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Montañas Sin Hielo

Un informe de la ONU advierte sobre las devastadoras consecuencias del cambio climático si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, incluyendo el aumento del nivel del mar, la acidificación de los océanos y la pérdida de glaciares. Los científicos destacan que la falta de acción podría resultar en un mundo con ecosistemas marinos en crisis, escasez de agua y desastres naturales más frecuentes, afectando gravemente a las comunidades vulnerables. Se enfatiza la urgencia de un cambio radical en los estilos de vida y políticas para mitigar estos efectos y proteger los medios de subsistencia humanos y la biodiversidad.

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Montañas Sin Hielo

Un informe de la ONU advierte sobre las devastadoras consecuencias del cambio climático si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, incluyendo el aumento del nivel del mar, la acidificación de los océanos y la pérdida de glaciares. Los científicos destacan que la falta de acción podría resultar en un mundo con ecosistemas marinos en crisis, escasez de agua y desastres naturales más frecuentes, afectando gravemente a las comunidades vulnerables. Se enfatiza la urgencia de un cambio radical en los estilos de vida y políticas para mitigar estos efectos y proteger los medios de subsistencia humanos y la biodiversidad.

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Montañas sin hielo, ríos sin agua y océanos sin vida, la catástrofe de 

no reducir emisiones 
Un mundo con avalanchas sepultando pueblos y ciudades de montaña, islas y costas 
sumergidas por el aumento del nivel del mar, y un océano cada vez más ácido, caliente e 
inhabitable para una gran cantidad de seres vivos, este es el futuro que le espera a la 
humanidad si no se actúa ya contra el cambio climático, han advertido más de 100 
científicos en un nuevo informe de la ONU. 
 
Se  necesita  reducir  urgentemente  las  emisiones  de  gases  de  efecto  invernadero  para  limitar  la 
magnitud  de  los  ​cambios  en  los  océanos y en los mantos de hielo​, incluidos los glaciares, y para 
preservar  los  ecosistemas  y  los  medios  de  subsistencia  de  aquellos  que  dependen  de  esas 
regiones,  asegura  ​un  nuevo  informe  publicado  por  el  ​Panel  Intergubernamental  de  Expertos 
contra el Cambio Climático​. 
En  las  últimas  décadas, el calentamiento global ha reducido la ​criosfera del planeta, con pérdidas 
en  las  capas  de  hielo  y  los  glaciares,  y  reducciones  en  la  cobertura  de  nieve  de  las  montañas. 
También  se  ha  reducido  el  hielo  marino  del  Ártico  y  la  temperatura  del  permafrost.  Esto  genera 
impactos  negativos  en  la  alimentación,  los  recursos  acuíferos,  la  calidad  del  agua, y afecta a las 
comunidades más vulnerables, como las indígenas. 
Asimismo,  el  océano  ​se  ha  calentado  progresivamente  desde  1970  y ha absorbido más del 90% 
del  exceso  de  calor  del  sistema  climático.  Desde  1993, la tasa de calentamiento de los mares se 
ha  duplicado,  y  desde  1982,  las  “olas  de  calor”  dentro  del  mar  se  han  duplicado  en  frecuencia  e 
intensidad.  Además,  al  absorber  más  dióxido de carbono, el océano se vuelve más ácido y pierde 
oxígeno  vital  para  los  ecosistemas  que  lo  habitan.  Muchas  especies  marinas  han  tenido  que 
migrar a lugares donde antes no se encontraban para sobrevivir. 
Por  otro  lado,  el  nivel  global  del  mar  continúa  aumentado  con  ​una  aceleración  en  las  décadas 
recientes  por  la  pérdida  de  las  capas  de  hielo en Groenlandia y el Antártico​, así como la pérdida 
continua  de  masa  glaciar.  El  ​incremento  de  los  vientos  de  los  ciclones  tropicales  y  de  la lluvia, y 
la  intensificación  de  las  olas  de  calor  extremas,  combinado  con  el  aumento  del  nivel  del  mar, 
exacerba los riesgos de eventos extremos y peligros en las costas. 
Los  expertos  describen  una  situación  poco  alentadora,  y  que  exige  un  cambio  radical  del  modo 
de vida de los habitantes de ciudades costeras y de las regiones árticas. 
 

