100% encontró este documento útil (1 voto)
351 vistas124 páginas

POP

Este documento presenta el Protocolo para Organizaciones Populares (POP), una guía creada por el colectivo La Ciega para ayudar a organizaciones populares a responder ante situaciones de violencia de género. El POP incluye protocolos para la violencia doméstica y sexual, así como sugerencias para talleres de formación sobre estos temas. El objetivo es brindar herramientas prácticas que permitan a las organizaciones acompañar a víctimas y exigir el cumplimiento de sus derechos.

Cargado por

Leticia Spinosa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
351 vistas124 páginas

POP

Este documento presenta el Protocolo para Organizaciones Populares (POP), una guía creada por el colectivo La Ciega para ayudar a organizaciones populares a responder ante situaciones de violencia de género. El POP incluye protocolos para la violencia doméstica y sexual, así como sugerencias para talleres de formación sobre estos temas. El objetivo es brindar herramientas prácticas que permitan a las organizaciones acompañar a víctimas y exigir el cumplimiento de sus derechos.

Cargado por

Leticia Spinosa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

POP

PROTOCOLO PARA ORGANIZACIONES POPULARES


Ballesteros, Sofía
POP: Protocolo para Organizaciones Populares.
1a ed . - La Plata : Pixel, 2019.
124 p. ; 23 x 16 cm. - (Popova)

ISBN 978-987-3646-41-6

1. Feminismo. 2. Modalidades de Violencia de Género. 3. Talleres de


Formación. I. Título.
CDD 305.42

TÍTULO: Protocolo para organizaciones populares

AUTORXS: La Ciega, colectivo de abogadxs populares e independientes.


La Ciega
La Ciega
La Ciega

EDICIÓN, DIRECCIÓN DE ARTE Y DISEÑO: Pablo Amadeo


CORRECCIONES: Lucía Sbriller y Gustavo Paolini

SERIE:

Primera edición: octubre 2013 | Segunda edición: octubre 2019


Este es un trabajo impulsado por PIXEL Editora
[Link]/pixeleditora
pixeleditora@[Link]
Diagonal 78 nº 506 e/ plaza Rocha y 6
La Plata - Argentina - Indoamérica
Dedicado a todxs lxs compañerxs
que fueron y son parte de este proceso.
A las brujas feministas, por las experiencias
y aprendizajes compartidos.
PRÓLOGO
Claudia Korol 13

ADVERTENCIA
¿Qué significa decir que el lenguaje es sexista? 15

PRESENTACIÓN
¿Quiénes somos? 19
¿Por qué un protocolo popular? 21
¿De dónde partimos? 25
¿Cómo estamos? 33

PROTOCOLOS ¿Qué hacemos? ¡Conocer para exigir!


I. Protocolo ante situaciones de violencia
en el ámbito doméstico 39
II. Protocolo ante situaciones de violencia sexual 57

¿Con qué dificultades nos encontramos? 65


ANEXO TALLERES
Algunas propuestas 71

PRIMER TALLER
Introducción a la problemática
de la violencia de género 73

SEGUNDO TALLER
Construcción de redes sociales 77

TERCER TALLER
En la lucha defendemos nuestros derechos 83

CUARTO TALLER
Autocuidado 91
1ra Parte: Fortaleciéndonos 91
2da Parte: Nosotrxs, testigxs de nosotrxs mismxs 99

QUINTO TALLER
¿Qué hacer desde las organizaciones sociales
ante la violencia de género? 109

GLOSARIO 115

BIBLIOGRAFÍA 119
PRÓLOGO
CLAUDIA KOROL 13

Herramientas populares, para la revolución antipatriarcal

Cuentan las zapatistas, que en los primeros pasos dados en la Selva Lacan-
dona, se dedicaban a vacunar a niños y niñas de las comunidades. Por eso al-
gunxs niñxs los retrataban con las jeringas de las vacunas, y no con las armas.
Cuando algunas voces los criticaron diciendo que eso era asistencialismo, res-
pondieron que para que haya revolución debe haber sujetos colectivos, orga-
nizados, rebeldes. Y que para eso, básicamente, los pueblos deben estar vivos.
Muchas veces volví a ese relato que me hicieron en la Selva Lacandona. Si allá
una vacuna era la distancia posible entre la vida y la muerte de cada persona,
en la selva de cemento de nuestras ciudades, no hay vacunas que nos salven de
la violencia patriarcal, pero sí hay herramientas creadas colectivamente, que
pueden permitirnos construir el sujeto colectivo, histórico, de las revoluciones
feministas, antipatriarcales, antirracistas, anticapitalistas.
Este Protocolo para Organizaciones Populares (POP), en su segunda ver-
sión, así como en la primera, nos permite caminar en esa dirección, aportando
a defender la vida de las mujeres del pueblo, de las lesbianas, travestis, trans,
de las identidades que se fugan del régimen heterosexual, binario, hegemónico.
No se trata de puras consignas, sino de propuestas concretas de acción, for-
mación y reflexión, para no sólo identificar los modos brutales de la violencia pa-
triarcal que reduce, esclaviza o elimina nuestras vidas, sino para crear y habitar un
horizonte utópico, a partir de un recorrido colectivo cotidiano, donde cada paso
está hecho de práctica y de teoría, de teoría y práctica. Pensar los modos de frenar
la violencia patriarcal, no desde ensayos meramente especulativos, sino desde ex-
periencias que vamos realizando en distintas colectivas, es fundamental para que
las sujetas históricas de las revoluciones feministas puedan constituirse como tales.
Todo esto se dice fácil, pero se hace difícil. Porque día a día aumentan los
feminicidios y las muchas formas de matarnos en vida. Estar vivas, es una
hazaña cotidiana para muchas mujeres apresadas en cárceles domésticas que
reciben el nombre edulcorado de familias. En este contexto en el que la misogi-
nia y el odio a las diversidades, son los rostros desnudos del fascismo, en el que
el individualismo liberal y posmoderno desgarra las solidaridades, estar vivas
y organizadas, pasa a ser, en sí mismo una revolución.
El POP es un aporte a esa revolución. Es una caja de herramientas pedagó-
gicas, políticas, de autodefensa, probadas en distintas ocasiones, inventadas a
la luz de la práctica feminista, y sistematizada en un aquelarre que, no siendo
14 PRÓLOGO

ya la organización que fue, perdió estructura pero no el encanto de seguir ha-


ciendo camino al andar. Se desbordó, sin perder la ternura.
Cuando desde Feministas de Abya Yala realizamos el Juicio Ético Popular
a la Justicia Patriarcal, pudimos constatar y ampliar muchas de las situaciones
que aquí se describen como obstáculos para acceder a los derechos de mujeres y
disidencias. En esa misma sintonía nos encontramos ahora con la propuesta del
POP –a la que muchas hemos acudido en su primera versión–, y que por haberlo
necesitado y por haberlo utilizado, lo considero una reflexión teórico-práctica in-
dispensable, para pensar y promover concretamente la “justicia feminista”. Es la
justicia que vamos inventando entre todas y todes, que parte del ejercicio grupal
de desnaturalizar las violencias y las opresiones, buscando maneras y caminos
para salir de los círculos de terror con que pretenden disciplinarnos y cercarnos.
No hay salvación individual, y por ello estos protocolos de actuación, apun-
tan a la toma de conciencia, especialmente en las organizaciones populares.
Esto significa poner en cuestión también a los movimientos en los que partici-
pamos, y asumir –como en esta propuesta se hace– que los mismos son parte
de la cultura patriarcal, del régimen heterosexual, del racismo y del machismo
interiorizados en nuestra subjetividad, tan funcionales al sistema capitalista de
explotación y opresión de cuerpos, comunidades y territorios.
Esta caja de herramientas nos invita a organizarnos para detener en el aire
“el golpe mortal”, y para crear simultáneamente al sujeto colectivo, plural, plu-
rinacional, desde cada territorio, de las revoluciones feministas cotidianas, es-
tructurales, que nombren y ejerciten la libertad y la autonomía.
Celebro el esfuerzo de conceptualizar las prácticas, la manera de crear co-
lectivamente los conocimientos necesarios para las luchas grandes y pequeñas,
y la socialización de las mismas a través de este POP, que podremos seguir
enriqueciendo, para que nazcan diez, cien, miles de aquelarres que celebren
la vida de cada una de las mujeres y de las cuerpas subversivas, que respiren
sorbos de libertad, y puedan reconocer las distintas dimensiones del deseo. No
como una promesa individualista de “sálvese quien pueda”, sino como el ejer-
cicio emancipatorio de saber y saborear el sentirnos parte de una gigantesca
marea que barre prejuicios, tabúes, miedos, pactos de silencio, complicidades, y
rehace la energía de las mujeres del pueblo, de las tortas, de las travas y trans,
de las que ya nunca seremos las de antes, porque sentimos en nuestra piel la
caricia colectiva de la revolución feminista.

Claudia Korol
ADVERTENCIA 15

¿Qué significa decir que el lenguaje es sexista?

Detectamos sexismo en el lenguaje cuando se hace una asignación de valo-


res, capacidades y roles exclusivamente en función del sexo. En general este uso
implica la desvalorización femenina y determina una situación de inferioridad
para las mujeres. Los sujetos de referencia son siempre los varones. En el caso
de que con la palabra ‘hombre’ se quiera englobar también a las mujeres e iden-
tidades disidentes, se promueve la invisibilización de las mismas. La importancia
que reviste esto es que por medio de la lengua aprendemos y aprehendemos la
realidad, y es así cómo influye en nuestra concepción del mundo; adquirimos
un conjunto de conocimientos con el cual organizamos, interpretamos y cons-
truimos nuestra experiencia y la de lxs demás. De ahí la importancia de que el
lenguaje refleje la existencia autónoma de todas las personas, para que todas las
personas podamos apropiarnos de nuestra historia y así ser protagonistas de la
misma. Sabemos que la discriminación sexista es una cuestión muy compleja
que no se podrá dirimir sólo lingüísticamente, pero si tenemos en cuenta que
con el lenguaje se transmiten estereotipos y modelos según los sexos, si no lo
problematizamos seguiremos contribuyendo y legitimando la reproducción de
prácticas excluyentes, su normalización y naturalización.
Este equipo opta por utilizar el lenguaje escrito como una forma de visi-
bilizar las marcas genéricas, por ello utiliza la “x” cuando hay referencias a
universales en los que pueden incluirse todas las personas. Si bien el uso de
“x” es algo informal, o inclusive incómodo, su uso en ámbitos formales como
la academia es una herramienta de explicitación de la heteronormatividad del
lenguaje. El uso de la “x” puede ajustarse a cada persona sin re-producir, a
través del poder del lenguaje, la creencia en dos géneros/sexos, que, siguiendo
a Wittig, es una base fundamental, no sólo del sexismo, sino también del ho-
molesbobitransodio y la heteronormalización.
PRESENTACIÓN
19

¿QUIÉNES SOMOS?

“Somos, es este instante único, irrepetible.


Es el momento cero, la magia cuántica.
En el universo y en el caos,
el batir de todas las alas de todas las mariposas,
de todos los tiempos, de todas las ensoñaciones.
Es aquí que somos ellas y somos nosotras
y somos todas en esta cuerpa misma.
Cuerpa salvaje,
cuerpa sagrada,
cuerpa libre que se expande infinita.”

Patricia Karina Vergara Sánchez

En el año 2010, y luego de mucho camino compartido, entre compas inde-


pendientes, el Colectivo de Abogadxs Populares La Ciega y el Frente de Orga-
nizaciones en Lucha (FOL) conformamos el Equipo Interdisciplinario contra
la violencia de Género “Aquelarre”. Desde el surgimiento trabajamos sobre el
abordaje de situaciones de violencia de género concretas, elaboramos las car-
tillas “Construcción de redes sociales”, “En la lucha defendemos nuestros dere-
chos”, y “Fortaleciéndonos” y realizamos distintos talleres en varios barrios de
la provincia de Buenos Aires, desde una mirada anticapitalista, antipatriarcal,
interdisciplinaria y feminista.
Con la experiencia de los talleres realizados, los acompañamientos y las
discusiones colectivas es que en el año 2012 elaboramos el primer “Protocolo
para Organizaciones Populares (POP): violencia contra las mujeres en rela-
ciones de pareja. Violencia sexual”, con el objetivo de que sea un aporte a las
organizaciones para acompañar las situaciones de violencias que se presentan
cotidianamente en los barrios.
El “POP” circuló, viajó por el país, fue usado, marcado, fotocopiado. Di-
versxs compañerxs y organizaciones hicieron devoluciones con aportes espe-
cíficos dando cuenta que el conocimiento se construye entre todxs y en una
relación dialéctica entre práctica y teoría.
20 ¿QUIÉNES SOMOS?

En la versión anterior del POP decíamos que se trataba de “un borrador


que se pone en juego, para modificarlo, mejorarlo y re-editarlo las veces que
sea necesario”.
Luego de unos años, Aquelarre deja de existir como tal pero quienes lo inte-
gramos seguimos siendo compañeras y encontrándonos en distintos espacios
de lucha y resistencia. Ante la necesidad y las ganas de producir conocimiento
colectivo nos reencontramos. Podemos decir que Aquelarre mutó y actualmen-
te nos une en esta tarea de revisión, corrección y reedición del POP. Lo enten-
demos como una herramienta necesaria y en construcción, por eso y a la luz
de todos los aportes que nos han realizado en estos años, lo volvemos a mirar,
lo desmenuzamos, lo amasamos, le agregamos y tachamos.
Pusimos cabeza, corazón y manos a la obra: La des y reconstrucción del
POP. Este nuevo que presentamos contiene muchos de los nuevos aportes (tan-
to teóricos como prácticos) que tomamos del movimiento de mujeres, femi-
nista y disidente, también visibiliza los aprendizajes que tuvimos cada unx de
nosotrxs en estos años en distintos espacios que hemos transitado y diversas
experiencias recorridas, tanto en lo laboral, en la calle, en lo personal, en lo
político y en lo organizativo.
Seguimos luchando y construyendo, desde abajo y a la izquierda, un mundo
nuevo sin opresorxs ni oprimidxs. Y nuevamente ponemos a rodar el “POP”,
“un instrumento en permanente cambio y construcción, un ladrillo violeta en la
emancipación”.
21
PRESENTACIÓN

¿POR QUÉ UN PROTOCOLO POPULAR?

Somos las que decimos y gritamos que no estamos solas.


Que si tocan a una nos tocan a todas.
Somos el cuerpo del Ni una menos que se vino gestando
en esta larga historia de más de un siglo.

Claudia Korol

A lo largo de estos años, desde el trabajo conjunto del equipo interdiscipli-


nario contra la violencia de género y diferentes organizaciones sociales/terri-
toriales, fuimos construyendo diversas herramientas que nos permiten pensar
e intervenir en la problemática de la violencia de género.
Las organizaciones que asumen el desafío de abordar colectivamente esta
problemática suelen encontrarse con muchísimos obstáculos a la hora de in-
tervenir ante situaciones de violencias y para pensar estrategias desde una mi-
rada crítica y una práctica transformadora. Uno de los principales obstáculos
que encuentran al acompañar o asesorar, es el no tener acceso a determinados
conocimientos sobre el qué hacer, sobre los pasos a seguir y sobre algunas
cuestiones necesarias a tener en cuenta.
Muchas veces (la mayoría!) nos encontramos con que las instituciones esta-
tales, la justicia, los hospitales, las comisarías y las instituciones que deberían
dar respuesta, soluciones y recursos para acompañar las situaciones, no res-
ponden a la letra (la Ley) y al discurso que el mismo Estado genera.
Estas instituciones en varias ocasiones tienen prácticas que revictimizan a
las mujeres en situación de violencia. No solo por no dar respuestas sino por-
que suelen reproducir prácticas machistas y, por acción u omisión, son respon-
sables de seguir ejerciendo las violencias. Así, a las violencias que atraviesan
las mujeres se le agrega la violencia institucional.
Algunas de estas acciones pueden ser:

• Desinformar a la persona que quiere saber lo que “tiene que hacer”.


• Contradecirse entre una institución y otra sobre los pasos a seguir y el recorrido
institucional que se requiere para realizar una denuncia o acciones necesarias.
22 ¿POR QUÉ UN PROTOCOLO POPULAR?

• No contar con cuestiones básicas para intervenir en estas situaciones (equipos


profesionales, espacios adecuados, recursos para ofrecer, trabajadorxs forma-
dxs en la perspectiva de género, horarios y lugares accesibles, entre otros).
• Excesiva burocracia ante situaciones que requieren actuar con urgencia.
• Maltrato por parte de lxs operadorxs encargadxs de abordar estas cuestiones.
• Instituciones “fantasmas”, muchas veces nos encontramos con que su-
puestas instituciones que se presentan como LAS que trabajan la temática,
están vaciadas, sin recursos, sin profesionales o son simples pantallas de
los gobiernos de turno.

Por otro lado, quienes decidimos acompañar a otras mujeres, en general,


somos mujeres y también estamos atravesadas por las múltiples violencias
que genera el Cis tema heteropatriarcal capitalista y podemos fácilmen-
te reproducir muchas de estas prácticas y miradas que revictimizan a las
mujeres. Las herramientas que necesitamos para encarar estas situaciones
son múltiples y complejas: No solo necesitamos formarnos teóricamente
sobre las violencias y cómo funcionan las relaciones desiguales de poder,
sino también necesitamos adquirir herramientas técnicas y metodológicas
para mejorar las intervenciones que realizamos, por ejemplo cómo hacer
una entrevista, construir instrumentos de registro, coordinar talleres, pla-
nificar y muchas tareas más. Las herramientas más importantes son las que
muchas feministas (desde las organizaciones, sus lugares de trabajo o la
academia) han construido, centralmente la autoconciencia, el autocuidado/
cuidado colectivo, la autodefensa, la educación feminista y la sororidad son
las que nos ayudan a estar alertas y acompañar sin prejuicios y sin generar
prácticas paternalistas.
La experiencia nos ha enseñado que el conocimiento es una herramienta fun-
damental para exigir nuestros derechos, que la acción colectiva y la lucha debe ir
acompañada con acciones cotidianas que dejen precedentes y que fortalezcan a
quienes inician un proceso para alejarse de las situaciones de violencia.
Para esto vemos necesario darnos la tarea de socializar y construir alterna-
tivas que nos sirvan para resolver algunas cuestiones del problema de forma
inmediata (realizar una denuncia, acompañar a la mujer en situación de vio-
lencia, etc.) mientras vamos construyendo alternativas sociales y políticas para
enfrentar a este Cis tema que nos oprime.
Este protocolo intenta, por un lado, aportar a pensar el Qué hacer
y Cómo intervenir de forma más potente desde las organizaciones so-
ciales, y por otro reflexionar y criticar lo existente, lo que debería ser
y no es, lo que no funciona, para pensar sobre nuestras propias formas
de intervención y para que las mujeres que atraviesan situaciones de
PRESENTACIÓN 23

violencias tengan mayores herramientas para transitar los diferentes


obstáculos que se presentan al atravesarlas.
Las violencias heterocispatriarcales que se dan en el ámbito domés-
tico atraviesan todas las clases sociales, como así también no se dan
sólo en las relaciones heterosexuales.
Este protocolo hace un recorte en relación a pensar estrategias para
trabajar situaciones de violencias hacia las mujeres de los barrios po-
pulares, no porque consideremos más importante estas situaciones por
sobre otras, sino por las experiencias que tenemos en la temática y las
imposibilidades de sistematizar más allá de estas.
Este material está pensado para lxs compañerxs que, desde la mi-
litancia cotidiana, asumiendo múltiples e importantes tareas, deciden
dedicar tiempo y esfuerzo a afrontar situaciones complejas, frustrantes
muchas veces, y que ponen en cuestión lo existente, lo naturalizado,
hacia las instituciones, el barrio, las mujeres y hacia adentro de las or-
ganizaciones y sus militantes.

Solo un aporte ¡vayamos por más!

Entendemos que estas herramientas específicas no son suficientes para


abordar la total complejidad de esta problemática. Creemos que la solución es
política y colectiva, respondiendo a nuestras propias necesidades, las necesi-
dades de lxs de abajo.
Sabemos que la cantidad de situaciones de violencia que existen en los ba-
rrios no se llegarían a abordar desde un equipo (o varios), o solamente desde
la voluntad política de las organizaciones sociales, por eso pensamos que, ade-
más de organizar y difundir las herramientas específicas, es importantísimo
apoyarse en la organización, en el movimiento, armar redes en los barrios,
comisiones de género con compañerxs que se especialicen y puedan dar una
mano y acompañar en lo inmediato situaciones de violencias.
Este protocolo intenta ser un aporte en este sentido. Hace años venimos
construyendo nuevas herramientas, recuperando viejas y repensando nuestras
experiencias. La tarea de sistematizarlas, actualizarlas y socializarlas es nece-
saria, la educación feminista es un gran desafío. Nuestras estrategias, nuestros
aciertos y errores, nuestras producciones y encuentros son los mejores protoco-
los, no solo para saber “qué hacer” sino para luchar mejor por nuestros derechos.
Es muy importante conocer nuestros derechos como mujeres, que fueron
conquistados a lo largo de la historia, para exigirle al Estado que los garantice.
Que jueces y juezas, médicos y médicas, policías, patrones cumplan con las
leyes y derechos también depende de nuestra fuerza y organización.
24 ¿POR QUÉ UN PROTOCOLO POPULAR?

Por ser la violencia de género un problema social y no individual o familiar,


creemos que todo este trabajo tiene que abordarse desde una mirada crítica y
feminista de la realidad cotidiana y contener propuestas efectivas que avancen
en resoluciones colectivas. Creemos que para que cambie este problema
de raíz deberían cambiar muchas cosas de la sociedad en su conjunto y
para esto también necesitamos la organización y la lucha. Para avanzar
en el aporte de la construcción de nuevas subjetividades es preciso que nos jun-
temos, que nos organicemos, para ir prefigurando la sociedad que queremos.
25

¿De dónde partimos?


Algunas definiciones a tener en cuenta

“El feminismo con visión de futuro nos anima a examinar nuestras vidas con valentía
desde la perspectiva de género, raza y clase para que entendamos con claridad
nuestro lugar dentro del patriarcado capitalista supremacista blanco”.
bell hooks

Hablamos de CAPITALISMO HETEROCISPATRIARCAL o HETEROCIS-


PATRIARCADO CAPITALISTA para hacer referencia a un sistema social o una
forma particular de relación entre dos sistemas que surge a partir del proceso
de la acumulación originaria, proceso con epicentro en Europa que se extendió
por todo el mundo en los siglos XV y XVI.1
El capitalismo heterocispatriarcal es un sistema social que ordena y jerarqui-
za la totalidad de las relaciones sociales de la sociedad actual. Si bien el patriarca-
do es anterior al capitalismo, este lo toma y lo adapta a sus intereses, lo asimila y
se aprovecha del mismo para hacer más eficiente y efectiva la dominación de una
minoría sobre una mayoría. Podríamos entonces decir que vivimos hace siglos
en un sistema capitalista heterocispatriarcal, donde existen relaciones objetivas,
más allá de la conciencia y la voluntad de lxs sujetxs (por ejemplo alguien puede
sentir que su patrón es bueno y justo pero existe objetivamente una relación de
explotación, o alguien puede amar a su pareja y cocinar, limpiar y planchar por
amor, pero hay una relación de opresión objetiva). En este sentido, nos referimos
al carácter sistémico y hablamos de totalidad social.

