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Democracia Taishoo y Liberalismo Japonés

Este documento describe el surgimiento y desarrollo de la democracia Taishoo en Japón entre 1905 y 1931. Explica que durante este período hubo un movimiento liberal que promovía ideas democráticas como el sufragio universal y los derechos civiles, impulsado principalmente por periodistas, educadores y empresarios liberales. Sin embargo, la democracia Taishoo tuvo oposición de las clases privilegiadas y careció del apoyo del sector laboral. Finalmente, el movimiento liberal declinó a partir de 1931 con el establecimiento de la

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Democracia Taishoo y Liberalismo Japonés

Este documento describe el surgimiento y desarrollo de la democracia Taishoo en Japón entre 1905 y 1931. Explica que durante este período hubo un movimiento liberal que promovía ideas democráticas como el sufragio universal y los derechos civiles, impulsado principalmente por periodistas, educadores y empresarios liberales. Sin embargo, la democracia Taishoo tuvo oposición de las clases privilegiadas y careció del apoyo del sector laboral. Finalmente, el movimiento liberal declinó a partir de 1931 con el establecimiento de la

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Capítulo cuarto

El IMPERIALISMO JAPONÉS

Como se vio en el capítulo anterior, para fortalecer al tennoo los artífices


de la Constitución se encargaron de que la Dieta careciera en realidad de
poder: no tenía control financiero sobre el Gabinete que no era responsable
ante ella, sino ante el monarca; y la Cámara de los Pares debía atemperar
las aspiraciones democráticas de la Cámara de los Comunes, si las tuvie-
ra. Además tenía que enfrentarse a la burocracia, al Consejo Privado, al
Genroo in, y a los funcionarios de la Casa Imperial, por no mencionar a
los militares.
Asimismo el sistema educativo estaba diseñado para impedir el surgi-
miento de ideas relacionadas con la democracia, y para defender los valo-
res tradicionales.412 Aún así, ocurrieron movimientos populares espontá-
neos, se difundieron nuevas corrientes de pensamiento político opuestas
al autoritarismo y al militarismo, y se abrió paso el movimiento liberal,
que alcanzó su máximo desarrollo durante la década de los años veinte
del siglo pasado.

I. La democracia Taishoo

Según se considere como fuerza motriz de la democracia Taishoo a


los partidos políticos o a los movimientos populares, ésta se extiende
de diciembre de 1912 —año en que se inicia la época Taishoo— con el
Primer Movimiento de Defensa de la Política Constitucional; o bien des-
de 1905, cuando aún bajo el régimen Meidyi ocurre la protesta popular
contra el tratado de Portsmouth. Y en ambos casos concluye en 1931413
412
Bary, Wm. Theodore de (editor), Sources of Japanese Tradition, Nueva York, Co-
lumbia University Press, 1964, vol. II, p. 213.
413
El fascismo y el nazismo germinaron entre las dos guerras mundiales. Ambos
movimientos exigieron la canalización de toda la energía social por un único cauce de-

219
220 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

al caer el último gabinete de partido y establecerse la influencia militar


en el poder.414

1. El despuntar de la democracia
Por un breve periodo pudo creerse que las nociones liberales guiaban
la vida política; pero ni aún quienes las sostenían las defendían con el
mismo fervor. Los políticos de partido —a los que no entusiasmaban los
restantes principios— luchaban porque el gobierno fuera conducido por
gabinetes de partido responsables ante la mayoría de la cámara baja; y
eran apoyados por los empresarios liberales, que consideraban que con
ellos tendrían mejor oportunidad para influir en las medidas sociales y
económicas del gobierno.415
Los empresarios liberales que ejercían el comercio exterior, deseaban
que Japón se limitara a mantener los derechos que ya poseía en Manchu-
ria, que abandonara su política de agresión a China, y que siguiera una
política internacional de cooperación —particularmente respecto al des-
arme—; porque la política de expansión territorial originaba boicots que
les inflingían severas pérdidas. Necesitaban además que Japón cooperara
con las otras potencias para tener acceso a créditos internacionales a cor-
to plazo, y a fondos para inversión. Los agricultores y los empresarios en
general respaldaban estos principios con la esperanza de la reducción del
presupuesto militar, y por tanto de la carga tributaria.
La idea del sufragio universal, y la garantía del ejercicio de los de-
rechos civiles no contaban con el patrocinio de las clases privilegiadas
—que las consideraban una amenaza—; pero sí con el de los periodistas
y los educadores, que eran los únicos que daban apoyo decidido a todo el
credo liberal. Los periodistas divulgaban ideas y creaban opinión públi-
ca; los educadores —particularmente los maestros universitarios— da-
ban fundamento intelectual al liberalismo, y adaptaban los ideales demo-
cráticos al medio japonés.

terminado por líderes con poderes dictatoriales, y concomitantemente la ausencia de las


libertades de expresión y asociación para impedir la formación de sindicatos libres y de
partidos políticos que pudieran impedir la manipulación del pensamiento de los gober-
nados.
414
Tanaka, Michiko, “Establecimiento de la democracia Taishoo y política de expan-
sión en el continente”, en Michitoshi, Takabatake, et al., Política y pensamiento político
en Japón, 1926-1982, El Colegio de México, 1992, p. 260.
415
Bary, Wm. Theodore de, op. cit., pp. 211 y 213.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 221

Es notoria la ausencia entre los grupos mencionados del sector laboral


—alejamiento que restó fuerza al movimiento liberal—, pues aunque co-
operaba con los liberales en la lucha por objetivos aislados que le atañían
—como el sufragio universal— canalizó sus energías políticas a los movi-
mientos de izquierda, porque con un paternalismo reaccionario los libera-
les dejaban de lado las reformas económicas y sociales.

A. Adaptación académica de principios democráticos


al pensamiento japonés

Se ha hecho ya referencia a la aportación que al movimiento liberal


hacían los pensadores que adaptaban las corrientes modernas del pen-
samiento euroestadounidense al medio japonés. Dado que el gobierno
reprimía cualquier idea que considerara contraria al tennoo, los juristas
tenían que hacer malabarismos con la interpretación para conciliar los
conceptos contemporáneos con los tradicionales, del mismo modo que
años antes Itoo los había hecho al introducir la figura del tennoo omni-
presente y omnipotente, en una Constitución que seguía los lineamientos
de la prusiana.
Preocupado por la errónea creencia de que por haber sido origina-
do en un movimiento revolucionario el concepto de democracia era en
sí mismo peligroso, y por la confusión imperante entre los principios
de democracia y soberanía popular, que hacía pensar que el primero de
ellos atentaba contra el de la soberanía del tennoo, Yoshino Sakudzoo
—catedrático de la Universidad Imperial de Tokio— publicó en 1916
un artículo conciliando la figura del monarca japonés con el concepto de
democracia.416
En su opinión la democracia era una teoría política, no jurídica: desde
el punto de vista legal la soberanía residía en el tennoo, pero el principio
político que lo guiaba al ejercerla era la democracia. El problema surgía
por la confusión entre ésta y la teoría de la soberanía popular —incompa-
tible con la del tennoo, y que debía ser rechazada—, porque a pesar de que
estos conceptos eran esencialmente diferentes, guardaban similitud res-
pecto a sus nombres —minshushugi y minponshugi respectivamente—,

416
Explicación del principio de la política constitucional y exposición del método
para su perfeccionamiento, citado por Tanaka, Michiko, op. cit., pp. 276-286, y Bary,
Theodore de, op. cit., pp. 217-239.
222 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

refiriéndose la primera a que en materia política el fin fundamental del


ejercicio de la soberanía debía ser el bienestar del pueblo, y la segunda
a que la soberanía de la nación residía en el pueblo —lo que era inacep-
table—.
Siguiendo esta manera de razonar, no era relevante dónde situaba la
teoría jurídica la soberanía, sino que al ejercerla el soberano valuara el
bienestar y las opiniones del pueblo. Definida así, la democracia presen-
taba dos aspectos: uno, que el objetivo del ejercicio del poder político
debía ser el bienestar del pueblo; y otro, que las opiniones de éste fueran
tomadas en cuenta para determinar cómo habría de ejercerse el poder
político.
Esto podía ser refutado únicamente si se comprobaba que era dañoso
pedir el consejo de muchos, y cuerdo tomar el parecer de unos cuantos,
cuando desde los primeros días de la época Meidyi la democracia, en-
tendida como la justa y equitativa conducta del gobierno en consulta con
la mayoría del pueblo, había sido seguida como política nacional —en
cumplimiento del decreto del tennoo que al principio de la Renovación
ordenó que se establecieran asambleas deliberativas, y que todas las ma-
terias fueran decididas por discusión pública—.
Contra la aseveración de que la democracia atentaba contra la lealtad
al tennoo —sentimiento que databa desde la fundación del país y era la
esencia de la kokutai, y que debía ser preservado—, argumentó que era
absolutamente impensable que siendo la familia imperial la única cabeza
de la familia nacional, sus intereses pudieran entrar en conflicto con los
del pueblo. Si se entendía que la democracia se refería a la forma en la
que el soberano ejercía su poder, no había nada que le impidiera estable-
cer el principio básico de que no desatendería arbitrariamente el bienestar
del pueblo.
De haber prevalecido este criterio, basado según Sakudzoo en princi-
pios establecidos por el propio Meidyi tennoo, y que reconocía los prin-
cipios tradicionales de la soberanía imperial, la lealtad de los súbditos, y
el respeto a la esencia nacional —la kokutai—, no se hubiera producido
la escalada belicista, ya que el pueblo se oponía a los elevados impuestos
indispensables para sufragar la carrera armamentista, y más aún al odia-
do impuesto de sangre: a la obligación de hacerse matar para extender el
imperio.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 223

B. Gabinetes de partido
De 1885 a 1918417 hubo dieciocho gabinetes, nueve funcionarios se
habían rotado en el puesto de primer ministro, y con excepción de Oku-
ma y Saionyi, todos habían pertenecido al clan Satsuma o al clan Cho-
oshuu.418 Asimismo, hasta que a fines de los años ochenta se instituyó el
sistema de exámenes para el servicio civil, también habían pertenecido a
esos clanes todos los altos miembros de la burocracia.
En 1918 el cargo de primer ministro fue ocupado por primera vez por
un hombre común: Jara. Él y los miembros de su gabinete —con excep-
ción de los ministros de guerra y marina— pertenecían al Seiyukai, el
partido mayoritario de la Dieta. Principiaron así trece años de gabinetes
de partido —con la salvedad de tres gabinetes burocráticos entre 1922 y
1924—, que terminaron a raíz del incidente de Manchuria, cuando el 18
de septiembre de 1931 el ejército japonés en Kwantung tomó Munkden,
creando una situación fuera del control del gobierno.
En 1932 el almirante Saito ocupó el puesto de primer ministro, y du-
rante los siguientes trece años las fuerzas armadas controlaron la situa-
ción al impedir la formación de gobiernos encabezados por jefes de par-
tidos políticos, simplemente negándoles miembros del ejército o de la
marina para que ocuparan los ministerios correspondientes. Asimismo, el
que cualquiera de estos dos ministros saliera de un gabinete, ocasionaba
la caída del gobierno que disgustaba a las fuerzas armadas.
Pero mientras los gabinetes de partido estuvieron en el poder y tuvie-
ron la posibilidad de demostrar las virtudes del gobierno parlamentario,
su respeto por las libertades civiles fue aún menor que el de los gobiernos
que les habían precedido.419 No era de extrañar, ya que el movimiento de
partidos políticos había sido siempre ultranacionalista, y desde las prime-
ras sociedades políticas de la época Meidyi —Aikokuto y Risshisha— el
interés de sus miembros por un parlamento había sido con el propósito de
unificar a la nación para facilitar la ejecución de la voluntad del tennoo,
reforzar la defensa nacional, e impulsar la expansión externa.
417
La Revolución rusa de octubre de 1917 desembocó en la formación del primer Es-
tado comunista. Esto dio origen a un nuevo sistema jurídico, el socialista, en el que todos
los medios de producción quedaron nacionalizados, la propiedad privada abolida, y como
en los regímenes fascistas las libertades de asociación y expresión conculcadas.
418
Storry, Richard, A History of Modern Japan, Harmondsworth, Middlesex, Eng-
land, Penguin Books, 1970, pp. 129, 160 y 192.
419
Bary, Wm. Theodore de, op. cit., p. 216.
224 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

En la última década del siglo XIX, los gabinetes burocráticos nun-


ca fueron lo suficientemente agresivos en su política exterior como para
merecer la aprobación de los políticos de los partidos; y fue en 1915,
en tiempo del liberal primer ministro Ookuma —cuando el conservador
Almirante Yamagata se inclinaba por una actitud conciliadora hacia Chi-
na—, que Katoo Takaaki, Ministro de Relaciones Exteriores, aprovechan-
do que Estados Unidos y Europa estaban inmersos en la Primera Guerra
Mundial,420 en un oportunista ataque diplomático presentó a China las
Veintiún Demandas, que debido a las extremas concesiones para Japón
que contenían, pusieron a ese país bajo supervisión japonesa dañando
gravemente su soberanía, triunfo estratégico que costó a Japón su presti-
gio moral internacional. Así que no fue anormal la falta de resistencia que
en los años treinta presentaron al militarismo los partidos políticos.
Con el asesinato del primer ministro Inukai el 15 de mayo de 1932,
aborta el último intento de llevar a cabo una política partidista dentro de
las pautas de la economía de mercado, y se cierra el periodo de gabinetes
de partido.421 Los primeros ministros que siguieron fueron representan-
tes de la alta burocracia, especialmente castrense.

C. Lucha por el sufragio universal masculino

El 9 de febrero de 1919 se llevó a cabo la Asamblea por el Sufra-


gio Universal. Tres días después —aniversario de la promulgación de la
Constitución—, se realizó en Tokio una concentración de estudiantes en
demanda de que el derecho de voto dejara de condicionarse al pago de
un mínimo en impuestos directos, y en muchas ciudades más el pueblo
exigió el sufragio universal. En respuesta a la presión popular, el pago
mínimo anual por concepto de dichos gravámenes para tener derecho a
votar, se redujo a tres yenes.422
La demanda del sufragio universal continuó. Los tres principales par-
tidos propusieron un proyecto de enmienda, que a principios del año si-
guiente el gabinete de Jara Takashi rechazó aduciendo que era radical y
superficial, que no tomaba en cuenta la situación del país, y que se basaba

420
Story, Richard, op. cit., pp. 151-154.
421
Knauth, Lothar, “Gobierno civil y fuerza militar en la década de los treinta”, en
Takabatake Michitoshi et al., op. cit., p. 25.
422
Tanaka, Michiko, op. cit., pp. 290-298.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 225

en una ideología que amenazaba la organización social. Fue hasta marzo de


1925 que se aprobó la enmienda que abolió la restricción económica, esta-
bleció que todos los varones mayores de veinticinco años gozarían del de-
recho de voto, y asimismo del de ser elegidos los mayores de treinta años.
Este triunfo del liberalismo fue anulado cuando en la misma sesión
parlamentaria en la que fue aprobada la enmienda de la Ley Electoral,
lo fue sin mayores objeciones la nueva Ley de Mantenimiento del Orden
Público —que sustituía a la Ley de Policía para el Orden Público—.423
Esta ley, que prohibía expresamente las asociaciones y los movimien-
tos que atentaran contra el ente nacional —kokutai—, y el régimen de
propiedad privada, originalmente previó un castigo máximo de trabajos
forzados o prisión por un plazo de diez años;424 pero en 1928 el Decreto
de Emergencia del tennoo —no aprobado por la Dieta— elevó la sanción
a pena de muerte y a un mínimo de cinco años en prisión. En 1941 una
nueva enmienda añadió los trabajos forzados a perpetuidad, y la prisión
preventiva para los posibles reincidentes.
Al establecer el control ideológico, inicialmente esta ley dió base legal
para efectuar severas represiones contra los miembros de las organiza-
ciones de izquierda, especialmente las comunistas; pero posteriormente
su aplicación se extendió a cualquiera que criticara al gobierno y a su
política bélica.

