GUIA N° 3
TITULO Los verbos en la narración
AREA HUMANIDADES ASIGNATURA LENGUA CASTELLANA PERIODO 2
GRADO 5 DURACIÓN: 2 SEMANA
OBJETIVOS: Identificar y usar secuencias de eventos en una narración a partir de expresiones verbales.
Usar correctamente las formas verbales en textos narrativos.
INTRODUCCIÓN
Lee el siguiente texto.
LA TORTUGA GIGANTE
por Horacio Quiroga
Había una vez un hombre que vivía en Buenos Aires, y estaba muy contento porque era un hombre sano y
trabajador. Pero un día se enfermó, y los médicos le dijeron que solamente yéndose al campo podría cur arse.
Él no quería ir, porque tenía hermanos chicos a quienes daba de comer; y se enfermaba cada día más. Hasta
que un amigo suyo, que era director del Zoológico, le dijo un día: —Usted es amigo mío, y es un hombre bueno
y trabajador. Por eso quiero que se vaya a vivir al monte, a hacer mucho ejercicio al aire libre para curarse. Y
como usted tiene mucha puntería con la escopeta, cace bichos del monte para traerme los cueros, y yo le daré
plata adelantada para que sus hermanitos puedan comer bien. El hombre enfermo aceptó, y se fue a vivir al
monte, lejos, más lejos que Misiones todavía. Hacía allá mucho calor, y eso le hacía bien. (…) El hombre tenía
otra vez buen color, estaba fuerte y tenía apetito. Precisamente un día que tenía mucha hambre, porque hacía
dos días que no cazaba nada, vio a la orilla de una gran laguna un tigre enorme que quería comer una tortuga,
y la ponía parada de canto para meter dentro una pata y sacar la carne con las uñas. Al ver al hombre el tigre
lanzó un rugido espantoso y se lanzó de un salto sobre él. El cazador le disparó. Después le sacó el cuero, tan
grande que podría servir de alfombra para un cuarto. —Ahora —se dijo el hombre—, voy a comer tortuga, que
es una carne muy rica. Pero cuando se acercó a la tortuga, vio que estaba ya herida, y tenía la cabeza casi
separada del cuello, y la cabeza colgaba casi de dos o tres hilos de carne. A pesar del hambre que sentía, el
hombre tuvo lástima de la pobre tortuga, y la llevó arrastrando con una soga hasta su ramada y le vendó la
cabeza con tiras de género que sacó de su camisa, porque no tenía más que una sola camisa, y no tenía trapos.
La había llevado arrastrando porque la tortuga era inmensa, tan alta como una silla, y pesaba como un hombre.
La tortuga quedó arrimada a un rincón, y allí pasó días y días sin moverse. El hombre la curaba todos los días,
y después le daba golpecitos con la mano sobre el lomo. La tortuga sanó por fin. Pero entonces fue el hombre
quien se enfermó. Tuvo fiebre, y le dolía todo el cuerpo. Después no pudo levantarse más. La fiebre aumentaba
siempre, y la garganta le quemaba de tanta sed. El hombre comprendió entonces que estaba gravemente
enfermo, y habló en voz alta, aunque estaba solo, porque tenía mucha fiebre. —Voy a morir —dijo el hombre—
. Estoy solo, ya no puedo levantarme más, y no tengo quien me dé agua, siquiera. Voy a morir aquí de hambre
y de sed. Y al poco rato la fiebre subió más aún, y perdió el conocimiento. Pero la tortuga lo había oído, y
entendió lo que el cazador decía. Y ella pensó entonces —El hombre no me comió la otra vez, aunque tenía
mucha hambre, y me curó. Yo le voy a curar a él ahora. Fue entonces a la laguna, buscó una cáscara de tortuga
chiquita, y después de limpiarla bien con arena y ceniza la llenó de agua y le dio de beber al hombre, que estaba
tendido sobre su manta y se moría de sed. Se puso a buscar enseguida raíces ricas y yuyitos tiernos, que le
llevó al hombre para que comiera. El hombre comía sin darse cuenta de quién le daba la comida, porque tenía
delirio con la fiebre y no conocía a nadie. Todas las mañanas, la tortuga recorría el monte buscando raíces cada
vez más ricas para darle al hombre, y sentía no poder subirse a los árboles para llevarle frutas. El cazador comió
así días y días sin saber quién le daba la comida, y un día recobró el conocimiento. Miró a todos lados, y vio
que estaba solo, pues allí no había más que él y la tortuga, que era un animal. Y dijo otra vez en voz alta: —
Estoy solo en el bosque, la fiebre va a volver de nuevo, y voy a morir aquí, porque solamente en Buenos Aires
hay remedios para curarme. Pero nunca podré ir, y voy a morir aquí. Pero también esta vez la tortuga lo había
oído, y se dijo: —Si queda aquí en el monte se va a morir, porque no hay remedios, y tengo que llevarlo a
Buenos Aires. Dicho esto, cortó enredaderas finas y fuertes, que son como piolas, acostó con mucho cuidado
al hombre encima de su lomo, y lo sujetó bien con las enredaderas para que no se cayese. Hizo muchas pruebas
para acomodar bien la escopeta, los cueros y el mate con víboras, y al fin consiguió lo que quería, sin molestar
al cazador, y emprendió entonces el viaje. La tortuga, cargada así, caminó, caminó y caminó de día y de noche.
