1) Delimitación del texto:
La perícopa estudiada se encuentra en la segunda parte del evangelio denominada “la
hora”. Con la frase Μετὰ δὲ ταῦτα se tiene un indicador de cambio temporal. La aparición de
nuevos personajes en la narración es otro fuerte indicador en la delimitación. Aparecen José de
Arimatea, pidiendo el cuerpo de Jesús ante Pilato, y Nicodemo cargando con la mirra y el áloe. En
cuanto al indicador de espacio se puede conjeturar que se trasladan desde el pie de la cruz hasta
un huerto cercano. No queda definido si Pilato está al pie de la cruz permitiendo el traslado del
cuerpo, o pertenece la petición de José de Arimatea a una escena distinta.
El texto de The Greek New Testament (4°RE) titula la perícopa como The Burial of Jesus. La
distingue claramente de la perícopa anterior titulada The Piercing of Jesus´Side (Jn. 19.31-37), y de
la perícopa posterior titulada The Resurrection of Jesus (Jn. 20.1-10). El texto de Novum
Testamentum Graece (Nestle-Aland, Ed. XXVII) no utiliza títulos para las perícopas pero sí una
sangría izquierda para denotar el cambio de las mismas. En este caso las sangrías están en 19.38,
y en 20.1.
La Biblia de Jerusalén 1998 delimita de la misma forma titulando la perícopa “Jesús es
sepultado”. Asimismo la Biblia Nácar-Colunga, Biblia de las Américas (“Sepultura de Jesús”), y
Bover-Cantera (“Sepultura”).
2) Crítica textual:
En la presente perícopa solamente se encuentra un problema textual sin mayor
relevancia. La palabra μίγμα (“mezcla”) que aparece en 19.39 tiene mayor peso en manuscritos
como P66, א2, A, Dsupp, L, Δ, θ, 0141. Las variantes presentadas por GNT 4° Edición Revisada con sus
manuscritos que las soportan son: 1) ἕλιγμα (“paquete”), *א, B, W; 2) σμίγμα (var. de μίγμα), Ψ,
157 (892supp, 1243 σμῆγμα) l 524.
3) Traducción literal: Texto griego de Nestle-Aland, Ed. XXVII con interlineal
Después y a-estas-cosas rogó a-el Pilato José el de Arimatea,
38 Μετὰ δὲ ταῦτα ἠρώτησεν τὸν Πιλᾶτον Ἰωσὴφ [ὁ] ἀπὸ Ἁριμαθαίας,
siendo discípulo de-el Jesús encubiertamente y por el temor de-los judíos
1
ὢν μαθητὴς τοῦ Ἰησοῦ κεκρυμμένος δὲ διὰ τὸν φόβον τῶν Ἰουδαίων,
a fin de que llevase el cuerpo de-el Jesús; y dio permiso el Pilato. Vino
ἵνα ἄρῃ τὸ σῶμα τοῦ Ἰησοῦ· καὶ ἐπέτρεψεν ὁ Πιλᾶτος. ἦλθεν
entonces y llevó el cuerpo de-él.
οὖν καὶ ἦρεν τὸ σῶμα αὐτοῦ.
Vino y también Nicodemo, el-que-vino hacia él de noche a-la primera, trayendo
39 ἦλθεν δὲ καὶ Νικόδημος, ὁ ἐλθὼν πρὸς αὐτὸν νυκτὸς τὸ πρῶτον, φέρων
mezcla de mirra y áloes como libras cien.
μίγμα σμύρνης καὶ ἀλόης ὡς λίτρας ἑκατόν.
Tomaron entonces el cuerpo de-el Jesús y envolvieron a-él en-lienzos con las
40 ἔλαβον οὖν τὸ σῶμα τοῦ Ἰησοῦ καὶ ἔδησαν αὐτὸ ὀθονίοις μετὰ τῶν
especias, según costumbre es en-los judíos sepultar.