Veamos algunos elementos estructurales de esta totalidad social:

1.- División sexual del trabajo: si nacemos con genitales femeninos se nos
va a identificar socialmente como mujeres, si nacemos con genitales mascu-

[1] Podemos historizar las múltiples opresiones de la humanidad y es muy importante ha-
cerlo, para entender por qué y cómo vivimos de determinada manera en la sociedad actual,
pero en este POP no profundizaremos en la historia de este sistema sino en sus caracterís-
ticas. Recomendamos buscar y preguntarnos siempre por el origen de las formas sociales,
central para las transformaciones que deseamos.
26 ¿DE DÓNDE PARTIMOS?

linos como varones. Desde nuestros primeros días en el mundo se nos va a


asignar, en general a partir del juego, tareas diferenciadas. Nos enseñan a las
niñas a cocinar, cuidar, limpiar y ser mamás. Nos enseñan a los niños a hacer
deportes fuertes, competir, jugar de que trabajamos de médicos, bomberos, po-
licías, comerciantes, etc. Y no solo eso, sino que se jerarquizan las tareas. Así
se va configurando una división sexual del trabajo, donde se aceptan y valoran
los trabajos según nuestros genitales, se forman nuestras habilidades y capa-
cidades según nuestro “sexo” y se jerarquizan social y económicamente estos
trabajos, siempre perjudicando a las mujeres en esta división. ¿Pero por qué
esta división es beneficiosa para el sistema?

2.- Separación del ámbito público / ámbito privado y del trabajo repro-
ductivo y productivo: Con la división sexual del trabajo, las mujeres obligadas
a ser madres y cuidadoras son las que garantizan el trabajo reproductivo (todas
las tareas que necesitamos para reproducir cotidianamente nuestras vidas) y
los varones el trabajo productivo (el que recibe un salario y se intercambia en
el mercado a través de mercancías o servicios). Así en este sistema social, se va
separando artificialmente el ámbito de lo público del ámbito privado, nueva-
mente jerarquizando uno por sobre otro y ubicando a las mujeres en las cuatro
paredes del hogar. Por el solo hecho de que el trabajo se realice en el ámbito
privado, a partir de las relaciones familiares, este trabajo se realiza de forma
gratuita, quienes lo realizan salen perdiendo y quienes viven gracias a este
trabajo salen beneficiados. Aun si recibimos un salario por esto, seguramente
por responder al “ámbito privado” o a lo reproductivo asociado a las mujeres,
será peor pago (como es el caso de quienes trabajan en el “empleo doméstico”
o cuidando niñxs y enfermxs). Las mujeres también trabajamos por un salario,
según cada momento histórico el sistema nos necesita trabajando por fuera del
ámbito privado (sin abandonar el trabajo doméstico) o nos expulsa del merca-
do de trabajo, al menos del trabajo formal. Pero aun siendo trabajadoras que
recibimos un salario, en general accedemos a los trabajos más precarios, peores
pagos y relacionados con las tareas de cuidado de otras personas.
Hablar en público, hacer política, participar de la economía y de la vida
social son conquistas que logramos el movimiento de mujeres y feminista en
la lucha, pero que aún hoy no logramos ejercer plenamente. Pero ¿por qué
siguen existiendo estas desigualdades?

3.- Violencia: No hay sistema social de explotación y opresión que no haga


uso de la violencia para mantenerse. Sea una violencia más directa o más su-
til, siempre se necesitan relaciones de dominación de unxs sobre otrxs para
garantizar el orden social que beneficia a un sector de la sociedad. Las formas
PRESENTACIÓN 27

de entender el mundo de este sector dominante se impone hacia el resto de la


sociedad a través de normas, valores, prácticas ejemplificadoras y disciplinado-
ras. Y siempre están los castigos si nos corremos de la norma (penalización del
aborto, femicidios, crímenes de odio hacia la disidencia). ¿Cómo se imparte
ese castigo? ¿Quiénes tienen el derecho a ejercer violencia sobre otrxs?

4.- Estado capitalista - heterocispatriarcal: Si hacemos el ejercicio de re-


construir nuestras historias y la de nuestras generaciones pasadas vamos a ver
grandes diferencias sobre cómo entendemos el mundo y las relaciones entre
los sexos. Nos encontramos con que las mujeres tuvimos que pelear cada uno
de los derechos que hoy tenemos (derecho al voto, al divorcio, a la salud sexual
y reproductiva, a la educación, etc). El Estado, desde sus orígenes, se conformó
para defender la propiedad privada y, a la vez, la supremacía masculina. Para
eso necesitó, y aún necesita, controlar el cuerpo de las mujeres, su trabajo
reproductivo y su sexualidad. Generalmente, a través del control de la familia
y de la educación sexista, el Estado legitima lo que las mujeres podemos o no
podemos hacer, castigándonos hasta con la muerte cuando no obedecemos o
cumplimos con las leyes y normas que protegen este orden social. Esto lo pode-
mos ver, por ejemplo, en la “justicia” que imparte el Estado, donde, en general,
le garantiza impunidad y beneficios a los violentos y poderosos y condena a
las mujeres, a lxs pobres y quienes no responden a la “norma”. Es por esto que
hablamos de la justicia clasista y heteropatriarcal. Pero también podemos verlo
en el sistema de salud y educación, en el impacto de las políticas económicas
del Estado y en las “representaciones políticas”. Las luchas por más derechos
conquistados y reconocidos por el estado son muy importantes, pero sabemos
que, por su carácter clasista, racista y sexista, no vamos a lograr cambiar esta
sociedad a través del Estado, donde el poder dominante se concentra pero tam-
bién se produce, se reproduce y se dispersa. ¿Pero es el Estado la única ins-
titución legítima de ejercer violencia? ¿Cómo se reproduce este poder?

5.- Ordenamiento y jerarquía de las relaciones sociales y sexuales, prác-


ticas sociales en la vida cotidiana: Cuando decimos que “las cosas no son así,
estánasí y las vamos a cambiar” es porque pensamos que las prácticas sociales
dominantes están muy impregnadas en nuestra vida cotidiana, en lo que hace-
mos y pensamos, están naturalizadas pero no son “naturales”. Por ejemplo, la
ideología dominante nos dice que la familia es la base de la sociedad, que siempre
existió, que la función de las mujeres es ser madres, que los varones tienen que
tener relaciones sexuales con las mujeres y viceversa. Este sistema logra man-
tenerse a través del control cotidiano de las relaciones sociales y sexuales, por
parte de las instituciones pero también por parte de nosotrxs mismxs. Vamos
28 ¿DE DÓNDE PARTIMOS?

reproduciendo un conjunto de valores, estereotipos y formas de ser que refuer-


zan desigualdades y violencias. Es así como, la violencia machista de los varones
hacia mujeres, lesbianas, travestis, maricas, niñeces, no es un hecho aislado y
cumple una función social, reproduce toda la estructura social. Así también las
prácticas racistas refuerzan el supremacismo blanco y la discriminación hacia
“lxs diferentes”, el capacitismo. Nuestras subjetividades están construidas social-
mente para que reproduzcamos estos valores y estereotipos, para que pensemos
que nuestrx enemigx es quien está al lado, que las únicas relaciones posibles son
las que nos enseñaron. Las relaciones desiguales y jerárquicas se expanden en
todos los ámbitos de nuestra vida, pero no sin resistencias…

Estas estructuras están entremezcladas en la realidad social, y no son está-


ticas, pero son las que organizan las relaciones sociales desiguales de poder. En
general, estas relaciones sociales desiguales de poder se expresan en una serie de
normas, mandatos y asignaciones de roles hegemónicos que regula a todxs, por
eso decimos que transformar esta realidad no es solo un problema de las mujeres.
Las mujeres nos encontramos oprimidas por el capitalismo heterocispa-
triarcal. Así, entendemos que el enemigo no es el varón sino que es la do-
minación sexista del que el capitalismo se vale para reproducir relaciones de
violencia, opresión y explotación.

Desarrollando algunos conceptos…

¿Cómo pensamos al heterocispatriarcado?

Como ya dijimos, el patriarcado es un sistema previo al capitalismo, pero


este lo toma y lo adapta a sus intereses, lo asimila y se aprovecha del mismo para
hacer más eficiente y efectiva la dominación de una minoría sobre una mayoría.
La ideología de la clase dominante, juega un rol central en la construcción de
un sentido común machista que se impone en toda la sociedad a partir de la cons-
trucción de consenso. Este consenso es expresión de relaciones y conflictos histó-
ricos y se reproduce a través de diferentes instituciones sociales: desde los medios
masivos de comunicación, la iglesia, las escuelas, el sistema de salud, la familia, etc.
El sistema patriarcal vigente intenta construir nuestra identidad de forma
binaria como hombres y mujeres. En este sentido, cuando hablamos de mas-
culinidad hegemónica nos referimos a cómo los varones llegan a ser tal como
son en este orden social al que denominamos patriarcado. Las características
asignadas a los varones (fortaleza, inteligencia, valentía, frialdad, autosuficien-
cia, etc.) no son biológicas o innatas sino que la masculinidad se construye en
la sociedad. Así ésta es el conjunto de actitudes, valores y comportamientos
PRESENTACIÓN 29

considerados socialmente aptos para los hombres y en el cual los mismos en-
cuentran su sentido individual y colectivo frente a la sociedad y frente a sí
mismos. Al hablar de masculinidad hegemónica no nos referimos a un sujeto
particular, sino a las características sociales, históricas y políticas que se ne-
cesitan centralmente para mantener y ejercer el poder de control sobre otrxs.
Corresponder al modelo masculino hegemónico del patriarcado es mantener a
todxs aquellxs que no responden a los cánones de la masculinidad (mujeres, lesbia-
nas, gays, bisexuales,travestis, trans, intersexuales y personas no binarixs) en un
lugar de inferioridad, expuestos continuamente a diversas violencias que asegura
la supremacía masculina. A este modelo, del cual ningún varón escapa totalmente,
lo llamamos masculinidad hegemónica y es a través del mismo que los varones
sacan provecho del sistema que los beneficia como colectivo. Más allá de que mu-
chos no cumplen con todos los patrones hegemónicos en su totalidad, la mayoría
de ellos se beneficia, como plantea Robert W. Connel, con el dividendo patriarcal,
entendido como la ventaja que los hombres obtienen de la subordinación de las
mujeres. Así, una parte de los hombres puede respetar a las mujeres, a sus parejas,
etc y no haber ejercido violencias hacia las mismas, pero continúan enriquecién-
dose con éste dividendo patriarcal. O sea, cuentan con la complicidad del sistema
para ocupar un lugar de privilegio, por el hecho de ser varones.
En idéntico sentido, lo mismo sucede con la feminidad. La docilidad, la
pasividad, el sometimiento, la fragilidad, entre otras, son características que
se nos van asignando a las mujeres – construyendo el género- , a través de la
socialización, para reproducir y producir la cultura machista y patriarcal.
Alicia Puleo sostiene que hay dos formas de manifestación del patriarcado:
“patriarcado de consenso” y “patriarcado de coerción”. Los mismos han existido
a lo largo de la historia y coexisten en la actualidad, de manera más o menos ve-
lada. El patriarcado de coerción tiende a hacerse visible por su recurso frecuente
a la fuerza y a sus formas más o menos explícitas de imposición y subordinación
(criminalización del aborto, ablación de clítoris, matrimonios forzados). En cam-
bio, el patriarcado de consenso se sostiene en el entramado sutil e invisible de los
procesos de socialización diferencial por género, es decir, en los mecanismos de
producción de subjetividades (cánones de belleza, maternidad obligatoria, etc).

¿Por qué hablamos de heterocispatriarcado?


¿Qué es la heteronormatividad?

Las teorías Queer cuestionan la noción de identidad sexual, del binarismo


sexual y han realizado un análisis crítico de la diferencia entre sexo y género
que ha enriquecido el debate sobre el patriarcado. En este sentido, ha devenido
relevante la denuncia de la heteronormatividad sexual y la búsqueda de cohe-
30 ¿DE DÓNDE PARTIMOS?

rencia entre el sistema sexo-género que dejan en el lugar de lo abyecto (margi-


nal, por fuera) a muchas personas. Al hablar de la heterosexualidad obligatoria
o heterosexualidad como norma, estamos visibilizando que hay una imposición
social sobre cómo desear y con quienes tenemos que relacionarnos sexualmen-
te. Nadie nace heterosexual, sin embargo la heterosexualidad se presenta como
lo “natural”, lo “normal”, eso genera que aquellas personas y prácticas que no
se ajusten a ella van a ser violentadas, discriminadas y hasta asesinadas, tanto
por las fuerzas represivas del Estado como por la sociedad civil. A este sistema
lo denominamos como heteronormatividad, el cual instala en lugar de privile-
gio a la heterosexualidad e impone, por un lado, un binomio de vivir nuestrxs
cuerpos como varones y/o como mujeres y, al mismo tiempo, una forma espe-
cífica y “aceptable” de relacionarse entre lxs mismos, osea, la heterosexual. Por
esto es que vamos hablar de ahora en más de heterocispatriarcado.
Desde este marco, la lucha contra el heterocispatriarcado capitalista no se
reduce a la lucha contra la dominación masculina y heterosexual, sino que nos
remite a la necesidad de una transformación radical de los sexos y los géneros.
El travesticidio/transfemicidio es la expresión más visible de una cadena de
violencias estructurales que responden a un sistema cultural, social, político
y económico sostenido por la división binaria excluyente entre los géneros.
Este sistema recibe el nombre de cisexismo.2 En él, las personas cis (es decir,
aquellas que no son trans) tienen privilegios que no se reconocen como tales,
sino que se asimilan al ‘orden natural’. En este contexto, ser travesti o trans
tiene consecuencias materiales y simbólicas en las condiciones de existencia.
El correlato del privilegio cis es la precariedad estructural de las vidas trans,
sometidas a una dinámica expulsiva que, en el caso de las travestis, las man-
tiene separadas de la sociedad y las ubica en un lugar material y simbólico
mucho más expuestas a la muerte prematura y violenta. 3Así, el travestici-
dio/transfemicidio es el extremo de un continuum de violencias que comienza
con la expulsión del hogar en la niñez/adolescencia, la exclusión del sistema
educativo, del sistema sanitario y del mercado laboral, la iniciación tempra-
na en la prostitución/el trabajo sexual, la criminalización, la estigmatización
social, la patologización, la persecución y la violencia institucional/policial.
En síntesis, el heterocispatriarcado capitalista es un sistema donde las rela-
ciones de poder entre varones y otros géneros son desiguales y jerárquicas,
en las que los varones se benefician; así la desigualdad laboral (las diferencias

[2] El término “cis” (cisgénero, cisexual) se refiere a aquellas personas que no son trans,
esto es, personas que se identifican con el género y/o el sexo que les fue asignado al nacer.
[3] El promedio de vida de una persona trans en América Latina y el Caribe varía entre los
35 y 41 años.
PRESENTACIÓN 31

salariales, la dificultad del acceso de las mujeres a cargos de mayor jerarquía),


las problemáticas que ocurren dentro del ámbito doméstico, la violencia física,
psíquica, la doble -y a veces triple- carga de roles de las mujeres en tanto ma-
dres y trabajadoras, el abuso de niñxs, violaciones, la trata de personas, etc.,
con mayor o menor visibilidad y repudio por parte de la sociedad, son solo
algunas consecuencias de este sistema.
Podríamos decir que las desigualdades de género y las formas de violencia
contra las mujeres, lesbianas, maricas, trans, travestis y personas no binarias
fueron cambiando a lo largo de la historia, resultado de nuestras luchas (colec-
tivas e individuales) y de diferentes estrategias políticas de las organizaciones
de la clase trabajadora.

¿Por qué decimos que esta sociedad es la base de las violencias


hacia las mujeres?

Las violencias hacia las mujeres son producto del sistema heterocispatriar-
cal capitalista vigente donde los varones tienen el ejercicio histórico del poder
sobre las mujeres, que los coloca en una posición superior, de mando o de “su-
puesta protección” por sobre ellas. Estas relaciones de poder se dan en todos
los ámbitos de la sociedad.
Hablar de violencia nos lleva a problematizar estas construcciones sociales
e históricas que se presentan como naturales y universales. Es por esto que es
necesario incorporar la dimensión política del fenómeno de la violencia, rom-
per con la falsa separación del ámbito público y el privado y destruir los mitos
y creencias que reproducen, legitiman e invisibilizan esta problemática.
Entendiendo a esta violencia como constitutiva de las relaciones de poder
entre los géneros pensemos cómo se expresa en la vida “doméstica” cotidiana
de las mujeres:
Las violencias en el ámbito doméstico (vínculos sexo eróticos afectivos ac-
tuales y no actuales) contra las mujeres no es causa de características persona-
les, sino que es producto de la estructura heterocispatriarcal. La violencia es,
para quien la ejerce, la herramienta de poder para mantener la subordinación
de la persona maltratada, esta modalidad de violencia afianza el dominio de
este sistema que nos oprime.
No hay que dejar de mencionar que los vínculos que construimos se encuen-
tran atravesados por el ideal del “amor romántico”, desde pequeñas nos enseñan
a fantasear y desear el amor eterno y para toda la vida, el príncipe azul y nuestra
media naranja, por lo tanto, si no funciona la relación es porque “algo habremos
hecho mal”, entonces la salida que se encuentra suele ser la negación de la situa-
ción o el soportar el sufrimiento con tal de que el vínculo no “fracase”.
32 ¿DE DÓNDE PARTIMOS?

El sistema heterocispatriarcal atraviesa todas las formas de vincularnos, no


solamente la heterosexual. Por ello es que el colectivo disidente no se encuen-
tra exento de construir relaciones donde se vivencien violencias, donde exista
una relación de poder. Es importante visibilizar esto ya que, más allá de que no
haya acuerdo aún si se trata de violencia de género o no, son realidades que
nos atraviesan en nuestras organizaciones y vida cotidiana.
Nos dicen que la realidad siempre fue así y que no vale la pena tratar de
cambiarla. Pero esporque estas relaciones desiguales son históricas, relaciona-
les y están en movimiento, es que podemos hacerlo.
Se trata de de-construir las naturalizaciones de los ejercicios cotidia-
nos del poder dominante y de avanzar en la constitución de la autono-
mía política y subjetiva de las mujeres y disidencias. Debemos construir
nuevas relaciones sociales, prefigurar otra sociedad y darnos las tareas
para transformar de raíz la sociedad capitalista heterocispatriarcal.
33

¿CÓMO ESTAMOS?
UN PEQUEÑO DIAGNÓSTICO SOBRE LA SITUACIÓN

“Porque en tiempos conservadores crece la violencia contra las mujeres,


crecen los femicidios y crecen las emergencias que vuelven
más vulnerables nuestras vidas.
Porque además los Estados no cumplen con las tareas de cuidados
que deberían asumir. Los feminismos populares van amasándose así a fuego lento,
por manos de mujeres trabajadoras.
Manos que hacen cunas y acunan, siembran, cocinan, martillan.
Las brujas necesarias en los tiempos de cólera cultivan, escriben, acarician,
pintan, bordan, limpian, curan, sostienen, empujan, juegan.”
Claudia Korol

La violencia hacia las mujeres, en sus múltiples manifestaciones, es un proble-


ma de derechos humanos que atraviesa al mundo entero, de gran importancia para
la sociedad por los efectos que muchas veces produce en la vida de las personas.
Desde el movimiento de mujeres, feministas y disidencias, histórica-
mente denunciamos y visibilizamos la existencia de estas violencias y opre-
siones. Y en los últimos años, a través de la organización de acciones y mo-
vilizaciones masivas, logramos poner en agenda pública que las mujeres,
lesbianas, trans, maricas, travestis y personas no binarias no somos propie-
dad de nadie, ni territorios a conquistar y explotar; que no pueden violen-
tarnos ni controlar nuestrxs cuerpxs y que exigimos soluciones urgentes.
La continuidad de los Encuentros Regionales y Nacionales de Mujeres, Les-
bianas, Bisexuales, Travas y Trans como espacios de reflexión y debate, los
paros internacionales de mujeres, las marchas del “Ni Una Menos”, la masi-
vidad que ganó la lucha por la legalización del aborto, la marcha contra los
travesticidios y las estrategias comunicacionales de interpelación masiva
en los últimos años pusieron en jaque el consenso social sobre muchas de
las cuestiones relacionadas a la cultura sexista, y principalmente en rela-
ción a las violencias hacia las mujeres.
También fuimos protagonistas a la hora de denunciar la (in)justicia hete-
rocispatriarcal; algunos ejemplos de estas situaciones (¡sólo por mencionar
34 ¿CÓMO ESTAMOS?

algunas!) algunos ejemplos de estas situaciones se vieron en la capacidad or-


ganizativa que demostramos ante la criminalización de:

• Reina Maraz (migrante quechuaparlante, acusada de homicidio de su pa-


reja en el marco de violencia de género)..
• Yanina González (mujer con discapacidad acusada de abandono de perso-
na luego de que su beba muriera por los golpes de su pareja).
• Higui (lesbiana, acusada por intento de homicidio por haberse defendido
ante una violación correctiva).
• Belén (acusada de homicidio doblemente agravado por el vínculo y por
alevosía luego de un aborto espontáneo).

Esta mirada que planteamos desde los feminismos de que “lo personal es polí-
tico” logró romper el cerco del activismo y se instaló en medios de comunicación,
en los almuerzos familiares, en las redes, lugares de trabajo y estudio. Así, en los
últimos años, avanzamos en combatir esta falsa separación entre lo privado y lo
público, sacamos los trapitos al sol y pusimos en cuestionamiento las relaciones
violentas del “ámbito privado”, el “no te metas, es cosa de ellxs” y muchísimos
prejuicios más que aún existen en relación a las situaciones de violencia.
La existencia de diversas grupas de resistencia que se encuentran en las
barriadas y distintas localidades a nivel nacional dan cuenta de la importancia
de organizarse frente a las violencias que vivimos. Estos espacios colectivos
se multiplicaron, generaron redes y socializaron herramientas para combatir
las violencias desde una perspectiva feminista, no sólo denunciando la falta de
políticas públicas y la responsabilidad del Estado, sino también construyendo
equipos de género, comisiones y grupos de mujeres y disidencias, asambleas,
casas de mujeres, bachilleratos populares con perspectiva feminista, protoco-
los, cartillas, campañas, etc. Además, estos también han atravesado a las or-
ganizaciones políticas partidarias y de base, las cuales, en su gran mayoría,
cuentan con espacios de género, mujeres y/o disidencias.
Mientras nosotras avanzamos, la reacción machista y heterocispatriarcal está
a la orden del día y la crueldad de las violencias se profundiza. Sabemos que te-
nemos cada vez más herramientas, pero también los mecanismos de dominación
se van perfeccionando y los números de femicidios y crímenes de odio hacia las
disidencias, denuncias y ataques hacia nuestras cuerpas van en aumento.
Las violencias enseñadas y aprendidas a lo largo de la vida se transmiten como
normas, conductas y comportamientos cotidianos y se perpetúan contribuyendo
al incremento de dicha violencia en la sociedad. Así, las instituciones estatales, la
cárcel, la Iglesia, entre otras, proveen ámbitos y experiencias que acentúan y re-
producen las mismas violencias que muchas veces se jactan de darles una solución.
PRESENTACIÓN 35

Para que tomemos dimensión de la problemática, según el Observatorio


MuMaLa (Mujeres de la Matria Latinoamericana),durante el 2018 se produje-
ron en Argentina un total de 259 femicidios, de los cuales 229 fueron mujeres,
26 femicidios vinculados y 4 travesticidios. Es decir, se produjo en nuestro país
un femicidio cada 34 horas. Entre el 1ºde enero y el 31 de agosto, se come-
tieron 223femicidios, transfemicidios y travesticidos.
Tomando datos estadísticos de organismos estatales que también dan cuenta
de la magnitud de la problemática, según informes de los llamados recibidos a la
línea 144 realizado por el Observatorio Nacional de Violencia contra las Mujeres
del Instituto Nacional de las Mujeres, en el primer trimestre del 2019 se registra-
ron 32.741 llamados para atención, contención y asesoramiento a nivel nacional,
el 80,5% de los cuales fueron por situaciones de violencia en el ámbito doméstico
(siendo el agresor la pareja de ese momento). En relación al tipo de las violencias,
un 95,1 % corresponde a violencia psicológica, y un 70,6 % a violencia física.
Estos números (que se suman a las situaciones de violencias, femicidios
y crímenes de odio hacia disidencias no registrados en estadísticas), que
van de forma creciente, no sólo nos alerta acerca de la profundización de la
crueldad de las violencias mencionada más arriba, sino que también refleja
la falta de respuestas por parte del Estado en relación a la prevención y
atención a mujeres y disidencias en situación de violencia. En Argentina
contamos con la ley 26.485 “de Protección Integral para Prevenir, Sancionar
y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarro-
llen sus relaciones interpersonales”, ley conquistada por los procesos de
organización y lucha y sancionada en el 2009. Sin embargo, no existe una
implementación real de dicha ley que pueda materializarse en cambios rea-
les en la vida de millones a partir de políticas de prevención y erradicación
de todas las violencias machistas. Por esto decimos que no sólo el Estado es
responsable, sino que es un “Estado femicida”.
Pese a la implementación de diferentes planes y programas estatales
tanto locales como provinciales y nacionales, que son ineficientes y han
sido progresivamente vaciados, no hay respuestas integrales a las situacio-
nes de violencias. Las políticas públicas existentes para abordar estas si-
tuaciones se caracterizan por ser asistencialistas, fragmentadas y no lograr
responder a la complejidad y magnitud de la violencia de género. A eso hay
que sumarle que el presupuesto asignado a los órganos responsables de di-
chas políticas públicas es cada vez menor. Ello se ve reflejado en la decisión
de asignar en el Presupuesto Nacional del Estado, en el 2019, tan sólo $234,3
millones al Instituto Nacional de las Mujeres (INAM), el cual se traduce en
la suma de $11,36 por mujer, que sabemos que hoy no alcanza ni para un
boleto de colectivo urbano.
36 ¿CÓMO ESTAMOS?