Atravesó montes, campos, cruzó a nado ríos de una legua de ancho, y atravesó pantanos en que quedaba casi
enterrada, siempre con el hombre moribundo encima. Después de ocho o diez horas de caminar, se detenía,
deshacía los nudos, y acostaba al hombre con mucho cuidado, en un lugar donde hubiera pasto bien seco. Iba
entonces a buscar agua y raíces tiernas, y le daba al hombre enfermo. Ella comía también, aunque estaba tan
cansada que prefería dormir. (…) Así anduvo días y días, semana tras semana. Cada vez estaban más cerca
de Buenos Aires, pero también cada día la tortuga se iba debilitando, cada día tenía menos fuerza, aunque ella
no se quejaba. A veces se quedaba tendida, completamente sin fuerzas, y el hombre recobraba a medias el
conocimiento. Y decía, en voz alta:
—Voy a morir, estoy cada vez más enfermo, y sólo en Buenos Aires me podría curar. Pero voy a morir aquí,
solo, en el monte. Él creía que estaba siempre en la ramada, porque no se daba cuenta de nada. La tortuga se
levantaba entonces, y emprendía de nuevo el camino. Pero llegó un día, un atardecer, en que la pobre tortuga
no pudo más. Había llegado al límite de sus fuerzas, y no podía más. No había comido desde hacía una semana
para llegar más pronto. No tenía más fuerza para nada. Cuando cayó del todo la noche, vio una luz lejana en el
horizonte, un resplandor que iluminaba el cielo, y no supo qué era. Se sentía cada vez más débil, y cerró
entonces los ojos para morir junto con el cazador, pensando con tristeza que no había podido salvar al hombre
que había sido bueno con ella. Y sin embargo, estaba ya en Buenos Aires, y ella no lo sabía. Aquella luz que
veía en el cielo era el resplandor de la ciudad, e iba a morir cuando estaba ya al fin de su heroico viaje. Pero un
ratón de la ciudad —posiblemente el ratoncito Pérez— encontró a los dos viajeros moribundos. —¡Qué tortuga!
—dijo el ratón—. Nunca he visto una tortuga tan grande. ¿Y eso que llevas en el lomo, qué es? ¿Es leña? —
No —le respondió con tristeza la tortuga—. Es un hombre. —¿Y adónde vas con ese hombre? —añadió el
curioso ratón. —Voy... voy... Quería ir a Buenos Aires —respondió la pobre tortuga en una voz tan baja que
apenas se oía—. Pero vamos a morir aquí, porque nunca llegaré... —¡Ah, zonza, zonza! —dijo riendo el
ratoncito—. ¡Nunca vi una tortuga más zonza! ¡Si ya has llegado a Buenos Aires! Esa luz que ves allá, es
Buenos Aires. Al oír esto, la tortuga se sintió con una fuerza inmensa, porque aún tenía tiempo de salvar al
cazador, y emprendió la marcha.