2. El decaimiento de la democracia

A fines de los años veinte y durante la década de los treinta, coinci-


diendo con el incremento del papel del Estado a nivel mundial —la crea-
ción del socialismo en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el
new deal en Estados Unidos, el nazismo en Alemania, y el fascismo en
Italia—, Japón experimentó el ocaso del gobierno civil y el auge de las
prerrogativas del ejército,425 empeñado en construir una sociedad milita-
423
Takabatake, Michitoshi y Akio, Igaroshi, “Del movimiento fascista a la Asociación
de Apoyo a la Política del Tennoo”, en Takabatake Michitoshi et al., Política y pensa-
miento pólitico en Japón, 1926-1982, El Colegio de México, 1992, pp. 92 y 95.
424
Como primer ministro, Mussolini logró rehacer económicamente a Italia, y hacer
del Estado totalitario la fuente de la unidad moral y de voluntad de la nación. En 1926
suprimió todos los partidos políticos eliminó el derecho de huelga, y abolió la libertad de
prensa.
425
Knauth, Lothar, op. cit., pp. 23-30.
226 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

rizada basada en la antigua ética samurai, en crear una industria contro-


lada, y en fomentar un expansionismo legitimado por el concepto místico
de la identidad nacional —kokutai—, cuyo núcleo estaba constituido por
la persona divina del tennoo.
Conforme crecían la presión de los militaristas y las posibilidades de
expansión en ultramar, aumentaba el respaldo legislativo a la formación
de conglomerados industriales para incrementar el capital monopólico
al servicio del Estado. En este contexto, en abril de 1931 se promulgó la
Ley de Control de las Industrias Fundamentales.426

A. Agostamiento de la libertad y surgimiento del militarismo

Con anterioridad se hizo referencia a la adaptación académica de


principios democráticos al pensamiento japonés. Entre los intelectuales
empeñados en ella se encontraba Minobe Tatsukichi, catedrático de la
Universidad Imperial de Tokio, que en 1911 había desarrollado la teo-
ría de que el tennoo era un órgano del Estado, y desde entonces la había
expuesto con general aceptación y alguna oposición a nivel académico.
En febrero de 1934 el General Barón Kikuchi Takeo lo denunció ante la
Cámara de los Pares —a la que ambos pertenecían—.427
El General encontraba en dicha teoría tres puntos que amenazaban el
futuro de la nación: el concepto de que el tennoo era un órgano del Estado
—infundio que lo reducía al nivel de cualquier monarca—; la afirmación
de que las leyes cambian conforme la realidad lo hace; y la aseveración de
que el sentido de las mismas, aún si no son reformadas, puede ser modi-
ficado de acuerdo con nuevas interpretaciones.
Minobe respondió diciendo que nadie respetaba más que él la idea de
que la política nacional —kokutai— era la mayor gloria del pueblo, y
de que de ella derivaba —cuando menos parcialmente— la fuerza de la
nación, por lo que la primera obligación de todo japonés era tener claro
426
Canciller de Alemania desde 1933, y a partir de 1934 también presidente, en dos
años Hitler convirtió a Alemania en un estado totalitario de un partido, y la sacó de la cri-
sis económica que la aherrojaba tras su derrota en la Primera Guerra Mundial. Dicho líder
incorporó al fascismo un exacerbado racismo que justificaba el genocidio y la expansión
a costa de otras naciones, para constituir bajo el Führer el Tercer Imperio Alemán, si-
guiendo las pautas del primero, establecido por Carlomagno.
427
Tatsukuchi, Minobe, “Defense of the ‘Organ’ Theory”, en Bary, Wm. Theodore de,
op. cit., pp. 239-246.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 227

ese principio, apoyarlo, y defenderlo; pero que era un abuso esgrimirlo


para impedir la expansión del conocimiento y el ejercicio de la libertad
de expresión.
Aclaró que el principio de que el soberano era un órgano de la na-
ción, significaba simplemente que el soberano gobernaba en interés de
la nación y no para sus propios fines privados. El propio Meidyi tennoo,
en el Edicto de Promulgación de la Constitución, había declarado que
consideraba la prosperidad de la nación y el bienestar de sus súbditos su
mayor gozo y gloria; y en el preámbulo de la misma había mencionado
su esperanza de mantener el progreso de la nación en concierto con sus
súbditos.
Por otra parte la Constitución claramente establecía que el tennoo era
la cabeza del Estado, e Itoo, en sus Comentarios a la Constitución lo
había comparado con el cerebro, fuente primordial de la actividad ma-
nifestada en las diferentes partes del cuerpo. La teoría del tennoo como
órgano del Estado era pues idéntica en su significado a lo establecido en
la Constitución, y no implicaba reducir al tennoo al nivel de cualquier
otro monarca, pues no era lo mismo afirmar que dos cosas pertenecían a
la misma categoría conceptual, que aseverar su identidad.
Si no se aceptaba que fuera un órgano del Estado, o bien el tennoo
era idéntico a la nación, y por tanto era la nación —que en realidad era
la comunidad formada por el soberano y el pueblo—, o la nación era el
objeto pasivo de su facultad de gobernar. Lo primero no podía ser cierto
porque desde su fundación Japón había sido un sólo país, en tanto que
monarcas había habido ciento veinticuatro. Y tocante a lo segundo, si el
mismo Meidyi tennoo se había referido a la idea de una nación a la que
intentaba hacer prosperar y progresar, implicaba que la reconocía como a
una entidad dinámica, vital, comparable a un ser viviente, y no a materia
inerte.
Respecto a que la ley cambiaba debido a la influencia de las circuns-
tancias, recordó a la Cámara el antiguo Código Daijoo, que nunca fue
abrogado, sino que conforme desaparecía la realidad que le había dado
origen iba perdiendo su vigencia.
Sobre el aserto de que sin ser alterada la redacción de una ley su sen-
tido cambiaba de acuerdo con la interpretación que de ella se hiciera,
afirmó que siendo las palabras el medio de expresar el pensamiento, y
cada una de ellas susceptible de varias interpretaciones, cualquier ley sin
228 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

ser reformada cambiaba de sentido como podía apreciarse estudiando la


jurisprudencia.
Desde el punto de vista de la ciencia jurídica su argumentación era im-
pecable, y su apoyo en los símbolos sagrados muy sagaz. Fue así como
durante más de una veintena de años Minobe había dado un contenido
liberal a los conceptos de los oligarcas Meidyi; pero para alguien no fa-
miliarizado con esa forma de razonar esto no pasaba de ser un galimatías,
y Kikuchi reanudó el ataque.
Aguijoneadas por él, en marzo de 1935 las cámaras exigieron al go-
bierno que aclarara el concepto de identidad nacional —kokutai—. En
abril fue prohibida cualquier referencia a la teoría organicista; y Minobe,
que ya había dejado su cátedra, tuvo que renunciar a su puesto en la Cá-
mara, y poco faltó para que fuera juzgado por lesa majestad.
El incidente de la teoría del tennoo como órgano del Estado, dio pie
para la creación del Movimiento para el Esclarecimiento del Ente Na-
cional, que determinó el curso ideológico del Estado hasta la derrota de
1945.

B. Movimiento para el Esclarecimiento del Ente Nacional

Después del proceso legal iniciado contra Minobe, la Cámara de los


Pares aprobó el 20 de marzo de 1935 una resolución acerca de la kokutai
que censuraba a dicho catedrático. El 23 de marzo los tres partidos políti-
cos propusieron conjuntamente una resolución sobre dicho ente nacional
aprobada por unanimidad, para aclarar su sentido auténtico y lograr el
consenso de la nación.428 Asimismo se aprobó que el gobierno debía to-
mar medidas drásticas contra posturas incompatibles con él.429
Conforme al sentido auténtico del ente nacional, habiendo tennoo
había Estado, y no a la inversa. El ente nacional —kokutai—, fuerte,
428
Takabatake, Michitoshi y Akio, Igarashi, op. cit., pp. 100-103.
429
El 29 de septiembre de 1936 la Junta de la Defensa Nacional nombró a Franco Jefe
de Gobierno, Generalísimo de las Fuerzas Armadas, y Jefe de Operaciones. La unifica-
ción política se logró el 18 de abril de 1937 al integrar bajo el mando del Caudillo a los
dos grandes partidos nacionales: la Falange Española, y las Juntas de Ofensiva Nacional
Sindicalista, formando una sola organización: la Falange Española Tradicionalista. Tras
un triunfo en abril de 1939, estableció un régimen fascista-corporativista, que controló
el movimiento obrero a través de limitaciones legales a la acción de los sindicatos, y a la
supervisión de las elecciones en éstos. La conciliación y el arbitraje fueron obligatorios,
y la huelga ilegal.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 229

independiente, e impoluto, era una tradición de tres mil años; en él esta-


ban unidos indisolublemente el monarca y sus súbditos, el soberano y el
Estado, y se conservaba inmutable para la eternidad. La política del país
se fundaba en esta base.
Frente a la vasta campaña realizada dentro y fuera de la Dieta, el Ga-
binete de Okada Keisuke se vio obligado a aclarar su posición en los
comunicados del 3 de agosto y del 15 de octubre de 1935. En el primero
se declaró que conforme a la Constitución proclamada por su Majestad
el tennoo, su derecho a gobernar había sido recibido de sus ancestros y
sería heredado a sus descendientes; sostener que este derecho no pertene-
cía únicamente a él, y que él no era más que un órgano que lo ejecutaba,
era entender erróneamente el sentido auténtico de la kokutai, sin par en
el mundo.
En el segundo se afirmó que el sentido auténtico del ente nacional era
que el derecho a gobernar el país residía en el tennoo, y que debía ser
considerado así de manera absoluta por todos sus súbditos; éste era el
espíritu con el que se había aprobado la Constitución Imperial. Aplicar
imprudentemente teorías ajenas a la kokutai llevaba al error de suponer
que el derecho a gobernar no residía en el soberano, sino en el Estado,
y que el tennoo era sólo un órgano de éste. Con base en el sentido preciso
del ente nacional, sin par en el mundo, debía exaltarse su esencia en la
política, en la religión, y en cualquier otra manifestación de la actividad
humana.

C. Sentido auténtico de la identidad nacional

Obedeciendo a la Dieta, en 1937 el ministerio de educación expidió


el Kokutai no Jongi para disipar las dudas respecto al carácter del ente
nacional. Su procedencia portentosa era la que daba a los japoneses los
rasgos característicos que los hacían descollar entre los pueblos: Japón
—incluyendo a sus pobladores— tomó forma al coagularse el líquido
salobre que goteó de la punta de la espada con la que los dioses Izanagi e
Izanami habían removido el agua bajo el Puente del Cielo.
Partícipes de la esencia divina por la transmisión de generación en ge-
neración del eterno espíritu del que eran encarnación, los tennoo habían
gobernado el país ininterrumpidamente desde su fundación, y por incor-
porar en su persona la soberanía de la nación y la primacía religiosa, sus
acciones políticas eran de inspiración sobrenatural. Como custodios de la
230 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

voluntad divina de los ancestros imperiales, los sucesivos tennoo siempre


habían contado con la piedad filial de cada japonés, manifestada en su
lealtad tanto hacia el soberano como padre de la nación, como hacia sus
propios antepasados, que en su día habían reverenciado al tennoo bajo el
cual habían vivido.430
El progreso alcanzado por Japón en muy corto plazo, no hacía sino
confirmar que era guiado por los dioses y objeto de su providencial cui-
dado; y la ocupación continua del trono por el linaje de Amaterasu daba
testimonio de que tenía la aprobación divina. Siendo como era el japonés
el pueblo escogido, y el régimen del tennoo el mejor gobierno posible,
compartir su sistema político con el género humano y extender las ben-
diciones del Japón a todas las naciones poniéndolas bajo su mismo techo
era un acto de benevolencia dictado por el interés en el bienestar de los
otros países.

D. Teoría del Estado japonesa

Una vez aclarado así el sentido de la identidad nacional —kokutai—,


sobre ella podía erigirse la teoría oficial del Estado, conforme a la cual
el pueblo japonés no era un conjunto de individuos unidos por el víncu-
lo jurídico del Estado y sujetos de sus propios y específicos derechos y
obligaciones; sino una comunidad natural, originada en una común as-
cendencia divina que unía indisolublemente al tennoo con sus súbditos, y
que se componía no sólo de quienes vivían en un momento determinado,
sino de la serie indefinida de generaciones, que sucediéndose en forma
continua habían dado existencia a una cohesión indestructible entre los
que subsistían en la carne y los que eran sólo espíritu.
La cabeza de este agregado social era el tennoo, padre venerado de
la gran familia japonesa, cuyos súbditos se consideran como sus hijos,
sometidos a él en una relación de dependencia natural basada en el culto
shintoista.431 En este esquema no cabía el individuo aislado, pues siempre
era tomado en consideración como miembro de una colectividad.
En Japón el Estado se entendía no como una persona jurídica que ser-
vía para dar unidad a los individuos dentro de la esfera de su poder so-
430
Whight Bakke, E., Revolutionary Democracy, Challenge and Testing in Japan,
Adchon Books, 1968, pp. 12-14.
431
Biacaretti di Ruffìa, Paolo, Il diritto costituzionale dell’ impero nipponico, Milano,
Giuffrè, 1943, pp. 90-102.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 231

berano, sino que respondiendo a una necesidad natural, el Estado era la


familia agrandada, una comunidad biológica que ligaba a sus miembros
con un vínculo sagrado. Los japoneses no creían que el poder soberano
fuera propio de la persona jurídica Estado y ejercido por medio del mo-
narca, mero órgano de él, así fuera el más puro y elevado; sino que pro-
fesaban que el tennoo era vástago directo del nieto de la divinidad solar,
que había descendido para vivir en el mundo con apariencia humana.
Como padre común de la familia nacional constituía el símbolo con-
creto y tangible de la unidad del pueblo japonés, al que por su misma
naturaleza divina le era propia la soberanía, la cual ejercía conforme a
las sanas aspiraciones de la comunidad nacional, en la que encontraba
la guía y no el límite de su acción. Su autoridad se basaba en una doble
relación: por una parte en el sentimiento de responsabilidad y amor que
lo ligaba a su pueblo, y por la otra en la fe y en la veneración de éste por
su señor, el cual no imponía su poder por la fuerza, sino que lo fundaba
en el acatamiento, en la devoción, y en la bondad, porque el suyo era un
gobierno benévolo desempeñado con la colaboración del pueblo y en
beneficio de éste, que participaba en él a través de la persona del tennoo.
El pleno y absoluto poder del tennoo se conciliaba así con el respeto a la
libertad de sus súbditos.
La estructura del Estado japonés no estaba encauzada a garantizar di-
rectamente los derechos individuales, ni a lograr la absoluta seguridad
jurídica mediante el predominio constante de la voluntad de la ley res-
pecto a la de los hombres. El derecho se consideraba no como un sistema
de normas abstractas y generales, sino como una práctica de la voluntad
del tennoo destinada a realizar la concreta necesidad de la comunidad
japonesa. Por eso el pueblo reconocía por revelación divina una precisa
formulación jurídica en la obra de su soberano, transfundiéndose e iden-
tificándose con su voluntad.
La vía del tennoo —la kodoo—, expresaba sintéticamente la fe del
pueblo en la Dinastía Divina que lo había regido desde la prehistoria, y
su fidelidad hacia ella. Su contenido podía resumirse en la siguiente fór-
mula: “Un pueblo y una lengua en torno de una misma Casa Imperial, por
toda la eternidad”, que tenía la misma base que el shintoo —la ruta de los
dioses—, porque a través de la veneración a los antepasados conducía a
la unión de todos los japoneses en la común veneración a su soberano.
Se fundaba igualmente en el bushido —la senda del guerrero—, que
encontraba su sustento en la sobriedad de cuerpo y alma, en el sentimiento
232 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

del honor y el valor, en la práctica constante de la justicia, en la bondad


hacia los inferiores, y en la más absoluta abnegación y devoción hacia el
Señor. Unidas kodoo, shintoo, y bushidoo, cimentaban la fidelidad de los
súbditos hacia el tennoo.
Pero si la dirección de la colectividad hacia la realización de sus as-
piraciones bajo la guía del tennoo constituía la kodoo, la kokutai era el
concepto político que debía ser realizado a través de ella, así como la idea
imperial japonesa misma, en la que ocupaba un lugar eminente la noción
de comunidad. Dos eran los elementos esenciales de la kokutai: el hecho de
que la cabeza del pueblo japonés había sido siempre y siempre sería un
tennoo de ascendencia divina, y el hecho de que él y el pueblo constituían
un todo indivisible. La unidad íntima entre el territorio y sus habitantes
se fundaba en el origen divino de ambos, creados simultáneamente por la
pareja celestial Izanami e Izanagui.
La autoridad propia del tennoo era de carácter ético, se trataba de un
dominio que no se basaba en la coerción, sino en la espontánea y cons-
ciente adhesión de sus súbditos, que reconocían en ella el reflejo de la
sabiduría y de la voluntad de la Diosa Solar, que el tennoo hacía propias
venerando el Sagrado Espejo. Asimismo su excelsa persona tenía en cus-
todia la Preciosa Espada que representaba la potestad soberana, y el Co-
llar Sagrado que simbolizaba el amor que experimentaba por su pueblo.
La recíproca relación que así se constituía entre el tennoo y sus súbditos
formaba el núcleo de la noción de la kokutai, y representaba algo inmu-
tado a inmutable por toda la eternidad.
Para no abandonar al Asia Oriental en el caos, en el perenne desorden,
y en la explotación injustificada de los más débiles por los más fuertes, y
aceptando por una íntima obligación de naturaleza espiritual la misión de
realizar una vasta obra en el seno de la sociedad de los Estados, el pue-
blo japonés —con base en los más puros sentimientos éticos— se sentía
irrevocablemente impelido a extender a dicha región un sistema político
análogo al de su país.
Japón sentía esto como una misión nacional de la que no podía sus-
traerse. No aspiraba a imponer por la fuerza su dominio sobre los países
contiguos, sino a establecer con ellos una colaboración armónica basa-
da en la mayor responsabilidad de los más grandes de ellos, a modo de
constituir algo así como un sistema solar entre las varias potencias, en el
cual algunos planetas se movieran ordenadamente en la trayectoria que
El IMPERIALISMO JAPONÉS 233

les era propia, mientras en torno a ellos —y siguiendo una bien ordenada
órbita— giraran numerosos pequeños satélites.

E. Movilización General del Espíritu Nacional

El inicio del primer periodo en el poder de Konoe Jumimaro coinci-


dió con el principio de la guerra generalizada en China, a raíz del inci-
dente del Puente de Marco Polo —provocado el 7 de julio de 1937 por
el ejército japonés—. Ante la imposibilidad de detener la guerra chino-
japonesa, Konoe comenzó el reajuste interno y promovió un gigantesco
movimiento: la Movilización General del Espíritu Nacional fundado en
el auténtico sentido del ente nacional —kokutai—, que tenía como fin
elevar el espíritu de lealtad y servicio a la nación, y mantener en alto la
divina voluntad del monarca para lograr la gran misión del Estado del
tennoo y su destino.432
Surgido como un movimiento de carácter moral cuyo objetivo era ob-
tener el apoyo popular para la guerra, pronto se convirtió en un sistema
de control de la distribución de los bienes básicos de capital y trabajo,
que se concretó en la Ley de Movilización Nacional, puesta en vigor el
5 de mayo de 1938.
Con el fin de desplegar al máximo la potencia total de la nación y lo-
grar los objetivos indispensables de la defensa de la patria en tiempos
de guerra, dicho ordenamiento puso en manos del gobierno el poder de
controlar y manejar todos los recursos humanos y materiales necesarios.
Para esos efectos el gobierno podía reclutar a los súbditos imperiales y
destinarlos a trabajar en las operaciones de movilización general, decre-
tar las disposiciones pertinentes sobre las condiciones laborales, y usar o
expropiar los materiales que fuera necesario. La enmienda de 1941 recal-
có aún más el papel del gobierno en el control de la vida nacional.