Avalanchas y escasez de agua en las comunidades de montaña


Al  ritmo  de  calentamiento  global  actual,  los  habitantes  de  las  regiones  de  montaña  están  cada 
vez más expuestos a peligros y cambios en la disponibilidad de agua, aseguran los científicos. 
Los  glaciares,  la  nieve,  el  hielo  y  el  permafrost  que  ya  están  disminuyendo  lo  continuarán 
haciendo  y  esto  traerá  ​deslizamientos  de  tierra,  avalanchas,  desprendimientos  de  rocas  e 
inundaciones. 
Los  expertos  del  IPCC  prevén  que  glaciares  en  la  región  tropical  de  los  Andes,  Europa,  África 
Oriental  e  Indonesia  podría  llegar  a  perder  más  del  80%  de su tamaño actual para el 2100, lo que 
afectará el turismo y el patrimonio cultural de algunos países. 
Otro  gran  problema  es  que  a  medida  que  los  glaciares  retroceden,  s​e  ve  afectada  la 
disponibilidad  de  agua  río  abajo  ​y  esto  repercute  en  numerosos  sectores  como  el  agrícola  y  el 
hidroeléctrico. 
“Los  cambios  en  la disponibilidad de agua no solo perjudicarán a los habitantes de esas regiones 
de  alta  montaña,  sino  también  a  comunidades  situadas  muchos  kilómetros  aguas  abajo”,  dijo 
Panmao Zhai, uno de los autores del informe. 
Agregó que “la limitación del calentamiento propiciaría la adaptación de estas comunidades a los 
cambios  en  el  suministro  de  agua  en  las zonas montañosas y en otras regiones, y restringiría los 
riesgos relacionados con los fenómenos peligrosos de montaña”, detalló. 
 

Un metro de aumento en el nivel del mar


Cuando  los  glaciares  y  los  mantos  de  hielo  de  las  regiones  polares  y  de  montaña  pierden  masa 
se  acelera  la  subida  del  nivel  de  mar  y  las  aguas  cálidas  en  los  océanos  se  expanden,  explican 
los científicos. 
Durante  el  siglo  XX,  el nivel del mar ha subido a nivel mundial en unos 15 centímetros, pero ahora 
se  encuentra  aumentando  dos  veces  más  rápido,  unos  3,6  milímetros  por  año,  y  la  tasa  sigue 
incrementando. 
El  aumento  del  nivel  del  mar  podría  alcanzar  hasta  60  centímetros  para  el  2100  incluso  si  los 
gases de efecto invernadero se reducen radicalmente y el calentamiento global se limita a menos 
de  2  grados  centígrados  sobre  niveles  preindustriales.  Si  las  emisiones  continúan  como  van 
actualmente, los científicos prevén que un crecimiento del nivel de mar de ​más de un metro. 
“El  amplio  abanico  de  proyecciones  sobre  el  nivel  que  alcanzará  el  mar  en  2100  y  en  adelante 
depende  de  la reacción de los mantos de hielo al calentamiento, en especial en la Antártida, y esa 
es  una  cuestión  todavía  sujeta a importantes incertidumbres”, explica la experta del IPCC, Valérie 
MassonDelmotte. 

Más tragedias en las costas, más huracanes y ciclones


Por  ​cada  grado  de  calentamiento  global  ​adicional,  los  fenómenos  que  antes  ocurrían  una  vez 
cada  100  años  se  convertirán  en  eventos  anuales  para  mediados  de  siglo  en  muchas  regiones. 
Esto  agrava  los  riesgos  a  los  que  están  expuestos  muchos  estados  insultares  y  ciudades 
costeras de baja altitud. 
Si  no  se  destinan  grandes  inversiones  a  fines  de  adaptación,  estas  zonas  estarían  expuestas  a 
riesgos  de  inundación  cada  vez  mayores,  según  se  explica  en  el  informe.  Mareas  altas  y 
tormentas  intensas  harían  que  algunas  naciones  insultares  enteras  dejen  de  ser  habitables, 
predicen los expertos, aunque aclaran que es difícil aun medir a qué nivel. 
“Ya  se  están  aplicando  varias  estrategias  de adaptación, a menudo en respuesta a inundaciones, 
y  en  el  informe  se  destaca  la  diversidad  de  opciones  disponibles  en  cada  contexto  para  la 
elaboración  de  respuestas  integradas  que  permitan  anticiparse  a  toda  la  gama  de  subidas 
futuras del nivel del mar”, afirma Masson-Delmotte. 