Y cuando era de madrugada todavía, el director del Jardín Zoológico vio llegar a una tortuga embarrada y
sumamente flaca, que traía acostado en su lomo y atado con enredaderas, para que no se cayera, a un hombre
que se estaba muriendo. El director reconoció a su amigo, y él mismo fue corriendo a buscar remedios, con los
que el cazador se curó enseguida. Cuando el cazador supo cómo lo había salvado la tortuga, cómo había hecho
un viaje de trescientas leguas para que tomara remedios, no quiso separarse más de ella. Y como él no podía
tenerla en su casa, que era muy chica, el director del Zoológico se comprometió a tenerla en el Jardín, y a
cuidarla como si fuera su propia hija. Y así pasó. La tortuga, feliz y contenta con el cariño que le tienen, pasea
por todo el jardín, y es la misma gran tortuga que vemos todos los días comiendo el pastito alrededor de las
jaulas de los monos.
1. ¿Cuáles son las acciones principales que realiza cada uno de los siguientes personajes?
El cazador:
El director del zoológico:
La tortuga:
2. Describe las características de la tortuga. ¿Cómo es?
Características físicas:
Carácter de la tortuga:
3. ¿Qué sentimientos en común tienen el hombre y la tortuga? ¿Por qué?
4. Considerando el cuento completo, enumera los acontecimientos.
________ El hombre mata al tigre.
________ La tortuga vive feliz en el zoológico.
________El hombre se marcha al monte.
________ La tortuga se encuentra con un ratón.
________La tortuga es curada por el hombre.
________La tortuga es atacada por un tigre.
________El hombre enferma gravemente.
________La tortuga cuida y alimenta al hombre.
________Le ofrecen al cazador comprarle los cueros de animales.
________La tortuga llega a Buenos Aires con el hombre.
________El director del zoológico le da remedios al cazador.
GLOSARIO
Secuencia de eventos: Orden en que se van presentando las acciones en una narración.
Párrafo: Unión de oraciones, cada oración habla de un mismo tema, termina en punto y parte.
Características: Cualidad o circunstancia que es propia o peculiar de una persona o una cosa y por la cual se
define o se distingue de otras de su misma especie.
CONCEPTUALIZACIÓN
LOS VERBOS
Es la parte de la oración que expresa una acción, proceso, estado o existencia que afecta a la persona o a las
cosas; tiene variación de tiempo, aspecto, modo, voz, número y persona y funciona como núcleo del predicado.
Ejemplo: Ramón sube las escaleras. ( sube - acción)
Ramón ha crecido un montón. ( ha crecido – proceso)
Ramón está cansado. ( esta – estado)
LOS VERBOIDES
Son los verbos no conjugados, no cumplen la función de núcleo dentro de la oración. Por eso se llaman
verboides. Su función es la de sustantivos, adjetivos o adverbios. Los verboides son: infinitivo, gerundio y
participio.
Infinitivo
Es el nombre de los verbos, es un sustantivo. Los infinitivos terminan en: ar er ir.
Ejemplo: Saltar, comer, reír.
Saltar es muy divertido
( Función: sustantivo de la oración)
Gerundio
Es un adverbio de modo. Los gerundios terminan en:
• ando para los verbos terminados en ar.
Ejemplo: trabajando, estudiando, saltando.
Estoy caminando hacia el parque
( Función: adverbio de modo, expresa la forma en que es realizada la acción expresada por el verbo)
• endo, iendo para los verbos terminados en er o ir.
Ejemplo: Mi padre está leyendo el periódico.
He salido corriendo del susto.
Participio
Los participios terminan en ido, ado.
Ejemplo: Estoy reunido con mi maestra.
He terminado la actividad.
CONJUGACIÓN DE VERBOS
Es el conjunto de las variaciones que puede sufrir el verbo para expresar todos sus tiempos, personas, número
y modo. Son:
Presente
La acción ocurre en el momento.
Ejemplo: La niña escribe el texto
Pasado o pretérito
La acción ya ocurrió.
Ejemplo: La niña escribió el texto.
Futuro
La acción no ha ocurrido.
Ejemplo: La niña escribirá el texto.
Pluscuamperfecto
Se utiliza cuando se menciona un evento anterior a otro pasado. Se forma con haber + participio.
Ejemplo: La niña había escrito el texto.
