas. —
Tiró de ella arrastrándola fuera de la
cama e intentando retenerle dejó que la
arrastrara por el suelo. —¡Lorrie!
—¿Estás loco? ¡Estoy bien!
—¡Cómo vas a estar bien si no
has tenido sexo en tantos años! ¡Tú
tienes un trauma!
—¡Trauma el que me estás
provocando tú, idiota! —gritó llegando
al pasillo.
Noelle que estaba a punto de
bajar las escaleras miró a uno y después
a la otra antes de sonreír. —Estupendo,
¿volvéis a la normalidad? Me parece
muy bien.
Rojos como tomates vieron que
estaba encantada antes de bajar las
escaleras. Craig y Lorrie se miraron. —
Díselo tú —dijo él sorprendiéndola.
—¿Decirle qué?
Él levantó una ceja. —Lo
nuestro.
—¡Ni de broma! —protestó
Lorrie—. Es tu madre. Con lo que ha
pasado, me saca los ojos. Además, ¿qué
nuestro? ¡No hay nada nuestro!
Craig bufó. —¿Quieres
levantarte del suelo?
Lorrie se levantó con agilidad.
—Y estoy bien, de verdad. —Sonrió
seductora y levantó una ceja elevando su
camiseta para mostrar su vientre. —
Creo que voy a ducharme. ¿Me frotas la
espalda?
Él gruñó dando un paso hacia
ella para cogerla por la cintura. —No
puedo.
—¡Estoy bien! —Enfadada
porque le ponía el caramelo en los
labios para luego quitárselo, se apartó y
entró en la habitación agarrando el pomo
de la puerta. —¡Si beso mal es por tu
culpa, imbécil! No practiqué en su
momento por el marcaje que me hacías y
mírame ahora. —Le cerró la puerta en
las narices y echó el pestillo. —¡Tú te
lo pierdes, calientabragas!
—¿Calientabragas? Vamos
Lorrie, no te enfades. Tengo que trabajar
y…
—¡Qué te den!
—Te veo luego, preciosa.
Gruñó yendo hacia el baño y dio
otro portazo. Craig hizo una mueca al
otro lado. Alguien carraspeó tras él y se
volvió sorprendido para ver a May que
sonreía maliciosa. —Venía a ver cómo
estaba. ¿Cómo está? —preguntó con
cachondeo.
Carraspeó enderezándose. —
Pues muy bien.
—¿Preciosa?
Incómodo fue hasta su
habitación. —Tengo que cambiarme
para ir a trabajar.
—Claro que sí. ¿Está enfadada?
—No, qué va.
En ese momento empezó a sonar
Heavy Metal a todo volumen como
cuando tenía quince años y estaba
furiosa. Craig juró por lo bajo mientras
May levantaba las cejas. —Bueno, está
algo enfadada, pero se le pasará.
—Más te vale.
—¡Oh, por Dios! —gritó Noelle
desde abajo—. ¡Me había olvidado de
eso! ¡Craig haz algo!
—Como si pudiera —gruñó
entrando en su habitación y cerrando de
un portazo.
Capítulo 6
Craig subió los escalones de la
casa e iba a meter la llave en la
cerradura cuando escuchó los gritos.
Abrió la puerta a toda prisa y miró hacia
arriba porque venían de allí. May
bajaba las escaleras como si tal cosa. —
¿Qué pasa?
—Lo de siempre. Diferencia de
opiniones. Voy a hacer la cena.
Dejó el maletín al lado de la
escalera y subió a toda prisa. Las voces
venían del final del pasillo. La
habitación de la abuela.
—¡No puedes hacer eso! ¡Se van
a estropear! —gritaba su madre.
—¡Tía, deja de darme el coñazo
o lo tiro todo a la basura! ¡Qué manía
con acaparar!
—¡No todo el mundo va por la
vida con una mochila!
—Pues sería mucho más
práctico, te lo aseguro.
Craig se detuvo en seco en la
entrada de la habitación porque todo
estaba hecho un desastre. Había trajes
de su abuela en pilas por toda la
estancia y habían sacado todo lo que
estaba en los cajones. Ambas agarraban
un traje de noche de lentejuelas y a
punto estaban de romperlo en su disputa.
—¿Qué coño hacéis?
Su grito las sobresaltó y ambas
le miraron con los ojos como platos. —
¡Es culpa suya! —dijeron a la vez
señalando a la otra.
Entrecerró los ojos entrando en
la habitación. —¿Lorrie?
Levantó la barbilla. —¡Necesito
despejar esta habitación para poner mi
estudio y tu madre me está retrasando
porque quiere quedarse con todo!
—¡No puedes tirar un traje de
Chanel! ¿Es que estás loca? —preguntó
escandalizada como si fuera un
sacrilegio.
—¿Te lo vas a llevar?
—Bueno, de momento no me
vale, pero más adelante…
—¿Cuándo? ¿Dentro de cuarenta
años? ¡Esto es ridículo!
Ambas le miraban para que
mediara, pero él solo podía pensar en
una cosa. —¿Tu qué? —Dio un paso
hacia ella. —¿Has dicho estudio?
—Claro, hasta ahora grababa y
editaba en cualquier sitio, pero ya que
tengo el espacio… —Le miró
ilusionada. —He visto un ordenador por
internet que hace maravillas. Van a
flipar.
Flipado estaba él. Carraspeó
mirando a su madre de reojo que dijo
rápidamente —Y entiendo que quiera
ponerlo aquí, que es el sitio de más luz
de la casa. Solo necesito tiempo para
saber qué hacer con todo esto.
Ignorándola miró a Lorrie a los
ojos. —Vas a seguir haciendo videos.
—Claro.
—¡Tienes dinero de sobra! ¡No
necesitas exponerte de esa manera!
—No lo hago por el dinero.
Nunca lo he hecho por el dinero. Es mi
forma de vida. —Levantó la barbilla. —
¿Por qué? ¿Qué pasa?
—¿Qué pasa? —Miró a su
madre de reojo de nuevo que parecía
que no entendía nada. —Madre, ¿puedes
dejarnos solos un momento?
—¿Por qué no puedo
escucharlo? —Miró a uno y luego al
otro. —¿Me ocultáis algo?
Lorrie muy tensa no dejaba de
mirar a Craig, que tenía esa mirada
empecinada como cuando algo se le
metía en la cabeza y normalmente
siempre se salía con la suya. —No lo
voy a dejar.
—¿Por qué? ¡No lo entiendo!
—¡Me siento bien cuando lo
hago!
Él apretó los labios. —Te
sientes bien.
—¡Sí! ¡Durante todos estos años
ellos han estado ahí! ¿Dónde has estado
tú para decirme ahora lo que debo o no
debo hacer?
Craig palideció y Noelle miró a
su hijo asombrada antes de mirar a
Lorrie. —Creo que este vestido no me
interesa. Mejor me voy a tomar un té
que… No, me tomaré un sedante, si me
quedan, claro.
Su hijo suspiró. —Madre… No
lo entiendes.
—Sí, creo que lo entiendo muy
bien. Mejor os dejo solos.
Salió de la habitación tan
rápidamente que parecía que había visto
un fantasma y Lorrie siseó —No sé
cómo tienes el descaro de exigirme
nada.
La miró arrepentido. —No te
estoy exigiendo nada. Solo quiero que te
lo pienses bien. ¡Esto va a ser un escollo
en nuestra relación, Lorrie!
—¿Relación? ¿Qué relación? —
Lorrie se quedó de piedra porque
hablaba como si fueran a tener algo
serio. No era solo sexo, él hablaba de
algo más.
—No te asustes, nena.
—¿Que no me asuste? ¿Es que
crees que esto va a funcionar? —Tiró el
vestido al suelo. —¿Crees que estos
trece años se pueden borrar como si no
hubieran pasado? ¡Me abandonaste! —
gritó desgarrada—. ¡Ni te molestaste en
llamarme una maldita vez en trece años!
—Y me arrepiento de no haberlo
hecho —dijo fríamente—. ¡Pero no
puedo dar marcha atrás! Esta mañana…
—¡Esta mañana creía que
querías sexo!
—¡Te dije lo que pensaba! —
exclamó asombrado—. Te dije lo que
sentía por ti. ¡Te quería! ¡Todavía te
quiero, Lorrie!
Dio un paso atrás como si la
hubiera golpeado. —Entonces no quiero
tu amor.
Palideció mirándola asombrado.
—¿Qué dices?
—Si esa es tu manera de amar,
no quiero que me ames. Vete de mi casa.
—Le rodeó dejándole de piedra y salió
de la habitación antes de que pudiera
reaccionar.
Lorrie iba a huir a su habitación
sin poder creérselo y chilló de la
sorpresa cuando le impidió cerrar la
puerta metiendo el pie. La empujó sin
ningún esfuerzo y cerró la puerta tras él
con fuerza. —¡Vamos a ver, que me
estoy poniendo nervioso!
—¡Largo de mi habitación!
¡Mejor…Vete de mi casa!
—¡Deja de decir eso! —Dio un
paso hacia ella, pero Lorrie asustada
por lo que le hacía sentir dio un paso
atrás. Craig respiró hondo como si se
estuviera controlando. —Nena, vamos a
hablar de esto como personas
civilizadas, sin gritar y sin huir a
encerrarte en la habitación. ¡Ya no eres
una cría!
—¡Qué te den! ¡No tengo por qué
escucharte!
—Lorrie…
Ella chilló corriendo hasta el
baño, pero él la cogió por la cintura
elevándola y antes de darse cuenta la
había tumbado sobre la cama y él estaba
sobre ella. Frustrada intentó soltarse,
pero él le agarró las muñecas
colocándoselas sobre la cabeza. —Te
odio —dijo con rabia.
—No, preciosa… Me quieres y
tienes miedo, eso es todo.
Sus ojos azules se llenaron de
lágrimas. —Eso es mentira.
Él se agachó y besó una lágrima
que corría por su mejilla robándole el
aliento. —¿Sabes? Tengo un amigo al
que le he contado lo que te ocurrió. —
Ella jadeó de la indignación. —¡Si lo
has contado en la red!
—¡No es lo mismo! He contado
lo que yo quería contar.
—¡Lo has contado todo, Lorrie!
Se sonrojó con fuerza. —Bueno,
pero es cosa mía.
—Ahora también es cosa mía.
¿Me dejas continuar, por favor?
Ella entrecerró los ojos de la
rabia y él sonrió. —Bueno, le he
contado lo que te ocurrió en el pasado y
me ha dicho que deberías hacerte un
examen ginecológico antes que nada.
—¿Por qué?
—Para saber si eres virgen,
nena.
No entendía nada. —¿Y qué más
da?
—¡Pues da! Cree que puedes
tener un trauma debido a lo sucedido.
—¡Ese tío no me afectó en
absoluto! ¿Sabes qué me afectó? ¡Qué
las personas que quería me dieran la
espalda! —le gritó a la cara.
—Pues eso. Cree que no confías
en nadie y que te escudas en esos
videos. Son una muleta para ti. Te
desahogas en ellos en lugar de hacerlo
con personas de carne y hueso. Así que
iremos al ginecólogo y después te
llevaré a terapia. Tienes cita mañana a
las cuatro.
Lorrie no se lo podía creer. —
No voy a ir.
—¡Irás! ¡Puedes decir misa, pero
no es normal que una mujer preciosa e
inteligente no se haya acostado con
nadie en veintiocho años!
—Sí me he acostado con alguien.
El prometido de tu madre, ¿recuerdas?
—¡No tiene gracia, nena!
—¡Qué te den! ¡No tengo que
hacer nada que no quiera y no pienso ir!
—¡Vaya si irás! —le gritó a la
cara—. ¡Cómo si tengo que llevarte a
rastras!
Ambos se miraron con la
respiración agitada y antes de darse
cuenta se estaban besando el uno al otro
como dos desesperados. Él soltó sus
manos para tirar de su camiseta hacia
arriba sin dejar de saborearla y amasó
uno de sus pechos haciéndola gemir de
placer. Cuando apartó sus labios para
agacharse y meter un pezón en su boca
ella gritó de la sorpresa arqueándose sin
poder evitarlo. —¿Qué coño es esto?
A Lorrie se le cortó el aliento y
miró hacia abajo. Él la miraba
preocupado. —¿Lorrie?
Intentó bajarse la camiseta. —
No es nada.
Él se lo impidió mirando su
cicatriz. —¿Cómo que no es nada? ¿Te
han operado?
—Tuve un accidente.
Craig frunció el ceño. —
¿Cuándo?
—En el colegio.
Craig palideció. —¿Cuando
estuviste interna?
Suspiró apartando la mirada. —
El último año quise montarme sobre un
caballo. Me encantaban y no quería irme
sin montar al menos una vez. Así que me
subí en clase de equitación. Ni sé lo que
pasó. El caballo se encabritó levantando
las patas traseras y caí boca abajo sobre
un matorral. Cuando la profesora se
acercó gritó que no me moviera. Eso me
salvó la vida. Me había clavado una
rama del seto y quedó muy cerca del
corazón.
—Dios mío.
—Me operaron de urgencia y ya
está. —Él dejó que se bajara la camiseta
y se sentó en la cama.
—Nena, ¿cómo no nos
enteramos?
—Acababa de cumplir dieciocho
y les prohibí que os dijeran nada. Ya no
os importaba y… —Se levantó a toda
prisa. —Quiero que te vayas.
Craig la miró impotente. —No lo
sabía.
Ella no dijo palabra y él no
sabía qué decir. Se quedaron en silencio
durante varios minutos simplemente
mirándose a los ojos. —No podrás
olvidarlo, ¿verdad?
—No —susurró sabiendo que
hacía lo correcto.
Asintió levantándose de la cama
y yendo hacia la puerta. La abrió
lentamente y dijo sin volverse —Puede
que no me creas, preciosa… pero
aunque nunca te lo demostrara no he
podido olvidarte. Eso sería imposible y
nunca ocurrirá. Hablaré con mi madre
para que nos vayamos cuanto antes. —
Sin esperar su respuesta salió de la
habitación sin mirar atrás y Lorrie se
abrazó intentando que el dolor que
sentía en ese momento no la destrozara,
porque se sintió exactamente como el
día en que se fue de esa casa hace tantos
años.
Una hora después Lorrie más
calmada escuchó a su tía discutir con
Craig diciendo que ella no quería irse
todavía. Que tenía mil cosas que hacer y
que no iba a abandonar su casa hasta el
último momento. Su hijo intentó que
entrara en razón, pero nada. Ella seguía
en sus trece. Sentada en la cama vio la
cámara y sonrió maliciosa. —Vaya si se
va a ir.
Con la cámara en la mano salió
al pasillo y mirando el objetivo sonrió.
—Buenos días, chicos… Soy Lorrie y
esta es mi vida. —Se detuvo ante la
habitación de su tía que tenía la puerta
abierta y les enfocó con la cámara. —Y
esta es mi familia. —Miró el objetivo y
susurró —Bueno, familia, familia… —
Chasqueó la lengua. —Son postizos,
pero en los papeles dice que él es mi
primo Craig y ella mi tía Noelle. —Les
enfocó de nuevo. —¡Saludad a mis
seguidores!
Su tía forzó una sonrisa y saludó
con la mano mientras Craig se tensaba.
Miró el objetivo de nuevo. —Él es un
poco sieso. No se lo tengáis en cuenta.
Es abogado —dijo como si eso lo
explicara todo—. Están haciendo las
maletas porque se tienen que mudar. —
Volvió la cámara para que vieran el
enorme hall. —Esta casa es muy
pequeña para los tres. —Soltó una
risita. —¿Veis? La he heredado de mi
abuelo. —Se volvió a enfocar ella
misma.
Una mano le tapó el objetivo y
jadeó indignada mirando a Craig. —
¿Qué haces?
—¡No puedes grabar eso!
—¿Por qué no? —Sonrió
maliciosa. —Estoy en mi casa y puedo
grabar lo que quiera. Si no te gusta vete.
Es así de simple.
Craig siseó —Tengo una
reputación, ¿sabes? ¡No puedo salir en
videos de YouTube! ¡Y deberías
respetarlo!
—¿No te gusta salir en videos?
—preguntó con cachondeo antes de
hacer que lo pensaba—. Vaya, pues
tendrás que irte a toda leche, porque éste
lo subo hoy.
—A mí no me importa —dijo su
madre rápidamente pasándose la mano
por el cabello—. Podría hablar de
belleza. ¿Qué opinas?
Alucinada porque eso sí que no
se lo esperaba gritó —¿Estás haciendo
la maleta?
Su tía gruñó. —¡Dirás maletas!
¿Sabes todo lo que tengo que guardar?
Miró dentro de la habitación que
estaba impecablemente limpia. —Si no
has empezado —dijo indignada.
Noelle levantó la barbilla. —
Todavía estoy asumiéndolo.
—Tendrás cara. —Miró a Craig.
—Al final voy a tener que llamar a la
policía. Ya verás.
—Eso no será necesario. Madre,
empieza a recoger tus cosas. Hablo en
serio.
—Me lo pensaré.
Lorrie iba a abrir la boca, pero
Craig la cogió del brazo cerrando la
puerta de la habitación de su madre. —
Sobre lo de los videos…
—Déjalo, ¿quieres? Hace
tiempo que hago con mi vida lo que me
viene en gana. Y seguiré haciéndolo. —
Fue hasta las escaleras y gritó —May,
¿quieres salir en mi video?
—¡Sí! ¡Puedo enseñarles a hacer
tarta de chocolate como esas de las
recetas!
Soltó una risita. —Esto va a ser
interesante.
Editando el video de May se
echó a reír a carcajadas por una
anécdota que contó de cuando era joven
y salía a ligar. Miraba a la cámara con
los ojos como platos. —Y con descaro
me tocó el trasero.
—¿Y qué hiciste? —Siguió
revolviendo la masa de la tarta
sonrojándose con fuerza. —¿May?
Vamos, no te calles ahora.
—Bueno, era muy mono. Solo
por eso el guantazo fue algo más flojito.
—¿De verdad? ¿Le arreaste? ¿Y
qué hizo él?
—Me besó. —Soltó una risita.
—Y qué beso, niña. Casi se me caen las
medias del gusto.
Interesada puso los codos sobre
la encimera. —¿Y qué pasó después?
—Pues me casé con él. No podía
dejarle escapar con lo bien que besaba.
—Sonrió con tristeza. —Aunque me
duró muy poco.
—No sabía que te habías casado
—dijo asombrada.
—Oh, sí. Tenía diecinueve años.
Fue hace mucho tiempo. —Suspiró con
nostalgia. —El pobrecito…
Sintió un nudo en la garganta al
ver como se emocionaba. —¿Murió?
—¿Qué va a morir, niña? ¡Me
dejó tirada cuando conoció a otra que
bailaba mejor!
Parpadeó asombrada. —¿Y por
qué dices pobrecito? ¡Pobrecita tú!
May hizo una mueca. —No sé.
Le vi hace un par de años por la calle y
parecía muy triste. Me dijo que había
cometido un error y que ni me imaginaba
lo que se había arrepentido de haberme
hecho daño. Pero no había tenido el
valor de volver. —Miró la masa
pensativa. —Si hubiera vuelto le habría
recibido con los brazos abiertos,
¿sabes? Nunca he sido más feliz que a su
lado.
A Lorrie se le cortó el aliento.
—¿De veras hubieras vuelto con él?
—Sí. —La miró de reojo. —
Creerás que soy tonta.
—No, claro que no. Cada uno
tiene derecho a vivir su vida como crea
conveniente. No soy quién para juzgar a
nadie.
—Es que cuando estaba a su
lado… Me sentía viva. —Lorrie sintió
un nudo en la garganta. —He sido feliz.
Bueno, cuando me dejó estaba hecha
polvo, pero cuando conseguí este
trabajo todo cambió. Estaba distraída y
poco a poco volví a ser la de siempre.
He tenido una vida feliz, te lo aseguro.
Tengo dos familias, ésta y la mía.
—Pero…
May la miró a los ojos. —Pero
siempre he tenido un huequito en el
corazón. ¿Entiendes? —Lorrie asintió
porque la entendía muy bien. —Y es un
vacío que seguramente no se rellenará
jamás.
—¿Qué sentiste cuando le viste
de nuevo?
Sus ojos castaños brillaron. —
No lo sé. En cuanto le vi mi estómago
dio un vuelco y él también se puso
nervioso. Lo noté. Al principio
hablamos de cosas triviales, pero
cuando me iba a ir, me cogió por el
brazo y fue cuando me dijo que me había
echado de menos y que se había
arrepentido. Me quedé tan asombrada
que no supe qué decir y se fue.
—Lo siento mucho, May.
—Y yo. —Suspiró forzando una
sonrisa. —Bah, eso es agua pasada.
—¿Está casado?
Se sonrojó con fuerza. —No, ya
no. Su segundo matrimonio tampoco
duró mucho.
—Vaya… —Frunció el ceño. —
¿Y cómo se llama?
La miró como si estuviera loca.
—¿Qué se te está pasando por la cabeza,
niña?
—No, nada… Es por curiosidad.
—La curiosidad mató al gato.
Haz algo y unta la mantequilla en la
fuente que te has vuelto una vaga desde
que eres YouTuber. —Jadeó de la
indignación haciendo que riera.
Sentada en la cama pensó en ello
deteniendo el video. Viendo su sonrisa
maliciosa sonrió con tristeza pensado en
que le daba mucha pena que el amor de
su vida acabara así. Entrecerró los ojos
y fue a una de las funciones del editor
escribiendo una casilla:
“Si conoces a esta mujer y a su
marido, sobre todo a su marido, dime
su nombre en los comentarios a ver si
podemos solucionarlo. ¡Qué voy a
hacerle, soy una romántica!”
Rió por lo bajo y puso el video
de nuevo. Seguro que sus seguidores la
ayudaban.
Llamaron a la puerta y levantó la
vista distraída para ver a Craig apoyado
en el marco mirándola con una sonrisa
en la cara. —La cena está en la mesa.
—Oh, sí. —Cerró la tapa del
portátil colocándolo sobre la mesilla de
noche y se levantó de un salto. —Estoy
hambrienta.
La miró de arriba abajo
comiéndosela con los ojos y Lorrie se
sonrojó. —¿Qué era tan gracioso? —
preguntó de una manera que le erizó la
piel.
—Pues… ¿Sabías que May
había estado casada? —Él asintió. —
¿De verdad? Pues yo no tenía ni idea. —
Se acercó a él con intención de salir,
pero no se movió. Incómoda por como
la miraba se apretó las manos. —¿No
está la cena?
—He estado pensando…
—Vaya.
Él sonrió. —Muy graciosa, nena.
Ahora entiendo por qué tienes tantos
seguidores.
Puso las manos en jarras y
levantó la barbilla. —Pues sí.
—¿Quieres discutir? —Se
sonrojó porque discutir era más seguro
que hablar como lo estaba haciendo él.
Su voz la estaba poniendo muy nerviosa.
Y cómo la miraba aún más, porque le
daba la sensación de que lo que había
ocurrido antes ya se le había pasado. De
hecho, la miraba como si quisiera
comérsela allí mismo.
—No, claro que no.
—Estupendo, porque he pensado
que acepto tu oferta.
Frunció el ceño. —¿Mi oferta?
¿Qué oferta?