ἀρωμάτων, καθὼς ἔθος ἐστὶν τοῖς Ἰουδαίοις ἐνταφιάζειν.
Estaba y en el lugar donde fue crucificado un huerto, y en el huerto sepulcro
41 ἦν δὲ ἐν τῷ τόπῳ ὅπου ἐσταυρώθη κῆπος, καὶ ἐν τῷ κήπῳ μνημεῖον
nuevo en el-cual todavía no ninguno era puesto;
καινὸν ἐν ᾧ οὐδέπω οὐδεὶς ἦν τεθειμένος·
allí entonces por-causa-de la preparación de-los judíos, porque cerca estaba
42 ἐκεῖ οὖν διὰ τὴν παρασκευὴν τῶν Ἰουδαίων, ὅτι ἐγγὺς ἦν
el sepulcro, pusieron a-el Jesús.
τὸ μνημεῖον, ἔθηκαν τὸν Ἰησοῦν.
4) Segmentación y estructuración del texto en español:
38 a Y después de estas cosas rogó a Pilato José de Arimatea,
b siendo discípulo de Jesús encubiertamente y por temor a los judíos,
c a fin de que llevase el cuerpo de Jesús;
d y Pilato le dio permiso.
A e Vino entonces
f y llevó el cuerpo de él.
39 a Y vino también Nicodemo,
2
b el que vino a él de noche a la primera,
c trayendo mezcla de mirra y áloes como cien libras.
40 a Tomaron entonces el cuerpo de Jesús
B b y lo envolvieron en lienzos con las especias,
c según es la costumbre de sepultar entre los judíos.
41 a Y estaba en el lugar donde fue crucificado un huerto,
b y en el huerto un sepulcro nuevo
d en el cual todavía no era puesto ninguno;
C 42 a allí entonces por causa de la preparación de los judíos,
b porque cerca estaba el sepulcro,
c pusieron a Jesús.
Esquema de estructura:
A: Recuperación del cuerpo y adquisición de los elementos para su preparación.
B: Preparación del cuerpo.
C: Locación de la sepultura y colocación del cuerpo.
5) Comentario exegético:
A modo introductorio, el teólogo reformado Herman Ridderbos comenta sobre la
perícopa:
El informe de Juan coincide ampliamente con el de los sinópticos: la iniciativa de José
de Arimatea, la sepultura en una tumba aún no utilizada, el fondo del sábado
inminente. Pero también hay diferencias importantes: la participación de Nicodemo
junto a José, el uso de una gran cantidad de mirra y aloés, y no se menciona a ninguna
mujer como testigo en el entierro. Incluso en lo que Juan tiene en común con los
sinópticos, como por ejemplo en la mención de José, los detalles son diferentes, y la
completa independencia de Juan de la tradición sinóptica y su propio propósito
kerigmático se destacan.1
El profesor de Nuevo Testamento en el Asbury Theological Seminary, Dr. Craig S. Keener,
realiza una reseña histórica sobre el v.38:
1
Herman Ridderbos. The Gospel of John, (Grand Rapids, Michigan: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1997),
440-41
3
Más importante aún, en este período la costumbre romana prohibía oficialmente
enterrar a los ejecutados (Tácito, An. 6.29). Sin embargo, una larga historia de
tradición mediterránea hizo hincapié en la necesidad del entierro, como se señaló
anteriormente; la negativa a permitir el entierro era normalmente vista como
impiedad, y durante siglos la mayoría de las personas en el poder, aun aquellas
consideradas moralmente reprensibles, permitieron el entierro incluso de sus
enemigos. Es importante señalar que los romanos a veces entregaban el cadáver a
amigos o parientes que pedían permiso para enterrarlos. Aunque Pilato
probablemente no entregara el cadáver si admitía la acusación de maiestas (traición);
Pilato no parece tomar en serio esa acusación.2
El Padre Rivas, en su comentario al v.38, remarca que la perícopa es definida como Sexta
Escena, y destaca el paralelo entre el relato de Juan y los sinópticos:
Este versículo se corresponde con Mt 27, 57-58; Mc 15, 43 y Lc 23, 50-52. Los cuatro
evangelios coinciden en afirmar que el descendimiento del cuerpo de Jesús desde la
cruz y la tarea de sepultarlo no fue llevada a cabo por discípulos conocidos o por
familiares, sino por José de Arimatea, un personaje hasta ese momento desconocido.