Por otro lado, lxs trabajadorxs que ejecutan esos programas se encuentran
desarrollando su tarea bajo condiciones materiales precarias, sus contratos de
trabajo en la mayoría no responden a las seguridades laborales y sus salarios
son tan bajos que no llegan a cubrir las necesidades sociales básicas. No hay
una política de cuidado hacia ellxs, lo que genera desgaste, problemas de salud
y multiempleo. Esto da cuenta del lugar precario y secundario que ocupa la
problemática de la violencia de género en el Estado argentino.
Ante esta situación es que surgen múltiples experiencias de construcción
conjunta entre trabajadorxs estatales y organizaciones de mujeres y feminis-
tas. Redes y articulaciones por abajo que denuncian la violación de derechos
por parte del Estado y disputan la orientación de estas políticas públicas día a
día, exigiendo respuestas que vayan más allá de las “políticas de cotillón” de
los gobiernos de turno.
Esto es el primer paso de un largo camino cotidiano de lucha por mejorar
el estado actual de esta problemática, pero siempre teniendo la perspectiva de
que la violencia hacia las mujeres podrá eliminarse transformando de raíz esta
sociedad heterocispatriarcal y capitalista y construyendo una nueva, más justa.
PROTOCOLOS

¿QUÉ HACEMOS?
¡CONOCER PARA EXIGIR!
39

I.-PROTOCOLO ANTE SITUACIONES DE VIOLENCIA


EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO

“No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar,


estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar”
Angela Davis

Violencia en el ámbito doméstico: ¿a qué nos referimos?

Al hablar de violencia en este ámbito, nos referimos a las que se desarrollan


por alguien del grupo familiar, o sea, donde existe un parentesco por afinidad o
consanguinidad, pudiendo ser noviazgo, convivencia, amistad, etc., donde una
de las partes ejerce (o ejerció) maltrato, ya sea a través de acciones o de amena-
zas hacia la otra parte, la cual se encuentra en un lugar subordinado, constitu-
yéndose en una relación desigual de poder. Tal como hemos mencionado, nos
centraremos en el análisis de las violencias de los varones hacia las identidades
feminizadas sin desconocer que dentro de los vínculos no cis-heterosexuales
también pueden existir estas violencias.
Es importante entender estas relaciones como procesos y no acciones ais-
ladas, por eso es necesario comprender las diferentes expresiones de una re-
lación violenta, ya que esta no se basa solamente en la violencia física, en los
golpes o el maltrato físico: puñetazos, patadas, trompadas, tirones de pelo, ca-
chetadas, apretadas, empujones, torceduras, cortes, etc. La violencia se expresa
de distintas formas, así podemos distinguir:

• Violencia psicológica o emocional: a través de la degradación y la


humillación constante de la mujer, el varón logra manipular, generar
sentimientos de culpa y miedo, y desvalorizar a la mujer como perso-
na autónoma. La violencia verbal suele ir acompañada con prácticas
que generan desconcierto, confusión y dependencia de los intereses
y deseos del varón violento. Frases como las siguientes son moneda
corriente: “Sos una inútil”, “Te lo merecés”, “Vos tenés la culpa”, “No
servís para nada”, “Sin vos no sirvo para nada”, “Si me dejás me mato”,
“Estás loca”, “Dejame tranquilo”, “No sé qué te vi”, “¿Qué te pensás que
40 SITUACIONES DE VIOLENCIA EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO

sos?”, “Mirá cómo me hacés poner”. Y después de haber ejercido las


violencias se escuchan frases como: “Pero si yo te quiero”, “Te necesi-
to”, entre otras.
• Violencia sexual: es cualquier acción que implique la vulneración del de-
recho de la mujer a decidir voluntariamente acerca de su vida sexual y/o
reproductiva. Se basa en la idea de la mujer como objeto y propiedad del va-
rón, siempre disponible para él, donde la “esposa-madre” tiene la obligación
de “atender” las necesidades y deseos sexuales del varón, y donde se mani-
fiesta el poder material y el control del cuerpo y de la sexualidad de la mujer.
• Algunas formas de violencia sexual: control sobre la decisión de la ma-
ternidad, sobre cuándo y cuántxs hijxs tener; obligación a tener relaciones
sexuales; sometimiento a prácticas sexuales no deseadas; burlas a la sexua-
lidad de la mujer; amenazas, violaciones, uso de armas y objetos.
• Violencia económica: la dependencia económica o de recursos materiales
que tiene una mujer en relación a su pareja es un factor fundamental en
las situaciones de violencia. La imposibilidad de la mujer de administrar
dinero o la obligación de pedir dinero al varón refuerza la falta de auto-
nomía de la mujer, la violencia y el control del varón. Muchas veces la
necesidad de un techo, un ingreso fijo, la falta de ingresos propios son
impedimentos para que la mujer salga de la relación violenta.
• Violencia simbólica: la que a través de patrones estereotipados, mensajes,
valores, íconos o signos transmite y reproduce dominación, desigualdad y
discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación
de la mujer en la sociedad. Un ejemplo de este tipo de violencia es la que
se observa en las publicidades de artículos de limpieza, de autos, etc. Esta
violencia atraviesa y se encuentra presente en los otros tipos de violencias.

Podemos decir que una relación violenta contiene, la mayoría de las veces,
todos estos tipos de violencia. La persona violenta ejerce, en mayor o menor
medida, en el tiempo o mientras se profundiza la situación, más o menos cons-
cientemente, estos tipos de violencia para así mantener la subordinación de la
persona y asegurarse su identidad masculina, su seguridad y privilegios.
Este proceso resulta dificultoso de reconocer cuando la mujer va perdiendo
confianza en sí misma, cuando los comportamientos violentos se van naturali-
zando, no existe el diálogo sino el miedo y la culpa. Y como ya se mencionó en
el capítulo “¿De dónde partimos?”, tanto ella como muchas veces sus familias y
redes se encuentran atravesadxs por el discurso del “amor romántico”.

En el caso de la violencia en el ámbito doméstico, suele comenzar con


maltrato o abuso psicológico, a través de conductas de control y amenaza, don-
PROTOCOLOS 41

de se va limitando la capacidad de decisión y la autonomía de la mujer. La


dependencia, el aislamiento y el miedo son característicos de las situaciones de
violencia. Muchas veces las mujeres que atraviesan estas situaciones pueden
no darse cuenta de la relación violenta en la que está inmersa.
Aunque la agresión física es la expresión más visible de una relación de
violencia, está relacionada con las agresiones constantes (aunque sean más
sutiles) que el agresor utiliza para mantener la relación de poder. Para profun-
dizar sobre esto, se habla del círculo o ciclo de la violencia, donde se identifican
distintas fases o momentos de una relación violenta: acumulación de tensión,
explosión o agresión, arrepentimiento.
Es importante aclarar que en las distintas relaciones estos momentos tienen
diferentes características, que no tienen un orden, y que alguna de las fases
puede no darse (puede ser que después de una agresión venga otra, y que no
haya momento de arrepentimiento o que exista una relación violenta sin que
haya un momento de explosión). Aunque por lo general se dan estas fases, esto
varía según las características subjetivas de quienes integran la relación, sus
historias de vida, los recursos de que disponen, las decisiones que toman, etc.
Veamos algunas características comunes de los momentos mencionados:

• Acumulación de tensión: la hostilidad del varón por sobre la mujer


aumenta; cualquier acción u omisión de la mujer es motivo para que el
agresor se irrite o se enoje con ella. La violencia verbal y algunos actos de
violencia física se pueden presentar como hechos aislados, donde la mujer
cree poder controlar o hacer que desaparezcan. Pero la tensión aumenta
y se acumula.
• Explosión o agresión: son momentos donde la relación violenta estalla,
se visualiza más fuertemente, se producen agresiones físicas, psicológi-
cas o sexuales, pudiendo llegar al femicidio. Se intensifican las violencias
como forma de disciplinar o aleccionar. Es en estos momentos donde la
mujer intenta esconderse, defenderse, se aísla aún más (por vergüenza,
frustración, depresión, miedo) o piensa en abandonarlo, denunciar al agre-
sor o pedir ayuda.
• Arrepentimiento: el agresor se muestra arrepentido por sus actos, ge-
neralmente manifiesta que no volverá a ocurrir y es usual el pedido de
disculpas. Utiliza estrategias de manipulación ligadas a lo afectivo (rega-
los, caricias, disculpas, promesas), y victimizándose evita que la relación
se rompa y le suplica a la mujer que no lo abandone. El comportamiento
del varón pasa a ser cariñoso, protector, seductor y, muchas veces, logra
convencer a la mujer de que va a cambiar. Se escuchan frases como: “Te
juro que es la última vez”, “Voy a empezar terapia”, “Sabés cómo me pongo
42 SITUACIONES DE VIOLENCIA EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO

cuando tomo alcohol”, “Se me trabó la cabeza”, “Perdoname, no lo puedo


controlar”, “Si sabés que no aguanto que hagas tales cosas”, “Si sabés que
te quiero y hago esto para cuidarte”.

Es importante conocer este marco para comprender que una mujer que
está atravesando una situación de violencia es probable que se separe en algún
momento o perdone al agresor. En este último caso es donde la manipulación
se hace efectiva a través de diferentes mecanismos: la creencia en las promesas
de cambio por parte del agresor, la dependencia económica, por sentirse aisla-
da y sola, por miedo a que sus hijxs (si lxs tuviese) se enojen con ella o que el
agresor se quede con lxs niñxs.
Conocer estos momentos nos aporta herramientas para no sentir frustra-
ción o sentirnos culpables pensando que el acompañamiento fracasó, también
para no enojarnos o juzgarla porque volvió con el agresor.

Nuestros derechos

Todas las personas tenemos el derecho a vivir una vida sin violencia, las leyes
reconocen este derecho, y para el caso de que nos encontremos en una situación
de violencia nos dicen a dónde podemos ir a pedir protección. Pero del dicho al
hecho hay un largo trecho, y muchas de las cosas que dice la ley no se cumplen.
En este protocolo pretendemos contar cuáles son los pasos que tenemos
que recorrer para solicitar medidas protectorias ante la situación de violencia
en la que nos encontramos, mezclando lo que dice la ley con lo que pasa co-
múnmente, de acuerdo a la experiencia.
La ley nacional 26.485 (2009), “Ley de Protección Integral para Prevenir, San-
cionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarro-
llen sus relaciones interpersonales”, es aplicable en todo el país; sin embargo, hay
provincias que tienen leyes de violencia familiar que son anteriores (por ejemplo,
la ley 12.569 en Provincia de Buenos Aires) que abordan específicamente la parte
procedimental, y otras que han adherido íntegramente a la ley 26.489.
Es importante tener presente que estas leyes son sólo una herramienta más,
siendo fundamental la organización, el acompañamiento y la presión de todxs
nosotrxs para intentar generar una respuesta a la situación de violencia que se
encuentren viviendo nuestras compañeras.

Diagnóstico: cuándo intervenir y cómo

La decisión de llevar adelante una acción debe ser tomada, en la mayoría de los
casos, por la mujer que está en esa situación. No debemos sustituir su voluntad,
PROTOCOLOS 43

aunque nos parezca justo. Si la compa no está segura, lo mejor es trabajar la cues-
tión de manera individual, respetando los tiempos, o a través de talleres o grupos
de mujeres, pero no pasar por encima de quien transita la situación de violencia.
Hay situaciones donde nuestro acompañamiento debe ser rápido debido
a su gravedad, pero ¿cómo nos damos cuenta de que se trata de una situa-
ción donde hay que accionar rápidamente? Hay algunos indicadores a tener en
cuenta, ante los cuales tenemos que estar alertas si se presentan. Vale remarcar
que no son los únicos y que no siempre se dan todos juntos, pero la coexisten-
cia de varios de ellos produce que una situación se considere con más o menos
urgencia de intervención y acompañamiento.
Podemos mencionar:

• Desaparición de la mujer/lesbiana/trans travesti


• Privación ilegítima de la libertad
• Intentos de femicidio
• Amenazas reiteradas de muerte
• Presencia y/o uso de armas
• Si el agresor pertenece a las fuerzas de seguridad
• Que la mujer esté embarazada
• Incumplimiento reiterado de cualquiera de las medidas de protección
• Hechos de violencia sexual
• Frecuencia e incremento de los episodios
• Problemas de salud que impidan desplazamiento
• Violencia crónica
• Presencia de niñxs

Como hemos mencionado antes, no son los únicos.


Cuando evaluamos que se trata de una situación donde se presentan la
combinación de estos indicadores (y otros que seguramente no están enuncia-
dos arriba), el objetivo de nuestro acompañamiento es poner en resguardo a la
mujer y a sus hijxs (si es que lxs tiene), intentar buscar un espacio donde pueda
resguardarse, al menos unos días, que sea un lugar seguro y que el agresor (y
las personas que defienden su accionar) no conozca, y que tampoco haya co-
municación por ningún medio.
Es importante tomar contacto y articular con instituciones de salud y, en la
medida de lo posible, con organismos que trabajen con la temática en pos de ge-
nerar un armado de redes, ya que, como mencionamos antes, lo importante ante
estas circunstancias es el resguardo psicofísico de las personas que se encuen-
tran atravesando la situación de violencia. Si para los organismos e instituciones
estatales hay niñxs en riesgo, es obligatorio tomar medidas de protección.
44 SITUACIONES DE VIOLENCIA EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO

Cuando la mujer tiene la intención de salir de la situación de vio-


lencia en la que se encuentra, tenemos que tener la predisposición
y la “caja de herramientas” lista para ver cuál es el camino conve-
niente dada esa situación particular. Debemos ser muy cuidadosxs
de no revictimizar (culpabilizarla/responsabilizarla de su situación)
a la compa, es muy importante que realicemos un abordaje integral,
analizando todas las circunstancias que rodean la situación. Una de
las cuestiones más relevantes, y en lo que más podemos aportar, es
en el acompañamiento.

¿Qué cosas tenemos que tener muy en cuenta?

Para pensar cuáles son las mejores medidas que se pueden solicitar, aseso-
rar y acompañar lo mejor posible, debemos hacer un buen diagnóstico de su
situación. Para esto hay que tener en cuenta la historia de vida de la compa, sus
redes socioafectivas, su situación económica, su situación de salud, si tienen
hijxs en común, cómo es la relación que ha construido, si se quiere separar o
no, si tiene otro lugar para ir, etc. En esta instancia es importante evaluar el
acompañamiento familiar y social con que cuenta la mujer. Para hacer este
diagnóstico es necesario tener charlas o entrevistas en profundidad con la
compa, así conocemos mejor la situación y estamos en mejores condiciones y
contamos con más herramientas para asesorarla/acompañarla.
Cada situación es particular y se encuentra atravesada por distintas varia-
bles, las cuales hay que tener en cuenta en el momento de la primera escucha
y durante todo el proceso de acompañamiento, ya que nos brindarán in-
formación para pensar la mejor estrategia y son las que hacen que sea
singular cada situación, como a su vez también darán cuenta del modo
en que lo será el ejercicio de la violencia. Aparte de las características men-
cionadas anteriormente, podemos mencionar a modo de ejemplo:

• Historizar la situación de violencia, cómo se conocieron, en qué contexto.


Si comparten espacios militantes, laborales, entre otros.
• Si la red (en caso de que exista) que tiene la persona en situación de vio-
lencia es “amigable” o no, esto quiere decir, si la acompaña en el proceso o
justifica la violencia, etc.
• Si es una persona migrante, cómo ha sido el recorrido geográfico que ha
realizado, etc.
• Si se encuentra privada de su libertad, hay que tener en cuenta las múlti-
ples violencias institucionales que vivencia en su cotidianeidad, como así
también se puede articular con otros espacios que intervienen allí. Es de
PROTOCOLOS 45

suma importancia conocer que en el proceso de la denuncia se encontrará


con otros obstáculos, ya que no cuenta con la libertad de circulación.
• Si la persona en situación de violencia vive con algún tipo de discapacidad,
muchas veces se encontrará con diversos obstáculos en el acceso a ciertos
derechos e instituciones, y es necesario entender que cada discapacidad
es particular, como así también el modo de vivenciarla. En la actualidad
existen varias grupas que se han creado en pos de defender y abordar estas
situaciones que se pueden tener en cuenta a la hora de articular.
• También la persona que se encuentra en situación de violencia puede tran-
sitar un consumo problemático de sustancias; en estas situaciones hay que
tener en cuenta, entre otras cosas, si hay una relación entre su historia de
consumo y la de violencia, por ejemplo, si la persona que ejerce violencia
es quien le habilita el acceso a la sustancia, si comparten el consumo, entre
otras cosas.
• Tener en cuenta si se encuentra atravesando alguna enfermedad a largo
plazo y el tipo de vínculo que tiene con el acceso al sistema de salud (si es
que hace uso del mismo). El modo del ejercicio de la violencia por parte de
quien ejerce la relación de poder muchas veces es, por ejemplo, obstaculi-
zar el acceso a la medicación o no permitir la asistencia a turnos médicos.
• Si es parte del colectivo disidente, tener en cuenta si ha visibilizado su
orientación sexual y/o identidad de género en los espacios que frecuen-
ta ya que si no lo ha hecho es importante indagar los motivos (pueden
ser por violencias, expulsiones de hogares, mitos que circulan acerca del
colectivo disidente, etc.) ya que al relatar las situaciones lx expondrá en
varias ocasiones a visibilizarse, lo que se conoce como el “segundo clóset”.4
A los obstáculos para visibilizarse como no heterosexual se les suman las
dificultades que supone para cualquier persona revelar que se encuentra
en un vínculo de maltrato.

Las violencias entre lesbianas, por ejemplo, muchas veces parecen idénti-
cas a las violencias en parejas heterosexuales, pero hay que comprender que
tienen cierta especificidad. El recorrido de lxs cuerpxs y subjetividades son
diferentes que el de las personas heterosexuales, recorrido que se encuentra
atravesado muchas veces de discursos y prácticas plagadas de lesbodio, que
nos interpela a todxs. Para indagar acerca de la violencia entre lesbianas espe-
cíficamente, pueden ser útiles las lecturas de Barbara Hart, Mary Eaton, Claire
Renzetti, entre otras (ver bibliografía).

[4] Ristock, 2002.


46 SITUACIONES DE VIOLENCIA EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO

Pequeños consejos sobre


cómo llevar adelante
la primera charla o entrevista

• Presentarnos ante la compañera, quiénes somos, porqué estamos


ahí. Y expresar que lo que se charle allí será confidencial.
• Generar un ambiente distendido y así lograr que no nos vea como a
una autoridad o como a alguien distante, de difícil acceso.
• Su discurso puede escucharse como desordenado cronológicamen-
te, por eso es importante darle el tiempo que necesite para que rela-
te lo que quiera e intentar ordenarlo con ella.
• No prometer acciones o cosas que no vamos a poder garantizar.
• No ir de a varias personas (por ejemplo, no seamos más de dos
compañeras).
• No juzgar.
• Estar en un lugar íntimo y resguardado de la persona que ejerce
violencia o de allegadxs de dicha persona.
• Darnos tiempo para escuchar su relato y no inducir respuestas.
• Mantener la calma durante la charla o entrevista.
• Si la compa se encuentra con niñxs, se puede pedir a otrx compa-
ñerx que lxs tenga al cuidado durante el transcurso de la entrevista.

Autocuidado para quienes acompañamos: proponemos algunas


estrategias de autocuidado personal y colectivo al momento de
acompañar.

• No “involucrarnos” emocionalmente con la situación: si bien


es complejo y resulta muy difícil no hacerlo, es importante
que las frustraciones que aparezcan durante el acompa-
ñamiento no sean sentidas como responsabilidad o faltas
nuestras. Es necesario encontrar un equilibrio en nuestro
compromiso emocional y generar las instancias de reflexión
crítica con otras compas sobre nuestras intervenciones.
• No confundir lo vivido por la compañera con nuestra pro-
pia experiencia de vida: todas hemos transitado diversas
situaciones de violencias de diferentes tipos. Si estamos
acompañando a una compa y su historia nos remite a una
experiencia sumamente personal y subjetiva, es convenien-
te compartir esto y tratar de que otra compañera continúe
el acompañamiento.
PROTOCOLOS 47

Recomendamos juntarse con compañeras que también realizan acom-


pañamiento en situaciones de violencia para compartir los sentimien-
tos que nos generan realizar estas prácticas, para poder reflexionar en
conjunto y “sacarnos” la violencia que muchas veces queda impregna-
da en nuestras cuerpas y no nos damos cuenta, pero están presentes a
la hora de acompañar.

Es importante tener en cuenta que no estamos exentas de la vio-


lencia que genera el sistema heterocispatriarcal, por eso es necesa-
rio que nos preguntemos qué nos pasa a nosotras con las violencias,
cómo nos afectan.
Muchas veces sentimos que tenemos que “salvar” a la persona que
se encuentra atravesando esta situación y responder a todas sus de-
mandas, ya que el sistema nos oprime y violenta por todos lados, y sin
pensarlo nos exponemos a situaciones de riesgo. Ante estas situacio-
nes hay que separar lo que tiene que ver con nuestros objetivos y de-
seos personales en relación a la situación que estamos acompañando
y lo que verdaderamente podemos hacer. Por eso es tan importante
generar un distanciamiento que nos permita pensar el acompañamien-
to y no hacerlo solas.
Muchas veces, por cuestiones que estamos atravesando a nivel per-
sonal que nos generan malestar o angustias, no tenemos las fuerzas para
contener y acompañar en todo el proceso a una situación de violencia.
Cuando identificamos que estamos así, es importante pedir ayuda a otra
compañera para que pueda realizar el acompañamiento o la contención,
ya que sino, nuestra presencia allí va a ser contraproducente para todxs.
La sororidad y el cuidado entre nosotras es imprescindible cuando
acompañamos situaciones de violencia.

PARA PROFUNDIZAR, VER “TALLER DE AUTOCUIDADO”


48 SITUACIONES DE VIOLENCIA EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO

Tengamos en cuenta lo que puede implicar para una mujer estar en una
situación de violencia:

• Puede encontrarse aislada o alejada de sus vínculos.


• Se puede sentir avergonzada por la situación en la que se encuentra.
• Puede tener miedo por su seguridad y la de sus hijxs, si es que hay niñxs
presentes en la situación.