—La del sexo, nena. Acepto si
es lo único que vamos a tener. Así al
menos nos quitaremos la espinita. —
Dejó caer la mandíbula del asombro y él
sonrió. —Nos entretendremos mientras
aún viva aquí. Eso te lo aseguro.
Se alejó dejándola de piedra,
pero pensando en ello sintió que la
excitación la recorría de arriba abajo.
Madre mía, hasta le temblaban las
piernas. Frunció el ceño. ¿Tendría que
rechazarle? ¡Ni loca! Lo que había
sentido antes casi le provoca una
apoplejía y se moría por saber que le
ocurriría con un orgasmo. Sería sexo
nada más y como decía él así se
quitarían la espinita. Aunque la espinita
se la quitaría él, ella se iba a quitar una
estaca en toda regla porque estaba
deseando probarlo.
Sonriendo salió de la habitación
y se sobresaltó al ver allí a Craig. —
Estaba esperando por si querías
gritarme que ni de broma. Pero veo
que… —Ella se tiró sobre él atrapando
sus labios y Craig la agarró por el
trasero levantándola y pegándola contra
la pared mientras amasaba sus nalgas
por encima del pantalón. Sin aliento
sintió que apartaba sus labios para besar
su cuello y Lorrie gimió de necesidad.
—¿No cenáis? —gritó Noelle
desde abajo.
Él juró por lo bajo y la miró a
los ojos con la respiración agitada.
Excitadísima le escuchó decir —No,
madre. Cenaremos más tarde. —
Sujetándola la metió en su habitación y
cerró con el pie haciendo reír a Lorrie
que no se lo esperaba. Cuando la tumbó
en la cama se le cortó el aliento porque
empezó a desabrocharse la camisa. Le
había visto desnudo de cintura para
arriba muchas veces, pero ahora era más
hombre y el vello que recorría su pecho
la sorprendió. Y tanto músculo antes
tampoco estaba ahí. Se mordió el labio
inferior de la necesidad que recorrió su
cuerpo. Se moría por tocarle. Entonces
fue consciente de lo que estaba haciendo
y se puso algo nerviosa. —Si no lo hago
bien…
—Nena, lo vas a hacer
estupendamente —dijo con voz ronca
quitándose la camisa a toda prisa.
Al ver que se desabrochaba el
cinturón se dijo que no debía quedarse
parada y se sentó para quitarse la
camiseta. Su cabello cayó por su
espalda y sonrió tímida. Craig gruñó
cogiendo su nuca y besándola
apasionadamente. Apoyando una rodilla
entre sus piernas se tumbó sobre ella
mareándola de placer. Su olor la volvió
loca y se abrazó a su torso. El roce de su
vello contra sus pezones endurecidos la
hizo gritar de la sorpresa por el rayo que
la traspasó. Craig apartó sus labios y
mirándola a los ojos dijo con la
respiración agitada mientras acariciaba
su cintura —Tienes mucha ropa. —Se
agachó para besar su cuello y mareada
enterró los dedos en su cabello. Él
acarició su piel con la lengua
descendiendo poco a poco y rodeó con
ella su pezón antes de que sus labios lo
acariciaran. Lorrie se arqueó de placer y
él sin dejar de adorar su pecho llevó las
manos al cierre de su vaquero
abriéndolo sin que ella se diera cuenta.
Retorcida de placer sintió como acunaba
su otro pecho antes de chuparlo con
fuerza y gritó cuando su lengua acarició
el pezón. Él metió la mano entre sus
piernas y acarició sus húmedos pliegues
con suavidad. Cuando la yema de su
índice rozó su clítoris Lorrie gritó de la
sorpresa arqueándose con fuerza. Craig
no dejó de acariciarla mientras se
estremecía de arriba abajo hasta que
cayó sobre el colchón agotada. —Estás
preciosa cuando te corres, nena —dijo
él quitándole los vaqueros. Abrió sus
piernas y acarició sus muslos mientras
ella se reponía de la sensación más
maravillosa del mundo. Medio atontada
abrió los ojos y Craig sonrió besando su
vientre por debajo de su ombligo. —¿Te
ha gustado? Pues no has visto nada. —
Sus labios llegaron a su sexo y creyó
que moriría de placer. La torturó con la
lengua haciendo que la tensión de su
interior volviera de nuevo y
desesperada por liberarse una vez más,
se agarró a las almohadas gritando de
placer. Craig se tumbó sobre ella y se
aferró a sus hombros al sentir su
miembro endurecido entrando en su
interior. Se miraron a los ojos y él besó
sus labios con suavidad antes de gemir.
—Nena, me abrasas.
La presión creció a medida que
entraba y clavó las uñas en su piel. —
¿Craig?
—Casi está, cielo. Relájate. —
Movió las caderas con fuerza y aunque
la molestó un poco fue casi como una
liberación. Sin aliento se detuvo un
momento observándola y Lorrie acarició
su nuca. —¿Mejor? —preguntó como si
sufriera.
—Es… —Apretó su interior
haciéndole gemir y vio como cerraba los
ojos de placer. Fascinada lo hizo de
nuevo sin poder evitarlo y él gruñó
moviendo sus caderas. A Lorrie se le
cortó el aliento y sin darse cuenta rodeó
sus caderas con las piernas provocando
que llegara más adentro. Fue la
sensación más exquisita que había
experimentado nunca y movió su cadera
bajo su cuerpo. Craig perdió el control y
atrapó sus labios besándola como si
quisiera fundirse con ella antes de salir
lentamente de su interior para volver a
entrar con fuerza. Lorrie ya no fue
consciente de nada que no fuera lo que
le hacía sentir cada vez que invadía su
interior. Cada vez con más fuerza, cada
vez con más contundencia… Su cuerpo
se tensó con cada embestida hasta que
aferrada a él le suplicó por la
liberación. Craig entró en ella de nuevo
y su alma estalló en mil pedazos
llevándola al paraíso.
No cenaron. De hecho, Craig no
le dio un respiro en toda la noche. Y
tuvo que reconocer que fue la más
maravillosa de su vida. Besó y acarició
cada centímetro de su piel y se amaron
hasta llegar al agotamiento. Ni supo
cuando se quedó dormida y se despertó
cuando sintió una caricia en la cadera.
Sonriendo se volvió entre sus brazos y
se miraron a los ojos. —Tengo que ir a
trabajar. —Besó sus labios hinchados
suavemente. —Por eso estas cosas hay
que hacerlas en sábado, para descansar
el domingo.
Ella se rió abrazándole. —Me ha
encantado.
—Lo sé, nena. Tus gritos son
prueba de que te lo has pasado
estupendamente.
Parpadeó sorprendida. —¿He
gritado?
—Como una loca. —Craig rió
por lo bajo. —Ya verás lo que te va a
decir mi madre.
Se puso como un tomate y él ya
no se cortó en reírse a carcajadas. —
¡No tiene gracia!
La tumbó sobre la cama
colocándose encima y se le cortó el
aliento al sentir su miembro endurecido.
Él hizo una mueca. —Mejor me doy una
ducha fría. —La besó antes de mirarla a
los ojos. —¿Te duele mucho?
—No. Aunque me molesta un
poco.
—Ahora ya lo sabemos. —
Acarició su mejilla pensativo. —Que
aquella noche no pasara nada…
Perdió parte de la sonrisa. —No
quiero hablar de eso, Craig.
Él asintió y la besó de nuevo
como si la amara y a Lorrie le provocó
un vuelco al corazón antes de apartarse
de ella. Se tapó con la sábana viéndole
coger la ropa del suelo y vestirse. —
Tengo una hora libre para comer.
Ella frunció el ceño. —¿Y?
—Pues si quieres comer
conmigo.
—¿Para qué?
Craig gruñó abrochándose la
camisa antes de murmurar algo por lo
bajo.
—¿Qué?
—Que lo olvides, nena.
Ella sonrió radiante. —Hoy
tengo mucho que hacer. Van a venir a
llevarse los muebles.
Él levantó una ceja. —¿Tanta
prisa tienes?
—¿Para qué perder el tiempo?
—Estupendo.
—Además hay que pintar la
habitación de blanco y tengo que
comprar los muebles nuevos. Mucho que
hacer.
—Pues que pases un buen día.
Se agachó para darle un beso y
ella apartó la cara para mirarle con
desconfianza. —¿Qué haces?
—Darte un beso de despedida.
—Eso es de novios y nosotros
no somos novios.
—¿Cómo sabes si es de novios
si nunca has tenido ninguno? —La cogió
por la nuca y la besó intensamente.
Cuando estaba medio atontada se
incorporó y le guiñó un ojo. —
Tranquila, preciosa... Los amantes
también se besan.
—Ajá…
Sonrió yendo hacia la puerta. —
Estaré en casa a las seis.
—Pues muy bien. Como si me
interesara.
—Sí, tú sigue disimulando.
Jadeó indignada y él rió saliendo
de la habitación. Su estómago gruñó con
fuerza, pero mejor se quedaba en la
cama un poquito más que había dormido
poco.
Craig estaba en el despacho y
llamaron a la puerta. Su secretaria metió
la cabeza e hizo una mueca. —Hay una
mujer al teléfono que dice que necesita
un abogado.
Distraído con una declaración
dijo —Maryory no me molestes con esas
cosas. Que vaya otro.
—Ha dicho que necesita un
abogado con urgencia porque está en la
central de la policía detenida. Algo de
escándalo público o algo así. No la
entendía bien, había mucho ruido. No te
hubiera molestado con esto, pero lo que
me llamó la atención fue que dijo que
era tu prima.
Craig levantó la cabeza como un
resorte. —¿Qué has dicho?
—No sabía que tenías una prima
—dijo confundida.
Se levantó de golpe. —Acaba de
llegar a la ciudad.
—Pues la ha inaugurado bien —
dijo divertida. Asombrada vio que cogía
su móvil—. Oh, no. ¿A dónde vas?
¡Tienes citas! ¡Qué vaya otro!
La miró fijamente. —Aplázalas.
Esto no lo puedo delegar.
Salió del despacho a toda prisa
dejándola con la boca abierta. —Pero…
—Volveré cuanto antes.
Capítulo 7
Sentada en la celda miró de
reojo a Noelle, que no hacía más que
gemir cada dos minutos, antes de volver
la cabeza para ver a May que sonreía de
oreja a oreja. —Nunca me habían
detenido.
—Pues parece que te encanta.
—Es interesante. Una nueva
experiencia. Qué pena que no tengas la
cámara. Te iban a salir seguidores como
setas.
Su tía volvió a gemir y ambas la
miraron. —Detenida. Yo que no tengo ni
una multa de aparcamiento.
—Tía, ¿te has sacado el carnet?
—Pues no. —Levantó la barbilla
haciéndolas reír a carcajadas. —¡Era un
decir!
Un policía se acercó a su celda
con unas llaves en la mano y las tres se
levantaron de golpe mostrando la ropa
desgarrada. El poli hizo una mueca al
ver sus pelos y las marcas que tenía
Lorrie en los brazos. —Su abogado las
espera arriba.
—Gracias a Dios que ha llegado
—dijo su tía dramática. Fulminó al
policía con la mirada—. ¡Esto es un
atropello! ¡Ya verá cuando mi hijo les
ponga las pilas! ¡Les va a dejar
temblando!
—Sí, es una pena que no tenga la
cámara. —Miró al policía a través de la
reja. —¿Me pueden devolver mi móvil?
Es una herramienta de trabajo.
—Señorita, ¿quiere quedarse
aquí? Por mí perfecto.
—No, claro que no. —Salió de
la celda rápidamente. —Soy una
ciudadana ejemplar, ¿sabe? Detuvieron
a las personas equivocadas.
—¿Sí? Eso se lo dirá al juez.
Noelle volvió a gemir. —Voy a
tener antecedentes. —La miró con
rencor. —¡Por tu culpa!
—¡Fuiste tú la que te pusiste
histérica!
—Es que dio impresión, cielo —
dijo May comprensiva.
—Bueno, no pasa nada. Pagaré
la fianza y saldremos de aquí en un plis
plas.
—¿También pagarás la mía? —
preguntó su tía insegura.
—Sí, tía. También pagaré la
tuya. Menos mal que el abogado me sale
gratis.
May soltó una risita entrando en
el ascensor. —Me parece que lo vamos
a necesitar a menudo ahora que estás
aquí.
—Qué exagerada.
—Ya te han detenido antes.
Ella miró al policía. —En los
Estados Unidos es la primera vez, se lo
juro. Lo de la India fue una confusión en
la documentación. Le puede pasar a
cualquiera. Me soltaron enseguidita. Ni
abogado necesité, con eso se lo digo
todo.
—Este no es el caso —dijo el
poli guiñándole el ojo.
—Niña, éste quiere ligarte —
susurró May.
Ella que no reconocía las
señales sonrió de oreja a oreja. —¿De
verdad? —Miró al policía de arriba
abajo. —Vaya. —Soltó una risita. —
Pues no es tan difícil.
—Oye guapa, ¿y mi hijo?
Miró a su tía. —Solo somos
amantes.
Ambas jadearon indignadas.
—Una mujer liberada, como a
mí me gustan —dijo el policía
cogiéndola por el brazo para salir del
ascensor—. Cuando salgas de aquí…
—¡Cuando salga de aquí nada!
—exclamó su tía. La cogió del brazo
apartándola de él—. ¡Las manos quietas!
—Tú lo que quieres es que haya
algo entre Craig y yo para no irte de
casa.
—Pues sería perfecto, ya que lo
dices.
Jadeó llevándose la mano al
pecho. —¿Por eso se ha acostado
conmigo?
—Niña, no digas tonterías. Se ha
acostado contigo porque se le funden los
plomos cuando está a tu lado. ¿Es esta
puerta? —May la abrió sin preguntar y
en ese momento se volvió Craig que
estaba hablando con un hombre mayor
de uniforme. Pareció aliviado al verlas.
—Menos mal que estás aquí.
—¿Qué coño ha pasado? —gritó
sobresaltándolas. El policía las metió en
el despacho a toda prisa y cerró la
puerta. Las tres se quedaron en silencio
mirándole con ojos de carnero
degollado y el policía que había detrás
rió por lo bajo—. ¡Estoy esperando!
—Fue culpa de ella —dijeron
Lorrie y su madre señalándose la una a
la otra. Se fulminaron con la mirada—.
¿Culpa mía? ¡Tendrás cara!
—Es evidente que son familia —
dijo el policía divertido.
—Yo lo explico. —May dio un
paso adelante guiñándole un ojo al
hombre que levantó sus cejas castañas
de la sorpresa. —Pues verás, Craig…
Estábamos buscando muebles para la
niña, cuando de repente se acercó una
seguidora entusiasmada. Demasiado
entusiasmada. Lorrie amablemente se
hizo una foto con ella y ésta se fue. Pero
cuando salimos de la tienda debía haber
cincuenta chicas. La loca debió llamar a
sus amigas o vete tú a saber. Se tiraron
sobre ella para pedirle una foto y tu
madre se asustó cuando al tirar le
rompieron la camiseta. Antes de darnos
cuenta nos estábamos dando de leches
por quitárnoslas de encima y nos
detuvieron. Como la policía no sabía lo
que había pasado, nos detuvieron a
todas separándonos, claro… Porque si
no hubiéramos acabado en urgencias.
Craig apretó las mandíbulas con
fuerza mirándolas de arriba abajo antes
de preguntar —¿Estáis bien?
—Sí, claro.
Él se acercó y la cogió por la
barbilla para levantársela antes de
acariciar su cuello con suavidad. —Las
han agredido.
—No vamos a presentar cargos,
Carliste —dijo el policía—. ¿En serio
quieres llegar más allá?
—¿Más allá? —preguntó Lorrie
confundida.
—Yo sí voy a presentar cargos.
Os llevaré al hospital para el informe
médico de agresión.
—Eso, hijo... Déjalas
temblando. ¡Menuda panda de niñatas!
—Pero son unas crías… —dijo
Lorrie.
—Nena, no puedes consentir que
alguien te agreda. ¿Qué hubiera pasado
si no hubieras ido acompañada?
Pondremos la denuncia.
—Se entusiasmaron demasiado,
pero…
La miró fríamente. —Esto no
puede quedar así. Pondremos una
denuncia por agresión. No habrá juez en
esta ciudad que no me dé la razón. Y
habéis tenido suerte de que no os
hubiera pasado algo peor.
Se estremeció. —¿Qué quieres
decir?
El policía suspiró. —El otro día
mataron a una modelo en plena calle,
señorita Hetton. Una admiradora la
detuvo para sacarse una foto y cuando la
modelo no le hizo caso, le pegó un
empujón que la tiró a la calzada. Un taxi
la arrolló. Murió en el acto.
—Oh, Dios mío —dijo May
impresionada.
—Vamos a denunciar.
Lorrie entendía su punto de vista,
pero estaba segura de que esa seguidora
no había querido dañar a esa mujer de
esa manera. Como esas chicas tampoco
habían querido hacerle daño.
Simplemente se entusiasmaron
demasiado. —No, no voy a denunciar,
Craig.
—Pues yo sí —dijo su tía
llevándole la contraria como siempre.
—Sin su declaración no haremos
nada —dijo Craig molesto. Se volvió
pasándose la mano por su pelo negro—.
¿Rogers?
El policía negó con la cabeza. —
Como has dicho, sin su declaración no
tienes nada y el juez vería algo raro que
ella fuera la única en no denunciar,
porque al fin y al cabo es la famosa.
Nosotros vamos a soltar a las chicas
porque la fiscalía está saturada de
trabajo y realmente no ha habido sangre.
Las reprenderán y las echarán. Y como
ella no las quiere denunciar, no hay
delito.
Todos la miraron y negó con la
cabeza. Craig juró por lo bajo antes de
gritarle —¡Te estás equivocando!
—¡Son unas crías! ¡Se les ha ido
de las manos, eso es todo! Ahora si no te
importa quiero mi móvil y mi bolso.
Tengo que grabarme saliendo de aquí.
La miró asombrado. —¡Es
increíble! No vas a detenerte, ¿verdad?
—No. —Se encogió de hombros.
—¿Para qué lo preguntas si ya lo sabes?
La cogió por el brazo furioso. —
Ya hablaremos en casa.
Puso los ojos en blanco
dejándose llevar. Tardaron un rato en
darles sus cosas mientras él le echaba la
bronca sobre su seguridad porque no
podía reprimirse. Estaban a punto de
irse cuando aparecieron las chicas, que
nada más verla chillaron corriendo por
la comisaría para acercársele. Craig se
puso en medio y los policías las
apartaron. Cuando las alejaron, Craig se
volvió cerciorándose de que estaba
bien. —¡Tienes que denunciar, nena!
—Son unas cr…
—Vuelve a decir eso y… —
Apretó los labios furioso y Lorrie hizo
una mueca al verle un arañazo en la
mejilla. La cogió de la mano y tiró de
ella hacia la salida.
—¿Es tu novio, Lorrie? —
gritaron entusiasmadas—. ¡Te queremos,
Lorrie!
May la miró de reojo. Esa vez se
había asustado de veras porque ni con
Craig allí ni la policía se daban por
vencidas. —Igual deberías hacerle caso.
—Shusss.
Craig detuvo un taxi y todos se
mantuvieron en silencio durante el
trayecto a casa porque no estaba el
horno para bollos. En cuanto entraron en
casa Craig cerró de un portazo y la miró
fijamente. —Esto es… ¡Inadmisible!
¡No podrás ir segura por la calle si
continúas con tus videos, Lorrie!
—Ha sido una anécdota más. Y
muy mal que no me hayas dejado
grabarlo. Hubieran tomado nota y esto
no pasaría de nuevo.
—¡Esto es el colmo! ¿Tú crees
que alguien podía razonar con esas
energúmenas?
—Claro que sí. —Se volvió
para subir las escaleras dejándoles
pasmados. —Vaya, no he comprado
todos los muebles que quería. Mañana
tendré que salir de nuevo y odio ir de
compras.
—Yo te acompaño y terminamos
enseguida, ya verás —dijo su tía
haciendo que los demás la miraran—.
¿Qué? Alguien tiene que ayudarla para
que termine lo más rápido posible. Mira
que si le ocurre algo…
—Tú lo que quieres es llevarte
bien con ella para quedarte en la casa.
Noelle jadeó de la indignación.
—Menuda mentira. ¡Y se te está
soltando la lengua, guapa!
—¡Es que ya no tengo que
mordérmela, porque ya no trabajo para
ti!
—¡Dejad de discutir! —Craig se
abrió la chaqueta del traje y puso las
manos en jarras mirando hacia el piso
de arriba. —Y pensad como la
convencemos para que deje los videos.
Ambas se acercaron poniéndose
a su altura y mirando hacia arriba como
él entrecerraron los ojos. —Sí…
pensemos algo—dijo su madre
conspiradora.
Después de unos segundos May
les miró de reojo. Podía ver cómo les
salía humo de la cabeza dándole vueltas
al asunto y suspiró. —La niña lo dejará
cuando quiera.
La fulminaron con la mirada. —
Mejor me voy a preparar la cena. Es
algo pronto, pero eso que adelanto.
—Madre, ven al despacho.
Tengo que hablar contigo.
May se detuvo en la puerta de la
cocina y les vio recorrer el hall hasta el
despacho de la abuela. Se mordió el
labio inferior mirando hacia arriba y
caminó de puntillas para acercarse a la
puerta. Estos tramaban algo y ella se iba
a enterar. No iba a dejar que
manipularan a la niña como en el
pasado. Se acercó a la puerta que estaba
cerrada y pegó la oreja.
Craig se sentó en la esquina del
escritorio y miró a su madre sentada en
una silla ante él con una dulce sonrisa.
—Quiero que me cuentes qué ocurrió la
noche de tu compromiso con Dinning.
Noelle perdió la sonrisa poco a
poco. —Ya sabes lo que ocurrió. ¿A qué
viene esto?
—No, madre… No lo sé. Y te
aseguro que cada vez sé menos. Quiero
que me digas la verdad porque desde
esta mañana tengo un mal presentimiento
que me pone los pelos de punta. —Su
madre apretó los labios y él se levantó
furioso. —¡Lo sabía!
—Hijo, no lo entiendes.
—Claro que lo entiendo. Tú lo
sabías, ¿verdad? ¡Sabías que era ella la
que tenía el dinero!
—No, no lo sabía —respondió
muy seria—. No lo hice por eso.
Le miró a los ojos y a Craig se le
cortó el aliento. —Lo hiciste por mí.
—¡Te estaba distrayendo! ¡Tus
notas en la universidad habían bajado!
¡Sabía que era culpa suya! ¡Siempre
estabas pendiente de ella! Por Dios, si
hasta la ibas a recoger al instituto. —
May dejó caer la mandíbula del
asombro. —Tenía que hacer algo o no
conseguirías aquello por lo que habías
trabajado tanto. Era una cría, Craig.
—¡Precisamente, era una cría y
teníamos que protegerla!
Noelle levantó la barbilla. —Yo
también le tenía cariño, aunque no lo
creas. ¡Solo quería que se alejara un
tiempo y que tú te enfadaras! Sabiendo
lo posesivo que eres… —Gruñó de
manera poco femenina. —Además
quería suspender el compromiso con
Albert.
—¿Qué?