F. Asociación de Apoyo al Tennoo

El 14 de diciembre de 1940, el segundo Gabinete de Konoe dió a co-


nocer los lineamientos de acción de un órgano de propaganda: la Asocia-
ción de Apoyo al tennoo, creada para que sirviera de sostén espiritual a
su política manifiestamente a favor de la hermandad universal, para junto
432
Takabatake, Michitoshi y Akio, Igarashi, op. cit., pp. 109-115.
234 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

con su majestad establecer un régimen de Estado que aspirara a la unidad


de la materia y del espíritu, y a que sus miembros llegaran a constituirse
en gloriosos dirigentes de la moral mundial.433
Asimismo procedió a disolver los sindicatos obreros y las agrupacio-
nes gremiales, para reorganizarlos en la Asociación de Servicio a la Pa-
tria a través de la Industria del Gran Japón, y promovió la creación de
organizaciones de vecinos en ciudades y aldeas. Cumplió así con la fun-
ción de imponer un orden social unitario en momentos en que el país se
encontraba en guerra, y encauzó el esfuerzo común hacia la creación de
una fuerza de defensa nacional sumamente eficaz.

G. El Camino del Súbdito del Tennoo

En julio de 1941 se puso en circulación El Camino del Súbdito del


Tennoo, que según el propio documento tenía su origen en el ente nacio-
nal —kokutai—, y tenía por meta hacer florecer la prosperidad del trono
del soberano, perenne como el Cielo y la Tierra.434
Explicaba que con el flujo de la corriente cultural de Europa entraron a
Japón conceptos como el individualismo, el liberalismo, el intelectualis-
mo y el materialismo, ajenos a la ideología japonesa. Conforme a ésta, la
razón de ser, material y espiritual, de cada uno de los súbditos residía en
servir al tennoo; el ser de todo súbdito estaba ligado a la nación, no exis-
tía un ego que lo separara de ella; y nada le pertenecía a él mismo, aún en
su vida privada no debía abandonar la idea de hacerse uno con el tennoo
a través de los dioses, así como de servir también al Estado.
Cuando se decía que Japón era un estado-familia no significaba que
las familias reunidas construyeran el Estado, sino que éste era una fa-
milia. De acuerdo con lo antes dicho, había que despojarse del concepto
utilitario del ego, y afrontar la tarea urgente de señalar la senda debida
a los súbditos del tennoo, a través del principio primigenio de servir al
Estado.
Nadie podía ser persona individualmente —además no existía el ego—.
En el ámbito público toda la vida debía rendirse al soberano, y sirvien-
do al Estado convertirla en verdadera vida. También el diario devenir de
la vida privada era al fin y al cabo el ejercicio del camino del súbdito,
433
Ibidem, pp. 110, 116 y 117.
434
Ibidem, pp. 104-108.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 235

porque en síntesis dicha práctica consistía en que cada ciudadano tuvie-


ra clara conciencia de las actividades que desempeñaba, abandonara la
idea del utilitarismo en beneficio propio, restaurara la valiosa herencia
transmitida por los antepasados, se consagrara al servicio del Estado, y
cumpliera con su obligación.

II. El expansionismo japonés

A finales del siglo XIX contaba ya Japón con una estructura fiscal
eficiente, un ejército poderoso, una industria tan moderna como sus vías
y medios de comunicación, un sistema jurídico actualizado —aunque la
sociedad seguía rigiéndose por el régimen jerárquico—, y por primera
vez con una Constitución; pero le faltaba algo para equipararse a las po-
tencias europeas: un imperio colonial.435
Para cuando Japón estuvo en posibilidad de crecer, las potencias eu-
ropeas y Estados Unidos habían agotado ya los territorios susceptibles
de ser reclamados por los países expansionistas, por lo que las áreas que
Japón codiciaba hacía tiempo que eran jurisdicciones de estados impe-
rialistas, o regiones dentro de sus esferas de influencia; por eso tuvo que
recurrir a las armas para desposeerlas palmo a palmo de los dominios
que ambicionaba.
Sin ignorar la búsqueda de prestigio, el impulso expansionista era su-
ministrado también por el desasosiego de Japón respecto a la indefensión
de su territorio; sus conquistas, tácticamente planeadas, tenían también
la finalidad de hacer realidad el proyecto estratégico de Japón: frenar el
avance en Asia de los países europeos. Para aumentar su fuerza y afirmar
su presencia en ella, tenía que empezar por dominar las áreas vecinas,
especialmente el noreste del continente.
La integración del imperio legítimo no libró a Japón de su sensación
de perpetuo riesgo, porque cada nueva adquisición hacía necesario con-
trolar un territorio adyacente que le sirviera de protección. Los dominios
que iba conquistando se convertían así en punto de partida para continuar
la expansión en una permanente búsqueda de la seguridad absoluta y
autonomía económica. Esta continua redefinición de las fronteras impe-

435
Peattie, Mark R., “Introduction”, en Myers, Roman H. y Peattie, Mark R., The Japa-
nese Colonial Empire, Princeton, Princeton University Press, 1984, pp. 7-13 y 22-35.
236 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

riales, involucró al país en sucesivas confrontaciones militares que empa-


ñaron sus relaciones diplomáticas con las otras potencias: el incidente de
Manchuria y Mongolia en los años veinte, y el enfrentamiento con China
en los años treinta.
A medida que Japón marchaba hacia una economía de guerra y al es-
tablecimiento de una base industrial autosuficiente, las colonias —espe-
cialmente Taiwán y Corea— se convirtieron en engranajes de la maqui-
naria económica programada para crear un Estado en control de múltiples
fuentes de alimentos y materias primas. Al mismo tiempo, las colonias
constituían una serie de barricadas que lo protegían y servían de centro
de operaciones para continuar el avance en el este de Asia, hasta desem-
bocar en el conflicto de 1940, que lo enfrentó a las otras potencias y llevó
el imperio al colapso.

1. El imperio legítimo

La fácil victoria sobre China en la guerra 1894-1895 estimuló la pasión


japonesa por las conquistas territoriales, así, en sólo veinte años —entre
1895 y 1915—, Japón se hizo de colonias a las que internacionalmente se
les dio reconocimiento de legitimidad: Taiwan en 1895; en 1905 Karafu-
to y Kantooshuu —respectivamente la porción sur de la isla de Sajalin, y
el Territorio Arrendado de Kwantung en la Península de Liautung junto
con el ferrocarril de Manchuria con su adyacente derecho de vía—; Ko-
rea en 1910; y Nan’Yoo —las islas de Micronesia tomadas a Alemania en
1915— dada en mandato en 1919 por la Liga de las Naciones.

A. Constitución del imperio

Aunque celebrados bajo diferentes circunstancias, dos tratados inter-


nacionales, y otro suscrito por el rey de Corea y por el tennoo, respalda-
ban legalmente la transferencia de soberanía de las tres colonias en las
que Japón ejercía soberanía plena: Taiwan, Corea y Karafuto, que desde
el momento de su anexión quedaron sometidas a la Constitución, por lo
que sin anuencia de la Dieta Imperial sus respectivos gobiernos no po-
dían legislar.436 Asimismo por virtud de la anexión, los nativos de estos
436
I-te Chen, Edward, “The Atempt to Integrate the Empire: Legal Perspectives”, en
Myers, Roman y Peattie, Mark R., op. cit., pp. 241-245.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 237

territorios fueron considerados como nacionales japoneses independien-


temente de la aplicación de la Ley de Nacionalidad, lo que, excepto por
la posibilidad de emigrar libremente a Japón, significaba muy poco en
términos de igualdad y libertades civiles.
Los indígenas del territorio arrendado de Kantooshuu —en su mayor
parte chinos— y los de Nan’yoo, concedido en mandato por la Liga de
las Naciones —micronesios la mayoría—, fueron reputados extranjeros
mientras no llenaran los requisitos legales para su naturalización. Asi-
mismo estas colonias, en las que Japón ejercía sólo una soberanía limita-
da, no se consideraron bajo la Constitución japonesa, por lo que sus go-
bernadores podían legislar válidamente sin consentimiento de la Dieta.
Cuando en 1942, en el apogeo de la expansión territorial el Ministe-
rio de Asuntos Coloniales fue abolido, los asuntos de las tres colonias
bajo soberanía plena de Japón se reasignaron al Ministerio de Asuntos
Internos; y los de las dos restantes, junto con los de los de las otras áreas
ocupadas en China y el sudeste asiático, al recién creado Ministerio de
Asuntos de la Gran Asia.
A continuación se describe la forma en la que cada una de esas colo-
nias fue sumada al imperio.

a. Taiwán

En 1873 los conservadores habían impedido que los ultranacionalistas


declararan la guerra a Corea porque el país no estaba política ni econó-
micamente consolidado; y en 1885 la posibilidad de un enfrentamiento
con China había sido evitado con un tratado por el que ambos países re-
nunciaban temporalmente a sus reclamaciones de control exclusivo sobre
Corea.437 No obstante, China seguía sosteniendo jurisdicción en Corea en
materia de asuntos exteriores, mantenía un residente chino que la sometía
a las decisiones chinas, y prohibía la exportación de artículos vitales para
Japón, que no aceptaba la posición especial de China.
Fomentada por la religión tonghak438 —mezcla de taoísmo, confucia-
nismo, budismo, catolicismo, y chamanismo— en l894 estalló en las pro-
vincias meridionales coreanas una revuelta campesina provocada por el
437
Borton, Hugh, Japan’s Modern Century, Nueva York, The Ronald Press Company,
1970, pp. 232 y 235.
438
Fairbank, John K., Edwn O. Resichauer et al., East Asia, the Modern Transforma-
tion, Boston, Houghton Mifflin Company, 1965, pp. 382 y 463.
238 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

aumento en los impuestos y por los réditos usurarios, así como por el
trastorno que la importación de artículos de primera necesidad ocasiona-
ba en la autosuficiencia tradicional de las comunidades rurales. Incapaz
de controlar la insurrección, el gobierno solicitó la ayuda del ejército chi-
no, y Japón —cuyos intereses eran afectados tanto por la revuelta como
por la presencia china en Corea— también envió tropas,439 lo que originó
en territorio coreano un enfrentamiento entre ambas huestes del que Ja-
pón salió victorioso.
En el edicto del 2 de agosto de l894 en el que se declaró la guerra440
—aunque desde junio ya se combatía— manifestó el tennoo que Corea
había seguido el consejo del gobierno japonés de reformar su política
para consolidar su seguridad interna y mantener su integridad como país
independiente, para con este carácter —con ayuda de Japón— entrar en
contacto con otras naciones; pero China se había opuesto y pretendía
privar a Corea del derecho a gobernarse por sí misma, desconociendo la
posición de país autónomo que había logrado con el patrocinio japonés,
y de paso intentando perjudicar los derechos e intereses de Japón. Pese a
su fe en la coexistencia pacífica y a su falta de interés en buscar disputas
en el extranjero, dada la acción intransigente e instigadora de China que
amenazaba constantemente la paz en Asia, para difundir la gloria impe-
rial no le había quedado al soberano otra opción que declarar la guerra.
Fuerzas japonesas tomaron en julio el palacio real, y el rey firmó un
acuerdo expulsando del país a los contingentes chinos. En agosto Japón
declaró la guerra a China, y en noviembre estaba en posesión de toda Co-
rea y de la península de Liautung, la puerta a Sudmanchuria.
El triunfo del ejército japonés en la campaña contra China fue una sor-
presa para todas las naciones.441 Reconocida por dicho país la completa
independencia de Corea, por el tratado de Shimonoseki, Japón obtuvo
además una fuerte indemnización, la cesión de Taiwán junto con las Islas
Pescadores, así como la de la península de Liautung, la que poco después
tuvo que devolver por la presión de la Triple Intervención de Rusia, Ale-
mania, y Francia.
439
Vandermeerch, Leon y Mantran, Robert (coords.), Historia universal moderna y
contemporanea, Barcelona, Salvat Editores, vol. 13, p. 1587.
440
“Edicto de Declaración de Guerra al Imperio Ching”, incluido en Knauth, Lothar,
El Estado Meidyi y sus relaciones internacionales, en Takabatake, Michitoshi et al, op.
cit., pp. 240-242.
441
James, David H., The Rise and Fall of the Japanese Empire, Londres, George Allen
and Univid Ltd, 1925, p. 130
El IMPERIALISMO JAPONÉS 239

Para aminorar el rechazo de los taiwaneses, en el mismo documento se


incluyó una cláusula estableciendo que durante los dos años que siguie-
ran a la ratificación del tratado, quienes no quisieran vivir bajo el dominio
japonés podrían disponer de sus propiedades y emigrar a China;442 y que
los que después de ese lapso permanecieran en la isla serían considerados
como nacionales japoneses. En marzo de 1906, por decreto especial del
gobernador general, fundado en la Ley de Nacionalidad de 1899 —con
aplicación retroactiva al 8 de mayo de 1897—, se declaró la nacionalidad
japonesa de la población indígena de Taiwán.
A raíz de la anexión fueron consultados dos consejeros del Ministerio
de Justicia: Lubon, francés, y Kirkwood, inglés. El primero, de acuerdo
con el sistema establecido por Francia en Argel, recomendó la aplicación
inmediata de las secciones de la Constitución japonesa relativas a los de-
rechos y libertades del pueblo, así como la del derecho penal; y asimis-
mo la creación de un poder judicial bajo el control directo de la Suprema
Corte japonesa, con la idea de considerar a Taiwán en el futuro como
parte del Japón metropolitano. Pero aceptarlo como una prefectura más
implicaba la inmediata aplicación de la Constitución en Taiwán, y exten-
der a la población indígena las libertades civiles y los derechos políticos
garantizados por ella, concesión que no había voluntad de otorgar.
Kirkwood —guiándose por el régimen implantado por Inglaterra en
la India y Hong-kong— aconsejó que el gobierno colonial estuviera ju-
rídica, política, cultural y financieramente separado de Japón. La juris-
dicción de la Constitución japonesa debería confinarse a los territorios
japoneses existentes en el momento de su promulgación, con derecho
del gobierno central a extender la aplicación de partes de ella modifica-
das a través de una legislación especial, pues de no ser así los indígenas
podrían enviar representantes a la Dieta Imperial. Pero la idea de una
entidad separada del Japón metropolitano se oponía al principio de una
nación bajo el tennoo.
De junio de 1895 a abril de 1896 sesionó la Oficina de Asuntos
Taiwaneses para discutir las implicaciones jurídicas y políticas de ambas
propuestas. Para su presidente —el primer ministro Itoo Jirobumi—, y la
mayoría de sus miembros, la extensión de la Constitución y la aplicación
de las leyes japonesas eran medidas indispensables para asimilar a los
taiwaneses a la nación japonesa, pues su ideal era la integración política

442
I-te Chen, Edward, op. cit., pp. 245-253.
240 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

y cultural. El organismo mencionado fue disuelto sin haber llegado a un


acuerdo.
En marzo de 1896 se inició la controversia en la Dieta, cuando la Cá-
mara de Representantes recibió del gobernador general de Taiwán un
proyecto de ley —apoyado por Itoo, el primer ministro— en el que se
facultaba a dicho funcionario para emitir ordenanzas ejecutivas con idén-
tico efecto al de las leyes japonesas.
Conforme a la Constitución, cuando el tennoo hacía uso de su potestad
de decretar leyes, la única institución que podía dar su consentimiento
era la Dieta Imperial, por lo tanto éste era el único poder que podía legis-
lar; pero en dicho ordenamiento no estaba prevista su extensión a territo-
rios ajenos a la metrópoli, por lo que sin una ordenanza imperial que así
lo dispusiera, la Constitución no sería aplicable en Taiwán, que quedaría
fuera de la jurisdicción de la Dieta Imperial. Esta era la posición de las
autoridades de Taiwán, que hacían notar la conveniencia de que fueran
ellas las que decretaran las leyes aplicables en la colonia, porque sin tener
la Dieta conocimiento de las condiciones existentes en la isla, no podría
redactar los estatutos apropiados, y dada su lejanía, en caso de presentar-
se una crisis no podría hacerlo con la oportunidad necesaria.
Para gobernar con eficiencia a los indígenas —cuyas costumbres y tra-
diciones diferían de las japonesas, y de los que no podía esperarse lealtad
hacia Japón— los funcionarios en Taiwán necesitaban ejercer un amplio
poder legislativo. Pero que el gobierno colonial estableciera sus propias
leyes con independencia de la Dieta, además de impedir la integración
del Imperio era inconstitucional, porque implicaba reconocer que el te-
rritorio en cuestión quedaba fuera de la jurisdicción de la Constitución
Meidyi, y eso significaba que el tennoo no gobernaba en la isla, cuando
dicho ordenamiento establecía que el monarca, como cabeza del Impe-
rio, ejercía los derechos de soberanía de acuerdo con los preceptos de la
Constitución.
La Dieta Imperial redactó un proyecto de Ley Relativa a las Leyes y
Reglamentos Aplicables en Taiwán, en el que delegaba en el jefe ejecu-
tivo de la administración de Taiwán por un periodo de tres años su facul-
tad legislativa. Este sistema de legislación delegada satisfizo a la Dieta
—cuyo principal interés era la uniformidad de la legislación— y a la
administración taiwanesa, pues le concedió flexibilidad para la paulatina
introducción del sistema jurídico de Japón en la isla.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 241

Aceptada la fórmula de legislación delegada, el proyecto se convirtió


en ley el 30 de marzo de 1896. Su vigencia fue renovada cada tres años
hasta 1921, cuando la autoridad taiwanesa aceptó limitar el ejercicio de
su facultad delegada a los casos para los que no existiera una ley japonesa
aplicable, o habiéndola, las condiciones particulares de la isla la hicieran
inaplicable.
El régimen jurídico taiwanés engendró aún otro conflicto constitucio-
nal: los miembros liberales de la Dieta Imperial asumieron que si ésta
había delegado su poder legislativo en el gobernador general, la Consti-
tución se había extendido a la colonia, y por consiguiente el capítulo re-
lativo a los derechos políticos era aplicable a la población taiwanesa. La
controversia se exacerbó con la creación en 1921 de la Liga para el Esta-
blecimiento del Congreso Taiwanés, que durante quince años presionó a
la Dieta para que autorizara la existencia en la colonia de un congreso de
elección popular, que atemperara el poder de su gobernador general.
El gobierno de Taiwán se sostuvo en que nunca aceptaría la creación
de un cuerpo legislativo independiente del de Tokio; pero que en su mo-
mento —cuando los taiwaneses hubieran asimilado la cultura japonesa—
expediría una Ley Electoral que permitiera a los nativos enviar represen-
tantes a la Dieta Imperial.
El movimiento por el establecimiento de un congreso taiwanés no tuvo
éxito; pero puso de manifiesto el dilema constitucional que planteaba
a Japón la administración colonial: cómo extender la aplicación de la
Constitución, y al mismo tiempo preservar un sistema legal separado.