El evangelio de Juan introduce también a Nicodemo, una persona ignorada por los
otros evangelistas.3
Es en verdad significativa la mención que hacen los exégetas sobre la cantidad de mirra y
áloe que presenta Nicodemo en el v.39, y las conjeturas teológicas son interesantes. Es el caso del
exégeta católico Rudolf Schnackenburg que comenta al respecto:
La exposición joánica de la sepultura de Jesús tiende innegablemente a poner en una
luz clara las honras otorgadas al crucificado, la glorificación iniciada ya con el hecho
de ‘exaltarle’. La extraordinaria cantidad de perfumes que Nicodemo aporta, el
hecho de envolver el cadáver con lienzos de lino de acuerdo con la costumbre, y su
colocación en un sepulcro nuevo en el que nadie hasta entonces había sido
depositado, son otros tantos indicios de esta intención.4
Por su parte, el sacerdote católico holandés, Sjef Van Tilborg, hace un interesante aporte
al a la actitud de Nicodemo: “en exuberante cantidad trae consigo mirra y áloe, en un hecho en el
que intenta recompensar todo lo que en el pasado, probablemente, hizo con mezquindad.”5 Henri
Van Den Bussche explica en su comentario al v.39 lo siguiente: “Nicodemo, el timorato (3.2), que
sin embargo había dado prueba de cierto valor en una reunión del Gran Consejo (7.50), ofrece al
Maestro difunto un don generoso: cien libras (32,7 kg) de mirra (resina perfumada) y áloe (jugo
2
Craig S. Keener. The Gospel of John. A Commentary, (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2003), 1160-61
3
Luis Heriberto Rivas. El evangelio de Juan. Introducción, teología y comentario, (Buenos Aires: San Benito,
2005), 510
4
Rudolf Schnackenburg. El evangelio según San Juan. III Versión, comentario e índices, (Barcelona: Herder,
1980), 363
5
Sjef Van Tilborg. Comentario al evangelio de Juan, (Navarra: Editorial Verbo Divino, 2005), 401
4
oloroso de plantas), destinadas a suprimir el olor del cadáver.”6 Asombrosamente Van Den
Bussche no hace mención a la exageración de la cantidad de especias.