Esto no sucede en todos los casos, pero suelen presentarse estas caracterís-
ticas. Tenemos que estar alertas, sin generalizar, ante estas cuestiones.
Después del diagnóstico analizaremos, junto con la compa, cuál es el cami-
no más conveniente a seguir.

Medidas a adoptar

Recomendación: es aconsejable que, cuando la mujer que transita una situación de


violencia decide realizar una denuncia y lo hace, se encuentre acompañada.

Para empezar este apartado queremos resaltar que es importante que en


la zona se realice un mapeo territorial analizando cuáles son los servicios y
lugares donde se toman denuncias o trabajan sobre violencias de género, y en
el que se detalle cuáles son los que mejor funcionan y así saber a dónde nos
conviene ir. Para esto es muy importante armar redes de trabajo con las orga-
nizaciones y servicios que trabajen la problemática. Hay lugares donde las co-
misarías de la mujer funcionan bien, en otros lugares no, a veces hay fiscalías
que trabajan bien, otras veces no, etc. De acuerdo a esta evaluación, vamos a
tener más elementos para decidir a qué instituciones acercarse y cuáles evitar,
en el caso de que esto sea posible.

¿A dónde ir?

Si vemos que lo mejor es pedir la intervención de un/a juez/a para que


tome medidas protectorias (las medidas que podemos solicitar y ordenar a
un/a juez/a se detallan más adelante), podemos ir a solicitar su intervención
(“hacer la denuncia”) en alguno de los siguientes lugares:

• Tribunales o juzgados de familia, según cada provincia


• Juzgados especializados en violencia
• Juzgados de paz
PROTOCOLOS 49

• Fiscalías de turno, y si hubiere especializadas, hacer la denuncia allí


• Comisarías de la mujer y la familia o comisarías comunes (las 24 horas,
todos los días del año)
• En Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Oficina de Violencia Doméstica
(las 24 horas, todos los días del año).

Si alguno de los hechos que denunciamos es delito (lesiones, abuso sexual,


violación sexual, por ejemplo), el/la juez/a ante quien hayamos realizado la
denuncia tiene la obligación de comunicárselo a la fiscalía de turno.

Comisarías

En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, existen “comisarías de la


mujer y la familia” y comisarías comunes. La comisaría es lo que generalmente
nos queda más cerca, en cualquiera de ellas nos tienen que recibir la denun-
cia en forma obligatoria. Si tenemos una comisaría de la mujer y la familia
cerca, lo más recomendable es ir a esta y no a la comisaría común.
Muchas veces los agentes policiales de las comisarías comunes se niegan a
recibirnos la denuncia y dicen que tenemos que ir a la de la mujer, pero ellos
no tienen razón porque ¡tienen la obligación de recibir la denuncia! Pero para
ahorrarnos el mal rato, si tenemos una comisaría de la mujer y la familia cerca,
nos conviene ir directamente ahí. Si no la tenemos, vamos a la común y les
exigimos que nos la tomen.
En las comisarías de la mujer y la familia tiene que funcionar un equipo
interdisciplinario. Si tenemos alguna duda antes de hacer la denuncia, pode-
mos pedir hablar con alguien del equipo; a veces no están en ese momento en
el lugar, pero los agentes policiales pueden llamar a alguna integrante (por lo
general son mujeres), o por lo menos nos tienen que dar los días y horarios en
los que funcionan.
En la comisaría, el personal debe evitar el contacto de la mujer con el agre-
sor si él llega a aparecer allí. La comisaría tiene 24 horas para remitir la de-
nuncia al juzgado o fiscalía de turno, dependiendo si hay delitos penales o no.

¿Hace falta ir con unx abogadx? Para hacer la denuncia en cualquiera de los
lugares que nombramos, no es obligatorio que nos acompañe unx abogadx,
aunque es recomendable que después sí consigamos unx para la etapa judi-
cial porque se necesita patrocinio. En las defensorías oficiales es gratuito (más
adelante hablaremos de esto).
50 SITUACIONES DE VIOLENCIA EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO

Cuando se hace la denuncia, ¿qué le preguntan?

El nombre, DNI y otros datos personales; qué relación tiene quien denun-
cia con el denunciado; cómo es su familia, medios económicos; también cuál
es el hecho que se quiere denunciar, lugar, tiempo, medios utilizados en la
agresión, secuelas. Nos preguntarán si hubo maltratos anteriores y si fueron
denunciados; si hubo testigxs y si quiere avisarle a algún amigx o familiar de
lo sucedido. Si tiene lesiones, debería ser acompañada al cuerpo médico para
que las califique y haga un informe.
Es importante que antes de realizar la denuncia charlemos con la compa
para repasar los hechos y ordenar el relato, así no se nos escapa ningún detalle
relevante. Muchas veces las denuncias se realizan en situaciones de urgencia,
y no podemos preparar el momento, pero tengamos en cuenta que la denuncia
se puede ampliar luego si es necesario.

Suele ocurrir que en las comisarías nos exigen que llevemos dos testigxs, y dicen
que si no lxs llevamos no nos pueden recibir la denuncia. Esto no es así: no hay
obligación de llevar testigxs, nos tienen que recibir la denuncia, ¡sí o sí!

¿Quiénes PUEDEN hacer la denuncia? (art. 24, ley 26.485)

• La mujer que se considere afectada o su representante legal sin restricción


alguna
• La niña o la adolescente directamente o a través de sus representantes
legales, de acuerdo a lo establecido en la ley 26.061 de Protección Integral
de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes
• Cualquier persona cuando la afectada tenga discapacidad, o que por su
condición física o psíquica no pudiese formularla
• En los casos de violencia sexual, la mujer que la haya padecido es la única
legitimada para hacer la denuncia. Cuando la misma fuere efectuada por
un tercero, se citará a la mujer para que la ratifique o rectifique en VEIN-
TICUATRO (24) horas.

¿Quiénes DEBEN hacer la denuncia? (art. 18, ley 26.485)

Quienes se desempeñan en organismos asistenciales, educativos, de salud


en el ámbito público o privado que en el marco de su trabajo tomen conoci-
PROTOCOLOS 51

miento y cuenten con el consentimiento de la mujer tienen la obligación de


denunciar, aun en aquellos casos en que el hecho no configure delito.

a) Además del caso anterior, si la víctima es menor de edad, estará obligadx a


hacer la denuncia su representante legal (padre, madre, tutor o encargadx) y el
Ministerio Público que tenga conocimiento.
b) Cuando existen lesiones graves (enfermedad incurable, inutilidad para el
trabajo, pérdida de un sentido, órgano, de la capacidad de gestar, entre otras),
todxs lxs funcionarixs públicxs están obligadxs a denunciar.

Como venimos mencionando, consideramos de suma importancia


que las mujeres que se encuentran transitando la situación de violencia
quieran comenzar el proceso de la denuncia.

¿Qué se necesita para hacer la denuncia?

La denuncia podrá realizarse en forma verbal o escrita. No se requiere nin-


gún tipo de formalidad ni abogadxs para hacerla, pero luego es aconsejable que
se tenga unx.
Es importante que la compa lleve el DNI porque probablemente nos lo
pidan. Si no lo tiene, igual nos tienen que tomar la denuncia porque no es obli-
gatorio que llevemos el documento.
La ley nacional establece el acceso gratuito a la Justicia, y su decreto regla-
mentario nos dice que será gratuito independientemente de la condición econó-
mica de las mujeres, no siendo necesario alegar ni acreditar situación de pobreza.

¿Cuál es el camino que sigue la denuncia una vez realizada?

“Hacer la denuncia”, es decir, ir a la comisaría, a la fiscalía o al juzgado a con-


tar la situación que está atravesando para pedir ayuda sirve para que intervenga
un juez o jueza y dicte medidas. Siempre escriben lo que les contamos y nos to-
man los datos. Tenemos que insistir y llevarnos una copia de la denuncia.
Si fuimos primero a la comisaría o a la fiscalía, desde ahí le deben enviar al
juzgado el papel con lo que les relatamos.

Es muy importante que preguntemos a qué juzgado la envían, y si en unos días no


tenemos ninguna novedad, tenemos que ir de nuevo a preguntar.
Una vez que sepamos en dónde está, y si no nos llegó ningún papel, es importante
que vayamos al juzgado a preguntar qué pasa.
52 SITUACIONES DE VIOLENCIA EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO

Y después de la denuncia, ¿qué pasa?

Cuando la denuncia llega al juzgado, el/la juez/a debe dictar una medida
para proteger a la mujer, lo que se llama “medidas cautelares o protectorias”,
y, en teoría, tiene 48 horas desde que tomó conocimiento de los hechos para
aplicarlas. Es muy frecuente que no suceda con tanta rapidez, es por ello que
vamos a tener que ir varias veces, e insistir bastante. Después de tomadas las
medidas,el juez o tribunal la va a citar, le van a mandar un papel al domicilio,
donde la “citan”, es decir, nos llaman para que vayamos.
La mujer tiene que asistir, y si lo hace acompañada mejor, para que se sien-
ta más segura. Lo que se hace una vez ahí es contestar las preguntas y contar
lo que necesitemos contar. Es importante que la compañera esté tranquila y
pueda ser escuchada por profesionales que tengan perspectiva de género; sino
es así, al menos dejar bien clara la situación de violencia que está viviendo.
Al mismo tiempo notificarán al agresor al domicilio que declaramos cuan-
do hicimos la denuncia. En el caso de que el agresor se haya ido de la casa, es
importante dar uno o varios domicilios donde pensemos que se está quedando,
o al que puede llegar a ir (casa de familiares, amigxs, lugar de trabajo).
Siempre lxs tienen que citar en horas y días distintos. Si en los hechos lla-
man a una misma audiencia a la mujer junto con el agresor, se debe exigir que
se lxs cite en entrevistas separadas.

¿El juez o la jueza pueden obligar a una “conciliación” con el agresor?

Algunas veces las citas son para una “audiencia de conciliación”, esto quie-
re decir que se le avisa a la compa que debe ir al juzgado para encontrarse con
el agresor e intentar arreglar los problemas. Esto NO se puede hacer. Está
prohibido por ley.

En casos de violencia no se puede buscar “conciliar o acordar” nada con el agresor.

¿Qué medidas puede dictar el juez o la jueza?

Las medidas cautelares

Cualquier juez o jueza a quien le llegue la denuncia, aunque en términos


formales sea “incompetente”, tiene el deber de tomarla. Esto es así por el ca-
rácter urgente que tiene: en muchos casos no se puede esperar a que el juez
competente tome conocimiento de los hechos, y es necesario actuar rápido.
PROTOCOLOS 53

Estas medidas no son permanentes, sino que se dictan por un plazo de tiempo,
y si sucede otra situación de violencia, se pueden prorrogar.

Tengamos en claro que el plazo legal para que el juez dicte las medidas es de 48 ho-
ras desde que toma conocimiento de los hechos, pero por lo general no cumplen con
este plazo. Así que si no dictan las medidas, tenemos que exigirle que lo haga; para
esto lo mejor es insistir, estar presentes en el juzgado, hasta que salgan las medidas.

Algunas de las medidas que puede dictar un juez o jueza ante una situación
de violencia son (estas son las más usuales, pero de acuerdo a la situación par-
ticular podrán ser otras):

• La “exclusión del hogar” del agresor. Es decir, que el agresor se vaya de la


casa familiar y no pueda habitar en ella. No importa de quién sea la casa.
Esto debe suceder de igual manera en el caso particular de que el agresor
viva en un cuarto separado de la vivienda.
• Fijar un “perímetro de no acercamiento” o “restricción perimetral”. Esto
quiere decir que puede prohibir el acercamiento del agresor a la casa
donde está la mujer o de sus familiares, su lugar de trabajo, de estudio,
o de otras actividades que ella realice habitualmente. También se puede
solicitar como medida el prohibirle circular o permanecer por determi-
nada zona donde transita la mujer, y también prohibirle el contacto por
medios virtuales.
• Si la mujer se tuvo que ir de su casa porque corría peligro, el juez o jueza
puede ordenar su reingreso, ordenando antes que se vaya el agresor.
• Restitución a la mujer de sus bienes personales, si por ejemplo tuvo que
dejar algunas de sus cosas en el lugar donde está el agresor. Cuando el juez
ordena esta medida, algún oficial de justicia o policial debe acompañar a la
mujer; es importante que el retiro de las cosas se haga cuando el agresor
no está en el lugar, y si es posible, es mejor que no vaya la mujer.
• Fijar en forma provisoria la cuota alimentaria y el cuidado personal (antes
llamado tenencia) de lxs hiijxs menores de edad.
• Otras medidas urgentes que se consideren oportunas para asegurar la
custodia y protección de la mujer y para que el agresor no continúe con
los actos de perturbación o intimidación, por ejemplo, botón antipánico
o el llamado rondín policial. Tener en cuenta que no todas las localidades
cuentan con botones antipánico y muchas veces no se lleva a cabo el ron-
dín por “falta de personal”, entre otras cosas...
54 SITUACIONES DE VIOLENCIA EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO

¿Y después?

El juez o jueza que establece las medidas cautelares/protectorias ordena


notificar al agresor(en general es a través de la Policía) enviándole un papel a
donde él vive (este domicilio lo tenemos que aportar nosotras) con las medidas
que se hayan dictado. También notifica a la comisaría cercana al domicilio de
la mujer y a ella misma, pero si no lo hace, tenemos que ir al juzgado a pedir
una copia de ese papel y tenerlo siempre con nosotras.

Seguimiento

Tengamos presente que por lo general los agresores no se quedan tran-


quilos y quietos cuando les llega la orden judicial, sino que es frecuente que
intenten acercarse nuevamente o se aparezcan en la casa o en el trabajo de la
compañera, por esto hay que estar alertas.
Dependiendo de la situación, se pueden tomar acciones para acompañar-
la, y que no se encuentre ni se sienta sola. Algunos ejemplos: que se queden
familiares, amigas o compañeras a dormir con ella, que siempre tenga crédito
en el teléfono para llamar a alguien si pasa algo, que estemos alertas para que
alguien pueda ir a donde ella está si lo necesita, que nos organicemos para
acompañarla a llevar a lxs niñxs a la escuela. Hay que tener a mano el núme-
ro de teléfono (y siempre con carga), y llamar al 911 si lo vemos aparecer por
donde tiene prohibido hacerlo.
Si el agresor no cumple con las medidas impuestas, le tenemos que infor-
mar al juez o jueza para que ordene otras medidas y a la vez hacer la denun-
cia en la fiscalía, ya que el incumplimiento de medidas judiciales constituye
el delito de desobediencia. También la mujer puede llamar directamente al
911 en el momento. Por eso es importante que tenga el oficio (papel donde
está redactada la medida de protección), ya que, por ejemplo, si se aparece en
su lugar de trabajo y grita desde afuera o lo ve que anda dando vueltas, no
puede esperar a acudir al juez o jueza, sino que tiene que llamar a la Policía
para que cuando lleguen le muestre dicho oficio, y así saben que hay una
orden judicial y obligan al agresor a irse.
Siempre que esté involucrada la Policía, lo mejor es que la compañe-
ra esté acompañada por personas de su confianza, porque muchas veces
tratan de justificar al agresor, y hasta en varias oportunidades son amigxs
del agresor. Si eso sucede, no les tenemos que hacer caso, sólo tenemos
que insistir en que hay una orden judicial y la Policía únicamente debe
hacerla cumplir.
PROTOCOLOS 55

Las medidas cautelares/protectorias tienen un plazo, ¿y después?

Las medidas, en la mayoría de las veces, no son dictadas “para siempre”,


sino que tienen un plazo que puede variar según la valoración que haga el juez
o la jueza del caso particular, quien podrá evaluar la conveniencia de modificar
las medidas adoptadas, pudiendo ampliarlas u ordenar otras. Pero una vez que
ese tiempo transcurre se puede pedir una prórroga, esto significa que, si con-
sideramos que el riesgo continúa, podemos solicitar que se dicte la medida por
un nuevo lapso de tiempo.

¿Cuáles son las sanciones para el agresor?

Ante el incumplimiento de la resolución judicial (delito de desobediencia) o


la reiteración de hechos de violencia por parte del agresor, el o la fiscal podrá
solicitar la detención, pero esto es muy difícil que suceda, ya que la Justicia
penal en general minimiza este tipo de delitos.
Frente a un nuevo incumplimiento, y sin perjuicio de las responsabilidades
civiles o penales que correspondan, el/la juez/a deberá aplicar alguna/s de las
siguientes sanciones: a) Advertencia o llamado de atención por el acto come-
tido; b) Comunicación de los hechos de violencia al organismo, institución,
sindicato, asociación profesional o lugar de trabajo del agresor; y c) Asistencia
obligatoria del denunciado a programas reflexivos, educativos o terapéuticos
tendientes a la modificación de conductas violentas.
Entendemos que no es la única salida para alejarse de las situaciones de
violencias el desarrollar esta ruta crítica, y que no siempre funciona bien,
ni mucho menos, pero es necesario conocer cuáles son nuestros derechos
y cómo funcionan (o deberían funcionar) los organismos judiciales ante las
situaciones de violencias de género, así contamos con más herramientas para
acompañar y/o asesorar.
Como así también hay que tener cuenta que el alejarse de las situaciones de
violencia no es sólo hacer una denuncia y contar con medidas de protección,
sino que es un camino más largo y complejo, por las características que tienen
estas situaciones.
57

II.-PROTOCOLO ANTE SITUACIONES


DE VIOLENCIA SEXUAL

Violencia sexual, ¿a qué nos referimos?

Según la ley 26.485 “de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erra-
dicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus
relaciones interpersonales”, se define a la violencia sexual como “cualquier
acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso geni-
tal, del derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual
o reproductiva a través de amenazas, coerción, uso de la fuerza o intimidación,
incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones vinculares
o de parentesco, exista o no convivencia, así como la prostitución forzada, ex-
plotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres”.
En este protocolo desarrollaremos en particular cómo acompañar a una per-
sona que haya pasado por una situación de violación sexual y/o abuso sexual.
La violación sexual es fundamentalmente un ejercicio de poder de some-
timiento de una persona sobre otra sin su consentimiento. También cumple
una función social de disciplinamiento de los cuerpos y de reafirmación de la
masculinidad hegemónica; quien agrede sexualmente no lo hace porque “está
enfermo” o “es un monstruo”, sino porque sabe que puede hacerlo y piensa que
tiene “derecho” sobre la otra persona.
Aunque la violencia sexual es castigada legalmente e invisibilizada muchas
veces, en la gran mayoría de las culturas se produce en la calle, el trabajo, la
casa, en las guerras entre países, etc., de forma cotidiana. Las respuestas judi-
ciales ante estos hechos suelen ser la impunidad, la naturalización y justifica-
ción de los mismos. La Justicia, con su carácter clasista y heterocispatriarcal,
suele poner el eje en la conducta de la persona agredida, culpabilizándola y
revictimizándola, justificando al agresor.
La violación sexual es un delito sumamente frecuente en todas las socie-
dades. La variedad de situaciones y los factores que entran en juego son muy
diversos, así es que varía la modalidad del ataque (con armas, intimidación o sin
ellas; con o sin uso de la fuerza física), las relaciones entre el agresor y la per-
sona agredida (desconocidos, conocidos, relaciones de parentesco, relaciones de
autoridad o poder), los marcos institucionales, las características de las víctimas
58 SITUACIONES DE VIOLENCIA SEXUAL

(edad, historias personales, características sociales, en situación de prostitución


forzada, etc.), las características del agresor, el número de agresores, el tipo de
prácticas, las reacciones de las víctimas, los espacios físicos, los contextos socio-
políticos (guerras, conflictos étnicos, situaciones de encierro), etc.
La violencia sexual también puede producirse en el marco de un matrimo-
nio, noviazgo, pareja o ex-pareja.
En nuestro país, el Código Penal contiene un capítulo que se llama “Delitos
contra la integridad sexual”, que abarca los delitos sexuales. En este se distingue:

• La violación: consiste en la penetración vaginal o anal y el sexo oral.


• El abuso sexual calificado: son prácticas que, aunque no sean de pene-
tración, son gravemente ultrajantes para la víctima, como la penetración
con objetos, la obligación de masturbarse o masturbar al agresor y otros
actos de este tipo.
• El abuso sexual: acá se incluyen actos más “leves”, como toqueteos o
contacto con los genitales.

¿Qué hacemos ante casos de violencia sexual?

Desarrollaremos primero cómo hacer la denuncia, y luego la atención mé-


dica, aunque entendemos que ante la situación concreta se evaluará, siendo
indispensable el acceso inmediato a un hospital para la atención médica, la
anticoncepción de emergencia para prevenir un embarazo, la prevención de
VIH-sida y otras infecciones de transmisión sexual (ITS), ya que los medica-
mentos preventivos (más conocidos como “kit de profilaxis”) pierden efectivi-
dad transcurridas las 72 horas del hecho.

¿Quiénes pueden hacer la denuncia?

Estos delitos son de “instancia privada”, esto quiere decir que para que haya
una investigación penal e intervenga un/a juez/a y fiscal es necesario que la
persona que sufrió el hecho haga la denuncia ella misma. Esto varía de acuerdo
a la persona:

• Cuando la víctima es mayor de 18 años, solamente ella puede denunciar.


• Cuando se trata de menores de 18 años, podrán denunciar en primer lugar
lxs adultxs responsables (madre, padre, tutorxs, guardadorxs). En caso de
que existan indicios o sospechas de que el/la niñx haya sido abusadx por
personas encargadas de su cuidado, lxs profesionales de la salud, así como
lxs docentes, están obligadxs a denunciar para asegurar su integridad. El/
PROTOCOLOS 59

la fiscal podrá actuar de oficio-es decir, por su propia iniciativa- cuando


los intereses de la niña o niño sean opuestos o incompatibles con los de
sus padres o tutorxs, ya que se entiende que lxs niñxs están en una situa-
ción de mayor vulnerabilidad y sus derechos son prioritarios. Esto último
no solía suceder, por ello en 2018 se sancionó la ley 27.455, que estipula
que los delitos sexuales de niñxs y adolescentes son un delito de instancia
pública, lo que implica que cualquier persona puede denunciar y el Estado
deberá investigar de oficio.
• Cuando la mujer sea adulta pero con una discapacidad intelectual, mental,
motriz o sensorial que le impida hacer la denuncia por sí misma, deberán
hacerlo sus curadorxs, familiares o personas de apoyo.

¿A dónde ir?

a.- Para hacer la denuncia

Ante una situación de violencia sexual podemos acudir ante:

1. La fiscalía especializada en delitos sexuales (si contamos con una cerca de


donde vivimos).
2. La comisaría de la mujer.
3. La comisaría más cercana.
Se recomienda seguir el orden de prioridad enunciado.

Es importante que la persona que sufrió la violación o el abuso sexual no vaya


sola, ya que se trata de ámbitos muchas veces hostiles, impregnados de las peo-
res lógicas heteropatriarcales.

En las fiscalías muchas veces existe la Oficina de Atención a la Víctima,


que suele contar con un grupo de profesionales, entre ellxs psicólogxs, traba-
jadorxs sociales, etc., que deben acompañar, asesorar y contribuir a la con-
tención de la persona. Así también, en algunas comisarías de la mujer existen
equipos interdisciplinarios, como desarrollamos anteriormente.