b. Kantooshu

Por el Tratado de Shimonoseki al final de la guerra con China 1894-


1895, Japón había obtenido de ese país la soberanía sobre la península de
Liautung; pero como ya se dijo fue obligado a devolvérsela como resul-
tado de la intervención de Francia, Inglaterra y Rusia.443 Capitular ante la
presión europea estimuló el ultranacionalismo, el surgimiento del japo-
nismo, y la convicción de que el lugar del Japón en el mundo estaría en
relación con su fuerza militar —sentimientos que se exacerbaron cuando
en 1898 Rusia obtuvo dicha península en arrendamiento por veinticinco
años, lo que Japón entendió como una amenaza para su seguridad, y un
443
Story, Richard, op. cit., pp. 245-253.
242 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

paso hacia la dominación de Asia por los poderes europeos y Estados


Unidos—.444
No le faltaba razón: desde 1895 y hasta 1904, Inglaterra, Francia,
Alemania, y Rusia habían creado sus esferas de influencia en China,
tanto para patrocinar sus intereses comerciales en Asia y en el Pacífico,
como para equilibrar su fuerza en Europa y asegurar sus imperios. Por su
parte Estados Unidos se había anexado Hawai en 1898, y como resultado
de la guerra con España había adquirido Filipinas en 1899; asimismo con
el objeto de preservar y aumentar sus intereses comerciales en China,
y ante el temor de que las mencionadas potencias lo excluyeran del co-
mercio en sus áreas de influencia, había convertido su política de puertas
abiertas en punto clave de su política externa. Y mucho antes España,
Portugal, Holanda, e Inglaterra se habían hecho de territorios en todo el
mundo gracias a sus conquistas militares.
Pero las adquisiciones de territorios que eran realizadas por Japón me-
diante conquista, eran impugnadas por esas mismas potencias que lo des-
pojaban de ellos sin más razón aparente que la de la fuerza, privándolo
de regiones que consideraba vitales para su propia seguridad. No fue de
extrañar que los japoneses consideraran que la cooperación entre las na-
ciones era una farsa, y que el único derecho respetado era el respaldado
por la superioridad militar, imprescindible para la supervivencia, por lo
que para 1903 el ejército japonés casi había doblado sus efectivos y la
marina había triplicado su tonelaje.
Sustituyendo a China como contendiente por el control sobre Corea,
Rusia avanzaba hacia ella desde Manchuria. Japón le propuso recono-
cer su primacía en esta región, si le dejaba manos libres en aquel país, y
cuando Rusia rechazó su oferta Japón rompió hostilidades. En la noche
del 8 al 9 de febrero de 1904, las fuerzas japonesas torpedearon la flota
rusa; tres meses después las tropas rusas habían sido expulsadas de Co-
rea y desalojadas del sur de Manchuria, y los japonesses habían ocupado
Liautung y tomado los puertos estratégicos de Darién y Puerto Arturo
—la mejor base naval, y el mejor fondeadero libre de hielos en el noreste
de Asia respectivamente—.445
El 5 de septiembre de 1905 —con el consentimiento de China dado
en diciembre de ese año— Japón obtuvo por el Tratado de Portsmouth el
444
Borton, Hugh, op. cit., pp. 240, 243, 251, 256, 257 y 273.
445
Peattie, Mark R., op. cit., p. 17.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 243

reconocimiento de sus intereses capitales sobre Corea,446 la transferencia


del arrendamiento de Liautung, así como el derecho de controlar el Ferro-
carril de Sudmanchuria construido por los rusos, y las tierras adyacentes a
ambas vías —territorio rebautizado como Kantooshuu—. Posteriormen-
te, como parte de las Veintiún Demandas, en 1915 forzó a China a exten-
der el arrendamiento a noventa y nueve años, conservando este país la
soberanía residual hasta la terminación del arrendamiento.447 El gobierno
japonés nunca tuvo intención de integrar a la metrópoli este territorio.
En la declaración de guerra hecha el 22 de octubre de l904 —aunque
se combatía desde el 6 de febrero—,448 manifestó el tennoo la gran im-
portancia que para Japón tenía proteger Corea, no sólo por la larga rela-
ción entre los dos países, sino porque la vida o la muerte de dicha nación
estaba estrechamente vinculada con la invulnerabilidad o el peligro del
imperio; de convertirse Manchuria en territorio ruso, no podría mante-
nerse la indemnidad de Corea, ni podría esperarse que hubiera paz en el
oriente. Con la seguridad de Corea en riesgo, y los intereses del imperio
expuestos a ser dañados, no quedaba más recurso que apelar al ejército
para salvaguardar la gloria del imperio.

c. Karafuto

Durante la misma campaña militar a la que se ha hecho referencia, fue


tomada también la isla de Sajalin, sobre la que Japón demandaba la sobe-
ranía total que Rusia se negaba a ceder. Por mediación de Roosevelt las
partes llegaron a un acuerdo conforme al cual Japón retiró su demanda de
indemnización por el costo de la guerra, y Rusia le cedió en perpetuidad
la completa soberanía de la isla al sur del paralelo cincuenta, así como
derechos especiales de pesca en las aguas adyacentes, lo que se consignó
en el ya mencionado tratado de Portsmouth.449 Sin ninguna disputa cons-
titucional la Dieta decretó en 1907 la Ley Relativa a las Leyes y Regla-
mentos Aplicables en Karafuto, nombre que le dieron los japoneses a su
nueva adquisición.450
446
Fairbank, John K. et al., op. cit., p. 481.
447
I-te Chen, Edward, op. cit., p. 243.
448
Knauth, Lothar, “El Estado Meidyi y sus relaciones internacionales”, en Takaba-
take, Michitoshi et al., op. cit., pp. 248-250.
449
Borton, Hugh, op. cit., p. 277.
450
I-te Chen, Edward, op. cit., pp. 246, 248, 256, 269.
244 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

Excepto por poco más de mil ainus, la población de esa región era de
colonos japoneses, por lo que se estipuló que las leyes de Japón se ex-
tenderían a él por ordenanza imperial, y que de ser necesarios cambios
para adaptarlas a las condiciones locales, las modificaciones se harían
recurriendo al mismo instrumento; abolida esta ley en l943, la colonia
fue declarada parte del Japón metropolitano. Karafuto fue el territorio
de ultramar que más cerca estuvo de alcanzar la meta de la integración
total, y es posible que atendiendo a que el noventa y tres por ciento de la
población era japonesa, la Ley Electoral le hubiera sido extendida algo
después.

d. Corea

En 1873 Saigo Takamori —miembro del triunvirato que dirigió la Re-


novación Meidyi— hizo notar la imposibilidad de hacer frente a Europa y
Estados Unidos sin tener a Corea y a China de parte de Japón. Temiendo
sobre todo a Rusia, aconsejaba que Corea fuera asegurada sin dilación,
por la fuerza, si era preciso;451 pero en ese momento triunfó la política de
paz y reforma interna de Ookubo. Así que el interés estratégico de Japón
había estado siempre en el continente, específicamente en Corea, que si
era peligrosa como satélite de China, sería funesta en manos rusas.452
A resultas de la victoria sobre China en 1895, Japón logró que el go-
bierno coreano adoptara medidas tendientes a modernizarse, y aumentó
sus intereses económicos en la península con la construcción del ferroca-
rril; pero implicado el Ministro Japonés en Seúl en el golpe de estado de
octubre de l895, Japón perdió influencia y prestigio en Corea y ante las
potencias extranjeras.
En febrero de 1896 el príncipe heredero, junto con el rey, se refugiaron
en la embajada rusa,453 y el monarca anuló las reformas impuestas por
Japón, estableciendo un nuevo gabinete antijaponés. Aprovechando las
circunstancias, Rusia presionaba para que el gobierno coreano se plegara
a la voluntad del Zar, especialmente en materia financiera. Aunado a esto,
y como la obtención de concesiones en China era parte de la lucha entre
las potencias europeas para equilibrar su fuerza, a principios de 1898
451
Bary, Wm. Theodore de, op. cit., p. 147.
452
Peattie, Mark. R., op. cit., pp. 15-17.
453
Borton, Hugh, op. cit., pp. 249, 250, 254, 277 y 280-284.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 245

Rusia había obtenido en arrendamiento la Península de Liautung, Puerto


Arturo y Darién, así como el derecho de construir el ferrocarril de Muk-
den para comunicar dichos puertos.
Para evitar un enfrentamiento con Japón por esta acción, Rusia se
mostró dispuesta a revisar su posición en Corea. En abril de 1898 ambos
países acordaron no intervenir directamente en sus asuntos internos, en
enviar únicamente los instructores militares y asesores financieros que
Corea solicitara y ambos países aprobaran, y Rusia reconoció los intere-
ses económicos y comerciales de Japón en Corea. Posteriormente, en el
multicitado Tratado de Portsmouth, reconoció la independencia de Corea
y los preeminentes intereses de Japón en ella en materia política, mili-
tar, y económica.
Con base en esto, y contra la voluntad de Corea —fue necesario sitiar
el palacio real para obtener el acuerdo— el 17 de noviembre de 1904
Japón obtuvo la extensión de las prerrogativas obtenidas en los conve-
nios de febrero y agosto de ese año, a fin de establecer un protectorado
modificado que incluía el derecho de nombrar consejeros financieros y
diplomáticos; así como el de nombrar un residente general con autoridad
para dirigir los asuntos diplomáticos, con derecho a audiencia directa y
privada con el monarca.
Aunque el poder del residente general se limitaba a proporcionar con-
sejo, Itoo Jirobumi, con tal carácter y contra la voluntad del rey, además
de establecer reformas para modernizar la agricultura, las comunicacio-
nes, y la industria, inició una serie de reformas para reorganizar las Cor-
tes y el sistema de policía, que habrían de liquidar las instituciones polí-
ticas indígenas.
Cuando en 1907 llegó el ministro japonés para celebrar un nuevo tra-
tado, el soberano de Corea prefirió abdicar a comprometer la indepen-
dencia de su país; pero su hijo, el nuevo Monarca, aceptó el 25 de julio el
establecimiento de un protectorado que dejaba al país en manos del resi-
dente general: funcionarios japoneses fueron adscritos a los departamen-
tos de los Poderes Ejecutivo y Judicial tanto centrales como provinciales;
y para explotar los recursos naturales y expandir la industria japonesa se
constituyó la Compañía de Colonización Oriental. Pero en todos lo nive-
les la acción de los japoneses era obstaculizada.
En junio de 1909 Itoo renunció como residente general y volvió a su
puesto de presidente del Consejo Privado. En octubre, cuando salía de
una reunión con el ministro ruso de finanzas que se celebraba en Man-
246 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

churia, fue asesinado por un coreano, lo que dio pretexto para la anexión
de Corea. En marzo de 1910 el Gabinete nombró residente general al
general Terauchi Masatake, y a mediados de junio —sin conocimiento de
la Dieta— envió tropas para mantener la ley y el orden; asimismo creó,
directamente bajo la autoridad del primer ministro, la Oficina de Asuntos
Coloniales para tratar los asuntos relacionados con Corea.
En julio, con el país de hecho bajo ley marcial, llegó Terauchi, y el 22
de agosto de 1910, una vez sancionada por el tennoo, aceptó la completa
y permanente cesión de todos los derechos y de la soberanía sobre toda
Corea. Treinta y siete años antes, en 1873, se había planteado ya la ocu-
pación de este país; y para impedir que cayera en manos de China y de
Rusia, se habían librado dos guerras, una entre 1894 y 1895, y otra entre
1904 y 1905. No estando en sesión la Dieta, el Gobierno invocó la prerro-
gativa constitucional del tennoo454 para promulgar en forma de ordenanza
imperial de emergencia la Ley sobre las Leyes y Reglamentos Aplicables
en Corea, cuyo contenido era similar al de las ya mencionadas leyes de
Taiwán y Karafuto.
Sólo esta incorporación de territorio dio lugar a un rescripto del ten-
noo dado el carácter inusitado de la misma y la importancia política y
militar que para Japón tenía Corea, cuya proximidad geográfica la hacía
tanto un puente del poderío japonés hacia el continente, como el paso de
cualquier fuerza desde éste hacia el Japón. En dicho documento se decla-
ró que la colonia sería regida en nombre del tennoo por un gobernador
general, lo que dio a éste enorme prestigio y poder suficiente para hacer
prevalecer sus puntos de vista en el gobierno japonés, situación que en-
torpecía la fiscalización que en principio debían mantener sobre él las
autoridades civiles.
En el siguiente periodo de sesiones la ordenanza imperial fue presen-
tada ante la Dieta, que dio su consentimiento a ella sin ninguna dispu-
ta constitucional. Convencidas por la experiencia en Taiwán de que el
gobernador general requería de amplios poderes legislativos, las auto-
ridades metropolitanas no establecieron en esta ley ninguna cláusula en
cuanto a plazo de vigencia, y al omitir la condición de que el gobernador
general solicitara periódicamente la extensión de su poder para legislar,
evitaron dar pábulo a una controversia constitucional.
En cuanto al estatus legal de la población indígena la situación de los
coreanos fue dejada en la ambigüedad, porque de hecho la Ley de Nacio-
454
I-te Chen, Edward, op. cit., pp. 245-252.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 247

nalidad, una ley japonesa, nunca fue aplicada en Corea, sino que para ob-
viar los trámites que entrañaba su modificación, la materia fue regulada
por la Ley de Registro Censal, una ordenanza expedida por el gobernador
general.

e. Nan’yoo

El 7 de agosto de 1914, conforme al Tratado de Alianza Anglo-Japo-


nesa, Inglaterra solicitó ayuda para eliminar el poderío alemán en aguas
chinas, lo que dió pie a una agresiva política externa por parte de Ja-
pón.455 El 15 del mismo mes envió a Alemania un ultimátum exigiendo
el desarme y el retiro de sus hombres, así como la entrega del territorio
arrendado de Kiauchow en Shantung, para su eventual reintegración a
China. Al no recibir respuesta, el día 23 le declaró la guerra. En septiem-
bre dio inicio la operación para desalojar a Alemania de la península de
Shantung, y el 7 de noviembre capituló la guarnición.
Las posesiones germanas en el Pacífico: las islas Marianas, las Caro-
linas y las Marshall en la Micronesia, cayeron prácticamente sin oponer
resistencia a principios de 1915. A diferencia del continente esta región
no había sido un área de interés tradicional para Japón; pero con el surgi-
miento del poderío naval de Estados Unidos en la zona, contar con bases
en ella había adquirido un valor estratégico.456
Todavía estaba en desarrollo la campaña para recuperar Kiauchow de
los alemanes —supuestamente para reintegrarlo a China— cuando se ha-
bía decidido ya someterla al control japonés, que habría de extenderse
a los ferrocarriles de la provincia de Shantung. Asimismo Japón estaba
resuelto a obtener la ampliación de los arrendamientos de Liautung y
Manchuria, y también a adquirir derechos sobre Mongolia. El secretario
de Estado de Estados Unidos envió una nota advirtiendo que su país no
reconocería ningún acuerdo que atentara contra la integridad política y
territorial de la República China, los derechos de los ciudadanos estado-
unidenses en ella, o la política de puertas abiertas.457
Con las restantes potencias Japón celebró acuerdos secretos conforme
a los cuales se le reconocerían sus conquistas, a cambio de obtener que
455
Borton, Hugh, op. cit., 289 y 290.
456
Peattie, Mark R., op. cit., p. 18.
457
Borton, Hugh, op. cit., pp. 290, 294, 322, 323, 333, 335 y 344.
248 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

China rompiera relaciones diplomáticas con Alemania —lo cual hizo el


14 de agosto de 1917—, proporcionara apoyo naval y logístico a sus
convoyes, y en el caso de Inglaterra, que además reconociera a ésta su
reclamación sobre las islas de Micronesia al sur del Ecuador.
Confiado en que por esos acuerdos y su contribución a la victoria alia-
da esta vez sí le serían reconocidas sus conquistas, Japón estaba tranquilo
cuando el 12 de enero de 1919 se abrió la Conferencia de Paz en París.
En el curso de ella China alegó que todos sus pactos con Japón habían
sido firmados bajo coacción, y que al entrar en guerra contra Alemania
había abrogado todos los tratados con ella, y por tanto eran inexistentes
los derechos sobre Shantung que Japón reclamaba, por lo que exigía que
saliera de su territorio.
Para lograr la creación de la Liga de las Naciones, Wilson, —presi-
dente de Estados Unidos—, se plegó a la posición de las potencias eu-
ropeas que daban validez a los acuerdos firmados con Japón, por lo que
conforme al tratado de Versalles Japón retuvo los privilegios económicos
concedidos a Alemania, obtuvo el derecho a establecer un asentamiento
en Tsingtao, y asimismo que fuera la policía especial japonesa la que
garantizara la seguridad del tráfico del ferrocarril de Shangtung; y a su
vez se comprometió a que una vez reconocidos estos derechos por Chi-
na regresaría Shantung a su completa soberanía. Dado que China, no
reconoció este acuerdo, el problema siguió latente. En marzo de 1920 el
Senado de Estados Unidos rechazó el Tratado de Versalles por el daño
hecho a China.
De noviembre de 1921 a febrero de 1922, se reunieron en Washington
los representantes de los nueve Estados con posesiones en el Pacífico
para discutir el desarme naval, la política de puertas abiertas, la posición
de Japón en Shantung, la integridad territorial de China, la renovación de
la alianza anglo-japonesa, y el estatus de las posesiones que habían sido
de Alemania.
Las conclusiones de esta conferencia fueron no reanudar el convenio
anglojaponés; establecer la proporción de navíos a razón de tres japone-
ses por cada cinco de Estados Unidos e Inglaterra; redefinir el concepto
de puertas abiertas en China como el respeto a su integridad territorial,
así como a la abstención de obstaculizarla en el desarrollo de un gobierno
estable; y renunciar a interferir en las oportunidades económicas de los
países interesados.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 249