—¿Crees que iba a dejar que mi
prometido se metiera en la cama con
ella sin que hubiera una razón más
poderosa? ¡Era un cabrón que quería el
dinero que creía que tenía! ¡Me di
cuenta una semana antes de la fiesta,
pero no podía cancelar el compromiso
porque tendría que decir el motivo a la
abuela y ya había hecho bastante el
ridículo con tu padre! —Craig la miraba
sin salir de su asombro. —Así que le
insinué que Lorrie estaba interesada y le
puse algo en la bebida… no sé si me
entiendes.
—¿El qué? —gritó furibundo.
—Un inhibidor de la potencia
sexual. Para que no funcionara. —
Sonrió radiante. —¿A que pensé en
todo? En cuanto se metiera en la cama
de Lorrie, ésta se despertaría y se
montaría el escándalo. ¡Pero duerme
como una marmota! Estuve media noche
esperando y nada. Entonces empecé a
imaginarme cosas…
—¡Estaba drogada y enferma,
madre! ¡Podía haberle pasado algo muy
gordo!
—¡Pero de que estaba enferma
me enteré viendo el video que colgó en
la red! —Noelle hizo un gesto con la
mano. —Y él no podía. Debió quedarse
dormido por el alcohol y eso. Se había
pasado de la raya esa noche con la
celebración.
—¿Qué pasa, que teníais una
pareja abierta? Porque sino no lo
entiendo. —Su madre se sonrojó y tuvo
que sentarse. —Joder, ahora sí que estoy
en shock…
—Soy más moderna de lo que
piensas. A mí también me gusta
divertirme.
—¿Y por qué él no dijo nada?
Noelle hizo un gesto de
desprecio. —Pude ver en su rostro que
iba a hacerlo, pero te tiraste sobre él
antes de que pudiera. Menuda paliza que
le metiste. Ahí decidió no abrir la boca
y cuando habló conmigo con mucha más
razón, porque le informé de que ella
tenía quince años y que la abuela podía
denunciarle a la policía. Se fue tan
rápidamente que creo que hasta se mudó
del país.
—¡Entonces toda tu indignación,
todo tu dolor por la pérdida de tu
prometido, era mentira!
—Bueno, tenía que hacer que la
abuela se enfadara para meterla interna.
—¡No volvió a casa en trece
años!
—Eso no es cosa mía. Yo hablé
con mamá en cuanto conseguiste aquel
trabajo tan bueno en aquel bufete. Aquel
que conseguiste para el verano en cuanto
te licenciaste y le dije que podía volver
a casa.
—Increíble. —Incrédulo negó
con la cabeza. —No tienes ni idea del
daño que le hiciste, ¿verdad?
Noelle se sonrojó. —Supongo
que fue duro para ella.
—¡Supones! ¡Le rompimos el
corazón!
—¿Qué querías que hiciera?
¡Mamá no quería que volviera! ¡Yo no
podía decir la verdad y todo se había
hecho demasiado grande para que lo
ignoráramos si regresaba a casa! ¡Esa no
fue mi intención! ¡Yo solo quería que
tuvieras un futuro y ella te distraía! ¡Y es
obvio que tenía razón porque desde que
ha vuelto no puedes dejar de pensar en
ella! ¡Ya vuelve a ser el centro de tu
mundo!
—¡Porque la quiero! —gritó
furioso haciéndola palidecer—. ¡Es mi
mujer y siempre lo será! ¡No sé si algún
día me perdonará haberle dado la
espalda, pero te juro por Dios que
pienso hacer lo que haga falta para que
sea así! Vuelve a hacer algo por el estilo
y no te hablaré más, madre.
Noelle se quedó de piedra
porque su hijo jamás se había puesto así
con ella. Asintió levantándose
lentamente. —¿Se lo vas a decir?
Craig apretó los labios. —
Debería ser sincero con ella. Tiene
derecho a saber lo que ha ocurrido y la
razón por la que ocurrió todo.
—¿Pero?
—Pero si se lo digo, ese tema
enturbiará más nuestra relación de lo
que ya lo está y abrirá más aún las
heridas. —A May se le cortó el aliento.
—Hasta ayer por la noche ella había
asumido que se había acostado con él,
pero la sorpresa de enterarse de que no
ocurrió parece no haberla afectado. No
quiere hablar de ello y voy a respetar su
decisión. Egoístamente, lo reconozco,
pero si ella quiere olvidar no voy a
decirle nada.
Noelle fue hasta la puerta. —
Madre… —Se volvió para mirarle a los
ojos. —¿Por qué la insultaste cuando
llegó? Si querías que volviera…
—Hubiera sido raro que le diera
un abrazo, ¿no crees? —Sonrió con
tristeza. —Tenía que seguir mi papel de
novia despechada. Pero después debo
reconocer que me impresionó saber que
no había heredado un centavo y que
encima me había mantenido ella. Me
sentí mil veces peor si eso es posible.
Craig se tensó. —No vuelvas a
hacerle daño. Hablo en serio.
En ese momento llamaron a la
puerta principal y May corrió hasta la
entrada para abrir. Parpadeó
sorprendida al ver a un hombre con
pinta de surfero y pantalones cortos
mirando la fachada. Tenía el cabello
rubio a la altura de los hombros y unos
bonitos ojos verdes. Y tenía músculo,
vaya que sí. Éste sonrió. —Hola.
—Hola —dijo ella divertida
viendo que iba en chanclas—. ¿Te has
perdido? La playa está un poco lejos.
Se echó a reír. —Espero no
haberme perdido. ¿Vive aquí Lorrie?
Ay, la leche. —¿Lorrie?
—Sí, es rubia. —Puso la mano a
una altura. —Así de alta y con un cuerpo
de infarto. Una preciosidad de ojos
azules y una sonrisa por la que
recorrería el mundo.
Un chillido en la planta superior
hizo que ambos miraran hacia allí para
ver a Lorrie bajar las escaleras casi
volando radiante de felicidad. —¡Jason!
—Se tiró sobre él y la agarró por el
trasero girándose mientras ella le daba
besos por toda la cara. Labios incluidos.
Sintió a los Carliste tras ella que
les observaban igual de sorprendidos
que ella. —¿Quién es ese? —preguntó
Noelle por lo bajo.
—¿Crees que lo sé, madre?
¡Lorrie!
Lorrie le miró sonriendo de
oreja a oreja sin bajarse de ese tipo.
Craig sintió que le recorrían los
demonios, pero no podía protestar. Al
fin y al cabo solo era su amante. Y por
lo bien que se llevaban era evidente que
ese título iba a perderlo en breve. —
¿Nos presentas? —preguntó con ganas
de matar a alguien.
—¡Es Jason!
Los tres la miraron como si no
entendieran. —Es uno de los Youtubers
de aventura más importantes del mundo
—dijo como si fueran estúpidos antes de
mirarle de nuevo a los ojos y sonreír—.
Te he echado de menos.
Él le dio una palmadita en el
trasero. —Y yo a ti, preciosa.
Craig dio un paso hacia ellos,
pero su madre le agarró deteniéndole.
—Espera, hijo. No te alteres.
—¿Has visto eso, madre?
—¿Te quedarás? —preguntó ella
ilusionada.
—Claro, ¿casa y papeo gratis?
Me apunto, ya lo sabes. Y si hay
cervezas frías en la nevera soy todo tuyo
de por vida.
Lorrie se echó a reír mientras la
dejaba en el suelo. —Estupendo.
Craig gruñó apretando los puños
cuando salió de la casa y cogió algo que
tenía apoyado en la pared. El muy
cabrito tenía la mochila allí y se le
revolvieron las tripas al ver como se la
cargaba al hombro. Lorrie le miró
radiante como si acabara de llegar Papá
Noel. Cuando se puso a su lado le
agarró por el brazo como si no pudiera
dejar de tocarle. —Él es mi primo Craig
—dijo para rematarle.
Jason alargó la mano. —
Encantado.
Craig miró su mano y Jason
perdió algo la sonrisa cerrándola en un
puño por su evidente rechazo. Lorrie le
fulminó con la mirada antes de tirar de
él. —Ella es mi tía Noelle y ella es
May. Se encarga de la casa, pero es de
la familia.
May sonrió. —Mucho gusto.
Él sonrió. —Es genial estar en
Nueva York.
—Ah, que no eres de por aquí.
—No, soy australiano.
Lorrie chilló emocionada antes
de abrazarle por el cuello otra vez. —
No puedo creer que estés aquí.
La cogió por la cintura con un
solo brazo elevándola y Craig a punto
estuvo de saltar sobre él. —¿Dónde está
tu habitación, bonita?
—Piso de arriba, por favor.
Craig lo vio todo rojo y más
cuando se dirigieron hacia las escaleras.
—¡Lorrie!
Para su asombro ni le escuchó
mirando al australiano a los ojos como
si estuviera fascinada con él. Se echó a
reír como una colegiala cuando el tipo
la cogió en brazos y entraron en su
habitación. Sintiendo que quería quemar
la casa vio como el surfero riendo
cerraba la puerta con el pie.
—Me cago en la… —Fue hasta
la escalera y Noelle chilló antes de
cogerle por el brazo.
—¿A dónde te crees que vas?
—¡A sacarle de ahí!
Las risas en el piso de arriba le
decidieron y empezó a subir los
escalones mientras su madre tiraba de su
brazo. —No puedes.
—¡Déjame, madre!
—¡Es su casa, puede invitar a
quien quiera! No tienes derecho a exigir
nada.
A May se le retorció el corazón
al ver la impotencia en su rostro. Se
detuvo en seco en mitad de la escalera y
miró a su madre a los ojos. —No sois
nada, hijo. Ni siquiera primos. Si ni
siquiera te ha perdonado. No te
escuchará como no te escucha con lo de
los videos. Solo harás el ridículo
quedando en evidencia ante él.
—Tu madre tiene razón, Craig.
Si te enfrentas a ese chico al que aprecia
tanto, se enfadará contigo.
—Tienes que ser más listo que
ese…
Las risas en el piso de arriba le
hicieron palidecer y para todas fue
evidente que creía que estaban teniendo
sexo. May dio un paso hacia él. —Si se
acostó contigo ayer cuando nunca se
había acostado con nadie, ¿en serio
crees que lo está haciendo ahora? ¿Y
contigo en la casa?
Eso pareció aliviarle. —No lo
haría, ¿verdad?
—Puede que le tuviera mucho
cariño a ese chico, pero es solo eso por
mucho que él quiera más. Que lo quiere
—dijo su madre—. Si conoceré yo a los
hombres.
—¡Eso es evidente, madre! ¡Y
ella se deja querer! —Miró hacia arriba
conteniéndose.
—Hijo, vete a trabajar. Hasta
que te calmes. Y cuando vuelvas regresa
con la mente más fría. Tienes que ser
más listo. Como lo que me dijiste en el
despacho.
May chasqueó la lengua
cruzándose de brazos. —Yo no opino lo
mismo —dijo sorprendiéndoles—.
Debería contárselo todo y zanjar ese
tema de una buena vez.
Craig bajó un escalón. —Nos
has escuchado.
—Pues sí. Y me he enterado
como de todo lo que me entero en esta
casa. Ahora que no tengo a la abuela
pego la oreja. Por eso me enteré de lo
del testamento. Porque vosotros no
dijisteis palabra. —Hizo una mueca. —
Aunque yo ya lo sabía casi todo por la
abuela, claro…
—¡No te enrolles! ¡Nos has
espiado! —exclamó Noelle asombrada.
—¿Cómo crees que me he
enterado de que me ha desvirgado a la
niña esta noche?
—¡Estás despedida!
—No puedes despedirme,
Noelle. Ya no trabajo para ti. —Sonrió
maliciosa. —Trabajo para ella. Y me ha
aumentado el sueldo, que lo sepas.
Noelle jadeó asombrada. —No
puedes decírselo. ¡Me odiará!
—¡Ya está bien! —Craig bajó
los escalones, pero al llegar abajo sonó
el timbre de la puerta. Furioso fue hasta
allí y abrió para ver a un repartidor
cargado de paquetes.
—¿Lorrie Hetton? —Metió la
cabeza buscándola. —¿Vive aquí?
—Sí, vive aquí. —Satisfecho se
volvió gritando —¡Lorrie! ¡Baja!
La puerta se abrió y Lorrie salió
riendo a carcajadas. Miró hacia el hall e
hizo un gesto con la mano. —Recógelos
tú, ¿vale? —Guiñó un ojo al repartidor
que la miró babeando antes de entrar en
la habitación de nuevo dejando a Craig
pasmado.
Craig cogió la tablilla que tenía
en las manos y le espetó —¡Déjelo ahí!
—Sí, claro.
Noelle se acercó a los paquetes
con los ojos brillantes. —¿Qué serán?
—Son muestras —dijo el
repartidor dejando una gran caja al lado
de la puerta.
—¿Muestras?
—Conozco a otra Youtuber. Le
envío paquetes todos los días. Las
marcas les regalan cositas para que se
las pongan en los videos. Seguro que
vengo a menudo porque como Lorrie no
hay otra.
—¡Muchas gracias! —En cuanto
el chico salió, Craig cerró de un portazo
poniendo los brazos en jarras. —Esto se
nos está yendo de las manos. —
Asombrado miró a su madre que hasta
se había sentado en el suelo abriendo un
pequeño paquete. —¡Madre!
—Esto me encanta. May abre
ese.
—¿No debería abrirlo la niña?
—Desmintiendo sus palabras dijo —
Voy a por un cúter que no quiero que
nos rompamos las uñas.
Sin salir de su asombro vio
como las dos se ponían como locas
abriendo los paquetes. Gruñó por lo
bajo al escucharla reír de nuevo. Al
parecer con ese tipo se reía bastante.
Joder, le iba a salir una úlcera. Su
madre gritó enseñándole un paquete
negro que mostraba lo que parecía un
secador. —¿Qué?
—¿Sabes lo que es?
—Madre, no me fastidies.
—Mira, Noelle… Mira que
maquillaje. —May mostró una paleta de
sombras de ojos. Abrió todos los
cajones mostrando barras de labios. —
Esto es de lujo… —dijo con
admiración.
—¡Es como si viniera Papá
Noel! —Su madre cogió otra caja y la
movió de arriba abajo. —¿Qué será?
—¿Os queréis centrar, por
favor? ¡Tenemos que detener esto! —
Las dos le miraron como si no
entendieran una palabra. —Los videos,
¿recordáis? ¡No es seguro que los haga!
—Bueno, no todo es malo —dijo
Noelle agarrando otro paquete—.
Seguro que le pagan bien y esto se lo
regalan.
—Sí. —May tiró de la lengüeta
de un paquete y chilló sacando un
perfume. —Me encanta. Lo olí una vez.
¿Sabes cuánto cuesta esto?
—Doscientos treinta pavos. Lo
tiene una amiga.
Craig gruñó. —Lorrie es rica,
puede comprar todo lo que quiera.
Ellas se miraron como si no
entendiera nada y en ese momento se dio
cuenta de que no le iban a ayudar en
absoluto para que dejara esa profesión.
Eso unido a que volvió a escuchar cómo
se reían en el piso de arriba siseó —Me
voy a trabajar.
—Muy bien, hijo. Nosotras la
controlamos. No te preocupes.
Viendo como cogían otro
paquete abrió la puerta mosqueado. —
No vendré a cenar.
—Mal hecho —dijo May sin
dejar de abrir el siguiente—. Tiene que
verte y comparar. Si no estás, dejas el
camino libre.
—Trabajaré desde el despacho.
Cerró la puerta y se alejó de
ellas escuchando a su madre decir —
¡Una camisa de Vuitton! Esta no se la
pone con lo hippy que es. ¿Crees que me
la regalará?
—¿Con lo bien que le caes? —
preguntó May maliciosa.
Craig exasperado cerró la puerta
del despacho. May y Noelle se miraron.
—Pobrecito —dijo la asistenta.
Noelle agachó la mirada
acariciando la camisa entre sus dedos.
—Es culpa mía.
—Vamos, ¿en serio crees que si
la niña se hubiera quedado, hubieran
acabado juntos?
La miró sorprendida. —Pues se
me pasó por la cabeza, la verdad.
—Ella era una cría y él casi un
hombre. Hubieran discutido por mil
cosas y esto hubiera sido un infierno.
Piénsalo fríamente. A ella no le gustaba
estudiar. Él era un estudiante excelente.
No hubiera estudiado una carrera y eso
hubiera sido otra cosa que les hubiera
separado. Al final ella se iría alejando
de su control y se hubiera ido de casa en
cuanto hubiera podido. Ya lo hacía con
quince años. ¿No recuerdas sus enfados
porque él iba a buscarla al instituto?
Noelle sonrió. —Recuerdo que
casi nos deja sordos con el Heavy
Metal. Durante un tiempo fue
insoportable.
—Exacto. Le encantaba
fastidiarle. Y lo ponía porque él lo odia.
La miró sorprendida. —¿De
veras?
—Claro que sí. Había una
tensión entre ellos…
—Por la atracción.
—Puede, pero ella no estaba
preparada. Creo que la pilló por
sorpresa y ni sabía lo que le ocurría.
Porque…
—Era una cría —terminó
Noelle.
—Exacto. Pero ahora es distinto.
Esas cosas que en aquella época
parecían tan importantes ya no lo son,
como los estudios. Ahora son adultos y
la atracción sigue ahí. De hecho, es cien
veces más fuerte porque ahora no tienen
que reprimirse y para prueba está que
ayer mismo se acostaron cuando ella
debería odiarle con todas sus fuerzas.
—¿Crees que le quiere?
—Claro que le quiere. Craig ha
formado parte de su infancia y tiene
miles, millones de recuerdos
maravillosos con él. Hasta ahora Lorrie
se echaba la culpa de lo ocurrido esa
noche, precisamente porque no sabía lo
que había ocurrido. Las consecuencias
fueron terribles para ella, pero había una
justificación.
—Su mal comportamiento.
—No es que hubiera matado a
nadie, pero para ser Lorrie lo que
ocurrió fue muy fuerte. Así que en su
mente justificó el enfado de todos. Hasta
que se dio cuenta de que el perdón no
llegaba y no podía regresar a casa. Por
eso empezó los videos, porque se sentía
sola. —La miró a los ojos. —Cuando
digo que lo mejor es que lo sepa todo,
hablo en serio. Así habrá borrón y
cuenta nueva, ¿entiendes? No habrá más
mentiras. Todos sabréis lo que ocurrió y
todos podréis empezar de nuevo. Sobre
todo ellos. Lo necesitan. Se necesitan.
—Levantó sus cejas canas. —Piénsalo,
Noelle… Si realmente lo que te
preocupa es tu hijo, y por él has hecho
todo esto, ya has visto lo desesperado
que está por tenerla. En tu mano está que
empiecen de cero o que tu hijo viva con
el remordimiento de no haberle dicho la
verdad al amor de su vida.
May se volvió para ir hacia la
cocina y Noelle pensativa miró hacia el
piso de arriba donde en ese momento
empezó a sonar música de los Beach
Boys. Gimió con horror levantándose
del suelo. —Estupendo. Esto se va a
poner interesante.
Capítulo 8
Lorrie se echó a reír por la cara
que puso Jason después de contarle que
su “familia” quería que dejara de hacer
videos. Suspiró tumbándose en la cama
y su amigo lo hizo a su lado. Se
quedaron en silencio mirando el techo y
después de unos segundos susurró —Me
encanta que hayas venido.
—¿Ha sido duro?
—Te juro que no tengo ni idea
de lo que hago aquí. —Giró la cabeza
para mirarle. —No tenía que haber
venido. No sé por qué le hice caso a la
abuela. Tenía que haber dejado todo en
manos de Calvin.
—Ella te lo pidió. No podías
negarte en un momento así.
Apartó la vista avergonzada. —
Tardé un día en comprar el billete y no
llegué a tiempo para el funeral.
Su amigo se quedó en silencio.
—Era muy duro para ti, pero viniste,
Lorrie. Estoy seguro de que no sabías
que no llegarías a tiempo. Te conozco y
no tienes una pizca de maldad en tu
cuerpo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas
mirando el techo. —No me quería.
—Preciosa, no digas eso. ¿Cómo
no iba a quererte? Cualquiera que te
conozca se enamoraría de ti.
Sonrió con tristeza mientras una
lágrima recorría su sien. Se la limpió a
toda prisa avergonzada porque la viera
llorar y le miró de nuevo. —Pues
entonces es irónico que me haya
apartado. Eso sí, para pedirme pasta
siempre estaba dispuesta. —Gruñó
sentándose y se pasó las manos por la
cara. —No sé por qué me torturo con
esta mierda. Ya sabía lo que había
desde que Calvin habló conmigo cuando
cumplí la mayoría de edad y me explicó
la situación.
—En aquel momento tenías que
haber venido y haberles echado a todos.
—No podía hacer eso. —Miró
al vacío. —Son mi familia. La abuela ya
era mayor y no podía dejarla en la calle.
Al fin y al cabo yo heredé el dinero del
abuelo. Él no hubiera querido eso. La
amaba.
Jason se sentó a su lado y le
acarició la espalda. —¿Te crees que
ellos no lo sabían? Vamos, tu primo es
abogado.
Negó con la cabeza. —Tenías
que haberles visto la cara. Se llevaron
la sorpresa de su vida. Además, Calvin
nunca dice nada que no quiere decir.
Odia a mi tía, aunque aprecia a Craig.
Solo por la satisfacción de ver su cara
de estupefacción, cerraría la boca hasta
el momento adecuado.
—¿Y por qué la odia? Si ella no
sabía nada del asunto…
—Según tengo entendido, el
marido de Noelle quiso echarle la culpa
a Calvin de su mala cabeza. Era el
abogado de la familia y le quisieron
hacer responsable. Gracias a él y a su
trabajo mi tía no acabó en la cárcel. Fue
un escándalo tremendo, según me contó
May. Salieron en todos los periódicos
porque en su ruina arrastraron a otras
personas y les demandaron a ellos
porque convencieron a varias amistades
para que también invirtieran. Era algo
piramidal o algo así. Como mi tía era su
socia… Bueno, el hecho es que Calvin
la sacó del apuro contratando a los
mejores abogados. A ella la libraron del
asunto, pero mi tío acabó en la cárcel
porque mi abuela se negó a pagar su
defensa. Nunca le había gustado. Y
Calvin se mosqueó con mi tía por
intentar dejarle mal ante la abuela.
Aunque no lo consiguió, porque mi
abuela siempre ha confiado en Calvin
plenamente.
—Es algo bruja, ¿no?
Le miró fijamente. —No lo sé.
—¿No lo sabes?
—Siempre me ha dado pena.
—¿Pero qué dices? ¿Estás loca?
—La he comparado conmigo
muchas veces.
—No te comprendo.
—Llegó aquí siendo una niña. La
hija de la segunda mujer. Debió sentirse
como una acogida.
—Tu abuelo la adoptó.
—Ya, pero entras en una familia
nueva y tienes que amoldarte. A mí me
pasó y eso que tenía seis años. Ella era
mayor. Tuvo que ser un cambio muy
fuerte. Después siempre la estaban
comparando con mi madre.
—¿Comparando en qué?