Es fundamental en todo momento acompañar a la mujer y respetarle sus tiempos,


preguntarle quién quiere que esté presente en el momento de hacer la denuncia
y saber si ella quiere pasar con alguien. Nosotrxs la podemos acompañar, aunque
lxs operadorxs estatales se resistan.
60 SITUACIONES DE VIOLENCIA SEXUAL

Es necesario que en la denuncia la compañera pueda dar la mayor cantidad


de datos posibles, pero si en ese momento, por la situación emocional que está
atravesando, no puede, no debemos presionarla, ya que la denuncia puede ser
ampliada luego.
Luego de realizada la denuncia nos mandarán al cuerpo médico, donde le
harán una revisación médica obteniendo elementos que puedan servir como
prueba (se realiza una revisación ginecológica, un hisopado, se la coloca enci-
ma de un papel para recoger elementos). Este procedimiento suele ser agresivo,
por eso es importante que sepa que puede pedir ser atendida por una profe-
sional mujer si así lo prefiere y en un lugar en donde se respete su intimidad.

b.- Para atención médica

En el cuerpo médico de la Policía revisan a la mujer, pero es sólo para


juntar pruebas. Es muy importante en caso de violación sexual, cuando hubo
penetración, o cuando hubo forzamiento a practicar sexo oral que vaya a un
centro de salud para que le den atención médica por las lesiones que pueda
tener, y para evitar que se contagie enfermedades o que quede embarazada.
Hay que ir a un servicio de atención médica, preferentemente un hospital
de la zona, donde se deberá acudir en el menor plazo posible, ya que -como
dijimos- la anticoncepción de emergencia y la prevención del VIH-sida
pierden efectividad transcurrido el plazo de 72 horas.
Es importante que sepamos si en la provincia donde residimos existe un
protocolo o guía de actuación, ya que estipulan las acciones que deben se-
guir lxs operadorxs de la salud ante estas situaciones. Esto hay que tenerlo en
cuenta sobre todo si vemos maltratos o inacción, ya que estas directivas son
obligatorias para ellxs.
Se puede ingresar al servicio de salud por los consultorios externos de los
diferentes servicios del hospital en los horarios habituales de atención (Gine-
cología, Salud Mental, Clínica, Traumatología, etc.) o a través de las unidades
de Guardia, durante las 24 horas. Para que tengamos en cuenta:

• Si entra por el servicio de guardia, será inmediatamente derivada al toco-


ginecólogx de guardia, que será quien dé la aplicación del protocolo con la
complementación de Laboratorio, Infectología, Psicología y Trabajo Social.
• Si entra por consultorio externo de servicio de Ginecología y Obstetricia,
será un equipo, en lo posible interdisciplinario-médicx, psicólogx, asisten-
te social, enfermerx-, quien aplique el protocolo con la complementación
de Laboratorio e Infectología.
PROTOCOLOS 61

• Si entra por cualquier otro consultorio externo, será derivada al servicio


de Ginecología y Obstetricia, cuyo equipo interdisciplinario tendrá a su
cargo la atención con la complementación de Laboratorio e Infectología.

Es necesario que se realice la atención en un espacio físico adecuado para


preservar la privacidad, informando a la mujer acerca de la posibilidad de una
derivación a un equipo especializado dentro de la misma institución, si lo hu-
biera, o de otra institución, como así también de informarle sus derechos.
Además, se tiene que indicar a la mujer de los procedimientos médicos que
serán aplicados, y ella deberá dar el consentimiento informado expreso en todos
los casos. También acá podemos solicitar la atención por parte de una mujer.
En relación al examen médico: se debe identificar todas las lesiones, signos
clínicos y evaluar sobre posibles derivaciones. Debe realizarse el examen gine-
cológico (genitales internos y externos) y tomar las muestras para laboratorio
para diagnosticar posibles infecciones de transmisión sexual.
Acerca del tratamiento a seguir: se debe realizar el tratamiento de lesio-
nes, suero hiperinmune y vacuna antitetánica y antihepatitis B si no se tiene
la vacunación actualizada, tratamiento profiláctico de enfermedades de trans-
misión sexual y tratamiento de prevención del embarazo. Recomendamos que,
en la medida de lo posible, se consulte el Protocolo para la atención integral de
víctimas de violaciones sexuales del Ministerio de Salud de la Nación, de abril
del 2015: [Link]
protocolo_atencion_victimas_violaciones.pdf

La prevención del VIH con tratamiento antirretroviral debe comenzar in-


mediatamente después del episodio de violación, en lo posible antes de las 2
horas de producido. Pasadas las 72 horas se deben evaluar los riesgos de trans-
misión de VIH y los beneficios del tratamiento.
Las dosis para el tratamiento antirretroviral son diferentes en personas
adultas que en niñas/os.
Respecto a los tratamientos de profilaxis según el tipo de contacto sexual
(vaginal, anal, oral) sugerimos chequear el protocolo que citamos arriba.
Es necesario saber que no queda sólo en la atención médica recibida en ese pri-
mer momento, sino que se debe brindar un seguimiento de los siguientes tipos:

• Psicoterapéutico.
• Médico: control de heridas, control tocoginecológico periódico.
• Laboratorio: repetición de exudados y examen de sangre para controles
(a los 7 días Ftaabs. A las 6 semanas VDRL cuantitativa. En la semana 6
62 SITUACIONES DE VIOLENCIA SEXUAL

control de HIV (ELISA) (con autorización de la paciente). Repetir a los 3 y


6 meses. A los 3 y 6 meses repetir serología Hepatitis B y C.
• Interconsulta con Infectología.

Interrupción legal del embarazo (ILE)

Todas las personas con posibilidad de llevar a cabo una gestión tenemos
derecho en nuestro país a solicitar una ILE. Las causales que habilitan a pedirla
son: que el embarazo constituya un peligro para la salud integral o la vida de
la mujer o que haya sido producto de una violación.
Siguiendo al protocolo para la atención integral en situaciones de ILE, la cau-
sal salud incluye el peligro para la salud y el peligro para la vida, ya que este
último debe ser entendido como la situación extrema de la afectación de la salud.
Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la salud implica el “completo
estado de bienestar físico, psíquico y social, y no solamente la ausencia de en-
fermedades o afecciones”. Por otro lado, en relación a la causal violación, toda
mujer víctima de violación, de acuerdo al inc. 2 del art. 86 del Código Penal, con
independencia de que tenga o no una discapacidad intelectual o mental, tiene
derecho a la interrupción legal del embarazo producto de dicha violencia sexual,
de acuerdo con la interpretación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación
(CSJN) en el fallo “F., A. L. s/medida autosatisfactiva” (2012),donde indicó que se
debe garantizar la práctica médica sin dilaciones ni barreras.
De acuerdo con el fallo de la CSJN, los requisitos legales para realizar
la ILE son:

• La/el médicx tratante debe solicitar a la mujer que realice una declara-
ción jurada en la que manifieste haber sido víctima de una violación.
• En ningún caso corresponde pedir otro tipo de constancia, documen-
tación o información, ni realizar gestión alguna ante otras personas o
instituciones.

Según el fallo, se deberá garantizar la práctica con el método más seguro


de interrupción.
Es muy importante que conozcamos el protocolo para la atención inte-
gral en situaciones de ILE, ya que en el mismo se establece el abordaje que
deben realizar los equipos de salud y el procedimiento para garantizar dicha
práctica, acá les dejamos el link: [Link]
graficos/0000000875cnt-protocolo_ile_octubre%[Link]
PROTOCOLOS 63

Recordemos siempre:

La decisión de la persona con capacidad de gestar es incuestionable


y no debe ser sometida por parte de lxs profesionales de la salud a jui-
cios de valor derivados de sus consideraciones personales o religiosas.
Entendemos que en la actualidad se nos dificulta mucho acceder a la prác-
tica de la ILE, tanto porque lxs efectorxs de justicia retrasan su acceso como
porque lxs efectorxs de salud nos revictimizan y culpabilizan.
Nuestras cuerpas son sistemáticamente ubicadas en un lugar de objeto y
este sistema heterocispatriarcal intenta controlarlas, oprimirlas y decidir por
nosotras. Por eso es que tenemos que tener información y defender nuestros
derechos. ¡Nadie debe decidir por sobre nuestrxs cuerpxs y nuestros placeres!
65

¿CON QUÉ DIFICULTADES NOS ENCONTRAMOS?


Algunas puntas para repensar
nuestra práctica

“El feminismo del futuro es una práctica política sabia y amorosa.


El compromiso de acabar con la dominación se encuentra
en la esencia misma de nuestras políticas”.
bell hooks

Las organizaciones populares no son ajenas a la lógica heterocispatriarcal


presente en toda la sociedad. Muchas organizaciones hacen grandes esfuerzos
para poner en crisis y desnaturalizar estas lógicas y prácticas, construyendo y
prefigurando otra forma de pensar, vivir y relacionarnos. Pero es un camino
difícil, y por más buena voluntad que se tenga muchas veces nos vemos repro-
duciendo relaciones heterocispatriarcales.
En este apartado queremos destacar algunas de las concepciones y comporta-
mientos más comunes en la práctica cotidiana de organizaciones populares, que
operan como obstáculos en el abordaje de la problemática de la violencia de género:

• Ausencia de perspectiva de género en el análisis de situaciones con-


cretas: es necesario analizar todo desde una perspectiva de género, tenien-
do presente que una misma situación puede afectar de diferentes formas
a las diversas personas, no es para todxs lo mismo. Tenemos que prestar
atención a cómo afectan a las mujeres que acompañamos las decisiones que
vamos tomando como organización, y siempre en conjunto con ellas.
• Existencia, en los espacios políticos, de cierta tolerancia ante los
hechos de violencias que atraviesan las mujeres (normalización y
naturalización de ciertas formas de violencia): hay formas de violen-
cia que ni siquiera se visualizan como tales, y hay otras que se minimizan.
En este sentido es importante trabajar colectivamente en desnaturalizar
dichas violencias y en que se pueda visualizar cuál es la posición y la
apreciación de las compañeras ante determinadas situaciones que por co-
tidianas no dejan de violentarnos (violencia psicológica, acoso verbal, me-
nospreciar o no dar lugar a la palabra y opiniones de las compañeras, etc.).
66 ¿CON QUÉ DIFICULTADES NOS ENCONTRAMOS?

• La consideración de que la violencia en el ámbito doméstico es una


cuestión privada, por lo que la organización no debe meterse: esto
deriva de la distinción entre lo público y lo privado que tanto bien le hace
al heterocispatriarcado y a la violencia machista. Tenemos que combatirlo
porque “lo personal es político”.
• Compas que asumen la actitud de “mediación” entre las partes afec-
tadas, como si se estuviera en una situación de equilibrio: algunas
veces las organizaciones buscan consenso para evitar conflictos, mediar,
pacificar, comprender, priorizar la “unidad” del colectivo; esto se debe, en
muchas ocasiones, al desconocimiento de las desigualdades de poder que
caracterizan principalmente a las situaciones de violencia de género.
• Resistencia a definir, caracterizar y detectar situaciones o acciones
violentas: esto es producto de pensar que la violencia es sólo física, y no
poder visualizar los distintos tipos de violencias que sufrimos las mujeres.
• Actitud de parte de muchxs compas de invisibilizar y no reaccionar
ante situaciones de violencia: muchas veces se prefiere no ver, porque
si vemos tenemos que actuar, entonces muchas personas pasan por alto
claros signos de violencia, e incluso implícitos pedidos de ayuda.
• Incorporación de las reivindicaciones y del discurso feminista y di-
sidente en términos formales, dando por hecho que con eso alcanza,
sin tener predisposición para cambiar actitudes y accionar ante si-
tuaciones de violencia: esto por lo general se relaciona con fuertes resis-
tencias internas que vivimos las personas, y/o con la falta de comprensión
de lo hondo que el hetrocispatriarcado ha calado en cada unx de nosotrxs.
El llevar a la práctica ciertas consignas implica repensar y problematizar
nuestros privilegios, las formas de vincularnos, nuestra sexualidad, etc.
• No visualizar el problema de la violencia como estructural y de res-
ponsabilidad colectiva: muchas veces se lo aborda como una cuestión
individual, culpabilizando y asignando la cuestión de la violencia a malas
decisiones de las mujeres, que por ejemplo “no se quiere ir de la casa”, o
“siempre vuelve”, sin comprender las lógicas heterocispatriarcales presen-
tes en esas decisiones y las características de las violencias de género.
• Actitud de responsabilizar a las mujeres: muchas veces se asume una
actitud de juzgamiento de la situación, pretendiendo que nosotrxs tene-
mos la verdad evidente y que la otra persona se equivoca al hacer una
cosa diferente a la que le decimos, incluso nos enojamos, y muchas veces
“retamos” a las mujeres, con lo cual lo único que logramos es que se alejen,
y se profundicen así situaciones de aislamiento.
• Presentación del problema como “asunto turbio”, “situación con-
fusa”, como si existiesen “dos versiones” o se tratase de “problemas
PROTOCOLOS 67

emocionales”: así se desconoce que varones y mujeres no estamos en la


misma situación, ya que hay un histórico desequilibrio de poder que provo-
ca que a las mujeres nos cueste más posicionarnos fuertemente para defen-
dernos y contar con claridad y sin culpa lo que nos pasa, y que a los hombres
les sea más fácil construir versiones, levantar la voz, manipular situaciones
y enmarañar la cuestión, beneficiándose de toda esta “confusión”.
• Victimización de la mujer, impidiéndole que sea parte activa de las
decisiones: muchas veces se asume una actitud paternalista y proteccio-
nista de la compañera como si ella no tuviese voluntad o posibilidades de
decidir; esto es muy grave porque las consecuencias de todo lo que haga-
mos recaerán sobre ella.
• Visualización del agresor como “monstruo”, “enfermo”, “malo”: la
otra cara de la moneda es que cuando se trata de un “buen” compañero, no
se puede creer que sea violento, y se tiende a desacreditar los dichos de la
mujer. Es importante entender que muchas veces los agresores aparentan
ser personas amorosas, pero cuando se encuentran en otros momentos o
espacios generan diversas violencias.
• Actitud de corporativismo masculino/ Justificación de la situación
de violencia: muchas veces los varones silencian ante las situaciones de
violencia que perciben por sentir empatía y comprensión con el agresor.
Algunas veces no sólo silencian, sino que también utilizan el mismo discur-
so de los agresores, justificando su accionar, entre otras cosas. Las mujeres
también están atravesadas por la lógica heterocispatriarcal, por lo que mu-
chas veces varones y mujeres caen en la actitud de justificación del violento,
aunque no siempre expresa, lo que suele traducirse en una no intervención.
• Definición de “lo político” desde cánones heterocispatriarcales: en
muchas organizaciones sólo se tiene en cuenta, a la hora de valorar a sus
militantes, su desempeño en las instancias de la organización, y nada in-
teresa lo que cada quien haga en su vida “privada”; una vez más, vemos
cómo aparece la división entre lo público y lo privado.
• Posición de que trabajar las situaciones de violencia es tarea y res-
ponsabilidad exclusiva de las compañeras: aunque el abordaje de las
situaciones de violencia lo lleven adelante las compañeras mujeres, esto no
significa que sean responsabilidad exclusiva de ellas. Este sistema nos afecta
a todxs, porque es un sistema que nos oprime. Si como organización esta-
mos convencidxs de que tenemos que luchar contra el heterocispatriarcado,
dichas situaciones deben tomarse desde el conjunto de la organización.
• Desjerarquización del tratamiento de estas cuestiones: muchas ve-
ces se toman estos temas como secundarios, se tratan luego de los temas
“importantes”, y por lo general se hacen cargo de su abordaje las compa-
68 ¿CON QUÉ DIFICULTADES NOS ENCONTRAMOS?

ñeras más sensibilizadas con la cuestión, pero por impulso personal y no


por decisión colectiva, por lo que por lo general no se las releva de otras
tareas militantes, y así estas compas terminan sobrecargadas: como mili-
tantes deben hacerse cargo de numerosas tareas, ydeben también encarar
el abordaje de las situaciones de violencia, tarea desgastante y muchas
veces angustiante.
• Estigmatización de quienes asumen la tarea: muchas veces se estig-
matiza a las compas que abordan las situaciones de violencia como si fue-
sen personas “pesadas”, “cargosas” que todo el tiempo quieren hablar de
lo mismo. Esto se relaciona con algo que dijimos antes: no alcanza con
asumirnos formalmente antipatriarcales, sino que trabajar sobre ello debe
ser parte de lo cotidiano.
ANEXO TALLERES
71

Algunas propuestas
¿Por qué talleres?

“Ya comprendo la verdad // estalla en mis deseos // y en mis desdichas /


en mis desencuentros /en mis desequilibrios / en mis delirios //
ya comprendo la verdad //
ahora / a buscar la vida.”
Alejandra Pizarnik

Los talleres son espacios de aprendizaje colectivo, donde se dan procesos


activos de transformación recíproca y se habilita a accionar, pensar y sentir en
libertad y con otrxs.
En estos espacios compartimos, reflexionamos y elaboramos nuestras vi-
vencias personales y experiencias colectivas. Re-pensamos aquellas prácticas,
sentimientos, valores, actitudes y relaciones que nos imponen las ideas domi-
nantes para la producción del ser “mujer” y “hombre”, para transformarnos.
Pretendemos problematizar estos aspectos, formarnos y construir una con-
ciencia crítica.

Momentos del taller

Todos los talleres constan de un primer momento, que tiene como objetivo
crear un espacio de confianza y facilitar que todxs participen. Seguidamente
se desarrollan las actividades, donde se comparten experiencias, se problema-
tiza y se reflexiona libremente, pero sin perder de vista los objetivos del taller.
Luego, en el cierre, se pone en común en una instancia plenaria lo trabajado y
se realiza una síntesis de lo producido en el debate. Es importante dedicarle un
tiempo a compartir qué nos generó el taller, con qué sensaciones nos vamos y
lo que cada unx tenga necesidad de decir.

A tener en cuenta:

• Es importante que se pueda designar anteriormente a unx compañerx para


coordinar el taller, para esto deben tener disponibilidad personal para el
72 ALGUNAS PROPUESTAS

tema, es decir desde lo afectivo, desde la capacidad de escucha y el deseo


de habitar esos espacios; deberán estar atentxs a promover y proponer
actividades que faciliten los vínculos, facilitar la circulación de la palabra,
y hacer que se respeten los tiempos individuales y grupales.
• También se deberá designar a unx compañerx para que tome nota de lo
que va saliendo en los talleres, comentándoles a lxs compañerxs que par-
ticipan del mismo que necesitamos registrar la experiencia para ayudar y
acompañar a otrxs, y sistematizar los conocimientos y saberes que circu-
lan. También es importante seguir y marcar los tiempos acordados para
asegurarnos de llegar a las actividades propuestas y los temas importantes.
• Es fundamental estar atentxs y observar cómo se van sintiendo lxs com-
pañerxs, ya que la tarea grupal tiene efectos terapéuticos, porque facilita
poner en palabras conflictos. Entonces es posible que se sensibilicen mucho,
sobre todo si vivieron situaciones de violencia y a través de estos encuen-
tros pueden comenzar a visibilizarlas. Debemos estar preparadxs para poder
contener estas situaciones y que lxs compañerxs no se sientan expuestxs.
73

Primer taller
“Introducción a la problemática
de la violencia de género”

Primer momento: Presentación de lxs participantes y la temática.

Presentación: En ronda decimos nuestros nombres y algo que nos guste


hacer. Presentación del taller.

Tiempo: 10 min.

Segundo momento: Pasamos el video “¿El sueño imposible?” (podés encon-


trarlo en [Link] para introducir las
temáticas de desigualdad de género, los roles y la socialización. Trabajamos en
grupo: ¿Cómo es un día de nuestra vida cotidiana? Armar o contar la historia de
un día de una mujer, o un día de sus vidas. Se socializa cada historia, y luego se
intenta reconstruir el día de un compañero varón, en forma colectiva.

Tiempo: 30 min.

Sugerencia: En la puesta en común reforzar la importancia de los momen-


tos de recreación, de momentos de disfrute, de encuentro, de espacios para
cada unx; recuperar lo que sale en las historias.

Preguntas disparadoras para el debate: ¿qué nos gusta hacer?, ¿qué hace-
mos?, ¿qué nos gustaría hacer?, ¿cómo se puede hacer para sumarlo a nuestra
vida cotidiana?
Hacer énfasis en que el encuentro entre compañeras nos corta un poco con las
tareas diarias de cuidado del/la otrx, de trabajos, etc., es un tiempo para nosotr-
xs, necesario, poder encontrarnos con compañeras para disfrutar o reflexionar.

Tiempo: 10 min.

Tercer momento: Trabajamos sobre las violencias y los tipos y modalidades


de violencias de género:
74 INTRODUCCIÓN A LA PROBLEMÁTICA DE VIOLENCIA DE GÉNERO

• Técnica de la cebolla: armar círculos en el piso, en el centro de la cebolla se


escribe “vida sin violencia”, la idea es que quienes llegan al centro son las
personas que no sufrieron ni sufren violencia, y quienes quedan afuera la
sufren cotidianamente. Todxs empiezan el juego fuera de la cebolla.

Estas frases son sólo algunas propuestas por nosotrxs... pueden agregar o
quitar dependiendo del grupo y las características del mismo.

Avanzan quienes:

• Nunca lxs manosearon o apoyaron en algún transporte público


• Reciben el mismo sueldo por igual trabajo
• Nunca les prohibieron salir cuando quisieron y con quien quisieron
• Deciden cuándo y cómo cuidarse en las relaciones sexuales
• Nunca recibieron un piropo grosero
• No tienen miedo de caminar solxs de noche por la calle
• Nunca tuvieron miedo de ser violadxs
• Nunca recibieron un insulto por su sexo
• Encararon a alguien que les gustaba
• Sienten que su opinión es escuchada y tiene peso
• Son valoradxs por lo que son y no por su imagen
• No piden permiso para gastar en algo que les guste

Retroceden quienes:

• Pasan ante un grupo del otro género/sexo y se incomodan


• Generalmente levantan la mesa después de comer
• Llegan a su casa y tienen que seguir haciendo las tareas
• Sufrieron algún tipo de violencia de género
• Se sintieron subestimadxs por su pareja
• Se sintieron acosadxs sexualmente
• Dependen económicamente de sus parejas
• Tienen que cuidar a lxs niñxs y enfermxs

Cierre: cuando llegan se acercan al círculo central, las coordinadoras pi-


den que se sienten cada unx en el lugar que quedó y reflexionamos sobre
quiénes avanzaron más y por qué. Se reflexiona sobre la violencia de gé-
nero y se profundiza sobre los tipos de violencia. Problematizamos sobre
PRIMER TALLER 75

las violencias, las construcciones sociales en relación al lugar socialmente


asignado a las mujeres y a los varones, vinculándolo con lo que haya sur-
gido de la dinámica.

Tiempo: 30 min.

Momento de cierre: Trabajar en relación a los derechos y a la solidaridad


entre compañeras. Armar una red con la lana entre todas, diciendo algo
lindo de una compañera o que les pareció el taller.

Tiempo: 10 min.
77

Segundo taller
“Construcción de redes sociales”

Materiales que necesitamos para el taller


• Tarjetas en blanco
• Afiches
• Fibrones
• Cuadernos para armar guía de recursos
• Mapa del barrio
• Ovillo de lana
• Fotocopias del poema

Primer momento: Presentación de lxs participantes y la temática. Se realiza


una dinámica/juego para la presentación de lxs participantes.

• Nos ubicamos en círculo. Escribimos en una tarjeta qué nos gustaría ser.
Por ejemplo: animales, personajes famosos, de fantasías, etc. Cada unx
dice su nombre y cuenta qué le gustaría ser y por qué.
• Las coordinadoras harán una presentación del taller, contando los temas
sobre los que reflexionaremos.

Ideas generales: ¿Qué es una red?