Respecto a Shantung, presionados por Estados Unidos e Inglaterra, los


países interesados firmaron el 4 de febrero de 1922 un acuerdo mediante
el cual se comprometieron China a reconocerle a Japón los antiguos dere-
chos alemanes en el territorio, y Japón a devolvérselo en total soberanía,
a retirar de él sus tropas, y a concederle un préstamo para la compra del
ferrocarril Tsinan-Tsing-tao.
Por lo que hace a la situación de Japón respecto de las islas que habían
sido posesión de Alemania en el Pacífico, conforme al Tratado de Versa-
lles la soberanía de todos los territorios alemanes en la zona había sido
transferida a la Liga de las Naciones, la que a su vez concedió a Japón las
casi mil cuatrocientas islas de Micronesia situadas al norte del Ecuador
como un mandato clase C, lo que le permitía considerarlas como una par-
te de su imperio y someterlas a sus leyes.458
Debía sin embargo respetar las restricciones impuestas por una reso-
lución aprobada por el Consejo de Seguridad de la Liga de las Naciones
en 1920, que incluían la obligación de no fortificar las islas, promover el
bienestar material y moral de la población indígena, garantizar la libertad
de culto, rendir un reporte anual al Consejo de Seguridad, y someter a la
Corte Internacional de Justicia la solución de las disputas relacionadas
con la interpretación de las normas establecidas en dicho convenio.
Cuando en 1933 Japón se retiró de la Liga de las Naciones, arguyendo
que el mandato le había sido concedido no por ser miembro de ella, sino
por haber sido uno de los principales miembros de los Poderes Aliados a
quienes Alemania había rendido todas sus colonias, lo retuvo sin que la
Liga tomara ninguna medida para darlo por terminado.
Dado que desde 1935 en Nan’Yoo —como fue denominado el nuevo
territorio— había una población japonesa más numerosa que la indíge-
na, y que su gobernador ejercía casi el mismo poder que el gobernador
de cualquier prefectura de Japón, tenía grandes posibilidades de integra-
ción.459 El mayor obstáculo aquí no era la falta de asimilación cultural,
sino que a pesar de que como poder mandatario de la Liga de las Naciones
estaba autorizado a considerar sus territorios en Micronesia como parte
del imperio sujeta a las leyes japonesas, por no ejercer allí plena sobera-
nía el gobierno japonés —para evadir el principio constitucional de que
la Dieta emitiera toda las leyes coloniales—, había decidido no aplicar las
leyes japonesas, y regir la colonia con base en ordenanzas imperiales.
458
I-te Chen, Edward, op. cit., pp. 243 y 244.
459
Ibidem, p. 270.
250 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

B. Integración legal

Después de la invasión a China, la obsesión por un imperio controlado


desde la metrópoli pasó a ser un requisito para la sobrevivencia del país.
Durante el medio siglo que poseyó un imperio, Japón intentó integrar su
régimen legal con el fin de crear un gobierno unificado regido desde la
capital, conforme a la estructura establecida en la Constitución Meidyi.
Las leyes coloniales se consideraron siempre como transitorias, rempla-
zables en su momento por leyes japonesas hasta que el sistema legal ja-
ponés fuera el único que existiera.460
Pero nunca hubo la intención de extender las secciones de la Constitu-
ción relacionadas con los derechos políticos del pueblo a los naturales de
las colonias, ni de aplicar en ninguna de ellas —excepto quizás en Kara-
futo— la Ley Electoral que les hubiera permitido enviar representantes
a la Dieta, la más evidente manifestación de integración legal. La razón
aducida fue que dada la imposibilidad de asimilar culturalmente a los
oriundos de las colonias, de habérseles permitido enviar representantes
a la Dieta, éstos, incapaces de identificarse con los intereses de Japón,
hubieran afectado adversamente el proceso legislativo; por otra parte,
de habérseles concedido las libertades de expresión y reunión, hubieran
dado lugar al nacimiento y auge de aspiraciones nacionalistas contrarias
a las ambiciones japonesas.

a. Leyes japonesas y leyes coloniales

Las leyes y reglamentos aplicables en los territorios coloniales se cla-


sificaban en dos categorías: disposiciones promulgadas en la metrópoli
—leyes emanadas de la Dieta Imperial, ordenanzas imperiales, decretos
del primer ministro, y decretos de los distintos ministerios—, y dispo-
siciones establecidas en las colonias —ordenanzas de los gobernadores
coloniales, y órdenes ejecutivas de los gobernadores de distritos y sub-
distritos—.461 Mientras más normas de las mencionadas en primer lugar
fueran aplicadas, mayor era el grado de integración legal de esa colonia.
El gobierno japonés no adoptó ninguna norma respecto a qué materias
serían regidas por cada una de esas disposiciones, el mismo asunto que
460
Ibidem, 268-274.
461
Ibidem, p. 254.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 251

en una colonia se sujetaba a una ley japonesa, en otra podía serlo a una
ordenanza del gobernador; éstas podían constituir el mayor volumen de
la legislación en una colonia, y en otra serlo las ordenanzas imperiales.

Disposiciones promulgadas en la metrópoli

A esta categoría pertenecían las leyes redactadas por la Dieta Imperial,


las ordenanzas imperiales, y los decretos del Gabinete.
Leyes decretadas por la Dietaari. Salvo excepciones las leyes emana-
das de la Dieta no eran aplicadas en las colonias.462 Ocurría así cuando
era intención expresa del legislador que una ley específica se aplicara en
todo el imperio, como fue el caso de la Ley de Seguridad Nacional de
1941; cuando se decretaban para ser específicamente aplicadas en una o
varias de las colonias en particular, como sucedió con las leyes que regu-
laban las instituciones financieras o comerciales situadas fuera de la me-
trópoli; o cuando —generalmente a solicitud del gobernador general— la
aplicación de una ley japonesa se extendía a un territorio en particular.
Expandir la aplicación de las leyes decretadas por la Dieta, hacía nece-
sario adaptarlas a los diferentes sistemas legales vigentes en cada una de
las colonias, lo que implicaba que previamente debían ser modificadas.
Las complicaciones para hacerlo coadyudaban a limitar el número de
leyes que podían ser extendidas, y concomitantemente el grado de inte-
gración legal de las colonias: había mayor cantidad de ellas en Karafuto,
y menos en Corea.
La Ley Respecto a las Leyes y Reglamentos Aplicables en Karafuto
—un asentamiento en el que el noventa por ciento de la población era
japonesa— indicaba que la ampliación de la vigencia de las leyes decre-
tadas por la Dieta podía hacerse mediante ordenanzas imperiales, proce-
dimiento eliminado cuando en 1943 dicho territorio pasó a ser parte inte-
grante del Japón metropolitano, y una nueva ley estableció la aplicación
automática en Karafuto de todas las leyes emanadas de la Dieta.
Sin un precepto semejante, cada vez que los gobernadores de Corea y
Taiwán querían que la vigencia de una ley japonesa se extendiera, tenían
que solicitar a la Dieta una ley que incluyera las modificaciones necesa-
rias para su aplicación en sus respectivos territorios, y el procedimiento

462
Ibidem, pp. 255-257, 248 y 262.
252 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

era lo suficientemente complicado como para hacerlos preferir ejercer


sus facultades delegadas.
En 1921, la Ley Relativa a las Leyes y Reglamentos Aplicables en
Taiwán, fue reformada no sólo para autorizar la modificación por orde-
nanza imperial de las leyes decretadas por la Dieta, sino que se estipu-
ló que el gobernador general debía aplicar tantas leyes japonesas como
fuera posible, y recurrir a sus propias ordenanzas sólo cuando no hubiera
ley japonesa aplicable, o cuando las circunstancias no garantizaran su
cumplimiento. En acatamiento a esta disposición, a partir de 1923 un
gran número de leyes japonesas —incluyendo el código civil y la ley co-
mercial— fueron extendidas a Taiwán.
Mientras Karafuto y Taiwán avanzaban hacia la integración, más aquél
que éste, el sistema legal de Corea, incluyendo la Ley Relativa a las Le-
yes y Reglamentos Aplicables en Corea, permaneció invariable, en parte
por el repudio de sus gobernadores generales a cualquier intento del go-
bierno central de controlar los asuntos de la península, y por su resisten-
cia a someterse a quien no fuera el tennoo o el primer ministro; y en parte
por la renuencia del gobierno japonés a obligar al prepotente gobernador
de Corea a aceptar el mismo trato que los otros gobernadores.
Porque en Kantooshuu y en Nan’yoo Japón no ejerció plena soberanía,
la Dieta nunca decretó una ley exclusiva para ellos, y nunca les fue exten-
dida la aplicación de una ley japonesa.
Ordenanzas imperiales. De estas disposiciones se distinguieron tres
categorías: las ordenanzas de emergencia decretadas cuando la Dieta Im-
perial no sesionaba, las ordenanzas expedidas con el fin de ampliar la
vigencia de las leyes japonesas a las colonias, y las ordenanzas basadas
en la prerrogativa constitucional irrestricta del tennoo.463
Para que permanecieran vigentes las ordenanzas de emergencia —a
éstas correspondió la ordenanza imperial que se convirtió en la Ley Re-
lativa a las Leyes y Reglamentos Aplicables en Corea— tenían que ser
aprobadas por la Dieta en la sesión inmediata posterior a su emisión.
Como en Taiwán y Corea los gobernadores podían emitir sus propias le-
yes, dichas ordenanzas carecieron de importancia, ya que se emplearon
sólo para complementar las leyes emitidas por la Dieta, o como guías
para su aplicación.

463
Ibidem, p. 257.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 253

Pero en Kantoshuu y Nan’yoo, donde las leyes emanadas de la Dieta


no eran aplicables, y en donde las materias que normalmente eran regu-
ladas por leyes lo eran por ordenanzas imperiales, fueron muy impor-
tantes porque eximieron a los gobiernos de estas colonias del control
de la Dieta; y en Karafuto —cuyo gobernador no tenía facultad para
legislar— estas disposiciones fueron fundamento esencial de su estruc-
tura jurídica, pues regularon materias a las que las leyes japonesas no
eran aplicables por la disparidad entre las condiciones locales y las de
la metrópoli.
En los tres dominios en los que Japón ejerció plena soberanía —Co-
rea, Taiwán y Karafuto— se dieron en gran número las ordenanzas emi-
tidas para ampliar a ellos la vigencia de las leyes japonesas, empleadas
sólo para este fin no hicieron una aportación fundamental a los sistemas
legales propios de dichas colonias; pero en tanto establecieron las pau-
tas de organización de cada una de ellas, tuvieron gran importancia desde
el punto de vista administrativo.
De todas las ordenanzas, las que ejercieron más influencia en las colo-
nias fueron las emitidas con base en la prerrogativa constitucional irres-
tricta del Tennoo; se subdividían éstas según tuvieran como finalidad es-
tablecer las pautas de organización de cada colonia, o fueran emitidas
para el mantenimiento de la paz, el orden público, y el bienestar de los
súbditos del soberano japonés.
Decretos del Gabinete. Los decretos del Gabinete —incluyendo los de
los ministerios y los del primer ministro— tenían como objetivo comuni-
car las instrucciones para la ejecución de las leyes japonesas, por lo que
cuando los ordenamientos a los que se referían se extendían a las colo-
nias, los respectivos decretos de gabinete también lo hacían.464 Lo mismo
que las ordenanzas imperiales eran órdenes ejecutivas del gobierno de la
metrópoli; pero a diferencia de aquéllas cuya aplicación en las colonias
fue muy usual, excepto en Karafuto la de los decretos del gabinete no lo
fue. Por la escasa amplitud del ámbito de poder dado al gobernador de
esta colonia, fueron aplicados allí más que en ninguna otra jurisdicción
los decretos del Ministerio de Asuntos Coloniales; y por estar integrada
la judicatura local a la japonesa, lo fueron todos los decretos del Ministe-
rio de Justicia.

464
Ibidem, p. 258.
254 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

b. Disposiciones decretadas en las colonias

Los reglamentos orgánicos de los respectivos gobiernos coloniales fa-


cultaban a los cinco gobernadores para emitir ordenanzas ejecutivas y
para penalizar a quienes las infringieran.465
Sin contravenir ninguna ley japonesa u ordenanza imperial ya en vigor,
los gobernadores de Taiwan y Corea podían además decretar ordenanzas
derivadas de la legislación especial de la Dieta Imperial —como la cons-
tituida por las leyes relativas a las leyes y reglamentos aplicables en su
colonia— que producían el mismo efecto que las leyes de Japón; pero
excepto en situaciones de emergencia, previamente debían conseguir a
través del primer ministro o del ministro apropiado la sanción imperial, y
en aquél caso obtenerla con posterioridad para mantenerlas en vigor.
Antes de solicitar esa anuencia, el gobernador de Taiwán debía some-
ter el proyecto de ordenanza a la aprobación de un consejo presidido por
él mismo, que no era más que un corro de subalternos integrado por los
jefes de oficinas y departamentos, así como por otros funcionarios de alto
rango. Esta inútil formalidad dejó de ser respetada en unos cuantos años,
y fue abolida por la reforma de 1906.
Para aconsejar al gobernador general respecto a las tradiciones y cos-
tumbres nativas, existía en Corea una institución similar integrada por
ex-oficiales de alto rango que hubieran estado en funciones con anterio-
ridad a la anexión; pero su consentimiento no era necesario para la expe-
dición de las ordenanzas que regulaban las cortes judiciales, los sistemas
autónomos locales —consejos municipales y prefecturales—, los mono-
polios gubernamentales, y la imposición. Tampoco se requería la venia
del citado consejo para emitir ordenanzas respecto a áreas fundamentales
de la vida diaria, pues las leyes civiles y penales, así como las mercan-
tiles, las marítimas, la de la propiedad inmueble y la del registro censal,
eran todas ordenanzas del gobernador.
Como ya se dijo, conforme a las modificaciones de 1921 a la Ley
relativa a las Leyes y Reglamentos Aplicables en Taiwán, su goberna-
dor debía recurrir a sus propias ordenanzas sólo cuando no hubiera ley
japonesa aplicable, o cuando las condiciones locales no garantizaran su
cumplimiento; pero durante los primeros años del régimen colonial le
hubiera sido imposible a dicha autoridad restaurar y mantener la paz y el

465
Ibidem, pp. 259-261.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 255

orden sin ordenanzas gubernamentales, especialmente la que ordenó la


creación en las áreas en las que existían focos de insurrección, de cortes
judiciales ad hoc facultadas para sentenciar a los sublevados a pena de
muerte; la que estableció ésta para quienes formaran asociaciones delic-
tuosas para cometer asesinatos o destruir propiedades públicas; y sobre
todo la que con base en la responsabilidad colectiva, permitió castigar al
grupo al que pertenecía un delincuente no delatado por dicha colectivi-
dad. En esa época, que coincidió con la democracia Taishoo, ninguna de
estas ordenanzas hubiera sido aprobada por la Dieta Imperial.

c. Gobierno central y gobierno colonial

Un indicio evidente del nivel de integración legal, lo constituía el gra-


do de subordinación del gobierno colonial a la autoridad del gobierno
central;466 y la facultad de fiscalización de éste estaba a su vez limitada
por el ámbito del poder concedido al gobernador colonial.
Los gobernadores de Taiwán, Kantooshuu y Corea eran designados
tras consultas con el Genroo in y la armada, y nombrados por el tennoo
conforme a la recomendación del primer ministro. Tenían que ser oficia-
les del más alto rango, y como también cumplían funciones de coman-
dantes en jefe de las respectivas guarniciones debían ser militares en ac-
tivo. El de Corea debía tener grado de general o almirante, el de Taiwán
de teniente general o vice-almirante, y el de Kantooshuu de general o
teniente general. Éste además tenía que proteger y supervisar a la Com-
pañía del Ferrocarril de Manchuria y a la zona del ferrocarril.
El de mayor estatus era el gobernador general de Corea. Antes de 1919
la única persona con poder para controlarlo era el tennoo, porque con-
forme al rescripto imperial de anexión estaba bajo su supervisión directa,
aunque debía dirigirse a él a través de la oficina del primer ministro. El
gobernador de Taiwán debía aceptar la fiscalización del primer ministro,
y lo mismo que el de Kantooshuu, en materia de defensa y movilización
tenía que someterse a la intervención de los ministros de guerra y marina,
y a la de los dos jefes del estado mayor.
Los gobernadores de Karafuto y Nan’yoo debían ser oficiales del rango
que seguía en importancia al de los anteriores, y no tenían que pertenecer
a la milicia —aunque el comandante de la guarnición de Karafuto podía
466
Ibidem, pp. 262-266.
256 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

ser nombrado gobernador—. El gobernador de Karafuto estaba obligado


a someterse a la supervisión y dirección del ministro de gobernación en
relación con la administración de la colonia, y asimismo a acatar las ór-
denes de los ministros de comunicaciones y de finanzas en lo que atañía
a sus respectivos campos. Por lo que tocaba a los asuntos judiciales, éstos
eran controlados directamente por el ministro de justicia.
Después de varios años de régimen militar, en 1922 fue establecida en
Nan’Yoo la administración civil. El gobernador estaba bajo la supervi-
sión del primer ministro, y en las materias que les atañían debía acatar las
órdenes de los ministros de comunicaciones, finanzas, y comercio. De ser
necesario podía solicitar el auxilio del comandante de la fuerza naval.
En 1919, ocupando Jara Takashi —ferviente campeón de la integra-
ción del imperio— el cargo de primer ministro, los reglamentos orgáni-
cos de Korea, Taiwán, y Kantooshuu, fueron modificados para permitir
la designación de civiles como gobernadores generales. En Taiwán hubo
gobernador civil desde ese año hasta 1930, cuando la guerra con China
hizo necesario de nuevo el régimen militar. En Corea el gobernador siem-
pre fue un militar aunque no usara uniforme, y a pesar de la eliminación
en 1919 de la cláusula que en la Ley sobre las Leyes y Reglamentos
Aplicables en Corea señalaba que estaba bajo la directa supervisión del
tennoo, su influencia en el Consejo Privado impidió que se estableciera
inequívocamente su subordinación al primer ministro.
Para dirigir el manejo de los cinco gobiernos generales se creo en 1929
el Ministerio de Asuntos Coloniales, y los reglamentos orgánicos de las
colonias fueron reformados para ajustarse a ese cambio. Pero el regla-
mento de Corea continuó sin modificaciones porque su gobernador, vali-
do de su influencia en el Consejo Privado, amenazó con renunciar si se le
forzaba a someterse a la supervisión de dicho ministerio, y ordenó a sus
subordinados ignorar cualquier despacho que de él proviniera.
En 1934, con motivo de la creación de Manchukúo, se hicieron cambios
en el Reglamento Orgánico de Kantooshuu. El poder de controlar el ferroca-
rril y su zona fueron transferidos al embajador en Mukden, y el gobernador
—cuyo rango se redujo al nivel de los de Karafuto y Nan’yoo— fue
convertido en mero jefe civil a cargo de la dirección de la península de
Kantoo, bajo la supervisión de aquél. Para conducir los asuntos de Man-
chukúo y Kantooshuu en el gobierno central se formó, a nivel subgabine-
te, la Oficina de Asuntos Manchurianos.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 257