—En que mi madre era más
guapa, más elegante, que era más lista…
He oído comentarios de ese tipo toda la
vida por parte de la abuela. No los hacía
a mal, pero recuerdo una cena… Yo
debía tener unos once años o así, era
Navidad y la abuela no dejaba de decir
lo maravillosas que eran las cenas de
Kathia. Kathia hacía ella misma el pavo.
Kathia tenía una mano para la
decoración… Kathia se vestía con
mucha elegancia…
—Entiendo.
—Sé que la abuela lo decía por
mí, porque nadie dudaría del amor que
sentía por Noelle. Lo decía para que me
sintiera orgullosa de mi madre y no la
olvidara, pero pude ver como la cara de
mi tía iba palideciendo poco a poco.
Siempre creí que le tenía envidia y estoy
segura de que Calvin también lo opina,
pero imagínate vivir bajo esa sombra
casi toda su vida. La perfecta
hermanastra que no hace nada mal.
—Bueno, a ti te ha pasado, ¿no?
Craig era el perfecto.
—Sí, pero es mayor que yo y un
hombre. Es distinto. —Se encogió de
hombros. —Supongo que las mujeres
nos preocupamos más de esas cosas. Y
mi madre también sabía que se sentía así
y por eso le contó mentiras sobre sus
finanzas.
—Supongo que ahora tu tía
pensará que su pluscuamperfecta
hermana es aún más perfecta porque
intentó proteger sus sentimientos. ¿No te
tiene rencor a ti también? Al fin y al
cabo la has mantenido… Y lo de su
prometido…
Parpadeó sorprendida. —Pues
parece que se le ha pasado. Hoy ha
estado como antes. No es cariñosa, pero
se puede hablar con ella.
—Eso sí que es raro, ¿no crees?
Sonrió divertida. —Hace tiempo
que intenté dejar de comprender a mi tía.
Puede tener un día buenísimo y ser
adorable, pero como esté de malas… —
Soltó una risita. —Creo que lo que pasa
es que no se quiere ir de casa. La
considera suya y es lógico porque ha
vivido aquí casi toda su vida. No se irá
hasta el día cuarenta y eso que hasta he
amenazado con grabarla. —Le miró
asombrada. —Estaba encantada.
Jason se echó a reír. —Les pasa
a muchos.
—Yo creía que le horrorizaría.
Está claro que no la conozco en
absoluto. —Miró al vacío de nuevo. —
Aunque claro, no les conocía a ninguno
porque hace trece años me hubiera
jugado la cabeza a que nunca me darían
la espalda.
Su amigo la abrazó a él. —
Vamos… no te tortures con eso. Se ha
acabado. Se irán y…
—Me he acostado con Craig.
A Jason se le cortó el aliento
tensándose con fuerza y la apartó
ligeramente para mirarle la cara. —
¿Qué has dicho?
Bufó levantándose de la cama y
yendo hasta el tocador. —Lo sé.
—¿Lo sabes? ¡Ese no era el
plan, Lorrie! ¡Era la destrucción total!
¡A no ser que acostarte con el enemigo
ahora sea una nueva táctica de guerra,
que puede ser!
—No tiene gracia.
—Joder, claro que no la tiene.
—Se levantó de un salto. —Cuando me
llamaste me dijiste que les echarías de
casa y les reclamarías legalmente el
dinero o si no los llevarías a juicio
dejándoles en ridículo. ¡Y ahora llego a
Nueva York y resulta que les has
perdonado la deuda, aún viven aquí y te
has acostado con ese cabrón! ¡Solo te
falta que te cases con él y que se quede
con tu dinero!
Apretó los labios sin ser capaz
de mirarle porque Jason había sido su
paño de lágrimas los últimos dos años
cuando le había conocido por
casualidad en la India. Habían
conectado al instante y desde entonces
se veían y hablaban muy a menudo. Y
ahora no sabía qué decirle.
Jason al ver la angustia en su
rostro se acercó y la abrazó. —No pasa
nada, cielo.
—Sí qué pasa. Soy un desastre.
—Le quieres. Le has querido
siempre. Ya estabas loca por él con
quince años y es algo que siempre has
tenido dentro.
—Él quiere más que sexo.
—Lógico, yo también querría a
una preciosidad como tú que además
está forrada —dijo con ironía
cortándole el aliento.
Asustada le miró a los ojos. —
¿Crees que quiere mi dinero?
—Es que aunque te quisiera sin
dinero no te merece, Lorrie. Esa es la
cuestión. No te merece de ninguna de las
maneras.
Se abrazó a él con fuerza
sabiendo que tenía razón. —Me alegra
que estés aquí.
—Y siempre estaré aquí, aunque
no te acuestes conmigo.
Lorrie rió por lo bajo y en ese
momento se abrió la puerta de golpe
sobresaltándoles. Craig entró en la
habitación mirando la cama y se detuvo
en seco al verles abrazados. Les miró
como si quisiera cargárselos. —La cena
está lista.
—Pues menos mal que no
estamos en la cama y retozando, porque
habría sido incómodo decirte cuando ya
estabas dentro de la habitación que
cenaríamos más tarde —dijo Jason sin
cortarse—. Pero ya que estamos
vestidos, cenemos porque estoy
famélico. Y me muero por una cerveza
bien fría. —La besó en la sien. —
Vamos, preciosa.
Lorrie soltó una risita dejando
que cogiera su mano porque era obvio
que solo quería fastidiarle. Craig la
observó ir hacia la puerta y siseó —
Nena…
—¿Qué hay de cena?
—¡No lo sé!
Estaba realmente furioso y ella
tiró de la mano de Jason deteniéndole y
miró a Craig estirando el cuello. —¿Te
ocurre algo en la mejilla? Se levanta
ligeramente.
—Es un tic —dijo Jason como si
nada.
—¡Yo no tengo ningún tic!
—Para eso va muy bien la
valeriana. —Jason tiró de su mano
haciéndola reír. —O un whisky. Voto
por lo segundo, es más divertido.
—Sí, tú tienes pinta de divertirte
un montón.
—Solo tenemos una vida, amigo.
—Tú y yo no somos amigos y no
lo seremos nunca.
—Haya paz. —Lorrie empezó a
bajar las escaleras. —¿Sabes que Jason
es uno de los Youtubers más importantes
del mundo?
—Sí, algo me has dicho antes —
dijo como si le sacaran una muela—. ¿Y
qué?
Sorprendida se volvió en las
escaleras. —¿Cómo que y qué? Hace
cosas increíbles. Deberías echarles un
vistazo.
—Si hablas de hacer rapel por
un edificio de cuarenta plantas…
—¡Me has visto! —Jason se
echó a reír. —En Shanghái estuve de
diez.
—Claro que sí, cielo. —Siguió
bajando las escaleras y ella y su amigo
se miraron de reojo al escuchar un
gruñido de Craig. Lorrie reprimió la
risa, estaba empezando a pasarlo muy
bien. Tiró de su amigo hasta el comedor
mientras Craig les seguía y allí estaba su
tía cambiada y ya sentada en su sitio de
siempre.
Noelle levantó una ceja. —
Querida, aquí nos vestimos para cenar.
—Miró a su amigo de arriba abajo
levantando ambas cejas al ver que
estaba descalzo como Lorrie. —¿No
tenéis zapatos?
—Tía, deja de fastidiar.
Nosotros somos más… libres.
—Libres —siseó Craig por lo
bajo yendo hasta la cabecera.
Lorrie parpadeó al ver que se
sentaba y cogía la servilleta abriéndola
de un solo golpe seco antes de ponérsela
sobre el regazo. —Primo… —Craig
gruñó de nuevo antes de levantar la vista
hacia ella. —Esa es mi silla.
May salió en ese momento con
una fuente de lasaña y se detuvo en seco
al ver que todos estaban en silencio. —
¿Qué pasa? Vais a cenar todos juntos,
¿verdad? Porque últimamente cada uno
cena a una hora y me dejáis la cocina
hecha un desastre. Así que a cenar.
Nadie se movió y Craig retó a
Lorrie con la mirada. —¿Qué has dicho?
—Esa es mi silla.
—Ay, madre… —dijo May por
lo bajo antes de dejar la lasaña en el
centro de la mesa—. Noelle, ¿te sirvo?
—Espera, que quiero ver en que
acaba esto —susurró sin quitarles ojo.
Jason se sentó como si nada y
cogió la pala sirviéndose una buena
porción. —No hay que dejar que se
enfríe el papeo y hace siglos que no
como cocina casera.
—Eso, hijo… tú come y calla —
dijo Noelle.
Lorrie puso los brazos en jarras.
—Soy la dueña de la casa. Esa es mi
silla, Craig. Me corresponde a mí.
Puedes sentarte al lado de Jason.
Él era el hombre de la casa y en
la familia siempre le había
correspondido esa silla como tradición,
pues antes la ocupaba su abuelo.
Siempre le había visto sentado ahí en las
comidas, pero ahora era su casa y sus
normas. Sonrió maliciosa. —¿Te
levantas, por favor?
Craig se levantó lentamente sin
quitarle la vista de encima. —Por
supuesto. Es tu casa y son tus reglas.
Jason que se iba a meter el
tenedor en la boca le miró frunciendo el
ceño. A Lorrie se le congeló la sonrisa
al ver que Craig no solo estaba molesto
sino que también había perdido algo del
color de la cara. Se sintió mal por
humillarle ante Jason y se sentó en la
cabecera en silencio perdiendo todo el
apetito.
May forzó una sonrisa. —¿Te
sirvo, Lorrie?
—Sí, por favor.
Todos se quedaron callados
demasiado tiempo y fue bastante
incómodo. Jason carraspeó. —Está
buenísima, May.
—Gracias.
—¿Me puedes traer una cerveza?
—Claro que sí. ¿Alguien quiere
algo más?
—Otra para mí —dijo Craig muy
tenso sentado a su derecha.
—Por supuesto. —Salió del
comedor a toda prisa como si fuera a
estallar una bomba en cualquier
momento.
—Bueno, Jason… —dijo su tía
forzando una sonrisa—. Así que haces
deportes de riesgo.
—¿Tú también me has visto?
—Sí, tuve curiosidad. Al
parecer eres toda una celebridad.
—Tengo bastantes seguidores.
—Es muy modesto —dijo Lorrie
con cariño—. Las marcas se lo rifan
para que pruebe sus productos.
—Hablando de productos —dijo
May entrando con dos cervezas en la
mano—. Te lo he dejado todo en el
estudio para no molestarte.
La miró sorprendida. —¿Me han
llegado productos?
—Sí, las cajas, ¿recuerdas? —
dijo Craig con ironía.
—Unas cosas preciosas —dijo
su tía.
Se encogió de hombros
metiéndose la lasaña en la boca. —Debe
habérmelas enviado mi representante.
Aunque no sé por qué, sabe que no uso
esas cosas.
—¿Puedo quedarme con la blusa
de Vuitton?
Levantó una ceja divertida y ésta
se sonrojó con fuerza. Aunque daba
igual porque en realidad no se la
pondría… Suspiró diciendo —Sí, tía.
Puedes quedarte con lo que quieras.
—Para mí el perfume —dijo
May rápidamente.
—Hecho —dijo su tía encantada
antes de mirar a Jason—. ¿Y a ti qué te
regalan?
—Tablas de surf, de skate,
productos de escalada… No sé, de
todo. Una vez me regalaron un
paracaídas. Era la leche.
Lorrie sonrió porque todo le
entusiasmaba y era imposible no estar
feliz a su lado.
—¿Y cómo os conocisteis? —
preguntó Craig con ironía mientras
cortaba la lasaña con el tenedor como si
estuviera destripando un cerdo.
—Fue en la India —dijeron a la
vez. Se echaron a reír y Jason continuó
—Yo iba a subir el Kinnaur Kailash y
estaba en Delhi. —Craig chasqueó la
lengua antes de beber de su cerveza.
Lorrie le miró de reojo mientras Jason
continuaba —Estaba comiendo unas
verduras en salsa de masala que estaban
para morirse en un puesto en la calle,
cuando veo llegar a esta preciosidad con
una cámara en la mano. Casi la atropella
un motocarro, menos mal que llegué a
tiempo. —Le guiñó un ojo y Lorrie
sonrió.
—Muy de película —dijo
Noelle con cachondeo—. ¿Sois novios?
—Novios —dijo Jason divertido
—. Eso es muy anticuado, ¿no?
Craig giró la cabeza como un
resorte. —No le has puesto un dedo
encima en la vida, así que no me toques
los huevos —dijo por lo bajo.
—Nuestro amor es platónico.
—El plato te vas a comer como
no dejes de joderme. —Se escuchó un
golpe bajo la mesa y Jason gimió.
—¿Jason estás bien? —Miró a
Craig furiosa. —¿Le has pegado?
—¿Yo? Es que va descalzo y se
me ha escapado un pie. —Craig le dio
una fuerte palmada en la espalda. —
Pero es un tío fuerte, ¿verdad que sí?
—¿Quieres comprobarlo?
—Cuando quieras —dijo entre
dientes.
—Bueno, ¿la lasaña está a
vuestro gusto? —preguntó ella como una
buena anfitriona. Los dos la miraron
como si fueran a comérsela a ella en
cualquier momento. Y no en el buen
sentido—. ¿Qué? Es la pregunta que
haría la abuela.
—Cierto —dijo Noelle antes de
limpiarse los labios con la servilleta—.
Chicos, comportaos como caballeros. La
decisión es de Lorrie. Si vais de gallitos
igual la desencantáis.
—Cierto. —Jason sonrió
encantado de la vida. —Muy cierto. Y
me prefiere a mí. Solo hay que verla.
Lorrie le miró asombrada, pero
cuando Craig la miró, forzó una sonrisa
y dijo sin pensar —Claro que sí, cielo.
Eres mi favorito.
—¿Que es qué?
Se puso roja como un tomate. —
Bueno…
—¿Seguro que esto es para
comentarlo durante la cena? —preguntó
May interesadísima sentándose al lado
de Noelle que puso los ojos en blanco
como si ya no pudiera con ella.
—¿Que es qué? —preguntó
Craig más alto dando un golpe en la
mesa que hizo temblar las copas.
—Bueno, a él le quiero mucho.
El sexo contigo es genial, pero… —
Miró a Jason con cariño con ganas de
fastidiarle. —Él es Jason.
Craig se levantó furioso y salió
del comedor como una tromba. El
portazo al salir de casa la sobresaltó. Sí
que se lo había tomado mal… Se mordió
el interior de la mejilla.
Su tía carraspeó y tomó aire
antes de mirarla. —¿Puedo hablar
contigo un minuto? —preguntó
levantándose muy seria—. A solas.
Sin esperarla salió del comedor
y Jason dijo —No tienes por qué ir,
¿sabes?
—Lo sé. —Se levantó de su silla
dejando la servilleta a un lado. —Lo sé
muy bien, pero si quiere hablar conmigo
debe ser importante. Sigue cenando.
Se metió una buena cantidad de
lasaña en la boca. —Tranquila, no te
preocupes por mí.
Sonrió, pero perdió la sonrisa
poco a poco saliendo del comedor y
cuando llegó al salón ya no sonreía en
absoluto. Como Noelle que caminaba de
un lado a otro mientras se apretaba las
manos. Su tía estaba muy preocupada y
Lorrie tomó aire de nuevo entrando en el
salón y cerrando la puerta tras ella. —
Bien, tía. ¿De qué quieres hablar que sea
tan importante como para levantarnos de
la cena?
Minutos después el sonido de
algo cayéndose al suelo sobresaltó a
Jason que miró hacia el hall dejando de
masticar antes de escuchar un chillido.
Asombrado miró a May que estaba
cenando con él porque no lo hiciera
solo. —¿Qué es eso?
—Nada, están limando algunas
asperezas.
—¡Serás bruja! —gritó Lorrie
furiosa antes de escuchar un grito de
dolor.
Jason levantó una de sus cejas
rubias. —¿Intervenimos?
—Tranquilo, pueden solas.
Cosas de familia. ¿Quieres postre? —
Escucharon como si se cayera un mueble
y Jason se levantó ligeramente sin dejar
de mirar fuera del comedor. —Hay tarta
de nuez.
Se volvió a sentar y sonrió. —
Un buen pedazo, por favor.
—Así me gusta. Interviene lo
justo y nos llevaremos bien.
—¿Y otra cerveza?
—Enseguida.
El sonido de algo de cristal al
caer les sobresaltó y Jason corrió hacia
el hall al escuchar un grito de dolor.
May corrió tras él y cuando abrieron la
puerta del salón vieron a Noelle con su
vestido desgarrado en la manga
acercándose a toda prisa a Lorrie que
levantaba un pie a la pata coja. La
sangre que caía al suelo desde su pie les
hizo palidecer mientras Noelle decía
preocupada —Cuidado, no te cortes. —
La cogió por el brazo para que
mantuviera el equilibrio y miró a May.
—Llama al doctor Grant, se ha cortado
en el pie. Y trae una escoba y algo para
que se calce.
Jason vio los cristales en el
suelo y juró por lo bajo antes de salir
corriendo como May.
—Mierda… —siseó Lorrie
intentando no llorar, no de dolor, sino de
rabia por las palabras de su tía, mientras
ésta apartaba los cristales de ella.
Su tía la sujetó por la cintura. —
¿Puedes llegar al sofá? Está detrás de ti.
Son dos pasos y ya he apartado los
cristales.
—Espera —dijo May corriendo
hacia ellas con la escoba en una mano y
el teléfono inalámbrico en la otra.
Barrió lo mejor que pudo y entre las dos
la sentaron en el sofá.
Jason llegó corriendo y se sentó
a su lado cogiendo su otro pie y
poniéndole una zapatilla de deporte. —
¿Estás bien? —Cogió su pie herido que
aún estaba en el suelo y lo elevó para
ver un buen pedazo de cristal incrustado
en la planta. —Joder.
—Sácalo.
—¡No! —ordenó Noelle—.
Enseguida llegará el médico y él
decidirá qué hacer. Si tenemos que ir al
hospital iremos. No lo toques, puede
tener seccionado un tendón o algo.
Lorrie miró incrédula a su tía
que parecía muy preocupada. Entonces
pensando en todo lo que le había dicho,
en que ella no había querido que
estuviera separada de la familia tanto
tiempo y las razones que había tenido
para engañar a todo el mundo, sintió que
el nudo que tenía en la garganta la
ahogaba. Ya no lo soportó y se echó a
llorar cubriéndose el rostro con las
manos porque ni tenía oportunidad de
esconderse para desahogarse a gusto.
Noelle se mordió el labio inferior al ver
que estaba desgarrada y sus ojos se
llenaron de lágrimas viendo el resultado
de sus maquinaciones. Nunca se había
sentido peor en la vida.
May llegó con unas toallas y
agarró a Jason de la mano levantándole
para poner la toallas sobre el sofá para
que apoyara el pie. —Eso, mi niña. —
Se sentó tras ella y la abrazó por la
espalda pegándola a ella. —Llora todo
lo que quieras. —La besó en la sien. —
Tienes todo el derecho a llorar.
Jason miró a Noelle como si
quisiera cargársela. —¿Qué le has
dicho?
—No es asunto tuyo.
—¡Ella es asunto mío!
En ese momento May gritó
asustada viendo como Lorrie se
desmayaba en sus brazos totalmente
pálida. —No, no. —Noelle se arrodilló
en el suelo a su lado y le dio unas
palmaditas. —¡Un paño húmedo!
May la abrazaba a ella como si
quisiera protegerla y Noelle gritó —
¡Túmbala!
Muertas de miedo la tumbaron y
su tía le levantó las piernas mientras
Jason salía corriendo para buscar un
paño húmedo. En ese momento
escucharon un portazo y ambas se
miraron reteniendo el aliento. Craig
caminó hasta el comedor, pero al verlo
vacío se volvió para subir las escaleras
cuando las vio en el salón. Palideció al
ver la sangre y entró en el salón a toda
prisa. —¿Qué ha pasado?
—Se ha desmayado y… —Su
madre le miró asustada viendo que se
arrodillaba a su lado y le daba
palmaditas en la mejilla.
Su hijo no esperó el resto de su
explicación. La cogió en brazos y fue
hacia la salida. —Hijo, ya viene el
doctor.
—Me la llevo al hospital. —La
miró fríamente. —Y espero que no
hayas tenido nada que ver en esto,
madre.
Noelle perdió todo el color de la
cara siguiéndole a toda prisa. May salió
tras ellos cerrando la puerta y Jason
salió de la cocina corriendo con un
trapo mojado en la mano. Cuando llegó
al salón parpadeó sorprendido y sacó la
cabeza del salón para gritar al piso de
arriba. —¿Estáis ahí?
Capítulo 9
May y Noelle sentadas en la sala
de espera del Presbyterian se miraron de
reojo viendo a Craig acercarse de nuevo
a la recepción para preguntar por Lorrie.
Estaba de los nervios y aunque Noelle
había intentado explicarse, él no la
había dejado porque no era el sitio
adecuado para hablar de esas cosas. —
Ahora solo quiero saber que está bien,
¿entendido? —había dicho furioso
levantándose del asiento y alejándose de
ellas.
—Dios mío… —Noelle se pasó
la mano temblorosa por la frente. —
Acabo de perder a mi hijo.
—Tranquila. Lo solucionaremos.
Esto es el principio, no el final.
La miró con rencor. —¡No tenía
que haberte hecho caso! ¡Tenía que
haber dejado las cosas como estaban!
—Que escondas la mierda no
significa que no siga ahí. Ahora Lorrie
podrá empezar de nuevo. —Miró a
Craig, que después de hablar con la
recepcionista se volvió pasándose las
manos por su cabello negro demostrando
lo nervioso que estaba. —Podrán
empezar de nuevo.
—¡Sin mí! ¡Porque ahora sí que
me van a echar a patadas!
—Igual tendrás que sacrificarte
un par de años. Pero Lorrie no es
rencorosa. —Hizo una mueca. —Tu hijo
lo es más. Pero te quiere, te perdonará.
La miró con asombro. —¿Que
me sacrifique?
—Ya va siendo hora, ¿no crees?
Por su felicidad. En cuanto tengan el
primer niño se les pasa.
—Te voy a…
—Ah, ah… Contrólate, guapa.
Ahí viene Craig.
Caminó ante ellas de un lado a
otro y las miró impaciente. —Tardan
mucho.
—Hijo, no llevamos aquí ni dos
horas. Seguro que tienen mucho trabajo.
Pero no es nada, te lo digo yo. De
jovencita me desmayé varias veces y es
algo temporal.
—¿Y lo del pie? —Se agachó
mirándola a los ojos. —¿Por qué estaba
el salón destrozado, madre?
Noelle forzó una sonrisa. —¿No
querías hablar de esto en casa?
Craig entrecerró sus ojos verdes.
—Se lo has dicho, ¿verdad?
—¡Fue culpa suya! —Señaló a
May asustada. —Ella me convenció
para que empezarais de cero. No quería
hacerle daño. Intenté que lo
comprendiera, pero se tiró sobre mí
fuera de sí y… Al quitármela de encima
tiramos el jarrón de cristal, pero ella se
lanzó sobre mí de nuevo. Solo quería
librarme de ella. —Abrió los ojos como
platos. —Y vaya fuerza que tiene.