La importancia del armado de redes es la articulación entre diferentes organi-


zaciones sociales y culturales, organismos de derechos humanos e institucio-
nes que tienen un objetivo común y (en general) comparten un mismo espacio.
En la red se produce el intercambio continuo de ideas, servicios, objetos,
modos de hacer. En ellas las organizaciones encuentran apoyo, contención
y constituyen una fuente de recursos, de participación y de compromiso de
gran importancia por todo lo que nos fortalecen.
Las redes son efectivas cuando logramos una organización, solidaria, par-
ticipativa, democrática, sólida, horizontal y orientada a objetivos comunes.
Cuando nos referimos a las redes comunitarias se trata de aquellas pre-
sentes en los procesos de organización de la comunidad en relación a una
problemática particular.
78 CONSTRUCCIÓN DE REDES SOCIALES

Las redes están en constante cambio, potencian a sus integrantes y generan


expectativas al reconocer y poner en acción la creatividad, los recursos y
las fortalezas que cada integrante tiene y pone en juego.
Sin embargo, no son sólo una fuente creativa y organizativa de la comuni-
dad, en ellas se expresan distintos intereses, conflictos, ideologías y prác-
ticas, pero podemos lograr una articulación a partir de algunos acuerdos y
objetivos en común.
Sirven como herramientas para dar respuestas colectivas a problemáticas
comunes. Supone la transmisión y el intercambio de experiencias y conoci-
mientos interdisciplinarios entre quienes forman parte de la red.
Hay distintos tipos de redes y niveles de articulación, que van desde, por
ejemplo, conocer las prácticas o las formas de trabajo de cada institución u
organización hasta proyectar trabajos en común.

Duración aproximada: 30 minutos.

Segundo momento: Desarrollo de la temática

• Se dividirán en grupos a partir de enumerarnos según la cantidad de gru-


pos que queramos armar.
• Reflexionamos sobre la importancia de la construcción de redes respecto
de la violencia de género, mediante preguntas disparadoras:
• En las experiencias que tuvimos en el barrio, ¿acompañamos a alguna mu-
jer en situación de violencia? ¿Qué hicimos? ¿Cómo actuamos?
• ¿Cómo podríamos intervenir colectivamente ante una situación de violencia
de género?
• ¿Conozco alguna red? ¿Formamos parte de alguna? ¿Cómo se imaginan que
sería nuestra red? ¿Quiénes podrían formar parte de una red contra la vio-
lencia de género?

Anotamos las respuesta en un afiche y armamos una representación teatral


de cómo actuaríamos como red en el barrio.

Duración aproximada de la reflexión grupal: 30 minutos.


Duración aproximada de la representación: 10 minutos cada grupo.

Tercer momento: Plenario

• Volvemos a plenario para hacer una puesta en común sobre lo reflexiona-


do en cada grupo y las representaciones.
SEGUNDO TALLER 79

Duración aproximada: 10 minutos.

• Realizamos una lluvia de ideas sobre qué tenemos que tener en cuenta
cuando armamos una red. Vamos anotando en un afiche a qué lugares es
conveniente ir y a cuáles no y por qué.

• Ubicamos en el mapa del barrio los lugares o instituciones conocidas y


amigables y no amigables, que podrían ser útiles para abordar la proble-
mática de violencia de género.

• Pensamos qué tareas se desprenden del taller. Por ejemplo: cómo seguir el
mapa y la búsqueda de información más precisa sobre cada institución, ver la
posibilidad de hacer un volante con los lugares, afiches informativos para las
carteleras del movimiento, armar una guía de recursos con los lugares, etc.

Duración: 30 minutos.

Momento de cierre

• Técnica del ovillo: vamos pasando un ovillo de lana y quien lo recibe dice
algo que sintió en el taller y luego lo arroja a otra compañera. Hasta for-
mar una gran tela de araña, una red.
• Al final del armado de la red, reflexionamos sobre la importancia de
construir redes, no sólo a nivel institucional sino entre nosotrxs y en la
organización.
• Con la red de lana ponemos arriba de ella una brujita de muñeca y levan-
tamos la red hacia arriba para que se vea que con una red armada entre
todas la brujita no se cae y está contenida.
• Leemos el poema “Mujeres guerreras” de Silvana Luna, integrante del
equipo interdisciplinario contra la violencia de género del FOL.

Duración: 10 minutos.

Duración total aproximada: 2 hs.


80 CONSTRUCCIÓN DE REDES SOCIALES

Mujeres guerreras

Mujeres guerreras
Hijas de la tierra, hermosas
Como la naturaleza misma
Dulces, como el néctar de las flores
¡AGUERRIDAS! Atemorizan a la más fuerte tempestad
Luchadoras incansables.
Hacedoras de cálidos abrazos y caricias
Derrumbarían al más rígido muro
tan frágiles como intensas, inteligentes…
Diseñadoras de ilusiones y anhelos

Te quiero así!
Inquieta, simple, de mirada generosa

Niña, adolescente, adulta, MUJER!


Cuánto lograste y cuánto más podrás
Propóntelo, nadie lo merece más que vos
libérate de ataduras,
pues atentan contra tus logros
No midas ni escatimes en aprender
Te estás asegurando conquistas

Observa tu camino sin miedo cargado de aciertos y desventuras


Mantente firme ante las adversidades
Siempre serás vencedora
Tantas batallas, lágrimas y dolor
En el horizonte de muchas de nosotras
Tantas mujeres convirtiendo amargas derrotas
En la esperanza de cosechar los más ricos frutos, orgullosas de sí mismas
SEGUNDO TALLER 81

Lo mejor está por venir


Tengo la plena confianza en vos
Si nos unimos seremos certeza
Prepárate mujer, y cárgate de mucha luz Estamos presurosas, a punto de parir
La MÁS importante representación
De nuestra femenina existencia
Estamos pensando un nombre. De seguro será bella,
Crecerá alimentada de mucho amor; la llamaremos… LIBERTAD!!!

Silvana M. Luna
Militante feminista de Florencio Varela
83

Tercer taller
“En la lucha defendemos nuestros derechos”

Materiales que necesitamos para este taller


• Tarjetas de distintos colores con fragmentos de letras de canciones conoci-
das. Teniendo en cuenta la cantidad de participantes, hacer varias tarjetas
con cada canción y color
• Afiches y fibrones
• Rayuela de la Liberación (un tablero, con forma de rayuela; ¡se puede tam-
bién hacer con cinta de papel!), con un casillero de salida, otros con núme-
ros y uno de llegada. En cada casillero dice “Verdadero o Falso”, “Pregunta
o Prenda”. Tarjetas con preguntas de diferentes colores según la consigna.
• Un dado gigante
• Botones o tapitas de colores que identifique a cada equipo
• Fotocopias del poema “Querida amiga” y la canción “Dignificada”

Primer momento: Presentación de lxs participantes y la temática.

• Ubicadxs en círculo, nos presentamos diciendo nuestro nombre y comen-


tamos si participamos del taller anterior.
• Las coordinadoras harán una presentación del taller, comentando breve-
mente los temas que abordaremos.

Ideas generales

La única manera de garantizar el ejercicio de nuestros derechos, de esos


derechos conquistados por lxs de abajo, quienes nos encontramos en si-
tuación de desventaja y vulnerabilidad ante la ley de lxs de arriba, es la
organización. La organización colectiva es nuestro punto de partida: no
hay derechos sin organización.
Los derechos humanos son las conquistas sociales de aquellos grupos que
intentan abolir las desigualdades creadas en algún momento de la historia,
entre lxs que más tienen y lxs que menos tienen o quienes directamente no
tienen nada. El contenido de los derechos humanos es producto de la lucha
de poder entre los extremos en pugna.
84 EN LA LUCHA DEFENDEMOS NUESTROS DERECHOS

No alcanza el reconocimiento por escrito de los derechos. Se requiere, para


su realización, de la lucha y la protesta social para hacerlos valer en cada
caso concreto.
La lucha es la manera que tenemos los sectores populares de hacer vi-
sibles nuestros problemas y hacer valer nuestra dignidad, conociendo
y exigiendo el cumplimiento efectivo de los derechos. Históricamente,
a las mujeres y disidencias se nos han negado muchos derechos, de
manera injusta nos han sometido, a más de la mitad de la humanidad,
y siguen queriendo someternos. Todos los derechos que hoy tenemos
reconocidos han sido producto de la lucha de las organizaciones de mu-
jeres, feministas y disidencias que a lo largo de la historia han (y aún
lo hacemos) salido a la calle. Aún nos quedan muchas más conquistas,
muchas luchas para exigir en las calles y avanzar en organización hacia
la igualdad, contra la opresión.

• Se realiza una dinámica/juego para romper el hielo y dividirnos en grupos:


• Entregamos a cada participante una tarjeta de colores y el estribillo de una
canción conocida. Por ejemplo: ´”Pollera amarilla” de la Bomba Tucuma-
na, “Violeta” de Alcides y “Fuiste” de Gilda.
• Circulamos por el espacio bailando y cantando el tema que nos tocó.
• Nos agrupamos con las compañeras que cantan la misma canción que
nosotrxs.

Duración aproximada: 10 minutos.

Segundo momento: Desarrollo de la temática

Primera parte

• Trabajamos en grupos con las siguientes preguntas disparadoras: ¿Cuáles


son los derechos de las mujeres? ¿Qué se puede hacer desde el movimiento
para luchar contra la violencia de género?
• Anotamos en un afiche las ideas que van saliendo en cada grupo.

Duración aproximada: 10 minutos.

• Nos ubicamos en círculo, realizamos una puesta en común y reflexiona-


mos sobre lo debatido en los grupos.

Duración aproximada: 20 minutos.


TERCER TALLER 85

Segunda parte

• Nos dividimos nuevamente en grupos según los colores de las tarjetas.

• Explicamos el juego llamado “La Rayuela de la Liberación” a través del


cual desarrollaremos el eje central del presente taller. Jugamos por equipo.

• Cada equipo tira el dado y avanza el número de casilleros que sale. Según
el casillero se retira una tarjeta de verdadero o falso, pregunta o prenda.
El grupo al que le tocó la tarjeta lee la pregunta en voz alta y discute con
su grupo sobre la respuesta (al mismo tiempo los demás grupos pueden ir
debatiendo sobre la misma). El equipo da su respuesta.

• Entre todas se va reflexionando y completando en base a las distintas res-


puestas. Ese equipo avanza dos casilleros y el resto uno. Luego, es el turno
de tirar el dado y avanzar de otro equipo.

Consignas sugeridas (con sus respuestas)

“Rayuela de la Liberación”

1- ¿Necesito tener DNI para hacer la denuncia?


• No es necesario, la denuncia nos la tienen que tomar igual, pero ¡si lo te-
nésllevalo! (Recordatorio: es importante que, ante una situación de violencia,
si tenés DNI, lo guardes bien o lo lleves encima, junto con los de tus hijxs si
es que tenés)

2- ¿La denuncia la puedo hacer en cualquier comisaría o sólo en la


comisaría de la mujer?
• Es preferible ir directo a la comisaría de la mujer, pero es posible realizarla
en cualquier otra comisaría o, si tenés la posibilidad, en la oficina de recep-
ción de denuncias de la fiscalía penal.
• Es importante que siempre vayas acompañada por alguien de confianza.
• Hay que pedir copia de la denuncia, hacerle copias, guardar una en un lugar
seguro y llevar otra copia siempre encima. (Recordatorio: tener una copia
siempre encima puede ser útil en alguna situación de riesgo en donde debamos
llamar a la Policía para mostrársela hasta tanto nos salgan las medidas)

3- ¿Para qué sirve hacer la denuncia?


• Para que no quede en lo privado.
86 EN LA LUCHA DEFENDEMOS NUESTROS DERECHOS

• Para dejar asentada la situación que estamos atravesando.


• Para poder pedir medidas protectoras urgentes.

5- ¿Te cobran para hacer la denuncia?


• De ninguna manera

6-¿Qué podemos pedir una vez que hacemos la denuncia?


• Que se ordene la “exclusión del hogar” del agresor. Es decir, que el agresor
se vaya de la casa familiar y no pueda habitar ahí.
• Fijar un “perímetro de no acercamiento”, esto quiere decir que se puede
prohibir el acercamiento del agresor a la casa donde está la persona o sus
familiares, o su lugar de trabajo, de estudio, o de otras actividades que
haga habitualmente. También se puede solicitar como medida el prohibirle
circular o permanecer en determinada zona,y también que no se acerque a
través de dispositivos virtuales.
• Si la mujer se tuvo que ir de su casa porque corría peligro, el juez puede
ordenar su reingreso, ordenando antes que se vaya el agresor.
• Que se le restituya a la mujer sus bienes personales si, por ejemplo, tuvo
que dejar algunas de sus cosas en el lugar donde está el agresor.
• Que se dicten medidas para que quien denuncia y su grupo familiar cuen-
ten con asesoramiento legal, médico y psicológico especializado.
• Ordenar, en caso de que la persona en situación de violencia sea menor
de edad o tenga alguna discapacidad, otorgar el cuidado personal (lo que
antes se llamaba tenencia) a quien considere idóneo para tal función.
Deberá tenerse en cuenta la opinión y el derecho a ser oídx del niño,
niña o adolescente.
• Fijar en forma provisoria cuota alimentaria y la suspensión del régimen de
comunicación (antes se llamaba visitas) de lxs hijxs menores de edad. Esta
medida es por un tiempo, para que sea definitiva se tiene que pedir en un
juzgado o tribunal de familia.

7-¿Puede unx vecinx/compañerx/hermanx hacer la denuncia?


• Sí, cualquier persona puede hacer la denuncia.
• También la debe hacer un funcionario público que tome conocimiento de
la situación, por ejemplo maestrxs de la escuela de lxs hijxs.
• En todos los casos se puede hacer con identidad reservada.
• Más allá de esto, es importante que quien esté pasando por la situación de
violencia esté de acuerdo con hacer la denuncia para que pueda fortalecer-
se y no acelerar sus tiempos para el proceso.
TERCER TALLER 87

¿Mito o verdad?

A.-Si la casa es de él, me tengo que ir yo.


Respuesta: Mito. No me tengo que ir, puedo pedir la exclusión del hogar
del agresor.
B.-Necesito tres denuncias para que pase al juzgado o fiscalía.
Respuesta: Mito. Sólo con una denuncia la comisaría debe dar interven-
ción al juzgado o fiscalía de forma inmediata.
C.-Necesito certificado médico para hacer la denuncia.
Respuesta: Mito. No necesito certificado médico, primero me tienen que
tomar la denuncia y luego derivarme a un centro de salud para que me
revisen y hagan informe médico. No olvidemos que la violencia puede ser
tanto física como psicológica o de otro tipo, que duelen igual o más y no
dejan marcas visibles.

Prendas sugeridas

• ¿Qué le dirían a una compañera que está pasando por una situación de
violencia?
• Contar un chiste o cantar una canción.

Duración aproximada: 40 minutos.

Tercer momento: Plenario

• Volvemos a una instancia plenaria para hacer una puesta en común sobre
las ideas que surgieron a partir del juego.
• Es importante que las herramientas jurídicas queden claras para las com-
pañeras. En busca de ello vamos repasando las respuestas y volcándolas
en un afiche.

Duración aproximada: 25 minutos.

Momento de cierre: Leemos el poema “Querida amiga” de Silvana Luna,


integrante del equipo interdisciplinario contra la violencia de género y can-
tamos la canción de Lila Downs “Dignificada”.

Duración aproximada: 10 minutos.


DURACIÓN TOTAL APROXIMADA: 2 HORAS
88 EN LA LUCHA DEFENDEMOS NUESTROS DERECHOS

Querida amiga

Hoy quiero contarte, comienzo una nueva vida…


Una historia de amor…
Tengo miedo, ¿sabés?, es un cambio que no tenía previsto, pero va a ser lo mejor
para mí, eso espero.
Me separé y aún no lo creo.
Pasó tanto tiempo desde aquel día que lo vi y me enamoré por primera vez, me
juró amor eterno, hijos, compañerismo, comprensión… la familia perfecta! Nació
nuestra hija.
Qué feliz estaba! Teníamos diferencias pero bueno, lo íbamos viendo... De a poco
se empezó a alejar, creo que estaba celoso, esta chiquita me quitaba mucho tiempo
y eso lo irritaba. Le planteé que quería ayudarlo trabajando a la par… Eso fue
una bomba, se puso como loco. Me dijo “ninguna mujer de mi familia laburó”, y
decime vos, ¿quién va a cuidar de nuestra hija?, además mirate lo gorda que estás,
¿quién te va a dar laburo?, ¡únicamente limpiando baños!”.
Eso fue un duro golpe para mí, me sentí menos que nada.
Me dediqué de lleno a ser ama de casa, a mi marido, a mi hija, la lucha diaria,
una rutina, luego vinieron dos hijos más. En esos tiempos comenzábamos a tener
serios problemas económicos… Voy a trabajar! Ya lo decidí.
¿Qué te picó, nena?, me dijo, ¿a dónde vas con tanta elegancia? ¿Vas a trabajar
o a yirar?
Mirate la cara, si parecés un payaso. Te maquillaste, te perfumaste… ¿Y esa polle-
ra? ¿Qué va a pensar la gente? Que soy un fiolo y te mando a yirar.
El trabajo era cansador, solo contaba diez minutos para tomar un yogurt o comer-
me una manzana, viajaba parada dos horas, aguantando hacinamiento, largas
colas y hasta algún degenerado aprovechaba la muchedumbre para tocarme.
Me pedía todos los tickets y boletos, de esta manera me controlaba. Yo venía
urgente a cocinar, cargaba el lavarropas; simultáneamente, preparaba la mesa y
revisaba la tarea de mis hijos y otras cosas más.
Era un robot, una máquina a la que en ningún momento se le preguntaba cómo
me sentía, si me dolía algo. Un analgésico y a seguir…
Me bañaba última y cuando rogaba mi descanso, tenía que convertirme en “la
mujer”, la más trola, si decía que no, era porque seguro tenía otro.
Ya no era dueña de mí, ni de lo que pensaba, llorar y tolerar.
Las agresiones fueron creciendo, me golpeaba y hoy no sé cuándo comenzó esto.
Pensaba si me lo merecía, ¿por qué? ¿Qué hice mal? Lo justificaba todo el tiempo.
Pensé: ¿qué iba a hacer una mujer sola con sus hijos, a dónde iría? Sentía dolor,
mucha impotencia, me escondía para llorar y guardaba silencio… siempre silen-
TERCER TALLER 89

cio. Cumplía 30 años de matrimonio. Todos decían: qué familia tan hermosa!Pura
fachada, una escena teatral, un fiasco!
Me desperté un día, me miré al espejo y tuve asco de mí.
Grité ¡BASTA! ¡BASTA!
Ya no más.
Y hoy, como te contaba, comienzo un gran amor…
Quiero volver a creer en mí, levantar mis despojos, no recuerdo cuándo abandoné.
Empezar una nueva historia de amor, amor hacia mí, mi cuerpo, mi mente, mi
alma…
Siempre lo merecía y hoy quiero brindarme lo que por derecho me corresponde.
Hoy decidí enamorarme otra vez, pero de mí... y VUELVO A EMPEZAR.

Silvana M. Luna
Militante feminista de Florencio Varela

Dignificada

Hay en la noche un grito y se escucha lejano


Cuentan al sur, es la voz del silencio
En este armario hay un gato encerrado
Porque una mujer defendió su derecho

De la montaña se escucha la voz de un rayo


Es el relámpago claro de la verdad
En esta vida santa que nadie perdona nada
Pero si una mujer, pero si una mujer
Pelea por su dignidad

Ay morena, morenita mía,


No te olvidaré

Te seguí los pasos niña


Hasta llegar a la montaña
Y seguí la ruta de Dios
Que las ánimas acompañan

Lila Downs
91

Cuarto taller
“Autocuidado”

Se trata de dos partes diferentes de un mismo taller. De acuerdo a las nece-


sidades de cada grupo se evaluará con cuál se trabaja.

Primera parte: “Fortaleciéndonos”

Materiales que necesitamos para este taller:


• Tarjetas en blanco
• Afiches
• Fibrones
• Silueta de mujer
• Círculos rojos y verdes, para esto hay que tener en cuenta la cantidad de
participantes.
• Fotocopias del poema, de la historia y la canción
• Instrumentos musicales
• Reproductor de música

Primer momento:

Presentación de lxs participantes y la temática


a) Presentamos brevemente en qué consistirá el taller.

Ideas generales

¿Qué es el autocuidado? Como el nombre lo indica, significa cuidarse


a unx mismx. Como equipo interdisciplinario que trabajamos en las pro-
blemáticas específicas de las mujeres, consideramos que esto es algo que
podemos trabajar en un taller, una comisión de género o grupo de mujeres/
disidencias y, por qué no, cotidianamente en el movimiento. Además, como
la intención de este taller es capacitarnos para acompañar a otrxs compa-
ñerxs que se encuentran transitando situaciones de violencia, creemos que
necesitamos contar con estas herramientas para poder acompañar mejor
sin que esto nos afecte o suponga un desgaste para nosotras.
92 AUTOCUIDADO

b) Nos ubicamos en círculo y nos presentamos diciendo nuestro nombre.


c) Explicamos que vamos a hacer una actividad breve para romper el hielo,
para empezar el taller relajándonos y entrando en confianza.

Duración aproximada: 10 minutos.

Actividad 1: ¿Qué estamos sintiendo?

Vamos a hacer un juego en el que tendremos que actuar.


Se explica la consigna:

a) Lxs participantes se sientan formando un círculo.


b) En el medio se ubicarán tarjetas dadas vuelta, con distintas emociones o
sentimientos (tristeza, alegría, aburrimiento, cariño, miedo, confianza, agota-
miento, amor, preocupación, sentirse capaz, sentirse dominada, enojo, tran-
quilidad, dolor, soledad, felicidad).
c) Se agrupan de a dos con quien está sentadx al lado.
d) Toman un turno, dan vuelta una tarjeta y actúan la emoción o sentimiento.
e) Lxs demás participantes tratan de adivinar qué sentimientos están
actuando.
f) Lxs participantes que adivinan correctamente actúan la siguiente emoción.

Duración aproximada: 10 minutos.

Segundo momento: Desarrollo de la temática:

a) Explicamos en profundidad el concepto de autocuidado y su importancia.

Ideas generales

Por las condiciones de vida que atravesamos como clase trabajadora, pobres y
oprimidxs, y con los problemas sociales que existen en nuestro país, surge un
estado de estrés que, en un mayor o menor grado, nos afecta a todxs. En el caso
de las mujeres y disidencias, la situación es aún peor. A lo largo de la historia
las mujeres han tenido tiempo para todo y para todxs, especialmente para el
cuidado y la atención de los demás. Su rol reproductivo termina trasladándose
a todos los ámbitos de la vida social: son madres, esposas, trabajadoras, edu-
cadoras de niñxs, maestras, enfermeras, promotoras de la salud de todxs en el
hogar, entre otras cosas. Todo ello ha marcado profundamente la actitud de las
mujeres respecto a nosotras mismas y, sobre todo, en relación al tiempo que
CUARTO TALLER 93

dedicamos al cuidado de nuestra salud, nuestra cuerpa, a conocernos, a atender


el desarrollo personal y la vida, es decir, a nuestro autocuidado.
El estrés a lo largo del tiempo va teniendo un efecto desgastante sobre
nuestra salud, nuestra energía, nuestro estado de ánimo y, consecuente-
mente, nuestro bienestar.
A pesar de que las condiciones económicas, sociales y culturales, la mayo-
ría de las veces, ponen trabas al deseo de lograr ese bienestar, hay muchas
cosas que podemos hacer para estar mejor y avanzar por este camino. No
es tarea fácil, ni lo lograremos individualmente, pero, como el cam-
bio social, tampoco es imposible. La idea de este taller, entonces, es
darnos algunas herramientas para cuidarnos.
Como comentamos anteriormente, autocuidado es saber cuidarnos
y pensar en nosotras mismas y en nuestro bienestar con esa aten-
ción, dedicación e inteligencia que muchas veces ponemos en otras
cosas o en otras personas (como pueden ser lxs hijxs, la familia, el
trabajo, la casa). La promoción del autocuidado es una estrategia ne-
cesaria para la búsqueda del bienestar integral en la vida cotidiana
y que logre así fortalecernos personal y colectivamente. Cuidarse es
un acto individual que cada persona se da a sí misma cotidianamen-
te cuando adquiere autonomía, pero a su vez es un acto de recipro-
cidad con la otra persona, en relación con lxs otrxs, es decir, a partir
de la acción y reflexión individual y colectiva.
Empleando las técnicas de autocuidado, vamos a estar preparadas
para enfrentar y superar momentos difíciles de nuestras vidas y va-
mos a tener siempre más salud y fortaleza.
Y si nosotras vamos a acompañar en situaciones de violencia, tene-
mos que estar preparadas para poder hacerlo sin desbordarnos, sin
que la situación crítica nos llegue a desestabilizar a nosotrxs mismxs.