Peligros para los ecosistemas marinos


Para  2100,  los  océanos  absorberán  entre  dos  y  cuatro  veces  más  calor  que  ahora  si  el 
calentamiento  global se limita a 2 grados, de lo contrario, absorberán de entre cinco a siete veces 
más.  El  calor  marino  reduce  la  mezcla  entre  capas  de  agua  y  como  consecuencia  el  suministro 
de oxígeno y nutrientes para la vida marina. 
La  frecuencia de las olas de calor marinas se ha duplicado desde 1982 y su intensidad no deja de 
crecer.  Las  proyecciones  apuntan  a  un  incremento  adicional  en  su  frecuencia,  duración, 
extensión  e  intensidad.  Con  un  calentamiento de 2 grados, su frecuencia será 20 veces mayor en 
comparación  con  los  niveles  preindustriales,  pero  si  las  emisiones  siguen  aumentando  con 
fuerza, su frecuencia será 50 veces mayor. 
Además,  una  incorporación  continuada  de  carbono  a  los  océanos  de  aquí  a  2100  exacerbará  el 
aumento de acidez de sus aguas. 
La  acidificación  y  el  calentamiento  de  los  océanos,  la  pérdida  de  oxígeno  y  los  cambios  en  el 
suministro  de  nutrientes  ya  afectan  a  la  distribución  y  la  abundancia  de  la  vida  marina  en  las 
zonas costeras, en alta mar y en el fondo marino. 
La  intensificación  de  estos  factores  en  el  futuro  causará  severos  impactos  a  la  biodiversidad, 
pérdida  de  hábitats  y  degradación  de  los  ecosistemas​.  La  capacidad  de  los  organismos  de 
adaptarse al calor y la acidez de los océanos es mayor si las emisiones se disminuyen. 
Para  ecosistemas  sensibles  como  las  praderas  de  hierbas  marinas  y  los  bosques  de  algas,  se 
proyectan  altos  riesgos  si  el  calentamiento  global  excede  los  2  por  encima  de  la  temperatura 
preindustrial,  combinado  con  otros  peligros  relacionados  con  el  clima.  Los  arrecifes  de  coral  de 
aguas  cálidas  ya  de  por  sí  están  en  alto  riesgo  y  se  prevé  que  sea  aún  peor,  incluso  si  el 
calentamiento global se limita a 1,5 ° C. 

Amenaza a medios de subsistencia humana


Desde  1950  muchas  especies  marinas han tenido grandes cambios en su ubicación geográfica y 
sus  actividades  en  las  diferentes  estaciones  del  año,  en  respuesta  al  calentamiento  global,  la 
falta de hielo marino y la pérdida de oxígeno. 
Esto  ha  resultado  en  cambios  en  la  composición  de  especies,  abundancia  y  producción  de 
biomasa  de  los ecosistemas, desde el Ecuador hasta los polos. Las interacciones alteradas entre 
especies  han  causado  impactos  en  cadena  ​sobre  la  estructura  y  el  funcionamiento  del 
ecosistema. 
Esto  afecta  también  los  medios  de  vida  humana.  Los  cambios  en  la  distribución  de  las 
poblaciones  de  peces  han  reducido  el  potencial  de  capturas  a  nivel  mundial.  En  el  futuro, 
disminuirá  todavía  más  en  algunas  regiones,  en  particular  en  los  océanos  tropicales,  pero 
aumentará en otras, como por ejemplo en el Ártico. 
Las  comunidades  que  dependen  en  gran  medida  de  los  productos  alimentarios  marinos  pueden 
verse  confrontadas  con  riesgos  para  la  salud  nutricional  y  la  seguridad  alimentaria  de  sus 
integrantes. 
  “La  disminución  de  las  emisiones  de  gases  de  efecto  invernadero  limitará  las  consecuencias 
para  los  ecosistemas  oceánicos  que  nos  proporcionan  alimentos,  nos  ayudan  a  gozar  de  buena 
salud y conforman nuestras culturas”, asegura Hans-Otto Pörtner, científico de la IPCC. 
Agrega  que  “la  reducción  de  otros  factores  de  estrés,  como  la  contaminación,  ayudará  a  la  vida 
marina  a  encarar  los  cambios  que  experimente  su  entorno,  y  potenciará  la  resiliencia  de  los 
océanos.  Los  marcos  en  materia  de  políticas,  por  ejemplo,  para  la  ordenación  de  la  pesca  y  el 
establecimiento  de  zonas  marinas  protegidas,  brindan  a  las  comunidades  oportunidades  de 
adaptación  a  los  cambios  y  de  reducción  al  mínimo  de  los  riesgos  para  nuestros  medios  de 
subsistencia”. 