EJEMPLO DE CONJUGACION DE VERBOS EN SUS TRES TIEMPOS
ACTIVIDADES
TAREA
PREGUNTAS CONTEXTUALIZADAS
UN ALTO EN EL CAMINO
En un lejano país, hubo una vez una época de gran pobreza, donde sólo algunos ricos podían vivir sin
problemas. Las caravanas de tres de aquellos ricos coincidieron durante su viaje, y juntos llegaron a una aldea
donde la pobreza era extrema. Era tal su situación, que provocó distintas reacciones a cada uno de ellos, y
todas muy intensas.
El primer rico no pudo soportar ver aquello, así que tomó todo el oro y las joyas que llevaba en sus carros, que
eran muchas, y los repartió sin quedarse nada entre las gentes del campo. A todos ellos deseó la mejor de las
suertes, y partió.
El segundo rico, al ver su desesperada situación, paró con todos sus sirvientes, y quedándose lo justo para
llegar a su destino, entregó a aquellos hombres toda su comida y bebida, pues veía que el dinero de poco les
serviría. Se aseguró de que cada uno recibiera su parte y tuviera comida para cierto tiempo, y se despidió.
El tercero, al ver aquella pobreza, aceleró y pasó de largo, sin siquiera detenerse. Los otros ricos, mientras iban
juntos por el camino, comentaban su poca decencia y su falta de solidaridad. Menos mal que allí habían estado
ellos para ayudar a aquellos pobres...
Pero tres días después, se cruzaron con el tercer rico, que viajaba ahora en la dirección opuesta. Seguía
caminando rápido, pero sus carros habían cambiado el oro y las mercancías por aperos de labranza,
herramientas y sacos de distintas semillas y grano, y se dirigía a ayudar a luchar a la aldea contra la pobreza.
Y eso, que ocurrió hace tanto, seguimos viéndolo hoy. Hay gente generosa, aunque da sólo para que se vea lo
mucho que dan, y no quieren saber nada de quien lo recibe. Otros, también generosos, tratan de ayudar
realmente a quienes les rodean, pero sólo para sentirse mejor por haber obrado bien. Y hay otros, los mejores,
a quienes no les importa mucho lo que piense el resto de generosos, ni dan de forma ostentosa, pero se
preocupan de verdad por mejorar la vida de aquellos a quienes ayudan, y dan mucho de algo que vale mucho
más que el dinero: su tiempo, su ilusión y sus vidas.
¡Aún estamos a tiempo de cambiar al grupo bueno!
1. El texto anterior corresponde a:
A. Un texto narrativo B. Un texto informativo C. Un texto dramático D. Un texto descriptivo
2. En la frase “Era tal su situación, que provocó distintas reacciones a cada uno de ellos, y todos muy intensas”,
la palabra subrayada corresponde a:
A. Sustantivo B. Verbo C. Pronombre D. Adjetivo
3. Los verbos vivir, soportar y ver se dicen que se encuentran en:
A. Participio B. Gerundio C. Infinitivo D. Pasado
REFERENTES
Ministerio de Educación Nacional. (2012). Programa para la Transformación de la Calidad Educativa. Proyecto sé 5. Ediciones SM, S.A. Bogotá
Contenidos para Aprender por Ministerio de Educación Nacional de Colombia [Documento en línea]. Disponible:
[Link] [Consulta: 2018, enero 10]
Ministerio de Educación Nacional. (2012). Programa para la Transformación de la Calidad Educativa. Competencias Comunicativas 5°. Ediciones SM,
S.A. Bogotá
Ministerio de Educación Nacional. (2006). Estándares Básicos de Competencias. Documento No 3. Editorial MEN. Bogotá
Ministerio de Educación Nacional. (2013). Lenguaje entre textos grado 5°. Edición Printer Colombiana. S:A.S.
Ministerio de Educación Nacional. (2017). Mallas de aprendizaje lenguaje grado 5°. Edición Printer Colombiana. S:A.S.
Ministerio de Educación Nacional. Estándares Básicos de Competencias, Bogotá: Imprenta Nacional de Colombia, 2006.
ICFES (En línea). Consultado en: [Link]
“La lectura y la escritura, como todo, mejoran con la práctica” . Margaret Atwood