Duración aproximada: 10 minutos.

Actividad 2: Tarjetas de autocuidado

a) Se reparte a cada participante una tarjeta cuadrada y una lapicera o lápiz.


b) Cada participante tiene que escribir en la tarjeta su nombre y dos cuali-
dades que la definen (tímida, alegre, dormilona, etc.). Se pasan las tarjetas
tres lugares a la izquierda.
c) Se escribe en la tarjeta que le llegó a cada una tres prácticas cotidianas
en las que cada una piense que se está autocuidando. Se pasan las tarjetas
tres lugares a la izquierda.
94 AUTOCUIDADO

d) Se escribe en la tarjeta que les llegó tres hábitos que les den placer y
alegría. Se pasan las tarjetas tres lugares a la izquierda.
e) Se escribe en la tarjeta tres ideas de maneras de autocuidarnos que ten-
gan que ver con la organización, el movimiento y el apoyo colectivo.
f) Se comenta que vamos a abrir el debate y que para empezar vamos a leer
las tarjetas. Se pide a cada participante que lea los tres puntos de una tarje-
ta. Al mismo tiempo vamos escribiendo en un afiche las ideas.
g) Leemos en voz alta las tarjetas con las preguntas movilizadoras para
orientar el debate y lo vamos relacionando con las expresiones escritas en
las tarjetas.

Preguntas movilizadoras: ¿Tenemos tiempo libre? ¿Es necesario tener


tiempo libre, relajarse? ¿Encontramos tiempo para relajarnos? ¿Lo llena-
mos con más y más tareas? ¿Cómo nos educaron en relación a esto?

Ideas para activar el debate y preguntas movilizadoras:

Tiempo libre: hacer valer nuestro derecho a tener un espacio propio y


generar un equilibrio entre las actividades que realizamos en el hogar, en el
trabajo y en nuestro tiempo libre, aprendiendo a delegar tareas y disfrutar
de las horas de descanso.
Muchas veces no tenemos tiempo libre porque asumimos demasiadas ta-
reas, cuidando y atendiendo a otrxs. Esta situación se parece a estar en
un coche en el que nunca se apaga el motor; siempre funciona y funciona
y funciona. El problema es que en algún momento el motor se funde. Es
necesario equilibrar un poco las cosas, sino la salud se va a ir desgastando.
Esto sabemos que se relaciona con los roles asignados de género en nuestra
sociedad: por ejemplo, el cuidado y el estar pensando siempre en lxs otrxs,
pero ¿qué pasa con una misma? Para evitar esto, hay que buscar espacios
propios de tiempo libre, donde podamos hacer lo que queramos, desconec-
tarnos de los problemas y preocupaciones, relajarnos, pasarla bien.

Preguntas movilizadoras: En nuestra vida cotidiana, ¿vivimos según los


deseos de los demás? ¿A qué no puedo decir que no? ¿Por qué no puedo
hacerlo? ¿Cómo podemos hacer para relacionarnos con lxs otrxs desde la
igualdad? ¿Por qué muchas veces las peleas se repiten? ¿Cuál es la mejor
manera de manejar los conflictos? ¿Es posible resolver conflictos sin pelear,
solamente hablando? (En estas situaciones estamos proponiendo abordar
situaciones que no se caracterizan por ser de violencia de género)
CUARTO TALLER 95

Comunicación interpersonal: una idea puede ser mantener una buena


comunicación con las personas y aprender a tratar los conflictos, esto
ayudará a disminuir el nivel de estrés de la vida cotidiana. Cuando deci-
mos que el rol tradicional de la mujer pasa por cuidar y atender a otras
personas estamos diciendo también que lxs otrxs (la familia, la sociedad,
etc.) esperan esto de la mujer y por lo tanto se lo exigen. Entonces en la
vida cotidiana, muchxs nos dicen que hagamos tal cosa, o dejemos de ha-
cer tal otra, y cuando decimos “NO” aparecen las discusiones, las peleas,
etc. Entonces tenemos que elegir entre “tragarnos” lo que no nos gusta
o defender nuestro punto de vista con peleas que desgastan y se repiten
cada dos por tres.
¿Qué podemos hacer? Si queremos de algún modo comenzar a afirmar-
nos, tenemos que aprender a relacionarnos con lxs demás desde la igualdad,
no desde la inferioridad, decir lo que sentimos y pensamos. Saber comuni-
carnos para llegar a acuerdos donde todxs tengamos los mismos derechos.

Preguntas movilizadoras: Cuando era chica y mientras crecía…


¿Con quién hablaba? ¿Quién me escuchaba? ¿Necesitamos a lxs demás?
¿Tiene que ver el autocuidado con las personas que conocemos? ¿A quién
recurro cuando me siento sola o preocupada? ¿Encuentro apoyo en mis
amistades cuando lo necesito? ¿Hay espacios en mi vida donde conocer
personas y compartir cosas nuevas?

Redes y apoyo social: podemos ampliar nuestro círculo social, por ejem-
plo, incorporándonos a grupos del barrio para realizar actividades que nos
agraden y nos generen placer.
En ese rol de esposa y madre cuidadora de hijxs y del hogar, muchas veces
las mujeres quedamos atrapadas y nuestra vida termina desarrollándose
en un espacio muy chico, en las cuatro paredes de nuestra casa. Esto nos
hace difícil liberarnos, puesto que somos seres sociales, y en el encuentro
con lxs otrxs encontramos afecto, alegría, entusiasmo, fuerza, todo lo cual
hace falta para crecer y liberarnos. En el encuentro con las personas (en
el movimiento, en la escuela, en el trabajo) encontramos espacios para
divertirnos y para aprender cosas nuevas que nos hacen crecer y engran-
decen nuestra vida. Entonces para cuidarnos es importante pensar qué
espacios de apoyo y pertenencia tenemos y ampliarlos si no son suficien-
tes. Esto es especialmente importante en situaciones de violencia, ya que
como hemos mencionado estos espacios comienzan a ser vedados por las
acciones de quien violenta.
96 AUTOCUIDADO

Preguntas movilizadoras: ¿Quién soy y cómo quiero ser? ¿Qué cosas me


gustan y qué cosas no me gustan de mí misma? ¿Cómo podemos fortalecer
nuestra autoestima?

Autoestima: tenemos que aprender a querernos y valorarnos, dado que


una buena autoestima nos permite expresar sentimientos y decir lo que
pensamos y lo que sentimos, evitando con ello riesgos para nuestra salud.
En nuestra cultura heterocispatriarcal se le da mayor importancia a los
roles que cumplen los varones. Esto hace que ya en la familia, desde que
somos niñxs, se fomente esta diferenciación y binarismo, en la cual se ubica
en un lugar de poder a los varones heterosexuales.

Duración aproximada: 60 minutos

Tercer momento: Plenario. Puesta en común y reflexión sobre lo debatido


en los grupos.

Duración aproximada: 15 minutos.

Momento de cierre

a) Proponemos una tarea para realizar en casa. Este ejercicio nos ayudará
a mirarnos con nuestros propios ojos, desde una mirada verdadera y afec-
tuosa para con nosotras mismas. A no vernos con los ojos del/la otrx. A no
vernos con la mirada superficial y hueca de la propuesta publicitaria. Rom-
per con ese modelo es pensarnos y construirnos desde nuestra propia mirada.
De manera personal (si se puede se hace por escrito, para trabajarlo en
próximos talleres), me siento unos minutos, a solas, en un lugar tranquilo.
Pienso en las razones por las que soy valiosa. Hablo bien de mí misma en
voz alta, como explicando a otra persona porqué soy así.
b) Abrazo caracol: nos agarramos de las manos, nos vamos enredando y
hacemos un abrazo caracol.

Duración aproximada: 15 minutos

DURACIÓN TOTAL APROXIMADA: 2 hs.


CUARTO TALLER 97

Nosotras, testigxs de nosotras mismas

Todas nosotras fuimos testigxs o tal vez en el presente y tal vez en el futuro de algu-
na historia, de algún cuento…
Nosotras, que en lo cotidiano padecemos violencia en su máxima expresión como si
fuese común o, bien digo, común denominador en nuestro género.
Es lamentable pensar… ¿hasta cuándo? ¿Cuánto más podemos tolerar?
Es triste pensarlo, pero lo real es que muchas de nosotras transcurrimos el mayor
tiempo de nuestras vidas conviviendo con violencia.
Cuántas veces repetimos: ¡Esta es la última vez que lo permito!, y seguimos…
Cuántas perecieron, creyendo en el nombre del amor y la sagrada familia, un vín-
culo indiscutible, que puede destruir para siempre a más de una familia, solo a
muchos seres que nos aman y que no son familia.
No puedo juzgar a aquello que formó parte de mi vida alguna vez, tampoco puedo
mirar hacia otro lado, hasta diría que entiendo la violencia. Pero no la acepto, para-
dójicamente, no la entiendo. Es raro, ¿no?, pero no extraño, puesto que muchas veces
pasamos a la violencia en todas sus formas a diario, en lo cotidiano. Las relaciones
humanas históricamente se amoldan a esta relación.
Cuando vemos una mujer con moretones en su cara, vemos o nos damos cuenta de
la vida que padece, pero muchas mujeres además podemos visualizar más hondo.
Hay golpes en su interior que no se van con hielo o analgésicos. Un dolor mezclado
con vergüenza, inseguridad, culpas que nos llevan a confundirnos tanto… una mez-
cla de sentimientos con amor, confianza, creencias, mitos.
Historias que de niñas aprendimos, cuentos donde nuestro príncipe nos mira al dor-
mir en una caja de cristal. Sin embargo, a mí no deja de cruzarme el mismo cuento
pero de manera aterrante, me eriza la piel, me causa tanto dolor.
Pero lo más doloroso aun no llega, nuestrxs hijxs... Ellxs en este cuento suelen ser
hasta los más expuestos. Un cuento donde a veces suelen ser escudos necesarios, el
botin de guerra o el baúl más valioso.
El castillo que soñamos se nos rompe y parece que este cuento no tiene nada similar
a aquel en el que, al final todos comemos perdices.
Puertas adentro una batalla que se vive día a día, bajo la mirada social. Esto a veces
también nos presiona mucho más.
No es verdad que nos gusta que nos golpeen, ni nos complacen las agresiones. Solo
aquel que padece sabe que en algún momento este cuento tendrá su fin.
Pero seguís amando a tu príncipe, te cuesta darte cuenta que el ideal que ves y amas
puede robarte este lindo sueño irreal pero sueño al fin. Ese mismo príncipe que te
pone frente a la dura elección de elegir sobre tu vida y tus hijxs.
Ese castillo se rompió, el final se acerca. Vos, protagonista, podrás aceptar que tu
sueño puede cambiar, podes ser feliz, podes darte cuenta, dejarte ayudar.
98 AUTOCUIDADO

Porque seguís siendo una princesa que merece ser amada, respetada, escuchada… te
espera un hombre, no un príncipe.
Pero de vos, solo de vos depende esta historia… ¿tendrá un final feliz? El príncipe
malo se fue.
Quizás sea el mejor final de un cuento, algo maravilloso te está esperando. Mucho
más real, una oportunidad, por lo menos así lo deseo.

Silvana Luna
Militante feminista de Florencio Varela
CUARTO TALLER 99

Segunda parte: “Nosotras, testigxs de nosotras mismas”

Primer momento: Presentación de lxs participantes y la temática

a) Se presenta brevemente la temática con la que trabajaremos. Ideas gene-


rales: Como parte del autocuidado del grupo que acompaña situaciones de
violencia de género, es principal siempre reforzar la confianza, el compa-
ñerismo, la unión y colaboración grupal desde la valoración y el reconoci-
miento verdadero y constructivo de sus integrantes, como una medida de
acompañamiento y de bienestar en la diaria labor de apoyo en contextos
de vulnerabilidad. En la búsqueda de reforzar la motivación y la energía
necesarias para desarrollar los acompañamientos. Es importante reali-
zar encuentros grupales donde puedan compartir libremente cómo
se sienten y contar experiencias y anécdotas (tanto laborales como
personales) vividas durante la semana. Este momento puede valer
también para compartir y revisar las situaciones de violencias que
se acompañaron de conjunto.
b) Empezamos presentándonos diciendo nuestro nombre.
c) Explicamos que vamos a hacer una actividad breve para romper el hielo,
para empezar el taller relajándonos y entrando en confianza.

Duración aproximada: 5 minutos.

Actividad:

a) En ronda, cada compañera le hace masajes en la espalda y la cabeza a la


compañera de adelante. Después cambiamos de sentido y se masajean los
brazos y las piernas.
b) Nos dividimos en grupos.

Duración aproximada: 5 minutos.

Segundo momento: Desarrollo de la temática

Fortaleciéndonos

Introducción: Las personas que acompañamos situaciones de violencia


de género nos encontramos en contacto con la angustia al escuchar y leer
relatos de violaciones, amenazas, humillaciones, etc. Esas vivencias dejan
rastros en nosotras mismas. Un aspecto central en el tema del autocuidado
100 AUTOCUIDADO

de quienes vivimos de cerca esta problemática es el reconocimiento de los


efectos de afrontar cotidianamente situaciones que involucran la amenaza
a la integridad personal. Los actos de violencia, muchas veces, constituyen
eventos traumáticos que desencadenan una gran variedad de efectos físi-
cos, emocionales y psicológicos. La persona puede así perder la confianza
en lxsotrxs, actuar sin dirección y sentirse sola y triste. Nosotras estamos
también en contacto con la violencia o su amenaza. Por ejemplo, el escu-
char constantemente los relatos de violencia, nos ubica como testigxs no
solo del miedo, la impotencia y la paralización de quien se encuentra atra-
vesando la agresión sino también de la violencia en sí. Nuestra presencia
en medio de eso tiene consecuencias en la forma en que interpretamos el
mundo y las relaciones personales y al igual que quien se encuentra vivien-
do esta situación, podemos empezar a cuestionarnos nuestra forma de rela-
cionarnos. Nos podemos identificar fácilmente con quienes acompañamos
y algunas veces, incluso, pueden reactivarse sentimientos que nos llevan a
nuestra propia historia de violencia.
Es importante registrar esto, por lo que proponemos las siguientes
actividades:

Actividad 1:
a) Reflexionamos entre todxs sobre la “Introducción”.

Nuestra historia: El proceso del autocuidado, cuando acompañamos, co-


mienza por elaborar, cuando existen, las heridas de una situación propia de
violencia que hayamos vivido. Por ejemplo, cuando la persona que acompa-
ña ha vivenciado alguna situación de violencia sin haber podido trabajar-
la del todo (es decir, ponerla en palabras, resignificarla, compartirla, etc.),
puede sentirse abrumada y paralizada al escuchar relatos de violencias de
género. Buscar ayuda y elaborar las heridas del pasado o resolver una si-
tuación presente no sólo es importante para lxs compañerxs que acompa-
ñamos situaciones de violencia de género, sino que resultará un cambio
positivo tanto para nosotras mismas como para nuestra tarea. Es importan-
te que comencemos por identificar las situaciones que vivenciamos en el
pasado o que estamos viviendo en el presente. Hay que empezar por rom-
per el silencio y buscar ayuda. Cortar con los sentimientos de vergüenza, el
miedo al rechazo, o la creencia de que pedir ayuda es admitir una debilidad.
Las experiencias personales que debemos tomar en cuenta para fortalecer-
nos quienes abordamos la problemática de la violencia de género, incluyen
tanto las que representan un riesgo inminente para nuestra integridad físi-
ca como también aquellos eventos pasados o presentes que, aunque no sean
CUARTO TALLER 101

una amenaza para la vida, atentan contra el bienestar personal y la calidad


de nuestro acompañamiento. Dichas historias merecen ser trabajadas con
el fin de vivir sin culpa, vergüenza y temor (sentimientos comunes en quie-
nes vivencian este tipo de situaciones).

Actividad 2:

a) Leemos en voz alta “Nuestra historia”


b) Pensamos en nuestra historia personal y rastreamos recuerdos.
c) Se reparte cada dos participantes una tarjeta con preguntas y algo para
escribir.

Preguntas tentativas:
• Cuando escucho a unx compañerx/ vecinx/ amigx que está pasando
por una situación de violencia, ¿me recuerda situaciones de mi historia
personal?
• Si me relatan una historia de violencia, ¿qué sentimientos me genera?
(¿Bronca?, ¿angustia?, ¿impotencia?, ¿frustración?, etc.)
• ¿Me lo callo o tengo con quién hablar esto? ¿Con quién por ejemplo?
• ¿Cómo podemos enfrentar, tanto individual como colectivamente, los sen-
timientos de miedo, vergüenza, impotencia, bronca o frustración?

d) Cada dúo tiene que escribir en la tarjeta la respuesta a la primera pre-


gunta y se la pasa al dúo de compañeras de al lado.
e) Se escribe en la tarjeta que le llegó a cada dúo la segunda respuesta. Se
vuelven a pasar las tarjetas por ejemplo tres lugares a la izquierda, cuatro
a la derecha etc. se contesta la siguiente pregunta y así sucesivamente con
las demás preguntas.
f) Las tarjetas giran entre las compañeras, al finalizar las cuatro preguntas
los dúos quedan con una tarjeta en la mano. Se releen las preguntas y se
reflexiona sobre las respuestas en una puesta en común sobre un afiche.

Duración aproximada: 30 minutos

Cuidando nuestra cuerpa: Explorar y transformar los sentimientos y


pensamientos vinculados con nuestra historia personal, donde vivencia-
mos situaciones de violencia, no es suficiente. Es necesario integrar la cuer-
pa dentro del proceso de liberación.
Lo importante es animarse a realizar cambios en nuestra rutina y transfor-
mar la perspectiva con la cual hemos visto y tratado.
102 AUTOCUIDADO

Es preciso que entremos en contacto con nuestra esta dimensión que nos
permite establecer comunicación con el mundo que nos rodea. Es impor-
tante que aprendamos a explorarla, cuidarla y mimarla.

Actividad 3:

Parte 1
a) Se comenta brevemente la idea general de: “Cuidar y registrar nuestra
cuerpa”.
b) Empezamos a movernos, a caminar pero nunca en círculos, nos vamos
cruzando entre nosotras, nos miramos, reconocemos el lugar y las caras de
quienes estamos allí:
• Caminamos como si estuviéramos cargando una bolsa de papas. Nos pesa
mucho, nos cuesta trasladarnos, casi ni podemos levantar la cabeza para
mirar a lxs demás.
• Caminamos como si fuéramos plumas, muy livianas, nada me pesa, soy libre,
me lleva el viento, puedo recorrer todos los espacios y volar ligeramente.
• Ahora somos de goma, un elástico muy flexible, los brazos y piernas elás-
ticas llegan a todos los lugares, se chocan con lxs demás, se estiran tanto
pero no se rompe, van y vuelven cambiando la longitud de corto a largo
según mis deseos.
• Regresamos a nuestra marcha sin prisa pero sin pausa. Nos vamos tocando
las partes de nuestra cuerpa que nos duelen, puede ser que me duela más
de una, y sigo caminando, me miro con quien tengo enfrente: ¿qué le due-
le? ¿Por qué? Si coincide, le sonrío; sigo observando una por una a cada
compañera las distintas partes del cuerpo doloridas.

c) Me freno y busco a una compañera que tenga la misma altura que yo o


parecida, me pongo espalda contra espalda, si quiero entrelazo los brazos
y ahora poniéndonos de acuerdo despacito vuelco todo el peso sobre la
espalda de mi compañera mientras ella se inclina hacia adelante, sin miedo
de caerme. Luego lo hacemos al revés.

¿QUÉ SENTIMOS? ¿NOS GUSTÓ? ¿NOS DIO MIEDO? ¿PENSAMOS QUE


NOS DEJARÍA CAER O SENTIMOS CONFIANZA PLENA?
CUARTO TALLER 103

“Semáforo de la prevención y la liberación”

a) Nos sentamos en círculo, colocamos en el centro una silueta realizada en


tela o en papel afiche. Colocamos al costado de la silueta círculos de papel
de colores rojos y verdes. El color rojo simboliza el dolor y el color verde
significa atención o cuidado.
Las coordinadoras proponen a cada compañera que pase al frente y le pe-
gue a la silueta un circulito en la parte de la cuerpa que le duele o está tenso
y que cuenten por qué (si es quieren hacerlo).
A continuación pegarán un cartón verde en donde creen que deberían cuidarse
más, prestarle atención, proteger, mimarlo, cuentan por qué, de qué manera.
Se va orientando con algunas preguntas: ¿por qué merecen una mayor aten-
ción? ¿Hacemos algo para cuidar nuestra cuerpa? ¿Nos damos ese tiempo?
b) Queda la silueta llena de círculos rojos y verdes, luego se llena más con
lossentimientos que salgan en la historia,que también pueden pegarse.
Finalmente se podrán arrancar los que quieran.

Duración aproximada: 20 minutos

Poniéndonos en contacto con nuestros sentimientos: En nuestra cul-


tura se enseña que los sentimientos son negativos y peligrosos, que debe-
mos controlarlos para ser racionales y lógicxs. Esto es, nos parece, acorde
con las necesidades de este sistema y contribuye con la enorme dificultad
que tenemos las personas para reconocer e identificar nuestras propias
emociones. Hemos podido escuchar en nuestra historia frases como:

• “El enojo es malo” o “las mujeres buenas no se enojan”


• “No llores, se aprovecharán de ti”
• “Nunca expreses lo que sientes”
• “No le demuestres tu amor”
• “Los sentimientos son cosa de mujeres”
• “Controla tus sentimientos”
• “Controla tu alegría”, “no te rías demasiado”
• “No tienes por qué estar triste”

Posiblemente hemos escuchado miles de veces estas y otras frases simila-


res, que ahora pueden estar influenciando de alguna manera nuestra capa-
cidad para reconocer y expresar lo que sentimos.
Es muy difícil trabajar con violencia y no acumular sentimientos de enojo,
rabia o tristeza. Las emociones de las personas que acompañamos son tan
104 AUTOCUIDADO

intensas que comenzamos a vivirlas como propias, y si las reprimimos pue-


de pasar que nuestra sensibilidad se vaya con ellas.
Es recomendable, en este sentido, utilizar todas las estrategias posibles para
aprender a liberar las emociones con las que cargamos después de un día
de acompañamiento.

Actividad 4:
a) Nos ponemos en círculo y leemos la historia “Nosotras, testigxs de no-
sotras mismas”, de Silvana Luna, integrante del FOL, que está cargada de
sentimientos que nos generan las situaciones de violencia a las cuales esta-
mos expuestas a diario.
b) A medida que la coordinadora lee la historia, escribimos los sentimientos
que nos aparecen en unos cartones en blanco y los pegamos en una silueta
o en un papel afiche que estará pegado en la pared. Esta historia tiene como
fin que podamos reflexionar sobre la organización, la lucha, las herramien-
tas legales, la importancia de la construcción de redes en los barrios y las
habilidades para liberarnos de estos sentimientos que nos reprimen y nos
dan bronca, tristeza, angustia o nos paralizan. La idea es que tratemos de
superarlos y así sobrellevar mejor la situación para poder seguir acompa-
ñando o detectar, en todo caso, que no podemos hacerlo por un tiempo.
c) Cada compañera se para y, si se anima, arranca del afiche los sentimien-
tos que desee.
d) Reflexionamos en conjunto.