Un Ártico sin hielo


Si  no  se  limita  el  calentamiento  global a 1,5º grados, el Ártico se quedará sin hielo en septiembre 
cada tres años o menos, predicen los científicos. 
Algunas  poblaciones  del  Ártico,  ​en  especial los pueblos indígenas, ya han ajustado sus patrones 
de  desplazamiento  y  caza  en  función  de  la  estación  y  de  la  seguridad  de  las  condiciones  de  la 
tierra,  el  hielo  y  la  nieve,  mientras  que  algunas  comunidades  costeras  han  previsto  su 
relocalización.  El  éxito  de  su  adaptación  dependerá  de  los  recursos financieros, las capacidades 
y el apoyo institucional, se precisa en el informe. 
Por  otro  lado,  el  terreno  de  permafrost  —congelado  durante  muchos  años—es  objeto  de 
calentamiento  y  deshielo,  y  las  proyecciones  apuntan  a un deshielo generalizado durante el siglo 
XXI.  Incluso  aunque  el  calentamiento  global  se  limite  a  valores  muy  inferiores  a  2  grados, 
aproximadamente  el  25  %  del  permafrost  situado  cerca  de  la  superficie,  entre  3  y  4  metros  de 
profundidad,  se  habrá  derretido  de  aquí  a  2100.  Si  las emisiones de gases de efecto invernadero 
siguen aumentando con fuerza, cabe la posibilidad de que se pierda cerca del 70 %. 
Además,  el  permafrost  de  las  regiones  ártica  y  boreal  almacena  grandes  cantidades  de carbono 
orgánico,  prácticamente  el  doble  que  el  contenido  en  la  atmósfera,  y  su  deshielo  podría 
incrementar notablemente la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. 
“Resulta  difícil  saber  si  ​ya  se  está  produciendo  una  liberación  neta  de  dióxido  de  carbono  ​o 
metano  a  causa  del  actual  deshielo  del  permafrost  ártico.  En  el  futuro,  un  mayor  crecimiento de 
la  vegetación  puede  potenciar  la  capacidad  de  almacenamiento  de  carbono  del  suelo  y 
compensar  la  liberación  de  ese  elemento  debida  al  deshielo  del  permafrost, pero no en un grado 
suficiente  para  la  magnitud  de  los  grandes  cambios  que  pueden  producirse  a  largo  plazo”, 
advierten los expertos. 
Actualmente,  los  incendios  forestales  están  perturbando  los  ecosistemas  en  la  mayoría  de  las 
regiones boreales, de tundra y de montaña​. 

Recomendaciones
 
Los  científicos  del  Panel  aseguran  que  una  reducción  marcada  de  las  emisiones  de  gases  de 
efecto  invernadero,  la  protección  y  la  restauración  de  los  ecosistemas,  y  una  gestión  cuidadosa 
del  uso  de  los  recursos  naturales  permitiría  preservar  los  océanos  y  la  ​criosfera  como  fuente de 
oportunidades  que  ayuden  a  adaptarse  a los cambios futuros, limitar los riesgos para los medios 
de subsistencia y proporcionar múltiples beneficios adicionales al conjunto de la sociedad. 
“Solo  podremos  mantener  el  calentamiento  global  muy  por  debajo  de  2  grados  con  respecto  a 
los  niveles  preindustriales ​si aplicamos transiciones sin precedentes en todos los aspectos de la 
sociedad, por ejemplo, en los ámbitos de la energía, la tierra y los ecosistemas, las zonas urbanas 
y  las  infraestructuras,  y  la  industria.  La  adopción  de  políticas  climáticas  ambiciosas  y  la 
reducción  de  las  emisiones  imprescindibles  para  dar  cumplimiento  al  Acuerdo  de  París  también 
protegerán  los  océanos  y  la  ​criosfera  y,  en  última  instancia,  permitirán velar por el conjunto de la 
vida en la Tierra”, explicó Debra Roberts, miembro del IPCC. 
En el informe se proporcionan indicios que evidencian los beneficios de combinar conocimientos 
científicos  con  saberes  locales  y  ancestrales ​para elaborar estrategias adecuadas de gestión de 
los  riesgos  asociados  al  cambio  climático  y  potenciar  su  resiliencia.  Se  trata  del  primer  informe 
del  IPCC  en  el  que  se  resalta  la  importancia  de  la  educación  para  fomentar  los  conocimientos 
sobre el cambio climático, los océanos y la c ​ riosfera​. 
“Cuanto  antes  actuemos,  y  cuanto  más  resueltas  sean  nuestras  acciones,  mayor  será  nuestra 
capacidad  para  abordar  cambios inevitables, gestionar riesgos, mejorar nuestras vidas y lograr la 
sostenibilidad  de  los  ecosistemas  y  las  personas  de  todo  el  mundo,  hoy  y  en  el  futuro”,  afirmó 
Roberts. 

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