Sobrehumana. —Craig apretó las
mandíbulas con fuerza y añadió
rápidamente —Entonces la empujé y
escuché su grito mientras yo me
levantaba. ¡Vi que se había cortado y la
ayudé! Creo que se desmayó de los
nervios.
—Sí, se desmayó de los nervios
—la apoyó May—. Pero es lógico. La
verdad es dura de asumir. —De repente
sonrió dejándole de piedra. —Y nos
hemos librado de Jason. —Entrecerró
los ojos. —Igual después de salir de
aquí, deberíamos llevarla a otro sitio.
Para quitar del medio al favorito.
Craig se tensó. —¡No es el
favorito! ¡Ese soy yo!
—Pues ella ha dicho… —La
fulminaron con la mirada. —Vale, que
se haya acostado contigo es un punto
más, aunque ella no lo vea de ese modo.
—¡Es que no hay otro modo de
verlo! ¡Es mi mujer! ¡Ese hippy puede
irse por donde ha venido!
La puerta se abrió y ansiosos
miraron hacia allí para ver a Lorrie con
unas zapatillas desechables, apoyándose
en unas muletas y caminando a la pata
coja. En ese momento se acercaron dos
enfermeras ansiosas por sacarse una
foto. Craig gruñó acercándose a ella
aliviado porque parecía estar bien,
cuando el médico salió tras ella. Pareció
sorprendida de verle mientras el doctor
le entregaba unas recetas. —Esto es
para el dolor y una pastilla para dormir
durante tres días, a ver si nos relajamos
un poco. —Le guiñó un ojo antes de
alejarse hablando con las enfermeras
que parecían entusiasmadas.
—¿Cómo estás? —Apartó un
mechón de su cabello rubio de las
mejillas y se dio cuenta de que no podía
hablar de la emoción. Con cuidado
agarró sus muletas tendiéndoselas a su
madre, que las cogió de inmediato
mientras May cogía los papeles de su
mano. —Ven, nena.
Ella le miró a los ojos en
silencio y alargó las manos. Craig sintió
que era un triunfo porque no le
rechazaba y con cuidado la cogió en
brazos pegándola a él. La escuchó
sollozar contra su cuello.
—Shusss, preciosa… —La
abrazó más a él queriendo protegerla. —
Se acabó. No quiero que sufras más por
esto. —Lorrie se abrazó a su cuello y
sintió como las lágrimas mojaban su
piel. —Odio verte así —susurró
saliendo del hospital—. A partir de
ahora solo quiero risas como cuando me
fastidiabas para sacarme de quicio
mientras estaba estudiando en el salón.
¿Lo recuerdas? Tarareabas y me
desconcentrabas a propósito. Te reías
cuando te miraba exasperado. Me muero
por ver a esa Lorrie de nuevo, cielo. Y
sé que está ahí. La he visto en tus
videos. Quiero que vuelva mi Lorrie.
—¿Quieres?
—No hay nada que desee más.
May levantó un brazo deteniendo
a un taxi. Después de que ella abriera la
puerta, él la metió en el vehículo con
sumo cuidado. Craig cerró la puerta y
Lorrie muy confusa cerró los ojos
apoyando la cabeza en el respaldo.
Cuando abrió la otra puerta y se sentó a
su lado los abrió de nuevo para verle
sonreír. —Enseguida estaremos en casa,
nena.
—Tenemos que comprar los
medicamentos —dijo May sentándose
delante y dándole las indicaciones al
taxista, mientras Noelle se sentaba al
otro lado de Craig en silencio.
Craig la abrazó por los hombros
pegándola a él—. ¿Te duele mucho el
pie?
—No. Me han inyectado algo
para ponerme los puntos. —Se sintió tan
bien a su lado… Que la abrazara de esa
manera como si quisiera protegerla la
emocionó de nuevo y se recostó sobre él
sin poder evitarlo.
Craig cerró los ojos aliviado
porque no le rechazara. En ese momento
dio gracias a Dios porque no le
rechazara después de todo el daño que
le habían hecho.
—No puedo posar el pie en una
semana. —Una lágrima mojó su camisa
y él acarició su espalda.
—No pasa nada. Nosotros te
cuidaremos —dijo May volviendo la
cabeza y sonriendo—. Puedes tener a
Noelle de esclava. Te la regalamos.
La aludida jadeó de la
indignación —Oye, que ya me ha pegado
una paliza. —Señaló el ojo. —¡Éste se
me va a poner morado!
May chasqueó la lengua como si
eso no hubiera sido suficiente y Lorrie
sonrió sin darse cuenta. —Te acabas de
quedar sin la camisa esa que te gusta
tanto.
Noelle la miró arrepentida y
preguntó —¿Me perdonas?
Craig se tensó. —Madre…
Ellas se miraron a los ojos y
cuando Lorrie no contestó, Noelle
apretó los labios. —Lo entiendo, de
verdad. Yo tampoco te perdonaría. —
Miró al frente. —Pero hice lo correcto.
—¡Madre!
Lorrie se enderezó de golpe
apoyándose en él. —¿Qué has dicho?
—Si no lo hubiera hecho…
¡Todo habría sido muy distinto! —
Levantó la barbilla orgullosa. —¡No
contaba con lo del dinero, pero eso fue
porque mi madre no fue sincera
conmigo! ¿Yo qué sabía?
—¡Trece años! —le gritó a la
cara—. ¡Me mantuvo lejos trece años!
—¡Y mira lo que esos años han
hecho de vosotros! Los dos triunfáis en
vuestras carreras. Sois los mejores en lo
vuestro. Si no hubiera intervenido, ¿qué
habría pasado?
—¡No lo sabemos porque
metiste la nariz como siempre! Y lo
hiciste para dejar a tu novio —dijo
incrédula.
—Bueno, es que así mataba dos
pájaros de un tiro… Siempre he sido
muy práctica.
La miró sin poder creérselo. —
Práctica. —Miró a Craig alucinando. —
Está loca.
—Bueno, nena… A mí no me
metas que estoy en medio.
—¡Pues bien que te pusiste de su
lado!
—No, no me puse de su lado.
Me puse de mi lado por los cuernos que
creía que tenía en ese momento.
Aquello era surrealista. —¿Qué
cuernos? ¡No éramos nada!
—Nada, nada… Nena, no me
hagas hablar. ¡Tú lo sabías!
—¿Y qué? ¡Era libre para hacer
lo que me diera la gana!
—¡No, no eras libre! —le gritó a
la cara—. ¡Porque eras mía!
A Lorrie se le cortó el aliento
mientras su corazón se ponía del revés.
Iba a decir algo, pero Craig siseó —
Atrévete a negarlo.
Cerró la boca y se enderezó en
su asiento mirando por la ventanilla y
cruzándose de brazos confusa. ¿Por qué
no podía negarlo? Quizás porque a pesar
de haber tenido oportunidades a
puñados, había rechazado a hombres
toda su vida. No directamente, claro…
Pero se había hecho la tonta y ellos al
final habían perdido el interés por su
falta de entusiasmo. Miró de reojo a
Craig que sonrió satisfecho. Gruñó
apartando la mirada y negó con la
cabeza. May había dicho que ella estaba
loca por él en aquel entonces y era
cierto. Le observaba a escondidas y
aunque protestaba cuando la controlaba,
a ella le encantaba. Y por supuesto que
casi le pilla en una de sus sesiones de
sexo individual. Había sentido algo en
su interior que le había hecho pegar la
oreja a la pared para escucharle. Ni
supo lo que se le pasó por la cabeza.
Simplemente se moría por verlo en
directo, pero él la echó de su habitación
a gritos. Se sintió ridícula y cerró la
puerta de un portazo. Después de eso
todo empeoró porque aunque a veces
escuchaba sus susurros al otro lado,
llegó a pensar que no escuchaba bien y
que él no sentía lo mismo por ella.
Empezaron los roces. Eso provocó que
él la controlara más y llegó un punto que
tenía que dar explicaciones de todo lo
que hacía. Sintió que se ahogaba y su
rebeldía adolescente salió a la luz.
Estaba claro que no sabían canalizar lo
que sentían en ese momento y era lógico
porque ella era un adolescente y él un
hombre.
Craig, preocupado porque estaba
muy seria, miró a su madre que tampoco
le quitaba ojo. Noelle se encogió de
hombros.
El taxi se detuvo y May alargó la
mano hacia atrás. —Craig la cartera.
Voy a entrar en la farmacia.
Él se la dio sin protestar
mirando a Lorrie que seguía sumida en
sus pensamientos y no debía pensar nada
bueno porque ahora fruncía el ceño.
¿Qué hubiera pasado si se
hubiera quedado? Analizando esa
posibilidad pensó en ello seriamente.
Craig le había dicho que no sabía cuánto
tiempo habría aguantado sin hacer nada,
¿pero cómo habría reaccionado la
abuela? Mal, seguramente. Ambos eran
primos para ella. Y la diferencia de
edad… Chasqueó la lengua negando con
la cabeza. Aunque igual no le hubiera
importado. Ella tenía pasta y les
mantenía. ¿Pero habrían durado?
Miró de reojo a Craig que estaba
muy tenso a su lado pendiente de ella.
—No, eso no es importante —masculló
antes de seguir con sus pensamientos.
—¿Y qué es importante, nena?
Le fulminó con la mirada. —
Nada que te importe. —Señaló a Noelle
con el dedo. —¡No tiene derecho a
meterse en mi vida y trastocarla de esa
manera!
—Tienes toda la razón —dijo
intentando calmarla al ver que se
alteraba de nuevo—. Nena, relájate que
no queremos que te desmayes otra vez.
—¡No voy a desmayarme! —le
gritó furiosa—. ¡La quiero fuera de mi
casa esta misma noche! —Entrecerró los
ojos. —Seguro que si hablo con Calvin,
puede meterla en la cárcel y todo.
—¿Harías eso? —preguntó su tía
asombrada.
Levantó las cejas
exageradamente aparentando sorpresa.
—¿Tú qué crees, maldita manipuladora?
¡Por tu culpa me echaron de mi casa!
Noelle se sonrojó. —Vuelvo a
decir que yo creía que era algo temporal
y que del dinero no sabía…
—¡Cierra la boca! —Miró a
Craig como si quisiera matar a alguien.
—Haz que se calle o me la cargo. ¡Y
entonces acabaré en la cárcel! —Craig
sonrió dejándola de piedra. —¿De qué
te ríes, idiota?
—Eso, nena… desahógate, no te
lo dejes dentro.
Le arreó un tortazo y Noelle
jadeó asombrada mientras Craig tomaba
aire por la nariz encajando el golpe. —
Muy bien, me lo merezco. Ahora… —Le
arreó otro tortazo y el taxista reprimió la
risa mirándole por el espejo retrovisor.
Craig gruñó cogiéndola por la muñeca.
—Mejor desahógate a gritos.
—¡Qué te den! ¡A ti y a la
capulla de tu madre!
—Niña, qué lengua —dijo su tía
con reprobación.
—¡Qué te den!
May entró en el taxi sonriendo
de oreja a oreja. —Ya estoy aquí. ¿Qué
me he perdido?
—Ahora la está tomando con el
chico —dijo el taxista divertido.
—Ah, no. —Se volvió para
mirarla muy seria. —Deja a Craig en
paz, que él no ha hecho nada.
—¡Exacto! ¡No hizo nada! —Se
enderezó cruzándose de brazos de
nuevo. ¿Habría funcionado su relación?
Por supuesto que no, porque en cuanto
se había sentido defraudado le había
dado la espalda como los demás.
En cuanto llegaron a casa ella
abrió la puerta del taxi queriendo salir
de allí cuanto antes porque el silencio la
estaba asfixiando. —Espera nena, que…
La puerta de la casa se abrió y
Jason salió corriendo y muy preocupado
se acercó. —¿Estás bien?
—Ayúdame a llegar a… —Ni
tuvo que terminar porque ya la había
cogido en brazos. —Gracias.
—¿Qué ha ocurrido? ¿Qué te ha
dicho el médico? Porque has ido al
médico, ¿verdad? Aquí llegó uno, pero
no sabía qué decirle.
—Me han puesto unos puntos. —
Sonrió intentando relajarle. —No es
nada.
Él suspiró del alivio subiendo
los escalones que llevaban a la casa
mientras los tres les observaban con el
ceño fruncido. —Ese tío empieza a
tocarme los huevos.
—Sí, hijo… A mí también. —La
miraron y se encogió de hombros. —Ya
me entendéis.
—Está claro que se apoya
demasiado en él. Algo tendremos que
hacer para deshacernos de ese
entrometido. —May asintió. —Algo
drástico.
—¡Ella me quiere a mí!
—Ya, cariño… Pero el cabreo
no la deja ver más allá. Tranquilo, que
algo se me ocurrirá.
—¡Ah, no! ¡Tú no hagas nada! —
Furioso fue hasta la casa. —Madre,
empieza a hacer las maletas.
Noelle bufó mirando a May. —
¿Se te ocurre algo?
—Creo que hay maletas en el
desván.
—Muy graciosa. ¡Hablo de los
chicos!
—Las cosas volverán a su cauce
tarde o temprano. Si no pueden dejar de
tocarse.
Los ojos de Noelle brillaron. —
Eso es cierto. La niña caerá tarde o
temprano por muy enfadada que esté.
—¿Qué se te ha ocurrido ahora?
—Asombrada vio que iba hacia la casa.
—Noelle, cuidado que ya sabes que
después…
—¡No fue culpa mía! Mi plan
salió de perlas. —La miró maliciosa
justo antes de entrar. —Además,
primero tengo que pensar en cómo
librarme del australiano.
—Que Dios nos ayude.
Craig entró en la casa para ver
que el surfero la había sentado en el sofá
e iba a darle una copa de coñac. —¿Qué
coño haces? ¡No puede beber! ¡Está
medicada!
Parpadeó sorprendido. —Ah,
como me la ha pedido.
—¡Nena! —Le arrebató la copa
antes de poder llevársela a los labios.
—¡Era para ver si me anestesia y
no pienso en toda esta mierda un rato!
—¡La última vez ya sabes lo que
ocurrió! ¡No se mezcla alcohol con
medicamentos! —Se bebió él la copa de
golpe. —Joder, cómo necesitaba esto.
—¿Qué tal una pastillita para
dormir? —dijo May mirándola como si
fuera una bomba de relojería—. Eso te
hará dormir de un tirón.
—Dame dos.
Todos pusieron los ojos en
blanco y Jason reprimió la risa. —¿Te
ayudo a llegar a la cama?
—¡Tócale un pelo y te juro que
vuelves a Australia en una caja de pino!
—dijo Craig agresivo.
—Tío, deberías relajarte. —Se
apartó un mechón de pelo de su hombro
y los tres parpadearon del asombro
mientras Lorrie cerraba los ojos
haciendo una mueca.
Alucinado miró a Lorrie antes de
mirarle a él de nuevo. —¿Eres gay?
Jason se sonrojó con fuerza. —
¿Pero qué dices, tío? ¡Ahora sí que voy
a tener que partirte la cara! —el gallito
final no le dio mucha credibilidad y
Lorrie gimió de nuevo.
—Déjalo, Jason.
Craig la miró furioso. —¿Has
intentado darme celos con éste?
—No, la verdad —contestó
agotada de repente—. Salió solo.
—¿Salió solo? —gritó a los
cuatro vientos—. ¡Ya me parecía a mí
raro que un tío te dejara escapar dos
años!
Jadeó indignada. —Pues los he
tenido a puñados, ¿sabes?
—¡Claro que lo sé! ¡Solo hay
que verte!
Jason la miró asombrado. —
¿Piensas que soy gay? ¡Eso me pasa por
ir de sensible por la vida!
Parpadeó sin poder creérselo y
se sonrojó. —¿No lo eres?
—¡La madre que me parió!
¿Desde cuándo piensas eso?
—Bueno… es que… Hemos
dormido juntos y no has…
—¡Porque me gustabas
demasiado para meter la pata!
—Ah, ¡qué no es gay! —
preguntó Craig furioso—. ¿Y has
dormido con él?
—Estábamos de camping. —Se
puso como un tomate sin poder evitarlo.
—Solo había un saco.
—¡Encima en un saco de dormir!
—Miró a Jason como si quisiera
matarle. —Te voy a…
—¡Eh! ¡Qué es una mujer libre!
Y no hice nada. ¿Acaso estás sordo?
—Escucha lo que quiere —dijo
Lorrie cansada del tema antes de sonreír
a Jason—. Así que no eres gay. Genial.
—¿Cómo que genial? —preguntó
Craig muy tenso.
—Pues eso. Genial.
—¿No te gustará este tío?
—¿Es que no has escuchado en
la cena que soy su favorito?
—¡Eso era cuando creía que eras
gay! —Miró a Lorrie a los ojos. —¿Te
gusta? ¿Más que yo?
Uff, qué pregunta. —May, la
pastilla.
—Sí, cielo —dijo acercándose a
ella con un vaso de agua—. Toma esto a
ver si dejas de escucharles. Están muy
pesados.
—Y que lo digas.
—¿Lorrie? Estoy esperando. —
Craig dio un paso hacia ella mientras
bebía el vaso de agua. —Nena, no puede
atraerte más que yo. Nosotros tenemos
una conexión.
Jason bufó. —Anda y nosotros.
—¿Quieres cerrar la boca?
¡Estoy hablando con mi mujer!
—Ciérramela tú si puedes.
—¡Ya está bien! —Ambos la
miraron. —No tengo que decidir nada.
—Así se habla, sobrina. Tú pon
las cosas claras.
—¡Y tú haz las maletas!
—Uy, no. Es muy tarde. Mejor
mañana.
Gruñó alargando la mano hacia
Craig que de inmediato se la cogió para
levantarla. Antes de que pudiera
protestar ya la había cogido en brazos
para sacarla del salón. Ella suspiró
apoyando la cabeza sobre su hombro. —
No me extraña que estés agotada. —La
besó en la sien. —Entre rechazarme,
estar en la cárcel y todo lo demás…
Jason asombrado vio como
subían las escaleras e indignado puso
los brazos en jarras. —¡Esto es el
colmo! —Se volvió hacia las mujeres.
—¿Dónde duermo?
—Pues hay un hotel buenísimo
cerca del parque —dijo Noelle con una
sonrisa de oreja a oreja.
—Más quisieras —siseó
subiendo las escaleras—. Da igual. Si
yo duermo en cualquier parte.
May sonrió divertida y dijo en
voz bien alta —Última puerta de la
izquierda.
—Genial.
Craig entró en la habitación de
Lorrie y cerró la puerta con el pie
importándole un pimiento donde
durmiera mientras no fuera en esa
habitación. La tumbó con suavidad en la
cama y ella le miró a los ojos cuando se
sentó a su lado. —¿Por qué insistes?
A él se le cortó el aliento. —
Porque te quiero, nena.
Le miró como si la hubiera
decepcionado antes de girarse dándole
la espalda. Estaba claro que era una
respuesta equivocada.
Capítulo 10
Sintió un beso en la espalda y
como apartaba su cabello para seguir
hasta su hombro. Suspiró de gusto medio
dormida y dejó que la tumbara boca
arriba besando su cuello. —Buenos
días, nena —susurró contra su piel. Al
sentir su miembro erecto contra su muslo
se despertó del todo sintiendo que la
excitación aumentaba. Abrió los ojos y
gimió cuando acarició sus pechos. Craig
sonrió para mirar su rostro antes de
decir con voz ronca —. Tu cuerpo se
despierta antes que tú.
—¿Estoy desnuda? —preguntó
casi sin voz antes de cerrar los ojos de
placer al sentir sus labios sobre sus
pechos—. Dios…
—¿Te gusta? —Lamió su pezón
endurecido antes de mordisquearlo. —
No podía dejar que durmieras incómoda
—dijo colocándose entre sus piernas
mientras ella le hacía espacio
inconscientemente—. ¿Estás cómoda?
Se sujetó en sus hombros al
sentir la dureza de su sexo en sus
húmedos pliegues y gimió de placer
cuando la acarició de arriba abajo
rozando su clítoris. —Mucho.
—Eso pensaba. —Entró en ella
de un solo empellón haciéndola gritar de
placer. Craig atrapó sus labios ahogando
su grito y la besó tan intensamente, que
Lorrie se olvidó de todo abrazando su
cuello porque necesitaba aferrarse a él.
Craig apartó sus labios saliendo de ella
lentamente y mirándose a los ojos entró
de nuevo en su interior con fuerza. Fue
como si la traspasara un rayo y gimió
arqueando la espalda. Craig cogió su
muslo y susurró —Rodéame, nena.
Quiero que me sientas del todo. —Lo
hizo acariciando sus nalgas con la
pierna sana. Gruñó cogiéndola por la
cintura y sentándose sobre la cama. Al
sentarse sobre él, cerró los ojos de
placer antes de que Craig la besara
sujetándola por los glúteos y la elevara
para dejarla caer sobre su miembro. Fue
una sensación exquisita que quiso volver
a sentir y apoyándose en él repitió el
movimiento con su ayuda. —Eso es,
nena —dijo apasionado antes de besar
su labio inferior—. Lo haces de
maravilla.
Ida de placer sintiendo el roce
de sus pechos contra su torso, se elevó
de nuevo una y otra vez. Su vientre se
tensó poco a poco hasta apretarle con
fuerza en busca de liberación y Craig la
tumbó de nuevo sobre la cama
perdiendo el control. Gritó de necesidad
cuando con cada empellón se acercaba
al placer que estaba desesperada por
conseguir, hasta que Craig besando su
cuello entró de nuevo en ella haciendo
que cada fibra de su cuerpo se tensara,
estallando en un éxtasis liberador.
Laxa y agotada dejó que él
besara el lóbulo de su oreja mientras
aún disfrutaba del orgasmo que le había
proporcionado. Dios, ¿cómo podría
vivir sin eso ahora que lo conocía? Él
acarició su cintura. —Lorrie tienes que
tomar las pastillas. No te duermas.
Abrió los ojos y sonrió. —¿Qué
hora es?
—Las ocho.
Frunció el ceño. —¿No tienes
que trabajar?
—Es sábado. —La miró con
picardía. —Tengo todo el fin de semana
para hacer el amor. ¿Qué te parece?
Se echó a reír. —Agotador.
Acarició su seno mirándola
posesivo. —Joder, nena… Es que me
excito solo con verte.
—¿Desnuda o vestida?
Él frunció el ceño. —Espera que
lo piense.
—¡Eh!
Craig se echó a reír. —En
realidad, hasta tu voz me excita.
—¿Antes también? —preguntó
con curiosidad.
—Va a parecer algo
pervertido…
Le acarició la nuca. —Cuenta,
cuenta.
Craig sonrió. —El baile de
Grease de fin de curso. ¿Lo recuerdas?
—Sí, hacía de Sandy.
—Fue verte con aquella falda de
los sesenta con el jersey rosa y tener
sueños para una buena temporada. Hasta
que te vi desnuda, que ahí me di cuenta
de que tenía un problema grave.
Ella se echó a reír a carcajadas y
él sonrió. —Hablo en serio. Creía que
no estaba bien de la cabeza.
Sonrió y acarició su mejilla. —
Yo me toqué pensando en ti.
A Craig se le cortó el aliento. —
¿De veras?