En 1942 el Ministerio de Asuntos Coloniales y la Oficina de Asuntos


Manchurianos fueron suprimidos, y sus funciones redistribuidas entre el
recién creado Ministerio de Asuntos de la Gran Asia, y el Ministerio de
Gobernación; aquél se ocupó de la supervisión de los gobiernos de Kan-
toshuu y Nan’yoo, y éste tuvo a su cargo la fiscalización de las restantes
colonias, que en 1943 se redujeron a dos cuando Karafuto pasó a ser con-
siderado parte del Japón metropolitano.
El gobierno central emitió una ordenanza imperial mandando a los go-
bernadores de Corea y Taiwán someterse a la dirección y supervisión del
ministro de gobernación en la gestión total de sus respectivas administra-
ciones. Y en materias relacionadas con finanzas, educación, agricultura,
comercio e industria, y comunicaciones y transportes, sujetarse a la vigi-
lancia de los respectivos ministros. Esto remató los esfuerzos por lograr
—al menos en principio— la integración de las colonias.
De haberse observado esas reformas hubiera existido un imperio ver-
daderamente integrado, en el que desde Tokio se hubiera dirigido toda la
política colonial; pero en realidad no se acataron, sólo tuvieron el propó-
sito de exhibir en tiempo de guerra una unidad simbólica entre el gobier-
no central y los gobiernos coloniales. Ni los ministros aludidos hicieron
valer sus facultades en las colonias, ni en éstas se reformaron los sistemas
legales y administrativos para adaptarlos a los cambios introducidos en la
metrópoli. Por el contrario, la guerra —que contribuyó al aislamiento de
las colonias— reforzó las oportunidades de los gobernadores para ejercer
en forma autónoma sus prerrogativas, sin que el gobierno central hiciera
nada al respecto.

d. Poder Judicial

Al no ser aplicable la Constitución en Kantooshuu y Nan’yoo, los jue-


ces eran nombrados y depuestos al arbitrio de sus gobernadores, pues la
judicatura formaba parte de sus funciones ejecutivas. A raíz de la crea-
ción en 1934 del Estado de Manchukúo, dicha prerrogativa fue transferi-
da del gobernador de Kantooshuu al embajador en Manchukúo.467
También en Taiwán y Corea la judicatura formaba parte de las facul-
tades ejecutivas de sus gobernadores, a cuyo cargo estuvo la expedición
de los reglamentos orgánicos de los respectivos tribunales inspirados en
467
Ibidem, pp. 266-268.
258 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

el sistema japonés. En ambas se aseguró la independencia de los jueces


al establecer que sólo podían ser depuestos como consecuencia de una
condena por la comisión de un delito, o de una medida disciplinaria im-
puesta por una comisión de jueces que incluyera a sus pares, nombrada
por el gobernador.
Desde su anexión se siguió en Corea la regla de incluir en el servicio
público a tantos naturales como fuera posible, por lo que por decreto del
gobernador general fueron elegibles como jueces los coreanos que com-
probaran tener tres años de estudios de derecho en una universidad impe-
rial o en un colegio designado por dicha autoridad. No hubo un precepto
similar en Taiwan.
Desde que en 1907 fue promulgado su reglamento orgánico, Kara-
futo fue constituido en parte del Japón metropolitano, de modo que la
vigencia de la Ley Orgánica de las Cortes Japonesas abarcó su territo-
rio integrando su sistema judicial al central, por lo que en la corte local
eran aplicadas las leyes japonesas, excepto cuando los casos implicaban
sólo a indígenas, que estaban sujetos a las costumbres nativas o a reglas
especiales —ordenanzas imperiales, decretos del ministerio de Justicia,
u ordenanzas ejecutivas del gobernador—. Los jueces de Karafuto eran
nombrados por el ministro de Justicia, y estaban protegidos por la Cons-
titución contra su despido sin causa justificada.

C. Integración cultural

Tras la pantalla de un imperio unificado, los naturales de las colonias


—sobre todo en Taiwán y Corea— inquebrantablemente rechazaron ha-
cer suya la cultura japonesa.468 Por su parte los japoneses residentes se
oponían tenazmente a la asimilación tanto legal como cultural, porque
temían que de lograrse disminuirían sus ventajas políticas y económicas,
pues dejarían de monopolizar las altas posiciones administrativas en las
finanzas y en la industria, así como los altos cargos en los gobiernos co-
loniales. Por este motivo presionaban en los gobiernos locales para sabo-
tear las medidas tendientes a la integración decididas en la metrópoli.
Esto ocurrió cuando se establecieron consejos locales de elección
popular en Corea y Taiwán —en 1930 y 1935 respectivamente— teóri-
camente concediéndoles autonomía; pero por medio de ordenanzas los
468
Ibidem, pp. 272-274.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 259

gobernadores decretaron que sólo una porción de los consejos sería de


elección popular, y que ellos nombrarían a una parte de sus miembros;
condicionaron el sufragio al pago de una suma determinada de impuestos
—lo que eliminó a la mayoría de los potenciales electores nativos—; y
ordenaron que la votación se llevara a efecto en las localidades en las que
la concentración de japoneses residentes era más elevada.
Asimismo, cuando para abolir la educación elemental segregada y asi-
milarla a la de Japón, en dichas colonias se reformó la ordenanza sobre
educación —en 1938 en Corea, y en 1941 en Taiwán—, a instancias de
los japoneses residentes los gobernadores establecieron planes de estu-
dios diferentes para las escuelas donde se educaba a los niños de origen
japonés, y para aquéllas donde se enseñaba a los niños nativos.
Estas acciones de los residentes japoneses y de los gobiernos colonia-
les, reforzaban la actitud de los taiwaneses y coreanos contra la integra-
ción cultural, y su decisión de no someterse a ella, convencidos de que la
pantalla de un imperio unificado era sólo un instrumento para perpetuar
la subordinación colonial.

D. Índole defensiva del avance japonés

Aunque para extender el poder nacional y aumentar la riqueza en be-


neficio del pueblo, Japón tuviera que avanzar hacia otras partes del mun-
do, de acuerdo con El principio de defensa nacional del Imperio Japonés
—publicado en l907— la norma fundamental de la política nacional de-
bía ser preservar especialmente los intereses en Manchuria y Corea.469 Y
esa protección debía ser esencialmente ofensiva, porque de no ser posible
tomar la iniciativa en ultramar, no se podrían salvaguardar los derechos
nacionales. Sólo había que recordar al respecto que en las guerras contra
China en 1894-1895, y contra Rusia en 1904-1905, se había obtenido la
victoria por haber tomado la delantera.
Para planear y consolidar la protección del país, era necesario en pri-
mer lugar dilucidar quienes serían los enemigos. La debilidad de China
hacía difícil suponer que atacara al Japón —aunque ya entonces se sabía
que sería una vigorosa nación militarista cuando se decidiera a realizar
una reforma fundamental—. De acuerdo con el documento que se co-
469
Citado por Knauth, Lothar en “El Estado Meidyi y sus relaciones internacionales”,
Takabatake, Michitoshi et al., op. cit., pp. 253-257.
260 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

menta, en esa época Rusia estaba preparándose para atentar en cuanto


tuviera oportunidad contra los intereses japoneses en Manchuria y Corea,
por lo que podía ser el enemigo más inmediato.
Se recomendaba en él mantener la amistad con Estados Unidos; pero
se reconocía que observando las tendencias económicas, raciales, y reli-
giosas de esa nación, no había seguridad de que en el futuro no ocurriera
un enfrentamiento. Por estas razones el ejército debía estar constante-
mente equipado para tomar la ofensiva contra Rusia, y la marina presta
a anticipársele a Estados Unidos en el Asia Oriental. En l907 estaba vi-
gente una alianza anglojaponesa, por lo que los enemigos futuros que se
consideraban después de los ya mencionados eran Alemania —el Kaiser
Guillermo II se refería a Japón como el peligro amarillo—,470 y Francia.
Sin importar a quien arrollara, la ofensiva japonesa siempre se pre-
sentó como una reacción a la malicia de quienes trataban de humillar al
Japón, perjudicaban sus intereses, y amenazaban la paz en Asia. Oficial-
mente Japón actuó siempre en defensa propia y de la paz eterna, y para
preservar y perfeccionar la gloria del imperio.471

2. El imperio de facto

Lo conquistado no bastaba al gobierno japonés: el Imperio no era eco-


nómicamente autosuficiente, cada nueva adquisición requería resguardos
que la protegieran de una eventual agresión, y Japón tenía una misión
civilizadora que cumplir. La expansión continuó.

A. Esfera de coprosperidad de la gran Asia oriental

El anticomunista Nuevo Orden del Este de Asia, proclamado en no-


viembre de 1938 por el primer ministro Konoe —antes que el Nuevo Or-
den Europeo diseñado por Alemania e Italia—consideraba la coordinación
bajo el liderazgo japonés472 de todos los aspectos de la vida militar, política,
470
Storry, Richard, op. cit., p. 134.
471
Declaraciones de guerra contra el Imperio Ching (1894), Rusia (1904), y Estados
Unidos (1914), en Takabatake, Michitoshi et al., Política y pensamiento político en Japón
(1869-1925), y Política y pensamiento político en Japón (1826-1982), respectivamente.
472
Beasley, William, The Modern History of Japan, Weidenfeld and Nicholson, 1963,
pp. 258 y 259.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 261

económica, y cultural de la China dominada por los japoneses, Manchukúo


—desde 1932 protectorado japonés—, y Japón y sus colonias.473
De él evolucionó el plan para la creación de la Esfera de Coprospe-
ridad de la gran Asia,474 presentado en enero de 1942 por el Instituto
de Investigaciones de la Guerra Total, la que habría de abarcar China,
el sudeste asiático continental e insular, y extenderse hacia el sur hasta
Australia, eliminando toda influencia euroestadounidense e incorporan-
do los países liberados a la esfera de defensa del Japón, que ejercería
la hegemonía política en cumplimiento de su misión de llevar la paz y
estabilidad a esos pueblos, creando un nuevo orden moral basado en la
ética jerárquica tradicional, libre del materialismo y del desorden social
euroestadounidense.
Dicha esfera llegó a incluir el imperio japonés; Tailandia, desde l941
aliada de Japón; China, por lo que respecta a la parte regida desde 1940
por el gobierno projaponés de Wang Ching-wei —que coexistía en pugna
con el gobierno nacionalista de Chiang kai-shek—; así como Filipinas y
Birmania, que desde 1942 también contaban con gobiernos projapone-
ses. El 5 y 6 de noviembre de 1943 estos países celebraron el congreso
de la gran Asia oriental.
En la Proclamación Conjunta de la Gran Asia Oriental se lee475 que esos
gobiernos acordaron liberarse del yugo angloaestadounidense que socava-
ba las raíces de su estabilidad esclavizándolos —lo que era la causa de la
guerra en la zona—; lograr su independencia y autodefensa; y construir
una gran Asia oriental progresista y pacífica basada en la justicia moral.
Asimismo convinieron en cooperar estrechamente para crear un orden
de coexistencia y coprosperidad, planificar el desarrollo económico, y
promover la prosperidad de la zona para su mutuo beneficio; así como
garantizar entre ellos su autonomía e independencia.
Japón ejercía la hegemonía en cumplimiento de su destino de con-
vertirse primero en la luz de la gran Asia, y posteriormente en la luz del
mundo.476 Para lograrlo requería tres cualidades: fuerza, para expulsar la
influencia anglosajona de la región; benevolencia, para desarrollar los
473
Fairbank, John K., op. cit., p. 765.
474
Bary, Wm. Theodore de (editor), op. cit., p. 294.
475
Incluida por Knauth, Lothar en “La Guerra del Pacífico”, en Takabatake, Michitos-
hi et al., Política y pensamiento político en Japón (1926-1982), pp. 176-178.
476
Jichiroo, Tokutomi, Comentarios sobre la declaración de guerra, en Bary, Wm.
Theodore de, op. cit., pp. 176-178.
262 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

recursos del área y distribuirlos justamente entre todos sus habitantes


haciéndolos partícipes de los beneficios; e ilimitada virtud que todo lo
abarcara para hacer que todos vivieran en paz. De faltar una de ellas Ja-
pón no podría cumplir su vocación.

B. Avance japonés sobre Asia y el Pacífico

En 1898 aconsejado por K’ang Yew Uei y Lian Ch’i-ch’ao, el joven


Emperador Kuang-siu había emprendido medidas en la enseñanza y en la
administración para modernizar China; pero su programa conocido como
la Reforma de los Cien Días —del 20 de junio al 20 de septiembre de
1898— abortó cuando fue secuestrado por la Emperatriz Viuda Ts’ew-hi,
la que abolió las innovaciones, adoptó una enérgica política contra los
poderes extranjeros,477 y con apoyo de la aristocracia tradicionalista man-
chú reinó en su nombre tras declararlo mentalmente incapacitado.
En estas circunstancias, alimentado tanto por las condiciones socio-
económicas, como por un comprensible sentimiento xenófobo arraigado
en el ejército y en las sociedades secretas,478 surgió la Milicia de los Pu-
ños Cerrados de la Concordia Equitativa, levantamiento que los euro-
peos y estadounidenses denominaron movimiento boxer,479 que se dirigió
contra los asentamientos foráneos del norte del país para expulsar a sus
extranjeros residentes, y ante cuyo embate —y con el beneplácito de la
emperatriz que había decidido utilizarlo contra los extranjeros— el 10 de
junio de 1900 cayó Pekín, donde el día 20 dio inició el sitio a las repre-
sentaciones diplomáticas, que fueron liberadas por los Poderes Aliados
—que incluían a Japón— hasta el 14 de agosto.
Esta revuelta costó a China una elevada indemnización, la liquidación
de las sociedades secretas xenófobas, la prohibición de importar armas
y municiones, así como privilegios especiales para garantizar con guar-
niciones extranjeras la seguridad de los forasteros residentes en el país,
que al implicar el control de las comunicaciones entre Pekín y el mar,
daban ventajas militares a las potencias foráneas y lesionaban la sobera-
nía china.

477
Borton, Hugh, op. cit., p. 291.
478
Nelson Row, David, Breve historia del pueblo chino, 3a. ed., México, Fondo de
Cultura Económica, pp. 40-42.
479
Grinberg, Carl, El siglo del liberalismo, México, Daimon, 1967, pp. 276 y 277.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 263

La incapacidad del gobierno para suprimir a los rebeldes, así como


para hacer frente a los poderes extranjeros, terminó con el prestigio del
gobierno manchú, por lo que provincia tras provincia en el sur de China
declararon su independencia, y tras la abdicación de la dinastía Ching en
1911, se estableció en 1912 la república.
En 1917, después de un intento de restauración monárquica, Sun Yat
Sen se alzó contra el régimen de Pekín y formó un gobierno aparte en
Cantón;480 en tanto que el Norte se debatía en la guerra civil entre fac-
ciones encabezadas por caudillos militares, hasta que en 1926 fueron so-
metidos por Chiang Kai Shek, el cual desde 1927 tuvo que luchar con-
tra revueltas armadas dirigidas por comunistas.481 Este estado de guerra
interna, que impedía la unidad política y llevó a la ruina a la economía,
debilitó al país y abrió las puertas a la intervención extranjera.
Aprovechando esta situación —y mientras la atención mundial se cen-
traba en la guerra europea— al tiempo que despachaba tropas que no
habrían de salir de Shantung y Manchuria hasta que obtuviera una res-
puesta satisfactoria, el 18 de febrero de 1915, con la amenaza de prestar
apoyo a los grupos que se le oponían,482 Japón presentó a Yuan-Shi-kai,
primer presidente de China, una serie de exigencias conocidas como las
Veintiún Demandas, cuya aceptación implicó la virtual anulación de la
soberanía china.
Las pretensiones japonesas se contenían en cinco bloques de los cua-
les el último, de haber sido aceptado, le hubiera permitido a Japón de-
sarrollar la provincia de Fukien,483 y hubiera convertido a China en un
protectorado japonés con control de su gobierno tanto a través de aseso-
res japoneses, como mediante la supervisión japonesa sobre la policía, la
compra de armas y los arsenales.
Apoyada moralmente por Estados Unidos e Inglaterra, y dada la opo-
sición del Genroo in —que obligó a que el primer ministro Katoo lo
retirara—, éste fue el único bloque en el que China no consintió; pero sa-
biendo que dada la situación mundial no podía contar con ayuda material
externa, bajo amenaza de movilización de tropas admitió las restantes