Schnackenburg explica algunas cuestiones históricas sobre las especias aplicadas al
cadáver: “La abundancia de los perfumes, dispuestos entre los lienzos, preserva del hedor al
cadáver, lo que según la concepción judía es un gran honor que se hace a los difuntos. Entre los
judíos no era común un embalsamiento de los muertos (como entre los egipcios).”7 Léon-Dufour
remarca teológicamente la idea de cuerpo/templo: “Debido a la insistencia del texto sobre el
‘cuerpo’ (σῶμα) de Jesús, que en 2,19-21 había sido identificado con el templo, la presencia de la
mirra y el áloe, utilizados como incienso en el culto israelita, podría sugerir otro simbolismo, el
simbolismo del cuerpo/templo.”8
En el verso 40 nos encontramos con la preparación del cuerpo del Señor. Existe un detalle
en el que Schnackenburg se detiene a señalarlo: “Es curioso notar que ningún evangelista
menciona el lavatorio del cadáver, que era el servicio más importante rendido a los cadáveres.” 9
Añade a ésta costumbre de la época, el Padre Léon-Dufour, lo siguiente: “La precisión de Juan,
‘según la costumbre judía de sepultar’, subraya que todo se hizo según las normas, en contra de la
suerte que se reservaba habitualmente a los cadáveres de los condenados.” 10 También el Padre
Brown tiene una nota sumamente interesante sobre los preparativos del cuerpo en el contexto de
la fiesta de los judíos:
El relato que hace Juan de los preparativos del viernes para la sepultura nada tiene
que ver con el tema de la resurrección; ciertamente, un enterramiento tan prolijo no
parece anticipar una inminente resurrección. Si dejamos aparte la gran cantidad de
aromas, la mayor dificultad que entraña el relato de Juan radica en la aparente
contradicción que existe entre los prolijos preparativos para la sepultura y las prisas
que imponía la inminencia de la festividad. Sin embargo, no debemos minusvalorar la
insistencia de las normas judías en que el cadáver fuera convenientemente preparado
para su entierro.11
El teólogo protestante, C.H. Dodd, explica los motivos de la visita a la sepultura en la
mañana del domingo: “Juan afirma lo que los sinópticos niegan implícitamente: que el cuerpo de
6
Henri Van Den Bussche. El evangelio según San Juan, (Madrid: STVDIVM Ediciones, 1972), 677
7
Schnackenburg. Ibíd., 366
8
Xavier Léon-Dufour. Lectura del evangelio de Juan. Vol. IV, (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1998), 152
9
Schnackenburg. Ibíd., 367
10
Léon-Dufour. Ibíd., 152
11
Raymond E. Brown. Evangelio según Juan. XIII-XXI, (Madrid: Ediciones Cristiandad, 2000), 1261
5
Jesús fue ungido para la sepultura (19.38-40). De acuerdo con esto, el objetivo atribuido a la visita
al sepulcro en la mañana de Pascua está ausente de Jn. 20. El motivo aquí puede ser el deseo de
evitar la ignominia de una sepultura sin embalsamiento; no hay sombra de motivo teológico.”12
Otras cuestiones teológicas y apologéticas serán mencionadas más adelante.
En relación a los vv.41-42 que narran la locación de la sepultura y la colocación del cuerpo
de Jesús, el teólogo católico alemán, Alfred Wikenhauser:
Como el tiempo urge, el cadáver es colocado provisionalmente en una tumba
excavada en la roca, dentro de un huerto contiguo al lugar de la crucifixión. Es una
tumba nueva, en la cual no se ha depuesto ningún cadáver (Lc. 23,53); Mateo precisa
que se trata de la tumba que José había mandado a abrir para sí mismo. Jesús recibe
de esta forma sepultura digna. Las bóvedas funerarias excavadas en la roca servían
generalmente para dos o tres cadáveres a un mismo tiempo, y se usaban varias veces,
dado que, una vez descompuesto el cadáver, los huesos se recogían en un recipiente