Se movió bajo su cuerpo
excitándose de nuevo. —Mmm, me
ponía mucho escucharte al otro lado de
la pared. —Sintió como él se endurecía
de nuevo en su interior. —A veces iba a
mi habitación con alguna excusa para
intentar descubrir qué hacías. Y aunque
no estuvieras haciendo nada, me
excitaba solo con la posibilidad. —Él
se movió lentamente en su interior
haciéndola gemir. —Y soñaba que
hacías esto.
—¿De veras, preciosa? Dime lo
que te hacía. Porque voy a cumplir todos
tus sueños.
Estaba sentada en el sofá con la
Tablet en la mano viendo videos de la
competencia cuando Craig entró vestido
con unos vaqueros y un polo verde que
resaltaba el color de sus ojos. Se sentó a
su lado y cogió sus piernas
poniéndoselas sobre los muslos antes de
suspirar mirando unos papeles.
—Nena, ¿dónde está tu amigo?
—preguntó como si nada acariciando su
empeine con la mano libre.
Reprimió una sonrisa. —Se
levanta muy tarde.
—¿No me digas? —siseó
pasando la hoja como si la hubiera leído
—. ¿Y cuándo se va?
—Cuando quiera. Mi casa
siempre estará abierta para él.
Le escuchó gruñir, pero
afortunadamente no dijo nada. May entró
en el salón y carraspeó. Ambos la
miraron. —Hay algo en el jardín que…
No sé qué hacer. Se ha cagado en la
puerta de la cocina.
—¿Qué es? —preguntó Craig
levantándose con cuidado para no hacer
daño a Lorrie—. ¿Una rata? Ya le dije a
la abuela hace años que necesitamos un
gato.
—Qué asco. —Volvió a mirar la
Tablet estremeciéndose. —Había
olvidado las ratas de esta ciudad. Son
grandes como conejos.
—No, no es una rata. Creo que
es un bicho maltés de esos. Ahora están
de moda.
Lorrie levantó la vista hacia ella.
—Querrás decir bichón maltés.
—Lo que sea.
Miró a Craig preocupada. —¿Se
habrá perdido?
Se encogió de hombros. —
Cuando sepa lo que es…
—Es un perro, Craig. Son
perritos monísimos. Blanquitos y
pequeñitos.
—Mierda, ahora tendré que
poner un anuncio por el vecindario.
Salió del salón y May hizo una
mueca. —Creo que no va a tener que
poner un anuncio.
—¿Ah, no? ¿Sabes de quién es?
—Creo que es un regalo para ti.
Tiene un lazo rojo en el cuello.
Chilló de la alegría levantándose
y para asombro de May caminó sobre su
pie herido cojeando para ir hasta la
cocina. —Eso, deja las muletas. Total,
para lo que sirven.
Al entrar en la cocina vio a
Craig con el cachorrito en brazos
elevándole para mirarle a la cara y
volvió a chillar de la alegría al ver a
aquella cosita que era todo pelo blanco
con un enorme lazo rojo atado al cuello.
—¡Es precioso!
Craig la miró sorprendido. —
Nena, no deberías apoyar el pie.
Sin hacerle ni caso cogió al
cachorrito en brazos. —Qué bonito. —
Lo pegó a ella achuchándole. —¡Qué
bonito!
Él sonrió al ver su emoción. —
¿Te gusta?
—¿Que si me gusta? Éste ya no
se despega de mi lado. —Lo levantó
para mirar su carita. —Es lo más bonito
del mundo. —Lo pegó a ella de nuevo
mirando el lazo rojo. —¿No trae tarjeta?
—No. —Frunció el ceño yendo
hasta la puerta de atrás y abriéndola
para salir.
—¿Entonces tenemos nuevo
miembro en la familia? —preguntó May
divertida.
—El rey de la casa. —Abrió los
ojos como platos. —Le voy a llamar
Simba.
La puerta de la cocina se abrió
de nuevo. Craig frunció el ceño mirando
al cachorro. —No, no hay tarjeta.
—¿Un admirador secreto? —
preguntó May acercándose para
acariciar la cabeza del perrito.
—¡Lo que me faltaba! ¡Cómo no
hay bastantes en el piso de arriba!
En ese momento entró Jason en
pantalones cortos y sin camiseta
rascándose el torso y bostezando. Les
miró de reojo yendo hacia la nevera. —
Buenos días.
—¡Querrás decir tardes!
—Pues eso.
Lorrie reprimió una sonrisa
acercándose. —Mira lo que me han
regalado.
Jason sonrió. —Tan bonito como
su dueña.
—Se llama Simba.
—Nena, tenemos que averiguar
si es para ti. —Craig frunció el ceño de
nuevo. —¿Has dicho en los videos
donde vives?
—No, claro que no. No soy
tonta. —Caminó hasta él cojeando. —
¿Crees que no es para mí?
—¿Cómo han entrado en el
jardín para dejarlo? —Craig se tensó y
Jason también.
—Yo escuché un ruido esta
mañana temprano. Mi habitación está
encima, ¿no es cierto?
—Sí. —Craig volvió a salir al
jardín y Jason le siguió.
Ellas se miraron y en ese
momento escucharon que se cerraba la
puerta de la calle. Estiraron el cuello
hacia el hall para ver entrar a Noelle
cargada de bolsas de las mejores tiendas
de la ciudad. Puso los ojos en blanco.
—No quiero saber de dónde ha sacado
el dinero.
—¿Le has bloqueado las
cuentas?
Bufó porque se le había
olvidado, pero seguro que Calvin sí que
lo había pensado. —Yo ya no suelto un
dólar más. Que se ponga a trabajar.
—Muy bien dicho. ¿Necesitas
asesora de imagen?
—¿Qué?
—Tengo la sensación de que
algo así te va a proponer.
—¡Estarás de broma! —Su
cachorro soltó un ladridito. —Oh, ¿has
visto, May? Es para comérselo.
—Ya verás cuando te mee por
toda la casa.
Hizo una mueca. —Le enseñaré
enseguida. Tiene pinta de ser listísimo.
Escucharon los tacones de su tía
acercándose a la cocina y se detuvo en
seco al verlas allí. —Eso no será un
perro…
—Pues sí.
—¿Un perro en esta casa? ¿En
una casa del siglo diecinueve que tiene
antigüedades? ¡Esa cosa lo estropeará
todo!
—Como no estarás aquí para
verlo, da igual, ¿no crees?
Gruñó cruzándose de brazos. —
Está bien. Haz lo que quieras.
—Eso pienso hacer —dijo
mirando su vestido de seda azul pavo
real—. ¿Vestido nuevo, tía?
—¿Este trapo? Lo tengo desde
hace siglos.
—Es de hace dos semanas —
dijo May empezando a cortar unas
verduras.
—¡Serás chivata!
—¿Dónde has estado?
—¿Yo? Dando una vuelta. He
desayunado con una amiga. —Se acercó
a ella. —¿Y el chucho? ¿De dónde ha
salido?
—Es un regalo. —Miró a Simba.
—Creo.
En ese momento entraron los
hombres con cara de preocupación. —
¿Qué pasa? —preguntó su tía cogiendo
el perro de sus manos sorprendiéndola
cuando empezó a acariciarlo. Sin salir
de su asombro vio como le acariciaba la
barriga. Parecía que le encantaba.
Increíble cuando hacía dos segundos le
había llamado chucho.
Volvió a cogérselo de sus brazos
y siseó —Es mío.
Chasqueó la lengua. —Pues ya
me pedirás que lo saque.
Se sonrojó porque ella no podía.
—Ya lo hará May.
—Ah, no. Yo ya tengo mucho
que hacer.
—¡Pues Craig!
—Nena, yo puedo sacarlo
cuando llegue del trabajo, pero no antes.
Jadeó indignada. —¿No me vas
a ayudar?
—Claro que sí. Cuando llegue
del trabajo.
Jason miró hacia arriba
haciéndose el loco. Gruñó mirando a su
tía que sonrió radiante diciendo —
Cuando quieras puedes pedírmelo.
—Espera sentada. Como si tengo
que ir cojeando todo el camino.
—¿Con las muletas? ¿Por cierto
dónde están?
Craig se acercó cogiéndola en
brazos. —Como te hayas saltado los
puntos…
Acarició a Simba. —Ha
merecido la pena.
Todos sonrieron al verla tan
ilusionada con el cachorro y en cuanto la
sentó en el sofá Noelle lo hizo a su lado
hablando de las cositas que tendrían que
comprarle.
Él se acercó a la puerta donde
Jason las observaba muy serio con los
brazos cruzados. —¿Qué opinas?
—Opino que alguien ha entrado
en el jardín saltando un muro de dos
metros y ha dejado al cachorro. Eso
opino.
—Joder… —Se pasó la mano
por la nuca mirando de reojo a Lorrie
que había dejado que Simba caminara
por el sofá. —El otro día dijo en uno de
sus videos que buscaría novio y que
quería un perro.
—Lo vi en el avión. Le he dicho
mil veces que se expone demasiado. —
Le miró a los ojos. —Pero no hace caso.
Cualquier pirado puede creer que es una
invitación a tener algo con ella.
—Eso me preocupa, no voy a
negarlo. Pero me preocupa más el hecho
de que el que saltó el muro podría haber
entrado tranquilamente por la puerta de
la cocina. No tiene un cierre
precisamente seguro. —Jason apretó los
labios. —Joder, necesitamos una
alarma.
—Sí, y cuanto antes mejor.
Él se volvió poniendo los brazos
en jarras y ella le sonrió radiante. —
Tenemos que ir de compras. Necesita un
comedero y esas cosas.
—¿Por qué no va mi madre a
comprar todo lo que necesita?
—¡No! Quiero hacerlo yo.
—Tu pie…
—Iré con las muletas. No pasa
nada.
—Me apunto —dijo Jason
acercándose y cogiendo el cachorro—.
Esto va a ser divertido, ¿verdad
campeón?
El cachorro se meo en ese
momento empapándole el pecho desnudo
y todos reprimieron la risa al ver su cara
de asco. Extendiendo los brazos se lo
entregó. —Qué bonito, el chucho.
—Es que no se controla…
todavía. —Rió divertida. —Lo siento.
—Es que es muy listo y está
marcando territorio —dijo Craig irónico
—. Así que toma nota.
—Muy instructivo. Voy a
ducharme. —Se detuvo en la puerta y se
volvió. —Ese perro es caro, ¿verdad?
Es de pedigrí.
—Claro que sí —dijo Noelle
acariciando el lomo del cachorro—.
Solo hay que verle. Es un regalo de
primera. Seguro que te lo ha regalado
alguien que te aprecia mucho. Se nota
que tiene buen gusto. Para quien le
gusten los perros, claro.
Los hombres se miraron antes de
que Jason saliera del despacho.
—Tía, ¿por qué nunca tuvimos
un perro?
—Tu abuela no podía ni verlos.
—Sonrió al cachorro. —Pero ahora
estás tú aquí, ¿verdad? —Vieron
atónitos como el cachorro se subía a sus
piernas y no protestaba por el vestido.
¡Estaba más encantada que ella!
Increíble. Esa mujer nunca dejaba de
sorprenderla.
Lorrie miró a Craig que tampoco
daba crédito. —Madre, voy a ir a por el
coche. ¿Puedes buscarme las llaves del
Mercedes de la abuela? Hay que sacarlo
de vez en cuando.
—Sí, claro. —Se levantó
extrañada y salió del salón.
—Voy a apagar el ordenador.
—Vale, te espero aquí —dijo
cogiendo a su cachorro de nuevo
fascinada por él.
Salió a toda prisa y se cruzó con
su madre en la puerta del despacho. Ya
tenía las llaves en la mano. —Toma,
pero…
—Madre tienes que quedarte.
—¿Qué? —preguntó
decepcionada—. Parece que no está
enfadada conmigo. Se le ha pasado. ¿Por
qué no puedo ir? ¿Sigues furioso por lo
de ayer?
La metió en el despacho y cerró
la puerta. —Madre, un desconocido se
ha metido en la casa para dejar al perro.
Tienes que llamar a alguien para que
venga a poner una alarma de inmediato.
—¿Cómo que se ha metido en la
casa? —preguntó asustada.
—Bueno, el perro estaba en el
jardín y él solo no ha podido saltar el
muro.
—Entiendo. —Pensó en ello
distraída.
—¿Madre?
—Sí, sí, claro. Yo me encargo
de todo.
—Que sea seguridad de primera,
madre. Y no quiero que Lorrie se dé
cuenta. Ya veré como la entretengo.
—Tranquilo. Tengo un conocido
que se dedica a eso. Le llamaré de
inmediato.
Craig asintió cogiendo las llaves
de su mano. —Gracias.
—¿Crees que es peligroso?
—Con la alarma estaremos
seguros. No te preocupes. —La besó en
la frente. —Tengo que irme antes de que
baje el surfero.
—Sí, hijo. Déjalo todo en mis
manos.
Le observó ir hacia la salida
para ir a buscar el coche. Un admirador
chiflado. Lo que les faltaba para liar las
cosas. Aquello no iba bien.
May puso los ojos en blanco al
ver como Craig acorralaba a Lorrie de
nuevo contra una de las estanterías y le
susurraba cosas al oído haciéndola reír.
Con el perro en brazos le miró a la cara.
—¿Llevarás tú los anillos? Ahora eso se
lleva mucho. Tendremos que enseñarte.
El dependiente se puso a su lado
y les miró exasperado. —¿De verdad?
—¿Qué pasa? Están enamorados.
Tú a lo tuyo o les digo que no te
compren nada.
Levantó las manos en son de paz.
—Vale… —Se alejó refunfuñando —
Cómo se pone la casamentera.
Jadeó volviéndose, pero ya se
había metido tras el mostrador. —Será
sabiondo. —Miró hacia sus chicos y
sonrió porque se estaban besando como
adolescentes. Carraspeó y ambos la
miraron antes de sonrojarse con fuerza.
—¿No creéis que cinco horas para
comprar todo lo que necesita el perro
son suficientes?
—Solo nos queda el collar —
dijo Lorrie indignada—. Son decisiones
muy importantes.
Craig se apartó divertido. —
Nena, decídete de una vez. Voy a hacer
una llamada que tengo pendiente.
Lorrie suspiró viendo cómo se
alejaba rodeando una estantería de
comida para gatos y May se acercó. —
El blanco —dijo intentando que se
decidiera. —La miró sin comprender.
—El collar. El blanco.
—Sí, ¿verdad? —Lo cogió
mordiéndose su labio inferior hinchado
por los besos de Craig.
Vio claramente cómo las dudas
la asaltaban de nuevo mirando sin ver
los collares. Parecía algo preocupada y
sintió pena por ella. —Lorrie, no es
malo que le quieras.
Podía hacerse la tonta, pero
había llegado a un punto en el que
necesitaba consejo. —¿Crees que no?
—Te ha hecho daño. Todos te lo
hemos hecho. Si eres capaz de
perdonarme a mí no sé por qué no ibas a
perdonarle a él.
Suspiró mirándola a los ojos. —
No es lo mismo, May.
—Lo que tú querías era que tu
príncipe azul fuera hasta California y te
rescatara en un caballo blanco. Pero es
que el príncipe tenía un cabreo de
primera pensando que su princesa no le
quería, cielo. Esa es la historia que
nunca se cuenta a las niñas, que a veces
las princesas tienen que perdonar las
meteduras de pata de los príncipes.
—Como tú hiciste con tu marido.
—Exacto. A veces para avanzar
debes exponerte a que te hagan daño de
nuevo, que es lo que te aterroriza en este
momento, ¿no es cierto?
Los ojos de Lorrie se llenaron de
lágrimas. —Sí.
—Tú tienes la oportunidad que
yo nunca tuve y si te defrauda de
nuevo… —Se encogió de hombros. —
Piensa que al menos has tenido el valor
de intentarlo, porque lo que sientes con
él en este momento es lo único que
importa. Esos instantes al lado de la
persona amada son los que nos hacen
vivir y ser plenamente felices, cielo.
La miró pensativa mientras se
alejaba con el collar en la mano e iba
hasta el mostrador.
Capítulo 11
En cuanto abrieron la puerta de
la casa Simba entró corriendo,
tropezándose con los pies de Jason que
les esperaba con los brazos cruzados.
Lorrie gimió sintiéndose culpable por
haberle dejado solo todo el día.
—Lo siento, hemos tardado
mucho.
—No me esperasteis.
Abrió la boca sorprendida
porque había olvidado que él quería ir.
—Lo siento. Estaba tan entusiasmada
que…
Jason sonrió. —Se te olvidó que
estaba arriba.
—A ver si lo pillas —dijo Craig
por lo bajo.
Lorrie estaba muy avergonzada y
fulminó a Craig con la mirada antes de
decir —¿Sabes lo que vamos a hacer?
—Miró a su amigo a los ojos y sonrió.
—Saldremos a pasarlo bien. Iremos a un
musical y cenaremos por ahí.
—Nena, tienes el pie hecho
polvo y estás cansada de caminar con
las muletas.
Le miró como si quisiera
matarle. —Cierra el pico.
Jason sonrió. —No tienes que
esforzarte por mí. Cenaremos aquí. De
hecho ya he pedido la comida.
—¿De verdad no te importa? Me
da una rabia horrible que no pueda
enseñarte la ciudad como me gustaría
y… —Frunció el ceño al ver algo tras la
cabeza de Jason en el techo. Era
redondo y blanco. Estaba segura que eso
no estaba ahí esa mañana. —¿Qué es
eso?
—¿Eso? —Jason se volvió
mirando hacia arriba. —Una cámara.
Que no lo sepas tú… —Rió por lo bajo.
—Es algo irónico cuando casi duermes
con una.
Le rodeó llegando hasta ella y
Craig carraspeó. —Nena, estaba
previsto poner un sistema de seguridad
en la casa.
Le miró sorprendida. —¿De
verdad?
—Sí, para evitar robos. Ha
habido unos cuantos en la zona y… Pues
eso, que se ha puesto.
Parecía algo incómodo. —¿Me
estás mintiendo?
—No. —Se volvió hacia May
que también observaba la cámara con el
ceño fruncido. —¿Verdad?
Sorprendida respondió —¿Qué?
—Las cámaras… —Levantó sus
cejas negras. —Ya estaban previstas y
las han colocado hoy.
—Oh… —Miró hacia las
escaleras donde Noelle había aparecido
y asentía con la cabeza repetidamente.
—Sí, claro. —Sonrió a Lorrie. —Todo
lo que sea seguridad viene muy bien.
Lorrie no se creía una palabra y
miró a Jason que sonreía. —Piensa que
así no tendrás que llevarte la cámara
contigo por la casa. —Se echó a reír. —
Las tienes en el techo.
—Es verdad… —Miró hacia la
cámara. —¿Esto es un circuito cerrado?
¿Dónde se descargan las imágenes?
—No, nena. ¡No vas a hacer de
esto un gran hermano!
Chilló de la alegría sin hacerle
ni caso. —Seguro que está en el
despacho.
Caminó con las muletas hacia
allí y Craig siseó —Muchas gracias,
Jason.
—De nada. Era decirle la
verdad o darle la alegría de su vida y he
preferido lo segundo. Bienvenido a
nuestra vida… hermano. Les vas a
encantar.
El chillido de Lorrie les
sobresaltó antes de escucharla gritar —
¡Hay cámaras en toda la casa! ¡Esto es
la leche! ¡Tía te veo! ¡Deja de poner esa
cara de vinagre! —Su tía le sacó la
lengua y ella se echó a reír a carcajadas.
Craig suspiró pasándose la mano
por la nuca. —Bueno, no se lo ha
tomado mal.
—¡La leche, tiene sonido! ¡Esto
me encanta!
Miró a su madre como si
quisiera matarla. —¿Sonido?
—Es el sistema más moderno —
susurró.
Lorrie salió a toda prisa. —¿Por
qué no las hay en las habitaciones? Solo
son las zonas comunes.
—Creo que las que hay son
suficientes —dijo Craig exasperado.
En ese momento llamaron a la
puerta. —Ah, debe ser la cena —dijo
Jason abriendo la puerta para ver al
repartidor del día anterior con un
montón de cajas.
Sonrió a Lorrie como si fuera la
mujer más maravillosa del mundo, pero
perdió la sonrisa al ver su pie. —¿Te
has herido?
—No es nada. Un cortecito —
dijo acercándose con las muletas—.
Vaya, ¿qué es todo eso?
—Entrega urgente. Tenía que
entregar uno, así que los he traído todos
para que no tuvieras que esperar hasta el
lunes.
—Estupendo. —Cogió la tablilla
y sonriendo firmó la entrega. —Muchas
gracias…
—Antonio.
—Antonio. ¿Puedes dejarlo al
lado de la puerta? Mi tía se encargará.
—Sí, sí. Yo me encargo. —Se
acercó de inmediato y para asombro de
todos hasta ayudó a meter las cajas.
Craig reprimió la risa al verla
tan ansiosa.
Antonio terminó y se acercó a
ella incómodo. —¿Puedo sacarme una
foto contigo?
—Claro que sí. —Le dio las
muletas a Craig y se sujetó en su cintura.
—Lista para esa foto.
Simba se acercó a ellos y
Antonio rió. —Es precioso.
—Gracias. —Miró al teléfono y
sonrió mientras Jason sacaba la foto.
En ese momento llegó el
repartidor de comida y Jason entregó el
teléfono a Antonio para ir a recogerla.
El chico la miró con sus ojos castaños
brillantes de la alegría. —Gracias, eres
la mejor.
—Gracias a ti por seguirme.
—Si quieres yo salgo contigo en
esa cita para… —Craig dejó caer las
muletas y le cogió por el brazo
llevándolo hasta la puerta. —¡No me
importan las cámaras! —gritó antes de
que le cerrara la puerta en las narices.
Lorrie se echó a reír. —
Estupendo, ya tengo candidato.
—Muy graciosa.
—Yo también me ofrezco —dijo
Jason divertido yendo hacia el comedor.
Craig gruñó y ella le miró
mientras recogía las muletas del suelo.
Cuando se las iba a entregar Lorrie le
miró interrogante y él carraspeó. —
Nena…
—¿Tú no te ofreces? ¡Pues serás
el único! —Le arrebató las muletas. —
Claro, como ya me has llevado a la
cama.
—Tengo una profesión y…
—¡Y yo! ¡Si me quisieras como
dices, lo harías porque eso me hace
feliz!
Craig apretó los labios viéndola
ir hacia el comedor. Su madre al lado de
los paquetes puso las manos en jarras y
parecía decepcionada. —Madre, ¿qué
dirán mis conocidos?
Sonrió con tristeza acercándose.
—No vivas tu vida presionado por lo
que pensará la gente, hijo. Entonces
serás tan infeliz como lo he sido yo.
Solo piensa en lo que tú quieres sin
hacer daño a nadie. Creo que eso lo
hemos aprendido con creces, ¿no crees?
—Le besó en la mejilla y fue hacia el
comedor. —¡Uy, comida china! ¿En
serio, Jason? ¿Sabes lo que son los
restaurante gourmet a domicilio?
—Vive un poco, Noelle. Además
casi no engorda.
—Bueno, probaré un poquito.
Sentados en el sofá veían la
televisión mientras su tía iba abriendo
las cajas bajo la atenta mirada de Jason,
que reía divertido cada vez que sacaba
algo que la impresionaba.
—Madre mía, qué bonito —
susurró su tía sacando un estuche de
maquillaje.