480
Vandermeerch, León y Montron, Robert, op. cit., pp. 1596 y 1597.
481
Goodrich, L. Carrington, Historia del pueblo chino, 3a. ed., México, Fondo de
Cultura Económica, 1966, pp. 264 y 271-274.
482
Beasley, William, op. cit., pp. 203 y 204.
483
Fairbank, John K., et al, op. cit., p. 648.
264 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

exigencias en dos tratados firmados el 25 de mayo de 1915,484 que nunca


fueron ratificados por un parlamento chino.
De este modo Japón obtuvo la transmisión de los derechos alemanes en
Shantung, la concesión para construir el ferrocarril Chefoo-Weihsien, y el
compromiso de no ceder territorio en la provincia a otro poder extranjero;
el reconocimiento de intereses especiales en la base industrial en Han-Yeh
P’ing; la extensión de los arrendamientos de Darien, Puerto Arturo, y del
Ferrocarril de Sudmanchuria por noventa y nueve años; el permiso para
explotar yacimientos minerales, el compromiso de utilizar capital japonés
en la construcción del ferrocarril de Manchuria, y el acuerdo de emplear
consejeros financieros y militares japoneses cuando fuera necesario.485
En 1928 el General Tanaka, que fungía como primer ministro, y que
siempre había sido contrario a la política débil y suave de su predecesor
Shidejara —basada en la no intervención y en la cooperación—,486 inter-
pretó como una amenaza para su país el aumento de la población china
en Manchuria; y asimismo el desarrollo de vías ferroviarias fuera de las
áreas concedidas a Japón, pero que corrían paralelas a las japonesas y en
competencia con ellas.487 También le preocupaba la reunificación de Chi-
na bajo Chiang-Kai-Shek, y las reclamaciones del gobierno nacionalista
sobre Manchuria —racial, histórica y legalmente parte de China—, por
lo que adoptó una postura agresiva y envió tropas de Manchuria a Shan-
tung para interrumpir su avance hacia Pekín.
Chiang-Kai-Shek intentó conciliar intereses reconociendo los dere-
chos e intereses japoneses en Manchuria, a cambio de la aceptación de
China unida bajo su liderazgo; al no aceptar Japón, los enfrentamientos
entre las tropas chinas y japonesas fueron aumentando en importancia.
A mediados de 1928 el Coronel Koomato Daigaku y otros miembros del
ejército en Kwantung —que de hecho estaba fuera del control de To-
kio—, con el objeto de crear un pretexto para invadir Manchuria, perpe-
traron un atentado en el que perdió la vida el Mariscal Chang-Tso-lin, el
Caudillo Militar de esa región, maniobra que fue ocultada por presión de
los políticos japoneses de ultraderecha.488

484
Borton, Hugh, op. cit., pp. 290-293 y 355.
485
Fairbank, John K., op. cit., pp. 649 y 707.
486
Hane, Mikiso, Modern Japan: a Historical Survey, San Francisco, Weistview
Press, 1992, pp. 236-243.
487
Nelson Row, David, op. cit., p. 69.
488
Hane, Mikiso, op. cit., pp. 236-243.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 265

La deficiente explicación del papel desempeñado por el ejército japo-


nés en el asesinato de Chang Tso-lin, provocó la renuncia del Gabinete de
Tanaka en julio de 1928;489 y después del atentado en noviembre de 1930
contra Jamaguchi, su sucesor, el país quedó bajo el poder de extremistas
civiles y militares.
A medida en que agravada por la crisis internacional, empeoraba la
situación económica interna, y como consecuencia de esto la depresión
estrangulaba a la economía y al pueblo —especialmente al sector cam-
pesino de donde provenía el grueso del ejército—, las disposiciones gu-
bernamentales, lejos de aliviar esa condición, concentraban el poder fi-
nanciero en los grandes monopolios. Conforme la crisis se agudizaba,
más se culpaba a la política parlamentaria de la ruina de Japón,490 más
aceptación encontraban los planes de conquista que según los militares
asegurarían el progreso, más se infiltraba la fe en la misión divina del Ja-
pón en Asia, y más se reforzaba la creencia en que el control estatal de la
sociedad era la salvación del país.491
En tanto, siguiendo la decisión de la Convención del Partido Naciona-
lista Chino —el Kuomitang— celebrada a principios de 1931, que había
proclamado que Puerto Arturo, Darien, y el Ferrocarril de Sudmanchuria
debían reintegrarse a China, Chiang-Kai-shek intentaba recuperar Man-
churia. Por otra parte, las potencias con áreas de influencia en China le
habían reconocido autonomía en materia de tarifas al comercio exterior,
y asimismo Gran Bretaña había renunciado a sus concesiones en varias
ciudades, y había planes para abolir la extraterritorialidad.
En Manchuria el Mariscal Chang-Hsüeh-liang —hijo del asesinado
Chang Tso-lin— se había aliado a los nacionalistas de Nanking, y ha-
cía lo posible para disminuir la influencia japonesa en la región. En la
metrópoli los militaristas estaban enfurecidos por la intromisión de los
funcionarios civiles del gobierno en materia militar; mientras que en
Kwangtung, los jóvenes oficiales allí acantonados no cesaban de intrigar
para expulsar el régimen chino de Manchuria, por lo que se consideraba
inminente que dieran un golpe.

489
Knauth, Lothar, “Gobierno civil y fuerza militar en la década de los treinta”, en
Takabatake Michitoshi et al., Política y pensamiento político en Japón (1926- 1982),
pp. 36-42.
490
Story, Richard, op. cit., pp. 176-178.
491
Borton, Hugh, op. cit., pp. 367 y 373.
266 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

En estas circunstancias se envió al General Tatekawa —jefe de ope-


raciones del Estado Mayor— para apaciguarlos, y apenas a unas horas
de su llegada, antes de que se reuniera con Jonio, el comandante en jefe
en Kwantung, los oficiales confabulados tuvieron éxito al producir el
incidente que el 18 de septiembre de 1931, dio pie al establecimiento de
un Estado títere en Manchuria: una bomba estalló en las inmediaciones
del ferrocarril de Sudmanchuria en la sección de Mukden, donde había
acuarteladas tropas chinas que fueron culpadas del atentado, y el Coman-
dante Itagaki ordenó que estas fueran atacadas y Mukden ocupada.
Convencidos por la ausencia de punición de que podían actuar libre-
mente, los oficiales conspiradores atacaron en octubre la capital provi-
sional de Manchuria; y mientras el gobierno de Tokio trataba inútilmente
de controlar al ejército, a fines de enero de 1932 la ocupación de la re-
gión estaba consumada y la caída de la familia Chang daba nacimiento a
un movimiento independentista dirigido por japoneses. Con base en que
Manchuria históricamente había sido un Estado autónomo, sus treinta
millones de habitantes supuestamente declararon su voluntad de sepa-
rarse de la República China, y el 1o. de marzo de 1932 fue proclamada
la creación del Estado de Manchukúo —formado por las tres provincias
manchurianas y la de Jehoh— del que, el 9 de marzo, fue nombrado pre-
sidente provisional Pu-yi, último emperador de China.
Mientras tanto en Japón los extremistas luchaban por terminar con el
gobierno de partidos, lo que lograron cuando el 15 de mayo de 1932 el pri-
mer ministro Inukai fue asesinado, marcando el fin del parlamentarismo
y el eclipse de la democracia.
Reconocido el 15 de septiembre del mismo año por Japón, el Estado de
Manchukúo confió a aquél la defensa nacional y el mantenimiento del or-
den público. En caso necesario Japón podía hacerse cargo también de la
administración de los ferrocarriles, puertos, vías acuáticas y aéreas exis-
tentes, así como de construir nuevas.492 Manchukúo aceptó asimismo em-
plear japoneses en diversas dependencias públicas. Empero, oficialmente
se hizo notar que la posición japonesa fue totalmente altruista, pues no
reclamó ni un centímetro de territorio.493
Vanas fueron las notas enviadas por las grandes potencias y las pro-
testas de la Liga de las Naciones. Irritado porque en ésta no se compren-
492
Knauth, Lothar, op. cit., pp. 36-42.
493
Kingaroo, Hashimoto, “The Need for Emigration and Expansion”, en Bary, Wm.
Theodore de, op. cit., p. 290.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 267

día la nobleza de sus intenciones, Japón la abandonó el 27 de marzo de


1933. Al respecto aclaró el tennoo que en la asamblea del 24 de febrero
de l933, la Liga apreció erróneamente los hechos, como si el imperio
Japonés en vez de esforzarse por mantener la paz en el Oriente abrigara
intenciones siniestras.494
Infundadamente juzgó la Liga que las acciones del ejército japonés en
el momento del incidente del ferrocarril de Manchuria, y las que protago-
nizó posteriormente, no cabían dentro del concepto de autodefensa; y no
aceptó que Japón reconociera a Manchukúo resultado de dicho evento.
Con indignación por la forma en la que Japón era juzgado, y por la abso-
luta discrepancia respecto a las medidas que debían tomarse para preser-
var la paz en el oriente, no cabía otra postura que separarse de la Liga.
El mismo año, para vengar atentados chinos y en represalia por el
boicot decretado a sus mercaderías, sitió e incendió en parte Shangai
—el quinto puerto del mundo en importancia—, e invadió Jehol al nor-
te de Pekín. En l935 intentó Japón apoderarse de otra gran parte del norte
de China,495 pero sólo consiguió tomar el Chahar del norte y el Hopei
oriental.
Aunque en abril de 1937 los partidos Minseito y Seiyukai, unidos con-
tra el militarismo y el fascismo habían obtenido tres cuartas partes de
los asientos del Parlamento, no tuvieron representación en el Gabinete
de Konoe Jumimaro, porque nadie que no fuera aceptable a los líderes
militares era escogido como primer ministro o miembro del Gabinete.
Konoe,496 un civil, aristócrata popular entre los militares, inició su ges-
tión un mes antes de que el incidente del Puente de Marco Polo —un
cruce vital de líneas ferroviarias en las inmediaciones de Peiping—497
generalizara la guerra.498 Con la decisión y ejecución de la política en ma-
nos de la recién formada Oficina de Planeación del Gabinete, todo estaba
dispuesto para movilizar todos los recursos para la guerra.
Las operaciones en gran escala comenzaron en julio de 1937, año en
el que sin previa declaración de guerra Japón ocupó el norte de China,
Chahar y Suiyuan en la Mongolia interior, Shikkachwang, Taiyuan y Tsi-

494
Knauth, Lothar, op. cit., pp. 42-44.
495
Carrington Goodrich, L., op. cit., pp. 274-277.
496
Borton, Hugh, op. cit., p. 373.
497
Nelson Row, David, op. cit., p. 74.
498
Takabatake, Michitoshi e Igaroshi Akio, op. cit., p. 109.
268 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

nan; tomó Shangai y Nankín y penetró en el valle del Yangtse. Al cabo


de quince meses el ejército japonés dominaba más de la cuarta parte del
país, bloqueaba las desembocaduras de los principales ríos, y se había
apoderado de la importante ciudad interior de Hankow, además de Can-
tón, Soochou y Amoy; en tanto que China había perdido sus puertos más
importantes y sus principales centros industriales.499
Para 1940 los japoneses controlaban las ciudades y ferrocarriles del
área costera oriental, y habian establecido en Nankín un gobierno saté-
lite bajo Wang-Ching-wei.500 Sin embargo, el campo era dominio de las
guerrillas de Maotse Tung abastecidas por la Unión Soviética; mientras
que el gobierno local de Chang Kai Shek, apoyado insuficientemente por
Inglaterra y Estados Unidos se establecía en Chungking, en la lejana pro-
vincia de Szechwan. La situación de China se agravaba, porque temiendo
que los éxitos de los comunistas contra los invasores le supusieran com-
petencia después de la guerra, el gobierno de Chang Kai Shek dividía sus
fuerzas al combatir contra japoneses y comunistas.
Tres años duraba ya la guerra contra China, cuando previendo que ha-
bría de enfrentarse también a Inglaterra y Estados Unidos, e interesado
además en las colonias asiáticas de las metrópolis europeas invadidas por
Alemania, Japón firmó el 27 de septiembre de 1940 con Alemania e Italia
el Pacto Tripartito, que dividió el mundo en esferas hegemónicas de in-
fluencia, y representó un intento por impulsar el desarrollo regional. 501
En él se aceptó como condición previa para una paz permanente el
respeto a lo que pertenecía a cada pueblo, y se estableció como princi-
pio fundamental la construcción de un nuevo orden que hiciera posible
la convivencia y mutua prosperidad de dichas naciones en cada zona de
Asia y Europa, razón por la cual los tres Estados decidieron aliarse y co-
operar entre sí, reconociéndose mutuamente su posición dirigente en la
construcción de ese nuevo orden en Europa y Asia respectivamente.
Asimismo prometieron ayudarse con medidas políticas, económicas,
y militares en caso de ser atacados por cualquier país que no estuviera
ya involucrado en la contienda —clara referencia a Estados Unidos, país
no beligerante, que se incorporó formalmente a la lucha hasta el 8 de di-

499
Hane, Mikiso, op. cit., pp 277-292.
500
Fairbank, John K., op. cit., pp. 600 y 601.
501
Knauth, Lothar, “La guerra del Pacífico”, en Takabatake, Michitoshi et al., op. cit.,
p. 159.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 269

ciembre de l941, después del ataque japonés a Pearl Harbour. Tres días
más tarde Italia y Alemania le declararon la guerra—.
El 22 de septiembre de 1940 Japón había ocupado ya el norte de la
Indochina Francesa, para impedir que a través de ella fuera pertrechado
Chiang Kai Shek; entonces, para asegurarle el aprovisionamiento, Ingla-
terra reabrió la carretera de Birmania, que en julio había convenido en
cerrar por tres meses; y por su parte Estados Unidos embargó la gasolina
de aviación y la chatarra destinadas al Japón, y acordó a China créditos de
guerra.502
La penetración japonesa en el sudeste asiático continuó: con auxilio
japonés el gobierno tailandés obtuvo en marzo de 1941 los territorios a
orillas del Mekong, a costa de Indochina —donde le habían sido cedidos
los aeródromos por el gobierno francés de Vichy, y ya había cerrado la
frontera con China para impedirle el suministro de armas—.503
El 25 de julio Estados Unidos bloqueó los fondos japoneses, quedaron
abrogados los acuerdos comerciales entre Japón y las naciones de la Con-
federación Británica —el sesenta y cuatro por ciento de las importacio-
nes de Japón eran anglo-estadounidenses—, y se suspendieron los envíos
de petróleo de las Indias Orientales Holandesas, los cuales eran vitales
para Japón, que sólo producía el diez por ciento del combustible que con-
sumía, y cuyas reservas para la marina durarían a los sumo dos años. 504
En agosto de 1941 Japón inició la ocupación de Indochina, y Estados
Unidos congeló los créditos japoneses y suspendió casi enteramente el
comercio con él, medida a la que se adhirieron las Indias Orientales Ho-
landesas. El 25 de septiembre de 1941 Japón atacó Changsha, la capital
de Hunan. A fines de 1941 HongKong cayó en su poder, y lo siguieron
Indochina, Malaya y Birmania, lo que cortó el aprovisionamiento al go-
bierno de Chiang Kai-Chek dejándolo librado a sí mismo.
Ante la imposibilidad de persuadir al ejército de hacer concesiones
respecto a China, para llegar a un acuerdo con Estados Unidos, Konoe
dimitió, y el 16 de octubre de 1941 su gabinete fue remplazado por el del
General Toyo, abiertamente hostil a los Estados Unidos. El 7 de diciem-
bre Japón —tercera potencia naval del mundo— rompió hostilidades con
dicho país; pero antes de que la declaración de guerra pudiera llegar a
502
Diccionario Enciclopédico Abreviado, Argentina, Espasa Calpe, 1945, t. III, pp.
753 y 764.
503
Grimberg, Carl, op. cit., p. 295.
504
Hane, Mikiso, op. cit., pp. 297-301.
270 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

Washington, desencadenó un ataque por sorpresa sobre Pearl Harbour


—la base estadounidense más importante en el Pacífico— y en menos
de dos horas destruyó su poderío naval en la zona; casi simultáneamente
destruyó en Filipinas sus bases aéreas, dejando el Pacífico abierto para la
invasión.505 El 10 de diciembre atacó Shangai y Singapur, donde estaban
los dos únicos acorazados británicos en el extremo oriente, privando así
a los aliados de buques de línea para oponérsele.506
En la declaración de guerra expuso el tennoo que China, sin com-
prender la verdadera intención del Imperio, había provocado un con-
flicto, que al alterar la paz del Asia Oriental había obligado a Japón
a tomar las armas; y pese a que la renovación del gobierno de la Re-
pública China había llevado a una declaración de buena vecindad y
existía colaboración —desde l940 junto con el gobierno nacionalista
de Chiang Kai-shek coexistía un gobierno pro-japonés encabezado por
Wang Ching-wei—, el gobierno nacionalista que subsistía en Chung
Ching sostenido por Estados Unidos e Inglaterra, enfrentaba a hermanos
contra hermanos.507
Esos países, que escondían la intención de subyugar a Asia, estaban
obstaculizando el comercio pacífico del Imperio y habían roto sus re-
laciones económicas con él, lo que constituía una grave amenaza para
su existencia. Por ese motivo —aunque asegurar la estabilidad del Asia
Oriental y contribuir a la paz mundial había sido el propósito tanto de sus
esclarecidos antecesores como de él mismo— no quedaba más remedio
que la autodefensa, por lo que desafortunadamente el tennoo se veía obli-
gado a iniciar hostilidades contra Estados Unidos.
El 8 de diciembre desembarcaron los japoneses en la Malasia Britá-
nica, y el mismo día capituló Tailandia.508 A principios de enero de 1942
—excepto la zona de Singapur, que cayó el 15 de febrero— todos los
estados de la Confederación Malaya estaban en su poder. Continuaron
el avance sobre Filipinas, atacaron las Indias Orientales Holandesas, y
siguieron la marcha en las islas Salomón, Ellice y Gilbert.509
505
Fairbank, John K., op. cit., p. 805.
506
Grinberg, Carl, op. cit., pp. 292-294.
507
Knauth, Lothar, “La guerra del Pacífico”, en Takabatake, Michitoshi et al., op. cit.,
pp. 167 y 168.
508
Diccionario Enciclopédico Abreviado, Argentina, Espasa Calpe, 1945, t. III., pp.
765 y 766.
509
Fairbank, John K., op. cit., pp. 804-806.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 271

En la Nueva Bretaña —isla del archipiélago de las Bismarck, mandato


australiano— desembarcaron en Rabaul; poco después ocuparon Lae en
Nueva Guinea. Las Célebes y Sumatra —fuente de estaño, caucho y pe-
tróleo— cayeron poco después y Batavia —capital de Java— fue tomada
el 5 de marzo. En Birmania entraron en Rangún el 8 de marzo de 1942, y
en el mar de Bengala se apoderaron de Andamán y Nicobar enseñoreán-
dose de la zona, desde donde podían amagar a Calcuta, Madrás, y Ceilán.
Teniendo en la mira las bases de Dutch Harbour y Alaska, y para proteger
sus flancos Japón ocupó a principios de junio de 1942 las islas Kiska y
Attu en las Aleutianas.

