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Superación y Amistad en Cuentos Infantiles

El documento presenta dos historias cortas. La primera historia trata sobre una niña llamada Susana que usa gafas y es molestada por sus compañeros. Durante un viaje escolar a una cueva, Susana y su acosador Luis quedan atrapados. Susana logra encender una antorcha usando sus gafas, lo que les permite escapar. Desde entonces, Luis la defiende y la llama "Rayo Láser". La segunda historia trata sobre una niña llamada Sara que tiene una cojera. Es molestada por sus compañeros por su disc

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Superación y Amistad en Cuentos Infantiles

El documento presenta dos historias cortas. La primera historia trata sobre una niña llamada Susana que usa gafas y es molestada por sus compañeros. Durante un viaje escolar a una cueva, Susana y su acosador Luis quedan atrapados. Susana logra encender una antorcha usando sus gafas, lo que les permite escapar. Desde entonces, Luis la defiende y la llama "Rayo Láser". La segunda historia trata sobre una niña llamada Sara que tiene una cojera. Es molestada por sus compañeros por su disc

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Cuento

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 El mago alérgico
 Los duendes malvados
 Una playa con sorpresa

Susana era una niña lista y tímida. Pero como no veía muy bien, llevaba

gafas desde que podía recordar; y también desde que podía recordarlo,

algunos de sus compañeros de clase se metían con ella y se burlaban de

sus gafas de grandes cristales; y había sido el insoportable Luis el que

empezó a llamarla Cuatro Ojos, y como era un chico muy popular en

la clase, todo el mundo terminó conociéndola por Susana Cuatro Ojos.

Ella hacía como que no le importaba, pero realmente no le gustaba

nada.

Cierto día hicieron una excursión con el colegio para visitar unas cuevas

muy famosas. Todos caminaban en fila india, cuando Luis resbaló y

metió el pie en un agujero. En su caída sólo pudo agarrarse a Susana,

que caminaba a su lado, y ambos resbalaron durante un buen rato hasta

que fueron a parar a una gran caverna. Estaba muy oscuro, y sólo se

veía un rayito de luz procedente del techo de la caverna, muchos

metros por encima, y algunas raíces y troncos que habrían caido por

aquella apertura. Llamaron a voces y gritos, pero nadie acudió.

Agazapados y muertos de frío, pasaron una noche oscurísima dentro

de la cueva.

A la mañana siguiente, seguían sin haberles encontrado, y sólo el

pequeño rayo de luz les dejó ver algo. Luis aprovechó para gritar con

más fuerza y tratar de buscar alguna salida, pero no consiguió nada


en horas, y empezó a sentir miedo. Debía ser mediodía, porque

entonces Susana vio que el rayo entraba recto, directamente hasta

el suelo. Rápidamente fue hacia él tomando uno de los troncos, y

haciendo una lupa con sus gafas, convirtió aquel rayito en una pequeña

llama que encendió la antorcha. Luis, sorprendidísimo y

emocionado, tomó algunos troncos y juntos comenzaron a

explorar la cueva. Tardaron algún tiempo y quemaron unos cuantos

troncos, pero finalmente encontraron una salida. Entre abrazos y gritos

de alegría, Luis le dio mil gracias a Susana. Él sabía que no le gustaba

nada que le llamara "Cuatro Ojos", y ahora se arrepentía de haberla

llamado así, sobre todo después de que gracias a aquellas gafas

hubieran podido salir de allí...

Así que cuando por fin vieron a todos los que les buscaban,

incluida la policía, y los periodistas les abordaron con preguntas, Luis se

adelantó y dijo:

- ¡Qué suerte he tenido! ¡No podía tener mejor compañera de aventuras

que Susana Rayo Láser!

Así comenzó a contar la historia, y desde aquel día, no hubo

ningún otro "cuatro ojos" en aquel colegio. Eso sí, no preguntes

por los "Rayo Láser", porque hay unos cuantos.

Sara era coja de nacimiento. Hacía un año que había llegado al pueblo para
vivir con su nueva familia. Ella estaba muy contenta y muy feliz,
aunque algunas noches tenía pesadillas, pero nada que su nueva mamá no
pudiera solucionar con sus abrazos y nanas.
Sin embargo, en el colegio los niños le habían vacío o se metían con ella.
Nunca la llamaban por su nombre, sino que utilizaban su discapacidad para
insultarla. Incluso, le coreaban una canción titulada ‘La Coja’. Sara
procuraba no hacerles caso y disfrutaba del patio leyendo y aprendiendo cosas
de otras culturas.

Los nuevos padres de Sara se habían planteado operarla para eliminar la


cojera con el fin de que no tuviera que aguantar las burlas de los demás.
Pero Sara se negaba. Estaba muy orgullosa del balanceo que su cuerpo tenía
cuando andaba. Para ella ser coja era importante.

En una semana Sara celebraría su cumpleaños. Eran pocos los niños que


iban a acudir a su fiesta y no porque ellos quisieran, sino porque sus padres
les obligaban por su amistad con la familia de Sara.

Cuando llegó el día había caras tristes, excepto la de Sara. Tras disfrutar de los
payasos, de la merienda y de la tarta llegaron los regalos. Sara quiso
adelantarse y pidió permiso para hacer ella un regalo a todos los niños que
habían asistido a su cumpleaños antes de abrir ella sus paquetes. Sus nuevos
padres, extrañados, la animaron a continuar.

Fue entonces cuando Sara quiso regalar a los niños su historia. Comenzó


contando que antes vivían en un bonito país llamado Siria. Que tenía muchos
amigos y siempre estaban jugando en la calle. Recordó el nombre de todos
éstos y el de sus numerosos hermanos. Les explicó lo feliz que era allí.

Pero un día empezaron a estallar bombas y todos se prepararon para dejar sus
casas en busca de una tierra en paz y que les acogiera. Como ella era coja, un
camión de la Cruz Roja la recogió un viernes por la tarde para que no tuviera
que andar tanto. Su familia y vecinos la seguirían en la mañana siguiente. Sin
embargo, nuevas bombas cayeron esa noche en el barrio y Sara nunca más
supo de ellos.

Sara sabía que su cojera le había salvado la vida y con cada balanceo de su
cuerpo recordaba a sus hermanos y viejos amigos, así como todo lo que
suponía su antigua tierra. Ser coja para ella siempre sería importante.
Desde ese día ningún niño volvió a llamarla coja ni a hacerle vacío. Todos
se disculparon con ella y aprendieron que ser diferente no solo no es malo sino
que puede enriquecernos a todos

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