apropiado (osario), que se colocaba en otro lugar. El sepulcro de Jesús se cierra con
una piedra (20,1). 13
El Padre Xavier Léon-Dufour desarrolla el tema de la historicidad y simbolismo del huerto:
“La existencia de este huerto es históricamente posible; por otra parte, su mención puede
encerrar una intención simbólica. De acuerdo con el carácter suntuoso del sepelio, ¿evocará a los
jardines en donde se enterraba a los reyes de Judá? (2° R. 21, 18.26) y al mismo David (Ne. 3,16
LXX). Se ha propuesto a veces la alusión al huerto del Edén (Gn. 2,8-15), pero sin éxito.”14 Van
Den Bussche realza la cuestiónde la resurrección comentando: “Jesús no ha sido enterrado en la
fosa común de los condenados, sino que recibió los honores fúnebres dignos del que fue Rey en su
muerte y cuyo cuerpo está destinado a resucitar dentro de poco.”15
Existe una mirada similar a la del Padre León-Dufour sobre las reminiscencias al Antiguo
Testamento, y es la de Van Tilborg:
Jesús está en manos de sus amigos y es sepultado ‘como rey de los judíos’: tal como
era costumbre entre los judíos, con tantas substancias aromáticas como corresponde
a un rey, en un sepulcro nuevo, que no había sido usado, en un jardín (cf. la versión
de los LXX de Neh. 3,16 acerca de la tumba de David en un jardín). El día de la fiesta
de Pascua de los judíos, Jesús yace muerto en un sepulcro.16
12
Charles Harold Dodd. Interpretación del Cuarto Evangelio, (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1978), 429
13
Alfred Wikenhauser. El evangelio según San Juan, (Barcelona: Editorial Herder, 1967), 502
14
Léon-Dufour. Ibíd., 153
15
Van Den Bussche. Ibíd., 676
16
Van Tilborg. Ibíd., 401
6
6) Teología y aspectos apologéticos:
Existen cuestiones muy profundas desde el punto de vista teológico que los exégetas y
teólogos destacan claramente. Para comenzar, se mencionan aquí algunas de las ideas de
Schnackenburg. El autor da énfasis al tributo que rinde la comunidad de a su Señor en un
homenaje soberano. Es una muestra de extraordinaria veneración. Para Schnackenburg el autor
de Juan da una conclusión en paz y reposo, y la mañana pascual aporta algo nuevo; pero esto
nuevo irrumpe necesariamente desde esa pasión con su gloria oculta. Afirma este autor alemán
sobre el carácter apologético de la narración:
Quizás en la fuente se reflejaba también aquí un interés apologético: esa tumba era
fácil de identificar; Jesús no fue llevado al lugar lejano al que llevaban a los
ajusticiados. Mas para Juan no sólo es importante la proximidad, sino que también el
sepulcro era nuevo y se usaba entonces por primera vez: así convenía a la dignidad y
santidad de Jesús.17
Por su lado, el Padre Brown reconoce que algunos detalles del relato tengan sus orígenes
en las exigencias de la apologética, y menciona a Bultmann, el cual caracteriza el relato de Juan
como una edificante invención legendaria. En la insistencia en que la tumba no había sido aún
utilizada (‘nuevo’; ‘en el que nadie había sido enterrado’) sirve para subrayar la santidad: el
sepulcro nunca había sido destinado a usos profanos. El Padre Brown opina que eso refleja más
bien una intención apologética. A todo esto el exégeta estadounidense agrega:
Pero quedan dos posibilidades de que en este pasaje haya un simbolismo teológico de
grado menor que merecería nuestra atención. La primera se refiere a una
continuación del tema de que Jesús, una vez exaltado sobre la tierra, atraerá hacia sí
a todos los hombres (12,32). Veíamos cómo en el quinto episodio se hacía presente
este mismo tema a través del testimonio aducido por el discípulo amado acerca de la
sangre y el agua, ya que este testimonio va dirigido a todos los que creen en Jesús.