III. Desmembramiento del imperio

Por la misma época en que Japón se hacía fuerte en las Aleutianas,


Estados Unidos estaba de nuevo en el Pacífico.510 El 4 de junio de 1942,
cerca de Midway, la más occidental de las islas Hawaianas, hicieron con-
tacto las flotas estadounidense y japonesa, ésta que había sufrido una gran
pérdida en el mar de Coral al noreste de Australia, fue vencida. Lenta, per-
sistente, penosamente, se revirtió el movimiento militar en el Pacífico.
Los aliados iniciaron en 1943 un vasto movimiento de pinzas contra
las conquistas japonesas, desde las Aleutianas y las Kuriles ocupadas por
Japón en el norte del Pacífico, y desde las Salomón hasta el Archipiélago
de las Bismarck en el centro de dicho océano. Como al mismo tiempo
en el continente dio principio la reconquista de Birmania, los japoneses
quedaron a la defensiva en todas partes, obligados a dividir sus fuerzas
y a extender sus líneas de abastecimiento, cada vez con menos embarca-
ciones y menos fuentes de suministros.
Después de seis meses de lucha, Guadalcanal fue evacuada por los
japoneses el 9 de febrero de 1943, esta derrota marcó definitivamente el
comienzo de la lucha ofensiva aliada y del repliegue japonés.511 En di-
ciembre de 1944 fueron rescatadas las islas Marshall —parte del manda-
to concedido a Japón por la Liga de las Naciones en 1919—, cuya pose-
sión abrió la ruta hacia Japón a los portaviones desde donde despegarían
los bombarderos que habrían de hostigarlo.

510
Diccionario Enciclopédico Abreviado, Argentina, Espasa-Calpe, 1945, t. III, pp.
766, 780, 784, 785, 804, 805, 820, 821 y 823.
511
Hane, Mikiso, op. cit., pp. 318-319.
272 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

El 8 de agosto de 1944 los japoneses fueron totalmente vencidos en


Guam, y en el mismo mes fue ocupada Saipan, la más importante de las
Islas Marianas, lo que ponía a Japón dentro del radio de acción de los
bombarderos aliados.512
En China se recrudeció la lucha por dominar la región central, el sector
de la nueva carretera birmana, y Siaofeng, desde donde podían despegar
aviones rumbo a Japón. El 17 de mayo de 1944 tropas aliadas se apode-
raron del aeródromo de Myitkyana, la ciudad más grande del norte de
Birmania, y el 4 de agosto entraron a ésta, con lo que la nueva carretera
de Ledo quedó asegurada contra todo ataque y ligada a la de Birmania,
y China pudo de nuevo ser abastecida; y en mayo de 1945 Rangún fue
liberada.513
El 21 de septiembre de 1944 tropas aliadas se apoderaron de las islas
Palau, en Filipinas, iniciándose la recuperación del archipiélago que era
vital para los japoneses, pues de caer en poder de los aliados quedaría
cortado el camino entre Japón e Indonesia de donde provenía la mayor
parte de sus materias primas, lo que los obligaba a emplear allí el grueso
de una flota que disminuía aceleradamente porque la industria japonesa
no podía reponer las bajas a medida que ocurrían.514 Pese a los esfuerzos
japoneses, entre el 24 y el 25 de octubre del mismo año, en la batalla de
Leyte fue derrotada su flota.
El 19 de febrero de 1945 los estadounidenses desembarcaron en Iwo-
jima, principal bastión japonés en el grupo de las islas Volcán, donde el
combate cesó hasta el 16 de marzo; de la guarnición, que había sido de
veintiunmil hombres, escasamente un centenar cayó prisionero. Desde el
19 de febrero era bombardeado Tokio, y el 26 de marzo se inició —ya
en territorio japonés— la invasión de pequeñas islas del grupo de Oki-
nawa, que entre el 6 y el 7 de abril los japoneses intentaron inútilmente
reconquistar, perdiendo allí su último superacorazado. Aquí sólo ocho
mil hombres, de un total de ciento diez mil cayeron prisioneros, mientras
la pérdida aliada fue de cuarenta y nueve mil combatientes.515
Desde las Marianas, Iwojima, y Okinawa, así como desde portaviones,
despegaban bombarderos que destruían ciudades, fábricas, y cuarteles ja-
poneses. Aunque en ninguno de los frentes se abrigaran dudas acerca del
512
Fairbank, John K., op. cit., p. 807.
513
Hane, Mikiso, op. cit., p. 322.
514
Grimberg, Carl, El siglo XX, México, Daimon, 1967, pp. 327-329.
515
Fairbank, John K., op. cit., p. 807.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 273

resultado final de la contienda,516 considerando la ciega determinación,


el desesperado valor, y el espíritu combativo con el que los japoneses
habían defendido cada plaza —especialmente Okinawa e Iwojima—, las
autoridades aliadas calculaban que la invasión a Japón costaría la vida a
un millón de estadounidenses y a un cuarto de millón de británicos. 517
Mientras tanto en Japón, el 6 de junio de 1945 el Supremo Consejo
para la Dirección de la Guerra aprobó el plan Política Fundamental que
se Aplicará en la Conducción de la Guerra; la Operación Decisión con-
templaba que diez mil aviones de entrenamiento serían encomendados
a pilotos suicidas, y que dos mil trescientos cincuenta soldados serían
respaldados por cuatro millones de empleados civiles del ejército y la
marina, y por una milicia civil de veintiocho millones de combatientes.
El arsenal incluiría escopetas cargables por la boca, lanzas de bambú, y
arcos y flechas.518

1. Condiciones para el armisticio

Roosevelt, Churchill, y Chiang Kai-Shek, en la Conferencia del Cairo


celebrada el 26 de noviembre de l943, ya habían fijado como condicio-
nes para la paz con Japón su rendición incondicional, así como la resti-
tución de todos los territorios de los que se había apoderado mediante la
violencia, lo que abrió las puertas a posteriores demandas de la Unión
Soviética.519 Por otra parte, el 16 de septiembre de l944 en la Conferen-
cia de Quebec, Churchill y Roosevelt520 acordaron que una vez vencida
Alemania, el poderío de los aliados se concentraría en la lucha contra
Japón, y también que los mismos fiscalizarían el cambio de régimen en
dicho país.
Considerando el costo en vidas que implicaría para Estados Unidos la
invasión de Japón, a Roosevelt le parecía imprescindible la ayuda de la
Unión Soviética para someter a dicha nación, por lo que con Churchill y
Stalin había acordado en Yalta el 11 de febrero de l945, que tres meses

516
Storry, Richard, op. cit., pp. 227-233.
517
Grinberg, Carl, op. cit., p. 329.
518
Johnson, Paul, Tiempos modernos, Buenos Aires, Javier Vergara (ed.), 1988, p. 430.
519
Knauth, Lothar, “La Guerra del Pacífico”, en Takabatake, Michitoshi et al., op. cit.,
pp. 179 y 180.
520
Diccionario enciclopédico abreviado, op. cit., p. 825.
274 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

después de concluida la guerra en Europa la Unión Soviética se uniría a


la lucha contra Japón.521
Stalin aprovechó la ocasión para revertir los resultados de la guerra
ruso-japonesa, y logró que se le reconocieran a su país los antiguos dere-
chos de Rusia en el Asia Oriental: recibiría Sajalín y las islas adyacentes,
le serían entregadas las Kuriles, se internacionalizaría Darien, y se res-
tablecería el arrendamiento de Puerto Arturo. La administración de los
ferrocarriles de China Oriental y Manchuria meridional se entregaría a
una sociedad chino-soviética, y se salvaguardarían los intereses preemi-
nentes de la Unión Soviética en Manchuria, cuya soberanía conservaría
China.522 Este acuerdo se mantuvo en secreto porque el pacto de neutrali-
dad entre Rusia y Japón concluía hasta el 13 de abril de 1946.

2. Capitulación de Japón

Aunque el ejército estaba decidido a luchar hasta el último hombre, a


mediados de julio de 1945 el gobierno japonés se conformaba con que el
trono se salvara; y todavía con el pacto de neutralidad ruso-nipón vigen-
te, inició acercamientos para mejorar las relaciones entre ambos países
—pues era crucial que Rusia no se involucrara en la Guerra del Pacífi-
co—, y para que Stalin mediara a fin de que se aceptara su rendición en
términos favorables.523 Esta acción era conocida por Estados Unidos, que
había descifrado el código empleado por Japón para sus comunicaciones
diplomáticas, y porque Stalin lo había informado.524
Mientras se llevaban a efecto las conversaciones con el embajador
ruso en Tokio, y el embajador japonés en Moscú trataba de arreglar una
reunión entre el primer ministro Molotov y un enviado especial japonés,
anticipando la declaración de guerra partían ya tropas rumbo a Siberia,
porque como ya se dijo, el destino de Japón había quedado sellado desde
la Conferencia de Yalta.
En la Declaración de Postdam —firmada el 26 de julio de 1945 por
Truman, Stalin, y Churchill, con la aprobación de China—525 se decidió
521
Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial, 2a. ed., Selecciones del Reader’s
Digest (Ibera), 1966, t. III, p. 327.
522
Knauth, Lothar, op. cit., pp. 180 y 181.
523
Borton, Hugh, op. cit., pp. 443 y 449.
524
Hane, Mikiso, op. cit., p. 333.
525
Knauth, Lothar, op. cit., pp. 181-183.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 275

que para no ser objeto de una pronta y total destrucción, Japón debía
aceptar rendirse incondicionalmente, lo que significaba que sus instala-
ciones militares y pertrechos de guerra serían destruidos; que los respon-
sables de la agresión bélica serían juzgados como criminales de guerra;
que la influencia militarista y nacionalista sería erradicada; que se esta-
blecería un orden de paz, seguridad y justicia; y que su soberanía sería
limitada al territorio original anterior a la expansión.
Asimismo se acordó que estaría bajo ocupación militar hasta que un
gobierno de orientación pacifista —elegido de acuerdo con la voluntad
del pueblo libremente expresada— estableciera un orden democrático,
restableciera la libertad de expresión, de religión, y de pensamiento, así
como el respeto a los derechos humanos fundamentales. De haberse acla-
rado que la institución del tennoo sería respetada —como ocurrió— el
mayor obstáculo para la rendición se hubiera eliminado e Hiroshima y
Nagasaki no hubieran sido sacrificadas.
El Supremo Consejo para la Dirección de la Guerra, decidió pospo-
ner la respuesta hasta que Rusia respondiera a la solicitud de mediación;
en tanto que el primer ministro, Suzuki, afirmó en una conferencia de
prensa que el gobierno desconocería la Declaración de Postdam, y que
continuaría la guerra hasta su conclusión exitosa.526 Los poderes aliados
interpretaron esta declaración como un rechazo a su propuesta, y el 6 de
agosto fue lanzada sobre Hiroshima la primera bomba atómica, con lo
que empezó a hacerse realidad la amenaza de pronta y total destrucción.
Dos días después Rusia le declaró la guerra a Japón.
Para el 9 de agosto, tres miembros del Supremo Consejo de Dirección
de la Guerra —el primer ministro, Zuzuki; el secretario de Relaciones
Exteriores, Togo; y el ministro de Marina, Yonai— aceptaban la rendi-
ción de acuerdo con la Proclamación de Potsdam, siempre y cuando no se
alterara la condición legal del tennoo; pero los restantes miembros —el
ministro de guerra, Amani; el jefe del Estado Mayor del ejército, Umezu;
y el jefe del Estado Mayor de la Marina, Toyoda— insistían en otras tres
estipulaciones: que Japón no fuera ocupado, que fuera el mismo país el
que desmovilizara sus fuerzas, y que los criminales de guerra fueran juz-
gados por cortes japonesas.

526
Hane, Mikiso, op. cit., p. 335.
276 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

Una segunda bomba atómica —tres días no era un plazo suficiente


para asimilar la naturaleza de la nueva arma que se estaba usando— 527
fue arrojada sobre Nagasaki mientras el Consejo seguía discutiendo, pues
sus miembros no llegaban a un acuerdo. Se recurrió entonces al Gabine-
te, pero el ministro de Guerra, y los jefes del Estado Mayor del ejército
y la Marina, impidieron que se tomara una resolución. Se volvieron en-
tonces hacia el tennoo, y éste ordenó aceptar la rendición en los términos
propuestos.
Conforme a esa decisión fueron enviados mensajes a los gobiernos de
Estados Unidos, China, Inglaterra, y la Unión Soviética; pero insistien-
do en que se aceptaban los términos de la rendición, entendiendo que no
comprendería ninguna demanda que prejuzgara las prerrogativas de su
majestad como gobernante soberano.528 La respuesta aliada fue que la
autoridad del tennoo y del gobierno japonés para regir el Estado, queda-
ría sujeta al comandante supremo de los poderes aliados —lo que abría la
posibilidad de que la institución imperial subsistiera—, y que la forma de
gobierno del Japón sería establecida por la libre voluntad de su pueblo.
Los jefes del Estado Mayor, y el ministro de guerra, no aceptaban los
ambiguos términos, porque no se referían explícitamente a las prerro-
gativas del monarca. Jiranuma —presidente del Consejo Privado—, el
primer ministro, y algunos miembros del Gabinete, se oponían a ellos
porque implicaban la destrucción de la sagrada kokutai —la identidad
nacional, la esencia fundamental del Japón—, porque el poder de gober-
nar del tennoo no se había originado en la voluntad del pueblo, sino en
el mandato de Amaterasu la Diosa Ancestral, y esa sustancia debía ser
preservada a toda costa como fundamento de la reconstrucción de Japón,
e instrumento para la integración nacional.
Pero de dilatar más tiempo la rendición, antes de que los estadouni-
denses y los ingleses pudieran ocupar el país, Japón sería invadido por
los rusos, que en la mañana del 9 de agosto habían entrado ya en Man-
churia, terminando con la esperanza de que Rusia mediara para lograr una
rendición honorable.529 Al no haber unanimidad ni en el Gabinete ni en el
Consejo Privado, el 14 de agosto se buscó de nuevo la opinión del tennoo,
que reiteró su postura de aceptar la rendición en los términos impuestos,
527
McWilliams, Wayne C. y Piotrowsky, Harry, The World since 1945, 3a. ed., Lynne
Rienner Publishers Inc., 1993, pp. 18 y 19.
528
Borton, Hugh, op. cit., pp. 450, 451 y 453.
529
McWilliams, Wayne C., op. cit., p. 19.
El IMPERIALISMO JAPONÉS 277

y ordenó preparar el rescripto en el que públicamente anunciaría la capi-


tulación, que fue grabado por el monarca y transmitido por la radio en la
tarde del día siguiente. Todavía en la madrugada del día 15, un pequeño
grupo de oficiales intentó destruir la grabación; pero persuadidos sus lí-
deres por el general Tanaka Seiichi de que actuaban erróneamente, cuatro
de ellos se autoinmolaron y el grupo se sometió.530
La ceremonia oficial de rendición se desarrolló el 2 de septiembre en
la cubierta del Missouri, anclado en la Bahía de Tokio. El militarismo ha-
bía aniquilado el Imperio —incluso el legítimo—, y arrastrado con él al
tennoo, que cada uno de los miembros del ejército había jurado venerar
y defender.

IV. Colofón

Móviles económicos y estratégicos, a los que se unía un componente


circunstancial, la debilidad de las áreas conquistadas, convergieron para
la creación del imperio. Al consolidarse en la época Meidyi el desarrollo
económico, los líderes japoneses percibieron las oportunidades para el
comercio y la industrialización que Japón tenía en el extranjero —es-
pecialmente en Asia—, tanto como una forma de asegurarse materias
primas, como la manera de dar salida a sus excedentes de producción, y
vieron en la expansión la forma de crear una economía autosuficiente.
Pero las razones apuntadas sólo remataban las consideraciones estra-
tégicas, porque en última instancia la compulsión por erigir parapetos
que aseguraran al Japón insular contra cualquier avance proveniente del
continente, y sucesivamente la de extender las barricadas a cada región
adquirida, fueron determinantes en la creación del imperio.
Aunque desde fines de la era Meidyi ya había mantenedores de la mi-
sión de llevar a Asia el desarrollo y el progreso, el patrocinio público de
esa vocación nacional no apareció sino hasta la década de los treinta, ins-
pirada por la fe en los dogmas irrefutables del shintoísmo: la naturaleza
divina del tennoo, y su unión mística con el pueblo, que fueron asumidos
para fortalecer al país —ya de suyo capacitado para la conquista—.
Pero en la creación del imperio intervino también el azar, porque las
operaciones contra cada una de las áreas conquistadas fueron organizadas
de acuerdo con las circunstancias —conflictos internos en las regiones
530
Storry, Richard, op. cit., pp. 235 y 236.
278 DOLORES BEATRIZ CHAPOY BONIFAZ

que habrían de ser ocupadas, o guerras en el continente europeo— que


dejaban los territorios codiciados en relativo estado de indefensión.
La idea que imperó hasta la derrota del Japón se enraizaba en creen-
cias que existían desde el principio de la historia del pueblo japonés: el
origen sobrenatural del país —hechura de los dioses— y el carácter ul-
traterreno del tennoo, descendiente de la divinidad solar y partícipe de su
eterna esencia. Principios que sistematizados en la época Meidyi, habían
dado origen al Shinto de Estado, que glorificaba al tennoo como padre
supremo de la nación, custodio e intérprete de la voluntad de los dioses,
y por ellos señalado para preservar y enaltecer la kokutai —la identidad
nacional— que hacía del Japón un país superior.
Para 1930, dos generaciones habían sido ya adoctrinadas desde la in-
fancia en esta formación moral obligatoria en el sistema de educación
oficial. Después, los líderes de la expansión, explotando la creencia en la
superioridad japonesa por disposición divina, la aceptación del carácter
eterno de la kokutai, y la fe en el apoyo de los kami, manipularon el con-
cepto del tennoo en una metafísica militarista para desarrollar una lealtad
patriótica hasta el sacrificio y la utilizaron para sus propios fines.
Hasta el fin de este periodo el orden social japonés se organizó confor-
me al ancestral régimen jerárquico, de acuerdo con el cual todo indivi-
duo debía obediencia a quien poseía una categoría superior. Los estatutos
desde la época Meidyi fueron obra de legisladores sometidos teóricamen-
te al tennoo —cúspide de la estructura jerárquica—, y de hecho a la oli-
garquía en el poder a la que también se subordinaban los encargados de
interpretarlos y aplicarlos. La ley, en el sentido de ordenamiento origina-
do en un consenso social, con imperio sobre gobernantes y gobernados,
y destinado a proteger los derechos de éstos, no existió.

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