Lorrie medio tumbada sobre
Craig miró hacia arriba y sonrió. —Ese
es para mí.
—Me parece muy bien.
La besó suavemente en los
labios Y ella susurró —Para mi cita.
Craig gruñó haciéndola reír. En
ese momento entró May con las dos
cajas que quedaban entre las manos. —
Estas son las últimas. —Sonrió a Lorrie.
—¿No piensas abrir ninguna? Al fin y al
cabo son para ti.
—Eso, nena… Te encantaba
abrir regalos. —Se incorporó y ella no
tuvo más remedio que sentarse. May le
ofreció las cajas y las miró pensativa
haciendo que todos perdieran la sonrisa
poco a poco y se dieron cuenta del por
qué. Porque hacía mucho tiempo que no
abría un regalo y menos suyo. Aunque
esos no eran suyos todos sabían que
estaba pensando eso. —Lorrie…
Agarró el primero de manos de
May y tiró de la tira, pero se le escapó y
molesta rompió el cartón intentando
abrirlo. Craig preocupado miró a Jason
de reojo que también se había tensado.
Lorrie revolvió dentro de la caja y sacó
un paquete rodeado de papel de
burbujas. —Más maquillaje, seguro. Si
nunca me maquillo —dijo exasperada
rompiendo el papel de malos modos—.
Si creen que voy a maquillarme ahora…
—Abrió el papel y se le cortó el aliento
al ver un ala de cristal. —Dios mío. —
Con cuidado sacó el ángel del papel
impresionada porque era igual que el
que había tenido durante tantos años.
Emocionada acarició sus alas. —Es
igual.
Craig se tensó cogiendo la caja y
le dio vueltas varias veces buscando el
remitente, pero solo salía la empresa de
mensajería. —¿Quién te lo ha enviado?
—Alguien que sabía lo
importante que era para ella —dijo
Jason sonriendo—. ¿Te gusta?
—Es precioso. —Se levantó y
caminó cojeando hasta la chimenea
mientras una lágrima caía por su mejilla
y lo colocó con sumo cuidado sobre la
repisa al lado de la foto de sus padres.
El ángel brilló ante sus ojos. —Es un
detalle precioso.
Craig entrecerró los ojos antes
de mirar con rencor a Jason. —¿Se lo
has regalado tú?
Pareció sorprendido por la
pregunta. —No, claro que no. Me
hubiera gustado tener ese detalle, pero
ni se me hubiera ocurrido dónde
buscarlo.
—El perro, el ángel… ¡Esto se
está volviendo muy personal!
—Los admiradores son así. —
Jason se encogió de hombros como si no
le diera importancia advirtiéndole con
la mirada.
Frustrado se pasó la mano por su
cabello negro, porque sabía que si ese
ángel la emocionaba tanto era porque él
había roto el suyo. Y se sintió fatal.
—¿Te gusta? —preguntó su tía
sonriendo mientras la observaba.
—Sí. Como he dicho es un
detalle muy bonito. —Se volvió
sonriendo y se limpió las lágrimas. —Es
una pena que no pueda agradecérselo.
¿Seguro que no pone quién lo ha
enviado?
—No, nena. Ya me gustaría a mí
saberlo.
—Abre el otro, Lorrie —dijo
May tan emocionada como ella
acariciando al cachorro que ahora
estaba en sus brazos.
—Sí. —Casi corrió hasta el
paquete y soltó una risita como si fuera
el día de Navidad. Abrió el paquete
ilusionada. Se echó a reír al sacar unas
paletas de sombras de ojos de una marca
carísima. —Está claro que me lanzan
una indirecta.
—Quizás deberías cuidar un
poco más tu aspecto. Antes te gustaba
vestir bien y maquillarte. ¿Recuerdas
cuando te daba clases? —preguntó su
tía.
La miró sorprendida porque se
había olvidado de eso. —Es cierto, me
las diste tú.
—Y puedo volver a indicarte lo
que está de moda. Es más, hasta
podemos dar unas clases y puedes hacer
tutoriales de maquillaje o ropa. Ahora
eso se lleva mucho. Sin perder tu
esencia, claro. Puedes seguir viajando,
pero cuando estés aquí puedes mostrar
otra parte de tu vida.
Dudó un momento. —¿Tú crees?
—Se mueren por saber lo que te
gusta. No tienes que mentir si no te
agrada una marca. Simplemente la
ignoras y punto. Pero si algo te gusta no
hay nada de malo en mostrarlo y hablar
de ello.
—Es una buena idea, Lorrie —
dijo Jason—. Y si hubieras leído los
comentarios de tus seguidores muchos
opinan lo mismo.
—Lo de eliminar YouTube de tu
vida está descartado, ¿no? —Lorrie
fulminó a Craig con la mirada y éste se
hizo el inocente. —Era solo una
pregunta.
—¡Pues no lo preguntes más! —
Cogió a su perro de manos de May y fue
hacia el hall. Gruñó al mirar los
escalones y gritó —¡Craig, quiero
acostarme!
Sonriendo se acercó a ella y
apoyó el hombro en el marco de la
puerta. —El perro se queda abajo.
—¿Qué?
—Nena, no puede dormir en la
habitación. Se acostumbrará y después
será imposible que duerma abajo.
—No tiene que dormir abajo.
Para eso le he comprado una cama. —
Levantó la barbilla. —Y le va a
encantar.
—Por eso, porque tiene una
cama fantástica en la cocina, ahí se va a
quedar.
—Pero es muy pequeñito.
Necesita cariño. —Le mostró su rostro.
—¿No te da penita?
—Mucha, pero debes hacerle
fuerte. ¿Qué harás cuando tengas que irte
de viaje y no estés en casa? Porque no
puedes llevártelo contigo a Camboya o a
Laponia.
Se mordió el labio inferior
porque sabía que tenía razón. Extendió
los brazos para que lo hiciera él porque
le daba una pena enorme y Craig sonrió
cogiéndolo en brazos y acariciándolo.
—Estará muy bien. No tengas pena por
él.
Gruñó viendo cómo se alejaba y
cuando regresó ella levantó una ceja al
ver a Simba caminando tras él moviendo
el rabito. Craig se volvió de golpe. —
Pero bueno, ¿qué haces aquí? A la cama.
—El perrito le miró con sus ojitos
negros sin dejar de mover el rabo.
Divertida se sentó en un escalón
observándoles. —Vamos a ver, tú
duermes abajo y nosotros arriba.
Simba le rodeó ignorándole y fue
hasta ella poniendo las patitas
delanteras apoyadas en sus piernas y
estirándose como si estuviera
desperezándose. Soltó una risita. —Está
claro que sabes imponerte, Craig.
Se acercó cogiéndolo en brazos
y se alejó de nuevo. —Oye, amigo... Tú
tienes tu cama y nosotros la nuestra.
Cuando regresó sonrió
satisfecho. —Has cerrado la puerta,
¿verdad?
—Qué remedio, no me entiende.
Se echó a reír y él la cogió en
brazos besándola en el cuello. —Nena,
hoy voy a hacer realidad otra de tus
fantasías.
Le miró con los ojos como
platos. —¿Tienes disfraz de gladiador?
Gruñó atrapando sus labios y
Lorrie le acarició la nuca entregándose
porque sus besos eran lo más
maravilloso del mundo.
—Buenos días —susurró
levantando la cámara—. Soy Lorrie y
esta es mi vida. —Soltó una risita
elevándola más para mostrar el cuerpo
de Craig durmiendo a su lado. —
Shusss… que está dormido. —Le dio un
repaso intentando no sacar su cara y sus
partes pudendas. —Se enfocó a sí
misma. —Sí, chicas… es de carne y
hueso. Pero no quiere salir. —Hizo una
mueca. —Y debo respetarlo. Qué se le
va a hacer. —Suspiró decepcionada. —
Eso sería un problema, ¿verdad? Aparte
de todos los que rodean nuestra
relación, sería un problema muy serio en
una pareja tener vidas tan dispares. Yo
ya me he acostumbrado a vosotros. —
Entrecerró los ojos confusa. —Aunque
no os conozco, claro. Personalmente al
menos. ¿Debería dejar a alguien a quien
sí conozco por personas que están a otro
lado del ordenador, Tablet o teléfono?
Vosotros me habéis dado mucho. Mmm,
interesante pregunta. Dejadme lo que
pensáis en vuestros comentarios. —
Suspiró girando la cabeza sin dejar de
enfocarse para comprobar que seguía
dormido. Y lo estaba porque si no ya
estaría gritando a los cuatro vientos. Ese
pensamiento la hizo sonreír y salió de la
cama yendo hacia el baño y cerrando la
puerta. —¿Sabéis? No sé si estoy
enamorada. —Sonrió ilusionada. —El
sexo es estupendo y eso, pero somos
muy distintos. Pero sí, le quiero. A pesar
de que me he dicho a mí misma que era
solo sexo, siento algo a su lado que no
he sentido con ningún hombre en la vida.
Mi corazón parece que estalla de la
alegría cuando me susurra al oído y
siento que se me eriza toda la piel
cuando roza mi mano. Es la sensación
más maravillosa del mundo. Las
mariposas en el estómago existen y me
están volviendo loca. —Perdió la
sonrisa poco a poco. —Pero, ¿y si me
hace daño? —Miró hacia la puerta. —O
peor, ¿qué ocurrirá si no vuelvo a verle
nunca más? —Sus ojos llegaron al
objetivo y mostró que estaba asustada.
—Porque si le pierdo entonces sentiré
un vacío en mi interior que no creo que
pueda rellenar jamás. —Suspiró
pasándose la mano por la frente. —
Seguramente esto no lo subiré a la red o
al menos reconociendo que le quiero,
porque no sé si tengo el valor. Esto es
demasiado personal, ¿no? —Miró al
objetivo de nuevo. —Ya no sé
diferenciar qué parte de mi vida debe
quedar para mí. Como no os conocía me
he desahogado durante años a través de
los videos, pero esto se ha hecho una
bola enorme que no sé si terminará
arrasando mi vida. ¿Hasta dónde debo
llegar? O mejor dicho, ¿debo continuar
así? Porque es evidente que ya lo he
contado todo. —Pensó en ello. —Igual
debería empezar a hablar con personas
de carne y hueso como dice Craig.
Aunque a veces te defrauden. —Se sentó
en el canto de la bañera. —Solo tengo
un amigo de verdad. Jason nunca me ha
decepcionado, pero no me he atrevido a
abrirme a otras personas después del
internado. —Se mordió el labio inferior
mirando la puerta. —Ni siquiera con él.
Sobre todo con él.
Llamaron a la puerta y apagó la
cámara a toda prisa metiéndola en el
armarito del baño. —¿Si?
—Nena, ¿estás bien?
—Sí, estaba hablando por
teléfono.
—¿Puedo entrar?
—Sí, claro.
La puerta se abrió poco a poco y
frunció el ceño mirando su desnudez. —
¿No sería una video llamada?
Se echó a reír acercándose y le
abrazó por el cuello. —¿Y si lo fuera?
Él gruñó cogiéndola por la
cintura y elevándola. —Tendría que
matarle… —La besó en el cuello
haciéndola reír y dejándose llevar. Al
parecer no se levantaban todavía.
Capítulo 12
Dos semanas después
Jason entró en la casa y se quitó
la cazadora vaquera. —Joder, cómo
llueve.
—Es lo que tiene abril, que en
abril aguas mil —dijo May divertida
yendo hasta el salón con el perrito
detrás.
Él sonrió. —¿Y Lorrie?
—En el estudio montando un
video. Craig trabajando y Noelle… —
Miró a su alrededor. —Ni idea de
dónde está.
—¿Ha llegado algo más?
—¿Aparte de los cromos que
coleccionaba de niña y el reloj de oro
de ayer? No, no ha llegado nada más.
—Craig debe estar que se sube
por las paredes.
—¿Y tú no?
—No, lo he aceptado. Soy un
caballero. —La siguió hasta el salón y
la vio coger un jarrón de cristal. —¿Qué
haces?
—Han llegado unas flores de su
agente. Al parecer está muy, pero que
muy contento porque le han hecho unas
ofertas de trabajo buenísimas que ella se
está pensando. —Jason apretó los
labios. —Y sí, seguramente se las estará
pensando por Craig. Igual deberías
hablar con ella. Está algo confusa.
Escucharon un grito en el piso de
arriba. Jason salió corriendo y subiendo
los escalones de tres en tres. Cuando
abrió la puerta del estudio vio que
Lorrie estaba sentada tras el ordenador
que habían tardado dos días en montar y
que tenía una cara de asombro que no
podía con ella. —¿Qué? ¿Qué pasa? —
Rodeó la mesa y dejó caer la mandíbula
al ver a Craig sonriendo a la cámara. Al
mirar hacia la parte de arriba de la
pantalla vio el logo que conocían tan
bien. —Hostia, ¿eso está colgado en la
red?
Pálida giró la cabeza hacia él.
—En cuanto le he visto la cara casi me
meo encima del susto.
Jason tomó aire. —¡No nos
pongamos nerviosos!
May entró en el estudio con un
cuchillo en la mano. —¿Dónde está?
¿Ha saltado por la ventana?
—¿Quién? —preguntó Lorrie
asombrada por la cara de loca que tenía.
—¡Joder, ya lo ha visto
trescientas mil personas! ¡Más que yo la
primera vez! —protestó indignado.
—¿Quieres dejar tu orgullo
profesional a un lado? ¡Tengo una crisis
entre manos!
—¿Qué pasa? —May se puso
tras la silla de Lorrie y dejó caer el
cuchillo del susto. —Leche, ¿ese es
Craig?
—¡Dios mío! —Lorrie se
levantó aún asombrada. —¡Estamos en
otra dimensión!
—Tranquilízate. Igual es algo
del trabajo —dijo May dudosa.
—Del trabajo. —Tomó aire. —
Puede ser.
May asintió. —Vamos a verlo.
Seguro que promociona el despacho.
Habla de un caso o algo de eso tan
aburrido.
—¡Mierda, tiene suscriptores!
—Jason puso los brazos en jarras. —Ya
no hay profesionalidad en esta
profesión.
Lorrie gimió tapándose la cara
con las manos. —Decidme que esto no
está pasando. —Les miró sorprendida.
—¿No hablará de mí?
May levantó sus cejas canas. —
Si no le das al play, no lo vas a saber.
¡Arráncalo de una vez!
Jason le dio al play antes de
poder evitarlo y los tres acercaron la
cara a la pantalla. Craig sonrió de
manera encantadora. —Hola a todos.
Soy Craig y esta es mi vida.
Seguramente ya me conocéis. Al menos
me conocéis el trasero porque mi novia
lo ha colgado en la red. —Hizo una
mueca. —Y no se cortó en colgarlo
como todo lo que le sucede en la vida.
Iba al lado del video sobre su nuevo
perro Simba. Por cierto, aquel que le ha
regalado el perro, acércate a mi mujer a
cien metros y vas a saber lo que es que
tengan que reconstruirte el rostro. —
Lorrie gimió mientras Craig tomaba aire
y forzaba una sonrisa. —Pero no pasa
nada. Somos hombres modernos del
siglo veintiuno y si tu novia enseña tu
culo a través de la red, no tiene
importancia… —Se señaló a sí mismo.
—Oye que yo la comprendo, se ha
pasado casi toda su vida adulta haciendo
esto y es parte de su vida. Por eso… —
Sonrió a la cámara. —Nena, esta noche
tenemos una cita, así que ponte aún más
guapa que te recojo a las siete. Yo llevo
la cámara.
Chilló sin poder creérselo y
asombrada miró a May que se echó a
reír al escucharla decir excitadísima —
¡Tengo una cita! —La abrazó
contentísima. —¡Tengo una cita!
Jason se echó a reír y se separó
de ella para besarle a él en los morros.
—¡Tengo una cita! —Corrió hacia la
puerta, pero se detuvo en seco con los
ojos como platos. —Necesito a mi tía.
¿Dónde está?
Su amigo se echó a reír con la
cámara en la mano y ella chilló —
¡Tengo una cita! —Se acercó al
objetivo. —¡Es el mejor día de mi vida!
—Salió corriendo y volvió mostrando el
rostro. —Por cierto, soy Lorrie y esta es
mi vida.
Salió al pasillo y se encontró
con su tía. —¡A ti te buscaba!
—¿De verdad?
Miró hacia atrás como si no se
lo hubiera dicho a ella y Lorrie la cogió
del brazo. —Necesito un vestido. Sexy.
Algo como para que le dé un infarto
cuando me vea.
—¿A quién?
—¡Tengo una cita con Craig!
Su tía frunció el ceño. —Ya iba
siendo hora. ¿Eso significa que ya no
tengo que hacer las maletas?
—No nos pasemos… El vestido,
que no tengo mucho tiempo.
Jason las siguió con la cámara
captándolo todo y para su sorpresa su tía
tenía un vestido rojo entallado que
además era de su talla y que le quedaba
como una segunda piel. Asombrada se
miró al espejo con los zapatos negros de
tacón que le había dado. Y eran
perfectos. Había temido que se
resintiera la herida que aún estaba algo
sensible, pero eran muy cómodos y no la
notaba nada. Eran exactamente su
número. Se miró el vestido de nuevo en
el espejo. No parecía el estilo de su tía.
—¿De dónde has sacado este vestido?
Su tía se sonrojó mostrándole
varios collares dorados que quedarían
genial con el look. —¿Qué?
Lorrie frunció el ceño yendo
hasta su armario y mirando bien su ropa.
Sacó una prenda y vio que tenía una talla
más que ella. Pensativa dejó el vestido
en el armario de nuevo antes de
volverse. —Tía, ¿me has comprado
ropa?
—No, qué va —respondió
avergonzada—. Lo tenía ahí de hace
siglos. De los ochenta. Ahora se llevan
así de ajustados de nuevo.
—¿Y lo guardabas en el armario
al lado de la ropa de temporada?
—Bueno… —Miró a Jason. —
¿Hay alguna razón para que tengas eso
encendido?
—Sí.
Gruñó mirándola de nuevo y
Lorrie pensó en ello. Los cromos, el
ángel de cristal que había conservado
todos esos años, incluso el reloj tan
parecido al que había tenido su madre y
que se había perdido en el incendio
como todo lo demás. Incluso el
cachorro. Todo lo que a ella le gustaba.
Era algo tan inconcebible que tenía
sentido. —Todo me lo has regalado tú,
¿verdad?
—No sé de qué me hablas —
dijo agachando la mirada como si le
diera mucha vergüenza—. Esos zapatos
te sientan muy bien. ¿Te hacen daño?
Se le cortó el aliento al darse
cuenta de que tenía razón. —Tía… ¿por
qué? —Noelle se sonrojó ligeramente y
Jason apagó la cámara saliendo de la
habitación discretamente. —¿Por qué lo
has hecho? No era necesario.
Forzó una sonrisa sin mirarla a
los ojos. —No quería que te enteraras.
—¿Por qué?
—Porque no creerías que lo
hacía con sinceridad. —Dejó los
collares sobre la cama y se sentó para
mirarla a los ojos. —No quería esto.
Recibías regalos y tienes admiradores,
así que pensé…
—Que nunca me enteraría.
Señaló el vestido. —Lo compré
por si algún día tenías una cita como
decías en el video. Tú no tenías nada así
y a tu madre le habría encantado. Tuvo
uno igual antes de que tú nacieras,
¿sabes?
Se emocionó con sus palabras.
—¿De verdad?
—Sí, se lo puso en su primera
cita con tu padre. Dijo que a él le había
gustado muchísimo. —Sonrió con
tristeza mientras sus ojos se llenaban de
lágrimas. —No la envidiaba como dice
Calvin. La quería, sentí mucho su
muerte.
Se sintió fatal y se sentó a su
lado. —Lo siento.
—No te disculpes, por favor.
Solo me faltaba eso. Pero el ángel lo
odiaba. Si lo sabré yo que en una fiesta
no dejó de hablarme del puñetero ángel
y de la suegra tan bruja que tenía.
Lorrie sonrió divertida. —¿De
veras?
—Sí, algún día te hablaré de
cómo era tu otra abuela con ella antes de
que muriera.
—Lo estoy deseando.
Se quedaron en silencio varios
minutos y Noelle la miró de reojo. —Te
han gustado, ¿verdad? Se te veía en los
ojos.
—Me han gustado mucho, tía.
—Quería alegrar algo tu vida. Sé
que te he hecho mucho daño y…
La abrazó por los hombros y
susurró —Te he perdonado.
Sorbió por la nariz. —No soy
buena persona, lo sé. Hasta había ideado
otro plan para que Jason se fuera de
casa, pero no he tenido que ejecutarlo
porque ha entendido que ya no tiene
nada que hacer. Aunque los regalos no
tenían nada que ver, ¿sabes? Tampoco
lo he hecho para que no me eches de
casa. Te lo juro.
—Claro que no, porque no tenía
que enterarme.
—Exacto. —Sorbió por la nariz
de nuevo y una lágrima cayó por su
mejilla. —Siento ser la tía cabrona que
te ha jodido la vida. —Lorrie la miró
sorprendida y se echó a reír a
carcajadas. —Eh, que lo digo en serio.
—Perdona —dijo intentando
retenerse—. Pero con lo fina que eres
esas palabras no te pegan nada. Aunque
sea la frase más sincera que te haya
escuchado nunca.
A Noelle se le cortó el aliento.
—¿Me crees?
Sonrió y la abrazó. —Claro que
sí, tía. Te creo y te perdono. —Noelle
sonrió y la abrazó. —Pero deja de idear
cosas que alteren mi vida.
—¿Tengo que hacer las maletas?
—Claro que sí.
Gruñó, pero hizo una mueca
abrazándola más. —Estás preciosa con
ese vestido.
—Es que tengo una asesora de
imagen estupenda.
Se apartó sorprendida. —¿Me
das el trabajo?
—Hablaremos de eso en otro
momento. Tía, tengo una cita.
Noelle sonrió. —Pero soy la
madrina de la boda, ¿no? Eso no me lo
vais a quitar.
—¡Tía!
—Oye, prefiero dejar las cosas
claras. Seré la madrina.
Exasperada se levantó. —¡No
nos vamos a casar!
Ahora la que se había quedado
de piedra fue Noelle. —Podéis esperar
un poco, pero… —Se tensó al ver las
dudas en su rostro. —Ah, no. ¡No vas a
dejar que los miedos te dominen! Vas a
ir a esa cita y te lo vas a pasar
estupendamente. A partir de ahora
dejarás de pensar en el pasado y
pensarás en el futuro. —Tomó aire
asintiendo. —Y del bebé y la boda
hablaremos otro día.
—¡Qué bebé!
—Bueno, quiero nietos… —
Apartó su cabello castaño del hombro.
—Aunque soy joven para tenerlos.
—¡Noelle!
—Que ya hablaremos de ello
otro día. No insistas.
—¡Está claro que siempre tienes
que salirte con la tuya! ¡Jason!
Noelle rió por lo bajo mientras
su amigo entraba en la habitación de
nuevo. —Que bien me conoces. Venga,
quítate la ropa que tienes que ducharte.
Tenemos poco tiempo y tienes un
cabello muy largo.
Nerviosa miró por la ventana del
salón. —Se retrasa.