Pero es posible que la conclusión Juan se dirija a otro tipo de creyentes,
representados por José y Nicodemo.18
Francis J. Moloney, teólogo australiano, enmarca teológicamente el relato de la pasión en
la figura del huerto:
El narrador indica que estas cosas tuvieron lugar en un huerto (v.41: ἐν τῷ κήπῳ),
recordando que el relato de la pasión comenzó también en un huerto (cf. 18,1: ὅπου
ἦν κῆπος). Ahora está rodeado de sus nuevos amigos, una comunidad que trata su
17
Schnackenburg. Ibíd., 368
18
Brown. Ibíd., 1262
7
cuerpo crucificado de una forma regia. Muchas son las cosas que han ocurrido desde
que Jesús se encontrara con sus enemigos en un huerto, a solas, traicionado por
Judas y malinterpretado por Pedro (cf. 18, 1-5.10-11).19
Los autores Juan Mateos y Juan Barreto llegan a una interesante conclusión e introducen
la idea de una “boda”, o “nueva boda”, remitiéndose a la resurrección del Señor: “José y
Nicodemo rinden el último homenaje al inocente injustamente condenado, y expresan así su
protesta contra la decisión de las autoridades. No ven en él más que un cadáver, pero, sin saberlo,
preparan la nueva boda, la alianza definitiva, que sustituye a la antigua.”20 Agregan algo
sumamente interesante a la interpretación teológica: “La doble realidad de la preparación,
conscientemente para la sepultura e inconscientemente para la boda, muestra la potencia de vida
que posee Jesús no depende de la voluntad de los hombres; él vive aunque se lo considere
muerto.”21
Para terminar, se mencionan dos frases que conjugan y sintetizan la teología de fondo. He
aquí el aporte del Padre Léon-Dufour: “El relato de la pasión acaba con una narración donde se
confirma plenamente la muerte de Jesús, pero se la rodea de silencio, de respeto, de honor y de
paz. Con este sepelio digno de un rey termina la exposición biográfica de Jesús de Nazaret.”22 El
Padre Rivas hace mención de la figura del Rey Mesías, y sus ropas perfumadas. Éstos permiten
una mirada de fe para que el evangelista contemple la entronización de Jesús. Comenta el biblista
argentino: “Los vestidos de Jesús, ‘levantado en alto’ tienen la misma fragancia que los del Rey
Mesías en el día de su unción (Sal 45,9).”23
19
Francis J. Moloney. El Evangelio de Juan, (Navarra: Editorial Verbo Divino, 2005), 517
20
Juan Mateos y Juan Barreto. El Evangelio de Juan. Análisis Lingüístico y Comentario Exegético, (Madrid:
Ediciones Cristiandad, 1979), 833-34
21
Mateos-Barreto. Ibíd., 836-37
22
Léon-Dufour. Ibíd., 154
23
Rivas. Ibíd., 514
8
Bibliografía:
Brown, Raymond E. Evangelio según Juan. XIII-XXI, (Madrid: Ediciones Cristiandad, 2000)
Dodd, Charles Harold. Interpretación del Cuarto Evangelio, (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1978)
Keener, Craig S. The Gospel of John. A Commentary, (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2003)
Léon-Dufour, Xavier. Lectura del evangelio de Juan. Vol. IV, (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1998)
Mateos, Juan y Barreto, Juan. El Evangelio de Juan. Análisis Lingüístico y Comentario Exegético,
(Madrid: Ediciones Cristiandad, 1979)
Moloney, Francis J. El Evangelio de Juan, (Navarra: Editorial Verbo Divino, 2005)
Ridderbos, Herman. The Gospel of John, (Grand Rapids, Michigan: Wm. B. Eerdmans Publishing
Co., 1997)
Rivas, Luis Heriberto. El evangelio de Juan. Introducción, teología y comentario, (Buenos Aires:
San Benito, 2005)
Schnackenburg, Rudolf. El evangelio según San Juan. III Versión, comentario e índices, (Barcelona:
Herder, 1980)
Van Den Bussche, Henri. El evangelio según San Juan, (Madrid: STVDIVM Ediciones, 1972)
Van Tilborg, Sjef. Comentario al evangelio de Juan, (Navarra: Editorial Verbo Divino, 2005)
Wikenhauser, Alfred. El evangelio según San Juan, (Barcelona: Editorial Herder, 1967)
Biblias:
Biblia de Jerusalén, (Bilbao: Desclée De Brouwer, 1975)
La Biblia de las Américas, (Editorial Fundación, Lockman Foundation, 1986)
NOVUM TESTAMENTUM GRAECE, Nestle-Aland, 28° Edición, online
Sagrada Biblia Bover-Cantera, (Madrid: Biblioteca de Autores Católicos, 1957)
The Greek New Testament, (Cuarta Edición, Sociedades Bíblicas Unidas, 2002