Duración aproximada: 15-20 minutos

Conclusión: Transformarnos
En la historia personal, la mayoría de las mujeres y disidencias contamos
con experiencias marcadas por el dolor y estas cicatrices pueden afectar el
presente. Quienes sufrimos humillaciones, maltratos e injusticias en nues-
tra niñez no elegimos el dolor. Entonces podemos, al crecer, tomar la deci-
sión de resolver esas viejas (pero que permanecen) heridas.
Con cada cambio se arriesga una crisis. A veces nos resistimos a los cambios,
nos pueden asustar pero nos abren nuevas oportunidades de liberación.
Cuidarnos a nosotrxs mismxs implica un compromiso personal de asumir
el desafío de sentirnos bien, por nosotrxs mismxs y para poder acompañar
situaciones de violencia. Es importante que prestemos atención a nuestra
experiencia para poder transformar todo aquello que no nos haga sentir bien.
¡Y que lo compartamos! Estemos conscientes de que este trabajo en lo emo-
cional es de alto riesgo y aceptemos con fuerza que, efectivamente, debe-
CUARTO TALLER 105

mos realizar actividades para estar bien y fortalecernos. Además tenemos


que convencernos de que ningún cambio en cada unx de nosotrxs es posi-
ble si no lo asumimos como una tarea personal que requerirá de esfuerzo y
constancia individual y colectiva.
El acompañar situaciones de violencias de género hace indispensable que ten-
gamos espacios de fortalecimiento, que deben ser, necesariamente, integrales
también. Entendemos que, en parte, la transformación de la sociedad se cons-
truye al mismo tiempo con la transformación de cada persona en particular. Es
tan importante el trabajo que podamos realizar para acompañar en situaciones
de violencia como el que desarrollemos para cuidarnos a nosotrxs mismxs.

Actividad 5:
a) Leemos en voz alta la “Conclusión”

Duración aproximada: 10 minutos

3. Tercer momento: Plenario: Puesta en común en un afiche y reflexión de lo


debatido en los grupos.

Duración aproximada: 20 minutos

Momento de cierre:
a) Nos ubicamos en círculo.
b) Preguntamos a las compañeras qué les parecieron los talleres, cómo se
sintieron, y con qué temas les gustaría continuar el próximo año.
c) Las coordinadoras realizarán un cierre breve articulando los tres
encuentros.
d) Leemos el poema de Susana Romero, integrante del FOL, “Mujeres”.
e) Bailamos el tema de Bebe “Ella” y acompañamos tocando con instrumen-
tos musicales o los objetos que tengamos.

Duración aproximada: 30 minutos

DURACIÓN TOTAL APROXIMADA: 2 hs.


106 AUTOCUIDADO

MUJERES

El lugar era una peña, un recital o la casa de alguna de ellas. Siempre salían a
descubrir la “magia” del disfrutar, de reír, del descubrirse. ¡GUAU!
De una semana llena de trabajo, responsabilidades, contenciones, a esas mujeres,
guerreras, luchadoras que quieren ser libres, nada más o nada menos.
Algunas creyendo que van a encontrar a ese señor, ese hombre que es hermoso
y que va a descubrir el alma de mujeres. Toda alma, toda ternura, guerrera, in-
solentes, dulces chocando con el mundo hipócrita, negador de las mujeres que
luchan. Que quieren ser salvajes porque ahí está o por lo menos es el principio de
la búsqueda de libertad.
Qué lindo tener la sensación de no estar en ese lugar oscuro, triste y de resignación.
De creer que pueden cambiar el rumbo de lo que se le tienen asignado y natura-
lizado como mujeres.
Y ahí van rompiendo, descubriendo el placer de ser mujeres, de redescubrirse en la
ternura, en la sexualidad maravillosa.
Decidiendo “eso” que quieren ser.
Y son madres, hijas, mujeres, mujeres danzando, buscando y encontrando, dando
los pasitos, con miedo, a veces inseguras, a veces equivocándose, pero avanzando.
Caminando y caminando, dejando atrás a las cenicientas de los cuentos y no
queriendo buscar a ese príncipe porque no necesitan que nadie las venga a salvar.
Quieren, desean, cada una, no ser princesas.
Simplemente mujeres bellas, con pancita, con pelos, con cansancio.
Con ropas que no siempre son seductoras, pensantes, pensantes.
Y ahí van, tratando de derribar muros. Muros que ya no las van a encarcelar, por-
que esos muros están siendo derribados en la lucha de poder, de poder encontrarse
con esas mujeres que están descubriéndose.
Qué bueno, qué bueno saber que están en un camino difícil, pero también con la
creencia de que van a encontrarse con esos bellos hombres que las descubran y
puedan amarlas también.
Sin miedos, sin prejuicios.
Aquí están, aquí las encuentran, llenas de amor y de lucha.

Susana Romero.
Militante feminista del FOL
CUARTO TALLER 107

“ELLA” (Bebe)

Ella se ha cansado de tirar la toalla


Se va quitando poco a poco telarañas
No ha dormido esta noche pero no está cansada
No mira ningún espejo pero se siente to’ guapa
Hoy ella se ha puesto color en las pestañas
Hoy le gusta su sonrisa, no se siente una extraña
Hoy sueña lo que quiere sin preocuparse por nada
Hoy es una mujer que se da cuenta de su alma
Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
Que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
Hoy vas a comprender
Que el miedo se puede romper con un solo portazo
Hoy vas a hacer reír
Porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto
Hoy vas a conseguir
Reírte hasta de ti y ver que lo has logrado que
Hoy vas a ser la mujer
Que te dé la gana de ser
Hoy te vas a querer
Como nadie te ha sabío querer
Hoy vas a mirar pa’ lante
Que pa’ atrás ya te dolió bastante
Una mujer valiente, una mujer sonriente
Mira cómo pasa
Hoy nació la mujer perfecta que esperaban
Ha roto sin pudores las reglas marcadas
Hoy ha calzado tacones para hacer sonar sus pasos
Hoy sabe que su vida nunca más será un fracaso
Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
Que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
Hoy vas a conquistar el cielo
Sin mirar lo alto que queda del suelo
Hoy vas a ser feliz
Aunque el invierno sea frio y sea largo, y sea largo
Hoy vas a conseguir
Reírte hasta de ti y ver que lo has logrado
Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
108 AUTOCUIDADO

Que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño


Hoy vas a comprender
Que el miedo se puede romper con un solo portazo
Hoy vas a hacer reír
Porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto
Hoy vas a conseguir
Reírte hasta de ti y ver que lo has logrado, oh
109

Quinto taller
¿Qué hacer desde las organizaciones sociales
ante la violencia de género?

¡Este taller está pensado para trabajar con el POP como insumo!
El lugar tiene que estar ambientado con imágenes y frases que ejemplifican
los tipos de violencia de género.

Primer momento: Presentación de lxs participantes y la temática.


a) Ronda de presentación: todxs nos presentamos, nombre, ¿de dónde so-
mos?, ¿qué hacemos?, ¿militamos en una organización?

Tiempo: 10 minutos

b) Presentación de la propuesta del taller.

Tiempo: 5 minutos

c) Actividad para romper el hielo y generar confianza: caminamos por el


espacio, observamos las imágenes, nos ubicamos en ronda, les hacemos
masajes a compas que tenemos adelante y atrás. Nos ponemos de a dos y
nos estiramos sobre las espaldas de lxs compañerxs.

Tiempo: 5 minutos

Sugerencia: hacer una introducción sobre esta actividad: la importancia de


lo corporal y la confianza entre nosotrxs.

Segundo momento: Debate sobre la violencia, el heterocispatriarcado y las


relaciones desiguales de poder.

• Técnica de la cebolla: (ver primer taller)

Sugerencias: Abrir a lxs participantes la posibilidad de que vayan propo-


niendo otros avances y retrocesos.
110 ¿QUÉ HACER DESDE LAS ORGANIZACIONES SOCIALES?

Registrar lo que se va charlando durante la dinámica.

¡Advertencia!: Si del taller participan sólo mujeres, se propone que elijan un


objeto que represente a un varón y debatan entre todas cada avance y retroceso.

Tiempo: 20 minutos la dinámica y 20 minutos la puesta en común

Tercer momento: Ruta crítica


Armar una ruta crítica sobre el recorrido que se debe transitar en situacio-
nes de violencia de género y abuso. Se trabajará en grupos, en cada uno de
ellos con una situación de violencia.
Consigna: recuperar los pasos que una mujer en situación de violencia debe
realizar en la zona donde vive. Graficar el recorrido en afiches, dando cuen-
ta tanto de los aspectos jurídicos-medidas solicitadas, tiempos de respuesta,
etc.- como también del acompañamiento y contención, anotar los obstácu-
los que suelen aparecer.
Recuperar las distintas acciones que llevarían adelante como organizaciones.
Preguntas disparadoras: ¿cómo intervendrían?, ¿cómo abordarían la situa-
ción?, ¿con qué obstáculos creen que se encontrarían interviniendo en esa
situación?, ¿con qué obstáculos creen que se encontró la mujer al momento
de llegar a ustedes o pedir ayuda?, ¿y con posterioridad?, ¿qué respuestas
darían para esos obstáculos? ¿Con qué se encuentran generalmente ante
estas situaciones?

Tiempo de trabajo en grupos: 30 minutos

Puesta en común: analizamos lo que charlamos para pensar qué se hace con
eso que surge en el recorrido, qué se propone desde las organizaciones. La
idea es compartir experiencias y analizarlas, retomar el POP colectivamen-
te. Tratar de sumar aportes al recorrido propuesto por el POP.

Sugerencia: retomar haciendo una síntesis sobre la violencia de género y


su relación con el heterocispatriarcado (ver punto 3 del POP) y abordar qué
hacer, cuáles son los obstáculos y la ruta crítica. Repasar los obstáculos que
fueron saliendo de los grupos, mencionar algunos que no se visibilicen para
que se tengan en cuenta.
Mencionar los organismos e instituciones que forman parte de la ruta críti-
ca, teniendo en cuenta qué nivel representan:

• Nivel de asesoramiento (no implica el inicio formal de un proceso)


QUINTO TALLER 111

• Nivel de inicio de la maquinaria judicial: boca de recepción de denuncia


(comisaría, comisaría de la mujer, fiscalía con su oficina de recepción de
denuncia, juzgados protectorios, juzgados de garantías).

Dejar bien sentado que debemos ser persistentes en el seguimiento


de la denuncia. Que no podemos dejarlo librado a la suerte o al ac-
tuar de los agentes judiciales o policiales. Debemos estar presentes,
acompañando permanentemente a lxs compañerxs y respetar sus
tiempos, ¡siempre!

Tiempo: 30 minutos
Trabajo en grupos: 1 hora de puesta en común y debate

Momento de cierre:
Dinámica: en ronda cada participante dice algo sobre lo que sintió (qué le gus-
tó, qué no le gustó), qué le pareció el taller y qué le modificarían al protocolo.
Se reparte la letra de la canción “La Bamba Piquetera” y, con instrumentos
o audio de fondo, cantamos y bailamos.

Tiempo: 10 minutos.

Actividad en grupos: Situaciones de violencia

Para trabajar sobre estas situaciones de violencia (ficticias), partimos


de la base de que existe en ellas una intención de denunciar o de “hacer
algo” con lo que sucede.
Si la coordinación de los talleres lo considera, puede cambiar lo que sea.

Situación 1: una señora que llegó desde el Chaco vive hace poco tiempo
en el barrio, junto con su pareja de hace 30 años. Tienen hijxs en común
que no viven con ellxs. Ella se acerca al centro de salud con cortes, para ser
atendida. Le comenta a la enfermera que le está curando las heridas que su
marido la cortó porque ella no quería tener relaciones sexuales con él.

Situación 2: una mujer de 23 años que vive en pareja, con una beba recién
nacida, le comenta a una compañera del comedor del barrio que se siente
denigrada por su pareja, que le revisa constantemente el celular, que es
económicamente dependiente de él y de su madre, ambxs le dan muy poco
dinero para sus necesidades diarias. Esta última ejerce presión sobre la jo-
ven para que tolere estas situaciones.
112 ¿QUÉ HACER DESDE LAS ORGANIZACIONES SOCIALES?

Situación 3: una adolescente de 16 años que vive con su familia y está de


novia con un chico hace un tiempo. Él manipula su día a día: le dice que
no se junte con varones en el colegio y que si ella lo deja, él se muere. La
hermana de la joven visualiza esta situación y siempre le aconseja que lo
deje, pero ella le dice que no se meta en su vida. Un día la encuentra lloran-
do y le cuenta que el novio la golpeó y la obligó a tener relaciones sexuales
cuando intentó dejarlo. La hermana es parte de un grupo de jóvenes en el
barrio y les pide ayuda.

Situación 4: una mujer de 27 años con dos hijxs menores de edad. Per-
tenece al movimiento y se acerca a la comisión de salud. Les comenta a
las compañeras que se quiere separar y que a raíz de ello él comenzó a
acosarla, siguiéndola a su trabajo, amenazándola con sacarle a lxs chicxs y
denunciarla por abandono de hogar, con cortarse el cuerpo, etc. Ella trabaja
en una cooperativa (con un sueldo de $7.000) y él hace tiempo está desocu-
pado; la casa está construida sobre un terreno ocupado.
QUINTO TALLER 113

La Bamba Piquetera

Para el ocho de marzo, Para el ocho de marzo, No quiero flores, no quiero


bombones!
Es un día de lucha! Mujer que lucha, no vuelve a la cucha.

No se escucha, arriba! Las que luchan, No se escucha, arriba! Las que luchan.

Yo no soy cocinera, yo no soy lavandera, ni tu niñera, yo soy piquetera.


Porque luchando juntas y organizadas nos liberaremos!

No se escucha, arriba! Las que luchan, No se escucha, arriba! Las que luchan.
115

GLOSARIO

Activismo: la usamos muchas veces como sinónimo de militancia dentro de


una organización social/sindical/ LQBTTIQ, un partido político o una grupa.
Hace referencia a las reivindicaciones de ciertas ideas, formas de ver el mundo
y sus opresiones, llevando a la práctica medidas y actividades concretas para
defender esos ideales.

Colonialismo: Generalmente hablamos de colonialismos haciendo referencia


al sistema de dominación política, económica, etc de un territorio o nación por
el gobierno de un estado extranjero. Ahora bien, haciendo un análisis desde la
perspectiva feminista nos interesa mencionar brevemente los aportes del femi-
nismo decolonial, que critica la idea de que todas las mujeres somos iguales y
que tenemos las mismas experiencias. Por el contrario todas nos encontramos
atravesadas por la intersección categorial de raza/etnia, clase, género y sexuali-
dad, que da cuenta de las jerarquías existentes entre mujeres. “En los procesos de
colonización, las de estas partes del mundo colonizado no sólo fueron racializa-
das sino que al mismo tiempo fueron reinventadas como “mujeres” de acuerdo a
códigos y principios discriminatorios de géneros occidentales” (Breny Mendoza).

Discriminación/exclusión: Discriminar se refiere a dar un trato de inferiori-


dad a una persona o colectividad. Las prácticas discriminatorias están orientadas
a jerarquizar como inferior una cosa o una persona en un determinado orden. El
uso jerarquizante de la violencia va a intentar preservar la subordinación.
Exclusión, por otro lado, hace referencia a negar la posibilidad de una cosa o
definir la incompatibilidad entre elementos. Las prácticas “excluyentes” operan
para eliminar objetos materiales o inmateriales, no aspira, como en el caso de
la discriminación a inscribir una cosa como inferior, sino aspira a suprimirla
del orden como tal. El uso excluyente de la violencia desea liquidar la diferen-
cia. Se eliminan ciertas conductas y proscriben ciertos espacios y actividades
que permitían ejercerlas.

Disidencias: Las palabras no son inocuas. Hablar de “minoría” y “diversidad”


oculta la heterosexualidad normativa que está operando para que se considere que
hay personas que se desviaron del patrón supuestamente natural. Referirse a gays,
116 POP

lesbianas, travestis, trans como “diversidad” es propio de una concepción liberal.


Hablar de disidencia expresa un gesto político de ruptura en el que pretende con-
vertir su discurso y su accionar. No somos diversxs, somos disidentes a la norma.
Feminismos: movimiento intelectual, político y cultural orientado a la reivin-
dicación de los derechos de las mujeres y movimiento LGTTTBIQ del sistema
de dominación patriarcal. Los orígenes del feminismo se remontan a finales del
Siglo XVIII y principios del XIX; desde entonces se ha distinguido en tres olas o
etapas. La primera, llamada sufragista, se focalizó en la obtención de los derechos
políticos para las mujeres, fundamentalmente el derecho al voto. La segunda ola
comenzó en la década del 60 y se enfocó en el derecho sobre el propio cuerpo
(aborto y reproducción) y en otras desigualdades (sexuales, laborales, jurídicas,
patrimoniales, etc) a la que se somete a las mujeres. La tercera etapa se inició
alrededor de la década del 70 y su objetivo era ampliar las reivindicaciones de-
sarrolladas por el movimiento hacia otras mujeres que por su etnicidad, orienta-
ción sexual. nacionalidad o religión no habían sido tenidas en cuenta por las olas
anteriores, protagonizadas por mujeres blancas, heterosexuales y occidentales.

Género/s: término con el que se designa una categoría identitaria socialmente


construida alrededor de la cual se organizan parámetros de comportamiento,
apariencia y sensibilidad de cada persona. Tradicionalmente se consideró al
género y al sexo como sinónimos, por lo que no se contemplaba otra opción
por fuera de la coincidencia entre la genitalidad y su correspondiente identidad
masculina o femenina (binarismo); no obstante, tanto las reivindicaciones de
diversas minorías, como el desarrollo de las ciencias sociales desterraron esta
concepción para reconocer el carácter de construcción del género y la posibi-
lidad de no coincidencia entre esta forma de identidad y la elección sexual o
la genitalidad. El desarrollo de los debates acerca del término ha llevado a que
se considere la existencia de múltiples modalidades del género (en contraposi-
ción al par binario y excluyente masculino-femenino), también la fluidez de las
identidades (postura sostenida especialmente por la teoría queer, que se opone
a la idea de género como característica unitaria e inmutable).

LGBTTIQ: es una sigla de uso general, para hacer referencia al activismo or-
ganizado de lesbianas, gays, bisexuales, trans, travesti, intersex y queer. La
sigla ha variado a través del tiempo y es utilizada por los movimientos que
luchan por los derechos de las disidencias sexuales en la actualidad.

Racismo: La lucha antirracista es la lucha más importante que hay porque ella
conlleva la posibilidad de interpretación crítica al orden universal en el que vivimos
y por tanto un intento de poder observar aquello que ha sido deslegitimado y des-
GLOSARIO 117

echado, para así encontrar otros modelos de justicia y bienestar. Eso atentaría pro-
fundamente contra el orden universalizado. La lucha antirracista es una lucha por
la descolonización y contra la modernidad. No puede haber una cosa sin la otra...

Sororidad: Se trata de la alianza feminista entre mujeres. En las sociedades he-


terocispatriarcales, capitalistas y competitivas se intenta instalar la idea de riva-
lidad entre nosotras, esta rivalidad es un obstáculo del patriarcado que impide
muchas veces que nos organicemos bajo un objetivo común. Entendemos que
no todas somos iguales ni vivimos las mismas opresiones, por lo que las alianzas
que generemos y con quienes lo hacemos van a estar atravesadas por ellas.
119

BIBLIOGRAFÍA

• BONINO MÉNDEZ, Luis. Micromachismos: la violencia invisible en la pa-


reja (1998).

• CONNEL, Robert W. “La organización social de la masculinidad”. En LO-


MAS, C.: ¿Todos los hombres son iguales?. Paidós, Barcelona (2003).

• Cuadernos de Educación Popular: Taller sexualidades, géneros, subjetivida-


des. Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (2003).

• EATON, Mary. “Otro nombre para el abuso. Feminismo, diferencia y violen-


cia entre lesbianas”. En:Memoria cultural y feminismo. Relatos culturales en
torno a la violencia de género. Edición de materiales a cargo del CVG-Grupo
de Mujeres Contra la Violencia de Género. Concepto, edición facsimilar y
red de conocimiento: Virginia Villaplana. Valencia, 2005. Págs. 134-165.

• FEDERICI, Silvia. Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación origi-


naria (2010).

• FERNÁNDEZ, Ana María. La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre


hombres y mujeres (1993).

• FERREIRA, Graciela. Hombres violentos, mujeres maltratadas: aportes a la


investigación y tratamiento de un problema social (1992).

• GARCÍA, Carmen Teresa y VALDIVIESO, Magdalena. Una aproximación


al movimiento de mujeres en América Latina. De los grupos de autoconcien-
cia a las redes nacionales y transnacionales. Año VI, N° 18. CLACSO (2006).

• HART, Barbara. “El maltrato entre lesbianas, un análisis”. Este artículo for-
ma parte del libro Naming the Violence. Speaking Out About Lesbian Batte-
ring, Kerry Lobel edit. (Grupo de Lesbianas de la Coalición Nacional contra
la Violencia Doméstica), TheSealPress, Seattle, Washington, EEUU (1986).
120 POP

• HARTMANN, Heidi. El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo:


hacia una unión más progresista (1983).

• HENAUL, M., MORTON, P., LARGUÍA, [Link] mujeres dicen basta (1974).

• KAUFMAN, Michael. Las siete Pde la violencia de los hombres (1999).

• LAS AFINES. ¿Quién teme a los procesos colectivos? Apuntes críticos sobre la
gestión de la violencia de género en los movimientos sociales (2007).

• PAÑUELOS EN REBELDÍA. Hacia una pedagogia feminista. Géneros y edu-


cación popular. Colección Cuadernos de Educación Popular (2007).

• PAULUZZI, Liliana. Educación sexual y prevención de la violencia (2006).

• Publicación feminista: Brujas, vida cotidiana y violencia contra las mujeres,


pub. N° 31. (2005)

• RENZETTI, Claire: Violent Betrayal: Partner Abuse in LesbianRelationships.


SAGE Publications, Newbury Park, California, EEUU (1992). Traducción
de algunos capítulos: Alejandra Sardá (1995).

• RICH, Adrienne. Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana(1980).

• RISTOCK, Janice: No More Secrets. Violence in LesbianRelationships. Edito-


rial Routledge, New York-London (2002).

• RUBIN, Gayle. El tráfico de mujeres: notas sobre la “economía política” del


sexo (1975).

• SEGATO, Rita. Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre


género entre antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos (2003).
BIBLIOGRAFÍA 121

Normas nacionales

• Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la


Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus rela-
ciones interpersonales. Decreto 1011/2010, reglamentario de la ley 26.485.

Normas Provincia de Buenos Aires

• Ley 11.243, Código de Procedimiento Penal. Incorporación del capítulo V


–”Medida cautelar”–.
• Ley 12.569 deViolencia Familiar y su decreto reglamentario 2875.

Protocolos

Del Ministerio de Salud, “Programa provincial de salud para la prevención


de la violencia familiar y sexual y la asistencia a las víctimas”:

• Protocolo y guía de prevención y atención de víctimas de violencia fami-


liar y sexual para el primer nivel de atención
• Protocolo de detección y asistencia a mujeres víctimas de maltrato
• Protocolo de acción ante víctimas de violación
• Del Ministerio de Salud y Desarrollo Social:
• “Programa provincial de violencia familiar”. Mesa Intersectorial Provin-
cial: protocolo del rol del acompañante

Del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos:

• Protocolo de actuación del personal policial de las comisarías de la mujer


y la familia y de los profesionales de los equipos interdisciplinarios para la
atención de las víctimas de violencia familiar ámbito de aplicación.
• Protocolo de organización y funcionamiento de los equipos interdiscipli-
narios para la atención de víctimas de violencias de género.
• Protocolo para llamadas telefónicas o carga inversa que involucren casos de
violencia familiar ingresados al sistema de atención de emergencias provincial.
Este libro se terminó de imprimir
en los talleres gráficos de

José Joaquín Araujo 3293


(C1439FAP)
Ciudad de Bs. As.
Octubre 2019

D I S T R I B U I D O R A & E S TA N T E R Í A D E LI B R O S Y R E V I S TA S

D I A G O N A L 7 8 E S Q . 6 - L A P L ATA - A R G E N T I N A
MALISIADISTRIBUIDORA@[Link]

También podría gustarte