Noelle miró analítica su cabello
rubio que caía por su espalda en ondas
dándole más volumen y cuando se
volvió revisó su maquillaje. Sonrió
satisfecha y Lorrie parpadeó. —Tía,
¿crees que le ha pasado algo?
—Esa sombra color tierra te
queda preciosa y combina muy bien con
el azul que ilumina tus ojos.
Lorrie bufó exasperada. —Voy a
llamarle.
—Estará al llegar —dijo May
divertida.
—Menos mal que esto es digital.
—Jason se partía de la risa por sus
nervios. —Se me hubiera acabado la
cinta hace rato. —Todas le fulminaron
con la mirada y chasqueó la lengua. —
No tenéis sentido del humor. Pero como
no se dé prisa se me acaba la batería.
De repente se detuvo en seco con
cara de horror. —¿No me habrá
plantado? —Noelle y May la miraron
como si fuera estúpida. —¿Qué? ¡Estoy
muy nerviosa!
Cogió su móvil del bolsito y le
llamó por teléfono. Se lo puso al oído
impaciente dando golpecitos con el pie
en el suelo. Mientras sonaba miró el
reloj de nuevo. —¡Veinte minutos! Esto
es el colmo. —Cuando no lo cogió,
llamó de nuevo preocupándose de veras.
¿Y si se había arrepentido?
Los tres se miraron y Noelle
forzó una sonrisa. —Es que ha tenido
que ir a su casa a cambiarse, seguro que
es por eso. Saldría tarde del trabajo por
algún pesado y se ha retrasado.
—Eso, niña. Relájate.
—Que me relaje… —siseó
poniéndose el teléfono al oído de nuevo
—. ¡Es nuestra primera cita! ¡Tenía que
ser perfecta! ¿Quién hace esperar a la
novia? ¿Quién? —Señaló a Jason. —
¿Tú me harías esperar?
Jason carraspeó mirándola de
arriba abajo. —Mejor no contesto esa
pregunta.
—¿Ves? —De repente se le
ocurrió una idea y jadeó llevándose la
mano al pecho. —Dios mío, ¿esto no
será para vengarse por haber publicado
el video en que sale en pelotas?
—¿Mi hijo sale en pelotas por
internet? —Noelle abrió los ojos como
platos. —¿Es que te has vuelto loca?
Se sonrojó. —Bueno, lo
publiqué en un momento de debilidad.
Tenía curiosidad por lo que pensaban
mis seguidores.
—¡Uy, a ti hay que controlarte
más!
—¿Y qué te han dicho tus
seguidores? —preguntó May con
curiosidad.
—¡Qué estaba como una cabra si
le dejaba escapar! Siendo fina. Otros
han dicho auténticas burradas sobre que
me falta un tornillo. —De repente
sonrió. —Pero la mayoría me han dado
ánimos y que me lo quede.
En ese momento sonó el timbre
de la puerta y chilló corriendo hacia
allí. Casi sin aliento la abrió para ver a
Craig sonriendo guapísimo con un traje
gris y un ramo de rosas enorme en la
mano. —¡Llegas tarde!
Él perdió la sonrisa de golpe. —
Nena, había mucho tráfico.
Lo pensó un momento y miró las
flores antes de sonreír. —Vale.
Aliviado se acercó y le dio un
suave beso en los labios. —Estás
preciosa.
Sonrió ilusionada cuando la miró
de arriba abajo con deseo. —¿Te gusta?
—Mejor no te digo cuánto.
Ella rió por lo bajo encantada
antes de coger el ramo y extendiéndolo
hacia atrás para que alguien lo agarrara.
—¿Nos vamos?
—Claro que sí.
La cogió de la mano mientras los
demás se acercaban a la puerta. —¡Qué
lo paséis bien! —les deseó May.
—Eso espero —dijo ella
volviéndose y despidiéndose con la otra
mano para verlas muy emocionadas.
Encantada le miró mientras la llevaba
hasta el coche. —¿Y la cámara?
—Ahí. —Señaló a un tipo que
tenía pinta de profesional que llevaba
una cámara como las de televisión.
—Vaya…
—¿Impresionada?
—Mucho.
—Pues aún no has visto nada —
dijo abriéndole la puerta del coche—.
Porque quiero que esta sea la mejor cita
de la historia.
—Esto no ha empezado muy
bien. —Sonrió encantada sentándose en
el asiento. —Pero ha mejorado mucho.
—Me alegro. —Cerró la puerta
y rodeó el coche sentándose a su lado.
—Vamos allá.
—¿Y el cámara?
—No le necesitamos aquí. —
Señaló una cámara en el salpicadero y
ella dejó caer la mandíbula del
asombro. —Así que no te preocupes que
lo tendrás todo en video. Tú solo
dedícate a disfrutar.
Emocionada porque se había
tomado tantas molestias se le quedó
mirando sin saber qué decir. Y ella
protestando nada más llegar. —Lo
siento.
Él la miró sorprendido. —¿Qué
sientes?
—Ser tan gruñona.
Craig sonrió. —No eres
gruñona. Te has puesto nerviosa.
Le dio un vuelco al corazón
porque en ese momento se dio cuenta de
que la comprendía perfectamente.
Durante esas semanas le había
demostrado que la conocía muy bien y
que a pesar de los años separados
conocía cada gesto o cada deseo. —¿Si
me conoces tan bien por qué te creíste lo
que pasó esa noche?
Él perdió la sonrisa de golpe
mirando la carretera. —Supongo que
porque lo que vi no me dejó pensar en
nada más. —Le cogió la mano como si
quisiera asegurarse de que estaba allí.
—He pensado mucho en ello en estos
días, ¿sabes? Supongo que fue mi
inseguridad y mis dudas. El miedo
porque te estabas distanciando de mí.
Cuando vi aquello me quedé en shock.
No me lo esperaba y reaccioné de la
peor manera posible. Lo siento, nena.
Me arrepentiré toda la vida de eso. ¿Me
perdonas?
—Claro que sí, cielo. Además,
si he perdonado a tu madre, cómo no
voy a perdonarte a ti —dijo
sinceramente.
La miró sorprendido. —¿Has
perdonado a mi madre?
Lorrie se echó a reír. —¿Sabías
que ella era la que me regalaba todas
esas cosas? —Craig no salía de su
asombro. —No, está claro que no.
—¡He puesto cámaras por toda
la maldita casa! —dijo furioso.
—Y nos vendrán muy bien, ya
verás.
A Craig se le cortó el aliento. —
Lo dices como si fuéramos a vivir allí.
Se sonrojó ligeramente. —
Bueno, ella no quiere irse y…
—Nena, ¿me estás pidiendo que
viva contigo?
—No. —Pareció decepcionado.
—Te estoy diciendo que no te vayas.
Craig sonrió como si le hubiera
hecho el mejor regalo del mundo. —
Gracias, preciosa.
—¿Lo harás? —preguntó
insegura.
Rió por lo bajo. —¿Que si lo
haré? Si no tuviera esta cita contigo ya
estaba llamando a la empresa de
mudanzas para que sacaran las cosas de
mi piso.
Sonrió radiante. —Perfecto.
Espera a mañana.
—Ya hemos llegado.
Craig aparcó el coche y ella
miró a su alrededor con el ceño
fruncido. Parecían naves industriales. —
Cariño, ¿dónde estamos? No conozco
esta parte de la ciudad.
—Lógico. Jamás te hubiera
dejado venir por aquí cuando tenías
quince años.
—¿Es un club de striptease?
Él se echó a reír y abrió la
puerta. —No, es algo mucho mejor.
Rodeó el coche e impaciente
Lorrie abrió su puerta. Él cogió su mano
para ayudarla a salir del vehículo
mientras el cámara les enfocaba. —Me
siento una estrella de cine —dijo
divertida.
—Precisamente.
Sin entender dejó que la llevara
hasta una puerta de metal. Ella hizo una
mueca. Aquello no tenía pinta de ser
muy romántico. Él abrió la puerta y se
quedó con la boca abierta dejándose
llevar al interior. ¡Era un estudio de
grabación! Había cámaras enfocando
una mesa exquisitamente decorada con
copas de cristal tallado y tras ella había
una pared con luces que caían en
cascada. Empezó a sonar una música
romántica y aparecieron dos camareros
vestidos con un largo delantal blanco
con canapés y champán.
—¿Te gusta? —preguntó
inseguro.
Se echó a reír encantada. —
¿Cómo se te ha ocurrido esto?
Él cogió las copas de champán y
le dio una. —Básicamente porque en
ningún restaurante nos dejaban grabar
este momento con comensales alrededor.
—Entonces es perfecto. —
Brindó con él y bebió mirándole a los
ojos.
A Craig se le cortó el aliento
viendo el amor en su mirada y susurró
—Nena, no tendré días en esta vida para
agradecer que hayas vuelto. Eres lo
mejor que me ha pasado.
—¿Aún con cámaras?
—¿Qué cámaras?
Ella se echó a reír y él la llevó
hasta la mesa. Apartó la silla para
sentarla como todo un caballero y
colocaron ante ellos un montón de
exquisiteces. —Esto tiene una pinta
estupenda. —Se metió un canapé en la
boca y lo masticó lentamente mientras él
bebía de su copa. —Quiero tener un
hijo.
Craig se atragantó tosiendo con
fuerza y ella hizo una mueca al ver que
se le había ido por el otro lado. —
Cariño, ¿estás bien?
Tosió de nuevo antes de mirarla
a los ojos. —¿Qué has dicho?
—Bueno, ya tengo veintiocho
años y…
—¡Si ni siquiera nos hemos
casado, Lorrie! Llegaste hace poco más
de dos semanas. No quiero precipitar
las cosas. Estamos en nuestra primera
cita.
—Bueno, ¿pues entonces por qué
no te pones condón?
Él se sonrojó con fuerza y se
adelantó sobre la mesa susurrando —
Nena, ¿tenías que decir eso ante la
cámara?
—Como acabas de decir, ¿qué
cámara? —preguntó divertida.
—Muy graciosa. —La miró
intensamente. —No voy a contestar a
esa pregunta.
—¿La de la cámara o la del
condón?
—¡Lorrie!
—Pues tu madre quiere un nieto.
—Frunció el ceño. —¿No será otro de
sus planes?
Craig apretó los labios. —Te
aseguro que jamás he hablado con mi
madre de condones. Y también estoy
seguro de que no quiere nietos antes del
matrimonio.
Ella suspiró porque tenía razón.
Noelle primero quería boda y
conociéndola de las grandes. —Tienes
razón. Pero yo lo quiero ya. En unos
días me voy a China. ¿Qué tal si lo
encargamos antes para que cuando
vuelva ya sea un hecho consumado?
Craig sonrió. —¿Y qué tal si nos
casamos primero y nos vamos a China
de viaje de novios?
Se le cortó el aliento. —
¿Quieres casarte? Si acabas de decir…
Él se levantó y rodeó la mesa
hasta colocarse a su lado. Hincando la
pierna en el suelo cogió su mano. —
Siempre has sido muy impaciente. Me
has estropeado la sorpresa.
—¿De verdad?
Asombrada vio como un
camarero dejaba un postre en forma de
corazón ante ella que ponía: “¿Quieres
cargar conmigo el resto de nuestras
vidas?”. Se echó a reír emocionada. —
Di que sí, mi amor. Haré lo que sea para
que los días que tengamos juntos sean
los más felices de tu vida.
Sus ojos se empañaron de
lágrimas. —No tienes que compensarme
por lo que ocurrió.
—Claro que sí. Pienso
compensar cada segundo que no hemos
estado juntos por mi estupidez, pero
solo puedo hacerlo si me dices que sí.
—Sonrió malicioso. —Aunque si me
dices que no tampoco te vas a librar de
mí.
Una lágrima cayó por su mejilla.
—¿Me lo prometes?
—Por mi vida, cielo. Te
prometo que te amaré hasta el día en que
me muera y jamás volverás a sentirte
sola porque pienso estar ahí para ti
siempre. ¿Me amas, nena? Porque es lo
único que me importa. Es lo único que
necesito, saber que me amas como yo te
amo a ti.
En ese momento todas sus dudas
se fueron de golpe y solo deseó vivir la
vida que le ofrecía. Una vida a su lado.
—Sí.
Craig sonrió metiendo la mano
en el bolsillo interior de la chaqueta y le
mostró un anillo de diamantes. Dejó
caer la mandíbula del asombro. —
¡Cariño! ¡Es enorme!
—Lo que tú te mereces —
susurró colocándoselo en el dedo.
Fascinada vio como le encajaba
perfectamente y se miró la mano
maravillada por los reflejos del
solitario. —Es lo más bonito que he
visto nunca. —Le miró a los ojos. —
Pero lo que más me gusta es lo que
representa.
Él se incorporó besando sus
labios y ella le correspondió poniendo
el alma en ello por si aún dudaba que le
quería. Craig se apartó ligeramente y
mirando sus ojos susurró —Este es el
mejor momento de mi vida.
Sonrió con picardía. —Pues es
una suerte que lo tengamos grabado.
Craig rió por lo bajo cogiéndola
por la cintura para incorporarla y
empezó a bailar lentamente al ritmo de
la música. —Te amo, preciosa.
Acarició su nuca. —No puedo
creerme que sea tan feliz.
—Pues es el principio. Me
alegro de que tuvieras el valor para
volver a mi vida.
—Y yo me alegro de haber
vuelto.
Epílogo
—¡Noelle, en serio! ¡Cómo no
dejes de pedir cosas a las marcas te
echo de casa!
—Hala, la amenaza del día. —
Le mostró un vestido premamá azul. —
¡Esto te va a quedar genial en cámara
para el día del parto! Éste cuando vayas
al hospital y el rosa para cuando salgas.
Bufó acariciándose el vientre y
salió del salón. —¡Cariño, controla a tu
madre! Me voy a ver el último video de
Jason al estudio. ¿Sabes que está de
safari en África? Que suerte tienen
algunos que no tienen que aguantar tías-
suegras pesadas.
—¡Niña, qué boca tienes!
Soltó una risita porque al fin la
había fastidiado y en ese momento
alguien llamó a la puerta. May dijo
saliendo de la cocina —¡Ni se te ocurra
abrir! ¿Cuántas veces te lo tengo que
decir?
—Si no saben dónde vivo. Craig
se encarga de eso revisando todos los
videos.
—Cierto —dijo su marido
saliendo del salón con Simba en brazos.
Dejó al cachorro en el suelo
acercándose a su esposa para abrazarla
por la espalda y acariciar su vientre de
seis meses.
—Estás embarazada. Y ese
repartidor puede tener la lengua muy
suelta —dijo May acercándose a la
entrada a toda prisa.
—Que no. Antonio no se lo ha
contado a nadie. Es muy discreto.
—Me da igual. —Abrió la
puerta y se quedó parada como si le
hubieran dado la sorpresa de su vida.
Lorrie estiró el cuello para ver
quién era, pero solo vio a un hombre
mayor con el cabello negro y con las
sienes plateadas, que llevaba un ramo de
rosas blancas en la mano. Él forzó una
sonrisa. —Hola, May.
—¿Quién es? —preguntó Craig
poniéndose a su lado para mirar.
—Shusss, tengo un pálpito.
—Hace un par de días mi
sobrina vio un video en la red y… Y
como sabía que trabajabas aquí… —
Dio un paso atrás incómodo. —No tenía
que haber venido.
Asustada dio un paso hacia ellos
para intervenir, pero May dijo —¡Ni se
te ocurra moverte! —Levantó la barbilla
y fue hasta la cocina.
El pobre hombre no sabía qué
hacer, pero entonces Lorrie vio la
resolución en su cara y entró en la casa
cerrando la puerta. Sonrió tímidamente.
—Buenos días.
—Buenos días —dijeron los
dos.
—Si me permiten…
—Amigo, dese prisa. No se
preocupe por nosotros —dijo Craig
divertido.
Él sonrió y miró hacia la puerta
de la cocina. —Vamos a allá.
—¿Un consejo? —dijo ella
emocionada.
—Por supuesto.
—Háblele con el corazón y no se
deje nada.
El hombre asintió antes de
alejarse con paso firme y con el ramo en
la mano hacia la cocina. En cuanto entró
escucharon que May gritaba —¿Cómo te
atreves a volver?
Lorrie sonrió girándose hacia su
marido que tenía el ceño fruncido y éste
preguntó —¿Les dejamos solos?
—Por supuesto. Si hay amor se
querrán para siempre. No importan las
dificultades que tengan.
La miró a los ojos. —¿Cómo
nosotros?
—Como nosotros.
La abrazó y besó suavemente sus
labios. —Te amo, preciosa.
—Y yo a ti, a pesar de tu madre.
Noelle jadeó indignada desde el
salón. —¡Lo he oído!
Sonrieron y ella susurró cerca de
sus labios —Yo también te amo, mi
vida. Solo soy feliz a tu lado.
FIN
Sophie Saint Rose es una
prolífica escritora que lleva varios años
publicando en Amazon. Todos sus libros
han sido Best Sellers en su categoría y
tiene entre sus éxitos:
1- Vilox (Fantasía)
2- Brujas Valerie (Fantasía)
3- Brujas Tessa (Fantasía)
4- Elizabeth Bilford (Serie época)
5- Planes de Boda (Serie oficina)
6- Que gane el mejor (Serie Australia)
7- La consentida de la reina (Serie
época)
8- Inseguro amor (Serie oficina)
9- Hasta mi último aliento
10- Demándame si puedes
11- Condenada por tu amor (Serie
época)
12- El amor no se compra
13- Peligroso amor
14- Una bala al corazón
15- Haz que te ame (Fantasía
escocesa) Viaje en el tiempo.
16- Te casarás conmigo
17- Huir del amor (Serie oficina)
18- Insufrible amor
19- A tu lado puedo ser feliz
20- No puede ser para mí. (Serie
oficina)
21- No me amas como quiero
(Serie época)
22- Amor por destino
23- Para siempre, mi amor.
24- No me hagas daño, amor
(Serie oficina)
25- Mi mariposa (Fantasía)
26- Esa no soy yo
27- Confía en el amor
28- Te odiaré toda la vida
29- Juramento de amor (Serie
época)
30- Otra vida contigo
31- Dejaré de esconderme
32- La culpa es tuya
33- Mi torturador (Serie oficina)
34- Me faltabas tú
35- Negociemos (Serie oficina)
36- El heredero (Serie época)
37- Un amor que sorprende
38- La caza (Fantasía)
39- A tres pasos de ti (Serie
Vecinos)
40- No busco marido
41- Diseña mi amor
42- Tú eres mi estrella
43- No te dejaría escapar
44- No puedo alejarme de ti
(Serie época)
45- ¿Nunca? Jamás
46- Busca la felicidad
47- Cuéntame más (Serie
Australia)
48- La joya del Yukón
49- Confía en mí (Serie época)
50- Mi matrioska
51- Nadie nos separará jamás
52- Mi princesa vikinga (Serie
Vikingos)
53- Mi acosadora
54- La portavoz
55- Mi refugio
56- Todo por la familia
57- Te avergüenzas de mí
58- Te necesito en mi vida (Serie
época)
59- ¿Qué haría sin ti?
60- Sólo mía
61- Madre de mentira
62- Entrega certificada
63- Tú me haces feliz (Serie
época)
64- Lo nuestro es único
65- La ayudante perfecta (Serie
oficina)
66- Dueña de tu sangre (Fantasía)
67- Por una mentira
68- Vuelve
69- La Reina de mi corazón
70- No soy de nadie (Serie
escocesa)
71- Estaré ahí
72- Dime que me perdonas
73- Me das la felicidad
74- Firma aquí
75- Vilox II (Fantasía)
76- Una moneda por tu corazón
(Serie época)
77- Una noticia estupenda.
78- Lucharé por los dos.
79- Lady Johanna. (Serie Época)
80- Podrías hacerlo mejor.
81- Un lugar al que escapar (Serie
Australia)
82- Todo por ti.
83- Soy lo que necesita. (Serie
oficina)
84- Sin mentiras
85- No más secretos (Serie
fantasía)
86- El hombre perfecto
87- Mi sombra (Serie medieval)
88- Vuelves loco mi corazón
89- Me lo has dado todo
90- Por encima de todo
91- Lady Corianne (Serie época)
92- Déjame compartir tu vida
(Series vecinos)
93- Róbame el corazón
94- Lo sé, mi amor
95- Barreras del pasado
96- Cada día más
97- Miedo a perderte
98- No te merezco (Serie época)
99- Protégeme (Serie oficina)
100- No puedo fiarme de ti.
101- Las pruebas del amor
102- Vilox III (Fantasía)
103- Vilox (Recopilatorio)
(Fantasía)
104- Retráctate (Serie Texas)
105- Por orgullo
106- Lady Emily (Serie época)
107- A sus órdenes
108- Un buen negocio (Serie
oficina)
109- Mi alfa (Serie Fantasía)
110- Lecciones del amor (Serie
Texas)
111- Yo lo quiero todo
112- La elegida (Fantasía medieval)
113- Dudo si te quiero (Serie
oficina)
114- Con solo una mirada (Serie
época)
115- La aventura de mi vida
116- Tú eres mi sueño
117- Has cambiado mi vida (Serie
Australia)
118- Hija de la luna (Serie Brujas
Medieval)
119- Sólo con estar a mi lado
120- Tienes que entenderlo
121- No puedo pedir más (Serie
oficina)
122- Desterrada (Serie vikingos)
123- Tu corazón te lo dirá
124- Brujas III (Mara) (Fantasía)
125- Tenías que ser tú (Serie
Montana)
126- Dragón Dorado (Serie época)
127- No cambies por mí, amor
128- Ódiame mañana
129- Demuéstrame que me quieres
(Serie oficina)
130- Demuéstrame que me quieres 2
(Serie oficina)
131- No quiero amarte (Serie
época)
132- El juego del amor.
133- Yo también tengo mi orgullo
(Serie Texas)
134- Una segunda oportunidad a tu
lado (Serie Montana)
135- Deja de huir, mi amor (Serie
época)
136- Por nuestro bien.
137- Eres parte de mí (Serie
oficina)
138- Fue una suerte encontrarte
(Serie escocesa)
139- Renunciaré a ti.
140- Nunca creí ser tan feliz (Serie
Texas)
141- Eres lo mejor que me ha
regalado la vida.
142- Era el destino, jefe (Serie
oficina)
143- Lady Elyse (Serie época)
144- Nada me importa más que tú.
145- Jamás me olvidarás (Serie
oficina)
146- Me entregarás tu corazón
(Serie Texas)
147- Lo que tú desees de mí (Serie
Vikingos)
148- ¿Cómo te atreves a volver?
Novelas Eli Jane Foster
1. Gold and Diamonds 1
2. Gold and Diamonds 2
3. Gold and Diamonds 3
4. Gold and Diamonds 4
5. No cambiaría nunca
6. Lo que me haces sentir
Orden de serie época de los
amigos de los Stradford, aunque se
pueden leer de manera independiente
1. Elizabeth Bilford
2. Lady Johanna
3. Con solo una mirada
4. Dragón Dorado
5. No te merezco
6. Deja de huir, mi amor
7. La consentida de la Reina
8. Lady Emily
9. Condenada por tu amor
10. Juramento de amor
11. Una moneda por tu corazón
12. Lady Corianne
13. No quiero amarte
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